La primera sonrisa voluntaria de Neal despertó una ola festejos y de entusiasmo alrededor, e hizo que el pequeño gozara de un aumento de atención aún mayor en los siguientes días. Probaban poner delante de los ojos del bebé toda clase de cosas llamativas que pudieran provocar una vez más su sonrisa, y siempre lo lograban al menos una vez. Sin embargo, Neal sólo sonreía cuando Kohaku, Stan o Xeno jugaban con él, no había forma de que lo hiciera con los demás, en lo cual encontraron la explicación lógica de que eran las personas más cercanas y conocidas por él. Pronto se dieron cuenta también de que la mayor parte de las veces no sonreía a los juguetes en sí, sino como respuesta a las caricias, juegos y enormes sonrisas de sus padres, que lo felicitaban y animaban a más. Ver cómo los dulces ojitos aguamarina se abrían brillantes y atentos, así como su pequeña boca se abría como si buscara imitar lo que veía, era de lo más adorable y emocionante.

A Xeno le entretenía especialmente poner a prueba los reflejos de Neal, haciéndole juegos para que lo siguiera con la mirada, aunque con eso se ganaba la burla de Stan de que "el bebé no era un sujeto de pruebas". El científico se excusaba diciendo que era importante comprobar el desarrollo mental exitoso y elegante del pequeño, y que se sentía más cómodo haciendo eso que comportarse como un payaso para hacerlo sonreír, devolviéndole la burla a su amigo. A pesar de que no le gustaba hablar con voz fina, fue evidente que Neal respondía con mucha más atención e interés a ese tipo de tono, presumiblemente por asociarlo a la madre, pero no fue suficiente motivación para Xeno como para vencer la vergüenza de hacerlo, a diferencia de Stan.

Si bien los ciclos de sueño del niño solían rondan las tres horas, una noche empezó a darse el milagro de que durmiera al menos cinco, proveyendo de un mejor descanso a los agotados padres, y la esperanza de que esa suerte continuara. A pesar de lo hermoso que era dormir junto a su bebé, decidieron a poner la cuna de Neal junto a la cama, para empezar a acostumbrarlo a que durmiera allí durante la noche, no sólo en sus descansos de día. Kohaku había desarrollado mejor su intuición maternal, adelantándose a veces al llanto de su hijo, pero sólo cuando era cuando se debían al hambre.

Stan había empezado a darse cuenta que ya no era tan necesario estar todo el día pegado a Kohaku y Neal, en especial cuando se sentía un tanto ocioso, por lo que se le ocurrió entregarle un sistema de micrófono y altavoz como el que tenía en su armadura, para que ella lo llamara si necesitaba una mano más, o para turnarse en vigilar o cuidarlo, en especial cuando ella se permitía una siesta o quería ir al baño o asearse. Eso le permitió trabajar más horas con sus colegas, lo cual era refrescante a su forma. Por las noches aprovechaba para conectar más tiempo con su hijo, jugando y estimulando sus reacciones, además de que eso parecía favorecer que el pequeño durmiera más largo y tranquilo después. Neal estaba encantado con la atención, y pataleaba y movía los brazos graciosamente, derritiéndolo de ternura junto a Kohaku, y parecía especialmente encantado con que le hablaran directamente.

Eventualmente, los gorjeos del pequeño empezaron a coincidir con más frecuencia con los intentos de conversación con sus padres, dando lugar a incoherentes balbuceos y diálogos en los que predominaban las vocales, que sin embargo eran sus primeros intentos de comunicación voluntaria. Hasta que una noche dio un paso más grande en su maduración y aprendizaje.

- ¿Quién es el príncipe que conquistará el mundo con sus sonrisas? –Dijo Stan con voz aguda y dramática, mientras le tocaba la nariz al bebé con su dedo, y le hacía luego cosquillas en la barbilla– ¡Oooh, es este renacuajo!

- Ooo-oooh.

El soldado soltó un jadeo y quedó boquiabierto, sin poder creer lo que había oído. Neal no le había contestado con cualquier balbuceo, sino con la misma vocal que él había dicho. Miró a Kohaku con los ojos muy abiertos, que lucía igual de sorprendida que él, y sonrió radiante en cuanto se recuperó, con el corazón latiéndole salvajemente en el pecho de emoción.

- ¿Qué dijiste, Neal? ¿Eso fue un "ooooh"? Un "oooooooh"

- Oooh. Ooo-Oooh –Repitió con su vocecita, entre gorjeos.

- Oh por dios, Stan... –Dijo Kohaku, trepándose a la espalda de Stan– ¡Dijo "oooh"! ¡Lo dijo! ¡Ja!

- Sí, lo dijo –Confirmó entusiasmado– Creo que decimos mucho "ooh", pero no está mal, nada mal. Ooooh, nada mal –Lo animó a su hijo, insistiendo con el sonido.

- Ooh. Aah-aah.

Una vez más, los dos quedaron boquiabiertos y muy quietos, en lo que claramente había sido un intento de repetir ambas palabras, con lo poco que sabía emitir.

- Dijo "nada mal" –Murmuró Stan, incrédulo.

Kohaku asintió, muda, sus ojos brillando de emoción cuando se dio cuenta que no había sido casualidad. Se miraron a los ojos unos segundos, ampliando su sonrisa al mismo tiempo hasta que no podía ser más grande en su rostro, y la rubia luego saltó de su espalda para salir de la habitación a toda velocidad, volviendo unos segundos después arrastrando a Xeno con tanta facilidad como si fuera un muñeco de trapo, haciéndolo tropezar.

- ¿Se puede saber qué amerita un trato tan poco elegante? –Se quejó el científico.

- Neal habló –Explicó Stan.

- No es posible, un bebé que no llega a los dos meses no puede hablar todavía.

- ¡Bueno, no habló, pero nos respondió con los mismos sonidos, Xeno! –Aclaró Kohaku– Mira, presta atención. Stan, hazlo otra vez.

El soldado asintió, y volvió a jugar con Neal para llamarle la atención primero. Luego emitió el primer sonido, aunque no tuvo respuesta, pero lo consiguió al tercer intento.

- ¿Lo oíste? Dijo "oooh"

- Sí, lo dijo. Qué elegante –Reconoció Xeno, sorprendido.

- Y también dijo "nada mal".

- No exageres, Stan.

- Quítale las consonantes, te juro que dijo "aah aah". Mira. Naaada maaaal. Naaaada maaaaal –Repitió, exagerando su vocalización mientras miraba fijamente su hijo, que miraba más su boca que sus ojos.

- Aaah. Aaaaaaaaaaaaaaaaaah –Contestó el bebé, y sonrió en respuesta a la enorme sonrisa de su padre.

- ¡JA! ¡Ahí lo tienes! –Exclamó Kohaku, orgullosa, y no se contuvo de levantar en brazos a su bebé para darle un sonoro beso en la mejilla, haciéndolo sonreír una vez más.

- Te lo dije, Xeno –Se jactó Stan, sus ojos brillantes como soles de tanta felicidad y orgullo– Hijo de tigre, aprenderá bien.

El científico sonrió, admitiendo la elegante inteligencia y rápida asociación del pequeño. Se quedó allí un rato más para compartir el momento, pero los cariños que Kohaku le dedicó a su bebé parecieron desconcentrarlo del intento de comunicación, y en su lugar se calmó para disfrutar de los brazos de su madre conteniéndolo.

Al día siguiente, Kohaku pasó por delante del calendario que estaba clavado en la pared, y se quedó pensativa mirándolo, mientras hacía unas cuentas mentales de los días que habían pasado desde el festejo de Navidad. Sonrió con una idea en mente, y durante el almuerzo la dio a conocer a Stan y Xeno.

- Mañana a la noche empieza el "Año Nuevo", ¿cierto?

- Así es. Ya está en proceso un buen banquete, pero si quieres algo más, dilo –Contestó Xeno.

- Sí. Me gustaría que veamos todos juntos el primer amanecer... sería ideal en un sitio alto, donde se pueda ver claro el horizonte. Pero hace frío y no quiero que le haga mal a Neal estar tanto tiempo a la intemperie y así, por lo que estará bien otro buen lugar más cercano.

- Desde el mar aquí cerca tenemos una decente vista, a nivel del suelo. La otra opción es desde alguno de los balcones de los pisos más altos del castillo, no hay mejor panorámica y altura que esa, en la cercanía.

- Me gusta la opción natural, pero creo que lo podremos ver mejor y más tiempo desde allí. Es algo que hicimos una vez en la aldea, la primera vez que festejamos año nuevo gracias a que Senku había establecido un calendario. Aunque estemos lejos unos de otros... al menos quisiera volverlo a disfrutar con lo que estamos juntos. ¿Qué les parece?

- Claro, lo que te haga feliz –Asintió Stan, sonriendo– Y amanece poco después de las siete de la mañana en estos días, por lo cual no tendremos que madrugar demasiado. Si quieres, mañana temprano compruebo personalmente cuál de las dos vistas es mejor.

- ¿No será tomarte mucha molestia? –Preguntó Kohaku con un dejo de culpa.

- No, estoy acostumbrado, y de todas formas el renacuajo suele despertarnos a la madrugada, no hará mucha diferencia. Yo organicé mi festejo de Navidad ideal, es justo que tú disfrutes el Año Nuevo de la forma que te haga más feliz, todos te acompañaremos de buena gana.

- Gracias, Stan. Sería importante para mí, al menos una forma de sentirme cercana a los que están lejos, estoy segura que los demás lo harán también, desde sus ubicaciones.

Tal como había ofrecido, Stan se levantó al día siguiente para chequear la mejor vista para contemplar el amanecer. Confirmó que la parte más alta de la Torre Este, donde había un balcón que rodeaba la torre, era la mejor opción. Compartió sus observaciones con Kohaku y Xeno, y luego les avisaron a los habitantes del castillo, para que los que quisieran pudieran acompañarlos. Como iban a hacer un buen festejo por la noche y tampoco había lugar para todos en el balcón, al menos el grupo de los japoneses fue el que aceptó acompañar a la rubia en su plan, además de Luna, Joel y Brody, que eran los estadounidenses más sociables y compañeros.

El banquete de despedida del año fue tranquilo y animado, y mientras que algunos se quedaron despiertos bebiendo y jugando hasta la hora del amanecer, otros se fueron a dormir temprano, prefiriendo que los despertaran media hora antes. La última fue la opción que eligieron Kohaku, Stan y Xeno, aunque tampoco tenían mucha opción ya que el sueño los vencía siempre, todavía a merced de los ciclos de sueño de Neal.

Cuando abrieron los ojos para dar la bienvenida al primer crepúsculo, se vistieron a oscuras para evitar despertar bruscamente al bebé, y se abrigaron muy bien, vistiendo al pequeño con su adorable manta de renacuajo. Se reunieron todos los que iban a ver el amanecer en las escaleras del castillo, y subieron juntos, quedándose dentro y mirando por la ventana hasta que las primeras luces del nuevo día asomaron en el horizonte, y allí salieron.

Para guardarse del frío y compartirlo con más cariño, Stan abrazó a Kohaku por detrás, y al percibir la mirada de la rubia, Xeno se acercó para hacerlo por delante, con el cuidado de apenas apoyarse contra Neal, los tres en perpendicular al horizonte, girando la cabeza para contemplar el amanecer. Poco le importó al científico mostrar esa cercanía delante de los demás, por lo menos tenía la excusa de proteger al bebé del frío, aunque nadie los estaba mirando realmente. En silencio, observaron cómo los primeros rayos de luz iluminaban el cielo, y poco a poco el sol comenzaba a asomarse lentamente. La joven sintió una doble emoción, no sólo por lo bonito de aquel paisaje, y sintiéndose en paz y feliz en compañía, sino también por los inevitables y nostálgicos recuerdos de aquel amanecer con su familia y amigos. En ese entonces, años atrás, había simbolizado la esperanza de poder seguir avanzando con la ciencia, ya que habían encontrado el tungsteno de forma casual gracias a Suika. En el presente, ese amanecer significaba el aceptar y abrazar una nueva vida para ella, junto con la esperanza de que entre todos estaban cada vez más cerca de poder salvar el mundo y devolverlo a su gloria.

- ¡Feliz año nuevo! –Exclamó Nikki de pronto, abrazando por los hombros a Yuzuriha y Minami, cuando alcanzaron a ver el sol completo y comenzando a ascender e iluminar de tonos pasteles el cielo.

El coro de voces de los demás acompañó, y poco a poco fueron volviendo a entrar al castillo. Xeno también entró casi a lo último, sólo quedando Kohaku con Neal y Stan afuera, el soldado no la soltaba ni hacía amague de querer entrar, su mirada se veía cálida y profundamente concentrada en el horizonte, al son de sus recuerdos personales. La rubia se hubiera quedado mucho más tiempo, de no ser porque su hijo había empezado a gimotear de una forma quejosa, molesto con el frío alcanzando en su rostro.

- ¿Entramos ya? –Preguntó Kohaku, pero el peli-plateado parecía no haberla escuchado, y habló más alto– ¿Stan?

- Ah, sí, perdona, me quedé perdido en mis pensamientos.

- Lo noté –Sonrió ella, y se puso de puntillas para darle un rápido beso en los labios, sorprendiéndolo– ¿Pensabas algo bonito?

- Sí, muy –Contestó, devolviéndole otro beso, y acariciando el rostro de su hijo– Feliz año nuevo. Que sea un gran año para todos, y para ustedes dos en especial, los amo.

Enternecida y encandilada con la dulce mirada en los ojos zafiro de Stan, ella le susurró el mismo deseo y amor, sintiéndose muy feliz y satisfecha, llena de esperanza, y entraron al castillo.

A pesar del bonito momento que habían disfrutado, varias veces durante el día Kohaku volvió a sentir la sorda punzada melancólica de pensar en su familia. No era tanto el extrañarlos luego de poco menos de un año y medio de distancia, sino que le seguía carcomiendo el saber que su padre y su hermana no sabían siquiera de la existencia de Neal. Su hijo tenía un abuelo y una tía vivos, y una vez superada la sorpresa inicial de ellos al enterarse del abrupto cambio de vida de la joven, estaba segura que la apoyarían y cuidarían del bebé con mucho amor. El pequeño estaba creciendo hermosamente y era de lo más simpático e inteligente, pero ellos no podían verlo, ni siquiera conocerlo. No podía quejarse, sus amigos en el castillo no escatimaban en acompañarla y ayudarla, les agradecía mucho por eso, pero a la vez no era lo mismo que la conexión con su propia familia.

No se libró de la amarga sensación en todo el día, ni en la mañana siguiente, cuando los ánimos de los demás se comenzaban a serenarse al haber pasado ya el primer día del año, al parecer los del mundo moderno tenían la sensación de celebración durante más tiempo. Su desayuno con los demás fue en casi completo silencio, por lo que cuando terminó se fue al dormitorio en silencio, y se recostó en la cama con Neal a su lado, jugando con las manitos de él distraídamente mientras seguía dándole vueltas al tema en su cabeza. Stan la había visto irse un tanto apagada, extrañado con eso, y se había debatido internamente si seguirla o no, decantándose por darle su espacio y luego chequear cómo estaba. Media hora después el soldado fue a comprobar cómo estaba, y la encontró recostada de lado, con los ojos abiertos, mirando a su hijo ya dormido. Como había un buen hueco en la cama frente a ella, se sentó allí, pero Kohaku no reaccionó a su presencia, por lo que acabó recostándose también, mirándola en silencio, buscando las emociones que se guardaban aquellos ojos aguamarina siempre tan transparentes. Cuando no logró descifrar el ánimo de la joven, más allá de identificar su melancolía, se decidió a hablarle.

- Kohaku, un dólar... no, un drago por tus pensamientos –se corrigió, con una media sonrisa.

- Mejor guárdatelo, lo disfrutarás más gastándolo en otra cosa –Contestó ella, siguiéndole la broma a medias.

- Entonces me lo guardo, pero tendré esa respuesta gratis.

- No eres muy bueno negociando, no pasaste tiempo suficiente con Gen.

- Oh, creo que en su momento pasé más tiempo del que me hubiera gustado. Ahora... ¿Tienes ganas de contarme qué te tiene inquieta?

- Quiero volver a mi aldea, para que mi padre y mi hermana puedan conocer y estar con Neal también.

- Ah.

Stan sólo pudo contestar eso, sorprendido, y porque sabía que la única respuesta que podía darle, no era lo que ella quería escuchar. Justo cuando estaba pensando algo más que decirle, ella volvió a hablar.

- Ya lo sé, me dirás que no es posible, que no es seguro para un bebé, y lo entiendo.

- No sólo eso... sino que tampoco podemos volar hacia allá, ni siquiera el avión nuevo podría hacer ese viaje tan largo. Y no podemos usar el único barco que tenemos en eso, mucho menos arriesgarnos a navegar durante dos meses en medio del océano, no tenemos navegantes tan experimentados. Por lo que tampoco podemos ir a buscarlos y traerlos aquí, lo siento, princesa. De verdad lo siento.

- Sí, lo imaginaba –Apretó los labios, y continuó sacando de adentro la amargura– Quién sabe cuánto tiempo pasará hasta que puedan conocerlo, coincidirá para cuando Senku y los demás terminen su viaje por el mundo, el cual ni siquiera empezó, todavía están construyendo su nuevo barco. ¿Y si pasan años? No quiero esperar tanto tiempo, Stan.

- No creo que tanto... terminar el barco será cuestión de un par de meses, y no te olvides que Xeno les dejó listo un motor muy potente, eso hará su viaje mucho más rápido luego. ¿Un año, dos a lo sumo?

- Lo dices así, y para ese tiempo Neal ya hasta caminará –Replicó.

- Lo siento, pero es la realidad, no quiero darte falsas esperanzas. En eso no puedo ayudarte, pero sabes que para todo lo demás, lo daría todo por conseguirlo.

Kohaku se quedó en silencio un momento, hasta que parpadeó rápidamente como dándose cuenta de algo, y miró directo a los ojos del soldado.

- Stan, ¿y qué hay de tu familia? ¿Dónde están?

Los orbes zafiro se dispararon abiertos, e inmediatamente apretó la mandíbula y frunció el ceño. Kohaku se preocupó por la respuesta que podía obtener, pero luego Stan relajó el rostro y suspiró.

- Estarán en su casa en Elk Grove, seguramente, hechos piedra como el resto del mundo –Murmuró– La petrificación sucedió por la noche en este país, así que es posible que estuvieran ya descansando. Tal vez ni siquiera se enteraron, duermen tranquilos.

- ¿Nunca los intentaste buscar?

- ¿Para qué? Si no teníamos forma de despetrificar a los que no se habían mantenido despiertos, y el mundo que empezamos a reconstruir no era lugar para ellos.

- Oh, es cierto, Xeno no había descubierto la fórmula –Recordó Kohaku, apenada de preguntar– ¿Y ahora? El plan es revivir a personas de todo el mundo, tus padres también podrían venir al castillo.

- No lo sé –Bajó la mirada– A decir verdad... No creo que quieran verme.

- ¿Eh? ¿Por qué dices eso, Stan?

- Es largo de explicar, y demasiado distinto a lo que conoces, tal vez no lo entiendas.

- ¡Ja! Tú me quisiste sonsacar mi respuesta, ahora me cuentas lo tuyo –Insistió, con una pequeña sonrisa para animarlo– ¿No dijiste que lo del árbol de Navidad había sido un bonito recuerdo de tu familia?

- Sí, pero esos eran los buenos e inocentes tiempos, luego cambió todo.

Kohaku cambió su apoyo a un codo y lo miró con atención, para demostrarle que estaba interesada en escuchar toda la historia. Stan mostró una fina sonrisa, resignado, y respiró hondo antes de seguir.

- Éramos una buena familia, vivíamos con lo justo, pero bien. Mi madre era profesora, mi padre también era militar, mediano rango, pero nunca quiso que yo siguiera sus pasos. En el mundo moderno y en este país, la educación universitaria... es decir, los estudios que daban los conocimientos para ejercer una profesión, se pagaban, y muchos eran muy costosos, solían poner en deudas a familias como la mía, o a los estudiantes que los pagaban por su cuenta. Mis padres habían guardado sus ahorros para mis futuros estudios, y también yo tenía una media beca deportiva por ser muy bueno en mi desempeño, y lo disfrutaba, todo marchaba bien. Pero un día me encontré con una carta, y me enteré de que mis padres habían hipotecado la casa... es decir, la habían puesto como garantía de un préstamo de dinero, para pagar mis estudios, era mentira lo de los ahorros. No lo sabía, y me enojé mucho con ellos, tenía la presión y el miedo de que perdiéramos lo poco que teníamos, sólo para que yo pudiera estudiar y hasta jugar a la maldita pelota, todo inocente. Ahí fue también cuando empezaron los proyectos y apuestas ilegales con Xeno, nos repartíamos el dinero, él lo dedicaba a sus investigaciones, yo lo ahorraba mayormente.

- ¿Ilegales? ¿Cosas peligrosas? ¿Se dedicaban a eso?

Stan hizo una pausa, un brillo malicioso y pícaro asomando a sus ojos.

- No tanto, al menos no mi parte. Yo tenía práctica de disparo por salir a cazar con mi padre desde joven, y siempre fui muy bueno en todo lo que me proponía gracias a mi observación e instintos, por lo que las apuestas solían ser de acertar a blancos complicados, y otras veces se trataba de "hacer puntos" especiales en ese juego deportivo que te mencioné. Así que Xeno me preguntaba si podía hacerlo, yo le confirmaba, lo hacía, y nos llevábamos el botín.

- Ooh, ya veo –Asintió con una risilla.

- Cuestión que hubo un evento que hizo que se acabara todo eso un tiempo después, y ya no tenía mi entrada. Xeno se pasó de la raya con sus armas científica, y lo metieron preso, su familia cortó relaciones con él en ese momento, no se lo perdonaron. Ahí fue también cuando empecé a fumar mucho más para manejar la ansiedad, y unos meses después fue cuando tomé una decisión difícil, quizás equivocada. Mi madre cayó enferma y tuvo que tomarse una licencia, por lo cual entraba menos dinero, además que el tratamiento médico era otra cosa demasiado costosa. Estábamos más complicados que nunca, y discutimos con mi padre al respecto de que usáramos el dinero de mis estudios para alivianar los gastos, a lo cual se negó. Otro dato, es que ser militar está muy bien pagado por los riesgos que conlleva, y a más especificidad, rango, y peligro, mejor paga.

- ¿Ahí fue cuando empezaste a ser soldado?

- Sí, y peor. Me fui de casa, dejé todo, así como los estudios que había empezado y que tanto le habían costado a mi familia conseguir... Me metí de lleno a ser el mejor soldado, practiqué todas las disciplinas y entrenamientos hasta el cansancio para escalar rápido, disparé hasta tener callos en las manos, y hacerlo con los ojos cerrados. Buena parte de lo que ganaba, lo enviaba de vuelta a mi familia para que saldaran las deudas del préstamo de mi educación, sin ninguna otra palabra de por medio. Mi madre se había recuperado, y volvió a trabajar, pero no regresé a verlos ni una vez desde entonces. La cagué, fui yo el que arruinó todo, a fin de cuentas.

- Stan... No digas eso –Dijo Kohaku en voz baja, tomando su mano– Lo que hiciste fue con buena intención, hasta noble... sacrificaste la vida que llevabas, dejaste todo lo que te gustaba atrás para asegurar el bienestar de tu familia que estaba en una situación difícil.

- Luego de que ellos pusieran en problemas la suya primero, por mí, claro –Replicó con amargura, y luego sus ojos se volvieron más turbios– Y lo peor es que recién ahora puedo entenderlos, sabes... Neal es apenas un bebé recién nacido, y aunque en este nuevo mundo no va a tener que lidiar con eso, no dudaría en poner mi vida en juego y mucho más, con tal de darle el mundo entero para que sea feliz y tenga una buena vida, la mejor que pueda darle.

- Lo sé, y por eso tienes el corazón de un buen padre, y lo seguirás siendo –Le soltó la mano para acariciarle el rostro– Siempre lo demostraste desde el principio, Stan, ahora lo vuelvo a confirmar, te desvives por el bienestar de los demás. Y es bueno que hayas comprendido a tus padres, y que pudiste perdonar...

- ¿Perdonar? –La interrumpió, con un gruñido– Soy yo el que los lastimó, Kohaku. Hice exactamente lo contrario de lo que esperaban de mí, todo lo que se esforzaron por darme, lo tiré a la basura delante de su cara, y encima fui tan terco de no dirigirles la palabra desde entonces. Se lo jugaron todo por mí, y yo no hice más que desilusionarlos.

Los ojos de Stan se ensombrecieron más, y a Kohaku se le encogió el corazón al percibir la angustia y el lamento de esas palabras.

- ¡No lo pensaste de esa forma en ese momento, sólo querías ayudar! –Insistió la rubia, acercándose a él– Me hace acordar mucho a mi propia familia, no recuerdo si te conté...

- Sé que tu padre te desheredó.

- Sí, porque mi hermana estuvo a punto de morir de neumonía, y él quería que yo la reemplazara como sacerdotisa, era un rol que no podía perderse. Pero me negué, y también me fui de la aldea sólo para dedicarme a conseguirle el agua termal que la mantuvo con vida. Y lo hice sin falta, cada día, aunque era mi padre el que no quería verme, a mí me daba lo mismo, mientras Ruri estuviera mejor. Quizás no fue la forma ideal, pero fue lo mejor que supe hacer en ese momento, y valió la pena, eso mantuvo viva a mi hermana. Luego, gracias a Senku que la curó del todo, volvimos a hablarnos con mi padre y a aceptarnos como familia nuevamente. Pienso que podrías hacer eso mismo con la tuya, revivirlos, y tener esa charla. No eres terco ni los odias, estás lamentando lo que sucedió, hasta culpándote de ello. ¿No quieres volver a verlos, y tener otra oportunidad juntos?

- No lo sé, no estoy tan seguro de que quieran volver a verme tampoco. Mi padre no se tomó nada bien lo que sucedió, ni siquiera sé qué hizo con el dinero realmente, si lo aceptó o no. Y a mi madre la dejé también cuando todavía estaba enferma, no fui el mejor hijo tampoco, buenas intenciones de por medio o no.

- Pero si quieres...

- Kohaku, gracias por preocuparte, pero ya está bien –Dijo de pronto Stan con un tono de voz áspero, levantándose rápidamente– Estamos bien ahora, aquí, con Neal, Xeno y los demás. Tenemos mucho de lo que ocuparnos, con el cohete y mantener el mundo en esta línea de acción. No sumemos más problemas, una vez que las cosas están al fin acomodándose.

La joven no pudo detenerlo, demasiado repentino cómo se estaba escabullendo. Stan se excusó diciendo que tenía trabajo pendiente y debía volver, sólo había ido a la habitación para ver si ella estaba bien, y salió de allí. Kohaku se quedó muy quieta, sorprendida, entendiendo que él estaba escapándose de un tema difícil, y sin dudas de sus emociones. Lo entendía, vaya si lo entendía, pero lo que más le apenaba era cómo se sentía Stan al respecto. Sin embargo, eso mismo fue como la última pieza que le faltaba para terminar de entender lo que él le había dicho varias veces ya, de dónde venía también esa creencia de no merecer la felicidad o el amor, maldiciendo secretamente su leal obligación militar. Evidenciaba la necesidad de él de protegerla a ella y al bebé en todo momento, así como de su deseo de tener una vida nueva y lejos de su pasado y trabajo del mundo moderno, para al fin disfrutar un poco sus propios planes de vida en cuanto terminaran sus obligaciones. Stan quería volver a empezar, hacer un camino "limpio" ... Pero nunca podría hacerlo de esa forma, intentando enterrar algo que todavía latía en él.

Kohaku dudaba si volver a tocar el tema en otro momento, cuando él se hubiera calmado, pero se encontró en los días siguientes con que Stan no le dejaba huecos que aprovechar para conversarlo, hasta se mostraba más ocupado y dedicado a cuidar de Neal, como si fuera un mensaje indirecto de que podían hacerlo sin nadie más. No iba a ser fácil, pero tarde o temprano la conversación volvería a salir, en especial cuando empezaran a moverse los equipos destinados a revivir a las personas de ese país con el líquido despetrificador. Claro que había alguien que conocía a Stan mucho más que ella, y había vivido de cerca esa misma historia, a quién podía pedirle su opinión al respecto, y ese era Xeno. No quería ser imprudente con lo que el soldado le había confiado, pero no tenía forma de quitarse de la cabeza el dolor que se estaba guardando Stan, anquilosado y carcomiéndolo en silencio, además. Si el científico también le decía que no insistiera, no lo haría. Con el bebé en brazos, lo fue a buscar a su estudio, y lo encontró allí, sentado mirando por la ventana, mientras se escuchaba el ruido del fax funcionando, debía estar intercambiando planos y opiniones con Senku. Confiando en su instinto y en lo que creía que sería lo mejor, cerró la puerta tras ella para tener esa conversación a solas con Xeno.

Por su parte, Stan estaba inquieto, y aunque pasaran los días, no podía alejar de su mente la charla que había tenido con Kohaku. El recuerdo de sus dilemas familiares había vuelto al presente, y no en el mejor momento. Claro que había pensado en sus padres varias veces en todos esos años, siempre un nubarrón asomando a su consciencia, y a la vez dándole la determinación necesaria para hacer todo lo que se proponía. "Tú elegiste esto, hazte cargo", era lo que se decía internamente para reafirmar su camino. Pero lo que comenzaba a quebrar esa firme conclusión, era que desde que había conocido a Kohaku, también había elegido unos cambios más que abruptos sobre dicho camino, no era una víctima del destino, él había forjado el suyo propio con cada decisión, y se sabía responsable.

El problema era que no sería tan fácil volver a mirar a los ojos a sus padres, y ver amargura o desilusión en ellos, comprobando lo que siempre había temido para sus adentros. Tendría que hacerlo tarde o temprano, pero iba a ser un peso en su corazón que no estaba tan seguro de confrontar justo en ese momento, y lo que menos le gustaba era sentirse vulnerable. Por otro lado, ya no podía evitar sentirse egoísta al saber que estaba negándose al sensato pedido de Kohaku de que Neal conviviera con sus abuelos vivos y cercanos, ya que la familia de ella estaba inaccesible. Había dicho que haría lo posible y lo daría todo por ellos dos, no podía echarse atrás fácilmente.

Luego de la cena en una de esas noches, junto con una actitud muy taciturna, fue el primero en levantarse para irse a descansar, sorprendiendo a más de uno. Sin otra palabra de por medio, levantó a Neal de la cuna móvil que tenía a su lado y lo cargó en brazos, llevándoselo con él al dormitorio. Kohaku y Xeno se miraron de reojo, la rubia dispuesta a seguirlo, pero el científico la detuvo con un gesto, entendiendo que era mejor dejarlo solo como aparentemente buscaba.

En cuanto llegó a su habitación, Stan apoyó al bebé en la cama y se desvistió, para luego acomodarse y recostar al bebé sobre su pecho. Soltó un largo suspiro, el debate interno de su mente un torbellino comparado con su apacible apariencia. La respuesta a sus preguntas era cada vez más evidente, el único que estaba un paso atrás era él. Mientras abrazaba protectoramente a Neal con un brazo, lo acariciaba y le jugaba con la mano libre, alcanzando a ver distraídamente alguna de las preciosas expresiones sonrientes del pequeño cada tanto, mientras pensaba. Sonrió a medias, mirándolo, ese malvavisco con su rostro en miniatura tenía el poder de revelarle todas las verdades que habitaban en lo profundo de su corazón, incluso algunas que ni él sabía que tenía.

Pasó un buen tiempo así, curiosamente Neal no se dormía, así como tampoco lloraba ni se ponía inquieto. Luego la puerta se abrió, y Kohaku entró lentamente. Se percató de que ella no intentó hablarle, solo lo había mirado una vez, y la vio cambiarse y recostarse a su lado en silencio y con lentos movimientos, como si no quisiera interrumpir el ánimo reflexivo de él. Ninguno cerró sus ojos, además que tenían que recostar apropiadamente a Neal antes de dormirse, ya sea en el medio de ambos con las protecciones para no aplastarlo, como pasarlo a su cuna. Esa noche Stan estaba más inclinado a la primera opción, la cálida y tierna sensación de estar con su precioso hijo junto a él le aportaba una calma que estaba necesitando.

Kohaku había dejado prendida la bombilla cercana a la cama, que tenía un cómodo botón para prender y apagar, para que no quedara todo tan a oscuras. Quería hacerle compañía a Stan, aunque no hablaran, pero el cansancio le vencía la pulseada, además que se había acostumbrado a caer dormida rápidamente para aprovechar cada minuto que su hijo se lo permitía. Estiró una mano para apoyarla sobre el abdomen de Stan, al menos como el gesto de "estoy contigo", si su cuerpo finalmente cedía al sueño. Pero justo cuando el sopor comenzaba a adueñarse de su consciencia, oyó la voz baja y suave de él.

- Estuve meditándolo varios días, y aunque todavía no estoy seguro, sé que no debería negarle a nuestro hijo la presencia de personas importantes en su vida, sólo porque yo me sienta perseguido por las decisiones de mi pasado.

La joven sólo le oyó decir eso, luego de lo cual el silencio volvió a reinar en la habitación, pero para ella había sido suficiente. A modo de respuesta, buscó la mano de él para entrelazar sus dedos, y se quedaron así hasta que decidieron acomodar al bebé para dormir, y ellos también. Entre el descanso intermitente de esa noche, Stan tuvo sueños demasiados fugaces, en los que se repetían dos figuras a lo lejos. Eran sombras, pero tenía la certeza de conocerlas, y por más que le parecía que se acercaba, nunca los alcanzaba, era como caminar hacia un horizonte infinito.

Despertó con una sensación de confusión al amanecer, habiéndose despertado por su cuenta repentinamente, dejando en vilo aquella imagen sin resolver. Giró la cabeza a un lado, y vio a Kohaku durmiendo boca arriba, extendiendo su mano hacia Neal que estaba dormido en su cuna. Se quedó un rato más en la cama, dudando si volvería a conciliar el sueño, ya no tenía la obligación de levantarse con el alba para trabajar en el castillo, y Xeno tampoco había encontrado las fuerzas para madrugar tanto como antes desde que el bebé había nacido. Cuando pasaron unos quince minutos supo que no iba a volver a dormir, por lo que con mucho sigilo se bajó de la cama y se llevó la ropa para cambiarse afuera y empezar el día.

Le llamó la atención que Kohaku no dijera nada durante la mañana al respecto de lo que él le había dicho la noche anterior, no sabía si eso era debido a que él no había dicho nada definitivo, o si estaba siendo considerada y prudente. Aprovechó para trabajar arduamente, de esa forma sería más reparadora y satisfactoria la pequeña siesta de la tarde, en especial luego de esos breves sueños que le habían dejado una sensación amarga. Sabía que habían sido producto de su intensa actividad mental al respecto, y de que estaba empezando a abrir la puerta que tanto tiempo había dejado cerrada, sus emociones inconscientes al acecho. Estuvo satisfecho con su rendimiento, y a media tarde le dijo a Xeno y a Kohaku que iba a dormitar en la habitación para reponer energías, no sin antes acariciar la barriguita de su hijo despierto, lo cual siempre le robaba una de sus tiernas sonrisas y vocalizaciones.

Se dejó caer en la cama, boca arriba, mirando la luz que se filtraba por la ventana hasta que sus párpados comenzaron a pesarle, y los dejó cerrarse. Con la típica y curiosa sensación de que en un abrir y cerrar de ojos el que el tiempo había pasado mucho más rápido de lo que pensaba, se sintió flotar al despertar. No, ¿estaba despierto, o seguía en el sueño? Estaba en la habitación, aunque había algo distinto allí. Sus ojos se encontraron con unos orbes color ámbar, adornados por largas y tupidas pestañas. Conocía bien esos ojos, siempre le habían hecho acordar a las salidas y puestas de sol, por eso le gustaba tanto contemplarlas. Aunque tenían el detalle de que cambiaban ligeramente su tonalidad con la temperatura, con el calor adquirían una pizca anaranjada casi rojiza, mientras que con el frío se volvían más claros y suaves, lo que también pasaba cuando lloraba.

Parpadeó para aclarar su vista, buscando entender aquella escena que seguía borrosa, y sus ojos le permitieron revelar un poco más, ese cabello rubio y brillante como el oro, largo y suave. La más pura y hermosa de las sonrisas, dibujadas entre labios cincelados, aunque había un leve temblor allí. Eso lo extrañó, y notó también que los ojos se veían de pronto húmedos. ¿Por qué lloraba? Iba a estropearle su belleza, no quería verla llorar. De pequeño siempre se enfadaba cuando otros niños se burlaban de él y le decían que tenía un rostro delicado de niña, pero él en su inocencia había aprendido a contestar que no era un insulto, porque su madre era la más linda. Eso hacía reír divertida y orgullosa a la mujer, lo cual lo hacía volver a sonreír a él.

Por el rabillo del ojo captó otra figura más lejos, y la miró, encontrándose con un hombre alto y fuerte, con los brazos cruzados al frente. Pelo corto y platinado, ojos zafiro, mirada intensa pero cálida, y una corta barba albina que delineaba una quijada muy marcada. Al fin habían decidido revelarse en sus sueños, dejando las sombras inalcanzables atrás. Y lo bueno de los sueños, era cuando se presentaban livianos y amables, no había pesar ni dudas allí, sólo las cosas sucedían, y uno las aceptaba, no importaba lo alocados que fueran. Y tenía que admitir que ver a sus padres así, no estaba nada mal, era una buena preparación para su corazón agitado por los recuerdos últimamente.

Una mano fina y elegante se estiró hacia él mientras la mujer se sentaba mucho más cerca, acomodándole el flequillo con cariño, y le llamó la atención el tacto cálido y suave contra su frente, cuántos años que no sentía esa caricia de parte de ella. Pero una vez más, el labio de la mujer tembló, y dejó escapar un pequeño sollozo, de sus ojos también cayendo una cristalina lágrima que resbaló por el maduro rostro, hasta caer fría sobre el cuello de Stan, lo que lo sobresaltó. Esa sensación...

- Stan... –Susurró la fina voz, quebrada, mientras deslizaba su mano por la mejilla de él– Tanto tiempo, hijo...

¿Tanto... tiempo? Stan jadeó, confundido, maldiciendo que los sueños podían ser demasiado reales a veces. El corazón le martilló, y sentirlo tan claramente volvió a confundirlo, nunca había tenido tanta sincronía entre sus verdaderos pensamientos y sus sueños. Con la duda marcada en su mano ligeramente temblorosa, la extendió para tocar el rostro de su madre, y secarle la lágrima con el dedo. Entreabrió sus labios, nuevamente ante la sensación tan real, e impulsó su torso para sentarse en la cama. Apenas lo hizo, percibió que su padre dio un pequeño salto, como sorprendido de algo, pero no alcanzó a mirarlo bien cuando su madre se lanzó a abrazarlo con fuerza. Stan abrió mucho los ojos al sentirlo con tanta nitidez, una revelación abriéndose paso en la realidad, porque en toda esa escena había algo que ya no podía pertenecer al reino de los sueños.

- ¿Mamá?

Esa palabra terminó por hacer estallar en lágrimas a la mujer, sin contenerse, abrazándolo con aún más fuerza, antes de alejarse un poco para apoyar sus dos manos en las mejillas de él, mirándolo fijo mientras las lágrimas rodaban por sus ojos ambarinos. El corazón de Stan se detuvo por unos segundos, sólo para latir aceleradamente después. No... no era un sueño. No entendía nada, no sabía cómo o cuándo habían llegado ahí de pronto, pero podía jurar que se sentía demasiado real, era real. Que sus ojos inmediatamente adquirieran la sensación de quemazón, sus emociones bullendo en él... era todo real. Titubeando, rodeó con sus bazos el cuerpo esbelto de la mujer, y cuando ella le correspondió, besándole la mejilla y acariciándole el cabello con amor y emoción, fue que lo terminó de confirmar.

- Mamá... ¿Papá? –Susurró luego mirando al hombre, sin dejar de abrazar a su madre, con sus ojos empañados también– ¿No es un sueño esto? ¿De verdad están aquí? ¿Cómo...?

El padre sólo asintió, apretando fuerte la mandíbula y parpadeando rápidamente para contener la emoción, hasta que los ojos zafiro de su hijo, reflejo de los suyos, lo miraron con una expresión tan vulnerable e incrédula, que se acercó para darle su propio fuerte abrazo en cuanto la madre lo soltó, estaba tan aliviado de ver nuevamente a su hijo entero, sano, y como si la distancia nunca los hubiera separado. Stan dudó un poco más al corresponderle el abrazo, más por sorpresa que otra cosa, su padre no solía ser del tipo afectuoso. Pero lo que más lo sorprendía, era que no había visto rencor ni reproche en los ojos de sus padres, sólo alivio y emoción por volver a estar juntos.

- Te tomaste tu tiempo en volver a casa, Stan... Pero aquí estamos, siempre para ti, hijo –Dijo el padre con su voz grave y tremolada.

Eso fue la gota que derramó el vaso para Stan, lo último que barrió con todas sus defensas, quemándole el corazón. Oír ese amor incondicional, que no creía que se merecía después de todo lo que había hecho, fue tanto o más duro que lo que esperaba sentir cuando imaginaba el rechazo. Los abrazó a ambos al mismo tiempo, dejando fluir sus lágrimas sin vergüenza. Tampoco podía contener más lo único que podía pensar en ese momento, soltándolo en cuanto pudo recuperarse para hablar. Eso le urgía más que entender lo que estaba pasando, demasiado tiempo atascado en su corazón.

- Perdón... Perdónenme por lo que hice, a pesar de que...

- Stan, no hay nada que perdonar –Lo interrumpió el hombre, palmeándole la espalda– Estamos bien, y también gracias a ti.

- ¿A mí?... No, no...

- Sí, a ti, podíamos ver a través de tus acciones –Intercedió la madre, acariciándole la mejilla dulcemente– Siempre fuiste un buen chico, Stan.

El soldado se quedó mirando a su madre ahogando un jadeo, apretando sus labios para contenerse ante las tiernas palabras. Todo lo que había deseado era que ellos estuvieran bien, si era así, era un verdadero alivio, a pesar de todo lo demás. El que volvió a hablar fue su padre, con un tono de lamento profundo en la voz, también dejando salir lo que tantos años se había tenido que guardar.

- Me llenaste de orgullo tanto como me aterrorizaste, hijo. Seguía tus ascensos militares y lo que podía saber de cómo estabas gracias a los colegas del medio. No te detenías ante nada, era impresionante, pero aterrador. Sólo pensar que lo hacías y arriesgabas tu vida por nosotros, sintiéndote en deuda... Maldita sea, hijo, cada vez que llegaba tu dinero, sólo podíamos rezar para que estuvieras bien, y volvieras algún día, entero. No queríamos el dinero, te queríamos a ti con nosotros.

- Oh, cariño –La mujer dijo, asintiendo a las palabras de su esposo, tomándole la mano a ambos– Confiábamos en ti, Stan, pero de verdad queríamos volver a verte, escuchar tu voz. El dinero va y viene, pero tú eras todo lo que nos importaba. Perdónanos por haberte puesto en esa situación difícil, es algo que no pudimos decirte, y luego simplemente todo desapareció... esa luz verde en el horizonte, y todo se volvió oscuro y solitario. Fue horrible, lo último que sentimos fue preocupación por ti, que estabas tan lejos... Hasta que despertamos nuevamente, hoy.

- Eso es lo que no entiendo todavía, ¿cómo llegaron aquí? ¿Cuándo?

Los padres se miraron con la misma incertidumbre, y encogieron los hombros, hasta que el hombre habló.

- Tampoco entendemos mucho, perdona. Nos despertamos aquí mismo hace menos de una hora, tu amigo de la infancia, Xeno, estaba ante nosotros, y nos explicó brevemente la situación, lo cual fue demasiado fuerte y difícil de entender. Nos dio ropa nueva, y luego nos preguntó si queríamos verte, nos trajo hasta aquí.

- ¿Xeno? –Preguntó extrañado Stan, resoplando. Podía apostar que Kohaku había tenido que ver con eso, pero no era fácil deducir que lo habían planeado junto– ¿No vieron a una chica medio japonesa y rubia también?

- No... Xeno nos dijo que después habría tiempo para todas las explicaciones y presentaciones. ¿Quién es esa chica, alguien importante?

- Oh, no saben cuánto –Contestó Stan con los ojos brillantes y una cálida sonrisa, que dejó intrigados a sus padres– Tengo un par de personas que presentarles, vengan conmigo.

Pese a que tenían tanto por hablar y ponerse al día, el soldado no podía esperar para reunirlos, ya habría tiempo de seguir hablando desde ese día en adelante. Los padres se miraron a los ojos con curiosidad, y se levantaron de la cama, siguiendo a Stan fuera de la habitación. De camino, les fue presentando mínimamente el castillo a medida que lo recorrían, imaginaba que Kohaku y Xeno debían estar esperando en el estudio. Cuando vio la puerta entreabierta supo que estaban ahí, y la abrió sin más para pasar.

- Bienvenidos nuevamente, Mr. y Mrs. Snyder. Stan –saludó el científico dentro, con una pequeña sonrisa.

- Menuda sorpresa me jugaste, Xeno, eso no se hace –Dijo Stan, afilando la mirada.

- El de las entradas dramáticas sueles ser tú, Stan –Bromeó, mirándolo luego más serio y tranquilo– ¿Cómo estás?

- Tú y cierta princesa van a tener que darme un par de explicaciones, pero creo que estoy bien. Y hablando de ella...

El soldado miró a Kohaku, que estaba sentada al otro lado, meciendo a Neal. La joven tenía las mejillas sonrojadas y los ojos aguamarina bien abiertos, brillantes de emoción desde que había visto a los padres de Stan detrás de él, y parecía que todo marchaba bien por las expresiones que percibía. Ojos hinchados y rojos, sí, pero se percibía en el aire paz y una bonita energía.

- Kohaku, ellos son mis padres, Sarah y Jacob Snyder.

- Es un gusto conocerlos –Respondió ella en su modesto inglés, sonriendo ampliamente.

- Mamá, papá, les presento a Kohaku –Dijo, acercándose a ella y rodeándole la cintura– Mi mujer. Y él es Neal, Neal Snyder.

Cuando Stan les presentó a la joven, ellos asintieron y le correspondieron la sonrisa, pero cuando vieron el gesto íntimo, y escucharon el vínculo que los unía y el nombre del bebé en sus brazos, quedaron completamente boquiabiertos, unos pocos segundos graciosamente así.

- ¿Stan? –Murmuró finalmente la madre, tapándose la boca incrédula– Espera... ¿Acaso... ese bebé...?

- Sí, es mi hijo, nuestro hijo. Les presento a su nieto, tiene casi dos meses de vida el renacuajo.

- ¿Somos abuelos? –Preguntó en un susurro Jacob, sin poder quitar sus ojos del bulto que era el bebé, ya que estaba bien envuelto en una manta.

Kohaku asintió en respuesta, y se acercó con confianza a ellos para que pudieran ver bien a Neal, que por suerte estaba tranquilo en ese momento. La joven no había podido evitar reconocer lo guapos que eran ambos padres, evidentemente Stan había heredado lo mejor de ambos juntos. La madre, Sarah, tenía unos ojos ámbar muy dulces, le hacían acordar a los de Ruri, además del cabello largo y suelto, con suaves ondas. Era un poco más alta que ella, una mujer madura bellísima. El padre, Jacob, tenía el mismo porte imponente y serio que Stan, además del mismo color de cabello y ojos que él, pero en ese momento en que se lo veía abrumado por enterarse que tenía un nieto, tenía una expresión de lo más suave y cálida, también le había hecho acordar a su padre Kokuyo, que se hacía tanto el duro y en el fondo era un blando con sus dos hijas.

Con cuidado, acomodó al bebé en sus brazos para pasárselo a la mujer, que soltó un gemido de emoción y ternura al recibirlo con cautela, era evidente la experiencia maternal ya que lo había agarrado con mucha seguridad y protección. Los Snyder jadearon al unísono en cuanto vieron la preciosa y angelical carita de Neal.

- Oh mi vida... –Murmuró Sarah– Mira, querido... Es igual a Stan cuando era un bebé, igualito, sólo que con los ojos de la bella madre. Oh, dios, es como volver a tener a Stan en brazos, no puedo creerlo... qué bendición.

- Sí, así es –Respondió igual de abrumado Jacob– No sólo tuvimos la dicha de reencontrarnos con nuestro hijo sano y salvo, sino que además somos abuelos. Es demasiada felicidad, no puedo creerlo...

- Me pone muy feliz que Neal pueda estar con sus abuelos –Dijo Kohaku, emocionada, apretando la mano de Stan– Mi padre está muy lejos, no podrá conocerlo por un buen tiempo. Pero esto es todo lo que quería, gracias.

- Querida... Kohaku, gracias a ti. Te felicito, tienen un bebé precioso. Hijo... ay, hijo... –Sarah soltó una risa nerviosa, parpadeando para librarse de las lágrimas de emoción al ver la expresión de puro amor y adoración en los ojos de Stan al también contemplar a su bebé y toda la escena– Eres feliz, puedo verlo, no sabes la felicidad y el alivio que me da. Qué familia hermosa tienes.

- Stan, cuánto orgullo, felicitaciones, los felicito –Dijo Jacob, con las mejillas sonrojadas y emocionado– Te convertiste en todo un hombre durante estos largos años que no nos vimos, puedo verlo en tus ojos. Hasta una familia... eso no lo veía venir, si te soy sincero. Queremos oír toda la historia, por favor.

- Oh, no creo que toda –Murmuró con una sonrisa incómoda Stan, mirando a Kohaku y a Xeno– Es un poco larga y compleja, hmm...

- No te preocupes, tenemos tiempo desde ahora –Canturreó la madre, meciendo a Neal, que empezaba a removerse.

Stan aprovechó que no era ya el centro de atención para mirar nervioso a su amigo y a Kohaku. Más allá de que todavía estaba procesando que sus padres habían revivido y estaban juntos otra vez, no había forma de explicar cómo se había dado todo con Kohaku y que no sonara mal. Para ellos había sido muy intenso y profundo, los había removido y transformado completamente, pero no estaba seguro de poder hacerlo entender a otros, mucho menos a sus padres. No le gustaba mentir, pero tendría que considerar maquillar los sucesos para que fueran más fáciles de digerir. Por más que Xeno había simplificado bastante los eventos más problemáticos al contar sólo una parte de la historia a los habitantes del castillo, evidentemente eso seguía sin explicar cómo se habían dado las cosas entre la actual pareja como para que estuvieran juntos al final de todo.

En ese momento, "salvándoles" de una conversación incómoda, Neal empezó a llorar al sentirse en brazos extraños, y Kohaku se adelantó diciéndoles que había estado por alimentarlo justo cuando ellos habían entrado al estudio. Esa fue la excusa de ella, al menos, y Xeno se hizo cargo de lo siguiente.

- Stan, Brody necesita tu ayuda para hacer unos ajustes de mantenimiento a los aviones, ya que eres nuestro mejor piloto. ¿Podrías ir ahora? Discúlpame por interrumpir el reencuentro familiar, pero es importante, y él no sabía nada de esto.

- Por supuesto, sí. Luego nos vemos. Xeno y Kohaku les pueden presentar el castillo, siéntanse como en casa.

- No puedo creer que hayan construido un castillo, aunque es muy acorde con la imagen de haber viajado al pasado –Acotó la madre.

- La idea era un fuerte militar y científico, que pudiera contener a toda la población local que fue reviviendo de la petrificación. Actualmente cumple también esa función, claro –Explicó Xeno– Si me acompañan, les presentaré el lugar, y encontraremos una habitación para que se acomoden y puedan estar tranquilos.

- Gracias, Xeno.

Kohaku estaba un poco sorprendida de que el científico se ofreciera personalmente a mostrarles todo el castillo, siendo que no le faltaban ocupaciones, y los acompañó mientras le daba el pecho a Neal, tan acostumbrada estaba ya a moverse mientras lo hacía. No tardó mucho en darse cuenta el motivo de dicho interés, Xeno no escatimaba en largas explicaciones con una nota de orgullo en la voz de todo lo que habían desarrollado, tanto desde que lo habían construido, hasta los últimos avances científicos generados con la alianza con Senku. La rubia miraba con un poco de pena a los padres de Stan, que lucían claramente abrumados y confundidos con tanta explicación. Si no conociera tanto a Xeno y su completa pasión por la ciencia, hubiera pensado que lo estaba haciendo adrede para cumplirles la cuota de novedades por el día, y así ayudar a Stan a pensar cómo iba a contarles la parte personal de toda esa travesía.

Cuando terminaron al fin la recorrida y el científico les dio una habitación, ellos le agradecieron y se quedaron allí dentro un buen rato, muy posiblemente buscando un descanso para asimilar todo. Kohaku fue a buscar a Stan, que al final era cierto que estaba con Brody, no sabía si como coartada o de verdad ayudando con ese mencionado ajuste de los aviones.

- ¿Y? ¿Qué tal fue? –Preguntó, acercándose a la rubia.

- Bien... Creo que tuvieron suficiente por el día, hasta a mí me agotó, y eso que estoy más acostumbrada a las explicaciones científicas que no entiendo, entre Senku y Xeno.

- Ya veo. Mis padres son correctos y no son chismosos, todavía tienen que procesar haber revivido y todo lo demás, estaremos bien y todo se acomodará de a poco, estoy seguro.

- Stan, ¿cómo te sientes? –Inquirió Kohaku– Parece que te lo estás tomando bien. Perdón por la sorpresa, si te incomodó o...

- No voy a negar que no estaba mentalmente preparado, de sólo hablar el tema y la posibilidad, a que realmente aparecieran junto a mí al despertarme. Pensé que era un sueño, pero no, realmente los revivieron.

- ¿Pudieron hablar algo, y arreglarse?

- Sí, lo hicimos –Respiró hondo, y la miró con una cálida sonrisa, para luego rodearla con su brazo– Mi princesa impulsiva, ¿por qué lo hiciste? ¿Cómo los encontraron?

- Luego de esa primera conversación sobre ellos, como vi que quedaste afectado y te fuiste, unos días después le pedí consejo a Xeno, que te conoce mejor que yo. No sentí que de verdad no quisieras verlos, sino que tenías dudas y miedos, y él pensó lo mismo. Como recordaba dónde vivían y no era un viaje demasiado largo, mandó las indicaciones con un equipo de soldados que buscaron y excavaron hasta encontrar las estatuas, era mejor tenerlas seguras aquí, por las dudas. Y cuando anoche me diste a entender que estabas más predispuesto a que se los despetrifique, coincidimos con Xeno en que era un buen momento.

- No me enteré de nada, disimularon muy bien –Dijo Stan incrédulo, negando con la cabeza.

- Era la idea, aunque no pensábamos revivirlos contra tu voluntad o presionarte, por eso fue un alivio cuando tú mismo lo empezaste a aceptar. Salió bien... ¿no?

- Diría que sí. Mejor de lo que pensaba, nada mal.

- Me preocupaba traicionar tu confianza, que te enojaras conmigo, y con Xeno, por no avisarte. Pero de verdad sentí que sí los querías y deseabas volver a verlos.

- Un poco chismosa sí fuiste –Bromeó Stan– Aunque valoro más tu intención, tuviste un corazón más fuerte y valiente que el mío.

- ¡Ja! Fue una apuesta arriesgada, pero sabía que se arreglarían. Y se te ve más relajado y feliz, con un peso menos encima.

- Me das y devuelves tantas cosas importantes en mi vida. Gracias, Kohaku.

Lo dijo con expresión sentida, mirándola intensamente a los ojos, y luego le dio un tierno beso en los labios. La joven le correspondió, y como tenía las manos ocupadas, apoyó sus labios en donde estaría el corazón de él, para luego apoyar su cabeza allí, quedándose unos segundos. Stan sonrió y la abrazó más fuerte.

- Deja de ponerme blando, entre el renacuajo y tú me van a derretir, y hoy mi corazón podría no resistirlo.

- Te pones blando por tu propia cuenta, acéptalo –Soltó una risilla– Sólo eres duro o el chico malo cuando haces tu trabajo de soldado. Por lo demás, nunca te duró mucho el estar serio, malhumorado, o poner distancia, según recuerdo desde que te conocí.

Stan no pudo contradecir eso, e hizo una mueca de resignación. Continuó con su trabajo allí, con la cabeza todavía dándole vueltas por las inauditas novedades del día, aprovechando para asimilar todo, no terminaba de creerlo.

Los padres de Stan resultaron ser personas agradables y amables, buscando ocupaciones y formas de ayudar desde esa misma tarde, a medida que conocían a los demás miembros del castillo e iban asimilando su nueva realidad. Como Jacob además de ser militar tenía buena mano para los trabajos manuales, hizo buenas migas con Brody inmediatamente. Por suerte para Stan, sus padres estuvieron tan entretenidos que no volvieron a preguntar por los detalles de cómo se había emparejado con Kohaku, tampoco se había decidido qué contarles.

La noche siguiente, fue una acción inocente de Kohaku la que sin querer provocó que dicha suerte se agotara. La joven estaba muy entusiasmada y feliz de disfrutar esa sensación de familia completa que tanto extrañaba, y la madre de Stan era una mujer por demás simpática y compañera, que además le estaba demostrando su experiencia maternal con sabios y eficientes consejos, por lo que todo marchaba genial entre ellas. Tanto, que mientras relajaban después de cenar, y los abuelos cargaban en brazos y jugaban tiernamente con Neal, Kohaku corrió a buscar el álbum de fotos que sus amigas le habían regalado para Navidad, para mostrarle todo lo que tenía de los primeros días del bebé, así como el par de fotos que tenía con ella embarazada y el grupo en Sudamérica. Stan se puso un poco nervioso cuando lo vio, tenía la intuición de que eso volvería a despertar la curiosidad de sus padres, y se mantuvo expectante. En un principio todo marchó bien, Jacob y Sarah reían y gemían de ternura mientras miraban en detalle con los ojos brillantes las preciosas fotografías en blanco y negro, todos lo preciados primeros momentos de paternidad de su hijo también. Cuando terminaron de verlo, la mujer sonrió ampliamente, y miró a la pareja.

- ¡Qué hermoso! Gracias por mostrarlo, al menos podemos ahora imaginarnos cómo fueron sus primeros días de padres, aunque no hayamos estado allí. Sólo lamento que no haya alguna foto de su boda de recuerdo, de seguro estaban guapísimos.

Stan se removió incómodo, y no alcanzó a contestar, cuando Kohaku siempre directa y sincera lo hizo sin rodeos.

- Oh, no. No hay, porque no estamos casados.

- ¿Cómo...? –Preguntó sorprendida Sarah– Pero... eres la mujer de Stan, así lo oímos.

- Eeeh... sí –Admitió sonrojada Kohaku– Pero no hubo boda. Hmm... Sucedió demasiado rápido.

- ¿Rápido? –Repitió, alzando las cejas– Tienen un bebé juntos, Stan te llamó "su mujer", y se aman. ¿De qué me perdí?

- Madre, por favor –Intercedió Stan– Ya sé que eres tradicional, pero el mundo está un poco más complicado de lo que crees como para pensar que una boda es prioridad.

- Bueno, Stanley, más bien en eso se suele pensar antes de tener un hijo –Replicó Sarah, entrecerrando los ojos– ¿Hace cuánto se conocen?

Esa pregunta generó un largo e incómodo silencio, en el que Kohaku apretó los labios, y Stan se apretó el entrecejo con los dedos, maldiciendo por dentro, esa era la peor pregunta que podía haberles hecho.

- Un año, más o menos –Dijo Kohaku con timidez, cuando Stan no contestaba, y sin atreverse a mentir.

- ¿Un año? Pero si un embarazo ocupa nueve meses, y el niño tiene casi dos... Oh.

Los ojos de la mujer se abrieron mucho, al darse cuenta rápidamente lo que significaban esas cuentas, y dedicó una mirada muy afilada y severa a su hijo.

- Stan, ¿embarazaste a una joven que apenas conocías?

- No puedo creerlo, con toda tu educación... –Acotó Jacob, con tono duro– No te criamos así de irresponsable, Stanley. Qué vergüenza.

- Oh, mierda, ya empezamos –Gruño Stan.

El problema era que no había mentira ni exageración en la queja de sus padres, y era mejor no tocar todavía el tema de que Kohaku había sido una rehén, que efectivamente él no se había contenido semanas después en intimar con ella a pesar de que no tenían métodos anticonceptivos. Sí, había sido irresponsable e impulsivo, pero también había sucedido mucho más entre ellos dos, en muy poco tiempo. Respiró hondo para armarse de paciencia, antes de volver a hablar, alzando la voz.

- No es lo que piensan, no fue tan sencillo. Sí, no voy a negar que eso fue así, nos dejamos llevar sin pensar en las consecuencias, y las precauciones básicas no fueron suficientes. Pero no me arrepiento de nada, desde entonces nos entregamos en cuerpo y alma, y no elegí a Kohaku como mi mujer sólo por obligación y para cumplir con mi responsabilidad, es mucho más que eso ahora, y la amo. Ella y Neal lo son todo para mí, les dedico mi vida a su bienestar, y ninguna vieja expectativa del "orden de las cosas" desmerecerá lo que tenemos, ¿entendido?

Otro silencio profundo siguió a las palabras de Stan, en el que el soldado miraba fijamente a sus dos padres, y ambos le devolvían la mirada, mientras absorbían sus palabras. Finalmente, Sarah y Jacob se miraron entre sí, suavizaron su expresión, y la madre habló.

- De acuerdo, siento la verdad en tus palabras, hijo. No juzgaré cómo sucedió, si es que ahora se aman y van a estar juntos.

- Bien –Respondió seco Stan.

- Pero eso no quita que deberían hacer lo correcto, y casarse. Si de verdad se aman, quieren estar juntos el resto de sus vidas, y ya tienen un hijo, ¿qué esperan?

La mandíbula del soldado se apretó con fuerza, y la fría expresión que le dedicó a su madre con sus orbes zafiro rivalizaba con la que le había dedicado ella minutos antes, era evidente de quién la había heredado. Dirigió una rápida mirada a Xeno, que se mostraba impasible al oír la conversación. No podía ser más inoportuna e incómoda.

- No es como si hubiera instituciones o un registro civil ya, ni va a cambiar nuestras vidas o nuestra relación hacerlo ahora o no, no me vengas con "lo correcto", o el apuro. Suficiente que, con ser soldado, vivo para acatar órdenes ajenas.

- ¡Stan!

- Oh, no, no me jodan –Bufó– No tienen derecho a meterse, y ni siquiera están considerando cómo se siente o qué quiere Kohaku. Eso sería más correcto, ya que quieren dar cátedra del asunto, ¿no lo creen?

- Pero...

- No, el tema se terminó aquí –Se puso de pie, enojado– Hasta mañana, nos vamos a descansar.

Se acercó a su madre en silencio y estiró los brazos para recuperar a Neal, Antes de irse, miró a Kohaku y le hizo un gesto con la cabeza, indicándole que fuera con él. La joven titubeó, incómoda, y se levantó también, aunque despidiéndose de una forma más suave y apenada son los padres de Stan, y mirando a Xeno de reojo, que había presenciado toda la discusión, así como los que se habían quedado cerca en la mesa. Fueron en silencio hacia el dormitorio, donde Stan esperó a que Kohaku se vistiera para dormir antes de pasarle el bebé a sus brazos, mientras él se desvestía.

- Stan, me siento un poco mal por lo que pasó, no pensé que iba a ser un problema.

- No, tú no hiciste nada mal, tranquila. Te pido perdón por mis padres, mi madre en especial, mañana hablaré con ella para que dejen de presionar con que nos casemos.

- No me molestó, Stan, es entendible, yo...

- No, no lo es –Replicó irritado, interrumpiéndola– No me importa la buena intención, es molesto que pretendan obligarnos.

Kohaku se fue poniendo más seria a medida que oía las palabras de Stan. Las cosas se habían dado así, pero tampoco era tan descabellada la idea de casarse algún día cuando todo estuviera más tranquilo, no lo sentía tan forzado u obligado. Estaban juntos por decisión propia, tenían un hijo, se amaban... No le faltaba nada a la fórmula como para descartar una unión oficial ante los dioses y el mundo, ya no tenían más dudas al respecto a su relación.

Se quedó callada, mirando a Neal para evitar hacerlo con Stan. ¿Acaso ella era la única que lo veía así? No, para los padres de Stan también, así como estaba más que segura que su familia diría lo mismo que Sarah. Pensaba poner la excusa de que la gente del mundo moderno no se casaba tan fácilmente, aunque al parecer no tenían las mismas exigencias para acostarse con alguien a poco de conocerlo. Había conocido un lado muy dulce del verdadero corazón de Stan en los últimos meses, por lo que una parte de ella se esperaba que estaría encantado con que se casaran algún día, que él se lo pediría, por lo que estaba demasiado sorprendida con la frustración que le notaba, todo lo contrario a lo que imaginaba.

Todavía en silencio, se recostó en la cama, girándose de lado y de espaldas a Stan, y abrazando a Neal contra su pecho. El soldado, luego de un largo suspiro para serenarse, notó lo callada que estaba Kohaku, algo había cambiado en el aire. Se acostó junto a ella con la intención de abrazarla por detrás, pero cuando le tocó la cintura para abrazarla, percibió que la joven había hecho el mínimo y rápido movimiento de intentar evitar su mano. Sorprendido y extrañado, la miró unos segundos.

- ¿Me lo pareció, o intentaste esquivarme? –Preguntó finalmente– Kohaku, si estás molesta por lo que dijeron mis padres...

- No es por lo que dijeron ellos. Ya, déjalo, Stan, vamos a dormir, mientras podamos.

- No lo negaste... y estás esquivando el tema con el "ya, déjalo" ¿Qué te pasa?

- Nada, déjalo. Fue una noche agitada, descansemos.

- Oh, no, no lo haremos hasta que me digas qué te sucede –Insistió el peli-plateado, apoyándose en un codo– No me gusta irme a dormir con los problemas en la cama, Kohaku. Menos aun cuando no tengo idea qué es lo que pudo molestarte, si no es por lo de mis padres.

Kohaku entendió que Stan iba en serio con lo de que no iba a dejarlo estar, cuando sintió su mirada perforante durante más de un minuto. Como no tenía escapatoria ni podía disimular, se decantó por sincerarse del todo, eventualmente tendría que hacerlo.

- Es por ti.

- ¿Por mí? –Preguntó, frunciendo el ceño–¿Y se puede saber qué hice de malo?

- No pensé que te molestaría tanto la idea de casarte conmigo, como para que te sientas así de obligado.

Lo dijo con más amargura de lo que pretendía, pero no pudo evitarlo, reconocerlo en voz alta le había dolido más.

- ¿...Qué?

- Lo entendería si sólo hubieras dicho que tenemos nuestros tiempos, o quitarte el tema de encima con la excusa de que mi familia está lejos, pero no que hayas dicho de tantas formas distintas que lo sientes como una obligación. Quizás es mi mente simple de aldeana, o que no en todo nos sentimos de la misma forma, ni alcanza con amarnos, ya que sabemos bien que tener un hijo juntos fue un accidente y no una decisión. Ya está bien, me dejaste claro que no está en tus planes.

- Kohaku, tú... –Murmuró con un hilo de voz, sus ojos zafiro muy abiertos– ¿Tú te quieres casar conmigo?

La rubia se animó a mirarlo de reojo, cuando notó el sinceramente sorprendido tono de voz de Stan, de pronto débil con respecto a la firmeza anterior. Efectivamente, se encontró con sus ojos turbulentos y pura incredulidad en su expresión.

- Me pareció que sería lo natural, algún día –Confesó, sonrojada– Nunca tuve mucho interés ni aprecio por las bodas, siendo que mi hermana estaba obligada de nacimiento a casarse con alguien que probablemente no amara, sólo para cumplir con su rol de sacerdotisa y continuar la tradición de casarse con el próximo jefe de la aldea. Pero dado como se están dando las cosas contigo, ya no me desagradaba la idea, y al menos me gustaría compartir eso con mi familia y amigos, ya que no vieron nacer y crecer a Neal. Todas las familias que conozco, tienen en común haber empezado por casarse.

Stan quedó ligeramente boquiabierto al oír eso. Mientras que él se había quejado que su madre había insistido en una boda sin saber qué pensaba Kohaku de eso, al final había sido él quien había cometido el mismo error, y peor, al hacerle entender que a él no le interesaba para nada, y dar por sentado que ella estaba bien como estaban. Volvió a apoyar su mano sobre la cintura de ella, que no lo rechazó.

- Kohaku, créeme cuando te digo que no lo estaba rechazando adrede, sino que ni siquiera lo había considerado hasta el día de hoy. No por no sentirlo o quererlo, sino que desde que revivimos de la primera petrificación, fue como un reseteo de todo lo que conocíamos del viejo mundo, no queda nada de esos sistemas y expectativas sociales.

- Tal vez para ti, en mi aldea las parejas se siguen casando desde hace cientos de años.

- Es verdad –Admitió– Tampoco se me ocurrió que algo así podía suceder, ya que también Xeno está en el medio. Pensar en casarme contigo hubiera sido muy egoísta con él.

- Stan, nadie en este castillo sabe de lo que pasó entre nosotros tres. Xeno lo decidió así, para todos aquí nosotros somos la única pareja, y la realidad no está mucho más lejos desde el mes pasado.

- Ya lo sé, pero insisto en que no hubiera sido un buen gesto de mi parte aprovecharme de eso. Ahora las cosas son distintas, aunque me gustaría que él lo apruebe también, para que quede todo claro –Suavizó su voz, con una sonrisa tímida– Si cuando nos reencontremos con todos, tú quieres...

Kohaku asintió brevemente antes de que terminara de hablar, sin emitir palabra ni mirarlo, ocultando su sonrojo. Con ese acuerdo implícito, los dos se quedaron en silencio, guardándose la sonrisa, sin poder ver la misma expresión en el rostro del otro. Varios minutos pasaron, hasta que la rubia giró un poco la cabeza para mirar a Stan, encontrándolo con los ojos casi cerrados y tranquilo.

- ¿Vas a quedarte aquí?

- ¿A qué te refieres? Dormimos aquí. ¿O me estás echando?

- Dijiste que no te gusta irte a dormir con los problemas en la cama.

- Ya no los hay, los resolvimos.

- Stan... Tal vez nosotros, pero no puedes dejar así a tus padres, deben de sentirse muy mal por cómo quedaron las cosas. Y no dijeron nada malo realmente, creo que fuiste muy duro con ellos, en especial con tu madre.

- Tal vez no, pero no está mal que aprendan la lección de no meterse en las relaciones del otro. Dar consejo es una cosa, lo que ella hizo fue distinto.

- Al menos ella puede opinar sobre lo que considera mejor para su hijo y su familia, porque está viva –Dijo en voz baja– Está aquí contigo y pueden hablarlo, no todos tenemos esa suerte, Stan.

El soldado se calló ante eso, entendiendo lo que quería decir Kohaku. Asintió, y se levantó de la cama, vistiéndose nuevamente para salir y dirigirse hacia la habitación de sus padres. Tocó la puerta, y cuando se abrió, su padre apareció ante ella, sorprendido y con cautela al verlo.

- ¿Puedo pasar un momento? –Dijo Stan con la actitud más conciliadora que pudo mostrar.

El hombre asintió, y lo dejó pasar. Su esposa estaba sentada en una silla, había dos vasos de agua en la pequeña mesa, parte de los escasos muebles de la habitación. Sarah miró a su hijo con ojos angustiados, y bajó la mirada.

- Estábamos pensando en ti, hijo. Perdón, los incomodamos, es que para gente de nuestra generación...

- No, hablé con Kohaku, y no estabas tan lejos de la verdad. ¿Quieren oír la historia completa? Quizás así sea más fácil entenderlo todo y aclarará varias cosas, de una vez.

Los padres asintieron, Jacob también se sentó en la otra silla, mientras que Stan lo hizo en la cama. Les contó todo lo sucedido desde el principio, obviando las partes subidas de tono y que Xeno estaba involucrado íntimamente también. La misión de asesinato del líder enemigo, el secuestro, enterarse del embarazo, la distancia, y que Kohaku había perdido un bebé, aunque había resultado sorpresivamente en la sobrevivencia de Neal. Hizo hincapié en cómo se había sentido con Kohaku a poco de conocerla, los sentimientos complejos y contradictorios de ambos dada su antigua posición de enemigos, y se animó a contarles algunas de las actitudes tan dulces que había tenido la joven con él, lo que lo había llevado poco a poco a enamorarse sin remedio. Cuando terminó, sus padres estaban abrumados y sorprendidos, su madre no había podido evitar dejar salir algunas lágrimas con las partes más duras y emocionantes de la historia, sin imaginarse la profundidad y el dolor que habían atravesado Kohaku y su hijo, para llegar a donde estaban con su aparente paz y felicidad.

- Oh, mi niño... Pasaste por todo eso en tan poco tiempo.

- Eso quedó atrás, y todos tuvimos nuestra parte, no fui una víctima. Mi relación con Kohaku fue completamente impredecible y compleja, pero sostengo las palabras que les dije hace un rato. Empiezo a ser feliz, sé que lo mejor que la vida me depare estará junto a ella y Neal, además de convivir con Xeno y los demás, y ahora ustedes también.

- Perdóname por haber dicho que fuiste un irresponsable y una vergüenza –Dijo su padre, apretando los dientes.

- No sabían nada de esto, y cualquiera pensaría lo mismo con la simplificación de lo que habían oído –Admitió Stan– Por eso me enojé tanto. Eso es todo lo que quería decirles, y aclarar. Ah, y... recién me entero que Kohaku sí se querría casar conmigo, más adelante, cuando podamos reencontrarnos con su familia y amigos.

- ¿Recién te enteras? –Preguntó Sarah, con una risilla– Cariño, si eres un hombre maravilloso, además de guapísimo, qué mujer no querría casarse contigo. Con tu padre no hicimos cosa en la vida más linda que tú.

- Mamá... no es momento para halagos así –Protestó Stan abochornado, rodando los ojos.

- Es la verdad, hijo. No te hagas el difícil, eso lo sacaste de tu padre, mis soldaditos tontos. Se hacen los duros, y son dos terrones de azúcar.

- Sarah... –Fue el turno de Jacob de cohibirse, removiéndose en la silla.

- Gracias por venir y contarnos esto, Stan. Ahora lo entendemos, y me pone muy feliz saber cómo superaste todo eso, y cómo te sientes. Ahora vuelve con ellos, que ya se hizo tarde, te deben estar esperando.

- Deben estar durmiendo, sabes mejor que nosotros que bebés y horas de sueño no van de la mano –Se puso de pie, y apoyó una mano en el hombro de cada uno de sus padres– Hasta mañana, que descansen.

Stan se sintió muy aliviado para su sorpresa, pensaba que contarle todo a sus padres iba a ser de lo más incómodo, pero resultó ser liberador confiárselo a alguien más. Volvió a la habitación, entrando con mucho sigilo, encontrando como pensaba a Kohaku profundamente dormida, con Neal durmiendo en su cuna. Pese a que se movió lo más lento que pudo para acostarse, la rubia se despertó en cuanto sintió el movimiento del colchón a su lado.

- ¿Cómo fue? –Murmuró adormilada, apenas abriendo los ojos en la oscuridad.

- Muy bien. Vuelve a dormir, amor. Y gracias, una vez más.

Con una pequeña sonrisa satisfecha, Kohaku se giró y se abrazó al cuerpo de él, cayendo dormida al minuto. Stan le acarició el cabello con delicadeza y afecto, y cerró los ojos también, suspirando suave y de forma liberadora. Ya podía decir que no le faltaba nada, se iban rellenando poco a poco los huecos que su corazón tenía, aunque se sentía un poco egoísta de ser el que tuviera tanta suerte últimamente. No, con su nueva fuerza y su corazón completo, gracias a la generosidad y a la confianza de los demás, reconocía que estaba listo para ser seguir siendo más que nunca el pilar de todos ellos, devolvería con creces y se esforzaría en ser el mejor y mantenerse entero para ayudar a los demás. Esa era su misión para honrar su suerte, como buen soldado, como hombre de honor.

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Buenaaas! Primero que nada, ¡Feliz año nuevo por aquí también! Bueno, lo empecé potente, jaja, nunca a medias tintas con esta historia. La verdad es que siempre me quedó en el tintero el hecho de que en el manga no hubiera la presencia de ninguna familia de los personajes (excepto Kokuyo para Kohaku, y dejamos de contar ahí), ni siquiera ahora que revivieron a todo el mundo. Y bueno, al pobre de Stan le quité su familia bien duro en "Otros Caminos", así que me pareció un lindo giro del multiverso que aquí sí pudieran reencontrarse, él siempre tan entregado y sacrificado a los demás. Muchas reflexiones y circunstancias de vida también, que pueden atravesarnos a más de uno, amor, perdón, compasión... grandes aprendizajes de nuestro camino.

Bueno, mucho texto aquí. Como siempre, gracias por leer, acompañar, dejar su amorcito y comentarios. Y espero que hayan disfrutado los dibujos hot Stankoha que hice estas dos semanas de "descanso". Volví on fire jajaja.

Hasta el próximo capítulo! Buena semana!