Pasados unos días del vertiginoso reencuentro de la familia Snyder, las cosas lograron serenarse y acomodarse. De hecho, fue un gran alivio que los padres de Stan se sumaran a la vida del castillo, por toda la ayuda que brindaron en especial a los jóvenes padres. Incluso fue gracias a ellos, encantados e inmersos con sus roles de abuelos, que Kohaku pudo empezar a relajarse un poco y volver a disfrutar de ayudar y sentirse útil y partícipe del proceso científico y artesanal, de lo cual había quedado afuera desde el avanzado embarazo. Stan había vuelto a trabajar de a ratos desde el mes anterior, por lo que agradeció contar con la ayuda extra pero no fue tan significativo, y Xeno estaba siempre presente, pero era el más descansado de los tres, abocado a su tarea científica en conjunto con Senku, y sólo ayudando con Neal cuando realmente lo necesitaban o los padres necesitaban un descanso.

Kohaku se había confiado demasiado en que podía comunicarse en japonés con la mayoría de las personas cercanas en el castillo, por lo que le costó hablar en inglés con los padres de Stan, había perdido la práctica, y por su parte ellos no entendían ni una palabra de japonés. Sin embargo, entendiendo que Neal iba a ser eventualmente bilingüe con el japonés como idioma principal, y que se perdían las conversaciones que su hijo y Xeno tenían con Kohaku ya que se habían acostumbrado a hacerlo en el idioma de ella, fue que decidieron aprender japonés. La rubia, sintiéndose un poco culpable por su comodidad ya que no había seguido aprendiendo inglés cuando acabaron las clases con Gen, también aprovechó la oportunidad para continuar aprendiendo ese idioma.

En lugar de pedirles a Stan y Xeno, pensando que ya tenían suficiente con el desarrollo de los motores científicos además de cuidar Neal, prefirió pedirle a Minami, quién aceptó encantada ya que no tenía mucho que hacer de otra forma, y el trabajo forzado no era lo suyo. Además, ella y Yuzuriha ayudaban a aprender a los padres de Stan ya, con lo cual podían emparejar el vocabulario para que fuese más fácil para ellos tres comunicarse, en especial en lo referido al bebé. Cuando Kohaku les contó a los dos hombres, estos mostraron la misma expresión de ligera indignación, haciéndole el reclamo de por qué no les había pedido primero a ellos, aunque los argumentos que oyeron los convenció a regañadientes.

- Primero tú, Stan, luego ella –Se quejó Xeno cuando Kohaku se fue– Siempre me entero a lo último cuando quieren aprender los dos idiomas en los que yo podría ayudar a enseñarles, y no estoy entre los elegidos a hacerlo.

- ¿Elige a una reportera japonesa antes que a nosotros, que somos nativos? –Se sumó Stan a la queja, con soberbia– Porque ni siquiera nos pidió que también le diéramos una mano con practicar.

- Podría pronunciar el inglés de una forma mucho más elegante –Apoyó el científico.

- Por supuesto, y sería matar dos pájaros de un tiro porque hasta podríamos ocuparnos de Neal mientras le enseñamos. Ella se lo pierde.

- ¿Estará a la altura de una inmersión completa en el idioma? –Preguntó Xeno con un dejo de malicia– Podemos responderle en inglés a lo que nos hable, así aprende más rápido, o quizás reconsidere aprender de una sola fuente.

- Eres cruel, pero justo. Nada mal –Se rió cómplice Stan.

Lo que fue divertido para ellos, no fue recibido con igual gracia por Kohaku. En cuanto empezaron sus clases del idioma, se encontró con la novedad de que los dos estadounidenses siempre le contestaban en inglés, algo que no habían conversado antes que sucedería, y recibió la misma justificación de ambos, en la que le daban a entender que era para motivarla y hacerle aprender intuitivamente, oyendo mejor el acento "correcto". La joven no percibió la resolución orgullosa y ligeramente resentida de ambos detrás de su iniciativa, y aunque le frustraba un poco no poder hablar con la misma fluidez y comodidad, y guardarse conversaciones que no podría mantener ni desarrollar, llegó a la conclusión que tenía lógica la propuesta de ellos. Para cuando Kohaku cayó completamente en la "trampa" y decidió pedirle a cada uno que también le enseñen para acelerar su aprendizaje, pero que tuvieran un poco de piedad y le hablaran también en japonés como antes, ellos sonrieron secretamente satisfechos, aunque su respuesta fue distinta, sin saberlo al principio.

Xeno insistió en la exigencia y en que no podía tomar ese atajo si pretendía aprender "apropiadamente", que justamente esa práctica extra era la que la haría hablar más rápido y de una forma más elegante. Ante la negativa, Kohaku acudió a Stan apelando a su compasión, que puso a prueba su corazón débil a los ruegos de ella, y el golpe final fue cuando la rubia le dijo que confiaba en que él la entendería, y que le ponía triste no poder compartir cosas con él porque se le hacía muy difícil decirlo en un idioma que le costaba tanto todavía, y que tenía que resignarse a hacerlo "con otras personas" menos importantes para ella. No pudo decirle que no luego de eso, alejarla de él era lo último que pretendía, y su orgullo no podría anteponerse nunca, habría prometido ayudarla en todo lo que podía, no complicarle la vida. Bastante que ella había tenido la iniciativa de continuar aprendiendo inglés cuando lidiaba con su ocupación y cansancio al estar atenta a su hijo a todas horas.

Cuando Xeno un día los oyó iniciar y mantener una conversación enteramente en japonés, esperó a que terminaran para llamar aparte a Stan, con la excusa de que lo necesitaba para un trabajo, aunque sólo era para hacerle el reclamo.

- ¿Por qué cediste, Stan?

- ¿A qué? Sé más específico

- A hablar con Kohaku en japonés, en lugar de inglés, como acordamos.

- Ah, eso... Fue soborno emocional.

- ¿Por qué me da la impresión que no hubo resistencia en eso?

- Porque no la hubo. La princesa sabe usar sus armas, y lo peor es que fue con toda inocencia, no como nosotros.

- Stan, ¿eres consciente de que eres padre, y que esa inocencia va a ser el arma principal de tu hijo en unos años?

- Caído en batalla, con honor –bromeó.

- Tendrás que elegir bien tus batallas, pero te recomiendo que empieces a practicar.

- Xeno, sabes bien que lo del inglés fue por puro orgullo. Si hay una "batalla" en la que perder, es justamente una como esa.

- Lo sé, pero podrías habérmelo dicho antes, yo quedé como el "policía malo" ahora.

- Estás a tiempo de cambiar de idea tú también, mejor tarde que nunca. Además, no fue tan divertido lo de hablar poco sólo por limitaciones de idioma, cuando no era un impedimento real. Y a ti que te gusta hablar más que a mí, te habrá costado el doble.

- No lo voy a negar, pero era por una causa superadora.

- No das el brazo a torcer, ¿eh? Como quieras.

A pesar de su actitud orgullosa, Xeno desistió esa misma tarde de su plan, hablándole a Kohaku nuevamente en japonés apenas cruzaron caminos. Ella se sorprendió, pero no le preguntó al respecto, sintiendo un inmediato alivio de que las cosas volvieran a cómo eran antes. Había sido refrescante hacer algo distinto, y le había traído agradables recuerdos de cuando aprendía con Stan y con Gen, aunque a la vez había sentido un poco de ansiedad y anhelo al preguntarse cuándo podría retomar otras actividades que extrañaba hacer, más allá de empezar a colaborar con el gran proyecto científico que ocupaba a todos. El solo hecho de recorrer los bosques, de entrenar o tener alguna pelea de entrenamiento, parecía un lejano recuerdo. Por más que amara a su hijo y dedicara la mayoría de sus energías a criarlo, estaba un tanto frustrada con la realidad de que sus días y meses se fueran en eso cuando había tantas cosas que quería hacer. Ese era uno de los dilemas que devenían de haber sido madre de forma involuntaria desde tan joven, y más para alguien tan enérgica como ella.

Hasta que apareció Sarah, Kohaku era la única madre del castillo, aunque entre lo amigos y los estadounidenses que habían quedado en Sudamérica tampoco había otra, eran todas jóvenes como ella, o adultas solteras como Maya o Charlotte. Por lo que en cuanto pudo entablar una conversación con la madre de Stan sin pedir traducciones de por medio, unas semanas después, fue un gran alivio sentirse comprendida y enterarse que la mujer había pasado exactamente por lo mismo, y hasta le había contado referencias del mundo moderno de que era algo común para toda madre, o al menos para las que no tenían su maternidad como único plan de vida, sino que también estudiaban, trabajaban o tenían oficios a la par. Curiosamente, Kohaku se sentía más identificada con las mujeres del mundo moderno, que con las de su propia aldea, aunque más bien siempre había sido ella la "rara", la que no le interesaban particularmente los novios, y buscaba ser fuerte e independiente.

Sarah quería ayudar a Kohaku de alguna forma, además de colaborar con cuidar a su nieto y aconsejar a su "nuera", por lo que observó atentamente las rutinas de ella, Stan y los habitantes del castillo más cercanos y amigos de ella. Siempre conversaba con su esposo al respecto para tener una segunda opinión y no volver a inmiscuirse demasiado, Jacob era más medido y su hijo se parecía en carácter mucho más a él, por lo cual era una buena referencia para ella. Cuando le contó la conclusión y el plan al que había llegado, el hombre le dio su aprobación. Entusiasmada, fue a buscar a Kohaku, aunque sabía que también convenía que Stan estuviera presente. Por suerte, los halló juntos, lo cual tampoco la sorprendió tanto.

Estaban los dos en su habitación con la puerta abierta, sentados en la cama jugando con Neal y riendo enternecidos con sus adorables reacciones, el bebé ya era muy risueño y atento, le encantaba jugar. También ya sostenía perfectamente su cuello por sí solo, por lo que podían alzarlo en el aire a la altura de los ojos, lo cual le gustaba. Sarah se quedó quieta en el marco de la puerta, observando en silencio ya que no se habían percatado de su presencia. Por más que ya su nieto era suficientemente tierno, lo que la derretía totalmente era ver a su hijo tan dulce y amoroso, relajado y dedicado a su paternidad. Parecía otro hombre, y al mismo tiempo sabía que Stan siempre había sido un chico bueno y sensible, oculto tras su máscara seria de eficiencia, profesionalidad y de hacerse el duro para no mostrar vulnerabilidad, gajes del oficio. Pero allí estaba, con los ojos brillantes, libre, y sin vergüenza de mostrarse como un padre que amaba y entretenía a su bebé para que creciera sano y feliz, y no sólo cuando estaba en su privacidad con Kohaku.

- ¿Te gusta este juguete, Neal? –Preguntó Stan, sacudiendo delante de su pequeño un peluche que le había hecho Yuzuriha, un monito de extremidades muy largas, haciéndolo sonreír ampliamente.

- ¿O éste? –Inquirió Kohaku, sacudiendo otro que era un sonajero colorido.

- ¡Aaaah! –Exclamó contento el bebé, agitando sus pequeños brazos y piernas, sonriendo ante el sonido, y señaló el sonajero, que era su forma de pedir que se lo acerquen.

- Oooh sí, sabemos que es un renacuajo musical. ¿Así que tal vez... le guste que hagamos música con su cuerpo?

- ¿Qué piensas hacer? –Rió Kohaku, intrigada– Procura que no se asuste, o llorará.

- No lo hará, mira y aprende, mami.

Arqueando la ceja con fingida indignación ante la simpática soberbia de Stan, la rubia recibió el monito de peluche y miró a Stan. El soldado acercó su boca a la palma de Neal, e hizo vibrar sus labios como en una pedorreta. El bebé lo miró con los ojos muy abiertos, haciéndoles soltar una carcajada a los dos, y Sarah no pudo evitar reír también, delatando su presencia. Los padres se voltearon rápidamente, y sonrieron al verla.

- ¿Qué haces aquí, mamá? ¿Necesitas algo?

- Quería contarles algo, pero luego, sigan jugando con Neal.

- Ven, entra. Está muy entusiasmado, a esta hora de la tarde es cuando está más activo y contento, por lo que pruebo cosas nuevas para estimularlo a que aprenda más.

- Ya lo conoces como la palma de tu mano –Dijo orgullosa– Ya tiene tres meses, y está comenzando a reír.

- Sí, eso quería lograr. Suelta esos gritos de felicidad repentinos ya, sé que está cerca.

- Si ustedes ríen mucho, no tardará en aprender. Todo lo que hacen en imitar a sus padres para comunicarse.

- Risas no faltan, es demasiado adorable con cada cosa que hace, es muy inteligente y aprende rápido –Dijo Kohaku con los ojos rezumantes de amor.

- Como el padre, Stan fue un bebé adelantado en todo.

- ¿Por qué no me sorprende? –Murmuró la joven con una risilla– "Él puede"

Stan sonrió a medias, y volvió la atención a su hijo para continuar jugando. Repitió esos sonidos en las dos manos, y cuando lo vio sonreír y soltar un "¡aaaah!", cambió a agarrarle los piecitos y hacerle allí. Neal soltó una serie de rápidos jadeos sin voz, como una risa muda, y los tres adultos se mostraron encantados.

- ¡Ja! ¡Casi, casi! –Exclamó Kohaku, entusiasmada.

- Tiene cosquillas, le gustan. Hazle en la barriguita, hijo, nunca falla.

Stan asintió, y siguió la indicación de su madre. Como ya estaba sólo con su pañal, primero lo tanteó haciéndole suaves cosquillas con sus dedos, no conocía qué tan sensible podía ser el bebé y prefería prepararlo. Cuando percibió una pequeña sonrisa, acercó su boca para darle unos besitos muy sonoros. Neal abrió la boca, pero no emitió sonido alguno, aunque podía verse sus ojitos aguamarina brillar divertidos y sorprendido por la sensación. Finalmente, Stan hizo la pedorreta cosquilleante, mirándolo a los ojos desde allí, cambiando rápidamente de un costado al otro de la barriguita de su hijo. El bebé sacudió sus brazos, dejando salir sus "¡aah-aah!", y luego volvió a repetirlo más breve y rápido ante el divertido ataque sin piedad de su padre, hasta que logró emitir una breve risa. El soldado se quedó muy quieto de pronto, y como si hubiera dudado de sus oídos, miró de reojo a su madre y a Kohaku, que lucían igual de sorprendidas y encantadas.

- ¡Se rió! ¡Sí lo hizo! –Gritó con emoción Kohaku.

- Les dije que no fallaba –Acotó Sarah orgullosa.

- Renacuajo encantador, me vas a matar de amor –Susurró Stan, parpadeando rápidamente mientras respiraba hondo. Ríete una vez más para nosotros, tú puedes.

Cuando se recuperó de la emoción, volvió a hacer esos divertidos sonidos contra la piel de su hijo, y aunque no siempre se reía, evidentemente todavía procesando cómo hacerlo, logró dejó salir algunas breves risitas más.

- ¿Puedo probar yo? –Preguntó entusiasmada Kohaku

- Claro, todo tuyo. Pero hagamos algo...

Stan se sentó en la cama con las piernas abiertas, palmeando el hueco entre ellas para que Kohaku se sentara allí. La joven levantó a Neal y lo sostuvo a la altura de sus ojos, apoyando luego sus pies en la cama y haciéndole de soporte por detrás a su hijo. Nunca había hecho ese sonido con la boca, por lo cual le pidió a Stan que lo repitiera, y lo imitó para aprenderlo. Se rieron juntos cuando ella sin querer dejó salir una fina lluvia de saliva, que él se limpió graciosamente, y corrigió la posición de los labios para evitar hacerlo otra vez. Una vez que le salió mejor, mientras el bebé los miraba atento y curioso, lo probó nuevamente en él. No lo logró hacer reír, lo que la apenó un poco.

- Hazlo en otro lado, aquí –Indicó Stan, y se lo hizo a ella en el cuello, provocándole que eleve los hombros ante la cosquilla– Besitos rápidos y cosquillas.

Kohaku asintió, y tal como había hecho Stan antes, primero acercó a Neal para llenarlo de esos besitos mariposa en el cuello. Para su sorpresa, eso sólo bastó para oírle otra breve y preciosa risa, y lo miró radiante.

- No hay como los cariños de mami –Dijo Sarah enternecida– Está entendiendo como reír, así que lo hará cada vez más, no se preocupen. Ríanse con él para animarlo a más.

Stan abrazó a Kohaku por la cintura mientras ella reanudaba sus acciones, empezando a sumar las torpes pedorretas. Para Neal eran igual de divertidas que las de su padre, ya que pronto empezó a reír también a eso, además que parecía entretenerle que su madre se acercara y alejara de él tan rápido. Unos minutos después dejaron el juego, tampoco querían cansarlo o pasarlo de estimulación, eso siempre conllevaba algún llanto tarde o temprano.

- Stan rió por primera vez cuando mi esposo le hizo "el avioncito", lo alzó en el aire boca abajo y lo movió hacia adelante y hacia atrás –Contó Sarah.

- Con razón siempre me gustaron los aviones –Sonrió Stan con el recuerdo que desconocía.

- Oh, sí, las carcajadas tan hermosas que dejabas salir con ese juego. También era la única forma en que comías más adelante, sin piruetas y sonidos de la cuchara-avión, no abrías la boca.

- ¿Su esposo era piloto también?

- Sí, por varios años se dedicó a ser piloto de las fuerzas aéreas. Stan hizo su primer vuelo con él cuando tenía ocho años, en una avioneta. Yo no podía mirar de los nervios, de por sí siempre tuve un poco de vértigo, pero confiaba totalmente en Jacob.

- Eso sí me acuerdo –Asintió Stan con una expresión cálida– En el aire no quería ni parpadear, estaba fascinado. Pero cuando aterrizamos, lloré como un bebé.

- Estabas sobrepasado de emoción. Yo también lloré, pero de alivio de madre.

- Qué pena que Jacob se perdió las primeras risas de su nieto ahora –Se lamentó Kohaku.

- No siempre van a estar los dos juntos presentes en cada cosa nueva que el pequeño haga. Pero ya ven que cada vez se pone mejor, así que no hay nada que lamentar.

- Hmm... ¿Y si le pedimos que haga ese juego del avión con Neal, a ver si se ríe también?

- ¡Ooh, le encantará! –Asintió radiante Sarah– Además que Neal es igual a Stan cuando era bebé, va a ser muy lindo para él ver casi la misma expresión. Mañana lo hacemos, por hoy dejemos descansar al bebé.

- Mamá, dijiste que venías a hablarnos de algo, ¿de qué se trata?

- Ah... Era una idea que tuve, pero mejor después. Este momento de Neal fue demasiado hermoso, quiero quedarme un rato con esa imagen.

- Bien, como quieras.

Sarah sonrió a medias, la verdad era que cuando vio a Stan abrazar así a Kohaku y disfrutar juntos de su hijo, se sintió un poco culpable de su plan, ya que parte de lo que había pensado implicaba más bien separarlos un poco. Le gustaba mucho ver el joven amor de ellos, y lo entregado y feliz que Stan estaba, siempre era él el que estaba más al pendiente de la joven y era el primero que se ofrecía a ayudarla o acompañarla en todo, siempre tan protector. Pero por experiencia sabía que no vendría mal despegarlos un poco, les ahorraría posiblemente algunas frustraciones y agobios más adelante, en especial a Kohaku, que empezaba a volver a anhelar su individualidad y pasiones, y que no todo tuviera ya que orbitar en torno a su nueva familia.

Tanto Xeno como Jacob se enteraron de que Neal había vocalizado sus primeras risas al mundo, y aunque les apenó habérselo perdido y tampoco tenían videos para registrarlo, ambos hombres del tipo racionales y centrados afirmaron que serían testigo de las siguientes veces. Sin embargo, cuando Sarah le propuso a su esposo de hacerle ese juego del "avioncito" a su nieto, los ojos zafiro del hombre maduro brillaron con contenida emoción, aceptando con una sonrisa.

- Se hace el duro, y es otro que se lo guarda y llora como bebé por dentro, o cuando nadie lo ve –Susurró Sarah a Kohaku en confidencia, riendo juntas por lo bajo, y recibiendo una mirada de curiosidad de parte del hombre.

Como Neal estaba durmiendo, esperaron hasta después de la cena para juntarse a probar ese nuevo juego, llamando por supuesto también a Xeno. Tampoco querían hacer un show de todo eso y que todos fueran espectadores, el bebé parecía ponerse nervioso cuando había demasiadas caras desconocidas cerca, y lloraba hasta pelarse la garganta para denotar su "hasta aquí llegué". Volvieron a la habitación de Stan, que era donde Neal siempre estaba más tranquilo y animado. Primero le acercaron sus juguetes favoritos, entreteniéndolo así mientras estaba en el regazo de su madre, pero evidentemente eso no alcanzaba para hacerlo reír.

- Al renacuajo le gustan las emociones fuertes, es a todo o nada –Observó Stan con una sonrisa pícara.

- A quiénes me hace acordar... –Dijo Xeno burlón, mirando con una ceja alzada a ambos padres.

- Ya no estoy para llevarte a volar de verdad como a tu papi, Neal, pero al menos puedo hacer esto por ti –Dijo Jacob con tono dulce, agarrando al bebé entre sus manos.

Eso los silenció a todos, manteniéndolos atentos y sonrientes con expectativa. El hombre primero probó de subir y bajar al bebé de forma vertical, como un ascensor imaginario. Neal se mantuvo serio al principio, seguramente procesando el cambio de que ya no tenía soporte bajo sus pies. Luego, en vez de acercarse, Jacob estiró y dobló los brazos para acercar al bebé a su rostro, aprovechando para frotarle la nariz contra el cuello, lo cual instantáneamente hizo sonreír al pequeño, que adoraba los mimos.

- Empezamos bien, creo que le gustará. Miren como brillan esos ojos –Murmuró Stan.

Jacob después extendió los brazos hacia arriba, poniendo al bebé en posición horizontal, lo cual fue notorio que lo sorprendió, pero se mantuvo tranquilo, metiéndose la mano en la boca. Tomando eso como un buen indicio, el hombre comenzó a mover por el aire a Neal, siempre mirándolo a los ojos con una gran sonrisa. Cada tanto flexionaba los brazos para acercarlo a él, y lo volvía a alejar y a mover. El retoño no tardó en sonreír a la par, y cuando de pronto se encontraba a punto de chocar con su abuelo, dejaba salir sus estridentes grititos de entusiasmo. La escena fue más graciosa para los demás, que les encantaba ver al risueño niño y sus tiernas expresiones, y acabaron riendo ellos primero.

- ¡Oh, cariño, le encanta! –Exclamó Sarah con emoción– De verdad se parece tanto a Stan en todo, es un sueño.

- Sí, me hace acordar mucho a cuando era así de pequeño. Otro candidato a piloto, es un rasgo familiar Snyder.

Percibiendo que las risas de Neal no estaban lejos, repitió ese sube y baja mientras lo hacía "volar" por el aire, pero acercándolo a los rostros de los demás, que no perdían oportunidad de darle un beso o hacerle algún sonido divertido. Cuando Kohaku estiró una mano para hacerle cosquillas en la barriga, el bebé repentinamente dejó salir una buena carcajada. Una vez más, todos se quedaron momentáneamente quietos y sorprendidos, para estallar luego en felicidad al reconocer la reacción que tanto esperaban. Además de encontrar divertido el juego, Neal parecía motivarse con las respuestas de su familia completa, y una seguidilla de risotadas continuó, dando la impresión que el bebé lo hacía adrede para hacer reír a los demás, contento con que su nueva forma de comunicación fuera así de aceptada. Para no mantenerlo demasiado tiempo suspendido en esa posición horizontal, Jacob lo volvió a poner derecho y lo acercó a su cuerpo, meciéndolo.

- Qué elegante, no me cabe duda que está buscando comunicarse así –Afirmó Xeno– Se percató de nuestra respuesta favorable a su reacción, y la repitió muchas veces.

- Eso es porque es un renacuajo mimoso que le gusta la atención que recibe cuando aprende algo nuevo, nada mal –Asintió Stan, acariciando la cabeza de su hijo con orgullo.

- Pero sólo lo está haciendo con movimientos bruscos o cosquillas –Dijo pensativa Kohaku.

- ¿Puedo probar algo más, ya que está tan generoso con sus risas? –Preguntó Xeno, y la rubia asintió– Te pido que me ayudes a sostenerlo por atrás, por las dudas, Kohaku.

- ¿Eh? ¿Para qué?

- Ya verás...

El científico recibió a Neal de parte de Jacob, y se sentó en una silla, apoyando al pequeño sobre su muslo, una pierna de cada lado, mientras le sostenía una mano en cada una de las suyas y le extendía los bracitos a los lados. Kohaku se colocó frente a Xeno, apenas posando sus manos en la espalda y cuello de su hijo. Impulsando su pierna con la punta de sus pies, de forma delicada y lenta al principio, hizo subir y bajar seguidamente así, poco a poco aumentando el impulso y la velocidad, aunque siempre con cuidado de evitar un movimiento fuerte. El pequeño no tardó en sonreír, y un minuto después, dejar salir sus adorables risas de emoción.

- Sabía que iba a gustarle –Dijo Xeno orgulloso, y satisfecho con que él también había podido hacer reír al bebé de una forma más medida y elegante.

- Oooh, nada mal –Rió Stan, palmeando el hombro de su amigo– Una versión amable del "arre arre, caballito"

- ¿Del qué? –Preguntó Kohaku sin entender, mientras estaba atenta a las reacciones de Neal.

- Es un juego que a los niños les encanta, es un rebote que es parecido al trote al montar a caballo. Claro que con un niño unos años más grande se puede ser menos delicado y hacer movimientos más enérgicos, se descostillan de risa.

- Perdón, no sé bien lo que es un caballo, nunca vi uno... sólo lo oí en las cien historias de mi aldea.

- ¿De verdad? –Preguntó sorprendido Stan– He visto unos pocos en este nuevo mundo, en alguna misión de vuelo. Pero como ya teníamos transporte y nadie es especialista aquí en domar caballos salvajes, preferimos evitar el riesgo, no nos sobraba personal.

- ¿Son agresivos?

- No, son herbívoros y prefieren la huida a la pelea –Explicó Xeno, mientras seguía entreteniendo al ya sonriente bebé– Pero son ágiles, y pueden pesar sus buenos quinientos kilos, al menos los "Mustang", que fueron la raza insignia de Norteamérica. Que, dicho sea de paso, eran de los más salvajes y difíciles de domar, porque...

- Xeno, mucho texto, ya se entendió –Lo cortó Stan con una media sonrisa, sí que a su amigo le gustaba dar muchos datos en los momentos menos oportunos– En resumen, un animal noble que fue domado, y no sólo para trabajo, sino que se montaba por diversión, o en deportes.

- ¡Suena divertido! ¿Y cómo se siente montar?

- Si quieres puedo darte una idea –Dijo Stan con diablura– Así como Xeno tiene a Neal, pero tú conmigo.

Sin esperar la respuesta, Stan se sentó en la otra silla, y se palmeó el muslo, sonriéndole con picardía. Recién entonces Kohaku dudó, dándose una idea de cómo iba a lucir.

- ¿No estoy un poco grande para eso?

- No seas aburrida, vamos. O si quieres, siéntate de lado, así apoyas tus piernas sobre la mía.

- Oh, esto va a ser interesante –Sonrió con malicia Xeno, ya se hacía una idea de lo que iba a suceder– No te vas a contener, ¿no, Stan?

- Por supuesto que no. Va a conocer la versión "hard".

Ante lo que oyó, además de la mirada cómplice y diabólica de los dos amigos, Kohaku titubeó. Pero sabía que Stan la iba a cuidar, y además estaban sus padres presentes, no creía que fuera a hacer algo inadecuado. Se acercó a él, sentándose en su pierna tal como le había sugerido, y le abrazó al cuello por las dudas. Con una sonrisita nerviosa le asintió, y el peli-plateado le correspondió con una mucho más amplia y llena de picardía, parecía un niño sabiendo que iba a hacer alguna diablura. Stan la sostuvo de la espalda y su otra mano la colocó por debajo de las piernas de ella, de forma de ayudarse a aligerar el peso de la joven. Cuando empezó a mover con fuerza y energéticamente su pierna, como si poco le afectara tener una joven de al menos cincuenta kilos encima, Kohaku soltó un grito de sorpresa al sentir cómo rebotaba su cuerpo, agradeciendo haberse agarrado del cuello del soldado y que él la sostuviera también.

- ¡Aaaaah! ¡Stan! –Se rió a carcajadas ante el constante e incómodo rebote– ¡Detente!

- Nop, un poco más. Suéltame, princesa, vamos. No te vas a caer, yo te tengo.

- ¡Nooooo!

- No seas cobarde, o te voy a soltar y usar todas mis fuerzas para moverme más, puedo hacerlo.

Ante la graciosa amenaza, Kohaku lo pensó dos veces y lo soltó, juntando las manos en su pecho. No sólo ella reía, Xeno y los padres de Stan también lo hacían, ante el inocente y divertido momento, la rubia era como una niña grande con su auténtica reacción. Cuando inevitablemente él empezó a cansarse, fue disminuyendo el rebote hasta detenerse, disfrutando mucho de haber visto a Kohaku divirtiéndose tanto, pocas veces la había visto reír así.

- ¡Por todos los dioses! ¡¿Esto les hacían a los niños pequeños y les encantaba?!

- Algo así, esta fue la versión intensa especial para ti –Dijo Stan, dándole un sonoro beso en la mejilla a modo de disculpa, a pesar de que no se arrepentía ni un poco– Si te divertiste, no mientas.

- Sí, pero fue un poco fuerte, no estaba lista para esos rebotes sin descanso.

- Mentirosa –Le susurró Stan al oído, sólo para que ella oyera– Antes no te cansabas de rebotar sobre mí.

Kohaku se sonrojó furiosamente ante eso, y aunque los demás no alcanzaron a oír la provocación íntima, la delató su expresión abochornada, pero trató de disimular y hacer como si nada. El corazón se le aceleró, más allá de la broma, y volvió a sentir en su interior ese agradable hormigueo en su bajo vientre que hace tiempo no sentía. Tan abocados habían estado al cuidado del bebé y con tanto cansancio acumulado, que desde que Neal había nacido no habían tenido un acercamiento sensual, más allá de algunos tiernos besos. Era curioso darse cuenta de eso, los dos eran jóvenes todavía, y bastante apasionados, pero los había superado el instinto parental.

Stan le había dicho eso a propósito, la tentación a dicha broma había sido demasiado fuerte y oportuna, pero ver ese sonrojo en el rostro de ella lo agarró desprevenido. No tanto por la avergonzada reacción, que era de esperarse ya que no estaban solos y no era algo que los demás debieran oír, sino por lo que le provocó ver ese tentador colorete y lo que se imaginaba que ella estaría recordando. Y lo que era peor, es que sintió una extraña pizca de culpa por dirigir su atención a eso. Era una tontería, seguía siendo un hombre, y Kohaku una mujer, además de padres, pero no podía evitar sentirse descolocado. Desde que Neal había nacido, había visto los senos expuestos de ella incontables veces durante el día y la noche, sin embargo, probablemente pocas o ninguna vez lo había percibido con una idea de deseo, sino que eran percibidos con ternura como la fuente del alimento de su hijo.

Eso, sumado a que sabía que por al menos un par de meses después del parto el cuerpo de Kohaku seguía volviendo a la normalidad y cicatrizando, había desechado de su cabeza completamente cualquier pensamiento o intención sexual. Claro que no ayudaba tampoco el cansancio de ambos, y que la joven estaba prácticamente todo el día atenta a su bebé, además de que ella tampoco lo había mirado o tocado de forma sugestiva. Lo más curioso era que recién en ese momento se estaba percatando de aquello, pero no le molestaba y se había dado de forma completamente natural. Sin embargo, ese inocente juego había provocado que ese sentimiento e impulso re-aparecieran, y no dudaba que a Kohaku le había sucedido lo mismo, por la forma en la que había reaccionado.

De cualquier forma, no estaban solos y si seguían ambos en silencio podría ser incómodo para más de uno, por lo que despejó sus pensamientos y dirigió su mirada a su hijo, que seguía en la pierna de Xeno, sostenido ya desde su torso de una forma más segura.

- Así que mami y el renacuajo disfrutaron el mismo juego, ¿eh? Nada mal –Dijo en tono juguetón, hablándole al bebé.

- Se perdieron la atención y la curiosidad de Neal cuando Kohaku reía y gritaba, incluso sonrió –Dijo Xeno, acomodando al pequeño en su regazo ya que había terminado aquel juego.

- Los bebés están fuertemente conectados con su madre y comparten la misma energía, por lo que habrá percibido que ella se estaba divirtiendo, y lo sintió como si fuera él también parte del juego –Explicó Sarah.

- Ah... ¿Por eso es que cuando yo estoy de mal humor o triste, él también se pone inquieto? –Preguntó Kohaku sorprendida– Hmm... Ahora que lo pienso, siempre refleja su actividad o humor con el mío, cuando yo pensaba que era al revés.

- Sí, así es. Por ese motivo es que una madre tiene que procurar estar siempre sana, fuerte y equilibrada, porque podría afectar la salud de su bebé sin querer. Y contar con apoyo y ayuda es importante para eso, para eso está el padre también, además del resto de la familia y amigos. Y se nota, este precioso pequeño está creciendo tan sano, fuerte y rápido porque tiene todo eso.

- Es verdad que hasta ahora no se enfermó, lo cual es un alivio porque no tenemos medicación como en el mundo moderno –Recordó Stan.

- Claro que no, están haciendo las cosas muy bien para ser primerizos. Y por supuesto, es muy importante la lactancia materna, eso garantiza niños sanos, siempre y cuando se cumpla lo que dije antes también. Va a ser el mejor que cualquier medicina, créeme, así que Kohaku debería alimentarlo así todo el tiempo que pueda, por lo menos hasta los dos años, también más.

- ¿Dos... años? –Repitió la joven boquiabierta.

- No te preocupes, para esa edad también ya consumen principalmente alimentos sólidos y variados, en realidad eso ya empezará a agregarse de a poco en unos cuatro meses. Pero seguir dándole dos o tres veces por día el pecho, sería ideal –Y agregó, guiñándole un ojo– Así hice yo con Stan, y ya ves lo bien que creció, verlo enfermo era una rareza.

- Vaya... no sabía eso. Bueno, no sé tanto realmente, nunca tuve muchas referencias.

- Es natural e instintivo, lo sentirás. Todo lo demás son consejos que te pueden facilitar la experiencia, pero nadie conocerá a tu bebé mejor que tú. Escucha tu corazón primero, luego tu cabeza o lo que digan los demás.

- Gracias, Sarah, por todos los consejos –Sonrió con dulzura Kohaku, sintiéndose más confiada, la madre de Stan solía tener las palabras justas que ella necesitaba.

- Un placer, Kohaku. Bueno, hermosa noche, pero ya es hora de irnos a la cama.

- Mamá, a la tarde querías decirnos algo, ¿qué era? –Intervino Stan.

- Mañana lo hablamos sin falta, lo prometo. No es como si esta noche se fuera a acabar el mundo, ¿no? –Se rió a medias, y luego frunció el ceño– Aunque sí sucedió una vez...

De pronto, Xeno inspiró bruscamente, y se quedó boquiabierto un momento. Todos lo miraron, extrañados por su repentina reacción, a la vez que tampoco decía nada. Solamente sus ojos comenzaron a brillar, lo demás inmóvil.

- En efecto... –Murmuró el científico, más para sí mismo.

- ¿Xeno? –Lo llamó Stan– ¿Qué sucede?

- Acabo de tener una idea... que no es del todo mía, fue una elegante observación del señor Chrome, pero nunca abandonó del todo mi cabeza.

Se puso de pie, entregándole el bebé a su padre, y luego se acercó a Sarah, con una sonrisa y los ojos confiados y brillantes.

- Gracias, señora Snyder... Acaba de encender la chispa para algo que probablemente salvará a toda la humanidad.

- ¿Eh? ¿Yo? –Preguntó sorprendida la mujer– Pero si no dije nada especial...

- A veces de lo más ordinario, surge lo extraordinario. Disculpen, me retiro, tengo que ir a trabajar.

- ¿A esta hora? –Cuestionó Stan– Xeno, descansa, lo necesitas. Mañana sigues.

- No, el descanso puede esperar, la ciencia y la humanidad no. Tampoco podría conciliar el sueño hasta registrar la idea por completo. Mañana se pone en marcha un nuevo proyecto.

- ¿Y el motor del cohete?

- También tendrá que esperar. Confíen en mí, dedico mi vida a esto. Ustedes descansen, buenas noches.

Sin perder más tiempo, Xeno salió como un torbellino de la habitación, dirigiéndose a su estudio como si el tiempo apremiara de repente, un brillo reluciente en sus ojos y una sonrisa que apenas podía contener en su rostro. Su decisión de dedicar todo su presente a la ciencia había sido acertada, aunque ya no estaba solo, ni era el único científico que valiera la pena, tenía que agradecerles verdaderamente a las mentes del nuevo mundo por sus creativas y acertadas ideas. Él también podía proteger vidas, todas.

Trabajó toda la noche, el desvelo fue total y no le afectó, era como si el cansancio del día se hubiera borrado completamente. Necesitaba de Brody y de Joel para pulir las ideas y los mecanismos, sus conocimientos de ingeniería eran amplios, pero no bastaban para lo que tenía en mente. De cualquier forma, la multi-disciplina abocada a un proyecto había sido siempre el mayor éxito del mundo. Como tenía que esperar a que ellos dos despertaran, hizo todo lo que pudo, y se echó a dormitar un par de horas así vestido como estaba, ya se veía el crepúsculo por la ventana.

Por la mañana, apenas acabaron de desayunar, llamó a sus colegas a su estudio, para contarles su plan y terminarlo. Les tomó casi hasta el mediodía terminar con todos los cálculos y previsiones, incluso los materiales y todo lo que necesitarían para ponerlo en marcha. No era sólo una medida para el castillo, era una para implementar en Sudamérica, y luego en cada nueva ciudad que reestableciera el equipo de Senku. Le pasó por fax los planos completos al peliverde, en especial para que diera su visto bueno de la implementación que le tocaría. Una media hora después llegó el mensaje por radio de Senku, que ya habiéndolo analizado lo felicitó y se mostró muy entusiasmado con la idea. Xeno se encargó de saludar y felicitar personalmente a Chrome por su original idea, compartiendo el crédito con él.

Cuando todo estuvo listo, el científico concretó una reunión general de todos los habitantes del castillo por la tarde, para explicar así el nuevo y prioritario proyecto.

- Buenas tardes a todos. A partir de hoy todos los que estamos aquí colaboraremos con el plan que ideé junto a algunos elegantes colegas. Empezaremos la producción aquí, y la idea será implementarlo en todas nuestras nuevas ciudades. Como bien saben, la petrificación mundial fue inesperada y devastadora, y luego del viaje a Sudamérica donde revelamos parte de los misterios que conllevaba el dispositivo petrificador, pudimos establecer nuevas y más precisas hipótesis de lo que ocurrió. Quizás algunos todavía no lo sepan, nos habíamos encontramos con una montaña descomunal de las llamadas coloquialmente "medusas", todas inactivas, presumiblemente lanzadas durante los tres milenios y medio que estuvimos petrificados. Lo que significa que el ataque a la humanidad, porque las demás especies no fueron afectadas, estaba premeditado y planeado para que no quedara nadie vivo ni por accidente. A la par de eso, quedan todavía misterios con respecto a las experiencias que el grupo japonés vivió, donde encontraron la única medusa activa hasta el día de hoy.

Hizo una pausa antes de continuar, ordenando los recuerdos en su mente.

- En algún momento, el misterioso "Whyman" pareció cambiar de idea, porque eso permitió que los astronautas sobrevivientes del mundo moderno pudieran dar origen a la aldea Ishigami, de donde proviene Miss Kohaku, y continuar la vida por miles de años. Por otro lado, al parecer en otra isla en Japón recientemente había un "líder" llamado Ibara que conocía el funcionamiento del dispositivo, no se sabe desde cuándo, y quedará la pregunta eternamente de cómo obtuvo esa información, además que supiera activarla en inglés, cuando no era el idioma que hablaran en esa isla. Es decir, de alguna forma, alguien se encargó de que la utilización de la medusa para la dominación de los sobrevivientes prosiguiera. Por último, gracias al joven señor Matsukaze, un guerrero nacido en esa misma isla cientos años antes que este líder, supimos que hubo múltiples ataques secuenciales de los dispositivos, aunque con pequeño rango de ataque, y que podían defenderse. Hasta que un día una guerra civil a la par de ese ataque tecnológico acabó por petrificar nuevamente a toda una generación.

- Oh... –Murmuró Kohaku, sorprendida– Pese a que estuve ahí, nunca había ordenado los eventos y conclusiones de esa forma.

- Todavía quedan demasiadas intrigas, pero entre las memorias del señor Matsukaze, el punto de origen de la primera petrificación, y que sabemos que todavía se puede oír por radio en cierta frecuencia la activación de una medusa a escala mundial, llegamos a la conclusión de que podría repetirse un ataque que volviera a petrificarnos nuevamente, y podríamos volver a perder todo por otros milenios más.

Ante eso, los rostros se ensombrecieron con preocupación y se oyeron murmullos, pero Xeno alzó las manos para llamar la atención.

- Es por eso que entre una idea del señor... no, del doctor Chrome, y desarrollada por mí, vamos a dedicarnos a construir un sistema para evitar que eso vuelva a suceder, garantizando la vida de todos los que ya estamos despetrificados, o al menos la mayoría.

Así como antes se había percibido el aire tenso, con las últimas palabras del científico fue como si volviera a salir el sol.

- En este castillo, construiremos un sistema de tuberías interconectado, que tenga salida en las salas donde suele estar la mayoría de nosotros a través de un rociador automático, los que vivimos en el siglo XXI saben que es como un sistema de extinción de incendios. Cada rociador tendrá una reserva de líquido despetrificador, además del flujo constante gracias a las tuberías, especialmente fabricadas para resistir sus componentes sin desgaste. Y habrá dos formas de activarlo, uno manual, y otro temporizado.

- Ooh, nada mal –Silbó Stan con aprobación– Bien pensado.

- Para el manual, instalaremos una serie de botones que estarán conectados a un circuito que activará la liberación del líquido, de forma tal que, si vemos la luz petrificadora de forma inesperada, cualquiera podrá activarlo, y la emisión durará unos cinco minutos. El temporizado, gracias a las elegantes habilidades de los señores Joel y Brody, se programará para que una vez por mes esa liberación sea automática. Esto garantizará que si algo impide que activemos manualmente el sistema, como mucho tomará un mes para despetrificarnos.

- Xeno, dijiste que también servirá para los que están en Sudamérica –Dijo Kohaku pensativa– Pero ellos no tienen la posibilidad de construir algo así, las casas que hicimos eran muy sencillas, apenas teníamos buena electricidad. Y en el barco o en las nuevas ciudades no habrá ni eso por un tiempo.

- Siempre tan impaciente, Miss Kohaku –Contestó con una media sonrisa– En el caso de ellos, será un sistema inverso, no estará en el techo, sino en el suelo. En las ciudades construidas, se construirá un sistema de riego temporizado, mucho más elemental, pero con el funcionamiento básico, y en sólo cuatro casas, las principales y donde a toda hora tendrá que haber al menos alguna persona, esa es la condición. Para los viajeros, el sistema será una simple pulsera o collar tubular metálico, con una reserva de líquido. Si se presenta la amenaza de una petrificación, bastará con retirar un pequeño tapón, y de esa forma caerá el líquido gradualmente, despetrificándolos en cuestión de minutos.

- ¡Ja! ¡Qué buena idea! ¿Cómo no se nos ocurrió antes?

- Fue un gran descuido de parte nuestra, nos confiamos demasiado en que no hubo ataques últimamente, además que estuvimos ocupados con nuestros propios planes.

- ¿De dominación mundial? –Murmuró Stan burlón

- Algo así –Contestó Xeno devolviéndole la sonrisa– En conclusión, eso es todo lo que tenía para decirles. Ya organicé la lista de los encargados de cada trabajo, de menor a mayor exigencia para que podamos hacerlo en el menor tiempo posible, y con eso volver al desarrollo de los motores de cohete. Empezamos hoy mismo.

Todos los oyentes asintieron, y se dispusieron a chequear en la lista que Xeno dejó escrita qué tarea les tocaría. El proyecto entusiasmó mucho a Kohaku, volver a trabajar en equipo le hacía sentir que estaba volviendo un poco a la "normalidad", y era una buena forma de recuperar su fuerza y estado físico poco a poco. Lo único que había mantenido en estado habían sido sus brazos, de cargar tanto tiempo a Neal. Le hacía gracia que uno de los motivos por los que Xeno prefería cuidarlo o jugar con él desde su cuna, era porque había confesado con un dejo de vergüenza que le cansaba esos músculos si lo tenía encima mucho rato.

La madre de Stan suspiró, la idea que había prometido contarles a Kohaku y Stan iba a quedar nuevamente postergada, aunque que la joven estuviera contenta con ser parte del proyecto no difería tanto, al fin y al cabo, tenía un objetivo similar. Les dijo eso mismo, reservándose los detalles de su plan para cuando terminaran el proyecto actual, que según estimaciones de Xeno podría tomar entre una y dos semanas si se dedicaban completamente a ello.

Dicha estimación fue acertada, en apenas poco más de una semana habían logrado hacer todo, y el sistema de despetrificación funcionó perfectamente en la prueba. Los estadounidenses estaban sorprendidos de lo rápido y productivos que era el grupo japonés, a lo cual habían contestado que estaban acostumbrados al "trabajo infernal" debido a Senku, y nadie escapaba del trabajo duro. Como agradecimiento, Xeno permitió dos días libres para todos, lo cual fue debidamente festejado. Ya estaban a principios de primavera, por lo que el clima era más agradable, y disfrutaron a sol y sombra, además de hacer una buena fiesta la primera noche.

Al día siguiente, al fin fue el momento de Sarah de poder retomar lo que había quedado pendiente, planteándolo mientras los tres Snyder, Kohaku, Xeno y Luna retozaban bajo el sol, fuera del castillo. Habían tendido una manta sobre el pasto, recostando allí a Neal, y Luna jugaba con él, se había encariñado mucho con el pequeño también.

- De lo que hemos conversado con Kohaku, algo que le apasiona mucho y que extraña hacer desde que quedó embarazada es entrenar y luchar. Así que pensé que sería bueno que ella volviera a hacer eso de a poco, Jacob y yo nos ofrecemos a cuidar a Neal.

- ¡Sí, me encantaría! –Asintió fervientemente la rubia– Ya me siento más fuerte y normal, y Neal duerme mucho mejor por las noches.

- Por eso mismo, y es importante que puedas hacer algo que te guste y te relaje, algo solamente tuyo, que no tenga que ver con cuidar de tu hijo.

- Estoy muy fuera de estado, pero con un poco de paciencia espero volver a mi agilidad y resistencia de antes. Muchas gracias por haber pensado en mí y en cuidar tanto a Neal, gracias a ambos.

- Nosotros estamos encantados de cuidar a nuestro nieto, no hay mayor felicidad –Dijo Jacob, que no era de muchas palabras, pero era un hombre muy atento con su familia.

- Sólo faltaría tu compañero de entrenamiento, Kohaku, y sobre eso... –Retomó Sarah.

- Yo puedo hacerlo –Intercedió Stan– Y de paso podría...

- No, hijo, esta vez tú no serás parte de esto, lo siento.

- ¿Cómo? ¿A qué te refieres? Soy perfectamente capaz de hacerlo.

- Lo sé, pero no es por ese motivo. Están prácticamente juntos todo el día, entre criar a su hijo, vivir, y trabajar en el mismo lugar.

- ¿Cuál es el problema? No me molesta, y no veo que Kohaku se queje de eso tampoco.

- Así como tú volviste antes a tus tareas y trabajo, ahora empieza a ser tiempo de que Kohaku disfrute también hacer algo por su cuenta. Les hará bien tanto a nivel personal como pareja, tener su espacio e individualidad, que sean pareja y familia no significa que tengan que hacer todo juntos.

- No, ya lo sé, pero tampoco la estoy obligando ni la tengo atada a mí, nos gusta estar juntos –Se defendió el soldado.

- Stan, entendemos que este nuevo mundo conlleva una forma de vida distinta a la que vivíamos antes –Intercedió Jacob, conciliador– Pero creo que no verías tan extraño que Kohaku hiciera las cosas por su cuenta de estar en nuestro "viejo" país, era lo más normal. Con toda sinceridad, no creo que le hubieras ofrecido entrenarla tú mismo, si no era tu especialidad, ¿cierto?

Stan no pudo contradecir a su padre, y se tuvo que tragar sus palabras. Poniéndolo de esa forma, era cierto que no podía quejarse de aquello, incluso él mismo hubiera tildado de una relación agobiante y poco sana esa actitud en otra pareja, pretender hacer todo juntos. Se había acostumbrado demasiado a que en esos años desde que se despetrificaron había compartido todas las horas de cada día con las mismas personas en el mismo lugar, una muy pequeña comunidad. Lo mismo había pasado con Kohaku desde que la había conocido en el castillo, y luego con el embarazo y su promesa de cuidarla, además de los sentimientos de amor que habían desarrollado y estar siempre presente para criar a su hijo juntos, esa dinámica se había potenciado, volviéndose lo más "normal".

- Sí, es verdad. Está bien, tienen razón. Supongo que hay otros especialistas en combate con cuchillos y espadas aquí.

- Stan, no digas "otros". Tú no eres especialista en ninguno de los dos, lo tuyo son las armas, y el cuerpo a cuerpo y armas blancas cortas como defensa –Recalcó Xeno, mordaz.

- No, pero tengo la técnica y los reflejos suficientes para pelear con toda arma que llegue a mis manos. Todos sabemos que la haría morder el polvo en menos de dos minutos.

- Qué elegante y caballero –Dijo con sarcasmo el peliblanco.

- ¡Ja! ¿Crees que eres mejor que yo en un combate de cuchillos? –Preguntó Kohaku.

- Por supuesto.

- No estoy en mi mejor momento, pero dame unos meses para recuperar por completo mi habilidad y estado, y si quieres lo comprobamos.

- Princesa, ¿perdiste la memoria? Te convendría recordar que así es como te atrapé la primera vez. No usé mi pistola, y aún sin ser especialista en armas blancas, no tuviste la mínima chance contra mí.

- Kohaku, yo sólo dije que Stan no se dedica a ese tipo de combate, pero no creo que te hayas olvidado de las costillas rotas, los cortes, y la contusión cerebral que te dejó ese encuentro, además que te dejó inconsciente –Recordó Xeno.

- Diste buena pelea, chica samurái, pero no tenías lo suficiente para ponerme en aprietos.

- Oh, santo dios... ¿De verdad la dejaste así a la pobre chica? –Preguntó horrorizada Sarah– No nos contaste eso.

- Era una enemiga espiando en nuestro territorio, no la victimices. Ella también fue toda una salvaje y me atacó con todo lo que tenía. Dientes, incluso.

- ¡Eso fue después, no me hagas quedar como un animal!

- Pero sí mordiste fuerte un par de veces. No lo estaba criticando, de verdad hiciste lo que pudiste para vencerme, sólo que no fue ni será suficiente.

Ese fue el turno de Kohaku de no poder contradecirlo ni negarlo. Se había olvidado que así había resultado su primer encuentro, y ella misma había admitido que no estaba a la altura de él como para ganarle.

- ¿Ven? Con más razón no les conviene entrenar juntos –Dijo Sarah con una risilla– Entonces, ¿hay alguien más aquí que te supere en combate, Kohaku? Sería mejor si tienes una motivación extra para igualar a alguien muy fuerte.

- Hmm... Creo que de los que están aquí, solamente Mozu. A él tampoco le pude ganar la vez que peleamos, sería interesante entrenar con él.

- ¿Mozu...? Ooooh, el guerrero guapo que siempre anda encuerado en el castillo, cierto.

Ante la mirada consternada de Stan y la sonrisa contenida de Kohaku por la forma en que ella recordaba al isleño, Sarah chasqueó con confianza.

- ¿Qué pasa? No me mires así, hijo. Además, seré esposa, tu madre, y abuela de Neal, pero todavía soy una mujer y tengo ojos.

- ¡Mamá!

- Como si tu padre hubiera dejado de mirar de reojo los traseros de otras mujeres luego de casarnos, siempre son tan hipócritas los hombres –Se quejó con desdén, aunque luego dedicó una sonrisa maliciosa a su esposo, que mostró una breve sonrisa tensa, atrapado– Y él también es bien guapo todavía, no me voy a pelear con el mundo porque reciba sus miradas.

Kohaku apenas pudo contener la carcajada, ganándose una fea mirada de Stan, pero le había hecho mucha gracia la sinceridad y el desparpajo de la señora ante su esposo y su hijo, que a pesar de sus al menos cincuenta años era una belleza imponente, no dudaba que ella también recibía miradas de apreciación.

- Te indignas tanto por una apreciación así de inocente, Stan, y no creo que seas el más indicado para quejarte. Neal nació tan pronto en este mundo porque le echaste más que el ojo a la inocente jovencita –Lo aleccionó con provocación– De todas formas, es un hombre guapo ese Mozu, y ya, no hagas un rollo de eso.

- Sólo procura que Mozu no te oiga –Murmuró Kohaku con una risilla.

- ¿Qué? ¿Por qué no? –Preguntó con sospecha Stan, que no conocía mucho a ese hombre, salvo por haberlo enfrentado una vez, y percibir sus aires soberbios.

- Porque es un atrevido –Chasqueó Luna, interviniendo de pronto.

- Sí, lo es –Coincidió Kohaku sonriendo– Sólo piensa en divertirse con chicas guapas.

- ¿Y quieres entrenar con alguien así? –Cuestionó Stan alzando una ceja

- Es muy bueno luchando, por lo demás ya estoy acostumbrada a él y no me molesta. Bromea y es muy creído, pero no es tan tonto como para meterse conmigo estando tú cerca.

- Por las dudas, voy a refrescarle la memoria de lo cerca que estoy –Murmuró Stan entrecerrando los ojos.

- ¡Ja! ¿Celoso tan pronto? No me esperaba eso de ti –Lo provocó Kohaku– Gracias por la idea, Sarah, ya me siento energizada de sólo pensarlo, no puedo esperar.

- Me alegro, querida, pero tómatelo con calma. También podrías empezar con alguien que tenga un nivel más parejo, para no presionarte tanto hasta que recuperes tu fuerza y agilidad.

- Es una buena idea, Kirisame también está por aquí, y es la única con la que entrenaba a la par sin contenerme.

Pasados unos minutos, era evidente que Kohaku irradiaba entusiasmo por cada poro, apenas conteniéndose. Xeno lo notó, y le habló.

- No te aguantas para ir a hablarlo con ellos, ¿verdad?

- Hmmm... no –Admitió sonrojada de haber sido tan evidente.

- Hazlo, nadie te está reteniendo aquí. Sólo recuerda que hoy es día libre para todos.

La rubia asintió, y se levantó al instante para ir a buscar a los isleños y pedirles de entrenar. Sabía que estaba en desventaja, no luchaba ni había hecho nada exigente por un año al menos, pero estaba segura que ellos iban a preferir entrenar con ella antes que hacer otras tareas que apenas comprendían, eran los únicos nacidos en el nuevo mundo junto a Kinro y Magma, de entre los que estaban en el castillo. Cuando al fin los encontró, Mozu descansando en la rama alta de un árbol y Kirisame en la base del mismo, ella oyendo en silencio las conversaciones de los compañeros japoneses, los llamó para contarles la idea. Tal como esperaba, los dos accedieron al pedido, también aliviados de poder retomar algo en lo que eran más que buenos, en lugar de siempre sentirse tontos o un paso atrás por no entender los avances científicos.

Las dos mujeres empezaron a entrenar al día siguiente, a media mañana luego de que Neal se quedó dormido después de alimentarse, y al cuidado de sus abuelos, mientras los demás reanudaban el trabajo en los motores. Fue verdaderamente refrescante y feliz para Kohaku esa hora de entrenamiento, a pesar de que fue completamente consciente cuánto se había ablandado. Cuando hicieron una pausa para descansar porque ella lo estaba necesitando, resopló con frustración, pero Kirisame la comprendió y la consoló diciendo que no se estaba conteniendo, así que Kohaku no estaba tan lejos de recuperar sus habilidades y reflejos, era más una cuestión de entrenar el cuerpo para recuperar resistencia y agilidad.

Al terminar estaba tan sudada que decidió darse un baño, pero antes yendo a comprobar cómo estaba Neal. Seguía dormido en su cuna, por suerte, Sarah le contó que no se había despertado ni una vez, por lo que se relajó y fue a tomar ese buen baño renovador. De camino, oyó una familiar voz a su espalda. Era Stan.

- Kohaku, ¿cómo te sientes?

- Bien, un poco cansada... pero cansancio del bueno, satisfecha.

- Se veían bien, y tienes una buena expresión ahora.

- ¡¿Nos estabas viendo?! ¿Desde dónde?

- De a ratos nada más, quería comprobar que no te exigieras demasiado. El castillo tiene muchas ventanas y ustedes estaban a la vista.

- Ah, ya veo. Voy a darme un baño, estoy echa un asco de sudor, nos vemos luego.

Stan asintió, pero cuando vio que ella simplemente se había dado la vuelta y se iba a ir sin más, la agarró de la mano y la jaló hacia él, para darle un repentino y profundo beso en la boca, dejándola jadeante y no por ejercicio.

- ¿Y eso por qué fue? –Preguntó, sorprendida y sonrojada.

- Porque quise –Le contestó con descaro. No le había soltado la mano, por lo que le llevó el brazo hacia atrás y la acercó hasta chocarla contra él, para inclinarse y hablarle muy de cerca.

- De verdad me gusta mucho esa expresión en ti, Kohaku.

Se lo dijo de una forma tan suave y baja, como si fuera una confidencia, que ella se estremeció agradablemente. Pero luego de decir eso, Stan la soltó, aunque alejando su mano con parsimonia, como si fuera una caricia, y siguió su camino como si nada hubiera pasado.

La semana siguiente también entrenó sólo con Kirisame, cada día un poco mejor. Sintiéndose más confiada y en forma, su cuerpo había recordado rápidamente todos sus años de entrenamiento, y hasta había logrado poner en apuros a su compañera varias veces, las dos sonriendo con desafío. Al fin de la segunda semana ya podía soportar la hora entera sin tener que hacer pausas para recuperar el aliento, y podía seguir un poco más también, pequeño descanso de por medio.

- Muy bien, Kohaku-chan, me parece que ya estás lista para mí –Dijo Mozu con su típico tono confiado y arrogante.

- ¿Tú también estabas mirando? ¿Qué tienen los hombres con fisgonear?

- No sé de quiénes hablas, pero es inevitable querer ver a dos chicas lindas entrenando duro.

- Mozu... –Le gruñó Kirisame, luego suspiró, ese hombre no tenía remedio.

- ¿Qué dices, Kohaku-chan? ¿Te animas a pelear conmigo mañana?

- ¡Ja! Claro que sí, lo estaba esperando.

- Muy bien. Prepárate, esto se pondrá bueno.

Las dos jóvenes se quedaron mirando a Mozu mientras se iba con su aire altanero.

- No sería mala idea que Stanley le baje los humos –Murmuró Kirisame con una sonrisa maliciosa

- Él estaría encantado, pero prefiero aguantarme sólo a Mozu y su estupidez, y no a los dos lanzándose dagas por los ojos todos los días. Un niño a la vez, por favor.

Las dos se rieron, y volvieron al castillo a hacer sus cosas. Cuando Kohaku les contó a Stan y Xeno que iba a empezar a entrenar con Mozu, el científico mostró una fina sonrisa mirando a su amigo de reojo, que por el contrario no se mostró igual de entusiasmado que ella.

Unas horas después, Xeno llamó a todos para hacer un breve anuncio, pidiendo también al menos diez voluntarios para un viaje.

- Según conversamos con el equipo de Senku en Sudamérica, se estima que en dos meses terminarán la construcción de su barco, con el que viajarán por el mundo para conseguir materiales fundamentales para continuar con la construcción del cohete espacial, además de conseguir más profesionales y mano de obra que ayuden con la tarea. Para hacer un buen trabajo y ser eficientes, necesitamos más técnicos e ingenieros especializados en la materia, por lo que, en ese plan, vamos a empezar por despetrificar a mis colegas de la NASA. Por su parte, el equipo de Senku hará lo mismo con los profesionales de JAXA en Japón, y Roscosmos en Rusia, tres importantes agencias aeroespaciales del viejo mundo con las que he trabajado codo a codo en el viejo mundo, y con la colaboración de los tres países es que se hizo el último viaje al espacio con los seis astronautas que sobrevivieron a la petrificación.

- ¿Especificaciones del viaje? –Preguntó Stan, sutilmente guiándolo a que se centre en los detalles concretos. Él ya estaba al tanto del plan, y era el que iba a resumir el plan a los japoneses, ya que no todos entendían tanto inglés.

- Tendrá que hacerse por tierra, ya que no hay forma de cruzar el país por el mar si no es rodeándolo. La elegante Dra. Chelsea trazó un mapa para nosotros, sugiriéndonos las mejores rutas según la geografía del terreno, aunque ya sabemos que en estos miles de años hubo grandes cambios. Anteriormente era un viaje en coche que podía tomar unas treinta horas, sabemos que ahora será al menos un tercio más, además de unas breves horas de descanso y alimentación de los que vayan. Será una tarea puramente de fuerza física, cavar y desenterrar, por supuesto también lo harán con máquinas. No solamente en el centro espacial de la NASA en Houston, sino en las cercanías, donde se encontraba un complejo de apartamentos donde vivían algunos técnicos y astronautas que trabajaban o hacían sus prácticas allí. Dependiendo cuánto se hayan desmoronado las estructuras o no, se estiman entre dos y tres semanas de duración, contando el viaje. Stan, tu turno.

El soldado asintió, y resumió bastante más la información, dando todos los detalles importantes en apenas un minuto, lo cual hizo sonreír a muchos, que evidentemente preferían la versión corta. Luego pidió voluntarios, los primeros en levantar la mano fueron el grupo militar estadounidense, todos hombres grandes y muy fuertes. Kinro, siempre diligente, fue el primer japonés que se ofreció, y Magma lo acompañó enseguida, estaba cansado de estar tanto tiempo encerrado en ese castillo. Mozu alegó que tenía que entrenar a Kohaku, desentendiéndose de participar. Para sorpresa de todos, Yuzuriha alzó la mano, y todos los hombres la miraron boquiabiertos, sin entender. Notando el silencio y la reacción general, explicó.

- No puedo hacer mucho con lo de cavar, pero es seguro que muchas estatuas estarán rotas, en especial si hubo desmoronamiento de los edificios. Yo fui la encargada de pegar los trozos de personas petrificadas para poder revivirlos, así que ofrezco hacer lo mismo.

- Miss Yuzuriha, usted es verdaderamente elegante, muchas gracias –Dijo Xeno, y les tradujo rápidamente a sus colegas estadounidenses lo que la joven había dicho.

- ¡Si Yuzuriha va, entonces yo también voy! –Exclamó Taiju, alzando muy alto la mano.

- Bien, tenemos suficientes voluntarios, quizás demasiados –Observó el científico– Anoten su nombre en la hoja que voy a dejar, luego analizaré quiénes son los más indicados, ya que también hay que seguir trabajando aquí.

- Hay algo que no entiendo –Dijo Kohaku pensativa– ¿Para qué revivir astronautas ahora? ¿Esa no es la gente que viaja al espacio?

- Sí, exactamente por eso. No serán los que viajarán a la Luna, para eso necesitamos un selecto grupo de mucha confianza además de habilidad, por lo cual la elección se reducirá a los que al día de hoy estamos vivos, aquí y en Sudamérica. Sin embargo, la experiencia y el entrenamiento de ellos es más que valorable para los nuevos astronautas, por lo cual serán los guías y entrenadores.

- Pero todavía ni siquiera sabemos quiénes van a ir, Xeno.

- Lo sé, pero cuanto más adelantemos las preparaciones y nos anticipemos a las necesidades, será mejor. Además, será mucho más útil y confiable despetrificar personas que estén en materia para colaborar con la construcción del cohete, todavía no podemos darnos el lujo de revivir al mundo entero a la vez, no están dadas las condiciones, ni hay alimentos suficientes. Habrá que rehacer el sistema de agricultura, ganadería o pesca, establecer un orden y garantizar la fidelidad a la causa, y seleccionar la mano de obra sana y apropiada, sólo trabajadores aptos. Cuando se estabilicen las nuevas sociedades, ya podrán seguir despetrificándose libremente.

Ante la extensa explicación del científico, Kohaku se calló y asintió. Tenía sentido, tampoco dudaba del criterio de Xeno y de Senku, eran los mayores expertos en el tema y los dos hombres más inteligentes, racionales y calculadores que había conocido, no por nada todo el plan del viaje a la Luna estaba a cargo de ellos. Los voluntarios hicieron lo pedido, anotando su nombre en la hoja, y cuando terminaron Xeno se la llevó a su estudio, llamando a Stan con él para analizar quiénes iban a ir a la misión. A Kohaku le gustaba ver a Xeno tan motivado, podía ver que cuando estaba enfocado y libre, era un gran líder, incluso cuidando muy bien a su gente. No los excedía con el trabajo, ni dejaba que nadie llegara al punto de extenuación, al contrario de Senku, así como procuraba que las tareas que hiciera cada uno se adecuara a sus puntos fuertes en lo posible. Desde la alianza y que había dejado atrás su visión de dominación y enemigos en pos de un proyecto común, parecía otra persona, una mucho más confiable e inspiradora. La rubia extrañaba a sus amigos y familia, pero en ese momento, estaba segura y satisfecha de dónde estaba, y con quiénes.

Al día siguiente, empezó su entrenamiento con Mozu. El bravucón isleño apenas se contenía, nunca la golpeaba directamente con sus armas de práctica, pero la puso en una actitud completamente a la defensiva. Aunque se sentía frustrada, Kohaku estaba más que motivada, no podía esperar para algún día borrarle esa maldita y confiada sonrisa provocadora de un buen golpe. Era como volver al día uno con Kirisame, y a regañadientes tuvo que pedirle algunos descansos en el medio. La segunda vez que se detuvieron, notó que el castaño miraba receloso alrededor.

- ¿Qué pasa, Mozu?

- Me siento observado.

- Oh, ya me imagino por quién –Murmuró Kohaku con una fina sonrisa, ella también había sentido algo similar.

Miró hacia el castillo, pero por más que tenía una excelente vista, no alcanzó a ver la figura de Stan en las ventanas. Tampoco pudo chequearlas todas, ni sabía dónde estaba él, pero no le cabía duda que se trataba de él, vigilando que Mozu no se excediera con ella, en ningún sentido. Pero el guerrero se percató de su mirada, y sonrió brevemente.

- ¿Descansaste lo suficiente? No me aburras, Kohaku-chan.

Si había algo que todavía no lograba controlar, era su temperamento cuando la provocaban, la impulsividad era su marca insignia. En lugar de contestarle, se lanzó directamente a atacarlo, y lo que la molestó mucho más, era que Mozu había escondido una mano detrás de su cuerpo, dándole a entender que podía luchar con ella sólo con una mano. Sólo para molestarla un poco más, cuando el isleño esquivó un ataque y se colocó detrás de ella, sonrió con malicia y le dio un golpe suave con el arma en el trasero, haciéndola sobresaltarse y enojarse.

- ¡¿Qué demonios, Mozu?! –Gruñó.

- Siempre quise hacer eso, Kohaku-chan, y me lo dejaste servido. Bueno, más con mi mano que con un arma, pero es lo que hay.

- ¡Maldito, ven aquí! ¡Me las pagarás!

Mozu rió, y no tuvo grandes dificultades en esquivar todos los ataques de la rubia, que se habían vuelto más predecibles desde que las emociones le habían ganado a la estrategia de lucha. Pese a la irritación que sentía, Kohaku también se estaba divirtiendo, sabía que Mozu era un provocador idiota, pero al menos era el único allí que se atrevía a molestarla así. Kirisame era muy seria, Kinro y Magma no estaban ni a la par de sus habilidades, y Stan la protegía demasiado, se había vuelto muy blando con ella, más allá de alguna broma seductora con sus palabras. Así que, mal que mal, Mozu le presentaba varios desafíos interesantes, y la invitaba a desarrollar la paciencia a un nuevo nivel, algo que todavía no lograba superar. Pero cuando él volvió a esquivarla y le dio otro golpecito en el trasero, ella no llegó a ponerse rabiosa cuando escucharon un pequeño estruendo cercano. Ambos se sobresaltaron, y miraron en dirección a la fuente de sonido, pero no encontraron nada. Sin embargo, los dos se percataron al mismo tiempo qué había sido: Un disparo dirigido a la tierra.

El perpetrador de dicho tiro no tardó en aparecer, acercándose tranquilamente a ellos. Kohaku tragó duro cuando vio la fría mirada de los ojos zafiro de Stan, que había vuelto a guardar su pistola en el cinturón. Esa mirada no estaba dedicada a ella, sino a Mozu, que no se intimidó al disparo de advertencia, al contrario, sonrió burlón.

- Ya me parecía que eras tú el vigilante. Me preguntaba cuánto más ibas a contenerte.

- Limítate al entrenamiento, y no vuelvas a tocarla así –Dijo Stan en tono grave y amenazador, ignorando la provocación, aunque su mandíbula estaba más que apretada.

- ¿Oh? Pero si no la toqué en ningún momento. Ya que estabas de fisgón, podrías prestar más atención.

- Mozu, por todos los dioses, cállate –Siseó Kohaku, se había estremecido de pies a cabeza con la contestación. Stan no era alguien con quién bromear cuando estaba enojado, mucho menos burlarse descaradamente.

- ¿No me escuchaste? ¿O necesitas que te abra un poco más el agujero del oído?

- Stan, ignóralo, Mozu es así –Intercedió Kohaku nerviosa. Dudaba que él fuera a cumplir su amenaza, pero no sabía qué podría suceder si el otro idiota se aprovechaba de eso.

- Te crees mucho con la pistola esa, ¿eh? –Gruñó Mozu, sin echarse atrás– En defensa de la "princesa", pero no veo muy valiente hacerlo de esa forma, vaya a saber si te confías tanto en igualdad de condiciones.

- ¿Quieres comprobarlo? –Contestó Stan, sacando su largo cuchillo de la funda, mientras recortaba la distancia entre ellos.

- ¡NO! ¡NO, STAN! –Gritó Kohaku, poniéndose en el medio de ambos, y empujándole el pecho para detenerlo.

- Quítate, Kohaku. Le voy a cerrar la boca a este imbécil.

- ¡No, basta ya! –Exclamó, rodeando con sus brazos los de Stan, para impedirle moverse– Ya ves cómo es, no te dejes provocar.

- Nadie toca así a mi mujer, y se burla de mí en mi cara, y sale ileso –Advirtió el soldado mirando fijamente a Mozu a los ojos, que le seguía sonriendo con desafío.

- Bien, porque siempre quise revancha de esa vez –Respondió el isleño, preparando su arma.

- ¡NO, BASTA! ¡LOS DOS, DETÉNGANSE!

Kohaku no sabía cómo evitar esa pelea, era muy frustrante intentar separar con su limitada fuerza a dos hombres muy dominantes y deseosos de pelear. Quería pegarles, pero no podía enojarse con Stan, el único idiota había sido, como siempre, Mozu. Lo peor era que no había sido tanto el "inocente" golpe en el trasero, sino la alusión a la cobardía y falta de habilidad de Stan en combate a corto alcance, lo que había terminado por sacar de quicio al orgulloso soldado.

- Stan, mírame –Rogó Kohaku, soltándole los brazos para tocarle el rostro con ambas manos, forzándolo a que la mire a los ojos. La cabeza de él estaba en la dirección correcta, pero sus helados y a la vez ardientes ojos zafiro no abandonaban los de Mozu– Hazlo por mí, por favor, detente.

Como nada parecía aplacar la furia interna de Stan, tuvo que recurrir a lo único que podía despertarlo. Le agarró rápidamente la mano que tenía el cuchillo, y se la llevó hacia el cuerpo de ella, como si pretendiera apuñalarse. Los reflejos del soldado fueron inmediatos, y mientras sus ojos se abrían mucho de pura sorpresa y alarma, detuvo el ataque a tiempo, lanzando el cuchillo a la tierra.

- ¡¿Qué haces, Kohaku?! –Exclamó con el corazón acelerado, muy nervioso– Mierda, podría haberte abierto el estómago con eso.

- ¡Lo sé, pero era lo único que iba a detenerte! –Le gritó en respuesta. Luego suavizó el tono, y lo abrazó con fuerza– Por favor, no peleen por algo así, ya basta.

- Se propasó contigo, y encima...

- Ya lo sé, pero no fue para tanto, créeme que me lo tomé como una broma. Podía haberlo detenido yo, pero no lo hice porque me estaba divirtiendo, en cierta forma.

- No me pareció que te estuvieras riendo, además que estabas pasándote de exigencia –Le dijo en tono severo.

- Perdón, me dejé llevar... No soy buena para controlar mis impulsos –Insistió– Y olvídate de sus provocaciones, sabes bien que no es rival para ti, y él también lo sabe, sólo quería pelear.

- Ahí te equivocas, Kohaku-chan... –Interrumpió Mozu.

- ¡TE CALLAS! –Le gritó, silenciándolo de sorpresa– ¡De verdad que tu estupidez no tiene límite, Mozu! ¡Cierra la boca de una vez, por todos los dioses!

Stan también se quedó callado ante eso, sonriendo mínimamente ante el fuerte carácter de Kohaku, sabía que ella tampoco se dejaría ridiculizar, no necesitaba a alguien que la defendiera. Intentó serenarse, entendiendo un poco más la situación que se había visto mucho peor desde donde estaba observando, y que a ella le estaba angustiando más en lo que podía terminar esa "pelea de machos". Hacía mucho que no se dejaba llevar por provocaciones, aunque la verdad era que nadie se había atrevido a burlarse de él en muchos años. Podía tolerar que lo molestaran, pero le había sacado los colmillos ver cómo ese hombre se aprovechaba de su habilidad superior para divertirse a costa de Kohaku, que estaba tan entusiasmada por volver a entrenar y recuperar su fuerza poco a poco, y se estaba esforzando tanto en todo lo que hacía. No podía tolerar recordar el brillo de sus ojos aguamarina, y que alguien le remarcara tanto su superioridad, era una soberbia con muy poco honor.

- Kohaku, ¿volvemos? –Dijo en un tono mucho más sereno, al fin centrado.

- Sí, está bien. Gracias, Stan –Con una última mirada hacia atrás, dijo con tono seco– ¿Tenías que arruinarlo tan pronto? Serás idiota, Mozu.

Stan recogió su cuchillo del suelo, lo guardó en la funda, y tomó la mano de Kohaku para caminar de vuelta al castillo. Se mantuvieron en silencio, él serio y ella apenada de cómo se había descontrolado todo. Para levantar sus ánimos, fueron a buscar a Neal, y Sarah se encontró con las expresiones amargadas de ambos, sin entender qué había pasado. Había oído el disparo mientras cargaba a Neal, que se había despertado, y fue entonces cuando se asomó a la ventana y vio parte de la discusión de los tres.

- ¡Hijo, Kohaku! ¿Qué fue todo eso?

- Era cierto que ese "guapo" Mozu era un atrevido, y lo fui a poner en su lugar.

- No te preocupes, Sarah, sólo fue una broma que se fue de las manos –Dijo Kohaku, mirando de reojo a Stan– Yo les dije que sabía que Mozu era así, pero Stan no fue tan permisivo y me defendió.

- Oh, ya veo –La mujer no sabía si sentirse orgullosa de su hijo, o si apenarse de que fuera tan protector, por lo que no dijo más.

- Vuelvo a trabajar. Tú descansa, Kohaku, hoy te excediste demasiado, no era la idea –Dijo Stan todavía muy serio.

- Sí, lo haré. Perdón.

- No pidas perdón tú. No tú –Suspiró, y se fue.

Cuando se quedaron solas, Sarah pasó el bebé a los brazos de su madre, ya que lo sentía a punto de llorar, y le habló con una sonrisa comprensiva a la joven.

- Es todo un león cuando protege a su familia, ¿cierto?

- Sí, quizás demasiado. Lo peor es que me di cuenta antes de que nos estaba observando, desconfiaba de Mozu antes de empezar, con lo que oyó el otro día. Fui una tonta que me dejé llevar, podría haberlo evitado... y por lo que oí de Mozu, creo que lo hizo a propósito como venganza por habernos estado mirado.

- Demasiado astuto, pero ya pasó. Ahora quédate tranquila, o no vas a poder calmar a Neal.

- Está bien, sí.

Por la noche, cuando estaban acostándose, Stan todavía no había recuperado del todo su usual buen humor, ni siquiera luego de jugar con su hijo juntos, y hacerlo reír adorablemente, ya el pequeño soltaba sus buenas carcajadas entre cosquillas y juegos. También había aprendido a agarrar los juguetes con sus manos sin dejarlos caer, y hasta los pasaba de una mano a otra con su pequeño y firme agarre. El sonajero era su favorito, y estaba aprendiendo a moverlo por su cuenta para hacerlo sonar, y se reía solo de eso, además de emitir sus gritos de diversión.

Luego de acostar a Neal en su cuna, Kohaku seguía con la pregunta en la cabeza de qué haría con sus próximos entrenamientos, en especial con Mozu. O quizás le convenía sólo entrenar con Kirisame, y ahorrarse más problemas y amarguras. Miró a Stan, que se había recostado pesadamente, ya en ropa interior para dormir.

- Stan, quiero seguir entrenando –Dijo con seguridad. Notó que él frunció el ceño y la miró de reojo.

- No sé por qué dejarías de hacerlo.

- Ah... No, es que pensé que no te iba a gustar la idea de que siga entrenando con Mozu.

- Quizás no me guste, pero al fin estás volviendo a hacer algo que disfrutas, sería egoísta de mi parte impedírtelo. Espero que ese idiota haya aprendido la lección, y si no, es claro que sabes defenderte. Lo que no termino de entender, es qué fue tan divertido de cómo te estaba humillando.

- Puede ser que estaba siendo muy sobrador conmigo, pero... no sé, a la vez, es el único que se atreve a bromear así conmigo, no siento que lo haga con mala intención, aunque sea un poco tonta su actitud. Eso fue lo "divertido", que no me trata como si fuera de cristal.

- ¿Eso quiere decir que yo te trato como si fueras de cristal? –Preguntó, mirándola a los ojos fijamente.

- Bueno, un poco sí lo haces –Admitió con culpa– Pero sólo porque tu intención cuidarme mucho. No es una queja, ni me había dado cuenta antes. Por eso me sorprendió cuando Mozu me provocó así, y más me sorprendió que no me molestó, al contrario, me divertí.

Stan estaba a punto de desilusionarse con el pensamiento de que Kohaku en cierta forma estaba dando a entender que hace tiempo que no se divertía tanto, tampoco con él. No, no había que lamentarse por los problemas, había que resolverlos.

- Ya veo. ¿Así que te quieres divertir más? –Inquirió.

- No estoy pensando en eso, creo que simplemente sucede. Como aquella vez que luchamos con barro, eso fue divertido, e inesperado –Rememoró con una sonrisa.

El soldado también sonrió ante el recuerdo, y eso le dio una idea. Algo inocente, divertido, e inesperado, que estuviera en la habitación... Sí. Sentándose lentamente, sin revelar ninguna expresión y sin mirarla, agarró con su mano el objeto que posiblemente cumpliría su misión. Kohaku, sin embargo, lo miró atenta, intrigada de su repentino movimiento.

- ¿Stan? ¿Para qué agarras...? ¡UUUUUFFF!

Demasiado rápido como para reaccionar, recibió el impacto en el rostro de la almohada que Stan había agarrado. No le dolió, era suave y blando el contenido, pero igual la desconcertó.

- ¡Oye! ¡¿Por qué me golpeaste con eso?! –Protestó indignada. ¿Era un castigo, o era una extraña forma de divertirse para Stan?

- Toma, intenta golpearme tú ahora –Le dijo con una sonrisa, agarrando la almohada de ella, y arrojándosela.

- ¿Qué? ¿Para qué?

- Ya verás, hazlo.

Confundida y sintiéndose torpe, dudaba si tan estaba hablando en serio, hasta que lo vio adoptar una postura flexible y alerta, y al fin tenía una juguetona sonrisa en el rostro. Eso le resolvía la duda, estaba pretendiendo divertirla. Llegando a la conclusión de que tendría más alcance con el lado largo de la almohada, la agarró de las puntas. Ya con sólo pensar en que tenía que acertarle, él estando alerta, la hizo sonreír en anticipación, se sentía una cazadora. Lo más rápido que pudo, hizo su "ataque", que Stan esquivó con buenos reflejos, y no dudó en contra-atacarla con otro impacto, nuevamente en su rostro.

- ¡Ja! Ya entiendo de qué va esto.

Sonriendo ampliamente al verle los ojos brillar con entusiasmo y desafío, Stan volvió a su postura alerta. Podría ser ridículo e infantil, pero nadie podría negar que una buena guerra de almohadas era divertida a cualquier edad, y una buena descarga de tensiones. Kohaku volvió a arremeter contra él, atenta a sus movimientos, y aunque Stan lo bloqueó con los brazos, al menos logró asestarle el golpe. Continuaron así un rato, lo más divertido era cuando se ponían creativos con los contra-ataques, y habían empezado a reír en voz alta, inmersos en la excitación del juego. No podían hacer mucho ruido o despertarían a Neal, por lo que se limitaron a atacarse sobre la cama.

De pronto, Stan se dejó golpear sin defenderse, pero con el objetivo de atrapar a Kohaku cuando se lanzó hacia él, por lo que la abrazó por la cintura y la presionó con su cuerpo contra la cama, acorralándola, y fue tan tentador tener su trasero al alcance que le golpeó allí con el almohadón.

- ¡¿Tú también?! –Exclamó Kohaku indignada, sin poder escaparse.

- Dijiste que eso te había divertido, y yo sí puedo aprovecharme de tu trasero –Le contestó con picardía.

- ¡Ni hablar! ¡Ah, maldición! ¡Suéltame!

- No lo haré. Te atrapé, eres mía.

- ¡Stan! Maldito, me lo vas a pagar...

- Pórtate bien, o vas a recibir otro, hasta que aprendas la lección.

- ¡¿Qué lección?!

- No lo sé, ya se me ocurrirá.

- ¡Aaagh! –Chilló sin poder evitar reírse, cuando recibió otro impacto allí.

Si Stan quería guerra, la tendría. Aunque no podía moverse y estaba a su merced, sí tenía sus manos libres, por lo cual aprovechó que tenía la espalda de él al alcance, y le dio un golpe con su mano abierta en el trasero a él, como venganza. Lo oyó jadear de sorpresa.

- Princesa... ¿Me acabas de dar una nalgada?

- ¿Eh? –Nunca había oído esa expresión, pero era suficientemente clara.

- Sí lo hiciste... no lo esperaba de ti. ¿Así que te divierte jugar rudo? Nada mal, nada mal ¿Qué tal una probada de tu propia medicina?

Dejando la almohada a un lado, Stan sonrió diabólicamente y le dio una fuerte palmada a ella también, sobresaltándola. Como no la oyó protestar, pero no quería aprovecharse demasiado, le susurró con voz acaramelada.

- Sé honesta, ¿esto te humilló o te excitó?

Kohaku abrió mucho los ojos, sorprendida por la pregunta. Lo único "humillante" era no poder escapar de su férreo agarre, no entendía por qué podría sentirse así, si sabía que era un juego, y él sólo le había devuelto la misma acción. Hasta que recordó que Stan le había dicho que no entendía cómo le había divertido la "humillación" de Mozu.

- Contigo no lo siento como si hubieras intentado humillarme.

- No lo hice.

- Ah, bien... ¿Y excitarme?

El soldado titubeó, no lo había hecho con esa intención, pero no podía negar por completo que lo había imaginado fugazmente, desde que había pronunciado la palabra "nalgada". Y visto de esa forma, Kohaku tenía un divino trasero más que tentador para jugar así, si no lo rechazaba.

- Tampoco lo pensé así, pero sí me parece más excitante –Y agregó con malicia, apretándole una nalga– Este almohadón sí que tiene mucho relleno.

La joven no sabía si tomarlo como un atrevido halago o un insulto, aunque estaba más inclinada a la primera opción. Como de todas formas no había sido un comentario caballeroso, le respondió con otra palmada a él, más fuerte que la anterior.

- Ooooh, sí que la princesa mala quiere jugar.

- ¡No es justo! Te lo mereces, me tienes así, y... ¡AAH! –Chilló con una sonrisa, cuando recibió otra.

Kohaku se removió con fuerza, tratando de zafarse del agarre, aunque se estaba empezando a reír con las provocaciones de él, que le acariciaba el trasero con travesura para anticiparla a que lo volvería a hacer.

- ¡Ay, basta ya! ¡Stan! ¡Vamos a despertar a Neal! ¡Y...!

No terminó la frase, cuando la puerta de la habitación se abrió de pronto, y no se soltaron a tiempo. El que estaba a punto de protestar de qué hacían gritando y chillando de risa a esa hora, era Xeno. Pero no esperaba encontrarse con la imagen de Kohaku medio acostada boca abajo, Stan aprisionándola, y la mano de él en alto a la altura del trasero de ella. Frunció el ceño, incómodo, aunque agradeciendo que al menos no estaban desnudos.

- Parece que tengo un imán con interrumpirlos en los momentos menos oportunos.

- No es lo que parece, Xeno –Alegó Stan, sin poder ocultar su sonrisa culpable– Fue una guerra de almohadas que terminó... bueno, así.

- Por supuesto, es lo más normal que terminen así –Dijo con sarcasmo– Creo que voy a volver a mudar mi habitación mañana, y las dos habitaciones contiguas a las de ustedes quedarán vacías y cerradas, para ahorrar incomodidad a otros.

- Xeno, ¿de qué hablas? Si de verdad...

- No necesito explicaciones, y ahórrenme las imágenes mentales, por favor –Xeno la interrumpió, cerrando los ojos con resignación– Buenas noches.

Xeno cerró la puerta y volvió a su habitación. Sonriéndose con picardía, Stan la soltó finalmente, y ella se acomodó en la cama, sin decir una palabra. Pero cuando quedaron lado a lado, ambos estallaron en una última risa incrédula al mismo tiempo, sin poder contenerse.

- Pobre Xeno, sí que es inoportuno, no lo envidio –Dijo Stan.

- ¡Pero no estábamos haciendo nada malo! ¿No? ¿De qué incomodidad habla?

- Oh, no lo entenderías, mi princesa inocente –Sonrió indulgente, y le dio un beso en la cabeza– Luego te lo explico. A portarse bien ahora, aprendamos de nuestro hijo, buenas noches.

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Buenaaaaaas! Ay jaja, ni yo imaginaba que iba a terminar así este capítulo! Siempre hacía el chiste de que mis romances-dramas eran "caricia, nalgada"... bueno, esta vez fue literal xD. Un poquito de todo quise ponerle a este capítulo, tanto la realidad de toda la dedicación que conllevan los bebés, así como quería que poco a poco los principales personajes pudieran comenzar a equilibrar sus vidas, y reencontrarse con sus pasiones, el alimento del alma, junto con el amor.

Bueno, como siempre, mis profundos agradecimientos por todo su apoyo, amor, comentarios , y espero que sigan disfrutando esta historia! Hasta el próximo capítulo!