El ánimo de Kohaku y Stan mejoró notablemente lo que restó de ese mes, por las mañanas solían verse radiantes y relajados a la par a pesar de las imborrables ojeras que ya lucían hacía meses, y bien dispuestos a ser activos durante el día. La rubia había comenzado a ayudar también en la construcción de los motores de cohete y en preparar los materiales además de mantener su entrenamiento diario con Mozu y Kirisame, ya había recuperado completamente su estado físico y su energía. El cuidado de Neal durante buena parte del día solía estar a cargo de los padres de Stan, aunque solían seguir de cerca de su hijo o de Kohaku ya que el bebé solía ponerse intranquilo cuando no los veía en mucho rato. Por lo que al menos cada dos horas, uno de los dos o ambos se hacían el rato para alimentar, mimar y jugar con el pequeño.

Neal ya era un bebé más grande, pesaba unos siete kilos, y su belleza hipnotizante y adorable. El cabello había pasado de ser la lanilla de recién nacido a pelos más fuertes, lisos y brillantes que cubrían enteramente su cabeza, con ese tono platinado que brillaba como oro blanco bajo el sol. Los ojos aguamarina de largas y pobladas pestañas rubias ya eran más grandes y siempre bien abiertos, aunque siempre se veían finos por lo mucho que sonreía, era muy risueño. No podía ser para menos, con todo lo que lo mimaban, era realmente el príncipe de ese castillo. Sus movimientos eran más seguros y fuertes, lograba darse la vuelta por sí solo si estaba boca abajo, y empezaba a apoyar las manos y a sostener su cuerpo por su propia cuenta e intentar arrastrarse, aunque no lo lograra del todo, por lo que no podían quitarle los ojos de encima por seguridad. Solía mantenerse entretenido por su cuenta pasándose los juguetes de una mano a otra, y ya estiraba los brazos cuando estaba en la cuna para pedirle a sus padres que lo alzaran en brazos, algo que los derretía de ternura a ambos.

Era un poco más tímido con los demás, aunque ya sonreía con frecuencia cuando sus abuelos, Xeno o Luna entraban en su campo de visión, y solía hacer algún sonido para llamarles la atención y ser alzado o mimado por ellos. Comenzaba a poder mantenerse sentado por su propia cuenta con un suave apoyo en su espalda, y se reía a gritos cuando Xeno le hacía el "juego del caballito" en su rodilla, algo que el científico disfrutaba mucho de hacer cuando se hacía un rato libre en su atareada agenda con el desarrollo y fabricación de los motores de cohete cada vez más avanzados. En especial, cuando él lo cuidaba solo en su estudio y no lo veía nadie, si coincidía con que estaba despierto aprovechaba su oportunidad para ser más tierno y "menos elegante", era el secreto bien guardado de ambos.

Los balbuceos de Neal empezaban a ser más repetitivos y más claros poco a poco, por lo que todos se llenaban de ilusión cuando oían "ba", "da", "pa" y "ga" repitiéndose múltiples veces mientras probaba en su boquita intentar hablar, percatándose que el momento de oír "papá" o "mamá" estaba cada vez más cerca. Entre bromas, Stan y Kohaku competían por ver quién era el favorito de su hijo, a quién miraba más para jugar o para recibir mimos, y ya había hasta una apuesta por cuál iba a ser la primera palabra, si llamaría a él o a ella. La apuesta creció como diversión del castillo, y para frustración de Kohaku, parecía que apostaban más porque el bebé llamara primero a Stan.

- Es lógica, Kohaku, por los fonemas que aprenden los bebés –Explicó Xeno, cuando ella se indignó de que también apostara por su amigo sin dudarlo– Apenas saben ubicar la lengua y los labios para producir algunas sílabas, y las más suaves, con lo cual el fonema "pa-pa" es más fácil que "ma-ma", que requiere una vibración de las cuerdas vocales además de los dos labios. Por eso es que todavía no puede decir ni una ni la otra, usa consonantes más suaves incluso, y le falta práctica de intentar replicar las más complejas.

- ¡Ja! ¡Entonces le diré "mamá" más seguido, así se acostumbra a oírlo más y busca imitarme a mí!

- Tarde, llegas tarde. Cuando tú llegas a la esquina, yo ya le di dos vueltas al castillo, princesa –Se burló Stan con malicia– ¿Te crees que yo no lo estoy incentivando hace tiempo a que diga "papá" cuando jugamos?

- ¡Eso no se vale, haces trampa! –Contestó indignada.

- No es trampa, es socializar y estimular tempranamente el lenguaje de mi hijo –Replicó con astucia.

- Qué elegante –Acompañó Xeno con una fina sonrisa, divertido con la contestación intelectual de su amigo.

- Sigue bromeando así, y vas a tener que cruzar el océano para "socializar" con tu hijo –Amenazó Kohaku, con una peligrosa sonrisa fingida en el rostro.

A Stan no le gustó para nada esa insinuación, sabiendo que podía haber sido una realidad hacía unas semanas cuando Kohaku había tomado esa decisión en medio de su crisis por la misión astronauta de él, por lo que no siguió bromeando más. Para poner paños fríos y evitar más provocaciones, Sarah interrumpió con una sonrisa nerviosa.

- No es por ponerme del lado de mi hijo, querida, pero él de bebé dijo primero "papá", y eso que yo estaba todo el día con él, mi esposo trabajaba buena parte del día, lamentablemente apenas estuvo con el bebé la mitad de tiempo que Stan está ahora con Neal. Es como dice Xeno, simplemente les suele ser más fácil, y no es porque estén llamándolo realmente, no asocian que están llamando a su padre o madre hasta dentro de dos o tres meses más. Aunque no es imposible, tú puedes –La consoló con una sonrisa.

- "Yo puedo", ¿eh? Ya sé de dónde vino eso –Murmuró Kohaku con una sonrisa pícara, mirando a Stan, que se sonrojó un poco con timidez al evidenciar que había aprendido esa frase tan suya de su madre– Aunque no es cuestión mía, sino de Neal.

- Como sea, tenemos un renacuajo muy inteligente y que aprende rápido, te apuesto que no tardará en llamarte a ti.

- Basta de apuestas, Stan –Rechazó la rubia, poniéndose de pie de mal humor, cargando a su hijo en brazos para llevárselo– Voy a poner a Neal a dormir una siesta.

Dividido entre la broma y la pena por la desilusión de la joven, la siguió luego, alcanzándola con largos pasos y agarrándola de la cintura con ambas manos.

- De acuerdo, pero si yo gano la apuesta, el premio consuelo para ti no estará nada mal, verás... –Bajó la voz a un susurro sólo para los oídos de ella.

Kohaku se sonrojó furiosamente y agradeció que la estuviera sosteniendo, o se le hubieran aflojado las rodillas sólo de oírlo. Si eso era el premio consuelo... Miró a Neal para hablarle con gracia, tomándole la manito.

- ¿Vas a ser un buen niño y llamar a "papá" pronto? Pa-pá, pa-pá –Repitió con mucha claridad, sonriendo.

- Si mami va a ser tan colaboradora, podemos darle un adelanto. Aquí el plan es que ganamos todos, y hay que aprovechar mientras podamos. Se nos está terminando el mes, pero podemos negociar una prórroga excepcional.

- No podría rechazar esa generosidad –Rió, y trató de zafarse cuando Stan le mordisqueó el cuello, juguetón.

- Pídele a todos tus dioses que el método siga funcionando, o que se guarden el hermanito de Neal para más adelante.

- No bromees con eso, o de verdad vamos a tener que alejarnos, pero por otro motivo –Dijo Kohaku con una sonrisa nerviosa.

- Tú tampoco bromees con eso, eres cruel, tus broman duelen más.

- Al menos ahora son sólo bromas, gracias a ti.

- Que así se mantengan.

Con su propia sonrisa nerviosa, Stan asintió y la rodeó por la cintura con afecto, mientras la acompañaba a la habitación. Cuando llegaron, Kohaku se lo pasó a sus brazos mientras preparaba la cama, ella también iba a dormir esa siesta y era lo único que iba a inducir a su pequeño al sueño más rápido. Neal estaba bastante inquieto últimamente ya que estaban empezado a asomarse sus primeros dientes de leche, los incisivos. Era gracioso porque cuando reía mucho parecía un vampiro bebé, sólo sus dos colmillitos apenas asomando, y Stan aprovechaba para divertirse jugando a que se lo comía y haciéndole cosquillas en el cuello y la barriguita, lo que generaba un estallido de estridentes risas de parte del bebé. Coincidía con el juego ya que Neal se quería llevar todo a la boca y babeaba mucho, cuando no tenía juguetes al alcance de la mano había aprendido ya a llevarse los pies a la boca, lo cual era admirable en su flexibilidad y sumamente adorable ver cómo probaba su propio piecito.

Stan se sentó en la silla mientras Kohaku preparaba la muralla de almohadones que iban a contener a su hijo de escaparse en caso de que se quisiera mover mucho, algo que les había dado un susto más de una vez en medio de una noche. Para jugar un poco, sostuvo al bebé en posición vertical y lo levantaba y bajaba animándolo a acompañar esos saltitos, mientras le hablaba dulce y con ánimo. El pequeño ya tenía más control sobre sus piernas, y podía apoyarse por sí mismo, no se le doblaban ya las rodillas cuando aterrizaba en las piernas de su padre. Eso generaba un idea y vuelta de sonrisas, y Stan moría de orgullo cuando lo dejaba parado y Neal se quedaba así bien firme sobre sus pies, aunque sólo con ayuda todavía.

- Mira mami, ya me puedo parar mejor, soy todo un hombrecito fuerte –Dijo el soldado con voz fina y orgullosa.

- ¡Ja! Sí lo eres, claro que eres fuerte, porque eres mi hijo... y de tu papá, claro.

- Da... da.

Los ojos de Stan se abrieron enormemente, sin creer a sus oídos, jadeó y se quedó boquiabierto. Kohaku lo miró con curiosidad, no entendía por qué se había exaltado tanto con esas sílabas, Neal solía repetir algunas así.

- Dijo "papi" –Murmuró Stan con los ojos brillantes, incrédulo, todo su rostro rebosando de amor y emoción– Me va a estallar el corazón, lo dijo, ¡lo dijo! ¡Nada mal!

- No, dijo "da-da", Stan –Kohaku frunció el entrecejo, estaba segura de lo que había oído.

- Lo dijo en inglés, dijo "papi" en inglés, pero en idioma bebé –Insistió– "Daddy", "dada", es eso mismo, es "papi", mi renacuajo bilingüe lo sabe.

- ¡Fue pura casualidad! –Rió la rubia, rodando los ojos por la exageración de la interpretación.

- ¡Shh, calla! No seas como Xeno, te lo pido, que es un experto en liquidar la ilusión de otros con sus explicaciones lógicas.

- Cuando tiene razón...

- Dada –Repitió Stan mirando a su bebé, todo feliz– Who's your "dada", my boy? I'm your dada. Dada loves you so much!

- ...Daaaaaa –Repitió Neal luego de mira atentamente los labios de su padre, y probar en sus labios como pez fuera del agua antes de hacerlo sonar.

- Da-da. Daaa-daaa –Insistió el soldado, animándolo a seguir.

- ¡DAAAAA!

Kohaku no pudo seguir negándolo y resistirse a la ternura que le provocaba ver todo eso, Stan tan feliz, dulce y orgulloso de su hijo era algo que nunca se cansaría de ver. Una vez que terminó de preparar la cama, se colocó detrás del soldado, abrazándolo por los hombros mientras también contemplaba a su sonriente y hermoso bebé, que era evidente que adoraba los halagos y mimos del padre, sus mejillas rosaditas de tanto sonreír eran divinas.

- ¿Quieres dormir tú la siesta con él ya que están tan conectados? Por mí está bien, puedo ir a trabajar con los demás.

- Tengo una idea mejor, hagamos esa siesta los tres, con Neal en el medio, bien calentitos y juntos –Contestó, mirándola como si fuera un niño convenciendo de alguna picardía.

- Pero uno de los dos iba a ayudar a ensamblar...

- Princesa, nadie nos va a reprochar el querer estar un rato con nuestro bebé, trabajamos bastante ahora que mis padres están aquí para ayudarnos a cuidarlo. Es una siesta, no más de una o dos horas, y si alguien tiene una queja, los espero, que me lo digan de frente.

- Sabes que eso no sucederá, tú y Xeno son los líderes aquí. ¡Siempre juegas esa carta!

- Entonces no hay nada más que discutir. Ven a la cama con nosotros, no hay nada más bonito que estas siestas juntos, y más después de que nuestro renacuajo hace algo memorable.

- No puedo decirle que no a eso –Admitió, también eran sus momentos favoritos del día– Tú también, cuando tienes razón, tienes razón.

La paz y rutina de trabajo en el castillo no iba a durar esa tarde. Uno de los soldados de la entrada, serio pero de buen talante, trataba de ocultar su incomodidad. Se sentía francamente mal, y cada vez con más frecuencia, se removía y su expresión denotaba una punzada de dolor. Su compañero de guardia lo notó eventualmente, y lo comenzó a observar de reojo, hasta que se decidió a preguntarle.

- Oye, tienes mala cara hace rato, ¿qué te sucede?

- Me duele mucho el abdomen, amigo.

- Ve al baño, yo te cubro. Si de todas formas nunca pasa nada aquí.

- No, es que... Tampoco puedo, estoy tapado –Expresó incómodo– Y apenas pruebo bocado hace casi dos días, me siento fatal.

- Puedes preguntarle a Luna, la chica es estudiante de medicina, y oí que mejoró mucho desde que el Dr. Xeno es su tutor o algo así, la ayuda a estudiar.

- No lo sé, Rick. No sé qué tanto ayudará, es una estudiante y no existen radiografías ni estudios médicos serios en este maldito mundo primitivo. Esperaré un poco más, eventualmente tiene que salir lo que tengo atorado, hace unos días estaba bien.

- Como quieras.

El soldado John se siguió removiendo incómodo, también se sentía acalorado y flojo, aunque pensaba que era por casi no tener comida en el estómago. El problema no cesó, todo lo contrario, hasta que unas horas después una intensa puntada de dolor lo atravesó, y cayó al suelo de rodillas, tocándose el abdomen.

- Fuck, John! –Exclamó su compañero Rick, preocupado, acercándose, y cuando le tocó la frente porque lo vio sudado, soltó otro insulto– ¡Tienes fiebre! ¡¿Por qué no dijiste nada?!

- Ngghh...

El soldado abrió el portón, gritando hacia dentro que necesitaba ayuda, y que trajeran una camilla para llevar al colega a la enfermería, y pedir que llamaran urgente a Luna y el Dr. Xeno. Unos minutos después otros compañeros llegaron y lo llevaron, mientras John se retorcía de dolor, sin dejar de tocarse el abdomen. Al llegar a la sala médica lo pasaron con cuidado a la camilla, donde Luna ya estaba allí, nerviosa.

- ¡¿Qué pasó?!

- Más temprano en la tarde me dijo que se sentía mal, estaba constipado y no comía hace más de un día. De pronto ahora cayó al suelo, tiene fiebre y no quita su mano de ahí –Explicó Rick.

Luna oyó atentamente, y frunció el ceño pensando en las posibilidades, hasta que sus ojos se abrieron mucho con temor.

- Oh... Oh, no.

- Chica, no ayuda que el único médico aquí, o sea tú, digas "oh, no" –Farfulló John como pudo, muy nervioso.

- P-perdón, es que... Si es lo que creo, hay que resolverlo ahora mismo, y hay que operar.

- ¡¿QUÉ?! –Exclamó el soldado con espanto, aunque luego se frunció de dolor– No me vas a abrir al medio si no lo sabes bien.

- ¡Si es apendicitis puedes morir, John! Tienes la mano en el lado inferior derecho del abdomen, ahí está el apéndice. Un dolor de estómago o gases no te ponen así de mal.

- Mierda...

En ese momento llegó Xeno, serio y preocupado por todo el movimiento.

- ¿Qué sucedió aquí, tanto griterío? ¿Luna?

- John se siente muy mal, y pienso que puede ser apendicitis, aunque tengo que palparlo para tener más seguridad.

- Eso es grave –Murmuró el científico– Hazlo, chequéalo, no hay tiempo que perder.

Le levantaron la ropa al soldado para exponer su abdomen completo, y apenas Luna apoyó la mano allí e hizo un poco de presión, el hombre gritó de dolor y le quitó la mano con brusquedad. Ante eso, Xeno le agarró el antebrazo al soldado con fiereza, mirándolo con severidad como advertencia que no volviera a tener ese trato con ella, que estaba procediendo bien y con cuidado, no había sido descuidada al palparlo.

- Está inflamado, y si grita así cuando ni siquiera hice mucha presión... –Confirmó Luna muy nerviosa– Además de todos los otros síntomas, coinciden. Xeno, es muy probable que sí sea apendicitis.

En ese momento llegó Stan también, que había oído todo el jaleo y acudió a ver qué había pasado con su soldado. En cuanto oyó de la enfermedad y que tenían que preparar urgente una operación, su mente recordó algo y se mostró hasta aliviado, para confusión de todos.

- ¿Y si usan el dispositivo petrificador? A mí me volvió a nuevos los pulmones, y tengo entendido que sana y "repara" el cuerpo. Petrifíquenlo, y luego le echamos la fórmula para revivirlo, tenemos montones ya. Sin riesgos ni operaciones, y lo van a dejar mejor de lo que estaba antes a Johnny.

Un silencio prosiguió a las oportunas palabras del capitán, y una ola de alivio recorrió a todos allí, en especial a Luna. Excepto a Xeno, que abrió mucho los ojos y lucía contrariado, con una expresión amargada mientras apretaba los puños.

- No la tenemos nosotros.

- ¿Qué? –Preguntó Stan, sorprendido.

- El único dispositivo funcional se lo llevó Senku en el viaje por el mundo, el que habían usado contigo se gastó con ese solo uso, por el diamante falso, por lo que le entregamos el original antes de que partiera. Hubiera sido la solución perfecta y elegante como dices, pero no logramos activar ningún otro –Miró a la joven con seriedad– No queda otra opción, hay que operar, Luna.

- Ay, no... No... –La rubia tembló de pies a cabeza, aterrada– No sé si puedo hacerlo. Nunca hice algo así, yo...

Mirando nervioso al soldado enfermo, que lucía espantado con la desconfianza de Luna, la agarró de la mano y la llevó fuera de la sala médica, cerrando la puerta tras él. La pobre chica lucía angustiada y al borde del llanto, no se sentía preparada para que una vez más otra vida dependiera de sus limitados conocimientos y mucha menor experiencia en cirugía.

- Luna, escúchame –Dijo Xeno, acercándose a ella– Puedes hacerlo, tranquilízate. Salvaste la vida de Senku según oí, y vi con mis propios ojos cómo ayudaste a Kohaku con la pérdida del bebé y luego el parto de Neal fue un éxito también gracias a ti, hiciste un excelente trabajo.

- Pero...

- No hay tiempo que perder, y no estarás sola, yo también te ayudaré en la operación, y llamaremos a Miss Yuzuriha, que también ha demostrado ser una buena asistente. Confía en ti, y en todo lo que estuviste aprendiendo y practicando este tiempo.

- ¡No es lo mismo abrir al medio a un ratón o un cerdo ya muertos, que a una persona viva!

- No, pero la menos tienes la teoría y algo de práctica. Y no hay nadie más que pueda hacerlo, Luna.

- ¿Y si lo mato porque no lo hago bien? –Preguntó con un hilo de voz, las lágrimas llenando sus ojos café.

- La muerte la tiene asegurada si nadie hace nada. Tú tienes la chance de darle una oportunidad de vivir, confía en eso.

Como la joven no se calmaba ni encontraba consuelo con eso, Xeno optó por otro acercamiento, y ser honesto.

- Luna, tú fuiste la que decidió continuar con el estudio de la medicina, y yo te estoy apoyando en esto porque me pareciste seria y que realmente lo querías. No dedicaría mi tiempo para ayudarte si no me pareciera que estoy invirtiéndolo en alguien que confío en que está claro y dedicado a sus objetivos por la ciencia. No es fácil, pero te estás convirtiendo de a poco en una médica muy valiente, elegante... y capaz, confío en ti.

La rubia se quedó mirándolo a los ojos con el rostro colorado, su corazón martillaba entre los nervios y la emoción ya que era la primera vez que lo oía halagarla así, y veía sinceridad en esos orbes negros como el ónix. De tan sobrepasada que estaba, y a la vez empezando a sentir el peso de la confianza dentro de ella, le agradeció las palabras de apoyo y se lanzó a abrazarlo con fuerza, dejando atrás sus lágrimas. Xeno se sorprendió mucho, no estaba acostumbrado a los abrazos y era la primera vez que Luna se le acercaba así y tanto, pero superó su sorpresa e incomodidad para devolverle torpemente el abrazo con una pequeña sonrisa, palmeándole la espalda suavemente para animarla.

- ¿Me vas a acompañar y guiar, Xeno? –Preguntó sin soltarlo– Por favor...

- Sí, lo haré.

- Está bien, gracias –Respiró hondo y logró mantenerse serena– Seré fuerte, soy una chica capaz, y la vida de John está en mis manos. Hagamos esa operación.

- Esa sí es una actitud elegante.

Se sonrieron y asintieron mutuamente, y Luna lo soltó. Respiró profundo una vez más, y entró de nuevo en la habitación, haciendo todo lo posible por mostrarse firme y segura, con el científico detrás.

- Despejen la sala, por favor, vamos a preparar la operación.

El titubeo de los que estaban adentro duró lo que la sorpresa por verla en una actitud mucho más confiada. Algunos sonrieron aliviados, incluso el aterrado John vio el brillo de seguridad en los ojos de la joven y decidió confiar en ella, era su mejor esperanza de sobrevivir.

- Llamen a Miss Yuzuriha, y Stan quédate aquí también, necesito una mano firme y fuerte para que ayude –Ordenó Xeno– Voy a preparar el anestésico y hay que esterilizar las herramientas que tenemos. Luna, tú tranquila revisa mentalmente el procedimiento, nosotros nos encargaremos de que esté todo listo.

El movimiento fue instantáneo, y unos veinte minutos después estaba todo listo. Dejaron la habitación excepto por los que participarían de la operación, entre ellos Yuzuriha había llegado dispuesta a ayudar, nunca iba a olvidar cuando tuvo que coser a Tsukasa en la operación que Senku le hizo para salvarle la vida cuando Hyoga lo atravesó con su lanza, así como ayudó a Luna en lo mismo para salvar a Senku por la bala destrozada en su interior. Se mostró firme y segura, sin dudar a pesar de sus nervios internos de que coser personas estaba muy lejos de su vocación y práctica, pero era para ayudar a salvarles la vida. Los cuatro tomaron las precauciones de ponerse guantes de látex natural, barbijo, gorro y una fina ropa de algodón para usar como bata médica para evitar mancharse con sangre.

- ¿Listos? –Preguntó Luna, mirando a Xeno para buscar apoyo en sus ojos.

- Empezamos cuando usted indique, Dra. Wright.

Una hora y media después, se volvió a abrir la puerta de la sala médica, donde esperaban dos soldados que habían quedado apostados ahí por órdenes de Stan. Luna asomó, luciendo turbada y cansada, aunque había brillo en sus ojos, a pesar de lucir el delantal y los guantes ensangrentados.

- Logramos extirparle el apéndice infectado, que por milagro no había estallado, llegamos a tiempo –Dijo con una amplia sonrisa– John está bien, descansando y empezando a despertarse. Ahora hay que dejarlo descansar, yo lo acompañaré toda la tarde.

- ¡Gracias, Luna! –Exclamó el soldado Rick– Iré a avisarles a los demás que estaban preocupados. Dr. Xeno, capitán Stan, señorita Yuzuriha, gracias a ustedes también.

El hombre se fue apresurado, mientras el otro quedó en la puerta, confirmando que quedaría allí para asistir a Luna y John en lo que hiciera falta por esa tarde. Stan y Yuzuriha felicitaron a Luna y Xeno nuevamente, y se fueron cada uno por su lado a darse una ducha. Los dos que quedaron se miraron, y como ambos tenían los guantes ensangrentados, sonrieron incómodos.

- Por poco... No puedo creer que salió bien –Suspiró Luna– Lo hicimos, salvamos a John.

- Lo hiciste muy bien y fuiste una cirujana elegante, Dr. Wright –Asintió Xeno con orgullo.

- ¡Ay, no me sigas llamando así, Xeno! –Batió la mano delante de ella, sonrojada y muy contenta por dentro– No lo podía haber hecho sin ti, no sólo ahora, sino gracias a tus enseñanzas y lo que me apoyaste a seguir aprendiendo. Esos ratones y cerdos cumplieron su propósito.

- Te dije que confiaba en ti, y demostraste exactamente lo que esperaba de tu parte, Luna. Voy a asearme y cambiarme también, necesito un buen baño después de esto. ¿Estás segura de que quieres quedarte sólo tú?

- Sí, es mi paciente, y quiero asegurarme que se recupere bien de la operación –Dijo tímida– Sólo me cambiaré y limpiaré un poco, pero luego me quedaré con él toda la tarde.

- Cualquier cosa que necesites, me mandas a llamar. Estamos todos a tu servicio hoy.

- Gracias, Xeno.

El científico asintió y se despidió con una sonrisa más amplia antes de irse. Apenas quedó sola, Luna dejó que sus rodillas flaquearan, y el soldado que había quedado la atrapó.

- ¡Luna! ¿Estás bien?

- Sí, sí... Sólo que quedé agotada, y al fin puedo relajarme, fue horrible tanta tensión.

- Puedo entenderte, hacer una operación así, sin antecedente ni práctica. Hiciste un gran trabajo y salvaste la vida de Johnny, gracias.

- De nada. Voy... voy a sentarme adentro un rato, antes de quitarme este enchastre.

Luna no estaba sólo muy movida por la operación y lo que habían hecho, las imágenes seguían volviéndole e invadían su mente, de seguro esa noche iba a tener un sueño difícil. Se había contenido de vomitar y de toda la impresión que le había causado sólo porque se había prometido ser una cirujana capaz y no quería desilusionar tampoco a Xeno. Xeno... no podía evitar reconocer lo gentil que se había portado con ella, cuánto la había apoyado. Se rió para sus adentros cuando notó sus mejillas arder, pero no iba a reprocharse nada cuando estaba tan feliz y orgullosa de sí misma.

Sin embargo, durante toda esa tranquila tarde en que acompañó al soldado en recuperación, dedicó todo el rato a pensar en muchas cosas, unas más esperanzadoras que otras. Por la tarde-noche, cuando John estaba estable y parecía bien, decidió ir a darse su merecido baño antes de cenar, dejando que el otro soldado estuviera atento en su lugar.

Nunca gozó tanto el largo y caliente baño como ese día, aunque no pudo relajar tanto la cabeza como el cuerpo. A pesar de aquello, había tomado una decisión, y estaba animada y segura a pesar del cansancio. Antes de cenar, pasó por el estudio de Xeno, donde lo encontró sentado y dormitando, de seguro él también estaba cansado por todo lo sucedido. Soltó una risilla, y eso despertó al científico, que se mostró confundido y sorprendido de haberse quedado dormido sentado, y carraspeó al verla.

- Perdón, Luna, parece que el cansancio me venció.

- Está bien, te entiendo.

- ¿Tú cómo estás? ¿Y John?

- Bien, John está bien. Yo me siento como nueva luego del baño, espero poder dormir bien esta noche –Sonrió, y luego se puso más seria, mirándolo fijamente a los ojos, lo cual llamó la atención del científico– Xeno, quiero pedirte algo.

- Dime qué necesitas, Luna.

- Revivir al mejor médico que podamos, y al mejor cirujano. No sólo para que puedan hacer un mejor trabajo y aumentar las chances de salvar vidas, sino porque quiero que sean mis maestros, aprenderé todo lo que pueda de ellos. No quiero parecer desagradecida contigo, me ayudaste mucho también, y no podría haber hecho esta operación sin ti. Pero quiero ser la mejor médica que pueda, y quiero especializarme en cirugía también, lo he decidido.

- Oh –Dijo Xeno, parpadeando sorprendido, y luego mostró una fina sonrisa– Lo haremos, yo también he estado pensando que hemos sido descuidado con eso, podíamos haberlo hecho antes, pero confiábamos demasiado en la buena salud general y nos avocamos demasiado en el cohete. Y por tu parte, qué elegante decisión. Me alegra oírlo, te felicito.

- Gracias –Asintió con una pequeña sonrisa, pero luego bajó la mirada con pesar– Aunque sea sólo por estos años, quiero ser útil y capaz.

- ¿Por qué dices eso?

- Porque hoy me di cuenta que más adelante no serviré para nada. En cuanto contemos nuevamente con la medusa, toda enfermedad grave o necesidad de cirugía podrá resolverse a la perfección sin médicos, como bien nos recordó Stan. La medusa hará un trabajo mucho mejor que todos juntos, curándolos por completo del cuerpo entero, no sólo lo que tengan afectado. Jamás un médico podría competir contra eso.

- Luna, no digas...

- Es así, Xeno, gracias, pero no necesito consuelo. Está bien, lo que un médico busca es salvar vidas, pero no necesariamente salvarlas él mismo. Confieso que al principio no lo hice por vocación –Confesó sonrojada, bajando la mirada– Tuve un motivo mucho más egoísta y superficial. Pero estos últimos dos años descubrí que sí quiero hacerlo, y hoy lo confirmé. Así que está bien, seré una chica capaz por el tiempo que sea útil y pueda dar lo mejor de mí. Luego me dedicaré a curar gente con gripe, ayudar con partos y cosas así, porque también reviviremos poco a poco a médicos especializados, como había antes.

Xeno la miró largo y serio, en silencio. Más allá de los motivos mencionados que él desconocía, no podía negar que en el fondo ella tenía razón con respecto al dispositivo petrificador y los médicos. Algo parecido había sucedido en el mundo moderno con el avance tecnológico y los oficios artesanales, reemplazados por máquinas más eficientes y "seguras". Pero eso solamente sería así si lograban activar otras medusas, tampoco podían desgastar la única que tenían en curar gente enferma. Esa investigación se había detenido con la urgencia del cohete, pero sin dudas sería el más grande avance médico y científico jamás imaginado una vez que pudieran lograrlo. Al fin y al cabo, el Maestro Kaseki había logrado descifrar cómo re-activar una, podía luego enseñarle al ingeniero relojero Joel y dejarlo en sus manos.

No pudo evitar sentirse desanimado por la desazón de la joven, al fin se había re-encontrado con su pasión, y estaba decidida a llevarla lejos y lo mejor que pudiera, sólo para ya verle el límite y la fecha de caducidad. Luna ya no era la chiquilla mimada y caprichosa que había conocido al principio, tenía que reconocer que antes no le caía muy bien, como tampoco a Stan, pero su cambio después de haberse topado con los jóvenes japoneses había sido radical. Excepto los meses en que él había sido secuestrado y presenciado cómo la rubia se babeaba por Senku, y luego su desilusión –así como la de todos– por el despreciable actuar del peliverde hacia Stan y Kohaku, pero logrando finalmente salir de ese ensueño romántico infantil. Desde hacía un año y medio se había vuelto una joven mujer más madura y respetable, era siempre voluntariosa y amable, por lo cual no quería verla así de resignada, con la amargura de que su dedicación y conocimientos dejarían de ser útiles algún día, por un objeto mega-científico que sin consciencia ni esfuerzo alguno los superaría ampliamente en su área. No iba a permitir que ella se marchitara y desilusionara, le hacía acordar demasiado a los peores momentos de sí mismo, por suerte superados ya. Se puso de pie, y caminó seguro hacia ella, muy serio.

- Entonces serás mi médica personal... y la de todos aquí –Dijo con un tono más autoritario, aunque sus ojos brillaban suaves– Cuento con que sigas estudiando sin descanso y te conviertas en una elegante y completa médica, porque mi vida estará en tus manos. Así como la de Neal, Kohaku, Stan y todos lo de este castillo, como estuvo la de míster John hoy. Así que dedícate por completo y no flaquees ni un día pensando en ese futuro tibio, porque todos contaremos contigo y no con otro médico, no importa a los nuevos que revivamos.

- Xeno...

- No dejaré que tu dedicación sea en vano, si estás tan determinada a dedicar tu vida a esto. Y la ciencia no perderá nunca ante nada, su camino es sólo hacia adelante. Así que tú tampoco perderás, Luna. ¿Lo entiendes?

- S-sí –Asintió, boquiabierta ante la pasión y confianza que había surgido de pronto del científico– Sí, quiero eso, pero...

- Sin peros, y como bien dices, una medusa no puede ocuparse de todos, habrá que trabajar duro, tú y los demás médicos, al menos por los próximos diez años antes de que un futuro como el que tú planteas pueda ser una realidad, y sólo en el caso de tener éxito en activar otros dispositivos y que sirvan más de un uso, o también eso será un recurso limitado.

- Lo sé, por eso es que quiero dedicarme igual, sé que seré útil y capaz.

Xeno asintió, y dio un paso más hacia ella, estaban apenas a un brazo de distancia.

- La medusa podrá curar por completo un cuerpo... Pero nunca tendrá el valor que tienes tú.

Luna se sonrojó intensamente ante eso. Si bien había estado más cerca de él y hasta se había animado a abrazarlo sin pensarlo, en ese momento le resultaba mucho más intenso cómo él la estaba mirando y prometiendo apoyarla más allá de lo que se imaginaba. Trató de mantener la compostura y no mostrar cuan sorprendida y emocionada estaba, y se mantuvo parada firme, mirando esos ojos oscuros y a la vez tan brillantes por momentos. Sólo esperaba que Xeno no pudiera oír lo fuerte que latía su corazón, por lo que con una sonrisa nerviosa, asintió y apretó sus dedos en el pliegue de la falda de su vestido.

- Gracias, Xeno –Murmuró, tímida– Bueno... eh... eso era todo. Gracias por acceder a mi pedido, esperaré novedades. Hmm, hasta luego.

- Sí, nos vemos en la cena, hasta luego.

Luna salió del estudio sintiendo las piernas como gelatina y con el corazón martillando. Seguía sin creer la actitud y las palabras tan cálidas y apasionadas del peliblanco, y la imponente y masculina presencia que de pronto había mostrado... No, no, qué estaba pensando, ella y su cabecita débil a los hombres inteligentes. Pero no podía dejar de pensar en lo que había oído, ¿Xeno le había dicho eso como científico y compañero, "por amor a la ciencia"? ¿O podría ser que tuviera también un motivo más... personal con ella? Eso de ser su médica personal, que tenía la vida de él en sus manos, que no iba a dejar de apoyarla... Todo era demasiado ambiguo, podía ser un gesto de un buen hombre y compañero, o en su cabeza podía ser la semilla de un amor que...

- ¡No, no! –Se dijo, palmeándose el rostro con ambas manos– Dije que esta vez lo hacía en serio y por mí misma, no para conseguir novio. Pero... ¡¿por qué me tienen que gustar tanto los hombres intelectuales y tan seguros que además me halagan?! ¡Maldición, no tengo remedio!

Para colmo, el que hubiera pedido por otros médicos que fueran sus tutores, significaba que liberaba a Xeno de ese compromiso, no estaría ya mezclando las cosas si algo pasaba entre ellos. No quería que él pensara eso, ella tampoco lo había visto así y sus motivos habían sido puramente vocacionales y para ser una buena médica en el futuro, además que le aterraba que otra vida dependiera de ella y no pudiera salvarla por falta de conocimientos o experiencia. No... Iba a hacerlo por ella, y no pensaría más en Xeno de esa forma al menos hasta que consiguiera su objetivo, así demostraría que iba en serio con sus honestas intenciones.

A pesar de eso, que inevitablemente lo veía como un rayo de esperanza a futuro, se dio cuenta también que había otro gran problema allí. No sólo no sabía si el científico estaría interesado alguna vez en ella de una forma romántica, sino que todavía tenía la duda de qué sentimientos albergaba por Kohaku. No los había visto más cercanos o mirándose con una expresión amorosa en sus ojos desde que el nuevo año había empezado al menos, y luego mucho menos desde que revivieron los padres de Stan. Pero... "Dónde hubo fuego, cenizas quedan", se dijo, quizás él seguía secretamente enamorado de ella, o sí estaban más cerca cuando nadie los veía. Tampoco sabía qué sentía Kohaku por él, si seguía dividida, o si le había entregado completamente su corazón a Stan, como daba la impresión por cómo los veía juntos y frente a todos, aunque eso bien podía ser sólo una parte para lo que los habitantes del castillo y los padres de Stan convenía que vieran.

Estaba haciéndose un embrollo, además de complicar las cosas, pero ya no podía evitarlo, era una enamoradiza y lo sabía, al menos esa vez estaba surgiendo desde un lado en que ella estaba segura de sí misma y bien parada frente a su futuro, y no sólo queriendo ser "la novia del doctor" o algo así. Eso le dio que pensar que antes de seguir fantaseando con la posibilidad de que sí hubiera lugar para ella en el corazón de Xeno, aunque fuera cinco o diez años después, tenía que sincerarse con Kohaku y "pedirle permiso", era una cuestión de código de amigas. Y antes de eso, tenía que asegurarse que no era un apasionamiento fugaz lo que estaba sintiendo, no quería complicar las cosas cuando al fin lograban estabilizarse y fluir en el castillo. Decidió darse un mes más antes de abrir la boca, sería lo mejor.

Luego de buscar la información sobre los profesionales médicos según la ubicación de donde habían estado los mejores hospitales de la zona, un grupo de soldados fue junto a Minami, Taiju y Yuzuriha a hacer el trabajo de desenterrarlos. Tardaron dos semanas en ir y volver, y para cuando lo hicieron, contaban con seis médicos destacados de distintas disciplinas, ya que habían necesitado ir reviviendo a algunos más para dar con los profesionales más destacados. Luna se sintió un poco intimidada ante eso, y tuvo algunas dudas sobre su propia utilidad frente a ya formados y experimentados profesionales, pero apreció ser presentada por Xeno como una estudiante muy diligente y que quería aprender de ellos, lo cual aceptaron y la felicitaron por sus logros hasta la fecha.

Para reforzar su palabra, el científico insistió en que los chequeos quincenales de Neal siguieran a cargo de Luna, y que uno de los doctores la asistiera y luego le compartiera sus observaciones para que mejore. Cuando el bebé cumplió los siete meses, volvieron a tomarle las medidas, pesarlo y chequear sus reflejos.

- Ocho kilos, sesenta y ocho centímetros de largo –Dijo en voz alta la rubia mientras anotaba en el cuadernillo que le había hecho al pequeño para seguir su crecimiento.

- Está creciendo bien, ¿verdad? –Preguntó Kohaku, que no tenía idea de lo que esos datos exactos implicaban.

- Sí, es un bebé sano, y no tuvo más que algunas fiebres o malestares breves hasta ahora, todo indica que es de salud fuerte, por suerte. Ya le están asomando y creciendo más dientes, creo que es momento de empezar a incorporar otro tipo de comida además de la leche materna. Apenas asoman sus dientes, así que tienen que ser purés y cosas así hechas una pasta fácil de tragar. De a poco, una a la vez, para probar que las vaya aceptando y no le caigan mal o sea alérgico...

- Qué rápido está creciendo este renacuajo, no puedo creerlo –Dijo Stan con una amplia sonrisa– Ya se queda sentado sin ayuda, y le encanta también quedarse en su silla especial y te pide señalando con el dedo que le alcances sus juguetes favoritos.

- Sí, y los arroja. Una, y otra, y otra, y otra vez –Agregó Xeno, con una nota de hastío en la voz.

- ¡Así juega él, Xeno! –Rió Kohaku– Qué poca paciencia.

- Sí, divertido para él, que no tiene que agacharse una docena de veces a buscar algo, él solo los arroja y se ríe.

- Pero dime si no es el sonido más hermoso en el todo el mundo –Suspiró Stan con ternura– Sólo por escucharlo y verlo así de feliz vale la pena ser su esclavo de juego.

- Tu "príncipe" mimado, desgástate tú las rodillas y la espalda. Yo prefiero mirar, o sino hacer otros juegos más elegantes con él.

Los otros tres rodaron los ojos y sonrieron ante la típica seriedad del científico. Una vez terminada la revisión, lo llevaron para dormirlo un rato, aunque el pequeño estaba muy activo y no tenía ganas de dormir, no dejaba de llevarse ambos pies a la boca. Siempre que jugaban lo animaban a hablar y repetir algunas sílabas. Sarah les había recomendado que se llamaran entre ellos "mamá" y "papá" cuando estuvieran solos y jugaran los tres durante los próximos meses, por más que le resultara raro, para que fueran las palabras que más repitieran y Neal intentara imitar y poco a poco asociar a quién correspondía cada una, una vez que aprendiera a decirlas.

- Vamos a tener una charla, tú y yo, renacuajo –Dijo Stan, y se acostó junto a él.

- ¡Ja! Quiero ver esto. Ya dice "dada" muy bien, mi bebé hermoso.

- Estamos haciendo muchos progresos, mamá, lo sabes bien –Miró a su hijo– Pero aspiramos a más cada día, y ayer estuviste muy cerca, y nos regalaste un interesante rocío de saliva y muchas risas tuyas tratando de decir papá, ¿no? Pa-pá.

Los ojos aguamarina de Neal se anclaron en la boca de Stan, y antes de intentar hablar, estiró su manita y atrapó los labios de su padre, lleno de curiosidad.

- Paaa-paaa –Dijo el peliplateado, conteniendo apenas la ternura que le provocaba– Di papá, Neal, tú puedes. Paa-paa.

El bebé imitó los labios de Stan, juntándolos y separándolos en espejo mientras él lo repetía una y otra vez, con paciencia y dándole tiempo de procesarlo. Siempre tardaba unos segundos en reaccionar e intentar imitarlo como podía.

- Pa...ppppppppp –Dijo Neal, haciendo al final una larga pedorreta que salpicó saliva nuevamente, haciendo reír a Stan mientras se secaba los ojos, y Kohaku le limpiaba la barbilla babeada.

- ¡Ya casi! ¡Nada mal, renacuajo! Es pa-pá. Pa-pá.

- ¡Paaaaaa! –Contestó sonriente, chocando sus piecitos juntos.

- ¡Muy bien! ¡Otro más! –Lo animó Stan– Paaa-paaa.

La cara de concentración del pequeño era demasiado adorable, mientras imitaba la posición de los labios de su padre y luego sonreía.

- ¡Papapa!

- ¡Ay, casi! Le sobró uno –Rió Kohaku, derretida de ternura, y su hijo la miró a ella al oírla– Di papá, Neal, pa-pá.

- Pa...pa...pppppp

- Una letra menos y ya estamos, renacuajo, nada mal. Pa-pá.

- Pa-pa.

- ¡Sí! ¡Eso es, mi príncipe! ¡Muy bien! –Lo felicitó Stan radiante, el corazón martillándole con fuerza de emoción, y le dio un sonoro beso en la mejilla, lo cual puso muy feliz al bebé– Una vez más, pa-pá.

- Pa-paaaa –Y soltó una carcajada, metiéndose la mano en la boca.

- Ooh, cómo quisiera grabar esto –Se lamentó Stan, al borde de las lágrimas de felicidad– ¿Lo oyes, mi amor? Ya le sale, entendió cómo decir papá.

- ¡Pa-pa-pa-pa! –Repitió Neal emocionado, abriendo mucho los ojos.

- Sí, ahora que lo entendiste te encanta decirlo, ¿no? –Rió Kohaku, y también lo llenó de besos– ¡Papá!

- ¡Pa-pa! –Imitó.

- Papá –Dijo Stan también.

- ¡Pa-pa!

La pareja aplaudió y felicitó a su bebé, les dolía el rostro de tanto sonreír. Además de besar las mejillas regordetas y suaves de Neal, se abrazaron y besaron ellos también, era un momento inolvidable y no podían más de la felicidad.

- Hmm... Me parece que esta noche será también es el día especial de mamá, porque yo gané la apuesta y tú la diversión, no creas que lo olvidé –Susurró Stan contra los labios de la joven, con tono acaramelado.

- A mí me parece que papá tiene ganas de festejar, pero me alegra que no te hayas olvidado –Contestó en tono juguetón Kohaku, divertida con el repentino tono seductor de él, siempre provocador.

- Creo que hoy será el día en que me llamarán más veces que en toda mi vida, entre el renacuajo y tú.

Entre risas pícaras de ambos, Stan la atrapó en sus brazos y se divirtió besándole el cuello y la espalda, mientras ella trataba de escapar de sus brazos y dejar de ignorar a su hijo, que los miraba con la boca entreabierta en una gran sonrisa, sin entender, solamente divertido con ver a sus padres también reír tanto junto a él.

Cuando se calmaron de una vez, Kohaku volvió a acostarse junto a Neal, para ver si lograba dormirlo, y el bebé estiró los brazos palpándole el pecho. Ante ese pedido tan expreso de ganas de llenarse el estómago, la rubia se descubrió para alimentarlo, y Stan luego de quedarse viéndoles un rato, dijo que volvía a trabajar, además de que moría por contarles la novedad a los demás. Se inclinó en la cama para darles un beso en la cabeza a ambos y se fue de la habitación.

Al oír el anhelo de Stan por grabar de alguna forma a Neal para tener el recuerdo de esos adorables momentos de sus primeras palabras, Xeno se percató que sí tenía algo para hacerlo. No podían registrar el video todavía, pero sí el sonido, con uno de los grabadores portátiles que tenía. Recordó que se lo había prestado una vez a Kohaku cuando todavía era rehén en el castillo, y aunque era un poco aparatoso, podían dejarlo instalado en la habitación y grabar esas primeras "conversaciones" con el bebé.

- Gracias por esto, Xeno, no sabes lo importante que es para mí –Le apretó el hombro con afecto.

- Es bueno que me haya acordado ahora, que recién empieza a hablar.

- Y así los demás podrán oírlo, aunque no estén ahí. Neal todavía se pone un poco tímido para intentar hablar cuando somos más que Kohaku y yo.

- Eso cambiará a medida que crezca, no te preocupes –Xeno lo miró de arriba abajo, con una media sonrisa.

- ¿Qué pasa? –Preguntó Stan, notando el escrutinio.

- Nada, sólo pensaba cómo estás disfrutando ser padre, todavía no deja de sorprenderme el cambio en ti, y oírte hablar todo el día de Neal.

- Y qué puedo decirte yo, que ni siquiera me imaginaba que quería serlo. Pero dejas de oír el ruido interior de la mente y de pronto todo se vuelve tan... presente. No sé cómo explicarlo, pero en ese momento en que Neal sonríe, te mira a los ojos o intenta hablarte, nada existe más que estar ahí con él. No digo que sea siempre fácil, no recuerdo lo que es un descanso de continuo hace más de medio año, pero todo vale la pena en cuanto lo miras dormir a él, o cuando te toca o agarra con sus manitos...

- Toma, para la baba que te resbala –Bromeó Xeno, acercándole un pañuelo, que Stan rechazó con un manotazo amigable.

- Ríete de mí, si quieres, pero tú también sabes a lo que me refiero, todos los días estás un rato con él, también lo disfrutas.

- Sí, sí, reconozco que hay algo de eso, tiene sus momentos.

- ¿"Tiene sus momentos"? Todo el tiempo son "sus momentos", es precioso –Replicó, indignado.

- Los hijos son los más bellos y perfectos a ojos de sus padres –Se burló Xeno con una media sonrisa, recibiendo una ceja alzada de parte de Stan.

- Neal ES el bebé más hermoso y perfecto que existe hoy en este mundo, y no lo digo por ser su padre.

- No, claro que no, eres todo lógico e imparcial –Se mofó Xeno, y luego cambió de tema para no seguir provocando a Stan– En fin, por ahora deberás contentarte con este grabador. Podríamos diseñar uno más ligero, pequeño y con mejor tecnología, tenemos los materiales, pero no sobra el tiempo, y menos cuando tú tienes más de un pedido.

- Elegir de un regalo a la vez –Dijo Stan, cómplice– Si me pones a elegir entre un nuevo grabador y condones, fallaré como padre que anhele guardar recuerdos, pero me quedo con los condones. Podemos acomodarnos a este trasto y cumple su función, pero de lo otro no tenemos nada para salvar el momento.

- En un mes estarán listos si todo va bien, es un proceso largo y tedioso de pruebas, todavía sigo ajustando la fórmula porque no hay una mayoría que resista a todos los chequeos de resistencia, inflado o permeabilidad.

- ¿Cómo es eso? Sólo he visto los moldes de vidrio... Muy elegantes, por cierto –Acotó, con una pequeña sonrisa.

- ¿De verdad quieres saberlo? Siempre te quejas de lo mucho que explico y que lo sintetice.

- Sí, bueno, tómalo como una excepción de interés, ya que además te estás tomando la molestia por pedido mío... Aunque luego sean para beneficio de muchos. Vamos, suelta el rollo, te escucho.

- De acuerdo... Se parte de una fórmula de caucho de látex líquido, extraído de los árboles de caucho que encontramos en Sudamérica, y se combina con estabilizantes y antioxidantes. Se llena una gran olla de acero con esta fórmula y se mantiene a veinticinco grados, temperatura justa para que no se degrade ni cambie de estado el material. Luego se meten allí los moldes de cristal esterilizados, se dejan secar, y luego se vuelven a sumergir y a secar, para que adquieran el grosor adecuado. Se enrolla un poco el borde para que luego se puedan maniobrar y se los mete en un horno durante unos diez minutos hasta que estén completamente secos. Se lavan, y luego se vuelven a secar en una solución de almidón de maíz para que deje un polvo que impida que se peguen las paredes del látex cuando se enrolle. Y finalmente tocan todas las pruebas que te mencioné, una por una, para comprobar que resistan.

- Oh, sí que suena a proceso largo y tedioso –Admitió Stan, frunciendo el ceño.

- Lo es, hacer una tanda de diez y luego probarlos toma un buen tiempo, pero para colmo no siempre quedan bien, esto de hacerlos artesanalmente y sin una maquinaria exacta es el problema. Como mínimo tengo que lograr que ocho o nueve de cada diez sean exitosos, para estar seguros.

- ¿Y hasta ahora cuántos lo hacen?

- Cuatro o cinco –Confesó Xeno, resoplando.

- Un cincuenta por ciento de probabilidades no nos deja muy tranquilos. Pero sigue siendo mejor que nada, si además se tomara la precaución de acabar fuera para más seguridad.

- Stan, no pienses ni por un segundo que vas a usar uno aunque no estén aprobados –Lo miró Xeno con severidad.

- Lo sé, sólo digo que si más adelante tampoco logras mejorar ese promedio...

- Stan... –Interrumpió el científico, con tono de advertencia.

- Oh vamos, no vas a descartar tus esfuerzos y decir que es mejor nada a eso, ¿no? –Insistió el soldado, frustrado– No digo que pierda líquido como colador en las pruebas, pero si es apenas una micro pérdida o algo así, y teniendo en cuenta la otra medida, es mucho más seguro que no usar nada.

- Ya lo veremos, pero no puedo confiar en el autocontrol de los demás, y no pienso hacerme responsable si confían demasiado y pasa lo que no tiene que pasar.

- Se usará bajo la aceptación de los riesgos que conlleva, somos adultos, nadie te echará la culpa –Se encogió de hombros Stan.

- Te recuerdo que fuimos dos "adultos" los que cometimos la imprudencia de dejarnos llevar por nuestros deseos, y ni siquiera contando con un método de protección fallido.

Stan no respondió a aquello, no podía negar la verdad en las palabras de su amigo, y a pesar de que el soldado estaba feliz con cómo estaba resultando su vida a pesar de la "imprudencia", también tenía que reconocer que había terminado así o por pura suerte, o por destino, ya que no podía olvidar las complicaciones que habían pasado en el medio, y que Xeno no había salido ileso de aquella situación, al menos emocionalmente.

- Sí, tienes razón, disculpa –Reconoció, y cambió de tema– Gracias por el grabador, Xeno, lo dejaré instalado en el dormitorio. Cuando quieras eres invitado a "tener un momento" con Neal y enseñarle una o dos cosas. Nos vemos luego.

El científico asintió y despidió a su amigo con mueca que falló en ser una breve sonrisa, volviendo a su trabajo. No pensaba darse por vencido, todo re-invento científico o tecnológico era un desafío a superar para él. No lo iba a admitir frente a Stan, pero de seguro que la producción de condones iba a ser de importancia cuando revivieran poco a poco al millar de personas que tenían planeado, o tarde o temprano iban a tener muchas más bocas para alimentar, más complicaciones y menos productividad, algo que no convenía hasta resolver los asuntos con el Whyman en la Luna. Si ni siquiera ellos habían podido controlarse debidamente, era hipócrita pensar que una pareja de novios o un matrimonio fuera a hacerlo, y no podía culparlos. Y él no hacía cosas mediocres, por lo cual no se detendría hasta lograr un resultado elegante.

Días después, Luna se encontraba en un gran dilema: Por más que se había dado un tiempo y deseaba con todas sus fuerzas olvidarse de su reciente fascinación por Xeno que le hacía latir el corazón por algo más que admirarlo, no había podido lograrlo. Lo que era peor, empezaba a verle su encanto en otras cosas fuera de lo científico o intelectual. Sabía que se estaba haciendo su propia película, le había pasado lo mismo con Senku, y vaya que la había decepcionado después, aunque confiaba en que Xeno era un hombre mucho más maduro y empático, sin negar que era otro que se hacía el duro. Eso suponía un problema en parte, secretamente le tenía una sana envidia a Kohaku, que había ablandado a Stan sin proponérselo al punto que el soldado hacía suspirar a más de una de las jóvenes allí con la ternura y dedicación que profesaba sin timidez ni vergüenza por su hijo, así como tampoco se contenía de mostrar el amor por ella.

Ella también soñaba con un hombre así, apuesto, cariñoso, inteligente, dedicado... y si bien lo único que ponía en duda con Xeno era lo de "cariñoso", al menos que también lo fuera públicamente, desconocía si el científico tenía esa veta tierna y sensible en él o si siempre se mostraba como un cubito de hielo por mantener su dichosa elegancia. Como fuera, estaba en problemas si no lograba sacárselo de su mente, porque si era objetiva y analítica, no veía indicios que él la mirara con otros ojos más interesados por ella como mujer, y no sólo como estudiante de ciencias médicas. La otra opción era que intentara seducirlo y así quitarse la duda para bien o para mal, era una chica bonita y capaz. Pero antes de hacer esto, tenía que asegurarse que no causaría problemas con Kohaku.

Estaban a principios de verano, pero la otra joven no aflojaba sus entrenamientos por el calor, era admirable su energía inagotable. Para darle una bonita sorpresa, y ya que habían pasado las horas de calor fuerte del día, le pidió a la madre de Stan si podía llevarse a Neal afuera a buscar a Kohaku, y la señora aceptó sin problemas, ayudándola a vestir al bebé y a conseguirle un parasol para aliviarles el calor del sol de verano, además de otras pocas cosas. Luna se colocó a Neal en el "portabebés" de tela que Yuzuriha había confeccionado, lo que le dejaba las manos libres para usar el parasol y para lo que necesitara, sin cansarse tanto, no estaba acostumbrada a cargar con un niño de ocho kilos en sus brazos por mucho rato. Esos detalles la hacían dar cuenta de lo fuerte que era Kohaku, ni le dolía la espalda por cargarlo en el portabebés, ni se cansaba los brazos por sostenerlo así.

Neal se portaba muy bien, se dejaba agarrar por las personas que conocía sin incomodarse ni llorar, y ya sabía jugar sus cartas de ser adorable y ganarse elogios y mimos con sus preciosas sonrisas que acompañaban perfectamente su cara de muñequito, así como dejar salir un balbuceo o decir "pa-pa" a todo lo que se le cruzara delante, ya que estaba aprendiendo que le festejaban mucho cuando lograba decir eso. Luna encontró a Kohaku justo cuando estaba terminando su entrenamiento, y la rubia se mostró sorprendida.

- ¡Ja! ¿Quién vino a ver a mamá? –Le habló dulce a su hijo, al instante robándole una sonrisa– ¿Todo bien, Luna?

- Sí, sí... Eeeh, sólo que quería salir un rato, y aprovechar para que Neal disfrute un poco del aire libre, ¿está bien?

- ¡Sí! Pero estoy muy sudada, quisiera bañarme... ¿Me acompañas a la orilla del mar así me refresco?

- Claro, vamos.

Caminaron hasta la orilla más cercana, la que quedaba del lado de la puerta trasera del castillo. Allí Kohaku se sacó el vestido y se dio un rápido chapuzón en el agua, volviendo con una sonrisa de satisfacción. Luna la esperaba con una botella de agua y ya había dispuesto una manta sobre la arena, la madre de Stan había tenido razón en prever algo así y recomendarle llevar un bolsito con esas cosas.

- ¡Mucho mejor ahora! Gracias, Luna, es un buen cambio hacer algo así, siempre suelo volver directo al castillo, pero esto no está nada mal.

- "Nada mal" –rió suave la joven– Se te pegó la frase de Stan, hasta la dices como él.

- ¡Ah! No me había dado cuenta... Sí, tiene sentido, con todo el tiempo que pasamos juntos y que se la oigo seguido. ¡Tú tampoco te hagas la distraída! Más de una vez te oí decir "elegante", adoptaste la palabra de Xeno.

- ¡¿Eh?! –Exclamó sobresaltada, sonrojándose mucho de pronto.

- ¿Por qué te pones así? No lo dije con mala intención...

- No, perdón, es que... –Se removió incómoda– Bueno... hay algo que sí quiero hablar contigo, Kohaku.

- ¿Qué sería?

- Hmm... Es algo personal, espero que no te incomode.

- ¡Tú dilo, vamos!

- ¿Qué...? ¿Qué hay entre tú y Xeno?

Kohaku no se esperaba esa pregunta, y se mostró confundida, aunque no avergonzada.

- ¿A qué te refieres de todo? Sé más específica.

- Bueno... Quería saber si tú también tienes sentimientos por él, o al revés... Es decir, veo que estás con Stan y todos en el castillo saben sólo esa parte de la historia, pero...

- Ah, eso –Dijo pensativa– Hmm, si te soy sincera, todavía es un poco confuso. En realidad, lo es porque nunca fue demasiado claro lo que pasó con él.

- Claro, entiendo. Sí, es como pensaba –Murmuró con pena, su corazón comprimiéndose con desilusión.

- Luna... ¿Te gusta Xeno? –Preguntó Kohaku curiosa, conteniendo la sonrisa divertida.

- ¡¿Eh?! ¡Yo... yo...! –Negarlo no sería del todo honesto, así que bajó la mirada– Puede ser, un poco, no estoy segura. Tampoco sé si le interesaría de esa forma. Pero como pasaron muchas cosas entre ustedes, quería asegurarme que no te molestara si... bueno, si algún día había alguna chance de que suceda algo. Si él me mira más que como una colega, claro...

- ¿Dices que me podría molestar? ¡Nada más lejos! –Negó Kohaku– Como te dije, sí es cierto que hemos tenido sentimientos el uno por el otro, pasaron cosas con él durante el embarazo y nos besamos algunas veces luego de que Neal naciera, es complicado. Sé que me quiere, yo también lo quiero.

- Entonces sí hay algo...

- Si tengo que decirte solamente por sí o por no, Luna, diría que no.

- ¡¿Qué dices?! –Exclamó sorprendida– Si me acabas de decir...

- Creo que Xeno nunca me amó de verdad. Eso es algo que hablamos con Stan, y que me hizo inclinarme a quedarme con él, más allá de que sea el padre de Neal. Cuando empezaron a pasar cosas con Xeno en el castillo, siempre fue como dar un paso para adelante y dos para atrás, y si entendí bien era porque él no quería admitir que yo le gustaba, y estaba celoso de Stan. Nunca concilió bien con la idea de que fuéramos tres, me dejó más que claro que no le gustaba compartirme con otro hombre.

- No puedo culparlo, no es fácil –Murmuró Luna, pensando en cómo ella se sentía.

- No, y por eso creo que no funcionó. Además de cómo se complicó todo luego con el embarazo, mi pérdida, y lo mucho que le dolió que Stan y yo nos reencontráramos y decidiéramos estar juntos, más aún cuando supimos que seguía embarazada. Xeno simplemente no pudo seguir tolerando la idea de verme feliz también con otro, sé que lo intentó mucho, hasta unas semanas después de que Neal naciera, pero al final decidió que no quería soportarlo más.

- Oh... no sabía eso.

- Sí. Stan me confesó que me amaba –Se sonrojó al recordarlo, y sonrió con dulzura– Y yo también le correspondí. Pero eso fue demasiado para Xeno, y unos días después me dijo que lo había pensado bien, y que ya no iba a "competir" por mi corazón... De hecho, recuerdo que no me dijo ni una sola vez que me quería o me amaba esa noche, ahí lo entendí.

- Dudo que no te quiera si intentó tanto tiempo quedarse contigo.

- Sí, yo también pienso eso. Pero por el motivo que fuese que prefirió guardárselo, lo más importante fue que... bueno, él fue el que me "cortó".

- ¿En serio? –Preguntó Luna muy confundida– Pero... Ay, no entiendo.

- Me dijo que él merecía un "corazón entero", y que yo ya no podía dárselo. Así que esa fue su forma de entregarme a Stan, y de reafirmarse a él mismo que no tenía que conformarse con ser amado a medias. Algo así entendí.

- Oooh, ya veo –Abrió mucho los ojos, y no pudo evitar que su corazón latiera fuerte ante eso del corazón entero y querer amar y ser amado por una mujer dedicada a él– Eso fue lindo... Quiero decir, dolió, y me da pena por él, pero a la vez se siente bien, ¿no? Al menos ya sabe lo que quiere para su felicidad.

- Sí, me dejó mucho más tranquila, y desde entonces él se relajó mucho más, me alegra verlo así. Aunque sí me gustaría verlo algún día realmente feliz, al fin pudiendo compartir su corazón con una mujer que ame, y lo ame de vuelta, por completo, sólo a él.

Luna bajó la mirada y se mordió el labio con culpa, y ella había dudado si Xeno era un hombre sensible y que podía ser cariñoso... Al fin entendía todo, y tenía sentido.

- Porque sé que lo quiere. Su desilusión conmigo, con lo del bebé y todo eso, fue porque en el fondo sí lo quería. Aunque con la misma seguridad y honestidad me dijo que se dio cuenta que no quería volverse un padre de familia todavía, que tenía sus prioridades con la ciencia, y en ese sentido creo que fue su otro motivo por el cual entregarme a Stan, que por el contrario había declarado que su prioridad era yo, estar conmigo, y con su hijo, claro.

- Es que Stan se nota que está amando ser padre, se desvive por Neal –Dijo Luna con una risilla, enternecida.

- Sí, me derrite verlo. No me avergüenza admitir que es más dulce y tiene más madera como padre que yo como madre.

- Eso fue una sorpresa, te lo confieso –Murmuró la rubia en confidencia– Jamás lo hubiera imaginado, antes de que tú llegaras era otro hombre... Es decir, siempre tuvo ese humor ácido y burlón, lo provocador lo tiene en las venas, y lo protector también, con Xeno al menos. Pero nunca lo vi sonreír hasta con los ojos, emocionarse. Es como si le hubiera vuelto el alma al cuerpo desde que se enamoró de ti. Y eso que yo los vi juntos por primera vez el día que se reencontraron, cuando Senku... Bueno, ya sabes.

- Sí. Algo así me dio a entender luego. Pero no se terminaba de permitir amar porque sentía culpa por cosas que había hecho, y también tuvo momentos duros con su familia... como todos –Agregó más para sí misma con nostalgia– Así que también fue un alivio para él poder permitirse la vida que en el fondo quería, un poco de paz, de amar, y de proteger, y no sentirse un soldado cada minuto del día, por el resto de su vida.

- Pienso que los dos lo hicieron, al final. ¿verdad? Stan, y Xeno. Por eso se los ve tan bien y relajados ahora, todo fluye de otra forma entre ellos, y con los demás.

- Sí, así es –Miró a Luna y luego sonrió– Tú eres una muy buena mujer también, de buen corazón, dedicada, inteligente... Sea con Xeno, o con otro hombre, te mereces toda la felicidad, Luna. Así que no tengas dudas ni miedo, y ve a por ello.

- ¡Pero no quiero ser ya como era antes! –Exclamó, negando con la cabeza– Quiero demostrarme que sí puedo hacer las cosas por y para mí misma, sin depender de un hombre. Si me enfoco en conquistar a Xeno, o a otro, estaría volviendo a caer en eso otra vez.

- No necesariamente... Se ve que lo tienes claro ya, y también es lindo compartir la vida con alguien –Se encogió de hombros, sonriendo con calidez– Yo ni por casualidad me hubiera imaginado con el hombre de mi vida y un hijo tan pronto. No sé si es porque Stan y Neal me lo ponen todo muy lindo y fácil, pero honestamente lo estoy disfrutando y me siento feliz con ellos... Si hasta fui yo la que le dijo de casarnos.

- ¡¿QUÉ TU QUÉ?! –Exclamó Luna, tapándose la boca.

- Sí, bueno... –Murmuró sonrojada– Hubo una discusión de por medio, eeh... En resumen, fui yo la que dije que quería casarme con él algún día.

- ¿Tú le propusiste casamiento a Stanley Snyder? No me lo creo –Luna sonreía como si fuera Navidad– ¡Tú también eres una chica capaz, qué valiente!

- No fue así realmente, más bien lo di a entender, pero no se lo propuse.

- Podrías hacerlo, cuando sea el momento –La animó Luna con picardía– Moriría por ver eso, que tú le propongas matrimonio a él delante de todos. De seguro Stan se pone todo blando, y sería divertido, para variar.

- ¡Ja! Voy a considerarlo entonces, romper con tradiciones es mi especialidad.

Las dos rubias rieron cómplices, y dejaron la charla ahí.

- ¿Volvemos al castillo? –Preguntó Luna– Tampoco quiero que Neal pase calor, está más fresco adentro.

- Sí, vamos. Gracias, Luna, por la charla. Es la primera vez que lo hablo con una amiga, y creo que lo necesitaba, me siento mejor.

- Gracias a ti, Kohaku. No sólo me aclaraste algunas cosas, sino que me cambiaste por completo la forma en que veía otras. Es bueno tenerte aquí con nosotros, y no dudo que si tanto Stan como Xeno son más felices hoy en día, es gracias a que te conocieron.

Las dos jóvenes se dieron un medio abrazo, y Neal se removió y estiró los brazos hacia su madre, por lo que Luna se lo sacó del portabebés y se lo pasó con cuidado a Kohaku, que lo cargó en sus brazos y le dio unos cariñosos besos para calmarlo, mientras le hablaba con voz dulce. Cuando llegaron al castillo, la rubia quiso darse un buen baño con agua caliente y jabón, y aprovechó para bañar a su bebé con ella, por lo que le avisó a Stan y luego le pidió a Luna que la acompañara un rato más para ayudarla a sostener el bebé.

Kohaku se metió primero y comenzó a limpiarse, mientras poco a poco lo hacía Luna con Neal, que había sido convencida de meterse de lleno en el agua, no sólo ayudar desde afuera. Cuando terminó con su baño, Kohaku suspiró aliviada, y miró a los dos.

- Mira esto, Luna. Suéltalo.

- ¿Qué? ¡No, se va a...!

- Hazme caso, suéltalo.

Titubeando, Luna soltó poco a poco el apoyo en la espalda y la cabeza de Neal, y se sorprendió que el bebé se quedó flotando sin hundirse.

- ¡Flota! –Exclamó sorprendida– Ay, pero mejor le sostengo la cabecita la menos, me da impresión...

- No te preocupes, también sabe nadar por debajo del agua.

- ¡Nooo! ¿En serio?

- ¡Ja! Por supuesto, es un heredero de la aldea del agua, nadamos desde que nacemos.

- Bueno... sí sabía que los bebés nadan, pero no deja de sorprenderme. No puede caminar ni gatea todavía, y sí nada.

- Se lo enseñé con Stan, y tienes que ver cómo aguanta abajo del agua solito, cuando sale es lo más natural, no se muestra incómodo ni llora, se ríe y todo.

- ¡Oooh, qué bonito!

En ese momento la puerta del baño se abrió, y Stan entró todo tranquilo hasta que vio que estaba Luna, que se sobresaltó y se metió más adentro en el agua.

- Oh, perdón... Pensé que estabas sola, Kohaku.

- ¡¿Sabes que debes tocar la puerta antes de entrar a un BAÑO, Stan?! –Gritó Luna, indignada.

- Perdón, Luna, pero ella no me dijo que se iba a meter con nadie, pensé que estaba sola, y quería ver cómo iba el baño con Neal, si necesitaba ayuda.

- Sí... bueno... Estamos bien, Kohaku me está mostrando cómo flota el bebé.

- Me encanta cuando hace eso, quiero ver. Tápate si quieres, Luna.

La rubia no alcanzó a preguntar, cuando vio a Stan caminar hacia ellas. Furiosamente sonrojada y cubriéndose con las manos como pudo, se encogió en el extremo de la bañera grande. El soldado alzó las cejas y rió burlón.

- Oh, vamos, no tienes nada que no haya visto en una mujer ya, y tampoco te voy a estar mirando, Luna, no exageres.

La joven trató de relajarse, chequeando que al menos se cubría lo más importante con las manos y las piernas. Mientras tanto, Stan se arrodillaba en el borde de la bañera, sólo tenía ojos para Neal, que estaba flotando sonriente, con sus piernas y brazos chapoteando en el agua.

- ¿Le mostraste cómo se sumerge? –Le preguntó a Kohaku.

- No, todavía no, justo llegaste tú.

- Hazlo, que no me canso de verlo.

Kohaku sostuvo a su hijo desde la espalda por debajo de las axilas, y se puso frente a Stan en el lado más alejado a él.

- ¿Nadamos hacia papá, Neal?

La rubia le hizo el gesto de abrir grande la boca y cerrarla con fuerza, lo cual el pequeño imitó a su forma, y lo fue acostando y hundiendo en el agua hasta quedar sumergido, cuando lo soltó pero lo seguía de cerca. El bebé estiraba los brazos y los agitaba hacia abajo a la par de sus piernas, moviéndose así hacia adelante. Luna quedó boquiabierta, olvidando su pudor y se acercó para ver mejor y dejar salir un gemido de ternura. Cuando estaba llegando al borde, Stan metió los brazos en el agua para sacarlo, sin importarle mojarse mientras lo abrazaba y lo felicitaba a puras sonrisas.

- De verdad nadó –Dijo Luna incrédula– No sólo se quedó quieto bajo el agua, sino que nadó.

- Te lo dije, tiene la sangre de la aldea del agua –Asintió Kohaku orgullosa.

- ¿Nadaste con mamá, Neal? –Le preguntó Stan a su hijo, que chillaba de emoción con sus balbuceos agudos y adorables– ¿Con ma-má?

- ¡Maaaaaaaaaa!

Los tres se quedaron boquiabiertos y sonrientes, mirándose brevemente entre sí antes de mirar al pequeño nuevamente. Emocionada, Kohaku se acercó apresurada para agarrarlo en sus brazos, metiéndolo en el agua con ella, girándose de espaldas para que Stan y Luna también pudieran verlo.

- ¿Qué dijiste, Neal? ¿Dijiste "mamá"? ¿Ma-má?

- ¡Maaaa maaa ma ma! –Balbuceó en respuesta, después de boquear como un pez mientras volvía a tratar de pronunciarlo.

- ¡Lo dijo! ¡Ja! ¡Muy bien hijo! –Lo felicitó, besándole la mejilla regordeta– Mamá.

- Ma...ma...mmmm

- Es tan inteligente, él lo puede todo –Murmuró Stan con emoción.

- Pero hasta ahora no le salía, no logré enseñárselo –Admitió Kohaku, confundida.

De pronto oyeron un golpeteo en la puerta, y se giraron para encontrar allí a Xeno. Inmediatamente Luna volvió a recordar su desnudez y se puso torpe entre sonrojo y volver a taparse bajo el agua.

- Al menos él sí toca la puerta, ¿no, Luna? –La provocó Stan.

- Pasaba por aquí y estaba la puerta entreabierta, es raro escuchar jaleo en el baño así que quería ver qué sucedía.

- ¡Es que Neal dijo "mamá", Xeno! –Exclamó Kohaku orgullosa y feliz.

- Lo sé, alcancé a oírlo.

- Ooh, ¿estabas espiando? Nada mal, Xeno –Lo molestó Stan, y sonrió para sus adentro cuando vio de reojo a Luna por poco echar vapor por las orejas.

- No, recién llegué, sólo escuché la última parte.

- ¡Al menos pudiste oírlo por primera vez decir una nueva palabra! Qué bueno que llegaste –Dijo Kohaku contenta.

- Ya la había oído, yo se la enseñé –Contestó con una sonrisa confiada.

- ¡¿Qué?! ¿Cuándo?

- Desde anteayer, cuando lo cuido esa hora en mi estudio mientras ustedes trabajaban.

- ¡Bien hecho, Xeno! –Felicitó Stan–De verdad que haces elegantes progresos, aunque te lo guardaste bien.

- Due cuestión de observarlo y que pruebe el fonema "m" de a poco. Noté que los otros le salían bastante bien, pero esa letra no, así que nos dedicamos a aprenderla.

- Lo haces sonar riguroso, pero estoy seguro que se divirtieron. Gracias, amigo –Miró a Neal– Así que sabes ya decir "mamá" y "papá", gracias al tío Xee.

- ¿Ahora soy tío? –Frunció el ceño el científico.

- Es más fácil de pronunciar para Neal, cuando lo aprenda. Olvídate que logre decir exactamente bien tu nombre por un par de años. Y aquí van a ser todos tíos y tías que te ayuden a aprender y te malcríen, ¿verdad, Neal?

El bebé pareció contestar con picardía, sonriendo y metiéndose los dedos en la boca, lo cual hizo reír con ternura a los demás.

- Bueno, sigo con lo mío. Nos vemos después –Dijo Xeno.

- ¿Seguro que no quieres unirte a la fiesta? Luna está aquí también.

- En otra ocasión, gracias – Contestó educado, notando la incomodidad de la aludida.

Cuando el científico se fue, Luna no levantaba la mirada, y su rostro sonrojado ardía. Stan miró a Kohaku con intriga como pregunta silenciosa de qué pasaba que de pronto se había puesto así de tímida, y la joven contestó con una sonrisa apenas contenida y encogiendo los hombros, no podía confesar lo que sabía. El soldado entrecerró los ojos, y decidió provocar un poco más a su compatriota.

- Luna, baja el termostato interno, que vas a calentar el agua más de lo que está.

- ¡Calla! –Chasqueó, avergonzándose más por la exposición.

- Xeno aceptó la invitación, así que la próxima prepara el traje de baño. –Y agregó, rodeando la cintura de Kohaku para acercarla– Un poco más apretaditos, pero cabemos los cuatro.

La rubia no podía más con sus propias imágenes mentales generadas por las provocaciones de Stan, y tampoco podía mirarlo a los ojos. Él se dio cuenta que había algo más ahí, y arriesgó una estrategia para que ella mordiera el anzuelo.

- Ooooh, ya veo por dónde va la cosa. ¿Acaso las clases particulares de medicina del tuvieron práctica real en anatomía, Luna?

En lugar de una respuesta, Stan recibió una ola de agua en el rostro, empujada por la mano de Luna para silenciarlo. En lugar de molestarse, el soldado entrecerró sus ojos zafiro y mostró una sonrisa felina.

- O es lo que quisieras, ¿verdad? Nada mal, Luna, nada mal. Creo que sabes que está inmerso en la fabricación y prueba de condones, podrías asistirle en la...

Esa vez fue Kohaku la que con su gran fuerza y agilidad de pronto jaló a Stan del cuello del traje negro para para hundirle parcialmente el cuerpo en el agua, que estaba desprevenido, mientras sostenía a Neal con el otro brazo. En cuanto el soldado sacó la cabeza del agua, tosiendo, ella lo reprendió, enojada, mientras Luna miraba la escena sorprendida y sin saber cómo reaccionar.

- ¡Deja de molestarla, Stan!

- "Sí, mamá" –Gruñó con burla, acercándole el rostro y mirándola fijo a los ojos– Vaya, ya sabemos quién podrá disciplina al renacuajo aquí.

- Ya que te estás portando como un niño ahora, me sirves de práctica –Le contestó, sosteniéndole la mirada con fiereza y sin retroceder ni un milímetro.

- Si la defiendes tanto a Luna es porque algo de lo que dije es cierto –Se alejó a tiempo, antes de pudiera volver a agarrarlo– Tranquila, tigresa, sólo era para comprobar si había algo de eso, y pude confirmarlo. Era una broma nada más.

- Quizás no a todos les parece tan divertida la broma. Lo sé bien, esta "leona" o "gorila" tiene experiencia en eso.

- Yo nunca te llamé así, así que no me vengas con...

- ¡Bueno, basta ya, no peleen más! –Los calló Luna, intercediendo en la discusión– Gracias por defenderme, Kohaku, pero ya está bien. Y Stan, te pido por favor que no digas nada de esto, ni una palabra a Xeno.

- No pensaba hacerlo, descuida –La tranquilizó– Perdona si te molesté, pero no tenía idea que te sentías así por Xeno, y pensé que a lo sumo me ibas a mojar en chiste y ya, como hiciste. Si puedo ayudarte en algo... Podría probar mis habilidades como celestino, y no sería yo el único "mojado", ya sabes.

En broma esa vez, otra vez el rostro de Stan fue regado con una ola de agua de parte de Luna, que esa vez ya estaba sonriendo, así como él que lo había hecho adrede y se esperaba la reprimenda.

- No me sentía así por Xeno antes, ni yo termino de entender qué siento o no todavía, así que no agrandes las cosas, Stan. No te metas ni seas chismoso, y todo irá bien.

- Como quieras. Pero sabes que no hay nadie aquí que conozca tanto a Xeno como yo, además de él mismo, así que si quieres puedes preguntarme.

- De acuerdo, gracias –Murmuró, y luego miró a los dos– ¿Todo bien y en paz entre ustedes? No quiero que peleen por mi culpa.

- Todo en orden con la jefa –Desestimó Stan bromeando, acercándose para darle un rápido beso en los labios a Kohaku, que ella no rechazó– Hay que aprender a lidiar con un poco de picante cada tanto, y las reconciliaciones valen la pena. Si es así enojada, puedes imaginarte cuando...

- ¡Stan! –Lo interrumpió escandalizada Kohaku, lanzándole otra ola de agua que mojó la mitad del baño.

- Si vas a mojarme tanto, para eso me meto yo también allí, princesa –Dijo sacudiendo la cabeza, y le dedicó una mirada muy juguetona– Luna, sostén a Neal, por favor.

Era tan evidente que Stan iba en serio, que Kohaku no dudó en pasarle rápido su bebé a Luna. La joven lo recibió y se apartó al extremo más alejado de la enorme bañera, protegiendo a Neal con su cuerpo de espaldas a los demás mientras el soldado se quitaba rápido las botas, y luego se metía de un salto en el agua, arrodillándose para lanzarse encima de Kohaku. Las carcajadas y gritos inundaban el baño, mientras Stan peleaba en el agua con ella, haciendo un reguero imposible de agua alrededor, por poco vaciando la mitad de la bañera mientras estaban en ello.

- ¡Basta, St...!

Pero no pudo terminar de detenerlo, cuando él la atrapó con fuerza en sus brazos y la besó con divertida fiereza, sin darle tregua. Luna seguía de espaldas, sonriendo sonrojada, ya que le había bastado una rápida mirada de reojo para comprobar lo apasionada que se estaba volviendo esa lucha en el agua, y no se animaba a seguir viéndolos, ya que a pesar de lo gracioso de la situación Kohaku estaba desnuda. Al menos le aliviaba que estuvieran haciendo las paces tan pronto, y en parte le causaba ternura y anhelo el pensar en divertirse con tanta picardía y confianza con una pareja, de verdad que ellos dos hacían una muy bonita, la misma chispa provocadora y desafiante, eran el uno para el otro sin dudas.

Cuando la pareja al fin decidió terminar con la apasionada pelea acuática, jadearon para recuperar el aire, riéndose a carcajadas juntos todavía. Stan salió de la bañera luego de darle un último y más casto beso, escurriendo agua a más no poder de su ropa, y agarró dos toallas grandes para darles a Kohaku y a Luna para que se taparan y secaran ya que la bañera estaba más vacía que llena. Los dejó apoyados al borde para que cada una lo tomara, y por caballerosidad cerró los ojos cuando estiró los brazos hacia Luna para recibir a Neal y que la joven se pudiera cubrir, mientras él se ocupaba de secar también a su hijo, ignorando su propio estado empapado.

Kohaku se vistió y ayudó a Stan, y como todavía se sentía juguetona, en lugar de reemplazarlo a él para ocuparse del bebé, fue ella la que le quitó el traje entero y lo secó con la toalla, haciendo una graciosa fila familiar en que uno secaba al otro. Una vez los cuatro listos, miraron alrededor con culpa el desastre de agua que habían causado en el baño, estaba todo empapado. Asumiendo su culpa de haber sido el provocador, el soldado dijo que se ocupaba él de secar todo, o las quejas de Xeno se oirían durante horas. Kohaku y Luna se fueron a hurtadillas del baño, cerrando la puerta tras ellas, fingiendo normalidad mientras contenían una pícara sonrisa en complicidad por cómo había resultado toda esa tarde.

Stan se dispuso a limpiar con una amplia sonrisa dibujada en el rostro, mientras recordaba la divertida pelea que había tenido con Kohaku, desde la guerra de almohadas que no se divertían tan salvajemente, y era muy refrescante hacer cosas así cada tanto, si había algo que no le iba a faltar a su amor era chispa y emoción de todos los estilos y colores. Cuando le faltaba poco para terminar, la puerta se abrió y él se sobresaltó, hasta que se relajó al ver que se trataba de Kohaku, que cerró la puerta tras ella.

- ¿El renacuajo? –Preguntó Stan.

- Está durmiendo, quedó dormido al instante luego del baño, tu padre lo está mirando.

- Lo de recién fue... divertido –Dijo guiñándole el ojo.

- ¡Ja! Sí que lo fue, no dejas de sorprenderme cuando de verdad haces las cosas.

- Sólo había una forma de terminar bien con la tensión del momento –Dejó el trapeador a un lado, y se acercó para abrazarla por la cintura, y darle un beso y luego un mordisco juguetón en la mejilla– Ojalá todas las discusiones de pareja terminaran así.

- ¿Dices que terminó? Fue interrumpida solamente –Le dedicó una mirada felina mientras le empujaba el pecho para alejarlo, a la vez que le enredaba una pierna con fuerza alrededor de la de él– Oh no, "capitán" Snyder, ganaste la batalla, pero no la guerra.

- No sé dónde aprendiste esa frase, pero me sirve, mientras estés hablando de las de amor, mi princesa aguerrida.

- Que empiece el segundo combate.

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Buenaaaas! Aaaah, al fin pude actualizar! Lo que extrañaba escribir esta historia, y me despaché con muchas novedades y diversión, siempre es un placer escribir de estos bellos personajes y todas sus posibles vivencias tan tiernas como alocadas y picantes, que no falten las sonrisas! Espero que haya compensado la larga espera del último capítulo a este. Y el próximo es el número 30, toca algo especial parece ;)

Gracias por leer y acompañar, dejar amor, estrellitas, comentarios y reviews, se agradece cada respuesta e interacción. Voy a ver si alcanzo a escribir un one-shot hot, hace tiempo le tengo ganas a la ship Genhaku, y tengo algo en mente... De paso si llego sería un auto-regalo de cumpleaños para mí, que el lunes mi vida cumple otra vuelta alrededor del Sol, jeje. Y luego ya retomo "Otros Caminos", hablando de bendiciones :O xD

Hasta el próximo capítulo! Buena semana!