- Vamos, Neal, tienes que comer esto.

- Aaaaah –Balbuceó el bebé con el ceño fruncido, haciendo a un lado la cabeza para evitar que le metieran la cucharita en la boca.

- ¡Mira, Neal! ¡Viene el avioncito de papilla! –Exclamó Stan con entusiasmo, con una amplia sonrisa que flaqueó al ver cómo su hijo no compartía el sentimiento.

- Aah ba ba baa.

- Vamos, come, hijo –Rogó frustrado, lo cual tampoco funcionó– Bueno, como quieras, si no lo comes tú, lo haré yo, tú te lo pierdes.

Stan cargó una montaña de papilla en la cucharita, y luego de hacer un firulete en el aire se la metió en la boca, masticando exageradamente para convencer a su bebé del manjar que rechazaba. Aunque de pronto abrió mucho los ojos, sorprendido.

- Oye... esto está muy bueno de verdad –Murmuró, relamiéndose– Nada mal, hay que agradecerle a François que compartiera la receta a la distancia, esto es papilla gourmet para príncipes, renacuajo. De verdad te lo estás perdiendo.

Tan rico estaba, que el soldado miró el cuenco lleno de papilla, y decidió degustar otra cucharada. Su hijo lo miró con interés, y Stan sonriendo para sus adentros le acercó una cucharadita para él, pero el pequeño insistió en rechazarla.

- Hay que enseñarte lo que es bueno y ser más abierto, me parece que estás pasando demasiado tiempo con Xeno, te estás volviendo quisquilloso –Se quejó, señalándolo acusadoramente con la cuchara– No vamos a desperdiciar comida, menos este manjar, así que perdiste tus chances por hoy.

Mirando alrededor para asegurarse que no hubiera nadie atento que pudiera juzgarlo por lo que iba a hacer, empezó a comerse él lo que quedaba de la papilla, saboreándola con una pequeña sonrisa. Hasta que casi lo hizo saltar de la silla por la culpa inconsciente una voz fuerte detrás de él.

- ¡Stan! ¡Tenías que alimentar a Neal, no comerte TÚ su comida! –Exclamó Kohaku, indignada– ¿Le sacas la comida de la boca a tu hijo? Como si te faltara comida a ti.

- Hace diez minutos está rechazando todo intento para que coma, no le estoy robando la comida. Así que me cansé, y dijeron que no era bueno presionarlo u obligarlo, así que me la estoy comiendo yo, está buena.

- ¿En serio, papilla? –Lo acusó, burlona.

- No la probaste, si lo dices de esa forma. No tienes idea lo buena que está. Podríamos ponerla como puré en nuestras comidas, y nadie se enteraría que es papilla para bebé. Pruébala y dime que estoy errado sino.

Llenando otra montaña de papilla sobre la pequeña cucharita, Stan se la acercó a Kohaku a la boca, quién la aceptó. La saboreó un momento, hasta que alzó las cejas y sus ojos brillaron, lo que fue suficiente para él.

- ¿Lo ves?

- Sí... ¡Ja! ¡No puedo creerlo, pero está delicioso!

- ¿Quieres terminártela conmigo? –Preguntó con picardía, antes de meterse otra cucharada en la boca.

- Si Neal no la va a comer... Por esta vez sí.

Con una expresión de victoria, Stan llenó otra porción, y cuando Kohaku había ya abierto la boca, él bromeó y la hizo a un lado, haciendo un movimiento de planeador y unos sonidos con la boca como si fuese un avión. La rubia rodó los ojos y rió ante eso, y con sus buenos reflejos y agilidad atrapó la cuchara en pleno vuelo.

- Nada mal, princesa.

Una feliz noticia llegó unos días después al castillo: El resto del grupo de los que habían quedado en Sudamérica construyendo el segundo barco –Tsukasa, Hyoga, Ukyo, Yo-kun, y todos los militares estadounidenses– ya estaban en camino de volver a la base del norte. Como Xeno había dejado hecho un motor de aleaciones, aunque no tan grande y potente como el del Perseo, sólo les tomaría un mes el viaje. Eso fue un gran alivio y entusiasmo para todos, ya que significaba que no sólo sus amigos volvían, sino que habría más personal fuerte y eficiente para seguir construyendo y mejorando los prototipos de motores y circuitos del cohete.

Por parte del grupo liderado por Senku, también recibieron la noticia de que estaban partiendo de la India, donde habían fundado la "ciudad de las matemáticas" y ya estaban dirigiéndose hacia Australia, donde establecerían la "ciudad del aluminio". En el país indio se habían encontrado con el planeado genio matemático que los ayudaría a programar el ordenador, había resultado ser nada menos que el hermano mayor de Ryusui, Sai Nanami. Eso fue una gran sorpresa para los japoneses, que en todos esos años no habían sabido de la existencia de un hermano del ambicioso capitán, mucho menos que fuera el prodigio matemático.

Sin embargo, la visita del pequeño barco sólo sería por unos días, en la cual la mayoría de los tripulantes sí se quedarían en el castillo, mientras que un pequeño grupo que pudiera navegarlo volvería a zarpar hacia Australia también, con el objetivo de proveerles mucho maíz como alimento e insumo al grupo del Perseo.

Kohaku estaba feliz de que volvería a ver después de tanto tiempo a sus queridos amigos, y presentarles orgullosa lo hermoso y bien que estaba creciendo su bebé. No tenía idea dónde quedaban esos países que habían mencionado, por lo que le preguntó a Xeno y él le mostró un enorme mapa mundial que Chelsea les había dibujado. Cuando vio el recorrido que tendría que hacer el barco para llegar a Australia, el corazón se le aceleró y quedó pensativa, aunque se lo guardó hasta pensar bien lo que tenía en mente.

Neal tenía ya ocho meses, y tendría poco más de nueve para cuando sus amigos llegaran, si todo salía bien. Ya había aprendido muy bien a decir "papá" y "mamá", lo cual decía todo el tiempo y a todas las personas, ya que había entendido que recibía muchos elogios y sonrisas cuando lo hacía. Para ternura de sus abuelos, Sarah y Jacob, también le estaban enseñando a que pronunciara "abu" o "aba", de forma que pudiera llamarlos cuando fuera más grande y entendiera que se refería a ellos dos.

Sin embargo, su más emocionante aprendizaje del momento era que estaba empezando a intentar gatear, aunque con infructuosos resultados que lo dejaban llorando fuerte por la frustración. Panza abajo, hacía movimientos como cuando nadaba en el agua, pero como no lograba apoyarse en sus manos y rodillas al mismo tiempo por sí solo, por lo que no alcanzaba más que a arrastrarse cual caracol unos pocos centímetros. Por más que lo alentaban con juguetes y cariños, la perseverancia de intentar avanzar no resistía más de unos pocos minutos, dando lugar a la impotencia de no poder moverse por sí solo, y luego de eso venía el sonoro llanto que sólo se calmaba cuando se acercaban a consolarlo. También lo ayudaban a sostenerse en sus manos y rodillas para que se hiciera a la idea, y lograban que se mantuviera así, pero no hacía más que quedarse quieto o balancearse.

El rápido y emocionante crecimiento de Neal sorprendía mucho a Kohaku, que había visto varios bebés crecer en la aldea, pero nunca les había prestado atención ni los había cargado o cuidado ni una vez, menos aún desde que había sido tomada como la "hija rebelde" por su padre. Además de su orgullo de madre primeriza, también tenía su equivalente en dudas y miedos, los cuales eran generosamente asistidos por la experiencia y consejo de los demás. Sin embargo, que su hijo estuviese próximo a cumplir su primer año, le traía el amargo recuerdo de que su familia en la aldea no sabía ni siquiera de la existencia de ese niño, y ya le parecía cruel seguir ocultándoselos, por más que fuera sólo para no generarles más confusión y ansiedad ante la distancia y la falta de comunicación.

Aprovechó una mañana que sabía que Stan y Xeno estaban juntos en el estudio, para hacer su planteo, ya convencida de qué era lo que quería y todo parecía cuadrar bien para lograrlo. Cuando entró sin su bebé en brazos y una mirada llena de determinación, los dos hombres la miraron con atención e intriga.

- ¿Necesitas ayuda con algo, Kohaku? –Preguntó Xeno.

- Sí, hablar con ustedes. Hay algo que quiero hacer.

Ante tal asertividad que seguía en incógnita, ambos hombres se miraron de reojo, tenían la sensación de que no iba a ser una charla ligera.

- ¿Y qué sería eso? Si está en nuestras posibilidades actuales...

- Quiero volver a mi aldea en menos de cuatro meses, para cuando Neal cumpla un año ya estar allí. Y es posible, ya lo pensé, coincide con los tiempos en que el viaje de la entrega de maíz puede hacer una parada extra para pasar por allí.

Instantáneamente y a la par, aunque uno más conmocionado que el otro, Stan y Xeno quedaron boquiabiertos. El soldado clavó una mirada intensa y aturdida en ella, y respiró hondo antes de hablar en voz baja, tenía la boca terriblemente seca de pronto.

- Kohaku... Creía que habíamos resuelto lo de la otra vez, que habíamos acordado estar juntos, no separarnos ni romper lo que tenemos por más que yo sea piloto en la misión lunar.

- Sí, lo sé. Y yo también sigo apostando a eso.

- ¿Cómo se supone que lo hagas, cuando estás proponiendo lo contrario?

- Nunca dije que quisiera ir sola, Stan –Contestó con simpleza– Iba a proponer que fuéramos todos, que mudáramos la construcción y todo lo demás a Japón.

- ¿Ah? –Dijeron los dos a la vez, sin creer lo que oían.

- Por lo que escuché, la "base de operaciones" para el ensamble y lanzamiento del cohete será allí en cuanto Senku y los demás terminen su viaje por el mundo consiguiendo esos materiales raros. Entonces, ¿por qué no podemos ir ahora? Ni siquiera hay que llevar partes grandes y pesadas todavía, es incluso más fácil.

- Tampoco es como si no hubiera que llevar nada –Terció Xeno, negando con la cabeza– Y no puedes comparar la infraestructura e idoneidad de este castillo actualmente, comparado a una isla pequeña y primitiva que...

Antes de que el científico pudiera terminar su frase, la rubia se movió ágil como una sombra y se acercó hasta quedar a un palmo de distancia, mirándolo con una amenaza en los ojos que pocas veces le habían visto.

- Te agradecería que no volvieras a repetir nunca más que mi aldea y el reino científico que construimos es "primitivo".

A Xeno lo recorrió un escalofrío al oírla, tragó duro cuando se dio cuenta que ella había recuperado de verdad tanto su agilidad como su fuerza, y que no aceptaría esa ofensa por más confianza que hubiera entre ellos y que no había sido esa intención de desdén. A su lado, Stan estaba igual de sorprendido, sumado el factor de que había alcanzado a percibir el movimiento de la joven, pero no había terminado de creer que ella podría hacerlo contra ninguno de ellos, y no quedaban en él instintos reflejos de detenerla. Una parte suya la admiró, y la otra estaba indecisa de cómo actuar, por lo que esperó.

- Me gustaría que vayamos todos, pero si no quieres, eso no va a detenerme de ir –Miró al soldado– Con o sin Stan, es decisión de él. Por lo que oí de las comunicaciones con Senku, en poco más de medio año ellos estarían regresando, por lo que no es tanto tiempo el que nos separaría.

- Entonces, ¿por qué tienes la prisa de ir ahora? –Preguntó Xeno– Sólo son unos meses más, podrías esperar.

- Porque quiero que mi familia conozca a Neal y al menos pueda verlo dar sus primeros pasos, ya que se perdieron de ver todo lo demás, e incluso desconocen su existencia. Que el primer año de mi hijo sea con su familia completa, ya que la tiene.

Eso silenció al científico, y los ojos de Stan se dirigieron al piso.

- Al menos mi padre y mi hermana se merecen eso, y yo lo quiero así también. Tuve que ceder hasta el día de hoy en no moverme de aquí porque el bebé era demasiado pequeño, y porque no teníamos cómo ir. Pero con este nuevo barco que es súper rápido, y que pasará cerca de allí de cualquier forma, tengo al fin mi oportunidad, y Neal ya no es tan frágil, es un bebé fuerte y sano. No debería de sorprenderte, Xeno. Este lugar nunca fue mi verdadero hogar, y yo también tengo una familia.

- Pero ese lugar no tiene actualmente ni la mitad de desarrollo y protección como este castillo, podrías esperar a que enviemos a algunas personas primero a construir una base más segura y cómoda.

- ¿Te piensas que un montón de rocas, paredes bonitas y una cama más blanda van a ser más importantes para mí que mi propia familia y gente? –Retrucó Kohaku– Y ya lo dije recién, el principal motivo es que quiero que conozcan a Neal antes de que cumpla un año y de que pueda caminar. No te preocupes, yo soy muy capaz de proteger y dar comodidad a mi hijo, lo demás se irá acomodando. Yo nací en condiciones mucho más sencillas, y aquí me tienen.

- ¿Stan? ¿Qué vas a hacer? –Preguntó Xeno, mirando a su amigo– Yo tengo que pensarlo bien primero, y Kohaku va a ir no importa lo que tú o yo opinemos, por lo que parece.

- Entre la espada y la pared, ¿eh? –Resopló el soldado– Voy a ayudarte a resolver lo que sea necesario para que podamos ir todos juntos, eso voy a hacer.

- No creo que sea trabajo para un solo hombre, por más hábil que seas.

- Pondré a todos mis hombres a ayudar, luego les compensaré el arduo trabajo. No voy a dejar a Kohaku sola cual madre soltera, menos cuando es el momento de presentar a Neal a su familia, yo soy el padre y su pareja. Tampoco me conocen a mí, no sería una buena presentación de mi parte el ausentarme, ¿qué tipo de hombre demostraría ser? Ciertamente uno que no es serio con respecto a ella, ni la merece.

- Stan... Gracias –Dijo Kohaku, apreciando su apoyo con tanta seguridad– No tengo dudas de que va a ser impactante para todos allí, en especial para mi padre, no sé cómo lo tomará.

- Esperemos que bien, y en todo caso yo seré la víctima de su ira, no tú, así que tranquila. Mis padres creo que querrán acompañarnos también, así que eso lo aplacará, y si sigue teniendo dudas, tiene el testimonio de los demás amigos tuyos, que pueden dar fe de que estuviste bien cuidada y querida.

- Sí, así fue... Si ignoramos cómo empezó todo entre nosotros.

- Lo que pasó en el castillo, queda en el castillo.

Con una sonrisa cómplice de los tres, Kohaku se despidió y los dejó seguir con lo suyo, aliviada de haberse animado a sacar el tema. Al instante una enorme y radiante sonrisa enmarcó su rostro, tan sólo pensar que volvería a la aldea después de dos años, nunca había estado tan lejos tanto tiempo. Esperaba que Xeno pudiera cooperar y no fuera tan terco en quedarse en el castillo, confiaba en que Stan lo convencería de ser necesario. Ella también se dedicaría a ayudar ya que todo ese cambio sería por su pedido, sabía que sería posible. Si habían construido esos primeros motores en medio de una selva, no dudaba de que podrían hacer mucho más en el reino científico.

Al día siguiente, siempre tan eficientes, ya estaba planeada la nueva ruta de acciones: Como el barco en el que vendrían los de Sudamérica no era tan grande para cargar todos los materiales, el mecánico Brody iba a diseñar el equivalente a una carreta marina que anclarían al barco principal, aunque con su propio motor y una construcción náutica decente para que acompañara bien a pesar de todo el peso. El hombre aseguró un plazo de un mes y medio para que estuviera listo, ya que era una fabricación enorme, pero más sencilla que la de un barco.

- Qué elegante –Aprobó Xeno– Necesitaremos la colaboración de todos, pero confío en que llegaremos, en un mes se sumará más mano de obra muy apropiada para acelerar el proceso. ¿Satisfecha, Miss Kohaku?

La rubia pudo sentir un ligero resquemor en ese "Miss" que rara vez usaba, pero evidentemente lo había hecho para marcar que no había sido algo que él hubiera decidido hacer. A pesar de eso, ella asintió y le agradeció con una bonita sonrisa, sabía que Xeno se hacía el duro siempre, pero no era alguien inflexible, a menos que estuviese demasiado enojado o decidido con su camino, como había marcado sus límites en otras situaciones anteriormente.

- Bien, a establecernos en Japón al menos por los próximos seis años, nada mal –Acotó Stan– No he viajado tanto por trabajo en mi vida, sí que este Whyman nos sacó de la zona de confort, ya lo vamos a agarrar de las orejas por las molestias.

Sus subordinados rieron por lo bajo, pero luego él miró a Kohaku y a Neal, y negó suavemente con la cabeza, hablando más bajo luego.

- Aunque no tanto, seré piadoso por un par de cosas que más bien tengo que agradecerle que se hayan dado por su "culpa". Caricia y nalgada, eso va a tener.

El mes pasó volando de tan ocupados que estaban todos, hasta que una tarde se oyó por los parlantes dispuestos en el castillo que los guardias de las torres habían avistado una embarcación acercándose. Se oyó un grito de festejo general, y volvieron al trabajo con más ahínco, esperando la comunicación que avisara que habían llegado a la orilla para correr a recibirlos. Cuando eso se dio, los estadounidenses fueron más medidos y esperaron a que sus colegas entrasen, contrario a los japoneses que salieron muy entusiasmados a recibir a sus queridos amigos.

- ¡Al fin voy a volver a ver a Tsuka-san! –Exclamó Minami, apenas pudiendo contener su felicidad.

- Hyoga-sama y los demás ya están de camino, miren –Señaló Homura con su excelente vista, mucho más calmada, aunque sus ojos rojos también brillaban.

- Voy a volver a desafiar a Hyoga, a ver quién de los dos se volvió más fuerte en este tiempo –Dijo Mozu con una sonrisa fiera.

- Taiju, Ukyo, Magma, Matsukaze, Ginro, Kinro, Yo-kun –Contó Kohaku, también alcanzando a verlos perfectamente– ¡Qué bueno volver a verlos a todos!

Los guardias habían abierto las puertas de par en par, por lo que salieron como un torbellino de felicidad hacia el encuentro, recibiéndolos con los brazos bien abiertos.

- ¡HOLA A TODOOOS! ¡LOS EXTRAÑÉ! –Gritó Taiju, el único entre los recién llegados que corrió al encuentro también– ¡YUZURIHAAAAAAAAAAAA!

Se fueron uniendo en fuertes abrazos, alegrándose de verlos a todos bien, a pesar del evidente cansancio del largo viaje marítimo.

- Kohaku, ¿cómo estás? –La saludó Tsukasa, mientras la rodeaba en un cálido abrazo.

- ¡Muy bien! ¡Y ahora mejor que volvemos a vernos!

- Vamos a conocer a Neal, seguro creció mucho desde la última foto que nos enviaron –Dijo Ukyo con alegría.

- No se imaginan cuánto, ya está empezando a decir algunas cosas y no falte mucho para que camine.

Entraron todos animadamente, los estadounidenses del castillo recibiendo con una sonrisa y mucha más tranquilidad a los invitados, y lo hicieron con un poco más de entusiasmo a sus compatriotas, aunque ni por asomo tan afectivo como los otros, eran más colegas militares que amigos personales. Xeno ya estaba en la entrada para recibirlos, él siempre parado con aire elegante y digno, imperturbable, con Stan a su lado, que cargaba en brazos a Neal porque sabía que Kohaku no iba a aguantar las ganas de presentarles su hijo apenas cruzaran las puertas.

- Bienvenidos, ahora sí entrando por la puerta principal –Saludó con humor Xeno, en recuerdo de la última vez que parte de ese grupo había pisado el castillo.

- Buenas, Tsukasa, Hyoga, Ukyo –Saludó también Stan, acercándose a darles la mano a ellos tres, los que más respetaba. Cuando era obvio que todos los ojos y sonrisas se clavaron en el bebé, lo sostuvo de frente– Les presento a Neal Snyder.

- Qué bonito es, felicitaciones, Stanley, Kohaku –Dijo Tsukasa con suavidad, era emocionante no sólo conocer al hijo de su amiga, sino también ver por primera vez un bebé en el mundo de piedra.

- Los ojos de Kohaku, los rasgos y cabello de Stanley –Observó Ukyo con atención.

- ¡OOOOH! ¡¿ESTE ES TU HIJO, KOHAKU?! –Gritó Taiju muy alegre, antes de que Yuzuriha le hiciera un gesto de que bajara la voz para no sobresaltarlo.

- ¡Taiju! ¡Shhh! –Lo reprendió Kohaku con menos delicadeza, a lo que el grandulón se tapó la boca con las manos– Todavía se pone tímido ante las caras desconocidas, pero les aseguro que le encanta la atención y es muy simpático.

- Capitán Stanley, un gusto volver a verlo –Saludó Charlotte más formal, una vez que logró hacerse lugar por un lado menos concurrido, y apenas pudo contener su expresión de ternura y su sonrojo al ver al bebé– Qué hermoso hijo tiene, no podía ser de otro modo tratándose de usted... ustedes.

- Gracias, Charlotte.

- ¡Ay qué bonito, cosita linda, me lo quiero comer de lo tierno que es! –Exclamó Maya mucho más fuerte, haciendo reír a varios– ¡Stan, Xeno, se ven bien! ¡Qué bueno estar juntos otra vez!

- Lo mismo digo, Miss Maya –Asintió Xeno.

- ¡Charlotte, Maya! –Las llamó Luna con alegría, aunque no se animó a darles un abrazo– ¡Al fin!, bienvenidas.

- Luna, tú también te ves muy bien, estás cambiada –La halagó Maya– Hmm, no sé cómo decirlo, pero te ves más madura.

- ¡Ay, gracias! –Se sonrojó con coquetería la rubia.

- Luna se está convirtiendo en una elegante médica, estudiando con diligencia y guiada por verdaderos profesionales en la materia que revivimos, será ese el cambio –Acotó Xeno.

La joven se sonrojó intensamente ante la explicación, se moría de amor por dentro al oírlo hablar así, aunque fuera una apreciación más bien formal. Las dos mujeres la felicitaron, ignorando que su fuerte sonrojo y repentina timidez no se debían al orgullo de su dedicación y avance, sino a quién lo había dicho y lo que sentía secretamente por él desde hace un tiempo. Parecía ser el único que no se daba cuenta, y ella no se sentía valiente todavía para confesar lo que sentía, todo era tan serio y ambiguo con él que temía su rechazo y no quería poner las cosas incómodas.

- Deben estar cansados, pueden acomodarse en las habitaciones y asearse. Por hoy no se preocupen de trabajar o ayudar –Indicó Xeno, lo cual fue agradecido con alivio.

A pesar de la intención de descanso, y luego de tomar esas sugerencias y acomodarse, había demasiada energía y novedades que compartir como para descansar. Recibieron con mucha alegría la noticia de que pasarían por Japón e iban a anclar uno o dos días para descansar y reponer provisiones antes de seguir la ruta hacia Australia, además de la seguridad de que iban a radicarse en su país definitivamente apenas volvieran. Tsukasa se mostró particularmente emocionado al saber que podría volver a ver a su hermana Mirai al fin, nunca dejaba de pensar en ella y cómo estaría creciendo con los aldeanos, ya que su amiguita Suika se había ido también.

Por la noche temprano cenaron generosamente, por supuesto recibidos con los platos favoritos y deliciosos para festejar, mientras seguían compartiendo anécdotas y novedades. Neal no se hacía mucho de rogar, y había empezado a mostrar sus sonrisas y curiosidad hacia los más amigables del "nuevo" grupo. No tardó en elegir sus favoritos, Tsukasa y Ukyo, se dejó alzar sin mostrarse incómodo y jugó con ellos, muy entretenido también con el cabello largo de Tsukasa, y con el peluche de la capa del luchador y de la ropa de Ukyo, además de buscar quitarle la gorra a cada rato. Kohaku se derretía de ternura, le encantaba ver a los dos hombres tan llevaderos, sabía que Tsukasa tenía experiencia por su hermanita, y era de lo más delicado y cariñoso a pesar de su enorme tamaño y fuerza, y Ukyo por otro lado siempre había sido muy suave y tranquilo. El que lo tenía en su regazo era el castaño, que lo alzaba y bajaba, o lo dejaba al bebé entretenerse con su pelo y ropa mientras hablaba tranquilamente con los demás.

- ¿Me tengo que preocupar de que mi hijo y Kohaku no me busquen con la mirada ni me presten la más mínima atención, porque la están poniendo toda en él? –Le dijo Stan a Xeno en broma, aunque un punto celoso.

- No mucho, pero ya queda claro que si haces algo poco elegante desde hoy en adelante, hay otro postulante para ocupar tu lugar.

- Gracias, qué buen amigo, tu apoyo es reconfortante –Gruñó el soldado entrecerrando los ojos con indignación.

- Tú preguntaste.

Pese a ese momento tomado con humor, Stan estaba relajado y no mostró recelo alguno, por el contrario, le aliviaba que hubiera otras personas en las cuales sabía que podía confiarles el cuidado y entretenimiento de su hijo, fueran hombres o mujeres. No tenía ningún otro amigo o colega que fuera padre, salvo el suyo propio, como para conversar o tener referencia, y a excepción de Xeno, Luna y en ocasiones Brody, ningún compatriota había mostrado interés en vincularse así con Neal, por lo que en el fondo estaba agradecido de tener más figuras masculinas confiables que le agradaran a su niño, fuera de su propia familia y de Xeno.

Desde el día siguiente todos se pusieron a trabajar en terminar el complemento del barco para transportar los materiales, y con gente tan hábil y fuerte los avances fueron muy rápidos. Para la fecha estimada ya estaba terminado, y cargaron todo poco a poco, los materiales y el último prototipo de cohete en proceso. Un puñado de soldados y profesionales revividos iban a quedarse en el castillo para mantenerlo seguro y en buen estado, además de que la producción masiva de maíz seguía estando a cargo de ellos, tanto para alimento como insumo, y harían viajes periódicos para transportar la cosecha, así como lo sucedería con las demás ciudades fundadas en todo el mundo. El último día antes de partir, Xeno llamó a Stan al laboratorio, luciendo muy satisfecho. Cuando su amigo llegó, el científico sacó del bolsillo un paquetito sellado al vacío, demasiado evidente de lo que contenía. Los ojos del soldado se abrieron y brillaron tanto como su sonrisa, aunque se permitió una broma.

- ¿Me estás haciendo una propuesta indecente, Xeno? Me halagas, pero...

- Hazte el gracioso una vez más, y vas a tener que recurrir a la abstinencia, o hacer tus propios condones.

- Me rindo, con eso no se juega –Lo amonestó, y luego alzó las manos en el aire en señal de derrota– ¿Los terminaste a último momento? Nada mal

- No, los tenía listos desde la semana pasada, pero estábamos tan ocupados con lo otro que me olvidé.

- ¿Te olvidaste? No me lo creo. Aunque con todo el esfuerzo que llevaron, estás perdonado. Así que al fin pasaron las pruebas.

- Sí, un ochenta y cinco por ciento de eficacia es lo mejor que se pude lograr con estos materiales. Si se combina esto con algunos brebajes o espermicidas naturales como han hecho las mujeres durante siglos, debería ser suficiente para cubrir el resto.

- ¿Cuántos hiciste?

- Una docena, por ahora, para mantenerlos en condiciones óptimas sin degradarse dado su origen orgánico. Por si te lo preguntas, sí, ya está cargada la maquinaria en el barco, la llevamos con nosotros para continuar la producción.

- Bien, eso será suficiente, habrá que hacerlos valer y administrarlos. ¿Dónde están?

- Guardados entre las cosas de viaje, no es como si los fueras a usar hasta que lleguemos a destino, toca compartir camarotes, si pueden llamarse así.

- Cuando ya te haces a la idea de la abstinencia, unas semanas más no hacen el gran cambio. Pero apenas se pueda, ya sabes dónde encontrarme.

- Creo que el que hará todo lo posible por encontrarme serás tú, Stan.

- Cómo me conoces, eso es un amigo.

Stan le guiñó el ojo y le palmeó el hombro amistosamente, despidiéndose para seguir ayudando con la carga de provisiones. No iba a ser un viaje cómodo, unas cincuenta personas en un barco mediano como ese, pero iban a aguantarlo bien, habían estado en situaciones mucho peores la mayoría.

Por una cuestión de confianza y comunicación, Xeno le pidió a Senku que avisara mediante radio a los de la aldea Ishigami, les iban a tomar unos quince días hacer el viaje desde San Francisco a la aldea, por lo cual ya estarían al tanto de recibirlos y de que les dieran una breve explicación del contingente, con el pedido expreso de Kohaku de que no mencionara que ella había tenido un bebé, esa iba a ser su responsabilidad.

Se repartieron lo más cómodamente que pudieron en el barco. Stan estaba preocupado de cómo iba a llevarse Neal con el movimiento marítimo, aunque por suerte el bebé sólo sufrió malestares y mareos el primer día hasta que fue acostumbrando a la sensación de altamar, y su ánimo volvió a ser el de siempre. A pesar de que allí iba a ser mucho más delicada la cuestión de la higiene, se habían preparado bien. Los días pasaron, hasta que Kohaku se asomó en la proa del barco y alcanzó a ver con su magnífica vista de águila la silueta de la aldea en el horizonte.

- ¡La veo! ¡Ahí está! –Exclamó muy contenta.

- ¿Dónde? –Preguntó Stan, afilando la vista– ¿Qué de todo eso?

- Allí, esas dos islas centrales.

- ¿Cuáles de todas? Hay demasiadas... Me temo que tú sola puedes identificar dos islas diminutas dentro de toda esa masa de tierra.

Kohaku llamó a sus amigos, que conocían de antemano la forma de esas islas, pero para su desilusión ninguno alcanzó a distinguirlas tan bien como ella, ni siquiera Homura que tenía también una muy buena vista. Por lo que tuvo que lidiar sola con su emoción e impaciencia de llegar pronto.

Del otro lado, una hora después, fue Ruri la que sintió un repentino impulso de mirar al mar, y sus ojos se abrieron mucho con sorpresa cuando vio una doble embarcación de camino hacia allí.

- ¡Ya están aquí! ¡Papá, mira! –Exclamó la sacerdotisa.

Ante el llamado de la joven, todos los aldeanos salieron de sus casas y se asomaron también, dando saltos y gritos de alegría para darle la bienvenida a Kohaku y los demás. Sabían que además venían con un gran grupo de desconocidos, los nuevos aliados estadounidenses del reino científico, que por lo que habían recibido de la comunicación de Senku, eran de confianza y "se llevaban muy bien".

Al oír los gritos a la distancia, Kohaku volvió a salir a la proa del barco y alzó los brazos para saludar, ya con lágrimas de felicidad inundando sus ojos, entorpeciendo su perfecta vista que había alcanzado a ver a su dulce hermana y a su padre entre la multitud. Quince minutos después habían llegado y anclado el barco, preparando la escalerilla para que pudieran bajar de forma segura. No tenían apuro en descargar lo demás, por lo que toda la comitiva salió del barco haciendo su propia multitud, con Kohaku, Stan, Xeno y algunos de los japoneses a la cabeza. El soldado era el que llevaba a Neal en sus brazos, todavía no sabían cómo iban a presentarlo, aunque la prioridad era darle su espacio y momento emotivo a Kohaku con su familia, luego vendrían las siguientes emociones fuertes del día.

En cuanto ella y su hermana se vieron, corrieron una hacia la otra y se encontraron en un fuerte y largo abrazo, las dos derramando ya sus las lágrimas. Ruri acunó las mejillas de su hermana menor y la miró en detalle, tratando de asegurarse que estaba bien y sana.

- ¡Estás bien, Kohaku! ¡Te ves bien!

- Tú también Ruri, qué alivio. ¡Te extrañé tanto!

- El alivio es mío, dos años sin saber nada de ti, no te creas que fue fácil. Estuvimos comunicados con Senku, pero nos pareció muy raro que se dividieran y tú no fueras con ellos, tampoco nos dio muchos detalles del motivo. ¡Tanta incertidumbre, estaba preocupada por ti, hermana! ¡Siempre eres tan temeraria y te exiges mucho!

- No, bueno... No fue así esta vez –Dijo Kohaku nerviosa– La verdad es que...

- ¡Kohaku!

El otro que llegó corriendo en ese momento, muy alto y agitado, era Kokuyo, que no dudó en abrazar a su hija con fuerza.

- ¡Papá! ¡Los extrañé mucho a los dos! Ya estoy en casa...

- Sí, lo estás... Bienvenida, hija. No sé dónde te metiste todo este tiempo, ya nos vas a dar unas buenas explicaciones. Pero estás a salvo, estás bien.

- Estoy más que bien, y no estoy sola.

- No, eso lo veo... Cuánta gente. Veo caras conocidas, y... ooh.

Su expresión de sorpresa se debió a que vio acercarse a los que tenían toda la apariencia de ser los líderes estadounidenses, dos intimidantes hombres, cada uno a su forma. Aunque lo que más le llamó la atención fue ver al peli-plateado con un niño muy pequeño en brazos, abrazándolo protectoramente. El pequeño tenía el mismo color de cabello que él, apenas un tono más rubio, por lo que debía de ser su hijo. Los dos hombres se detuvieron frente a los tres, y Stan fue el primero inclinar su cabeza con respeto hacia Kokuyo, mientras se presentaba con el nombre completo, luego Xeno, ya que suponían que los de la aldea no tenían la costumbre de saludarse con un apretón de manos. El soldado se puso un poco nervioso al conocer al fin al padre de Kohaku y por cómo se fijó en Neal, se veía fuerte e imponente a pesar de su edad más madura, aunque no parecía tener más de cuarenta y cinco años, era bastante más joven que su padre. Era un poco más alto que él, y bastante más corpulento.

- ¿Vienen con un niño tan pequeño desde allí? Es apenas un bebé –Preguntó Kokuyo incrédulo– ¿Eres el padre?

- Sí, así es –Respondió Stan, con una sonrisa un poco tensa.

- Qué bonito es, tiene una carita muy delicada –Los ojos del ex-jefe se abrieron más al poder al fin verle bien el rostro al pequeño, y los ojos bien abiertos– ¡Oooh! Mira, Ruri, qué especial, tiene el mismo color de ojos que tú y Kohaku. Y tiene...

La tierna sonrisa de Kokuyo se congeló en ese instante, así como no pudo terminar lo que iba a decir, cuando la realización llegó a su mente. Miró al hombre llamado Stanley, del cual el niño era una copia miniatura y adorable, luego miró a su hija menor, que estaba al lado de él, y finalmente al bebé que casualmente estaba en medio de ambos en ese momento. Empezaba a entender por qué le había parecido tan familiar el bebé. La respiración también le quedó anulada por unos momentos, cuando rígidamente miró al costado para buscar a Ruri con los ojos, y se encontró con que ella también tenía los ojos muy abiertos, y se tapaba la boca con ambas manos. Como si fuera lo último que necesitaba para confirmarlo, en ese momento Kohaku tenía una expresión incómoda y nerviosa, sonrojada.

- ¿Kohaku...? ¿Hija? E-ese bebé, se parece...

- Es mi hijo –Lo tomó en sus brazos para sostenerlo y acercárselos– Papá, Ruri, les presento a Neal, tiene casi un año.

- ¿Qué? ¿Cómo... Cuándo? Kohaku, ¿en qué momento te casaste y tuviste un hijo? No te fuiste tanto tiempo, y no conocías de antes a ese hombre. No lo entiendo, y Senku no dijo nada de eso.

- Hmm... No estamos casados, papá.

- ¿Cómo que no?

Aún más confuso, Kokuyo miró de uno en otro, barajando en su mente las posibilidades. Dado lo poco que se había enterado de parte de Senku, esas nuevas caras habían sido enemigos por un buen tiempo, hasta que se pusieron de acuerdo para colaborar contra el enemigo común. Eso no daba mucho lugar a romance, mucho menos al deseo de formar una familia, y en especial considerando lo poco que le habían interesado esas cosas a Kohaku, hasta dudaba que alguna vez quisiera casarse por deseo propio. Todo eso lo llevó a una conclusión que distaba mucho de una optimista, y que no estuvieran casados ni su hija lo hubiera presentado como su novio o algo así, le ensombreció el rostro. Clavó sus ojos café con repentina fiereza y sospecha en los azules del hombre que era el progenitor del bebé, y dio un paso firme hacia él, con los puños apretados.

- Tú, ¿qué le hiciste a mi hija?

Stan se tensó al ver la clara amenaza, cauto. No estaba seguro de qué contestar, por lo que sólo lo miró.

- ¿Te aprovechaste de ella? ¿La forzaste? –Acusó Kokuyo, con los ojos filosos de ira– Miserable, tú...

- No... señor, no fue así –Negó con rapidez, alzando las manos para estar listo para defenderse, aunque quería evitar una pelea a golpes, nada podría ser peor que eso.

- ¡No, papá! –Intercedió Kohaku, abrazando a Neal más fuerte contra ella y poniéndose delante de Stan, su padre no quitaba la furiosa vista del rostro del soldado– ¡No me hizo nada malo, ni me obligó!

- ¡¿Nada malo?! ¡Profanó a mi hija, fuera de un matrimonio bendecido por los dioses! –Exclamó Kokuyo.

- ¡Fue mi decisión, yo así lo quise!

- Si supiera que precisamente yo no la profané... –Murmuró con sorna Stan en inglés, mirando a Xeno, mientras protegía a Kohaku y a Neal con sus brazos, y los giraba de lado para volver a ser él quien estuviera de frente a la furia del padre.

- ¡Y no dudo que él también lo quiso! –Contestó Kokuyo a su hija en tono entre burlón y acusador, fulminando con la mirada al peli-plateado.

- ¡PERO YO LO AMO! –Gritó Kohaku más fuerte, con lo que Neal empezó a gimotear al borde del llanto, incómodo, y Kokuyo se calló, boquiabierto– Él también me ama, y decidimos estar juntos desde antes que nuestro hijo naciera, ¿no es eso suficiente?

- Kohaku... –Ruri fue la que dijo su nombre, sorprendida también.

- Estoy segura que los dioses me lo perdonarán. No tienen idea por lo que pasamos antes de este momento, no fue fácil, para nadie. Quizás no sean las formas tradicionales, pero tampoco es como si fuese la primera vez que no las cumpliera, y tampoco me fue nada mal, ¿no? –Hizo una pausa para mecer y tranquilizar a Neal con un dulce susurro y besos, hasta que el bebé se calmó– Y más allá de las formas, mira, papá, él es tu nieto. ¿No quieres conocerlo?

- Eh... Claro que sí –Admitió Kokuyo, ya más tranquilo, con el corazón ablandándose inmediatamente ante la inocente y bella criatura.

- Vinimos antes de tiempo porque yo lo pedí, significó un trabajo enorme de parte de todas las personas que ves aquí, porque quería que tú y Ruri lo conocieran y pudieran celebrar con él su primer año, que va a cumplir en poco más de un mes. Me gustaría que lo aceptes, tanto como a Stan y a los demás. ¿Puede ser, papá?

- Si lo pones así, sabes que no podría decirte que no. Está bien.

Kohaku suspiró aliviada y al fin pudo sonreír nuevamente, mirando con confianza a Stan que también se relajó. Ruri apoyó con cariño su mano en el brazo de su padre, y luego se acercó a su hermana y su sobrino para verlo mejor.

- Es hermoso, Kohaku, te felicito –Le acarició con dulzura el rostro al pequeño, que se veía sorprendido ante la nueva cara, que a la vez era muy parecida a la de su madre– Ahora creo que entiendo un poco más, me alegra que estés bien.

- Gracias, Ruri –Sostuvo a Neal rodeándole la cadera y dejándole el resto del cuerpo libre– Neal, ella es tu tía Ruri.

- Hola, Neal –Lo saludó la rubia con ternura, sonriéndole ampliamente, mientras lo acariciaba con suavidad– Es un gusto conocerte.

- Es un poco tímido con caras nuevas, pero es un niño muy risueño y que le encantan los cariños.

- Me lo puedo imaginar. Papá, acércate para que el bebé te conozca, eres su abuelo.

Con un poco de culpa por su anterior reacción furiosa e impulsiva, Kokuyo se acercó con timidez. Riendo suavemente, Kohaku se acercó con más confianza, y alzó a Neal estirando los brazos para que quedara a la altura del rostro de su padre, ya que el hombre era bastante más alto que ella. Por más bravo que pareciera él, sabía que en el fondo era un hombre que se preocupaba mucho por el bienestar de sus hijas, y que nada lo haría más feliz que tener a la familia junta.

- "Su abuelo"... Soy abuelo –Repitió en voz baja, sin terminar de creerlo, y al fin empezando a asimilarlo– Es mi nieto.

Kohaku asintió con una sonrisa, viendo cómo los ojos de su padre empezaban a brillar con emoción contenida, y levantó las manos tímidamente como para sostenerlo. Sin dudarlo, la rubia le dejó agarrar al bebé, que se quedó con los ojos aguamarina muy abiertos y muy serio, ya que no reconocía al hombre. Kohaku se puso al lado sonriendo para darle tranquilidad, lo cual pareció funcionar un poco, ya que aflojó su pequeño ceño.

- ¿Neal, se llama? Nombre extranjero. Pero le queda bien, suena noble.

Con evidente experiencia, Kokuyo lo sostuvo de una forma más segura y firme, acercándolo a su cuerpo, y se derritió al instante cuando reconoció la misma mirada de su hija pero en miniatura, esos ojos verde-azulados grandes y brillantes, curiosos. Le tocó la cabecita con afecto y cuidado, su mano podía ser muy grande para el bebé, y luego le acarició la barriguita. No supo si fue simpatía o cosquillas, pero en ese momento Neal mostró una pequeña sonrisa, abriendo la boca. El ex-jefe quedó boquiabierto de sorpresa y ternura, maravillado.

- Oh, mi niño... Míralo, qué bonito cómo sonríe.

- Y eso porque no lo conoces riendo, ya cuando entre en confianza lo vas a oír, ama reírse y jugar.

Los ojos de Neal se dirigieron a la poblada barba castaña de su abuelo, nunca había visto una así, su otro abuelo Jacob tenía una barba mucho más cortita. Curioso, abrió su manito para tocarla, hundiendo sus dedos y cerrándolos entre todo el pelo esponjoso y enrulado, y sonrió más amplio.

- ¿Te gusta la barba del abuelo, Neal? –Preguntó Kohaku con voz dulce, a lo que su bebé la miró y sonrió aún más a su madre.

- ¡Baaaa! Ba...ba... –Balbuceó en respuesta.

Ruri dejó salir un gemido de ternura agudo, al oír por primera vez la tierna voz de su sobrino, era demasiado precioso ese pequeño. Kokuyo, por su parte, ya tenía los ojos brillantes y anegados en lágrimas de felicidad, su nieto era todo un encanto. La emoción y la realidad de que era su nieto le llegaron de pronto, en forma de un torbellino de pensamientos y sentimientos mezclados. Dejó que el bebé jugara con su barba, y cuando la soltó, lo devolvió a los brazos de su madre. En ese mismo momento, una mujer madura de gran belleza y apariencia extranjera, caminó hacia él tomada de la mano de otro hombre de su edad. No tardó en percatarse del parecido que tenían con el hombre que era la pareja de Kohaku. Los dos se detuvieron delante de él, y la mujer habló primero, en un tosco japonés con marcado acento extranjero, copiando la inclinación de cabeza a modo de respeto primero.

- Un gusto conocerlo, señor Kokuyo. Yo soy Sarah, y él es mi esposo Jacob, somos los padres de Stanley. También para nosotros fue una sorpresa hace unos meses encontrarnos con que éramos abuelos de este hermoso niño, y compartimos como usted al principio algunas dudas de lo... repentino que se dio todo. Sólo quiero asegurarle que mi hijo es un hombre noble y de buen corazón, pudimos comprobar cuánto cuida y ama a su hija Kohaku, así como al bebé.

- Eeh... Sí, perdón –Se excusó Kokuyo.

- Y sólo entre usted y yo –Sarah bajó la voz y sonrió cómplice– También me indigné de que no estuvieran casados, pero es cuestión de tiempo que eso cambie, ya lo hablaron.

- Sarah... –Dijo en tono reprobatorio Jacob, porque hablara de más.

- ¿Qué, cariño? –Contestó su esposa en inglés, en tono firme– Seguro le da más tranquilidad al hombre, su joven hija es madre y debe querer asegurarse al menos de que Stan sea responsable y no la abandone.

- Pero podías esperar a que Kohaku se lo dijera ella misma.

- No está de más que sepa que tiene el apoyo de sus consuegros en ese tema. No diré más.

- Madre, ¿pueden dejar el cotilleo que él no entiende, por favor? –Susurró Stan entrecerrando los ojos en advertencia. Luego se dirigió a Kokuyo, pensando en dirigirse más apropiadamente, y queriendo dar una mejor impresión con su mucho más fluido japonés– Kokuyo-san, puedo confirmar como dicen mis padres que yo estoy comprometido a cuidar de Kohaku y de Neal por el resto de mi vida, no sólo por obligación, sino porque de verdad amo la amo, y nuestro hijo es todo para mí. Luego le daremos todas las explicaciones y detalles que desee saber, le ofrezco mis disculpas por lo repentino y la confusión.

- Qué elegante –Murmuró Xeno, satisfecho con el discurso de su amigo.

- Sí, luego hablaremos bien –Asintió Kokuyo, ya sin mirarlo con desconfianza– Cuento con que así sea, Stanley.

Kohaku se animó a tomarle la mano a Stan y apretarle con afecto los dedos, sonriéndole a ambos. Estaba aliviada que ya habían pasado lo más difícil, esa presentación era lo más incierto y que temía, justamente por la reacción y lo protector que era su exigente padre. Vio a Kokuyo extender el brazo a un lado, señalando la aldea, a modo de invitación, y cuando iba a hablarle con más ánimo, se sorprendió de percatarse de los ojos repentinamente opacos de su padre, que se giró y caminó para volver en silencio. Ruri y ella intercambiaron una mirada extrañada, a las dos le había parecido rara esa repentina actitud desanimada. Sonriendo con un poco de tensión, la sacerdotisa invitó con educación y gentileza a toda la comitiva a conocer la aldea y acomodarse, por suerte del lado del reino científico había cabañas para que pudieran estar bajo un techo. Los ojos de la hermana mayor brillaron cuando al fin pudo saludar con más afecto a sus conocidos, Yuzuriha, Taiju, Minami, Tsukasa y los demás, aliviada de ver caras familiares y mucho más cálidas.

Sin embargo, Kohaku quedó preocupada de ver cómo su padre seguía alejándose por su cuenta, y le dijo a Stan que siguieran a Ruri, mientras ella iba a hablar con su padre. Prefirió llevarse a Neal, intuyó que el pequeño podía ayudar. Caminó con rapidez hasta alcanzarlo, aunque no le habló ni entorpeció su paso hasta que entraron en la cabaña principal que él habitaba. De pasada, saludó a los aldeanos, lamentando no poder hacerlo con más afecto, además de percibir las miradas curiosas por el bebé que cargaba en brazos. Cuando lo vio sentarse con pesadez en su asiento y que seguía teniendo esa mirada triste en sus ojos, se sentó a su lado y le habló con suavidad.

- Papá, ¿todavía estás enojado conmigo? Perdón... Pasaron muchas cosas en estos dos años, entiendo que sea demasiado.

- No estoy enojado, Kohaku. Al menos no ahora que entiendo que no te pasó nada malo, y que de alguna forma tú quisiste que eso pasara. No digo que esté de acuerdo, pero también sé que ya no eres una niña.

- Ah... Bien –Contestó la rubia.

- Sólo estoy desconcertado, y un poco desilusionado. ¿Tanto me odias por cómo te traté cuando eras más joven, hija?

- ¿Qué dices, papá? ¿Odiarte? ¡No, para nada! –Repitió Kohaku sorprendida– ¿Por qué lo dices?

- Porque en todo este tiempo no tuvimos palabra de tu parte, ni quisiste decirnos algo tan importante como que estabas embarazada y que tuviste un bebé. Un hijo, por todos los dioses...Tú "sola" allá, pasando todo eso. Tanta ciencia, la radio y lo demás, se suponía que con eso podíamos hablar a largas distancias, y en parte lo hicimos con Senku, que nos daba indicaciones de un trabajo grande aquí. Pero tú no mediaste palabra con nosotros, que estábamos tan preocupados por no saber qué estaba sucediendo allí tan lejos –Se calló de pronto y respiró profundo, cuando su voz se quebró– Estoy un poco triste, hija, no me esperaba eso.

- De verdad lo siento, papá –Dijo Kohaku con congoja, tomándole la mano a su padre, luego de sentar a Neal en su pierna y abrazarlo por la cintura para tenerlo seguro– No fue mi intención, sólo que pensé que, si les contaba algo así, cuando no podíamos vernos ni viajar para encontrarnos, iba a ser peor, mucha más ansiedad e incertidumbre para ustedes. Y el tiempo fue pasando, demasiado rápido, mientras lidiaba con los primeros difíciles meses de tanto cambio, y de vivir sólo para atender al bebé día y noche.

- A eso me refiero... Y más cuando nos enteramos que se habían separado en tres grupos, y tampoco entendimos por qué no estabas con Senku, ni con Tsukasa, que era como el segundo líder del grupo de ustedes. Tuviste que aprender a ser madre sola, seguramente.

- Sí en la práctica, pero tuve mucha ayuda y apoyo de todos, no me faltó nada. No lo crié sola, papá, si supieras todo lo que me contuvo Stan, él también se desvelaba día y noche para atenderlo y darle tanto cariño. Xeno también lo cuidaba todos los días, Luna que le controlaba la salud, Yuzuriha que le hacía ropa cómoda y bonita, los demás hasta le hicieron juguetes, y así muchas cosas más.

- Me hubiera gustado verlo –Murmuró Kokuyo con una sonrisa triste, mirando al pequeño que jugaba con el shimenawa atado a la cintura de su madre. Le acarició la cabecita con delicadeza– Al menos ahora están aquí. Perdona hija, ya tienes suficiente con todo, no me hagas caso, ya me haré a la idea y se me pasará.

- Tú no tienes que pedirme perdón, papá... Y para que sepas, los estuve pensando todo este tiempo, los extrañé mucho a Ruri y a ti. Cuando estaba embarazada, cuando Neal nació, en cada festejo que hacíamos. No dejé de pensar en cuánto quería que ustedes también fueran parte de eso, por eso apenas tuve la oportunidad les dije a Stan y Xeno que quería volver aquí, sola o acompañada.

- Gracias, al menos eso es un consuelo. Pero lo mejor será dejar esos lamentos atrás, están aquí ahora, eso es lo importante.

- Y para quedarnos, papá, por muchos años. No me volveré a ir –Aseguró, mirándolo a los ojos.

- Eso sería lindo, ver crecer a mi nietito, y poder ayudarte, aunque parece que no van a faltarle abuelos, ya somos tres.

- Va a ser lo más lindo, gracias.

- Y dime... ¿Realmente eres feliz con ese hombre, Stanley? Se ve bien, parece un guerrero fuerte, apuesto, pero no sé cómo serán los extranjeros.

- Es todo eso y más –Confesó con una risilla feliz Kohaku, sonrojada– Todavía no lo conoces bien, pero además de ser muy habilidoso, te sorprendería lo cariñoso y gentil que es conmigo, y lo blando que es con Neal, con él pierde toda su disciplina y seriedad.

- Solemos ser así los padres –Sonrió Kokuyo con nostalgia– A ti y a Ruri, cuando eran pequeñas, les perdonaba todo.

- Stan se desvive por nosotros, si supieras todo lo que hizo para contentarnos y hacernos cosas especiales. Como guerrero y líder es muy intimidante y habilidoso, da miedo lo bueno que es en lo suyo, pero sólo es así de severo en esos casos, cuando está relajado y en confianza es de lo más comprensivo y dulce, de verdad es un hombre especial, muy atento.

Kokuyo se le quedó mirando en silencio luego de que ella terminó de hablar, con una pequeña sonrisa en el rostro. Kohaku lo notó, y se removió incómoda cuando él no dijo nada más que tener esa expresión.

- ¿Qué pasa?

- Nada... Que de verdad puedo ver que lo quieres mucho, que lo amas, y tal parece que él a ti también –Dijo con voz serena– Eso me da mucha tranquilidad, que vas a tener una buena vida, una linda familia, es todo lo que quiero para ti, Kohaku, así como para Ruri. Y molería a golpes al que no fuera digno y las lastimara de alguna forma.

- Papá... –Susurró con emoción la rubia.

- Aunque sé que tú sabes defenderte bien, nunca vi una joven con tanta fuerza y carácter, creo que debo tener un poco más de compasión con "Stan" –Bromeó, con más humor.

- Si supieras... –Admitió con picardía la joven, y suspiró– Me siento mucho mejor de haber podido aclarar esto contigo, papá.

- Gracias por venir y hacernos parte del crecimiento de tu hijo. Si no entendí mal, movilizaste a todas esas cincuenta personas para llegar aquí. Eres una gran líder, o te quieren mucho.

- Ese fue Stan, en realidad –Confesó con culpa– Que él no quería dejarme venir sola, quería presentarse también, y tampoco quería dejar atrás a Xeno y el proyecto del cohete, así que puso a todos a trabajar duro.

- Oh... Entonces, además de lo tuyo, que no retiro lo dicho...Él es un gran líder, y te quiere mucho.

- Sí, lo es, aunque el líder científico y general es Xeno, pero los guerreros responden a Stan. Bueno, los dos son líderes a la par, son casi inseparables, y yo confío en ambos.

- Ya vas a explicarme bien todo eso, por el momento ya tengo demasiada información que procesar –Suspiró, resignado– Una hija sacerdotisa divorciada, y la otra con un bebé y sin casarse. Bueno, al menos todavía no me perdí la boda de ninguna de las dos, si es que va a haberlas...

Sin dejarla responder ni mirarla, para no perder la esperanza con su siempre transparente y directa hija, Kokuyo se puso de pie y salió de la choza, dispuesto a ser un mejor anfitrión con sus invitados y nuevos residentes, mucho más animado que antes. Apenas salieron, los aldeanos estaban reunidos cerca, y en ese momento sí Kohaku pudo saludarlos y abrazarlos con más cariño, presentando a su hijo, lo que dejó atónitos a todos por igual, aunque la felicitaron a pesar de la confusión. La curiosidad se disparó cuando ella dijo que su pareja estaba ahí, describiendo brevemente a Stan para que lo reconocieran de entre todo el grupo de extranjeros, y los aldeanos mostraron igual incredulidad al recordarlo, uno de los líderes y más guapos hombres que habían visto. Las tres hermanas Garnet, Ruby y Sapphire se mostraron tan conmocionadas por eso como internamente desilusionadas de que ese hombre no estuviese ya disponible.

Luego de ese esperado reencuentro con todos, Kohaku y Kokuyo se dirigieron juntos hacia el reino científico, donde veían a lo lejos a la gente acomodarse en las distintas cabañas, había muchas nuevas que habían construido en los últimos dos años como preparación para alojar a la civilización despetrificada, y gracias a eso había lugar para todos.

Los ojos de las hermanas se encontraron, y la menor le sonrió con confianza, devolviéndole la tranquilidad a la otra con respecto a lo que había pasado con el padre de ambas. Al verla venir, Stan, Xeno y Luna se asomaron, interesados en saber si todo estaba bien, ellos también habían percibido el aire desanimado del hombre.

- Ya hablé y aclaré algunas cosas, estamos bien.

Los tres sonrieron con alivio, eso hacía mucho más fácil las cosas para todos, sería de lo más inconveniente si habían viajado para asentarse en ese país, y acababan siendo recibidos con roces y malas caras.

- Kohaku –La llamó Kokuyo– ¿Todos los extranjeros hablan nuestro idioma?

- No... Stan y Xeno sí lo hacen, Luna –Señaló a la joven rubia– entiende más de lo que puede hablar, y los padres de Stan hablan un poco más, pero están como Luna. Los demás creo que no entienden ni palabra.

- Eso será un problema...

- No tanto, tú dime a mí, nuestros amigos, Stan o Xeno, y ellos pasan el mensaje en inglés a los demás. Así hemos hecho todo este tiempo, y funcionó bien.

- Bien, diles que para esta noche los de la aldea Ishigami les prepararemos un gran banquete de bienvenida.

- Ah... ¿Hoy? –Preguntó Kohaku, sorprendida.

- Pues sí, es la bienvenida.

- Hmm, bueno, está bien.

- ¿Hay algún problema, hija?

- No, no... Sólo que había algo que quería hacer, pero me apuraré y ya, no te preocupes. Tienes razón, es la mejor bienvenida que podemos darles.

- ¡Que los extranjeros conozcan la generosidad de la aldea Ishigami! –Exclamó orgulloso y animado, dándole unas palmadas en el hombro.

Kohaku no quiso pisotearle el orgullo al decirle que lo más delicioso y cómodo que podían ofrecer a los estadounidenses, era apenas una sombra de las comodidades diarias en el castillo de Xeno. Luego de pasar el mensaje, la realidad era que todos estaban bastante cansados del largo viaje en el pequeño barco, por lo que la mayoría quiso hacerse una buena siesta, algunos dentro de las cabañas y otros al aire libre. Incluso Stan y Xeno quisieron dormir al fin en un lugar sin el movimiento de mecerse en el mar, lo cual era suficiente para evidenciar la necesidad de descanso general, ya que tenían la oportunidad.

- ¿Dormimos una siesta juntos con el renacuajo? –Sugirió Stan, rodeándola por detrás.

- Eeh... No, yo estoy bien. Tengo algo que hacer primero, duerme tú con él.

- Un ratito, princesa, tú también lo necesitas.

- No, no, de verdad. Alimento a Neal para que esté satisfecho y se duerma, y tengo que salir a hacer algo, quizás me tome un tiempo.

- Ese "algo" me está dando intriga... ¿No necesitas ayuda, así lo terminas antes, y luego dormimos?

- No, Stan, es algo que yo tengo que hacer –Insistió con firmeza.

- De acuerdo, tú sabes mejor. Te acompañaré hasta que Neal se quede dormido... O yo, el que caiga primero.

Una media hora después, dejando al bebé profundamente dormido junto a su padre, Kohaku se escabulló sigilosamente de la cabaña, y en lugar de ir hacia la aldea, se dirigió hacia la choza científica de Chrome, donde creía que todavía podía haber algo de lo que ella necesitaba, en lugar de ir a buscarlo a la aldea y tener que dar explicaciones. La realidad era que también se sentía agotada, le hubiera encantado dormir esa larga siesta, pero quería que lo que tenía en mente estuviera listo para esa noche, era la ocasión perfecta. Trató de ser lo más silenciosa que pudo, dedicándose a su tarea con mucha concentración ya que ese no era su fuerte, pero el que solía hacerlo no se encontraba presente.

Le tomó más de dos horas preparar y hacer lo que tenía en mente, y quedó bastante satisfecha con el resultado, aunque era evidente que no destacaba por su prolijidad digna de un artesano. No le había dicho a nadie dónde iba para que no la interrumpieran, por lo que cuando estaba todavía con su tarea pudo escuchar las voces de los demás preguntándose dónde estaría, aunque no se animaban a preguntarle a Kokuyo o los aldeanos. El único que sabía dónde se encontraba debido a su fino oído fue Ukyo, pero era muy discreto y no dijo palabra, ofreciéndose en su lugar a preguntar en la aldea.

Esperó a que se dispersaran un poco los demás para bajar y reaparecer, mostrándose toda tranquila de que había terminado su tarea. Xeno le pidió que la acompañara para presentarle el terreno que ella conocía mucho mejor, de forma de poder planear dónde podían establecer las bases operativas donde construirían las partes del cohete, ya que el ensamblaje y lanzamiento final ya habían elegido que sería en la "Isla del tesoro" dada su cercanía al Ecuador. El científico le especificó qué condiciones debía cumplir el terreno, y ahí fue cuando Ukyo siempre eficiente le recordó a Kohaku que debían de estar guardados lo planos que habían hecho años atrás con el globo aerostático. Para empezar, tenían que estar en el lugar más cercano posible al reino científico, ya que no podían perder mucho tiempo en desplazarse ida y vuelta todos los días, al menos hasta que pudieran construir un medio de transporte terrestre más cómodo.

Dedicaron el resto de la tarde a tomar esas decisiones para ya empezar a trabajar al día siguiente, el primer mes iba a ser mucho más laborioso dedicado a armar todas las estructuras apropiadas. Al anochecer, Ruri se acercó para decir que ya estaba listo el banquete, que se celebraría en el centro de la aldea. Podía ya escucharse desde el puente cómo sonaban los instrumentos musicales artesanales para animar la noche, alrededor de una enorme fogata. Los cocineros del castillo se habían ofrecido a cocinar en el barco para buscar el punto equilibrado para contentar todos los paladares y ayudar a hacer la comida tan abundante para alrededor de un centenar de personas, que era la cifra que sumaban entre todos.

Como no podía ser de otra forma, el centro de atención y generador de infinitos grititos y suspiros de ternura fue Neal, que estaba muy divertido e interesado en la gran fogata, así como escuchaba la música y balbuceaba o estiraba sus bracitos para tocar los instrumentos musicales, y ver de qué se trataba, estallando en graciosas carcajadas cuando sentía la vibración de los instrumentos bajo sus dedos. Fue una gran oportunidad también para que los aldeanos empezaran a conocer y confiar en los estadounidenses, Stan lo hacía con mucha facilidad con todo su carisma y la ternura que despertaba especialmente en las mujeres por lo lindo que se veía jugando y mimando a su hijo. Kokuyo y Ruri también miraban embelesados a Neal, y el ex-jefe no tardó en mirar con buenos ojos al soldado gracias a lo confiable que se veía, además de que pudo comprobar que siempre estaba atento a Kohaku, y tenía una mirada muy dulce hacia ella, lo que le bastó para aceptarlo para sus adentros a ese hombre. El pequeño fue sin dudas el eslabón para conectar a los dos grupos, dando lugar a una bonita y alegre velada.

- Ahora y aquí muchas cosas tienen más sentido –Dijo Stan, mirando alrededor.

- ¿Qué cosas? –Preguntó Kohaku, ladeando la cabeza.

- Que, a pesar de estar en Japón, la mayoría de los aldeanos tienen una apariencia bastante occidental, como tú.

- Eso fue una de las primeras cosas que notamos de Kohaku –Recordó Xeno, asintiendo– Su parecido a Lillian Weinberg, y su hermana tiene uno aún mayor. No es de extrañar, siendo que el origen de esta aldea lo conformó la descendencia de seis astronautas, de los cuales uno sólo era japonés, Byakuya Ishigami.

- ¡Oooooooh! –Gritó Luna con sorpresa de pronto– Espera, ¿de verdad? ¡¿Eres descendiente de Lillian Weinberg, Kohaku?!

- ¿Recién te enteras? –Inquirió Xeno, alzando una ceja.

- Sí... Bueno... Perdón –Murmuró con pena, bajando la mirada– Me parecía que me hacía acordar a alguien, pero nunca le presté atención a la historia completa porque no los entendía cuando hablaban japonés, y tampoco es que salió mucho el tema en otras ocasiones.

- Luna, tranquila. Todos se sorprenden, aunque yo no tengo ni idea quién era esa mujer, más que una buena cantante, así que no entiendo por qué se emocionan tanto –La consoló Kohaku.

- Tampoco es que cambia mucho –Stan se encogió de hombros– Sólo que es curioso que, pese a los cientos de generaciones de por medio, todavía algunos se parezcan mucho a sus primeros progenitores.

- Es verdad. Rusos y estadounidenses en su mayoría, se nota el gen –Acotó Xeno.

- Nunca nos dimos cuenta hasta que conocimos a Senku, Tsukasa y lo demás –Reconoció Kohaku– ¡Ja! Es bonito pensar que estamos conectados a través del tiempo, y cómo vivimos tanto cerca a pesar de los miles de años que pasaron, y ahora ustedes están aquí también. Ah...

Kohaku dejó salir esa suave exclamación como si se hubiera acordado de algo, y llamó la atención de los otros tres, en especial cuando la vieron de pronto con una expresión ansiosa.

- ¿Qué pasó? –Preguntó Stan.

- Creo que este es un buen momento para algo...

- Volvió el "algo" a escena, ya dinos de qué se trata, princesa.

Con una sonrisa un poco nerviosa, Kohaku se puso de pie y se alejó caminando rápido, generando aún más confusión y curiosidad de los que la vieron irse, cruzando el puente en dirección al reino científico. Un par de minutos después volvió, con una vasija de barro grande en las manos. Volvió a su lugar, y en vez de sentarse, se paró delante de Stan y Xeno, llamando la atención de los demás pidiéndoles silencio. Nadie sabía lo que pretendía, incluso Kokuyo y Ruri se acercaron con mucha curiosidad.

- ¿Kohaku? –Preguntó su padre– ¿Qué tienes ahí?

Como era bien alto y alcanzó a asomarse detrás de ella, abrió ligeramente la boca con sorpresa cuando vio el contenido de la vasija de boca ancha, y entendió al instante lo que eso significaba, por lo cual apoyó su mano en el hombro de ella y le sonrió, asintiendo. Kokuyo le dijo por lo bajo a Ruri de qué se trataba, y ella también sonrió con los ojos brillantes.

- Hice algo que es muy importante y simbólico para nuestra aldea, y si bien ustedes recién llegan, es una forma de reconocerlos y hacerlos parte. Darles la bienvenida a su nuevo hogar y comunidad, además de que ya los considero como parte de mi familia, o eso es lo que me gusta pensar –Explicó Kohaku, mirando a Stan y a Xeno. Luego miró a su padre– Papá, como ex-jefe de la aldea, ¿quieres hacerlo tú?

- No, no, hazlo tú, hija, está bien –Rechazó Kokuyo con amabilidad– Además, tú eres la que conectará ambas comunidades, es lo justo.

- Bien, gracias. Primero a Neal, entonces.

El silencio y la curiosidad creciente eran notorios, Kohaku se arrodilló en el piso para quedar a la altura de su hijo, y sacó de la vasija una larga y fina cuerda, que apenas los aldeanos la reconocieron, dejaron salir un gemido de ternura y aceptación. Kohaku le ató la cuerda como un cinto a Neal, haciéndole el tradicional nudo.

- Es nuestro shimenawa –Explicó la rubia a los estadounidenses, que también se estaban dando cuenta– A todos los que viven en esta aldea y comunidad se les entrega para reconocerlos como parte de ella, como uno de nosotros.

- Oh, nada mal –Dijo Stan con suavidad, mirando con ternura a su hijo.

- También hay para ustedes –Dijo con una sonrisa confiada Kohaku, y se acercó primero a Xeno– Me gustaría hacerles a todos, pero no tenía tiempo ni materiales, así que decidí hacerles a ustedes dos, que son los más importantes para mí también.

- Qué elegante, gracias –Dijo el científico con una pequeña sonrisa y los ojos con un bonito brillo, poniéndose de pie para recibir la suya.

- Ya sé que no te va a parecer elegante llevarla con tu ropa porque va a desentonar, pero puedes usarla por debajo del traje luego, si quieres.

Xeno se dejó atar en su cintura una cuerda bastante más larga y gruesa, igual que la que tenía Kohaku y los demás aldeanos, e inclinó la cabeza con respeto al oír el bullicio de aplausos alrededor. Sin ser tan formal, la rubia le dio un fuerte abrazo, que el científico correspondió luego de un ligero titubeo, pero lo hizo con una sonrisa y con calidez. Luego Kohaku se puso de frente a Stan, y Xeno acercó las manos hacia su amigo para ofrecerle sostener a Neal. El soldado se lo entregó, y se puso de pie también, aunque con una actitud firme y casi militar, por reflejo. Ante la mirada sorprendida de Kohaku, que alzó las cejas y parpadeó varias veces, y de los aldeanos que se sobresaltaron por la repentina actitud tan rígida, se mostró apenado.

- Ah... Perdona, es la costumbre al recibir medallas o reconocimiento –Murmuró, carraspeando y cambiando a adoptar una postura más relajada.

Stan se sintió se sonrojó intensamente por la exposición y su primera reacción, y miró brevemente al cielo para respirar profundo y tratar de serenarse. Kohaku soltó una suave risa, encontrándolo adorable, así como se oyó el mismo murmullo de parte de los más cercanos, haciéndolo enrojecer aún más. Cuando sacó la cuerda de él, el soldado se percató de que tenía una sutil diferencia.

- ¿Por qué la mía tiene un hilo rojo? –Preguntó, mirando la de Xeno y la de Kokuyo y Ruri, comprobando que las de ellos no lo tenían.

- Porque además de aceptarte como miembro de la aldea, lo pensé como un símbolo de unión, y así estamos a la par.

- ¡Oh! –Exclamó de pronto Ruri– ¡Ahora que lo noto, cambiaste la tuya, hermana!

- Sí, le agregué ese detalle esta tarde.

- Espera... –Stan volvió a llamar la atención, abriendo mucho los ojos al haberse percatado de algo– ¿Dijiste "unión"?

- Sí, eso dije –Asintió Kohaku, sonrojándose ligeramente– Hmm... Somos una familia ahora, con Neal, ¿no? Eso ya nos une...

- Sí... –Susurró el soldado, muy atento porque ella parecía se estaba poniendo un poco más torpe, el corazón empezó a latirle más rápido.

- Y... Bueno... Pensé que ahora que estamos todos aquí, tu familia, la mía, nosotros... Podemos dar ese otro paso para unirnos oficialmente.

Stan inspiró bruscamente y quedó boquiabierto, ninguna palabra salió de su boca mientras procesaba lo que oía. El silencio y la expectativa alrededor era exactamente igual a la del peli-plateado, el otro que competía en incredulidad y los ojos estaban por salírsele de las cuencas era Kokuyo.

- Si es que lo quieres, claro –Agregó con una sonrisa nerviosa, al recordar que no lo habían hablado desde esa vez que lo habían dejado implícito. Juntó valentía para superar sus nervios y lo miró a los ojos– ¿Quieres ser mi esposo, casarte conmigo?

Un jadeo de sorpresa se oyó al unísono y todos parecieron petrificarse, Stan incluido. Algunas mujeres como Ruri y Sarah se taparon la boca para ahogar su emoción, y Luna abrió mucho la boca en una enorme sonrisa y con los ojos brillantes, sin poder creer que de verdad Kohaku había cumplido con la "broma" de pedirle ella matrimonio al soldado y delante de todos, sólo que iba a en serio, y de una forma muy significativa.

Stan tardó unos segundos en responder, sin poder creer lo que estaba pasando. No había un anillo de parte de ninguno, no estaba preparado para eso, y definitivamente no se esperaba que ella lo hiciera, pero sin dudas Kohaku acababa de hacerle la propuesta de casamiento, ¿o ya se estaban casando con eso de las cuerdas? Cuando al fin reaccionó y el tiempo volvió a fluir, suspiró sonoramente y sonrió abiertamente, dando un paso adelante para rodear la cintura de Kohaku y mirarla a los ojos con amor.

- Claro que quiero, sí, princesa.

Se inclinó para darle un largo beso en los labios, sin timidez y ya superado con que todos los ojos estaban puestos en ellos, y luego apoyó su frente contra la de ella, inspirando profundo.

- Nada mal, no lo vi venir. Sí que eres especial, te amo.

- ¡Ja! –Exclamó orgullosa y contenta con su atrevimiento, después rozó su nariz con cariñosamente con la de él– Yo también te amo.

Poco a poco los presentes empezaron a caer en cuenta de lo que había sucedido, y las y los jóvenes del mundo moderno como Nikki, Minami, Yuzuriha y Taiju exclamaron muy alegres sus felicitaciones, encantados con la idea de una boda en el mundo de piedra, además de la valentía de su amiga en ser la que la propuso.

- ¡OOOOH UNA BODA! ¡SE CASA KOHAKU! –Gritó el grandulón.

- ¡Yo le hago el vestido a la novia! –Dijo radiante Yuzuriha.

- ¡Voy a sacar muchas fotos! ¡Mi exclusiva! –Exclamó Minami alzando las manos.

- Kohaku... Kohaku... –Murmuró Kokuyo con un hilo de voz– ¿Mi hija acaba de pedirle matrimonio a un hombre?

- Sí, lo hizo –Contestó Ruri, feliz y emocionada.

Antes de que todo se descontrole con el bullicio, Kohaku le anudó el shimenawa a Stan en la cintura, encima del cinto de su traje, y luego volvió a llamar la atención de todos, para decir unas palabras más.

- Oigan, tranquilos, que todavía falta para celebrarlo. Lo dije ahora porque me pareció un buen momento con este ritual y mi intención, pero quiero esperar a que vuelvan del viaje alrededor del mundo el resto de nuestros amigos, que estemos todos. Además, ahí tendremos otro anuncio importante que hacer, uno con respecto a la aldea que es posible que cambie muchas cosas, y que ya acordamos antes de separarnos.

- ¿Y eso qué es? –Preguntó Kokuyo, superando su estado pasmado anterior al oír que implicaba a la aldea ese cambio.

- Ahora no te preocupes, papá. No soy yo quien tiene que decirlo... Pero confío en que será para mejor. Eso era todo lo que quería decir, ¡que siga la celebración de bienvenida!

Sin explicar el motivo de lo anterior, Kohaku le guiñó un ojo a su hermana mayor, que no entendió el por qué tendría que ver con ella ese cambio. Luego volvió su atención a Stan y los demás, recibiendo un abrazo lleno de energía chispeante de parte de Luna, y luego un cálido abrazo de Sarah y unas modestas felicitaciones de Jacob. Xeno sonrió satisfecho, honestamente feliz por su amigo, y se burló amistosamente del hecho de que él no fuera el caballero que hizo la propuesta romántica, sino su "princesa".

- ¿Qué puedo decir? Mi futura esposa sabe lo que quiere, y no le tiene miedo al éxito –Contestó Stan siguiendo la broma con orgullo.

- Qué elegante apreciación. Lo próximo que escucharemos será "puede besar al novio", no me extrañaría que resultara así.

- No me molestaría, pero voy a compensar la situación. Ella también tiene que saber que tendrá un esposo a la altura de sus desafíos.

Se sonrieron con complicidad, y chocaron sus vasos de alcohol como brindis. La animada noche continuó su curso, pero a pesar de que no faltaban ganas de divertirse mucho, la siesta de la tarde no había alcanzado para reponerles de la pesadez del viaje, Neal ya se había quedado profundamente dormido y no querían despertarlo con el bullicio, por lo que decidieron aprovechar para retirarse a descansar. Kohaku seguía siendo el centro de las felicitaciones y las amigables bromas por su inesperado atrevimiento y su lindo gesto de hacer los shimenawa para su nueva familia y Xeno, aunque la mayoría no terminaba de entender por qué se la había entregado a él también, más que por un gesto de alianza y buena fe. Cuando vio a Stan y a Xeno acercarse para agradecer y despedirse, ella también accedió a acompañarlos, al fin admitiendo que estaba agotada.

En numeroso grupo se dirigieron a las cabañas en el reino científico, estaban ya acomodadas para que las compartieran entre dos y tres personas cada una, por lo que Stan, Kohaku y Neal ocupaban una, Luna, Maya y Charlotte otra, y Xeno era el único que había pedido la exclusividad de la suya, ya que quería usarla también como su estudio, además de re-diseñar y expandir el laboratorio de Senku para compartir su uso. Se despidieron a medida que llegaban a las de cada uno, y la pareja se acostó en la sencilla cama a nivel del suelo, acercando las de ambos para poder dormir juntos. Neal dormía ya en su cuna, que habían traído del castillo, por lo que estaban bastante bien acomodados. Cuando se acurrucaron juntos, Stan suspiró y le habló con tono suave.

- De verdad lo hiciste, me sorprendiste mucho.

- Fue la oportunidad justa, ¿te gustó, o te incomodé?

- Me encantó, nada mal. Empezando por tu regalo para el renacuajo, Xeno y para mí, y luego eso que dijiste, no lo voy a olvidar nunca. Además, ya estoy acostumbrado a que tengo una princesa impulsiva y fuera de serie por novia.

- Creo que mi papá se rindió conmigo, ni una sola tradición he seguido –Rió con picardía– Pero tus padres se veían divertidos.

- Mi mamá no duerme esta noche, creo que está más feliz que nosotros, tanto que quería y había insistido que nos casemos. Yo ya tenía algo pensando para cuando llegaran los demás, pero nunca me habría imaginado que tú te ibas a adelantar medio año a sellar nuestro compromiso. Y hablando de sellar con amor... Tengo una novedad.

- ¿Cuál?

- Ya están listos los condones, la protección para cuidarte de otro embarazo por un tiempo. Xeno los terminó antes de salir del castillo. Todavía no pude hacerme con ninguno, sino te aseguro que estaríamos sellando nuestra futura unión de otra forma también.

- "Formas" hay... Pero mejor así, estoy cansada, sólo quiero dormir hoy –Dijo Kohaku mientras se acurrucaba más fuerte contra él– Y Neal está dormido también, así que es nuestra oportunidad de descansar.

- Sí, tienes razón. Que duermas bien, dulces sueños, princesa.

Al día siguiente, lo único que la mayoría extrañaba del castillo eran los baños de agua caliente, y Xeno no tardó en diseñar una caldera para hacer al menos dos o tres bañeras que pudieran conectar con ella. Sin embargo, la mayoría no conocía las bondades de la isla volcánica, de las cuales al fin Kohaku pudo presumir.

- ¡Ja! Aquí tenemos algo mucho mejor, ya que además de ser agua caliente, es sanadora.

- Así es, las aguas termales, muy elegantes –Coincidió Xeno– ¿Hay alguna cerca?

- Varias, sí. Hay dos o tres que son las que más usamos, bien grandes y con una temperatura perfecta.

- Luna, ¿te apuntas para ese baño de cuatro que no llegamos a hacer? –Preguntó Stan, molestando a la rubia.

- ¡No! ¡No me volveré a meter a un baño con ustedes!

- ¿La hemos traumado? –Inquirió el soldado con una sonrisa pícara, mirando a Kohaku.

- ¿Qué hicieron para que ella reaccione así? –Cuestionó Xeno, frunciendo el ceño.

- Jugamos un poco, nada grave.

- El único problema es que no podemos meter a Neal –Se lamentó Kohaku, abrazando a su pequeño– No te preocupes, mamá te va a llevar una vasija bien grande para que puedas bañarte después, no tan caliente.

- ¡Ma-ma! ¡Maa-maaa! –Contestó el bebé, tocándole la boca.

- Mientras papá y mamá se van a bañar, tú vas a pasar el tiempo con tus tres abuelos, así conoces más al papá de mami –Le dijo Stan, inclinándose para ponerse a la misma altura.

- Pa-pa... Pa.

- Sí, y tienes que practicar más tu "A-bu" y "A-ba", tu nueva misión.

- Ba-ba.

- Cerca, nada mal. Xeno, ¿vienes con nosotros?

- No, tengo que hacer esto de las calderas y bañeras para que puedan empezar a construirse cuanto antes. Luego hay que fabricar mejores camas, y también una cocina apropiada.

- Como quieras, ya volvió el workaholic Wingfield. Ya lo verán, acabará construyendo otro castillo. Así empezó hace tres años.

El científico mostró una fina sonrisa que no ayudó a desmentir las palabras de Stan, por lo que lo dejaron hacer y fueron a encargarle el cuidado de Neal a los abuelos, para darse un relajante y sanador baño. Los demás fueron turnándose de a pequeños grupos para bañarse también, siguiendo las indicaciones de los que ya conocían las ubicaciones de las otras aguas termales. La única que no acompañó tampoco a ningún grupo fue Luna, que sabía que no podía hacer nada por ayudar a Xeno, pero le daba pena que fuera el único que se dedicara sin descanso para algo que iba a ser para el bienestar de todos. Por lo que se quedó cerca de él, ofreciéndole bebida o simplemente haciéndole compañía, no quería entorpecerlo ya que lo veía muy concentrado.

- Luna, con este viaje volviste a quedarte sin tus tutores de medicina, perdona por eso –Se disculpó Xeno en una de sus breves pausas para refrescar la mente– Haremos venir a algunos de ellos en el próximo viaje, este tuvo otras prioridades, necesitábamos gente de fuerza para acomodar apropiadamente este lugar para asentar la base científica.

- No te preocupes, Xeno... Gracias.

- Con todo lo que avanzaste, yo tampoco tengo más que enseñarte –Reconoció con honestidad– Así que lamento que esto te estanque por un tiempo.

- ¡No, no! De verdad que no me siento así, además aquí podría acostumbrarme a mis prácticas. Puedo revisar a los aldeanos, hay gente de todas las edades que no cuentan con nuestra medicina, estoy pensando en hacer un botiquín y preparar una salita médica.

- Eso sería muy elegante, seguro lo agradecerán.

- Hmm, sí –Asintió mirando al suelo para ocultar su sonrojo, jugando con sus dedos tímida.

No hablaron mucho más mientras el tiempo pasaba y los demás iban y venían, Xeno se pasó el día haciendo numerosos planos para tener todo listo y empezar a construir las cosas desde el día siguiente. Luna empezaba a sentirse inútil y entró y salió varias veces, aunque sin encontrar algo mejor que hacer, ya que muchos se estaban tomando ese día libre, y algunos con ganas de trabajar estaban descargando los materiales del barco y acomodándolos más cerca. El científico tampoco había salido de allí ni para almorzar, por lo que la joven le acercó un plato con comida para que al menos fuera picoteando.

- Xeno, ¿no quieres descansar un rato? No te detuviste ni para comer tranquilo.

- No, estoy bien. Puede parecer extenuante, pero estoy acostumbrado y me gusta hacer esto, no me siento nada cansado. Cuando algo te apasiona, te cuesta dejarlo.

- Dímelo a mí... –Murmuró la rubia, suspirando mientras lo miraba a él.

Horas después, cuando Luna vio el atardecer en el horizonte, se dio cuenta que todavía no se había bañado en las famosas aguas termales cercanas. Estaba un poco frustrada de no haber hecho más que mirar a Xeno trabajar, por lo que consideró tomar el baño sola a esa hora para relajarse. Le preguntó a Kohaku si era seguro ir, por animales salvajes o algo así, y la rubia le aseguró que no tenía de qué preocuparse. Sus colegas estadounidenses habían clavado unas guías en el suelo y habían hecho unos pequeños carteles para señalar el camino, por lo que podía ir tranquila sin perderse. Se llevó una toalla y se fue hacia el lugar, aunque se tomó un tiempo extra para admirar el paisaje, y recordarse a sí misma ir de día la próxima vez para buscar hierbas medicinales. Pensó que con Chelsea eso sería mucho más fácil, pero en ese momento ella era la que tenía ese interés y responsabilidad.

Finalmente encontró las aguas termales, y siguiendo las indicaciones, llenó la vasija con agua que habían dejado sus colegas para limpiarse un poco antes de entrar, y mantener la pureza del agua. No le molestó desnudarse ya que sabía que nadie iría a esa hora, además de que seguramente escucharía los pasos. Luego de asearse se metió en el agua tan caliente y deliciosa, soltando un gemido de gusto ante la sensación, y cerró los ojos para relajarse y dejar fluir su mente.

Una media hora después, por otro lado, fue Xeno el que al fin terminó, y cuando se dio vuelta para mostrar muy orgulloso su pilón de planos a Luna, ya que se había dado cuenta que ella había estado curioseando cerca todo el tiempo, recién se percató que ella no estaba ya allí. En su lugar, fue a mostrarle a Brody y los demás.

- ¡Buen trabajo, Dr. Xeno! –Lo felicitó el mecánico– Mañana mismo empiezo con esto.

- Muchas gracias, Brody. Eso sí supondrá un avance elegante aquí.

- Estuviste trabajando como esclavo, ve a darte un merecido baño, no tienes idea cómo revitalizan esas aguas, te vendrán bien.

- Es verdad, antes de cenar sería bueno.

- Te recomiendo la del camino central, es la más cercana, ya que para cuando llegues va a estar oscuro.

Xeno asintió, y fue a buscar una toalla. Le avisó a Stan que se iba a las aguas termales, quién a su vez le avisó que era probable que se cruzara de camino con Luna, que debería estar volviendo del suyo, y partió hacia allí. Sonrió ante la eficiencia y elegancia de los militares que no sólo habían señalizado el camino, sino también alguien había indicado en el primer cartel a cuántos metros se encontraba, lo habían medido para dar una idea de cuánto recorrido y tiempo demoraba cada fuente termal. Le llevó unos quince minutos a paso ágil, no tenía tiempo ni ganas de pasear o se haría demasiado tarde luego. El camino estaba incluso limpio de ramas y piedras, no sabía si también había sido obra de sus compatriotas, o si estaba así por el asiduo de los aldeanos, por lo que sólo había tierra firme bajo sus pies, amortiguando sus pasos. No se encontró con Luna, quizás ella había ido a otra.

De pronto, a poco de llegar según la última señalización, se quedó quieto cuando oyó una voz femenina. No estaba hablando, sino que era un sonido suave, como un gemido. inmediatamente pensó en que se trataba de Luna, y lo más sensato hubiera sido llamarla en voz alta para avisarle su cercanía, pero en un rincón de su mente percibió algo que lo inhibió de hacerlo, en su plena atención de tratar de entender por qué ella había emitido ese sonido. Contraria a su intención de hacerle saber que estaba ahí para no asustarla, dio unos sigilosos pasos más, muy atento a su oído.

- Xe-Xeno...

Los ojos del científico se abrieron mucho cuando sin duda alguna oyó su nombre en un jadeo, y se paralizó al instante. No estuvo seguro de cómo interpretar ese sonido, pero la lógica siempre era lo primero en él. ¿Y si Luna se había lastimado o había sido atacada por un animal, y estaba tirada en el piso llamándolo a modo de pedir ayuda?

- Aaah... Xeno...

Al escucharlo por segunda vez, no le cupieron más dudas de que no se trataba de un pedido de ayuda, sino de una expresión se placer. Luna... ¿Estaba pensando en él de esa forma, gimiendo su nombre? La confirmación de la evidente respuesta le llegó unos segundos después, cuando dio unos pasos más, y a través del follaje que se despejó a su izquierda la vio: Sobre una gran piedra al borde de la fuente termal, su toalla se había abierto y caído a los lados, dejando ver su joven y femenino cuerpo desnudo, la luz tenue de la luna reflejada en su piel. Sabía que no era caballeroso ni elegante quedarse viéndole, pero no pudo evitarlo, momentáneamente se había quedado hipnotizado con la cautivadora escena. Luna estaba allí, ajena a todo, su rostro fuertemente sonrojado, tocándose íntimamente, gimiendo de placer y diciendo su nombre, fantaseando con él.

Xeno tragó duro, incrédulo, y su cuerpo reaccionó unos segundos después, a la vez que su mente. No pudo evitar una sensación de intenso calor en su cuerpo, una excitación involuntaria al ver y oír aquello. Su lado decente al fin fue más fuerte, y dio un paso atrás para discretamente abandonar el lugar sin ser visto. Pero dado que estaba un poco rígido, había arrastrado su pie en lugar de levantarlo, lo que generó un ruido en la tierra seca que destacó entre tanto silencio, y para su mala suerte, fue suficiente para delatar su presencia.

Luna se detuvo inmediatamente con un grito de susto y trató de cubrirse con rapidez mientras miraba en la dirección del sonido, y su rostro adoptó una expresión de horror cuando se dio cuenta que el que estaba allí, que seguramente la había visto y oído sin que se hubiera dado cuenta, era la misma persona que con la que estaba fantaseando sexualmente, dedicándole su placer. Durante unos breves segundos los dos alcanzaron a mirarse a los ojos, y el tiempo pareció detenerse, ambos avergonzados por haber sido atrapados. La primera reacción fue de Luna, que mortificada, se puso de pie rápidamente mientras agarraba su ropa, y se escabulló entre el follaje a toda velocidad, sin atreverse a decir nada ni voltear la cara. Xeno quiso llamarla, disculparse por su atrevimiento de quedarse mirándola, su actitud había sido muy poco elegante, indecente. Pero Luna ya había desaparecido de su vista y la oscuridad impedía verla, sólo se oían sus pasos mientras corría y se alejaba del lugar.

El científico al fin pudo respirar normal, sin saber bien qué hacer. Si ella había huido, no era conveniente perseguirla, y de seguro iba a ser muy incómodo para ambos apenas se volvieran a encontrar. Tenía que disculparse, eso era la prioridad, no iba a cuestionarla por lo que había oído. Aunque no terminaba de creerlo... ¿Desde cuándo Luna se sentía así por él? ¿Era mero atractivo o excitación, o había algo más? ¿Ella se solía tocar pensando en él, deseando que él la complaciera de esa y otras formas? Demasiadas preguntas que lo dejaron allí parado un rato, su cuerpo insistía en no tener voluntad de moverse. Hasta que se dio cuenta que no podía hacer nada en ese momento, y que definitivamente necesitaba relajarse y pensar las cosas, poner su cabeza en orden antes de hablar con ella.

Para colmo, en ese momento fue consciente que con la excitante estimulación visual y sonora, su cuerpo había reaccionado con una media erección, y sólo rogaba que Luna no la hubiera visto, lo cual era probable dada sus ropas oscuras sumado a la falta de luz natural. Apenado de su instintiva reacción, resopló con frustración y decidió meterse al dichoso baño, ya que había ido hasta allí.

Por su parte, Luna se había detenido cuando pensó que había recorrido una buena distancia y estaba sola. Mientras su rostro hervía todavía de vergüenza, se vistió rápidamente con su vestido y sus botas, para no seguir estando desnuda en el bosque, debajo de su toalla. Se tapó la cara con las manos, con ganas de llorar, no podía tener tan pésima suerte que justo Xeno la hubiera encontrado a sí, desnuda y tocándose mientras visualizaba escenas calientes con él. Mientras se bañaba había estado pensando en el científico, todavía rumiando sobre sus sentimientos y cómo podía hacer para saber si él estaba interesado en ella, hasta que para dejar a un lado su frustración y consolarse un poco, se permitió imaginar y dar rienda así a sus deseos. Cuando su calor interno había aumentado a la par que el externo por el agua tan caliente, fue cuando salió del agua termal y continuó con la tarea, necesitaba liberar su creciente excitación, con la mala suerte de que antes de terminar, el objeto de sus fantasías se había materializado.

- No puede ser... No puede ser... –Susurró angustiada– ¿Qué voy a hacer ahora? Me vio... ¡Ay, no, me vio todo, oyó todo! No puedo volver a verlo a la cara.

¿Cómo iba a hacer desde esa noche en adelante? No podría evitarlo por siempre, y de seguro iba a ser de lo más incómodo, tampoco podía escabullirse como en el castillo, ese lugar era mucho más abierto y visible. Eventualmente los demás se darían cuenta de que algo había pasado, lo cual iba a ser muy difícil de explicar. No, no podía escaparse por mucho tiempo, pero de seguro no podía volver a verlo a los ojos esa misma noche. Hubiera sido menos vergonzoso e incómodo hacerle entender que gustaba de él, y que la rechazara, a como terminaron saliendo las cosas. Porque no le había bastado sólo con visualizarlo a él en su mente, tuvo que vocalizarlo, para que no hubiera dudas de que él era el hombre que reinaba en sus fantasías.

Caminó a paso deprimido hacia su cabaña, por suerte Xeno no la había seguido, y el sonrojo no se le pasó en todo el rato, por lo que tuvo que ocultarse entre los árboles y respirar hondo varias veces hasta serenarse y dejarlo atrás. Tratando de no evidenciar su turbación y conflictuadas emociones, agradeció que no estuvieran ni Charlotte ni Maya en la cabaña, y dejó allí su toalla extendida para que se secara. Encontró a los demás ya cenando, y aunque tenía el apetito cerrado, se obligó a dar unos bocados para llenarse un poco más el estómago. Se mantuvo callada y se quedó con la mirada baja, evitando conversar ya que tenía suficiente con su intenso diálogo interno, todavía lamentando lo sucedido.

Kohaku la vio, e iba a preguntarle animadamente qué le había parecido su primer baño en aguas termales, cuando notó su expresión contrariada, por lo que se quedó observándola de reojo un rato más, indecisa si hablarle o no, era raro verla así de pronto. Para cuando se decidió a preguntarle si se sentía bien o qué le había pasado, Luna se había puesto de pie y se retiraba a lavar su plato, para luego irse en dirección a la cabaña. Tanto se le quedó viendo, que Stan se dio cuenta entonces.

- ¿Qué miras tanto, Kohaku?

- Luna... No sé por qué, pero se veía deprimida.

- Ah, no le presté atención. Quizás el baño la mareó un poco, si no estaba acostumbrada y se quedó más tiempo del recomendado.

- Hmm, puede ser, pero me parecía algo más de ánimo. Mañana le pregunto, ojalá esté bien.

Casi una hora después, cuando todos ya habían terminado de cenar y sólo se quedaron hablando entre ellos, apareció Xeno, cuyo estómago prácticamente rugía a esa hora ya que había ignorado las comidas del día de tan concentrado que estaba en su trabajo. Se sirvió de lo que quedaba, no le importaba ya comerlo frío, aunque los cocineros lo vieron e insistieron en calentárselo un poco, y él aceptó distraído. No era su intención ignorarlos a todos, sino que todavía no podía pensar en otra cosa, y con la vista había buscado a Luna para ver si andaba por ahí, lo cual no sucedió. Se metió los bocados de comida con la misma distracción de su lenta reacción a todo lo que estuviese por fuera de su mente, automático.

En ese momento fue Stan el que lo estaba observando, e inmediatamente se dio cuenta que había algo raro en él también. Codeó suavemente a Kohaku, que estaba meciendo a un Neal casi dormido, y señaló a su amigo con la mirada, discretamente. La rubia le puso atención, y percibió al inmediato el mismo ánimo alterado que en Luna, con lo cual miró a Stan extrañada.

- Algo pasó entre esos dos.

- Sí, también me lo parece. Estaban bien a la tarde, Luna lo acompañó bastante, nada raro. ¿No venía ella también de bañarse?

- Así es. Luna es un poco vergonzosa, y ya sabemos que le gusta Xeno... ¿Y si él la encontró bañándose todavía, y se puso así por el momento en que la vio?

- Eso explicaría la actitud de ella, pero no la de Xeno. Vamos, es un hombre adulto, no va a turbarse así por ver una mujer desnuda bajo el agua, y con toda su elegancia y demás tampoco duraría mucho la incomodidad, ya sabes cómo es.

- Es verdad... ¿Y si le preguntas? –Inquirió Kohaku con una sonrisa culpable– Es tu mejor amigo, tiene sentido que te preocupes por verlo raro.

- Justificar el chismerío, dice mi discreta futura esposa.

- ¡A ti también te da curiosidad, no lo niegues!

- Voy, voy...

Aparentando casualidad, Stan se acercó a Xeno y se sentó frente a él, mirándolo con una pequeña sonrisa.

- ¿Máxima puntuación a la elegancia del baño termal? Me imagino que te gustó ese baño caliente. Ni siquiera nuestras calderas pueden hacerle competencia.

- Hmm, sí –El científico forzó una pequeña sonrisa. Sin embargo, la palabra "caliente" le volvió a la memoria lo que había presenciado, y no pudo evitar un sonrojo.

- ¿Xeno? –Preguntó Stan alzando las cejas con sorpresa– ¿Por qué te pones así? ¿Pasó algo?

El científico apretó la mandíbula, maldiciendo lo transparente que había sido, sin poder controlar su sonrojo. Dudó mucho de si debía contarlo o no, tampoco quería que otros se enteraran de la situación. Pero no sabía bien qué hacer, no le venía mal un consejo, y sabía que podía confiar en su mejor amigo.

- Puede ser. Pero aquí no, luego te cuento.

Con creciente intriga, Stan asintió en silencio y se quedó al lado de Xeno, sólo mirando de reojo a Kohaku y asintiéndole mínimamente para darle a entender que sí había pasado algo, seguramente con Luna. Esperó a que su amigo terminara de comer, y lo siguió a la cabaña de él, donde Xeno se sentó pesadamente en la banqueta de madera que tenía, y Stan lo miró con atención, esperando a que hable.

- Me encontré a Luna, como dijiste que podía pasar.

- Ah. ¿Se estaba bañando?

- No. Se estaba... –Titubeó, y bajó la voz, sin mirarlo– Tocando.

- Ooh –Dejó salir Stan, tratando de ocultar su sonrisa luego de la sorpresa, aunque se permitió una broma– Se calentó demasiado con el baño.

Xeno mostró una sonrisa tensa, no se animaba a reír del oportuno chiste.

- Conmigo. Pensando en mí, la oí, y la vi... Toda, ya no estaba en el agua –Cerró los ojos y respiró hondo, admitiendo lo siguiente con vergüenza– Y me vio.

- Oh, vaya... –Stan reunió todo su autocontrol para no sonreír más, eso era una joyita, al fin entendía la turbación de ambos– ¿Y qué pasó?

- No era mi intención quedarme viendo a escondidas, pero no podía creerlo, y sólo me quedé ahí. Luna se tapó y salió corriendo.

- Ya veo. Incómodo, sí.

- ¿Qué hago ahora, Stan? Claro que voy a disculparme, no quiero que piense que estaba ahí como un degenerado, viéndola oculto, no fue mi intención.

- No, pero bueno, lo que podría no ser tan grave, según lo que pienses de eso, es que al menos ella estaba deseándote a ti. Según tu respuesta, lo que siga será más o menos incómodo. Así que empecemos por ahí.

- ¿Qué pienso? Que no puedo creer que Luna guste de mí, ¿desde cuándo? ¿Días, meses, años?

- Esa no era la pregunta, no podemos saberlo –Él sí lo sabía, pero no quería ser indiscreto– ¿Qué sientes tú sobre eso?

- No lo sé. Nunca lo había pensado, no había mirado a otra mujer desde Kohaku. Y yo mismo cerré esa puerta por mi bien, pero no volví a abrir otra, creí que tuve suficiente por un buen tiempo, no quiero lidiar con otra complicación o desilusión, no ahora, que mi foco está en el cohete, el futuro de todos depende de que no cometa errores en esto.

- ¿Pero por qué crees que sería una desilusión?

- ¿A qué te refieres? –Re-preguntó Xeno, frunciendo el ceño.

- Xeno... Si Luna se estaba metiendo mano pensando en ti, es porque le gustas. No veo qué puede salir mal de eso. Si no te interesa, harán lo mejor para ignorarlo y sobrellevarlo de ahora en más. Y si te interesa, pueden ser dos que lo pasen bien, es cuestión de probar.

- Stan, no estoy para "probar" con alguien tan cercano otra vez, estamos hablando de Luna. ¿Y si vuelve a salir mal? Será más incómodo todavía.

- Mientras hablen y aclaren las cosas antes, eso facilitará las cosas. No creo que haya algo más incómodo que lo de ahora, tú sabes que ella gusta de ti, pero ella no sabe lo que tú sientes, y me imagino que si la rechazas... Bueno, quizás decida aprovechar el viaje en barco e irse con los otros. Aunque eventualmente volverán aquí, a menos que espere otro viaje para volver al castillo.

- Oh, no... –Xeno se pasó las manos por el cabello, jalándoselo hacia atrás– Con lo emocionada que estaba con la idea de atender a los aldeanos y hacerse una sala médica aquí, ser la médica local. ¿Se alejará por mi culpa?

- No, se alejará para poder seguir adelante y que no sea una mierda de incómodo cada vez que te vea, recordándole tu rechazo, y que igual la viste haciéndose una paja pensando en ti. O... Si lo charlas con tu almohada y descubres que Luna no está nada mal y que pueden conversarlo y probar cómo sería tener algo con ella, todos felices.

- De seguro que necesito pensarlo.

- Sentirlo, más que pensarlo. Piensas demasiado, y esa es siempre tu maldición, y lo que te arruina las cosas que quieres, creo que aprendiste la lección hace poco –Dijo, y decidió ser bien claro y sincero– Xeno, me gustaría verte feliz y relajado alguna vez. Tú ya soltaste a Kohaku, tienes que volver a abrir tu corazón eventualmente. Luna es una buena chica, cambió mucho y para mejor últimamente, veo cómo se llevan y se ven bien. Eso no significa que te guste como mujer o como amante, quizás no te llama por ahí y sólo quieres que sea tu colega o amiga, no tienes que forzarlo. Pero si no lo descartas al instante, si tu corazón no la rechaza antes que tu mente, considera darte una oportunidad. A ti, y también a ella. No digo que te conformes con lo que venga, pero tampoco seas necio o ciego y te cierres sólo porque tu mente es la que duda. Si algo aprendí con Kohaku, es que no puedes esconderte de tu corazón, no hace sombra jamás. Puedes tener una chance de felicidad ahora, depende de ti tomarla o dejarla.

Xeno miró a Stan a los ojos, y asintió, con una media sonrisa.

- Gracias, Stan. Necesitaba consejo –Respiró larga y profundamente– Voy a pensar... sentir lo que me dijiste.

- Así se habla, tú puedes. Buenas noches, que descanses.

El soldado se fue de la cabaña, y Xeno se puso de pie para caminar hasta la puerta y apoyarse allí. Cuando levantó la mirada alcanzó a ver la luna brillante cortando el cielo oscuro. Suspiró resignado, con una mueca que pretendía ser una sonrisa de compasión para sí mismo, ya que con mirar al satélite natural era imposible no pensar en la joven que llevaba el mismo nombre, y que lo iba a desvelar y sacudir internamente esa noche.

- Luna, ¿qué más tienes para mí?

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Buenaaas! Y llegamos al capítulo 30! Ustedes leyendo, lo cual les agradezco con todo mi corazón, y yo escribiendo este fanfic hace ya un año y nueve meses, fuaaaa! Y como ven, todavía tiene tela para cortar, amor para dar, corazones que revolver, e historias que empezar, otras que redondear y ponerle el broche. Aaah, amo esto, mucho. Ejem... capítulo especial, y otro récord de largo jaja. Pero ameritaba, ya que tardo más en actualizar, así tienen más para leer y masticar :)

Gracias por tanto, espero que lo sigan disfrutando y se sigan sorprendiendo, yo también lo hago, todo madura, se forma y se transforma, como la vida misma y todas las etapas que pasamos gracias a nuestras experiencias y aprendizajes. Próximo capítulo muy especial se viene también, guiño guiño.

Hasta el próximo capítulo, que tengan una hermosa semana!