Una vez todos reunidos, la boda de Kohaku y Stan estaba lista para celebrarse. Sin embargo, estaban empezando la estación invernal, que iba a ser inconveniente en varios sentidos, por lo que decidieron postergar la boda para mediados de la primavera, de forma que el tiempo fuera más agradable para todos, y Kohaku pudiera lucirse en su vestido de novia sin pasar frío, así como los demás, a la intemperie. Como ya tenían calendario, la familia de ambos sugirió poner una fecha, aunque la rubia los sorprendió a todos diciendo que ella quería elegirla apenas diez días antes, sí acordando que fuera en el mes de abril.

En ese tiempo se dedicaron a compartir los materiales, información y experiencias entre todos, ordenando el trabajo que tenían por delante con respecto al cohete y otras cosas que debían de fabricar primero. Los inviernos eran cada vez más amables para todos, en especial para los aldeanos, ya que cada vez contaban con más comodidades gracias a la ciencia y los nuevos materiales. Había refaccionado también las chozas en cabañas para que tuvieran puertas, ventanas, y fueran más herméticas, conservando mejor el calor.

Llegado el mes de abril, Kohaku eligió el día veintiuno para que celebraran la boda. Para ese entonces, ya su vestido y toda la ropa que había confeccionado Yuzuriha estaba lista. La primavera trajo consigo también los verdes brotes y muchas flores en los campos cercanos, lo cual además de hacer el paisaje más bonito, fue de gran ayuda para preparar la decoración. Los aldeanos se ofrecieron a hacer eso como regalo para los novios, y ya que no estaban tan atareados con la parte científica. Nikki se ofreció muy animada a diseñar los decorados y la disposición de las cosas, aunque fue ayudada con mucho ánimo por otras jóvenes que adoraban lo romántico, como Luna, Chelsea y Minami, además de algunas aldeanas, ya que la boda iba a tener un estilo mixto entre moderno y el tradicional de la aldea.

Lo que no pudo faltar unos días antes, fue la propuesta de algunos como Ryusui, Gen y hasta Mozu, de hacer algo parecido a una despedida de solteros para que fuera una noche de fiesta, aunque terminó adaptándose a que fuera un banquete, negociando que al menos hubiera mucho alcohol y algunos entretenimientos. Acordaron hacerla dos noches después, para que pudieran preparar todo. La boda iba a ser una gran oportunidad para relajar después de tanto trabajo y viaje extenuante, por lo que tomaron el entusiasmo como excusa para anunciar esa última semana de la fiesta y a boda como una de descanso completo para todos, lo cual fue muy bien recibido.

La noche de la fiesta muchos optaron por vestirse con ropas nuevas y llamativas o elegantes, según el estilo personal. Kohaku recordó que tenía el vestido azul que le había regalado Stan para su primera navidad juntos en el castillo, por lo que se vistió con ese y se dejó el cabello suelto, para variar. En cuanto la vieron los que no habían estado con ella en ese entonces, quedaron sorprendidos de lo distinta y bella que se veía. Kokuyo quedó boquiabierto, tan acostumbrado a ver a su hija con la coleta y su actitud guerrera, mientras que en ese momento se veía elegante y hasta más madura. Lo otro que no pudieron evitar todos por igual, fue cuando ella y Ruri se juntaron en un abrazo, y la mayor felicitándola por lo bonita que se veía.

- Oh, qué parecidas –Murmuró Stan, frunciendo el ceño, y forzando una sonrisa cuando Kohaku lo miró contenta.

- ¡Ja! Es verdad que así las dos tenemos un vestido parecido y el cabello suelto. Aunque es obvia la diferencia entre las dos.

- ¿Segura de eso? –Preguntó Gen con su voz cantarina, con intención llena de picardía, cuando vio la turbación de Stan– Las dos son muy hermosas, pero ahora se parecen más que antes. Detalle que con poca luz ambiental podría ser un problema si hay algún distraído.

- No lo digas por mí, sé reconocer a mi mujer –Negó el soldado, mirándolo fiero en advertencia.

- Por supuesto que sí, Stan-chan.

Prendieron una gran fogata y dispusieron la comida y la bebida alrededor, había en especial varios barriles de sake, y los estadounidenses pronto le encontraron el gusto a la bebida, aunque era notoriamente más fuerte que la cerveza o el vino que solían tomar. Kohaku se lamentó de que no podía beber, aunque Ryusui la animó a que podía dar un sorbo para brindar, y Luna le aseguró que no sería problema si tomaba una copita. Eso la animó, quería estar un poco más chispeante como los demás, incluso los padres de Stan estaban degustando sin timidez. Para esa noche habían llevado también los juegos de casino que había guardados en el Perseo, por lo cual no faltaron apuestas y mucha diversión entre los estadounidenses y los japoneses juntos.

Neal estaba despierto, solía estar activo por la noche si dormía sus siestas en el día, por lo que caminaba, jugaba y reía a sus anchas. El pequeño se había encariñado rápidamente con Chrome, que además de ser muy gentil y divertido, el castaño le mostraba y le dejaba jugar con sus piedras y cristales más llamativos, o hacía rápidos preparados científicos como las pompas de jabón o cosas efervescentes que hacían estallar a carcajadas al bebé. Pidiéndole a Ruri que lo sostuviera, Chrome aprovechó la gran fogata de esa noche para hacer su famoso "Rainbow Bridge", mostrándose muy orgulloso cuando los ojos aguamarina de Neal se abrieron y brillaron mucho, soltando un gritito de emoción y aplaudiendo ante las llamas de variados y bonitos colores. El castaño no podía estar más satisfecho y orgulloso de que al fin alguien reconociera lo emocionante de su viejo y sencillo experimento, y ya con unas copas encima declaró con voz fuerte y muy orgulloso que Neal sería su "ahijado científico".

- Técnicamente va a ser el tío de Neal, ¿no lo sabe? –Preguntó Stan a Kohaku.

- Ah, Chrome es el chico más despistado que hay, compadezco a mi hermana. Creo que hasta que no llegue el día en que de verdad se case con Ruri, no se va a dar cuenta que Neal en realidad ya podría considerarlo como su sobrino.

De pronto, otro que llamó la atención en ese momento fue Ryusui, que se paró de una forma llamativa y alzó su brazo para chasquear sus dedos, para luego alzar su copa hacia adelante, en dirección a la pareja. Se lo veía con las mejillas ligeramente sonrojadas y una sonrisa misteriosa, aunque después de llamar la atención se quedó así y no dijo nada, los demás preguntándose para qué había hecho eso o si estaba bien. Eventualmente el murmullo cesó, y ahí fue cuando su sonrisa se amplió y levantó la mirada.

- ¡VIVAN LOS NOVIOS! –Exclamó Ryusui, alzando su copa en alto.

La multitud tardó un poco en reaccionar, pero cuando lo hizo, acompañaron repitiendo a coro la frase de felicitaciones, y estallaron en risas. La animada fiesta continuó, sólo había unos pocos que estaban más serenos y sin beber tanto, como Xeno, Tsukasa y Matsukaze. Stan subestimó el efecto alcohólico del sake, muy confiado se había tomado varias copas ya que entre los amigos y los aldeanos se la habían rellenado una y otra vez para brindar y felicitarlo. Todavía mantenía sus reflejos a raya y caminaba con aparente normalidad, pero cada tanto se acercaba a Xeno y fingía estar tranquilo y hablar con él, cuando en realidad lo hacía para aliviar los ligeros mareos que sentía y tomar un poco de agua. Por supuesto que el científico lo notó, para lo astuto que era su amigo, no estaba aportando con comentarios inteligentes o interesantes, sino que contestaba con algún murmullo o asentimiento.

Otra que estaba más desinhibida y a puras risitas era Luna, que animada con la charla que tenía con Chelsea sobre su relación con Xeno, en un momento de la noche caminó hacia él muy decidida y se colgó a su cuello para besarlo de una forma apasionada y atrevida, que sonrojó furiosamente al científico. Con todo el disimulo y la caballerosidad que pudo la apartó, convenciéndola de que fueran a un lugar con menos gente si iba a comportarse así, para que no dieran una imagen inapropiada y poco elegante.

Un buen rato después Xeno volvió solo aparentando normalidad, y dijo muy tranquilo que Luna se había quedado dormida por estar tan alcoholizada, que no se preocuparan por ella. Stan lo oyó y lo miró fijo, la expresión de su rostro demasiado evidente con lo que tenía en mente sobre la excusa de su amigo, por lo que el científico rehuyó su mirada y se fue para otro lado.

El que tuvo entonces una idea juguetona gracias a eso fue Stan, que buscó con la mirada a su prometida y la encontró, por lo que se acercó a ella por detrás, estaba de espaldas en ese momento, con Neal en brazos. Empezó a estirar la mano para tocarle la cadera, quería decirle algo picante que la escandalizara sin que los demás escucharan, tan suelta que tenía la lengua por las numerosas copas de sake que había bebido. Sin embargo, una sombra se acercó a él por el rabillo del ojo, y le agarró la muñeca antes de que alcanzara a tocar a Kohaku.

- ¡Stan! –Masculló Xeno– Hermana equivocada, ten más cuidado.

- Oh, mierda –Jadeó horrorizado.

- ¿No era que no ibas a tener problemas para identificar a "tu mujer"?

- Eso era antes de veinte copas de sake, no contaba con eso. Gracias, amigo, me salvaste. ¿Por qué tenían que verse casi igual esta noche?

- Casi te quedas sin boda, y sin mano, si Kohaku o tu suegro te veían.

La que sin dudas era Ruri se giró ante el murmullo a sus espaldas, y le sonrió radiante, sin haberse percatado del inapropiado acercamiento que estuvo a punto de suceder.

- Stan, ¿buscabas a Neal? Perdona que no te avisé, lo estaba cargando yo para que mi hermana se divirtiera.

- Sí, gracias –Mintió, incómodo, mientras recibía a su hijo en brazos.

El soldado sonrió y se volteó para quedar frente a Xeno.

- Mejor de esta forma, Stan, así tienes las manos ocupadas, lejos de la bebida y de poco elegantes situaciones. Agradécele a tu hijo por tener una excusa.

- Sí, gracias Neal, le salvaste el matrimonio a papi –Rió nervioso.

- ¡Paaaaa! –Chilló contento el niño de volver a estar en brazos de su padre.

- Pero oye, qué apropiado, que por mano-larga termine con un niño en brazos.

Xeno hizo una mueca y sonrió, sin poder ignorar la gracia de la broma tan acertada. Ese fue la advertencia suficiente para Stan de que la noche había llegado a su fin, y buscó a Kohaku para decirle que se iba a descansar a la cabaña y se llevaba a Neal, ella podía seguir divirtiéndose si quería, lo cual hizo ya que no estaba cansada ni embriagada. Mientras caminaba de regreso, ya más despabilado por el susto, el soldado le habló divertido a su hijo.

- Tú no viste nada, renacuajo, qué bueno que no puedes hablar más que tres palabras.

- ¡Papá!

- Sí, papá se salvó gracias a ti y a Xee, nada mal –Suspiró, mirando al cielo– Sólo pido que mami no vuelva motivada como Luna, porque el soldadito esta noche no va a despertar.

Por suerte para Stan, esa noche terminó allí sin más inconvenientes, y al día siguiente se enteró de cómo había terminado el "campo de batalla", siendo que muchos hombres, incluso sus colegas militares, no le habían puesto límites a su embriaguez como él, y dado el buen clima que hacía, se habían quedado dormidos allí a la intemperie, una situación muy poco elegante según Xeno.

Unos días después, el esperado día de la boda llegó, y se percibía la emoción y el buen ánimo en el ambiente. Unas horas después del almuerzo, empezaron a preparar el decorado de la boda entre todos. La ceremonia iba a ser poco antes del atardecer, con una luz de día más suave y dorada, para que continuara con el banquete y el festejo por la noche. Kohaku iba a prepararse con ayuda de Yuzuriha y de Minami para vestirse y maquillarse, habían vuelto a hacer unos productos naturales como delineador, rubor y labial para realzar la belleza de la novia, y todas las mujeres aprovecharon para ponerse también.

Stan se vistió a última hora con el impecable traje entallado que la joven costurera le había hecho, no tenía mucho más que prepararse. Llevaba una camisa blanca, saco, pantalón y zapatos negros, y llevaba puesto un chaleco y una corbata gris claro. Se había peinado hacia atrás, usando una laca natural azucarada para mantener los mechones prolijamente en su lugar, excepto su flequillo que se negaba a tomar otra forma.

- ¡Oh cariño, estás guapísimo! –Exclamó su madre, Sarah, en cuanto lo vio– ¡Qué novio de lujo! Le voy a pedir a Minami unas fotos de recuerdo para mí.

- Mamá...

- Te ves bien, hijo, todo un hombre –Reconoció más escueto su padre, Jacob, palmeándole el hombro con afecto– Felicitaciones, es un orgullo y una felicidad poder verte así, y estoy seguro que harás muy feliz a tu mujer.

- Gracias –Asintió Stan, sonrojado– Ustedes también se ven bien, me alegra que estén aquí conmigo hoy.

- La joven Yuzuriha hizo ropa muy bonita para todos, no pensé que volvería a usar un vestido así de fino. Y a tu padre en traje también, qué galán. Mis hombres Snyder, tan guapos, así como el mini Snyder.

- Sin dudas él es el príncipe más hermoso aquí hoy, y así como lo vistieron... Nada mal.

Por su parte, Kohaku estaba más atareada con los últimos detalles, con tanta producción y acostumbrándose al vestido tan ajustado. Estaba más que hermosa, Yuzuriha le había diseñado un vestido sencillo y a la vez muy femenino, perfecto para ella. Tenía los hombros descubiertos, con un escote estilo corazón, y un cinto de perlas realzado su cintura. La falda era larga casi hasta el piso y en forma de "A", acompañando las curvas naturales de las caderas de la novia. El vestido tenía dos capas, y la superior era de una finísima tela muy ligera como una gasa y casi transparente, en la que había bordadas unas flores delicadas en blanco, y en la parte del escote se cruzaba hacia el lado izquierdo. Por detrás le dejaba media espalda descubierta, y una hilera de perlas hacían de botones para cerrarlo.

Las jóvenes habían suspirado nada más verla, con su cabello suelto y preparado para que quedara lacio y sedoso se veía más que hermosa en su sencillez, sólo llevaba una corona de delicadas flores blancas y rosadas que Suika le había hecho como regalo, y a último momento Yuzuriha le cosió el velo vaporoso a la misma, aunque la novia estaba luchando con ese último detalle.

- Kohaku, se supone que el velo lo tienes que llevar puesto frente al rostro, y el novio es quién lo descubre –Explicó Nikki, cuando la vio echárselo para atrás por su propia cuenta.

- ¡Es molesto, no me deja ver bien! ¿Y cuál es la idea de eso? No entiendo, no me gusta.

- Es simbólico...

- No pasa nada si no quiere llevarlo, tiene que sentirse cómoda –Intervino Yuzuriha, conciliadora.

- Se ve bonito, y te esforzaste en hacerlo, pero no lo quiero entorpeciéndome la vista mientras camino, me cuesta evitar ver cada hilo entrelazado.

- Hmm, es verdad que tienes una vista muy fina –Recordó Nikki– Bueno, puede quedar como adorno, le queda muy bien atado a la corona de flores.

- Ya estoy lista, ¿qué falta?

- Aquí tienes el ramo. Si te sientes lista, podemos avisar a los demás que estás por salir, y llamamos a tu padre y a Suika –Indicó Yuzuriha.

- Sí, hazlo.

- No tienes ni un poco de nervios –Sonrió incrédula la luchadora.

- ¿Por qué tendría que estar nerviosa? Me voy a casar con Stan y los dos queremos esto, nada puede salir mal.

Las dos jóvenes que ayudaban a la novia a prepararse se miraron con una sonrisa, Kohaku era siempre muy sencilla y directa. Yuzuriha salió a dar el aviso de que ya estaba por empezar, para que todos se fueran acomodando y preparando. Kokuyo entró en la choza, listo para hacer su parte de caminar con su hija para "entregarla". No había querido vestirse con ropas occidentales ya que le habían parecido muy incómodas y ajustadas las capas del traje formal, por lo que Yuzuriha le diseñó un kimono más tradicional de color negro y gris, una combinación entre su vestimenta habitual de la aldea y el tipo de kimono típico de las bodas japonesas, mucho más acorde a su gusto y comodidad.

El padre quedó boquiabierto en cuanto entró y vio a su Kohaku ya lista para salir, sin poder moverse mientras la miraba de pies a cabeza. Para cuando pudo reaccionar luego de la sorpresa inicial, sus ojos se llenaron de lágrimas por la emoción. Reconocía la suma belleza de sus dos hijas, tan parecidas a su madre, pero nunca había visto a Kohaku tan delicada y femenina, con su cabello suelto, la corona, y el largo vestido blanco parecía un ángel.

- Hija... Estás... Estás bellísima.

- Gracias, papá –Sonrió tímida y halagada, su padre nunca le había dicho algo así antes– ¿Vamos?

Stan estaba ya de pie ante el altar, que era un arco de madera preciosamente tallado gracias a Kaseki, y embellecido con muchas flores de colores blanco, rosa y amarillo entre las hojas verdes y tiernas de la primavera, sólo de ver el arco se respiraba un aire romántico y delicado. Ruri ya estaba allí parada y esperando, oficiando como la sacerdotisa para bendecir la boda de su hermana. Siempre bien predispuesta, había aprendido con entusiasmo cómo era el procedimiento de las ceremonias del mundo moderno, de forma de poder hacerlo combinando las tradiciones. Como ya habían dado el aviso de que estaba por empezar la boda, todos los ojos estaban puestos en una larga cortina doble por la que saldría Kohaku.

Sin embargo, por delante de la misma apareció Suika, empezando a caminar por el medio del pasillo que habían dejado los invitados, con una canasta de pétalos de girasoles, avanzando de forma pausada ya que estaba acompañada del pequeño Neal. La niña tenía un vestido color amarillo pálido con volados, muy bonito y alegre para ella, mientras que el bebé era verdaderamente una versión miniatura de Stan, demasiado bonito y formal. Yuzuriha le había confeccionado una camisa blanca, con un chalequito gris a juego con sus pantaloncitos, y un moño en el cuello de su camisa. Con su corto y abundante cabello oro-platinado, sus grandes ojos aguamarina adornados de largas pestañas heredadas de su padre, y su redondeado y suave rostro, era todo un muñequito hermoso.

Un coro de gemidos que expresaban lo extremadamente adorable de la escena se oyó al unísono, mientras todos los ojos se posaban en el bebé de casi un año y medio, que con sus pequeños pasitos caminaba solo y seguro a la par de la jovencita a su lado que ya estaba lanzando puñados de pétalos a lo largo del camino, y luego otro coro de gemidos sobrepasados por la ternura se pronunció cuando Suika le acercó la canasta, y el niño la imitó y agarró algunos pétalos, tirándolos al piso y sonriendo todo divertido, como hacía cuando jugaba.

- No me hagan esto... Es demasiado precioso, mi príncipe –Musitó Stan, que estaba al límite entre reír y llorar de la emoción, una completa sorpresa para él.

Al mirar alrededor y oír las risas y las voces animadas por lo que había hecho, agarró otro puñado y lo lanzó con más impulso, soltando una risita y agitando sus brazos con entusiasmo. Kohaku, que estaba oculta todavía detrás de una doble cortina, no resistió la curiosidad y se asomó disimuladamente, encontrándose con lo adorable que estaba siendo su hijo. Cuando Neal caminó unos pasos más y vio los rostros de sus abuelos que se estaban derritiendo de ternura y lo aplaudían para felicitarlo, el pequeño se robó toda la atención del momento cuando él también aplaudió, y luego estiró sus manitos hacia la canasta para poder repetir la acción, e intentó lanzar los pétalos en dirección a sus abuelos, soltando una carcajada y aplaudiéndose a sí mismo.

- El mejor niño de las flores de la vida, lo amo –Rió Stan, que apenas podía resistir la tentación de no moverse de allí mientras esperaba que su hijo llegara hasta él.

La cortina por la que habían aparecido ellos finalmente se abrió por los lados, dejando ver en el medio a Kohaku, agarrada del brazo de su padre y también con una expresión que evidenciaba lo derretida de ternura y orgullo que estaba de ver a Neal así de divertido y carismático. Un jadeo de asombro volvió a sonar al unísono de parte de todos al ver a la hermosa novia, tal como había reaccionado Kokuyo, la mayoría apenas podía creer que Kohaku podía verse tan increíblemente bella y dulce.

- Oh... Díganme que no es un sueño.

Stan quedó boquiabierto, sus ojos zafiro abriéndose el máximo, al contemplar la exquisita y pura belleza de la joven que estaba por convertirse en su esposa. Se llevó una mano al corazón, que le comenzaba a latir con fuerza, y no fue el único cuya atención quedó indecisa entre a quién de los dos mirar, si a Kohaku o a Neal mientras los dos se iban acercando a él, aunque su amada estaba siendo magnética, mientras pensaba que su imaginación había sido muy pobre, la visión que tenía delante de él superaba cualquier expectativa que se había hecho. Agradeció que Xeno se agachara en cuclillas para sonreír y atraer a Neal hacia él, dejándole la oportunidad de admirar a su novia sin culpa de ignorar a su hijo.

Sin embargo, cuando el científico cargó al niño en brazos ya que había llegado junto con Suika, Stan se lo pidió para cargarlo él un momento y poder felicitarlo con un buen abrazo y beso, su pequeño se lo merecía por lo bien que lo había hecho. Antes de que Xeno volviera a su lugar, le susurró con un tono entre suplicante y bromista.

- Ahora quédate a mi lado y dame apoyo, por favor, que se me aflojan las rodillas.

El peliblanco sonrió y le dio una palmada en la espalda, podía entender la conmoción de su amigo, Kohaku lucía más que elegante y magnífica. Cuando la rubia al fin llegó hasta donde estaban ellos, Kokuyo la dejó apenas conteniendo su emoción, y dio unos pasos para ponerse al costado, quedándose allí parado. Kohaku le sonrió primero a su bebé, felicitándolo con tono dulce y dándole un beso en la mejilla regordeta. Se veía demasiado hermoso y tierno en su ropita adulta versión miniatura, y la imagen completó su perfección cuando vio a padre e hijo juntos, sus dos hombres eran los más guapos en todo el mundo. Ella también se mostró agradablemente sorprendida al ver a Stan con su elegante traje, estaba imposiblemente atractivo y bello, además de su cabello platinado peinado hacia atrás con cuidado, y sus ojos zafiro brillando aguados, mientras le mostraba una sonrisa deslumbrante.

Kohaku también le sonrió con felicidad, y estiró su cuello para darle un beso en los labios en anticipación. Ella estaba tranquila y animada, por lo que se sorprendió cuando Stan cerró los ojos brevemente, haciendo el gesto con una mano de que le dieran un minuto para reponerse. Cuando lo vio volver a abrirlos, sonrió enternecida cuando él tuvo que mirar hacia arriba y pestañear varias veces para tratar de contener las lágrimas que asomaban con escaparse de sus ojos.

- ¿Tú también? –Preguntó divertida– ¿No empezamos y ya lloras?

- No puedo evitarlo... Tú y el renacuajo, así... Es demasiado para mi corazón –Musitó emocionado– Y eso que traté de hacerme a la idea para que esto no sucediera, porque sabía que iba a verte más hermosa de lo que te había visto nunca, pero me quedé corto. Ni en mis sueños me imaginé que llegaría este día con una mujer como tú.

- Stan, guarda algo para los votos –Bromeó Xeno a sus espaldas.

- Oh, créeme que tengo mucho más que eso –Respondió con una sonrisa– Me dije que no iba a llorar, así como no lo hice cuando Neal nació.

- Stan, está bien que te emociones y llores, tranquilo –Lo consoló Ruri.

- No, si hasta mi novia se burló –Se quejó el soldado con una sonrisa– Además las lágrimas me harían difícil verla bien, y hoy es un día único para ambos, quiero que mis ojos puedan ver cada detalle para recordarlo a la perfección.

Un coro de suspiros femeninos se oyó de entre los invitados, procedente de las tres hermanas Ruby, Saphire y Garnet, que estaban fascinadas con lo sensible y romántico que era el novio y querían encontrar un hombre así para ellas. Stan volvió a pasar a Neal a brazos de Xeno, y luego rozó los dedos de una mano con delicadeza por la bonita corona de flores que Kohaku llevaba sobre la cabeza.

- Imposible negar que eres una reina, si hasta corona tienes.

- ¡Ja! Qué apropiado. Me la hizo Suika.

- Yo también quiero aportar.

Stan sacó una florcita del ramo que Kohaku tenía en la mano, y con cuidado la metió entre las que formaban la corona. Como gesto caballeroso y de broma entre ellos, se arrodilló frente a ella y le besó el anillo de compromiso, antes de que empezara la ceremonia. Luego se puso de pie y le guiñó un ojo con una sonrisa coqueta.

- A ti sí que te gusta llamar la atención, ¿eh? –Dijo Kohaku con una media sonrisa, viendo de reojo cómo todos los ojos se habían puesto en ellos en ese momento.

- Es nuestra boda, por supuesto que hoy seremos el centro de atención, y vamos a disfrutarlo.

- ¡Ja! Así es, ¡hagamos esto! –Asintió, sonriendo confiada. Se giró a medias para mirar a su padre, y le dio su ramo para que se lo sostuviese, según le habían indicado sus amigas antes.

- ¿Empezamos? –Preguntó Ruri, mirando a los novios, los cuales asintieron con una sonrisa. Levantó la mirada hacia los invitados, y habló con voz clara y fuerte– Queridos amigos, hoy oficiaré esta boda con mi labor como sacerdotisa para reconocer a esta hermosa pareja que contraerá matrimonio, los dioses serán testigo y bendecirán esta unión, así como lo harán todos los aquí presentes, compartiendo los mejores deseos de amor y prosperidad para los novios. Comenzaremos con las palabras de compromiso, o votos matrimoniales, con las cuales los novios compartirán su promesa de amor eterno.

Ruri los miró a ambos, y Stan se adelantó a tomar la mano de Kohaku, entrelazando sus dedos mientras le sonreía y la miraba a los ojos, respirando hondo para prepararse.

- Kohaku, pasamos por muchas cosas desde que nos conocimos, y las reconozco como el camino que tuvimos que atravesar para estar aquí juntos hoy en día. Paso a paso, nos fuimos acercando y disfrutando el valor de los detalles más sutiles desde los primeros días, con una facilidad muy natural y sin forzar, como si en lugar de recién conocernos, nos estuviéramos reencontrando. Entendernos con sólo mirarnos a los ojos, disfrutar de comer juntos y a solas, incluso en un silencio que no fuera incómodo, hasta que un día dejamos ver las primeras sonrisas y risas, lo que marcó un antes y un después para nosotros. Aprendimos las primeras palabras en el idioma del otro entre nosotros porque queríamos comunicarnos más, y lo primero que aprendimos fue nuestra "boca", para poder decir "sonrisa". Y luego... empezaste a ser irresistible, quise aprender más palabras para poder hablar contigo, llevarte a volar para conocer esa sonrisa de corazón que me habían dicho que iluminaba como un sol. Quise acompañarte cuando te sentías mal, y resultó una de las siestas más reparadoras y deliciosas de mi vida, en la cual no dudé en sellar mi destino contigo, sin saberlo para ese entonces, fue pura intuición. Quiero seguir despertándome cada día, y encontrarme con tu mirada y sonrisa, el calor de tu abrazo, la dulzura de tus besos. Eso es lo que voy a proteger, además de a nuestro hijo Neal, la felicidad y seguridad de ambos son mi misión de por vida. Los amo, te amo mucho.

Kohaku apenas pudo contener su emoción mientras oía las sentidas y románticas palabras de Stan, y sonrió al recibir un largo y cariñoso beso en los labios. Sin soltar el entrelazamiento de sus dedos, fue el turno de la rubia de respirar profundo para prepararse para decir sus votos.

- Yo también pensaba decir algunos de esos recuerdos, te me adelantaste. Pero hay más, contigo hay mucho más. Nunca dejó de sorprenderme que antes de que hubiera amor entre nosotros, cuando estábamos en bandos opuestos, estuviste atento a mi bienestar, así como me diste muchos momentos especiales, cuidaste de mí y trataste de animarme cuando yo no estaba bien. Siempre sentí tu protección, tu dedicación y entrega a cuidarme y hacerme sentir bien, aunque algunas veces haya sido duro para ambos. Y eso se volvió más evidente cuando supimos que Neal iba a ser parte de nuestras vidas, y luego cuando llegó, me hiciste conocer y sentir un amor sin límites ni condiciones, con promesas sinceras. Me llevaste a lo más alto, me hiciste conocer el cielo... el del mundo, y el de mi propio mundo. El atardecer se convirtió en el momento del día favorito desde que lo compartimos juntos, así como algunos amaneceres inolvidables que vivimos. Eres un buen hombre, cariñoso, responsable y hermoso, soy muy afortunada de poder compartir mi vida contigo, y prometo confiar en ti, apoyarte y amarte. Te elijo hoy y por el resto de mi vida, a ti y a nuestra familia que tiene mucho por delante, y por crecer. Te amo, Stan.

Compartieron otro largo beso luego de que Kohaku dijera sus votos. Stan había sentido su corazón vibrar con emoción con cada dulce palabra, aunque lo que lo había sorprendido y emocionado en secreto había sido que la joven dijera que su familia tenía mucho por "crecer", y no sólo se refería a la madurez que vendría con el tiempo. Se miraron largamente, los dos arrebatados por la emoción y la felicidad, por lo que no se percataron cuando Xeno disimuladamente se hizo a un lado con Neal todavía en brazos, y se fue al fondo, al inicio del pasillo por donde había entrado Kohaku.

- ¡Qué hermoso! –Dijo Ruri con una amplia sonrisa, muy feliz por la pareja, y en especial por su hermana– Gracias por compartir sus bonitas palabras y promesas de amor, Stan, Kohaku. Ahora comenzaremos con la tradición del intercambio de anillos, símbolo del mundo moderno de la unión de los novios.

Al mismo tiempo, la pareja miró en dirección a donde un minuto antes estaba Xeno, que en ese momento brillaba por su ausencia. Confundidos a la par, buscaron alrededor con la mirada, sin encontrarlo.

- ¿Dónde se metió? –Preguntó Stan, preocupado.

- ¿Se fue con Neal? Quizás nuestro bebé estaba incómodo, y se lo llevó para que no llorara.

Stan abrió la boca, a punto de llamar en voz alta a su amigo y padrino de boda, cuando sus ojos se percataron de un movimiento y por reflejo miró hacia allí. Su boca quedó entreabierta, así como sus orbes zafiro se abrieron mucho, y apretó con fuerza la mano de su novia, a falta de palabras. Kohaku siguió la expresión de sorpresa de él para encontrar lo que la había provocado, y jadeó antes de quedar igual de boquiabierta que Stan. Ninguno de los dos sabía de esa sorpresa, quién llevaba en sus manos la cajita de madera con los anillos dentro y caminaba hacia ellos era su propio hijo. Xeno estaba unos pasos detrás, le había dado la indicación al niño que les llevara eso a sus padres.

- Listo, me morí... –Gimió Stan, mordiéndose los labios para contener la tierna emoción. Para ayudarlo y que no se distrajera, se arrodilló y extendió los brazos hacia su hijo– Ven con papi, renacuajo.

El bebé detuvo sus pasos y sonrió cuando vio a su padre tan contento y recibiéndolo así.

- ¡Paaaaaa! –Chilló agudo, en respuesta, y estiró la mano con la cajita de los anillos hacia él, mostrándosela con entusiasmo– ¡Aquí!

- Sí, eso es para papá y mamá –Asintió Stan, sonriendo más, y le hizo un gesto con la mano para animarlo a que se la entregase– Ven, tráela aquí, para papá y mamá.

Sin esperar más, el pequeño caminó mucho más rápido, impulsado por su entusiasmo, dando unos adorables y largos pasos con sus piernitas abiertas y los brazos levantados en su forma natural de hacer equilibrio. Todos rieron al ver lo tierno y bonito que era, aunque la sonrisa de Xeno fluctuó al preocuparse de que el bebé tropezara y cayera de bruces, lo cual le solía suceder cuando caminaba tan rápido. Por suerte, eso no sucedió esa vez, y Neal llegó a los brazos de su padre y se lanzó sobre él, recibiendo un cariñoso besuqueo en su mejilla.

- Papá. Aquí –Repitió, dándole la cajita.

- Gracias, Neal.

Habiendo cumplido su objetivo, el niño esperó que le devolviera la cajita, como siempre hacían cuando jugaban, un idea y vuelta de darse las cosas en las manos, por lo que estiró los brazos y abrió sus manitas para recibirla.

- Papá tiene que usar esto ahora –Explicó Stan.

- ¡Papá! –Insistió el pequeño, más fuerte.

- Dáselo, Stan. No hay apuro –Rió Kohaku.

Cediendo, el soldado le dio la cajita a su hijo, que sonrió contento al recibirla, y luego el pequeño se la ofreció a su madre, con su sonrisa orgullosa y angelical.

- Mamá. Aquí.

- Gracias, mi amor, ¡buen niño! –Lo animó, derretida de ternura.

- Mamá. Papá.

A pesar de que Neal sólo tenía unas pocas palabras en su limitado vocabulario, se hacía entender también con gestos, por lo que señaló con su dedito de ella a él, dando a entender que quería que se lo devolviera a Stan. Kohaku así lo hizo, y el peli-plateado la recibió de vuelta. Neal aplaudió y soltó una risita, como siempre hacían con él para felicitarlo cuando jugaban.

- No puede ser más hermoso e inteligente, nuestro príncipe –Dijo Stan radiante, y miró a Xeno– Neal, ¿quieres volver con Xee?

- ¡Xee! –Exclamó el bebé, girando entre los brazos de su padre para buscar al mencionado, y lo señaló con su dedo– ¡Xee!

- Sí, aquí está Xee. Te quedas con él un ratito más, ¿sí?

También conmovido y disfrutando lo adorable que era Neal, Xeno estiró sus brazos para recibirlo, y el pequeño se dejó agarrar sin protestar. Sabiendo que era prudente entretenerlo y ya preparada para eso, Luna se acercó y le dio uno de los peluches favoritos al científico, para que llamara la atención del niño y reemplazara el objeto de su juego.

- ¡Gracias! –Gesticuló Kohaku a su amiga, aliviada, y la joven le devolvió un guiño de ojo cómplice. Luego miró a su hermana mayor, que esperaba pacientemente, también entretenida con su tierno sobrino– Podemos continuar, Ruri.

La sacerdotisa recibió la cajita con los anillos, y a continuación, la abrió y se la acercó a Stan, quién sacó una de las alianzas, y le tomó con delicadeza la mano a su novia, alineando el anillo con el dedo anular de la mano de ella.

- Yo, Stanley Snyder, me entrego a ti, Kohaku, como tu esposo, para compartir nuestra vida juntos y amarte por siempre.

Empujó la alianza lentamente, hasta que quedó junto y por delante del anillo de compromiso que le había regalado meses antes. Luego fue el turno de la joven, que sacó el anillo restante de la cajita, e imitó a su novio, alineándolo con el dedo y mirándolo a los ojos antes de hablarle.

- Yo, Kohaku, me entrego a ti, Stan, como tu esposa, para compartir nuestra vida juntos y amarte por siempre.

Al terminar de ponérselo con igual cuidado, entrelazaron las manos que estaban del lado más cercano a los invitados y esperaron el próximo paso.

- Ahora continuaremos con la unión de las manos con el lazo sagrado de la aldea –Indicó Ruri, y miró a su padre– Papá, por favor.

Kokuyo asintió, y se acercó solemnemente sacando del interior de su manga las dos shimenawas de la pareja, que tenían el hilo rojo entrelazado, y estaban unidas por un nudo que conectaba sus dos extremos, formando un círculo. Se lo dio a Ruri, que les pidió a los novios que alzaran en horizontal su mano libre, y lo ubicó por encima de estas, para luego darle un medio giro de un solo lado y que el lazo adoptara la forma del símbolo del infinito. La sacerdotisa luego lo bajó y lo dejó colgando así por ambas manos, indicándoles que podían entrelazar sus dedos. En ese momento, Ruri tomó entre sus manos las de ellos, y recitó en voz baja una oración en la cual bendecía a través de los dioses la unión de la pareja por toda la eternidad. Cuando terminó, les quitó la cuerda de las manos manteniendo su forma y se la entregó a Kokuyo de vuelta, ya que era tradición que hasta el final de la boda la conservara el jefe de la aldea, lo cual él era temporalmente otra vez, según habían acordado.

- Para terminar con esta ceremonia antes de proclamarlos esposos, los novios beberán las tres copas de sake ante los dioses para prometer su unión. Deberán darle tres sorbos a cada una, que simbolizan el cielo divino, la madre tierra, y el hombre; y cada sorbo simboliza la unión de la pareja en cuerpo, mente y espíritu.

Ruri se volteó para ir a buscar un plato alargado que contenía las seis copas, ya llenas con la bebida, y la sostuvo mientras Stan y Kohaku continuaban con ese último paso. Una vez que terminaron, la sacerdotisa dejó a un lado el plato, y se paró de frente a los novios y de los demás, hablando con solemnidad a la par de su sonrisa feliz.

- A partir de este momento, reconocemos a Stan y Kohaku como marido y mujer, esposos, bajo el nombre de "familia Snyder" por tradición del mundo moderno. Ahora pueden besarse para sellar la unión.

Stan abrazó a Kohaku por la cintura mientras ella lo hacía alrededor del cuello de él, recortando la distancia para darse un largo y amoroso beso, ambos sonriendo. Para bromear con su romanticismo, el soldado dio un paso adelante y la inclinó con impulso hacia atrás, haciéndola jadear de sorpresa y que lo abrazara con más fuerza.

- Ahora sí, Kohaku, señora Snyder, esposa mía, empieza lo mejor –Susurró contra sus labios con tono acaramelado, y volvió a besarla, esa vez con mucha más pasión, al borde de escandalizar a algunos.

- ¡Stan! –Protestó Kohaku en un fuerte susurro, cuando pudo tomar algo de aire, sonrojada y cohibida.

- Una pequeña muestra de lo que disfrutaremos en unas horas, nada mal.

Guiñándole un ojo con coquetería, jaló de ella para volver a apoyarla firme sobre sus pies, y tomándose de las manos, se dieron vuelta y caminaron entre los invitados para llegar al otro lado, recibiendo una lluvia de pétalos de flores de parte de los aldeanos y arroz de parte de los del mundo moderno, que los hicieron reír. Con eso oficialmente habían terminado con la bonita ceremonia que había combinado exitosamente las tradiciones de ambos, y con una ola de aplausos atrás y oyendo los gritos de felicitaciones y buenos deseos, buscaron a Xeno para recuperar a Neal y asegurarse que estuviera tranquilo después de todo el repentino bullicio.

La fiesta y el banquete de bodas comenzó al poco rato, una vez que acomodaron el lugar para disponer la comida y bebida sobre unas largas mesadas. Lo bonito de haberlo hecho a esa hora, tal como habían planeado, fue que pudieron tomarse unos minutos de calma para contemplar el hermoso atardecer sobre el mar, un espectáculo del que podían disfrutar desde la isla de la aldea Ishigami. Stan y Kohaku, con Neal en brazos, caminaron hasta casi el borde del acantilado de la isla, y el peli-plateado la rodeó en un abrazo por detrás mientras disfrutaban los colores tan hermosos, que iban de un azul a un rosado, y de ahí se combinaba con el dorado y el anaranjado del sol en el horizonte.

- Fue perfecta nuestra boda, ¿verdad? –Preguntó Kohaku con voz suave, suspirando cautivada por su vista favorita.

- Sí lo fue, nada mal. Aunque todavía no terminó, ahora viene lo rico... y luego viene lo más rico.

- ¿Ya estás pensando en eso? –Rió la rubia, divertida.

- ¿En la primera vez que vamos a hacer el amor como esposos? Por supuesto. Me gustó mucho cómo sonó "familia Snyder", y ya te haces una idea lo que me hizo sentir el "señora Snyder" ... Pero primero a divertirnos y festejar con los demás.

Se quedaron unos minutos más así, relajados y a gusto, hasta que decidieron volver con todos. El banquete comenzó al rato, y fue de lo más bonito y animado. Se había adornado el centro de la aldea con hileras de luces y flores colgantes, además de muchas velas blancas entre las mesadas y algunos rincones. La comida la había hecho François, lo cual aseguraba que todo fuera una delicia, aunque se había dejado ayudar por los cocineros estadounidenses. El principio del festejo fue tranquilo, dedicados a saborear los manjares, y un rato después empezó la música gracias a los instrumentos artesanales que ya había, sumados a los últimos que había hecho Kaseki a pedido de Ryusui. Entre alcohol y baile, poco a poco todos se fueron animando a participar y a divertirse, carcajadas acompañando la música ya que siempre había algunos más payasos.

- Xeno, ¿bailamos? –Preguntó entusiasmada Luna, jalándolo del brazo.

- Preferiría una pieza más tranquila, no estoy acostumbrado a seguir este ritmo ni de andar a los saltos.

- ¡Ay, no seas tan rígido! –Protestó Luna– No tienes que hacer lo mismo que todos, solo bailemos. Una vez, al menos, y luego me busco otras parejas de baile, ¿sí?

- ... De acuerdo.

Contenta, la rubia le dio un sonoro beso en la mejilla, y lo arrastró con entusiasmo junto con la multitud. Los flamantes esposos ya se estaban divirtiendo con la danza, desplazándose por toda la improvisada pista de baile para compartir con todos, cada tanto intercambiando parejas de baile antes de volver a encontrarse juntos. Cuando Stan vio a Xeno, soltó una carcajada y le avisó a Kohaku para que se quedaran cerca de ellos. Dejaron a él y Luna compartir un rato como pareja, y luego se acercaron para cambiar, Stan dándole el gusto a Luna de bailar más animado, y Kohaku se emparejó con Xeno y con su ímpetu lo arrastró entre risas a moverse de igual forma.

- ¡Qué divertido! –Exclamó Luna, radiante– ¡Hace mucho que no bailaba así!

- Ni yo... Y creo que nadie aquí, por eso estamos todos tan enérgicos.

Finalmente, Kohaku tuvo piedad del científico, que agradeció que le dieran un respiro, y bajaron el ritmo. La rubia aprovechó para mirarlo con calidez y darle un abrazo.

- Gracias, Xeno, por todo.

- Te deseo toda la felicidad, "Mrs. Snyder". Qué elegante, te queda.

- No me acostumbro a eso del apellido. Llámame por mi nombre como siempre. Ah, ¿y cuál es tu apellido, Xeno?

- Wingfield.

- "Wingfield" –Repitió con dificultad, y rió– ¡Ja, es difícil! Aunque suena mucho más elegante. Hmm, espero que "Mrs. Wingfield" hable bien inglés para que pueda decirlo y que suene bien.

Con esa pícara broma que provocó un sonrojo en el científico cuando la rubia miró a la joven médica de forma demasiado obvia, se fueron desplazando hasta salir de la zona de baile, y allí Kohaku soltó al científico y fue a buscar a Tsukasa, su siguiente "víctima", ya que él también estaba parado a un costado del bullicio, siempre tan tranquilo y chequeando que su hermanita estuviera bien.

Entre baile, comida y descansos pasaron unas dos horas, el ánimo no decaía, y tal como la otra noche muchos empezaban a evidenciar su estado alcoholizado y hasta más energético.

- Creo que es hora de ir terminando esta fiesta, o terminaremos agotados –Dijo Kohaku jadeante a su esposo, luego de un divertida y agitada danza grupal.

- No queremos eso. Dejemos que ellos sigan disfrutando, de seguro van a terminar borrachos y tirados en el piso otra vez.

En ese momento oyeron un llanto largo y angustiado, y se voltearon al mismo tiempo cuando reconocieron que era de su bebé, que estaba con sus abuelos paternos.

- ¡Maaaaaaa!

Kohaku se apuró a acercarse, y Sarah se lo pasó a sus brazos, mientras el pequeño no dejaba de llorar, frotándose los ojitos.

- ¿Se cayó o se siente mal, Sarah?

- No, querida, sólo está cansado, pobre angelito, aguantó bastante sin dormir siesta.

- Aquí está mamá, amor –Le dijo con voz dulce, limpiándole las lágrimas y besándole la frente– ¿Vamos a dormir?

- ¡Mamá! ¡Teta!

- Oh, Neal, espera –Kohaku se sobresaltó con un poco de vergüenza, cuando el pequeño le jaló el borde del vestido, casi exponiendo su pecho.

- El renacuajo no pierde el tiempo, va directo a conseguir lo que quiere, más cuando lo tiene tan a su alcance –Bromeó Stan.

- Comer y dormir, el plan completo para este buñuelo –Asintió comprensiva Sarah.

- Stan, si quieres quédate mientras yo me ocupo de Neal, así ya duerme tranquilo con mi familia.

- No, te acompaño, también quiero estar con el renacuajo un rato. Hoy va a ser la primera noche que pase entera sin nosotros, mejor dejarlo contento y bien dormido.

Avisaron a sus amigos que iban a ausentarse para ocuparse del bebé, y se percataron de una mirada de reojo entre algunos de ellos, que luego les pidieron que avisaran cuando pensaban retirarse de la fiesta.

- ¿Qué traman? –Preguntó con suspicacia Kohaku.

- ¡Jaja! Tranquilos, es algo conveniente para ustedes, nuestro regalo de bodas –Contestó Ryusui, chasqueando los dedos.

- "Conveniente", ¿eh? Nada mal. Bien, nos vemos en un rato.

Se dirigieron a la choza de Ruri para ya estar en el lugar donde lo iban a dejar dormido. Luego de amamantarlo, Kohaku pasó al bebé a manos de Stan, mientras ella se acomodaba el vestido nuevamente. Como el pequeño ya estaba más tranquilo y adormilado, el padre lo meció un rato, tarareando algo calmo y dulce, siempre le funcionaba. Cuando ya lo vio con los ojos casi cerrados, lo acostó en la cama y él se acomodó a su lado, conteniéndolo en un protector abrazo mientras Kohaku le acariciaba la cabecita. Neal no tardó más de unos minutos en caer profundamente dormido, y la pareja se miró a los ojos con calidez y compartió un largo y calmo beso, esos momentos familiares eran por lejos sus favoritos.

Ruri se asomó unos minutos después, acercándose sigilosamente para no despertar al bebé, y ellos se pusieron de pie.

- Vayan tranquilos, yo me ocupo –Dijo en voz baja.

- Me apena que tengas que irte de la fiesta, Ruri...

- No te preocupes, ya lo disfruté y me divertí mucho. También me gusta cuidar a Neal, es un buen niño.

- El mejor, nuestro príncipe, nos llenó de hermosas sorpresas hoy –Susurró Stan, acariciándole la mejilla.

- Ruri, te dejé unos biberones preparados, y unas porciones de su papilla favorita, además de que hay algunas frutas. Eso bastará hasta mañana al mediodía.

- De acuerdo, gracias.

- Si llora mucho... ¿Y si llevamos una radio o algo así, para que nos avises?

Ruri se acercó a Kohaku, y le apoyó sus dos manos en las mejillas, sonriéndole con calma.

- Hermana, hoy es tu día, tu boda con Stan. Relájate y disfrútalo, no te olvides que también papá estará aquí, Neal va a estar bien.

- Bueno... Está bien. Pero es que me siento culpable de dejarlo...

- Amor, ya está acostumbrado a que lo dejemos al cuidado de su familia o amigos –Le recordó Stan, abrazándola por detrás.

- Sí, pero nunca tantas horas, o de noche. Me angustia que se despierte y no sepa por qué no estamos con él, ni pueda vernos, todavía es pequeño para entenderlo.

- Como dijo Ruri, tranquila, estará bien. El renacuajo disfruta su tiempo cuando otros lo cuidan, ya no llora como antes. Y tampoco es que nos vamos unos días, es sólo una noche, nuestra noche especial de bodas, única e irrepetible.

- Lo sé... –Murmuró, bajando la mirada– Lo sé, tiene sentido, y tengo que ser fuerte, pero me cuesta dejarlo.

- Entonces quizás tengamos que empezar a implementar que alguna noche cada tanto, mamá y papá tengan una larga cita nocturna, así el renacuajo se acostumbra, ¿no te parece? No estaría nada mal, y matamos dos pájaros de un tiro.

- ¿Por qué matarías dos pá...? Ah –Se calló a tiempo, dándose cuenta que era una frase de Stan y no de verdad– Puede ser... Me siento un poco egoísta, lo estaríamos dejando al cuidado de otros para divertirnos nosotros, cuando es nuestro hijo.

- Sí, es nuestro hijo, pero nosotros también somos una pareja, esposos ahora, y podemos tener nuestros momentos juntos y a solas, así como va a llegar el día en que ya no duerma en nuestra habitación. Necesitamos nuestra privacidad, y él que tenga su espacio, eventualmente va a tener que entenderlo, y ya verás que un día va a ser al revés, que él empezará a hacer su vuelo propio, y tendremos que aceptarlo y acompañarlo. No es una conversación para tener ahora, pero es algo obvio, ¿no?

- Supongo que sí –Suspiró Kohaku.

- Y a nosotros nos encanta cuidarlo, es nuestra familia también, hermana –Intercedió Ruri– Ahora quédate tranquila, ¡vayan a disfrutar!

- Gracias, Ruri –Asintió con una sonrisa, y le dio un fuerte abrazo a su hermana mayor, despidiéndose después de Neal con un suave beso en la frente.

Stan también se despidió de la sacerdotisa y de su hijo, para luego rodear a su esposa por la cintura y guiarla fuera. Grande fue la sorpresa de ambos cuando salieron, ya que todos los demás habían formado un pasillo, y al final estaba Ryusui, secundado por los mejores amigos y colegas de ambos. Cuando llegaron a él, el marinero sonrió ampliamente y sin decir más, se dio la vuelta y empezó a caminar. Con una mirada de ánimo de los demás para que lo siguieran, Stan y Kohaku se tomaron de las manos y caminaron detrás de él, seguidos por los amigos más cercanos. Su intriga fue en aumento cuando cruzaron el puente y atravesaron parte del reino científico, para descender hacia donde estaba el Perseo anclado.

- ¿El barco? ¿A dónde nos piensas llevar, Ryusui? –Preguntó Stan, frunciendo el ceño.

- ¡Jaja! Los voy a llevar a un lugar, pero no en barco –Contestó, satisfecho con la intriga generada– A falta de luna de miel, por lo menos la noche de bodas no creían que iba a ser en su cabaña de siempre, ¿no?

En la cubierta del Perseo había un avión preparado, que resultó ser el que habían construido para ir de Sudamérica a Estados Unidos con Kohaku embarazada, que tenía lugar para cuatro personas.

- Espera, Ryusui... –Lo detuvo la rubia alarmada– No podemos ir muy lejos, ¿cómo haremos si Neal nos necesita?

- ¿Quién dijo que iba a llevarlos lejos? Es para ahorrarles la caminata, además que en el mundo moderno era común que se llevara a los novios en coche de un lugar a otro.

- A falta de coche, un vuelo exprés en avión, qué lujo. ¡Nada mal! –Dijo Stan con entusiasmo.

- Espero que les guste, lo que les aguarda lo hicimos entre todos como un humilde regalo –Añadió Tsukasa, sonriendo con calidez.

- ¡Oh, Tsukasa, chicos! –Dijo Kohaku emocionada, y abrazó al luchador– No sé qué será, pero gracias, ya me imagino que será algo muy especial.

- ¡Ya lo verás, quedó muy malote! –Dijo Chrome, que apareció de pronto, jadeando.

- ¿Dónde estabas tú? ¿Por qué estás agitado, Chrome?

- ¡Sorpresa malota! –Contestó el castaño, levantando el dedo pulgar.

Todos sonrieron ante la gracia de Chrome, y despidieron allí a la pareja, que continuaron el camino para subir al barco, y de allí al avión junto a Ryusui. El vuelo no duró más que unos cinco minutos, efectivamente siendo breve, hasta que llegaron a una zona medianamente arbolada con una pequeña colina.

- ¡Oooh! ¡Veo algo allí! –Exclamó Kohaku, asomándose al borde de la ventana– ¿Luces?

- No hagas trampa con tu buena vista, Kohaku, espera a que aterrice –Advirtió Ryusui.

Al cabo de un minuto, el avión empezó a descender, hasta que aterrizó sobre el césped en la base de la colina, que medía apenas unos cien metros hasta la cima. Stan bajó primero, ayudando a Kohaku a bajar para que no se tropezara con el largo vestido.

- Hay un camino marcado, sigan las luces hasta arriba, allí encontrarán una cabaña –Indicó Ryusui, señalando en dicha dirección– ¡Feliz noche de bodas! ¡Les deseo lo mejor!

- Gracias, Ryusui, y agradéceles a todos, una vez más de nuestra parte –Dijo Stan, extendiendo su mano para dársela al rubio.

Se despidieron del ambicioso joven, que hizo una pequeña carrera con el avión para retomar el vuelo y volver a la aldea. La pareja se tomó de la mano y caminó en dirección a las luces, que resultaron ser velas, y debía de haber montones hasta la cima, separadas cada dos o tres metros.

- Las velas están encendidas no hace mucho –Observó Kohaku– ¡Ah! ¡Ese habrá sido Chrome, y por eso lo vimos llegar agitado!

- Qué dedicación y rapidez, venir hasta aquí y prenderlas todas mientras nosotros estábamos con Neal. A seguir el camino hacia la cabaña.

La rubia empezó a caminar, cuando de pronto soltó una exclamación de sorpresa al sentir que sus pies habían abandonado el suelo, y se hallaba en brazos de Stan.

- Yo te llevo.

- Stan, puedo caminar perfectamente, no estoy cansada.

- Puedes, pero se dice que el novio tiene que cargar a su novia por el umbral de la casa donde van a tener su noche de bodas. Y no quiero que mi reina se embarre ese precioso vestido y zapatos blancos.

Kohaku sonrió por lo caballeroso que era su esposo, y le dio un beso en los labios antes de dejarse llevar. Afortunadamente el ascenso no fue largo, y se encontraron de frente a una cabaña de madera que estaba adornada con flores y pequeñas lucecitas, además de dos cortinas vaporosas y blancas marcando un arco alrededor de la puerta principal.

- ¿Me ayudas abriendo la puerta, amor?

- ¡Claro!

La rubia estiró la mano para agarrar el picaporte y bajarlo, para así poder entrar. Estaba iluminada por dentro con unas bombillas de luz cálida, por lo que pudieron ver su interior al instante, y quedaron boquiabiertos y sonrientes. A juego con la apariencia exterior, la cabaña estaba decorada con ramos de flores entrelazados y colgantes, así como algunas velas agrupadas, y una cama bien grande en el centro, además de una mesita cajonera de un solo lado. Eso era prácticamente todo, aunque al otro lado se veía una puerta que seguramente daba a un improvisado baño y había una mesita con unas botellas de agua y vasos.

- Esto es encantador, ¡qué bonito! –Admiró Kohaku.

- Impecable, muy bien preparado y romántico, mañana tenemos que agradecerles mucho. No sé en qué momento se escaparon para hacerlo, pero no lo hicieron nada mal.

Stan hundió la mano en el colchón de la cama, y sonrió.

- Este fue Xeno, lo apuesto. Debe ser uno de los colchones que trajimos de repuesto en el barco –Revisó la cajonera y su sonrisa se amplió, cuando sacó una cajita metálica– Y nos dejaron condones y todo, qué considerados... Aunque yo tengo algunos en mi traje.

- Stan, sobre eso...

Kohaku se acercó, y le quitó la caja de las manos, guardándola en el cajón y cerrándolo. Ante la mirada confusa de él, lo abrazó y lo miró a los ojos.

- Hoy no quiero que los usemos. Es nuestra unión como esposos, no quiero que nada se interponga en nuestra unión esta noche.

- ¿Qué...? Kohaku, no, ¿qué estás diciendo? –Preguntó, alarmado– Ya sabes el riesgo que supone.

- Lo sé, y por eso tomé medidas, no te preocupes. ¿Por qué crees que elegí esta fecha? Lo revisé con Luna, y era el día más conveniente. Además, vengo tomando hace una semana un preparado que me dijo que ayudaría, y... –Metió unos dedos en su escote, para sacar un potecito– Me dijo que usara este ungüento en mi interior antes de que lo hagamos, para más seguridad, será un "ambiente hostil" para eso que dejas y puede embarazarme, según me explicó.

- Espera... ¿Estás diciendo que pretendes que acabe dentro tuyo? –Preguntó, abriendo mucho sus ojos azules– Eso ya sería...

- Stan, está bien –Lo interrumpió, y le acarició el rostro– Sólo por esta noche, quiero que sintamos todos, que no nos contengamos. Lo quiero así, y confía en mí.

- Pero... Y si...

- De todas formas, esta vez no será como la anterior. Te amo, te elijo a ti, y a nuestra familia. No hay culpas, y todo lo recibiremos con amor desde el inicio. Aunque como digo, hoy no va a suceder, lo sé.

- Oh, mi amor –Susurró él, abrazándola y respirando profundo, después asintió– Te mentiría si dijera que no lo quiero así también. Me quedaré tranquilo con lo que dices, confiemos, entonces. Hoy nos entregaremos por completo uno al otro, así será.

Se miraron a los ojos con una dulce sonrisa y amor, para sellar sus labios en el primer beso profundo a solas. Ya habría tiempo para volverse más apasionados, en ese momento la intimidad de ambos se reflejaba en la plenitud de su abrazo, y de un beso que traspasaba el límite físico de conectar sus labios. Un beso conectó con el siguiente, y con otro más, hasta que perdieron la noción del tiempo mientras seguían allí parados, fundiéndose en un abrazo y en unir sus labios, y sus corazones y almas a través de todo ese contacto.

Cuando quedaron satisfechos con ese dulce intercambio, Stan deslizó sus manos por los brazos de Kohaku hasta los hombros, y volvió a bajar manteniendo esa mínima caricia mientras la miraba de reojo con una sonrisa seductora.

- ¿Cómo quieres que sea nuestra primera noche de hacer el amor como esposos? ¿Dulce? ¿Picante?

- ¿Por qué tenemos que elegir? ¿No podemos hacer ser ambas?

- Por supuesto que podemos –Contestó con voz acaramelada, besándole el cuello– Entonces reformulo la pregunta, ¿cómo vamos a ser primero?

- Podemos empezar jugando. Veo que tienes muchas capas de ropa encima, eso no es divertido.

- Es verdad. Ya me está dando calor de sólo pensarlo, ¿me ayudas?

- Claro, lo que mi esposo necesite... –Bromeó coqueta.

Stan dejó sus brazos caer a los lados, mostrándose bien dispuesto a dejarse desvestir, aunque su mirada era ya un fuego azul brillante. Kohaku le quitó el saco, y luego desabrochó cada botón del chaleco mirándolo a los ojos de forma cautivadora. Había sentido un inmediato calor al ver lo bien que le quedaba el chaleco perfectamente entallado, remarcando su esbelta y a la vez musculosa figura, mientras que las mangas de la camisa le quedaban más holgadas, era un contraste de lo más atractivo y elegante. Se lo sacó también, y continuó para ocuparse de la corbata, que ya había aprendido cómo aflojar correctamente. Sin embargo, sólo para jugar un poco, lo jaló de la misma y caminó unos pasos atrás, atrayéndolo hacia él.

- Te hacías la esposa servicial, pero yo te veo bastante decidida a llevarme hacia donde tú quieres.

- ¡Ja! Así es, porque te quiero junto a mí... O encima, o debajo, o...

Kohaku no terminó de hablar, cuando los labios de Stan chocaron contra los de ella con más impulso, y su lengua no tardó en invadirla, exigiendo más. Dejando el juego de lado, agarró la corbata con ambas manos y le dio un fuerte tirón para desarmarle el nudo. Sus manos ya eran diestras en desvestirlo mientras recibía los besos y caricias, por lo cual continuó mientras disfrutaba los sensuales y demandantes besos de su esposo, hombre poderoso y seductor en partes iguales. Con velocidad le desabotonó la camisa, aunque no llegó a quitársela cuando él la atrapó en un fuerte abrazo, y le tomó el rostro para besarla.

- Hasta ahí está bien, gracias. Permíteme emparejar la situación...

Sin soltarla del todo, la hizo dar una media vuelta tener su espalda contra el torso de él, y mientras le besaba el cuello y el principio de la columna con besos húmedos que la hacían ya gemir de gusto, llevó sus manos a los botones de perlas y los fue abriendo con facilidad. Sin embargo, cuando coló su mano para poder rodearle la cintura por debajo del vestido, sintió un tacto que no se esperaba.

- Vaya, vaya... ¿Qué tenemos aquí, señora Snyder? Nada mal.

- Regalo de boda –Contestó con picardía la rubia, mirándolo con sus fogosos ojos aguamarina de reojo.

- Ooh... ¿Cuánto más escondes? ¿Puedo tantear y adivinar?

- Todo para ti –Ronroneó Kohaku, levantando sus brazos para rodear el cuello de él hacia atrás.

Stan sintió una ola de agradable calor, le fascinaba cuando ella se mostraba tan confiada y sexy. Bajó su voz a un gemido ronco, para hablarle al oído.

- He aquí una confesión, tengo la fantasía de que lo hagamos así a medio vestir. Quitar de en medio lo mínimo y empezar a hacer el amor con pasión. Aunque también tengo ganas de hacerlo bien juntitos y sintiendo todo el calor y contacto de nuestros cuerpos desnudos. No me decido, pero esto que llevas podría ser un buen punto medio, déjame ver...

La rubia asintió, y dejó salir un ronroneo sensual cuando las manos del soldado volvieron a colarse debajo de su vestido, sonriendo con diablura cuando lo oyó jadear de sorpresa.

- Esto se pone cada vez mejor. Estoy tocando más tela de la que me imaginaba debajo de ese bonito vestido. Así que, si te lo saco, igual quedarías a medio vestir, ¿verdad?

- Compruébalo por ti mismo.

Tan intrigado como encantado, Stan abrió los botones restantes de la parte baja del vestido, y le quitó el cinto de perlas. Luego le bajó el vestido hasta las caderas, sonriendo boquiabierto, cada vez más, a medida que revelaba la vestimenta secreta y sensual de Kohaku. Deslizó sus manos para seguir bajándolo, acariciando su trasero y muslos en el proceso, hasta que el vestido cayó al suelo por completo. Se puso de pie, la giró para verla de frente, y dio uno pasos atrás para poder admirarla de pies a cabeza.

- Oh... Nada mal, preciosa. Nada mal. Nunca pensé que te vería con algo así.

Sonriendo coqueta y confiada, aunque igualmente muy sonrojada, Kohaku apoyó una mano en su cintura mientras dejaba la otra a un lado, empujando la cadera hacia un lado. Como detalle especial que Yuzuriha le había hecho, llevaba puesto un conjunto de lencería blanco muy sensual, compuesto por un corset que le llegaba hasta las caderas, con unos volados delicados en la parte inferior, y de allí se extendían unas tiras para formar un portaligas, con unas medias semi-transparentes y adornadas con encajes bordados en los bordes superiores. Las bragas eran las más pequeñas y finas que había usado nunca, lo cual completaban la imagen tan sexy.

Stan la estaba devorando con los ojos, admirando cada centímetro de ella, que para colmo estaba con una actitud mucho más juguetona y sensual que de costumbre, toda una femme fatale. Cuando al fin quedó satisfecho con grabar en su memoria cada detalle de su hermosísima esposa, se acercó a ella nuevamente, en pasos lentos, sin dejar de mirarla a los ojos.

- Ya lo decidí. Te vas a quedar con esto puesto mientras me ocupo de ti, es una vista demasiado perfecta para echarla a perder con apuro.

El soldado recorrió la tela de la lencería con un toque ligero, disfrutando el tacto y la sensación de cada curva. Kohaku siempre había tenido un cuerpo muy atractivo, pero desde que había nacido Neal sus pechos habían crecido incluso más, con lo cual daba una terriblemente deseable imagen en conjunto con su fina cintura, caderas anchas y muslos fuertes. Luego se inclinó para besarla profundamente, y sus manos la recorrieron con más presión mientras seguía dando unos pasos hacia adelante, hasta que quedaron contra la pared junto. Vio la mirada de reojo de la joven hacia la cama que no estaba lejos, por lo que negó con la cabeza con una sonrisa felina. En su lugar, se fue arrodillando poco a poco frente a ella, besándole lo que exponía del pecho y continuando hacia abajo por encima de la ropa, hasta que depositó un último sonoro y tentador beso sobre sus bragas, mirándola con sus ojos zafiro entrecerrados y más oscuros, llenos de promesas sensuales.

- Me tienes de rodillas frente a ti, mi reina. Y esta noche pienso adorarte, pero estás tan sexy que no puedo esperar a llegar a la cama.

- Hmm... ¿Aquí? –Preguntó sorprendida y con el rostro ardiendo por la mirada lasciva que recibió.

- Sí, aquí. Sólo voy a sacar de en medio algo pequeñito.

Stan desabrochó el portaligas de las medias largas, para así poder bajarle las divinas y pequeñísimas bragas, haciéndolo con lentitud y levantándole las piernas con delicadeza de una en una, haciéndola apoyar sus zapatos sobre el pantalón de él, sacándoselas sin prisas. Luego volvió a asegurar las medias al portaligas para que se quedasen en su lugar, y agarró del trasero a su esposa con ambas manos, para jalarle las caderas hacia adelante y poder empezar a besarla íntimamente. Sonrió con diablura ante el primer gemido de ella, y se acomodó para hacerse lugar entre sus piernas, tenerla así de pie frente a él era algo que hacían por primera vez, y era endemoniadamente excitante, en especial con Kohaku así de hermosa y sexy.

Siempre se dedicaba con todo lo que sabía para complacerla, pero esa noche era mucho más especial para ambos, además de que estaban tranquilos de que no tenían que preocuparse de Neal, por lo cual era más relajante y podían desinhibirse más, nadie los oiría ni los interrumpiría. Por lo que a poco de empezar empezó a usar sus mejores "armas", haciéndola desear y recorriéndola con sus labios y lengua por todo el exterior, hasta que notó que ella por sí sola se movía para pedir más. En ese momento le acarició la pantorrilla derecha y luego le subió una pierna para que la apoyara en el hombro de él, dándole más acceso con facilidad. Así aprovechó para consentirla, dedicándose un buen momento con más intensidad a su punto más sensible, para luego hacerla gemir mucho más fuerte y gutural cuando su lengua llegó a rincones más profundos.

- Aaah...Stan, me va a fallar la otra pierna pronto. Llévame a la cama...

- Apóyate contra la pared y siéntate en mis hombros cuando te estés derritiendo, yo te sostengo.

- ¿Qué? No... Te pesaré.

- Confía en mí, yo puedo –Rió por lo bajo, mirándola mientras le daba un beso juguetón en el muslo interno– Dijiste que yo te llevaba a lo más alto, ¿eh?

Con rapidez, Stan coló su otra mano por detrás de la pierna estirada de Kohaku para guiarla a que también la apoyara sobre su hombro, y a continuación subió ambas para anclarlas en la cintura de la rubia. Ante la mirada confundida de ella, le guiñó el ojo mientras se apoyaba en cuclillas, para luego impulsarse con ella encima hasta ponerse de pie.

- ¡Aaaah! ¡¿Qué haces?! –Exclamó Kohaku, aferrándose a los brazos de él.

- Te voy a llevar a lo más alto, en más de un sentido, mi amor.

La rubia no pudo decir más, cuando Stan volvió a hundir la cabeza en su entrepierna para seguir complaciéndola con más intensidad que antes. La gravedad y la ausencia de otro apoyo más que el cuerpo de él significaba estaba a merced de su pasión y sus caricias íntimas, que eran enloquecedoramente placenteras. El cuerpo de Kohaku empezaba a perder fuerza y control a medida que sentía cómo las olas del cercano clímax empezaban a propagarse por su cuerpo, aunque estaba tranquila ya que Stan la sostenía con mucha firmeza y equilibrio, por lo cual se dejó llevar. El contacto y el placer era tan intenso e imposible de controlar que su respiración empezó a ausentarse por momentos, alcanzando a tomar algunas bocanadas rápidas y obligadas de aire. Un gemido agudo escapó a medias de su boca, antes de que sintiera el familiar entumecimiento de todo su cuerpo mientras el orgasmo la recorría con una intensidad abrumadora como hacía tiempo no sentía.

Kohaku apenas se percató que su cuerpo bajaba de las alturas, mientras Stan volvía a arrodillarse poco a poco para volver a dejarle tomar un contacto más cercano con el piso, aunque no la soltó hasta ver que sus ojos aguamarina parecieran volver a esa realidad. Durante ese rato, se dedicó a darle unos tentadores y calmos besos en los muslos internos, mientras le acariciaba el trasero, sin perderse detalle de la expresión de éxtasis que su esposa tenía.

- El primero de la noche, nada mal –Susurró provocador, cuando los ojos de ambos se conectaron otra vez.

- ¿Primero...?

- Hoy tenemos mucho tiempo y relajo para disfrutar una y otra vez, es nuestra oportunidad y vamos a aprovecharla.

- Dioses... ¿Qué va a quedar de mí si así empiezas? –Murmuró, con una sonrisa nerviosa.

- Va a quedar una esposa muy satisfecha, eso seguro.

Cuando al fin pudo apoyar los pies en el piso, Kohaku suspiró fuerte, sonriendo ya con contento. No se esperaba que empezara tan intenso tan pronto, pero no iba a quedarse atrás, ella también había pensado en que esa noche no iban a contenerse, ninguno de los dos. Ni bien Stan se puso de pie frente a ella, la rubia lo empujó desde el abdomen hasta llegar a la cama, haciéndolo caer y rebotar sobre el borde del colchón.

- Oh, alguien busca revancha de la buena. ¿Te encendiste, princesa? Ah, no es por bajarte de rango, ya tengo la costumbre de llamarte así.

Sin contestarle al instante, Kohaku dio unos pocos pasos hasta que sus piernas también chocaron contra el colchón, aunque se quedó de pie, pasando las manos como una inocente caricia por el sedoso cabello de su demasiado bello esposo, y le habló con un tono calmo y aterciopelado.

- Olvida eso. ¿Qué quieres que haga para ti, Stan? Tómalo como mi regalo para nuestra noche de bodas. Esta noche quiero que te sientas como el hombre más afortunado en el mundo.

- Eso ya lo soy –Contestó, abrazándola por las caderas y dedicándole una cálida mirada– Ya lo empecé a ser desde hace un año, y lo confirmé frente a todo el mundo y para el resto de mi vida a partir del día de hoy.

- Deja lo dulce para después, dijimos que íbamos a empezar más picante –Lo amonestó Kohaku, chasqueando la lengua– ¿Qué quieres?

- Tendría que pensarlo, hay tanto que quisiera hacer contigo...

- Yo también puedo amarte de rodillas.

- Me darás una imagen difícil de olvidar.

- Empecemos por eso entonces, mientras piensas lo otro –Dijo, juguetona, mientras se arrodillaba frente a él, también quitándose el calzado en el proceso.

- No creo que alcance a pensar mucho si haces eso –Replicó, poniéndose más serio por lo excitado que estaba, y rápidamente se inclinó hacia ella para hablarle a milímetros de distancia, con un tono grave y suave– No te entusiasmes demasiado, la primera vez que acabe esta noche, quiero que sea mientras hacemos el amor juntos.

- Oye, a mí no me diste esa elección –Protestó en broma.

- Pero a cambio, no estuvo nada mal cómo lo disfrutaste de una forma novedosa, ¿verdad?

- ¡Ja! Eso no puedo negarlo.

Kohaku aprovechó lo cerca que lo tenía para darle un largo y apasionado beso, para luego quedarse de rodillas mientras le abría el pantalón, y sin mucha ceremonia se lo bajó junto al calzón de un tirón, lanzándolos a un lado. Sentía mucho calor por dentro, y Stan era tan guapo y deseable con su cuerpo perfectamente musculoso y firme, que tenerlo así frente a ella le excitaba de sólo verlo. Sabiendo cuánto apreciaba su flamante esposo el contacto visual, empezó a complacerlo mirándolo a los ojos, aunque era algo que la cohibía un poco todavía, ya que los orbes zafiro de él refulgían de una forma que le derretía hasta las entrañas, daba la impresión de que estaba lidiando con una fiera, aunque no estaba muy lejos de la realidad cuando Stan se ponía muy apasionado y salvaje. Eso era algo que extrañaba, ya que desde que Neal había nacido no habían tenido muchas oportunidades de hacerlo sin contenerse, se habían acostumbrado a ser más sigilosos y tiernos para evitar despertar al bebé.

El generoso tamaño del miembro de Stan le daba la chance de ponerse creativa y hacerlo gozar mucho con su boca y manos simultáneamente. Sabía a la perfección cuáles eran los toques y movimientos que lo hacían gemir sonoramente, y esa noche pensaba aprovechar los mejores para dejarlo extasiado. Con eso en mente, desde el principio se dedicó a darle placer de esa forma tan intensa.

- Oh, de verdad que estás en plan de una dulce venganza –Gimió el soldado con los dientes apretados.

En lugar de contestarle, Kohaku le sonrió con picardía, y dobló la apuesta haciendo un movimiento que siempre llevaba a su amante al límite, usando ambas manos y moviéndolas en direcciones opuestas, tanto girando sus manos como a lo largo. Stan jadeó fuerte y soltó una breve risa, encantado, lo había entendido como el provocador "ataque" de ella en respuesta a su comentario. Agradecía haberle hecho la sugerencia de ese movimiento tiempo atrás, si algo tenía la rubia, era mucha memoria y buena predisposición a todo. Pero la joven se guardaba algo más, y sus ojos aguamarina destellaron con diablura cuando hicieron contacto visual, lo cual hizo tragar duro al hombre. Como si no le estuviera dando suficiente estimulación, cubrió la punta del miembro con su boca, jugando con su lengua, mientras sus manos no se detenían. Los ojos de Stan se entrecerraron y quedaron ausentes por un momento, mientras trataba de manejar la sobredosis de placer, y tuvo que aferrar sus manos a las sábanas de la cama.

Eso tuvo un efecto inmediato, Kohaku pudo sentir los primeros sutiles espasmos del clímax que se avecinaba para él, por lo cual fue prudente y lo dejó descansar entonces, sonriendo con satisfacción cuando lo vio furiosamente sonrojado y respirando agitado.

- Faltó poco –Resopló Stan, quitándose la camisa por lo acalorado que se sentía, y dejándose caer en el colchón– Qué habilidosa se ha convertido mi esposa en el arte de dar placer, nada mal.

Devolviéndole la sonrisa, el peliplateado levantó los pies del suelo, y la abrazó con sus piernas como si fueran pinzas alrededor de ella, para atraerla. Desafiante y sin dejarse arrastrar, Kohaku le agarró los muslos y se los separó a la fuerza, empujándoselos hacia el torso. Pensaba que Stan iba a corresponder al juego e insistir con más fiereza, aunque en lugar de eso, él abrió mucho los ojos y se le quedó mirando parpadeando un par de veces.

- ¿Qué sucede? –Preguntó dubitativa.

- Me diste una idea. Creo que ya sé qué es lo que quiero, ya que te sale la tigresa al mando muy fácil esta noche, y además puedo cumplir la fantasía de que lo empecemos a hacer mientras estás así vestida. Ya que eres una "amazona" de nacimiento, me fascinaría verte representándolo.

- ¿Eh? –Preguntó confundida– ¿Tengo que actuar?

- No, no. Es el nombre de una posición sexual, y tú tienes una fuerza en las piernas que es perfecta para hacerlo sin cansarte, aunque hay varias formas, y una en especial es más dominante.

- ¡Ja! ¡No sé qué es lo que tienes en mente, pero me interesa! ¿Qué es lo que tengo que hacer?

- Luego te muestro, pero te adelanto que quiero que seas una diosa sexual, que reclames lo que a partir de ahora es todo tuyo, para buscar tu placer. Ah, aunque primero... Trae ese ungüento que trajiste, es hora de usarlo.

Con la curiosidad reflejada en el rostro, Kohaku sacó el potecito que tenía guardado en su escote, y se lo dio. Stan le tomó la mano y la atrajo hacia él, haciéndola subir a la cama, palmeando el colchón a su lado para que se recostara allí. La rubia así lo hizo, y empezaron por besarse y acariciarse mutuamente. El estadounidense bajó una mano para tocarla de forma íntima, hundiendo sus dedos en ella, que estaba más que excitada y lista para recibirlo. Sacó su mano de allí para seguir acariciando sus muslos y su trasero. A continuación, untó una generosa cantidad de la crema que suponía que era un tipo de espermicida natural en sus dedos, y volvió a introducirlos, asegurándose de repartirla por el interior de la intimidad de ella.

- Creo que eso bastará. Ponte de pie como estabas antes, amor.

Ya que era más fácil mostrarlo que explicarlo, mientras ella se levantaba, Stan se acomodó lo más al borde de la cama que pudo, manteniendo la espalda recostada sobre el colchón, y dejó sus piernas abiertas con las rodillas flexionadas como lo solía hacer ella cuando él se ponía encima. Se dio cuenta que un poco más de altura lo ayudaría, por lo que le pidió a su mujer que le alcanzara las almohadas y las dobló y las apiló para apoyar su cuello y hombros allí. Con una expresión diabólicamente sensual en su rostro y sin dejar de mirarla, rodeó su miembro para tocarse un poco, y luego lo sostuvo para que quedara entre vertical y un poco orientado hacia atrás.

- Aquí lo tienes, señora Snyder, todo tuyo para disfrutarlo. Empújate contra mí, así de pie como estás.

- Oooh... Ya veo. ¿Yo me tengo que mover como sueles hacer tú?

- Sí, tú llevarás el control, ¿qué te parece?

- Interesante... Suena atrevido.

- Lo será. No seas tímida, déjate llevar, y hazme el amor.

Kohaku asintió, y se colocó entre las musculosas piernas de Stan. Ya con hacer eso se sintió osada, era distinto que cuando se subía a horcajadas de él, se sentía más dominante. Para esa inusual posición también era conveniente lo bien dotado que estaba su esposo, facilitaría que no se saliera de ella. Alineó sus sexos y se empujó para introducirlo, gimiendo ante la siempre deliciosa sensación de que la colmara por dentro poco a poco, además de que ese ángulo se sentía distinto y bien rico, y podía controlar la profundidad a su gusto. Cuando lo introdujo hasta el fondo, se inclinó hacia adelante para buscar los carnosos labios de Stan y besarlo, lo que él le correspondió con gusto. Continuó sus movimientos con lentitud y profundidad, la fricción así era deliciosa, y tenía una energía masculina muy caliente la sensación de empujarse contra él.

- ¿Te gusta? –Preguntó el soldado, encantado con la vista tan erótica de Kohaku así.

- Sí... Mucho... –Gimió en respuesta, abrumada por las sensaciones.

- ¿Quieres apoyarte en mis manos o en mi pecho? Así puedes moverte más fuerte cuando gustes.

Kohaku asintió, y entrelazó sus dedos con los de él, inclinándose un poco hacia adelante. Empezó a ganar ritmo y velocidad, hasta moverse con un rápido e intenso vaivén de sus caderas.

- Aah... Se siente tan bien, Stan. No quiero detenerme.

- No lo hagas, ooh, esto es...

Continuaron con su apasionada entrega, hasta que Stan levantó un poco su cuerpo para abrazarla, sintiendo cómo no le faltaba mucho para acabar si seguían así, y quería estar lo más cerca de ella. Sin embargo, Kohaku de pronto disminuyó su ritmo, cortando la excitación creciente, hasta que lo dejó salir.

- ¿Qué pasó, te cansaste? –Preguntó extrañado.

- No, no es eso. Me gustó mucho, pero cuando me abrazaste, me di cuenta que eso es lo que quiero para esta noche. Esto ya cumplió con lo de "jugar" y todo, y lo disfruté. Quiero hacerlo con más cariño y cercanía ahora, hacer el amor, sintiendo que de verdad lo hacemos con amor... ¿Te molesta que quiera cambiar tanto, de pronto?

- Para nada, yo también lo quiero, por eso sentí la necesidad de abrazarte. También me gustó mucho, y gracias por cumplirme el deseo.

- ¡Ja! Tus deseos son siempre interesantes, me gusta cumplirlos.

- Ahora yo consentiré el tuyo, que es el nuestro.

- Desvísteme, por favor –Le devolvió el abrazo y le dijo con voz suave– Quiero que mi amado esposo lo haga.

- Todavía me da un cosquilleo de emoción escucharte decir "esposo" –Confesó, sonrojado y con una sonrisa tímida– Y que me hables dulce también.

- Tú sueles serlo mucho más conmigo, te sale más fácil... Pero eso no quiere decir que yo te amo menos, Stan. Te amo mucho, muchísimo, y me hace muy feliz que nos hayamos casado al fin.

- Oh, mi amor, me derrites. Ven aquí, conmigo.

Stan acomodó para quedar sentado en el medio de la cama con las piernas cruzadas, y en cuando Kohaku se sentó al lado de él, le levantó las pantorrillas para apoyarlas sobre sus muslos, y de esa forma desenrollar con cuidado las finas y largas medias, luego de quitarles el broche que las mantenía en su lugar, las dejó al borde de la cama, y jaló a la rubia para sentarla sobre su regazo y de frente a él, a ciegas desatando y aflojando con las manos los lazos que mantenían cerrado el corset, mientras disfrutaba de cómo ella le besaba el cuello y le acariciaba la espalda. Una vez que terminó, se lo quitó y al fin pudo apreciarla desnuda. Estaba hermosa en su lencería de boda tan sensual, pero no había nada como poder verla y tocarla a ella, en su belleza más pura y natural.

La abrazó por la cintura, doblándose hacia delante y llevándola un poco hacia atrás para poder besarle los pechos con calma y dedicación, iniciando así un ambiente mucho más cariñoso. Cuando volvieron a enderezarse, se mantuvieron en esa posición, simplemente disfrutando de envolverse en un cercano abrazo, compartiendo besos también más suaves y dulces. Sin mediar palabras, Kohaku le rodeó el cuello a la vez que se apoyaba con sus pies en el colchón para elevar su cuerpo, dándole lugar a Stan para que pudiera entrar en ella. Una vez que lograron la íntima unión, la rubia se sentó en los muslos de su esposo, y con sus piernas libres le rodeó la cintura.

Esa posición que habían logrado era perfecta para esa noche, fundiéndose en un abrazo muy cercano sintiendo toda la calidez de sus cuerpos juntos, mientras se movían de una manera muy suave y cadenciosa, a la vez que profunda, y podían besarse largamente o mirarse a los ojos mientras hacían el amor. La conexión era perfecta y tierna, continuaron de esa forma por varios minutos, mientras disfrutaban tanta cercanía e intimidad.

- Te amo tanto, mi luz, mi vida. Gracias –Susurró Stan, cerrando los ojos y respirando profundo, mientras la abrazaba y le acariciaba tiernamente la espalda, sintiendo una paz interior muy reconfortante.

Tanta fue la dulzura de ese momento, que involuntariamente la felicidad y plenitud se confluyeron en Kohaku como una emoción incontenible. Junto con una sonrisa, sus ojos repentinamente se aguaron, y cuando una lágrima desbordó y recorrió su rostro, para caer sobre el hombro de Stan, él lo notó y se sobresaltó. Abrió los ojos y la miró, preocupado, deteniéndose.

- ¿Kohaku? ¿Qué pasó? ¿Te sientes bien?

- Sí, sí... Sólo me emocioné. Esto es muy hermoso.

- Lo es –Coincidió Stan y asintió con una sonrisa, aliviado– Quisiera que dure para siempre.

- Lo hará –Contestó la rubia, mientras le tomaba la mano izquierda y le acariciaba el anillo dorado– Lo hace y lo hará, porque esto somos nosotros. Te amo, Stan, te amo.

- Por siempre –Dijo él en voz baja, imitándola y buscando su mano para besarle el anillo, y luego uniendo sus labios.

Reanudaron su dulce y emocional entrega de amor, con la misma calma, hasta que Stan bajó una mano para acariciarle delicadamente el clítoris con su pulgar. La rubia jadeó y se aferró con más fuerza a la espalda de él, mientras acompañaba los movimientos con un poco más de impulso, un vibrante placer empezando a surgir en lo más profundo de ella.

- Stan... Sigue así...

El hombre se percató de que su esposa comenzaba a moverse de una forma más intensa, por lo que la abrazó con más firmeza y aprovechó el rebote del colchón para empujarse con más amplitud y profundidad.

- ¡Ah...! ¡Así...! –Gimió Kohaku, eso era justo lo que necesitaba.

Animado por la reacción de ella, se concentró en mantener ese ritmo e incluso hacerlo un poco más intenso. Los gemidos en su oído lo estaban excitando mucho, ya reconocía a la perfección cuando estos comenzaban a sonar más urgentes, sinónimo de que su amada estaba acercándose a su clímax. Él también lo estaba, era la tercera vez que le arrimaba, sólo que esa no iba a interrumpirse, aunque tenía que controlarse para esperar que Kohaku llegara primero. Aguantó así un rato, también empezando a dejar salir sus gemidos a medida que el placer parecía potenciarse, y cada roce íntimo le generaba una ola más sensible y abrumadora.

Finalmente, justo a tiempo, la oyó respirar erráticamente y luego quedar boquiabierta luego de un jadeo, mientras sentía cómo el interior comenzaba a pulsar y comprimirse. Bastaron un par más de empujes hasta que él también se liberó también, encantado con poder volver a sentir la sensación de vaciarse en lo más profundo de ella. Kohaku también sintió el derrame caliente y húmedo, y hasta le fue más gratificante y lo recibió con puro contento y amor, sin una pizca de nervios o duda.

Se abrazaron con fuerza, jadeando mientras se recuperaban, compartiendo también largos besos y miradas dulces. No se movieron por varios minutos, esa unión era demasiado perfecta y dulce. Cuando al fin Stan suspiró y se enderezó para mirarla y acariciarle el rostro, sonrió al verla sonrojada, con los ojos brillantes.

- Qué bien te ves así.

- Tú también, aunque siempre te ves bien, tengo un esposo muy guapo –Le acomodó el cabello con una risilla– Hasta despeinado te ves mejor.

- Gracias, me alegra poder complacer tus ojos. Aunque tú no tienes ni un pelo fuera de lugar, tendré que hacer algo con eso después.

- ¡Ja! Me gusta la idea, pero dame un respiro.

- La noche es larga.

- La "noche de bodas" dura lo que la noche. Es decir, hasta el amanecer, ¿verdad?

- Oh sí, esa es mi esposa. Nada mal, señora Snyder.

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Buenaaas! Al fin llegó el día, vivan los novios!

Bueno, voy a aprovechar para poner un time-skip importante para el capítulo siguiente, que se avance mucho con el cohete para no alargar la historia innecesariamente. Como se imaginan, está encaminándose hacia el final, aunque va a haber más momentos emocionantes y fuertes.

Gracias por leer, acompañar y por todo el amor. No hay nada más lindo que compartir felicidad y sonrisas en la vida, mucha luz!

Hasta el próximo capítulo! Buena semana!