Give me your soul
«Sígueme.» Esa era una mala idea, una muy mala idea, pero si iba a saltar de un puente, seguir al demonio era lo menos estúpido que podía hacer.
El Instituto L'Enferet Duciel era uno de los más prestigiosos del mundo, creado por la impensable unión del mundo sobrenatural y el mundo humano. Si, el mundo sobrenatural existe, fue una revelación extremadamente loca para Hester Bradbury, pues su estado emocional y estilo de vida la había llevado al borde de un puente peatonal donde su vida casi se vio finalizada. La gente (incluida Hester) simplemente creía que se trataba de una academia para gente pudiente o algo similar, sin embargo el Instituto es un tema que forma parte del futuro.
En ese momento Hester, frente al vacío de aquel puente, se acobardó, realmente no era tan mala su vida como para terminar aún con ella. Ahí, a las tres de la mañana, además de contemplar su existencia y su posible fin, también pudo ver a un ser sobrenatural en su verdadera forma y aquello la aterrorizó, con su mente dividida entre huir, así eso significara saltar o convencerse de que todo era una mentira inducida por la falta de comida que trató de ser reemplazada por nicotina mentolada.
—¡Por favor ve a hacer algo malo antes de suicidarte! —era real, él le habló cuando Hester estaba dispuesta a saltar del puente para salvarse, pero su mente se aferró a "su realidad" y convirtió al demonio en un supuesto asaltante mientras estaba a lo lejos, pero cuando estuvo a diez pasos de la chica vio que era un demonio—. Quizá deba castigarte por beber y fumar, tal vez ha sido lo más grave que has hecho.
—Huir de mi casa a las tres de la mañana en bata de dormir también, que no se te olvide —se mofó, ya sea porque sentía que estaba condenada o porque era la forma más eficaz de su cerebro para manejar tal desgracia, pero él solo sonrió y se quitó su abrigo para cubrir a la chica—. ¿Qué eres? ¿Un Edward Cullen versión demonio?
—Para tu desgracia, solo un príncipe de veinte años —respondió con gracia, Hester no soportaba tal comportamiento, pero no pudo invertir los papeles, pues el estómago vacío de la chica gritó y él se rió con más fuerza, por las pocas líneas de expresión que se formaban en sus mejillas y ojos asumió que él no debía reír mucho.
—Entonces, ¿ya morí y tu vienes por mi desgraciada alma suicida? —él detuvo su risa y la miró profundamente, «¡ay esos malditos ojos dignos de un ángel!» pensó, pero al mismo tiempo creyó que había algo mal en su cabeza a causa de aquella apreciación.
—No has muerto, y por lo general los que tienen que ir a un lugar como el cielo o el infierno llegan solos —la humana hizo un sonido de resignación—. Ahora, si me quieres regalar tu alma sería bueno.
—¿Por qué habría de hacerlo? —él pasó sus manos por su cintura y la atrajo a él, ella quería imaginar que de pronto se había enamorado perdidamente de una humana promedio, pero solo era porque ella era su presa y sus dientes castañeaban, así que no iba a permitir que muriera así como así. Ella maldijo la hora en que la abrazó porque él estaba realmente calientito entre sus brazos y ella solo se dejó llevar.
—Porque estas desesperada y puedo ser una buena opción para que no desperdicies tu vida —Hester sonrió con burla y lágrimas en los ojos.
—A palabras de mi padre ya lo hice, entrando a estudiar artes y no leyes como lo hizo él, y mi hermano, y mucho antes que ellos mi abuelo.
—Nadie desperdicia su vida por algo así —respondió.
—Los pobres humanos creemos que si —el demonio vaciló en su respuesta y luego simplemente negó.
—¿Cómo te llamas?
—Hester Bradbury —la expresión en los ojos del demonio cambió, el asombro en sus ojos asustó a la chica.
—Entonces Hes, ¿me regalas tu alma? —preguntó con malicia, a estas alturas ella no esperaba la salvación o la muerte, simplemente existía.
—¿Qué ganó yo? —él volvió a sonreír.
—Sígueme —esa era una mala idea, una muy mala idea, pero si iba a saltar de un puente, seguir al demonio era lo menos estúpido que podía hacer.
