Tres años habían pasado desde la boda, dedicados arduamente gracias al trabajo conjunto de todos al avance de la construcción del cohete, ya tenían todos los materiales necesarios. A la par, fueron necesarios otros avances tecnológicos para comunicarse de forma más eficiente con las ciudades científicas que habían sido reestablecidas gracias al equipo de Senku y Ryusui en el Perseo, por lo que designaron un grupo para volver a recorrer los océanos, y echar allí los gruesos cables submarinos hechos de aleaciones de metales y elastómero de eucommia que habían hecho. Eso permitió la vuelta del internet, y con ello y pantallas de televisores, finalmente pudieron conectarse con los científicos e ingenieros de todo el mundo. Gracias al trabajo en conjunto, aceleraron la construcción de partes del cohete, así como hicieron sus propias embarcaciones de transporte.
Xeno y Senku estaban más que satisfechos del avance del proceso, un cohete de esas dimensiones podía haberle tomado entre cinco y diez años a la misma NASA, por lo cual la ventaja de trabajar a la par con los mejores técnicos e ingenieros espaciales fue el factor decisivo. Aunque no estaba en los planes iniciales, tomaron la decisión de revivir también a todo el plantel profesional de lo que antes era Roscosmos, en Rusia, por lo que se centraron en despetrificarlos en las ciudades de Moscú y de Koroliov. También, bajo el ala del Dr. Xeno, revivieron a muchos otros científicos aeroespaciales de las ciudades de Cabo Cañaveral, Houston, Huntsville y Pasadena, sede de las principales agencias de la NASA. Y en Japón, tierra de JAXA, hicieron lo mismo con los centros de Chōfu, Noshiro y Kakuda, de los cuales estos últimos dos se especializaban en el desarrollo de motores de cohete.
Una vez designado a qué parte de los cohetes se dedicaría cada centro espacial, y llevados los materiales necesarios en la flamante flota de barcos Nanami que el joven marinero se encargó de ponerles la firma, comenzaron la fabricación a gran escala. En primer lugar, hicieron unos prototipos de cohetes antes de dedicarse a la versión final, ya que era probable que tuvieran que hacer muchos ajustes para que el lanzamiento fuera seguro y exitoso. Así se dio, un trabajoso "prueba y error" en los que los cohetes fallaban o explotaban, les tomó muchos intentos, hasta que lograron poner uno de los pequeños prototipos en órbita.
Con esa base, se encargaron de construir un satélite, de forma de poder explorar por primera vez el espacio, y con ello la superficie lunar, donde Kohaku alcanzó a observar un manchón oscuro y sospechoso, sobre el cual se dedicó a mantener una vigilancia visual hasta que confirmó que había percibido un mínimo cambio de forma. Eso proveyó de un gran alivio y esperanza a los científicos, el saber con precisión dónde estaría seguramente el Whyman, la Luna era un territorio demasiado extenso para recorrerlo sin ese filtro, ni que hablar de los recursos necesarios para mantener vivos a los astronautas allí, tendrían que hacer ese viaje con la mayor eficiencia posible.
Organizado todo eso, comenzaron las pruebas de astronauta. La capacidad del cohete sería para solamente tres personas, por lo que deberían considerar un científico, un piloto y un guerrero. Si bien hicieron igualmente las pruebas para todos los que se animaran, lo cual fue muy motivador para todos, los resultados fueron bastante predecibles. El científico iba a ser sin dudas Senku, ya que Xeno era el único y el mejor que podía apoyar y controlar logísticamente desde la base terrestre. Entre los guerreros destacaron Tsukasa y Hyoga, además de Kohaku, aunque ella lo hizo solamente por diversión. El castaño fue el elegido, tomó ventaja ampliamente del lancero. Por último, los pilotos que compitieron fueron Stan, Ryusui y Charlotte, y si bien estuvo reñido por momentos, Stan fue el implacable ganador. Además, tenía la ventaja de que era un excelente guerrero y el que tenía mejor puntería, por lo que su participación era crucial por la doble ventaja que representaba, y lo definió con varios tiros acertando al blanco desde distintas distancias.
Ryusui admitió su derrota de buena gana, aunque eso no impidió que insistiera constantemente a Stan para que hicieran desafíos de vuelo juntos, para mejorar sus habilidades y ofrecerse como soporte de la misión, el marinero se negaba a quedar fuera.
- Pídele a Charlotte, Ryusui, hazlo con ella. Estoy ocupado y tengo un hijo del que cuidar, suficiente con el tiempo que me demandarán todos los entrenamientos de astronauta.
- No tengo la confianza con la bella señorita, no quiero importunarla.
- ¿Y a mí sí? –Replicó Stan con una sonrisa– Es mi subordinada, si yo le doy la orden, lo hará sin chistar.
- No quisiera obligarla.
- Entonces convéncela por las buenas, capitán. Recuerda que fue con ella con quién te enfrentaste en aquella dogfight en Estados Unidos, pensando que era yo, y ni cuenta te diste hasta que fue tarde.
- Es verdad, ¡deseo sus habilidades!
- Ofrécele una revancha y algún incentivo, y lo hará de buena gana, es una excelente soldado y mujer, siempre bien predispuesta a seguirme hasta cuando no le daba órdenes, demasiado diligente.
Ryusui alzó las cejas, sorprendido. Se preguntó si Stan se estaba haciendo el distraído, o si realmente era tan inocente de no darse cuenta que Charlotte con toda claridad lo idolatraba y había algo más personal en esa mirada, al menos hasta antes de que el soldado se casara formalmente con Kohaku, y por ese motivo siempre había sido tan servicial con él.
- ¿Incentivo? ¿Cómo cuál?
- Puedes preguntarle a ella, no a mí. O haz tu gracia y ofrécele una lujosa cena y todas esas cosas que haces, que se relaje un poco. No se te da nada mal, y ya tienes la fama.
- ¿Una cena y consentirla por su buen trabajo? ¡Jaja! ¡Me gusta! –Contestó sonriendo ampliamente, chasqueando sus dedos– Hecho, eso haré. Gracias, Stan.
Ese mismo mediodía Ryusui causó una graciosa conmoción, gracias a la ambigüedad y el entusiasmo de su estilo. A poco de empezar a almorzar, se acercó a Charlotte, que estaba en ese momento hablando con Maya, su fiel compañera. La soldado lo miró con curiosidad, ya que él se había plantado frente a ella con mucha confianza.
- ¡Charlotte, hagamos prácticas de vuelo juntos! ¡Te deseo!
Esa primera declaración provocó que más de uno se atragantara o escupiera su comida de la sorpresa, ni qué decir de la misma mujer, que abrió mucho sus ojos cerúleos y quedó boquiabierta, sonrojándose furiosamente.
- ¡¿EH?! ¡¿D-De qué hablas?!
- Lo que dije. ¡Y luego te invitaré una cena! ¿Qué dices?
- ¿Qué...? ¡¿Una cita?! –Preguntó, aún más incrédula y abochornada.
- ¿Cita? Bien, si así lo quieres, lo tendrás, ¡JAJA! Cuento contigo, Charlotte, nos vemos.
Todas las miradas siguieron al marinero, sin poder creer, ni entender, lo que había sucedido repentinamente. Stan también había presenciado el momento, con una sonrisa apenas contenida. Podía entender la conmoción de su subordinada, ella no había pasado el tiempo suficiente con Ryusui para conocer sus modismos y expresiones, aunque no podía culparla, oír "te deseo" solía ir en la misma dirección que ella había pensado. A su lado, Kohaku y Luna seguían boquiabiertas, con una enorme sonrisa en el rostro.
- Qué osado... ¿Qué fue todo eso? –Dijo Luna– O sea, es un sueño que un hombre se te proponga con tanta confianza y seguridad, pero ay, es demasiado.
- Ah, no, te equivocas ahí, Luna –Corrigió Kohaku– Ryusui... Bueno, él de seguro se estaba refiriendo a que desea entrenar con ella, conociéndolo. Y él dijo "cena", no "cita", pero Charlotte fue la que lo llevó al siguiente nivel sin darse cuenta, pobre. ¿Pero por qué tan de pronto?
- Eso puede ser culpa mí –Confesó Stan con picardía– Como me estaba insistiendo tanto con lo de entrenar de volar conmigo, le dije que se lo ofreciera a ella. Y le sugerí una cena o esas cosas lujosas que a Ryusui le encantan hacer, ya que cuenta con François y todo eso. Pero sí, la que pisó el palito sin dudas fue Charlotte, todavía no entiende lo que pasó.
- Los métodos de Ryusui no son elegantes, pero sí efectivos –Acotó Xeno, con una pequeña sonrisa.
- De seguro va a estar confundida y haciéndose expectativas un buen rato, ¿le aclaro esto? –Preguntó Luna, apenada por su compañera.
- No, déjala –Desestimó Stan– Si Ryusui se comporta, que lo suele hacer, será decisión de ella si considera llevar a otro nivel el concepto de "deseo". De cualquier forma, no perderá nada.
- ¿Te imaginas que de verdad pase algo entre ellos? –Preguntó Kohaku.
- Sería divertido. Si eso sucediera, tengo habilidades de celestino, a estos dos no le fue nada mal tampoco –Contestó Stan guiñando un ojo, señalando a Xeno y a Luna.
- Tú no nos juntaste, Stan –Corrigió Luna.
- No, pero un empujoncito le di a él, y Kohaku te lo dio a ti, así que algo de ayuda tuvieron.
- Esto será distinto, porque creo que Charlotte nunca le puso ese tipo de atención a Ryusui. Es un chico interesante, pero no sé si es su tipo.
- Xeno, vas a tener que aumentar la producción de condones si Ryusui los llegara a necesitar con frecuencia.
- Con los que hay bastan para unos meses, no hay tampoco muchas parejas. No es menos cierto, que cuando termine la misión lunar, es posible que haya un aumento de parejas.
- Aunque compensará con que nosotros dos dejemos de usarlos –Acotó Stan, con una sonrisa provocadora, mientras rodeaba a Kohaku por la cintura– Ya lo decidimos.
- ¿Les quedaron ganas de tener más hijos, después de lo de los últimos dos años? –Inquirió Xeno con una mueca, alzando una ceja.
- ¡Xeno! ¡No seas así! Es un niño –Protestó Kohaku, mirándolo con los ojos entrecerrados.
- El principito hijo del "yo puedo", hizo su versión extendida del "yo puedo solo" y del "no quiero". Sólo puedo estar agradecido de que finalizó esa etapa.
- Fue desafiante, pero era, y es, un niño en crecimiento –Replicó Stan– Ningún padre se salva de eso, y tú tampoco te creas que fuiste un campo de rosas para tus padres. Pero compensa con todo lo demás, la existencia de mi renacuajo sigue siendo lo mejor que me pasó en la vida.
Lo cierto fue que entre los dos y tres años de edad, Neal tuvo una etapa compleja, que los padres de Stan consolaron a la pareja de primerizos con que era algo muy normal, y se llamaba "los terribles dos años". A la par de su aprendizaje y sus momentos adorables, el pequeño tuvo muchas rabietas, en las que se enfadaba seguido y lloraba por todo, para conseguir lo que quería. Sus actitudes caprichosas y egocéntricas colmaron la paciencia de más de uno, Xeno en particular, además de la desesperación de sus padres, que no entendían como el amoroso niño por momentos se volvía endemoniado y gritaba y lloraba hasta ponerse rojo y pelarse la garganta por las cosas más banales, pensaron que quizás lo habían malcriado y mimado demasiado, y por eso era tan demandante.
Los que tenían experiencia paternal les habían dicho que tenían que ser muy pacientes y no ceder a sus caprichos, así como tampoco enojarse con él, sino hacer el enorme esfuerzo de ignorarlo cuando estaba con sus rabietas, para que entendiera que mientras actuara así, no le harían caso. Quedarse cerca y soportar su llanto y gritos, pero sólo hablarle cuando se calmase. En cuanto Neal fue aprendiendo sus límites y a la vez sus padres le fueron otorgando por otro lado la independencia que en parte quería, dejándolo hacer cosas por su cuenta o pidiéndole favores simples para que él los cumpliera y se sintiera bien consigo mismo, esa etapa fue haciéndose más llevadera, hasta que volvió a un comportamiento más estable.
Poco después de la boda, Stan y Kohaku reconstruyeron la cabaña en la que vivían para agrandarla, haciendo una habitación extra como dormitorio para Neal, por pedido del soldado. En cuanto el niño cumplió dos años, empezaron a acostumbrarlo a que durmiera allí solo, acompañándolo hasta que cayera dormido, cantándole suavemente o Kohaku le relataba alguna de las cien historias de la aldea.
Eso les dio también la oportunidad de volver a tener su propio espacio de pareja e intimidad, que estaba volviéndose muy difícil a medida que el niño crecía y ya no era un bebé. Sin embargo, más de una vez su hijo despertaba en medio de la noche, y buscaba la compañía de ellos, negándose a dormir solo. Algunas veces les costaba rechazarlo, en especial a Kohaku, ya que le encantaba dormir con su niño abrazándola, y todavía seguía dándole el pecho para alimentarlo además de la comida sólida que era ya la principal dieta.
Pese a lo blando y cariñoso que era Stan con su hijo, impartía muy bien su disciplina para educarlo, lo cual no sorprendió tanto a Kohaku ya que lo asociaba a su faceta de soldado. Y como era de esperar, él tenía una mayor facilidad que ella para controlar sus emociones. La rubia, fiel a su estilo más impulsivo y emocional, lo tenía un poco más difícil para hacer lo mismo, y le costaba mucho más aplicar la medida "justa" de emoción, además de que, como madre y por lo protectora que era, su bebé era su punto débil y le costaba ser objetiva.
Neal los adoraba a ambos por igual, tenía la ventaja de que sus padres eran confiados y del tipo "aventureros", por lo cual nunca le faltaba diversión y apoyo. El pequeño crecía rápido y su hermosura era impactante, su cabello platinado y con destellos dorados llegaba ya a los hombros, y con sus grandes ojos aguamarina y sus largas pestañas, era todo un encanto. Como era común en los niños, a esa edad de cuatro años era una "esponja", y aprendía de todo y muy rápido. Hablaba en japonés mayormente por su vida en la aldea, aunque también comprendía y hablaba inglés, y algunas veces sin darse cuenta mezclaba ambos idiomas, lo cual era tan gracioso como adorable. Lo dejaban acompañarlos cuando trabajaban, así como que se divirtiera con sus abuelos o con los niños de la aldea, el lugar era muy seguro y todos le echaban un ojo, por lo que el pequeño se entretenía y aprendía a sus anchas.
Unas semanas después, sumaron una más a las anécdotas tan divertidas como incómodas que nunca olvidarían. En una noche de fuertes lluvias, Stan y Kohaku aprovecharon el ruido extra del aguacero para disfrutar un poco de intimidad en su dormitorio, luego de dormir a su hijo. Ya estaban acostumbrados a ser más silenciosos, y trataban de mantener las sábanas encima para cubrirlos por precaución. Lo bueno de ello era que podían disfrutar de mucho abrazo y cercanía, pero en parte se habían resignado a no poder tener encuentros más apasionados excepto en las contadas ocasiones que dejaban al niño a cuidado de su familia o amigos.
En esa ocasión fue Kohaku la que empezó las tentadoras caricias por el cuerpo de su esposo, ya que él seguía con la costumbre de dormir encuerado, al menos cuando hacía un clima agradable. Stan agradecía cada oportunidad, en particular cuando ella era la que tomaba la iniciativa, por lo que no dudó en corresponderle las caricias sensuales. Permitiéndose un poco más de ruido ya que la lluvia lo disimulaba, fueron ganando intensidad, sus cuerpos impulsándose con más pasión, apenas conteniendo sus gemidos entre besos.
Pero de pronto oyeron el chirrido de la puerta abriéndose, sobresaltándose, y Stan se echó sobre su esposa, alcanzando a tapar la mitad inferior de sus cuerpos con las sábanas al menos. Su hijo había entrado de improvisto y sin pedir permiso, corriendo hacia ellos con los ojos angustiados.
- Neal, amor... ¿qué haces despierto? –Preguntó Kohaku, tratando de sonar natural y no evidenciar su estado jadeante y nervioso.
El pequeño estaba por contestar, hasta que observó con extrañeza que su padre no estaba durmiendo como siempre a un lado, sino que estaba encima de su madre, cubriéndola casi por completo con su cuerpo.
- ¿Por qué papi está aplastando a mami?
- No, renacuajo, no la estoy aplastando. Estamos abrazados y siendo cariñosos.
- Pero mami estaba llorando.
- No, no lloraba, mi amor –Intercedió Kohaku, muy sonrojada y queriendo que la tragara de la tierra al pensar que su hijo los había oído, al menos su inocencia le había hecho pensar otra cosa– Mira, mis ojos no tienen lágrimas, estoy bien. Estábamos... Eeeh... Haciendo algo que los padres hacen muy juntos cuando se quieren mucho.
- ¿Papi y mami estaban haciendo algo "rico"?
La expresión mortificada de la pareja se mostró por igual ante su hijo, así como su incomodidad y sorpresa llena de indignación.
- ¡¿Eh?! ¡¿Dónde aprendiste a decir eso, Neal?! –Preguntó Kohaku, consternada.
- El tío Ryu lo dijo –Contestó el niño con inocencia.
- ¡¿Que dijo QUÉ?! –Bajó la voz a un gruñido apenas audible– Voy a matarlo, no puedo creerlo...
- Neal, ¿Ryusui te dijo eso a ti? –Inquirió Stan, más controlado.
- Dijo que yo me tenía que portar bien y que no podía volver a casa. Y le dijo a Gen que papi y mami estaban haciendo algo rico.
- Bien, con eso se acabaron los favores de niñero de Ryusui –Dijo Stan, frunciendo el ceño– Hmm... No, hijo, ese día seguro estábamos... Cocinando algo.
- Neal, ¿para qué viniste? –Intercedió Kohaku, nerviosa, intuía que la explicación torpe del soldado podía llevar a preguntas más incómodas.
- La lluvia fuerte me da miedo. No quiero dormir solo –Explicó con sus ojitos angustiados, y se acercó al borde de la cama matrimonial– Quiero dormir con mami y papi.
- ¡Espera un momento! –Stan lo detuvo con una mano, cuando lo vio intentar treparse a la cama.
La pareja se había sobresaltado, no habían tenido tiempo de acomodarse debajo de las sábanas, seguían con sus cuerpos unidos íntimamente, y tenían que vestirse primero, para ahorrarse de más preguntas incómodas.
- Neal, ¿trajiste tu peluche con el que dormías? –Preguntó el soldado.
- No.
- Tráelo, así te hace compañía también. Ve a buscarlo, y te dejaremos dormir aquí hoy, ¿sí?
Aceptando el pedido con una gran sonrisa, el niño corrió a su habitación a buscarlo, momento que Stan y Kohaku se apuraron a separarse y vestirse con lo que se habían quitado. Rápido como su madre, Neal volvió enseguida, corriendo hacia ellos y extendiendo sus bracitos para que ella lo levantase, ya que no llegaba a subirse a la cama fácilmente. Kohaku lo recostó encima de ella y lo abrazó con cariño, hasta que Stan le dio la indicación de que ya su excitación había bajado y se había quitado el condón, y entonces acostó al niño en medio de ellos, resoplando con frustración por la incómoda interrupción, no podían estar más alterados y avergonzados.
Arrullaron a su hijo, que bajo la protección y cariño de sus padres logró dormirse a los pocos minutos. Ellos compartieron una mirada tensa, que se transformó en una sonrisa rígida.
- Demasiado cerca, dioses, qué vergüenza... –Murmuró Kohaku.
- Creo que es hora de poner una cadena o traba a la puerta, al menos para que no pueda entrar tan fácil y podamos disimular a tiempo. Maldición, odio quedar así a medias.
- Voy a matar a Ryusui, ¿cómo pudo decir algo así con un niño cerca? Neal ya no es un bebé que no entiende lo que dicen alrededor de él.
- Sí, pero... –Sonrió divertido– Tienes que admitir que fue educado y creativo. "Algo rico" –Apenas pudo contener una carcajada– Se pasó, pero no estuvo nada mal.
- ¡Stan! –Lo amonestó Kohaku, aunque sonriendo al fin– Definitivamente no podemos dejarlo más con él. Para colmo, él nos ofreció cuidarlo, porque lo quería llevar a navegar. Se acabó, primera y última vez, es un irresponsable.
- Tampoco exageres, princesa, no fue tan grave.
- ¿No lo fue? No sé tú, pero de sólo pensar que está diciendo ahí libremente que nosotros estamos haciendo esas cosas cada vez que lo dejamos a cuidado de alguien...
- Déjamelo a mí, yo tendré una charla con Ryusui y no volverá a decir algo así delante del renacuajo, ¿de acuerdo?
- Bien. Pero no seas condescendiente con él, o yo no seré tan buena la próxima vez.
- Ya, ya... O despertarás a Neal –La calmó Stan, acariciándole el brazo.
Fiel a su palabra, el soldado al día siguiente tuvo su conversación con el joven marinero, tratando de expresarse lo más serio que pudo, y Ryusui lo aceptó con toda responsabilidad. Sin embargo, bastó una mirada cómplice y con buen humor de parte de ambos para reconocer que había tenido su gracia.
- Sólo no vuelvas a decir algo así y que Neal pueda escucharte, o Kohaku se va a poner brava contigo, lo digo en serio, ¿entendido?
- Sí, Stan, te doy mi palabra. Y se lo compensaré a ambos, luego me disculparé también con ella.
En ese momento, los ojos de Ryusui se desviaron a un lado, algo llamándole la atención repentinamente, y Stan le siguió la mirada. Charlotte paseaba por allí a una buena distancia, y debió de haberse sentida observada, ya que giró la cabeza, justo en dirección hacia ellos. Su expresión pasó de la sorpresa y un torpe saludo respetuoso y apurado a su capitán, a que su rostro se sonrojara intensamente cuando sus ojos se encontraron con los del marinero, rehuyéndole inmediatamente. Stan alzó las cejas, y luego miró con suspicacia al rubio.
- Ryusui, ¿cómo van esas prácticas de vuelo?
- ¡Jaja! ¡Excelente! Estoy mejorando mucho mis habilidades de vuelo, gracias a Charlotte.
- Ya veo. ¿Y las prácticas post-vuelo? –Preguntó con diablura– Algo más pasó allí.
- Si quieres saberlo, parece que hubo un malentendido, pero lo resolvimos.
- ¿De parte de ella o tuyo?
- Charlotte interpretó que mis intenciones con ella iban más allá de prácticas de vuelo.
- ¿Y tú se lo aclaraste?
- Pretendo ser un caballero, nunca expondría a una bella señorita.
- Ah... O sea que "aprovechaste el bug", como quién dice –Dijo Stan con una fina sonrisa– Nada mal.
Ryusui no contestó a aquello, aunque su sonrisa lo dijo todo. El soldado sonrió más amplio, le caía muy bien ese muchacho, definitivamente era de sus favoritos entre el "reino juvenil de la ciencia".
- Permíteme la curiosidad, en confianza –Continuó Stan– ¿Cómo es ella en eso?
- No seré indiscreto, pero, digamos que... No por nada era tu mano derecha.
- Oh, ya veo. Nada mal. Bien, disfrútenlo entonces.
Calmadas las aguas, pudieron al fin tomarse la anécdota con más humor. En total complicidad, le contaron lo sucedido a Xeno y Luna, que se divirtieron también con la expresión de Ryusui. A pesar del ambiente ligero, el científico tenía una expresión un tanto más seria que de costumbre, lo cual su amigo notó.
- ¿Está todo bien, Xeno? ¿Alguna dificultad con el cohete?
- No, todo lo contrario, estamos haciendo avances muy elegantes, ya se completaron los tres primeros módulos. Sin embargo, tengo un importante anuncio que hacer.
- ¿Podemos tener el anticipo?
- Sí –Xeno miró a Stan a los ojos varios segundos antes de hablar– Si todo marcha bien, el cohete estará listo en unos ocho a diez meses.
La noticia produjo un largo silencio en el ambiente, en el que una expresión seria se repitió en los cuatro.
- Ya veo, se acerca la hora –Respiró profundo, calmando la repentina ansiedad que sintió– Ya va siendo tiempo, ya van como ocho años desde que nos despetrificamos.
- Así es. Voy a anunciarlo al mediodía, ya que estaremos todos juntos.
- De seguro van a querer festejar esta noche –Anticipó Kohaku, con la misma sonrisa tensa que su esposo– Está bien, con tanto trabajo duro, es bien merecido.
Dicho y hecho, la noticia fue muy bien recibida por todos, gritando de contentos y orgullosos. Los únicos que estaban un poco más reservados en su entusiasmo era los tres astronautas, Stan, Tsukasa y Senku, además de Xeno y Sai, ya que sentían la presión y la incertidumbre más de cerca. Kohaku también estaba tratando de forzar sus sonrisas, se le había hecho un nudo en el estómago al pensar que no faltaría tanto para que Stan se fuera a la misión, sólo le quedaba confiar que estaría todo bien, en especial por su hijo.
Ya le habían dicho a Neal de la misión, planteándoselo como un relato emocionante, y sin poner en duda que su padre volvería con "regalos espaciales", por lo que el niño estaba tranquilo y feliz. A su vez, sabían que era todavía pequeño, por lo que no había forma de anticipar cómo iba a sentirse o reaccionar en el momento de la verdadera separación. Eso era lo más difícil para sus padres, disimular y mostrarse muy sonrientes y seguros, sin una pizca de pesar o ansiedad, por más que la sintieran en lo profundo de sus corazones.
Luna notó que esa noche Stan y Kohaku no compartían el ánimo festivo, mientras que Neal se divertía y jugaba con un cohete de madera que Kaseki le había hecho y Suika había pintado, por lo que el niño siempre andaba cargándolo de un lado a otro, muy orgulloso mostrándolo, y diciendo que su papá viajaría en el grande de verdad. La joven médica consideró que la pareja podía necesitar un rato a solas o lejos del bullicio, para poder expresar su verdadero sentir sin tener que fingir alegría frente a su hijo, por lo que le preguntó a Xeno si le parecía bien que ellos cuidaran de Neal esa noche. El científico asintió al instante, él también se había percatado del enorme esfuerzo que Stan estaba haciendo por no mostrar un humor más sombrío, aunque se le notaba en sus ojos.
Para no evidenciarlos, Luna aprovechó el momento en que Neal se veía con más sueño, para cargarlo en sus brazos y dejarlo dormitar sobre ella. Como tampoco iba a quedarse festejando, miró a Xeno y él asintió, acercándose a la pareja.
- Neal se durmió con Luna, y estamos por volver a la cabaña a descansar. ¿Quieren que cuidemos de él esta noche?
- ¿Seguro, Xeno? No queremos molestarlos, y tampoco es necesario hoy...
- Sí, seguro, y ya ven que a Luna le gusta mucho cuidarlo, no pierde oportunidad –Dijo con una sonrisa– Descansen tranquilos, de seguro la noticia fue inesperada.
- Gracias, Xeno –Aceptó Stan– ¿Te parece bien, Kohaku?
- Sí, está bien. A Neal le encanta estar con ustedes, y duerme bien toda la noche.
Luna se puso de pie para irse con Xeno, y Stan y Kohaku despidieron a su dormido hijo con un beso. Se quedaron unos minutos más, hasta que la rubia también se levantó y extendió su mano hacia su esposo.
- ¿Vamos a dar una vuelta para despejarnos? Un paseo antes de regresar a nuestro hogar.
- Buena idea, vamos.
Ni bien Luna y Xeno llegaron a la cabaña del científico, que era la que ya ambos habían empezado a compartir hacía un año, se turnaron para cambiarse a las ropas de dormir, pasándose al niño que seguía durmiendo profundamente. Se acostaron en la cama, y recién en ese momento Neal despertó, sus ojitos luciendo cansados y confundidos.
- ¿Mami? –Preguntó, mirando alrededor.
- Le pedimos a mamá para que te quedes con nosotros hoy –Contestó Luna– ¿Te gusta la idea, Neal? Dormiremos juntos aquí los tres.
- ¡Sí! –Asintió sonriendo, eso lo convenció.
El pequeño se giró y extendió sus bracitos hacia Xeno, abrazándolo por el cuello. El científico sonrió y le devolvió el abrazo, acariciándole la espalda para adormecerlo. Luna se tuvo que morder el labio para contener un gemido de ternura, nada le ablandaba más el corazón que ver a Xeno mostrándose cariñoso y paternal, era su debilidad. Secretamente, se permitía la fantasía y la esperanza de que algún día esa escena pudiera vivirla con un hijo propio, y ya estaba completamente enamorada y entregada a que el científico fuera algún día su esposo. Quizás tomaría el ejemplo de Kohaku y se lo propondría ella cuando toda esa misión lunar terminara, era una chica capaz y segura, aunque también querría que le hiciera él una propuesta elegante y romántica. Sacudió la cabeza, tratando de apartar sus fantasías románticas, y se hizo un ovillo conteniendo una risilla feliz.
- ¿A qué vino eso? –Preguntó Xeno, que la había visto hacer ese movimiento.
- Ah, nada, nada –Negó, sonriendo sonrojada– Sólo que me gusta mucho esto, que estemos así los tres. Neal es tan bonito y dulce, me siento como una tía o madrina, que de otra forma no hubiera sido porque no tengo hermanos ni otras amigas cercanas con hijos.
- Es un niño muy bueno y elegante, al menos ahora, se disfruta. Hay algo relajante en tenerlo así cerca.
- Es amor puro e inocente –Coincidió Luna, y se apoyó en un codo para acercarse al rostro de Xeno y darle un tierno beso en la frente, sonriéndole dulce– Y tú también.
La rubia luego se acurrucó también cerca, acariciando el rostro de su novio con cariño, que lo sentía un poco más cálido ya que seguro se había sonrojado con el comentario. Luego dejó que su brazo colgara por la cintura de él, sonriendo feliz, ese momento y así como estaban era lo que más disfrutaba de la vida.
Por otro lado, Stan y Kohaku volvían de su paseo, tomados de la mano y en silencio. La joven tenía ganas de decirle algo al soldado para darle ánimos, cuando él estaba tan callado y serio, pero se contuvo y respetó su necesidad de silencio, simplemente acompañándolo. Cuando llegaron al fin a la casa, sintieron ambos cierta congoja de haber dejado a Neal al cuidado de sus amigos, era evidente su ausencia y en ese momento se dieron cuenta que hubieran preferido estar juntos en familia, aunque tuvieran que lidiar con fingir un mejor ánimo del que sentían realmente.
Se alistaron para dormir, y Stan se dejó caer al borde de la cama, sentándose y suspirando largamente. Kohaku se arrodilló detrás y lo abrazó, quedándose así un momento.
- Creo que nunca estaré completamente listo para esa misión, cuando pienso en que tendré que dejarlos atrás por al menos una o dos semanas –Musitó el soldado.
- Ni yo, pero te estaremos esperando. Listos para poder vivir al fin en paz, y juntos.
- Eso es lo único que me da el entusiasmo de terminar pronto con todo esto.
La rubia cambió de lugar para bajarse de la cama y ponerse frente a Stan, subiendo nuevamente para sentarse a horcajadas de él y abrazarlo. Se miraron a los ojos largamente y se sonrieron, Stan le acarició el rostro y compartieron unos suaves besos. A pesar del dulce momento, la mente del soldado no dejaba de importunarlo con otras imágenes más molestas y ansiosas, arrastrándolo nuevamente a la desazón y preocupación, por lo que se empezó a molestar consigo mismo y como desquite volvió sus besos un poco más invasivos y demandantes.
Kohaku lo sintió intranquilo, aunque no podía culparlo ya que ella se sentía igual, y también empezó a dejar salir su frustración al corresponderle de la misma forma, al menos así creía que se distraía un poco. Las manos de su esposo la recorrieron, hasta que bajaron y sintió cómo él hundía sus dedos como garras en su trasero.
- Perdona, mi amor, quizás no estés del mejor humor para esto –Se disculpó Stan por adelantado– Pero de verdad necesito algo que me haga olvidar estos pensamientos que tengo.
- No te preocupes, yo también me siento así –Asintió, y enterró sus dedos en la cabellera platinada de él– Los dos lo necesitamos.
- Ya me estoy cansando de que seamos ninjas del amor, aprovechemos que hoy no tenemos que contenernos, nos vendrá bien para dejar salir lo que tenemos dentro.
- Sí. Stan... Haz que no pueda pensar en nada más que el aquí y ahora, contigo.
- Tus deseos son órdenes, princesa, y lo mismo te pido a ti.
Unieron sus labios en un beso más urgente y apasionado, Kohaku abrazándose a la espalda de su esposo y hundiendo sus dedos en los firmes músculos. La consigna estaba aceptada y compartida, por lo que ambos no fueron tímidos ni delicados en repartir sus caricias. Stan se echó hacia atrás, recostándose en la cama, y luego la abrazó y giró media vuelta para ponerse encima. Sus próximos besos fueron salvajes, casi bruscos, invadiendo con su lengua la boca de su mujer, y luego apretando con sus dientes la tierna y tersa piel de su cuello y hombros. Kohaku siseó, dividida entre el placer, la excitación, y un punto de dolor, y le devolvió con la misma moneda.
Stan sintió una ola de fuego interno, extrañamente lo aliviaba que ella también fuera así de intensa, estaba cumpliendo su cometido de centrarlos en ese presente y dejar atrás el pesado humor que compartían. Sabían lo mucho que se amaban y cuidaban, por lo cual confiaban plenamente en el otro, tampoco iban a cruzar la línea de generar ningún tipo de dolor como desquite, no querían eso. Con esos ardientes y húmedos besos recorrió sin descanso el cuerpo entero de su esposa, desvistiéndola en el proceso, y con esa intención de devorarla también se dedicó a su intimidad, haciéndola gemir sonoramente como hace tiempo no se permitían.
Extasiada de placer, Kohaku no se quedó quieta, y lo arrastró hacia arriba para agarrarlo de las mejillas y besarlo profundamente, y así tenerlo al alcance para desvestirlo también, necesitaba sentir su cálida piel junto a ella. Cuando logró su cometido, se subió a horcajadas de él e imitó la intención de saborear cada músculo y curva hasta hacerlo gruñir y gemir en voz alta, Lo llevó a tal punto de excitación, que en el momento en que Stan trató de hacerla a un lado para volver a tomar el control y continuar, ella lo agarró de las muñecas y le llevó los brazos hacia atrás hasta apoyárselos en el colchón, entrelazando sus dedos juntos momentáneamente y compartiendo unos apasionados besos en que sus bocas se fundían juntas, antes de seguir donde estaba previo a la interrupción.
Stan se dejó complacer, animándose a ser un poco más atrevido y empujando sus caderas hacia ella, aunque con cuidado de no abrumarla. Kohaku se acomodó y encontró el ritmo justo, hasta llevarlo casi al límite, dejándolo jadeante y furiosamente sonrojado en la cama.
- Oh, nada mal, estás cumpliendo a la perfección mi pedido –Dijo Stan con voz rasposa– Ya no puedo pensar en nada más que en cómo voy a hacerte el amor ahora, amor mío.
- ¡Ja! Lo mismo digo. Apúrate y ponte el condón, o no me voy a aguantar cuánto te necesito dentro y conmigo.
- Ya mismo –Asintió con una sonrisa sensual, eso era lo más cerca que Kohaku tenía de ser atrevida con sus palabras en el sexo, pero era suficiente para excitarlo mucho, no fallaba.
Stan agarró la protección, poniéndosela rápida y hábilmente, para lanzarse inmediatamente encima de ella para cubrirla con su cuerpo. Se hizo lugar entre las fuertes piernas de su esposa, y mientras se alineaba conectaron sus miradas. Kohaku acunó su rostro entre las manos, acariciándolo suavemente con sus pulgares, mostrándole una dulce sonrisa de pronto.
- Cuando nos miramos así y estamos tan cerca, también me olvido de todo. Creo que es porque te amo tanto, que sé que todo estará bien mientras estemos juntos y confiemos.
- Tal dulce... –Susurró Stan, y en cuanto se introdujo un poco se acomodó para abrazarla, acariciándole el cabello– Lo mismo digo. Eres mi hogar al cual volver, así como todo lo que creamos juntos.
- Tú también eres dulce, el hombre más dulce que conocí, y no lo digo porque seas mi esposo –Con una sonrisa más coqueta y juguetona, atrapó un manojo de cabello y acercó la cabeza de él a la de ella, hasta que sus narices se rozaran– Pero ahora necesitamos algo más fuerte, dejemos lo tierno para dormir.
- Nada mal, señora Snyder. Tú lo pediste.
- Tú lo hiciste primero –Retrucó, junto a los labios de él.
Provocado con el jugueteo, Stan entreabrió sus labios y la tentó al acercar sus bocas, pero sin llegar a conectar el beso, sino que en su lugar rozó con toda ligereza la punta de su lengua blanda contra los labios tersos de ella. Lo hizo una y otra vez, hasta que Kohaku no aguantó más que la hicieran desear, y se adelantó para reclamar ella misma lo labios de su esposo. En respuesta, Stan se empujó más profundo dentro de ella, haciéndola jadear al llenarla y colmar de sensaciones cada nervio de su intimidad, él también derritiéndose de gusto ante la cálida sensación de ser acogido. Se miraron a los ojos, zafiro y aguamarina reflejándose entre sí, y empezaron a moverse en sincronía y sintonía, buscando extasiarse mutuamente.
Kohaku se abrazó a la musculosa espalda, gimiéndole al oído mientras enroscaba sus piernas con las de él y lo instaba a mantenerse lo más cerca posible, pidiéndole que se moviera con más intensidad y profundidad. Haciendo caso al pedido, él separó sus piernas lo más posible, apoyando buena parte del peso de su cuerpo contra el de ella, de forma tal que ni un rayo de luz se filtrara entre ambos, incluso fundiendo sus bocas en un largo beso. Comenzó a empujar sus caderas en un rápido vaivén, y le robó tal gemido de gusto y sorpresa a su esposa, que reforzó el movimiento y procuró continuar así sin detenerse.
- S-Stan... Oh, dioses... Si sigues así... –Gimoteó, tensándose involuntariamente mientras su cuerpo absorbía el intenso placer ante el roce inclemente por dentro y por fuera.
Buscando llevarla al clímax sin demora, Stan bajó las manos para empujarle las rodillas hacia afuera, obligándola a que abriera sus piernas lo máximo posible, mientras sumaba a sus embistes un movimiento más sinuoso y circular con sus caderas, sabía que eso era un contacto enloquecedor, que sin dudas la estimularía al máximo. No cedió ni un ápice a medida que oía los entrecortados y cada vez más agudos gemidos de su mujer, y él reunió todo su autocontrol para no dejarse llevar también cuando una intensa contracción de los músculos internos de ella le presionaron el miembro. Aguantó y se quedó quieto mientras ella atravesaba su orgasmo, saboreando su expresión extasiada hasta que sintió que al fin se aflojó un poco, y volvió a moverse, lentamente.
Kohaku empujó su mano contra el abdomen de él, y Stan se detuvo al instante, pensando que todavía estaba muy sensible. Lo hizo salir, y para sorpresa del peli-plateado, sólo fue para darse la vuelta, mientras seguía jadeando e intentando recuperarse, y se apoyó en sus rodillas, mirando hacia atrás y dedicándole la mirada más lujuriosa que podía.
- Oh, ¿así me quieres?
- No te contengas.
Eso bastó para hacerlo tragar duro, de pronto sediento. Se acomodó para introducirse nuevamente, gimiendo guturalmente ante la celestial sensación, y empezó gradualmente a aumentar el ritmo de sus embestidas. Teniendo el permiso de ser más salvaje, estiró su brazo cuando ella echó la cabeza un poco hacia atrás, y alcanzó a agarrarle el cabello de la coleta. La mantuvo así agarrada, aunque con el cuidado de no jalarle muy duro, hasta que llegó a un ritmo en el que su bajo abdomen y muslos chocaban contra el trasero de ella, produciendo chasquidos en al aire, y continuó así hasta perder el control, sin poder siquiera avisarle cuando alcanzó el clímax y su cuerpo reaccionó con espasmos, liberándose.
Con la fuerza que le quedaba, disfrutó los últimos segundos de quedarse dentro, hasta que salió. De forma automática, se quitó el condón y lo anudó rápidamente, dejándolo en el suelo a un lado de la cama, para luego apagar la luz. Kohaku se dejó caer pesadamente en el colchón, y él la siguió de inmediato, boca arriba y dejando su cuerpo abierto como una estrella de mar para enfriarse un poco. La miró de reojo, sonriendo tontamente.
- No me esperaba eso, nada mal.
- Yo creo que sí cumplimos con nuestra intención, ¿qué dices tú?
- No queda en mi mente ningún pensamiento coherente, misión cumplida.
Rieron por lo bajo, acomodándose para acercarse y acurrucarse. Stan le ofreció su brazo como almohada, recostándose de lado para estar frente a frente y así poder abrazarla para dormir.
- Amo demasiado a nuestro renacuajo, pero necesitábamos esto también, sin la preocupación de si va a escucharnos o interrumpirnos como el otro día –Y acotó, con picardía– Amor puro y duro, del bueno, esto sí fue "rico".
- Sí lo fue, lo extrañaba también, ya me siento más liviana. Muy buenas noches, amor –Dijo en voz baja Kohaku.
No tardaron en dormirse, colmados de plenitud, y el sueño continuó ininterrumpido hasta el amanecer, algo que pocas veces podían permitirse. Stan fue el que se despertó primero, procurando no despertarla demasiado mientras se levantaba con sigilo para ir al baño. Levantó el condón usado del suelo, para tirarlo donde correspondía, y caminó pesadamente, aunque con una media sonrisa ya que se sentía mucho mejor que el día anterior.
Sin embargo, cuando encendió la luz del baño y estaba por tirar el condón a la basura, la parte despierta de su mente registró algo, que lo hizo mirar con más atención el preservativo. Aclaró su vista y entrecerró sus ojos, percatándose al fin de lo que no cuadraba allí, hasta que por el contrario sus ojos se abrieron al máximo a la par que su corazón empezaba a martillar contra su pecho. Lo que faltaba era el contenido del condón. Nervioso, volvió al dormitorio, chequeando el lugar donde lo había dejado, y miró con atención. Casi se le salió el alma por la boca, cuando vio que había una mancha húmeda allí en la madera.
- Oh, no... No...
En algún momento del sexo, el condón se debió de pinchar, a menos que ya hubiera estado fallado desde un principio. No había forma de darse cuenta, al menos no si no oyeron algún chasquido, que en otra ocasión sí les había sucedido, aunque a tiempo de interrumpir para cambiarlo. El problema de esa ocasión, era que él no se había quitado inmediatamente, había seguido dentro de Kohaku un rato más, suficiente tiempo para permitir que la filtración dejara su contenido. Y no se había fijado antes de cuán lleno o vacío estaba el condón cuando se lo quitó, ignoraba la gravedad del accidente.
Miró a su esposa, que seguía durmiendo plácidamente, mientras un escalofrío lo recorría a la vez que sentía el calor de los nervios anclarse en su estómago y garganta. Podría ser la sorpresa más feliz de su vida, pero no en ese preciso momento con la misión que lo alejaría pisándole los talones. No había nada que hacer al respecto, sólo rogar porque tuvieran la suerte de que no pasara nada, nuevamente a disposición de las probabilidades. El problema, era que, si algo había comprobado años atrás, era cuan altamente fértil eran ambos, aún con las más bajas probabilidade. Tuvo que apoyarse en la pared, necesitaba algo firme en lo que sostenerse.
No era seguro todavía, tampoco podía exagerar, pero temblaba de sólo pensarlo, no podía ser el peor momento posible, a meses del lanzamiento del cohete, en el que él era un miembro crucial. Para colmo, tendría que esperar varias semanas para poder confirmarlo, sería una agonía. Decidió no decirle nada por el momento a Kohaku, tendría que guardárselo un poco y consultarle primero a Xeno, o a Luna, aunque nada cambiaría. A pesar de su resolución improvisada, tuvo la pésima suerte de que la joven se despertó y entreabrió los ojos, su fina vista captando rápidamente algo inusual, lo que la llevó a mirarlo al instante, aunque estaba todavía adormilada.
- ¿Stan? ¿Qué haces ahí?
- Kohaku... –Murmuró, mirándola nervioso.
- ¿Te sientes bien? –Preguntó, despabilándose enseguida al notar la tensión del soldado– ¿Qué pasó?
- No puedo decir que "algo malo", pero ciertamente es muy inoportuno y me preocupa.
- ¿Qué...? Stan, por favor, sé claro. Me estás asustando.
Se despegó de la pared, para sentarse en la cama junto a ella. Todavía tenía el condón vacío entre los dedos, y lo levantó para que ella lo viera, esperando que fuera suficiente para que lo dedujera.
- Oye, tíralo ya, no...
Se interrumpió a sí misma, de pronto asociando el evidente nerviosismo de su esposo, con que le estuviera mostrando eso, no había muchas opciones.
- Stan...
- Lo encontré así, vacío, esta mañana –Dijo él en voz baja– No sé si tenía una falla y eso fue lo que filtró durante la noche, ni si esa falla pudo haber estado desde el principio, y... Bueno, creo que te haces la idea.
- Oh... Es decir, ¿crees que podría quedar embarazada? –Preguntó, bajando la voz como él.
- No lo sé. Es una probabilidad, aunque lo que no sé es qué tan chica o grande es esa probabilidad, y no hay forma de saberlo. Perdón, Kohaku...
- ¿Por qué me pides perdón, Stan? No lo podíamos haber sabido, y no fue un descuido. Nadie tiene la culpa, realmente, si fue una falla o un accidente.
- Ya lo sé, pero aun así... Mierda, qué problema.
Kohaku lo miró, sorprendida, y con una punzada en su estómago que nada tenía que ver la incertidumbre del momento.
- ¿Es un "problema" para ti? –Preguntó, desilusionada y con un punto de tristeza– Pensé que habíamos acordado que queríamos tener más hijos.
- Sí, por supuesto –Contestó nervioso, y recién entonces la miró a la cara, al fin notando la expresión dolida de ella– No, Kohaku, espera... Quiero decir...
Le tomó la mano, rápido antes de que el malentendido la lastimara más.
- A lo que me refiero, es que el problema sería el momento, cuando estoy a poco de ir a la Luna. Por supuesto que lo otro no cambió, amaré y seré feliz con cada hijo que tengamos, incluso si ahora, con esto... Sucediera.
- Me hiciste sentir que el mundo se detuvo por un momento, fue horrible, no esperaba eso de ti –Dijo Kohaku, mirándolo con angustia.
- Perdón, y fue un pensamiento totalmente egoísta, sólo pensé en mí y en mi preocupación.
Los dos se quedaron en silencio un rato, sopesando la situación. Fue la rubia la que respiró hondo y llegó a una conclusión primero, mucho menos nerviosa que él.
- Stan, entiendo que digas que es inoportuno. Pero quiero que sepas desde este momento, que desde que yo me casé contigo y como te dije en nuestra noche de bodas, tener otro bebé contigo no sería nunca más una mala noticia, ni algo de lo que preocuparme o lamentar. Entiendo que tú no lo veas así, y el día de ayer fue la prueba de que todavía estamos angustiados pensando en lo duro que será cuando llegue el momento. Pero, insisto –Le tomó la mano libre, entrelazando los dedos juntos– Esperaremos tu regreso a nuestra familia, tu hijo... o hijos, y yo.
Stan presionó sus labios cerrados, correspondiéndole con darle un apretón a sus dedos entrelazados mientras asentía. No dijo más, no tenía palabras y no quería arruinar las emocionantes palabras de Kohaku, por lo que la miró y se acercó a ella para darle un casto beso en los labios.
- Es reconfortante saber eso, gracias, mi amor –Dijo al fin, apoyando su frente contra la de ella– Bien, así será, y no tiene sentido darle más vueltas ahora. En unas semanas le pediremos a Luna para que haga un análisis para confirmarlo o no. Por ahora, nadie salvo ella, y Xeno lo sabrán.
- Sí, estoy de acuerdo. Tranquilo, todo estará bien, ya verás. Lo que sea que suceda, será perfecto y justo.
- Tú eres perfecta y justa, Kohaku, mi hermosa y valiente mujer. Te amo, gracias.
La abrazó con cariño, alcanzando un poco más de tranquilidad.
- ¿Vamos a buscar a Neal? De seguro están despiertos ya, Xeno y Luna.
- Sí, vamos.
Llegaron a la casa de sus amigos, que estaban preparando el desayuno, y les ofrecieron tomarlo con ellos antes de llevarse a su hijo. Xeno se percató inmediatamente de que había tensión en los ojos de Stan, y lo miró fijamente hasta que el soldado le devolvió la mirada, explicándose en voz alta un instante después.
- Tenemos que contarles algo –Avisó, mirando de forma significativa a su hijo para que entendieran que tenían que ser prudentes con cómo expresarse– Falló un condón, pero demasiado tarde lo noté, así que... Hay una posibilidad.
La pareja estadounidense abrió mucho los ojos a la par, entendiendo rápidamente lo que quería decir. Luna mostró al instante una sonrisa emocionada, que sin embargo mermó en cuanto se dio cuenta que Stan no lucía tan emocionado y feliz con la noticia. Por su parte, Xeno frunció el ceño, su reacción más parecida a la de su amigo. Aunque no era su culpa directamente, sentía algo de responsabilidad por la efectividad y calidad de los condones, por lo que bajó la mirada y se disculpó por ello.
- Olvídalo, Xeno, no es tu culpa, puede pasar, y en estos años sólo fallaron unos pocos, nada mal para el promedio. Lo hecho, hecho está, así que Luna, te pedimos que nos digas cuándo será fiable comprobarlo.
- Diría en quince o veinte días, para estar seguros. Por suerte ya tenemos los avances científicos para hacer un análisis de sangre esta vez.
- Excelente, gracias.
- ¿Cómo se sienten? –Preguntó Xeno con cautela.
- Bien, estamos bien –Contestó Kohaku, tomando la mano de Stan con confianza– Al menos esta vez estamos juntos desde el principio, ¿verdad?
El soldado la miró con atención, alzando las cejas ante algo que era tan obvio e importante para ambos, que no podía creer cómo no lo había visto de esa forma antes. No sólo estaban juntos en el mismo lugar, sino que también estaban juntos como pareja, ambas cosas eran una notoria diferencia con respecto al primer embarazo. Seguía con sentimientos contradictorios debido a su innegable preocupación por el devenir de los próximos meses, pero esa nueva forma de verlo fue como quitarse un velo que cubría su mirada. Sí, pasara lo que pasara, esa vez estarían juntos. Finalmente sonrió, su corazón aligerándose un poco.
- No hablaremos más sobre el tema ni le pondremos cabeza hasta que hagamos el análisis, lo mejor será no poner expectativas sobre algo incierto.
- Una decisión prudente y elegante, es lo que iba a aconsejarles –Coincidió Xeno.
- ¡Mami! –Llamó la atención Neal, bajándose de su silla y estirando sus brazos hacia su madre– Up! Up!
Consintiendo a su hijo, Kohaku lo alzó y lo apoyó contra su cuerpo, sonriéndole ampliamente y dándole un sonoro beso en la mejilla, que el niño le devolvió imitándola, de una forma muy dulce que hizo sonreír a los demás.
- ¿Lo pasaste bien con Xee y con Luna, Neal? –Preguntó Stan.
- ¡Sí!
- ¿Qué se les dice...? –Lo animó Kohaku.
- ¡Los quiero mucho!
- ¡Aaaw! –Gimió Luna derretida de ternura.
- También, aunque puedes decir "gracias" antes –Rió Kohaku, también encontrando adorable la respuesta de su cariñoso hijo.
- ¡Gracias! ¡Los quiero mucho! –Corrigió Neal, ignorante de la dulzura que derrochaba.
Terminaron de desayunar, saliendo juntos de la cabaña para empezar su jornada. De mucho mejor ánimo con el que había empezado la mañana, Stan levantó a Neal bien alto y lo sentó sobre sus hombros, llevándolo así por el trayecto hasta el laboratorio, donde el niño no quiso tampoco alejarse de su padre y aceptaron que lo siguiera de cerca.
Los siguientes días pasaron con toda la normalidad que se pudo, Kohaku estaba atenta a si sentía algún mareo o desagrado como la primera vez, pero eso no sucedió. Como en esos días tampoco esperaba su período, no hubo forma de anticiparlo por su ausencia. Por más que había dicho que no le "pondría cabeza" al asunto, la ansiedad de Stan no disminuía, en esos momentos era cuando extrañaba terriblemente el fumar un cigarrillo, pero no quería arruinar su diligente y responsable racha de abstinencia. Su corazón se debatía entre la contradicción de que prefería que sólo hubiera sido un susto con el accidente, para facilitar las cosas más adelante, aunque al mismo tiempo no podía negar que sentía una pequeña desilusión cuando Kohaku le decía que no sentía ninguna diferencia o malestar últimamente. Si era completamente sincero consigo mismo, ya albergaba una esperanza y soñaba con poder disfrutar de estar en la gestación de otro hijo desde su concepción, en especial cuando todo alrededor funcionaba bien, tenía a sus padres y amigos cerca, y vivían tiempos de alianzas mundiales y relativa "paz".
Cuando pasó el tiempo de espera, la rubia fue a ver a Luna al bonito consultorio médico que había establecido en el reino científico, donde atendía a sus colegas y a los aldeanos, para hacerse el análisis. Esa era la primera vez que a Kohaku le pinchaban con una aguja para sacarle sangre, pero como era tan confiada y valiente, miró con curiosidad todo el proceso. Luna puso una parte de la muestra en un microscopio que tenía en el escritorio, habían hecho unos cada vez más precisos y potentes a la par de los avances tecnológicos de esos años. Manteniendo una expresión impasible, observó con detenimiento la muestra, Kohaku no tenía idea qué era lo que tenía que ver ni entendía que hacía, por lo que esperó con paciencia. Luego, la joven médica apartó otro poco de sangre en una probeta, a la cual le echó unas gotas de otro frasco, y observó el resultado.
- ¿Y bien, Luna? –Preguntó Kohaku, sin aguantar su curiosidad.
La estadounidense la miró de reojo, con una pequeña sonrisa en sus labios, y tapó la muestra antes de guardarla. Se acercó a Kohaku, mirándola fijo a los ojos, respirando hondo antes de hablar.
- ¿Quieres que te lo diga sólo a ti ahora, o llamamos a Stan?
- Dímelo. No sabe que vine a verte. Finge sentirse controlado, pero lo conozco bien, cada día está más despistado.
- Pronto serán dos así, es algo bastante habitual en las embarazadas, pero él lo está somatizando primero, qué gracioso.
Kohaku tardó unos segundos en caer en cuenta de lo que había dicho Luna, con demasiada sutileza. Al principio se rió, aunque su sonrisa desapareció un momento después, y sus ojos aguamarina se abrieron al máximo, quedando boquiabierta. Su corazón empezó a latir con fuerza, mientras instintivamente se llevaba una mano al abdomen.
- ¿Es así? ¿Estoy...?
- Sí, confirmado sin dudas. Por ponerlo simple, hay una sustancia que produce tu cuerpo cuando estás embarazada, y sus niveles aumentan considerablemente. Detecté eso en tu sangre, así que es así... Hay otro pequeño Snyder en camino.
- ¡¿Otro niño?!
- ¡Ah, no! ¡Eso no podemos saberlo! –Negó Luna, exagerando con las manos– Me refiero a otro bebé.
Sonriendo ampliamente y casi con más emoción que la propia madre, Luna extendió sus brazos y rodeó a su amiga, felicitándola cálidamente.
- ¡¿Estás feliz con la noticia?!
- ¡Ja! Sí, yo sí esta vez. Ya sé que será un caos en este momento, pero en mi corazón es bien recibido, y esta vez estamos todos juntos y más tranquilos, también con mi familia cerca y la de Stan, será muy distinto del embarazo de Neal. Sé que todo estará bien, confío en eso.
- ¡Me alegra mucho! Si no te molesta, se lo contaré a Xeno, ¡ultra secreto, lo prometo!
- Claro que sí, yo se lo diré esta noche a Stan.
Compartieron un último abrazo feliz, y Luna le aseguró que le preguntaría a sus otros colegas médicos más experimentados para poder tener toda la información para controlar y llevar un embarazo sano. Kohaku se lo agradeció, eso le daba también mucha tranquilidad.
El día fue más largo que nunca para la rubia, que apenas podía contener las ansias de contarle a Stan, a Neal, y a su familia. Lo que más la animaba era lo distinto que se sentía esa vez, en paz, bien recibido, rodeada de mucha contención y cariño, y por sobre todo, cerca de sus seres más queridos. Quizás por ello era que no se había detenido en otros pensamientos más pesimistas. Quería apostarle a la vida.
Finalmente, la noche llegó, cenaron como siempre en comunidad con los demás, y luego se fueron cada uno a sus hogares. Stan y Kohaku acompañaron a Neal en su habitación hasta que se durmió, y luego de arroparlo bien, se prepararon ellos para dormir. Antes de apagar las bombillas de luz, la rubia se sentó en la cama cerca del borde, cruzando las piernas. Estaba un tanto ansiosa, aunque una "buena" ansiedad, al fin pudiendo empezar a compartir la noticia.
- Stan...
- ¿Sí?
Kohaku palmeó el colchón a su lado, y le tomó la mano para invitarlo a sentarse junto a ella. Stan, intrigado, se dejó llevar.
- ¿Qué es esa sonrisa tan bonita que tienes en el rostro? Me gusta esa expresión.
- Sonrisa de felicidad, así me siento.
- Qué bueno, es contagiosa.
Sonriendo a la par, Stan se inclinó hacia ella para darle un largo y casto beso en los labios. Como siempre que empezaban, se iban perdiendo en el disfrute del cariñoso contacto, que les transmitía mucha calma y calidez. Dejándose llevar, el soldado no se percató cuando la mano de Kohaku se apoyó sobre la de él, y lentamente la fue guiando y bajando hasta apoyarla en su abdomen, donde la detuvo y sumó su otra mano. De pronto, los ojos zafiro de Stan se abrieron de par en par, deteniéndose a mitad de un beso, y un suave jadeo escapó de sus labios. Ese había sido un gesto demasiado claro como para dudar sobre su intención, y se alejó un poco para poder mirar a los ojos a su esposa, sintiendo un intenso cosquilleo en su columna cuando vio la dulce expresión que tenía en los ojos.
- Kohaku... –Musitó, presionando ligeramente con su mano en el vientre de ella– ¿Confirmado? ¿Hay...? ¿Hay otro renacuajo en camino?
La rubia asintió, a lo que Stan respiró hondo y volvió a jadear, sin poder creerlo. El corazón le martillaba en el pecho, le latía hasta en los oídos, mientras la realización de que volvería a ser padre, esa vez sin dudas de que era suyo, que allí dentro estaba empezando a gestarse su segundo hijo, y que estaría desde el principio a su lado para cuidarlo, así como a su amada esposa. Una ola de emoción lo recorrió, y abrazó con fuerza a Kohaku, que le devolvió el abrazo, gustosa, aliviada de que esa fuese la primera reacción de él. Arrebatado por la conmoción, la besó con impulso, una y otra vez hasta que se sintió satisfecho.
- ¿Estás feliz, Stan?
- Por supuesto, sabes que te amo con todo lo que tengo, y que apuesto todo a nuestra familia, es lo que quiero para el resto de mi vida. Oh, princesa, no puedo creerlo... No sé cómo vamos a hacer, pero aquí estamos, aquí estamos, es hoy, el ahora.
- Me alivia y me alegra mucho escucharte así –Dijo emocionada Kohaku, acariciándole el rostro a su guapo esposo, era una delicia cómo brillaban sus hermosos ojos azules.
Se mantuvieron en su abrazo por unos minutos, disfrutando así juntos. Luego se acostaron, aunque Stan seguía conmovido y entusiasmado, y se deslizó rápido hacia abajo en la cama para darle unos dulces besos en el abdomen, para luego subir y reclamar sus labios, acercándola a él en un firme abrazo. Ninguno concilió el sueño por un buen rato, hasta que al fin cedieron al descanso.
Al día siguiente, Stan se sentía como si hubiera dormido medio día, revitalizado. Se despertó con los primeros rayos del sol del amanecer filtrándose por la ventana, y todavía adormilado llenó de amorosos besos a su mujer hasta hacerla reír de que no quería soltarla, y le acarició con cariño el vientre. No era un sueño, y definitivamente ya no era una pesadilla como lo pensó por un breve momento, allí estaba su futuro segundo hijo, o hija, listo para recibir todo su amor y protección desde el primer día.
- ¿Cuándo le decimos a Neal? –Preguntó Kohaku.
- Debería saberlo al mismo tiempo que los demás, además algunas cosas van a cambiar desde hoy mismo, como que tú no harás trabajos de mucho esfuerzo físico.
- Entonces, ¿hoy? Después de que desayune.
- Me parece bien.
Se sonrieron mutuamente, listos para compartir la noticia. Stan se levantó primero, yendo a la habitación de su hijo para despertarlo, el pequeño estaba profundamente dormido todavía. Le daba pena despertarlo, pero era conveniente mantener los horarios fijos para que el niño mantuviera sus patrones de sueño parejos. Stan le acarició con suavidad el sedoso cabello platinado, y se inclinó para darle repetidos besos en la frente, hasta que el pequeño despertó.
- Buen día, Neal.
- Papi... –Murmuró Neal, entreabriendo sus ojos, y luego los cerró otra vez.
El padre frotó su nariz contra el cuello de su hijo, haciéndole cosquillas, hasta que el pequeño intentó apartarlo con sus manos, más interesado en seguir durmiendo.
- Arriba, renacuajo dormilón. Vamos, vamos, hay que ir a desayunar. O papi te comerá a mordiscos a ti.
Cuando Neal no contestó, en broma Stan asomó sus dientes y le dio suavísimos mordiscos en la piel de su hijo, rozándole así los brazos, la mejilla y la pancita. Al fin el pequeño estalló en carcajadas, tratando de esquivar los mordiscos.
- No, no, quiero más, qué rico, no estás nada mal.
- ¡Noooo! ¡Paaaaa!
- ¡Ñam ñam!
- ¡Yo te voy a morder! –Amenazó Neal, frunciendo su ceño para hacerse el malo.
- Ooh, ¿sí? A ver, muerde aquí, suavecito –Pidió Stan, señalándose la mejilla.
Con su boca abierta y frunciendo su nariz fingiendo ser un animal salvaje, el niño hizo lo pedido, dándole el más adorable y delicado mordisco a su padre, que rió al sentirlo. Jugando, Stan le despeinó la melena con una mano, dejándosela toda alborotada.
- Nada mal, nada mal, eres todo un leoncito. Ahora sí, arriba, a levantarse de una vez.
- ¡Papi! Up! Up!
Stan nunca podía resistirse a la forma tan adorable en que Neal le pedía que le hiciera upa, además en inglés, por lo que lo levantó de la camita y lo cargó, su hijo sonriendo ampliamente. Prepararon el desayuno, y una vez que empezaron a comer, el soldado estaba más juguetón que otras veces, para su carácter calmo era algo tan evidente, que su hijo lo notó.
- Papi está feliz –Dijo Neal, aplaudiendo.
- Ooh, ¿cómo lo sabes?
- Papi sonríe muy grande y juega mucho hoy.
- Sí, así es –Miró a Kohaku, que le guiñó un ojo– ¿Quieres saber por qué?
- ¡Sí!
Stan lo levantó de su lugar para sentarlo sobre su regazo, y le hizo un gesto a Kohaku para que se acercara, rodeándole la cintura.
- Papá está feliz porque mamá tiene un bebé en la panza. Vas a ser un hermano mayor, Neal.
El niño parpadeó con sorpresa, y miró a su madre, poniendo especial atención en su abdomen.
- Mami se ve igual. ¿Dónde está?
- Sí, cariño, todavía el bebé es muy chiquito, va a tomarle casi un año en crecer para salir y que podamos conocerlo –Explicó Kohaku, y se tocó con unos golpecitos de sus dedos– Pero está aquí, Luna es médica y me lo dijo.
- ¿Cómo llegó el bebé ahí? –Preguntó con curiosidad– ¿Por el ombligo?
- Eeh... No, bueno... Hmmm... –Contestó torpe Kohaku.
Los padres se miraron con una sonrisa nerviosa, dándose cuenta tarde que no habían pensado nada para explicarle, y su hijo era sin dudas muy curioso e inteligente. Stan se hizo cargo de la respuesta.
- No, por ahí no. El ombligo es una cicatriz del cordón que te unía a mamá dentro de su panza. Un bebé llega ahí porque papá usa otra parte de su cuerpo para poner algo que es como una semillita, y si agarra bien, de ahí empieza a crecer un bebé.
Mientras aprovechaba que su hijo se hiciera sus propias ideas con eso, Kohaku lo distrajo de que hiciera más preguntas curiosas para las que no estaba preparada a contestar bien, cargándolo en brazos.
- ¿Vamos a decirle a los abuelos y a la tía Ruri? ¿Quieres decirles tú que tendrás un hermanito?
- ¡Está bien! –Contestó entusiasmado.
Se prepararon para salir, Stan acompañándolos para compartir la noticia con la familia, y luego haría su camino para ponerse a trabajar con los demás. Un rato, después llegaron a la aldea, Kokuyo y Ruri estaban allí a la vista, por lo cual Neal se impacientó por soltarse de la mano de su madre y correr hacia ellos.
- ¡Abu! –Exclamó Neal mientras corría hacia Kokuyo.
- ¡Neal! ¿Cómo estás, pequeño? –Lo alzó bien alto, haciéndolo reír, y luego lo acercó a su rostro para darle un beso en la regordeta mejilla– Buen día.
- ¡Mami dice que tiene un bebé en la panza y voy a tener un hermanito!
- ¡¿Qué?! ¿Cómo...? –Preguntó boquiabierto, mirando a su hija que se acercaba junto a Stan.
- Tan directo –Rió Kohaku.
- ¿De quién lo sacó? –Susurró Stan, guiñándole un ojo.
- Papi dice que puso una semillita en mami y que ahora hay bebé –Respondió Neal a su abuelo, por el "cómo".
- ¡Ah! No tenías que decir esa parte, Neal –Murmuró Kohaku abochornada, sonrojándose furiosamente.
- No termino de acostumbrarme a que el renacuajo repite todo lo que oye, sin filtros.
La expresión de incredulidad de Kokuyo se convirtió en una brillante mirada y sonrisa. Ruri se acercó rápido a su hermana menor para darle un fuerte abrazo, feliz por ella.
- Kohaku, hija... ¿De verdad? –Preguntó el padre.
- Sí, ayer lo confirmé. No estaba dentro de los planes todavía –Aclaró, con una media sonrisa– Pero está bien.
- ¡Oooh! ¡Qué felicidad! Seré abuelo por segunda vez, y esta vez estaremos cerca y lo conoceré desde que nazca.
- Sí, eso mismo pensaba, y por eso estoy muy contenta.
- Y tú, Neal, ¡hermano mayor! Vas a cuidar y proteger mucho a tu hermanito o hermanita, ¿verdad?
- ¡Sí!
Después de conversar un poco más con ellos, y recibir las felicitaciones de los aldeanos que habían oído al niño, fueron a buscar a los padres de Stan. Le dijeron a su hijo que no hacía falta que dijera lo de la "semillita", que todos los adultos lo sabían, por lo que estaría bien con que sólo dijera del bebé y de él siendo un hermano mayor. Obediente, el niño dijo con igual entusiasmo la noticia a sus otros abuelos. Sarah ahogó un grito de emoción y se lanzó a abrazar a su hijo con fuerza, luego a su nuera, mientras que Jacob como siempre fue más medido, dándoles un abrazo más suave y unas palmadas en la espalda a su hijo.
Como Xeno ya estaba al tanto de la noticia ya que Luna le había contado, él fue mucho más escueto, además de que sabía que una vez que bajara de la emoción del momento, Stan iba a caer en cuenta de otra realidad no tan risueña. La pareja tampoco pensaban difundirlo a viva voz, bastaba con que los más cercanos lo supieran de parte de ellos, y por el cambio que supondría el ritmo y las tareas de trabajo de Kohaku próximamente. La mayoría reaccionó igual, felicitándolos, aunque con una mirada de reojo a Stan, preguntándose cómo lidiaría él con eso, a la par de la misión. Ryusui en particular, cruzando los brazos por delante de su cuerpo, no le quitaba el ojo de encima. Fue Chrome el que, con toda su inocencia y preguntas en voz alta, luego de hacer cálculos mentales, expuso el principal dilema.
- O sea que es posible que Stan conozca a su bebé al regreso del viaje lunar, ¿cierto? ¡Será un buen regalo de bienvenida, qué malote!
La expresión contrariada e incómoda se repitió en la mayoría de los rostros, que habían estado pensando algo similar, aunque los sentimientos al respecto sí variaron. Aunque parte de él lo sabía, que se pronunciara ese comentario en voz alta no hizo más que volver a echarle sal a la herida, esa había sido la mayor preocupación del soldado, que sin dudas había hecho también cuentas.
- Ya lo veremos, si se termina a tiempo el cohete o si se demora, Xeno dio un tiempo estimativo –Contestó, sin darle muchas vueltas.
- Es verdad... Esperemos que se termine antes, así vuelves a tiempo –Continuó el castaño, con una sonrisa entusiasta.
El tema se zanjó ahí, aunque muy distinto fue a partir de momento la agitación del corazón de Stan. Trató de mantener su expresión serena, y se dispuso a trabajar para distraerse de esos pensamientos que estaban asomando y tocándole el hombro desde que había empezado la posibilidad del embarazo. Su felicidad ante la noticia confirmada fue genuina, así como su profunda emoción, él quería formar una bonita y grande familia con toda su alma, la cual se daría a su tiempo. Ver a Kohaku feliz también lo hacía a él sentir así, además de que lo tranquilizaba.
Sin embargo, durante el día no pudo evitar los flashes de pensamientos e imágenes que se le venían a la mente, la mayoría desalentadores, a medida que caía en cuenta de las posibilidades que se avecinaban, mermando su buen humor. Le empezaba a doler la cabeza, y soportó hasta terminar sus tareas y la jornada para irse, aunque lo hizo solo, o eso creía.
Caminó a paso pesado, automático, en dirección a su hogar, aunque su mirada estaba perdida. Chrome había dado en el clavo con su comentario, según las estimaciones que tenían, el cohete iba a estar listo justo para esos últimos meses de embarazo de Kohaku. Sin contar el tiempo extra por el ensamblado de la nave en el espacio, tenían proyectado que el trayecto del planeta a la Luna sería de unos seis días, por lo cual en total estarían unos quince días afuera, tal vez más según con lo que se encontraran en la Luna, o cualquier imprevisto que surgiera.
El problema era que, de cualquier forma, su partida coincidiría con en el momento más delicado del embarazo, ya fuera en el mismo mes de parto, que el bebé naciera mientras él estaba en la misión, o dentro de las primeras semanas de vida de su hijo. No quería perderse ninguna de ellas, mucho menos dejar a Kohaku "sola", por más que estuviera bien cuidada por su familia y amigos. Le acongojó tanto el corazón el pensar en eso, en especial el perderse algo tan único e importante como el nacimiento y primeros días del bebé, que la impotencia y la frustración le empezaron a llenar de lágrimas los ojos.
En ese momento, por primera vez en la vida, maldecía su excelente destreza, y tenía ganas de renunciar a una misión. Sabía que no podía, era egoísta, y la seguridad de las vidas de todo el mundo, incluida la de Kohaku y sus hijos, dependía del buen desempeño y resultado de esa misión, no por nada habían seleccionado a los mejores tres entre los cientos que eran. Ya estaban a medio hacer los trajes astronautas a medida, así como habían avanzado en los extensos y duros entrenamientos de preparación.
Por más que confiara en que iban a tener éxito y que volverían sanos y salvos, había incertidumbre en lo que iban a encontrar, así como no podían tener la certeza de que la construcción del cohete sería totalmente perfecta y segura, no había segunda oportunidad como con los prototipos anteriores. El ensamblaje final estaría a su cargo, y lo mismo, él pondría su máxima habilidad en hacerlo bien, de eso no tenía dudas, sólo esperaba que todo funcionara dentro de lo planeado, o lo que pudieran manejar.
La emoción que predominaba cuando pensaba en eso era el miedo, dejaría atrás a su hijo que para ese entonces tendría entre cinco y seis años, a su esposa, y a un bebé por nacer o recién nacido. Kohaku no lo tendría nada fácil, con sus dolores, cansancio, su propia ansiedad, y siguiendo la misión junto a los demás, rezando que volvieran pronto y en una pieza. Quería estar con ella y para ella, además de sus hijos. Ni siquiera podrían verse los rostros, la comunicación en el cohete sólo podía ser auditiva. Toda su confianza y seguridad tambaleaba cuando se dejaba llevar por la emoción, pensar que Kohaku casi lo había dejado porque albergaba dudas de que algo malo pudiera pasarle, para proteger a su hijo. Si algo de verdad le pasaba, ya serían dos criaturas, además de ella, su único consuelo era que al menos ya estaban reunidos con sus familias.
A poco de llegar a su casa, luego de mirar alrededor y comprobar que no había ojos curiosos cerca, se detuvo sobre sus pasos, al fin, apretando los dientes cuando las lágrimas, ardientes, al final rebalsaron de sus ojos y cayeron al piso. Tenía que dejar salir sus sentimientos, al menos una vez, permitirse sacar de adentro toda esa incertidumbre y congoja, antes de seguir adelante, como fuera. Se sentó en cuclillas, no quería dar un paso más hasta que no pasara la ola de esa emoción. Se llevó el cabello hacia atrás, mientras dejaba escapar unos sollozos más, aliviado de que estaba solo y nadie había presenciado su momento de debilidad. Si él dudaba, ¿qué quedaría para el resto que confiaba en él?
Unos minutos después su llanto remitió, sentía el rostro hinchado y caliente. Seguía sorbiendo la humedad de su nariz, cuando de pronto escuchó un familiar chillido a la distancia.
- ¡Papi! –Llamó Neal, corriendo hacia él con una sonrisa.
Stan se limpió los ojos y el rostro rápidamente con la manga de la ropa, al menos el pequeño corría solo hacia él y no de la mano de Kohaku, eso le ahorraría de dar explicaciones. Cuando su hijo lo alcanzó, se lanzó a él para abrazarlo, feliz con su regreso. El soldado se sintió inmediatamente conmovido, también pensando por un instante en si así sería el reencuentro más adelante, lo cual volvió a humedecer sus ojos. Se esforzó por mostrar una sonrisa, que sin embargo no convenció a Neal, quién lo miró atento y serio.
- ¿Papi está triste? ¿Estás llorando? –Preguntó, sentándose frente a él.
Stan tragó duro, la inocencia y preocupación con que su hijo lo miraba lo ablandó aún más, y no sabía qué responderle, ni cómo evitar otras preguntas.
- No te preocupes, Neal, no es nada malo. Ya estoy bien.
- Pero si papi está solo y llora, está triste. No me gusta ver a papi triste.
- Oh, mi renacuajo... –Sonrió a medias el soldado, ante lo atento y dulce que era su pequeño.
- ¿Abrazo? –Ofreció Neal, y abrió sus brazos hacia su padre.
- Por supuesto, gracias –Se agachó más para recibir el bonito y cálido abrazo, y suspirando con ternura y calma, le susurró– Te quiero tanto, hijo.
- Yo te quiero mucho, papi –Contestó el niño, sonriendo.
Se quedaron un momento así, hasta que Stan suspiró profundamente y al fin sonrió de forma genuina, ya más tranquilo. Oyó el murmullo de unos pasos, y al levantar la vista se encontró a Kohaku, que se acercaba con una expresión cauta.
- Stan, ¿estás bien?
- Ahora sí, gracias a este príncipe hermoso que tenemos –Dijo sereno, dándole un cariñoso beso en la frente a su hijo.
Se puso de pie, cargando en brazos a Neal, y le dio un corto beso a su esposa, que seguía intrigada de verlo con la emoción evidente de su rostro. La rodeó por la cintura con su mano libre, y le hizo un gesto con la cabeza para que volvieran.
Lo que quedaba de la tarde antes de la cena lo pasaron juntos, alternándose para darse un buen baño, y luego hicieron su habitual recorrido hacia la aldea para compartir la cena con los demás. Stan no había querido decirle a Kohaku de su breve crisis, aunque se imaginaba que ella lo intuía, y tampoco le había preguntado nada al respecto. Su comprensiva esposa había tenido algunas actitudes de cercanía y apoyarlo con su compañía silenciosa, sin juzgarlo ni tratar de convencerlo de que todo estaría bien.
Cuando pensaban que iban a tener una cena amena como todas las noches, Ryusui se acercó a ellos, parándose en frente y muy decidido, chasqueando los dedos, y llamando la atención de ellos y de los que estaban cerca.
- ¡Ya lo decidí! ¡Es hora de cumplir, y compensarlos como prometí!
- ¿De qué hablas, Ryusui? –Preguntó Kohaku.
- Yo iré a la Luna como piloto y tirador, en lugar de Stan.
Un largo silencio se hizo alrededor, ya que todos oyeron a Ryusui con su voz segura y atronadora, decretando ese cambio.
- Ryusui, no –Rechazó Stan– No podemos dar marcha atrás, ya me comprometí y debo hacerme responsable. Lo haré.
- ¿Por qué actúas como si fueses la única opción para esta misión, Stan? No eres el único que sabe hacer bien su trabajo aquí.
- Ryusui...
- ¡Yo deseo ir a la Luna! –Exclamó– No me rendí todavía, ni nunca lo haré, porque de verdad quiero hacerlo, es una oportunidad única, te pagaría con todos mis dragos para convencerte, si supiera que podría hacerlo así. Y en este momento, yo lo deseo mucho más que tú, ¿me equivoco?
Stan no pudo responder a eso, mientras muchas miradas se anclaban en él, sorprendidos, aunque entendiendo el motivo que tendría para hacerlo más allá de sus propios deseos, su obligación como soldado.
- Yo seguí entrenando a la par que ustedes, para estar listo en caso de que me necesitaran, además de mi propio deseo de mejorar. Yo iré en tu lugar. Y como pago –Ryusui alzó la cabeza más a lo alto, y volvió a chasquear los dedos, su mirada reflejando pura ambición– Tú me enseñarás personalmente, cada día de los estos meses que tenemos por delante, para asegurarte de que sea un piloto y tirador infalible. Y sólo iré a la misión si tú consideras que estoy a la par para reemplazarte de forma segura, si no lo logro, no me quejaré, e irás tú.
- Eso no estaría nada mal –Dijo Stan en voz baja, considerándolo.
- Lo sé. ¿Puedes hacerlo, Stan?
- Sí, por supuesto que puedo –Extendió su mano hacia el marinero, para estrechársela con fuerza– Gracias, Ryusui, gracias.
- ¡Jaja! ¡Seré el primer discípulo del imbatible Stanley Snyder! ¡Y además iré a la Luna, como quería! ¡Excelente!
Todos sonrieron alrededor, todavía sorprendidos por el giro y el cambio de planes, una novedad tras otra, y contentos con el radiante entusiasmo y confianza que se tenía el ambicioso capitán.
- Y tengo una solicitud, Xeno, Senku, y pagaré por ella lo que sea necesario, incluso compartir los derechos de los yacimientos de petróleo que tengo aquí –Continuó Ryusui, mirando a los científicos, que le pusieron inmediata atención.
- Estás loco, Ryusui, pero no tengo un milímetro de duda que saldremos ganando todos –Dijo Senku, con una sonrisa maliciosa– ¿Qué quieres?
- En el caso del cohete esté listo antes de tiempo, pospondremos el lanzamiento hasta que el bebé cumpla un mes. Luego de eso, empezaremos la misión. Digan su precio, lo pagaré.
Un jadeo de conmoción se oyó al unísono, para dar lugar a amplias sonrisas que se fueron dibujando en los rostros de todos, ante la enorme empatía y gentileza de Ryusui. Los ojos de Kohaku brillaron, y se abrazó a Stan, mientras que el soldado estaba al borde de las lágrimas una vez más, de pura emoción y agradecimiento. Él había pensado algo así, pero su costumbre de soldado, su sentido de la responsabilidad, y de poner la misión por delante de todo, le impedía hacer una exigencia de ese estilo.
- Ah, qué elegante propuesta –Dijo Xeno, cruzándose de brazos– La probabilidad de que siguiéramos haciendo pruebas y comprobando detalles para esas fechas era alta, pero si estás dispuesto, Mr. Ryusui, no desaprovecharemos la oportunidad de sumar recursos científicos a nuestras reservas. Por mí está bien, ¿Senku?
- Diez billones por ciento seguro que sí. Más recursos, y unos pocos meses más no cambiarán mucho.
- ¿Tsukasa, Stan? –Preguntó el científico– Como miembros de la tripulación también les consultamos su parecer.
- Hmm, sí, lo apoyo por completo –Asintió Tsukasa, sonriendo con los ojos cobrizos cálidos.
- Qué puedo decir, más que agradecerles con todo mi ser –Dijo Stan, abrazando a Kohaku por los hombros y sonriendo mientras unas lágrimas recorrían su rostro– Por supuesto que sí, estoy de acuerdo.
- ¡JAJA! ¡Excelente! –Exclamó Ryusui, satisfecho– Queda confirmado entonces, luego cerramos los acuerdos y detalles.
De inmediato se oyó un estallido de aplausos y exclamaciones de festejo, de parte de los que habían oído todo alrededor. Neal jaló a su padre la ropa, pidiéndole que lo alzara, y Stan lo hizo de buen grado.
- Papi llora otra vez –Dijo preocupado, tocándole el rastro húmedo con su dedito.
- Esta vez es de felicidad, hijo, de puro alivio y felicidad, también hay lágrimas así.
El niño sonrió a la par de su padre, y miró alrededor con curiosidad.
- ¿Por qué todos están felices?
- Porque tenemos un buen amigo que hizo algo muy amable, y puede que vaya en mi lugar a la Luna, así yo podré quedarme más contigo, con mami, y con el bebé. ¿Te gustaría, que me quede con ustedes?
- ¡Sí! ¡Quiero a papi!
Stan sonrió enternecido, una emoción tras otra, y bajó a Neal al piso antes de acercarse a Ryusui. Volvió a extender su mano hacia él, estrechándosela, y luego con su otro brazo lo rodeó por los hombros en un medio abrazo y lo atrajo hacia sí, sonriéndole con camaradería y confianza.
- Demuéstrame que podemos estar en tus manos.
- ¡JAJA! ¡Lo haré!
- Por esta vez me superaste, capitán.
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Buenaaaas! Muy contenta de volver a actualizar, tenía tantas ganas e ideas para este capítulo. Desde ya que no planeo extender el embarazo, es sólo para mover un poco el suelo y crear más situaciones emocionantes y de "caricia-nalgada" xD, así que el próximo capítulo ya habrá otro mini Snyder en el mundo. Ryusui salvando el día, y a Stan, hay que cumplirle el sueño al dragón, y una situación justo inversa a la del manga jeje.
Gracias por su apoyo y amor, como siempre, y espero que los últimos capítulos de esta historia sean emocionantes y den un buen y digno final a esta historia.
Hasta el próximo capítulo, les deseo una buena semana!
