Prompt #866: "Realmente vendimos nuestras almas al diablo aquí, ¿no?"
La cosa con Hester, es que realmente no pensó que todo fuera real, pensó que tal vez le estaban tomando el pelo y su padre sólo era otro goth random que era lo suficientemente acomodado como para disfrutar de sus hobbies más allá de lo socialmente aceptable, pero tenía sentido.
—No debiste de hacerlo.
—Sabías que existían —Hester estaba mirando a la nada en silencio, aún en estado catatónico y sin haber dormido nada la noche anterior.
Aparentemente, con los contactos correctos, era innecesario aplicar a al Instituto L'Enferet Duciel, e incluso todas sus materias habían sido automáticamente dadas de alta para ella, únicamente tendría que presentarse en al menos dos horas en el campus y sería oficialmente estudiante de aquella institución.
«O tómate un día y come, aséate y descansa correctamente» Le había dicho el demonio después de salir de la oficina del Rector.
Pero ella se negaba fervientemente a mantener un pie en casa de Joseph Bradbury, que para ella pasó de ser un abogado implacablemente terrible a un Alistair Crowley sin tachas.
—Le vendiste tu alma al demonio.
—Al menos estoy en un Instituto que te negaste a pagar… Y procediste a comprar ese estúpido cráneo de bisonte.
—Detalles, hija mía, detalles.
—No pueden ser detalles cuando nuestra mesa es un puto pentagrama.
Hester esperó a que su padre contestara, o le expresara más emociones que eso, pero el bastardo simplemente se dedicó a desayunar, así que ella suspiró e imitó sus acciones, pues tendría una hora para alistarse.
Pensó en lo que necesitaría, tal vez una simple libreta, un lápiz y un bolígrafo, su botella de agua y una chaqueta. Frunció el ceño. Cuánto tiempo estaría en el campus, si tardaba hasta que el sol se ocultara también necesitaría sus guantes y gorro calientitos.
—¿Entonces a quien vendiste tu alma?
Creyó que aquella voz era la de su padre, pero cuando alzó la mirada encontró a su hermano.
—Perfecto, tú también sabes de ellos —gruñó, aunque para sus adentros ella se hizo la misma pregunta. No tenía una forma simple de contestar así que los ignoró con mal humor. Y seguiría así hasta que se volviera a encontrar con el demonio y le dijera su nombre.
—Hester —insistió su hermano, pero ella lo ignoró en favor de continuar ingiriendo la ensalada de manzana que estaba desayunando.
—Anthon —respondió después de un rato de ansioso silencio.
—¿Con quien hiciste el pacto?
—¿Por qué importa?
—Porque, querida hija mía, cada demonio pide algo diferente y otorga diferentes favores, y cariño, somos brujos, hay cosas que nosotros podemos hacer y ellos no. Ahora, ¿cuál fue el trato?
Hester bajó la mirada, ojalá hubiera cambiado su alma por el poder de bruja que su padre alegaba que tenía, pero hasta ahora estaba en blanco con respecto al pedido del demonio.
—¿Ustedes tienen un pacto con alguien? ¿Tengo magia? Porque por ahora sólo soy una diversión para mi querido amigo azufroso —soltó una risilla, pues el demonio olía a bosque de pinos—, nada más y nada menos, y quizá en el momento en que necesite algo se lo daré.
Tomó el plato ahora vacío y se levantó, tanto su padre como su hermano mantuvieron la mirada en ella, pero no soltaron ni una palabra, nada acerca de sus preguntas o del pacto que ellos mantenían con quien sabe que otro demonio.
¿Qué iba a hacer? Mordió el interior de sus mejillas y entró lentamente al campus, posiblemente de noche tuvieran un aspecto terrorífico, como de casona embrujada, pero ahora, de día no era menos intimidante. Una estructura, que parecía y de hecho no dudaba que fuera enteramente mármol, la recibió, imponente y lúgubre aún a la luz del sol.
—Creí que no vendrías, querida Hes —las palabras del demonio la sorprendieron, ella ni siquiera vio cuando él apareció.
—Mi padre ha sido particularmente exigente —se negaba a mencionar con que era exigente, y supuso que el demonio no lo iba a mencionar así que continuó hablando—, no lograría soportarlo el día entero, así que decidí huir —el demonio sonrió alegremente y la condujo dentro del edificio.
—¡Perfecto! Entonces, te llevaré con la profesora Buné. Ella estará a cargo de las materias específicas de Artes, para el resto, imagino que te asignarán un salón de clases —se detuvieron frente a una enorme puerta de madera—. Buen día, mi querida estrella.
El demonio dio la media vuelta y desapareció lentamente entre el enjambre de estudiantes. Hester miró ansiosa a ambos lados, y con temor acercó su mano a la puerta, pero esta se abrió antes de tocarla.
Dentro, se encontraba una mujer delgada, de rizos color chocolate, piel de porcelana y labios increíblemente rojos. Ella la miró, y aquella mirada le dio exactamente la misma sensación que la del demonio.
—Bienvenida señorita Bradbury, el príncipe Lucifer me habló de usted —sonrió amablemente y colocó distintos libros en una mesa con dos sillas que se encontraban frente a ella, a un lado había también un pizarrón—. Hoy iniciaremos con un pequeño encuadre y después le daré un recorrido por los edificios.
—¿Qué hay de los demás alumnos? —preguntó, con la mirada recorrió toda la habitación que parecía una biblioteca, pero también tenía por ahí algunos cuadros y que, en cualquier otra situación, estaría feliz de observar, pero justo en este momento simplemente fue un mero elemento decorativo destinado a marcar rutas de escape y lugares donde podría ocultarse.
—¿Qué otros estudiantes? —regresó la mirada de inmediato a la profesora—. El príncipe Lucifer fue bastante claro al mencionar que sólo era usted —el corazón de Hester latía de tal forma que lo podía sentir en sus oídos y la actitud de la mujer declaraba que ella también los escuchaba, por lo tanto suspiró y caminó con lentitud hacia ella.
—¿Solo yo?
—¡Así es! —su voz era un trino adorable—. Después de todo es la única en todo el campus con una licenciatura basada en Artes y Humanidades; el amo Lucifer tuvo que mover bastante sus influencias.
Hester tuvo que tomar asiento antes de que sus piernas se quedaran sin fuerza. ¿Qué es lo que el demonio… Lucifer quería con ella? ¿Qué tenía que era tan valioso?
La profesora le sonrió y comenzó a hablar, pero Hester francamente no procesó ni una palabra, su cerebro estaba en una nebulosa de pánico.
Realmente había vendido su alma, ¿no?
|NOTAS DEL AUTOR|
┈➤ ❝ [No estoy especialmente convencida con este capítulo, pero últimamente he tomado la pauta de no borrar nada a menos que sepa que poner en cambio, y pues no sé que escribir, por lo tanto… voila] ❞
