Un largo silencio se hizo luego de que Xeno pronunciara esas palabras. La tensión en el aire era agobiante, y todos los ojos se posaron en Stan, con nervios y pena. Sin embargo, el piloto se mantuvo estoico y tranquilo.

- Iré.

En ese instante, sólo la férrea disciplina y años de ser soldado lo mantuvieron entero y seguro, sin permitir que ni una emoción de duda se filtrara. Xeno apoyó su mano en el hombro de su amigo, agradecido demostrándole su apoyo.

- Contamos contigo. El lanzamiento del próximo cohete que contiene el módulo de alunizaje de la nave será apenas terminemos de ensamblar la placa de repuesto, será una tarea a contrarreloj. Desde ya lamento decirte que esa parte del cohete no está preparada con el sistema de pilotaje principal, dependerá de tus habilidades.

- Lo suponía. Está bien.

- Y Stan... Esta vez no hay otro dispositivo petrificador, estarás despierto todo el viaje. Pase lo que pase.

- Entendido.

Ese último era el detalle más difícil de informar, porque implicaba que no había margen de error, y que sólo les quedaba confiar de que el lanzamiento fuera exitoso, o sino no quedaría nada de él. Xeno lo miró fijo a los ojos, viendo si fluctuaba su determinación, aunque eso no sucedió. Sólo para asegurarse, se paró muy derecho y le sostuvo la mirada.

- Stan, ¿estás seguro de que puedes hacerlo?

El soldado le devolvió la intensa mirada a su mejor amigo, y esos breves segundos que se tomó para contestar fueron interminable para los que estaban alrededor. Finalmente, Stan sonrió un poco, exudando confianza.

- Por supuesto que puedo.

- Bien, entonces prepararemos todo, tenemos mucho trabajo por delante.

Ni bien terminó de hablar con Xeno, Stan buscó con la mirada a Kohaku. Recién en ese momento se le hizo un nudo en el estómago que no pudo negar, si llegaba a ver la expresión de angustia o desilusión en el rostro de ella, iba a ser un duro golpe para su férrea determinación a no ceder a las emociones como había sucedido meses atrás. Cuando hizo conexión con los ojos aguamarina que buscaba, el sorprendido fue él: Kohaku lo miraba a la distancia con una expresión serena y digna, que transmitía fortaleza y confianza. Caminó a su encuentro, no sabía bien qué decir, por lo cual sólo se quedó parado frente a ella.

- Salva a nuestros amigos, cumplan la misión, y vuelve en una pieza, es lo único que puedo decirte.

- Lo haré, no tengas dudas.

- No las tengo –Afirmó con una sonrisa confiada– Te estaremos esperando y apoyando desde aquí, todos, y en especial nosotros tres.

La rubia dijo eso reforzando el abrazo a su bebé, y acariciando la cabeza de Neal, que miraba intrigado a sus padres. Stan asintió y le dio un beso en los labios, tocó delicadamente la mejilla de su hija dormida, y suspiró profundo antes de arrodillarse para hablar cara a cara con su niño.

Neal... Voy a tener que irme por unos días.

- ¿A dónde, papi?

- A la Luna, con Ryusui, Tsukasa y Senku. Tengo que ayudar a nuestros amigos, que necesitan algo de mí.

- Dijiste que te quedabas con mami, Suri y yo.

- Lo sé, pero surgió algo, y tengo que ayudarlos.

- ¿Están mal?

- Tuvieron unos problemas, sí –Contestó, no quería preocupar a su hijo– Estarán bien en cuanto vaya yo, quédate tranquilo.

Stan sintió un escalofrío recorrerlo cuando los ojos grandes y aguamarina de Neal le devolvieron una mirada que contenía duda y temor, justo lo que quería evitar. Le acarició la cabeza y le sonrió sereno, e iba a abrazarlo y asegurarle nuevamente que todo estaría bien cuando su hijo se apartó de sus manos de forma brusca.

- No vayas, papi. Quédate aquí.

- Perdón, pero no puedo hacer eso.

- Sí puedes. Siempre dices que puedes –Replicó con astucia e inocencia.

- No a esto, lo lamento. Neal...

El niño dio unos pasos hacia atrás, y miró alrededor hasta que encontró a su abuelo Kokuyo. Corrió hacia él y se abrazó a su pierna, quién se sorprendió sin saber a qué se debía eso, además de notar que el pequeño lucía desanimado, sin querer contestar ni una palabra cuando le preguntó qué le pasaba. Stan lo siguió con la mirada con un punto de angustia, esa era la primera vez que su hijo lo rechazaba, en el peor momento posible. Kohaku le apoyó la mano es la espalda, transmitiéndole su apoyo.

- Déjalo por ahora, estará bien.

- Espero que tengas razón, o no sé si seré yo quien esté bien.

- Vamos a dar una vuelta, ¿quieres?

- No sé si debería, tengo que prepararme para partir.

- Sólo un rato, para que te despejes. Le pediré a mi padre que se quede con Neal, si no quiere venir con nosotros.

- ... De acuerdo, vamos.

Stan vio cómo Kohaku se acercaba a Kokuyo, que ya estaba cargando en sus brazos a Neal para consolarlo. Cuando el pequeño no cedió a las caricias y la invitación de su madre, sintió nuevamente cómo su corazón se comprimía. Le frustró sobremanera que no importara cuan tranquilo y determinado hubiera aceptado los últimos eventos, no podía hacer nada para aliviar o convencer a su hijo. Después de avisarle a Xeno que querían estar solos un rato, la rubia volvió y salieron de la sala. Caminaron en silencio hasta llegar a orillas del río, donde se sentaron sobre la tierra, de cara al sol. El soldado cerró los ojos y respiró muy profundo, antes de soltar un largo suspiro y hablar en voz baja.

- Pese a que no puedo ignorar que aquí falta Neal, este lugar es demasiado bonito para relajarme y disfrutar por última vez en la semana el calor del sol, el pasto... y la compañía de mis dos princesas.

- Como bien dices, será sólo por una semana. Luego volveremos aquí los cuatro, para disfrutarlo, porque confío en que haremos las paces o derrotaremos al Whyman.

- Sí, así será.Lo daré todo, menos la vida, porque así sea –Apoyó su mano sobre la de Kohaku, y la miró a los ojos con amor– Mi vida sólo se las doy a ustedes.

- No quiero ser egoísta, pero me gusta mucho escucharte decir eso –Apoyó su cabeza sobre el hombro de Stan, que la rodeó en un abrazo– Cuando vuelvas, queda por disfrutar lo mejor de la vida, en paz. Seguro tendremos mucho trabajo por delante, ayudando a revivir a todo el mundo, pero el saber que no tendremos nada que temer, y que la ciencia hará mejor nuestras vidas diarias, me da mucha esperanza.

- Te confieso algo, para mí será un poco raro, siendo un soldado. La completa paz no es algo que conozca, siempre había alguna amenaza, alguien a quién eliminar, órdenes que seguir. Lo hice con orgullo y honor, pero ahora que Neal, Saori y tú son parte de mi vida, siento que no quiero volver a levantar un arma para quitarle la vida a nadie más, a menos que sea inevitable.

- Eso es muy noble de tu parte.

- No lo sé, Xeno y mis colegas estarían desilusionados, dirían que perdí el filo, que estoy desperdiciando mi talento.

- ¿Qué te importa más, lo que ellos opinen, o lo que tú sientes? –Replicó, frunciendo el ceño.

- Quiero buscar la forma de que no sientan que de un día para otro "abandono el barco".

- Encontraste algo mejor para tu vida, ¿qué mejor que eso? Yo pienso que, si realmente te aprecian y respetan, estarán contentos por ti. Si no lo hacen... Creo que están siendo injustos y pensando más en ellos mismos que en ti.

- Diste en el clavo del egoísmo y apego humano, nada mal.

- ¿Eh?

- Quiero decir que lo que dijiste está muy bien, ya veré cómo lo incorporo a mi situación.

- Stan... No pretendo juzgarte, pero todos los que pertenecemos al reino científico que empezó Senku, no tenemos la sangre de la vida de otra persona en nuestras manos. Negociamos, aprovechamos la medusa y también peleamos con armas, pero ninguno de nosotros tuvo que matar a alguien para lograr las alianzas o la paz. Ahí tienes la prueba.

- Sí, lo sé. También es cuestión de cambiar mi cabeza, en el mundo moderno había países más o menos belicosos, y el mío... Digamos que las armas se miraban con mucho, mucho aprecio, y estábamos orgullosos de someter a quiénes veíamos como amenazas.

- No sólo eres bueno con las armas, también eres un gran piloto. ¿Y si te dedicas a eso?

Stan se tomó unos segundos para contestar, considerando con mucho interés la propuesta, alzando las cejas como si no lo hubiera pensado antes.

- No estaría nada mal... –Miró a los ojos a Kohaku con una pequeña sonrisa– Disfruté de verdad entrenar a Ryusui, y me gusta mucho pilotar.

- A mí me llevaste a volar tres veces, sólo por diversión. ¿Lo ves? Podrías ser el piloto de las próximas misiones, o enseñar a volar a otros.

- Sí, puedo hacer eso, me gusta cómo suena.

Tras una profunda respiración, Stan sonrió más amplio, y luego buscó los labios de su joven esposa para besarla largamente.

- Gracias, mi amor, me hizo bien esta conversación para despejarme. Ahora sólo queda hablar con Neal, y prepararme.

La bebé se despertó en ese momento, y tras un adorable bostezo, buscó con sus ojos los de su madre, y luego los de su padre. Stan se ubicó dentro de su campo de visión y le tomó la pequeñísima mano, que ella apretó con sus deditos.

- Kohaku, ¿me permites a Suri?

- Claro.

La rubia pasó cuidadosamente la bebé a brazos de él, mientras le hablaba suave para que se mantuviera tranquila. Stan la meció ligeramente, conectando sus miradas del mismo color y brillo, sonriéndole con dulzura. La acercó para darle suavísimos besos, siempre sentía ese cosquilleante calor en el pecho cuando ella estiraba sus manitos y buscaba tocarlo.

- No es para darle celos a mamá ni a tu hermano, princesita, pero no te das una idea cuánto te extrañaré y pensaré en ti a toda hora, preguntándome cómo estás. Ellos ya son más grandes, tú eres una "renacuaja". Mi renacuaja Snyder.

- Si Xeno me deja usar la radio de comunicación del cohete y de la nave principal para hablar contigo cuando Suri esté despierta, podrías escucharla cuando esté haciendo esos soniditos tan lindos con lo que intenta hablar.

- Eso me encantaría, hablar con Neal y contigo, escucharla a ella... Se lo pediré yo a Xeno. Y quizás eso tranquilice a Neal, es una gran idea. ¿Volvemos con él ahora?

Kohaku asintió, y se puso de pie primero. Stan siguió cargando a Suri hasta llegar a la central de mando, donde seguirían estando los demás. Para sorpresa de ambos, Xeno les dijo que Kokuyo se había llevado a Neal a su choza, para intentar animar a su nieto. El soldado prefirió ir solo, pidiéndole a Kohaku que volviera a la casa, iba a llevarlo allí para hablar. Regresó a la bebé a brazos de su madre y caminó hasta allí, encontrando sólo a Ruri teniendo al niño sentado sobre su regazo, mientras le contaba un cuento. La sacerdotisa le sonrió al peliplateado, aunque Neal apenas lo miró de reojo y se hizo un ovillo en los brazos de su tía. Ruri miró apenada a Stan.

- Le estaba contando a Neal una de las cien historias de nuestra aldea.

- Qué bueno, a él le encantan los cuentos. ¿Te gustó esta, Neal?

Tímidamente el pequeño asintió, sin decir ni una palabra. Los dos incómodos, Ruri buscó una excusa para dejar a su sobrino con el padre.

- Yo también me divertí mucho contigo, Neal, pero tengo una tarea que hacer, así que te vuelves con papá. ¿sí?

Nuevamente asintió en silencio, y la joven lo bajó de su regazo, direccionándolo a Stan para que él le tomara una mano para llevárselo.

- Gracias por cuidarlo, Ruri, y agradécele a tu padre.

- Siempre es un gusto hacerlo. ¡Adiós, Neal! –Saludó con la mano la sacerdotisa, antes de entrar a la choza.

Con suavidad, Stan jaló a su hijo para empezar a caminar, aliviándose de que lo siguiera sin resistencia. Sin embargo, esa fue una de las caminatas más incómodas de su vida, nunca había sentido a Neal tan distante y tenso, y cuando le hacía algún comentario sobre lo bonito del camino, la respuesta era casi nula. Resopló frustrado, lamentaba no tener más referencias, libros o algo que pudiera ayudarlo en ese momento a entender la mente de un niño y qué decir para que fuera más acertado, todo era prueba y error. Pensó que si le ofrecía a su hijo la oportunidad de decirle lo que sentía, a la vez que él trataba de hacerle entender su parte, podrían llegar a una buena conclusión.

- Neal, ¿quieres decirme qué es lo que te hace sentir mal?

Luego de varios segundos, el pequeño hizo un mohín y contestó en voz baja.

- Dijiste que te ibas a quedar. Quiero que te quedes.

- Lo sé, hijo, pero entiende que surgió algo muy importante y papá tiene que ir a ayudar a sus amigos, es por el bien de todos.

- Que vaya otro –Contestó el niño con desparpajo.

- No hay nadie más que pueda hacerlo como yo, Neal. Sólo serán unos días, y...

- ¡No quiero! ¡Quédate con mami, con Suri y conmigo! –Estalló, sus ojitos anegados en lágrimas nuevamente.

- Me encantaría, pero no puedo, ya te lo dije –Contestó, tratando de mantener la calma– Así son las cosas, tengo una responsabilidad por cumplir por el bien de todos. Soy un soldado y un piloto, es mi trabajo. Quisiera que lo entiendas de una vez...

- ¡No quiero! –Lo agarró de la mano y lo jaló con todas sus fuerzas para detener su avance– ¡No te vas!

- ¡Neal! ¡Así no! ¡Pórtate bien!

En plena rabieta, lleno de frustración, el niño finalmente lo soltó, aunque sólo para dedicarle una mirada llena de reproche y enojo, mientras respiraba agitado por la nariz.

- ¡Papá malo! ¡TE ODIO!

Con ese tiro de gracia, Neal se dio vuelta y echó a correr lo más rápido que pudo. Stan quedó boquiabierto, mientras sintió su pecho presionarse a un punto que le faltó al aire, eso era algo que nunca había imaginado escuchar además de la expresión horriblemente transparente y sentida en su bello rostro infantil, fruncido por la ira, y le rompió el corazón.

- ¡NEAL! ¡VUELVE AQUÍ!

Fue una orden inútil, una parte de él lo sabía, pero sus piernas se habían negado a moverse en ese instante, conmocionado. Cuando al fin recuperó su control, también echó a correr detrás de su hijo, alcanzándolo en pocos segundos, hasta que pudo atraparlo y lo levantó para abrazarlo a su pecho. Neal intentó resistirse, pataleando y empujándolo para zafarse, mientras lloraba a moco tendido. Por más que Stan intentara calmarlo nada funcionaba, esos débiles golpes no dolían a su cuerpo físico, pero sí a su corazón, eran como recibir una paliza de Tsukasa. Sintió una angustia enorme al verlo llorar así luego de haberle oído decir que lo odiaba, y no pudo contener tampoco sus propias emociones.

- ¡Basta! ¡No más de esto, por favor, Neal! –Exclamó, con las lágrimas al borde de sus ojos.

No sabía cómo afectaría a su rol de paternidad para su hijo el ser honesto y mostrarse completamente abrumado y vulnerable, prácticamente rogando, pero no podía hacer otra cosa en ese momento, que estaban sólo ellos dos. Para bien o para mal, pareció funcionar, ya que el niño bajó la intensidad de su pataleta y lo miró atento, de pronto callado a pesar de que sus lágrimas y mocos aguados seguían fluyendo por su cara. Como no sabía qué más decir, Stan sostuvo la mirada a esos pequeños ojos aguamarina, e hizo lo posible por volver a serenarse. Empezó a caminar en dirección a su casa, manteniendo en un fuerte abrazo a su hijo todo el camino.

Cuando llegaron, Kohaku ya estaba allí junto a la cuna de Suri, luciendo una evidente preocupación al ver a su esposo e hijo llegar ambos con el rostro hinchado y enrojecido por haber llorado. Stan se arrodilló para bajar a Neal al piso, y él lo volvió a empujar antes de lanzarse a brazos de su madre, abrazándose fuerte a ella y volviendo a llorar a mares, como si sólo se hubiera estado conteniendo por el desesperado pedido de su padre. No fue el único, Stan tuvo que darles la espalda ya que sus propios ojos se llenaron de lágrimas una vez más, y tuvo que taparse la boca para que no se oyera su sollozo, esa situación estaba resultando mucho más dura de lo que se había mentalizado, era demasiado rechazo para su corazón. Kohaku estaba dividida, quería consolarlo también, pero tenía las manos llenas con su hijo, rezando que la bebé no se despertara con eso.

Finalmente, el soldado logró controlarse y estabilizarse, y al ver que Neal ya no lloraba tan fuerte tampoco gracias al abrazo de su madre, se acercó con cautela y le apoyó una mano en la espalda para acariciarlo, aunque el pequeño sin mirarlo lo rechazó de un manotazo y le volvió a decir que no lo quería más, antes de escurrirse de los brazos de Kohaku y correr a su habitación sin mirar atrás. Stan apretó los labios y cerró los ojos, tratando de contener que otra vez las lágrimas se agolparan en sus ojos. Ya libre, su esposa no dudó en darle un muy fuerte abrazo para consolarlo, ella estaba conteniéndose al máximo de no ceder también a la emoción, esa situación sin dudas era dolorosa de ver para cualquiera.

- Démosle unos minutos solo, lo necesita –Musitó, acariciando el cabello platinado de su esposo con cariño.

- Lo único que necesita ahora, no puedo dárselo –Murmuró con impotencia Stan.

-No es lo que necesita, sino lo que quiere. Duele, pero tiene que entenderlo, a veces en la vida suceden cosas que no podemos evitar, hay que aceptarlas y seguir. Al menos tú sí volverás...

- Definitivamente lo haré.

Se quedaron en silencio abrazados unos minutos, hasta que Kohaku suspiró y se alejó.

- Stan, odio decir esto, pero no hay mucho tiempo, tienes que prepararte para partir.

- No me puedo ir así, no puedo irme de esta forma, que lo último que mi hijo me dijo es que me odia.

- Oh, sabes que no lo dijo en serio ni se siente así, sólo está frustrado y no sabe manejar lo que siente, es un niño pequeño –Lo consoló Kohaku.

- Ya lo sé, pero no puedo dejarlo así. No quiero quedarme con esa amargura, y me rompe el corazón que él se quede así de triste, con ese tipo de lamentos no puedo enfocarme por completo en hacer mi trabajo tampoco. Además, necesito que lo entienda, este es mi trabajo, y no va a ser la primera y última vez que tenga que ausentarme unos días, cuando restablezcamos la civilización de seguro voy a tener que acompañar viajes y misiones, o tú también lo harás.

- Yo se lo explicaré, tú tranquilo...

- No. Necesita escucharlo de mí, y entenderlo. Iré a avisarle a Xeno que tengo que resolver esto primero.

Con una expresión decidida, Stan salió de la casa. Kohaku suspiró y fue hasta el cuarto de su hijo, mientras pensaba cómo podrían resolver la situación. Entendía perfectamente a Stan, ella tampoco podría irse sabiendo que dejaba a su pequeño tan angustiado. Pensó que en esa ocasión era una ventaja que ella estuviera más acostumbrada a expresarse de una forma más sencilla, además de que intuía que Neal la iba a escuchar más a ella por el simple hecho de no ser el objeto de su enojo y angustia.

Encontró a su hijo hecho un ovillo en la cama, abrazando un peluche que Yuzuriha le había hecho. Se recostó frente a él y lo abrazó, dándole suaves besos en la cabeza y le acariciaba el sedoso cabello oro-platinado.

- Neal, sé que estás triste de que papá se tiene que ir, yo también lo estoy, y sabes cuánto él preferiría quedarse aquí con nosotros.

- Mami no llora, no está triste –Contradijo el pequeño con un mohín.

- Ahora no, porque me propuse ser fuerte, papá necesita ahora que lo apoyemos y le demos un buen abrazo. Pero hace un tiempo, cuando tú eras un bebé y yo me enteré que él iba a viajar a la Luna, también lloré mucho. ¿Y sabes qué pasó? Tu papá nos buscó por todos lados, porque yo me escondí contigo de tan mal que me sentía. Yo también tenía miedo y quería que se quedara, pero él me prometió que todo estaría bien y que volvería. Ryusui trató de ayudarlo a que pudiera quedarse con nosotros, pero ahora él lo necesita. ¿Sabes que papá es el mejor piloto del mundo?

- Sí...

- ¿Quieres que también Ryusui, Tsukasa y Senku vuelvan con nosotros pronto?

- Sí.

- Bien, entonces que ser fuerte, y dejar a papi ir a la Luna para ayudarlos, porque eso es lo que hace un buen amigo, ¿verdad?

El niño asintió, mirándola a los ojos de reojo.

- Sé que estás preocupado y que quieres que papi esté bien, pero tienes que confiar en que por algo es el mejor. A él le duele mucho que te enojes y le digas esas cosas feas, y tú y yo sabemos que lo quieres mucho. Puedes decirle que te pone muy triste que se vaya, que lo vas a extrañar, pero no digas que lo odias, porque eso no es verdad, y él te ama mucho. Sé fuerte como mamá y papá, y vas a ver que te sentirás mejor, y así tú ayudarás también a papá. ¿Puedes hacer eso para él, y para mí?

Una vez más, Neal asintió, y Kohaku lo abrazó y le agradeció en voz muy baja y suave. En momento madre-hijo quedó interrumpido cuando se oyó el llanto de Suri, y la rubia se excusó para levantarse y atender a la bebé, que debió sentirse mal al despertar y no ver a nadie cerca. Para cuando Stan regresó, Kohaku estaba atendiendo a la pequeña, y lo recibió con una sonrisa aliviada.

- Puedes hablar con Neal, ya está dispuesto a escucharte sin enojarse contigo.

- ¿Cómo lo sabes?

- Hablé con él, y entendió un poco más. Sigue triste, pero al menos ya no hará berrinches ni te dirá cosas dolorosas.

Stan sintió un fuerte alivio, tomó el rostro de su esposa en las manos y lo acercó para darle un largo beso y apoyar sus frentes juntas.

- Kohaku... ¿qué haría sin ti? Gracias, siempre estás ahí para ayudarme cuando siento que todo se derrumba.

- Esa es intención, aunque por suerte no es algo que pase seguido.

Stan caminó hasta el dormitorio de su hijo, lo vio sentado en el piso, por lo cual lo imitó y se sentó a su lado sin decir una palabra. Después de esperar unos largos segundos en silencio, se animó a acariciarle muy suavemente la espalda. Cuando Neal no lo rechazó ni se puso mal, decidió que era un buen momento para probar un tercer acercamiento, contaba con que esa vez fuera el más amable para ambos.

- Neal, en las próximas horas tengo que partir para hacer algo muy importante... Algo así como un héroe. Como en los cuentos que la tía Ruri te relató, ¿recuerdas?

- Sí...

- ¿Te gustaría que papá fuese un héroe también?

- No, me gusta que te quedes aquí.

- Lo sé, a mí también me gustaría más eso. Pero nuestros amigos me necesitan, es por el bien de ellos, y de todos nosotros aquí depende que ellos logren cumplir con su tarea, nos estuvimos preparando mucho tiempo para esto.

- Algo malo les pasó a ellos. No quiero que a papi le pase algo malo –Se sinceró, bajando la voz a un murmullo lleno de tristeza.

- No me va a pasar nada malo, hijo.

- ¿Lo prometes?

- Mírame a los ojos, Neal.

Cuando los ojos aguamarina aguados al fin lo miraron, Stan agarró a su hijo para levantarlo y sentarlo sobre su regazo, devolviéndole una mirada muy fija y serena.

- Te lo prometo. Palabra de hombre, de soldado, y de padre.

Abrazó al niño con fuerza y a la vez calma. Le aliviaba cada vez más cómo iban sucediendo esa vez las cosas.

- Necesito tu apoyo, que te portes bien, y cuides a tu hermanita como buen hermano mayor, mientras mamá y los abuelos se ocuparán de que tú también estés bien, ¿sí? Sé que eres un buen niño, lo harás bien. Y pronto estaré de vuelta con ustedes, lo festejaremos e iremos a un lugar bonito los cuatro, y podrás pedirme algo, lo que sea, y lo haremos, tú y yo. ¿Qué te parece eso?

- Está bien... ¿Podemos ir a volar? Que papi lleve el avión –Preguntó con una pequeña sonrisa pícara.

- Hmm, tendremos que convencer a mami que te deje subirte sólo conmigo, se suponía que lo dejaríamos para cuando fueses más grande. Pero creo que por esta vez ella también lo aceptará, si tú me prometes que te portarás bien.

- ¡Sí, pa!

- Y para que no me extrañes tanto, le pediremos a Xee que te preste la radio, así podremos hablar todos los días, siempre que tú quieras mientras yo esté en la nave. ¿Te gustaría?

- ¡Sí!

- Así me gusta. Entonces palabra de hombres, cuento con que te portarás bien mientras me esperas, y que lo harás con una linda sonrisa. ¿Qué dices, puedes hacerlo?

- Sí, puedo, papi.

- Por supuesto que puedes, eres mi hijo, y un Snyder –Asintió orgulloso, y le revolvió el cabello antes de darle un beso en la cabeza– Te amo mucho, Neal, no olvides nunca que todo lo que hago es para que nuestra familia y todos los demás estemos bien, yo lo estoy eligiendo, nadie me obligó. Eso es lo que me da fuerza y confianza.

- ¡Te apoyo, papi! –Exclamó, imitando las palabras que le había sugerido su madre.

- Bueno, muchas gracias –Contestó sorprendido, intuyendo que Kohaku tenía que ver con eso– Ahora me tengo que ir a preparar, quédate cerca de mamá ahora.

Stan se puso de pie y sonrió cuando su mimado hijo estiró los brazos para pedirle que lo alzara. Sabía que iba a extrañarlo demasiado los siguientes días, por lo cual decidió aprovechar cada minuto de ese cariño tan puro, al fin hechas las paces. Al salir de la habitación, compartió una larga mirada con Kohaku, que se veía aliviada de que todo se hubiera resuelto entre padre e hijo. Finalmente tuvo que bajar a Neal en el piso y salir de la casa, ya estaba jugando al límite con el tiempo, Xeno le había dicho que la nueva placa eléctrica estaba lista.

En la media hora siguiente se puso el abultado y rígido traje que usaría en el lanzamiento, mientras sus colegas cargaban en el cohete todo lo necesario, como la comida, las ropas para la nave, el traje de astronauta hecho a medida, y Xeno supervisaba la carga de oxígeno. Cuando todo estuvo listo, se encaminó a la pasarela hacia el cohete que lanzaría la siguiente parte de la nave principal que tendría que encajar él. Alrededor suyo ya se escuchaba los gritos ensordecedores de ánimo de sus colegas y compañeros, además de todos los habitantes de la isla. Allí estaban también sus padres, los dos tratando de contener los nervios y la expectativa en su expresión, por lo que se limitaron a darle un abrazo contenedor alrededor del traje.

- Confiamos en ti, hijo, sabemos que lo lograrás –Dijo Sarah, sus ojos ambarinos brillando con determinación.

- Tú puedes hacerlo, Stan, confía en tus instintos. Eres un piloto nato, y el mejor soldado que conocí –Apoyó Jacob– Te admiro, hijo.

- Gracias mamá, papá –Aceptó el peliplateado con emoción.

Un poco más allá, Kohaku lo estaba esperando del lado interno para tener un poco más de privacidad, con Suri en brazos y Neal abrazado a ella. Los tres tenían puesto un delantal de pies a cabeza, además de una cofia para cubrir el cabello, todas medidas de extrema seguridad e higiene, ya habían comprobado lo que podía ocasionar un pequeño descuido.

- ¿Qué hacen aquí? –Inquirió con una sonrisa– Debo decir que nada me alegra más que ver sus hermosas caritas antes de partir. Quiero quedarme con esa imagen en mi retina.

- Venimos a despedirte una última vez... Y porque Neal quiere darte algo para el viaje.

- ¿Oh? ¿Qué tienes para mí, renacuajo?

El niño sacó la mano detrás de su espalda, revelando una hoja de papel doblada en cuatro partes. Stan la recibió y la abrió, soltando un suave gemido de ternura cuando vio un dibujo hecho con lápiz, de una Luna grande, un cohete, y una figura humana que suponía que era él, y en la base del dibujo había otras tres personas. Abajo había una escritura con palabras apenas legibles, lo que le sorprendió ya que Neal todavía no sabía escribir, aunque Kohaku le resolvió la duda al instante.

- La letra horrible es mía, todavía no sé escribir bien en inglés, perdón –Murmuró apenada.

- "Te amamos, papi héroe" –Leyó Stan en voz alta con una sonrisa, y tuvo que tragar duro para no sucumbir a la emoción que le hizo temblar el labio– Se lee perfecto, gracias, amor. Neal... Es hermoso y lo llevaré conmigo todo el viaje, lo prometo. Yo también te traeré un regalo de la Luna. No puedo agacharme, pero quiero darte un buen abrazo.

- Yo los ayudo –Dijo Kohaku, y cambió a sostener a Suri con un brazo, mientras agarraba de la cintura a Neal y lo levantaba.

Aunque lo rígido del traje le dificultaba dar un abrazo, se agachó para que su hijo pudiera rodearle el cuello con sus bracitos, y él le dio un sonoro beso en la frente y otro en la mejilla, mientras lo rodeaba como podía.

- Te amo mucho, Neal.

- Yo también, papi.

- Volveré pronto, y me tendrás todo para ti. Te lo prometo. Sé un buen chico y espérame.

El niño asintió y le devolvió un tierno beso en la mejilla a su padre, mostrándole su dulce y deslumbrante sonrisa que había heredado de él, con los brillantes ojos aguamarina de su madre. Luego Kohaku lo bajó al piso, y ella también se despidió de su esposo con un largo y fuerte beso. Le acercó a Suri para que también pudiera darle un beso de despedida.

- Buena suerte, Stan. Te amo.

- Y yo a ti, mi amor. A la vuelta iremos los cuatro a ese lugar especial junto al río, será lo primero que hagamos en cuanto pongamos pie aquí.

- ¡Ja! Buen plan Lo esperaremos con ganas.

Kohaku le mostró una gran sonrisa y asintió con confianza, antes de dejar pasar a Stan para que se pusiera el casco y continuara su camino hasta encontrarse con Xeno, que ya le estaba esperando pacientemente a medio camino. El piloto dio unos pasos, cuando oyó un correteo detrás de él y vio que Neal lo había alcanzado, mirándolo con timidez.

- Papi, ¿puedo ir contigo hasta la puerta?

- Claro que puedes.

Extendió su mano para que su hijo la tomase, y con una última mirada hacia atrás en la que le guiñó un ojo a su esposa, caminaron juntos. Cuando llegaron hasta Xeno, el científico no acotó nada de la presencia nada protocolar del niño, excepto por un amistoso comentario.

- Neal, ¿estás dando tus primeros pasos como futuro y elegante astronauta, como tu padre?

- ¡Sí! –Contestó todo orgulloso el niño– ¡Quiero ser como papi!

- Ya veo, te tendré en cuenta en el futuro entonces, si aceptas ser mi asistente personal en los próximos días para ayudar en la misión lunar. ¿Puedes hacerlo?

- ¡Sí, puedo, Xee!

- Muy bien, elegante respuesta.

Stan miró en silencioso agradecimiento a su amigo, que le devolvió una mirada confiada. Si era posible, Neal se veía hasta radiante de orgullo y entusiasmo, un gran cambio, eso lo dejaba mucho más tranquilo. Una vez que llegaron a la puerta de conexión con el módulo de alunizaje que estaba dentro del cohete, el piloto chocó el puño con su hijo y le dio la mano a Xeno, despidiéndose así.

El espacio dentro del módulo era demasiado pequeño, cabía una persona como él, pero no tendría chance de moverse demasiado más allá de estirar las piernas y pilotarlo. Esos siguientes minutos fueron los más tensos de su vida, se obligaba a mantener el control de su respiración y frecuencia cardíaca, aunque un rincón de su mente no dejaba de rezar porque todo saliera bien, él iba a ser el primer hombre en ese mundo de piedra en ser parte de un lanzamiento espacial tripulado "vivo", sin petrificación, no había margen de error.

Una vez encendidos todos los sistemas, incluido el de comunicación, esperó pacientemente a que Xeno regresara a la cabina de mando para dirigir la operación, lo que tomó varios minutos hasta que escuchó la voz a través de la radio que tenía incorporada en su traje.

- Aquí Xeno. Stan, ¿me oyes?

- Alto y claro.

- Excelente. Ya está todo listo, comenzaremos el conteo.

- De acuerdo.

- 10...

Con el primer número, Stan no pudo evitar sobresaltarse fuerte al oír de pronto un impresionante estruendo alrededor, como una explosión que se replicaba continuamente hasta ser ensordecedor, y el corazón casi se le salió del pecho al mirar por la ventana y ver un enorme fogonazo color naranja y gases de combustión. Eso fue acompañado de una intensa vibración bajo su asiento y en todo lo que lo rodeaba, sacudiéndolo de lado a lado pese a estar bien sostenido por el cinturón de seguridad. Cerró los ojos con fuerza por unos segundos, concentrándose en pensar que era todo normal y parte del proceso, no tenía referencia alguna por más que había oído a los astronautas revividos relatar sus viajes para transmitir su experiencia y entrenamiento al reino científico. Y por más mentalización profesional que tenía en su haber, no era suficiente para lidiar con la impotencia de depender completamente de un proceso ajeno a él.

Cuando los abrió, lidió con los nervios y la excitación del momento para echarle una mirada a los instrumentos de navegación, revisando que los niveles estuviesen en orden. Apenas alcanzaba a oír la cuenta regresiva de Xeno, y sabía que todo el despegue para que pudiera al fin respirar aliviado duraría casi nueve minutos, hasta alcanzar una velocidad final de poco menos de treinta mil kilómetros por hora. Con una media sonrisa pensó en ese momento que surcaría el cielo a una velocidad muy superior a la de una bala de su rifle de francotirador.

Los primeros minutos de despegue fueron los más difíciles, podía sentir los casi 3G de la fuerza de gravedad, que para un piloto de su entrenamiento no era algo exigente, pero cuando se sumaba ese factor a todos los otros, aceptó para sí mismo que era lo más desafiante que había experimentado en su vida, los otros tres astronautas habían tenido suerte al viajar petrificados, o de otra forma sospechaba que al menos Senku lo hubiera pasado muy mal. Pasados esos minutos iniciales, las sensaciones fueron amainando, lo que le permitió recuperar por completo el control de su cuerpo y de la situación.

Hasta que no entrara en órbita no podía llamarse a la victoria, aunque estaba en buena parte aliviado de que el despegue había sido exitoso y no había sido el fin de su vida. Alcanzó a oír la seria y profesional voz de Xeno, eso lo tranquilizó también, se lo oía calmo y controlado, una buena señal. Los siguientes minutos pasaron, no iba a perderse de mirar hacia la ventana para disfrutar ese momento tan emocionante y especial de conocer el espacio con sus propios ojos, cómo iba saliendo de la atmósfera y del planeta, hasta que todo se volvió negro alrededor. Tal como había calculado, sintió una inmensa ola de alivio cuando la sensación general a cambió a una muy ligera de flotar, y oyó a su amigo decir que ya estaba en órbita, que había sido un completo éxito sin problemas. Alcanzó a oír también los emocionados gritos de felicidad de todos los que estaban en la sala, y él también sonrió y apenas contuvo su propia emoción.

- Stan, ¿cómo te encuentras? –Preguntó Xeno.

- Bien, al menos ahora. Nada mal... Qué experiencia inolvidable.

- Ciertamente eres un privilegiado, y acabas de sellar tu nombre en parte de la historia de este nuevo mundo, qué elegante.

- Aplauso, medalla y beso –Bromeó el piloto.

Oyó un bajo ruido de parte del comunicador del científico, extrañándose por ello y con un poco de temor de que no estuvieran fallando las comunicaciones, cuando oyó algo muy inesperado.

- ¡Papi estás en el espacio!

Jadeó al oír la voz de su precioso hijo exclamar con toda felicidad, y asintió para sí mismo, nuevamente conteniendo la bola de emoción anclada en su garganta y el picor en sus ojos, llorar en ese momento no era una buena idea hasta que no se quitara el casco y saliera de su traje rígido para cambiarse, ya que en el estado de micro-gravedad de la nave las lágrimas no caerían de su rostro, sino que se acumularían en sus ojos y le impedirían la visión.

- Sí, Neal, aquí estoy. Bien y empezando a disfrutar el viaje.

- Mami está llorando –Acotó el niño– Sonríe y llora.

- No debe ser la única –Rió Stan, conmovido.

- ¡Hasta luego, papi! ¡Xee quiere hablar contigo!

- Hasta luego, renacuajo. Los amo, dale un abrazo a mami de mi parte.

Otro breve silencio se hizo, en el que el científico recuperó el control de la comunicación.

- Tu hijo será posiblemente el primer niño tanto en este mundo como en el moderno, en establecer contacto directo con un tripulante en los primeros diez minutos de vuelo.

- Nada mal, los Snyder nacimos para hacer historia –Bromeó Stan.

- Así parece. Stan, me complace anunciar que todas las mediciones son estables y correctas, en los próximos minutos luego de acomodarte es posible que veas la nave espacial de nuestros amigos. A partir de allí es todo tuyo, tómate todo el tiempo que necesites para hacerlo, no hay limitaciones de oxígeno ni recursos.

- De acuerdo.

Stan se quitó el cinto de seguridad y salió del traje, mucho más a gusto con la libertad de movimiento, a pesar de lo lento que era todo prácticamente sin gravedad alrededor. Se cambió a las ropas con las que estaría en la nave esos días, y se tomó unos minutos para mirar por la ventanilla el espacio. Apenas podía creer lo que veían sus ojos, tantos años de verlo en fotografías y videos, esa porción del Universo era conmovedora, ni que hablar de ver parte del planeta Tierra desde allí. Contempló a gusto y en calma, sin poder evitar pensar cuánto le gustaría poder compartir ese momento con otras personas, en especial con Kohaku, incluso se imaginó cómo reaccionaría ella en todo su entusiasmo, que además sería la primera vez en su vida que vería algo así, a diferencia de él y de los del mundo moderno.

Una vez satisfecho con su contemplación, se concentró por completo en la ardua tarea que tenía enfrente. Tal como había dicho Xeno, alcanzó a ver la enorme nave espacial que se iba ensamblando, era muy imponente. Sospechaba que los otros tres astronautas no tenían idea que él estaba allí, ya que se había roto por completo el sistema eléctrico de comunicación y las pantallas. Como esa parte de la nave no tenía la rueda de reacción ni ninguna facilidad de pilotaje, analizó cuidadosamente sus opciones. Tendría que hacer varios giros y movimientos para enderezar su parte y alinearla para que pudiera encajar, iba a ser una tarea infernal. Se puso el audífono y el micrófono, antes de ponerse junto al demasiado básico sistema de mando.

- Iniciando alineación preliminar –Avisó por el comunicador.

Contaba con que sus amigos se dieran cuenta del movimiento y no intentaran acoplarse ellos también, de otra forma tendría que seguir haciendo ajustes a la trayectoria. Pese a lo exigente y alocada que podía ser esa tarea, una sonrisa desafiante comenzó a plasmarse en su rostro, nunca había hecho algo como eso, y le estaba encantando llevar sus habilidades al límite, poner a prueba todos sus reflejos, y hacer algo que ni siquiera en sus sueños más extraños hubiera podido imaginar. A medida que se acercaba cada vez más a la nave, podía sentir el cosquilleo de adrenalina fluyendo por su cuerpo. Su vida, la de sus amigos, su familia, y la de todo en la Tierra dependían del éxito de ese acople clave.

Esos últimos minutos parecieron suceder en cámara lenta, los vivió sin temor ni ansiedad, ya que cada segundo iba comprobando que estaba bien encaminado, un paso más hacia lograrlo exitosamente. Cuando finalmente se sintió el peculiar contacto y todo se quedó repentinamente muy quieto y calmo, entendió que había acoplado la nave.

- Acoplamiento de módulo de alunizaje... Completo –Dijo al micrófono.

- Excelente, Stan, qué elegante desempeño –Felicitó Xeno.

El soldado resopló aliviado, se tomó un minuto para simplemente quedarse quieto y saborear el momento de logro, con una sonrisa en el rostro. Luego tomó la placa de circuitos y flotó en dirección a la compuerta, donde ni bien la abrió, se encontró con que del otro lado también lo habían hecho, y había tres rostros muy sonrientes asomando.

- ¡JAJA! ¡Sabíamos que se trataba de ti, Stan! –Exclamó Ryusui, chasqueando sus dedos– ¡Qué habilidades de piloto, las sigo deseando de ti!

- Gracias, nos salvaste –Dijo Tsukasa, dándole la mano con calidez.

- Diez billones de puntos para ti por lograr acoplar la nave, Stanley.

- No sólo eso, les traje un regalo, de parte de todos.

Con curiosidad, los tres jóvenes se mostraron curiosos, hasta que Stan reveló la placa eléctrica.

- Con esto podremos acoplar la última parte, y volver a comunicarnos con Xeno, qué buen regalo –Dijo Senku.

- Lo que sí, vamos a estar más apretados aquí, porque no tengo forma de volverme. Pero una vez que esté la nave completa, pueden petrificarme para no consumir sus recursos planeados, y...

- ¡De eso nada, Stan! –Interrumpió Ryusui, sorprendiendo a todos– Una vez que cumpla con mi trabajo de piloto, seremos Tsukasa y yo quienes nos petrifiquemos hasta que sea momento de bajar a la Luna, tú y Senku pueden seguir despiertos.

- ¿De qué hablas, Ryusui? Yo soy el que vino aquí fuera de plan.

- Sí, pero si no me equivoco, tu repentina partida habrá afectado en especial a un pequeñín, ¿verdad? Estoy seguro que te gustaría estar despierto para dejar a tu familia tranquila de que estás bien aquí.

- Ryusui...

- No aceptaré un "no" por respuesta, ya tomé mi decisión. De todas formas, íbamos a hacerlo, con que hubiere uno de nosotros despierto ya estaba bien. Ahora bien, te aclaro una cosa, Snyder.

- Si usas mi apellido es cosa seria. Soy todo oídos, Nanami.

- No te creas que, porque apareciste aquí, tú me quitarás la oportunidad de poner un pie en la Luna. Ya tengo tu buen visto de mis habilidades, no te cederé el lugar por el que tanto me esforcé en conseguir.

- No pensaba robarte tu estrella, Ryusui –Replicó Stan con una sonrisa– Te lo ganaste.

Se dispusieron a cambiar la placa quemada, aliviados cuando la pantalla de pilotaje volvió a funcionar, y luego de hablar por el micrófono, todos se mostraron contentos de volver a escuchar la voz de Xeno y el ensordecedor apoyo de los demás. Hicieron una comprobación extra de todos los sistemas para quedarse tranquilos, y el resto era quedarse relajados, y cada tanto chequear los niveles correctos de órbita y del estado de la nave.

Los cuatro astronautas esperaron medio día hasta que fuera la hora en que se produciría el último lanzamiento del cohete desde la Tierra, que contenía el módulo final para acoplar. No tenían noción del día ni de la noche, pero tenían sus relojes especiales que estaban coordinados con el horario de Japón, para que sus cuerpos no se vieran afectados por el cambio horario, y por la "noche" apagaban la mayoría de las luces de la nave para simular el horario de dormir, turnándose entre ellos para vigilar. El estómago de Stan hizo un evidente ruido para protestar por hambre, al fin y al cabo, entre la urgencia de la partida y todo el ajetreo y el amargo momento con Neal, no había alcanzado a almorzar ni probar bocado hasta ese entonces. Cenaron las porciones de ramen espacial preparadas especialmente por François, degustando el delicioso y nostálgico sabor.

Un par de horas después, Xeno les anunció que estaba por comenzar el lanzamiento, preparándolos para el último acople. Ya más tranquilos, esperaron con seguridad, Ryusui pilotando la nave para ajustarla a posicionarla correctamente. Sin embargo, Stan les hizo un gesto de silencio a sus compañeros, y unos minutos antes de que hicieran el acople, tomó él el auricular y micrófono de comunicación. Su expresión cambió repentinamente a una mucho más seria, tenía que hablar con Xeno.

- Houston, tenemos un problema.

- ¡¿Qué sucede ahora?! –Preguntó Xeno, nervioso y sorprendido porque todo parecía marchar bien.

- Mentira, ninguno. –Rió con diablura– Pero no podía desaprovechar la oportunidad de decírtelo, ¿cuántas chances había de que te llamaras así justo tú?

- Qué gracioso... –Masculló el científico– Esperemos que sólo sea una broma y no tengas que decirlo de verdad.

- Tocaría madera, pero no hay nada de ese material aquí, hazlo por mí.

Xeno oyó las risitas a su alrededor, las personas del mundo moderno habían entendido la referencia. No podía sorprenderse que supieran su segundo nombre, ya había oído a Chelsea hacer ese chiste por lo bajo anteriormente, estaba seguro de que tarde o temprano alguien lo diría.

- Oh, vamos, soy el único aquí que se atrevería a hacerte esa broma.

- Lo hiciste en un timing bastante poco elegante dadas las circunstancias, pero lo dejaré pasar por esta vez.

- Yo diría que fue muy elegante el timing, pero estás molesto y no quieres reconocerlo, admítelo.

- Stan, estamos en una sala llena, pendientes de ustedes. ¿Podrías concentrarte en tu tarea? Mejor dicho, que Mr. Ryusui siga con su elegante desempeño.

- Te pica, te arde...

Sin oír la réplica de su amigo, le pasó nuevamente el auricular a Ryusui, que sonreía con la misma diablura que él.

- Aquí el capitán Nanami, listo para el próximo y exitoso acople de la nave.

- Excelente, estamos atentos.

Con mucha tranquilidad y confianza, Ryusui logró unir la última parte con el éxito anticipado. Eso provocó un ruidoso festejo de parte de los que estaban en la Tierra, y la inmensa tranquilidad de los cuatro astronautas, ya que la parte más difícil estaba hecha, al menos hasta que llegaran a la Luna. Una vez hecho eso, Ryusui y Tsukasa se apartaron con la medusa para petrificarse, dejando a Senku y Stan a cargo de controlar la nave. Entre Sai y Xeno, habían calculado unos tres días para ponerse delante del satélite natural, y tomaría casi otro día para llegar a la zona donde harían el aterrizaje, pasando por la cara oculta de la Luna donde se cortaría toda comunicación, así como las mediciones sólo podrían hacerlas los astronautas a partir de sus ojos y cálculos.

Dado que Senku no era del tipo conversador sociable y no se hablaban más allá de lo estrictamente necesario, esos días transcurrirían bastante lentos y silenciosos para Stan. El soldado hubiera preferido que cualquiera de los otros dos estuviese despierto, eran buenos amigos suyos y de seguro amenizaría el paso de los días, pero no podía acotar nada a aquello, sólo quedaba agradecer que se hubieran ofrecido para dejarlo a él despierto y en comunicación con su familia.

Aprovechando eso, acordó que se comunicarían por radio al menos dos veces por día, para mantener contento y tranquilo a Neal en especial. Las hacían con auricular y micrófono también, para darles privacidad y que toda la sala no tuviera que oírlos. Las charlas con su niño eran adorables, sencillas y cotidianas, las que más disfrutaba era las de la "noche", también porque a esa hora Suri también solía ser despierta y activa, sus gorjeos de bebé alcanzaban a oírse cuando Kohaku la acercaba al micrófono. La del tercer día fue particularmente tierna, lo cual lo hizo sentirse más nostálgico.

- ¿Qué hiciste hoy, Neal?

- "Pasié" con el abuelo Jay.

- ¿Te divertiste?

- ¡Sí! Me hizo volar como avioncito.

- Oooh, nada mal. A mí también me gustaba mucho eso cuando era chico. ¿Qué más hiciste?

- Pop-corn con la abuela. ¡Hacían boom!

- ¡Qué rico! Oye, nunca hicimos eso juntos todavía.

- Cuando vuelvas te enseño, papi.

- De acuerdo, gracias, quiero aprender contigo –Dijo Stan, siguiéndole el juego.

- También cuidé a Suri, fui buen chico –Continuó, con una nota de orgullo en la voz.

- Siempre lo eres, mi príncipe –Suspiró con ternura– Te extraño mucho, ¿sabes?

- Yo también te extraño, papi.

- Falta menos para volver a vernos. ¿Mamá está cerca de ti ahora? Quiero decirle "hola" también.

- Sí, estoy sentado sobre mami. ¡Mami, papi te quiere decir "hola"!

Stan oyó una suave risa de parte de Kohaku, cuánto extrañaba oír su dulce voz. Esperó unos segundos a que ella se pusiera los auriculares antes de hablar.

- Hola –Dijo simplemente, con una sonrisa divertida.

- ¡Ja! Ibas en serio. Hola, Stan. ¿Cómo va todo por allí?

- Tranquilo, demasiado. Me encantaría que pudieras ver esto, ya tenemos la Luna frente a nosotros, tan grande, es fascinante. Somos como una hormiga al lado de ella.

- Descríbemela. Espera, te pondré en altavoz así también Neal escucha.

Una vez que eso estuvo hecho, Stan comenzó a describirla de la forma más detallada y bonita que pudo, Kohaku tenía algunos recuerdos en su mente de cuando la habían mirado por el monitor gracias al satélite, además de cuando la había visto a través de los grandes binoculares de Xeno, cuando todavía era rehén de los estadounidenses. Neal también escuchaba con mucha emoción, la forma en que su padre lo contaba parecía un cuento.

- ¡Cuando sea grande, voy a ir a la Luna como papi! –Exclamó el niño, fascinado– ¡Mami también vendrá!

- Quién sabe, todo puede ser, si yo estoy aquí hoy... Seríamos un gran equipo, nada mal. Kohaku, ¿cómo está Suri? Sólo me falta saber de ella.

- Estaba muy atenta escuchándote también, lo digo en serio. En cuanto empezaste a hablar, abrió mucho los ojos y miró alrededor, creo que te estaba buscando.

- Oh, no me digas eso... –Dijo Stan, cerrando los ojos.

- Háblale. Si no te da vergüenza que te escuchen los que están aquí, puedes hablarle.

- Con lo que amo y extraño a mi renacuaja, no hay lugar para la vergüenza, si con eso puede sentirme más cerca hasta que vuelva –Cambió a un tono de voz más cantarín y dulce– Hola Suri, princesita Snyder, te habla papá.

- ¡Ja! ¡Lo hizo otra vez, Stan! ¡Está mirando alrededor!

- No me puedes ver, pero yo sí a ti... –Cerró los ojos– En mi mente. Siempre estás ahí, Suri.

- Aaaa... Aaah –Gimoteó la bebé, sacudiendo sus bracitos.

El peli-plateado abrió del todo sus ojos, sorprendido y feliz de oír una respuesta, fuera casual o no.

- "Aaah-aaah" sí, hola mi bebita.

- ¡Ja! Te lo dije, Stan, te siente cerca, no importa lo lejos que estés. ¿Y si le cantas?

- ¡Yo quiero! A mí me gusta mucho cuando papi canta –Apoyó Neal, aplaudiendo.

- Mamá también canta, ¿eh? –Dijo Kohaku, en tono celoso, aunque divertida.

- Sí... Me gusta más cuando canta papi.

- Auch... Los niños pueden ser crueles con su honestidad –Rió Stan, cuando oyó el jadeo de sorpresa dolido de su esposa– Démosle entonces el gusto a nuestros pequeños. Hmm, a ver... Oh, ya sé. Una muy apropiada, y dedicada a ti, mi amor, para que te animes. Se llama "Fly me to the moon".

- No sé si alcanzaré a entenderla bien si está en inglés...

- Lo harás, al menos las palabras más importantes.

Stan comenzó la canción tan melodiosa con voz tersa y grave. No recordaba toda la letra completa, por lo que le acortó algunas estrofas, o disimulaba tarareando, para hacer énfasis en el bonito estribillo. Kohaku escuchó con atención, enternecida, y le encantó ver cuánto les gustaba a sus hijos oírlo cantar.

Fill my heart with song

And let me sing for ever more

You are all I long for

All I worship and adore

In other words, please be true

In other words, I love… you

- Qué bonita canción, gracias, amor... Aunque ahora te extraño más.

- Hazlo, así me das una bienvenida memorable.

- ¡Stan, sigues en altavoz! –Dijo en un susurro fuerte, sonrojándose. Rápidamente enchufó el auricular, y se lo puso.

- Bien, así saben que no deben interrumpirnos cuando regrese a casa –Contestó con diablura– Aunque lamentablemente no será tan perfecto, el primer día puede que necesite cuidados extra, hasta que mi cuerpo se re-acostumbre a la gravedad y mis sentidos se acomoden.

- Te cuidaré con mucho amor. Hmm, ahora que lo pienso, nunca te vi enfermo, ni tuve que estar pendiente de ti.

- Si tú me cuidas, no me molestaría mostrarme débil y flojo. Bueno, me encantaría seguir hablando mucho más con ustedes, pero ya es hora de ponerme con los últimos chequeos con Xeno, antes del corte de comunicación total.

- Fue muy bonito lo que compartimos hoy.

- Lo fue, un cierre que no estuvo nada mal, ya que volveremos a hablar recién cuando emprendamos el viaje de regreso.

- Cuídate mucho, Stan.

- Tú también. Te amo, princesa. Dales un beso a los renacuajos por mí.

- Lo haré. Te amo, hasta luego. Voy a buscar a Xeno para que trabajen.

El soldado respiró largamente con una sonrisa tan cálida como nostálgica dibujada en su rostro. No dejaba de sorprenderle cómo podía tener una conversación tan casual, cuando en ese momento él estaba en el espacio. Definitivamente su familia era su "cable a tierra", nunca tan conveniente como en ese momento jugar con el sentido de esa última palabra. En cuanto tuvo comunicación con su amigo, se centraron en hacer los controles junto a Senku, estando listos para despetrificar a sus dos compañeros en las próximas horas.

Cuando Ryusui y Tsukasa revivieron, compartieron la misma expresión boquiabierta y sus ojos brillantes al ver con toda claridad la Luna a través de la ventana, frente a ellos. Era una vista demasiado emocionante y única, y los cuatro astronautas sólo pudieron quedarse en silencio mientras lo contemplaban.

A partir de entonces, Stan se quedó a un lado, solamente asistiendo a su colega piloto durante la fase en la que perderían la comunicación y la navegación espacial dependería de los instintos y cálculos de ellos. Les tomó casi otro día completo el completar esa fase y llegar a la zona donde harían el aterrizaje. Una vez allí, Ryusui, Senku y Tsukasa se vistieron con los trajes espaciales y se prepararon para acomodarse en la cabina que luego se convertiría en el "coche" lunar. Antes de subirse a la misma, el capitán se acercó al soldado en confidencia.

- Stan, en el caso de que algo suceda y este sea sólo un viaje de ida para los tres... ¿Me harías un favor?

- Por supuesto.

- Dile a Charlotte que lo pasé muy bien con ella, y agradécele de mi parte.

- De acuerdo, pero estoy seguro que podrás decirle eso y más cuando regresemos, allí empezará lo realmente divertido.

- ¡Jaja! De seguro que sí. Pero si algo sale mal, ya sabes... Ah, y quisiera que mi legado continúe de alguna forma, así que el próximo hijo varón que tengas, le pones mi nombre, ¿sí?

- Te doy mi palabra –Sonrió Stan, dándole una palmada amistosa– Sabes, te confieso que, como agradecimiento, ese era el plan para este último embarazo de Kohaku, pero salió niña, así que el próximo sin dudas será.

- Sólo si no consigo el pasaje de regreso, de otra forma no quiero confusiones ni compartir el nombre con otro.

- Oh, pero Ryusui Nanami habrá uno solo.

- Eso sin dudas. ¿Nos vemos luego?

- Claro, brindaremos por nuestra victoria.

Los dos pilotos chocaron sus puños compartiendo una sonrisa de confianza, despidiéndose así. Stan también le deseó éxito en la misión a Tsukasa, los dos eran hombres de pocas palabras que se entendían muy bien, por lo que cruzaron unas pocas y sentidas.

Ayudó a sus compañeros con el lanzamiento del módulo de aterrizaje. A partir de ese momento, él no tendría nada más que hacer hasta que volvieran, y le hacía sentir una gran impotencia el saber que no podía hacer nada para ayudarlos, sólo oír por la frecuencia de comunicación lo que los astronautas hablaban. Al menos los que estaban en la Tierra podían ver la superficie lunar y qué o quién sería el Whyman gracias a las cámaras de video que se habían instalado en el casco de cada traje. Confiaba en ellos, y agradecía la oportunidad de poder volver de forma segura con su familia, pero no sabía cómo iba a lidiar con la amarga sensación de impotencia si algo malo sucedía, nunca había abandonado a un amigo, ni a un colega.

Las horas pasaban, el gran problema del espacio era que había que tener una paciencia inmensa, ya que los movimientos por la ingravidez eran como en cámara lenta. Una sonrisa nostálgica asomó a su rostro cuando los tres astronautas se cruzaron con la bandera estadounidense que seguía allí firme clavada en la superficie, hubiera sido un orgulloso detalle el que consideraran dejar cerca su propia bandera, la del "reino de la ciencia", ya que en esa misión habían participado personas de muchos países, pero al parecer habían decidido omitir el simbólico recuerdo para generaciones futuras.

Un buen rato después, el tiempo pareció detenerse por completo, cuando una confusa secuencia de oír la voz de Senku dando una extraña orden, causó un momentáneo caos que derivó en la liberación del dispositivo petrificador. Tanto Stan como los astronautas y todos en la Tierra quedaron sorprendidos y horrorizados ante la revelación de la identidad de Whyman, y a medida que todo adquiría sentido, también crecía la incertidumbre de cómo iban a hacer para poner fin a eso, estaban en clara desventaja numérica, sólo la astucia y jugar bien sus cartas los salvaría.

Todo quedó en manos de Senku en los secretos e interminables minutos que los dispositivos lo rodearon, al final ni Ryusui ni Tsukasa habían tenido demasiada oportunidad de actuar. Y para cuando vieron y oyeron que todas las medusas menos una simplemente rechazaron la negociación y se dispusieron a migrar a otro planeta para encontrar vida más inteligente que los alojara y mantuviera activas, librándolos de la preocupación de otro rayo petrificador y dejando sus vidas intactas, se hizo un largo silencio. Stan quedó boquiabierto, con el ceño fruncido, sin terminar de creer que, así como si nada, se habían librado de la amenaza que tantos años los había perseguido. Sabía que tenía que estar satisfecho y aliviado, la misión había sido cumplida con éxito y sin pérdidas, pero no dejaba de parecerle irrisorio con qué facilidad había acabado todo.

Él no fue el único, podía oír el mismo silencio de parte de la gente en el planeta, hasta que unos minutos después el murmullo de incertidumbre se convirtió en un zumbido de emoción, comenzando a aceptar la realidad, y luego un ensordecedor estallido de entusiasmo y felicidad saturó la radio. Recién entonces fue cuando Stan también lo entendió así, una gran sonrisa se plasmó en su rostro al concluir con eso que el final pacífico implicaba que en cuanto pisara el suelo japonés, iba a ser un hombre "libre", no más misiones de vida o muerte, ni guerras o temores sobre la incertidumbre del futuro a causa de un enemigo desconocido que amenazaba desde las sombras.

Esperó varias horas a que sus compañeros regresaran a la nave, y cuando lo hicieron, el buen ánimo prevaleció. Destacaba la presencia del dispositivo que había decidido quedarse con ellos, flotando misteriosamente dentro de su cápsula y que se comunicaba con voz mecánica, no dejaba de parecerle sumamente extraño. Tenían cuatro días por delante para regresar a las coordenadas aproximadas de donde había sido el lanzamiento desde Japón, y como estaban bien de oxígeno y recursos, los cuatro prefirieron disfrutar sus últimos momentos en el espacio despiertos, en lugar de pedirle a la medusa que los petrificara hasta llegar. Tampoco tenían mucho que hacer, excepto controlar la trayectoria de la nave y hacer algunos ajustes, por lo que se entretuvieron entre largas horas de conversaciones y también de contemplar el espacio.

- ¿Y bien? ¿Cuáles son sus planes y metas personales para nuestro próximo mundo de paz? –Preguntó Ryusui.

- Diez billones por ciento seguro que me dedicaré a saber todo sobre la tecnología de nuestra medusa –Contestó Senku.

- Hmm, yo no lo he pensado en detalle, estaré disponible para lo que necesiten de mí –Dijo Tsukasa, pensativo– Lo único que quiero hacer, es pasar unos días con Mirai, tranquilos. Hacer un viaje corto juntos sería lindo.

- Yo también me tomaré un tiempo para estar con mi familia, quiero disfrutar lo que tenga para ofrecer el día a día por primera vez en más de una década –Respondió Stan– Y decidí bajar las armas por un tiempo, en son con los tiempos de paz que se avecinan.

- ¿Y qué harás entonces, Stan? –Inquirió con curiosidad Ryusui– Toda una vida de ser soldado y el mejor tirador del mundo, ¿pensaste en otra cosa que te gustaría hacer?

- Sí... Y puede ser que necesite un inversor para abrir una academia de vuelo, estuve pensando en ti. No te preocupes, será exitosa, mi primer discípulo es una leyenda viviente, no está nada mal.

- ¡JAJA! Cuenta conmigo. Pero llevará mi apellido.

- También el mío.

- Nanami-Snyder será. ¡Lo deseo!

- Seguimos hablando de la academia, ¿verdad? –Bromeó Stan.

- Estoy abierto a opciones.

- Vaya, vaya, ¿cómo se lo digo a mi esposa?

Los hombres se rieron como niños, la complicidad y amistad que habían desarrollado Ryusui y Stan era de lo más divertido. Continuaron hablando del tema y dándose ideas mutuas para desarrollar el potencial de cada uno, en ese nuevo mundo tenían la oportunidad de reinventarse, y pensaban aprovecharlo, creando un mundo más justo y armónico, la cuenta se había reiniciado a su favor.

Los días pasaron, hasta que llegaron a la zona establecida para montarse en el módulo que se eyectaría de la nave para aterrizar en el Océano Pacífico. Iba a ser un viaje bastante incómodo, siendo cuatro personas donde deberían entrar tres, y para colmo tres de ellos eran hombres altos y fornidos, siendo Tsukasa el que se apenaba de ser el más alto y grande, era una pared de casi dos metros de músculos. Entraron demasiado apiñados, sin perder la oportunidad de hacer amistosas y provocadoras bromas al respecto.

Cuando descendieron a una altura prudente, Ryusui jaló del sistema que abría el sistema de flotación, que se infló en unos pocos segundos, haciendo bastante agradable el aterrizaje sobre el mar. Estaban en el medio del océano, no veían nada alrededor, por lo cual sabían que tendrían que esperar con mucha paciencia a que vinieran a rescatarlos en el Perseo.

- Diez billones por ciento seguro que necesito salir de aquí ahora mismo –Dijo Senku con expresión asqueada, sin soportar más la sensación de sardina en lata y demasiado comprimido para su gusto. Tsukasa, ¿abres la compuerta superior?

El luchador asintió e hizo lo pedido, de inmediato los cuatro soltaron un suspiro de alivio al incorporar algo de aire fresco en sus pulmones, agradeciendo la brisa marina para refrescarlos.

- ¿Cuántas horas estiman que estaremos aquí esperando?

- Xeno ya debió de recibir nuestras coordenadas exactas, no tengo idea de dónde estamos, no hay siquiera una isla de referencia.

- ¿Alguien tiene ganas de sushi fresco? –Preguntó Stan– El ramen estaba bueno, pero quiero comer algo que no esté empaquetado ni sea gelatinoso.

- Me ofrezco a pescar, también me gustaría estirar las piernas –Se ofreció Tsukasa.

- Yo prepararé las bengalas, acordamos lanzar una por hora –Avisó Ryusui.

Tsukasa se desvistió y se lanzó al mar, regresando a la superficie unos minutos después, con un pez de buen tamaño en las manos, el luchador lo había atrapado y lo había matado de un buen puñetazo, algo de lo que Stan y Ryusui no dejaban de sorprenderse.

- Nueva técnica de pesca, nunca la vi antes...Nada mal. Tienes que registrarla.

- Había que evitar la sangre, si estamos en medio del océano, no queremos atraer otros predadores a nosotros.

Con un hábil fileteo, el soldado lo limpió y cortó en finas fetas. Con una sonrisa en la cara los cuatro comieron hasta saciarse. Tuvieron que esperar unas dos horas, hasta que el sonido del motor de un avión les llamó la atención. Desde esa misma dirección vieron la figura de un enorme y conocido barco, el Perseo. El avión se acercó en línea recta hasta sobrevolarlos, y la cabeza de Charlotte asomó, con una gran sonrisa en el rostro.

- ¡Capitán Stanley! ¡Ryusui! ¡¿Están todos bien?!

Los hombres levantaron el dedo pulgar al mismo tiempo, devolviéndole la sonrisa. Ella regresó hacia el barco para aterrizar e informarlo, y quince minutos después, el rápido e imponente barco los alcanzó.

- ¡STAAAAAAAN!

Ante el grito de la familiar voz que lo llamó, el soldado salió por completo de la cabina. En la proa del Perseo, no sólo alcanzaban a verse algunas personas, Xeno y Luna entre ellos, sino que también allí al frente reconoció a Kohaku, destacando con el color de su vestido azul.

- ¡PAAAAAAAAA!

- ¿Neal? –Susurró boquiabierto– ¿¡Qué hacen aquí?!

Efectivamente, la cabecita platinada asomó unos segundos después, ayudado por el científico a treparse a la baranda del barco. Entrecerró los ojos para afinar la vista, y también alcanzó a ver el pequeño bulto blanco que hacía Suri, acobijada en brazos de su madre.

- La familia completa vino a recibirte –Dijo Tsukasa, apoyando su mano en el hombro del peli-plateado.

- No sólo la mía.

- ¡Hermanooooooo! –Exclamó Mirai radiante, saludando con la mano en alto.

- Mirai... ¡Mirai!

- ¡JAJA! ¡Qué buen recibimiento para todos! –Dijo Ryusui con entusiasmo, chasqueando los dedos.

Los minutos que pasaron hasta que se detuviera el barco junto a ellos fueron interminables, todos estaban muy emocionados por el reencuentro. Subieron a los tripulantes de la nave y ataron la cabina vacía al Perseo, listos para volver a la isla Ishigami. Ni bien Stan apoyó sus pies, Neal correteó hacia él y se lanzó a sus brazos.

- ¡Papi!

- Qué gusto verte de nuevo, renacuajo, te extrañé tanto.

- No aguantábamos la espera –Explicó Kohaku, también haciéndose lugar en los brazos de su esposo, y se puso de puntillas para darle un buen beso– ¡Bienvenido, Stan!

- Yo tampoco, me alegra tanto verlos. Oh, mi princesita Snyder también, ¿se sintió bien durante su primer viaje en barco?

- ¡Sí! Estuvo muy tranquila, estoy segura de que tenemos una futura aventurera aquí.

- Nada mal, nada mal –Recibió en los brazos a su hija, acunándola y regándola de besos– Hola mi vida, aquí volvió papá. Pasó poco más de una semana, pero juro que la veo más grande, crecen tan rápido...

Stan acomodó a la bebé en un brazo, para tener el otro libre para abrazar a Neal, quien tenía la más bonita sonrisa en el rostro al volver a estar con su querido padre.

- Bienvenido, Stan. Qué desempeño tan elegante el de los cuatro –Dijo Xeno, recibiéndolo con una expresión orgullosa– Prevalecieron las negociaciones pacíficas, quién lo hubiera dicho. Me alego de que hayan vuelto bien.

- Gracias, amigo, y felicitaciones también por el cohete que diseñaste, un trabajo impecable.

- Gracias. Escuchen, Luna quiere revisarlos, insistió en venir para adelantar el chequeo.

La rubia también se acercó a felicitar y dar la bienvenida a los cuatro astronautas, y empezó por Stan, atendiéndolo ahí mismo con su estetoscopio y el maletín, midiéndole la presión y testeando sus reflejos.

- Estás bien, tienes el alta médica para seguir con tu día, pero recuerda no exigirte por hoy.

Ya libre y aliviado de poder hacer lo que quisiera, el soldado se acercó a Kohaku. Rodeándola en un abrazo, hundió su nariz en la piel del cuello, inspirando profundamente su aroma natural con una expresión de gusto como si fuera el más delicioso perfume.

- ¿Qué haces? –Preguntó la rubia, extrañada con aquello.

- Había demasiado olor a huevo en esa cabina estrecha, necesito sentir algo que sí encuentre agradable.

- ¡Stan! –Rió Kohaku, con una mueca ante lo burdo de la expresión.

De pronto el abrazo se volvió más fuerte, y la energía de él cambió a una más seria.

- Volví –Susurró Stan– Volví, Kohaku.

- Sí, lo hiciste –Contestó, apoyándose contra él– Buen trabajo, gracias.

- Se acabó. A partir de hoy, podemos continuar nuestra vida sin temores ni obligaciones.

- Mientras estemos juntos, con la familia que hicimos, lo demás estará bien.

El soldado cerró los ojos y asintió, a la vez que se despertó en él una repentina urgencia, producto de la emoción.

- Vamos a un camarote solos, te necesito –Dijo, mirándola con intensidad.

- Eeeh... ¿No dijiste que el primer día de tu vuelta ibas a estar...?

- Estoy bien ahora, por favor, vamos.

- ¡Pero todos están aquí! –Farfulló exaltada– ¡Estamos con los niños!

- Que los cuiden unos minutos. No estoy orgulloso de esto, pero... Así como estoy, haz tu magia sobre mí y en dos minutos se terminó.

Con una sonrisa burlona, Kohaku lo miró a los ojos, indecisa. Stan continuó, sin quitarle la mirada de encima.

- Con toda la ansiedad de los últimos días, necesito esto para sentirme finalmente en casa, y en paz. Y tú mereces que te consienta, te ocupaste de nuestros hijos toda la semana. Tenemos dos horas por delante, y sabes bien que no tendremos descanso hasta tarde hoy, todos querrán festejar, y a la noche los dos estaremos sin energía, y Neal querrá dormir con nosotros.

- ¡Ja! Esos son muchos argumentos para convencerme.

- Y todos son ciertos. Veinte minutos a solas, tranquilos. ¿Qué dices?

- Dijiste "dos minutos" hace un momento...

- Bueno, poniéndome la vara baja, lo intenso en sí podría durar eso, pero para entrar en clima y mimarte como dije, necesitaremos unos minutos más.

Kohaku lo miró a los ojos, todavía indecisa, aunque una sonrisa pícara ya asomaba a sus labios, Stan la había tentado demasiado, y era tal como él decía. Finalmente suspiró, y miró a Suri que estaba muy tranquila.

- Está bien... Le pediré a Luna que los cuide, pero no diré nada de lo que vamos a hacer, así que pon cara seria y no nos delates.

- Sí, señora.

Respirando hondo, la rubia se acercó a su amiga con una expresión que predisponía a la empatía, excusándose con que estaban un poco abrumados por el reencuentro, y quería estar unos minutos a solas con Stan. Luna aceptó al instante, sorprendiéndola con un cómplice guiño de ojo, prefirió no preguntar. Luego llamó a Neal, y se arrodilló para decirle que se quedara con Luna y los demás en la proa unos minutos. La atención del niño había sido capturada por Ryusui, que contaba de una forma emocionante lo que había sucedido en el espacio, por lo que no protestó y volvió rápidamente su atención al astronauta. Kohaku volvió con Stan, tomándolo de la mano y caminando hacia dentro del barco.

En cuanto llegaron al camarote más alejado, que estaba bien acomodado, Stan se sentó en la cama y la jaló delicadamente de la mano, sentándola de costado sobre su regazo. Le acarició el rostro mientras le dedicaba la mirada más larga y cálida, haciéndole a un lado el largo mechón de cabello. La sorprendió cuando luego sólo la rodeó con sus brazos, nuevamente inspirando profundo contra su cuello, y cuando ella le devolvió el abrazo, se quedaron así un buen minuto, esa calma era muy reconfortante.

- Extrañaba mucho esto, amor –Dijo Stan con voz suave– Sentirte así, en calma.

- Yo también. Tuve mucha ayuda de mi familia y la tuya, pero me hiciste falta. Fue la primera vez que estuviste lejos de nosotros desde que estamos juntos, subestimé cuánto te iba a extrañar. Era como tener un hueco en el pecho.

- Las horas se me hacían demasiado largas cuando no estaba ocupado, en esperar para volver a escucharlos por la radio. El viaje de ida fue lo peor, porque Ryusui y Tsukasa decidieron petrificarse. Creo que la sensación de soledad y el ocio son la peor combinación para soportar, pude tener una probada de por qué Xeno hablaba tanto de la salud mental y emocional de los astronautas, y de mantenerse ocupados allí arriba. Te hace mirar para adentro, y no siempre es lindo lo que encuentras, tu corazón no está en el mismo lugar que tu cuerpo.

- Te entiendo, me ha pasado –Murmuró Kohaku, apoyando su cabeza sobre la de él.

Con ternura, la rubia empezó a acariciar el bello rostro de Stan, hasta que él respiró profundamente, lleno de contento. Al mismo tiempo sus ojos buscaron encontrarse, y luego de mirarse más allá del tiempo, unieron sus labios en un largo beso. Las manos de ambos se movieron por sí solas en caricias lentas, hasta que el calor brotó del centro de sus pechos. Kohaku se acomodó para quedar sentada frente a él, rodeándole las caderas con sus piernas.

- Ahora soy yo la que quiere sentirte más.

Sin dejar de besarlo, llevó sus dedos al cierre largo de las ropas de astronauta del soldado, para bajárselo hasta abrirlo. Apoyó sus manos enteras en los pectorales de él, cuánto ansiaba sentir su calidez y firmeza. Podía entender cuando Stan le había dicho de pronto que la necesitaba, ese contacto era el que los volvía a la Tierra y los ponía en el mismo lugar, les daba la certeza de que al fin estaban otra vez juntos y a salvo. Le terminó de quitar la chaqueta, mientras los labios y las lenguas de ambos no se separaban nunca, en cuanto uno se alejaba unos milímetros, el otro lo seguía para continuar, volviéndose cada vez más intenso.

Stan le quitó la cuerda del vestido, el shimenawa con el hilo rojo, jadeando suavemente cuando los labios de su esposa abandonaron los suyos para besarle el cuello y la parte superior del pecho. Pudiendo desvestirla más fácil, jaló el vestido hacia arriba para quitárselo, y allí volvió a abrazarla con fuerza, recostando su cabeza de forma que su oído estuviera junto a los latidos de corazón que retumbaban dentro, interrumpiendo los besos por un momento.

- Esto... Esto necesitaba.

A pesar de la dulzura de aquella acción, eso no hizo más que foguear a Kohaku, ella también era de expresar sus profundas y fuertes emociones a través del cuerpo. Tomó la cara de su amado entre sus manos para hacerlo mirarla, conectando una vez más los orbes brillantes como gemas preciosas, zafiro y aguamarina. Lo besó con impulso, el necesario para continuar donde lo habían dejado, y bajó las manos para desabrocharle el pantalón. Sus labios no volvieron a separarse, moviéndose a ciegas para desvestirse mutuamente, hasta que cuando no quedó nada más que interrumpiera el contacto de sus cuerpos enteros, nuevamente Stan hizo una pausa, jadeando más acelerado.

- ¿Te sientes bien, Stan? –Preguntó Kohaku, dubitativa.

- Sí, sí...

- No tenemos que hacer esto si todavía no estás recuperado, no te presiones.

- No fue por eso. Puedo hacerlo.

Sin previo aviso, el soldado se giró con ella para echarla sobre la cama, quedándose encima. Entrelazó sus dedos juntos, dándole un beso a las manos de ella antes de empezar a dedicarse a acariciarla y besarla entera. No tenían tiempo de sobra, por lo cual se concentró en consentirla hábil y apasionadamente en los lugares que a ella más le gustaban, antes de desembocar en su intimidad.

Los ojos de Kohaku se desenfocaron ante la sensación siempre tan intensa que eso le provocaba, volver a sentirlo luego de tanto tiempo lo hizo incluso más abrumador. Stan parecía tener en cuenta que todo sería abreviado en ese encuentro, ya que un minuto después introdujo un dedo en ella, luego otro. Bien recibido, el que siempre sabía hacer magia con aquello era él, que al arquear sus dedos en forma de garra y moverlos con presión y fluidez contra las paredes frontales de su interior, sumado a la incesante atención de la cálida y húmeda lengua sobre su botoncito de placer, le provocaba apretar los dedos de los pies en poco tiempo.

Tuvo que taparse la boca con la mano para acallar sus gemidos, ya que no podía contenerlos por más que quisiera, mientras su cuerpo dejaba de responder a su voluntad, y se entregaba al éxtasis del clímax que no esperaba que la arrollase tan pronto. Apenas dejándola recuperar el aliento, Stan la abrazó y la llevó con él mientras se sentaba, quedando otra vez ella encima.

- Necesito estar dentro tuyo, amor –Dijo en voz baja y urgente, al tiempo que alineaba sus sexos.

Cuando Kohaku asintió y se colgó de su cuello, por poco y le mordió el hombro cuando quiso sofocar el fuerte gemido de sentirlo dentro, tan intensa la forma en que la llenaba y expandía internamente, en especial luego de un orgasmo. Para su sorpresa, Stan se quedó quieto por un largo minuto, que le resultó eterno.

- Muévete, por favor –Rogó, e intentó mover sus caderas para encontrar alivio, pero él la detuvo.

- No, no te muevas.

- Necesito que te muevas...

- Sólo siéntenos –Susurró con voz suave, acariciándole con una mano el surco de la columna.

Eso hizo estremecer de pies a cabeza a Kohaku. Podía entender qué pretendía él con eso, y cuando le hizo caso, fue tal la sensación de plenitud de amor desde lo más profundo de ella, que tuvo que hacer su mayor esfuerzo por contener una repentina emoción que se coló en su garganta. Ese improvisado encuentro íntimo no era para destilar pasión y quedar exhaustos, sino para reencontrarse en su amor mutuo mucho más significativo.

Una vez satisfechos con ello, sin palabras ya que bastaba con cómo se comunicaban con la mirada, comenzaron a moverse a la par, cadenciosamente. Manteniendo ese suave ritmo, el placer sí crecía dentro de ellos a una velocidad mayor, dejándose llevar en la intensidad que sus cuerpos les pedían para alcanzar nuevos estratos de disfrute. Si bien Stan no estaba haciendo nada que le produjera mucha agitación, no podía negar que se sentía un poco falto de aire, la vuelta a la Tierra luego de una semana de ingravidez y liviandad le estaban pasando factura, aunque nada que no pudiera manejar. Mientras controlaba conscientemente su respiración, le pidió a su esposa por lo bajo que ella se encargara de seguir, sin contenerse.

A gusto con el pedido, la rubia meneó sus caderas con más ímpetu, contenida y entregada a los seguros brazos de él, mientras dejaba que su cuerpo se moviera instintivamente. El que esa vez no podía contener demasiado sus gemidos y jadeos más sonoros era Stan, pocas veces Kohaku lo había escuchado así, por lo que atrapó sus labios y le dio un profundo beso para disimular un poco que su voz no se escuchara más allá de esa cabina. No pasaron más de unos pocos minutos hasta que él la abrazó con más fuerza y le dijo que iba a acabar, a lo cual ella se mantuvo en aquel ritmo hasta que lo sintió tensarse desde el bajo abdomen, deleitándose segundos después con la sensación de que se engrosaba incluso más y palpitaba en su interior, seguido del cálido flujo, combinándose con su propia humedad.

Se quedaron así abrazados todo lo que pudieron mientras calmaban sus agitadas respiraciones, esa posición en la que estaban era ideal para seguir así sin que uno presionara al otro con su peso. La rubia depositó una seguidilla de suavísimos besos por todo el rostro extasiado de su amado hombre, para luego contemplarlo con cariño mientras le peinaba el cabello platinado hacia atrás con la punta de sus dedos.

- Bienvenido, Stan –Dijo en voz baja, con una sonrisita.

- Hmmm. ¿Recuerdas que te dije que me ibas a dar una bienvenida memorable? Se cumplió...

- Sí, aunque no sabía que sería así –Contestó, riéndose– Fue hermoso, te amo.

- Te amo tanto, Kohaku –Musitó, antes de besarle pecho a la altura del corazón– Te amo, te amo, te amo...

Aprovecharon los últimos momentos así hasta que sus respiraciones se apaciguaron y sus rostros perdieron el sonrojo producido por la excitación. Deshicieron su unión, sonriendo con pena al ver cómo habían quedado las sábanas, por lo que Stan las sacó de la cama y las usó para limpiarse ambos, luego se las llevarían para dejarlas como nuevas sin que nadie se enterase. Una vez que se vistieron, comprobaron que no hubiera señales que los delatara, y salieron con una expresión serena, con mucho sigilo y disimulo volviendo al grupo.

Kohaku se acercó a Luna para agradecerle por cuidar a la bebé, mientras que Stan se preocupó al no ver a Neal. De inmediato la médica le dijo que estaba entreteniéndose con conocer el módulo de aterrizaje de la nave, Tsukasa había cedido a su insistente pedido y lo acompañaba de forma segura. Los padres se asomaron a la baranda del barco, llamándolo. La cabecita platinada se asomó, y dio unos saltitos de emoción.

- ¡Mami, papi, estoy pilotando la nave! ¡Fooooooosh!

- Sí, ya lo vemos... Nada mal, futuro astronauta.

- Ten cuidado, hijo –Advirtió Kohaku por costumbre, aunque confiaba en Tsukasa.

El resto del viaje fue tranquilo, aceleraron el Perseo para llegar a la isla en menos de una hora, donde había toda una multitud recibiéndolos a puro festejo. Ni bien descendieron a tierra firme, los amigos y familiares más cercanos de los cuatro astronautas se acercaron a abrazarlos con emoción. Como era de esperar, Kokuyo anunció el gran banquete que harían esa noche, el cual ya estaba preparándose desde que se habían enterado del aterrizaje a salvo de los héroes.

Esa noche, Ryusui se lució relatando una vez más los momentos más memorables de toda la misión, estaba en su salsa siendo el centro de atención y su carisma ayudaba a que chicos y grandes estuvieran pendiente de cada palabra. Como Tsukasa y Senku eran de un perfil más bajo, y Stan también disfrutaba de oír lo que no pudo presenciar, todo quedó en manos del capitán marinero, con el ánimo y algunos comentarios y preguntas de parte de Gen, que era un maestro de adornar historias y cautivar la atención.

Unos días después, se preparó un gran escenario en un terreno cercano al reino científico, donde se invitaron a personas de todo el mundo que habían colaborado con la fabricación de las partes del cohete. Xeno recibió a sus colegas de la NASA, así como a Brody y a los que habían quedado en el castillo estadounidense, ayudando desde allí. El mecánico conoció en ese momento a Suri, felicitando a los padres, además de sorprenderse de lo grande y hablantín que estaba Neal, el niño de cinco años era un encanto muy locuaz, además de su impresionante belleza que dejó boquiabiertos a los que no lo veían desde que era un bebé.

El gran evento que estaban preparando estaba destinado a felicitar y condecorar a los cuatro astronautas, además de un extenso recuento de todo lo que habían vivido esos años. Mientras que Senku no había querido vestirse con traje, sino seguir con sus ropas y capa de siempre, Ryusui, Stan y Tsukasa sí estaban bien arreglados y formales, y estaban haciendo suspirar a muchas mujeres con lo guapo que eran. Además, Xeno, Sai y Chrome recibieron sus distinciones científicas, y Kaseki, Brody y Joel las de ingenieros artesanos. El furor de curiosidad lo causó el dispositivo petrificador, que Senku llevaba junto a él en todo momento.

El evento duró un par de horas, y para cuando finalmente terminó, continuaron las interminables felicitaciones personales. Todos colaboraron a desmontar el escenario con las ganas de volver a sus vidas más tranquilas. Esa noche, Xeno y Senku anunciaron que habría un merecido receso de tres meses antes de volver a la actividad, ya que todavía tenían por delante un largo trabajo de revivir a personas de todo el mundo y reestablecer ciudades. Esa fue la oportunidad de todos de hacer lo que quisieran, irse de viaje, o volver a sus vidas apacibles como en el caso de los aldeanos.

Recordando la promesa que le había hecho su padre, al día siguiente Neal reclamó el acuerdo.

- Papi, ¿me llevas a volar hoy?

- Claro, vamos a la tarde, hay una hora que será muy bonita de ver el cielo.

- ¿Al atardecer? –Preguntó Kohaku con nostalgia.

- Sí, tu favorito. ¿Quieres venir también? Hay lugar en la avioneta, tú detrás, y Neal conmigo.

- Gracias, pero paso. Esto es un momento entre padre e hijo, disfrútenlo ustedes.

-De acuerdo, pero otro día iremos a volar todos juntos.

Por la tarde, cuando el sol había bajado lo suficiente y faltaba media hora para el atardecer, Stan llevó a Neal al hangar, acompañado de la familia completa. Se había vestido con las ropas de piloto, y le había pedido a Yuzuriha que le hiciera uno a medida de su hijo, lo cual resultó adorable de ver. Por pedido del temerario niño, iban a volar en la avioneta abierta que no tenía techo, el cual era una versión mejorada y más segura del que había volado con Kohaku. Si bien podía estar en el asiento trasero, Stan prefirió sentarse encima a Neal, de forma de tener más comunicación y vínculo en ese primer vuelo juntos, quería ver en detalle las expresiones de fascinación de su hijo, así como poder contenerlo si en algún momento se asustaba o sentía mal.

Jacob ayudó a prepararlos, para él era como un recuerdo de cuando Stan era niño y él lo había llevado en su primer vuelo, los ojos zafiro del hombre maduro brillaban con emoción acompañar a su hijo y a su nieto en ese evento tan memorable para los Snyder. En cuanto despegaron, avanzando por la preparada pista de aterrizaje, Neal ya era una bola de entusiasmo, con sus tiernas expresiones "wooooooo" y sus grititos de emoción, no sabía a qué de todo mirar. Al comienzo Stan llevó un planeo tranquilo a medida que ganaban altura, dejándolo asomarse a los bordes para ver cómo todo lo que habían dejado a nivel del suelo se veía tan pequeño. Encantado con que le estuviera gustando tanto, voló hacia el mar, para darle esa impresionante vista del vasto océano rodeándolos por completo.

- ¿Te animas a un poco de acción, renacuajo? –Preguntó Stan con una sonrisa juguetona– Unos giros, y acercarnos más al agua.

- ¡SÍÍÍÍÍÍ! ¡Quiero eso, papi!

- Bien, prepárate. Puedes levantar las manos al cielo si quieres, no te preocupes ni temas, te tengo bien agarrado conmigo. ¿Listo?

- ¡Sí! ¡Acción!

Stan rió abiertamente, le encantaba lo valiente y confiado que era su príncipe mimado. También le hacía sonreír con diablura al pensar que Kohaku y Sarah iban a estar comiéndose los dedos de nervios, no les había dicho que pensaba hacer algo más arriesgado ya que el instinto materno de ambas iba a arruinar la diversión. Él también estaba sonriendo de oreja a oreja, la última vez que se había divertido tanto volando fue cuando llevó a volar a Kohaku por primera vez, que adrede había hecho las piruetas más arriesgadas para sorprenderla. En esa ocasión le anticipó cada movimiento que haría a Neal para que no se asustara, en especial los giros completos y las caídas en picada, pero el niño sólo gritaba de emoción y reía a carcajadas, pidiendo más. Aprovechando que estaban sobre el mar, bajó lo suficiente para que los deslizadores rozaran la superficie del agua, haciendo un abanico muy bonito que salpicaba a los lados.

- ¡Qué divertido, papi! ¡Quiero más!

- Ahora es tiempo de subir, quiero mostrarte algo muy bonito y especial, ya es hora.

Haciendo una larga media vuelta para emprender el regreso, se puso de frente al horizonte, donde podía verse ya el enorme sol anaranjado del atardecer. Era otro país, otro paisaje y compañía, y sin embargo Stan sonrió con mucha emoción al recordar que, en un momento similar, fue cuando se había quedado completamente encandilado con Kohaku, sin saberlo todavía, con su sonrisa que competía con la belleza de la puesta del sol. Tantos años y vivencias después, estaba renovando la experiencia y haciendo un nuevo recuerdo con el hijo que tenían juntos, sin dudas guardaría ese preciado momento en su corazón por siempre.

- Mira bien, Neal. Es muy lindo, ¿verdad?

- Sí... Me gusta mucho.

Con disimulo, se adelantó para mirar de reojo a su hijo, y soltó un suave jadeo cuando comprobó que esos casi iguales ojos aguamarina llenos de inocencia, brillaban a la par de una enorme y bonita sonrisa. Con mucho amor en el corazón, le dio un beso en la cabeza al pequeño, apoyando el costado de su propia cabeza junto a la de él, mientras contemplaba también la hermosa vista. Una vez que el sol se terminó de ocultar bajo el horizonte, soltó un largo suspiro.

- Volvamos, pronto se hará de noche.

Como en su regreso habían pasado por encima de donde habían despegado, tuvieron que hacer otra vuelta para aterrizar. Lo hizo con mucho control y suavidad, y en cuanto apagó el motor del avión, desabrochó el cinturón de seguridad y bajó con su hijo en brazos.

- ¿Te gustó, renacuajo?

- ¡Me gustó mucho, papi! ¡Gracias! ¡Te quiero mucho!

- Yo también, y la próxima vez vamos a convencer a mami de que se nos una.

- ¡Sí!

Para cuando alcanzaron a los demás que los estaban esperando, los rostros de Kokuyo y Jacob destilaban entusiasmo, mientras que los de Kohaku, Ruri y Sarah estaban un poco más turbados.

- Stan, juro que, por un momento, pensé que quería matarte –Dijo Kohaku, frunciendo el ceño– Pero luego vi que Neal lo estaba pasando bien, y me tranquilizó.

- ¿Cómo lo supiste?

- ¡Ja! Los vi, por supuesto, no te olvides de que tengo una gran vista.

- Nada mal, con esa vista de águila serías una gran co-piloto tú también, si algún día una misión lo requiere.

- Creo que eso me gustaría.

- Qué increíble, sin contar el cohete espacial, nunca vi algo tan emocionante –Dijo Kokuyo, admirado– Debe sentirse muy especial volar por el aire como un pájaro...

- Ooh, cierto... Papá nunca voló en un avión todavía. Apenas si te subiste al Perseo cuando lo construimos la primera vez.

- ¿De verdad? –Preguntó Jacob, sorprendido–Yo te llevaría, pero a mi edad ya no puedo hacer esas piruetas de forma segura.

- ¿Quieres volar conmigo otro día, suegro? –Ofreció Stan.

Los ojos cafés de Kokuyo se abrieron y relucieron con entusiasmo casi infantil, aunque por modestia trató de disimular.

- Si no es una molestia para ti, Stan... Sí, me gustaría.

- Sé más sincero, papá –Lo expuso Kohaku– Te mueres de ganas de ir, apenas si parpadeabas al verlos.

- Hija... –Protestó, abochornado– Está bien, lo admito. Es que hay algo muy emocionante en estos aparatos, como los coches y los aviones.

- Los hombres y sus juguetes, si sabré de eso –Dijo Sarah, guiñándole un ojo a las jóvenes a su lado.

- Por más que no lo parezca, a Ruri también le gustan. ¿Verdad, hermana?

- ¡Sí! –Respondió sin pena la sacerdotisa– Como dice papá, el poder sentir que volamos como un pájaro me emociona, me gustaría volar con Stan algún día, se ve lo confiable que es.

- Muy bien, entonces ya tenemos dos vuelos reservados para mañana, si quieren. Hay un avión más grande para llevarlos juntos, pero no puedo hacer movimientos finos y ágiles como este, así que lo haremos en dos veces.

- Tres, yo también quisiera volver a volar contigo, hijo. Esta vez que tú me lleves de acompañante –Dijo Jacob, abrazándole por el hombro– ¿Sarah...?

- Yo le tengo un poco de vértigo. Pero si Kohaku quiere ir con Stan y con Neal, me ofrezco a cuidar a Suri, y disfrutar de verlos desde aquí.

- ¡Sí, gracias! –Aceptó la rubia, encantada por el interés de todos y que compartieran también ese momento con Stan.

- La acción me dio hambre, mami –Dijo Neal, jalándole del vestido– ¿Falta mucho para comer?

- Cuando lleguemos a casa te preparo algo.

- Oye, renacuajo... Tú me dijiste que me ibas a enseñar a hacer pop-corn. ¿Quieres que hagamos eso?

- ¡Sí, papi! ¡Yo puedo hacerlo!

- Tenemos un plan, excelente. Hagamos mucho, así invitamos a Xee y Luna, ¿quieres?

Stan le ofreció su mano a Neal para caminar de regreso a casa, invitando de camino también a los demás. Todavía se sentía un poco raro de tener el libre albedrío de hacer lo que quisieran esos meses, apenas había pasado una semana desde la vuelta de la misión lunar y todo el ajetreo posterior. Le estaba encontrando el gusto a aquella vida tranquila y feliz, era todo lo que se había imaginado desde que había unido su vida a la de Kohaku. Ese era solamente el comienzo de una nueva oportunidad, una en la que podía redimirse de las vidas que había quitado por su trabajo como soldado, y dedicar su futuro a una protección más pacífica de lo que le importaba, a eso iba a apostarle.

Tres meses después, a poco de que terminaran las vacaciones, Kohaku estaba presentando una gran sorpresa.

- Stan, dame la mano, yo te guío a partir de aquí. Neal, ¿los ojos de papá están bien tapados?

- ¡Sí, lo tapo bien, no va a hacer trampa!

- No sé qué planearon juntos, no puedo esperar para ver... ¿Falta mucho?

- Ya verás.

Kohaku caminaba al frente, jalando suavemente la mano de Stan, mientras tenía a Suri bien asegurada contra su pecho gracias al porta-bebé de tela, ya que la niña estaba más activa a sus cinco meses, como para tenerla con un solo brazo. Neal estaba subido a los hombros de su padre, tapándole los ojos con sus manitos. Por más que le estaba gustando la sorpresa, Stan no pudo evitar hacer un instintivo análisis del terreno, era una subida terrosa, como si fuese una colina, y el flujo del aire le indicaba que había árboles cerca, además del olor a bosque. También había detectado un sonido suave a una corriente de agua, había un río cerca, atravesando la zona. Tal vez pasarían el día en un lugar apartado y con bonito paisaje.

De pronto, el camino se enderezó, y unos metros más adelante sus pisadas cambiaron a sonar más secas, como si estuviese sobre un piso de madera. Recién en ese momento Kohaku se detuvo, sin soltarle la mano.

- Neal, ya puedes dejar a papá ver.

- ¡Ok, mami!

En cuanto el niño quitó las manos, Stan abrió los ojos y parpadeó varias veces para enfocar su vista, aunque al instante quedando boquiabierto ante lo que tenía en frente: Una hermosa casa de buen tamaño, con grandes ventanales, y hecha con ladrillos y grandes troncos combinados, dando un aspecto de buenas bases y a la vez cálido. Tal como había percibido, a un lado había un bonito bosque, y al otro, un río calmo y de poco caudal bajaba de la montaña contigua. Junto a la casa, había un piso de troncos de bambú, así como un techo del mismo material, todo abierto a los lados. Apenas podía creer lo que veía, y por un momento pensó que se había transportado al mundo moderno, ya que la casa tenía ese tipo de construcción, muy distinta a las cabañas y las chozas de la aldea y el reino científico.

- ¿Y esto? –Preguntó, todavía sorprendido.

- Bienvenido a casa.

- ¿A… qué...? ¡¿Cómo?!

Con la misma sonrisa radiante y pícara de haber guardado un buen secreto, Kohaku y Neal lo miraron.

- ¡Feliz cumpleaños, Stan!

- ¡Feliz cumple, papi!

El soldado no pudo cerrar la boca por un buen rato, apenas entendiendo lo que pasaba, y todavía sin poder creerlo.

- Esperen… Un momento… ¿Este lugar es para festejar el día, o...?

- Sí, para festejar este día... Y todos los que siguen –Explicó Kohaku, feliz– Bienvenido a nuestro nuevo hogar.

- Oh...my... god... ¿Cuándo? ¿Cómo? No pudieron hacer esto en tres meses, ¿quiénes...?

- ¡Ja! ¿Te olvidas de todos los que somos ahora, entre la aldea y el reino científico? Xeno nos ayudó con el diseño, queríamos que fuera como las casas del mundo moderno.

- Pero teníamos nuestra casa nueva junto a la de los demás... No me malentiendas, me encanta, se ve hermosa, pero no entiendo por qué otra.

- Seguiremos viviendo allí también, claro. No estamos lejos, si te asomas por el camino, puedes ver a lo lejos la isla. Esta es una "casa de descanso", como Xeno la llamó. La idea es que los días que no trabajemos con los demás, podemos venir aquí los cuatro a pasar unos días tranquilos, ahora que el reino científico se está poblando más.

- Nada mal, es buena idea.

- A ti te gusta mucho el río, y a mí el silencio del bosque, pasé muchos años por aquí sola cuando era más chica, así que me gustó la idea de hacer un nuevo hogar en un sitio que tenga lo que más nos gusta a ambos, para disfrutar en familia. ¡Ah, y hay una fuente de aguas termales cerca, es deliciosa para bañarse! La casa tiene varias habitaciones, así que será más cómoda para cuando crezcan los niños. Neal, Suri... y los que tengamos más adelante.

El corazón de Stan dio un brinco al escuchar eso último, lo emocionó casi más que la casa misma. No podía alcanzar a imaginarlo todavía, ya creía que era lo suficientemente feliz como estaban, por lo que poder hacer un hogar numeroso y tan bonito que los acobijara, era más de lo que había soñado. Ya estaba siendo el mejor regalo de cumpleaños de su vida.

- Me encanta todo. Gracias –Bajó a Neal para sostenerlo con un brazo, y con el otro abrazó a Kohaku, alcanzando a darle un beso a ambos– Así que... ¿Quieres más renacuajos?

- ¿Por qué no? Ahora que el mundo es un lugar seguro, y en la aldea estábamos acostumbrados a familias numerosas, hasta que... Hmm, no importa, es cosa del pasado y algo que no volverá a suceder. Si mi madre no hubiera fallecido joven, Ruri y yo no hubiéramos sido únicas hermanas. ¿Tú quieres?

- Por supuesto que quiero, todos los mini Snyder que quepan en mis brazos abiertos–Contestó, sonrojado con emoción– Hoy me has hecho el hombre más feliz de este mundo, princesa, gracias. ¿Me presentas nuestro nuevo hogar?

- ¡Claro!

Stan bajó a Neal al piso, y el niño correteó dentro de la casa. Kohaku explicó que la habían visitado y ayudado mientras él había sido convenientemente distraído y ocupado con sus padres o ayudando en la aldea, cómplices del secreto. Todavía estaba vacía, apenas habían llegado a tiempo para que estuviera lista en esa fecha, aunque eso no quitaba que ya se veía muy bonita y cálida. Era grande y cómoda, había tres habitaciones pensadas como dormitorios, además de una sala grande con una enorme chimenea de ladrillo, con una cocina y baño modernos. Los ventanales dejaban entrar mucha luz, y una vista soñada, no podían pedir nada más.

Una vez recorrida por dentro, se sentaron en el "porche", como lo había llamado Stan. Kohaku dejó a bebé en el piso, que de inmediato se apoyó sobre sus antebrazos y buscó la mirada de su padre cuando él le habló.

- Suri, ¿te gusta la casa nueva? Vamos a ser muy felices aquí.

La hermosa bebé sonrió de oreja a oreja, imitando la enorme sonrisa de su padre. Su fino cabello platinado brillaba bajo el sol a la par del de su hermano, y los orbes zafiro adornadas por sus largas y espesas pestañas eran una vista hipnotizante de tanta belleza. Era tan risueña como Neal a su edad, incluso más, y había empezado a balbucear y a moverse a cada rato, había heredado la inagotable energía de su madre desde tan pequeña.

- ¡Aaaa! ¡Da-da-ba-mmm!

- Hay que decirle gracias a mamá, ¿cierto? ¿A ma-má?

- Mmm... Mmmmm... ¡Ma-ma-maaaa-ma!

- ¡Ja! ¡Esta vez aprendió a llamarme a mí primero! ¡Es tan inteligente mi bebita!

- Eso es porque Neal fue un buen hermano y la ayudó, ¿verdad, renacuajo?

- ¡Sí, papi! –Dijo orgulloso el niño– Hice lo que tú me pediste.

- ¿Qué? ¿A qué se refiere? –Inquirió Kohaku, mirando a su esposo.

- Ah... Secreto revelado –Confesó Stan con una sonrisa culposa– Es que como Neal había dicho "papá" primero, quería intentar que Suri dijera "mamá", así que pusimos la misión en marcha.

- Oh, qué amores... ¡Gracias! Me hicieron muy feliz con eso –Agradeció enternecida.

Aprovechando lo bonito del día, jugaron un rato los tres con la bebé, haciéndola reír a carcajadas con cariños y otros jugueteos. Cuando Suri al fin se cansó, Stan la cargó en brazos, mientras que Kohaku sentó a Neal sobre sus piernas, la pareja apoyándose lado a lado el uno con el otro para descansar con una serena sonrisa.

- Hoy me llenaron de grandes sorpresas –Dijo Stan– Ryusui compró el predio para hacer nuestra escuela de vuelo, así que ya es un hecho que me dedicaré a ser piloto. Él tiene corazón de marinero, así que estará allí para seguir practicando conmigo y para hacer negocios. Ah, hablando de eso, ¿qué piensas de la propuesta que te hizo Xeno?

- Creo que lo haré, me gustó lo de enseñar a otros a defenderse a mano limpia de ataques, soy buena en eso.

- Ya que te gusta entrenar, podrás hacerlo a la vez que enseñas a otros cómo hacerlo con la defensa personal, es un buen plan.

- Sí, me interesó. Homura ya aceptó, así que al menos estaré con alguien conocido. Pero como lo hago a mi modo y no conozco cómo lo hacían las personas del mundo moderno, Tsukasa dijo que me ayudaría a entrenar, hasta que tenga que irse a otros países a ayudar con mantener el orden de las ciudades revividas. Lo haré de a poco, entre cuidar a los niños y eso.

- Se vienen buenos tiempos, haciendo lo que mejor se nos da, mientras crece nuestra familia. Nada mal. No sólo nosotros, Xeno ya empezó a hacer los planes de un nuevo y gran laboratorio con Senku, y también están haciendo los planos para el primer hospital, en el que Luna trabajará junto a otros médicos.

- Me hace muy feliz saber que ellos también se quedarán a vivir aquí, en lugar de volver al castillo.

- Ya nos asentamos e hicimos buenos amigos aquí, con objetivos comunes, mientras que en Estados Unidos tendrían que empezar todo de nuevo, y solos. Mejor así.

- Avanzando paso a paso hacia lo que creemos, todos juntos. Así construimos el reino científico, y este nuevo mundo. Gracias a eso nos conocimos y aliamos, pese a las diferencias. Me gustaría continuar ese legado.

- Lo mismo digo, trajo las mejores cosas a nuestras vidas. Creo que la mejor decisión que tomé fue la de haberte secuestrado luego de que invadiste nuestro territorio.

Kohaku alzó una ceja y lo miró con el ceño fruncido por la forma en que había dicho con tanta calma algo tan turbio, aunque poco le duró, ya que luego él soltó una carcajada, y ella también.

- Ignorando los golpes y las partes oscuras, claro.

- Sí, pero todo eso nos llevó a donde estamos aquí hoy, nos dio fuerza.

- ¡Ja! Eso es cierto.

- Xeno y yo te estaremos siempre muy agradecidos. Sólo siendo tú, nos llevaste de la mano hacia la luz. Poco a poco, nos liberaste, de muchas maneras. Qué curioso, la vida tiene sentido del humor. Nosotros te encarcelamos, y tú nos liberaste.

Se miraron a los ojos, sonriéndose cálidamente. Stan le acarició la cintura, pasando el dedo por el hilo rojo del grueso shimenawa que ella siempre llevaba puesto, y luego de mirarlo con cariño continuó con el suyo propio, muy parecido, atado sobre el cinto en su cadera.

- Todo vuelve en la vida. Yo te atrapé ese día, sin saber en ese entonces que, desde que recibí tu primera sonrisa, tú también lo harías conmigo, sin esfuerzo y para siempre.

- ¿Sí? ¿Y cómo lo hice?

- Cautivaste mi corazón.

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***Fin***

... Pero siempre hay lugar para el postre, así que hay epílogo :)

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Buenaaas! Haciendo el nudo final a esta larga y querida historia, para ponerle luego el moño. No habría imaginado nunca que este fic, que empezó a fines de agosto del 2020, estaría terminando ahora, dos años y medio después, sin pausas. Dejé que fluyera, que me "sorprendiera" la trama, a medida que el manga permitía que conociéramos cada vez un poco más de Stan y Xeno, maravillosos personajes, por lo que muchas cosas fueron cambiando, suavizándose. Siempre procuré intuir las verdaderas intenciones y corazones de ambos, y de Kohaku, por lo que estoy muy feliz con cómo devino esta historia, y que ellos sean felices, claro.

Como siempre, mi profundo agradecimiento a ustedes por seguir leyendo, acompañando, dando amor y apoyo. Espero que lo hayan y lo estén disfrutando tanto como yo. Y habrá nuevas historias (más cortas jaja), tengo varias en la lista :)

Hasta el próximo y último capítulo!