Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Este es un Universo Alternativo con toques de Héroes y Villanos. Inspirado gracias a unos cuantos libros del tema.
Advertencias: Menciones de acoso. Insinuaciones lascivas. Palabras vulgares. Acciones inapropiadas pero que no llevan a nada más, hasta ahora. Collares con descargas eléctricas. Ahorcamiento. Y Menma siendo el villano insoportable, amenazador pero con cierto aire misterioso.
Enemigos Naturales
Parte 2
Hinata quería creer que todo era falso. Probablemente estaba soñando y todo era producto de la comida pesada de anoche. Pero las sensaciones en todo cuerpo, ese entumecimiento expandirse por cada extremidad le confirmaba lo contrario. Estaba bien despierta y sentada sobre el regazo de un rufián apodado como El Asesino de Héroes.
Tenía miedo. Con total facilidad éste la mataría. Un chasquido de dedos y fin a la existencia de Hinata Hyuga. Oh, podía imaginarlo. Primera plana en el periódico, la fotografía gráfica de su cuerpo inerte, hecho trizas por las habilidades monstruosas de Brutal Nightshide, dando absoluta vergüenza a toda su familia por dejarse vencer así de sencillo sin dar pelea.
O peor aún.
Si la prensa llegaba a públicar una fotografía en la posición actual en la cual se encontraba sería mil veces peor a que ese villano la descuartizara.
¿Qué pensarían los pocos fans que tenían? Esa gente genuina que creía en ella, los dueños de las cartas cuyo contenidos conmovían su corazón, brindándole una nueva resolución y motivación para continuar con su carrera como heroína a pesar de las debilidades que aún no lograba erradicar. No, había algo mucho peor. Si Modern Fox se enteraba de todo el asunto, todo estaba perdido.
―Por favor ―suplicó porque eso era la único que Hinata podía hacer en el momento.
Las insinuaciones del recién presentado, Menma Uzumaki, eran bastante claras. Cabía recalcar que a ella no le agradaban nada. La idea de que las manos de ese vil hombre se pasearan sin tapujos sobre su piel la enfermaba.
―Solo termina conmigo ―no era cobardía, era una salida digna. Prefería morir a que ser abusada de otro modo por ese villano.
Menma pareció irritarse por el teatro de dignidad y honor interpretado por la joven heroína. En otras circunstancias hubiera tomado la palabra y la aniquilaría pero a su mente le llegaban otras provechosas maneras con las cuales divertirse con la mujer.
Desde la primera noche que Hinata Hyuga visitó sus territorios en busca de tener una audiencia privada con él para discutir ciertos temas en común mantuvo un ojo sobre ella. Envío a un par de sus secuaces a investigar la dirección personal de su hogar así como otros datos privados. Suigetsu se encargó de recopilar la información al materializarse dentro del apartamento de la joven debido a su don de manipular su cuerpo en líquido y mezclarse con algo tan sencillo como el agua. Por algo el albino le resultaba ideal cuando se trataba de trabajos de espionaje.
Todo lo que había reunido de ella se hallaba guardado en una de sus carpetas escondidas en un lugar secreto de su oficina, bajo llave y con una contraseña que solamente Menma sabía. Poseer información de súper héroes era un privilegio además de un gran negocio. Muchos villanos menos pagarían el doble por tener en sus manos la información sobre el obstáculo que se encargaba siempre de arruinar sus planes. Era un buen método para ganar dinero cuando se estaba oculto de la justicia por un tiempo.
No había mentido al confesar que aún se estaba recuperando de la última paliza brindada por los compañeros de la heroína. Sus costillas no estaban completamente recuperadas ni mucho menos los órganos internos que sufrieron un gran daño. Afortunadamente contar con Kabuto, el médico de doble cara que gustaba experimentar con los dones de los héroes y recibir ayuda por parte de los villanos a modo de pago por tratar las heridas recibidas en un conflicto, era beneficioso.
Prefería mejor a ese chiflado que al perverso de Orochimaru.
―Eso es muy tentador ―sin duda el color rojo en aquella piel clara, tersa y con apariencia de jamás haber experimentado dolor era llamativa. Confesó sentirse orillado a hacer lo que la mujer pedía pero no despegó el dedo del renglón sobre el plan principal, aquel que venía ideando desde hace tiempo cuando aquel pequeño Corderito decidió adentrarse a su pista de juegos―. Pero no quiero ―comentó al momento de empujarla al costado del sillón mientras se ponía de pie.
Hinata cayó sobre el mullido material del sofá. Al verse libre quiso reincorporarse, los ventanales enormes en frente suyo parecían una buena salida de escape pero la sensación de unos nudos sujetar sus muñecas así como tobillos le impidió poner en acción dicho plan.
«No de nuevo» fue el pensamiento que tuvo al sentirse vulnerable otra vez.
Frustrada de notar sus movimientos limitados, Hinata observó la figura de Menma que se paseó por la sala con total tranquilidad, yendo el mini bar donde se preparó una bebida como si estuviera en una reunión amistosa. Cuánto lo detestó en aquellos momentos. Ansío poner sus manos encima de él y estrangularlo.
«Oh no ―se asustó de la violencia de su propia consciencia. Era una heroína, no una vil villana―. ¿En qué estoy pensando? Así no piensan los héroes».
―¿Te ofrezco algo de beber? ―la voz varonil sacó a Hinata de su entumecimiento para intentar poner atención a la dirección de donde provenía el sonido de los cristales chocar los unos con los otros.
―No ―negó con total firmeza―, gracias ―pero la chica educada en su interior, esa misma que venía siendo desde la infancia no pudo evitar ser cordial aun cuando se tratara de un villano que no había respetado su espacio personal.
―Hinata, no estás haciendo las cosas fáciles ―Menma se quejó como si estuviera lidiando con una niña pequeña que se rehúsa a cooperar para hacer su tarea.
―No es mi intención hacerte las cosas fáciles ―musitó alto para ser escuchada.
Las botas pesadas de Menma acercarse a ella la pusieron en alerta. Otra vez lo tenía a su lado, cerca, invadiendo el espacio personal de Hinata que solamente podía pegarse más al material del sofá en un intento por escapar de aquel rostro tan cerca del suyo.
―Me alegra escuchar eso ―en lugar de verse molesto por el comentario, Menma de verdad lucía complacido por la respuesta dada por parte de Angelmouth―. Si te rindieras con tanta facilidad me resultaría una perdida de tiempo haber dedicado tanto esfuerzo por hacerte sentir bienvenida ―dio un trago a la bebida de líquido ámbar en el vaso, tragando ruidosamente el contenido de un solo sorbo, tronar la bola de hielo decorativa y sacar la lengua―. No sería justo ―susurró juguetonamente cerca de la mejilla femenina que lucía apetitosa.
No detuvo sus acciones y lamió toda la zona, de abajo hacia arriba. Pudo sentir a la mujer temblar, apostaba que eso no se lo vio venir y sonrió con cierto triunfo de causar dichas sensaciones en el cuerpo femenino. Aquello solo le indicaba que a ella no le resultaba del todo indiferente.
―B-Basta ―gruñó Hinata, con las cejas fruncidas pero sin evitar sentir un calor cobijarla. Aún podía sentir la lengua helada de ese hombre en su rostro―. ¿Qué quieres de mí? ―cuestionó y el brillo siniestro en los ojos de Menma le dieron la respuesta―. E-Eso nunca lo obtendrás. P-Primero muerta.
―Auch ―Menma se tomó del pecho, la parte donde se suponía que tenía el corazón pero siendo el villano cruel que era Hinata dudaba seriamente que éste tuviera uno―. Hieres mis sentimientos, Hinata-chan.
―No me llames así.
El ruido del vaso estrellarse contra el vidrio de los ventanales cuyo temblor pudo sentirse en toda la sala calló cualquier grito que Hinata tenía atorado en la garganta. La mirada de Menma se hallaba oculta gracias a la sombra creada por los azabaches mechones ―más largos que los de Modern Fox― pero la aura alrededor de la figura masculina no la engañaba. Estaba molesto. Tragó saliva; ella lo había hecho molestar.
―Creo que tengo que enseñarle a mi pequeño Corderito unas cuantas lecciones ―fingiendo que aquel momento de rabia nunca existió Menma barrió sus cabellos hacia atrás con una sonrisa ladina que a Hinata le causó estremecimientos violentos―. Considero que la más importante y con la cual debemos comenzar es ésta.
Con ayuda de los dientes Menma quitó sus guantes. Ella se sintió tan tonta por quedarse viendo como si se tratara de un ritual asombroso del cual no debía despegar los ojos pues sería insensato perderse tan apasionante show.
―Vaya, vaya ―la sonrisa socarrona del villano solo aumentó al notar los ojos perlados de la mujer completamente enfocado en sus manos―. Encontré el fetiche de mi Corderito. ¿Te gustan las manos, eh? ―para enfatizar dichas palabras se encargó de enseñar el tamaño de no solo de sus manos sino también de sus largos dedos.
Hinata se sonrojó violentamente por las insinuaciones degeneradas de ese tipo tan vulgar y osado.
―N-No te hagas ideas ―trató de proteger su orgullo.
Él solamente se carcajeó, era obvio que no le creía nada.
―Nunca he entendido ese afán de los héroes en esconder lo que realmente desean ―murmuró para pasear de manera superficial, como el toque de una pluma traviesa bailando sobre la piel virgen de esa mujer, las yemas de los dedos en las curvas aún escondidas debajo de aquel pedazo de tela con el que Angelmouth se presentó―. Puedes ser honesta conmigo, no te juzgaré.
―No miento ―Hinata le fulminó al ver sus intentos por toquetearla―. Es la verdad, te repudio. Prefiero que me mates a ser parte de tu juego perverso. No dejaré que manches mi honor de tal manera…
Repentinamente calló al sentir el aura asesina asfixiarla junto con esa sed de sangre inhumana. Era la primera vez que sentía esas intenciones asesinadas. Era abismal el odio de Menma. Temió que dicha oscuridad la partiera a la mitad. Pero lo que realmente le hizo temblar fue la mano de éste, grande, del tamaño perfecto para rodear sin problemas gran parte de su nunca sin utilizar la otra, pegando sus dedos sobre la piel delicada de la zona.
Un golpe directo ahí y moriría.
―Hinata, escúchame bien ―la voz de Menma hecha un susurro bajo, terriblemente peligrosa como el siseo de una serpiente de cascabel aceleró a su corazón. Él estaba tan cerca que el aliento cálido masculino le rozaba en el interior de su oreja y alrededor de ésta.
Hinata era cosquilluda ahí y no pudo evitar estremecerse.
―Admiro tu fiereza, eso hace que una mujer realmente sea atractiva para mí pero seré sincero ―los dedos se apretaron más en la nuca femenina y la respiración de Hinata salió trémula―, alguien que sigue mis ordenes sin rechistar siempre logra convencerme más. Te pido que reflexiones y te des cuenta de tu situación. Sí, puedo matarte, y lo haría sin parpadear pero no me place ver tu bonito rostro lleno de heridas o moretones. Primero quiero conocerte, saber tu opinión respecto a temas que la misma sociedad considera tabú. Escuchar de la propia boca de un héroe qué considera correcto e incorrecto. Muchos han sido los que me han contestado pero nunca me halló satisfecho con sus respuestas. Verás ―la cercanía entre ambos era imprudente, casi lo tenía encima de ella y no podía hacer nada para quitárselo― todos esos héroes que asesiné siempre mintieron. Al ser orillados a una situación de vida o muerte dijeron lo que yo quería escuchar pero nunca lo que de verdad necesitaba escuchar. En serio espero que contigo las cosas sean diferentes. Pero para ello, Hinata, debemos poner ciertas medidas.
―¿Q-Qué clases de medidas? ―por más que le doliera el orgullo Hinata sabía que estaba en una situación nada favorable, seguiría el juego de Menma y después vería cómo planear su huida.
O en caso de que las cosas escalaran a un nivel diferente, no dudaría en morderse la lengua hasta sangrar.
―Sobre tu comportamiento, claro.
―Pido perdón si no es el comportamiento que esperabas ―hizo una mueca cuando los dedos se hundieron más en su piel―, no todos los días un villano me somete en contra de mi voluntad.
―De verdad te gusta hacerme sentir como el malo del cuento ―un suspiró rozó contra su piel, dicha acción tuvo un gran poder en su anatomía pues tembló ligeramente.
―Eres un asesino ―escupió las verdades como si no entendiera por qué al villano le encantaba jugar de esa manera―. Por supuesto que eres el malo del cuento.
―¿Y no tienes curiosidad, Hinata, de saber por qué me convertí en lo que soy ahora?
Ella se quedó callada, sorprendida de aquella pregunta. Por un momento pensó que Menma se reiría y diría algo como "Mira tu cara, realmente te lo creíste" pero éste no dijo nada, pareció quedarse quieto en el espacio de su cuello donde tenía un gran acceso a su oreja. Ni siquiera el agarre en su nuca perdió fuerza.
―N-No me interesa ―la historia de un villano no merecía su atención. Serían excusas baratas que intentarían convencerla del por qué había hecho las cosas terribles. Nada de lo que le dijera ayudaría a cambiar su opinión sobre él.
El dolor de toda esa gente a la que había lastimado nunca desaparecería.
―De verdad te gusta herir mis sentimientos ―un apretón en la nuca la hizo poner una mueca de dolor. También sintió que tenía en los dedos que la torturaban en aquellos momentos las hebras de su cabello que estiraba, causándole un tormento imposible de ignorar considerando que su cuero cabelludo era delicado y sensible―. Pensé que contigo podría ser honesto.
―No sé qué te hizo pensar de ese modo.
La risa ronca de aquel hombre la hizo apretar la mandíbula. Como osaba reírse en frente de su cara. De verdad lo detestaba. Sabía que Modern Fox siempre buscaba encontrar benevolencia en el interior de un villano, por más crueles que hayan sido sus crímenes, pero con Menma no podía coincidir de pensamiento. Él de verdad disfrutaba de todo eso, en ser malvado. No tenía una pizca de arrepentimiento.
No había salvación para alguien tan cruel como él.
―Supongo que tu aspecto de ángel me hizo creer que podrías ayudarme. Qué iluso soy ―se separó de ella, dando final a aquella tortura en la piel de su nuca, dándole un momento de alivio que Menma se encargó de destruir cuando se colocó encima de ella.
Los ojos perlados de Hinata se abrieron de par en par sin esperarse dicho movimiento por parte del hombre. Pensó que eso era suficiente para torturarla pero qué tonta había sido.
―P-Pensé que no te gustaba forzar a las mujeres ―citó las palabras que al inicio Menma le dijo, cuando pensó que la tomaría a la fuerza―. Q-Qué preferías cuando ellas ―sus mejillas se sonrojaron, no, de ninguna manera iba a repetir literal lo que Menma dijo― suplicaban que las tomaras.
―Eso sigue siendo verdad ―opinó Menma sin borrar esa maldita sonrisa que a esas alturas Hinata venía odiando.
―E-Esto no luce como si yo estuviera suplicando que me… ―de nuevo otro sonrojo y un fruncimiento de cejas, dando a conocer el total disgusto que sentía―… Que me tomes…
―Por ahora ―Menma se encogió de hombros, indiferente de la molestia de la mujer de cabellera de cielo nocturno―. Pero puedo asegurarte que en un par de horas las cosas cambiarán.
―¿C-Cómo puedes estar tan seguro…?
―No hay manera que pueda saberlo ―Menma parecía más entretenido en revisar la suavidad de la hebra de cabello que tenía atrapada en una de sus manos que en poner atención a la notable molestia en el tono de la mujer―. ¿Qué tal si pruebas con tu poder, eh? Estoy seguro que podrías verte a ti misma, en ese pequeño lapso del futuro, el cómo subes y bajas sobre mi erecto…
―¡N-No sigas!
―Ah, Hinata-chan, estás tartamudeando ―señaló con absoluto regocijo―. Eso es jodidamente tierno.
―Por favor ―Hinata se sentía inesperadamente cansada de lidiar con ese hombre. Solo quería que terminara y la dejara en paz―, cualquier cosa que tengas en mente, hazla.
―Me sorprende la facilidad con la que te rindes ―expresó el villano, apoyándosr con los brazos extendidos a los costados de la cabeza de Hinata para mantener una distancia prudente del cuerpo de la joven debajo―. Vamos, haz las cosas más entretenidas para mí. Te recuerdo que, de no haber sido por aquel impulso de idiotez que te orilló a venir a mi lugar, pensar ingenuamente que podrías hacer algo por ti misma y ayudar a tu querido Modern Fox en atraparme o siquiera saber sobre mis futuros planes, no estarías en esta penosa posición. Conmigo encima de ti. Debiste quedarte en tu departamento, seguir viendo ese dorama cursi que tanto amas y suspirar pensando que la pareja principal son tú y ese idiota que tengo como hermano.
Hinata tembló por lo que Menma decía con tanta naturalidad como si estuviera hablando del clima con alguien más. ¿Estaba diciéndole en la cara que la venía vigilando desde hace tiempo? No solo era un vil villano, también era un acosador.
―¿Has estado acosándome…?
―Acosar es una palabra muy fea ―dijo Menma, haciendo una mueca de disgusto―. Prefiero más el término de recolectar información.
―Eso es…
―¿Ilegal? Sí, lo sé. Pero, hey, así funciona mi negocio. O al menos una parte. Espío a ciertos objetivos para después vender sus datos a villanos que les resulte útiles ―Menma se apartó de ella, sacando de la nada una cajetilla de cigarrillos que no dudó en encender para fumar hondamente la nicotina de éstos.
A ella el aroma le resultó asqueroso. Odiaba el olor a cigarros. Eso Menma lo notó y pareció disfrutar aquella reacción de su parte.
―¿Vendes información sobre nosotros a los villanos? ―eso era un crimen.
―Uh, sí. Es lo que te dije ―contestó con indiferencia Menma, dejando caer la ceniza del cigarro a un costado del rostro de Hinata que se alarmó que el material tuviera contacto con su piel o cabello―. Debes poner más atención a lo que te digo, Hinata ―de manera repentina los ojos de Menma parecieron sombrearse―, me haces sentir ignorando cuando no lo haces.
―¿E-Eso debería asustarme?
―Analiza la situación y dime quién de los dos es la que está a la merced del otro. Te doy una pista ―se acercó a ella para soltar el humo de nicotina en frente de su cara, haciéndola toser―: no soy yo.
―Eres ―después de toser un par de veces le fulminó― despreciable.
―Gracias, me halagas ―Menma encontró adorables los insultos de la mujer―. Pero pasemos a cosas más interesantes ―dejó de fumar el cigarrillo al apagarlo con su propia lengua como si el dolor no existiera para él para después comérselo de un trago.
Hinata le observó sorprendida, cuestionándose interiormente si aquel hombre era una bestia en lugar de un ser humano.
―Debo decir que tienes muchos fans en el lado oscuro de la sociedad ―meneó el celular que tenía en sus manos para llamar la atención de Hinata. Ésta no entendió por completo sus palabras pero Menma se encargó de explicarle gustosamente a lo que se refería―. Claro que no lo comprendes, mi error. Descuida, te lo explicaré para que tu pequeña y diminuta mente pueda entenderlo ―pellizcó la suave mejilla de la mujer que hizo dibujarle una mueca de completo fastidio. Menma comenzaba a sentirse muy interesado en todos esos rostros que Angelmouth era capaz de hacer, confesaba que eran mejores que la aburrida sonrisa tímida que ponía en todos esos eventos de héroes donde las cámaras siempre captaban dicha expresión llena de falsedad―. Existen encuestas de popularidad.
La mueca sorprendida en Hinata apareció instantáneamente como si le hubiera dicho que los cerdos en realidad podían volar.
―¿Qué? ¿El hecho de ser villanos no nos da el derecho de saber divertirnos también?
―No creo que esas encuestas sean buenas… ―murmuró Hinata con un ligero temblor en el cuerpo.
―Depende de la perspectiva en que lo veas. Hay encuestas de todo tipo de este lado del mundo. Pero debo admitir que tú eres de las favoritas ―enseñó la imagen a todo color frente al rostro de la Hyuga.
En la imagen pudo apreciar las gráficas que determinaban un nivel de popularidad alto del cual ella nunca imaginó podría liderar. No se comparaba con las encuestas oficiales de héroes. No obstante bastó leer el título de dicha encuesta para que las mejillas de Hinata se sonrojaran así como un terror invadirla.
Encuesta de popularidad sobre heroínas en servicio:
¿Qué heroína tiene las mejores tetas?
Primer lugar: Angelmouth
Su nombre, Angelmouth, lideraba la encuesta. Leyó el nombre de otras compañeras pero en esos momentos su atención solo se enfocaba en su propio nombre. Se sintió sucia de que las personas participantes votaran por algo tan vulgar como ello.
―¿P-Por qué me enseñas esto? S-Si quieres humillarme, ya lo has hecho ―atacarla con las inseguridades de su cuerpo era un golpe bajo.
Odiaba la manera en que su traje dibujara más de lo permitido las curvas de su cuerpo e hiciera cierto énfasis en zonas que detestaba resaltar. Sabía que cuando el diseño de su traje fue creado el propósito era para ayudarle a complementar sus habilidades y protegerla de cualquier elemento usado en su contra, como el fuego y el hielo, sin embargo por mucho que agradecía tal regalo por parte de la agencia en la que trabajaba, Hinata hubiera preferido algo más modesto.
―Solo te enseño que por estos lares eres una celebridad, Hinata. No te lo tomes mal. Esa no es mi intención ―contestó Menma, guardando el celular y apoyando su codo contra el respaldo del sillón para dedicarse a ver el rostro casi descompuesto de la mujer.
―Insisto ―quería llorar pero se rehusaba a hacerlo. Llorar frente a un villano era signo de debilidad; darle la completa seguridad de que había penetrado con sus juegos mentales o físicos la fortaleza de un héroe―. ¿Qué quiere de mí?
―Te encanta hacer esa pregunta, ¿verdad? ―Menma suspiró como si ya se encontrara irritado de escuchar de parte de la heroína la misma pregunta―. Creo que tendré que ser más directo.
Menma chasqueó los dedos. Unas manos se materializaron desde las sombras de su cabello que la hicieron temblar y quedarse quieta en su lugar, pensando que si se movía aquella cosa helar su nuca por la siniestra presencia podría matarla. El peso de algo en su cuello la alertó pero no pudo llevar ninguna de sus manos a la zona por estar atrapada o entumecida, realmente no sabía cómo explicar la manera en la que el poder de Menma funcionaba. Por más informes que había leído sobre el sujeto nada parecía ser acertado a lo que realmente era capaz ese villano.
―¿Q-Qué me estás haciendo?
―¿Hacerte? ―se señaló, ofendido por el tono usado de la heroína―. No te estoy haciendo nada, Hinata. Todo lo contrario, te estoy dando un obsequio.
―¿Un obsequio…?
―Así es ―la sonrisa cruel volvió a emerger en los labios del azabache―, tu propio collar personalizado ―al terminar la oración en la mano de Menma apareció el extremo de lo que parecía ser una correa unida a una cadena que tintineó. Éste jaló con fuerza y sintió que la garganta se le cerraba cuando fue impulsada hacia delante, precisamente a los brazos abiertos de Menma que la recibieron gustoso.
Hinata tosió un par de veces por el inesperado movimiento.
―Lamento mi rudeza, Hinata ―dijo con fingida preocupación que Hinata por supuesto no creyó ni un poco―. Pero esta es la mejor manera de que entiendas, que en tu cabecita de algodón entre la idea de que ―la mano grande Menma sostuvo su cabeza, clavando sus dedos sobre su cuero cabelludo que la hizo gemir de dolor, en especial cuando éste la apegó completamente a su pecho― ahora eres mía. Entre más rápido lo aceptes, mejor para los dos.
―Estás demente ―musitó cerrando los ojos.
Menma rió por encima de su cabeza, había apoyado la barbilla sobre su hombro mientras sus manos se paseaban por el largo del cabello femenino, disfrutando de lo sedoso de éste.
―No tienes idea ―dijo con una sonrisa socarrona antes de plantar un beso en el hombro desnudo de la mujer que tembló imperceptiblemente a modo de respuesta por su toque.
―Oi, boss.
La figura de un hombre albino entrar a la sala sin siquiera tocar desvió la atención de Hinata para alzar la vista sobre los brazos de Menma que la mantenían prisionera para ver al recién llegado. Lo reconoció de inmediato ya que aquella hilera de dientes colmilludos así como los ojos purpura eran imposibles de no reconocer.
―Tú eres… ―intentó llamarlo pero Menma empujó más su rostro hacia su pecho, impidiéndole seguir hablando.
―¿Qué? ―gruñó con molestia el azabache al verse interrumpido.
―Uy, perdón. No sabía que estabas ―hizo las señas vulgares que daban a entender "mete y saca" con las manos―. ¿Quieres que venga en otra ocasión? ¿O quieres que me quede a ver?
―Suigetsu ―Menma le miró con frialdad ante la última pregunta―. ¿Quieres morir?
―Hoy no ―contestó en automático el albino.
Ella logró detectar el tono amenazante de Menma cuando se dirigió al secuaz. Recordaba que su nombre era Sharkman o Knives Teeth, no sabía pero era igualmente peligroso.
―Habla de una jodida vez.
―Claro, claro ―asintió el albino para cruzarse de brazos, bastante relajado considerando que el azabache le había amenazado―. Es mi deber informarle, jefecito, que tenemos problemas.
―¿Qué tipo de problemas? ―cuestionó con los ojos entornados.
―Problemas bastantes molestos que solo usted, jefecito chulo, puede hacerse cargo.
―Tsk ―se expresó Menma para separarse rápidamente de ella, empujándola al otro extremo del extenso sofá. Sintió que su vestido se subió y que ahora revelaba más de lo necesario. Tuvo el impulso de cubrirse pero Menma se adelantó cuando puso encima de sus piernas descubiertas lo que parecía ser un cobertor―. ¿Ahora de quién se trata? ―cuestionó con notable irritación cuando Suigetsu no despistó la desvergonzada mirada que le lanzó al cuerpo de la mujer en su sofá.
―Ya sabe, los de siempre ―mencionó Suigetsu, encogiéndose de hombros―. Sus amigos favoritos.
―No tengo amigos.
―Exacto.
―Suigetsu, recuérdeme por qué no te he aniquilado.
―Porque me aprecia lo suficiente para reconocer mi valor ―contestó con la lengua de fuera el albino, sonriente, como si las palabras crudas del azabache no tuviera el mínimo efecto en él.
―Borra esa sonrisa de culo antes de que te la borre yo mismo con una navaja.
Suigetsu ocultó la dientuda sonrisa detrás de sus manos, un gesto bastante infantil que solo el albino podía hacer en tamaña situación.
Ese tipo tenía suerte de poseer un don útil, estaba seguro que ya lo habría matado desde hace tiempo.
―Está bien, bajaré en cuanto termine de ocuparme de cierto asunto ―dio como respuesta al albino que asintió sin quitarse las manos de la boca―. Reúne a los demás y diles que se mantengan en alerta.
―Hai.
―Ah, Suigetsu ―antes de que el mutante de aspecto parecido al de una piraña, por los dientes afilados que era lo que más resaltaba, Menma lo hizo detener su salida―. Trata de contenerte esta vez. No quiero que el club se vea manchado de sangre, es difícil de limpiar cuando salpica en los rincones más incómodos.
―No prometo nada ―dijo de manera graciosa antes de salir de la habitación exclusiva del azabache.
Al cerrarse la puerta, Hinata enfocó la vista en el villano sin comprender de qué se trató todo eso. ¿Quiénes habían visitado a Menma a ese lugar? ¿Serían aliados o enemigos? Pero sobre todo… ¿A qué se refería con "ocuparse de cierto asunto…"?
―Bien, Hinata, llegó el momento de movernos ―sin miramientos ni avisos Menma la tomó entre sus brazos, colocándola en el hombro con bastante facilidad. Hinata se sonrojó cuando sintió la mano de él muy cerca de sus glúteos―. Este lugar no durará cuando termine con esos bastardos que osaron interrumpir nuestra amena conversación.
―Bájame ―ordenó Hinata pero un dolor en su cuello la hizo gemir por el dolor repentino alrededor de su garganta, como si algo se apretara y le pasara corriente―. P-Pero… ¿Q-Qué fue eso…?
―¿De verdad creíste que el collar que te regalé era tan simple? Hinata, por favor, eres tan ingenua ―el villano rió como si todo aquello le resultaba digno de una comedia―. Te lo dije, ¿no? Es por eso que te aconsejé ponerme atención o esto pasará. Diseñé este collar exclusivamente para ti, no solo evitará que uses tu don sino también te descargará corrientes eléctricas cada vez que te comportes de manera inadecuada.
―Esto es…
―¿Cruel? Sí, definitivamente. Pero también velo como una medida de seguridad para que no escapes de mí.
―De verdad estás enfermo.
―Creí que eso ya lo dejamos claro ―bufó―. Amas que te repita las cosas, ¿no?
―Solo me sorprende tu nivel de maldad…
―Deja de decir esas cosas tan lindas sobre mí, harás que me enamoré de ti.
―Esa nunca será mi…
―Basta de tanta palabrería. Si fuera tú cerraría esa linda boquita tuya, puede que en el viaje puedas pescar un bicho. Eso no sería agradable.
―¿A qué te refieres con…? ―demasiado tarde para hacer preguntas.
La habitación pareció sumirse en un remolino que distorsionó todo. Por un momento pensó que se había vuelto loca o que Menma la había sumido en una especie de ilusión, algo que no dudaba que pudiera ser capaz de realizar; aún desconocía todos los poderes que éste poseía. Tuvo que cerrar los ojos para no marearse y en contra suya se aferró más a la espalda ancha del hombre ante la sensación de vacío que provocaron un zumbido incómodo en sus oídos.
El chasquido de dedos se escuchó otra vez. Hinata abrió los ojos y se halló sorprendida de encontrarse encima de una cómoda cama. Quiso incorporarse pero la sensación de pesadez en su cabeza la obligó a quedarse acostada, mirando aquel techo desconocido que no tenía el aspecto que el de la sala en el club.
Se dio cuenta que ahora podía mover sus manos con total libertad, sin embargo, sus pies se mantenían prisioneros con una especie de soga invisible. Tocó el collar en su cuello, frunciendo el ceño que éste siguiera ahí. Sin embargo, lo que realmente la alertó fue lo ligera que se sentía. Paso las manos sobre su vientre y se topó con la suavidad de la seda que no recordaba en la textura del vestido de esa noche.
―¿Te gusta? Lo escogí solo para ti. Es la pijama que tanto querías comprar hace meses. La que hacía lucir al maniquí como la esposa joven y hermosa del millonario anciano cuya herencia sumaba millones de dólares.
Por un momento pensó que Menma había desaparecido pero ahí estaba, poniéndose de vuelta los guantes de combate que le vio quitarse anteriormente. Frunció el ceño al no recordar el momento en que sus ropas cambiaron pero sabiendo la actitud del hombre no dudaba que éste probablemente la sumió en algún sueño ligero para vestirla como si se tratara de una muñeca.
―Estaba en lo correcto ―la confesión dada por Menma y la textura de la tela que sentía sobre su piel se lo confirmaba― de verdad me has estado acosando.
―No, recopile información, no te acosé.
―E-Es lo mismo…
―No, acosar sería tener miles de fotos tuyas pegadas en mis paredes o poseer pertenencias demasiado intimas tuyas ―explicó Menma, acercándose más a ella, tomando asiendo en la enorme cama, hundiendo el colchón. Pareció como si disfrutara de la vista de una creación divina, una mirada que a Hinata puso nerviosa―. No soy un pervertido ―comentó para que en uno de sus manos apareciera la máscara que lo identificaba como uno de los villanos más peligrosos de todos―. Mis maneras de hacer las cosas son algo ortodoxas pero nunca me rebajaría a hacer algo que… ―Menma no completó la oración, Hinata fue testigo de cómo algo lo hizo detener la frase, incluso notó la mirada perdida de éste sobre sus manos para después resoplar y cambiar de tema―. Como sea ―la sonrisa socarrona volvió―. Disfruta tu estadía, Hinata. Prometo no tardar tanto ―se puso de pie y colocó la máscara sobre su rostro que hizo un clic metálico.
―¿A-A dónde me trajiste?
―A mi escondite personal ―Menma que ahora lucía como Brutal Nightshide ladeó el rostro, como si la respuesta a aquella cuestión fuera demasiado obvia―. ¿No notas la diferencia?
―No puedo moverme ―dio como respuesta.
Él chasqueó los dedos para después darse un golpecito en la frente.
―Cierto ―dijo con la voz diferente a cómo realmente era su tono, quizá uno de los efectos de la máscara que portaba―. Supongo que son los efectos secundarios de la teletransportación. No te preocupes, se te pasará.
―¿Teletransportación?
―Así es ―Menma tronó su cuello y aquel gesto le recordó tanto a Naruto cuando pegaba sus puños para luego lanzarse por los aires para terminar con el caos que unos viles buscapleitos estaban creando en mitad de la ciudad―. Dejamos el club atrás. Aunque debo volver para hacerme cargo de algo. De verdad espero que eso no me mantenga tan ocupado ―de nuevo Menma se acercó a ella, pasando una mano enguantada sobre su cabello.
Esa proximidad la puso en alerta, no podía predecir los movimientos de Menma con certeza ni mucho menos utilizar su habilidad para adivinar qué haría con ella teniendo ese cuello. Dudaba de la veracidad de las palabras de Menma porque era un villano y los malos siempre mienten pero el azabache no tenía motivos por los cuales mentirle a esas alturas. Comprobó que el collar daba corrientes eléctricas, nada le impedía creer que también anulara sus habilidades.
―Mientras estoy fuera, trata de ser un buen Corderito y no ocasiones problemas ―otro chasquido de dedos e Hinata pudo sentir sus tobillos libres―. Dejaré que rondes por el lugar ―la máscara se acercó demasiado a ella y aunque lució disgustada el villano le ignoró―. Después de todo no es como si lograras escapar.
―No me subestimes… ―era lo que podía decir.
Menma rió y se separó de ella sin que pudiera siquiera mantener el duelo de miradas ―aun con la máscara de zorro puesta Hinata no dudaba que aquel par de zafiros umbríos brillaban contentos por su actual estado― tuvo que cerrar los ojos ante los malestares que no la dejaban.
―No lo hago, solo señalo verdades ―mencionó―. Estás demasiado débil como para huir y desorientada. E incluso si llegaras a escapar, sería cuestión de minutos para que dé con tu ubicación. Así que deja tus creativos planes por un lado y dedícate a descansar ―traviesamente acarició la parte inferior de uno de los delicados pies de la mujer que los alejó de su contacto.
Él carcajeó por el gesto.
―Quizá más adelante no sea tan gentil como para permitirte un tiempo a solas.
Hinata ignoró lo que implicaba dicha frase y guardó silencio, esperando que Menma hablara pero ante el inesperado silencio, con apenas fuerza suficiente para elevar la cabeza, pudo observar que el enorme lugar, parecido a una suite y sin muchas decoraciones ―salvo la enorme cama con sábanas negras en la cual se hallaba acostada―, solamente ella se hallaba en el lugar.
Menma había desaparecido.
Notas: Aquí con otra parte de esta historia. Espero que les guste. Gracias por leerme, los favs y los follows. Un perdón enorme por cualquier falta ortográfica, prometo corregirlas cuando tenga tiempo.
Bye, bye.
