Las bestias primigenias y Dedede descendían en una especie de ascensor hacia lo profundo del centro de investigación, situado justo corazón de la isla. Había un silencio tenso en el aire desde que Phoebe había roto fácilmente el sello que les había impedido la entrada, aunque cada uno callaba por diversos motivos.
Phoebe y Morphe estaban claramente incómodos y ansiosos por toda aquella situación. No sabían como iba a ir el rencuentro con el creador de Oneiros. Phoebe quería intentar recuperar a su padre, pero tenía la sensación de aquello era un deseo imposible de cumplir. Morphe agarraba la mano de Phoebe con firmeza, para darle ánimos, pero en su interior estaba tan ansioso como ella. Sólo deseaba que su hermana dejase de sufrir.
Zooey odiaba los edificios que los Astrales habían construido fuera de su propio mundo. Independientemente de su función, pese a su bella y delicada en detalles arquitectura, todos tenían un aire opresivo y se sentían como si no pertenecieran al Reino Celestial, mancillándolo con su mera existencia. Incluso si ella el producto de una de las creaciones de los Astrales, se sentía más vinculada al Reino Celestial y a sus habitantes que a aquellos invasores. En un lugar como ese, se sentía encerrada y como si casi le faltase el aire. No podía esperar a que aquella misión acabase y poder regresar al Grandcypher junto a Yuni, Gran, Djeeta y los demás.
A Dedede, aquella larga bajada en el ascensor le estaba trayendo malos recuerdos. "Ya hemos llegado". Incluso sometido a la voluntad de Fecto Forgo, aquella frase le había dado escalofríos cuando había llevado a Elfilin al Discovera Observatio. Recordó el momento en el que vio a sus Waddle Dees siendo cruelmente utilizados como mano de obra y cómo aquello había dado el último empujón que había necesitado su mente para rebelarse al control mental y recordar todo (su derrota a manos de Kirby y Bandana siendo lo que había hecho comenzara a resistirse al control de la criatura que le había arrebatado sus recuerdos y voluntad). Tampoco es que hubiera servido de mucho, porque tras un breve forcejeo contra Leongar, le habían puesto aquella máscara y había perdido el control de nuevo.
"Pero esta vez no dejaré que nadie me controle" se juró a si mismo. Se lo debía a todos.
Sandalphon estaba incómodo consigo mismo. ¿Por qué habían tenido que recurrir al método de ocultar el aura? Nunca le había gustado esa práctica. Justo antes de entrar, Sandalphon y Zooey habían suprimido su magia con el fin de ocultar su aura y así evitar ser fácilmente detectados por Nightmare. Aquello se hacía muy pesado para las bestias, pues les dejaba en un estado similar al insomnio en los mortales, y contra más tiempo estuvieran así, más agotados física y mentalmente se sentían. Sandalphon no llevaba ni diez minutos y ya estaba harto. ¿Cómo había aguantado esa serpiente dos mil años en aquel estado?
–Odio esto– comentó Sandalphon, rompiendo el silencio para intentar acabar con aquella tensión que acentuaba su incomodidad.
–¿El qué?– preguntó Dedede.
–Tener que esconder mi aura. Es agobiante.
–Tranquilo, Sandalia– le dijo el rey, en un tono comprensivo.– No nos llevará mucho tiempo, ¿verdad?– le preguntó a Phoebe.
–Espero que no...– respondió ella, dubitativamente.
Finalmente, el ascensor se detuvo y sus puertas dieron paso al centro de investigación.
Dedede miraba todo con curiosidad. Las instalaciones contrastaban demasiado con lo que había visto hasta ahora en el Reino Celestial. Tecnología que parecía avanzada pero a la vez antigua, grandes tubos llenos líquidos brillantes extraños, maquinaria que no comprendía... La tecnología de la Tierra Olvidada habría sido abandonada incontables años atrás, pero al menos era reconocible. La tecnología Astral, sin embargo, era algo único y bello a su manera que le tenía totalmente fascinado.
Por eso se quedó parado en seco cuando sus ojos divisaron algo que desentonaba con el entorno. Algo no debería estar ahí, pues definitivamente no pertenecía a aquel mundo.
–Esto es...– comenzó a decir el rey, mientras se acercaba al objeto que había llamado su atención.
–¿Dedede? ¿Qué ocurre?– preguntó Zooey mientras se acercaba al monarca.–¿Has encontrado algo?
El artefacto que Dedede tenía en frente recordaba vagamente un reloj de bolsillo gigante, con piezas mecánicas rotas saliendo por los lados. Estaba cubierto de óxido y agrietado, pero el característico dibujo similar a un sol (terriblemente desgastados) y la cara con rasgos vagamente gatunos (aunque sin ojos) aún eran reconocibles.
–¿Por qué hay un Cometa Nova aquí?– cuestionó Dedede.
Sus compañeros le miraron confundidos. Estaba claro que no sabían de lo que estaba hablando.
–Las Nova son cometas mecánicos– comenzó a exponer el rey de Dreamland.–Cuando se los invoca pueden conceder un deseo. Kirby tuvo un altercado en relación con uno de estos cometas hace unos años. Al principio creíamos que sólo existía uno, pero cuando más tarde Kirby se enfrentó al Súper Ordenador de unos tipos que invadieron nuestro planeta, descubrimos que había otras. Son uno de los muchos artefactos que inventaron los Ancestrales, al igual que la varita estelar.
–Pues este no tiene mucha pinta de ser capaz de conceder algo...– señaló Sandalphon con escepticismo, al observar el lamentable estado del objeto.
–Eso ya lo veo, listillo– replicó Dedede.–Lo que no entiendo es lo que pinta aquí.
–Ya estaba aquí cuando mi padre me creó– informó Phoebe.
–¿Y se encontraba en este estado?– quiso saber Dedede, un poco ansioso. La idea de Nightmare pudiendo usar un artefacto como ese a su antojo, era aterradora.
–Un poco menos oxidado, pero igual de roto– recordó Phoebe. Aquello alivió a Dedede.–Cuando pregunté a mi padre sobre él, me dijo que fue lo que inspiró su "proyecto", pero no me dio más detalles.
–¿Es peligroso?– quiso saber Morphe.
–¿En este estado? Lo dudo– negó Dedede.–Creo que si lo toco se vendrá a abajo. Pero me gustaría saber cómo llegó a este sitio.
–Dado que no tengo conocimientos sobre ese artefacto, debió estrellarse contra la isla antes de que Cosmos fuese creada hace dos mil años. Quizás Nightmare la desenterró mientras construía este sitio– respondió Zooey.
–Supongo, pero el hecho de que esté en tan mal estado no me cuadra... Aggg, ojalá Meta Knight estuviera aquí– deseó Dedede.– Él es el nerd de historia.
–Bueno, si hemos terminado de mirar el cacharro, deberíamos continuar– dijo Sandalphon.– Ese fragmento no se va a recuperar el sólo.
Dedede asintió. Ya pensaría sobre la Nova rota más tarde. Contra más tiempo perdiesen, más probable era que Nightmare descubriera que se habían colado en su base.
El grupo siguió explorando el lugar en busca de alguna señal que les indicase la ubicación de Nightmare o el fragmento de la varita estelar, con cuidado de no ser descubiertos por las bestias demoníacas que lo patrullaban, hasta que Phoebe se detuvo frente a una puerta cerrada.
–Está aquí– dijo Phoebe. Podía sentir el aura de su creador tras esa puerta.
–¿Estás lista?– le preguntó Zooey.
–No, pero debo hacerlo– replicó ella.
–Recuerda gritar la palabra clave si te sientes en peligro– le recordó Dedede. Sandalphon gruñó al recordar la palabra que habían acordado como clave.
Phoebe asintió y abrió la puerta a la sala de las "cunas", donde ella misma había sido creada mil novecientos años atrás.
Le sorprendió encontrar que toda las cunas estaban activas, incubando algo en su interior. En el pasado, su padre había tratado de "manifestar" los sueños en la realidad usándolas, pero había fracasado en su intento. Recordaba que aquellos primeros prototipos tenían formas variadas, algunos siendo incluso adorables. Pero la mayor parte de las bestias que se estaban incubando en aquellas máquinas tenían un aspecto monstruoso y grotesco.
"En teoría, todos estos seres serían mis hermanos..." contempló la bestia, aprensivamente.
Y justo siguiendo en línea recta desde la puerta, distinguió una siniestra silueta. Estaba de espaldas, estudiando con detenimiento un monitor. Se le encogió el corazón. Aquella cosa no se parecía en nada a su padre. Se había transformado en algo irreconocible, pero parte del aura que emitía era indudablemente suya.
Nightmare gruñó molesto al oír pasos detrás de si, y masculló algo que sonaba como una queja con respecto al sello de la entrada. Se giró a comprobar quien había sido el invasor.
Los ojos amarillos de su primera creación le devolvieron la mirada, dejándole petrificado.
–Bienvenido a casa, padre–le dijo Phoebe.
La bestia primigenia, con lágrimas asomándose en sus ojos, se abrazó a la capa de su creador. En el rostro de este, se dibujó una expresión difícil de interpretar. ¿Sorpresa? ¿Disgusto? Pese a eso, este se dejo abrazar, incluso si en ningún momento le devolvió el gesto.
–Ony... ¿Que haces aquí?– le preguntó en un tono que sonaba vagamente gentil, un sonido que llevaba siglos sin escapar de sus labios.
–Sentí que estabas de vuelta y tenia que venir– dijo esta, separándose finalmente.– No ha pasado un sólo día sin que te haya echado de menos.
"¿Y tú? ¿Me has echado de menos a mi? Probablemente no" pensó Phoebe, pero no dijo esas palabras en voz alta.
Nightmare por su parte seguía sin decir nada, aparentemente perdido en pensamientos. Phoebe echó un rápido vistazo con la mirada para tratar de localizar el fragmento de la varita. No tardó en encontrarlo: estaba justo detrás de su creador, en el interior de una cápsula conectado a una máquina. A continuación, se aseguró de que este tuviera la guardia lo bastante baja y que no estuviera mirando hacia la puerta. Cuando se cercioró de que así era, indicó a sus acompañantes que pasasen al interior de la sala con un gesto de su cabeza.
–Tengo muchas preguntas que hacerte. ¿Por que te fuiste? ¿Lo que sucedió fue mi culpa? ¿Hice algo mal?– le preguntó ella, echando a volar todas las cuestiones que le habían atormentado en los últimos siglos.
–No: lo hiciste bien– respondió su creador. Aquellas palabras llenaron de alivio y esperanza el corazón de la bestia.– Gracias a ti, el experimento fue un éxito, aunque inesperado debo admitir.
–¿De verdad no sabías que fuese a funcionar?– quiso saber. Dependiendo de cómo respondiera a esa pregunta, sabría si la abandonó queriendo o si fue un acto inconsciente, aún si eso no explicaba por que no había vuelto a por ella.
–No en ese momento– respondió él.–Nada estaba preparado. Fue todo tan repentino...
Phoebe tomó la mano de aspecto esquéletico de su padre. Estaba inhumanamente fría. Este hizo un gesto extraño, como si la muestra de cariño le quemase, pero no la soltó. ¿Cuándo había sido la última vez que alguien le había mostrado afecto? Phoebe quería pensar que quizás era la soledad lo que lo habría trastornado, ennegreciendo su corazón, cómo le había pasado a ella durante la guerra.
–No pasa nada. Ya estás en casa, que es lo importante– le dijo cariñosamente a la criatura en la que su padre se había transformado.
–Casa...– repitió este. Sonaba cómo si estuviera un poco perdido en sus pensamientos. ¿Estaba recordando el tiempo que habían pasado juntos o estaba maquinando algo?
–¿Qué te pasó? ¿Por qué tienes ese aspecto?
–El cuerpo de los Astrales no está preparado para evolucionar– explicó este, de una manera que ella recordaba muy bien. Siempre se ponía en ese modo "científico" cuando explicaba algo. Al menos en eso no había cambiado, y el saber que al menos una parte de él había permanecido de algún modo la reconfortaba.– La explosión fue resultado del expiremnto teniendo éxito, y por eso mi cuerpo fue destruido. Pero, conseguí salir adelante en esta forma.
–¿Y qué fue de mi hermano?– aquella era otra de las pregunta de la habían carcomido.
–No lo recuerdo– admitió este.– Se perdieron muchas cosas cuando trascendí. Muchos de los recuerdos de cuando era un Astral están dañados o han desaparecido, aunque la mayoría debían ser irrelevantes.
Al oír a su creador llamar a los recuerdos sobre su hermano irrelevantes, una chispa de ira se encendió dentro de Phoebe. "No pierdas la calma. Ya sabías que esto era una posibilidad. Sigue hablándole. Si no consigues hacer que entre en razón, al menos dales tiempo a los demás para que podamos robar ese fragmento" se dijo a si misma.
"El fragmento de la varita que sirve para matarle" recriminó una vocecita en su cabeza, aquella que siempre se ponía en la peor situación. Aquella que seguía llamándose Oneiros.
"No. Tengo que conseguir convencerlo. Sé que la persona que recuerdo está en algún lugar dentro de esta cosa" se replicó si misma, decidida.
"Eso si la persona que recuerdas existió realmente. Igual sólo fue una mentira. Los Astrales que has conocido no han hecho otra cosa que mentirte y utilizarte. ¿Por qué iba a ser él una excepción?"
Phoebe se asomó con disimuló para ver que estaban haciendo sus compañeros. Morphe y los demás, se movían entre las cunas, ocultándose como buenamente podían entre las sombras, siendo Dedede el que más dificultades tenía para esconderse debido a que su tamaño era más voluminoso que el del resto.
–Oye padre... ¿por qué has vuelto?– decidió preguntar, no sólo porque quería mantenerle distraído, sino por qué quería oír la verdad de sus labios.
–Necesitaba usar el laboratorio– respondió Nightmare, simple y llanamente.
–¿No has vuelto por mi?– preguntó ella, un poco apenada.
–Sí, claro... También he vuelto a por ti.
Una sonrisa macabra se dibujo de pronto en el rostro de Nightmare. Su voz ya no sonaba como si estuviera perdido, sino maliciosa y cruel. El ser la agarró del antebrazo con fuerza y la acercó a su cara. Al ver aquello, Zooey apuntó a Nightmare con su rifle desde su posición con la intención de proteger a Phoebe, pero Dedede le detuvo, susurrándole: "prometimos no actuar si no dice la palabra". La situación no parecía tan mala como para saltarse esa promesa.
–Con tu ayuda, mi imperio podrá llegar a ser más grande que nunca– comentó Nightmare.– Incluso si eres una bestia primigenia, tu nunca me traicionarías. Porque tu eres mi hijita del alma, ¿verdad?– preguntó en un tono totalmente manipulador mientras acariciaba la cara de la bestia con un dedo, en un gesto más posesivo que cariñoso.
–Claro...– sobrecogida ante el cambio brusco en su comportamiento, pero sin dejarse engañar por sus palabras.
–Que son esas dudas que siento en tu interior, ¿Ony?– le cuestionó su creador.
–Es que... ¿qué es eso de un imperio? No sé qué pasó después de que aquella explosión nos separase– preguntó, fingiendo a la perfección su desconocimiento acerca de las acciones pasadas del villano, y ocultando sus verdaderos sentimientos en lo profundo de su corazón. Odiaba admitirlo, pero mentir para protegerse a si misma se le daba demasiado bien. Era una habilidad que había desarrollado para sobrevivir durante la guerra.
–Ah, claro. A este mundo aislado no llegaron mis hazañas –respondió Nightmare, mientras volvía a ponerla en suelo.– El universo que se extiende más allá de los límites de nuestra realidad es inmenso y quería tenerlo bajo mi control. Pero esa tarea titánica no se completa de la noche a la mañana.
–Y mientras estabas perdidos en tus ambiciones, ¿no pensaste ni un sólo momento en venir a buscarme?
Intentó ocultar la acusación y la ira con la que había lanzado aquella frase, pero su creador las leyó como un libro abierto. Este cambio, no parecía molesto, sino satisfecho como si fuera exactamente la reacción que esperaba.
–No lo consideré apropiado en aquel momento. Pero claro está que me equivoqué. Habrías sido un activo muy valioso entre mis filas.
–¿Un activo? ¿Es eso lo que soy para ti? Pensé que me querías...– le espetó Phoebe.
–Quizás lo hice. El amor fue una de esas cosas innecesarias que se quedaron atrás– dijo el villano con malicia. Parecía estar jugando con ella.
–¿Qué estás tramando, entonces?
–Necesito reconstruir mi imperio, y para ello voy a aprovechar las heridas abiertas en este mundo por la guerra para cultivar el mayor ejército de bestias demoníacas que jamás se haya visto. Haré que incluso los todopoderosos Astrales teman mi nuevo nombre.
–Esos supuestamente "todopoderosos" Astrales se volvieron a su mundo con el rabo entre las piernas cuando perdieron la guerra– le informó.
–Entonces volveré a mi antiguo mundo una vez termine de dominar el Reino Celestial– rió este.– No será ningún problema. Si perdieron la guerra contra unos míseros mortales, no podrán hacer nada contra mi.
Phoebe calló. El enfado que sentía se hacía más fuerte en su corazón, y ella estaba arrepintiéndose de haber tenido esperanza.
–Ya veo– dijo la bestia finalmente.– No puedo hacerte entrar en razón para que abandones esas absurdas ideas de conquista...
–¿Eh? ¿Entrar en razón? Mi mente nunca ha estado tan clara como ahora que conozco la realidad que se le ha ocultado tanto a los habitantes del Reino Celestial como a los Astrales. ¿Qué te pasa Ony? Creí que querías a tu adorado padre. ¿No vas ayudarme? Creo que disfrutarás mucho de los planes que tengo preparados para ti.
–¿Vas a poner en peligro a la Singularidad?
Odiaba referirse a Gran y Djeeta de esa manera, pero sabía que era el único nombre por la que un Astral como su padre iba a saber de quienes estaba hablando.
–¿Qué tiene que ver la Singularidad en esto? – preguntó Nightmare confuso, pero entonces reparó en algo.– Jaja, ya veo. Incluso una bestia primigenia como tú quiere rebelarse ante la absurdidad de las leyes que rigen nuestros dos mundos, por lo que te has acercado a lo que más posibilidades tiene trastocarlas para siempre– rió.
–No sé que de que estás hablando– negó esta, cada vez más enfadada. Ellos me salvaron cuando más lo necesité y me dieron un nuevo hogar donde sentirme querida.
–Sentimentalismo barato. Me decepcionas– gruñó su creador.– ¿Dónde esta la criatura cruel que disfrutaba torturando a los habitantes del Reino Celestial en sus sueños? No te reconozco.
–¿De verdad te crees que torturaba a esas personas por diversión? ¡Lo hice por ti y tú investigación!– le gritó ella.- Solías ser un hombre de ciencia, no un villano de cuento de hadas con absurdas aspiraciones de conquista. ¡Yo soy la qué no te reconoce!
–Pues claro que no, niña. ¡Soy mucho mejor que la imagen que tienes de mi en tus recuerdos!– proclamó el villano.
Phoebe dejó escapar un bufido. "Que tonta soy" se recriminó a si misma. Debería haber sabido que no iba a poder razonar con él desde el principio. "Todos los astrales son iguales".
–Entonces, tengo claro lo que debo hacer... ¡Chancláfono!– llamó la bestia.
–...¿Qué?– dijo Nightmare, totalmente confundido ante aquel extraño acto.
Confusión que desapareció cuando oyó gritar detrás de sí al actual Arcángel Supremo:
–¡¿Por qué diablos elegimos esa palabra clave tan ridícula?!
La Guardiana del Gran Orden, el Arcángel Supremo y el rey de Dreamland le rodearon rápidamente, con sus armas en alto.
–Eeeh, Nightmare. ¿Me echabas de menos?– saludó Dedede al villano de manera socarrona, mientras sostenía su martillo con firmeza.
Nightmare se giró completamente furioso hacia Phoebe al comprender lo que ella había hecho.
–¡Tú! ¡Has dejado entrar a mis enemigos en mi base! ¡¿Cómo te atreves a traicionar a tu propio creador?! –le gritó con ira mientras le lanzaba un rayo.
–¡Déjala en paz, bellaco!– le exigió Zooey, mientras cubría rápidamente a Phoebe con su escudo y la llevaba junto al resto del grupo.
–¡Toda vuestra maldita especie es traicionera por naturaleza!– bramó Nightmare mientras seguía atacando al escudo de Zooey.– ¡Igual que ese bastardo mentiroso que descubrió cómo crearos!
El rostro de Sandalphon se puso blanco al oír aquello, su expresión contorsionándose en una mueca de disgusto. El ángel empezó a avanzar hacia el villano, amenazante. Zooey trató de detenerle, pero él la apartó bruscamente.
–Tú...¿conoces a Lucilius?– preguntó el arcángel con voz temblorosa, pero no precisamente de temor.
–¿Que si lo conozco? Yo estaba allí cuando Lucifer y Belial, abrieron los ojos.
El villano clavó su mirada en los ojos rojos de Sandalphon, que empezaron a brillar con furia. "Le tengo" se regocijó. Ahora sólo tenía que hacer que se perdiese totalmente en esa furia. Y sabía exactamente lo que tenía que decir.
–Mmm, ¿no había estado Lucifer trabajando en un proyecto por si algo malo le pasaba?– pensó en voz alta, aunque ya hacía tiempo que había deducido que el ángel que tenía ante si era ese proyecto.–Eres tú, ¿verdad? Está claro en quién se inspiró Lucifer para crearte. Al fin y al cabo, tienes los mismos ojos que esa serpiente.
La ira de Sandalphon explotó al oír aquello. Abandonando cualquier uso de razón, e ignorando la llamada de sus compañeros, el ángel desenvaino su espada y se lanzó a por el villano completamente fuera de sí.
–¡NO TE ATREVAS A COMPARARME CON BELIAL!– gritaba con odio mientras golpeaba de forma fútil a Nightmare con su arma. Aquel ser sacaba las peores emociones que contenía en si mismo a la luz, y se deleitaba en ellas.
Una parte de Sandalphon le decía a si mismo que se resistiera a la rabia, que tratase de enfriar su cabeza y pensase con calma, pero la ignoró poseído por ella. Era una ira mucho peor que la que le había llevado a causar los cataclismos. Sus compañeros lo miraban con temor y tristeza.
–Dime, ¿tuviste tu más suerte que Belial y el bueno de Lucifer sí compartía su afecto por ti?– preguntó Nightmare con maldad, recordando aquel, en su opinión, obsesivo, asqueroso y no recíproco amor que Belial había sentido hacia Lucilius.–En ese caso, debió de dolerte mucho más su muerte. Pero hay más, ¿verdad? La culpa que hay en tu corazón se debe a que eres la razón por la que ya no está con nosotros.
–¡Cállate!– le volvió a gritar Sandalphon, cada vez más furioso. Sus malos recuerdos de épocas pasadas volviendo a su mente con fuerza, y nublando más su razonamiento.
–¡Detente, Sandalphon! ¡No le escuches!– le advirtió Dedede con un grito una vez se dio cuenta de lo que le estaba intentando hacer Nightmare.– ¡Sólo está intentando meterse en tu cabeza!
–¡Mantente fuera de esto!– replicó este, empujando a él y los demás hacia atrás usando el poder del viento, como una señal de que no se atrevieran a interrumpirle.
Entonces, durante un segundo, Sandalphon volvió en si. El ángel se dio cuenta de lo que acababa de hacer: había atacado a sus compañeros. Nightmare aprovechó para agarrar al ángel una vez más y procedió a electrocutarle con un ataque mágico mientras le susurraba:
–Este es tu verdadero yo: una bestia que se deja llevar tanto por la ira que se vuelve en contra de las personas que aprecia. Eres un peligro para todos, pequeño ángel. El mundo estará mejor sin ti.
Aquellas palabras hicieron que Sandalphon perdiese el control de nuevo. Nightmare lanzó al ángel al suelo con fuerza, el golpe resonando en toda la sala. Antes de que sus compañeros corrieran a socorrerle, Nightmare utilizó un hechizo para hacer aparecer una lanza hecha de energía oscura y apuntó con ella al pecho del ángel tendido en el suelo, justo donde estaba su núcleo.
–Me retracto de lo que dije la otra noche. No eres un sucesor lamentable: eres un sucesor indigno. No mereces la vida que Lucifer te dio– le dijo antes de liberar el ataque sobre él, dispuesto a ejecutarle.
Sandalphon no podía hacer otra cosa que gritar, su mente totalmente consumida por la ira. Pero antes de que lanza hecha de oscuridad atravesara su cuerpo, algo le envistió con fuerza, apartándolo del hechizo del villano y haciéndole rodar. Lo siguiente que procesó fue el grito de dolor de Dedede.
Aquello le hizo despertar de su trance. Junto a él, el autoproclamado rey de Dreamland estaba intentando levantarse del suelo, dolorido, mientras se llevaba la mano a su costado. Su abrigo se estaba manchando de sangre. Nightmare se apresuró para atacarles a los dos, pero Zooey rápidamente se interpuso entre ellos y el villano, cubriéndoles con su escudo. El único motivo por el que ella no había acudido a detener la lanza, era porque Dedede se le había adelantado a una velocidad asombrosa.
–Dedede, ¿estás loco? ¡Ese ataque podría haberte matado!– exclamó el ángel consternado, mientras lo ayudaba a levantarse y usaba su débil magia sanadora. No le curaría del todo, pero al menos haría que dejase de sangrar.
–Je, me alegra tener de vuelta– dijo el rey, dolorido pero alegre.– Nos tenías preocupados.
–¿En qué estabas pensando?– le preguntó Sandalphon.
–Bueno, tu evitaste que cayese al fondo del cielo y ayer recibiste el ataque de esa bestia por mi. Ya iba siendo hora de que yo hiciese algo por ti– replicó el rey, aún con esa sonrisa orgullosa tan característica de él pese a estar herido.
Sandalphon se maldijo a si mismo: su rabia casi había vuelto a provocar la muerte de una persona. El ángel miró al rey y se arrepintió de haber dudado de él. A pesar de su comportamiento un tanto irritante, Dedede un verdadero héroe.
Fue entones cuando escucharon algo romperse tras ellos. Morphe, quien había estado escondido todo ese tiempo, había aprovechado la situación para acercarse a la máquina que contenía el fragmento de la varita y, tras romper la cápsula que lo guardaba, lo había agarrado.
Nightmare se giró violentamente hacia la fuente del ruido. Phoebe se apresuró a agarrar a su hermano por el pijama y arrastrarlo hacia donde estaban el resto, justo a tiempo para evitar que Nightmare se abalanzara sobre él.
–¡Lo tenemos!¡Vámonos!– gritó Morphe mientras corría hacia la puerta junto a su hermana.
Sandalphon levantó a Dedede y comenzó a correr hacia la puerta tras ellos, mientras Zooey los cubría de los proyectiles mágicos que disparaba Nightmare. El villano había enfurecido al darse cuenta que todo aquello había sido una estratagema para que sus enemigos pudieran hacerse con el fragmento de la varita.
Sin embargo, tuvieron que detenerse en seco cuando dos bestias demoníacas les cerraron el paso.
Y eso no era todo: a su alrededor, las cunas comenzaron a brillar. Las bestias demoníacas de su interior despertaron, la sala llenándose de ojos de diferentes colores que miraban a los lados confundidos.
–¡Atacad!
Aunque Nightmare no había tenido tiempo para anular la voluntad de las bestia recién despertadas, estas estaban por instinto inclinadas a obedecer a su creador. Aunque algunas se preguntaban "¿por qué?", ninguna desobedeció la orden y se lanzaron a por el grupo.
Mas Zooey estaba preparada para tal eventualidad. Ya hacía rato que había absorbido de vuelta a Dyrn y Lyrn, por lo que podía recuperar su forma completa. La guardiana del Gran Orden invocó a sus "alas de la pacificadora" y se fusionó con ellas.
–De todas las cosas raras que he visto en mi vida, una chica centauro-dragón entra de lleno en el top 10– comentó Dedede, asombrado al ver la transformación de Zooey.
Y es que ahora la parte inferior del cuerpo de Zooey, quien se había vuelto más grande, era la de un dragón de aspecto metálico de colores blanco y dorado, contrastando de una bella manera con la piel morena de la bestia. Las patas del dragón eran largas y delgadas, recordando a las de un caballo pero acabas en garras finas y afiladas como cuchillos. De sus hombros, salían dos pares de alas de plumas azuladas, la zona de los huesos cubierta por una coraza de duras escamas del mismo color.
Sólo con la energía liberada por la transformación de Zooey, las bestias demoníacas más cercanas fueron destruidas, volviendo a su forma de cristal. Pero aún así, había decenas de ellas alrededor, y más seguían despertando. No había forma de destruirlas a todas sin que la isla sufriese daños y ella lo sabía. Pero había adoptado esa forma para luchar.
–¡Subid!– ordenó la guardiana.
Si no para que ella y sus compañeros pudiesen escapar.
Phoebe ayudó rápidamente a Morphe a subir al lomo de Zooey, quien despachaba con rápidos tajos lúminicos a las bestias demoníacas que osaban acercarse demasiado. Mientras Sandalphon subía a Dedede, Phoebe lanzó una mirada de desprecio al que había sido su creador. Se negaba a seguir reconociéndolo como padre.
Este por su parte lanzó un hechizo en forma de humo negro hacia donde estaban sus enemigos y el tratando de escapar. Una expresión de horror se dibujó en el rostro de Phoebe al reconocer que era eso. Sabía que ni el poder cósmico de Zooey los protegería de aquella maldición onírica.
–Lo siento, Morphe: voy a tener que romper mi promesa– se disculpó rápidamente a su hermano, quién la miró con horror al adivinar lo que pretendía. Intentó detenerla agarrándolas, pero su pijama se le escurrió entre los dedos.
Phoebe alzó su mano hacia el humo, absorbiéndolo en su interior. Inmediatamente, su cuerpo se desplomó en el suelo. Sandalphon no se detuvo ni a pensar en lo que acababa de ocurrir: instintivamente, la recogió con rapidez y, protegiéndola entre sus brazos, subió a Zooey.
Una vez todos estaban sobre ella, Zooey cubrió su cuerpo y el de sus compañeros con una barrera protectora y se lanzó hacia el techo a gran velocidad, abriendo un agujero que le permitió volar hasta superficie de la isla.
–¡Tras ellos!– oyeron ordenar a Nightmare a sus bestias mientras se marchaban volando.
Nightmare por su parte, se limitó a observar como sus enemigos se alejaban en la oscuridad de la noche, huyendo de las bestias demoníacas que volaban en su persecución. No se iba a molestar en perseguirlos él mismo: les dejaría tener aquella victoria amarga. Él tenía asuntos más importantes que atender. Debía reparar los daños que la huida de Zooey había provocado en su base lo más rápido posible: su ejército aún no estaba terminado.
Pero antes que eso, tenía que ocuparse personalmente de cierta traidora que acababa de atrapar en el mundo onírico.
