Interludio I: Un poco de intervención divina

Sentado en el botalón que salía de la proa del Grandcypher, Meta Knight observaba el mar de nubes, vigilante.

El sol se había ocultado ya hacia un rato y un manto de estrellas cubría la bóveda celeste del Reino Celestial. Se preguntó si alguno de esas lejanas estrellas y planetas distantes sería Pop Star, aunque lo dudaba: aquel mundo parecía estar muy lejos de cualquier planeta que había conocido. ¿Estarían él y sus compañeros si quiera en el mismo universo que su planeta? No tenía forma de saberlo.

Kirby estaba en cubierta, mirando las estrellas con una bestia primigenia llamada Yuni, la cual nombraba las constelaciones que habían sido bautizadas por los habitantes del Reino Celestial. Mientras la niña las señalaba, Kirby miraba al cielo fascinado. El caballero le había dicho al joven héroe que no se acostase tarde y que tratase de descansar, pero este parecía esta receloso de ello. Meta Knight compendía sus motivos, incluso si el pequeño no los dijo en voz alta: Kirby odiaba las pesadillas y no tenía muchas ganas de pasar otra noche plagada de ellas.

Meta Knight se envolvió en su capa y dirigió sus pensamientos hacia el causante de los terribles sueños que estaban asediando ese mundo. Pese haber pasado casi gran parte de su vida luchando contra ese villano y sus creaciones (además de otras fuerzas del mal), verdaderamente no sabía nada del pasado de Nightmare. Ahora resultaba que había un mundo entero de criaturas tan poderosas y con ansias de conquista como él. La idea era escalofriante en sí.

"Pero algo no me cuadra. Si esa especie posee tanto poder, ¿cómo es que sólo han intentado expandirse a este mundo en vez de lanzarse a una conquista intergaláctica?"

Por la manera en la que los dragones hablaban del Reino Celestial, este parecía ser un mundo inestable. Si a eso se le sumaba que la superficie era inhabitable, la cantidad de recursos naturales de los que disponía el planeta era muy limitada, al menos en comparación con otros. Por ese motivo, dudaba que los Astrales hubiesen estado detrás de dichos recursos. Pero en ese caso, ¿por qué habían conquistado el Reino Celestial? ¿Qué tenía de especial)

–No deberías estar aquí, guerrero de las estrellas.

Meta Knight se giró sobre saltado al oír aquella voz detrás suya. ¿Como había bajado tanto la guardia tanto como para no haber detectado que alguien se aproximaba?

La persona o ser que había hablado parecía ser una chica joven, no mucho más mayor que Gran y Djeeta, aunque más bajita que los gemelos. Su pelo dorado brillaba impecable pese a la oscuridad e la noche, y sus grandes ojos rojos le miraban con intensidad. Llevaba algo en la boca, como un bozal o un ¿chupete? Su vestimenta, un largo vestido negro, ondeaba con el viento.

Había algo sobrenatural en el ser, alguna clase fuerza arcaica contenida tras sus ojos. Algo que se sentía más antiguo que los dragones. Y esas palabras que le había dicho...¿acaso este ser era otro detractor de que Kirby y él estuvieran en aquel mundo y había venido a expulsarle?

–Se supone que es mi turno de vigilar el cielo y estás en mi sitio favorito– continuó el ser, en un tono más molesto que furioso, como si aquello fuera solo un pequeño inconveniente. Meta Knight parpadeó, perplejo ante el tono casual de la criatura.

–Oh, disculpe...– comenzó a disculparse el caballero.

–Shalem. Aunque si deseas tratarme con devoción y respeto, puedes llamarme "Madame Shalem"– le interrumpió el ser, adivinando que no sabía como referirse a ella.

–Madame Shalem, ¿qué hace alguien tan distinguida como usted haciendo las veces de vigía?- le preguntó Meta Knight con curiosidad en un tono de respeto.

–Me gustas: tú si que sabes como tratar a alguien de mi estatus– comentó Shalem, adulada por la actitud respetuosa del caballero.– Normalmente no estaría haciendo una tarea tan mundana, pero la tripulación no está pasando por su mejor momento y los capitanes me han pedido que cubra este puesto como un favor personal. Ya me cobraré ese favor más tarde – siguió ella, poniendo un tono juguetón.

Meta Knight prefería no imaginar que clase de cobro iba a pedir una criatura como Shalem por su servicio a los gemelos, sobre todo después de usar ese tono.

–Por otro lado, tú deberías volver dentro y descansar. O me tomaré el hecho de que estés aquí como una falta de confianza hacia mis facultades y, por lo tanto, como una ofensa– le dijo en un tono que sonaba vagamente amenazador.

El caballero interpretó aquello como una señal de que debía marcharse de allí. "Creo que ya he cumplido mi cupo de enfadar a seres ancestrales de este reino con ese dragón. Mejor no enemistarme con ninguno más".

–Le cedo la vigilancia de buena manera, Madame. Un placer conocerla –se despidió el caballero con una reverencia, antes de abrir sus alas.

–El placer ha sido mio–respondió ella educadamente.–Que tu descanso sea bendecido, guerrero de las estrellas.

Shalem observó como el caballero volvía volando a a la cubierta del Grandcypher. Cuando pasaron unos segundos desde que se fuera el caballero, sintió una presencia a su lado. No necesitaba girarse para saber quién era: el otro Orador del Dios que había creado aquel mundo.

–Entonces, ¿cuál es tú opinión, Sahar?– preguntó en voz alta al recién llegado, el Orador del Amanecer, mientras seguía mirando el horizonte.

Junto a ella, ahora estaba sentado quien parecía ser un apuesto hombre joven de pelo blanco y ojos azules, ataviado con una armadura ligera negra con la pechera dorada, dos pequeñas y redondeadas alas saliendo de su espalda.

–¿Sobre la Singularidad de la Tierra de Ensueño y sus acompañantes?– respondió el recién llegado.– Personalmente, no creo que pongan en peligro la integridad de este mundo. Es más: el Reino Celestial, ahora mismo, les necesita. Creo que nuestro Señor estaría de acuerdo conmigo.

–Interesante. Así que tu opinión es justo la contraria al dragón de la luz– comentó Shalem, girándose hacia él.– Bueno, él discrepa de la visión de nuestro Maestro demasiado a menudo. Esos seis son como niños malcriados...

–¿Y tú? ¿Qué opinas como inquisidora y Oradora del Crepúsculo?– quiso saber Sahar.

–¿Acaso importa lo que opine? Mi única labor es llevar a cabo la inquisición y expurgación en favor del diseño divino. Lo que piense no tiene impacto alguno sobre lo que tengo que hacer– replicó su compañera, cruzándose de brazos.– Suficiente hemos hecho evitando que esos fragmentos cayesen al fondo del cielo, a pesar de que juramos hace milenios no intervenir entre los conflictos entre los Astrales y los habitantes del Reino Celestial.

–Esta situación no es tan diferente a las que provocaron nuestras réplicas Astrales en tiempos recientes. Si nos hubiéramos mantenido al margen, esos fragmentos habrían atravesado la barrera que lleva al Otherworld y provocado una catástrofe– replicó este.– Nuestro Señor no hubiera querido eso. Además, ¿es correcto seguir considerando un Astral a esa criatura?

Shalem contempló las palabras que había dicho su compañero. Era irónico que las réplicas de aquellos que estaban más cerca del Omnipotente hubiesen sido las criaturas que más cerca habían estado de destrozar su obra.

Lucilius y Beelzebub probablemente habían sido los enemigos más terribles que la Singularidad y el Arcángel Supremo se habían enfrentado. Sin la intervención de los Oradores, ambos Astrales habrían tenido éxito en su tarea de liberar el Caos en el mundo (el primero para destruir la creación, el segundo para controlarla) pese haber caído en combate. ¿Era Nightmare verdaderamente una amenaza a la altura de las réplicas divinas?

–Supongo que tienes razón– cedió Shalem finalmente.– Pero, puestos a intervenir, ¿no hubiera sido más fácil entregárselos directamente y ya? En este punto, aún no saben ni como localizarlos– repuso Shalem.

–La llave para encontrar los fragmentos ya está en manos de la chica celeste: no tardará en darse cuenta de que tiene que hacer– expuso Sahar.–Por otra parte, los lazos que unen a la Singularidad, los protectores de nuestro mundo y los héroes de las estrellas deben hacerse más fuertes si desean tener éxito en su empresa contra esa criatura.

Shalem lanzó una mirada inquisidora a su compañero. Sabía que estaba ocultando algo tras esa sonrisa de diversión.

–Además, ¿qué clase de relato aburrido le da a sus héroes lo que necesitan sin más? –reveló Sahar sus pensamientos mientra se encogía de hombros.– En toda obra de teatro de aventuras que se precie, siempre hay una batalla que ganar o misterio que resolver para que los protagonistas consigan el tesoro.

–Tú y tus analogías con ese entretenimiento de mortales– le echó en cara ella.– "Lucio, el actor"... no sé, no creo que me termine de convencer esa identidad tuya para caminar entre ellos.

–Yo creo que es apropiada. ¿Acaso no somos todos actores en la maravillosa obra escrita por el Omnipotente?– replicó Sahar, aún con esa sonrisa en el rostro.

Shalem suspiró profundamente, un tanto exasperada.

–A veces, no sé si haces esto por nuestro Maestro o porque te entretiene– le restregó.

–¿Qué tiene de malo hacer las dos cosas? – replicó el con una risilla.– Vivimos tiempos interesantes, Shalem. Por fin, llegan vientos de cambio al Reino Celestial. Y esas criaturas que han llegado de más allá de nuestras estrellas, lo harán todo más interesante.

–La nueva era de evolución, traída de las manos de la Singularidad del Reino Celestial– apuntó ella.–Ahora bien, ¿será bajo los diseños del Omnipotente, o entraremos en un nuevo orden?

–Eso solo depende de ellos– sentenció Sahar, pensando en Gran, Djeeta, Vyrn y Lyria.– Nosotros nos limitaremos a observar y a transmitir los designios de nuestro Señor, a menos que se cierna otra catástrofe irreversible. Aunque si nos piden nuestra ayuda en alguna de sus aventuras, yo desde luego no se la negaré.

Shalem le dirigió una mirada acusadora. "¿Les prestarías tu ayuda incluso si decidieran ir en contra de nuestro Maestro?" estaba tentada de preguntarle, pero no llegó a pronunciar esa pregunta en voz alta, pues no estaba segura de sí quería oír la respuesta. De hecho, ni si quiera sabía que respondería ella misma a esa pregunta. "Señor, ¿qué me está haciendo está época tan extraña?"

–Todo sea por el bien de Su obra– dictaminó Shalem.

–Todo sea por proteger este mundo– decretó Sahar.

En ese momento, una mariposa decorada con los colores del atardecer se acercó volando a ellos. Shalem extendió su mano hacia el delicado insecto y la criatura se posó en su dedo, recibiéndola como si fuese una vieja amiga aunque técnicamente se acababan de conocer hacía dos noches.

–¿Y qué hay de ti, que al igual que yo eres un hijo del crepúsculo? ¿Has decidido ya tu papel en la historia? ¿Pondrás tu poder al servicio de los predestinados protectores de este mundo o te convertirás en una prueba más que deben superar?


"Oye, si el mundo de Granblue Fantasy está compuesto por islas flotantes... ¿lo más probable no es que los fragmentos de la varita acabasen en la superficie?"

Sí, lo es. Y si eso hubiese ocurrido la victoria de Nightmare habría sido automática, así que tenía que hacer que sí o sí los fragmentos acabasen en alguna isla. Pero no quería que fuera por un golpe de suerte, así que decidir echar mano de dos personajes del mundo de Grablue Fantasy con el poder de intervenir en ese tipo de situaciones. Así que no fue suerte, pero sí intervención divina lol