Cuando ocurre algo que tiene una probabilidad tan baja de suceder que tendrías que vivir mil vidas para verlo hacerse realidad, se le llama milagro.
Y un milagro era lo que Sandalphon siempre había considerado un reencuentro con Lucifer bajo el cielo azul que este tanto había amado. Uno en el que nunca s ehabía atrevido a creer debido a lo implausible que era. Los riesgos que debían tomarse para si quiera tratar de recuperar los robados cuerpo y núcleo del anterior arcángel supremo, la cantidad de poder necesaria para rasgar la realidad de tal manera que se pudiese traer de vuelta un alma al mundo de los vivos sin que esta quedase atrapada en la forma de un espíritu y las leyes de la casualidad que debían romperse era demasiado para si quiera planteárselo. Ni si quiera con la Singularidad de su lado, se podría a llevar a cabo tan titánica tarea sin pagar un elevado coste a cambio. O eso era lo que siempre había creido.
De esa forma, Sandalphon había abandonado cualquier esperanza de volver a ver a Lucifer con vida. Para no perseguir inutilmente un milagro incierto, el actual Arcángel Supremo se había convencido a su mismo que su reunión con Lucifer tendría lugar sólo cuando su vida llegase a su final.
Pero entonces ese milagro le miró a la cara.
Sin dar crédito a lo que veían sus ojos Sandalphon avanzó con rapidez hacia la figura de Lucifer temeroso de que se desvaneciese en cualquier momento, como un sueño efímero.
–Me alegra volver a verte, Sandalphon– dijo el anterior Arcángel Supremo.
Sandalphon no respondió en un primer momento. En su lugar, estiró su brazo hacia su predecesor y colocó su mano en la pechera metálica de este. Era sólida. También podía sentir su aura con claridad.
–Lucifer...¿cómo es posible?– le preguntó mientras retiraba su mano.
–La brecha dimensional abierta por Nightmare ha debilitado el límite que separa la existencia de la no existencia. Eso me ha permitido manifestarme aquí, en respuesta a tus deseos– respondió Lucifer en aquel tono solemne que siempre acompañaba a sus palabras.
Aquello tenía sentido. Según Dedede, el propio Nightmare había vuelto a la vida, ¿pero acaso estaba el villano vivo para empezar? Sandalphon sacudió su cabeza. No era el momento de pensar en Nightmare. Debía centrarse en Lucifer, que le miraba con esos ojos azules que tanto había añorado.
Ojos que parecían más apagados que de costumbre. ¿No sonaban sus palabras también más frías y distantes de lo que deberían? ¿Dónde estaba esa calidez especial con la que le hablaba a él? ¿Dónde estaba su sonrisa?
–¿Estás bien?– le preguntó Lucifer, preocupado.
–No es nada.- No te preocupes– replicó Sandalphon, un poco receloso. ¿No debería ser ese momento más féliz?
–Dísculpame si estoy actuando de manera poco apropiada para este reencuentro– dijo Lucifer, como si le hubiera leído la mente.– Aún no me he habituado a tener cuerpo de nuevo, asi que no puedo expresar mis emociones de manera natural. Mas te aseguro que la alegría que llena mi corazón en este momento no puede ser explicada con palabras.
Esa era una explicación razonable, pero aún así Sandalphon no podía quitarse de encima la sensación de que algo estaba mal.
Una parte de Sandalphon de verdad quería creer que Lucifer había vuelto. Pero él sabía que no merecía ese milagro. Aunque sus sentidos le dijesen que lo que estaba viendo era real, aunque su mente quisiese creer que él estaba allí, el vínculo que unía su corazón con el de Lucifer era lo único en lo que necesitaba creer. Y ese vínculo sólo le transmitía una verdad: Lucifer estaba en el jardín, creyendo en la promesa de que volvería.
Y caer ante ese falso milagro, desprovisto de amor, sería traicionar esa promesa.
En ese instante, Sandalphon sintió como si una niebla en el interior de su mente se hubiese despejado. Sin mediar palabra, el ángel hizo aparecer su espada y atravesó con ella la pierna derecha de Lucifer, quien dejó escapar un grito de dolor. Una expresión de horror se dibujo en el rostro del anterior Arcángel Supremo, traicionando lo que había dicho sobre no ser capaz de expresar emociones.
–¡Sandalphon, ¿por qué me atacas?!– preguntó Lucifer, el temor ante el súbito ataque presente en su voz.
–Cómo te atreves a usar su imagen para intentar engañarme– le gruñó como respuesta.
El Arcángel Supremo tiró a su predecesor al suelo con una rápida patada, aunque una parte de si mismo estuviese dolida de tener que herir a alguien tan parecido a Lucifer. Antes de que el ser pudiese reaccionar, Sandalphon arrancó su espada, ahora manchada de un viscoso líquido que brillaba en la oscuridad de la noche, y la puso a la altura de donde debía estar el núcleo.
–Sandalphon, ¿qué te ocurre? ¿Sigues afectado por el poder de Nightmare? Soy yo de verdad. La persona a la que tanto has extrañado. La persona que más atesoras...
–Deja de mentir– exigió este, conteniendo su rabia.– ¿Crees que no me iba a dar cuenta? Tú sólo eres un engaño, una ilusión. Te ha creado Nightmare, ¿verdad?
–Sandalphon, no sé de que estás hablando. No me mates, por favor- le rogó la criatura.
Sandalphon dejó escapar una risa seca al oír esas palabras.
–El verdadero Lucifer nunca rogaría por su vida. Así que deja de mancillar su memoria con tu penosa actuación– le exigió a quien cada vez tenía más claro que era un impostor.
–¿Por qué haces esto?
–¡Porque no eres él!– le gritó, cansado de que la bestia siguiera actuando.– ¡Esto ni si quiera es sangre!– añadió señalando con su mano libre a la herida que le había hecho, de la cual seguía brotando aquel extraño líquido que resbalaba por la pierna de la criatura y fluía lentamente desde la arena hacia el mar.
–Eso es debido a...– comenzó a decir este mientras clavaba sus ojos en los de Sandalphon, pero pronto calló como si estuviera tratando de pensar en que decir a continuación.– Mierda, no se me ocurre ninguna excusa– admitió finalmente, y aunque usaba la voz de Lucifer, su forma frustrada de hablar era impropia de Lucifer.
– Eh, vigila tu lenguaje cuando lleves ese rostro– le riñó el ángel.– Palabras soeces como esa nunca saldrían de la boca de Lucifer. Así que regresa a tu forma original, si la tienes, o guarda silencio.
El falso Lucifer se quedó cayado unos instantes, mirando intensamente a Sandalphon. El ángel pudo reparar entonces en que los ojos azules que tantoapreciaba habían sido sustituidos por dos irises de color plateado que mostraban una mirada genuinamente nerviosa.
– ¿Cómo has sabido que no era él? – preguntó el ser, aún con voz temblorosa.
–Puede que seas capaz de copiar su cuerpo y su aura, pero jamás podrás imitar su corazón y su alma– le respondió el ángel a la bestia.– Ni en mil años un ser cómo tú podría entender los sentimientos de Lucifer, menos aún replicarlos.
– Además, esa excusa que pusiste a tu falta de emoción era exactamente lo que yo quería escuchar en ese instante. Debes estar usando algún truco para leer mi mente– inquirió Sandalphon.
-Así que ya sabes lo qué soy, ¿verdad?
–Por supuesto. Eres una bestia demoníaca, aunque ignoro por qué Nightmare te ha creado para copiar a Lucifer. Seguramente sólo lo ha hecho para atormentar más, ¿o acaso me equivoco?
–No te daré respuesta alguna. Eres el enemigo de mi creador. Diga lo que diga, vas a matarme- dijo la criatura, como si hubiese aceptado que ese era su destino.
Sandalphon se quedó mirando a la criatura perplejo. ¿Matarle? Quizás el ser no sabía que las criaturas cómo él regresaban a su forma de núcleo cuando su cuerpo era dañado o destruido. Si los métodos para matar a las bestias primigenias podían contarse con los dedos de una mano, ¿no debería aplicarse lo mismo a las bestias demoníacas incluso si estás eran más débiles, o acaso eran también más frágiles?
Fuera como fuese, parecía que el miedo con el que había rogado antes no había sido una actuación, por lo que Sandalphon le aseguró con un tono conciliador:
–No te arrebataré la vida.
Aquellas palabras hicieron que la bestia demoníaca soltase una carcajada seca, impidiendo que Sandalphon se siguiera explicando.
-¿Incluso si ahora mismo mi único propósito es eliminaros a ti y a tus compañeros?– le preguntó la bestia.– Permíteme dudar de tus palabras.
Sandalphon no dijo nada: estaba claro que ese ser no se fiaba de él, aunque el sentimiento era mutuo. Siempre existía la posibilidad de que la bestia demoníaca siguiera con su actuación. Su parte más racional le decía que lo lógico sería acabar con la forma física de aquel ser en ese momento y librarse de un problema. Pero, aún así, había algo en él que le estaba haciendo dudar. Al fin y al cabo, esa era la primera oportunidad que había tenido de hablar con una. Es más: ni si quiera sabía que estas eran capaces de hablar. Por cómo las había descrito Dedede, Sandalphon había considera que las bestias demoníacas no eran más que monstruos creados siguiendo las mismas directrices que Lucilius había usado para las bestias primigenias, aunque esa bestia le había demostrado lo contrario. Quizás no fueran tan diferentes después de todo.
– ¿Y si te dijera que no tienes que servir a Nightmare?– le ofreció finalmente el ángel, para estudiar su reacción.– ¿No quieres ser libre? Podemos ayudarte.
–Una pesadilla no puede soñar con la libertad– rechazó la criatura.– A parte de para servir a nuestro creador, los míos y yo fuimos creados extender el miedo y la desesperanza. No podemos convivir con nadie.
"Todas las bestias nacen atadas a su propósito" pensó Sandalphon mientras suspiraba con amargura, muchas preguntas asaltando su mente mientras examinaba a la criatura que mantenía bajo su espada. Esta movía los ojos de un lado a otro, nerviosamente. ¿Estaba planeando algo?
Antes de que Sandalphon pudiese pensar en cómo debía proceder, oyó fuertes pisadas dirigiéndose a gran velocidad a donde estaban, un sonido que ningún habitante del Reino Celestial podía provocar. Se giró con rapidez hacia la fuente del ruido, separando su espada del cuerpo de la bestia demoníaca, para alzarla contra el recién llegado.
Le recibió de cara un cangrejo gigante alzando sus pinzas de manera violenta.
–Estas de coña... ¡¿Por qué es tan oportuna la maldita fauna de esta isla?!– gritó enfadado mientras se defendía de las arremetidas de la criatura.
Aprovechando aquello, la bestia demoníaca no dudo ni un segundo en escabullirse y perderse entre la niebla.
–¡Vuelve aquí, maldito impostor!– le gritó Sandalphon al verle, mientras trataba de salir corriendo tras él, mas fue detenido por una de las pinzas del cangrejo.– ¡No tengo tiempo de lidiar contigo!– le dijo al monstruo marino.
Sandalphon saltó en el aire y, poniendo toda su fuerza en su espada, cortó a la criatura por la mitad, la cual comenzó a disiparse en partículas de luz. Pero eso no tenía sentido: los monstruos de Auguste eran criaturas físicas, y, de hecho, cangrejos como ese se consideraban un manjar difícil de cazar.
El ángel miró hacia el suelo en el lugar donde la criatura se estaba disipando. Era más de ese extraño líquido. No, no era más: debía ser exactamente la misma cantidad que la bestia demoníaca había perdido de la herida que le había hecho. Ese condenado había usado aquella sustancia que sustituía su sangre para crear una ilusión y aprovechar para huir.
–Maldición... ¿dónde se habrá metido?– se preguntó a si mismo. No tardó en darse cuenta de cual podría ser el posible destino de la criatura. Al fin y al cabo, esta le había dejado bien claro su propósito.
Inmediatamente, Sandalphon comenzó a correr hacia la cabaña, temeroso de que la bestia demoníaca fuese a atacar a sus compañeros. Cuando llegó, le recibieron los gritos de Dedede, como confirmando sus peores sospechas. El ángel entró por la puerta espada en alto, dispuesto a enfrentarse a la bestia demoníaca.
Pero en lugar de la criatura que usaba el rostro de Lucifer, lo que le recibió fue Zooey, tratando de contener su risa y un muy molesto Morphe mirando hacia el cuarto de baño.
–¿Ocurre algo Sandalphon?– le preguntó Zooey al recién llegado, notando que este estaba alterado.
–Pensaba que os estaban atacando...– respondió Sandalphon, calmándose al intuir, dada la postura relajada de Zooey, que los gritos de Dedede no se debían precisamente a que este estuviese luchando contra esa bestia.– ¿Qué le pasa ahora?
–Dedede no podía dormir, así que fue a darse ducha para despejarse- Parece que no le agrada la temperatura del agua– respondió Morphe.
–¡EN SHIVER STAR EL AGUA ESTABA MENOS FRÍA Y ESO QUE ERA UN PLANETA CONGELADO!– les llegó el grito del rey.
–Sé que no debería, pero me hace gracia cómo exagera– comentó Zooey.– Sobre todo teniendo en cuenta que es un pingüino.
–Y yo que me había preocupado– dijo Sandalphon, mientras se llevaba su mano libre a la sien. Acto seguido, guardó su espada.– El Rey de Dreamland... el Rey del Drama deberían llamarle.
A los pocos segundos, Dedede salió del cuarto de baño, ataviado en un albornoz y tiritando de frío.
–Sé que estamos aquí en plan gratis, pero pienso ponerle una reclamación al dueño de este sitio: alguien tiene que decirle que lo de esa ducha no es normal... ¡Y no se puede tener a la clientela en esas condiciones!– clamó el rey mientra se sentaba en la cama.
–Bueno, dejando de lado los problemas de Dedede con la ducha, ha ocurrido algo que tengo que compartir con vosotros– anunció Sandalphon. Sus acompañantes le miraron con curiosidad:– hay una bestia demoníaca en Auguste, y no es como las demás.
– – –
Zooey apartó la mirada del mar tras recapitular todo lo que había acontecido durante la noche, sin dejar de pensar en lo que Sandalphon les había contado, mientras que Lyrn y Dyrn dormitaban junto a ella.
Una bestia demoníaca con la apariencia de Lucifer. Zooey no podía creer que Nightmare se hubiese atrevido a profanar una figura tan importante para el Reino Celestial. Ella nunca había conocido al anterior arcángel supremo en persona, pero sabía que una manifestación de Cosmos y él habían mantenido una buena amistad durante un tiempo y se habían hecho una promesa: Lucifer juzgaría a Cosmos si ella se convertía en un obstáculo para la evolución del mundo. Lamentablemente, él nunca había podido cumplir esa promesa tras su asesinato. Al final, quien había llevado a cabo el juicio final y posterior ejecución de Cosmos, y por lo tanto cumplido la promesa de Lucifer, había sido ella, acompañada por la Singularidad.
Parecía mentira que apenas hubiesen pasado unas semanas después de aquello. En cierto modo, había matado no sólo a su creadora, sino a una parte de si misma. Gracias a que se le había permitido tener su propio corazón, Zooey se había vuelto una criatura independiente, ¿pero se había convertido tamnbién en un ser incompleto al destruir el sistema de arbitraje que le había dado propósito? Aún no lo entendía. Aún no sabía que hacer con esa libertad, aparte de contentarse sabiendo que ahora el juicio lo haría su corazón y no la voluntad impuesta por aquellos que crearon a Cosmos. Y sabía que Yuni se encontraba exactamente en la misma situación, aunque agravada por el hecho de tener un forma a la que no estaba acostumbrada. Zooey sabía actuar como una habitante del Reino Celestial y había desarrollado gustos y aficiones por su cuenta. Yuni ni si quiera sabía por donde empezar.
"Espero que se encuentre bien" deseó pensando en la que vendría a ser su hermana pequeña. Aunque sabía que estaba en buenas manos, no podía evitar preocuparse por ella.
Y en cuanto a la tercera manifestación de Cosmos que seguía existiendo... bueno, nadie había sabido nada de él después del juicio final. Él consideraba a la tripulación del Grandcypher como enemigos y despreciaba a los habitantes del Reino Celestial y los Astrales por igual debido al cruel trato que habían recibido de ellos ( y aún recibían en algunos lugares) las bestias primigenias. Pese a esto, ella rezaba por su bienestar y porque nunca descubriese la existencia de las bestias demoníacas, que no eran más que herramientas y productos para su creador.
Zooey sacudió su cabeza. De nada servía ponerse a pensar en ese momento en el futuro o en el pasado: tenía que centrarse en el presente y en esa bestia demoníaca a la fuga.
En esos momentos, Sandalphon, Meg y algunos guardias estaban investigando la isla a fondo en busca de aquella criatura, mientras que ella cuidaba del cuerpo de Phoebe. En un rato, ella y el ángel cambiarían sus labores, pero hasta entonces solo le quedaba esperar.
En ese momento, Dedede salió de la cabaña acompañado por Morphe. El rey parecía haberse despertado no hace mucho después de haber pasado una noche nefasta. Debía haber sufrido bastante en sus sueños, pues no había parado de gemir y gritar "lo siento" cada vez que dormía. Zooey había tenido que despertarlo en varias ocasiones para sacarle de aquellas pesadillas y asegurarle de que todo estaba bien, aunque había optado por no preguntarle al monarca que era lo que había visto en aquellas pesadillas.
Fuera como fuese, la llegada del día parecía haber acabado con los temores nocturnos de Dedede, quien charlaba ahora animadamente con Morphe.
–Ojála fuese más fuerte- oyó decir a Morphe.- Siento que soy un completo inútil sin mi hermana. No tengo poderes, no soy fuerte... lo único que se me da bien es hacer té, pero ¿de qué sirve eso contra un Astral convertido en villano intergaláctico?
Zooey iba decir unas palabras para levantar el ánimo de Morphe, pero Dedede se le adelantó. El Rey le puso una mano en el hombro al niño para tranquilizarle y le dedicó una cálida sonrisa antes de decirle:
–Me recuerdas a alguien que conozco bien. Al igual que tú, él no tiene ningún poder especial o un destino importante. ¿Pero sabes lo que tiene? Mucha valentía, un corazón fuerte y una determinación de hierro.
El rey sonrió al pensar en lo mucho que había crecido Bandana Dee desde aquella aventura para recuperar los fragmentos del cristal de Ripple Star. En aquel entonces, el pequeño Waddle Dee había dudado de si mismo, al igual que estaba haciendo Morphe en aquel instante. Sin embargo, Dedede nunca había dudado de su valía, aunque sí que le había subestimado en varias ocasiones que habían acabado en una lección aprendida a las malas para el monarca. Además, sabía que tanto Kirby como Meta Knight estaban de acuerdo con él en que Bandana era alguien irremplazable.
Y hablando de esos dos: durante un segundo le había parecido notarlos a su lado, pero esa sensación había desaparecido tan rápido como había llegado. Dedede decidiói que Debía haberlo imaginado y decidió continuar su conversación con Morphe.
–Aunque empezó siendo el más débil de nosotros, para cuando Kirby fundó los Star Allies, Bandana Dee ya se había convertido en uno de los guerreros más poderosos de Dreamland. Y veo en ti el mismo espíritu que veo en él. Estoy seguro de que también crecerás para convertirte en alguien muy fuerte. Pero no bastará con sólo desearlo, tienes que trabajar para lograrlo.
–Pero, ¿cómo puedo hacer eso? ¿Me encierro en una biblioteca a estudiar y no salgo de ella hasta ser un gran mago, o me pongo a levantar peso hasta no poder más para mejorar mi fuerza física?– preguntó Morphe, un poco perdido.
–Quita, quita. Eso no funcionará– le detuvo Dedede.– Esas cosas llevan su tiempo por lo que debes ser paciente. Antes de empezar debes estudiar donde está tu límite para ir superándolo poco a poco. Un sobreesfuerzo podría tener consecuencias nefastas– le advirtió.– Y siendo una "manifestación" de una bestia, no sé como puede reaccionar tu cuerpo. Quizás te quedes tan esmirriado como Dyrn.
Aquellas palabras despertaron al aludido. El pequeño dragón se abalanzó sobre el monarca a gran velocidad y le mordió en el trasero, Dedede dando un gran brinco debido a la inesperada punzada de dolor. Zooey se apresuró en arrancar a Dyrn del cuerpo del monarca, llevándose por delante un trozo del bañador de Dedede.
–¡Te has pasado tres pueblos, lagartija!– le gritó un enfadado Dedede al dragoncillo, quien se mostraba orgulloso con el trozo de bañador de Dedede en la boca.
Aquella situación hizo que una sonrisa de diversión se dibujara en el rostro de Morphe. Seguro que su hermana habría estallado en carcajadas al ver esa escena...
"No te preocupes Phoebe: te traeremos vuelta" le prometió mentalmente mientras miraba al interior de la cabaña, deseando que sus palabras de algún modo llegasen a ella en el plano onírico.
– – –
Para cuando el Grandcypher llegó a Auguste, ya era media tarde. Habían partido inmediatamente después de que Kikuri hubiese localizado a Dedede y habían conseguido recortar tiempo gracias a los vientos favorables que había convocado Tiamat.
Kirby estaba asomado por la cubierta, mirando con sombro la peculiar isla que se extendía bajo el barco junto a Gran y Vyrn. Era como un anillo de pequeñas islas, con una enorme masa de agua cerca del centro rodeada por playas de arenas blancas y bosques tropicales. Había tres partes de isla que le llamaban la atención en especial: una zona de corales tan grandes que sus formas podrían apreciarse pese a la distancia, una enorme cascada que brotaba de la cima de una montaña con forma de cuernos y una ciudad que parecía estar construida en diferentes alturas. Si Kirby hubiera sabido algo de geología, se habría dado cuenta en seguida de que de ninguna manera aquella isla se había formado de manera natural.
–Oooh, ¡que bonito es todo, poyo!– exclamó el héroe de Dreamland.– ¿De verdad este es el único lugar con playas que existe en este mundo?– le preguntó a Gran, quien asintió.– ¡Tiene que ser un sitio muy popular!
–Lo era, pero en los últimos años ha caído un poco– dijo el capitán.
–¿Y eso?
–Digamos que Auguste debe tener alguna clase de maldición o algo que hace que cuando llega el verano siempre ocurra algo raro– respondió Vyrn.– Salvo en una ocasión, todas las veces que hemos venido a la isla durante esa estación hemos tenido problemas. Peces gigantes, anguilas mutantes, tiburones... El año pasado hubo hasta zombis.
–Aunque al final nosotros siempre conseguimos salvar el día y disfrutar de las vacaciones, a la gente normal ya le da un poco de miedo venir por aquí– siguió Gran.
–Vaya, espero que no pase nada mientras Dedede esté en la isla– comentó Kirby, preocupado.
–Tranquilo, aún quedan unas semanas para el verano, así que no debería pasar nada– le dijo Gran.– Además, una amiga nuestra está aquí para tomar medidas preventivas.
–Y para pasar tiempo con su futura esposa, que no se te olvide– se metió en la conversación Djeeta, quien acababa de llegar acompañada por Lyria.
–¡Ni si quiera son pareja aún de manera oficial, Djeeta!– exclamó su compañera, como reprendiéndole por ese cotilleo.
–Tú lo has dicho: aún. Pero yo creo que Mari ha dejado muy claras sus intenciones de tener un futuro junto a Meg– replicó la capitana con una sonrisa traviesa.
–Pasas demasiado tiempo cerca de Fediel: se te está pegando la manía de emparejar a la gente– le echó en cara Gran, exasperado.
–¿Acaso tu no crees que esas dos están a dos veranos más de pedirse en matrimonio?– le preguntó su hermana pícaramente. Como respuesta, Gran se limitó a sacudir la cabeza,como diciendo "no tiene remedio".- Venga ya, si Mari está hasta ahorrando para comprar una casa donde vivir las dos juntas. Y cómo podemos ignorar aquel momento durante el apocalipsis zombie cuando...
–Eh, quieta ahí. ¡Eso es su vida privada!– le detuvo Vyrn. El dragón señaló a Kirby, quien los miraba confuso, antes de añadir:- no deberías cotillear delante de un niño pequeño. Estás dando mal ejemplo.
–Cierto. Perdón– se disculpó la capitana. –En fin, no tardaremos mucho en desembarcar, así que prepárate– le dijo a Kirby.– Con un poco de suerte, no tardaremos en encontrar a quienes hemos venido a buscar.
–Vale, poyo– respondió este con alegría. Estaba deseando reencontrarse con Dedede.
Apenas unos minutos más tarde, el Grandcypher aterrizaba en el puerto de la ciudad de Auguste. Después de acordar que partirían a la mañana siguiente (salvo que la salida se retrasase por algún imprevisto), algunos de los tripulantes aprovecharon para bajar del barco para aprovisionarse o simplemente estirar las piernas, en un intento de aparentar normalidad pese a las pesadillas que seguían cebándose con ellos cada noche.
Pero lo que estaba lejos de la normalidad era la propia ciudad. Aunque no fuese verano, y por lo tanto era normal no encontrarse grandes aglomeraciones de turistas, debería de haberles recibido una ciudad bulliciosa llena de pescadores vendiendo productos frescos y personas yendo de un lado para otro envueltas en sus quehaceres diarios. Sin embargo, sólo encontraron calles casi desérticas, en las que las únicas señales de vida eran los pasos apresurados de varios guardias patrullando.
Aquello había dejado a Gran, Djeeta, Lyria y Vyrn completamente consternados mientras avanzaban. Kirby caminaba al lado de ellos, contemplando todo con curiosidad: nunca había visitado una ciudad tan grande como aquella sin que esta fuese un montón de ruinas. De pronto la bola rosada sintió como si algo le estuviese observando con demasiada intensidad. Se giró, pero lo único que vio fue un callejón vacío. "Eso ha sido raro" pensó el pequeño.
–¿Qué está pasando aquí?– preguntó Lyria, asustada.
–Perdonen. ¿Pueden decirnos dónde está todo el mundo?– preguntó Djeeta acercándose rápidamente a dos guardias cercanos.
–¿No se han enterado? Hay una criatura peligrosa suelta por la ciudad– les informó uno de los guardias.– Deben volver a su barco hasta que la situación este controlada...– continuó diciendo, pero entonces su mirada se posó en Kirby– ¡¿Qué es esa cosa?!– gritó mientras sacaba su espada.
–Espera, recluta – le detuvo su superior.– Estos son los capitanes del Grandcypher, seguro que podrán ayudarnos. Ve a buscar a la señorita Bluemarine, no debe andar muy lejos– ordenó.
–¡Sí, señor!
El guardia se marchó corriendo de su puesto.
–Lo siento, es nuevo en esto. Soy el capitán Cobalt. Como os ha dicho mi asustadizo compañero, estamos ayudando al Arcángel Supremo y sus acompañantes a localizar a dicho monstruo y proteger la ciudad.
Aquello terminaba de confirmar que efectivamente Sandalphon estaba en la isla. Y no era difícil deducir que el monstruo del que el guardia estaba hablando debía ser una bestia demoníaca. Sandalphon no pediría que la ciudad se fortificase de ser cualquier criatura nativa del Reino Celestial.
–Gracias por la información– dijo Gran.– Os ayudaremos en todo lo que podamos.
–Disculpe, ¿ha oído hablar de alguien llamado Dedede?– le preguntó Kirby al guardia.
–Lo siento, no me suena ese nombre– le respondió este. Luego se giró a Gran y Djeeta y les preguntó.– ¿Quién es esta pequeña criatura?
–Es Kirby, una bestia primigenia de las muchas que nos prestan su ayuda– mintió Djeeta rápidamente.– Estamos buscando a otra bestia amiga suya.
–Vaya, jamás habría imaginado que un Astral fuese capaz de crear algo tan adorable.– comentó Cobalt entre risas.– A mi hija le encantaría.
–¡Gran! ¡Djeeta! ¡Lyria! ¡Vyrn!– oyeron a alguien llamar en la distancia.
Gran y Djeeta se giraron hacia el lugar de donde provenía la voz. Una chica de pelo magenta acompañada por un pequeño tiburón había llegado corriendo a recibirles, seguida por un agotado Harold. La recién llegada indicó rápidamente a los guardias que ella se ocuparía de todo, así que se retiraron. El pequeño tiburón se acercó a Kirby, hizo un gesto como si le olisqueara e inmediatamente empezó a frotarse contra él de manera alegre, haciéndole cosquillas.
–¡Meg! ¡Nos alegra mucho verte!– la saludó Lyria.
–Más me alegra veros a vosotros– respondió esta de manera genuina.– Parece que os llegó la carta antes de lo previsto. E intuyo que este es el Kirby del que tanto habla ese pingüino azul quejica.. Parece que le caes bien a Úrsula– añadió sonriendo al joven.
Al oír eso, Kirby, dejó de jugar un momento con el tiburón y le preguntó a Meg:
–¿Conoces a Dedede?
–Un poco– respondió ella.– Ayudé a Sandalphon y Zooey a curar su herida, y durante el día he pasado un par de veces por ahí para ver como estaban.
–Espera, Meg, ¿qué has dicho de una carta?– reparó Vyrn de pronto.
–Sandalphon os envió una carta esta mañana explicando todo– les informó.– ¿No os ha llegado?– los capitanes negaron con la cabeza.– Entonces, ¿cómo habéis sabido que teníais que venir aquí?
Vyrn apenas tardó unos segundos en ponerla al corriente de la situación.
–Y aquí estamos– terminó de decir Vyrn.
–Vosotros siempre un paso por delante– rió la joven guerrera.– Seguidme, os llevaré a donde están refugiados. Creo que ahora mismo Sandalphon está montando guardia por allí mientras Zooey vigila la ciudad.
–¿Y cómo está Morphe? ¿ Phoebe está con ellos también?– quiso saber Djeeta.
–Morphe está relativamente bien, pero a Phoebe le alcanzó una maldición de ese tipo que está provocando las pesadillas y se ha quedado atrapada en el plano onírico– respondió Meg, con una expresión sombría.
–Oh no...– exclamó Lyria, su temor por la seguridad de la niña, siendo compartida por sus acompañantes.– Espero que esté bien. Sé que ella tiene control sobre los sueños, pero también Nightmare.
–Tenemos que confiar en ella hasta que encontremos la forma de ayudarla– trató de tranquilizarla Gran, tomándola de la mano.
–Mmm... igual Meta sabe algo sobre como romper esa maldición, poyo– sugirió Kirby.– Le preguntaremos cuando nos reunamos con él.
–¿Cómo es que el Arándano Dramático sabe tantas cosas sobre ese tipo?– quiso saber Vyrn.
–Ni idea. Todo lo que sé es que llevaba luchando contra sus creaciones desde mucho antes de que yo llegase a Pop Star, e incluso puede que desde antes de mi nacimiento, poyo– respondió la bolita tras hacer memoria.
Meg comenzó a guiar a sus cinco acompañantes hacia la playa, mientras Kirby seguía jugando con Úrsula. Por el camino, Djeeta le preguntó a Meg sobre se "relación" con Mari, quien empezó a charlar animadamente de su "amiga". Su conversación fue bien hasta que en un momento la capitana hizo un comentario algo inapropiado, provocando que Meg se pusiera colorada.
Finalmente, llegaron a la playa. Kirby se quedó mirando al hermoso mar embobado, imaginándose lo divertido que sería darse un chapuzón. Pero rápidamente salió de su ensoñación. ¡ No tenía tiempo para nadar! ¡Debía encontrar a Dedede!
Fue entonces cuando el héroe de Dreamland distinguió una silueta familiar no muy lejos de allí, y salió corriendo. Sus compañeros no tardaron en seguirle hacia un pingüino azul vestido con un abrigo rojo.
–¡Dedede!– gritó Kirby con alegría. Dedede no tuvo ni tiempo a sorprenderse antes de que le saltase encima.
–¡Kirby!– exclamó este con una sonrisa mientras se dejaba abrazar por el pequeñín.– No sabes lo feliz que me hace verte de nuevo, pequeña amenaza – rió mientras la frotaba la cabeza.– ¿Estos son tus nuevos amigos?– le preguntó el rey señalando al grupo que se acababa de unir a ellos.
–Sí. ¡Van a ayudarnos a derrotar a Nightmare, poyo!– le aseguró el pequeño a su amigo y rival.
–¿Estos piltrafas?– replicó el monarca, mirando con dudas al grupo.– No sé, Nightmare es un enemigo poderoso y no cualquiera puede hacerle frente.
–¿Me llamas piltrafa pese a lo de anoche? Menudos modales– exclamó Meg.– ¿Y qué haces tan lejos de la cabaña? ¿No te estabas recuperando?
Una expresión de nerviosismo se dibujó unos segundos en el rostro de Dedede, pero desapareció en seguida. Pese a su brevedad, a Kirby no le pasó desapercibida.
–Para alguien tan fuerte como yo, todos sois unos piltrafas hasta que me demostréis lo contrario. Además, ¿No puedo salir a dar un paseo sólo porque me apetece?– le preguntó este de vuelta.– Sé valerme por mi mismo, chica.
–Kirby, ¿este es de verdad tu amigo?– le preguntó Vyrn a la bolita.– Por cómo hablabas de él, no pensaba que fuese tan prepotente.
–Le gusta mucho presumir, pero de verdad que es buena persona– le prometió la bolita al dragón, antes de girarse hacia su rival.
Dedede seguía mirando al grupo de una manera extraña, como si no quisiese que estuvieran ahí. Kirby no pudo evita preguntarse que le pasaba al monarca. Había algo raro en él y su manera de actuar, pero no sabía decir el qué.
–Eh, Kirby. ¿Podemos hablar un momento en privado?– le pidió Dedede, sacándole de sus pensamientos.– Tengo que hablar contigo sobre cosas de héroes de Dreamland.
–¿Y por qué no pueden venir ellos?– preguntó Kirby, extrañado.
–Es para prepararles una sorpresa– le susurró el pingüino, agachándose a su nivel.
–Oooh– respondió la bolita con ilusión.– Vale, iré contigo.
Antes de que nadie pudiese detenerlo, Dedede agarró a Kirby y comenzó a llevárselo a rastras hacia una zona arbolada cercana a la playa.
–¡Esperad un momento!– exclamó Meg.
–¡Tranquilos, poyo! ¡Volveré enseguida!– tranquilizó Kirby a sus amigos con un grito mientras Dedede se lo llevaba.
Una vez ambos amigos estaban a solas, rodeados de la vegetación tropical de Auguste, la actitud de Dedede pareció suavizarse.
–Menos mal que ya estamos solos...– suspiró aliviado el pingüino.– Siento mucho mi actitud de antes, pero necesitaba quería apartarte de esa gente– le reveló el monarca.
–¿Eh? ¿Por qué?
–No me fio de esos cuatro. He oído rumores un poco perturbadores acerca de ellos– respondió con severidad.
–Dedede, ¡esos rumores tienen que ser mentira!– replicó Kirby, un poco ofendido porque Dedede dudase de sus nuevos amigos.– Ni si quiera Meta tiene motivos para desconfiar de ellos y ya sabes cómo es.
El pingüino retrocedió un poco y clavó su mirada en la de Kirby, mientras parecía pensar en algo. A los pocos segundos respondió:
–Es que después de lo de Magolor me cuesta un poco creer en la gente de otros mundos– dijo Dedede finalmente.– Y mi experiencia en la Tierra Olvidada tampoco ayuda...
–Por favor, para– le pidió de pronto Kirby a su amigo. Este le miró, confundido.– No sé quién eres, que pretendes y cómo sabes tanto acerca de él, pero por favor: deja de imitarle.
Dedede tragó saliva.
–¿De qué estás hablando Kirby? Soy yo, Dedede. El Rey de Dreamland. Tu rival predestinado y tu mejor amigo...– empezó a decir con nerviosismo.
Kirby suspiró lastimosamente antes de responderle:
–Imitas tan bien a Dedede que incluso pones la misma cara cuando está de farol, poyo. Además, aunque Dedede sea un poco creído nunca se portaría tan mal con alguien que le ha ayudado tanto como Meg.
–Es sólo que esa chica me irrita mucho– se excusó este.– Por ayudarme sin que me lo pidiera se cree que puede tratarme como una princesa en apuros. ¡Puedo apañarmelas solito!
–¿Cómo te ayudó Meg?
Aquella pregunta pilló de sopetón a Dedede, quien cada vez se mostraba más nervioso.
–¿Eh? Eso no tiene importancia– replicó este.– No le pedí mi ayuda, así que no le debo nada.
–No lo sabes, ¿verdad?. Ni si quiera parecías reconocer a Meg. A parte, sé que has viajado con la hermana de Yuni, y dudo que ella te haya hablado mal de Gran, Djeeta, Lyria y Vyrn.
–Mierda...– gruñó Dedede.
–¡Eh! ¡Ahora sí que ya no puedes afirmar que eres él! ¡Dedede nunca dice palabra malsonantes delante de mi o los Waddle Dees!– le reprochó la bolita.
De pronto una especie de tentáculo de una extraña textura brotó de la espalda de Dedede. Antes de que Kirby pudiese si quiera preguntarse qué era esa cosa, el tentáculo le golpeó a gran velocidad como si fuese un látigo y lo estampó contra un árbol.
Kirby sacudió su cuerpecito y miró hacia arriba, enfadado con el ser que le había golpeado a traición y se estaba haciendo pasar por una de las personas que más apreciaba. El obviamente falso Dedede, cuyos ojos se habían vuelto plateados, se había acercado a él y levantaba su martillo de forma amenazante. No había ni rastro del tentáculo.
– Tienes razón: no soy Dedede. Soy una bestia demoníaca que le ha poseído– le reveló este con malicia.– ¡Y esta vez darle una paliza a tu querido amigo no bastará para salvarle! ¡Tengo completo control de su cuerpo y...!
Las palabras de la bestia demoníaca fueron cortadas cuando algo le cayó encima y le aplastó con fuerza contra el suelo.
–¡Te encontré, farsante!– dijo la figura que había caído del cielo a la bestia que mantenía bajo sus pies.
Aunque su típico abrigo rojo y quimono habían sido sustituidos por un albornoz y un bañador, Kirby no tenía ninguna duda de quién era el ser que tenía delante. El héroe de Dreamland gritó con ilusión:
– ¡Dedede!
