N/A: logre recurar el documento! No saben cuan feliz estoy, aquí les traigo la continuación del capítulo anterior…
Traigan pañuelos
ADVERTENCIA: este capítulo cuenta con contenido violento, violaciones, sufrimiento.
Se recomienda discreción.
Capítulo 16
"…"
-papi- escucho que lo llamaban.
Abrió sus ojos con pereza, no queriendo despertar. Aun así, lo hiso.
"hábitos que desarrollas cuando eres padre" pensó
-papi- lo volvió a llamar.
-estoy despierto- respondió con voz apagada, sin despegar la cabeza de su almohada- ¿Qué sucede, jirafita?
-agua…
-¿tienes sed?- pregunto, esta vez, levantándose.
Su pequeña solo asintió, mostrándole su vasito, completamente vacío.
Había olvidado llenárselo antes de ir a dormir.
Miro el reloj sobre su buró, marcaba las 5:47 a.m. Suspiro- ya voy, princesa- abandono la suavidad de su cama, y camino hacia la cocina, siendo seguido por la pequeña.
Encendió las luces, para evitar un accidente. Llego a la cocina y tomo el vasito que le extendía su hija. Abrió la puerta del frigorífico, y extrajo una jarra de este. No estaba muy fría, mas bien, estaba fresca, y eso, para ambos, era excelente.
Una vez que había vertido un poco del liquido en el vaso de su pequeña, se lo entrego cuidadosamente en sus manitas, y procedió a sacar también un vaso para él, servirse un poco de agua y beberla.
Que refrescante.
Bajo la mirada, encontrándose con los ojos turquesa de su pequeña, quien terminaba de beber de su vasito- listo- anuncio con una sonrisa.
También sonrió, recibiendo el plástico que su hija le extendía, para dejarlo sobre la encimera. Ya lavaría ambos vasos en la mañana… o bueno, más tarde.
Aun tenia mucho sueño, lo mejor era volver a la cama.
Bien, princesa…- la tomo entre sus brazos, y la sentó sobre su brazo- volvamos a dormir- mas tarde debía llevarla a la escuelita, no quería llevarla con ojeras.
-papi.
-¿Qué sucede?
-está llorando…
-¿Quién llora?- pregunto confundido. Noto que su pequeña miraba hacia el balcón, así que volteo, y se dio cuenta, de que gotas de lluvia, caían sobre el vidrio- ah, ya entiendo. No, Rion, el cielo no esta llorando, solo es lluvia- dicho esto continuo el camino hacia su habitación. Dormiría con su hija el tiempo restante.
Rion continúo mirando hacia el balcón, pero no miraba la lluvia.
Era algo más.
-están llorando…- susurro.
Su padre no la escucho.
…
Extraños sonidos.
Lentamente abrió sus ojitos, tenía mucho sueño, pero, aun así, se levantó. Con mucha pereza, logro quedar sentado, sus cobijitas quedaron sobre su regazo, bostezo. Froto sus ojitos con sus pequeñas manos, y miro a su alrededor. Las figuritas de su lamparita captaron su atención, las miraba con aburrimiento, sin verdadero interés.
Tenía mucho sueño, ¿Por qué se había despertado?
Cierto, los sonidos.
La curiosidad fue más fuerte que su cansancio, aún podía escuchar esos extraños sonidos, y no muy lejos de su cuarto. Aparto las cobijas de sus piernitas, no se molestó en ponerse sus pantuflas, así que fue descalzo.
Tomo la perilla de la puerta y la abrió despacio, no quería despertar a su mamá y que lo regañara por andar despierto tan tarde, sobre todo descalzo.
Una vez fuera de su habitación, presto más atención a lo que oía y de donde provenía.
Eran unas ¿respiraciones? No estaba seguro, sonaban muy extrañas, como si alguien estuviese cansado, pero al mismo tiempo, como si intentara ocultarlo.
¿de dónde venía?
Escuchó algo más, y esta vez, pudo reconocerlo.
Un golpe.
Se dio cuenta de que no venían de muy lejos, al contrario, estaban más cerca de lo que imagino.
El cuarto de su madre.
Estaba confundido, ¿Qué estaba haciendo su mamá? ¿Por qué hacia esos sonidos extraños?
La curiosidad era grande.
Se acerco a la puerta, se levantó sobre las puntas de sus pies y tomo la perilla, intento girarla, pero se encontró con que tenía puesto el seguro. Que extraño, su mamá nunca cerraba con seguro su puerta.
Intento nuevamente, pero era en vano, la puerta no cedería, ¿Qué haría? Quería saber que estaba haciendo su madre.
Entonces lo recordó.
Su armario.
Cierto, su armario tenía una pequeña puerta que conectaba al cuarto de su mamá.
Corrió de vuelta a su habitación.
Quería saber que ocurría ahí adentro.
…
¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿minutos? ¿horas? No lo sabía.
¿Cuándo acabaría esta pesadilla?
Era como un deja vu, pero al mismo tiempo no, pues era como un sueño, una pesadilla, esa primera vez. No lo recordaba, pero sabía que había pasado.
Que era real.
Dolía, su intimidad dolía, ardía.
Nuevamente, le estaban quitado su virginidad, esta vez, una falsa, pero más dolorosa, que la primera.
Pues ahora, estaba despierta.
Y más consciente que nunca.
Podía sentirlo, ese sujeto entre sus piernas, metiendo, sacando, con rudeza, su asqueroso pene dentro de ella. Podía sentir como la sangre, seguramente con algo de su repugnante semen, salían de su intimidad profanada.
No tenía idea de cuantas veces ya habían acabado dentro de ella, cuantas veces la habían golpeado, cuantas veces la habían ahorcado, cuantas veces la obligaron a chupar, a masturbar.
No tenía idea, tan solo quería que ya acabara.
¿Cómo había llegado a esto? ¿Por qué no lo vio venir antes?
Que estúpida.
Sentía asco, tanto, pero tanto asco.
¿Cómo podría siquiera volver a ver a su hijo a los ojos? ¿Cómo podría volver a abrazarlo?
¿Cómo podía, siquiera imaginar, que aun tendría el derecho a tocarlo? Estaba sucia.
Pero estaba tranquila, dentro de todo su dolor, dentro de toda su rabia, de su frustración… se sentía tranquila, aliviada.
Su hijo estaba a salvo.
Estos hombres no le harían nada a su petit, si ella continuaba así, nada le pasaría.
Solo tenía que aguantar.
-oh demonios- escucho al hombre sobre ella, sintiendo como nuevamente, era llenada por aquel asqueroso liquido- que estrecha eres, primor.
-aún no puedo creer que era virgen- comento el otro, el primero… no, el segundo, en profanarla- tal vez nos equivocamos, amigo. El niño de al lado solo es su hermano menor.
-no me puede importar menos ese maldito mocoso, Yoshida. En cuanto acabemos con ella, me encargare de dejarle un buen recuerdo en la cara a ese niño.
Escuchar eso solo provoco que reaccionara, acepto que hicieran con ella lo que quisiesen, pero no permitiría que le tocaran un solo cabello a su petit. No los dejaría.
Comenzó a sacudirse, intentando romper el lazo con el que le habían amarrado las muñecas, mordía con fuerza la mordaza, esa que le pusieron, cuando mordió con fuerza el pene de uno. intentaba desgarrarla con los dientes, pero solo ocasiono que, nuevamente, la golpearan.
-QUEDATE QUIETA, MALDITA PERRA- hablo entre dientes, intentando no gritar muy fuerte, para no despertar al niño. Levanto la mano, y con fuerza, la estrello contra la mejilla izquierda de la chica, logrando voltearle la cara.
No conforme con eso, cerro la mano en un puño, y este impacto en el costado izquierdo del cuerpo femenino, logrando así, inmovilizarla de nuevo.
-veo que te gusta que te maltraten, ¿no es así? Pequeña zorra- ambos hombres comenzaron a reírse, mientras comenzaban a estrujar sus senos, a pellizcar, morder sus pezones, con una fuerza agonizante. Dolía, dolía muchísimo, y ellos solo se reían, se burlaban, de su dolor.
Los ojos le picaban, mas no lloraría. No lo haría. Aun cuando su alma se quebrará con cada penetración, aun cuando lastimaran aun mas su cuerpo, aun cuando le dijeran esas palabras, no lloraría.
No derramaría ni una lagrima.
Escucho un suspiro- cambiémosla de posición, Ritch, quiero cogérmela como la perra que es.
Desamarraron el lazo que la conectaba con la cama, y sin ningún tipo de delicadeza, la tomaron por el cabello y la arrojaron contra el piso.
Mas dolor, ¿Cuándo acabaría esa tortura?
Podía sentir como la sangre salía de su boca- producto del golpe que había recibido- y se impregnada en la mordaza, dificultándole, aún más, el respirar.
-vamos, levanta ese maravilloso culo y ofrécete como la perra que eres- dicho esto, el tal Yoshida la tomo de las caderas, y de un solo movimiento, levantaba su parte trasera, hasta estar apoyada sobre sus rodillas, con el busto contra piso, las manos aun atadas frente a ella, mirando en dirección a su armario.
Nuevamente sintió como ese sujeto la penetraba, nuevamente sintió esas agujas atravesarla en su vientre, y más sangre, recorriendo sus muslos.
-vamos, no seas aburrida, MUEVETE, HAZ UN RUIDO, ALGO- le exigió.
Pero no obtendrían nada mas de ella, no, claro que no.
Aun cuando le arrebataran su dignidad, aun cuando pisotearan su orgullo, no se rendiría. Ya había salido una vez de esta, lo volvería a hacer, no importaba cuanto se tardará, cuanto tiempo volviesen a sanar sus heridas, ella debía permanecer fuerte.
Por su petit.
Tenia que permanecer fuerte, por él.
Pensar en su pequeño, eso era lo único, que la mantenía aun de pie.
-mierda, no puedo resistirlo- el sujeto frente a ella, la tomo bruscamente del cabello, y la obligo a levantarse, hasta quedar apoyada sobre sus manos, fuertemente amarradas. Las penetraciones no cesaron en ningún momento, la mordaza fue retirada de su boca, y el hombre se acercó a su rostro, sin siquiera llegar a soltar su cabello, lastimando su cuero cabelludo- si te atreves a morderme de nuevo, prometo que traeré la cabeza de ese mocoso a esta habitación, ¿entendiste?
El miedo la recorrió por completo, estremeciéndola. Asintió para el hombre, quien levanto aún mas su cabeza, para después, introducirle su miembro, con violencia, dentro de su boca.
No podía respirar, quería vomitar. Sentía que se ahogaba.
-PON DE PARTE, MALDITA- le grito.
No quería, los odiaba, odiaba lo que le estaban haciendo, pero por el bien de su hijo, tendría que cooperar.
Comenzó a chuparlo, aguantándose el asco, las nauseas que le provocaba tener el falo de ese hombre en su boca.
Lo escuchaba gemir, decir palabras obscenas, mientras su amigo, continuaba penetrándola, hasta el cansancio.
¿acaso esa tortura no tendría fin?
De repente, algo capto su atención.
Fijo su mirada tras el hombre, en dirección a su armario. Las puertas estaban entreabiertas, las había dejado así cuando había intentado encontrar su teléfono. Pero eso no era lo que había llamado su atención, no.
Sino un movimiento.
Enfoco mejor su visión, pues las lágrimas acumuladas le impedían ver con claridad. Sentía que estaba por desmayarse, pero al ver que era lo que había dentro de su armario…
Sintió el cuerpo, completamente helado.
Sus ojos se abrieron en su totalidad, el miedo, la desesperación, el terror, la invadieron con aun más fuerzas que antes, y estuvo a punto de llorar.
Podía verlo.
La estaba viendo.
Su petit.
…
¿Quiénes eran esos hombres? ¿Por qué tenían los pantalones abajo? ¿Por qué su mamá no tenía ropa? ¿Qué le estaban haciendo?
No entendía nada.
No podía moverse, todo su cuerpo temblaba.
¿Qué estaba pasando? Su mamá tenía las manos amarradas, ese hombre la jalaba del cabello, mientras la obligaba a meterse algo en la boca.
Vio su cara, y le dio miedo.
Su mejilla estaba roja, una mancha oscura rodeaba uno de sus ojos, y lo miraba, lo miraba con tanto, tanto terror, que lo sintió como suyo.
Pero también, sintió un gran enojo.
No sabía que estaba ocurriendo, pero de algo estaba completamente seguro.
Estaban lastimando a su mamá.
No podía permitirlo, tenía que ayudarla.
Estaba por salir de aquel armario para salvarla, pero no pudo.
Ella no se lo permitió.
…
Sabía que intentaría hacer, pero no lo dejaria.
Lo miro, ordenándole, implorándole, que no saliera de ese lugar, que no se moviera, que se escondiera.
Pero al parecer, el destino, le tenía otros planes.
Al momento de intentar dar un paso hacia el frente, su petit perdió el equilibrio, e inevitablemente, termino cayendo fuera del armario, ganándose la atención de esos dos sujetos.
Provocando que su corazón se detuviera.
-mira a quien tenemos aquí- el hombre retiro el pene de su boca, y antes de que pudiese decir algo, nuevamente fue amordazada, por aquel sucio pedazo de tela. Se acercaba a su hijo.
-¡MMHHH!- grito, pero la mordaza impidió ser escuchado.
Sesshomaru intento correr, pero el hombre fue más rápido, y logro tomarlo del cabello, jalándolo con brusquedad.
-SUELTAME, DEJEN EN PAZ A MI MAMÁ- gritaba su pequeño. Lo veía patalear, sacudirse, lanzando golpes. Pero nada de eso servía.
-MALDITO MOCOSO, CALLATE DE UNA BUENA VEZ- el hombre cerro la mano en un puño, y como si se tratara de una cámara lenta, poco a poco, vio como este impactaba, sin ningún tipo de consideración, en el rostro de su pequeño.
-¡MHHHH!- volvió a gritar
El pequeño cuerpo dejo de moverse, pero sabía que no estaba inconsciente, no, lo veía temblar, subir sus manitas hacia su rostro y cubrirse el golpe.
Veía la sangre saliendo de su boca.
Con un movimiento brusco, logro quitarse la mordaza de la boca, y sin dejar de agitarse, intentaba llegar hasta su hijo.
-¡SUELTALO!- grito
-¡oohhh! Ritch, vuelve a golpear a ese niño, ¡los movimientos que hace son increíbles!- aunque aplicaba más fuerza para retenerla, debía admitir que, con cada sacudida femenina, lograba excitarlo aún más, disfrutando demasiado el momento. La petición que le había pedido a su amigo no le había agradado en un principio, pero mientras más golpeaba a la criatura, más bruscos eran los movimientos que realizaba la mujer. Ya no le importaba, la placentera satisfacción que estaba recibiendo lograba opacar cualquier rastro de culpa que hubiese sentido por el niño.
-¡BASTAAAA!- gritaba desesperada, con las lágrimas surcado sus mejillas, sintiéndose impotente, por no poder evitar, que continuaran haciendo daño a su bebé.
El hombre frente a ella no hacía caso, y continuaba golpeando brutalmente al pequeño niño, en su rostro, en el estómago, en sus costillas.
Su pequeño intentaba cubrirse, pero no funcionaba. Sus extremidades fueron perdiendo fuerza, dejo de patalear, quedando así, completamente inmóvil.
El aire abandono sus pulmones. Con las manos extendidas hacia su pequeño, intentando alcanzarlo. Sin poder creer, lo que veía frente a ella.
Su hijo no se movía.
-ohhh siiii- escucho tras de ella, siendo llenada nuevamente por el hombre, completamente satisfecho, y disfrutando del orgasmo que acababa de recibir.
-siento interrumpir tu momento, amigo, pero creo que acabo de matar al mocoso- dijo el sujeto que aun sostenía el pequeño cuerpo, como si de un muñeco se tratara.
-ha, no importa, de todas maneras, tampoco dejaremos con vida a esta perra- dijo sin ningún tipo de arrepentimiento.
-sí, pero ya no podré disfrutar del mismo polvo que te acabas de echar- respondió inconforme, soltando el cuerpo del niño, dejándolo caer al suelo con un ruido sordo, pateándolo con fuerza, alejándolo unos centímetros de él.
-bueno ya, ¿Qué tal si…
-¡AAAAAAAAAHHHHHHH!
Sin que ninguno de los hombres se lo esperara, la mujer logro darse la vuelta, librándose del agarre de quien la tomaba, para de un impulso, arremeter contra el rostro del sujeto.
Enterrando sus uñas en la carne, como si se tratasen de garras, lastimando la piel, brotando sangre.
-¡AAAHHH! ¡QUITAMELA!- gritaba con dolor.
-DESGRACIADA.
El hombre la tomo del cabello, y tiro de ella con fuerza, logrando separarla de su amigo.
Claro que, no sin antes, que ella lograra enterrarle uno de sus dedos al ojo derecho de su amigo.
-¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!- gritaba de dolor, cubriéndose la herida con sus manos.
Ella le había sacado un ojo.
-MALDITA BRUJA- sin piedad comenzó a golpearla, en el rostro, en las costillas, en el estómago.
Casi no podía respirar, intentaba defenderse, pero sus miembros poco a poco dejaron de responder, las fuerzas la abandonaban, hasta que ya no pudo.
Fue en ese momento, en el que el sujeto había dejado de golpearla, tirándola también al suelo, como lo había hecho con su hijo.
Débilmente movió su cabeza, buscándolo, encontrándolo, a tan solo un par de metros de ella.
Respiraba con dificultad, pero aún seguía vivo.
tenía que sacarlo de ahí.
-esto les pasa a niñas que se portan mal
No le prestaba atención, pero repentinamente, sintió como algo atravesaba su cuerpo, provocándole un dolor desgarrador.
Grito. Miro hacia el lugar de donde había iniciado el dolor, encontrándose, con que la habían apuñalado.
-¿te gusta? ¿EH? ¿TE GUSTA?- gritaba, mientras le encajaba más profundo el cuchillo, arrancándole gritos desgarradores.
¿acaso nadie vendría a ayudarlos?
¿acaso nadie podía oír sus gritos?
-maldita- dijo con odio el hombre a quien le había arrancado el ojo. Su cara no paraba de sangrar
¿Por qué nadie venia?
-te voy a matar- dicho esto, tomo el arma que había traído consigo, le quito el seguro, y le apunto con ella- te iras al maldito infierno.
¿Por qué le pasaba esto a ella?
Cerro los ojos.
El sonido del disparo inundo toda la casa.
Un grito.
El sonido de algo cayéndose.
Aún seguía con vida.
Abrió nuevamente los ojos. No podía creer lo que veía.
-MALDITO BASTARDO.
Su hijo, su pequeño. estaba encima del hombre.
Lo veía luchando, sin importarle ser más pequeño, sin importarle no tener la misma fuerza, no importándole nada.
-¡DEJEN EN PAZ A MI MAMI!
Sin darse por vencido.
-¿tu madre?- pregunto sorprendido.
Aprovecho el repentino descuido del hombre, y sin prestar más atención de su dolor, tomo el cuchillo de su vientre, y de un movimiento rápido, lo saco.
Inmediatamente corto las ataduras, y una vez libre de estas, rápidamente se levantó, y sin darle oportunidad al sujeto de defenderse, le enterró la hoja del afilado objeto en su garganta, tomándolo por sorpresa.
Él la miro, y en sus ojos, solo pudo ver, un enorme vacío.
Unos ojos sin vida.
Irasue clavo aún más profundo el cuchillo, para acto seguido, sacarla de un solo movimiento.
La sangre mancho su cuerpo desnudo, el cuerpo del hombre cayó al suelo, desangrándose con gran velocidad, muriendo en cuestión de minutos.
Inmediatamente, arremetió contra el otro sujeto, quien nuevamente, tenía entre sus manos a su pequeño, presionando su cuello, privándolo del aire.
Clavo el cuchillo sobre su hombro, fallando por unos centímetros a su cuello, pues logro moverse, al verla dirigirse hacia él.
Nuevamente grito por el dolor, pero el cuerpo femenino volvió a arremeter contra él, esta vez, mandándolos a ambos al suelo. Forcejearon, lanzaron golpes, y las fuerzas cada vez más, se iban desvaneciendo.
Comenzaba a ver borroso, la herida en su vientre no paraba de sangrar, le costaba respirar. Pero no se podía dar por vencida.
No, aun no.
A pesar de estar lastimado, el hombre aun tenía suficiente fuerza, y logro someterla. Tomo ambas manos de la mujer y las mantuvo agarradas. Con su mano libre, retiro el cuchillo de su hombro, y con una sonrisa sádica, comenzó a apuñalarla.
Una, y otra, y otra, otra vez.
No podía respirar, sentía tanto, pero tanto dolor, que tampoco podía siquiera gritar. Veía al sujeto, pero pronto su vista comenzó a tornarse negra.
Estaba muriendo.
De pronto todo se volvió confuso.
Ya no tenía al hombre encima de ella, ya no la tomaban de las muñecas, el cuchillo ya no perforaba sin piedad en su cuerpo, ¿Qué había pasado?
Miro a su lado, y encontró a ese sujeto, cubriéndose un costado del torso.
Estaba sangrando.
¿Qué había pasado?
Miro del lado contrario, y aun con la vista borrosa, logro enfocarlo.
Su hijo, su petit, estaba de pie… con una mirada, que jamás le había visto, sus hermosos ojos, tan cálidos y llenos de inocencia, ya no estaban, eran remplazados por una mirada fría, penetrante, y calculadora. Sosteniendo entre sus pequeñas manos, el arma.
Había disparado.
No, su hijo no.
Él no podía tener las manos manchadas.
Nuevamente lagrimas surcaron sus ojos. Lloraba, lloraba por no haber podido cuidarlo, lloraba por no haberlo podido proteger, lloraba por él, por no haber podido, por no haber evitado, que mancharan su alma.
…
No sabía que era lo que lo mantenía aun de pie, estaba tan cansado, tan adolorido, tan débil. Pero no podía solo quedarse de brazos cruzados, su madre estaba sufriendo, y él tenía que salvarla.
Cuando ese hombre lo soltó, tardo en recuperar el aire. Le dolía la garganta, respirar era doloroso, veía todo borroso, no podía escuchar nada.
Ladeo su cabecita, y se topó con la pistola que tenía antes el hombre, poco a poco sus sentidos volvieron, no lo suficiente, pero ya podía percibir un poco mejor las cosas.
Y fue cuando lo vio.
Ese hombre, el otro hombre malo.
Estaba lastimando a su mamá.
Algo en su interior se encendió, un fuerte coraje, una gran ira que no pudo contener.
Sin embargo, era como si fuera alguien más.
Veía su propio cuerpo moverse, se sentía tan ajeno a lo que estaba haciendo. Tomo la pesada arma en sus pequeñas manos, y apunto hacia el hombre.
Esa arma era muy parecida a los juguetes que había visto usar a otros niños, así que esperaba, funcionaran igual.
Y así fue.
Apretó con fuerza el extraño botón, y nuevamente, aquel ruido ensordecedor lo aturdió.
Pero no por mucho tiempo, y antes de que el hombre se levantara, volvió a apretar ese botón, causando que una mancha roja, apareciera en la frente de ese señor.
No volvió a moverse.
Esa extraña fuerza que lo mantenía de pie, de pronto se desvaneció. El arma resbalo de sus manos, y cayó al piso.
Así como él.
Todo se volvió obscuro, no veía nada, no oía nada.
No sentía nada.
…
Lo vio caer al suelo, inconsciente.
No lo pensó, se arrastró hacia él, con la poca fuerza que le quedaba. Su vista era borrosa, pero no perdió su objetivo.
No podía respirar, tenía mucho frio, moverse era doloroso, mas no se detuvo.
Su pequeño la necesitaba.
Llego hasta su lado, y lo envolvió entre sus débiles brazos. Las lágrimas no habían parado de salir, su corazón no dejaba de doler, su cuerpo no había parado de temblar.
Respirar era doloroso.
Imágenes comenzaron a surcar frente a sus ojos.
Momentos con sus padres; cuando aún eran felices, solo ellos.
Aquella noche; ahora lo veía todo con claridad. Taisho encima de ella, violándola, besándola, acariciándola, marcándola.
Manchándola.
Sus amigos, imágenes borrosas, pero cada uno, abusando de su cuerpo.
La prueba de embarazo, encerrada en el baño, viendo el resultado. Positiva.
Los meses duros que paso, mientras más crecía su vientre, más alejaba estaba de su familia. Mientras más crecía su vientre, más sola se sentía.
El desprecio que tenía por el bebé.
La primera vez que lo sintió moverse, el enorme cariño que nació por él.
La noche que dio a luz, cuando lo sostuvo entre sus brazos, por primera vez.
El significado de su nombre.
La primera vez que su petit enfermo. La desesperación de no saber que hacer.
Su reencuentro con Taisho, el día en que todo volvió a cambiar.
Los momentos felices, con sus seres queridos.
Pero, sobre todo, no paraban de llegar imágenes, de la sonrisa de su petit.
Todos los momentos junto a él, todas las sonrisas, todas las risas. Todas las palabras de amor, cada abrazo, cada beso,
Sus primeros pasos, su primer "mamá"
Todo parecía tan lejano ahora, todo comenzaba a desvanecerse, ya no sentía dolor, ya no sentía frio.
Pero si tenía mucho miedo, sabía que era lo que estaba ocurriendo.
Estaba muriendo.
No quería, no podía.
Tenía mucho dolor en su corazón, tantas promesas rotas, tantos momentos que se perdería. Tantas sonrisas que, ya no vería.
No podía, no quería irse.
No podía dejarlo solo. No era justo, había sido tan poco tiempo, tan efímero.
Poco a poco, sus latidos iban desapareciendo, el aire ya no llegaba a sus pulmones.
Al menos, había algo que la tenía tranquila.
Una razón que, en este momento, se encontraba entre sus brazos, ajeno a lo que estaba ocurriendo. Podía sentir sus latidos, latidos llenos de vida.
El viviría.
Un pedacito de ella que, sabía, no estaría solo.
Ya no podría verlo nunca más, pero estaba segura, y confiaba, que no lo dejarían solo.
Miro por última vez su carita; hinchada y llena de moretones. Su labio partido; con sangre, aun fresca. Su cabello, tan blanco como el suyo. Sus pestañas, sus cejas, todo.
Quería grabarlo lo más que pudiera en su memoria.
Estaba llorando, veía las lágrimas filtrarse por sus parpados, aun estando inconsciente, su pequeño, sabia que algo no estaba bien. Quería ver, por última vez, sus hermosos ojos dorados. Pero eso no podría ser, así que, con delicadeza, intento retirar el rastro que dejaban las lagrimas en su carita, mas no dejaban de salir.
Un brillo capto su atención, algo que su petit mantenía siempre consigo.
Era el regalo que ella le dio, en su último cumpleaños.
Lo tomo y apretó fuertemente, sintiendo un fuerte nudo en su garganta. Acerco sus labios a la frente de su petit, y lo beso por última vez.
-no me olvides, mi amor… tienes que ser fuerte- nuevamente lo abrazo, con sus últimas fuerzas- perdóname…
La última lagrima surco por su mejilla.
Y el último suspiro, se perdió.
