Capítulo 18

"Preludio"

Miraban la televisión, recostados y acurrucados sobre la comodidad del sillón. La película no siempre era vista con atención, pues los amantes aprovechaban cualquier momento, para acariciar sus bocas una con la otra, sin llegar a lo apasionado. Tenían toda la noche y nada que los interrumpiese.

Una noche perfecta.

Iban a mitad de la película, cuando abruptamente es interrumpida por una noticia de último minuto.

Noticia que deja a la pareja en un mutismo incomodo.

El silencio se cierne sobre ellos, cada uno con distintos sentimientos. Las caricias y los mimos se han ido, para dar paso a la incomodidad y a una mente llena de preguntas.

Ella fue la primera en hablar.

Solo fue una pregunta, la cual desencadeno en una discusión llena de mentiras y verdades disfrazadas. Ella le creyó.

Una llamada los tomo por sorpresa, y la persona tras la línea lo dejo sin más que decir. Dijo algo que él no esperaba, ni siquiera imaginaba.

Miro a la mujer que amaba, y con solo ver su rostro lo entendió.

Aun si él no estaba de acuerdo en aquella decisión, aun si estaba completamente en contra.

Acepto.

Se sentía agotado, tan cansado, devastado. No había dormido, no había comido, no se había separado de su lado.

Escuchaba el irritante sonido de aquel aparato, tan constante, tan molesto. Pero no importaba, aun si se tratase del sonido más agónico y estridente de la tierra, lo soportaría, lo soportaría por el simple hecho, de que eso indicaba que el pequeño corazoncito del infante seguía latiendo.

No se había separado de su lado.

Estaba hambriento, el cuerpo le dolía por permanecer en la misma posición por más de 24 horas y extrañaba a su hija. No la había visto, ni hablado con ella, y estaba seguro de que ella también lo echaba de menos, seguramente preguntándose donde estaba, preocupándola.

Pero sabía que estaba en buenas manos, su hermana había comprendido la situación, y no había dicho nada en cuanto le pidió que cuidara de Rion. Sabía que, de algún modo, no estaba haciendo las cosas bien, la Sra. Yuno ya le había dicho en reiteradas veces que no era necesario que se quedara, que ella podía quedarse con el pequeño, que el necesitaba ver a su hija.

Era cierto. Tenía razón, claro que la tenía… pero ¿cómo podría hacerlo? El tan solo pensar, alejarse de ese pequeño, que aún no despertaba, hacia que la culpa lo carcomiera por completo.

Si, se sentía culpable.

Jodidamente culpable.

No paraba de recordar, una y otra vez, la cara de esos sujetos. Como, con cada golpe, con cada grito, con toda su rabia, su puño se había impactado contra sus rostros, deformando, ensangrentando, moliendo sus caras, hasta ya no verlas más.

¿Cómo no hiso nada por evitarlo?

Dejo que se fueran, sin tomarles realmente la importancia, sin pensar en las posibles consecuencias.

No imaginaba que las cosas podrían terminar así.

Así que, escuchar los latidos del pequeño, de alguna manera lo calmaba. Saber que aún seguía con vida, que estaría a su lado hasta que despertase y ver esos brillantes e inocentes ojos otra vez…

No volvería a fallarle, no de nuevo.

Miro nuevamente el delicado y pequeño cuerpo del niño sobre esa inquietante cama blanca, y el nudo en su garganta volvió.

Tanto, pero tanto dolor que debió haber pasado. Su piel estaba llena de moretes, hinchada y cubierta de vendajes. La mascarilla en su rostro, ayudándolo a respirar. Los inquietantes cables, adheridos a su cuerpo.

Afortunadamente no tenía huesos rotos, y sus órganos se encontraban intactos. Pero si estaba bastante lastimado.

De solo recordar esa escena, toda esa sangre en el suelo e imaginar de lo que habían sido testigo esas paredes. Nadie había escuchado nada, nadie había visto nada.

Nadie hiso nada.

Miro la hora en su reloj, eran las 5 de la tarde del día siguiente. Suspiro.

Todo había ocurrido tan rápido, que no tenía realmente una noción del tiempo.

Recordaba a la Sra. Yuno, como hablaba por teléfono, recordaba a los policías, a los paramédicos, a todos haciéndole preguntas, preguntas que no estaba seguro de haber respondido. Recordaba el interrogatorio, como esos hombres de azul sospechaban de él, pues había sido el último en verla con vida.

Lo dejaron libre, debido a su cuartada. Además de que no tenía ningún conocimiento, sobre quienes habían sido los atacantes. Nada más allá de esa noche.

Desde entonces había estado en el hospital, donde la Sra. Yuno lloraba desconsolada, tras oír las palabras de los doctores.

Violada, apuñalada.

Desangrada.

Apretó los dientes y aparto las lágrimas de sus ojos con rabia.

Su corazón dolía y su alma lloraba.

No podía separarse de ese niño, no soportaría que algo le pasara y no estar a su lado.

Era lo único que tenia de ella.

-Kirinmaru…- escucho a sus espaldas.

Volteo de inmediato, encontrándose con el rostro cansado de la mujer. Ella le sonrió, una sonrisa apagada, carente de luz. ¿algún día el dolor desaparecería? Él estaba seguro de que no, nadie podría sanar aquella herida del corazón. Persistiría, como un cruel recordatorio.

-Sra. Yuno… ¿ocurre algo?- pregunto con voz apagada. Irreconocible.

-Traje algo de comida… no has comido nada desde… desde ayer- dijo conteniendo el nudo en la garganta.

-no se hubiese molestado… realmente no tengo apetito

-lo entiendo… pero lo necesitas… no puedes dejar de comer así… y Rion… Rion te extraña tanto… necesita ver a su papá…- insistió

-señora… yo…

-¡por favor, Kirinmaru!... no puedes dejar a esa niña sin padre… mi niña- las lágrimas comenzaron a surcar sus ojos- a mi niña no le habría gustado esto…- sus manos temblaban, agarrando con fuerza el plástico en donde había guardado la comida.

Nuevamente era como si le estrujaran el corazón, pues el tan siquiera mencionarla, dolía. Lo entendía, pero no podía irse, no, no aún. Por mucho que lo quisiera, aun no podía ir a donde su hija.

No podía derrumbarse frente a ella.

-Rion estará bien con su tía por un tiempo… ahora es Sesshomaru quien más nos necesita…

No estaba de acuerdo, pero tampoco podía obligarlo. Se acerco a la camilla del pequeño, y contemplo su rostro. Saco de su bolcillo una cadenita, maltratada por lo acontecido. Cuidadosamente la devolvió a su dueño y suspiro. Acerco lentamente su mano, y acaricio con ternura su rostro, apartando algunos de los mechones de su blanco cabello.

"te prometo… que nunca voy a dejarte solo" pensó

El pequeño no reacciono ante la caricia, seguía tan inerte, recostado en aquella cama, respirando con lentitud, como si estuviese dormido.

No podía perderlo, sería su fin si algo más le ocurriese.

Su corazón no podría soportar otra perdida.

El auto pasaba con velocidad a los demás vehículos de la carretera, miraban el trayecto sin el más mínimo interés. Ambos cargaban sentimientos dolorosos, pero el mayor era la culpa, pues por mucho que habían intentado borrar su existencia de sus vidas, no lo habían conseguido. Viajaban por el simple hecho de recuperar lo perdido, aun si este ya no estaba con ellos.

Era una manera de por fin dar cierre a su pasado, pues era preferible enterrarla y fingir que quien se fue había sido su niña perfecta, a enterrarla y recordar en ella, a una completa desconocida.

Seria doloroso, pero estaban preparados.

No era momento de lloriqueos innecesarios.

Dos días más transcurrieron, en los cuales no hubo ni un solo cambio en el estado del pequeño, aun sin despertar. Habían pasado cuatro días, desde la última vez que vio a su hija, y su hermana se lo recordaba y reclamaba.

Pero aún no se sentía listo. Sesshomaru seguía sin despertar.

Durante el tiempo transcurrido, habían recibido una que otra visita. Compañeros, amigos, familiares… todos habían ido a dar el pésame y a saber el estado del pequeño. Todos ellos le habían tenido aprecio a su lady, todos ellos se preocupaban por el pequeño.

Jaken era quien más seguido lo visitaba, le contaba cuentos, y le hacía promesas para cuando despertara.

No esperaba menos de él, pues el niño bien lo consideraba como a un tío.

Eran las 3:45 de la tarde, se levantó del sofá que estaba junto a la cama, estiro los músculos agarrotados por estar tanto tiempo en una misma posición y se dirigió hacia el sanitario. Una vez ahí, hizo sus necesidades y mientras lavaba sus manos, se miró al espejo. La piel pálida, las ojeras y los ojos hinchados, con una pérdida de peso notablemente visible y una barba descuida fue lo que vio. No se reconoció, estaba consciente de su cansancio, más nunca se había mirado, y realmente se veía mal.

¿cuándo había sido la última vez que se ducho? No recordaba, pero vaya que olía mal.

Salió del sanitario, y regreso con el pequeño. Ya habría tiempo de preocuparse por su apariencia, tal vez en cuanto la señora Yuno apareciera, aprovecharía en acicalarse.

Ni bien cruzo la puerta de la habitación, se quedó parado sin poder creer lo que sus ojos veían.

Tallo ambos ojos con sus manos, pero no era ninguna ilusión.

Sesshomaru había despertado.

-Se… ssho… maru…

El pequeño no lo miro, observaba con atención el techo, sin ninguna expresión en su rostro.

Se acerco de inmediato a la cama, acaricio con delicadeza su rostro y continúo hablándole.

-Sesshomaru ¿estas bien? ¿Cómo te sientes?- preguntaba

Pero no recibió respuesta.

Se preocupo, inmediatamente corrió en busca de un doctor, dejando al niño por unos minutos.

Sus labios se movieron, articulando una palabra, un deseo sin escuchar. Ningún sonido salió de su boca, sentía la garganta seca, y todo su cuerpo pesado.

Lentamente la pequeña mano su dirigió a su pecho, encontrando su promesa. La tomo con pocas fuerzas, pero con la fuerte necesidad de aferrarse a ella, de que nadie se la arrebatara, de que nadie se la llevara.

Una voz susurrante, tan lejana, cálida y desgarradora.

"perdóname"

Y el brillo escapo de sus ojos.

-¿¡Qué ha dicho!?- grito sin poder creer lo que había oído.

-¡ESAS PERSONAS SE LA LLEVARON! VOLVIERON Y SIMPLEMENTE SE LA LLEVARON, ¡SE LLEVARON A MI NIÑA!- gritaba desesperada la mujer.

-¿pero quienes rayos eran? ¿Por qué se llevaron a Irasue?- no entendía nada, hace unos momentos estaba buscando a un doctor para que revisara al pequeño, y de repente había aparecido la Sra. Yuno, para decirle que unas personas habían llegado y reclamado el cuerpo de su hija.

¿y nadie había hecho nada?

Estaba tan confundido, pero inmediatamente a su memoria llego una de las palabras que recientemente, había usado la mujer.

-¿a qué se refiere con "volvieron"?

La mujer frente a él se quedó sin palabras, lo miraba con los ojos tan abiertos, como si se diese cuenta de que había hablado de más.

Los conocía.

-¿Quiénes eran esas personas?- pregunto.

Pero antes de que la mujer hablara, algo más capto su atención.

Varios doctores y enfermeras caminaban apresurados en una sola dirección, algunos hablaban entre ellos, pero no pudo escuchar algo en concreto.

Tal vez solo fuese coincidencia, pero no pudo evitar preocuparse.

Todos iban en dirección al cuarto del pequeño.

Un mal presentimiento invadió su corazón.

-el infante aún se encuentra en un estado delicado, por favor, entienda que no lo podemos mover así porque sí- decía el doctor, en un intento por razonar con ese hombre frente a él.

-no pienso discutir sobre esto, si no hacen lo que les digo, tengan por seguro que todos y cada uno de los residentes de este hospital se quedaran sin trabajo para el día de mañana- amenazo, dirigiendo su fría mirada a todo el personal que se encontraba presente fuera del cuarto del menor.

La preocupación se apodero de cada uno de los presentes en ese instante. No eran tontos, todos sabían quién era ese hombre de cabellera platinada que amenazaba con quitarles su trabajo a cada uno de ellos si no acataban sus órdenes de inmediato.

Touga Taisho, hijo único de *Siverius Taisho, quien había fallecido por un ataque al corazón hacia tan solo unos meses.

Con tan solo 21 años, había logrado con creces mantener a flote el legado de su padre, siendo aún más estricto y competitivo que este.

Había firmado contratos muy importantes y sobre todo… Taisho´s corp. Era el principal patrocinador en financiar los hospitales de todo el país.

No eran una simple amenaza sus palabras, si él lo quería, realmente podría deshacerse de todo el personal en un abrir y cerrar de ojos.

Todos sudaron frio.

-es… está bien señor… comenzaremos con los preparativos inmediatamente- dijo resignado. Todo el personal comenzó a dispersarse, dejando al doctor junto a ese hombre escalofriante.

-antes de retirarte, quiero que le hagas un último diagnóstico y me digas con certeza como se encuentra su estado de salud- demando.

El hombre de bata cerro con fuerza sus puños, intentando contenerse, hasta que recordó algo que lo intrigo demasiado.

-Señor… no lo entiendo… ¿Por qué el interés por ese niño?

El joven frente a el no respondió de inmediato, frunció el ceño, apretó los labios y desvió la mirada. Parecía bastante molesto.

Y finalmente, las palabras que escucho lo dejaron sin palabras.

-porque… ese niño… es mi hijo.

Sin decir una palabra más, el oji dorado ingreso a la habitación, deteniéndose abruptamente a unos pasos de la puerta, cosa que no pasó desapercibido por el doctor, quien también ingreso a la habitación, captando de inmediato que era lo que veía el joven a su lado.

Las cortinas abiertas, la cálida luz del sol filtrándose a través de la ventana, el cielo tenuemente gris anunciando la llegada de la lluvia, la fría brisa que se colaba. El invierno había comenzado.

Eso carecía realmente de importancia, pues toda la atención era puesta sobre el niño que se encontraba sentado en la cama, vestido con un pijama azul claro, una intravenosa en su brazo derecho, el sensor cardiaco en la mano derecha. Sus piernas cubiertas por la sabana, su cabello ligeramente desordenado, la máscara del oxígeno cubriendo gran parte de su pequeño rostro, respiración agitada, como si le costara. Tenues líneas sombreadas bajo sus ojos, su piel pálida, cubierta de moretes y cortadas, los ojos fijos en él.

Ambas miradas se conectaron, apenas parpadeando, cada uno con diferentes sentimientos y distintos pensamientos.

Voces se oían a través de la puerta, pero ninguno le presto ninguna atención.

La tensión era palpable en aquella habitación.

-¿¡Qué demonios está pasando!? ¿¡porque no nos dejan entrar!?- preguntaba desconcertado

-por favor, señorita díganos ¿Qué está ocurriendo? ¿Cómo está mi nieto?

-siento mucho la preocupación que esto les genera, pero lamentablemente no puedo decirles nada sobre el estado del pequeño, y no puedo dejarlos entrar hasta que el doctor salga y de las indicaciones- contesto apenada la enfermera, inclinando su cabeza disculpándose.

Esto en vez de tranquilizarlos, solo causo que la preocupación aumentara, pero no podían hacer nada más que esperar al doctor, y que el mismo fuera, quien les respondiera las preguntas.

Había que esperar.

-parece que todo se encuentra en orden… mi única recomendación es tenerlo bajo supervisión durante los próximos 30 días y seguir evaluando su progreso tras la recuperación.

-bien- fue todo lo que dijo- retírate.

No estaba del todo seguro, pero no tuvo más remedio que obedecer. Inclino ligeramente la cabeza y tras darle un último vistazo al pequeño, quien no había despegado los ojos del hombre quien decía ser su padre, abrió la puerta y se marchó.

No pudo evitar sentir lastima por él.

...

Pasaron un par de minutos luego de que ambos quedaran a solas tras cerrarse la puerta de aquella habitación. Minutos en donde ninguno pronuncio palabra, minutos donde solo se dedicaron a mirarse.

Hasta que finalmente, el mayor hiso el primer movimiento.

Se acerco a la cama del pequeño, y tomo la tablilla con información que se encontraba frente a esta. No le importaba realmente el contenido, solo estaba interesado en un dato en particular.

"Narita Sesshomaru"

Frunció el ceño ante el nombre del menor ¿En qué había pensado esa mujer para darle un nombre como ese?

Bueno, para ser sinceros, eso no podría importarle menos, incluso tenía que admitir que no era tan malo. Con respecto al apellido…

"será como si nunca hubiese existido"

Miro por encima de la tablilla al pequeño, encontrándolo en la misma posición, sin apartar los ojos de él.

-así que…- devolvió el objeto a su lugar- Sesshomaru

No recibió respuesta, y en realidad, tampoco la esperaba.

Él también tenía muy presente como había sido su primer encuentro con el niño, y podía entender que no había sido del todo agradable. Pero no estaba ahí para resolver supuestos malentendidos, ni siquiera estaba ahí por voluntad propia.

"responsabilízate de tus errores"

Chasqueo la lengua tras recordar esas palabras.

Pero no tenia de otra.

Su abogado ya se estaba haciendo cargo de todo el asunto, incluso su prometida había accedido a formar parte de esto, cosa que lo enfurecía hasta cierto punto, pues ella no tenía por qué ser arrastrada por un desliz de su pasado.

Pero, en fin, ella misma se había metido y ¿Por qué?

"porque era mi mejor amiga" había dicho.

Estupideces. Si supiese lo que en realidad esa zorra pensaba de ella.

Suspiro.

-ahora eres mi problema, niño.

Fue lo único que dijo, antes de pasar a retirarse de la habitación.

Demonios, ¿Cómo haría para criarlo, si ni siquiera toleraba estar en la misma habitación que él? ¿Cómo tenía pensado su madre que lo cuidaría, si ni siquiera sabía nada de niños? No los soportaba.

Bueno, este parecía ser tranquilo…

Pero su rostro.

No negaría el indiscutible parecido que compartían, pues el mocoso tenía varios rasgos suyos de cuando era niño, sin mencionar la característica principal de todos los Taisho, que era el color dorado de los ojos.

Pero, aun así…

"es idéntico a ella"

Escucharon nuevamente la puerta de la habitación abrirse minutos después, ya habían hablado con el doctor sobre el pequeño, pero al igual que la enfermera, este no les había dicho nada.

No sabían que alguien más- además del pequeño- se encontrara en aquella habitación, hasta que vieron salir a ese hombre; joven, de cabellera platinada, larga y amarrada en una coleta.

Era alto, vestía un traje de color negro, camisa blanca y una corbata de color azul

-eh, disculpe…- intento llamar su atención, pero este los ignoro. Los miro de reojo, más en específico a la señora, para simplemente después, pasar por su lado y caminar en dirección a la salida.

Kirinmaru no tenía ni idea de quien era ese sujeto.

Yuno sí

Su corazón comenzó a latir desmesuradamente, sentía que el aire le faltaba y su cuerpo temblaba.

"no… no puede ser… no puede ser él"

El pelirrojo noto de inmediato el estado de la mujer, quien además de quedarse paralizada, tenía los ojos exageradamente abiertos, con un horrible temor reflejado en ellos. No era tonto, y de inmediato supo qué- o más bien quien- era lo que desencadeno aquel estado en la señora.

Uno que, poco a poco, se iba alejando lentamente en dirección hacia salida.

-Sra. Yuno- la llamo, pero no obtuvo respuesta. La tomo por los hombros e intento una vez más- Sra. Yuno ¿se encuentra bien?

-n-no… no por favor- murmuro.

-Yuno ¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué reacciona de esta mane-

No termino de formular la pregunta, pues la mujer lo tomo por el cuello de la camisa y lo acerco a su rostro, suplicando.

-NO DEBES PERMITIR QUE SE LO LLEVEN, ¡NO PERMITAS QUE SE LO LLEVE!

-¿llevárselo? Pero ¿a quien?- no entendía nada, y realmente, comenzaba a asustarse.

Pero nuevamente, algo más capto su atención.

El doctor había regresado, y en su rostro podía notar una profunda pena. Ingreso a la habitación sin siquiera hablarle, y tras él, ingresaron otro par de hombres, bastante grandes, de los cuales no se percató en qué momento habían llegado.

No transcurrió mucho tiempo, pues en cuestión de pocos minutos, aquel par de gorilas salían nuevamente, pero esta vez, uno de ellos, con un pequeño niño en brazos.

Niño que no dejaba de gritar, que no paraba de luchar. Lanzaba patadas y manotazos desesperados.

Hasta que sus ojos lo enfocaron.

Dorado y verde se encontraron, sin poder creer lo que sucedía.

Ese niño… ese niño era…

La mujer a su lado perdió las fuerzas y se dejó caer en el suelo de rodillas, dejando salir un grito desgarrador, con las lágrimas recorriendo sus mejillas.

El pequeño extendió sus manitas en su dirección, sus mejillas sonrojadas y sus ojos gritando por ayuda.

Tan fuerte y claro, resonando entre las paredes de ese hospital, resonando en sus oídos.

Lo llamo.

-¡Kirinmaru!

Tres horas después…

El sonido de las llaves abriendo la puerta capto su atención, para dar paso a la figura masculina que, con desgano, ingresaba a la vivienda.

La pequeña niña, quien hasta hacia poco jugaba sobre la alfombra, inmediatamente se levantó y corrió hacia los brazos de su padre, ignorando por completo, el estado en el que llegaba.

El pelirrojo la recibió de inmediato, y con desespero, se aferró a su pequeño cuerpo, ocultando su rostro de la mirada turquesa.

-papi… - llamo la pequeña

-Kirinmaru… ¿Qué fue lo que paso?- pregunto su hermana asustada, acercándose con preocupación hacia él.

Pero no respondió. Su cuerpo no paraba de temblar y, aunque no lo vieran, ambas sabían que el hombre, no podía detener el llanto.

¿Qué diablos había ocurrido? Se preguntaba la mujer

La niña solo pudo extender sus bracitos, abrazar a su padre y dejar que se desahogara.

Esto duro, hasta pasadas horas de la noche.

Ahora el reloj marcaba las 4:30 de la mañana, la pequeña hacia horas que se encontraba profundamente dormida sobre su cama, dejando a ambos adultos conversar, pues había mucho que explicar.

Estaba sentado sobre una de las sillas del comedor, los codos recargados en la mesa, las manos tomando con fuerza su cabeza, sus dedos enredados entre las hebras rojizas.

Zero preparaba café, aun podía sentir que su hermano no se había desahogado del todo, así que ahora le tocaba a ella estar ahí para él.

Llevo un par de tazas con el líquido marrón hacia la mesa, le acerco una al joven devastado y espero.

El pelirrojo levanto la cabeza, mostrando su rostro; Pálido, con ojeras y los ojos hinchados por el llanto.

-Kirinmaru… ¿Qué fue lo que ocurrió?- pregunto nuevamente, detallando los moretones que su hermano tenia en el rostro.

Aun podía sentir el nudo invadiendo su garganta, pero con un poco de esfuerzo, comenzó a relatar los sucesos de esa tarde.

Flash Back

Su cuerpo reacciono ante el llamado del menor, sus piernas se movieron y, a gran velocidad, lo llevaron hasta la salida, por donde hacia solo unos segundos, aquellos hombres se habían llevado al pequeño.

Salió del hospital, e inmediatamente diviso a aquellos sujetos, quienes se dirigían hacia un auto de color negro, con la puerta trasera abierta.

-¡Kirinmaru!- oía gritar al pequeño, quiera era obligado a ingresar en aquel vehículo.

Corrió. Corrió con todas sus fuerzas, hasta llegar a su objetivo.

Tomo por el hombro a uno de los hombres, y en cuanto este volteo para encararlo, estampo con todas sus fuerzas el puño en su rostro, tomándolo por sorpresa y tirándolo al suelo.

El otro sujeto inmediatamente cerro la puerta del auto, con el pequeño dentro. Gritaba, golpeaba e intentaba abrirla, mas no podía.

Golpes, patadas, sangre.

No pudo con ambos hombres, rápidamente entre ambos lograron someterlo, inmovilizándolo sobre la acera. El abdomen le dolía, la cara le ardía y se le dificultaba el respirar, debido a que uno de ellos, se encontraba encima suyo.

La gente que había alrededor se detenía, para ver que era lo que ocurría, pero nadie hacia nada.

Escucho unos pasos acercarse, intento ver quien era, pero solo logro ver el calzado.

-suéltenlo- escucho, e inmediatamente, dejo de sentir la presión que ambos sujetos habían estado ejerciendo en su cuerpo.

Se levanto, con algo de dificultad, pues todo su cuerpo dolía. Frente a él, se encontraba nuevamente aquel hombre de cabellos platinados, mirada seria, ojos penetrantes y dorados.

Él ya había visto esos ojos antes.

-Us… usted…

-por su propio bien, no quiero que vuelva a acercarse a este niño ¿entendió?- interrumpió de manera cortante, sin apartar los ojos de los suyos.

-N-no… NO… usted no puede simplemente llevárselo, ESTO ES UN SECUESTRO ¿QUIEN MIERDA SE CREE QUE ES?

Aquel hombre no respondió de inmediato, simplemente lo observo, examinándolo, retándolo. Finalmente, una sonrisa ladina apareció en su rostro, y contesto:

-¿Qué quien soy?... con solo ver a ese niño, hasta el más idiota se daría cuenta, pero veo que tus habilidades de deducción no están muy bien desarrolladas que digamos, así que tendré que decírtelo- haciendo una pequeña pausa, el peliplata dio un paso mas cerca de él- me llamo Touga Taisho, mas conocido como Inu No Taisho… y soy el padre de este niño.

-¿su… su padre?- no podía creerlo, eso tenia que ser una broma.

La sonrisa del hombre se ensancho, complacido por la cara de sorpresa que tenia el pelirrojo frente a él.

-si no tienes nada mas que decir, me retiro…

-¡NO!

La Sra. Yuno corrió a su encuentro, tomándolo inmediatamente de sus ropas, rogando, implorando.

-POR FAVOR, SE LO PIDO, NO SE LO LLEVE. AUNQUE USTED SEA SU PADRE, NO TIENE NINGUN DERECHO A LLEVARSELO, ¡NOSOTROS SOMOS SU FAMILIA!

-seguridad

Uno de los guardaespaldas que había contratado, tomo del brazo sin ningún tipo de delicadeza a la mujer, y la separo de su cuerpo. Ella intentaba soltarse, pero era en vano.

-estoy en todo mi derecho señora- dijo mientras se arreglaba nuevamente la ropa- y está muy equivocada.

Usted es una simple sirvienta que trabajo para los Sakakibara, no tiene ningún tipo de conexión sanguínea con este niño y aunque quisiera, no podría criarlo, debido a sus muy limitados recursos.

En cuanto al pelirrojo… ¿Qué puedo decir? Probablemente solo sea un tipo que se fornicaba a la zorrita cada que podía.

-ERES UN… UGH- en cuanto dio un paso en su dirección, recibió tremendo golpe sobre su abdomen, arrebatándole el aire de forma brusca.

-diré esto por ultima vez, no vuelvan a acercarse a este niño.

A partir de hoy, esta muerto para ustedes, es más, nunca existió.

A partir de hoy, este niño tendrá mi apellido.

A partir de hoy… yo me hare cargo… de Sesshomaru Taisho.

VAMONOS- ordeno con voz elevada. Se dirigió al segundo vehículo que estaba en frente, pues no tenia ganas de viajar a un lado del infante. Subió al asiento del copiloto, e inmediatamente dio marcho, de regreso a su hogar.

Los hombres que hasta ahora los soltaban, se dirigieron al auto en donde se encontraba el pequeño, quien no había parado de golpear la ventana del vehículo, que no había parado de gritar.

Escucharon como el auto era encendido e intentaron impedir que se marcharan, pero nuevamente, alguien los retenía.

Doctores, enfermeras.

No permitían que dieran un paso más.

Intentaban soltarse, pero era inútil, no los soltarían, no hasta que el pequeño ya no estuviese.

Escucharon los golpes en el vidrio, lo escuchaban gritar.

-¡ABUELA! ¡ABUELA! ¡NO DEJES QUE ME LLEVEN! ¡ABUELA!-gritaba con desesperación

Un nudo se formo en su garganta, y las lagrimas surcaron sus mejillas sin poder evitarlo.

Extendía su mano, intentando alcanzarlo.

-¡POR FAVOR, DEJENME SALIR! ¡ABUELA! ¡ABUELA!- podían ver las lagrimas empañando los hermosos ojitos del pequeño, que no paraba de pedir ayuda.

Pero nadie hacia nada.

El auto comenzó a avanzar, alejándose…

-¡ABUELA!

Para llevarse a su única razón de vivir.

-¡PETIT!

-¡SESSHOMARU!- dando un último tirón, logro zafarse del agarre de los doctores y corrió tras el vehículo.

Lo veía, podía verlo.

Podía escucharlo.

-¡KIRINMARU!

-¡NOOOOO!

Hubiese continuado corriendo, habría dado hasta su ultimo aliento, con tal de alcanzarlos.

Pero tropezó.

Su cuerpo cayo sin impedimentos sobre suelo, el aire le faltaba, y alzando la vista, vio por ultima vez, aquel auto de color negro, que se llevaba al mas grande tesoro de su amada.

Para no volver a verlo.

Nunca más.

Fin del Flash Back

No podía creer lo que acababa de escuchar, sentía un nudo en la garganta, lagrimas acumuladas en sus ojos, viendo a su hermano devastado.

El pelirrojo nuevamente sucumbía ante el llanto, apretaba los dientes, cerraba con fuerza los puños, enterrándose las uñas que lastimaban su piel.

Le había fallado, era un mentiroso.

Un vil mentiroso

"lo lamento, lady"

Lo había perdido, no pudo evitar que se lo llevaran.

Solo era un niño.

N/A:

*Siberius… bueno… según Google, el nombre no existe así como tal, sino que es "sibelius" y la verdad no conozco al tipo, el nombre solo se me vino a la cabeza mientras escribía esto, y realmente no tiene relevancia para la historia, así que solo pasen de él… aunque personalmente me suena a nombre de perro… ba dum psss

Muajajaja soy telible telesa

Okno.

Como están? Linda noche a quienes sigan despiertos, buenos días a quienes me leen recién levantados, buenas tardes si llegaste del trabajo o de la escuela.

Por fin termine de escribir este capítulo y ¿Qué puedo decir? Se vienen mas cosas tristes, no habrá descanso para eso, pero como dije, tiene un porque y es obvio.

Dando una aclaración, como verán, eh manejado mucho que solo transcurren semanas, y si, lo pongo así, porque todo esto ocurre en cuestión de meses a partir del cumpleaños de sesshomaru.

Obviamente es mucho que digerir, y es un golpe muy fuerte, debido a que ocurren muchas cosas y en tan poco tiempo.

En parte esto lo plasmo así, porque prácticamente así me ocurrió recientemente, ustedes están al tonto de ello, pero obviamente no comento sobre lo demás, porque ya es un tema un poco más personal.

Sin más, los quiero mucho, mi gatita esta encima de mí, no me deja escribir a gusto (literalmente estoy asomando mi cabeza por su cuerpo para ver el teclado) y nos leemos… hasta la próxima

chao