Advertencia:
Este capítulo contiene… situaciones fuertes, maltrato, palabras hirientes.
Capítulo 19
"lagrimas silenciosas"
No tenia idea de cuanto tiempo había pasado, hacia donde iban, o que pasaría con él. Abrazaba sus rodillas, su cuerpo temblaba. No decía nada, no veía nada. No quería saber nada.
No lloraba, las lágrimas se habían quedado estancadas en sus ojos, pues se negaba a dejarlas salir. No lloraría, se negaba a hacerlo, podría mostrar lo asustado que estaba, lo aterrado, confundido. Pero jamás lo verían llorar, no, no lo harían.
Los hombres que iban adelante no le dirigían la palabra, todo estaba en silencio, con solo el sonido del auto, recorriendo el largo camino hacia un rumbo desconocido.
Permaneció en la misma postura durante todo el camino, pasaron horas hasta que por fin el auto se detuvo y, aun así, no levanto la mirada.
Escucho las puertas abrirse, un movimiento, ambos hombres salieron del vehículo. Escucho unas voces, pero no entendía que era lo que decían, aunque tampoco le importaba en realidad, lo único que quería, era estar con su mamá.
Quería a su mamá.
Llevo una mano a su pecho y tomo el collar que esta le había regalado, aferrándose, no queriendo soltarlo.
Sintió como alguien de repente intentaba cargarlo, alertándolo. Inmediatamente se alejó se aquellos brazos que intentaban sostenerlo, refugiándose en la esquina contraria del asiento, y por primera vez, levanto la mirada.
Era él, ese hombre, el hombre malo.
Nuevamente hicieron contacto visual, el hombre lo miraba con frialdad, el ceño fruncido y una mueca de disgusto.
Suspiro fastidiado- mira niño, no tengo tiempo para esto. Ven aquí- intento nuevamente tomarlo entre sus brazos, pero esta vez el infante hizo algo que no se esperó. El pequeño, al ver que nuevamente acercaba sus manos, comenzó a patearlo y a golpearlo, en un intento por alejarlo de él. Esto sin duda lo enfureció- BASTA- le grito.
Comenzaba a perder la paciencia, pues el niño se la estaba poniendo más difícil de lo que pensó. Pero llego a su límite, cuando por fin, luego de un rato de forcejeos, el crio logro incrustarle sus pequeños dientes en el dorso de la mano, mordiendo con fuerza, lastimando su piel.
Gruño de dolor, y ya no importándole intentar ser "delicado", aplico mayor fuerza, lo tomo por una sus piernas, lo arrastro por el asiento y, con la otra mano, lo tomo bruscamente del cabello, logrando así, someterlo.
Se acerco a su rostro y comenzó a gritarle- YA TUVE SUFICIENTE DE TI, MOCOSO. SERA MEJOR QUE EMPIECES A COOPERAR O DE LO CONTRARIO, ME ASEGURARE DE QUE TERMINES EN PEORES MANOS QUE EN LAS MIAS ¿ENTENDEISTE?
El pequeño mantenía los ojos cerrados, intentando soportar el dolor. Las manos contra su pecho intentando protegerse, y su cuerpo, no paraba de temblar. Nuevamente las lagrimas se acumularon en sus ojos, pero no las dejaría salir. No lloraría.
El dolor era demasiado, no solo en su cabeza, ni en la pierna que el hombre tomaba con fuerza. Todo su cuerpo le dolía, desde hacia horas que estaba así, pero no dijo nada, pues no era tan intenso, hasta ahora.
imágenes cruzaban por su mente.
Rojo.
Dolor.
Gritos.
Su pequeño cuerpo tembló con mayor fuerza, un nudo se instalo en su garganta, apretó los labios.
-CONTESTA, MALDITA SEA- volvió a gritarle, aplicando, inconscientemente, aún más fuerza en ambos agarres.
No pudo hacerlo, las palabras no salían de su boca. Movió con lentitud su cabeza, afirmando. Solo quería que lo soltara, ya no soportaba el dolor.
-bien- inmediatamente lo soltó, para acto seguido, tomarlo con brusquedad de su bracito, ese donde le habían insertado la aguja y sacarlo del auto, apenas logrando que no se diera de lleno contra el suelo, debido a la fuerza que aplico para hacerlo- vamos.
Comenzaron a caminar, con prisa. El hombre daba pasos largos y rápidos, Sesshomaru apenas y lograba seguirle el paso, pues varias veces estuvo a punto de caer. Aunque ese hombre lo impedía, al aplicar más fuerza sobre el agarre en su bracito, levantándolo con brusquedad, sin detenerse.
Dolía.
Dolía demasiado.
la blanca piel comenzó a tornarse roja, luego morada.
La cabeza le daba vueltas, jadeaba sin parar, el aire le faltaba.
Subieron unos escalones, y por fin se detuvieron. Se sentía muy cansado y débil, ya no sentía su brazo derecho y veía todo borroso. El hombre lo soltó y la extremidad simplemente cayo a su costado, sintiendo un incómodo hormigueo al instante. Lentamente levanto su bracito y comenzó a acariciarse a si mismo en busca de alivio, mientras examinaba su alrededor por primera vez.
Estaban frente a una enorme puerta, aun mas grande que la que recordaba haber visto en aquel edificio que había visitado con su madre, o eso creía.
Había unas enormes macetas por ambos lados, y en cada una, un arbolito. Tras de él, los mismos hombres que lo habían llevado se encontraban justo a sus espaldas, incomodándolo. Trato de ignorarlos y continuo con lo que hacía. Un patio completamente de piedra, decorado con mas macetas y mas plantas. Mas allá, un muro de concreto, alto y con una reja que daba paso a los vehículos, los cuales estaban estacionados a unos metros de la casa.
No había mucho que ver en realidad, todo era muy simple, según él. Nada que ver con el patio delantero de su casa, cubierto de un hermoso pasto verde y un caminito blanco que conducía hacia la entrada.
Quería volver a su hogar.
-Escúchame bien… Sesshomaru- escucho al hombre, llamándolo por su nombre. No era la primera vez que lo hacía, pero estaba mas acostumbrado a que lo llamaran "petit".
Aunque claro, eso nunca se lo iba a decir.
-voy a entrar… y anunciare nuestra llegada. Tu te quedaras aquí, con estos hombres hasta que te llame. En cuanto lo haga, quiero que entres y te comportes, pues vas a conocer a mi madre… y a mi prometida. ¿entendido?
No lo volteo a ver, no quería verlo. Asintió.
-Bien- sin más, entro por la gran puerta y la dejo entreabierta. Pronto escucho unas voces femeninas acercándose, haciendo preguntas, una tras otra.
No paso mucho tiempo, cuando volvió a escuchar su nombre, esa era la señal.
Uno de los hombres tras de él dio un paso al frente, y abrió la puerta en su totalidad. Inmediatamente tres pares de ojos se enfocaron en él, y se puso nervioso. Dio cortos pasos al interior de la casa, sin saber muy bien hacia donde mirar. Se detuvo al contar mentalmente veinte pasos, quedando lo suficientemente cerca de esas personas para que pudiesen verlo, aunque lo suficientemente lejos, para no sentirse aún más incomodo.
Lo miraban, solo lo miraban.
No pudo soportarlo, agacho la mirada y de inmediato se enfoco en las pantuflas de osito que traía puestas. Aun sostenía su brazo derecho, aun permanecía el dolor en su cuerpo, aun continuaban los temblores, aunque no tan llamativos como antes, haciéndolo parecer que solo estaba asustado.
-hola, pequeño- escucho una voz femenina, hablándole bajo- ¿Cuál es tu nombre?- pregunto
Alzo nuevamente la mirada, logrando que la mujer retuviera el aliento.
Veía sus ojos, de un intenso y hermoso color dorado, tan parecidos a los de su hijo. Lo contemplo por completo. Vestía un pijama de color azul, unas tiernas pantuflas en forma de osito, su cabello tan blanco y algo despeinado, sin duda herencia de la madre. Su tierno e infantil rostro, aunque magullado y con unos cuantos cortes, le dolió el corazón verlo así, pues mientras mas lo veía, no podía evitar pensar lo mucho que se parecía a su hijo cuando este era pequeño, aunque claro, también era innegable el parecido con Irasue.
Un nudo se formó en su garganta.
Tan solo recordar la ultima vez que la vio.
"no tienes que preocuparte más, Sakakibara, tu hijo está en buenas manos"
Formo una sonrisa en su rostro, en un intento por darle confianza al pequeño.
Su nieto.
-yo soy Celine, cariño… soy tu abuela.
La examino, no confiaba en nadie, no los conocía. Esa mujer frente a él le hablaba como si se tratara de un animalito indefenso, y no le gustaba. Estaba agachada, quedando mas o menos a su altura. Sus ojos eran azules, de cabello negro. Parecía una persona amable, pero no estaba seguro.
Después de todo, él no quería estar ahí.
Aun así, su mamá siempre le había dicho que debía ser educado y contestar cuando alguien te hace una pregunta, así que lo hiso.
-hola… yo soy Sessomaru- aún le costaba pronunciar su nombre, a pesar de que ya sabia hablar bien, aun se le dificultaba- Narita Sessoma…
-ese ya no es tu apellido, niño- interrumpió.
-¡Touga!
-es la verdad madre, que se lo meta bien en la cabeza. A partir de hoy, ya no será más un Narita, sino un Taisho- con esto dicho, abandono el lugar, dejando a ambas mujeres en compañía del menor, pues él tenia otros asuntos que atender.
-que grosero- murmuro.
Escucho nuevamente pasos, acercándose. Era la otra señora.
Sujetaba sus manos a la altura de su regazo, en un intento por controlarse. Al llegar frente al pequeño, apoyo ambas rodillas en el suelo y le sonrió. Al igual que su suegra, se dio el tiempo de contemplarlo. Tan pequeño, aun era un bebé. Lo veía y no podía evitar pensar en todo el dolor que había sufrido ese delicado cuerpo a tan corta edad, y no solo físico.
Había perdido a su madre.
Los ojos se le llenaron de lagrimas al recordar a su amiga. Su mejor amiga.
Si tan solo se hubiese acercado, la hubiera podido ayudar y aun estaría con vida. La humedad recorrió sus mejillas, pues mientras más observaba al pequeño, más eran los recuerdos que invadían en su mente.
No había sido una buena amiga.
No la ayudo.
No estuvo con ella. Con "SU"
Con brazos temblorosos, rodeo el cuerpecito del hijo de su amiga, y lo acerco a su pecho, abrazándolo con delicadeza, con temor.
-te pareces tanto a ella- dijo con voz ahogada.
Sesshomaru no entendía lo que ocurría, y le incomodaba la muestra de afecto de esa mujer. Pero no la aparto, dejo que continuara el abrazo, pues sentía que lo necesitaba.
Miro nuevamente a la otra mujer, la de ojos azules. Ella continuaba sonriéndole, aunque ahora se tomaba la libertad de acariciar su cabeza, peinando su cabello.
Entonces lo entendió.
A nadie parecía importarle su sentir.
…
Se tomo el puente de la nariz, intentando mitigar la migraña que comenzaba a surgir.
Hacia horas que el cielo había oscurecido por completo, no se escuchaba ningún ruido a su alrededor. Miraba su escritorio, revisaba unos papeles, con información sobre su hijo.
Nombre, edad, fecha de nacimiento, historial médico, escuela, y mas cosas. Su abogado ya le había entregado los nuevos papeles, con el cambio en el nombre del niño, su traslado a una nueva escuela, etc.
Suspiro. ¿Por qué su madre había tenido que interferir? No estaba en sus planes criar a un niño del que ni siquiera sentía el más mínimo afecto, del que no conocía su existencia hasta hace unos meses, y del que no quería en su vida.
Esa mujer, aun muerta había logrado joderlo y esta vez, a un largo plazo.
De milagro había logrado salvar su relación con Izayoi, al decirle que simplemente había sido una noche de alcohol y que no tenia conocimiento de la existencia del crio.
Mintió, era obvio.
Nunca le diría la verdad de como habían ocurrido realmente las cosas, lo odiaría por el resto de su vida y no estaba dispuesto a perder a esa maravillosa mujer. Tampoco podía decirle que, realmente, el ya sabía de la existencia del niño, mas sin embargo la ignoro.
¿Cómo podía siquiera imaginarse que ocurriría esta tragedia?
En fin, no es como que pudiese hacer algo al respecto, como había dicho, ahora ese niño, era su problema.
Se recargo en el respaldo de la silla y suspiro, recordando las ultimas palabras de su madre antes de que esta se fuera.
"Mañana los padres de Irasue harán el entierro de su hija, así que no quiero nada de pretextos ni negativas, vamos a ir y punto"
Si supiese que ellos no los querían ver ni en pintura.
Porque si, el mismo se había encargado de darles la "terrible" noticia de la muerte de su hija, revelando también la paternidad del error que los había separado y arruinado. No tenia ni idea de que era lo que la mujercita les había contado a sus padres, pero al parecer, todo había quedado como una simple noche de rebeldía y malas decisiones.
Pero, en fin, sus padres lo culpaban por todo lo sucedido, declarando abiertamente, que no querían nada que ver con el niño, pues él debía hacerse responsable del bastardo que arruino la vida de su hija. Rompiendo así, cualquier tipo de contacto o amistad que tenían con su familia.
No le importaba en realidad, pero, aunque su propia madre supiese de esto, aun lo habría obligado a asistir al funeral de la gatita.
Estaba agotado.
Se levanto de su asiento, y apago la lamparita que tenia en el escritorio, era suficiente por hoy.
Salió de su oficina y camino rumbo a su habitación. Ya no quería pensar en nada, simplemente dormir al lado de la mujer que amaba.
Curioso. Tanto tiempo la ignoro, por estar mas enfocado en su lujuria por poseer a la gatita, que después de aquella noche, mantuvo el contacto con esa chica de carácter dulce, hasta finalmente hacer de ella su novia.
"futura esposa" pensó.
Algo capto su atención por el rabillo del ojo, volteo para ver de qué se trataba, encontrándose con una puerta entreabierta, el interior de la habitación en completo silencio, las cortinas de la ventana abiertas, y en la cama, un pequeño bulto de cabellos blancos.
No supo porque, pero sin hacer ruido, entro en la habitación, examinándola. Una habitación muy sencilla debía reconocer, carente de algún dibujo, de juguetes o de tontas lucecitas infantiles. No se parecía en nada, al cuarto de cualquier niño, aunque claro, eso cambiara con el tiempo, era un niño después de todo, en cuestión de tiempo se adataría rápido a su nuevo entorno.
Sus ojos viajaron hacia la cama, viéndolo dormir.
Aun vestía el mismo pijama con el que se lo había llevado del hospital, tenia los pies descalzos y podía notar los ligeros temblores de su pequeño cuerpo. Ni siquiera había destendido la cama para cobijarse del frio, siendo que ya había llegado el invierno. Pero no le importaba, no se tomaría la molestia de cobijarlo el mismo, si el niño se enfermaba, no era culpa suya.
Suspiro nuevamente. En la mañana mandaría a alguien a conseguirle ropa, después de todo…
Debian asistir a un funeral.
…
El día paso bastante rápido en realidad, con tantas cosas que hacer, debido a la llegada del nuevo integrante, debían apresurarse para tenerlo cómodo.
Sus empleados hacían un muy buen trabajo, pues ahora el cuarto del niño estaba lleno de ropa, zapatos, juguetes, y cosas con las que un niño como él podría entretenerse. Aunque este aun no les prestara el menor interés en absoluto.
"pronto se adaptará" pensó
En ese momento se encontraban justo fuera del cementerio, viendo como la gente comenzaba a llegar, todos los amigos, conocidos y familiares.
Caras tristes, apenadas.
Fijo su atención al interior del vehículo, donde se encontraba el infante, pues pensándolo bien, no creía que ese lugar fuera el adecuado para alguien de su corta edad. O bueno, eso le había dicho Izayoi.
Vestía un traje a su tamaño, completamente de negro debido a la situación, le habían cortado el cabello, pues ya lo tenía bastante largo. Tenía la mirada gacha, sin apenas moverse.
-han llegados los padres- anuncio su madre
Dejo de observar al pequeño y enfoco la miraba en otra cosa. Apenas llevaban ahí media hora, y ya quería retirarse. No era un secreto en realidad.
…
Estaba solo, el hombre que había estado en el asiento delantero ahora se encontraba fuera del vehículo, llevándose a la boca uno de esos rollitos de papel que olían muy feo y lo mareaban.
Ya había pasado un largo rato desde que el señor Taisho y esa señora se fueran y lo dejaran a cargo de ese hombre. No sabía que pasaba, ni porque estaban ahí, o incluso porque lo habían vestido de negro y le cortaran el cabello, pero veía a mucha gente, completos extraños, todos vestidos del mismo color, y con caras muy tristes.
No entendía nada.
Volvió a sentarse sobre el asiento, y continúo esperando. No quería estar ahí, no conocía a nadie, no confiaba en nadie.
Llevo sus piernas a su pecho, y abrazo sus rodillas, recargando su cabeza.
Quería ver a su mamá.
Había un reloj dentro del auto, y al mirarlo por un rato, supo de inmediato que había estado ahí por una hora. Aun no comprendía del todo eso de las horas, pero su madre le había explicado y enseñado muy bien.
La extrañaba tanto.
Vio nuevamente a esas personas pasar al lado del auto, todas regresando por donde había venido. Nuevamente se asomo por la ventana y se percato de que, el señor Taisho junto a la señora, ya se encontraban no muy lejos del vehículo, hablando con un hombre de cabello oscuro y una mujer de cabello blanco que, por alguna razón, creía conocer de algún otro lado.
Parecían discutir, pues esas personas los miraban con enojo, mientras el señor Taisho y la que decía ser su abuela, mantenían inclinadas sus cabezas.
la mujer dio la vuelta y comenzó a acercarse rápidamente hasta donde estaba. No iba exactamente en su dirección, pues cuando creía que iba a abrir la puerta del auto, esta lo rodeo y continuo su camino. Aunque, por un momento se detuvo, no sabia porque, pero no podía quitarle los ojos de encima.
Lentamente esa mujer comenzó a darse la vuelta, y sus miradas se encontraron, dejándolo completamente sorprendido.
Ella se parecía muchísimo a su mamá.
-¿por qué?- se pregunto
La mujer lo observo, pero no por mucho tiempo, pues inmediatamente frunció el ceño y sus ojos se llenaron de lágrimas. Dio media vuelta y se alejó rápidamente de ahí.
"no me quiere"- pensó, pues ya había visto esa misma mirada con anterioridad.
La misma que siempre le dedicaba aquel hombre.
No paso mucho tiempo, cuando el hombre de cabello oscuro apareció en su campo de visión, repitiendo la misma acción que la mujer. Ambos se miraron, y pudo comprobar que, ese hombre, tenía los mismos ojos que su madre. ¿Quiénes eran?
El hombre lo miraba con frialdad, incomodándolo. Tenia el ceño fruncido, los labios apretados, las manos cerradas en puños.
Le dio miedo.
Repentinamente aquel hombre se acerco con pasos largos hasta él, asustándolo. Rápidamente se refugió del otro lado del asiento y escucho como el hombre golpeaba con ambos puños el auto, lanzándole una mirada de odio.
-¡MALDITO MOCOSO! ¡DE NO SER POR TI, MI HIJA AUN ESTARIA CON NOSOTROS!- no entendía nada, tenia mucho miedo, su cuerpo temblaba. ¿Por qué le gritaba? ¿Qué había hecho para molestarlo? ¡ESTABA ASUSTADO!- ¡MALDITO ASESINO! ¡TÚ PROBOCASTE SU MUERTE! ¡NO ERES MAS QUE UN ERROR! ¡UN PUTO ERROR!
Trato de alejarse lo más que podía de ese hombre, pero la puerta no se lo permitía. Llevo sus rodillas hasta su pecho y cubrió su cabeza con sus bracitos, tapando sus oídos con sus manitas, intentando no escucharlo.
…
En cuanto vio como Sakakibara arremetía contra su auto, corrió en su dirección para evitar que le hiciera algo al niño. Afortunadamente su chofer estaba mas cerca e intentaba alejarlo, con algo de esfuerzo, pues ambos forcejeaban.
Escucho lo que le gritaba al pequeño, y por mas que estuviese de acuerdo con algunas cosas, hasta para él era cruel decírselo de esa forma. Pero bueno, tarde o temprano tenía que enterarse, y para su mala suerte, había sido muy pronto.
Lograron entre ambos alejar al hombre, llevándolo hacia su vehículo, donde lo esperaba su esposa. Claro que no había salido ileso de esa, pues en cuanto lo soltaron, inmediatamente el puño del hombre impacto sobre su rostro, logrando que el sabor metálico de la sangre invadiera su boca. Vaya que tenía fuerza.
Después de unas cuantas amenazas hacia el niño si este llegaba siquiera a acercarse a ellos, sakakibara finalmente subió al auto y emprendieron camino.
Suspiro.
Vio como su madre intentaba calmar al pequeño, preguntándole si se encontraba bien. El niño no le respondía, simplemente se quedaba ahí, en posición fetal, temblando.
Gruño ante la visión.
Patético
…
Estaba nuevamente en aquella habitación, oscura, fría, solitaria. Se acurrucaba a si mismo sobre la cama, tenía mucho frio.
Tenia mucha hambre, pero no había querido comer nada durante la tarde, pues aún tenía muy reciente lo sucedido en ese lugar.
¿Por qué esas personas lo odiaban? El no les había hecho nada, ni siquiera los conocía.
La señora Celine le había explicado que ellos eran los padres de su mamá, que eran sus abuelos, pero no le creía, él ya tenía una abuela, su nombre era Yuno, y ellos no eran su familia como había dicho, no, su verdadera familia si lo querían, no lo hacían sentirse mal, no les causaba miedo, podía confiar en ellos.
Pero…
¿Por qué nadie iba por él?
Muchas veces los había escuchado decir que siempre estarían juntos, muchas veces lo habían prometido, que siempre serian una familia, que nadie nunca los iba a separar.
¿acaso había sido una mentira? Acaso…
No, no podía ser, seguramente pronto irían a buscarlos, y regresarían a su verdadero hogar. Si, no tenia dudas de eso, pronto irían por ellos.
Levanto su cabecita y miro hacia la ventana, contemplando el cielo nocturno, la luz de la luna, filtrándose en la habitación.
Bajo de la cama y se acerco hacia la ventana. *Subió al asiento frente a esta, y se quedó ahí.
Ya habiéndose convertido en una costumbre, llevo una de sus manitas a su pecho, y tomo el regalo que le había dado su madre, lo observo, mientras recordaba sus palabras.
"nunca estarás solo"
Recostó su cabecita sobre sus rodillas y miro nuevamente hacia la ventana. Lagrimas acumuladas en sus ojitos, sin la posibilidad de correr libremente por sus mejillas.
Se sentía más solo que nunca.
N/A:
Ugh! Créanme que hasta a mi me duele escribir estos capítulos, ¡y solo yo sé lo que viene! Pero poco a poco ustedes lo irán leyendo, acompañándome hasta el final de esta historia.
Muchas gracias por continuar leyendo mi fic, aunque este sea crudo y por todo lo que le hago pasar al pequeño sesshomaru.
Los amo!
Aquí les dejo la canción que me ha inspirado a escribir esta historia, una mis favoritas de Mago de Oz
Lamento las faltas de ortografía y comidas de letras o palabras, de repente por ahí hasta yo me pongo a leer mis capítulos y los corrijo :v
Un enorme agradecimiento a mi esposita, nuevamente, por el dibujo que estoy ocupando para la portada, lo amo.
El dibujo final lo hice yo misma, espero que les guste.
Hasta la próxima!
