Los siguientes personajes no me pertenecen, sino que son de Kishimoto, yo solo los tomo prestados con el fin del entretenimiento

¡Hola! ¿Cómo andan? Espero que bien, hoy traigo conmigo un nuevo capítulo de esta bella historia. Muchas gracias a Kaoru-sakura, Guest y SachikoX69 por sus bellos comentarios, espero seguirles sacando una risa a ustedes y a los tímidos lectores fantasmas.

Sin más, nos vemos abajo. ¡Disfruten la lectura!

Summary: Hay señales que se usan para estrategias, otras en los juegos de azar y otras… En el amor. Si quería ser Hokage, debía vivir lo suficientemente para cumplir con su sueño y eso solo se lograba de una manera; mantener en secreto ese amor avasallante. ¿Pero eso era posible teniendo a Hanabi Hyuga como novia?

"Tú no te preocupes por nada Kono-chan, todo lo que debes hacer es prestar atención y verás mis señales secretas".


Señales III

Maniobrar con los brazos llenos de bolsas, esquivando las personas que llenaban la avenida principal y la vista comprometida, significa toda una hazaña hasta para un shinobi de gran nivel como Konohamaru Sarutobi.

El jounnin, inclinaba levemente la cabeza hacia un costado, intentando no chocar y a que a la vez, sus alimentos permanecieran intactos.

–Daikon, Tempura, Soujo, Soba, Ramen… –decía, tachando mentalmente la lista en su cabeza. –Pescado kore´, solo me falta eso. –reacomodo las bolsas entre sus brazos y miro a su alrededor. – ¡Oba-chan!

Una mujer terminaba de despedir a su último cliente con una leve reverencia, antes de sonreírle al nieto del Tercer Hokage.

–Konohamaru-san.

–Señora Hiro.

La dueña de la pequeña pescadería, limpio sus manos en su delantal, ya manchado por tantas horas de trabajo y se acomodó el pañuelo en su cabeza.

–Qué bueno verlo Konohamaru-san. Dígame ¿Qué necesita?

–Asari ¿Tiene?

–Justo me llego fresco hoy temprano. Puede comprobarlo usted mismo.

Konohamaru se acercó a la vitrina de vidrio con una gran sonrisa. Una selección de almejas era puesta a su entera disposición.

–Sin duda fue una gran pesca kore´.

–Hai, gracias a que ahora Konoha se abrió con las demás naciones, nuestros ríos se han llenado de una gran variedad de peces.

–Deme dos kilos kore´.

–Por supuesto. Enseguida se lo preparo. – La señora Hiro volvió a limpiarse las manos y saco la bandeja de la vitrina.

Mientras la vendedora, tomaba las almejas e iba a una esquina de su negocio a envolverlas y pesarlas, Konohamaru buscaba su billetera para pagar.

– ¡Ay!

Una mala maniobra, una billetera demasiado lejos y muchas bolsas sobre sus brazos, provoco un único resultado.

Konohamaru se movió rápido, al ver la caja de huevos salir volando, sin pensar en el resto, dejo caer todo y con ojos alarmados llego a agarrarlos antes de que estos se rompieran contra el piso.

–Eso estuvo cerca kore´ – suspiro, pero rápidamente la sensación de alivio se esfumo, al ver el desastre en el piso. –Espero que no se allá roto nada kore´. –rogo y se puso en cuclillas, comenzando a juntar los víveres.

–Aquí tiene.

Una mano le extendió un daikon.

–Arigato. –tomo la verdura blanca y levanto la vista, con una sonrisa amable, que se diluyo rápidamente al ver de quien se trataba. – ¡Hanabi!

–Hola Kono-chan. –le sonrió.

–Tú…

La Hyuga agarro alguna de las bolsas y se levantó.

– ¡¿Qué haces aquí kore´?!

– ¿No es obvio? –le extendió las bolsas y el jounnin las tomo, reacomodándolas nuevamente en sus brazos. –Vine a comprar pescado. –señalo el negocio.

– ¿Ahora?

La mujer se cruzó de brazos y lo miro con una ceja alzada

– Estas muy paranoico, Konohamaru. –una sonrisa ladeada lleno sus labios. –Aunque me encantan estos encuentros inesperados.

– ¡No son inesperados kore´! –se quejó. – ¡Eres tú!

– ¿Yo?

– ¡Si kore'! Siempre te apareces y…–un tono rosa se concentró en sus mejillas. –Y haces cosas kore'! Cómo, cómo. –tartamudeo.

– ¿Cosas? –sus ojos brillaron de diversión. – ¿Cosas como que, Kono-chan? –lo incito a seguir.

–Hanabi…

Ella acerco, Konohamaru apretó las bolsas contra su pecho.

–Hanabi… –suspiro.

–¿Sí? –dijo en un tono dulce y suave.

–Estas demasiado cerca kore`. –trago con dificultad, mientras miraba para los costados nervioso.

–No es cierto. –respondió con total tranquilidad. Avanzo un paso y otro más.

El corazón del shinobi se aceleró y Hanabi sonrió aun más.

–Esto es cerca. –le susurro, con sus labios casi rozándose y sus narices pegadas. El aliento tibio de la Hyuga, mareaba al shinobi, que sentía perdía fuerza. – ¿Querés que te muestre lo que es estar pegados, Kono-chan?

Las bolsas volvieron a caer al suelo y la cantarina risa de la mujer, acompaño el sonido seco.

– ¡Tienes que dejar de hacer eso kore`! –se agacho y comenzó a juntar la comida, Hanabi lo ayudo, aun con la diversión brillando en sus ojos.

–Yo no hice nada, Konohamaru.

– ¡No intentes confundirme kore'! –le saco las latas de las manos, a la mujer y se levantó.

–Eres tú el que no se explica honorable nieto. Además… –soltó un suspiro largo y su voz adopto un tono más agudo. –Yo no creo en las casualidades, para mí que es el destino, que nos une como amor prohibido que somos. –se inclinó ligeramente hacia él, pegando su hombro al suyo

– Hanabi. –le advirtió, con el ceño fruncido.

La Hyuga rodo los ojos, el juego había terminado.

– Ya lo sé. –se alejó unos pasos y se mordió el labio inferior. –"Nada de muestras de afecto en público". –su voz sonó mas grave, haciendo una imitación muy infantil del shinobi.

Konohamaru abrió la boca para responder, pero la señora Hiro, se acercó nuevamente al mostrado, con una bolsa en mano.

–Aquí tiene Konohamaru-san ¿Le agrego algo más? –señalo un cartel pegado en una de las paredes del local. –Tenemos una promoción de Ayu, lleva dos kilos y paga uno.

–Oh sí. ¡Agréguemelo Oba-chan!

La mujer asintió, volvió a limpiar sus manos y saco del frio una bandeja llena de truchas.

–Ya se lo preparo.

–Hai.

Konohamaru saco la billetera de su bolsillo y apoyando las bolsas a un costado, comenzó a sacar la plata cuando de repente un pequeño sonido, demasiado similar a un gemido, lo paralizo.

Miro al costado y se encontró con Hanabi se inclinaba hacia la vitrina mirando concentrada la gran variedad de pescados.

– ¿Ika o Amenouo?–tenía su dedo aun lado de su labio mientras sus ojos vagaban por la comida. – ¡Es difícil! –chillo y levantándose miro al shinobi. – ¿Tu qué piensas Konohamaru? Últimamente tengo un antojo voraz de Ika (calamar)

– ¿Antojo? –tartamudeo el shinobi.

Hanabi parpadeo y luego de varios segundos, al ver la mirada perdida del jounnin y su rostro rojo, lo entendió.

–No te asustes Kono-chan. –le guiño un ojo. –Una puede tener antojos sin estar embarazada.

– ¡Yo no pensé eso! Además no... –se mordió los labios y volteo el rostro.

– ¿Además no qué? –movió las cejas sugestivamente.

– ¡Nada! –se apresuró a dejar la plata sobre el mostrador y tomar las bolsas.

–Kono-chan pervertido. –murmuro entre dientes.

– ¡Yo no…!

Sus palabras se vieron de repente silenciadas, como si fuera un niño, con un suave toque de un dedo sobre su nariz.

–Está bien Kono-chan. –Hanabi lo miraba con un tenue rubor en sus mejillas, pero una sonrisa traviesa aun bailando en sus labios. –Entiendo que ya eres todo un hombre.

El regreso de la dueña del local puso fin a su conversación. Como si nada hubiera pasado, Hanabi volvió a hablarle, cambiando por completo su tono a uno más formal.

–Konohamaru-san su pescado.

– ¿Eh?

Hanabi oculto la sonrisa con su mano y rápidamente a adoptar una seriedad propia de su clan, pero con pinceladas con amabilidad.

–La señora Hiro ya terminó de prepararle su pescado. ¿Se siente bien?

–¡Estoy bien kore'!

Tomo el pescado y para los ojos confundidos de la vendedora, se marchó sin siquiera esperar a recibir el vuelto.

– ¿Le abra pasado algo al joven Konohamaru? Lo noté muy rojo ¿Cree que esté enfermo?

Hanabi se encogió de hombros, inocentemente.

–Quien sabe.

–Bueno señorita Hyuga, dígame qué le ofrezco.

La kunoichi miro de reojo el camino por donde había salido Konohamaru, antes de mirar a la dueña del negocio con una sonrisa.

– Llevare la misma promoción de Ika, Oba-chan.

•~•~•~•~•~•

– ¿Hanabi? –Tenten entro a la cocina. – ¡Hanabi-chan! –humo negro acaparaba la habitación y el origen no era otro que una pequeña olla olvidada en el fuego. –¡Hanabi-chan, te olvidaste de apagarla! –regaño la kunoichi, mientras se apresuraba a abrir las ventanas, para que corriera el aire. – ¿Hanabi?

La Hyuga soltó un largo suspiro, apoyada contra la mesada y con la mirada perdida en los condimentos.

Tenten toseo, agarro un paño seco y tomo la cacerola con cuidado. La soltó en el lavaplatos y abrió la canilla de agua fría.

– ¿Qué le pasa? –se preguntó mirando a la castaña, que volvía a suspirar perdida en su mundo.

–Hanabi, por favor pásame mi bastón. –Hiashi se impulsó desde los apoyabrazos de su silla y se irguió tambaleante. –Hija, pásame mi bastón. –repitió.

Un ligero tic, se asomó en su ceja ante la falta de respuesta.

– ¡Hanabi! –alzo la voz, pero lo único que escucho fue un suspiro; un largo y profundo suspiro. – ¡Hanabi te estoy hablando! –dio un paso, pero su cuerpo lo traiciono, al igual que sus reflejos.

Un golpe seco saco de su ensoñación a la mujer.

– ¡Oto-sama! –se agacho y lo tomo del brazo, ayudándolo a levantarse. –Cuantas veces le he dicho que me avise cuando se levante de la silla. –frunció los labios. –Tiene que dejar de ser tan orgulloso y dejarse ayudar, Oto-sama.

El tic en la ceja del patriarca del clan Hyuga se incrementó.

–Hmmp.

–Mira el blanco, nada más que el blanco, cariño y cuando apuntes, recuerda relajar tus músculos, respira y… ¡Tira!

La kunai abandono la mano del niño y corto el aire moviéndose rápido, hasta impactar a cinco centímetros del centro.

Tenten sonrió y abandono el lugar al lado de su hijo, para ver la madera

–Muy bien. Un centímetro más cerca.

Hizashi soltó un bufido, haciendo una mueca con los labios.

–Aun así está muy lejos de tu tiro, oka-san –señalo la otra kunai incrustada en la madera.

–No te desanimes cariño. –le guiño un ojo. –Solo es cuestión de trabajo duro. ¡Brilla con toda la fuerza de la llama de la juventud Hizashi-kun!

Una sonrisa sutil se asomó en los labios del gennin, que volteo el rostro ligeramente avergonzado.

–Cada vez suenas más parecida al tío Lee, oka-san.

Tenten se rio.

– ¿Otra vez? –le pregunto.

El niño sonrió con esa mezcla de confianza y egocentrismo heredado y jugando con una kunai en su dedo, asintió.

–Otra vez.

–Bien, recuerda lo que te dije Hizashi-kun. Relájate.

–Hai.

Apunto, frunció ligeramente los ojos, deslumbro el blanco y… Un jounnin de mayas verdes y cejas pobladas, hizo una entrada dinámica en el complejo.

– ¡¿Dónde está Hizashi-kun?!

La kunai salió desviada.

– ¡Lee! –grito la mujer.

– ¡Hola mi bella flor! Mira lo que conseguí para que tu pequeño hijo. Con esto estoy seguro que brillara con todo el poder de la juventud. –dijo emocionado y saco un par de mallas verdes. –¡¿No es genial?! Seguro mi eterno rival, se pondrá contento cuando lo vea.

– ¡Lee no puedes aparecerte así! Estábamos entrenando mira si…

– ¡Hanabi-neechan! –grito el niño, deteniendo la discusión del antiguo equipo Gai. – ¡Cuidado!

Con ojos alarmados, todos vieron como la kunai volaba rápido hacia una de las columnas de madera del pasillo, por donde en ese instante pasaba la mujer.

–¡Hanabi! –gritaron los tres y entonces, para incredulidad de ellos, la kunoichi se detuvo, pero no por sus gritos, sino que dejo de caminar, suspiro y luego comenzo a reírse.

La kunai se incrusto en la madera y Hanabi negando con la cabeza y con una notoria sonrisa pintada en los labios, volvió a caminar.

–Florecita ¿Qué fue eso?

–No lo sé.

–Yo sí. –los dos jounnin miraron al niño. –Se volvió loca, Hanabi-neechan finalmente se volvió loca.

–¡Hizashi-kun!

El niño miro seriamente a su madre.

–Solo un loco se ríe solo oka-san. –volvió a mirar hacia el lugar donde había quedado la kunai. –Solo un loco.

•~•~•~•~•~•

La familia Hyuga, se había sentado en la mesa a cenar, después de que Tenten salvara la cena, Hiashi se colocara hielo en las lumbares y Hizashi guardara sus kunai, comenzaron a comer en completo silencio, o así fue hasta que, un largo suspiro escapo de la hija menor del Souke.

–Hanabi. –hablo Hiashi. –Hanabi. –repitió.

El silencio de la kunoichi, capto no solo la atención de su padre, sino también la del joven matrimonio del Bouke.

–Hanabi-sama –intervino el genio del clan.

Una risita cantarina, acompañado de una negación con la cabeza, fue la única respuesta. Pero era segura que no para ellos.

"Solo un loco se ríe solo Oka-san"

Tenten apoyo el codo sobre la mesa.

¿Loca? No, su hijo debía estar equivocado, Hanabi podía ser demasiado extrovertida, pero no estaba loca.

"Pero entonces ¿Por qué esta tan distraída?" se llevó una pequeña porción de arroz a la boca, mastico y trago. "Hanabi-chan es más impulsiva que Hinata-chan, siempre está hablando pero últimamente permanece callada. Sonriendo y riéndose como si…" abrió los ojos alarmada, el arroz quedo atorado en su garganta y comenzó a toser.

–¿Estás bien? Toma.

La maestra en armas se apresuró a asentir y el vaso que su esposo le ofrecía.

"No puede ser" Tomo la mitad del agua y lo apoyo secamente sobre la mesa. "Acaso…" fijo sus ojos en la líder de equipo "¡Está pensando en alguien!" llevo la mano a su boca y el asombro rápidamente se convirtió en una risa.

Muy diferente a la de la protagonista de la noche, pero ahí estuvo. Una sutil y casi muda risa, que acaparo la mirada curiosa de su esposo.

Le hizo una seña con la mano, asegurándole que todo estaba bien y volvió a comer. Ahora ya todo tenía sentido, pero ¿Fue la única que lo noto?

Hiashi suspiro ante la nula respuesta de su hija, desistiendo agarro sus palillos y comenzó a comer.

–Hanabi-obachan. –intervino el más pequeño Hyuga, de forma puntillosa.

– ¿Si, Hizashi-kun?

Los palillos del líder quedaron a mitad de camino, la sonrisa de Tenten se agrando aún más y en las bocas de tanto el padre como el hijo se abrieron en una "o" perfecta.

–No se enojó. La llame tía y no se enojó oto-san –susurro alarmado el gennin.

Neji igual de perdido que su hijo, miro a su esposa pero la kunoichi solo se encogió de hombros y continúo comiendo, ignorándolo completamente.

El patriarca del clan, afilo su mirada de manera tan intensa que parecía que en cualquier momento su Byakugan tomaría partido en sus ojos gastados.

Entonces lo vio, un brillo titilar en el tono lavanda de los ojos de su hija, fue lo primero que encontró. Frunció el ceño y bajo la vista solo unos centímetros mas; rubor, un tono rojo delicado que le daba un color mas vivido a la piel blanca de su hija.

Una línea recta tomo partido en sus labios, seguida al instante por un seco bufido.

Hinata era la viva imagen de su amada esposa Hana, cabello, piel, contextura; más la traviesa y vibrante actitud de la matriarca Hyuga era acaparada por completo en su hija menor.

Hanabi heredó esa actitud rebelde pero llena de ternura, de su madre. Oh, sí de eso estaba seguro y si él había conocido a su esposa, ¡Cosa que hizo! Hana solo sonreía así cuando él estaba presente. Eso significaba que... Negó rápidamente con la cabeza.

"No puede ser eso" pensó. Rápidamente huyo la mirada hacia la comida que vestía su plato. Dio ingirió tres bocados y más centrado, se decidió por hablar.

–Hanabi –alzo la voz un poco mas de lo normal y parece que eso fue suficiente para captar finalmente la atención de su hija. – ¿Hay algo que te inquiete? –afilo su mirada, esa que era temida y que ahora solo usaba con sus nieto rubio para desembrollar las mentiras del niño.

–Para nada oto-sama.

La mirada no había funcionado, el líder miro a los demás presentes, pero todos preferían seguir comiendo antes de intervenir. Suspiro, debía ser más directo.

–Has estado distraída todo el día.

Hanabi parpadeo con una inocencia pulida, que era tan perfecta como sospechosa.

–Solo meditaba sobre una próxima misión, Oto-sama. El Hokage me cito a su oficina mañana.

–No parecía eso. –comento una voz infantil, más rápidamente fue callado por una mirada de advertencia por parte de su tía.

– ¿Tienes hambre Hizashi-kun?

–Yo no dije...

–Toma Nee-chan preparo Ika para ti. –se inclinó hasta el niño llevándole la comida directo a la boca. Hizashi trago con dificultad y luego con la seriedad propia de su padre y sonrisa traviesa de su madre, respondió.–Oka-san cocina mejor

– ¿Eh? ¡Tú también Hizashi-kun!

– ¿No íbamos a comer amenouo, hoy? –intervino Neji.

Esa inocente palabra paralizo por completo a la Hyuga.

–Yo le dije a Hanabi-chan que comprara amenouo (salmón) –intervino la maestra en armas. Tente se inclinó, tomo una pequeña porción de pescado con sus palillos y lo acerco a su esposo. –Pensé que te gustaría más. –le sonrió dulcemente. –Di "Ahhh" Neji.

–Hmmp.

El genio esquivo la mirada avergonzado, pero abrió la boca, aceptando el gesto de su esposa.

– ¿Rico?

–No está mal. –le respondió.

La cena continuo, para suerte de Hanabi, en completo silencio. Más ello no lograba disipar la duda que se instaló en su cabeza.

Miro a la maestra en armas, por sobre el borde del vaso.

¿Ella sabía?

Se atraganto con la bebida y comenzó a toser, rápidamente tomo una servilleta y volvió a mirar hacia la mujer, para comprobar que lo que había visto no había sido imaginación suya.

La respuesta no tardo en volver a aparecer, un guiño, un sutil guiño escapado de las miradas masculinas

¡Maldición, Tenten sabia! ¡Ella lo sabía!

•~•~•~•~•~•

Los líderes del Bouke y Souke tomaban el té en soledad, con la vista a los patios del complejo. La bebida caliente fue servida en las taza y ni bien Hiashi termino de dar el primer sorbo, hablo:

–Sonrió como Hana.

– ¿Disculpe Hiashi-sama? ¿Dijo algo?

–Hanabi tenía la misma sonrisa que mi esposa. –repitió. Pero no para el hombre enfrente suyo, sino para sí mismo.

–No le entiendo.

Pero el líder del Souke no volvió a hablar y Neji tampoco pregunto, reconociendo que ahora su tío, estaba completamente sumergido en sus propios pensamientos.

"Hana" el anciano perdió la mirada en las flores del jardín. Si su sospecha era cierta, tenía una situación que afrontar y rápido.

–Hanabi-chan.

– ¿Sí?

Tenten cerró la canilla y se secó las manos con el delantal.

–Llegado el momento yo detendré Neji. No te preocupes por ello.

Hanabi dejo de secar la vajilla.

– ¿De qué hablas, Tenten-chan? –no levanto la mirada.

La maestra en armas sonrió de la misma manera que Hanabi había visto tantas veces en su sobrino. Tibia, pequeña, pero divertida.

–Cuando llegue el momento, yo lo detendré. –le repitió y sin esperar respuesta, se sacó el delantal y salió de la cocina, dejando atrás suyo a una Hanabi avergonzada, pero agradecida.

Continuara...

•~•~•~•~•~•

¿Todos estamos de acuerdo en que Hiashi AVISO que se iba a levantar, no? Porque si esto sigue así, se viene un juicio por abandono de persona y van a necesitar testigos XD. Es claro que Konohamaru no es el único distraído últimamente ¡Ay lo que provoca el amor!

Les comento que para este capítulo hice una pequeña investigación de gastronomía japonesa. ¡Todas las comidas nombradas existen!

鯏 (あさり) "asari" almeja también se escribe 浅蜊

鯇 (あめのうお) "amenouo" especie de salmón.

鮎 (あゆ) "ayu" una especie de trucha.

Daikon , Tempura, Soujo, Soba y Ramen.

Me rei y me divertí tanto haciéndolo, que espero haber logrado lo mismo en ustedes. ¡Recuerden! Solo toma tres segundos hacer feliz a esta servidora… No leemos pronto, saludos.

Spoiler: Ver el capítulo 176 "¡Cierren la puerta!" de Boruto. XD