Los siguientes personajes no me pertenecen, sino que son de Kishimoto, yo solo los tomo prestados con el fin del entretenimiento

¡Hola! Mis queridos lectores ¿Cómo están? Espero que se encuentren muy bien, volví con un nuevo capítulo.

¿Por qué la tardanza? La inspiración es una musa compleja, pero logre llegar a un acuerdo y se quedó conmigo unos días.

Pensé bastante en como ilustrarles todo lo que yo pase con este capítulo y me decidí por esto.

Estoy en un auto, al volante y en plena autopista haciendo zigzag. "Señales XII" fue eso, ir cazando una a una todas las ideas (que eran demasiadas) e irlas acomodando, pero sin perder el control, porque chocaba y ahí… Ahí no hay inspiración que te salve.

¿Salió bien? ¿Salió mal? ¿Choque o salí ilesa? Eso lo decidirán ustedes, mis fieles copilotos.

Así que sin más, solo me queda decir… Disfruten de la lectura.

Summary: Hay señales que se usan para estrategias, otras en los juegos de azar y otras… En el amor. Si quería ser Hokage, debía vivir lo suficientemente para cumplir con su sueño y eso solo se lograba de una manera; mantener en secreto ese amor avasallante. ¿Pero eso era posible teniendo a Hanabi Hyuga como novia?

"Tú no te preocupes por nada Kono-chan, todo lo que debes hacer es prestar atención y verás mis señales secretas".


Señales XII

Parte I

"La elección, no la casualidad, determina tu destino" Aristóteles

Unas horas antes en el complejo Hyuga…

–Otto ( Esposo). –llamo Tenten intentando captar la atención de su esposo. –Otto. –repitió.

Llevaban ya tres horas encerrados los dos en la habitación matrimonial. Tres horas desde que Konohamaru había sido "acompañado a la puerta" de forma muy amable por la kunoichi, ¡Tres horas! Desde que Neji caminaba de una punta a la otra imitando a un león enjaulado.

–Neji, te estoy hablando. –ya se estaba cansando. –Hyuga. –frunció el ceño y nada, ni respuesta. –¡Neji! –grito y fue así que finalmente el prodigio puso en espera su caminata y la miro.

– ¿Qué?

–Podrías parar por favor. –le pidió y se masajeo la sien. –Estas actuando igual que nuestro hijo. –le señalo los pies. –Y me vas a dejar un hueco en el piso.

–Hmmp. –se cruzó de brazos.

Tenten suspiro y compuso una suave sonrisa. –Ven Neji. –hablo de forma calmada. –Siéntate y cuéntame que pasa por esa cabeza de genio que tienes. –palmeo el costado de la cama.

Neji la miro. Tenten acentuó su sonrisa y volvió a palmear el edredón, entonces el genio dirigió la atención la cama y negó con la cabeza.

–No, gracias. –retorno la caminata de una punta a la otra.

Se movía tenso, rápido, logrando una rutina irritablemente reiterativa, que superaban las de Lee.

Izquierda, derecha, izquierda, derecha ¡Izquierda y derecha!

La sonrisa de la maestra en armas se borró y resignada solo amago a rodar los ojos mientras optaba por esperar a que en algún momento su esposo se decidiera a hablar.

Por suerte no estuvo que aguardar tanto, ella ya estaba haciendo dibujos imaginarios con el dedo sobre el edredón, cuando Neji le llamo la atención.

– ¿Tú sabias esto? –le pregunto.

– ¿Qué cosa? –lo miro.

El genio frunció ligeramente el ceño.

–Qué ellos dos estaban juntos, Tenten.

–Ah eso… –esquivo la mirada y los dedos retomaron distraídamente las caricias en la tela. –Tal vez. –se mordió el labio. Vio de reojo como él se disponía a hablar y se apuró a interrumpirlo. –Espera Hyuga antes de que empieces con "¿Por qué no me dijiste nada?" –volvió la voz más grave, en una infantil imitación de su esposo. –Solo era una sospecha ¿sí? Hanabi-chan jamás me dijo nada, aunque… –se le coló una sonrisita. –Aunque era obvio ¿no crees? Solo un idiota se creería realmente lo de Hanako Gyuha.

Miro como la expresión del prodigio se endureció y no pudo evitar soltar una risa nerviosa en respuesta.

–Si te sirve de consuelo, hasta los genios pueden equivocarse en estos temas. –intento consolarlo.

Neji bufo: –Estas disfrutando esto ¿no, Tenten?

Ella volvió a reír. –Solo un poco. –admitió e hizo una seña con dos dedos. –Pero poco.

Neji soltó un suspiro. –Aun cuando no estuvieras segura, debiste decirme, yo lo habría entendido.

La sonrisa se borró y ahora era ella la que lo miraba, como si lo que acaba de oír resultara la mayor idiotez del mundo.

– ¿Enserio? –dijo incrédula. –Neji llevamos ya tres horas aquí encerrados. –señalo la puerta. –Tuve que detenerte para que no…

Neji levanto la mano frenándola. –Ya entendí tu punto.

–Bien.

–…

–…

– ¿Sabías que él estaba aquí?

–Hai, vino por una encomienda del Hokage para Hiashi-san.

Neji la miro y ella al instante bufo ofendida, por la pregunta que leyó en aquellos ojos blancos.

–¡Konohamaru-san no invento eso para entrar Neji!

–Hmmp.

–Pero si tanto lo dudas, siempre puedes preguntarle a Naruto.

–No, si tú lo dices debe ser cierto. –le reconoció.

Él no volvió a hablar, sumido completamente en sus propios pensamientos. La mujer dejo el lugar de la cama y camino hacia él.

–Neji, mírame. –lo tomo el rostro, obligándolo a que la viera a los ojos. – ¿Qué es lo que pasa? No estas molesto solo por ello ¿verdad?

–No me di cuenta.

–¿Qué cosa, cariño?

Neji no llego ni pensar en mentirle, la sola idea era tonta. Ante la mirada de la kunoichi, él siempre se encontraba en desventaja, antes y más aún después de casados, jamás pudo huir de esos ojos avellana.

–Neji…

–Que ella estaba llorando, Tenten. –saco todo el aire de sus pulmones. –No vi que la había hecho llorar, hasta que Sarutobi-san apareció. –miro a su esposa buscando hallar en los ojos de ella, el sentido a todo lo sucedido. –Ella jamás dijo nada, Tenten. –se sinceró. –Ni siquiera creo que lo haya hablado con Hinata-sama.

–Bueno… –su voz fue suave. –Ustedes los Hyuga jamás fueron él tipo de personas que se abren fácilmente Neji. Si no fuera por mí, que me esforcé para aprender a leerte, no me dirías ni la mitad de cosas que pasan por esa cabeza de genio.

Pero aun ante el humor de la kunoichi, el prodigio continuo pensativo.

–Neji…

–Tenten. –Con una delicadeza que solo usaba en la intimidad, le aparto las manos del rostro y las bajo para entrelazarlas con las suyas.

Ella le dio un ligero apretón, junto con una sonrisa comprensiva.

Se comunicaban con los gestos, guiados por la calidez que emanaba el otro. Con una mirada Tenten sabía si debía insistir o esperar. Con un apretón decían un mudo "estoy aquí" y una sonrisa se tornaba un "gracias" o un "te entendiendo" sincero. Solo ahí, en ese capullo de intimidad que los envolvía, el Hyuga se sentía seguro para soltar cualquier duda o inquietud, que rompiera con la imagen de genio que lo caracterizaba.

–Hanabi-sama desde que éramos niños fue diferente, a mí y a Hinata-sama, Tenten. –la imagen de la pequeña Hyuga le llego a la cabeza. –Ella siempre fue tan extrovertida una…

– ¿Niña caprichosa? –termino ella por él.

Neji suspiro y volteo el rostro.

–No debí llamarla así.

–Está bien Neji. –lo obligo a que la mirara. –Solo estabas enojado, no hablabas enserio.

Guardaron un largo silencio, hasta que la matriarca volvió a hablar.

– ¿Sabes que creo?

La voz de ella no era más que un susurro. A la de él se le entreveían las dudas.

– ¿Qué?

–Creo que a veces los que más sonríen, son los que más dolor se guardan. –con el pulgar le marco caricias suaves en el dorso de la mano.

Él se relajó ante su toque y ella siguió hablando, sin subir la voz en ningún momento.

–Porque odiar es sencillo Neji, tú lo hiciste de niño. –le recordó. –Pero que algo te duela y además sonrías. –negó tristemente. –Eso es mucho más difícil cariño, porque te estas mintiendo a ti mismo.

–No sé qué hacer.

Ella lo hizo inclinarse desapareciendo los centímetros que los dividían. Pego su frente con la de él y lo miro.

–Bueno, yo tengo una idea. Empieza con "dis" y termina con "culparse".

Los labios del Hyuga se elevaron levemente.

–Sabía que dirías eso.

Ella le sonrió enternecida. Neji se separó, más no le soltó las manos. Permaneció en silencio y mientras tanto Tenten disfruto la expresión ceñuda pero a la vez confundida que el jounnin ponía.

–No son muchas las veces que te he visto sin saber qué hacer, Hyuga.

Él bufo en respuesta y ella sin poder contenerse, se paró en puntas y tomándolo desprevenido le rozo los labios en una caricia casta y tenue.

–Todo estará bien. –le susurro contra su boca.

–Tenten. –amago a profundizar el beso, pero ella lo detuvo pellizcando la mano que buscaba encontrar camino en su cintura.

Neji la miro confundido.

–Tienes algo que hacer. –le recordó volviendo a poner distancia.

–Pero Tenten.

–No, no. –sonó firme, pero la sonrisa seguía ahí. –No me usaras de excusa para posponerlo, Hyuga.

–Hmmp. –Neji tose y volteo el rostro hacia el costado intentando disimular el rubor en sus mejillas. –Está bien. –acepto a regañadientes.

La maestra en armas se rio y sin soltarle la mano dijo:

– ¿Ikou? (¿Vamos?)

–Hai.

– ¡Oh espera!

Antes de cruzar el umbral de la puerta, Tenten detuvo al jounnin.

Neji alzo una ceja: –¿Qué sucede?

–Oh nada, nada. –le sonrió y saco una kunai de entre las mangas del kimono. –sola tomara un segundo.

–¿Tenten?

–Solo quédate quieto ahí, Neji.

El Hyuga aun confundido, asintió y aguardo de brazos cruzados.

Tenten se acercó al borde izquierdo de la puerta y con un movimiento seco, corto lo que a simple vista parecía nada, pero que el prodigio pudo deducir como un hilo trasparente.

Enseguida una avalancha de kunais chocaron entre sí para después caer al piso.

– ¡Ya está! –proclamo orgullosa sacudiéndose las manos y volviendo a guardar el arma.

–Eso…

Ella sonrió y se encogió de hombros como si nada hubiera pasado.

–Necesitaba algo para saber si salías de la habitación, no quería arriesgarme a que fueras tras Konohamaru-san.

La miro con el ceño fruncido.

–Y tu táctica era atacarme con una avalancha de kunais.

–¡Oh Neji! –agito la mano. –No seas exagerado.

El Hyuga alzo la ceja no muy convencido con esa respuesta.

–No sos tan lento como para no esquivarlas. –dijo confiada en las habilidades de él.

–Hmmp.

A veces olvidaba, que el ser su esposo no lo libraba de convertirse en blanco de la mejor maestra de armas de Konoha, al contrario… Incrementaba él riesgo.

•~•~•~•~•~•

–¿Hizashi-kun?

La pareja vio a su hijo venir corriendo por los pasillos, mientras se acomodaba la ropa.

Él pequeño se detuvo ni bien los vio.

–Oka-san, Oto-san.

Ambos adultos se miraron confundidos entre sí, pero fue Neji el que hablo.

–Creí que estarías vigilando a tu tía.

–Hai Oto-san. Pero vino Hinata-obasan, así que deje a Hanabi-neechan con ella mientras iba al baño. –señalo la habitación de la que había salido.

Neji miro a la mujer, trasmitiéndole de forma muda su pregunta, ella solo amago a encogerse de hombros igual de confundida.

–Hizashi ¿tu tía estaba sola?

El niño pareció extrañarse por la pregunta, pero aun así respondió.

–Sí, Oto-san ¿Por qué?

–Neji. –Tenten noto al instante como la cara de su esposo se endurecía, hasta el punto que fruncía el ceño.

Mala señal.

–Neji espera, sea lo que sea que estés pensando no creo que…

Pero el prodigio ignoro a la mujer y se aboco por completo en su hijo, aligerando la expresión al verlo.

–Buen trabajo Hizashi. –lo felicito. –Yo te relevare ahora, tú descansa.

Y sin aguardar respuesta, se dio vuelta encarando una dirección clara.

–¿Dije algo malo Oka-san? –pregunto confundido, al ver a su padre irse.

–No cariño, no es nada. –le dio una sonrisa dulce seguida de una felicitación apresurada: –Lo has hecho muy bien, ahora ve a jugar que tú Oto-san y yo nos encargaremos del resto.

–¡Hai, oka-san!

Y ante los ojos de Hizashi, la kunoichi salió corriendo intentando interceptar a su esposo.

–Neji ¡Neji espera! –llego agitada a él. –Pensemos fríamente… –le pidió.

–Hinata-sama no vendría sola y sin avisar. –le dijo seguro, sin detenerse.

–Tal vez si sea ella Neji, yo la llame hoy temprano. –casi tropieza. –¿Podríamos ir más lento? Neji ¡Neji!

Pero el Hyuga la ignoraba, cruzaba, se detenía y doblaba por los diferentes pasillos que ya conocía de memoria

–¿Te aseguro que vendría? –pregunto él.

–No pero…

–Hmmp.

Él acelero y ella se hartó.

–¡Hyuga! –grito.

Cansada de esta actitud, Tenten se puso delante de él y le coloco ambas manos en el pecho, deteniéndolo en seco.

–Neji escúchame. –lo miro. –Por favor si es él prométeme que te comportaras y escucharas lo que tiene que decir, antes de abalanzarte.

–Si es él. –puntualizo entre dientes. –Se inmiscuyo en mi casa y está en la habitación de mi prima.

–La habitación de su novia. –le recordó.

La mirada helada que puso el genio, hizo reír nerviosamente a la mujer.

–Ya entendí, tomara algún tiempo acostumbrarse, puedo con ello, pero por favor. –le pidió. –Suficiente con lo que ya paso, recuerda que ibas a disculparte con ella, si haces algo Hanabi-chan se enojara ¿Sí?

–Hmmp.

–No escuche una respuesta Hyuga.

–Tenten.

–Estoy esperando.

El prodigio bufo y murmuro casi sin volumen. –Lo escuchare pero si le está haciendo algo…

–Ya sé, ya sé. –cedió. –Si le está haciendo algo a Hanabi-chan yo misma te ayudare a sacarlo de aquí. –le prometió.

•~•~•~•~•~•

La pareja doblo encarando el pasillo que conectaba la habitación de la heredera del Souke con el resto del complejo.

Realmente no hizo falta ni llegar a la puerta, para que Neji confirmara su sospecha. Otra línea de chackra fluía de la habitación

–Lo sabía.

Tenten lo tomo del brazo obligándolo a permanecer quieto. –Recuerda lo que me prometiste, Neji.

–…

–Neji. –hablo lo suficientemente alto como para regañarlo, pero también cuidándose de no ser escuchado por la otra pareja.

–Ya lo sé.

Ella lo soltó y caminaron los pasos restantes. Una vez frente a la puerta, se miraron entre sí y Tenten asintió. Neji levanto su mano, dispuesto a deslizarla, cuando una voz del otro lado los detuvo.

"¿A que le temes, Hanabi? ¿Qué es lo que tanto te preocupa?

Ambos se extrañaron por la pregunta, pero reconocieron la voz, aunque Neji ya había deducido la presencia del hombre, ahora tenía la certeza.

Konohamaru Sarutobi estaba acompañando a Hanabi.

De alguna manera ese jounnin se había colado en el complejo, esquivando millones de Byakugan y no solo eso sino que además, se aprovechó de la inocencia de su hijo para dar con la heredera.

–Neji.

Tenten vio el Byakugan tomar partido rápidamente en los ojos del shinobi.

–Neji. –volvió a insistir apretando los dientes.

Él la miro inmutable y ella le frunció el ceño.

–Tus ojos. –susurro lo más alto que podía.

Neji bufo dando una clara negación y Tenten se cruzó de brazos.

–Tus ojos Hyuga, ahora. –uso el tono, que solo guardaba para cuando regañaba a su hijo.

–Se inmiscuyo en nuestra casa…

–No me importa eso ahora. –se impuso. –Me prometiste que hablarían, así que desactiva el Byakugan, no me hagas repetirlo, Neji.

El prodigio de muy mala gana cedió. Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, el Byakugan había desaparecido.

– ¿Satisfecha?

–Hai.

Ahora ya dejando eso atrás, Neji amago a deslizar la puerta cuando:

"–Que vuelva a repetirse".

La voz de ella lo detuvo. No pudo abrirla.

Mira a su esposa pero Tenten parecía igual de extrañada. Mientras tanto la voz de Hanabi siguió escuchándose del otro lado, desconociendo que era oída.

"–Esto no lo sabe ninguno de ellos, jamás se lo conté a nadie pero cuando mi padre, Nee-sama y Neji-nisan se fueron a la guerra, los ancianos convocaron a una junta conmigo. Me hablaron de las responsabilidades y cosas que debería asumir, si mi padre no volvía."

Los ojos del prodigio se abrieron ligeramente más de lo normal, ante esa nueva verdad.

"Hanabi-sama"

"–Eran esas mismas palabras, su discurso no había cambiado. Honor, tradición y deber. No dormí esa noche, me sentí tan aterrada y encerrada".

El tono dicharachero y extrovertido se diluía. Hanabi hablaba con una seriedad, que él siempre le pidió pero ella le negaba. Pero ahora que la escuchaba… prefería mil veces, la mujer adicta a las burlas y comentarios mordaces, que está.

Una Hanabi seria, dura, una mujer que con cada minuto que pasaba, la voz se le quebraba más y más.

"–A veces siento que todo esto es un sueño y que cualquier día despertare encontrándome sola y rodeada de ancianos retrógrados, que esperan escucharme."

La heredera hablaba de cosas que siempre pensó pero jamás dijo y Neji solo podía escucharla atentamente. Sabía que era una falta de respeto, que esta "confesión" no iba dirigida hacia él, pero le era imposible moverse.

Sintió una mano envolver la suya. Fue recién ahí que noto que estaba tan concentrado en Hanabi, que su mano había permanecido inerte sobre la puerta.

Los dedos se le habían quedado doblados en el hueco, esperando solo que él la deslizara y entrara. Sí, entrar a la habitación ¿pero para qué? ¿Debía hacerlo?

Tenten le respondió, sin decirle nada. Ella le aparto la mano de ahí y negó lentamente con la cabeza.

"–Cada vez que Ni-san me hace una pregunta sobre la cuarta guerra, nunca sé que responder. Me anuló. Creo que de alguna manera quiero olvidar todo lo que pasó. Ni-san estuvo tan cerca de morir…"

La voz del otro lado se derrumbaba, ya no le quedaba fortaleza y mucho menos burla. La auténtica Hanabi se esfumaba o tal vez ¿era la auténtica la que estaba escuchando ahora?

Neji no lo sabía, pero si de algo estaba seguro era que Hanabi, no estaba actuando como "Hanabi".

La mano de él, que se había visto obligada a abandonar la puerta, ahora era tomada con fuerza por su mujer. La miro, noto como los ojos de ella se opacaron ante la mención de ese pasado tormentoso.

Entonces entrelazo los dedos con los de ella y le dedico una leve sonrisa como consuelo.

"Estoy aquí, Tenten". Le dijo con la mirada. "Estoy aquí"

Ella asintió, intentando disipar el agua en sus ojos.

–Él está aquí, Hanabi.

Konohamaru volvía a hablar. Él jounnin le respondía a Hanabi y Neji no pudo evitar sentirse agradecido por ello.

"Es cierto Hanabi-sama." Pensó. "Por favor, ya no piense en eso."

Pero pareció que esas palabras no trajeron consuelo, sino que lograron el efecto contrario. Tiraron sal directo en la herida, trayendo a la vida solo dolor.

"– ¡¿Y de qué sirve eso?! –le grito."

Ni él ni Tenten, previeron que ella explotaría así.

–¡¿Dime que me asegura que todo estará bien?! Las ideas no se evaporan rápidamente Konohamaru, no seas ingenuo.

Ahí, justo ahí, Neji aun sin verlo comprobó la veracidad de las palabras dichas por su esposa.

Escucho un dolor que no sabía que existía, en una mujer que siempre creyó llena de fortaleza y vida.

"–Todos aquí hablan de un cambio, pero nunca se sabe si un día agarraran a mi sobrino y lo marcaran, lo salvamos una vez pero ¿Si lo intentan devuelta? ¡¿Si consideran que soy débil para liderar?! No lo entiendes. Nadie lo hace, Konohamaru. Si juzgan mi accionar como líder todo está perdido ¡Todo! Y solo porque no puedo recordar ¡Maldita sea!"

El asombro quedo en segundo lugar, igual que los modales y la ética.

La expresión de Neji se endureció, los músculos se le tensaron. Por impulso volvió a colocar la mano en la puerta. Quería entrar ¡Quería hacer algo! ¿Qué? No lo sabía, pero cualquier cosa era mejor que seguir oyendo.

El Byakugan tomo su lugar predilecto, aun sin su permiso, pero no lo desactivo.

Se sentía impotente, porque sabía que Hanabi tenía razón y toda esa sensación se entremezclaba con la culpa que lo carcomía por haberla juzgado tan mal.

Los dedos le picaron, ansiosos de abrir, entrar y verla. Deslizo la puerta unos centímetros, la luz de la habitación de ella se filtró en el pasillo marcando una línea en el piso pero entonces escucho un sollozo.

Escucho un llanto, uno suave, casi mudo, que la persona intento disimular y fallo.

Miro a Tenten, ella tenía los ojos llenos de lágrimas y ya algunas se le habían resbalado por las mejillas aun cuando fue claro que la kunoichi lucho por retenerlas.

Supo lo que ella estaba pensando con solo verla a los ojos.

La atrajo hacia sí, dejo que encontrara refugio en su pecho y acariciándole el cabello le susurró al oído:

–No lo tocaran, no lo permitiremos.

Entonces ella levanto la cabeza, Neji con infinita paciencia seco cada lagrima, usando los pulgares.

"Lo sé, confió en ti" dijeron aquellos ojos avellanas.

Ella rearmo una sonrisa pequeña y él se la correspondió.

"No quiero esto, es demasiada presión".

No fueron las últimas palabras que dijo ella, pero sí las que ellos decidieron escuchar. El matrimonio se marchó, proveyó de intimidad a la pareja y aun intentando procesar todo lo que había oído, regresaron a su habitación en silencio.

•~•~•~•~•~•

Neji abrió la puerta dejándole paso a su mujer. Tenten camino directo a la mesa de luz, tomo un portarretrato y se sentó en la cama, con la espalda recta manteniendo en todo momento ambas manos aferradas al marco.

Ella no despego la mirada de la foto, ni cuando escucho la puerta cerrarse, ni tampoco cuando el costado al lado suyo se hundió.

–Tenten. –le toco el hombro, pero ella no lo miro. –Tenten. –volvió a intentar.

La kunoichi deslizo un dedo por el vidrio, delineo el rostro arrugado y enrojecido del recién nacido, que le devolvía la imagen.

–Solo quiero que está a salvo, Neji. –murmuro y entonces lo miro mientras los ojos volvían a humedecérseles. –Solo quiero que mi bebé este a salvo, Otto ( Esposo).

Neji hizo a un lado el dolor que le provoco verla así y manteniéndose sereno, le acaricio la mejilla. Tenten suspiro de forma temblorosa pero no renegó del toque sino que se apoyó por completo en la mano de su marido. Dos lágrimas rebeldes le cayeron por la piel ya humedecida pero Neji rápidamente las atrapo con los dedos y las aparto.

–Lo estará. –dijo él manteniendo la calma. –Una vez que el clan se unifique, ya nadie podrá lastimarlo. Estamos muy cerca Tenten, solo hay que aguantar un poco más.

Ella asintió, Neji se inclinó y le beso la frente, dejando los labios reposar ahí varios segundos, cuando se apartó ella había dejado de llorar.

Tenten volvió a dejar la foto de su hijo, en la mesa de noche y se resguardo en el pecho de su esposo.

Por varios minutos ninguno volvió a hablar, permanecieron sentados, abrazados, procesando lo sucedido hasta que:

–No lo sabía.

Tenten lo miro.

–No lo sabía. –repitió él. –Nunca pensé que el consejo llegaría a hacer algo así. Cuando nos fuimos a la guerra, Hanabi-sama no tendría más de quince años. Si Hiashi-sama se entera…

–Eso lo decidirá ella, Neji. –lo detuvo apoyándole una mano en el pecho. –Si nunca lo comento, tendrá sus razones, no debemos interferir en ello.

–Lo sé, solo que… –sonrió con cierta amargura. –Parece que tenías razón, Tenten. –la miro. –Estaba tan centrado en mis propias preocupación, que no lo vi.

–No te juzgues. No podías saberlo. –bajo la mirada mientras se le venía la imagen de Hanabi a la cabeza. –Creo que ninguno en realidad. –dijo culpable.

Él asintió de acuerdo. Neji fortaleció el abrazo, pegándola más contra sí, se permitió apoyar el mentón en su cabeza. Tenten suspiro, relajada ante la calidez y perfume que el jounnin irradiaba.

–…

–Ella se preocupa por Hizashi. Ya lo sabía antes, pero ahora estoy segura –susurro. –Sé que no es una situación fácil, pero podrías intentar no presionarla demasiado la próxima vez, creo que realmente se está esforzando.

Neji la miro y volvió la vista al frente.

–No quiero que Hizashi pase por lo mismo que yo.

–Neji.

Los ojos del prodigio por un momento se opacaron y Tenten hablo.

–Lo sé, cariño, pero eso no sucederá. –se liberó del abrazo, solo para tomarle el rostro entre sus manos. –¿Sabes por qué?

–¿Por qué?

–Porque Hizashi tiene dos padres que harán cualquier cosa para protegerlo. –sonrió. –No te casaste con una mujer débil Hyuga, no me subestimes. –pego la frente a la de él. –Afrontamos una guerra, tú a la muerte, podremos hacer cualquier cosa juntos.

–Tenten.

–Además… –sonrió divertida. –No estamos solos, Hizashi tiene una tía, que realmente podemos apodar como una "niña caprichosa". –se rio. La tensión en la expresión de Neji se aligero, ante el dulce sonido. –Pero ambos sabemos Neji, que luchara por él, porque lo ama casi tanto como nosotros.

–Eres increíble.

Ella sonrió. –A veces.

Sus narices se rozaron en u juego de antaño, poniendo en espera el futuro beso.

– ¿Me dejas darte un consejo? –susurro, mirándolo a los ojos.

–¿Qué?

Ella se inclinó, lo beso de forma casta y se apartó rápido.

–Por esta noche déjalos. –le pidió.

–No te estarás refiriendo a…

–A Hanabi-chan y Konohamaru-kun.

Neji hizo una mueca no muy convencido, se disponía a hablar, cuando la mujer rápida le puso un dedo sobre los labios silenciándolo.

–Escucha Neji, ella necesita sanar. Hanabi-chan necesita desarmarse para poder… –sonrió sin poder evitarlo. –Poder volver a brillar con toda la fuerza de la juventud ¿Sí?

Neji casi rodo los ojos al escuchar la frase típica de su ex sensei. Ella aparto el dedo, él la miro y suspiro.

–Entonces quieres que los deje solos.

–Sí.

– ¿Toda la noche?

–Neji. –la futura reprimenda se coló en el tono de voz.

–Pero Sarutobi-san él…

–Actuarias así de reacio, con cualquier hombre que la pretenda. –se cruzó de brazos. –Con Naruto y Hinata-chan, hiciste lo mismo.

–Eso es distinto.

Ella sonrió divertida y con el dedo dio ligeros golpes en el pecho.

–¿Por qué te enfrento? –lo provoco. –Hirió tu orgullo de gran hombre Hyuga.

–Hmmp. –volteo el rostro. –Eso no tiene importancia para mí.

Ella se rio y cuando volvió a hablar, la voz adopto un tono más suave y calmo.

–Está bien. –cedió. –Admito que fue algo –busco la palabra. –¿Imprudente?

–Irrespetuoso. –le corrigió. –No solo me falto el respeto a mí sino también a Hiashi-sama.

–Y todo eso, para defenderla a ella. Si me preguntas a mí, diría que Konohamaru-kun fue muy valiente. He pasado casi toda mi vida junta a ti y he visto a muy pocos contradecirte.

Él Hyuga, aun cuando resulto un golpe en su orgullo, se vio incapaz de negarlo y entonces Tenten lo aprovecho rápidamente como una señal para continuar.

–Él sanara las heridas de Hanabi-chan, Neji. Confíale esa tarea por esta noche ¿sí? Konohamaru-kun ya no es el niño que seguía a Naruto.

–¿Por esta noche?

Tenten sonrió victoriosa.

–Solo por esta noche. –prometió.

–Está bien. –dijo resignado. –Pero si intenta…

–Ya sé, lo repetiste todo el día.

–Hmmp.

Las horquillas eran apoyadas una por una sobre la mesa de luz. Tenten veía como la imagen que le devolvía el espejo cambiaba, con cada mechón que liberaba.

El cabello lentamente dejo atrás el prolijo peinado y comenzaba a tomar su lugar predilecto en la espalda. Largo, suave y en las puntas se le formaba pequeños rizos.

Neji disfruto en silencio cada movimiento que ella hacía. Sabía que él y su hijo, eran los únicos con una imagen de Tenten luciendo el cabello suelto. Era un ritual cotidiano, un momento intimo que su esposa le ofrecía a él de forma inocente, cada vez que se preparaba para dormir.

Espero pacientemente a que ella terminara y se levantó de la cama.

– ¿Neji, a dónde vas?

–A encargarme de mí relevo. –le paso los dedos entre el cabello. –Antes de que haga algo.

Ella sonrió. –Es igual a ti.

–No. –los ojos lavanda se ablandaron. –Es idéntico a su madre, tiene el mismo buen corazón.

Ella sonrió aún más.

Dejándole una última caricia, Neji salió de la habitación en busca del pequeño shinobi.

•~•~•~•~•~•

Como lo supuso, no pasaron ni cinco minutos, que un niño se hizo presente en la habitación de Hanabi.

–Oto-sama, ya es mi turno. –le dijo serio. –Puede descansar yo me quedo.

Neji no pudo evitar sonreír ante la imagen que daba su hijo. Hizashi tenía una kunai en la mano y lo miraba serio mientras luchaba por mantener los ojos abierto a pesar del sueño.

–Hizashi. –se agacho. –Ya es tarde, ve a tu habitación a descansar.

–No tengo sueño. –se restregó los ojos.

"Terco y bondadoso como su madre" pensó el prodigio.

–Ya no tienes que preocuparte por tu tía, Hizashi. –le acaricio el cabello, con esa ternura que solo se guardaba para él. –Ella ya está bien. –le aseguro.

El niño hizo una mueca con los labios no muy convencido.

–Pero se desmayó Oto-san.

–Solo porque estaba cansada, pero nada por lo que no puedas ir a tu habitación. Tú tía ya se encontrara bien mañana.

–Hmmp.

Hizashi le robaba el monosílabo, pero a diferencia de él, su hijo solo lo usaba cuando se preparaba para contradecir. Así que Neji se rearmo de paciencia, para afrontar cualquier duda que tuviera cuando:

–Pero Oto-san, había un hombre…

Lo descoloco, realmente no se esperaba eso.

– ¿Un hombre? –pregunto confundido.

Hizashi bajo la cabeza y se mordió el labio. Reconoció esa misma mueca en Tenten cuando ella dudaba de decirle algo.

–Hizashi. –volvió a insistir.

El niño lo enfrento con ojos del mismo color, pero más inocentes.

–Oka-san me dijo que no te dijera nada.

Un tic tomo lugar en la ceja del adulto. Ya presentía quien era ese "misterioso" hombre.

Neji suspiro intentando calmarse. –Ya hable con tu madre. –mintió, pero porque era estrictamente necesario, además…"Ya hablare contigo más tarde, Tenten." –Así que puedes contarme tranquilo, Hizashi ¿Qué sucedió?

– Cuando estaba entrenando un hombre se trepo a los muros, quería darle unos medicamentos a Hanabi-neesama. ¡Le dije a Oka-san! –se excusó e hizo un puchero. –Pero ella dijo que no era para preocuparse y no me dejo usar la katana. –murmuro lo último más para sí mismo.

El tic reapareció con más fuerza, la ceja le temblaba y afilo la mirada.

– ¿Trepado en los muros? –pregunto esperando haber oído mal.

–Hai, Oto-san.

–Hmmp.

Konohamaru se había trepado ¡TREPADO! A los muros del complejo.

–¿Oto-san?

Vio la mirada confundida de su hijo y se obligó a hablar.

–Tu madre tiene razón, Hizashi. Ese hombre es un… ––"imbécil" "idiota" "seguidor de Naruto", pensó en todos esos calificativos pero se obligó a morderse la lengua, antes de soltar uno enfrente de su hijo. –Es un amigo. –escupió. –Un amigo de tu tía que estaba preocupado, nada más.

–Oh…

–Si

–Entonces… ¿ella estará bien Oto-san?

El enojo paso rápidamente a segundo plano, cuando Neji noto la preocupación sincera en los ojos de su hijo.

–Hanabi-sama estará bien, Hizashi. Te lo prometo. –volvió a acariciarle el cabello y le ofreció una pequeña sonrisa. –Misión cumplida, hijo, buen trabajo.

–Oto-san… ¡Arigato! –la sonrisa entusiasta en aquel infantil rostro, dejaba en evidencia quien era la madre.

–Ve a descansar Hizashi. –se levantó. –Mañana será otro día.

–¡Hai! –le dio un apresurado abrazo, que solo llego a la cadera del jounnin. –Buenas noches papá. –se dio vuelta y empezó a correr más a los pocos pasos detuvo y lo miro. –¿Tu no vienes?

–En un momento, hay algo que debo hacer.

Hizashi asintió y se fue.

Neji espero a que él niño se hubiera alejado por completo, para mirar la puerta y deslizarla.

•~•~•~•~•~•

Entro a la habitación, todo se hallaba en penumbras, más no se le dificulto ver. La pareja se encontraba abrazada, tendidos en la pequeña cama y como lo supuso el prodigio, uno de los dos permanecía despierto.

–Tenía mi guardia personal ne'. –susurro ella enternecida, dirigiendo los ojos a la puerta.

–Él insistió, estaba preocupado por ti.

–…

–…

–¿Estas molesto?

–Se inmiscuyo en mi casa, Hanabi-sama.

–Lo sé, pero solo por esta noche. –le pidió cuidando no despertar al hombre que descansaba a su lado. –Por favor Ni-san, déjalo que se quede, vino porque estaba preocupado por mí. –La kunoichi acaricio los cabellos de su novio y sonrió con amarga dulzura. –Me disculpo por cómo te trato. Sé que consideras una falta de respeto que personas ajenas al clan se entrometan y más cuando se trata de algo tan serio.

–Él solo te defendió. –se sorprendió a sí mismo repitiendo las palabras de su esposa y pudo ver que no fue el único.

En la oscuridad, los ojos de Hanabi se abrieron, al no esperar tal respuesta.

–Ni-san

–Yo… –le costó, no tenía muy en claro que decir, hablar jamás fue su fuerte, pero después de todo lo que había pasado, sabía que era necesario.

Casi sonrió al escuchar las palabras de Tenten en su cabeza.

"–Empieza con "dis" y termina con "culparse"

–Sabía que dirías eso".

–Quiero disculparme con usted Hanabi-sama, estaba tan cegado por mis propias preocupaciones que... –reconoció. –No vi que usted, aun lucha contra su destino.

Si no hubieran estado las luces apagadas, si Neji no se hubiera reverenciado ni bien termino de hablar, lo habría visto. Abría notado como una solitaria lágrima se escurría de los ojos de ella.

–Ni-san.

Se levantó. –Si quiere posponer o dejar las tutorías lo entenderé. –le propuso. –Hablare personalmente con Hiashi-sama y…

–No, yo debo…

–No, no debe. –la corto secamente. –Hanabi-sama, por favor no se sienta obligada a nada, Hizashi es mi hijo y de Tenten. –la miro. –No se cargue esa responsabilidad sobre los hombros; por favor.

Ella sonrió. –No esperaba que llegara el día que me pidieras que abandonara mis tutorías. –dijo irónica.

–Hanabi-sama usted…

–Quiero empezar de nuevo. –miro al hombre arropado en su pecho, le acaricio el caballo y sonrió agradecida al oír las palabras del jounnin reproducirse en su cabeza.

"…–Empieza de nuevo kore'. Forja tu propio caminó Hanabi-chan, uno en donde el clan conozca a la verdadera Hanabi y no a la hija del líder.

–Konohamaru...

–Déjate guiar por lo que tú creas correcto kore' y no por lo que los demás digan.

– ¿Y si me equivoco?

–Si eso pasa haremos como hoy kore'. Nos emborracharemos, nos levantaremos y volveremos a caminar en línea recta…"

–Te agradezco tu preocupación Ni-san, pero no abandonare. Le demostrare al consejo, quien soy en realidad. –dijo convencida. –Liderar no fue mi derecho de nacimiento, pero hoy ya no lo considero algo impuesto. –sonrió. –Ya no lo es.

–Hanabi-sama.

–Yo elijo esto y afrontare cualquier consecuencia que venga con mi decisión. Además ya no estoy sola, lo tengo a él.

–Un idiota. –no pudo contenerse

Ella río. –Creo que Nee-sama y yo compartimos los mismos gustos en hombres. –miro al prodigio. –Me enamore de un idiota terco y valiente.

–Hmmp.

–Tienes mi palabra de que la unificación se llevara a cabo. –prometió seria. –Me esforzare más, la próxima clase ¿sí?

–Sí ese es su deseo.

–Lo es…

Ahora el prodigio miro de lleno al hombre que dormía. Sin poder evitarlo su ceño se frunció y eso no pasó desapercibido por la mujer.

–Sé que lo aceptarías si te permitieras conocerlo. –abogo.

–Lo conozco Hanabi-sama.

–Pero no como yo, Ni-san. Es un buen hombre.

–Te está abrazando.

–¿Cómo sabes que no soy yo, la que lo abraza? –lo apretó contra sí.

Neji se cruzó de brazos "¿Cree que soy idiota?" no lo dijo, pero se le leía claramente en la cara.

–La cama es pequeña. –se excusó.

Él suspiro resignado y encaro hacia la puerta.

–Debe irse antes del amanecer.

–Lo sé.

–No me hare responsable si Hiashi-sama… –le advirtió

–Lo sé. –repitió. –Y Ni-san…

–¿Sí, Hanabi-sama?

–Gracias por todo. –le sonrió sinceramente.

–Hmmp.

El genio se marchó, cerrando la puerta tras de él. Solo allí, en el umbral dijo:

–No digas nada.

Tenten se rio ante la cara avergonzada de su esposo y negó con la cabeza. –No pensaba hacerlo. –le tomo la mano y sonrió. –Vamos Hyuga, –le guiño un ojo. –Te ganaste un entrenamiento especial esta noche.

Neji sonrió.

Continuara…


¡Hola! Mis queridos lectores, los interrumpo ya que hemos llegado al peaje/cabina. Así es, llego el momento de bajar del auto, estirar las piernas y tomar un poco de aire fresco.

¿Estamos ilesos? ¿Vamos bien?

Este capítulo resulto mucho más largo que los anteriores y no quise dividirlo, así que para no agotarlos y que tampoco resulte densa la lectura, opte por esta forma más ¿creativa? De poner un freno.

Yo iré a buscar algo de tomar y vuelvo a la lectura con ustedes.

¿Listos? Bueno abróchense los cinturones y prendamos el aire acondicionado, porque intuyo que la temperatura va a empezar a subir…

Disfruten el viaje…


Señales XII

Parte II

Volviendo al tiempo actual…

La joven pareja se inmiscuyo en los pasillos del gran complejo. La excentricidad basada en lo tradicional, se hacía evidente y dificultosa en la luz.

–¿Por qué usan velas kore'? –susurro el shinobi, al ver las pequeñas linternas en los recovecos de los pasillos.

–Es para mantener una imagen armoniosa. Además teniendo estos ojos. –señalo el Byakugan. –La falta de luz no es un problema.

–Ya…

De repente Hanabi detuvo la marcha haciendo que el jounnin chocara contra ella.

–¿Por qué te detienes kore´?

–La siguiente habitación es la de Ni-san. –le advirtió. –Intentaremos pasar rápido pero no hagas el menor ruido ¿Sí?

–Está bien kore'.

–Y algo más.

– ¿Qué?

Hanabi volteo a verlo, si no fuera por la escasa luz Konohamaru habría jurado que la kunoichi estaba ruborizada.

–Escuches lo que escuches, no te detengas ¿Si?

Konohamaru no tuvo oportunidad ni de preguntar a qué se refería, porque Hanabi lo tomo de la mano y acelero el paso.

Las pisadas de ambos hacían chirriar levemente la madera ya gastada, pero por suerte o tal vez desgracia, la caminata era solapada por un sonido más fuerte, seco y… ¿Lujurioso?

Rápidamente todo cobro sentido para el Sarutobi, que miro incrédulo a Hanabi. Ella se mordía el labio avergonzada, esquivándole la mirada.

– ¿Los viste antes con tu Byakugan kore'? –no pudo evitar preguntar.

– ¡Claro que no! –hizo cara de asco y negó frenéticamente con la cabeza. –Ni se te ocurra volver a decir eso Kono-chan. –lo reprendió. –Los Hyugas aprendemos a ver por capas, desde que somos muy pequeños. La privacidad se volvió algo vital en un clan que puede verlo todo, así que aunque no lo creas, hasta yo tengo barreras que no paso.

–Entiendo kore'.

–Bien. –intento concentrarse. –Solo son unos pocos metros, no me sueltes y todo estará bien.

–Hai kore'.

Afianzaron la unión de sus manos y siguieron, pero los sonidos se hacían más fuertes y evidentes. Konohamaru sentía como la sangre se le colaba rápidamente en las mejillas. Los recuerdos de los sueños, junto con su equivocación esa misma tarde, lo carcomían por dentro.

"pensar que yo creí que estaría así con ella kore" se reprendió.

Miro a Hanabi, ella guiaba el paso caminando delante de él, por lo que lo único que lograba verle era la espalda, aunque aun así estaba seguro que no era el único incómodo con la situación.

–¿Qué? –la escucho murmurar.

–…

–¿Qué dices kore'?

Ella susurro un poco más alto, para que la oyera.

–Están clavando cuadros en la pared, Konohamaru. –lo miro por sobre el hombro. –Eso es lo que le dice Tenten-chan a Hizashi-kun y en este momento yo también necesito creer eso.

–Hanabi.

–Son solo cuadros, cuadros con bonitas fotos de Hizashi cuando era un bebe. –intentaba auto convencerse. –Están clavando cuadros. –repetía como mantra. –Marcos pero como a Tenten-chan no le gusta cómo queda, Ni-san los saca y vuelve a empezar por eso es el ruido y…

–¡Neji!

El grito de Tenten los paralizo, duros se miraron entre sí, sin saber cómo reaccionar.

–Seguro. –intento respirar normalmente, aun la voz le salió temblorosa. –Seguro Ni-san lo puso mal y Tenten lo está regañando ¿No?

–No creo que sea eso kore'. –miro hacia las puertas de la habitación. –Yo creo que lo puso muy bien, mejor dicho en el lugar correcto kore'.

Una brisa fresca silbo en el pasillo, pero ni ella pudo bajar la temperatura del lugar.

–¿Seguimos? –ínsito él

–Hai.

Continuaron pero aun la tortura no terminaba.

Había gemidos solapados, pero gemidos al fin y al cabo. Era evidente que la mujer lo intentaba disimular, seguramente usando la almohada, pero ellos estaban tan cerca, lo oían como si estuvieran ahí dentro.

–Cuadros, cuadros…

–Hanabi.

–Cuadros con fotos de Hizashi-kun

–Hanabi.

–¡¿Qué?!

–No creí que fueras tan tímida kore'. –busco distraerla y funciono, porque la mujer ahora lo miraba molesta.

–Yo no soy tímida, pero me da asco ¡Es como un hermano para mí! –negó mortificada. –Ay no ¿Cómo veré a Ni-san mañana a la cara? ¿O a Tenten-chan?

–Solo debes…

–Tenten. –fue un ruego ronco y necesitado.

Hanabi miro con los ojos desorbitados a Konohamaru, que luchaba inútilmente por ignorar el escalofrió que le recorrió la espalda.

–¿Actuar normalmente kore'?. –termino de forma atropellada. Ni él mismo se creía sus palabras.

–Vamos. –le apretó la mano. –No quiero estar en la concepción de mi futuro sobrino.

Brindándose fuerza entre sí y acelerando el paso, dejaron lentamente al matrimonio atrás.

Konohamaru dejo salir todo el aire de sus pulmones, al no escuchar nada más, que el sonido característico de los pasos de ellos.

–Ya acabo kore'. –se sintió aliviado. –Eso fue más vergonzoso que ayudar a Naruto-nisan con su propuesto de matrimonio kore'. –negó con la cabeza ante el penoso recuerdo. –Tuve que transformarme en mujer y escucharlo hablar por horas sobre cómo era un gran hombre y todo lo que podía ofrecer. Estaba tan nervioso que nombro la palabra "Ramen" veinte veces en el discurso y yo… ¿Hanabi? –la miro, pero ella parecía no reaccionar.

Hacía tiempo que la Hyuga estaba perdida en sus propios pensamientos y con la mirada fija en el brazo de él.

–Konohamaru.

–¿Sí kore'?

–¿Qué le paso a tu brazo?

–¿A mi brazo? –tartamudeo. –Yo… –levanto el izquierdo y se rio nerviosamente. –Yo no le veo nada raro kore'.

Ella lo miro con el ceño fruncido.

–El otro, Konohamaru.

–Oh, el otro, sí…

El jounnin intento esquivar el tema pero ya previéndolo Hanabi le presiono el brazo derecho con fuerza, logrando un quejido en su pareja.

–Eso duele kore'. –se quejó.

Hanabi sin decir nada levanto la unión de sus manos, hasta tenerla a la altura de los ojos y con un movimiento seco le arremango la tela, dejando al descubierto unos pequeños puntos rojos sobre la piel.

–Tienes bloqueado puntos en tu red de chackra.

La voz de ella perdió todo humor y suavidad, ahora únicamente quedaba la dureza y frialdad que el jounnin solo había oído en los hombres Hyugas.

–Hanabi…

La poca luz que proveían las velas, más el Byakugan en los ojos de ella, daban una imagen aterradora.

–Cambiare mi pregunta y esta vez me responderás, Konohamaru.

–Yo… –tembló.

–Ya sé que paso, por eso mi pregunta es ¿Quién? –las venas parecieron acentuársele alrededor de los ojos. –¿Quién fue, Konohamaru?

–Hanabi. –se rio nerviosamente, buscando quebrar lo tenso del ambiente. –No es nada kore'. –se soltó y bajo rápidamente la ropa, cubriendo la evidencia.

–Respuesta incorrecta. –camino hacia él. –Intenta devuelta Konohamaru. –inclino el rostro y hablo con una voz tan dulce como escalofriante. –¿Quién obstruyo la circulación de chackra en tu brazo?

–¿Lo mataras si te lo digo kore'?

Ella sonrió y no hubo gramo de bondad en ello.

–No lo hare.

–¿Por qué no te creo kore'?

–Porque estoy mintiendo.

–Hanabi.

–Habla.

–Pero no es nada kore'. ¡Enserio! Ya estoy bien.

–Konohamaru, los Hyugas nos defendemos atacando las redes de chackra del oponente. No me puedes decir que no es nada, sé que es doloroso. Dime ¿Quién fue? –exigió. –¿Oto-sama? ¿Él te hizo esto?

–¡No kore'! –negó rápidamente. –Hiashi-san no me hizo nada.

–¿Entonces fue Neji-nisan?

–Hanabi enserio kore'. –miro a su alrededor. –Tenemos que irnos, recuerda el cambio de guardias.

–No me importa. –se cruzó de brazos. –No pienso moverme hasta que me lo digas, tengo todo el tiempo del mundo.

–¡Pero yo no kore'! –se auto cubrió la boca, por haber gritado. Comenzaba a desesperarse. –Hire, por favor kore' no seas terca.

–Entiendo. –suspiro y descruzo los brazos.

–Gracias a Kami, kore'.

–Fue él.

–Sí… Espera ¡¿Qué?!

Pero ella no le respondió, Hanabi volvía a retomar el paso hacia el pasillo del que habían salido.

–¡Hanabi! –la intercepto poniéndose adelante.

–Konohamaru, hazte a un lado.

–No kore'. –se puso firme. –No me moveré hasta que me digas que vas a hacer.

Ella bufo, como si la respuesta a esa pregunta fuera obvia.

–Solo le devolveré favor con favor.

Los ojos del jounnin se abrieron alarmados.

–¡Estás loca Hire! –la señalo. –Por si no lo recuerdas ellos están…

–No me importa. –lo corto en seco. –No me importa si abro la puerta, los encuentro desnudos y a Ni-san a punto de meter su…

–¡Hanabi!

Ella bufo y le dedico una mirada de absoluta serenidad.

–Por meter su orgullo Hyuga, en Tenten-san. –cambio. –Te lastimo y yo…

–¡Él no fue kore'!

–¿No fue?

–¡No kore'!

Ella lo miro no muy convencida.

–¿No me estarás intentando engañarme para que no vaya, verdad Konohamaru?

–Claro que no kore'.

Ella movió la mano, incitando a que continuara y Konohamaru suspiro resignado.

–Fue el guardia de la entrada kore'. Cuando quise venir a verte, no me dejaron pasar y yo insistí tanto ¡porque estaba preocupado kore'! –le recordó.

–Kono-chan. –la expresión de ella se suavizo.

El shinobi volteo el rostro hacia el costado, avergonzado.

–Pero insistí tanto que se molestó y me hizo esto. –murmuro entre dientes.

– ¿Y por qué no te dejaban entrar?

Un escalofrió recorrió al experimentado jounnin.

–…

–Konohamaru. –volvió a fruncir el ceño

–…

–Sino hablas voy a ir al ala oeste del complejo y despertare a cada guardia que vea hasta que alguno de ellos me diga la razón de porque tú, mi novio. –enfatizo lo último. –No puede entrar a verme.

–Hiashi-san les dijo que yo te estaba acosando.

Ella tardo en responder, pero lo hizo.

–Entiendo. – para alivio del jounnin, Hanabi volvió a caminar, pero esta vez alejándose del pasillo. –Vamos Konohamaru. –lo llamo, sin voltear a verlo.

–¡Hai!

Finalmente volvían a retomar la misión.

–Qué alivio kore'. –soltó una risa nerviosa. –Por un momento creí que harías una locura.

–…

–Ya quiero ir a casa y descansar kore'. –largo un bostezo y estiro los brazos. –Cite a mi equipo temprano. –la miro. –¿Hanabi?

Ella no respondía, solo caminaba.

–¿Está todo bien kore'?

–…

–¿Estas enojada?

El silencio no era bueno.

–…

–Si es por lo del brazo, estoy bien enserio kore'. Soy un jounnin, he tenido heridas mucho peores kore'. –se rio restándole importancia.

Pero noto como los hombros de ella se tensaban. Hanabi caminaba manteniendo la vista siempre al frente, ignorándolo completamente.

–Hire…

–…

Abogo al apodo pero ni eso había funcionado. Esto era grave.

–Hire, por favor háblame kore'. –comenzó a desesperarse. –Me das miedo cuando te quedas callada kore', di algo, lo que sea. –le rogo. –¡Hire!

–Respira.

–¿Qué kore'?

Ella finalmente se detuvo y lo encaro.

–Que respires hondo, Konohamaru.

–¿Por qué kore'?

Ella le tomo el brazo con una mano mientras que con la otra, fue aplicando presión usando solamente dos dedos. Los apoyo en distintas zonas de la piel, destrabando lo que solo para sus ojos era visible.

Konohamaru cerró los ojos y soltó un suspiro aliviado, al sentir correr nuevamente el chackra de forma correcta.

–Gracias kore'. –le sonrió, pero no recibió respuesta.

Ella volvió a caminar sin siquiera mirarlo.

–Oye Hanabi –intento dar con su rostro, pero ella lo esquivaba. – ¿realmente estas enojada porque no te lo dije desde el principio? ¡Es que enserio no lo creí importante kore'!

–…

–Hire, por favor mírame ¡Hire, no me gustas cuando te quedas callada enserio kore'! –pero el berrinche se vio interrumpido cuando miro alrededor. –Oye Hanabi ¿Estas segura que este es el camino?

–Sí. –ella finalmente volvía a hablar, pero el tono seco continuaba.

La miro confundido.

–Pero creo que estamos más lejos de la salida kore'.

–Lo sé. Estamos yendo a la habitación de Oto-sama.

–…

–…

–¡¿Qué?!

Hanabi era la personificación de temple y serenidad, mientras que Konohamaru sufría de un ataque nervioso.

–¡¿Me estas llevando a la habitación de tu padre?! –pregunto histérico.

–No tienes por qué alterarte, Konohamaru. Tú esperaras afuera mientras yo hablo con él.

–¡¿Qué?! –los ojos casi se le salían de las cuencas. –Pero Hanabi no tenemos tiempo para eso kore'.

–Solo quiero escuchar por qué dice que mi pareja es un acosador y si no me convence lo suficiente el motivo… –lo miro. –Bueno lo hare de otra manera.

–Hanabi

–Tengo un record de cinco segundos en sellar puntos.

–Estás loca kore'.

–No estoy loca. –se inclinó hacia él y le susurró al oído, con una voz tan fría como seductora. –Solo defiendo lo que es mío.

–Hire…

–Nadie puede lastimarte Konohamaru. –los labios rozaban el lóbulo de la oreja. –No si puedo evitarlo. –el aliento tibio le erizo la piel.

–Hire yo….

–Hanabi ¿eres tú?

La voz del líder del Souke, interrumpió a la pareja, Hanabi se disponía a encarar a su padre, cuando un desesperado Konohamaru le cubrió la boca con la mano y la obligo a esconderse en la primera habitación que vio.

•~•~•~•~•~•

Las velas amagaban con apagarse, una ligera brisa se inmiscuía por la ventana. Konohamaru soltó un insulto al aire al chocar contra lo que dedujo era una mesa. Hanabi se removía molesta entre sus brazos.

–Ya Hire. –intento contenerla. –Quédate quieta kore'. –con un brazo la sostuvo y con el otro cerró la puerta de la forma más suave que pudo.

Una vez solos, la soltó.

–¿Qué haces, Konohamaru?

–Evito que cometas una locura kore'.

Hanabi lo miro con el ceño fruncido y el doujutsu tiñéndole los ojos. El shinobi trago con fuerza porque aun molesta Hanabi evocaba la imagen de una peligrosa pero muy sexy mujer.

–Konohamaru.

Ella escupía su nombre, como una última advertencia pero el shinobi se mantuvo firme.

–No saldrás de aquí kore'.

Tenían el rostro a centímetros del otro, pero por primera vez la cercanía no fue el tema principal. Uno por estar demasiado nervioso y la otra por estar centrada en su enojo.

–Muévete

–No. –cubría la puerta con su cuerpo.

–No me repetiré honorable nieto, hazte a un lado.

–Hanabi escucha, está herida no fue nada kore', enserio ya estoy bien. –intento mediar. –Pero si Hiashi-san me ve aquí, no solo será mi brazo lo que me duela kore'.

–¡Eso no pasara porque yo…!

Él reacciono y rápidamente le tapó la boca con la mano. Miro hacia la puerta cerrada y agudizo el oído… Silencio, nada más que silencio. Suspiro aliviado y volvió a soltarla.

–Hanabi por favor… –le pidió lo más dulcemente posible. –Si tu padre se entera que entre, no dejara que nos volvamos a ver ¿entiendes?

–Pero tú brazo…

–¡Por favor! –la envolvió entre sus brazos y le acaricio el cabello. –Hire… –susurro el nombre especial. –Solo piénsalo un momento ¿sí? sé que ninguno de los dos queremos realmente eso ¿cierto? no soportaría no verte kore'.

–Kono-chan…

El apodo volvía y shinobi lo interpreto como una buena señal.

–Solo respóndele. Haz que se vaya. ¿Sí?

Ella levanto la cabeza y lo miro a los ojos. Konohamaru supo al instante lo que pasaría por ello se apresuró y dijo:

– Hazlo por mí ¿sí kore'? –la miro fijamente. – ¿Puedes hacer eso por mí?

–…

–…

La vio bajar lentamente a cabeza murmurando cosas entre dientes. Konohamaru no necesito oírla, para saber que lo insultaba y lo más importante él había ganado.

Hanabi se le apoyó en el pecho y suspiro haciendo una mueca disconforme con los labios.

–Estás jugando sucio ¿lo sabes, no? –le recrimino.

–Tú lo haces siempre kore'.

Ella soltó un bufido.

–Pero no es divertido cuando tú lo haces. –se quejó.

El jounnin rio. –A mí me parece divertido kore'.

–Kono-chan. –tenía los ojos grandes y brillosos, fruncía los labios en una mueca infantil. –Eres malo. –lo golpeo suavemente en el pecho

–Hanabi… ¡Eres tan adorable mi Hire! –volvió a abrazarla, sacándole el aire.

–¡Konohamaru suéltame! –intento alejarse.

–¡No quiero! –la miro. –Eres muy tierna kore'.

–Yo, no… Yo. –tartamudeo y avergonzada rearmo una expresión enojada. –¡No pienses que porque haya aceptado, me olvide de lo que paso! –le advirtió. –Sino lo hubiera visto con el Byakugan ni me lo abrías contando.

–Ya te dije que…

Ella levanto la mano frenándolo.

–No me importa si lo consideras algo leve, fuiste agredido en mi casa, por uno de mis hombres. Que te ofendan o agredan a ti, lo considero una falta hacia mí misma. ¿Entiendes?

–Por supuesto kore' no pensé… –la mirada en sus ojos se suavizó. –No pensé que me protegías tanto, Hire.

La máscara de Hanabi se tambaleo, el enojo dejo lugar a la vergüenza, liderara por un tierno rubor en las mejillas.

–¡No me estas escuchando Konohamaru! –le golpeo el pecho. –Esto es enserio.

–Sí te estoy escuchando kore'. –la tomo de la cintura, pegándola contra sí, logrando que se detuviera. –Cada palabra. –sonrió

–¡Konohamaru tú…!

Iba gritarle cuando sintió un cálido beso en su mejilla, que borro toda molesta y coherencia logrando finalmente enmudecerla.

–Gracias por cuidarme Hire. –la abrazo. –Sé que siempre puedo contar contigo.

–Bakayaro. –murmuro avergonzada. –No creas que lo hago porque quiero, solo… –apretó la ropa de él en un puño. –Solo que yo tampoco soportaría no verte, Kono-chan.

–Hanabi.

–Está bien. –se resignó. –Si eso es lo que quieres hablare con él. –murmuro lo ultimo entre dientes. – ¡Pero cuando te vayas…!

–Ya kore'. –la interrumpió. –Sé que no podre frenarte kore', pero me conformo con salir ileso hoy.

–Hmmp. –se cruzo de brazos. –¿Qué le digo?

–Lo que sea kore´. –entreabrió la puerta y miro hacia el pasillo. –Pero rápido kore', creo que ahí viene.

–…

–¿Hanabi? –volteo a verla, la kunoichi continuaba quieta en el mismo lugar. –Hire. –llamo.

–…

–¿Qué estas esperando kore'?! –levanto la voz, al ver que no reaccionaba. –Di algo.

–…

–¡Hanabi!

–¡Ya! –lo freno. –No me grites Kono-chan, ya te escuche. –se molestó. –Solo déjame pensar. –cerró sus ojos y se obligó a concentrarse pero cuando los abrió, lo miro y: –¡No puedo!

El jounnin se cayó. Hanabi había vuelto a ser Hanabi, pero no en el mejor momento.

–¡Hana…! –Un sonido hueco de la madera, lo hizo temblar. –Hire. –bajo la voz todo lo que pudo y comenzó a mover los brazos desesperado. –Viene. –señalo la puerta. –¡Ya viene!

–¡Konohamaru, deja de moverte! –le grito apretando los dientes. –Me estas poniendo más nerviosa y no puedo pensar nada así.

–Hanabi

–Dime tú, a mí no se me ocurre nada.

–¡¿Yo?! –grito y automáticamente se cubrió la boca. –Es tu padre kore'. –susurro tenso.

–Pero no por elección.

–¡Hanabi!

El sonido hueco, volvió a escucharse, esta vez con mayor claridad.

–¡Ay Kuso! –Se tiro del pelo y un rio ancho de lágrimas comenzó a caerle de los ojos – ¡Todo esto es tu culpa kore'! –la señalo. –¿Por qué nos trajiste hasta aquí?

Ella inflo las mejillas en un berrinche infantil, más se vio incapaz de contradecirlo.

–Él te lastimo. –se excusó.

–Fue el guardia kore'.

–Pero por la orden de mi padre.

–¡Hanabi! –susurro lo más alto que podía.

–Ya…

–¿Hija, eres tú?

La voz de Hiashi detuvo la discusión. Podía verse la sombra del líder acaparar la puerta a medida que se acercaba.

–Es muy tarde kore' –se lamentó. –¡Ya no puedo escapar! Me va a ver y no quedara nada de mí. ¡No llegare ni a defenderme! –lloro. –Adiós a mi sueño de ser Hokage kore' ¡Perdon abue…!

Una mano lo tomo de la bufanda, tirándolo hacia abajo y entonces su boca se vio sellada por unos labios que se presionaron a los suyos de forma exigente. Todo fue tan sorpresivo que acabo con los ojos exageradamente abiertos y la boca en forma de "o".

–Ha… Hanabi. –tartamudeo.

–Aun no es tiempo de dejar este mundo Kono-chan, todavía me debes la mitad de la fianza. –soltó un largo suspiro y levanto la voz. –Si Oto-sama, soy yo. –finalmente respondió.

La sombra se detuvo a mitad de camino, el líder había dejado de caminar.

–Pensé que estabas descansando en tu habitación. –se lo escucho decir.

–Ah sí, eso estaba haciendo solo que… –miro a su alrededor, prestándole por primera vez atención a la habitación.

La sala de estudios, el lugar donde horas antes había discutido con su primo.

–No podía dormir y decidí venir a buscar los libros que me encomendó Neji-nisan.

–Ya veo ¿Te encuentras mejor?

–Sí Oto-sama…

–Hanabi.

–Shh. –le cubrió la boca con la mano. –Ya me siento mejor Oto-sama. –se pegó a la puerta, llevándolo a él con ella y dijo en voz alta. –No debe preocuparse. –le destapo la boca al jounnin y asomo la cabeza al pasillo, con el Byakugan en los ojos. –Aún no se fue. –le alerto.

–Lo sé pero por favor. –miro hacia abajo. –Aléjate kore'.

La habitación era pequeña, todo estaba a oscuras, ellos nerviosos. Hanabi se mantenía aferrada a lo único que sabía que había ahí… a él.

Cerró los ojos con fuerza, buscando ignorar la calidez que emanaba aquel menudo cuerpo. –Me estas apretando.

–Es que estoy nerviosa, Kono-chan. –chillo.

–Hire. –quiso retroceder, pero las piernas dieron nuevamente contra el borde de la mesa. –Hanabi, muévete tú kore', yo no puedo.

–Lo siento. –dejo de mirar hacia el pasillo para verlo a él. –Es que creo que Hizashi-kun dejo una de sus katanas de madera por aquí. –se movió incomoda. –No puedo sacarla.

El ritmo de la respiración del jounnin se entrecorto, tornándose agitada y entonces para desconcierto de Hanabi, unas manos la tomaron con fuerza de la cadera, obligándola a quedarse quieta.

–No… –el aliento caliente le rozo el oído. –No te muevas más kore'.

Se paralizo ante esa suplica dicha con voz ronca.

–Konohamaru. –sintió el calor llegar a sus mejillas pero aun así se obligó a preguntar. –Eso que estoy sintiendo detrás mío… ¿No es una katana no?

Una especie de quejido, fue la única respuesta.

–Kono-chan…

–Lo siento kore'. –se lo escuchaba avergonzado. –Es que te pegaste tanto y el beso de antes que yo, realmente no pude controlarlo. –bajo la vista hacia el bulto que se le había formado en los pantalones. –Pero ya pasara. –cerro los ojos y soltó todo el aire de sus pulmones en un suspiro tembloroso. –Solo debo respirar. –paso saliva por la garganta reseca. –Quédate quieta ¿sí kore'? solo no te muevas.

–Está bien.

–…

Esto era humillante, no solo tenía sueños mojados todas las noches sobre su novia, sino que ahora ella presenciaba lo que le generaba a su cuerpo.

Rogaba porque Hanabi supiera permanecer callada, así olvidaba por un momento que la tenía ahí. Pegada contra sí, ocultos en una habitación, casi a oscuras.

Era masoquista.

Oh Kami… ¿Fresia? ¿Jazmines? ¿Rosas? ¿Qué era? Se sentía mareado, perdido por el sutil perfume que le llegaba a la nariz.

"Hire"

Ella era pequeña, más pequeña que él, pero encajaba tan bien.

Estaba cerca, deliciosamente cerca, las manos le picaban con ansias de abandonar las caderas anchas y proporcionarle caricias, aunque fueran encima de la ropa, no le importaba. Añoraba dejarse llevar por el tacto e ir recabando información que le diera una imagen de lo que ella ocultaba con sus kimonos.

No estaba funcionando, sentía como la erección solo se hacía más evidente, más dolorosa. Deseo gritarse por ello, salir corriendo, pero lo único que logro fue presionar el agarre en las caderas, mantener las manos firmes, ancladas en una zona que no era segura, pero tampoco peligrosa.

–Kono-chan.

Ojala ella no hubiera hablado.

–¿Qué pasa kore'? –intento sonar seguro, aun cuando comenzaba a sudar.

–¿Te duele?

–El brazo…

– No me refiero a eso. –fue un susurro pero lo escucho.

Siempre lo sospecho pero ahora lo confirmaba. La timidez y el decoro, era algo que había acaparado completamente la primogénita, no su novia.

–Hanabi.

–Estar así… –lo miro de reojo con aquellos ojos blancos brillantes, ahora tímidos e inocentes pero llenos de curiosidad. – ¿Te duele mucho? Porque yo podría… –volvió la vista al frente demasiado avergonzada para seguir viéndolo. –Ayudarte sabes, solo tienes que decirme que hacer y yo…

–¡Urusai'! ( Cállate うるさい)

–¿Eh? Pero…

–¡Cállate kore'! No digas más nada.

–¡¿Por qué te enojas?!

–…

–Era solo una sugerencia Konohamaru, yo… –se mordió el labio. –Solo quería ayudarte.

Pero con cada palabra de ella, el jounnin se irritaba más y más hasta que:

–No tienes idea de lo que dices. –la voz le bajo varios tonos, tornándose más grave y ligeramente raposa.

–¿Kono-chan?

–Soy un hombre, Hanabi y tú… –si quería que se callara, tenía que ser claro con ella. –Tú me excitas tanto kore'. No te das una idea de cuento te deseo.

–Konohamaru…

Amo la forma en que ella suspiro su nombre y lucho con las ansias de saber que otros sonidos podía generarle.

–Yo me siento un pervertido por ello kore', pero no puedo evitarlo. –cerro los ojos y la atrajo aún más contra sí. –¿Lo sientes, verdad? –le susurró al oído, restregándoselo suavemente contra su trasero. –Estoy excitado.

El aliento de él le caía directo sobre la piel erizándosela.

– Me preguntas sí me duele… –se calló.

En ese segundo que guardo silencio, Hanabi tembló de anticipación.

–Lo hace kore' y mucho. Me molesta estar así de duro, me molesta porque sé que no importa si me ducho con agua helado o me satisfago a mí mismo, aún sigo así ¿sabes por qué kore'?

–¿Por qué? –la voz le sonó más fina de la habitual.

–Por ti, Hanabi. –le beso ligeramente la mejilla. –Solo por ti. –confeso contra su piel.

–Yo…

No fue una pregunta pero él la sintió como tal, así que para disipar cualquier duda dijo: –Hai, tú. –y movió la cadera, a penas hacia el costado, como un recordatorio de lo que le pasaba.

Ella respingo contra su toque.

–Konohamaru.

Él se mantenía tranquilo, esparciéndole pequeños y castos besos en el rostro.–Esto es la consecuencia de tus besos. –dijo contra su mentón. –De tus caricias y abrazos. Oh Hire. –le susurró al oído.

Fue un ruego y Hanabi tembló ante ello.

–Me vas a volver loco kore'. No, miento. –se retractó. –Ya me vuelves loco. Cada noche lucho para no verte en mis sueños, para frenar los impulsos que siento.

–Dime que hacer. –dijo ella. –Solo dime, Konohamaru, onegai.

Apoyo la cara en el hombro de ella y se miraron a los ojos.

Él azul que tanto había amado verse reflejada, ahora se encontraba brillosos, con las pupilas dilatadas, delineados por una estrecha aurora de un tono azul marino.

–Kono-chan... dime.

Sería tan fácil tomarla en brazos, olvidarse del mundo y tomarla ahí mismo. Pero no era así como lo había imaginado, Hanabi se merecía más y él también.

–Hire, no digas eso. –miro para cualquier otro lado menos a ella.

–Pero quiero ayudarte.

Konohamaru lucho con la oleada de deseo que lo arrasó ante ese pedido excitantemente inocente

–Ayudarme, imposible. –le acaricio la mejilla –Escucha Hanabi te volviste mi enfermedad y cura kore'.

Ella cerró los ojos y suspiro.

–Oh Hire. –le recorrió el cuello usando solamente nariz, dejando una caricia y a la vez sintiendo el perfume de su piel.

–Kono-chan

–Mi bella y perfecta Hire.

–¿Dime qué hago? –le volvió a pedir.

–Nada. –sonó firme, abandono su cuello y la miro a los ojos. –Solo perdonarme por actuar como un pervertido.

–No eres un pervertido.

–Sí lo soy.

–Ya no somos niños Konohamaru. –le recordó. –Llevamos casi un año siendo pareja, realmente me preocuparía sino sintieras esa atracción hacia mí. –intento sonreír burlona, aun cuando en realidad se sentía muy nerviosa.

No era que estuviera asustada, jamás tendría miedo de estar con él. Konohamaru era el hombre que había elegido, él que la defendió, protegió y la hacía reír, confiaba plenamente en él. Aun ahora en esta situación, sabía que Konohamaru por mas deseoso que se encontrara no haría nada si ella no quería.

Se mordió el labio. No, no tenía miedo.

La verdad es que no estaba preocupada por él, sino por ella misma.

Hanabi se sentía expectante, algo incomoda pero ansiosa porque el calor aumentaba y con ello su propia intimidad comenzaba a sentirse "extraña" a consecuencia de esa voz barítona y ronca.

–Quieres tener sexo. No–se auto corrigió. –No es eso. –negó con la cabeza y sonrió. El calor se le agolpaba en las mejillas, pero estaba decidida a continuar. –Quieres hacerme el amor, porque me amas.

–¿Cómo?

Ella le respondió la pregunta antes de que terminara.

–Hablas dormido.

–…

–¿Konohamaru?

Él le negaba la visión de la cara, ocultándose nuevamente en el hueco de su cuello.

–Kono-chan.

–Estoy demasiado avergonzado kore'. –finalmente hablo. –No puedo ni mirarte a la cara.

–¿Por qué te mortificas? –le acaricio el cabello. –Es normal que las parejas…

–¡Pero no es así como quería que lo supieras kore'! –levanto abruptamente la cabeza y la miro con el rostro enrojecido pero decidido.

–Konohamaru.

–Quiero que sea en mi casa kore', prepararte la cena y después llevarte a mi cama. Quiero desnudarte con mis propias manos y besar cada parte de ti Hanabi, sin preocuparme de lo que pueda pasar. Quiero contar con el tiempo suficiente para mirarte hasta que te quedes dormida y abrazarte durante el resto de la noche.

–Eres un romántico. –no hubo tono de burla, lo dijo enternecida.

El negó. –No lo soy kore'. –bajo la cabeza. –Estamos aquí atrapados, tú padre está cerca y yo con una erección kore'. Soy peor que Ebisu-sensei, porque aun así… –la miro de reojo. –Solo pienso en cuantas habitaciones deben haber libres aquí. Yo lo siento… –amago a separarse, pero unas manos se entrelazaron con las suyas, manteniéndolo quieto. –Hire.

Ella tenía la cabeza gacha. –Yo también quiero que hagamos todo eso. –lo miro con los ojos brillando y mordiéndose el labio nerviosa. –Quiero colgar cuadros contigo Kono-chan.

–Hanabi.

–Ahora no podemos hacer mucho pero… –movió intencionalmente las caderas, logrando un quejido en el hombre. –Pero podemos entrenar, como lo hicimos con los besos. –sonrió. –Un paso a la vez.

Volvió a moverse ganando una exclamación más alta que la anterior.

–Hire tu…

– ¿Así está bien? –movía las caderas a tientas, de izquierda a derecha, algo tímida pero disfrutando del roce que generaba aquella prueba de puro deseo masculino, que el jounnin intentaba ignorar. –¿Kono-chan?

Lo miro, noto lo tenso que tenía el rostro, como mordía los y fruncía el ceño. Estaba adolorido, ella lo sabía, Konohamaru se contenía por ella.

–Konohamaru.

Él presiono el agarre y ella se detuvo.

–¿Realmente me quieres ayudar kore'? –una ligera capa de sudor, se le agolpaba en la sien.

–Sí, quiero. –Quería ¡No! Necesitaba saciar su curiosidad sobre preguntas que nunca se había hecho.

–Está bien kore'. –intento calmar su propia respiración y asintió. –Pero si en algún momento quieres que pare…

–No lo hare.

–Pero si quieres. –enfatizo él mirándola a los ojos. –Solo debes decírmelo.

–Lo sé, no te preocupes Konohamaru. Solo quiero ayudarte a calmarte…

–¿Calmarme kore'? –se rio y su risa ronca la hizo temblar de anticipación a ella. –Jamás podría calmarme lo suficiente contigo kore'.

–Kono-chan.

Él se froto contra su trasero, no fue un toque tímido ni tampoco un mero roce. Estuvo ahí arrugando la tela, incrementando la agonía de ambos.

–Hay tantas cosas que quiero hacer. Oh Kami, te necesito tanto kore'.

Realmente pareció que no se había movido, pero ambos lo sabían, lo sintieron aun con la ropa puesta. Esa pequeña y suave embestida, que reencontró la dureza de uno contrastando con lo suave del otro.

–Kono-chan.

Fue un toque sucio, cargado de lujuria contenida. Golpeo una vez, dos, tres, fue suave el principio, tímido. Pero los segundos pasaban y los ojos se le empañaban como la razón. Movía las caderas más rápido, tomaba distancia y se estrellaba contra su trasero, ella contenía la respiración y la liberaba temblorosa cuando él se frotaba para que ella lo sintiera completamente.

–Hire, Hire.

–Ko-Konohamaru.

Se apodero de su boca, sin permiso ni dulzura. Era un beso arrebatador y mojado, sin decoros. Ni lento, ni meticuloso, literalmente le devoro la boca, ensordeciendo los sonidos de ella contra la barrera que generaba con la unión de los labios.

–Kono-chan.

Un hilo de saliva unía sus bocas.

–Quiero tocarte. –dijo urgido. –Necesito hacerlo kore'.

Ella gimoteo. Las manos antes ancladas a la cadera ahora la acariciaban. Se deslizaban por su kimono, de forma cariñosa pero no por ello menos ansiosas.

–Kono-chan. –Los ojos blancos resaltaban con luz propia en tanta oscuridad.

Él busco su cuello y cuando lo encontró enterró la boca ahí abandonando besos impregnados de saliva. Ella ladeo el rostro, dándole el espacio para que recorriera a gusto.

Hanabi tembló en sus brazos. Konohamaru sonrió contra su piel, cuando finalmente dio con la zona que siempre había soñado.

Comenzó a succionar tachando mentalmente lo primero en su lista pervertida.

Era ¿inexperto? Sí, pero muy entregado al trabajo duro. Igual que en sus entrenamientos, no se detuvo hasta ver el resultado, una pequeña marca morada sobre la piel blanca.

–¡Kono-chan!

–¿Hija?

La voz de Hiashi volvía, él no se había ido y ahora retomaba el camino en dirección a ellos. Pero esto en vez de poner freno a la pareja, solo logro motivarlos más por el halo de peligro que los rodeaba.

–¡Ay!

Dos manos, dos senos y un hombre que no tuvo reparo en estrujárselos.

–¿Hanabi? –volvía a llamar Hiashi

Desesperada se cubrió la boca con las manos, intentando solapar los gemidos que se le escapaban.

–¿Por qué te cubres la boca? –le dijo al oído.

–Me va a oír.

Konohamaru sonrió con malicia y entonces embistió con más fuerza, frotando su miembro de forma descarada, logrando un gritito en ella.

–Lo hubieras pensado antes de traernos hacia aquí kore'. –le tomo las manos apartándoselas de la boca. –Ahora déjame escucharte.

–¿Hija está todo bien?

–Si… –cerró los ojos con fuerza. –Sí Oto-sama yo… –vio ese par de manos tornarse agiles. Konohamaru le agarro los pechos, los apretaba y soltaba, apretaba y soltaba, como un niño inocente que buscaba comprobar si la fruta estaba madura. –¡Quiero estudiar! –dijo entre gemidos.

–¿A esta hora? –pregunto extrañado.

–Son más grande de lo que pensé kore'. –dijo sorprendido, pero deseoso. –¿Qué ocultas ahí Hire?

–Kono-chan.

Ella lo sintió y él también, una protuberancia tomaba forma en la tela. Hanabi tenía los pezones erectos.

–Eres muy sensible kore'. –siguió las caricias.

Ella trago saliva e intento reacomodar el ritmo de su respiración.

–No te burles.

–No me burlo. –bajo al oído. –Me fascinas kore'.

–Kono-chan. –suspiro.

–Cuando todo esto acabe y realmente estemos solos, te hare el amor toda la noche, no me contendré más. –volvió a frotarse a propósito, para que recordara lo que provocaba en él. –Oh Hire, te deseo tanto kore'.

–Hanabi. –Hiashi estaba parado en el centro del pasillo. –No es necesario que retomes tus tutorías ahora, debes descansar. –aun cuando no elevo la voz, sabía que ella lo oía.

–Estoy bien ¡Ay!... –se mordió el labio. –Oto-sama.

Volteo rápidamente a su novio, pero este solo sonrió de forma inocente, mientras mantenía dos de los dedos sujetándole el pezón.

–No… –dijo ella.

–¿No te gusta kore'? –volvió a pellizcarlo y Hanabi contuvo la respiración.

–Yo no dije eso. –respondió agitada. –Solo qué Oto-san…

–¿Si? –le beso el mentón.

Ella cerró los ojos, buscando serenarse, pero era difícil con Konohamaru esparciéndole besos, sin dejar de acariciarla.

–Está cerca y…

–No me importa.

No sabe si fue el tono de la voz, el deseo esculpido en sus ojos o el recordatorio del miembro erecto pegado a su trasero. Tal vez, hasta fue el conjunto de todo, pero Hanabi quedo sin aire, incapaz de decir algo.

–"Hanabi" es en lo único que puedo pensar ahora, en ti. –retomo las caricias con más fuerzas, logrando que ella gimoteara en sus brazos. –Tus senos grandes y sensibles, tu piel tibia y perfumada. Oh Kami… –descanso la frente en su hombro. –Solo dios sabe cuánto deseo desnudarte y hacerte mía.

–Ko-Konohamaru.

–Déjame ser tuyo. –la tomo del mentón suavemente y le susurro contra la piel de los labios. –Solo tuyo Hanabi, mientras tú prometas ser mía, mi mujer. ¿Quieres?

–Hai…

Sonrió y le beso castamente los labios. –Hire, te juro que nunca amare o deseare a otra mujer, no como lo hago contigo. –le acaricio la mejilla. –Haces que haga locuras por ti.

–Yo también. –le rozo su nariz con la suya. –Te amo tanto que yo…

–Hanabi. –su voz sonó ronca y sorprendida. –No lo hagas.

–¿Por qué? –pregunto mirándolo a los ojos.

Konohamaru intento recomponer la voz.

–No podría… –trago con fuerza. –No podría aguantar kore'.

Ella sonrió y con un dedo marco el largo del bulto dejando en él una caricia.

–Es la idea ¿no? –se acercó a su oído. –Ko-no-ha-ma-ru. –deletreo el nombre en burla.

Ahora era ella la que sonreía confiada, al poder liderar las caricias.

–No.

–¿No? Pero estas muy duro, Kono-chan. –armo un tono inocente que contrasto rápidamente con la lujuria en sus ojos. –Dije que te ayudaría a calmarte. –presiono fuerte el bulto con la mano, logrando que él siseara de gusto.

–Hire…

–¿Sí?

–Por favor. –Le costaba hablar.

–¿Qué?

Él la miro con los ojos brillando de deseo y agonía entremezclada.

–Haceme correr kore'.

–Hai…

•~•~•~•~•~•

Seguían de espaldas, Konohamaru había bajado las manos a la cadera de ella, permanecía quieto y con los ojos cerrados. Tomaba bocanadas de aire, intentando serenarse y a la vez dándole el tiempo a ella de hacerle lo que quisiera.

Hanabi comenzó a tientas, sobre la ropa, usando su propia curiosidad motivada por el deseo que él había despertado. Lo palpo, era grande, abultado, seguramente libre de los pantalones se levantaría completamente erguido. Le fue imposible no idear una imagen en su cabeza y que el cuerpo no le reaccionara ante eso.

–Un poco más. –pidió él, moviendo la cadera hacia adelante, añorando más de su toque. –Oh kore', sí.

Qué fuera la mano de ella y no la de él, la que lo tocara, lo estaba volviendo loco.

–¿Puedo? –pregunto ella, mirándolo.

Konohamaru solo pudo asentir incapaz de formular palabras.

Se escuchó el sonido del cierre al bajarse, seguido del rose de la tela al abandonarle la piel. Él la soltó y ella se dio vuelta, quedando esta vez uno frente al otro.

–Oh…

Le fue imposible poner los ojos en otro lado, estaba ahí, desnudo iluminado tenuemente por las luz de las velas.

–Hire. –Konohamaru tenía el rostro enrojecido y sudado. –Ya no puedo más kore'. –con la mano sostenía su miembro erecto. –Yo no… –resoplo y comenzó a masturbarse por y para ella. –Te necesito, Hanabi.

Tiraba la cabeza hacia atrás, soltaba bocanas de aire caliente y repetía el nombre de la mujer que prendía su deseo. Hanabi lo miraba, veía hipnotizada como la mano de él acariciaba con rapidez el miembro erecto.

–Hanabi, Hanabi. –tenía los ojos llorosos, pero ni aun así dejaba de mirarla. Le dedicaba a ella este acto sucio y en vez de avergonzarse, de reprocharse por estar masturbándose frente a la kunoichi, seguía, seguía enloquecido al sentir la carne endurecerse más y más.

–Déjame a mí, Konohamaru. –le susurro y él se encontraba tan ido, sumergido en la vorágine de placer que no opuso resistencia ni queja.

Solo resoplo, mitad gemido, mitad suplica, cuando aquella mano más pequeña y fría lo tomo.

El miembro de Konohamaru, era ancho, fuerte y estaba completamente erecto. En el abdomen había un rastro de vello café que después desaparecía en el largo. Su piel estaba pegajosa y caliente.

–Es muy grande. –dijo asombrada al ver que no llegaba a rodearlo.

Él la miro con los ojos entreabiertos y un aire divertido brillándole en las pupilas.

–No lograras que me calme diciéndome eso kore'. –respondió agitado.

–Oh…

Era tierno y a la vez excitante ver el rostro que hacia ella en estos momentos. Los ojos blancos simulaban agrandarse cada vez más, el rubor ya era algo natural en las mejillas y sus labios aun lucían hinchados por los besos.

–¿Qué? –la escucho hablar pero no le entendió.

Hanabi miraba hacia el costado. –Pregunte si ¿siempre es así o se vuelve más grande?

–¿Te refieres a…?

Ella asintió y él recobro parte de la razón, únicamente para sentir vergüenza.

–Ya veo kore'.

–¡No tienes que responder si no quieres! –se mordio el labio. –En realidad no sé porque pregunte es que… –dijo nerviosa

–Está bien kore'. –la detuvo. –Puedes preguntar lo que quieras –él también estaba avergonzado.

–Kono-chan.

–Se vuelve un poco más grande… –se rasco la mejilla. –Cuando ya sabes kore'. –la miro de reojo. –Estoy cerca de correrme.

–Oh…

No sabía porque lo hacía, pero por alguna extraña razón, sintió la necesidad de seguir explicando.

–También cuando estoy así y no puedo… –toseo. –Ya sabes kore'. Me tomo una ducha, el agua helada me ayuda a que vuelva a la normalidad.

–Entiendo.

Fue un suplicio para Konohamaru el silencio, verla tan callada y pensativa, lo ponía nervioso, además ella no lo soltaba y él realmente necesitaba que las cosas se agilizaran.

–Hay un baño cerca. –finalmente hablo.

–¿Qué?

–Hay un baño cerca. –repitió ella. –Podríamos tomar una ducha juntos y así estarías…

–No. –negó rápidamente. –No funcionaria.

–¿Por qué?

En ese momento odio que ella fuera tan inocente y él tan pervertido.

–¿Enserio no lo sabes? –la miro y termino suspirando. –No podría concentrarme, porque tú estarías ahí kore' además… –miro el miembro erguido. –Ya es demasiado tarde para eso, estoy demasiado excitado.

–Ya…

–Pero puedo hacerlo yo si tú... –amago a apartarle las manos, pero ella comenzó a acariciarlo, dejándolo paralizado.

–No, quiero hacerlo.

–Hire.

Ella lo miro decidida.

–Quiero ser la única mujer que te haga sentir así, Konohamaru. –movió la mano rápido por todo el largo.

–Hanabi. –apretó los dientes.

Ella miro asombrada el cambio que se producía, la capa que cubría la punta, el prepucio, lentamente bajaba dejando a la vista la glande enrojecida.

–Oh tenías razón. Se está volviendo más grande. –aumento la velocidad, deslizando su mano de arriba a abajo.

–Oh Kami. –tiro la cabeza hacia atrás, la respiración le salía entrecortada.

–También esta mojado y pegajoso. –miro el punto viscoso color blanco que emergía de la punta. –¿Se siente bien?

Asintió con la cabeza y dijo: –Más, más rápido. –le rogo con la voz ronca.

Ella se lo concedió, movió la mano sobre la carne enardecida. Toco todo guiándose por la curiosidad, pero sin perderse las expresiones que generaba en él.

En el rostro de Konohamaru leía si lo estaba haciendo bien o mal. Podía ver como tensaba los labios y fruncía el ceño cuando recorría todo el largo o como contenía el aire cuando marco círculos con el pulgar sobre la punta.

–¡Hire!

La tomo con rudeza del rostro y la beso sin guardarse nada. Hanabi gimoteo contra su boca, pero sin parar de masturbarlo.

Sintió un ligero dolor y corto el abruptamente beso, solo para decirle: –No tan fuerte. –Ella asintió y aflojo la mano, pero no por ello detuvo la velocidad, sino que la aumento. –Ay dios. –dejo caer la cabeza en el hombro de ella. – Kimochīi (se siente bien気持ちいい)

–Kono-chan. –suspiro.

El shinobi había comenzado a besarle el cuello, volcando toda la hambruna que sentía por su piel, en ese pequeño espacio.

–Hire, me estas volviendo loco kore'

Deseaba besarle los senos, los muslos, el vientre, dejarle rastros de saliva por cada parte del cuerpo. Pero hoy y solo hoy, se conformaba con el pequeño espacio de su cuello.

–Más fuerte.

–Konohamaru.

–Si ¡Sí kore'! –las caderas se le movían solas. –Oh Kami.

Olvido donde estaban, los riegos y consecuencias, olvido todo y solo se centró en ella. La vio a Hanabi, con el nerviosismo y el deseo delineándole la cara. Sintió la pequeña mano suave moviéndose de arriba hacia abajo por su miembro, proveyéndole paz como también internándolo en la locura.

–No aguanto más. –le dijo.

–Kono-chan. –acelero tanto que podía oir el sonido de su mano haciendo fricción con la piel.

–¡Kuso, Hanabi! (maldición くそー)

–¿Qué? –lo miro preocupada. –¿Estas bien? –paro.

–No… –puso la mano encima de la de ella–No te detengas kore'. –estaba agitado y con los ojos desenfocados. –Por lo que más quieras, no pares. –la guio marcándole un ritmo errático y desenfrenado.

Hanabi mordió sus labios y asintió. Una ligera incomodidad se acrecentaba en su intimidad, inconscientemente apretó las piernas como si intentara retener algo.

–Konohamaru.

–Solo un poco más. –Le beso el cuello saboreándole la piel y a la vez aferrándose a la única soga antes de caer al abismo. –Quiero ayudarte a clavar cuadros kore´. –la calentura lo sinceraba, dejando de lado toda moral y timidez. –Muchos cuadros kore´, tantos que… –soltó un quejido seguido de un insulto. –¡Kuso! (クソ) No quedara lugar en la pared yo…

–Konohamaru.

–Ya no…

Volvió a apoderarse de su boca. Las lenguas se enredaron, los rastros de saliva se escapaban por las comisuras debido a tanta pasión.

–Hanabi. –repetía como mantra, una y otra vez. –Hanabi.

–Kono-chan.

–Hire, me corro kore'. –presiono la unión de sus manos sobre su miembro y siseo de gusto. –Me corro, ya no… –sonaba entrecortado, urgido. –Hire, Hire –repetía rápido. –Ya no… ya no aguanto más ¡Hanabi!

Se liberó, no pudo retenerlo más tiempo, su miembro expulso a chorros el semen caliente. Fue sublime, cargado de "tanto" que no se comparaba a nada que hubiera sentido antes.

Aun intentaba recomponerse, cuando agitado trastabillo y cayo sentando en la pequeña mesa. Bajo la mirada a su entrepierna, su miembro ahora más flácido, mostraba restos de semen, más no era mucho, ya que la mayor cantidad, dio en sus manos.

Las manos entrelazadas, la de él y la de… Hanabi.

–Hire.

Hanabi miraba aun incrédula, la viscosidad blanca que le ensuciaba la mano y entonces… Konohamaru fue testigo del momento en que su novia, asomaba la lengua de entre los labios y limpiaba uno de los dedos, llevándose el semen al interior de su boca.

Kami-sama, estaba en el paraíso.

–Es raro. –dijo ella e hizo una mueca. –Pero no es desagradable.

–Hanabi yo…

–Hija ¿está todo bien ahí? Escuche ruidos.

¡Casi lo habían olvidado! Hiashi Hyuga continuaba afuera.

–¡Todo bien Oto-sama! –se apresuró a responder la mujer. –Solo se me cayeron unos libros. –miro a Konohamaru, este se apresuraba a reacomodarse la ropa, con movimientos torpes.

–Si insistes en estudiar, puedo quedarme a ayudarte. –continuo el líder.

–¡No!

–¿Cómo? –la sombra de Hiashi se deslumbraba claramente. Estaba del otro lado de la puerta.

Konohamaru miro aterrado a la mujer, ella le hizo seña con la mano para que se corriera y deslizo la puerta asomando la cabeza.

–No es necesario Oto-sama. –miro al hombre. –Es mi deber, no se preocupe y vaya a descansar qué es tarde.

–¿Segura? Porque yo…

–Sí, sí, insisto. –le sonrió intentando aparentar una tranquilidad que claramente no sentía. –Estando sola lograre concentrarme mejor.

–Si eso quieres…

–¡Hai!

–Bueno. Buenas noches Hanabi.

–Buenas noches Oto-sama. –lo despidió y siguió con la mirada hasta que el hombre desapareció por los pasillos

–Eso estuvo cerca kore'. Realmente creí que nos vería. –suspiro aliviado. –Sera mejor que me vaya antes de que...

Pero Hanabi cerró la puerta y se quedó allí bloqueándole la salida.

–Hanabi ¿estás bien? ¿Qué sucede?

Ella murmuro algo, pero no lo miro a los ojos.

–¿Qué kore'?

–Que estoy… –pero la voz se le perdió al final.

–¿Qué? –puso una mano en su oído.

–¡Qué estoy mojada! –grito avergonzada.

–Hire.

Ella se cubrió el rostro con ambas manos.

–Todo esto es tú culpa. –entreabría los dedos para verlo. –Hiciste que yo también me excitara.

–Yo…

No sabía que decir y ella seguía negada a mostrarle la cara.

–Kono-chan gimes tan rico, que yo no pude evitarlo y ahora estoy así. –froto nerviosa una pierna con la otra.

–Hanabi.

Ya que la razón dejo de funcionarle hace rato, el jounnin solo respondió confiándose en sus instintos.

–Déjame ayudarte kore'

Le devolvería placer con placer.

•~•~•~•~•~•

–¿Puedo? –pregunto.

Ella no lo miro, pero asintió con la cabeza.

Las manos del shinobi se posaron en el borde de la vestimenta roja, que le cubría las piernas y con suma paciencia comenzó a desarmar el nudo. La tela se deslizo sin impedimento alguno, hasta formar un charco arrugado a los pies de la kunoichi.

–¿Konohamaru?

–Yo, no, sí… –tartamudeaba y Hanabi no pudo evitar reír ante ello, dejando un poco de su nerviosismo.

–¿Te parezco linda Kono-chan?

–Hermosa.

Fue el tono ahogado y algo ronco que nació de él, lo que logro que Hanabi dejara olvidada la burla y bajara la cabeza tímida.

Konohamaru la miraba, pero era una mirada tan pesada e intensa, que Hanabi se sintió desnuda, aun cuando todavía había ropa que la cubría.

–Kono-chan. –intento despertarlo pero no funciono.

Él shinobi recorría, memorizaba la forma de ese par de piernas largas esculpidas en piel blanca e interrumpidas solamente por el borde amarillo del kimono.

Mismo kimono que acababa unos centímetros arriba del muslo y permitía ver entre las solapas entreabiertas, aquella inocente tela de forma triangular. La ropa interior de Hanabi.

Ya antes la deseaba pero ahora lo reafirmaba.

–Yo… –Cerró los ojos y aparto la vista, debía calmarse. Una vez centrado, volvió a mirarla y le dijo: –¿Estas segura kore'? Porque podemos parar ahora y…

–Tú… –ella jugo con la punta de su pie, descalzo sobre el tatami. –¿No quieres? –lo miro pero rápidamente regreso la atención al piso. –¿No te gusto?

–¡Claro que sí kore'! –sonó mas efusivo de lo que quiso. Hanabi lo miraba con el rostro sonrojado. –Yo… –bajo la voz avergonzado. –Claro que me gustas, eres hermosa. –la última palabra en un suspiro sofocado. –Solo que no quiero que te sientas incomoda kore', es eso.

Ella no pudo evitar sonreír. Era irónico y fascinante como Konohamaru podía ser un pervertido pero a la vez comportarse como un caballero.

–Está bien Kono-chan, yo… –reunió fuerzas para decir lo siguiente. –Sí eres tú quien lo hace…

–Hire.

– No estoy preocupada, sé que será increíble, así que ¡Onegai! –lo miro a los ojos aun cuando sentía que en cualquier momento se desmayaría. –Tócame Kono-chan.

Asintió una, dos, hasta tres veces, demasiado abrumado como para poder hablar pero también demasiado ansioso por responder.

–¿Qué debo hacer? –pregunto ella.

–¡Oh sí, ya! Bien entonces yo… –miro alrededor. –Me sentare ahí. –señalo al lado de la puerta. –Y creo que tú deberías. –toseo para aclararse la voz e intentar sonar seguro, no quería ponerla más nerviosa. –Ponerte encima kore', así estaremos más cómodos ¿Sí?

Ella asintió aun algo cohibida pero imito sus movimientos. Konohamaru se sentó sobre el tatami con las piernas flexionadas y la espalda recargada contra la pared. Hanabi mordiéndose el labio inferior y estirando el borde del kimono, le dio la espalda a él, para tomar su lugar en el hueco que le provenían sus piernas.

Mientras ella se acomodaba, Konohamaru se obligó a mirar hacia el costado intentando ignorar la visión de aquel pequeño trasero acercándose.

Realmente le fue un alivio cuando se sentó.

–¿Estas cómoda kore'? –le pregunto.

–Hai. –apoyo la espalda en el pecho de él.

–Bien tu tranquila kore'. –le rodeo la cintura con los brazos, pegándola aun más. –Solo relájate. –apoyo el mentón en su hombro.

–Si. –tomo aire y lo soltó.

–Me ayudaría que abrieras un poco las piernas kore'. –le susurro.

Ella asintió y tímidamente abrió las piernas, fue allí que Konohamaru pudo notar mejor la ropa interior. Era clara de un tono rosa pálido con un ligero entramado de encaje negro, inocente y atrevido al mismo tiempo, sin duda la representaba a ella.

La miro, pero ella le huía, apretando el kimono amarillo en sus manos y temblando ligeramente.

–Hanabi. –la llamo. –Hanabi. –volvió a intentar y tomándola suavemente del mentón, lo obligo a encontrarse con sus ojos. –Esto también es nuevo para mí kore'.

La noto sorprendida y no pudo evitar sonreír con cariño ante ello.

–Jamás había visto o tocado a una mujer Hire, tú serás la primera. –le acaricio la mejilla, corriéndole un mechón de cabello castaño. –Y la única kore'.

–Kono-chan. –un halo de seguridad se coló en sus ojos.

–Dime kore'.

–Tú también eres el primero. –lo tomo de la mano y miro decidida. –Y quiero que seas el único.

Aunque ya lo suponía, no pudo evitar sentirse arrastrado por una de orgullo masculino.

–Eso me gusta kore'. No podría soportar verte con otro.

–Yo igual.

Se sonrieron, un poco más relajados y Hanabi pregunto.

– ¿Qué quieres hacer?

La sonrisa que puso el shinobi, fue más que suficiente para que ella se arrepintiera al instante.

–Quiero hacer tantas cosas kore'. –un tono pervertido y juguetón acompaño sus palabras. –Tantas que no nos alcanzaría una sola noche.

–¡Konohamaru!

Él se rio, no siempre podía aprovecharse de ella, por eso si existía una posibilidad de ganarle en lo travieso a la Hyuga, él la tomaba… Claro, siempre que fuera en la intimidad, ellos dos solos. Porque para él afuera, prefería que los comentarios doble sentido los liderara ella.

–Eres tan hermosa cuando te avergüenzas kore'.

–Deja de burlarte y… –su voz fue bajando. Movió incomoda las piernas, frotando una con la otra. –Solo hazlo.

–¿Aquí kore'? –la acaricio dibujando patrones con el dedo sobre el muslo.

–No.

Él sonrió.

–¿Aquí? –le puso la mano sobre el abdomen.

–¡Kono-chan!

Se removió molesta, pero él jounnin no le permitió separarse, sino que al contrario la pego completamente contra sí y le susurró al oído:

–¿Aquí?

Ella suspiro y asintió.

Konohamaru apoyo el dedo encima de la pequeña mancha de humedad, centrando toda su atención en ese único punto, que lograba volver más oscura la ropa interior y con el dedo anular comenzó a rozar de arriba hacia abajo marcando la hendidura de la intimidad.

–Kono-chan. –suspiro.

–Shh, recuerda que tu padre está cerca kore'.

–Hai.

Era tibia, suave y tan receptiva a su toque. Konohamaru la miraba, memorizaba, cada mueca que ella le regalaba, cada sonido que brotaba de sus labios. Lo que le gustaba y lo que no, lo descubría con los dedos.

En un principio se movió gentil, tanteando e imaginando lo que ella escondía bajo la pequeña tela. Pero cuando la noto más relajada, más mojada, sumo un dedo y luego otro más.

Ya no era solo el anular el que marcaba el ritmo, sino que eran los tres del centro, los que la acariciaban tornando el toque más ansioso y pasional.

–Kono-chan. –sonó demasiado agudo.

–¿Te gusta kore?

Ella se mordió los labios opacando un nuevo gemido y asintió.

–A mí también me gusta kore'. –le susurró al oído. –Me gustas demasiado…

Hanabi se había excitado por su culpa y sería muy grosero de su parte no devolverle el favor. Eso se decía, con esa razón se auto convencía para avanzar. Por ello se dio un paso más.

Marco círculos en la pequeña protuberancia que comenzaba a marcarse en la tela. Era excitante no verlo y a la vez poder sentirlo. El clítoris emergía, producto de la pasión de él le generaba.

–Ko… ¡Kono-chan!

–Oh Hire. –él mismo se estaba excitando ante ese cuerpo sensible. –Cada vez estas más mojada kore'.

–No digas eso. –rearmo la voz, como pudo. –Es vergonzoso.

–Pero es cierto. –Levanto los dedos a la altura del rostro de ella. –Estas toda mojada Hanabi.

–Es por tu culpa. –le recrimino avergonzada, cubriéndose el rostro con ambas manos.

–¿Por mí? –pregunto haciéndose el inocente. –Bueno kore' si algo aprendí es a hacerme responsable por mis actos ¿no?

Ella lo miro aun sin descubrirse el rostro y noto para mayor vergüenza y excitación, como el jounnin pasaba la lengua por los dedos. Esos mismos dedos conque la había tocado, ahora eran llevados a la boca de él y saboreados con gula.

–Tu sabor es delicioso.

Ella solo podía intentar recomponer la respiración.

–La próxima vez te probare entera kore'

Ella chillo al sentir nuevamente los dedos retomar su labor.

–Justo aquí. Pondré mi boca en donde ahora están mis dedos kore' ¿me dejaras?

–No. –dijo ella como pudo.

–¿No? ¿No quieres? –tenía la voz ronca.

–No es eso. –lo miro con los ojos llorosos, producto de la excitación. –Está sucio, ahí… –trago intentando humedecer su garganta reseca. –Está sucio.

–Ohh… Entonces abra que limpiarlo kore'

–¡Konohamaru!

Él la toco justo en la cúspide de la locura. Apoyo el pulgar sobre el clítoris y presiono.

–Aquí kore', justo aquí. –ronroneo.

–Konohamaru. –se cubrio la boca con las manos mientras los ojos se le tornaban llorosos a causa del deseo.

–Olvida lo que dije kore'. –la voz enronquecida le pego en el oído, erizándole la piel. –Quiero oírte decir mi nombre. –le destapo la boca, aun cuando ella quiso impedirlo.

–¡Ko…Kono-chan!

Era vergonzoso y la vez excitante auto escucharse, no reconocía ni su voz. Solo podía oírlo a él, a Konohamaru diciendo ahogado todo lo que la deseaba.

–¡Ay! –tiro la cabeza hacia atrás.

–Oh Kami, Hire, vas a lograr que vuelva a excitarte kore'.

Movió frenético los dedos, ella debió morderse los labios para ahogar sus propios gritos mientras cerraba los ojos y volvía a tirar la cabeza hacia atrás.

–Hire, mírame. Hire

Pero Hanabi no lo escuchaba, ella estaba tan sumergida, tan ida, intentando hallarle un orden a todas estas nuevas sensaciones, que hasta abrir los ojos le significaba algo sumamente muy difícil.

–Hanabi mírame –pero él no se rindió. –¡Mírame kore'! –la tomo del mentón, ella le devolvió la mirada perdida, brillando de gozo.

–Kono-chan. –dijo ida.

–Eres increíble kore', tan hermosa. Te deseo tanto.

El jounnin le rozo los labios, Hanabi busco profundizar el beso, pero de forma cruel y motivado por su propio deseo Konohamaru se apartó. Se embarcó en una misión en solitario, marcando un camino de besos sutiles que inicio en el mentón y termino en su oído, entonces allí jugueteando con en el lóbulo de su oreja, le hizo una promesa –Hare que te corras gritando mi nombre kore'. –susurro con voz enronquecida.

Ella ni llego procesar lo que escucho, que se removió histérica, al sentir ahora sin tela que sirviera de barrera, los dedos del hombre tocarle la vagina.

–¡Konohamaru! –ya no fue un gemido, sino el inicio de un grito que él silencio besándola desenfrenadamente.

Ella gimoteo, sollozaba de placer y él no se detenía. Podía escucharse el sonido que generaba, lo mojado de ella con los dedos de él, ese sonido sucio que nacía del toque deseoso, lleno de gula, que solo tenía un propósito, prenderla fuego por dentro.

–Konohamaru ¡Konohamaru! –Las piernas involuntariamente se le cerraron, buscando mantenerlo preso ahí justo donde lo necesitaba.

–Córrete Hire, no te contengas.

–Nos van… –las palabras se le vieron interrumpidas por su propio gemido. –Nos van a oír.

–No importa

–Pero, pero la habitación de… –trago saliva. –Oto-sama, cerca. –estaba agitada. –Está cerca.

–Entiendo kore'. –bajo el ritmo y ella suspiro temblorosa. –Correré el riesgo.

–¿Qué?

–¡No me importa si me sellan los puntos de chackra!

–¡Konohamaru…!

Pero no llego ni a terminar su queja que el shinobi volvió a torturarla. No hubo delicadez, ni cuidado, fue rápido e insistente, totalmente descontrolado.

–¡Grita, Hire! Di mi nombre.

–Yo… yo ¡No puedo aguatar más Kono-chan!

–Córrete. –insistía sin detenerse. –Vamos kore' déjame ver la cara que pones.

–Kono-chan, ¡Kono-chan!

–Si kore' ¡Sí!

Ella completamente sudada, levanto las caderas e imito desquiciada los movimientos contra su mano.

–¡Ay! No puedo, no puedo… ¡Ya no puedo más!

Fue el cómo, el dónde y quien la tocaba, fue la unión de todo eso. El peligro, la adrenalina, el deseo y el amor colmándola que lo único que pudo hacer, fue gritar.

Grito con voz aguda, tan alto, tan fuerte que sintió como sus cuerdas vocales se rompían y entonces… él grito de la heredera del Souke retumbo por todo el complejo Hyuga.

Sudorosa, agotada, con las piernas tambaleando, cayo ejerciendo peso muerto sobre el shinobi.

–Kono-chan… –susurro casi sin fuerzas.

Sentía como su propio deseo afloraba de adentro. Un líquido casi transparente le bajaba lentamente por el hueco de entre sus piernas, mojándola y volviéndole la piel pegajosa .

–Hiciste trampa kore'. –le recrimino él, en susurros. –No dijiste mi nombre. –siguió acariciando, bajando de a poco la velocidad hasta detenerse.

Ella suspiraba, se relajaba arrullada por el sonido de la voz masculina y la calidez que emanaba de su pecho.

–Kono-chan yo… –él retiro los dedos. Hanabi soltó un sonido, mitad suspiro y mitad gemido, mientras apretaba la ropa de él en un puño.

–¿Sí? –hizo que la mirara. –Dime Hire.

Disfrutaba, disfrutaba verla así. Sentía orgullo, un ferviente orgullo masculino con chispas de amor. Tenerla así Hanabi con la piel sudada, los labios hinchados, los ojos brillosos, el cabello desordenado, ni el más poderoso enemigo la había dejado tan desarmada. Ella era la personificación del agotamiento y sensualidad pura.

–Eso… –se relamió los labios, buscando humedecerlos. –Kimochīi (se sintio bien気持ちいい) –dijo sin fuerzas.

–No lo suficiente kore'.

Hanabi lo miro confundida y entonces él se le acercó al oído y con voz destilando deseo, le susurro: –La próxima vez, no fallare kore'. Haré que mi nombre sea lo único que recuerdes.

–Konohamaru yo…

Le puso el dedo encima de los labios silenciándola.

–Hire

Se inclino hacia su rostro, ella lo entendió y abrió, casi como una invitación, la boca. Ya sentían sus alientos entremezclándose cuando… Hanabi se levantó abruptamente

Confundido miro como su novia, luchando con el cansancio del reciente orgasmo, tomaba su ropa y volvía a vestirse.

–¡Te lo dije Kono-chan! –le reprochaba, intentando acomodarse. –Te dije que nos iba a escuchar.

–¿De qué hablas kore'?

Ella lo miro tan seria y preocupada, que Konohamaru no pudo evitar temblar.

–No me digas que…

–Hai, Oto-sama. Él viene para acá.

Su rostro paso de estar sonrojado a pálido y entonces comenzó a moverse casi tan rápido como ella.

–¡Me escondo kore'! –miro frenético el lugar. –Dime dónde y…

–No hay tiempo. –se prolijo el cabello con las manos, intentando parecer decente. –Transfórmate. –le ordeno.

–¿Qué? Pero Hanabi

–¡Has lo que te digo!

Hizo las señas de manos y un vaho blanco lo cubrió por completo.

Ni bien la neblina blanca se disipo la puerta fue abierta abruptamente, por el dueño de casa.

–¡Hanabi!

–Buenas noches Oto-sama.

Hiashi miro a su hija y después a la joven sirvienta que la acompañaba. Repaso rápido la habitación y volvió a centrar la atención en la heredera.

–¿Pasa algo, Oto-sama? –se felicitó internamente por sonar tranquila.

Él shinobi la miro como si la respuesta fuera obvia y ella solo agrando su sonrisa inocente

–Te escuche gritar. –respondió.

Hanabi lucho para no sonrojarse y la sonrisa sobre sus labios se tenso. Casi creyó escuchar un lamento provenir de la "sirvienta", pero lo silencio con un pequeño y muy disimulado golpe al tobillo.

–Es que vi… –las palabras se le trabaron por los nervios. –Una araña.

–¿Una araña?

–¡Hai! Es que usted sabe Oto-sama, cuanto yo odio las arañas ¡Son tan asquerosas!

Era un temor nacido en su infancia, un miedo humillante y vergonzoso, pero real y ahora… la excusa perfecta.

–Por suerte… –miro a la "mujer" que parecía que en cualquier momento tendría un colapso. –Kono…

La sirvienta la miro con los ojos casi saliéndoseles.

–Ko-Kohana. –tartamudeo el primer nombre que se le ocurrió. –Por suerte Kohana-san me ayudo a matarla, Oto-sama

–Hmmp, ya veo.

–¡Hai! Como ve Oto-sama no tiene de qué preocuparse. –se acercó a él, queriendo guiarlo a la salida. –Vaya a descansar que es tarde…

Pero el hombre se negó a moverse.

–Hanabi, tengo que hablar contigo. –dijo.

La pareja sintió como un escalofrió les recorría la espalda y la máscara de la Hyuga se tambaleo.

–¿Tiene que ser ahora? Estaba estudiando y... –intento excusarse

–Solo te robare un minuto.

–Pero Oto-sama…

Para el líder la ignoraba y ahora centraba toda la atención en la joven sirviente.

–Kohana-san.

–¡Hai!

–Por favor prepare té y llévelo a mi habitación.

–Hai Hiashi-sama. –se reverencio.

El hombre los miro a ambos una vez más y salió de la habitación.

No fue hasta que ya no escucharon el sonido del bastón, que ambos soltaron el aire en un largo suspiro.

–¡Kono-chan!

El shinobi aun transformado, lloraba amargamente.

–Me descubrió kore' ¡Me descubrió!

–¡No digas eso, Konohamaru!

–¡Pero es verdad kore'!

–No seas pesimista. Si Oto-sama te hubiera notado no se habría ido.

–¡No seas baka Hanabi! –le grito. –Hiashi-san me nos cita a su habitación, para cometer mi asesinato ahí –se llevó las manos a la cara desesperado. –Seguro le es más cómodo ahí ¡Nadie entraría a la habitación del líder kore'!

Una gota adorno la sien de la mujer: –Creo que estas exagerando.

Indignación pura, la cara que puso Konohamaru fue tan desalentadora y mortificante, que en vez de alarmarla le provoco risa.

Sin poder aguantarse se le rio.

–¡Hanabi!

La voz aguda y femenina de la sirvienta, solo intensifico el disfrute de la mujer.

– Gomen ne' ( lo siento ごめんねあなた) Kono-chan. –se secó las lágrimas. –Es que te ves tan "bonita" –dijo con sarcasmo.

–¡Hire!

Hanabi no supo si la mujer tenía las mejillas rojas por vergüenza o enojo, aun así sabía que no contaba con el tiempo para averiguarlo así que con la risa aun bailándole en los labios dijo:

–Ya, tranquilo Kono-chan, escúchame. –intento calmarlo. –Solo llevaras el té y luego te retiras. Yo sola hablare con Oto-sama y cuando termine te buscare ¿sí? Solo será un minuto

–Pero…

–¡Hanabi!

La voz ya impaciente del patriarca llego a ellos.

–¡Ya voy Oto-sama! –grito hacia el pasillo. –Hay un juego de té sobre la repisa, las hojas están guardadas en el tercer estante de la alacena. Pones el agua a calentar pero que no hierva y no te olvides la azúcar, a mí padre le gusta dulce. ¿Bien? –le indico. –Todo saldrá bien, no te preocupes.

– ¡Espera kore'! –la tomo del brazo antes de que pudiera marcharse.

–¿Qué pasa?

–Yo… –se le trabo la lengua y el rubor se acrecentó. –¿Estuvo bien? Ya sabes kore'. –la miro de reojo. –¿Se sintió bien?

–Kono-chan.

–¡No tienes que responder ahora kore'! –movió las manos frenéticamente. –Ni se porque pregunto eso en realidad. –se rio nervioso –Está mal que lo mencione, ahora con tu padre cerca es que…. –se rasco la cabeza y miro a cualquier otro lado menos a ella. –Estuvo tan increíble kore', yo lo sentí tan… –soltó el aire. –Tan único kore'. Por eso quería saber si tú ¿lo pasaste igual? –la miro nervioso. –¿Lo hiciste?

Con todos esos gestos y palabras entremezcladas, Hanabi no pudo evitar ver al hombre bajo la transformación y sonreír por ello.

–No. –respondió y la cara de la "sirvienta" se desmorono.

–¿Qué? Oh ya… –la voz fue bajando cada vez más, hasta volverse un susurro. –Entiendo kore'. –asintió deprimido. –Es que yo no sé mucho kore', lo único que conozco es lo que leí del libro que me regalo Ni-san cuando cumpli…

–Fue increíble.

–Si kore' fue… –parpadeo y la miro cada vez más confundido. –¿Qué cosa?

–No fue único, sino más que eso. –se acercó y le rodeo el cuello con los brazos. –Fue único, maravilloso, nuevo y excitante. –dijo cada palabra que le vino a la cabeza. –Jamás había sentido algo así.

–Hire.

–La próxima vez terminaremos lo que empezamos aquí. –le rozo el oído con los labios. –Cuando estemos solos, Kono-chan. –susurro con voz suave y coqueta.

–Por… por. –tartamudeo demasiado avergonzado y contento para hablar bien. –¡Por supuesto kore'! lo haremos y yo…

–Llevaras el libro. –dijo ella.

–Sí llevare el libro y… No ¡¿Qué? Claro que no kore'! –negó varias veces con la cabeza. –No puedo dejar que leas eso.

–¿Por qué? Tú lo lees ¿no?

–¡Sí, pero es porque soy un pervertido kore'!

Ella rio. –Créeme que eso ya me di cuenta, honorable nieto, por ello… –le robo un casto beso. –Seremos pervertido juntos. –le guiño el ojo.

–Hanabi. –sentía que el rostro le estallaría en cualquier momento, de lo rojo que estaba.

–¡Ay Kono-chan, de mujer también me gustas!

–¡¿Eh?! –se miró a si mismo recordando la transformación. –¡Hanabi no te burles kore'!

–No me burlo. –le robo otro beso. –Es usted muy hermosa Kohana-san.

–¡Hanabi!

Pero ya era tarde porque la intrépida kunoichi, se le había escapado de los brazos y ahora se marchaba en busca de su padre.

Lo último que alcanzo a oír Konohamaru, fue la risa de su Hire resonando en los pasillos.

Continuara…


Y llegamos al final de esta entrega doble. Estoy ¿sin palabras? Sí, sinceramente no sé qué decir, siento una mezcla de emociones que van desde vergüenza, anticipación, felicidad y sangrado nasal.

Estoy viendo el auto ahora y se le acaba de fundir el motor. Se recalentó por el viaje y creo que no fue lo único que perdió la batalla contra el calor. La cabeza me está haciendo corto circuito, liquidando mi última neurona sana. Necesito tomar con urgencia agua fría ¿ustedes no?

Pero bueno logre lo que quería, llevarlos por un tour de emociones. Estoy segura que valoraran mi trabajo y se tomaran tres segundos para dejarme sus opiniones porque ¡Hay mucho que poner en común!

Recordemos juntos: La gran relación de Tenten con Neji, el encuentro del prodigio con Hanabi (ese es uno de mis momentos favoritos), los sonidos lujuriosos, los toques sucios de Konohamaru con Hire y finalmente la charla de Hiashi con su hija. Hay mucho ¡Demasiado! En que pensar así que mis copilotos ustedes me dicen…

¿Estrellamos el auto o resulto un gran viaje?