Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 4

La última mañana que Edward y yo compartimos antes de que se vaya de gira es agridulce. Me despierta con un beso, con el desayuno en la cama y mimosas. Intenta hacer panqués, pero de alguna manera los arruina. Están grumosos y un poco quemados, aunque en algunas partes están crudos. Me hace reír con tanta fuerza que lloro. Terminamos bebiendo solo la champaña y abandonamos los panqués a medio intento de comerlos.

Cuando me besa, sus labios están pegajosos y dulces a causa de la miel. Nuestras bocas se abren y se separan, nuestras lenguas se rozan. Sé a dónde va esto y lo anhelo. Lo anhelo a él.

Sus manos son toscas, insistentes. Me resbalo sobre él, nuestra excitación es espesa, y mojada, y cálida. Meneo mis caderas sobre él una y otra vez, lo monto, entierra los dedos en mi piel. Con su cara enterrada entre mis tetas, murmura palabras de amor y afirmación sobre mi piel. Después, cuando me folla desde atrás, es más lento, más perezoso. Nos corremos juntos, con su aliento caliente sobre mi cuello, sus manos apretándome y pellizcándome en sitios que hacen temblar mi cuerpo.

Decidimos quedarnos en la cama durante todo el día, cancelamos los planes que tenemos hasta que él tiene que estar en el recinto más tarde esta noche para su show de despedida.

Con nuestros cuerpos entrelazados, enreda y desenreda un mechón de mi cabello en su dedo y pregunta:

—¿Te vas a quedar durante todo el show o tienes que irte temprano?

Es domingo y tengo que trabajar mañana, pero me anticipé y conseguí una sustituta para mi clase, así no tendría que preocuparme por regresar a casa a una hora decente.

Me siento a horcajadas en él.

—Estaré ahí durante todo el show —le digo. Su sonrisa es pequeña, dulce y agradecida.

Eventualmente tenemos que levantarnos de la cama. Es uno de los mejores días que hemos tenido en un tiempo, y aunque las cosas siguen sin ser perfectas, no se sienten tan extremas como hace un par de días.

Nos bañamos juntos y cuando él se viste, saca la ropa de la maleta con la que estará viviendo los siguientes cuatro meses. Eso me hace escocer los ojos, pero me doy la vuelta antes de que pueda verme.

Será raro estar sin él. Estoy muy orgullosa de él al mismo tiempo que me siento nerviosa por nosotros. Voy a extrañarlo.

Usualmente nunca pasamos tiempo juntos durante sus shows. Él está ocupado, y siempre está muy ruidoso y atiborrado de gente, y normalmente yo estoy con las chicas, de todas formas. Pero esta noche, antes de subir el escenario, se queda cerca de mí. Engancha sus dedos en las trabillas de mis jeans. Me pega a su costado. Pega su rostro a mi cuello, me besa. Me encanta el afecto. Me encanta su atención. Pero sé que esto solo hará que despedirnos esta noche sea más difícil.

Intento no pensarlo. Cuando mis ojos vuelven a escocer a causa de las lágrimas, él lo nota. Le quito importancia, pero me jala entre la multitud, llevándome al cuarto de atrás donde está todo su equipo. Cierra la puerta, ahogando la música de la banda que abre el show.

—Oye. —Se sienta en un sofá en el que yo probablemente no confiaría para descansar y me jala a su regazo—. ¿Qué sucede?

—Nada. Son tonterías. Es que te voy a extrañar.

Su sonrisa es suave.

—También te voy a extrañar.

Mis dedos juegan con el cabello de su nuca y trago con fuerza.

—¿Nos veremos seguido por videollamada?

—Cada puta noche —dice, su voz es una promesa sincera.

—¿Y también me llamarás?

—No. Quiero ver tu cara. Nada de esas mierdas de llamadas telefónicas.

Me río un poco. Detesto sentirme dependiente, pero este será el período más largo que ha estado lejos. Va a ser difícil las primeras semanas, pero sé por experiencia que será más fácil después. Me haré mi rutina sin él y se convertirá en nuestra nueva normalidad hasta su regreso.

—No te preocupes, ¿de acuerdo? —Con su mano en el costado de mi cuello, me roza la mejilla con el pulgar—. Te amo.

—También te amo. —Me acerco para besarlo, lo profundizo, desesperada por estar cerca de él. No importa si es en este sucio sofá, al final del pasillo donde está la gente. No importa que cualquiera pueda entrar. Subiéndome la falda hasta la cintura, me hago a un lado la tanga. Él se desabrocha y abre sus jeans, y follamos en el sofá hasta que ambos nos sentimos bien, y yo estoy ahogando mis sentimientos.

Por suerte no estamos follando cuando la puerta se abre. En vez de eso me encuentro al otro lado del cuarto, retocándome el labial en el reflejo de una foto enmarcada, y Edward se está terminando su cigarro.

—Salimos en diez, ¿qué carajos te pasa? —dice Jasper, frunciéndole el ceño a Edward.

Edward lo corta de golpe.

—Cálmate, hombre.

Jasper sale del cuarto y Edward me jala para darme un beso, arruinando el labial que me acabo de retocar.

—¿Te quedarás cerca para poder verte? —murmura sobre mi boca.

Asiento y le limpio el rojo de los labios.

—Siempre.

Como me lo pidió, me quedo en un lado, y veo su último show en Seattle con un corazón agridulce. A pesar de la molestia que tenía Jasper hace rato, los chicos tocan mejor que nunca. Más fuerte. Más en sincronía. Es entretenido verlos juntos en el escenario, riendo, bromeando entre canciones. Con Edward como el vocalista, sabe cómo interactuar con la multitud, animar a todos. Es hipnótico verlo. Es carismático. Y aunque dije lo contrario durante nuestra discusión, sé que es solo cuestión de tiempo antes de que la gente de la industria empiece a notarlos de verdad.

Para el final de la noche ya todos están borrachos, risueños y en euforia por el show. Es fácil dejarse llevar por la emoción, y aunque el plan era que los chicos se fueran a Portland en cuanto terminaran, se toman su tiempo para guardar todo, recibir felicitaciones de algunos aficionados y aceptar bebidas que retrasan su partida.

Estoy de pie con Alice y Rose, las tres nos deprimimos y nos reímos de lo miserables que nos sentiremos los siguientes cuatro meses sin los chicos, cuando veo a la ex de Edward al otro lado del bar. A la que engañó conmigo. Definitivamente ella no pasa por aquí seguido, pero ocasionalmente hace su aparición en sus shows más grandes ya que es la prima de Jasper. Han pasado dos años y medio desde que Edward y ella terminaron. No estamos en malos términos, pero definitivamente no somos amigas. Usualmente nos mantenemos alejadas la una de la otra, y está bien.

Se acerca a nosotras, pero solo abraza a Alice, opta por solo sonreírle amablemente a Rose mientras posa brevemente su mirada en mí. A veces me pregunto qué ve al mirarme. Si todavía piensa en mí como la chica que robó a su novio y rompió su relación. Creo que yo nunca podría superarlo si fuera ella, y por primera vez en mucho tiempo, me siento culpable por cómo se dieron las cosas. Pero el asunto con Edward no fue efímero en aquel entonces, y sigue sin serlo. No estábamos intentando llenar un vacío por el hecho de hacerlo solamente.

—Tocaron muy bien esta noche —dice Tanya con entusiasmo, su trenza de cabello rubio le cuelga sobre el hombro.

Alice concuerda.

—Sí, esos bastardos son muy talentosos. Y lo saben.

—Claro que sí. —Tanya se ríe—. No diría que ninguno de ellos es humilde. Especialmente no Edward.

Rose y yo intercambiamos una mirada sutil, pero me bebo mi cerveza, manteniendo la boca cerrada. Es raro que señale a Edward, pero no es lo suficientemente raro para que le diga algo. Sin embargo, sé que Tanya es cercana a Alice y después de todo no quiero que esta mierda entre nosotras sea más incómoda de lo que tiene que ser.

Las cuatro platicamos de trivialidades mientras terminamos nuestras bebidas. Cuando Alice menciona que nos reuniremos con los chicos durante su gira, Tanya se anima visiblemente.

—¿En cuál ciudad los van a ver? —pregunta.

—En Austin —le dice Rose, luego gime—. Aunque desearía no haber elegido visitarlos a inicios de agosto. El calor será brutal.

—Austin. —Tanya asiente—. Cierto. Edward lo mencionó la otra noche.

Su comentario pasa desapercibido para todas, excepto para mí.

—¿Edward mencionó qué? —pregunto, pero lo que de verdad quiero preguntarle es dónde estaban cuando él le contó esto.

—Estaba diciendo que se van a reunir con ellos y tomarán un descanso durante unos días —responde Tanya con simpleza, excluyendo más información—. ¿Alguna ha visitado Texas?

Alice y Rose siguen con la conversación donde se quedó, y yo sigo atascada en la parte donde Edward le contó esto… la otra noche.

Me quedo callada entonces, y mi mente trabaja tiempo extra para intentar averiguar cuándo la pudo haber visto. El único momento que me salta a la mente sería la noche que nos peleamos. Aunque no lo sé con certeza y no pienso preguntarle a Tanya al respecto. Me quedo ahí parada, bebiendo mi cerveza, esperando a que Edward reaparezca para poder preguntarle.

Pasan demasiados minutos y no lo veo cerca, así que voy a buscarlo. Lo encuentro en el cuarto verde con Sam, que está inclinado sobre la mesita frente al sofá, aspirando una línea de cocaína. Sam ni siquiera se molesta en alzar la vista hacia mí, ni se ve avergonzado. Solo se limpia debajo de la nariz y empieza a preparar otra línea.

—¿Podemos hablar? —pregunto cortante, mirando a Edward, que está parado al otro lado del cuarto, desenredando unos cables.

Edward asiente, su mirada se dirige momentáneamente hacia Sam.

—No aquí. Salgamos.

—Nos iremos en quince minutos, hermano —dice Sam de forma perezosa mientras salimos.

Emmett y Jasper están afuera fumando, pero pasamos junto a ellos y giramos la esquina del edificio para tener un poco más de privacidad. Edward me mira con atención, esperando a que hable.

—¿A dónde fuiste la otra noche? Cuando te fuiste —pregunto.

Me dedica una mirada.

—Sabes que estaba en casa de Jasper.

—Alice dijo que llegaste casi a la una y ya estabas borracho. Así que, ¿a dónde fuiste antes? Porque me dejaste cerca de las once, así que… —Estoy intentando darle el beneficio de la duda. De verdad que sí. Pero el que ya se porte tan evasivo me pone nerviosa y paranoica.

—Pasé a la taberna Sunset por unas cervezas —añade casualmente, esnifando—. Estaba tocando una banda, así que me quedé durante unas canciones.

—¿Tanya estaba ahí? —suelto, el enojo me burbujea en el pecho.

No vacila antes de decir:

—Sí.

—¿Por qué no mencionaste esa parte?

—Pues tampoco te dije que Rose y Emmett también estaban ahí. ¿Qué tiene de importante?

—Pasaste el rato con tu ex. Eso es algo importante —murmuro.

—No pasé el rato con Tanya —dice, casi con disgusto—. Pasé el rato con mi hermano y Rose. Claro, Tanya estaba ahí; platicamos. Nos bebimos una cerveza. Pero no fue nada, así que no lo hagas parecer así.

—No fue nada —repito—. Entonces, ¿el que me dejaras sola en casa después de una pelea para tomar una cerveza con tu ex novia no es nada de lo que tenga que preocuparme?

—No. Y si estás intentando empezar una mierda, ahora no es el momento. Me voy a ir en… diez putos minutos, Bella. No hagas esto. No me voy a ir así.

—Entonces, ¿por qué no me lo dijiste? —espeto.

—¿Cuándo se suponía que debía decírtelo? ¿Eh? ¿Y qué es lo que se supone que debía decirte? ¡No fue nada! —argumenta, alzando la voz.

—No tenía que serlo, pero lo volviste algo importante cuando decidiste ocultármelo. Ella sí que se veía muy engreída cuando lo mencionó. Como si supiera que me lo habías ocultado.

Se ríe amargamente.

—Bien. Lo siento. ¿Me oyes? Lo siento. No quiero a Tanya, y no fue así. No fue que planeara pasar el rato con ella.

—¿Le contaste sobre nuestra pelea?

No. No haría algo así.

—Entonces, ¿de qué hablaron?

—¿No tengo ni puta idea? De nada importante. Ni siquiera hablamos, estábamos escuchando a la banda.

—Ni siquiera hablaron —murmuro, pero mi instinto me dice que no le crea—. Estás mintiendo. Me estás ocultando algo. No hay otra razón por la que decidieras no mencionarlo.

—Sí, tienes razón —dice con sarcasmo—. Se ofreció a chuparme la polla en el baño. ¿Es eso lo que piensas? ¿Es eso lo que quieres oír? Cálmate al carajo, Bella.

Justo ahora quiero odiarlo. De verdad que sí. Sé que lo que dice no es verdad, pero de todas formas me hace enojar. Desenvuelve algo feo dentro de mí. Pienso en ellos juntos en el show, mi mente crea un escenario que probablemente no existe. Ellos de pie uno junto al otro, sus brazos rozándome. Él se inclina para susurrarle al oído. Ella se ríe y le agarra el hombro, se para de puntillas para susurrarle en respuesta.

Me hace ver todo rojo.

Me hace pensar en nosotros. En Edward y en mí. En aquellos primeros días antes de que él la engañara conmigo. Antes de dejarlo besarme. Antes de dejarlo follarme. Bromeábamos y coqueteábamos. Susurrábamos y sonreíamos. Él me rozaba a propósito cuando estábamos en los shows. Era tan jodidamente persistente. Me deseaba. Y a mí me gustaba eso.

—¿Por qué no terminaste con ella antes de empezar a estar juntos? —pregunto, mi enojo se tambalea.

—¿Por qué no me obligaste? —pregunta en voz baja como yo.

Porque no creí que pudiera. No creí que debiera. No sabía si tenía voz y voto. Él no era mío para tomarlo. Si ella quisiera abrirse camino de regreso a él, ni siquiera creo que podría culparla.

Nos miramos por otro momento, secuestrando nuestras palabras. En lo profundo sé qué es lo que está pasando aquí. Lo sé. Me siento culpable por mantener en secreto mi conversación con Ben. A pesar de que fue bastante inocente, tal vez debí habérselo dicho a Edward. Y ahora me estoy desquitando con él. Puedo reconocerlo, pero no puedo detenerme.

—¿Qué sucede, Bell? —La voz de Edward suena suave, tiene los ojos oscuros y suplicantes—. Tuvimos un buen día. Nosotros… carajo.

—No sé.

—¿No sabes? —pregunta exasperado—. Estás empezando estas mierdas conmigo, ¿y ni siquiera sabes?

—No actúes como si fueras perfecto, Edward. No lo hagas. La otra noche fue una cagada, de parte de ambos. Te fuiste y ni siquiera me dijiste a dónde ibas.

—Me dijiste que me fuera —murmura.

—Bien, pero ni siquiera hablamos de eso después. Solo… lo dejamos de lado. Como si no fuera nada.

—¿Y quieres hablar de eso ahora?

—Sí. No. Sé que ahora no es un buen momento —digo, pero sé qué es lo que realmente estoy pidiendo. Lo que necesito de él—. ¿No puedes quedarte? ¿Una noche más?

—¿Qué?

Me acerco a él, subiendo las manos por su pecho, aferrando al cuello de su camiseta.

—Solo manejarán hasta Portland esta noche. Quédate y te llevaré mañana para encontrarte con ellos.

—Bella, no puedo.

—¿Por qué no?

Me rodea la cintura con los brazos, mirándome.

—¿Porque no voy a dejar a los chicos colgando? Tenemos un show mañana en la noche y necesito estar ahí con ellos. Sabes que me voy a ir. No me pidas que me quede. No me hagas sentir mal.

Me arden los ojos.

—Es que siento que deberíamos hablar de esta mierda, ¿sabes?

—Lo sé. Pero hablaremos mañana, por videollamada. Cuando ambos estemos sobrios. ¿De acuerdo?

—Es que no puedo olvidarlo. Tú estarás en la carretera, distraído, y yo voy a estar atorada aquí preguntándome sobre qué es lo que no me estás contando. Por qué no soy lo suficientemente buena. Por qué no te quieres comprometer…

—¡Estoy jodidamente comprometido, Bella! Maldita sea. Estoy contigo, te amo, ¿qué más quieres de mí? —pregunta, me agarra la cara con ambas manos y me obliga a verlo.

—Ben me compró un anillo.

Ni siquiera sé por qué lo digo. Tal vez para obtener una reacción. Pero él ya está reaccionando y está enojado. Es un golpe bajo y calculado de mi parte. Lo sé, pero en este momento ni siquiera me importa.

—¿Qué? —pregunta Edward, frunce las cejas con confusión al dejar caer las manos de mi cara.

—Ben me compró un anillo de compromiso. Me iba a pedir matrimonio. Él…

—¿Por qué carajos me estás diciendo esto? —espeta.

—No lo sé. Él ni siquiera me lo había dicho, hasta el otro día que me topé con él.

Edward se queda en silencio, probablemente está creando escenarios en su cabeza como yo lo hice con Tanya y él hace unos minutos.

—Me dijo que yo era la indicada. No te lo conté porque… no sé por qué no te lo dije. Supongo que no quería.

—¿Y por qué me lo dices ahora? —pregunta, con la quijada tensa.

Me encojo de hombros.

—¿No querrías saberlo?

—¡No! Carajo, Bella. No quiero saber que tu ex quería casarse contigo, carajo. Puedo vivir sin saberlo. —Saca con enojo su cajetilla de cigarros y enciende uno—. Es un jodido patán —respira y aparece el humo—. ¿Por qué te lo dijo?

—Solo salió de repente.

—¿Porque te quiere de regreso?

—No lo creo. Pero eso me hizo pensar. En el pasado. Y en nosotros. Y en… todo. —Estoy llorando. Lágrimas pesadas inducidas por el alcohol. Detesto este lado de mí. Sé que estoy manipulándolo al decirle esto, pero no quiero que se vaya. Todavía tenemos mierdas que discutir y él no tiene que irse esta noche. Puede quedarse. Puede llegar a Portland mañana con suficiente tiempo de sobra.

—¿Pensar en el pasado? —repite, le da una calada más al cigarro antes de tirarlo—. O sea, ¿arrepintiéndote de estar conmigo? ¿Deseando estar con ese cabrón otra vez?

—No así, pero… —Las lágrimas caen por mis mejillas—. Era fácil. No sé.

—Entonces sí te quiere de regreso —murmura, pasea frente a mí y se agarra el cabello—. ¿Y vas a arrastrarte de regreso a él cuando me vaya? ¿De eso se trata? Me estás reclamando cuando no pasó nada con Tanya mientras que eres tú la que tiene arrepentimientos y conversaciones intimas con tu ex —escupe.

—Él no me quiere de regreso…

—¡No le dices a alguien que es la indicada si no la quieres de regreso, carajo! —grita, y luego de repente le da un puñetazo a la pared detrás de nosotros—. ¡Carajo! —grita y mueve la mano, tiene los nudillos sangrientos y la piel raspada.

Me tapo la boca y me acerco a él para ayudarlo de alguna manera.

—No, carajo… no. Estoy bien. —Hace una mueca y se acuna la mano en el pecho, se le llena de sangre la camiseta blanca—. Mierda —sisea—. Mierda.

—¿Por qué lo hiciste? —pregunto con incredulidad—. ¿Antes de la gira?

—¡Porque estoy encabronado, Bella! —Extiende un brazo, con la nariz ensanchada, mantiene inmóvil y apoyada en su pecho la mano herida—. Esto es lo que querías, ¿cierto? Querías decirme todas estas mierdas antes de irme, así me enojaría y estaría furioso y qué… ¿pelearía por ti? —Niego con la cabeza. No sé qué es lo que quería, pero no era esto—. Carajo —sisea mientras se inspecciona la mano—. Probablemente está rota.

—No digas eso. Déjame verla.

Sam aparece por la esquina en ese momento, agranda los ojos al ver la sangre y a Edward aferrándose la mano.

—Amigo, ¿qué demonios?

—No es nada, solo… dame un minuto —le dice Edward sombríamente.

—Estamos a punto de…

—Sam, necesito un puto minuto —exclama esta vez, y Sam retrocede, pero no antes de lanzarme una mirada.

Solo puedo imaginar cómo nos vemos ante sus ojos en este momento.

—Edward —murmuro, acercándome a él. No se ve bien. Me siento de mierda y me detesto por permitir que pasara esto, por presionarlo tanto—. Cielo, déjame ver tu mano. Déjame…

—No. —Su voz está endurecida, su mirada distante. Exhala pesadamente, evitando mi mirada al escupir sobre el suelo—. Ya no puedo hacer esto.

—¿Qué?

—Estar contigo. Ser así. No es… nada bueno, para ninguno de los dos.

Se me detiene el corazón.

—En serio creo que deberías quedarte esta noche. Podemos hablar. Por favor. Y tienes que revisarte la mano.

—No. —Lo dice de forma muy simple—. ¿Quieres estar con Ben? O como mínimo, ¿echarme esta mierda en la cara? Bien. Ve a estar con Ben.

—No lo quiero a él —lloro, me tiembla el mentón.

—No, tal vez no. —Esnifa otra vez, su voz suena indiferente—. Pero quieres un anillo, y quieres una vida que yo no puedo darte. Así que tenlo con él. O con alguien más. Ya estoy harto.

Se va y me quedo donde estoy, pasmada.

—¿A qué te refieres con que ya estás harto? —grito—. ¿Eso es todo? ¿Estás… estás terminando conmigo?

No sé qué está pasando o cómo fue que todo escaló tan rápido. Pero tampoco tengo tiempo de digerirlo antes de que él se suba a la camioneta y azote la puerta.

Y solo así, se va.