Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 5
—¿Exageré? —pregunto, sonándome la nariz por lo que parece ser la centésima vez—. Sean honestas conmigo —las insto, y Alice y Rose solo intercambian una mirada.
Después de que se fuera la camioneta llamé de inmediato al celular de Edward. Sonó y sonó hasta que colgué. Cuando intenté por segunda vez se fue directo a buzón de voz, lo que significaba que lo había apagado a propósito.
El pánico se convirtió en shock. Dolía muchísimo saber que podía simplemente irse y cortar la comunicación conmigo sin siquiera ofrecer una explicación.
Edward se había ido. Terminó conmigo como si no fuera nada y se fue.
Mi incredulidad en toda esta situación rápidamente se convirtió en desesperación, ahí me encuentro todavía emocionalmente mientras estoy sentada en la cocina de Alice, ahogándome en una botella de tequila.
—¿Exageraste? —repite Rose—. Bueno, suena a que pudiste haber manejado la situación un poco diferente —sugiere con gentileza—. Ambos pudieron haberlo hecho.
—Tú estuviste en el bar el viernes en la noche —comento, todavía no puedo dejarlo pasar—. ¿En serio no había nada de lo que debiera preocuparme?
—En absoluto —dice Rose con certeza—. Todo fue inocente. Creo que ni siquiera estuvieron solos.
—Maldita sea —murmuro, dejando caer la cabeza entre mis manos cuando la culpa se sume en mí—. Soy una jodida idiota.
Al alzar la vista, encuentro a Alice sonriéndome con tristeza.
—¿Qué pasa con ustedes dos últimamente? —pregunta.
—No sé. —Me encojo de hombros, derrotada y jodidamente exhausta—. Es que él… las cosas se han sentido un poco raras recientemente. ¿Como si él se estuviera alejando? ¿Como si estuviera distante? No sé cómo explicarlo. —No tengo ninguna evidencia concreta que pueda respaldar mi aprensión. Es solo un presentimiento que me ha estado molestando durante las últimas semanas.
—¿Acaso no siempre se porta así? —resopla Rose.
Niego con la cabeza.
—No. No conmigo.
—Tal vez solo ha estado preocupado por la gira. Jasper también ha estado un poco distraído. Pero no hay forma en que Edward haya hablado en serio —promete Alice, llena un vaso de agua y me lo entrega—. ¡De ninguna manera! Él te ama.
—Sonaba jodidamente serio para mí, Al —sollozo. Tengo los ojos rojos e irritados, y justo cuando creo que ya no me quedan lágrimas, se me cierra la garganta—. ¿Cómo pudo hacerlo? Hijo de puta. ¿Cómo pudo terminar la relación y dejarme ahí?
—Ambos estaban borrachos y enojados, y probablemente fue… no sé. —Rose intenta explicarlo—. Dale una noche. O incluso un día.
—Sí. —De todas formas, su teléfono está apagado. Probablemente ya van a medio camino hacia Portland—. ¿Y si…?
Alice me mira.
—¿Qué?
—¿Y si voy a Portland mañana? Tengo el día libre. ¿Podemos hacerlo un viaje de carretera y llegar a tiempo para su show? Y podemos hablar…
—No —dicen Alice y Rose simultáneamente.
—Pero…
—Bella, no —repite Alice—. En serio no creo que esa sea una buena idea.
La desesperación se hunde más profundo.
—Bien, entonces, ¿se supone que solo debo dejar pasar esto? ¿Seguir adelante y dejar que él me contacte? Al carajo con eso. Todo está bajo sus términos. Todo.
—Solo te digo que seas razonable con esto —dice Alice con gentileza—. Las cosas han estado muy intensas entre ustedes desde… desde siempre, en realidad. Probablemente tenían las emociones a flor de piel y te garantizo que se va a arrepentir de dejarte de esa manera. Pero no creo que sea buena idea aparecer por ahí, sorprenderlo y obligarlo a hablar.
Tiene razón. En lo profundo sé que la tiene. No sé cómo es posible anhelar con desesperación a alguien y odiarlo al mismo tiempo, pero así me siento ahora.
—Bien —murmuro, el agua me enfría la garganta irritada—. Esperaré.
XXX
Edward tarda dos días en contactarme.
Apenas pasa de medianoche cuando me llama y ni siquiera me molesto en saludarlo cuando contesto el teléfono. Me quedo ahí esperando a que él diga algo. Siento que pasa casi un minuto antes de que lo haga.
—Bella…
—No puedo creerlo. —No es así cómo quería empezar la conversación. Alice y Rose me dijeron que fuera prudente y estuviera tranquila. Que habláramos de esto y llegáramos al fondo de nuestros problemas, no que creáramos uno más grande. Y estuve de acuerdo. Pero eso fue hace dos días, cuando creí que me contactaría al día siguiente.
—Lo sé. —Suspira en la línea—. Yo… carajo.
Me siento en la cama, se me acelera el corazón. La oscuridad de la habitación me causa una punzada de soledad en el pecho.
—¿Siquiera lo lamentas? —pregunto retóricamente—. ¿Siquiera te importa que me he sentido miserable los últimos dos días?
—¿Cómo crees que me siento yo? —replica, pero su voz suena baja y triste.
—No lo sé porque has tenido apagado el teléfono todo este tiempo. No sé qué sientes o qué estás pensando porque me ignoraste, carajo.
—Nena.
Me arden los ojos a causa de las lágrimas.
—Entonces, ¿de verdad se acabó? O sea, ¿terminamos? Eso es todo, ¿eh?
—No lo sé.
—Te veías muy seguro la otra noche.
—Estaba enojado. Estaba… carajo, Bella. ¿Crees que quiero escuchar que alguien más, que fue una gran parte de tu vida, te puede ofrecer algo que yo no puedo darte? Me lo echaste en cara porque querías que me sintiera de mierda.
Esa no fue mi intención. No al principio, pero tal vez tiene razón. También me muerdo la lengua para no decir que él puede darme lo que quiero, solo que… no quiere.
—Lo siento —digo con sinceridad—. Lo siento. Entonces, ¿terminaste conmigo por qué? ¿Para vengarte? ¿Por hacerte sentir mal?
—No sé qué intentaba hacer. No estaba pensando con claridad.
Se escuchan conversaciones leves y risas en el fondo, y puedo oír que se cierra una puerta.
—¿Dónde estás? —pregunto.
—Estamos en Bend.
—No en qué ciudad. O sea, ¿dónde estás justo ahora? ¿Sigues en el recinto?
—No. Alguien nos dejó quedarnos en su casa.
—¿Quién?
—No sé quiénes son —dice—. Sam los conoce.
—¿La gente con la que se están quedando no tiene que trabajar mañana?
—No sé, Bella. No les pregunté a qué se dedicaban cuando llegamos aquí. Mi cabeza está hecha todo un caos. Entre mi mano y tú…
Se me hunde el estómago. Su mano. Ni siquiera me acordé de preguntarle.
—¿Está bien? ¿Vas a estar bien?
Exhala sin humor al teléfono.
—Iré al doctor mañana. Han sido un par de días muy interesantes.
—¿Sí has podido tocar?
—¿Más o menos? Aunque duele un putero.
—¿Está rota?
—Así se siente —murmura.
Me encuentro llorando entonces. No lo suficientemente alto para que él lo escuche o se dé cuenta, solo son lágrimas silenciosas que me caen por la cara. Me doy un segundo para calmarme antes de preguntar:
—¿En serio terminamos?
—Así se siente —repite después de un momento, y entonces lloro de verdad. Sollozos pesados al teléfono. Él me deja llorar, pero cuando lo escucho sollozar me doy cuenta de que no soy la única.
—Odio esto —le digo—. No quiero terminar.
—Nena, lo sé. Yo tampoco. Es que… carajo, no sé qué más hacer.
—No terminemos. Por favor. No es… esto no es justo.
Me siento patética. Como si estuviera rogando. Pero tampoco sé qué más hacer. Si él de verdad quiere terminar, no puedo evitar que suceda.
—¿Por qué no es justo? ¿Porque eras tú la que quería hacerlo? —solloza—. Parecía que eso era lo que estabas insinuando la otra noche. Que querías terminar…
—No. No quiero eso. Estamos a cientos de millas de distancia y ni siquiera podemos hablar, y ahora tú… ¿no te importa?
—Sí me importa. Pero las cosas no están bien. Nosotros no estamos bien. No puedo estar de gira y tener la misma pelea contigo todas las noches.
—Entonces no hablaremos —digo simplemente como si eso fuera a funcionar.
—Así que estaremos juntos, pero solo… pasaremos unos meses sin hablar —dice inexpresivo.
—Claro. ¿No sé? Al menos lo estoy intentando. Al menos no estoy tirando la toalla como lo haces tú.
—Estoy cansado, Bell. Estoy… jodidamente cansado.
—¿De mí? —susurro. Al no responderme, le digo—: Jódete. —Y cuelgo el teléfono.
Pasamos una semana sin hablar después de eso. Y cuando finalmente lo hacemos, es solo en forma de un mensaje de texto para avisarme que Rose vendrá a empacar sus cosas.
