Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 6

Es algo mezquino de mi parte, pero dejo de seguir a Edward y a la banda en redes sociales.

Me siento bien con mi decisión durante medio día, y luego recurro a ver la cuenta de Instagram de la banda. Estoy revisando constantemente lo que están haciendo, dónde están tocando. Cuando Jasper publica un video de Edward tocando una guitarra y usando una férula, la culpa me carcome. El mensaje de la publicación lo alaba por ser todo un hombre y tocar a pesar del dolor. Le doy Me gusta y le quito el Me gusta a la publicación en cuestión de segundos, y leo todos los comentarios que están en la foto.

Mi corazón me duele un poco más cada vez que veo a Edward en las fotos. Lo miro por mucho tiempo y con mucha atención, y al final decido que ni siquiera se ve triste. No sé ve de la manera en que yo me siento, con el corazón roto, derrotada y jodidamente deprimida. No, en todas las fotos está riendo, bebiendo, el alma de la puta fiesta.

Rose me cuenta sobre su mano a pesar de que no se lo pregunto. Dice que se rompió los huesos sobre los dedos meñique y anular, pero por suerte todavía puede tocar. No respondo a eso, pero dentro de mí me siento aliviada. Puedo soltar un poco de la culpa que tenía por la noche en que golpeó la pared de ladrillos.

Luego se apodera de mí una especie de resentimiento. Él está bien. Él va a sanar. Va a estar bien, con o sin mí.

El mes de junio lo paso muy ocupada al llegar el final del año escolar, pero es una buena distracción y una excusa válida para evitar a Rose y Alice durante unas semanas. Leah, la amiga de una amiga, se muda a la habitación extra. Meto a una caja las mierdas que Edward dejó, las cosas que olvidé darle a Rose, y la tiro a la basura. Un día después la saco, pero la dejo en el garaje porque no quiero verla.

Es difícil encontrar mi nueva normalidad, una que no incluye a Edward. Todavía lo amo y sé que siempre lo amaré. Pero después de unas semanas sin contacto, incluso yo puedo admitir que no estábamos en un buen punto cuando él se fue. No éramos buenos el uno con el otro. Todo siempre era muy extremo, en especial en últimas fechas. Los momentos bajos eran sofocantes, los momentos buenos revitalizantes. A pesar de que me pesa el corazón, puedo admitir que tal vez este tiempo separados es lo mejor.

Empiezo a seguir con mi vida después de eso. No es fácil, y no lo hago sin la esperanza de que nuestra relación no haya terminado para siempre. Pero un día me despierto y decido que necesito dejar de estar triste. Necesito dejar de sentir lástima por mí. Sé que no fui inocente en todo esto y entre más pronto acepte mi parte en nuestra ruptura, más pronto puedo empezar a seguir adelante.

Y luego, una noche, me mensajea. A las tres de la mañana.

Edward: Te extraño muchísimo carajo.

No lo veo porque estoy dormida. Y cuando lo leo, no estoy segura de qué decir. Esto era todo lo que quería durante semanas. Que él dijera algo. Lo que fuera. Que reconociera que esto es una cagada. Que me dijera que lo lamenta y quiere intentarlo otra vez.

En vez de responder su mensaje escribo un correo electrónico para disculparme por todo. Las quejas, las peleas. Por los reproches. Por no esforzarme más. Por dejar que se acumulara tanto resentimiento, como si fuera una entidad por sí solo, que no pudimos superarlo. Digo que lamento que solo quiero tener una vida con él, pero borro esa parte. Se siente como algo mezquino y estoy intentando evitar eso. Lo termino con la esperanza de que cuando él vuelva a la ciudad, podamos arreglar algo de esto. O al menos, portarnos de forma civilizada y hablar. Le digo que lo amo, y aunque lo dudo, no borro esa parte.

Estoy nerviosa, así que el correo electrónico se queda en mis borradores durante todo un día antes de enviarlo.

Mi expectativa de que él me responda de inmediato se ve aplastada cuando no lo hace. Pasan días. Ni una sola palabra. Ni un solo mensaje. Nada. Ni siquiera cuando lo mensajeo para preguntarle si recibió mi correo y expresando que también lo extraño muchísimo.

Aunque Ben sí se pone en contacto. Es solo un mensaje para avisarme que su abuelo falleció. Respondo con mis condolencias y Ben me llama una hora después.

—Hola. ¿Es un mal momento?

—Hola, no. Está bien —suspiro—. Lo siento mucho, Ben.

—Sí. Gracias. Ha sido duro. Mi mamá lo está tomando muy mal.

—Apuesto que sí —murmuro, tragándome el nudo de la garganta—. ¿Estás bien?

—Sí. Bueno, considerando la situación. Solo intento apoyarla.

—Sí, qué bueno. Dale mis condolencias, por favor —digo, pero ya estoy haciendo una nota mental para enviarle una tarjeta y tal vez unas flores.

—Lo haré. El funeral es este fin de semana. Si tú… no sé. Si quisieras venir o algo. Sé que a todos les encantaría verte, y sería agradable tenerte ahí.

Vacilo.

—¿Angela estaría de acuerdo con eso?

Es su turno de hacer una pausa.

—Esto no tiene nada que ver con ella. Fuiste parte de nuestra familia durante años, y yo te estoy invitando.

—¿Podrías preguntarle? ¿Por favor? Me sentiría mejor al respecto si lo hicieras.

—Bien —suspira—. Sí. Hablaré con ella.

—Gracias.

XXX

Al día siguiente Ben me mensajea para decirme que vaya al funeral si quiero, y que Angela no tiene problemas con eso. Me sorprende un poco, pero lo achaco al hecho de que la muerte tiene la habilidad de unir a las personas. Tal vez concentrarnos en lo que importa de verdad en momentos como este pesa más que inseguridades del pasado.

Cuando llega el fin de semana, Alice acepta asistir al funeral conmigo. Nos sentamos hasta atrás, ofreciendo apoyo a la distancia. Después de la misa, Ben y Angela nos encuentran afuera y nos invitan a casa de su madre para la recepción. Él tarda un poco en convencernos, pero Alice y yo aceptamos ir un ratito.

Al principio es raro estar de regreso en casa de su madre, rodeada de gente con la que pasé vacaciones y eventos familiares durante cinco años. Aunque es bueno verlos a todos, y su cálida acogida me hace sentir un poco mejor por haber venido.

Estoy llenando un plato con bocadillos cuando Ben se me acerca otra vez. En esta ocasión está solo.

—Gracias por venir —dice y nos abrazamos brevemente—. De verdad significa mucho.

—Por supuesto.

—Mi mamá está encantada de que estés aquí. —Su voz es suave, sus ojos amables y brillantes.

—Sí, estuvimos platicando un rato. ¿Dijo que se va a jubilar pronto?

Asiente.

—Está muy emocionada por eso. Pero ahora quiere un nieto para mantenerse ocupada —se ríe como si estuviera avergonzado.

—Apuesto que sí. —Sonrío—. Es mejor que Angela y tú se pongan las pilas.

—Sí, no sé si… —Su expresión se torna incómoda de modo diferente, así que aparto la vista y le añado más comida a mi plato—. ¿Cómo está Edward? —pregunta, cambiando el tema.

Es mi turno de sentirme incómoda, las orillas de mi corazón siguen sensibles.

—No sabría decirte —digo, incapaz de verlo.

—Oh, no.

—Sí. Terminamos. Él está de gira justo ahora así que… no sé.

—Lo siento.

Le dedico un ligero asentimiento y nada más.

Angela se acerca a nosotros en ese momento, nos mira fijamente. Mi sonrisa es amistosa, la suya es forzada. Le digo que me gusta su vestido porque es verdad y ella halaga mi cabello. La conversación se siente tensa con ella cerca, pero pronto se encuentra llevándose a Ben y yo me quedo sola con sándwiches miniatura.

No me vuelvo a topar a Angela hasta que estoy en la cocina ayudando a Jane, la tía de Ben, con los trastes.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta Angela con ácido en su voz.

Jane cierra el agua y me entrega otro plato para secarlo.

—¿Qué? —pregunto, confundida.

—Dije, ¿qué estás haciendo? —repite, mirando el plato y el trapo en mis manos.

—Jane me pidió ayuda con…

—No necesitamos tu ayuda —replica Angela—. No necesitamos tus condolencias, ni que andes por aquí como la exnovia desesperada que eres.

Sería muy fácil para mí ponerla en su lugar, pero se sentiría mal. Está claro que se siente dolida e insegura, pero probablemente yo me sentiría igual. Carajo, me siento de la misma forma cuando se trata de Tanya. Aunque no estoy intentando pasarme de la raya y Ben dijo que ella estaba de acuerdo con mi presencia aquí. Ahora me pregunto qué tan verdadero fue eso y si es que él siquiera le preguntó.

—Angela, se nos estaban acabando los trastes limpios, y le pedí que me ayudara —responde Jane, intentando calmar la situación.

—Se está excediendo —dice Angela con frialdad—. Y tiene que irse.

Jane intenta hablar otra vez, pero yo solo asiento.

—Está bien. Nos iremos. Yo… lo siento —digo con suavidad, evitando la mirada de enojo de Angela—. Déjame ir por Alice.

Encuentro a Alice hablando con la mamá de Ben y me paró ahí sin interrumpir hasta que se genera una pausa en la conversación. Me pica la parte trasera del cuello a causa de la vergüenza y empiezo a comprender lo inapropiado que es que esté aquí.

—Creo que es hora de irnos —le digo a Alice, intentando y fallando en explicarle con la mirada.

La mamá de Ben intenta convencernos de quedarnos un ratito más, pero miento al decir que estoy ocupada y me guardo el encuentro con Angela para mí. No es hasta que nos estamos abrazando como despedida que su mamá me susurra al oído:

Ella no es tú.