Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 7

Edward me llama dos semanas después de que le envié mi email. Me despierta pasadas de la una de la mañana, lo que significa que probablemente es más tarde donde sea que él se encuentre.

—¿Hola? —pregunto, adormilada y desorientada.

—Hola… no puedo verte… —dice.

—¿Qué?

—Ponte el teléfono frente a la cara.

Mi cerebro tarda un segundo en entenderlo y alejar el teléfono de mi oreja, parpadeo ante la intensidad del brillo de mi pantalla. No solo me llamó, sino que me hizo una videollamada.

—Oh. Hola. —Ahogo un bostezo, pero no puedo ahogar la añoranza inmediata que siento al verlo.

—Carajo. Perdón. Estabas dormida. Ni siquiera pensé en la hora —murmura, se ve apenado y un poco más delgado, pero aun así se ve jodidamente guapo. Tiene el cabello despeinado en todas direcciones y su incipiente vello facial ya creció hasta ser una barba. Siempre me ha encantado verlo con vello facial, pero esto es nuevo. Es una barba tupida y robusta y le causa algo importante a mi corazón.

Me aclaro la garganta, me froto los ojos y me siento apoyada en la cabecera. Después de un segundo, enciendo la lámpara que tengo en el buró.

—¿Todo bien? —pregunto.

—Sí. No. No lo sé. —No tengo idea de dónde se encuentra, pero está sentado solo afuera—. Perdón por no haber contestado tu email. Te escribí algo, pero es que… sigo intentando encontrar las palabras correctas.

—No tienes que decirlo si no es verdad —digo con tranquilidad. Ni siquiera con dolor o enojo. Solo soy honesta.

—Es verdad —me promete. Debe ver mi incredulidad, porque pregunta—: ¿Qué?

—O sea, me mensajeaste diciéndome que me extrañabas y ni siquiera pudiste contestar eso, así que…

—Lo sé. Estoy… carajo, estaba… —Suspira y se pasa una mano por su sucio cabello—. No debí haberte enviado ese mensaje.

Alzo las cejas, sonriendo con tristeza.

—Entonces, ¿no era verdad?

—Por supuesto que era verdad. Te extraño, carajo. Pero supongo que no lo consideré bien. Es que no estaba seguro de qué decir después de eso. No estaba seguro de si me había sobrepasado o… —Se detiene, pero no parece que ya haya terminado, así que me mantengo en silencio—. Pero también lo siento. Por… todo. Por todas las malditas cosas, Bella. De verdad que sí. —No solo suena arrepentido, sino que también se ve así. Hay sinceridad en sus ojos y en su voz, y eso provoca algo dentro de mí.

—Gracias por decirlo —digo suavemente—. ¿Llamaste por eso o…?

—No. Quería platicar. —Se pone de pie y empieza a moverse de un lado a otro—. ¿Me odias? —susurra y solo niego con la cabeza—. Todo escaló de repente, ¿sabes? Es que siento que necesitábamos retroceder un paso.

—No te equivocas. La situación era… mala —concuerdo con él y su atención se enfoca en un punto detrás de la cámara—. Pero diría que retrocedimos más que solo un paso.

—Lo sé. —Ve la pantalla en ese momento, con ojos oscuros y apenados—. Fue una cagada de mi parte. En un momento de mierda. Todo fue una mierda. Pero lo siento muchísimo.

—Yo también. —Luego de habernos disculpado, mi pecho se siente un poco más ligero, mi corazón un poco más abierto—. ¿Cómo está tu mano? —pregunto.

La alza frente a la cámara.

—Está sanando. Probablemente no golpearé ninguna pared de ladrillo en el futuro. —Se ríe un poco—. Al menos eso fue lo que aconsejó el doctor.

—Sería buena idea —concuerdo, el estómago se me retuerce a causa de su risita.

—¿Cómo estás? —pregunta.

—Estoy… —Me encojo de hombros—. ¿Cómo estás tú?

—Igual. —Suspira, y nos quedamos viéndonos el uno al otro—. Sabes, estaba pensando…

—¿En qué?

—¿Podrías venir a Austin? —murmura, con voz cálida y sedosa—. ¿Por favor?

Todavía tengo todo reservado y he estado evadiendo tener que lidiar con esas cosas. Pero mi boleto de avión ya está pagado, igual que el Airbnb donde nos íbamos a quedar durante mi visita. Me dije a mí misma que Alice o Rose podían usar el hospedaje durante su estancia allá. Pero tal vez eso fue una excusa que inventé. Tal vez tenía la esperanza de que pasara algo como esto. Tal vez sabía que de todas formas me pediría que fuera, porque es muy típico de nosotros caer de nuevo en esto.

—No sé si sea buena idea —respondo. Incluso si quiero verlo con desesperación, eso no significa que sea una decisión inteligente.

Su cara decae durante un momento y baja la vista.

—Necesito verte —dice en voz baja, sus palabras están teñidas con añoranza—. Creo que sería bueno para mí. ¿Para nosotros? Y ya tienes todo reservado, ¿cierto?

—Cierto. Pero no quiero ir solo porque es… ¿qué? ¿Conveniente para ti?

—Esa no es la razón por la que te estoy pidiendo que vengas —aclara—. Te extraño y quiero pasar tiempo contigo. ¿Y poder hablar? No sé. Las cosas no han estado tan bien aquí.

—¿Por qué no? —pregunto, me doy la vuelta hacia su lado de la cama, deseando con intensidad que todavía oliera a él.

—No puedo dejar de pensar en ti. —Lo dice en voz tan baja, con tanta desesperación.

—Uno pensaría otra cosa —murmuro, el dolor queda claro en mi voz.

—¿No crees que quiero llamarte todos los días? ¿No crees que me estoy muriendo por dentro al no verte ni saber de ti?

—No —digo con honestidad, tragándome la emoción que amenaza con salir—. No lo creo.

Se queda demasiado callado.

—Me está matando. Me ha estado matando. ¿De acuerdo? Detesto esto, carajo. Los chicos me están cagando porque eso está afectando la gira. De verdad quiero verte. Así que, por favor… ¿vendrás?

—Edward…

—Solo para… pasar el rato juntos. Y hablar. Sin mierdas. Nada. Solo nosotros. Por favor. —Sale como un susurro, como una súplica—. Por favor, nena.

Me revolotea el estómago y se tensa con nervios y anticipación. Mi corazón tartamudea. Quiero ceder con todas mis fuerzas. También sería muy fácil y se sentiría bien verlo, abrazarlo, hablar con él. Se sentiría tan bien solo estar con él otra vez.

—No sé —digo, pero la perspectiva de ir a Austin burbujea en mi pecho—. ¿Y cómo les va en la gira? —pregunto, cambiando el tema.

—Bien. —Sus palabras suenan cortantes y se lleva un cigarrillo a la boca, encendiéndolo.

—¿Bien?

Inhala, exhala.

—Hay cierta tensión entre los chicos y yo.

—¿Incluso con Emmett? —pregunto, pero sé que él y su hermano tienen sus problemas de vez en cuando.

Edward resopla.

—Especialmente con él.

—¿Por qué?

—No sé si quiero hablar de eso justo ahora.

—Puedes decírmelo —le recuerdo—. Dijiste que querías hablar, ¿cierto? Sin mierdas. ¿Y bien?

—No aquí. No ahora —aclara suavemente—. En persona solamente.

—Edward, es que no sé —repito.

Agacha la cabeza y sopla el humo hacia el suelo.

—¿Bell?

—Dejé de seguirte a ti y a la banda en Instagram porque era muy difícil. Porque yo también la estoy pasando mal. O sea… —Me detengo, no quiero hablar de lo difícil que ha sido. No quiero sonar patética ni desesperada. Pero también quiero ser honesta—. Te he extrañado muchísimo.

—Entonces ven a Austin. ¿Por favor? Solo quiero estar contigo unos días. No me refiero a… eso, solo… quiero verte.

—¿No te refieres a eso? —repito, sé que está mintiendo—. Sí, claro.

—Hablo en serio.

—Edward. —Lo miro fijamente y él lucha contra una sonrisa—. Siempre se ha tratado de eso. —Hicimos eso incluso antes de estar juntos de forma oficial. No podemos ser amigos. Nunca pudimos. Así que no sé a quién piensa que engaña.

—¿Puedes culparme? Tú eres todo lo que deseo —dice con simpleza.

—¿Sí? —pregunto retóricamente—. Pero terminaste conmigo. —No hay animosidad detrás de mis palabras, solo la verdad.

—Y me arrepiento, carajo —dice al instante, sacudiendo la cabeza—. Me he arrepentido cada maldito día.

—Repito, uno pensaría otra cosa —murmuro.

—Lo siento —dice con sinceridad—. Estaba intentando hacer lo que creí que era lo mejor. Darnos espacio a ambos. Sin embargo, eso no significa que no esté sufriendo.

—Sí. —Asiento, comprendiendo. No puedo discutir que el espacio no nos ha hecho bien, porque sí fue así. Ha traído claridad, pero eso no significa que podamos cerrar este ciclo en él—. Entonces, ¿qué? Iría a Austin y nosotros… ¿olvidaríamos todo lo que ha pasado?

—¿No? No debemos tenerlo claro todo en este momento. Solo… ven. ¿Por favor?

—¿Cuáles son tus intenciones? —cuestiono, y para mi sorpresa no se ríe.

—Solo estar contigo y verte —dice con seriedad—. Compensarte por todo lo que pasó.

—¿Esto es una llamada para pedir sexo?

Se ríe en ese momento y mi estómago hierve con lujuria.

—¿Una llamada para pedir sexo una semana por adelantado?

—No sé. —Los celos se filtran en mí cuando recuerdo que probablemente él pudo haberse acostado con cualquiera en cualquier momento. No necesita que yo vuele a través del país para tener sexo. Tengo curiosidad por saber si ha estado con alguien más, pero no pregunto. Todavía no quiero saberlo. Pero en el fondo espero que se haya abstenido igual que yo.

—Esto no se trata de mí queriendo que vengas aquí solo para poder follar. Esto no es nada más que mí queriendo verte y extrañándote y… quiero decir, si algo pasa entre nosotros, no voy a detenerlo. Pero si eso no es lo que quieres, entonces está bien.

—Aprecio que lo digas, pero siempre querré algo más contigo, es por eso que ir a Austin sería la peor idea del mundo.

—¿La peor idea del mundo? —Exhala una carcajada a la vez que resopla—. Ouch.

—Sabes a qué me refiero. —Sonrío un poco—. Tal vez no la peor idea. Pero quizás no es la más inteligente.

—Sí, lo entiendo, pero egoístamente te quiero aquí —me insta—. Ni siquiera tengo que quedarme contigo. Puedes tener todo el espacio. Me quedaré en el hotel.

Puedo sentir que mi resolución se desmorona rápidamente con cada mirada suplicante, con cada murmullo persuasivo de su voz. Nunca ha sido así. Con las disculpas y las súplicas. Él me desea y me mentiría a mí misma si dijera que yo no lo deseo a él también.

Cuando repite mi nombre, de forma lenta y suavemente, exhalo un suspiro y le digo que está bien, una sonrisa ilumina su cansado rostro. Mi sonrisa es un reflejo de la suya y me siento esperanzada por primera vez en semanas.