Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 9
El hotel no está tan lejos, pero tomamos un Uber en vez de caminar de regreso en busca de mi maleta y ropa para Edward. Nos sentamos juntos en el asiento trasero, su cara está acurrucada en mi cuello, su brazo me rodea el hombro. Sus caricias no son tan explícitas como en el bar, pero cuando sus dedos me rozan el pecho, lo empujo juguetonamente, mis ojos se mueven hacia el chofer. Somos besos dulces y sensuales, y risas murmuradas. Es fácil y natural, y ambos sabíamos que esto iba a pasar. No era una cuestión de si sucedía, sino de cuándo.
Le pedimos al chofer que nos espere mientras subimos rápidamente a la habitación y acepta. Pronto vamos en Uber hacia mi Airbnb, que se encuentra a unos minutos del centro. No se encuentra en la zona más bulliciosa, sino en un área más residencial. Lo elegimos juntos hace meses. A mí me gustó porque está en una parte más tranquila de la ciudad y a él le gustó porque tiene una piscina en el patio trasero. Cuando estuvimos planeando mi visita no imaginé que estaríamos en una situación precaria. Pero la situación no se siente tan precaria ahora. Con su mano sosteniendo la mía en el asiento trasero del carro, la situación se siente sólida.
Entramos a la casa usando el panel numérico y cruzamos el lugar, encendiendo varias luces y lámparas.
—¿Quieres algo de beber? —pregunta, acercándose al refrigerador para ver qué tienen.
—Claro. —Me siento en el sofá y me quito las sandalias—. ¿Quieres salir a nadar?
—Carajo, sí.
Me llevo mi maleta a la habitación y rebusco en ella hasta encontrar mi traje de baño. Dudo que él haya traído uno, pero probablemente no le importa. Me pongo el bikini nuevo en color blanco que compré, sé que se volverá loco al verlo. Cuando salgo de la habitación él ya no está en la cocina, sino en el baño.
—Te espero afuera —le grito, agarrando las dos cervezas abandonadas que dejó en la encimera.
El patio trasero está cercado y después de tardarme lo que pareció ser toda una eternidad para entender cómo funciona el sistema de sonido, al fin logro hacer que un poco de música fluya por las bocinas. No le subo mucho el volumen ya que pasan de las diez y tenemos vecinos.
—Dios —escucho decir a Edward cuando sale al fin. Tiene los ojos pegados al top de mi bikini, y se acerca para darme un beso, su mano baja por mi espalda para tomarme del trasero—. Dime por favor que no usaste esto en público.
—Todavía no lo he usado. Es nuevo. —Sus dedos juegan con el cordón en mi cadera, lo suficiente para que la tela me golpee la cadera al soltarla—. ¿Por qué tardaste tanto? —pregunto—. Casi me meto a la piscina sin ti. —No me responde, solo sonríe—. ¿Qué?
Sus ojos se ven muy oscuros y juguetones, y grito cuando me carga en brazos para echarme sobre su hombro.
—Sí que puedes meterte a la piscina sin mí —bromea, amenazando con aventarme en ella.
—No te atrevas, carajo —le advierto, soltando otro grito.
—Ssh. —Se ríe—. Despertarás a los vecinos.
—Entonces bájame.
Finge aventarme, pero no lo hace. En vez de eso, con mi cuerpo sobre su hombro y su mano en mi culo, dice:
—De hecho, se me ocurren otras cosas. Otras cosas que te quiero hacer.
Mi estómago revolotea cuando su mano se desliza debajo de la tela del calzón de mi bikini, su palma se siente cálida sobre mi piel.
—¿Como qué? —pregunto sin aliento.
Me mueve de modo que ya no estoy sobre su hombro, pero sigue cargándome, tiene las manos unidas debajo de mi culo y mis tetas están casi en su cara.
—Ya lo descubrirás —dice en voz baja.
Me muevo para besarlo, pero justo antes de que nuestros labios se encuentren él me lanza a la piscina.
—Eres un cretino —le digo cuando salgo a la superficie, pero me estoy riendo igual que él cuando salta a la piscina con toda su ropa puesta.
Nada directo hacia mí, pero yo estoy intentando alejarme, fingiendo que estoy enojada. Definitivamente no estoy enojada porque lo amo así. Despreocupado y juguetón y tan jodidamente dulce. Sus manos me agarran la cintura debajo del agua y me acerca a él. Al instante le rodeo con las piernas las caderas que siguen cubiertas por su ropa.
—Me alegra que vinieras —me dice suavemente—. Gracias por venir.
—También me alegra haber venido.
Con sus labios en los míos y mi cuerpo todavía pegado al suyo, nos mueve a través del agua hasta que su espalda queda apoyada en la pared de la piscina. Él me dice que me ama. Jodidamente mucho. Lo siento. Lo sé. Yo también lo amo. No es solo el alcohol o que la situación está muy bien ahora. Siempre lo amaré a pesar de todas las mierdas por las que nos hacemos pasar.
Desliza su mano a la parte frontal de mi bikini y sus dedos me follan hasta que le digo que se detenga.
—No quiero follar en la piscina —le digo, y resopla una carcajada.
—No te voy a follar —murmura—. Te voy a adorar, carajo.
Me guía hacia adentro, ambos estamos chorreando agua al cruzar la casa hacia la habitación. Me desata el bikini, tomándose su tiempo con cada tirante, luego se quita todo menos el bóxer, aventando su camiseta y jeans al piso.
—Carajo, espera —dice, su concentración está en otro lado al bajarse de la cama.
—¿Qué?
—Tengo que echar esta mierda a la tina —me dice, recogiendo su ropa mojada del piso de madera.
Me alzo apoyándome en los codos.
—¿Ahora mismo? —me río—. ¿A quién le importa? Déjalo ahí.
Agacha la cabeza para besarme.
—Dame un segundo. No te muevas.
Me recuesto otra vez en el colchón, excitada y ansiosa, esperando a que regrese. Cuando siento que pasó demasiado tiempo como para que siga sin regresar, le grito y vuelve unos momentos después.
Seguimos justo donde lo dejamos y se posa sobre mí, ya completamente desnudo. Acaricio su polla hasta que está completamente duro y eso le saca un gemido. He extrañado esto. A nosotros. Así que se lo digo. Su cara se muestra muy sincera y seria cuando me dice que él también lo ha extrañado.
En vez de follarme como había esperado, él besa cada centímetro de mi piel. Es demasiado lento, y lo deseo con tantas fuerzas, pero lo dejo que se tome su tiempo conmigo. Sube besando por mis piernas. Baja por mis brazos. Sobre mis tetas. Hasta que su boca está entre mis piernas. Ha pasado un tiempo, así que no tardo en correrme por la calidez húmeda de su boca y la presión de su lengua.
Luego se pone encima de mí, alzándose con sus brazos tonificados y tatuados. Abro más las piernas y se agarra a sí mismo mientras entra deslizándose hasta que su cuerpo queda pegado al mío.
—Carajo —sisea—. Carajo, nena.
Ya no es lento. Embiste en mí, la cabecera golpetea contra la pared. Con un brazo metido debajo de mi rodilla, entra más profundo. Más rápido.
—Quiero follarte por atrás —dice apretando los dientes, luego me da la vuelta y hace justo eso.
Entierra los dedos en mis caderas y me folla antes de cambiar posiciones otra vez, de modo que quedo arriba. Dice que quiere verme montándolo. Y lo hace. Su mirada se nubla y acuna mis tetas, acercando su boca a ellas.
—¿Te vas a correr? —pregunto sin aliento después de unos minutos, y asiente.
—Sí, solo… dame un segundo —gime—. Carajo, sigue haciendo eso. Sigue montándome, nena.
Tarda un rato, lo cual me parece bien porque termino corriéndome una segunda vez. Me dice que me toque a mí misma, así que lo hago. Ver eso lo vuelve jodidamente loco. Cierra los ojos con fuerza y me agarra el culo, estableciendo el ritmo hasta que se corre.
Nos bañamos juntos después de eso. Él me lava el cabello, tomándose su tiempo, sus dedos me masajean el cuero cabelludo.
—Lamento haber tardado tanto —dice, y tardo un segundo en comprender que está hablando del sexo que acabamos de tener.
—¿Por qué te disculpas? —pregunto—. Me gusta cuando dura más.
—Sí, pero…
Se queda callado y me doy la vuelta en la regadera para verlo mientras meto la cabeza debajo del chorro de agua para enjuagarme la espuma.
Se ve indeciso durante un breve segundo, su rostro nublado por la incertidumbre.
—¿Qué sucede? —pregunto, pasando mis dedos sobre la barba húmeda en su mandíbula. No le di mucha importancia, pero ahora su reacción me hace reconsiderarlo. Supongo que esta fue nuestra primera vez en mucho tiempo. O sea, como en dos meses. Fue muy rápido para mí, así que ahora me estoy preguntando por qué no fue igual para él, pero se lo achaco al cansancio y el alcohol—. Está bien, Edward. Hemos estado bebiendo casi todo el día —le digo para tranquilizarlo.
Nos cambiamos de lugar y él echa la cabeza atrás para meterse debajo del agua. Cuando vuelve a verme, lo que sea que lo estaba molestando ya se fue, y me encuentro con una sonrisa suave y un beso dulce.
