Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 10
Nuestros días en Austin son una estela de luz solar, beber y sexo. Los chicos dan un concierto y cuentan con una asistencia decente. Las cosas entre Edward y yo están bien. Tan bien que cuando me pide que lo visite en otra ciudad dentro de un par de semanas, lo considero de verdad.
No tengo prisa por definir lo que tenemos. Sé que esencialmente estamos separados, pero estamos juntos. Al menos, así se siente. No nos voy a obligar a hablar de qué estamos haciendo exactamente cuando se siente tan bien así y funciona.
Pasamos el último día en Austin en la piscina de mi Airbnb. Vienen todos y pasamos el día bebiendo mientras Emmett prepara hamburguesas.
Estoy en la habitación separando mi ropa de la de Edward para echar una carga a la lavadora antes de irme mañana. Decido echar también algunas de sus prendas, y cuando estoy vaciando los bolsillos de sus jeans cae una bolsita llena de cocaína.
Me sobresalto por un momento. La agarro y la meto de nuevo a su bolsillo, el calor me escoce la parte trasera del cuello.
No estoy enojada. Es que… me tomó por sorpresa. No soy estúpida. Entiendo el estilo de vida de un músico. Desde que nos conocimos supe que usaba cocaína. Carajo, yo también la he usado una o dos veces. Aunque siempre fue algo muy casual con él, hasta que ya no lo fue, y hace casi año y medio dejó de consumirla. Fue su idea. Dijo que no era conveniente y que solo le nublaba la mente. Dijo que era una distracción y quería dejarla. Así que, aunque no estoy enojada por la bolsita que acabo de encontrar, me siento confundida y preocupada.
Dejo la ropa en el piso y salgo hacia afuera, al sitio donde se encuentra él descansando en una tumbona bajo el sol. Agradezco que la música esté con un volumen tan alto y que él esté solo, los demás están en la piscina o dentro de la casa.
Me paro junto a él y me jala al instante a su regazo, su pecho desnudo está cálido y lleno de pecas por el sol.
—¿Qué estabas haciendo adentro? —murmura, besándome el costado del cuello.
—Iba a lavar la ropa antes de tener que empacar —le digo, de pronto me siento nerviosa. No quiero que esto se vuelva más grande de lo que es. Solo me confunde por qué nunca me dijo que había empezado a consumirla otra vez.
—¿Quieres darte un chapuzón conmigo? —pregunta, jalando juguetonamente el tirante del bikini que está atado en mi espalda.
—En un minuto —murmuro—. Oye…
—¿Hmm? —Esta vez se inclina para besarme la boca y busco su mirada detrás de sus gafas de sol.
—Necesito preguntarte algo.
Un momento de incertidumbre relampaguea sobre su cara.
—Bien. ¿Qué pasa?
—¿Estás usando cocaína otra vez? —pregunto sin rodeos. No quiero que haya espacio para un malentendido sobre este tema.
Se tensa al instante.
—¿Emmett te dijo? —pregunta, y eso también me toma desprevenida.
—¿Qué? No. Encontré la bolsita en tus jeans.
—¿Estabas esculcando mis mierdas? —No lo dice con enojo, pero hay una molestia subyacente en su voz y tengo que recordarme que debo permanecer tranquila y no ponerme a la defensiva.
—No. Te dije que iba a echar ropa a lavar y vacié tus bolsillos y… eso no viene al caso. Creí que ya no estabas usando esa mierda.
—No la uso —se ríe como si no fuera nada, su tono es completamente diferente al de hace unos segundos—. No en realidad.
—¿Y por qué estaba en tus jeans?
—Es de Jasper.
Le quito las gafas de la cara, quiero ver sus ojos. Me encuentro con unos ojos verdes cristalinos y eso calma mi ansiedad.
—No me mientas, por favor, Edward. Solo quiero saber.
Se muestra agitado al ver detrás de mí, tensa la quijada.
—O sea, la he usado de vez en cuando. Pero no es para tanto.
—¿Seguro que no? La última vez que hablamos de esto, dijiste que ya no la usarías. Dijiste que ya no querías meterte con esa mierda, así que…
—¡Ya están las hamburguesas! —grita Emmett, robando nuestra atención. Ambos volteamos y noto los ojos de Em moverse hacia nosotros, como si supiera que estamos teniendo una conversación seria. Mi mente da vueltas con el hecho de que Edward creyó que Emmett me lo había dicho, lo que significa que es de conocimiento general que está consumiendo otra vez. De pronto, la tensión entre ellos dos tiene más sentido.
—No estoy enojada —digo en voz baja—. Solo dímelo. ¿Es tuya o es de Jasper? —pregunto, completamente consciente de que no es de Jasper y preparándome para lo peor si me vuelve a mentir.
—Es mía —dice después de un momento de silencio.
Me siento aliviada, pero eso se ve rápidamente reemplazado con preocupación al darme cuenta de que probablemente fue por eso por lo que la otra noche se la pasó desapareciendo en el baño.
—¿Cuánto tiempo llevas usándola otra vez? —presiono.
—¿No mucho? No sé. Carajo. —Se pasa una mano agitada por el cabello, se le arruga la cara a causa de la preocupación—. Las noches han sido muy largas en la gira. Es que es agradable no estar cansado todo el tiempo. No es gran cosa, ¿de acuerdo? En serio.
—La estabas consumiendo la primera noche, ¿cierto? Mientras te esperaba para meternos a la piscina. —Se me hunde el corazón al recordar su comportamiento juguetón y emocionado, y sus ojos oscuros. Ese no era él para nada. Era la cocaína—. ¿Y luego otra vez justo antes de tener sexo? —comprendo, me siento estúpida por no haberlo notado antes, y jodidamente dolida al saber que me dejó esperando en la cama para poder consumir una línea.
—Sí —confiesa en voz baja—. La consumí.
—Edward. ¿Qué carajo? —Aparto la vista de él y me agarra con gentileza el mentón, obligándome a mirarlo.
—No es gran cosa. Nena, te lo juro.
Aparto su mano de mi cara y él entrelaza nuestros dedos.
—Dijiste que la usabas de vez en cuando, y que las noches son largas en la gira, ¿y aun así la necesitabas la primera noche que pasé en la ciudad? ¿Cuando solo estábamos nosotros dos? —Mi voz tiembla a causa de la emoción, pero la controlo.
—Es que… ya la había consumido antes de que llegaras aquí ese día. Así que solo seguí haciéndolo. No me pareció algo tan importante.
—Llegué a la ciudad a media tarde —señalo—. ¿Estabas consumiendo cocaína a mitad del día?
Exhala un largo aliento.
—Estuvimos fuera hasta tarde y me sentía cansado y yo… lo siento muchísimo. De verdad.
Busco en su rostro y encuentro unos ojos verdes claros que están arrepentidos y llenos de remordimiento. Me hace sentir un poco mejor saber que no está drogado ahora. Hace que sea más fácil creerle y perdonarlo.
—¿Debería preocuparme? —le pregunto directamente.
—No. No —repite con más firmeza—. En serio.
—Solo cuéntame la próxima vez —le digo, la incertidumbre arde en mi pecho—. Por favor.
—¿Quieres que te diga cada vez que consuma una línea?
—No, pero… —Pienso en la última vez. Como es que ya no la usaba siempre de forma casual o recreativa. Eso me preocupa, pero está actuando tan despreocupado sobre esto que es fácil pensar que no es nada. Lo entiendo, noches largas, la gira. Si algunos de los chicos la tienen por ahí, y es fácil acceder a ella, puedo imaginarlo consumiendo de vez en cuando—. Sé que no estamos juntos o algo así justo ahora… —empiezo a decir con la esperanza de que me corrija—. Pero ¿no soy importante para ti? ¿No quieres platicar conmigo sobre mierdas como estas? O sea, si estás teniendo problemas o…
Esto lo hace mirarme. Mirarme de verdad. Sus ojos son tan tiernos, y conmigo todavía en su regazo pasa una mano sobre mi muslo hasta que su palma se posa sobre mi culo cubierto por el bikini.
—Eres la persona más importante, Bell.
—¿Lo dices en serio? —susurro, pasando mis dedos sobre su mandíbula.
—Lo digo en serio, carajo —responde, su voz chorrea sinceridad—. Más que cualquier otra cosa.
—Entonces habla conmigo. Antes de que tenga que preguntártelo. Antes de que descubra estas mierdas por mi cuenta. ¿Por favor?
—Bien. Lo siento. —Captura mi boca en un beso—. Es por eso que te hice una videollamada la semana pasada. ¿Cuando empezamos a hablar otra vez? Te lo iba a decir. Es que… me asusté. No sé.
Recuerdo esa noche, cómo me dijo que quería hablar en persona y cómo me contó que la situación estaba tensa entre los chicos y él.
—Cuéntame ahora —lo insto—. ¿Qué sucedió?
—Pues ¿qué te puedo decir? —pregunta retóricamente. Puedo sentir que ya se está cerrando y eso me acelera el pulso—. Sam tiene un conocido y ha estado obteniendo un buen precio, y a Emmett no le gusta que esta mierda esté entre nosotros otra vez.
—¿Jasper también está consumiendo?
—No, él no —dice. Saber que él me mintió en la cara al decirme que era la cocaína de Jasper cuando Jasper ni siquiera la está consumiendo me hace sentir un poco enferma—. Pero Emmett… él no lo entiende. Él no la necesita. Nunca la ha necesitado.
Esto me alarma, pero intento mantener el rostro neutral.
—¿Y tú sientes que la necesitas?
—No me refiero a eso —aclara, exhalando una carcajada—. Me refiero a que… como sea. Emmett se porta muy santurrón respecto al tema. Pero no es gran cosa. ¿De acuerdo? Lo juro. Probablemente ya no compraremos más. Eso era lo último.
—De acuerdo —digo en voz baja, no siento confianza sobre la dirección en que terminó la conversación. Más bien estoy más preocupada—. Es que… no sé. Habla conmigo de esto. Es todo lo que quiero. Es todo lo que siempre he querido. Para eso estoy aquí.
—Nena, lo sé.
Le rodeo el cuello con los brazos y me abraza en respuesta. Nos quedamos así durante un minuto hasta que Jasper grita:
—Aww, qué bonitos.
—¡Jódete, Jas! —grita Edward, al apartarnos me acuna la cara y apoya su frente en la mía—. Te amo.
—También te amo —susurro—. Muchísimo.
—¿Y eso que dijiste antes? Al carajo con eso. Sí estamos juntos.
Me aparto para mirarle la cara, se me acelera el corazón.
—¿Sí?
—Sabes que sí lo estamos, carajo —dice en voz baja—. Sé que estas mierdas se pueden tornar intensas y que a veces te he decepcionado…
—No es así —replico suavemente, negando con la cabeza.
—No, sí lo he hecho. Y lo siento. Pero eres la única para mí, Bella. Lo eres.
Presiono mis labios sobre los suyos y él deja un reguero de besos desde mi boca hasta mi cuello, haciendo que me retuerza y me ría.
—Eres mi chica —me susurra al oído.
Sus palabras me calman y con un último beso le pongo las gafas otra vez sobre el rostro. Y justo así, seguimos adelante.
