Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 11

Edward se mantiene ansioso el resto del día. Cuando lo cuestiono al respecto, le quita importancia. Al cuestionarlo una segunda vez, dice que es porque está triste ya que mañana me voy. Escuchar eso suaviza un poco mi corazón, pero no sé. Siento que está relacionado a nuestra conversación de antes, pero cuando intento mencionar el tema otra vez, él se cierra. Así que dejo de mencionarlo.

Con el cambio de humor de Edward, él opta por quedarse y relajarse mientras el resto se arregla y sale para una última noche de fiesta. Él intenta animarme a salir con los demás, pero decido quedarme también. No quiero pasar mi última noche aquí con nadie más que con él, así que nos bañamos, pedimos comida a domicilio y nos sentamos en el porche trasero mientras se mete el sol, el cielo brilla del color rosa de un algodón de azúcar.

—No quiero irme mañana —suspiro.

—Yo tampoco quiero que te vayas —murmura, bebiendo de su cerveza. Lo estoy mirando con atención y debe sentir mi mirada porque se encuentra con mis ojos—. ¿Qué? —pregunta.

Estoy recostada en el sofá del patio, con mis pies descalzos en su regazo. Lo toco con mi pie, riéndome.

—¿Estás seguro de que no quieres que me vaya?

—Por supuesto —dice con una firme determinación—. Te quiero cerca todo el puto tiempo.

—¿Y aun así intentaste convencerme de salir con todos los demás esta noche mientras tú te quedabas aquí? —bromeo.

Pone los ojos en blanco.

—Solo dije que deberías ir si querías. Claro que te quiero aquí conmigo, pero no estoy intentando hacer que desperdicies tu última noche aburriéndote aquí.

—Mmm. —Me muevo de donde estoy para sentarme a horcajadas en él—. Estar contigo no es desperdiciar mi noche. O sea, por qué querría salir con ellos cuando puedo quedarme aquí contigo y hacer… esto. —Le beso el cuello. Ese sitio bajo su oreja. Él tararea con satisfacción, sus manos suben por mi espalda mientras yo me muevo un poco contra él—. Esto no es aburrido ni es perder el tiempo, ¿cierto?

—Para nada —dice entre dientes.

Su celular suena con una serie de mensajes, al menos tres seguidos.

—¿Quieres tu celular? —pregunto.

—Mmm, no —murmura, besándome—. Probablemente son los chicos intentando convencernos de salir, y me siento jodidamente cansado.

Suena de nuevo, él echa la cabeza hacia atrás sobre el sofá y gime.

—Tienen que irse al carajo —espeta.

—Solo ponlo en silencio —digo, me quedo en su regazo, pero estiro la mano detrás de mí para darle su teléfono. Al ver la pantalla noto un nombre que me es desconocido—. ¿Quién es Rachel Phoenix?

Levanta la cabeza al instante y su cara se llena brevemente de pánico antes de quitarme su teléfono.

—No es nadie —dice, luego se retracta—. Es la agente que nos consiguió ese show en Arizona.

—Oh. —Mi estómago hierve con incertidumbre. No porque una mujer le mensajeó, sino por la forma en que reaccionó cuando dije su nombre—. ¿Qué quiere?

—No me importa. Probablemente nada.

—Envió cuatro mensajes seguidos. Eso no es nada —digo, mi corazón se acelera con ansiedad—. Léelos.

—Más tarde.

Ahora —digo con firmeza. Abre los mensajes y los lee, pero no en voz alta—. ¿Qué quiere?

—Me decía que si pasamos de regreso por ahí puede conseguirnos otro show.

—¿Por qué pasarían de regreso por ahí? Ya tocaron en Phoenix.

—No…

Le arrebato el teléfono de la mano y me bajo de su regazo, leyendo los cuatro mensajes.

Hola, túúúúúú.

Avísame si pasan de regreso por Phoenix. Puedo reservarles algo otra vez ya que el recinto tuvo algunas cancelaciones de último minuto.

De pronto me siento estúpida, pero luego sigo leyendo.

¿Y luego tú y yo podemos repetir lo de la otra vez? ¿Taaaal vez?

Solo avísame *emoji de beso*

El calor se alza en mi garganta al mismo tiempo que se me hunde el estómago. Lo escucho ponerse de pie, pero mantiene su distancia.

—¿La follaste? —espeto con enojo, girándome para verlo. Él vacila y se queda callado, evadiendo mi mirada—. ¿Lo hiciste?

—Sí —dice con nerviosismo, mirándome ahora con ojos arrepentidos—. Solo una vez.

Le aviento el celular sin pensarlo, le pego en medio del pecho. Ni siquiera reacciona, como si supiera que merece el dolor. Su teléfono cae al concreto, la pantalla se estrella. Pero no lo recoge, lo deja ahí tirado en el suelo. Roto. Igual que nosotros.

—Bella…

—No. —Las lágrimas se acumulan en mis ojos y no puedo mirarlo. No puedo—. Vete al diablo —escupo, pasando a su lado. Intenta agarrarme la cintura, pero me suelto de su agarre—. No, suéltame. Jódete. No puedo creer…

—Bella, detente. Escúchame. Lo siento. Por favor. Solo…

—No me toques —lloro con más fuerza, él deja caer sus manos y luego las alza.

—Lo siento. Nena, lo siento. Nosotros no estábamos juntos —intenta decir, y eso solo hace que esto sea jodidamente peor—. Carajo. Lo siento. En serio, pero…

Me doy la vuelta, mi enojo eclipsa la traición.

—¿Entonces qué fue toda esa mierda hoy sobre "por supuesto que estamos juntos, eres mi chica"?

—Sí, lo estamos ahora… —Su voz se rompe, su cara palidece—. ¿Pero hace un mes? No estábamos juntos.

—No estuviste en Phoenix hace un puto mes. Estuviste ahí, ¿qué? ¿El fin de semana pasado?

Se le cae la cara.

—Sí.

—La follaste y luego me follaste a mí. ¿Siquiera usaste condón? —pregunto, mi estómago se retuerce con preocupación.

—Por supuesto que sí. Sí usé. Lo juro. Y no fue… mierda. Tenía la cabeza hecha un caos. No me gustó. No… he estado tan jodido por lo nuestro, y…

—Sí, claro. Tan jodido por lo nuestro, sin embargo, estás consumiendo cocaína y follando putas desconocidas. Siento tanta pena por ti, Edward —digo sarcásticamente entre lágrimas.

Se lleva los puños a los ojos, la frustración emana de él.

—¿Y a cuántas mujeres te has follado en la gira? Ya que tu excusa es que no estábamos juntos.

—Solo a ella. Solo fue ella, te lo juro por Dios. A nadie más.

—Qué lindo —digo, mi voz chorrea ácido—. Ella debe ser jodidamente especial para que cedieras y las follaras.

—No lo es —dice con vehemencia—. Ella no es nadie, Bella.

Mi cabeza da vueltas y por mucho que no quiero estar cerca de él, hay una parte enferma de mí que quiere presionar en busca de más respuestas. Quiero los detalles. Quiero saber cómo y cuándo y dónde. Quiero saber todo. Sorprendentemente, él me lo dice.

Fue después de su show. En casa de ella. Él estaba drogado. Al parecer, consumieron cocaína antes y después. Se arrepintió. Vomitó afuera. Tomó un Uber de regreso al hotel. Y cerca de dos horas después, me llamó por videollamada.

Esa fue la noche que me rogó que viniera a Austin.

La manipulación es demasiado y se me revuelve el estómago. Lo empujo al pasar junto a él y una vez dentro corro al baño, cierro los ojos con fuerza mientras vomito. Busco a ciegas la palanca para bajarle a la taza, luego me quedo sentada en el piso.

Él está parado en el marco de la puerta mientras yo me seco las lágrimas de los ojos. Se agacha para quedar a mi nivel y me pregunta si estoy bien. Me pongo de pie y me enjuago la boca con agua, luego lo empujo para pasar otra vez y él me sigue.

—Me llamaste después de follar a alguien más y me rogaste que viniera aquí. ¿No te das cuenta de lo jodido que es eso?

—Lo sé —concuerda y me sigue a la sala—. Soy un desastre. Pero lo he estado cagando, Bell. Solo quería arreglar las mierdas entre nosotros.

Me giro, mirándolo con enojo.

—¿Quieres saber cómo arreglar las mierdas? ¡Dímelo antes de ver los mensajes! —grito—. Dímelo antes de encontrar la puta cocaína. Siempre te estás disculpando… siempre te estás retractando, carajo. Ya no puedo seguir así; ¡es agotador!

Él se queda ahí parado, jodidamente derrotado. Sé que está dolido, pero también yo lo estoy. Fuimos unos estúpidos al pensar que un buen fin de semana se traduciría en algo más. Llevamos una eternidad postergando nuestros problemas. Estábamos ciegos. Fuimos ingenuos. Pero él folló a alguien más e incluso si algún día puedo perdonarlo, no puedo hacerlo ahora.

—Agregaste su número a tu teléfono. O sea, ¿por qué…? ¿Creíste que la volverías a ver? ¿Que hablarías con ella? ¡Carajo! —lloro, se me atora la voz en la garganta—. Ni siquiera puedo mirarte.

—¿Me estás diciendo que no te acostaste con nadie mientras no estuve? Han pasado dos meses. Nosotros…

—Sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo, Edward. No me follé a nadie más. No quería hacerlo. Incluso si habíamos terminado, no quería que termináramos. No podía imaginarme haciendo eso con alguien más. —Al decirlo, los imagino a él y ella juntos, riendo, follando. Drogándose. Intimando de la forma en que lo hacíamos. Me hace sentirme jodidamente enferma. Y lo odio—. ¿Cómo pudiste hacerme eso? —pregunto, mi voz suena jodidamente pequeña.

Él se agarra el cabello, las lágrimas le llenan los ojos cuando me da la espalda, de esa forma no podré verlo desmoronarse. Ambos nos quedamos ahí parados, llorando, sin hablar ni hacer contacto visual. Con su espalda hacia mí, veo que se sacuden sus hombros y detesto que quiero con todas mis fuerzas acercarme para consolarlo. Nos quedamos así durante unos segundos. Minutos. Ambos de luto por esta relación que no pudimos traer de regreso a la vida. No podemos. Hay demasiado daño. Muchísimas mentiras. Incluso si no estuvimos juntos estos dos últimos meses, yo merecía saber todo lo que me tomó desprevenida hoy. Pero él no ha cambiado, y tampoco yo. Lo único que queda es terminarlo definitivamente esta vez.

—Quiero decir, es que yo… se acabó —digo, sollozando y resignada—. Creo que ya me cansé.

Se da la vuelta, tiene los ojos rojos y enojados.

—Bella, no lo hagas. Por favor.

—¿Qué se supone que debo hacer? Mañana me voy de la ciudad. ¿Se supone que debo dejar pasar esto? ¿Confiar en ti? Estarás de gira dos meses más. No hay forma en que yo pueda… no puedo…

Él acorta la distancia, se cae de rodillas y entierra la cara en mi estómago.

—No lo hagas. Por favor. Te juro que no volverá a pasar. Quería decírtelo —llora, su voz suena ahogada sobre mi blusa—. Iba a hacerlo. Esta noche. Después de que hablamos hoy me sentí de mierda. Culpable y… y… tienes razón. Debí habértelo contado todo.

Empujo sus hombros.

—Detente —sollozo, sus palabras y la forma en que me abraza con tanta fuerza me rompen el corazón.

—Nena, por favor —me suplica. Me suplica—. No volverá a pasar. Dejaré de hacerlo. No más cocaína. Nada. Dejaré esa puta mierda. Por ti. Lo haré por ti.

—Edward. —Lo empujo otra vez, sus lágrimas me empapan la blusa. Cuando alza la vista a mí, su expresión solo me hace llorar más—. No puedo. Solo… vete. Tienes que irte.

—No.

—Ed…

—Me casaré contigo —intenta con desesperación—. Lo haré. Podemos casarnos.

Entierro la cara en mis manos, ahora las lágrimas son incontrolables. Esto es lo que he querido desde hace tanto tiempo: él de rodillas, proponiéndome matrimonio. Pero no lo quería así. No así.

—Edward, levántate. Por favor.

—No hasta que me des una respuesta. Cásate conmigo. Dejaremos el puto pasado atrás. Solo…

—No. Mi respuesta es no —digo con voz ahogada—. No te quiero aquí esta noche. No puedo tenerte aquí. No puedo dormir a tu lado y no puedo verte, y yo solo… necesito espacio, carajo.

Se limpia debajo de la nariz con el dorso de la mano, sigue sin soltarme con la otra.

—Bella.

—Vete.

Se pone de pie con reticencia, hunde los hombros cuando me aparto de él.

—Te amo —murmura con voz rota.

—Deja de decir eso, por favor —le ruego.

—Te necesito. No hagas esto, por favor.

—Nunca me necesitaste —digo en voz baja, me duele el pecho—. Nunca lo has hecho. Solo vete. Por favor. Pide un Uber o…

Me mira derrotado. Como si se le hubieran acabado las formas de intentar convencerme de perdonarlo. Como si supiera que esta vez me perdió de verdad.

—No puedo pedir un Uber. Rompiste mi teléfono —me recuerda, exhalando, y se siente tan apropiado. Un teléfono roto por un corazón roto.

Abre la boca para hablar otra vez, como si fuera a intentarlo una última vez, pero no quedan más palabras. Salgo al patio para agarrar mi teléfono y enviarle un mensaje a Emmett.

Todo lo que digo es que necesita venir por su hermano. Sin más palabras ni información adicional, Emmett responde que llegará en diez minutos.