Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 13

POV Bella

La noche pasa en una bruma.

Paso la mitad del tiempo llorando y diseccionando todo lo que sucedió entre Edward y yo, y la otra mitad enojada y acosando en redes a la mujer con la que se acostó.

Encuentro su información de contacto en la página web del recinto. Su nombre es Rachel Black. Vive en Phoenix. Está cubierta de tatuajes y tiene unos cuantos piercings. Es exactamente la clase de mujer que siempre veo merodeando por ahí después de que los chicos terminan de tocar. Es exactamente la clase de mujer que pone su mirada en Edward para luego bajar la vista al suelo cuando lo ve avanzando entre la multitud para besarme.

Pero yo no estaba ahí esa noche.

Sé que Edward y yo ni siquiera estábamos oficialmente juntos, así que tal vez es injusto enojarme con él. Y sé que es irracional odiarla a ella. Pero él debió habérmelo dicho. En especial ya que insistió en que estábamos juntos de nuevo. Merecía saberlo de él en vez de tener que verlo en su celular. Aun así, me habría sentido enojada, pero no… ultrajada. No me habría visto desprevenida. No solo me lo escondió a propósito, sino que me rogó que lo visitara horas después de que follaron. Es por eso que me siento dolida.

Luego de terminar de ver las fotos de Rachel, entro al Instagram del recinto para ver las fotos de esa noche. Como si pudiera captar un vistazo de ellos juntos. Como si pudiera ver el momento en que ella se le acerca y salen juntos, tomados de la mano. Sin embargo, no encuentro nada así. Solo tomas de los chicos tocando en el escenario. Eso amortigua mi rabia, solo un poco.

Hasta que Rose señala que Rachel se ve muy parecida… a mí.

En definitiva, el parecido está ahí y lo siento como un puñetazo al estómago. Luego de que Rose lo dice, no puedo dejar de verlo. Largo cabello castaño con mechas color miel. Ojos cafés. Delgada y bajita. Su cara tiene la misma forma que la mía, y tenemos la misma sonrisa. No obstante, ella es la versión buena onda de mí. Tatuajes y piercings. Lleva el mismo estilo de vida que Edward, trasnoches y fiestas constantes. Es la clase de chica que consume cocaína con Edward antes y después de follar. Y de repente el odio que siento hacia ella se siente racional.

Alice reprende a Rose por señalar el tema del parecido, pero me alegra que lo dijera. Porque ahora le encuentro un poco más de sentido en mi cabeza al porqué Edward cedió y la folló.

Ella no era nadie especial.

Ella no era nada más que una versión disponible de mí.

XXX

No duermo para nada, y cuando es momento de irnos, me siento y me veo fatal.

De camino al aeropuerto, Rose le pide al chofer que se detenga en el hotel porque Alice y ella tienen que recoger las cosas que dejaron ahí. Me pregunta si me parece bien, y me encojo de hombros para mostrar aceptación, ya sé que igual no entraré con ellas. Espero en el carro con el chofer del Uber mientras ellas suben. No pasan muchos minutos antes de ver a un Edward desaliñado saliendo de recepción, viniendo directo al carro. Está usando la misma ropa de ayer. Su cabello está hecho un desastre y sus ojos están ocultos tras unos Ray-Bans. Está hecho un desastre. Se ve exactamente como me siento.

Aparto la mirada de inmediato, volteando hacia la otra ventana.

—Bella. —Su voz se oye ahogada a través del vidrio—. ¿Podemos hablar? —Solo niego con la cabeza—. Por favor. Un minuto. —Intenta abrir la puerta, pero tiene seguro. Eso me hace voltear a verlo al fin.

—Detente. No tenemos nada que decir.

—Baja la ventana —ordena.

—No —digo, pero una parte de mí ansía su insistencia. Necesito que lo intente. Incluso si no nos hará ningún bien, solo necesito que lo intente.

Se agarra un puño de cabello, luego baja la cabeza hasta que nuestras miradas quedan al mismo nivel.

—Por favor —me ruega—. Un minuto.

Me encuentro con la mirada del chofer en el retrovisor, pero él no dice nada.

—¿Un minuto? —repito, porque una parte muy pequeña de mí quiere escuchar a Edward. Él traga y asiente. Luego de que él se endereza y retrocede un paso, yo me bajo del carro y me muevo hacia la parte trasera para tener un poco más de privacidad—. ¿Qué? —pregunto cruzando los brazos sobre el pecho.

Edward no dice nada de inmediato. Solo me mira. Tiene la nariz ligeramente roja y a través de los lentes oscuros apenas puedo distinguir sus ojos cansados. Dudo que haya dormido algo. Quiero decir, yo tampoco dormí. Pero su falta de sueño parece más autoinducida con drogas y alcohol contrario a la mía que solo fue mi incapacidad para apagar mi mente.

—Lo siento —se disculpa con voz rota—. Nunca quise lastimarte.

—Si no querías lastimarme, ¿por qué te acostaste con ella? ¿Por qué me lo ocultaste?

—¿Quieres saber por qué me acosté con ella? —pregunta con voz ronca y exigente. Tengo demasiado miedo de decir sí o no, así que no digo nada—. Supe que volviste a hablar con Ben.

¿Qué?

—Eso me hizo enojar. Estaba celoso y borracho, y no estoy nada orgulloso de ello. No te conté de Rachel porque sabía cómo reaccionarías, y que te perdería para siempre, carajo. Y tenía razón.

—Entonces… ¿qué? ¿Te acostaste con ella como una manera enferma de vengarte porque asistí al funeral de alguien a quien conocí por cinco años?

Se le descompone la cara, como si acabara de darse cuenta de que su excusa empeora las cosas.

—No —insiste.

—Ayer básicamente insinuaste que habría estado bien si me hubiera acostado con alguien más. ¿Y ahora me estás diciendo que la razón por la que te acostaste con Rachel es porque te enojaste al pensar en la mera idea de que yo pasara un rato con Ben?

—No sé —murmura, la agitación irradia de él—. No estaba pensando. Te dije que mi jodida cabeza no ha estado bien.

—¡Porque estás usando cocaína todo el tiempo! —grito.

Tensa la quijada.

—No es así.

—No me mientas. Probablemente estás drogado justo ahora —lo acuso, y sé que probablemente tengo razón cuando no refuta lo que acabo de decir.

—No sé cuántas veces puedo decirlo —esnifa—. Lo siento. Lo siento. ¡Lo siento un putero!

Casi me río de lo poco arrepentido que suena.

—Disculparte no borra lo que hiciste. Debiste habérmelo dicho todo, Edward.

—Yo no… no es como si te hubiera engañado, Bell. No lo hice. Nunca lo he hecho. No habría…

—No intentes justificarlo así. Sabías que yo no andaba por ahí follándome a otras personas. Te dije en el email que quería hablar cuando tú regresaras. Que quería intentarlo. Sí, estaba intentando seguir adelante de momento, pero… nunca se trató de seguir adelante con alguien más. Ni siquiera sé cómo… —Tengo que detenerme, la emoción se alza con espesor en mi garganta. No puedo imaginarme acostándome con alguien más. Ni siquiera sé cómo es que él pudo hacerlo—. No, no me engañaste. Pero me mentiste. Incluso después de que ella te mensajeó, intentaste pretender que no era nada. Y me llamaste y me rogaste que te visitara inmediatamente después de habértela follado. Eso es… eso todavía me hace sentir enferma.

—Sé que la cagué. Pero ¿qué puedo hacer para arreglarlo? Por favor, solo… dime cómo arreglar esto, Bella. —Lo dice con desesperación y me duele el corazón—. Dime. Dime, carajo, por favor.

—No creo que puedas —digo con tristeza, ahora las lágrimas me inundan los ojos—. No por ahora. Necesito espacio.

Se da la vuelta, se aleja unos pasos de mí, luego voltea de nuevo.

—Lo decía en serio, sabes.

—¿Qué?

—Me casaría contigo.

Detente.

—No, es que… quiero decir, lo entiendo. El momento. Es, o sea, carajo… es una mierda y algo desesperado. Pero lo haría. Te amo.

—No puedo —lloro, bajando la vista al piso—. ¿Crees que quiero eso? ¿Después de todo? Crees que quiero que me ofrezcas el matrimonio como… ¿como una bandita para arreglar todo esto?

—No. Yo no… no sé qué es lo que quieres, Bella —murmura y me encuentro con su mirada—. Siento que nunca lo he sabido.

—Te quería a ti —lloro—. Eso es todo. Solo te quería a ti.

—Y yo te quiero a ti —susurra, acercándose, tomándome los brazos.

Me suelto de su agarre.

—No. Tú quieres la banda. Y las drogas. Quieres una vida en la que yo no encajo. No me quieres a mí.

—No está mal tener otras cosas que me apasionen. O sea, carajo, incluso te gustaba eso de mí cuando empezamos a estar juntos.

—No estoy diciendo que todo se tiene que tratar de mí, pero… ¿al tratarse de guardarte la polla en el pantalón? —pregunto de forma retórica—. Sí. Que no te folles a otras personas no es pedir demasiado.

—¡Fue una sola vez! —grita, ya está frustrado—. Una vez. Una chica. Un… jodido y estúpido error.

—Eso es suficiente.

—Entonces, así será. En serio. —Ahora está enojado y me parece bien. Puedo lidiar mejor con su enojo que con verlo desmoronarse. Puedo lidiar mejor con este lado de él que con tenerlo de rodillas y suplicando mi perdón.

Alice y Rose salen en ese momento de recepción, sus ojos se posan al instante en nosotros.

—¿Estás lista? —pregunta Rose mientras ella y Alice abren las puertas del carro.

—No te vayas —me suplica Edward en voz baja, moviéndose para bloquearlas de mi vista.

—Tengo que tomar un vuelo.

—Cambia tu boleto. Quédate solo un día o dos más. Para que podamos, carajo… arreglar esto. Por favor. Yo… —Su cara palidece y se quita los lentes. Sus ojos están más oscuros de lo que los había visto antes, lo sabía. Está jodidamente drogado ahora—. Todavía no te vayas.

—Tengo que irme —murmuro, ignorando el tirón que sus súplicas le causan a mi corazón—. No puedo quedarme.

—Un día más, Bella.

Un día más.

Una oportunidad más.

Fue una vez con una chica lo que nos trajo a este momento, y no puedo simplemente soltarlo. No justo ahora.

—Quédate —susurra, y mis ojos se mueven hacia el carro donde Rose y Alice me esperan pacientemente.

Sería tan fácil quedarme. Hablar de lo que pasó. Perdonarlo. Pero no quiero. No esta vez. Porque si me quedo ahora, no cambiará nada.

Le regreso la mirada a Edward, sintiendo una especie de déjà vu. Es igual a la noche en que él terminó conmigo, antes de que la banda se fuera a Portland. Le rogué que se quedara otro día. Una noche más, para poder resolver nuestras mierdas. Fácilmente se pudo haber quedado. Incluso me ofrecí a llevarlo a Portland al día siguiente. Pero se fue de todas formas. Y al parecer, con mucha facilidad.

—No puedo —le digo, tengo las palabras "lo siento" en la punta de la lengua. Pero no le debo una disculpa y él no se merece un día más conmigo.

Sin decir otra palabra, me subo al carro y no miro atrás. Para mi sorpresa, ni siquiera lloro.