Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 15

POV Edward

El viaje de Baltimore a Philly transcurre en silencio. Es incómodo. Los chicos están callados, ninguno comenta lo que Em me contó esta mañana sobre cancelar potencialmente la gira, o continuar sin mí. Eso me hace enojar, pero no saco el tema ahora. No mientras estemos en los cofines de la camioneta durante un par de horas más.

En vez de eso, me dedico a ver por la ventana. Intentar dormir. Mensajeo a Bella otra vez, igual que hago todos los días. Al abrir nuestra conversación veo una serie de mensajes que le envié anoche. Empiezan conmigo rogándole que me responda, luego se tornan progresivamente menos coherentes y más enojados.

El último fue enviado a las cuatro de la mañana. Un simple "jódete".

Empiezo a escribir una disculpa, luego me detengo.

Me siento como una mierda. Menos que eso, tal vez.

Al llegar a Philly pasamos primero al recinto para dejar nuestro equipo, luego nos dirigimos al hotel. Me baño. Pienso en Bella. Me la jalo. Pienso en Bella. Le llamo. Le envío un mensaje. Me disculpo. Lo siento, lo siento, lo siento. Ella no responde, pero no estoy esperando que lo haga.

Sé que no merezco saber de ella. Sé que he jodido esto irremediablemente. Mis intentos constantes no son porque tengo la ligera esperanza de que las cosas estarán bien entre nosotros. A estas alturas, es una ilusión. Tiene que serlo.

Sam llega a mi habitación un par de horas antes del concierto. Consume unas cuantas líneas y lo veo, pero no me uno. Ni siquiera cuando me dice lo buena que es esa mierda nueva. Ni siquiera cuando la deja en la mesa mientras orina.

Mis rodillas rebotan y la miro. Sé exactamente cómo se sentiría. A qué sabe. Ese goteo en el fondo de mi garganta después de inhalarla. El entumecimiento que provoca. El alivio que crea. Sería tan fácil consumir solo una línea. Pero no lo hago. Bebo en vez de eso. Me trago el whisky. Me trago la tentación de consumir. Sé que es en vano, eliminar un vicio en favor de otro. Pero Em quería que lo intentara. Así que lo estoy intentando. Pero es jodidamente difícil.

Cuando mi teléfono se enciende con el nombre de Bella, se me para el puto corazón. Respondo al primer timbre, moviéndome al balcón en busca de privacidad.

—Hola —digo, aclarándome la garganta. La ciudad es ruidosa, los sonidos del tráfico me llenan un oído. Pero su silencio es más ruidoso todavía—. ¿Estás ahí?

—Tienes que dejarme en paz, Edward.

La esperanza en mi pecho se desinfla.

—Tú me llamaste.

—Porque no sé de qué otra forma hacerme entender. Esto no es… saludable —me dice—. Tienes que detenerte…

—Solo quiero hablar…

Yo no. No puedo seguir recibiendo tus mensajes enojados a mitad de la noche. O llamadas. O… solo… —Suspira con fuerza y siento el peso en mí. Involuntariamente la estoy alejando más. Estoy haciendo todo lo contrario a lo que quiero hacer—. Estás haciendo que sea jodidamente difícil seguir adelante.

—Entonces no sigas adelante. Lo arreglaremos, Bella.

Se queda callada.

—No quiero bloquear tu número, pero…

—¿Por qué no? Quiero decir, si ya estás harta de mí, ¿cuál es el problema? —la provoco, su rechazo y el whisky en mi sangre me hacen enojar.

—Porque tengo miedo de que, si lo hago, tú vas a… no sé. Descontrolarte o… —Exhala en la línea, y me doy cuenta de que está llorando—. Estoy intentando no preguntar por ti. Y lo he estado haciendo muy bien. Pero Emmett le dijo a Rose que no estás bien. En absoluto.

Me arde la garganta cuando pienso en la preocupación de Emmett. Y en él confiando en Rose. Y luego llega la vergüenza cuando pienso en Bella preocupándose por mí también.

—No estoy bien —admito, exhalando una pequeña carcajada sin humor.

—¿Y por qué no regresas a casa?

La forma en que lo dice con tanta sinceridad, tan suavemente… quiero hacerlo. Quiero hacerlo con todas mis jodidas fuerzas. Pero sé qué es lo que ella no me está ofreciendo. No está diciendo que puedo regresar a ella. A nuestra vida.

—¿Y regresar a qué? —Me río ahora con amargura—. Me despidieron, carajo. Te perdí. ¿De qué me servirá estar en casa?

—¿A qué te refieres con que te despidieron? —pregunta, y comprendo que acabo de joderlo todavía más.

No renuncié a mi trabajo de barman. No como le dije. Me despidieron porque me descuidé al consumir y alguien entró a la oficina auxiliar mientras yo inhalaba una línea. Esa no fue la primera vez que me atraparon. Paul usualmente le quitaba importancia y me advertía que debía dejarlo, pero pasó las suficientes veces que fue la gota que derramó el vaso. Le mentí a Bella porque era, soy, un puto cobarde.

—¿A qué te refieres con que te despidieron, Edward? —pregunta, la simpatía y el dolor ya no están en su voz—. Me dijiste que renunciaste.

—Lo sé. Yo… lo siento.

—¿Por qué te despidieron?

—¿Eso importa?

—Sí, sí importa, carajo —dice más enojada ahora.

—Alguien me atrapó consumiendo en el trabajo. —Es todo lo que digo.

La línea se queda inquietantemente en silencio.

—Dios, de verdad que soy jodidamente estúpida —murmura.

—Nena, yo no…

—¿Cuánto tiempo llevas consumiendo otra vez, Edward?

—No mucho. —Otra mentira.

—Te va a pasar algo malo —dice con tranquilidad, pero el dolor sigue ahí—. Y no vas a tener a nadie cerca porque ya nos habrás alejado a todos con tus jodidas mentiras.

Siento la verdad en sus palabras. La suciedad en mis huesos.

—Dime cómo arreglar esto —le suplico. Arreglarnos a nosotros. Arreglarme a mí mismo.

—No puedo. Tienes que dejarme en paz —murmura, ya resignada—. No puedo… no puedo seguir haciendo esto.

Luego cuelga. La línea se queda en silencio. Intento llamarla, pero me manda de inmediato a buzón de voz.

Pienso en tirar mi teléfono por el balcón. La urgencia está ahí. De romper algo. De romperme a mí mismo.

En vez de eso, regreso a la habitación y consumo línea tras línea. Consumo más de lo que lo he hecho antes de una vez. Más de lo que debería. Sam solo se ríe y se recarga en el sillón, sacudiendo la cabeza.

—Sabía que cederías —murmura con una sonrisita engreída en la cara.

XXX

Estoy en el piso otra vez. Pero esta vez no tengo ni puta idea de dónde estoy.

Estoy en una casa. No en el hotel. Siento la boca pastosa y los ojos como si me los hubieran pegado.

Hay botellas por todas partes. El lugar está jodidamente destruido. Hay desconocidos dormidos en el suelo, en sillas, recargados en las paredes. Me siento y me oriento, luego noto a Sam recostado en un sofá al otro lado de la habitación.

Me muevo hacia él, con el cuerpo aletargado y tenso, y lo muevo para despertarlo.

—Vámonos —murmuro, y él apenas se mueve—. Amigo, vamos.

La urgencia de irme al carajo de aquí es fuerte y al mirar mi teléfono noto que está muerto.

Pasando sobre gente y botellas de cerveza, me dirijo hacia afuera, haciendo una mueca ante el sol. Es un contraste muy fuerte con cómo me siento actualmente.

Empiezo a caminar. Ni siquiera sé a dónde demonios voy, pero camino hasta que encuentro un taxi que me lleve de regreso al hotel. Subo a mi habitación, pero no puedo encontrar mi llave, así que regreso a recepción y pido otra. Por suerte traigo mi identificación conmigo, así que la recepcionista detrás del escritorio me entrega otra con facilidad, pero la forma en que me ve me hace sentir como… una maldita escoria. Mi cabello está hecho un desastre. Estoy usando ropa de hace más de un día y probablemente huelo a licor, y Dios sabe a qué más.

Cuando llego a mi habitación me dirijo a la ducha y entiendo por qué la recepcionista me estaba mirando. Tengo un ojo morado y el labio roto.

Escucho movimiento en la habitación y salgo del baño para encontrar a Emmett cruzando por la puerta que conecta mi habitación a la suya.

—Es bueno saber que sigues con vida —murmura.

—Sí. —Me froto la nuca—. ¿Qué le pasó a mi cara? —pregunto, y él se ríe. Una risa amarga. Corta.

—Carajo, Edward. La gira se terminó.

—Em…

—Ya ni siquiera depende de mí. ¿Después de la mierda que hiciste? Los recintos nos están cancelando. La gente no nos quiere en sus jodidos establecimientos. Es… es vergonzoso.

—Te dije que lo lamentaba por haber sido un cretino en el escenario en Baltimore. No volverá a pasar.

Su expresión pasa de confundida a preocupada.

—No estoy hablando de esa noche, Edward. Estoy hablando de nuestro concierto en la taberna, nuestra primera noche en Philly.

—Eso fue anoche —digo, y él niega con la cabeza.

—No. Sam y tú han estado desaparecidos por dos días. Nos dejaron a Jasper y a mí para limpiar sus jodidos desastres —dice Emmett con furia—. ¿Adivina qué? Ya no puedo hacerlo. Esto ya está fuera de mis manos. La gira se acabó. Yo no tengo voz ni voto. No puedo seguir… cubriéndote. Inventándote excusas.

Baja la vista a su teléfono, busca algo y luego me lo entrega. Y entonces me encuentro viendo un video de nosotros en el escenario de la taberna. Estoy tropezándome. Riéndome. Diciéndole mierdas a la multitud, a Emmett. En cierto punto le digo a la gente que la banda está pensando en terminar la gira y todos abuchean. Yo abucheo con ellos. Sigo riéndome. Es entonces cuando Emmett se baja del escenario. Se me calienta el cuello y puedo sentir el sudor acumulándose en mi frente y labio superior. El video continúa, pero esta vez me estoy sacando algo del bolsillo de mis jeans. La multitud vitorea y aunque mi espalda bloquea la imagen de lo que estoy haciendo, me resulta obvio que estoy echando cocaína en el platillo de la batería de Sam. Jasper interviene entonces, apartándome, y le doy un puñetazo. Justo en la cara. Retrocede a trompicones, chocando con nuestro equipo. Me estoy riendo y la multitud está confundida, una mezcla de jadeos y vítores y abucheos antes de que termine el video.

No sé quién es esa persona. No lo sé. Una cosa es no recordar todas las mierdas que hago cuando estoy jodido, pero verlo todo reproducirse me hace sentirme físicamente enfermo. La bilis me sube por la garganta y corro al baño. No sale mucho de mí, y es tan jodidamente apropiado. Como si de verdad estuviera vacío por dentro.

Emmett se para en la puerta del baño y deslizo su teléfono sobre el piso. Se agacha para recogerlo y se lo guarda.

—Se terminó —repite, y la falta de emoción en su voz me hace sentir peor de lo que me di cuenta que podría sentirme—. Todo por lo que trabajamos.

—Lo siento —murmuro, mi voz se rompe en las orillas.

—No, no lo sientes.

Me muevo para sentarme en la orilla de la tina y dejo caer la cabeza en mis manos.

—Lo siento. De verdad que sí. Me siento horrible. No sé qué hacer. Es como si… —Como si tuviera esta urgencia por autodestruirme o algo así—. Es como si… —empiezo a decir, pero cuando alzo la cabeza para encontrarme con la mirada de Em, veo que él ya no está aquí, y me encuentro solo.