Rigby Ullman los esperaba al otro lado de las amplias y anticuadas puertas de la entrada del hotel. Estrecho la mano a Bobby y saludo a Lori con glacial movimiento de la cabeza, observo como Bobby y su hijo de cabello blanco se volvieron cuando ella atravesó el vestíbulo con el cabello rubio sobre los hombres del sencillo vestido azul marino y su falda café. Ullman solo se mostró afectuoso con Lincoln, pero eso era algo a lo que Lori estaba acostumbrada. Lincoln parecía ser un niño para la gente que comparte en general los sentimientos de W. C. Fields hacia los niños. Ullman ofrece la mano a Lincoln. El chico se la estrecho sin sonreír, formalmente.
-Mi hijo Lincoln –Lo presento Bobby. –Y mi esposa Lori.
-Encantado de conocerlos a ambos –Saludo Ullman. – ¿Qué edad tienes, Lincoln?-
-Cinco y medio, señor mapache-
-¡Señor!, vaya –Observo Ullman con una sonrisa, y miro a Bobby. –Que bien educado esta su hijo-
-Por supuesto –Dijo con orgullo Bobby.
-Señora Torrance –Lori le ofreció la mano y él se la toma para estréchaselo y terminar con el saludo.
El señor Ullman miro para arriba y vio como un candelabro de luces de repente se comenzaban a iluminar.
-¿Qué extraño?-
-¿Todo bien, señor Ullman? –Pregunto Bobby.
-Ah, perdón –Apuntado para arriba. –Es solo que ese candelabro de luces no se ha vuelto a encender desde que llego Hallorann al hotel –Todos ven el candelabro de luces bien iluminado.
El vestíbulo bullía de actividad. Casi no quedaba una de las antiguas silla de respaldo que no estuviera ocupado. Los botones entraban y salían cargados de maletas y enfrente del mostrador había una cola dominada por una enorme caja de registradora de bronce sobre la que las calcomanías de Bankamericard y Master Charge parecían estrepitosos anacronismos. A la derecha junto una alta puerta doble que continuamente se abría y cerraba, había una antigua chimenea en la que ardían unos leños de abedul. Como fondo se oía el murmullo constante de las conversaciones, el sonido de la campanilla plateada junto a la caja registradora cuando de los 2 empleados de servicio la hacía sonar, las llamadas impacientes: "¡El primero, por favor!". A Lori le trajo buenos y bonitos recuerdos de su primera luna de miel en Nueva York con Bobby, en el Beekman Tower. Por primera vez, creyó que estaban a punto de iniciar lo que los 3 necesitaban: Unas vacaciones juntos, lejos del mundo, una especie de miel familiar. Sonrió afectuosamente a Lincoln, que sin disimulo miraba por todas partes con los ojos desorbitados. Otro coche, gris como traje de banquero, se había detenido frente del hotel.
-El último día de la temporada –Decía Ullman. –Hoy cerramos. Siempre es una súper locura. Lo esperaba hacia las tres, señor Torrance.
-Bueno, quise dar tiempo al auto para recuperarse de un colapso si lo tenía –Explico Bobby. –Pero no pasó nada de nada-
-Me alegro –Comento Ullman. –Me gustaría mostrarles el lugar un poco más tarde. Clyde Halloran quiere enseñar a la señora Torrance la cocina, pero me temo…-
Uno de los empleados se acercó presuroso dijo:
-Disculpe, señor Ullman…-
-Sí, ¿qué pasa?-
-Es la señora Buyuar… –Explico el hombre. –Se niega a pagar su cuenta si no es con la tarjeta de América Exprees. Le dije que al final de temporada del año pasado que dejamos de aceptar esas tarjetas, pero no quiere… –Dirigió la mirada hacia la familia Torrance, después volvió a mirar a Ullman y se encogió de hombros.
-Yo me ocupare de eso-
-Gracias, señor Ullman-
El empleado volvió al mostrador, donde una mujer francesa, envuelta en un largo abrigo de pieles, protesta en voz alta.
-Esto es inaudito, me alojo en el Overlook desde 1965 –Contaba al empleado, que se encogía. –Seguí viniendo después que me lo pase bien bailando con mi esposo que luego murió en la maldita cancha de roqué… pues bien, ¡nunca, nunca pague con otra cosa que no fuera con mi tarjeta de crédito del América Exprees! ¡Llame a la policía si quiere! Seguiré negándome a pagar con nada que no sea mi tarjeta de crédito de América Exprees. Y le repito…
-Disculpe –Se excusó el señor Ullman.
Lo siguieron con la mirada mientras atravesaba el vestíbulo. Al llegar al mostrador, toco con un gesto de frente el codo de la señora Buyuar y abrió ambas manos, en el momento en que ella apunto sus baterías contra él. La escucho con atención, hizo un gesto de asentimiento, la señora Buyuar se agacho y escucho lo que le susurro en el oído. Con una sonrisa trifual, la señora Buyuar se volvió hacia el infeliz empleado del mostrador y dijo:
-¡Gracias a Dios que en este hotel hay un empleado que no se ha convertido en un ser completamente rutinario!-
-Ahora, por favor sígueme a mi despacho señora Buyuar para poder alegrar este problema-
-Para ser mapache, es todo un caballero –Los 2 se iban para el despacho.
-¡Wow! –Exclamo Lori. –Este figurín se gana el sueldo-
-Pero esa señora no le gustaba –Preciso de inmediato Lincoln. –El señor fingió que le gustaba, pero nada más-
-Estoy seguro, Linky –Convino Bobby, que sonrió. –Pero la adulación es lo que engrasa las ruedas del mundo-
-¿Qué es la adulación?-
-Adulación –Le explicó Lori. –Es cuando tu papá dice que le gustaron los pantalones azules que acabo de comprarme, aunque no sea cierto, o cuando dice que no me hace falta rebaja kilos-
-¿Es mentir por gusto?
-Algo parecido-
El niño de cabello blanco había estado mirándola con atención.
-Qué bonita estas, mamá –Dijo después, y frunció el entrecejo, confundido, cuando sus padres cambiaron una mirada y estallaron en risas.
-Ullman no se molestó en adularme –Comento Bobby. –Vengan, vamos a la ventana. No me siento cómodo aquí, en medio de mucha gente, con esta chaqueta de dril. Sinceramente no creí que hubiera mucha gente en el último día de la temporada, pero me equivoque-
-Estas muy guapo –Dijo Lori, y los 2 volvieron a reír.
Lori se cubrió la boca con una mano. Lincoln seguía sin entender, pero sentía que estaba bien. Sus padres se amaban. Deseaba estar contento como su madre, pero no dejaba de repartirse que las cosas que Tony le mostraba no siempre se realizaban. Adiaran con cuidado, atento a algo llamado Redrum. Pero no diría nada, a no ser que fuera necesario. Sus padres se sentían felices, habrían estado riendo, y no había en ellos malos pensamientos.
-Mira que hermosa vista –Señalo Bobby.
-Oh, es estupenda. ¡Fíjate Lincoln!-
Más allá de la terraza cubierta que corría a largo del hotel, un césped cuidadosamente tratado descendía hacia la piscina rectangular y alargada. En un pequeño trípode situado al extremo de la piscina un cartel anunciaba…
-Cerrado –Dijo Lincoln pudiendo leerlo, así como pizza, salida, alto y otros que podía apenas.
Más allá de la piscina, una senda de grava serpenteaba entre un bosquecillo de pinos, abetos y álamos, y allí había una señal que Lincoln no conocía: ROQUÉ. Debajo de las letras se veía una flecha.
-¿Qué es "Roqué", papá?-
-Es un juego –Respondió Bobby. –Se parece al croquet. Solo que se juega en un cancha de grava en vez de césped, y tiene los lados como un gran mesa de billar. Es un juego muy viejo, Lincoln, y a veces aquí se organizan torneos-
-¿Se juega con un mazo de croquet?-
-Algo así –Asintió Bobby. –Pero con el margo un poco más corto, y la cabeza tiene un lado de goma dura y el otro de manera-
¡A ver si sales, maldito mocoso de mierda! Escucho Lincoln en su interior.
-No sé –Respondió Lincoln con un hilo de voz que hizo que sus padres intercambiaran una mirada de desconcierto. –No creo que me guste-
-Bueno, Doc, pues si no te gusta, no jugamos y ya está. ¿De acuerdo?-
-Okey-
-¿Te gustan los animales? –Le pregunto Lori. –Ven a ver el jardín ornamental con el laberinto-
Al otro lado del camino que conducía a la cancha de roqué había setos verdes recortados con forma de diversos animales. Lincoln alcanzaba a distinguir un conejo, un perro, un caballo, una vaca y otros 2, más grandes, que parecían leones a lado de la entrada del laberinto.
-Fueron esos animales los que hicieron pensar al tío Bob Esponja que yo podía servir para el trabajo –Les conto Bobby. –Se acordaba de que mientras estaba en la universidad yo trabajaba para unos arquitectos paisajistas, que tenían una sección dedicada al cuidado de céspedes, arbustos y cercas ornamentales. Salía podar y mantener el jardín ornamental de una señora-
Lori se tapó la boca con la mano para disimular la risa.
-Por lo menos una vez por semana solía podarle el jardín –Retiro Bobby, mirándola.
-¡Pues que pesado! –Bromeo Lori otra vez, y volvió a reírse.
-¿Eran bonitos los arbustos que tenían papá?-
Pregunto Lincoln, y sus padres sofocaron al mismo tiempo la risa. Lori no pudo evitar que las lágrimas empezaban a correrle por mejillas, y tuvo que sacar un pañuelo de papel.
-No eran animales, Lincoln –Explico Bobby. –Eran figuras de naipes. Picas, tréboles, corazones y diamantes. Pero fíjate que los cercos crecen…-
"Van subiendo –Había dicho Dipper Watson, refiriéndose a la caldera. –Tiene que vigilarla porque si no, usted y su familia saldrán volando hacia el laberinto."
Lori y Lincoln lo miraron, intrigados. A Bobby se le había borrado la sonrisa de la cara.
-¿Papá? –Le pregunto Lincoln.
Bobby parpadeo, como si regresara desde muy lejos.
-Crecen, Lincoln, y pierden la forma que tienen. Por eso tendré que podarlos un par de veces por semana, hasta la primavera-
-¿Qué hay con el laberinto que tienen? –Pregunto Lori viendo como personas salen del laberinto.
-Ese laberinto lo pusieron hace mucho tiempo para que las personas tuvieran un desafío extremo y divertido –Respondió Bobby a su esposa.
-Y literalmente tiene una zona infantil –Señalo Lori. -¡Menuda suerte!-
La zona infantil estaba a lado del laberinto más allá del jardín ornamental. Constaba de 2 toboganes, varios columpios con media docena de asientos colocados a diferentes alturas, unas barras para trepar, un túnel hecho de cemento, un cuadrado de arena y una casa de juguete que era una réplica exacta del hotel Overlook.
-¿Te gusta, Lincoln? –Le pregunto su madre.
-Claro que sí –Contesto él, tratando de parecer más entusiasmado de lo que estaba. –Es lindo.
Más allá de la zona infantil había una disimulada cerca de seguridad, tras el amplio camino pavimento que llegaba hasta el hotel. Después se extendía el valle, perdiéndose en la brillante bruma azul de la tarde. Lincoln no conocía la palabra de "Aislamiento", pero si alguien se lo hubiera explicado la habría entendido de inmediato y rápido. Allá abajo, tendido al sol como una larga serpiente, se distinguía el camino, que llevaba, atravesando el paso de Sidewinder a Boulder. Estaría cerrado durante todo el invierno. Lincoln sintió que le faltaba aire a pensarlo, y se estremeció cuando su padre le puso una mano en el hombro.
-En cuanto pueda, te conseguiré algo de jugo para beber, Linky. En ese momento están muy ocupados allí adentro-
-Sí, papá-
La señora Buyuar salió con aire de desagraviada. Momentos después 2 botones, que entre ambos apenas ponían con 8 maletas, la siguieron, lo mejor que les fue posible en su retirada triunfal. Desde la ventana, Lincoln observa como un hombre de uniforme gris, tocando su gorra que parecía de un capitán del ejército, conducía hasta la puerta el largo auto plateado de la señora Buyuar, luego bajaba, la saludaba tocándose la gorra y se precipitaba a abrir el maletero. De pronto Lincoln capto el pensamiento de la mujer, que floto por encima de la confusa mezcla de balbuceante de emociones y colores que solían llegarle donde había mucha gente.
-"A veces me pregunto que sentiría meterme en sus zapatos"-
Lincoln se quedó confundido por lo que escucho. El hombre del uniforme gris cerró el maletero y se acercó a ella para ayudarla a subir al auto. Lincoln se fijó en ella por si decía otra cosa, pero se limitó verla sonreír y darle un billete de un dólar. Al cabo de un momento, la señora Buyuar arrancaba con su gran automóvil plateado.
-¿Debería preguntarle a mamá de esto? –Pesándolo. –No, la última vez por poco meto en un problema-
De modo que, en vez de preguntar, se metió entre su padre y su madre, en el sofá que los 3 compartían, y se quedó mirando la gente que hacía cola el mostrador para luego sacar su Game Boy y jugar un videojuego. Se alegraba de ver sus padres eran felices y se amaban, pero él no podía dejar de sentirse preocupado. No podía evitarlo.
-Solo espero no encontrarme con la mujer del sombrero de copa, jamás –Diciéndolo en su mente.
Después de un largo tiempo sin publicar nada en esta historia y la razón era como me puse escribir con mi coescritor la otra historia no tuve tiempo de escribirlo. Espero que les haya gustado el capitulo, ademas a los que vieron la película de Doctor Sueño entenderán una referencia que puse, ademas de decir que también aparece el laberinto de la película.
