Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 16
POV Bella
—¿Quieres que Emmett o yo estemos ahí? —pregunta Rose por teléfono.
—No —le digo por lo que se siente como la quinta vez—. Está bien.
—¿Estás segura?
—Sí. Yo me encargo.
—No cedas, ¿de acuerdo? Sé que será difícil, pero…
—Rose…
—Él te va a suplicar perdón. Pero tienes que mantenerte firme —me recuerda—. Ceder ante él no va a ayudar. No es…
—Ya te lo dije: yo me encargo.
Suspira suavemente.
—Bien. ¿Me llamas después?
—Lo haré.
Colgamos y miro la caja con las mierdas de Edward junto a la puerta de entrada. Los chicos regresaron ayer de su gira cancelada, y Edward vendrá a recoger su carro y el resto de sus pertenencias. No sé dónde se está quedando o qué va a hacer ahora que está de regreso, pero ese no es mi problema. Me recuerdo que no debo involucrarme ni preguntar. Aunque es más fácil decirlo que hacerlo. Todavía me duele el corazón. Por él. Por mí. No sé si estoy haciendo lo correcto al mantener mi distancia con él, pero tampoco sé cómo lidiar con esto. No sé qué es lo que él necesita o quiere. Parece que él apenas lo sabe.
Vi el video en el que lo etiquetaron en el Instagram de la banda. Fue la gota que derramó el vaso, el momento final que llevó a que cancelaran la gira. Fue difícil verlo tan perdido y fuera de control. Pero lo miré, una y otra vez, con total incredulidad y horror. Como si tal vez si lo viera suficientes veces eventualmente podría descifrar exactamente qué estaba pensando en ese momento.
Nunca podré olvidar sus acciones. La mueca cruel en su rostro mientras se reía y le decía mierdas a Emmett. La falta de luz en su mirada mientras provocaba a la multitud y después golpeaba a Jasper en la cara.
Si hizo otras mierdas o estuvo con otras mujeres, Rose y Emmett no me lo han dicho. Yo tampoco he preguntado, pero después del asunto de Rachel y de verlo así de insensato… no soy estúpida. Aunque sí estoy enojada. Ese enojo es lo que evitará que ceda. Disminuirá la desesperada urgencia por cuidarlo. Por arreglar esto. Por sacarlo de lo que sea que está viviendo y obligarlo a buscar ayuda.
Una hora después él está tocando en la puerta principal por la que solía cruzar. Es raro abrir la puerta para él y darle permiso para entrar al único sitio donde hemos vivido juntos.
—Hola —murmura, tiene el cabello un poco mojado a causa de la lluvia. El deprimente clima hace que este momento se sienta peor.
—Hola.
Está hecho un desastre. Su ojo morado ya está de color amarillo, la comisura inferior de su labio sigue un poco rota. Sé gracias al video que Jasper no le regresó el golpe, y no puedo evitar preguntarme con quién más se peleó.
Lo miró a los ojos entonces. Están grandes, verdes y arrepentidos, no hay ni la más ligera señal de una oscura dilatación. Eso no me hace perdonarlo, pero sí me hace sentir mejor. Mi corazón no habría podido soportarlo si hubiera llegado aquí drogado.
—Encontré tu llave extra cuando estaba limpiando el cajón de las chucherías —digo, yendo al grano de inmediato. Nuestros dedos se rozan cuando toma la llave antes de añadirla a su llavero. Duele decirlo, pero—: Voy a necesitar que me regreses la llave de la casa.
Se lleva la mano al cuello.
—Ya no la tengo.
—¿Por qué no?
—Me deshice de ella —murmura con la mirada en el piso.
Suspiro con una presión en el pecho. Ni siquiera quiero saberlo, así que no se lo pregunto.
—Rose y Em tienen algunas de tus cosas en su casa, pero el resto está aquí. —Señalo detrás de él, hacia unas cajas y una maleta.
—Genial —dice inexpresivo, volteando el cuello para ver lo que queda aquí—. Gracias por…
—No fue nada.
No quiero que me agradezca por empacar sus mierdas, porque me rompió el corazón tener que hacerlo. Sollocé todo el rato e incluso tuve que detenerme unas cuantas veces para calmarme. Siento ganas de llorar justo ahora, pero las contengo.
Nos quedamos ahí parados con incomodidad en la sala, y suspiro pesadamente.
—¿Se va a mudar alguien más o…? —inicia.
Niego con la cabeza.
—No.
—¿Podrás pagar la renta tú sola?
—Será difícil, pero me las arreglaré. ¿Dónde te estás quedando? —pregunto, a pesar de que me dije que no lo haría—. ¿Con Emmett?
Se pasa una mano por el cabello.
—No. Él no me quiere ahí. Me estoy quedando con alguien más.
Su respuesta vaga hace que los celos se alcen en mis venas.
—¿Con quién?
Mira detrás de mí, luego encuentra mis ojos.
—Alguien con quien solía trabajar me está dejando quedarme en su habitación extra.
—Oh. ¿Cómo se llama ella? —pregunto antes de poder detenerme. Gimo en voz alta y sacudo la cabeza—. Perdón. Eso no es… lo que hagas no es de mi incumbencia.
Sus ojos se muestran tristes.
—Puede ser de tu incumbencia. Pero creí que no era eso lo que querías.
Mis propios ojos arden y lucho contra las lágrimas que amenazan con caer.
—Sí.
—No me estoy quedando con una mujer. ¿De acuerdo?
Me encojo de hombros, como si no importara. Pero sí importa. Es estúpido cómo mi corazón se calma al saber eso.
Su mirada se mueve por la casa, como si estuviera admirando todo una última vez.
—¿Tu año escolar inició bien? —pregunta, como si hubiera usado este tiempo para pensar en algo que decir—. ¿Ya entraron?
—Edward, no tenemos que hacer esto.
—¿Qué?
—Pues… esta charla trivial o… solo…
Gira las llaves con nerviosismo en su mano.
—Perdón. En realidad, no sé cómo portarme cerca de ti. O qué hacer. Sé qué quiero hacer. Pero eso no es… —La forma en que me mira me hace sentir expuesta—. Eso no es lo que tú quieres. Así que…
—Sigues diciendo eso como si yo hubiera decidido que ya no te quería más y listo —respondo, poniéndome a la defensiva—. Por supuesto que quiero estar contigo. Por supuesto que quiero saber todas las malditas cosas que estás haciendo. Quiero abrazarte y tocarte, y yo solo…
Se acerca, solo dos pasitos, y luego me jala a un abrazo. Se lo permito y encajo con mucha facilidad en sus brazos. Con mis manos alrededor de su cintura, me abraza con fuerza, exhalando en mi cabello.
Me encuentro llorando entonces y él apoya su mejilla sobre mi cabeza, matándome un poco cuando me suplica que deje de llorar.
—Odio esto —digo con voz rota, enterrando la cara en su pecho—. Odio en lo que nos hemos convertido. En lo que tú te has convertido. Lo que hiciste. Lo que sigues haciendo.
—Perdóname, perdóname, perdóname —repite en voz baja, todavía intentando calmarme.
—No es suficiente —murmuro, todavía escondiéndole mi cara.
—Bell. No. —Suspira y se aparta para acunar mi cara, usa sus pulgares para secarme las lágrimas—. Dios, es que… no puedo verte llorar, carajo. —Se le atora la voz en la garganta, pero contiene su emoción.
—No puedo evitarlo. —Mis lágrimas no son solo por mí, también son por él—. Por muy dolida que esté, estoy jodidamente preocupada por ti —digo en voz baja, sollozando, al alzar la vista hacia él.
—No te preocupes.
—Es muy difícil entender lo que está pasando —susurro, sus pulgares siguen acariciando mis mejillas—. Actúas como si no fuera para tanto, pero sí lo es, Edward. Todos tememos por ti.
—Lo tengo bajo control.
—¿De verdad? Vi el video. Sé que…
Claro que no debí decir eso porque retrocede un paso mientras se pasa una mano por la boca.
—No quiero hablar de eso —dice con voz cortante.
Me digo que debo dejarlo, soltarlo, no presionar. Pero me he sentido culpable toda la semana pasada. Como si yo lo hubiera empujado a ese momento porque esa fue la noche que hablamos por teléfono, cuando descubrí que me mintió sobre renunciar a su trabajo. Esa fue la noche que bloqueé su número e intenté sacarlo de mi vida.
Recuerdo haber recibido la llamada de Rose después de su concierto. Me contó el espectáculo que Edward había hecho en el escenario. Sabía que él se estaba desquitando e intenté no permitir que la culpa se apoderara de mí. Pero de todas formas se filtró. Al día siguiente Rose me avisó que no podían localizar a Edward y Sam. Nadie sabía dónde estaban. Pasé todo un día y una noche muerta de preocupación al pensar en que algo terrible le pudo haber pasado. Desbloqueé su número. Incluso intenté llamarlo. Pero nunca respondió ni me regresó la llamada.
—Perdón —murmuro.
—Está bien, solo no quiero hablar ni pensar en todo ese… asunto.
—No, te pido perdón por… —Sacudo la cabeza—. Me refiero a que esa fue la noche en que hablamos, ¿cierto? La noche que bloqueé tu número.
La comprensión aparece en su mirada y exhala.
—No lo hagas. No fue por ti. ¿De acuerdo?
—Supongo —murmuro, todavía me siento un poco responsable.
Sacude la cabeza.
—Bella, por favor. Ya me siento de mierda. No puedo pensar en que tú también te sientes culpable.
—Bien.
Tensa la quijada y aparta la mirada.
—Bien.
—¿Y ahora qué? —pregunto suavemente.
—No lo sé. —Puedo ver como se mueve su garganta cuando traga con nerviosismo—. Supongo que tengo que encontrar un trabajo. —Mi reacción inicial es preguntarle si ya dejó de consumir porque probablemente en cualquier trabajo le harán un antidoping antes de contratarlo. Pero me muerdo la lengua—. Dios, es que… —Se queda callado con una carcajada sin humor—. Carajo.
—¿Qué?
—No tengo trabajo. No tengo un sitio al cual llamar propio —enlista, luego añade en voz baja—: Y no tengo a Bella.
—Estoy segura de que encontrarás trabajo —le digo con seguridad, ignorando sus últimas palabras y el dolor en el fondo de mi estómago—. Y un sitio para vivir.
—Sí. —Asiente una vez, metiéndose las manos en los bolsillos de sus jeans—. Pero seguiré sin tenerte.
No sé si lo dice para hacerme sentir más culpable de lo que ya me siento, pero caigo en la trampa y le contesto.
—Tú elegiste esto, Edward.
—Bien —dice de forma casi sarcástica y le dedico una mirada—. ¿Qué? —pregunta.
—Nada.
—Di lo que estás pensando —me insta, pero permanezco en silencio. Todo lo que diga iniciará una pelea. Él está a la defensiva. No está listo para admitir que está equivocado. No está listo para admitir que tiene un problema. Nuestro silencio persiste y suspira pesadamente, moviéndose hacia la puerta—. Bien. Debería irme.
Me muerdo la uña del pulgar.
—Bien.
Se detiene para mirarme.
—Sé que en estos momentos mi palabra no significa ni una mierda para ti, pero… lo lamento. Por todo. Por mentirte y no contarte sobre las drogas, y lo que hice para lastimarte, y solo… por todo.
Lo dice solo por decirlo. Solo por mí. No espera a que le responda o acepte su disculpa antes de agacharse para recoger una caja y salir. Una parte de mí quiere ofrecerse a ayudarlo, pero otra parte quiere que se tome su tiempo. Prolongar nuestra despedida. Al final, solo requiere de tres vueltas para llenar su carro con sus pertenencias. Y luego se va.
