El vestíbulo ya se encontraba vacío, salvo por la presencia de la familia Torrance, el señor Ullman y empleado principal del mostrador, que hacia el recuento del efectivo de la caja registradora. También Dipper Watson que andaba allí.

-Lincoln, ¿de qué están hablando tú y el señor Hallorann en la cocina? –Pregunto Lori a su hijo que se encontraba tomando un vaso de jugo.

-Pues… me hablo como trabajaba en la cocina y en lo bonito que era el hotel –Terminado su jugo.

-Por una parte tiene razón con que el hotel Overlook es bonito –Le dijo su padre.

-Señor Torrance –Dijo Ullman. – ¿Quiere venir un momento, por favor?-

Bobby acudió, mientras con un gesto de la cabeza indicaba a Lori y a Lincoln que también se acercaran. El empleado una vez terminado el recuento del dinero, cerró la caja registradora con una llave que luego guardo. Y se acercó al señor Ullman.

-Todo listo señor, el dinero ya fue contado y que lo pase bien-

-Lo dudo y buen trabajo –Replico Ullman. –El 12 de mayo, Braddock. Ni un día antes, ni uno después-

-Sí, señor-

Braddock se fue corriendo poniéndose una sonrisa y después salió, metiéndose a su auto yéndose. Lori empezó a percibir el silencio del lugar, que se había abatido sobre el hotel Overlook como una densa manta. Solo se oía el débil latino del viento frio. Desde donde estaba, ella podía ver el exterior atreves de la ventana del despacho.

-Pensé en dedicar unos minutos extras a mostrarles el hotel Overlook –Anuncio Ullman. –Estoy seguro que su esposo llegara a conocer perfectamente todos los vericuetos del Overlook, señora Torrance, aunque indudablemente usted y su hijo se mantendrán en el nivel del vestíbulo y de la primera planta, donde están sus habitaciones-

-Sin duda –Murmuro Lori, y Bobby le hecho una mirada de advertencia.

-Es un lugar muy hermoso –Comento Ullman. –Y a mí me encantara mostrarlo-

-Vaya que literalmente le encanta el lugar –Pensó Lori.

-Subamos a la tercera planta y desde allí iremos bajando –Ullman hablaba con un verdadero entusiasmo.

-Si le hacemos perder tiempo… –Empezó a decir Bobby.

-Nada de eso –Repulso Ullman. –La tienda está cerrada, Tout fini, por esta temporada al menos. Pienso pasar la noche en el Boulderado. Es el único hotel decente que hay a este lado del Denver… a no ser el propio Overlook, claro. Por aquí.

Subieron al ascensor, que estaba bien lujosamente decorado en cobre y bronce, pero se hundió visiblemente antes que Ullman cerrara la puerta. Lincoln mostro cierta inquietud.

-No te preocupes, chico, es seguro como una casa de ladrillos –Lo tranquilizo Ullman.

-También lo era el Titanic –Señalo Bobby a un globo de cristal que prendía del techo del ascensor.

A Ullman no le pareció divertido la observación de un golpe, cerró la puerta interior.

-El Titanic no hizo más que un viaje, señor Torrance, y este ascensor ha hecho miles viajes de desde que lo instalaron en 1926-

Ullman movió la palanca y el ascensor empezó a subir, al principio con algunas vibraciones, pero después se suavizo. Ullman lo detuvo y abrió la puerta llegando a la tercera planta y saliendo. A Lori le pareció algo insegura el ascensor, así que mejor pensó solo usarían las escaleras. Y por nada del mundo dejaría que subiera su hijo y su esposo.

-¿Qué estas mirando, Linky? –Preguntando Bobby a su hijo. – ¿Una mancha en la alfombra?-

-Eso es imposible. Si hace 3 días lavaron todas las alfombras –Repuso Ullman con actitud.

Lori estaba mirando la alfombra que cubría el pasillo. Era bonita, pero ella jamás la elegiría para su casa, si algún día llegaba a tenerla.

-¿Te gusta la alfombra, Lincoln?-

-Sí, mamá –Contesto Lincoln.

Recorrieron el pasillo, bastante espacioso. Las paredes eran de color verde, a juego con la alfombra. Cada 3 metros y a una altura más de 2, había lámparas eléctricas que parecían farolas.

-Esto me gusta mucho –Declaro Lori.

-Aunque no crean el señor Derwent las hizo instalar en todo el hotel, la mayoría parte de la decoración de la tercera planta, aunque no toda, fue idea suya. Esta es la habitación 300, la suite presidencial-

Hizo girar la llave de la cerradura de las dobles puertas y las abrió de par en par. La vista del cuarto de estar hacia el oeste los dejo con la boca abierta, como probablemente era la intención de Ullman.

-Magnifica vista, ¿no?-

-Desde luego que sí –Convino Bobby.

-Literalmente-

Bobby y Lori estaban tan absortos en lo que veían que no miraron a Lincoln. Él se encontraba fascinado por el papel pintado a rayas rojas y blancas que había en la izquierda, junto a una puerta que daba a un dormitorio interior. Su suspiro de asombro, que se había mezclado con el de sus padres, no tenía nada que ver con la belleza. El papel se encontraba manchado de sangre seca, mezclada con pedazos minúsculos de tejido de un blanco grisáceo. Lincoln sintió miedo. Era como un cuadro enloquecido pintado de mucha sangre.

-Recuerda lo que dijo Clyde, limítate a mirar hacia otro lado –Deliberadamente miro por la ventana, tratando de no mostrar expresión alguna.

-Y recuerde señor Torrance, no se olvide cerrar los postigos de la ventana para que el viento fuerte no pueda abrirlo-

-Okey, señor Ullman-

Lincoln volvió a mirar la pared y la mancha de sangre ya no estaba.

-Ahora, por favor. Familia Torrance, salgamos ahora de suite para mostrar otras habitaciones-

-Lincoln, ¿te pareció bonito la vista de las montañas? –Pregunto Lori a su hijo.

-Sí-

Una vez saliendo, Lincoln volvió a mirar por encima del hombro. La mancha de sangre había vuelto, solo que ahora estaba fresca y más grande, y corría. Mientras seguían en el corredor Ullman hacia comentarios sobre los hombres famosos que se habían alojado en aquella habitación y Lincoln se puso a pensar algo.

-Me pregunto si Clyde, ¿también había visto la sangre o de seguro vio algo peor que no pude ver?-

"No creo que esas cosa puedan hacerte daño". Recordado lo que le dijo Clyde.

En su interior crecía un grito, pero no lo dejo salir. El señor Ullman les mostro otras habitaciones de la tercera planta, conduciéndolos por corredores que se retorcían como un laberinto.

-Aquí estaban todos acaramelados –Dijo el señor Ullman, pero Lincoln ni veía caramelos por ninguna parte.

Ullman les mostro las habitaciones donde, según él, había vivido una señora que se llamaba Marilyn Monroe, mientras estaba casada con un hombre llamado Arthur Miller. (Lincoln comprendió que Marilyn y Arthur se habían "divorciado" no mucho después de haber estado en el hotel Overlook).

-Ah, como odio pensar en esa palabra –Dijo Pesándolo.

En ninguna de aquellas habitaciones había nada notable, nada que a Lincoln le diera miedo. En realidad, en la tercera planta solo vio una cosa que le preocupara, aunque sin saber porque. Era un antiguo extintor de incendio que era una manguera que colgaba de la pared, antes de doblar la esquina para volver al ascensor, que seguía abierto como una boca amenazadora, esperándolos como si fuera una serpiente. Por eso se alegró dejar de verlo cuando doblaron la esquina.

-Siguiente parada, la segunda planta del hotel –Dijo el señor Ullman en el momento en que subían al ascensor, que empezó a bajar. –Saben, lo que me preocupa de la suite presidencial. Es la ventana que instaron hace 30 años, costo 420 dólares, y reponerla costaría 8 veces más-

-Descuide, señor Ullman. Le dije que la cerraría-

Bajaron a la segunda planta, donde había más habitaciones y otro corredor laberintico. El señor Ullman les mostro solo un par de habitaciones. Paso sin detenerse a la habitación 217. Con fascinación enfermiza, Lincoln miro el número en la chapa de la puerta.

"Jamás debes acercarte". Recordó la advertencia de Clyde sobre la habitación.

Después bajaron a la primera planta, donde el señor Ullman no les mostro ninguna habitaciones hasta llegar casi a la escalera, cubierta por una alfombra, que llevaba al vestíbulo.

-He aquí sus habitaciones –Anuncio. –Espero que les guste.

Lincoln entro preparado para cualquier cosa que pudiera encontrar. Pero no había nada. Lori Torrance se sintió aliviada.

-Sencillo, pero cómodo. Durante la temporada, se alojan el cocinero y su esposa cuando viene de visita, o bien el señor Clyde y la señora Chloe Hallorann-

-¿Aquí vivía el señor Hallorann?-

-Así es, chico-

-¿Ni sabía que el señor Hallorann tuviera esposa? –Dijo Bobby sorprendido.

-Sí, la esposa de Clyde es la encargada y una chef del restaurante de su familia de Florida que fue abierto por su abuelo Dick. Y cuando tiene tiempo libre, siempre viene aquí a pasar tiempo con él, hasta incluso lo ayuda en la cocina del hotel.

-De seguro que son una pareja muy felices-

En el departamento había varias sillas y sillones que parecían cómodos, una mesita para el café que en sus tiempos había sido cara, 2 estanterías atestadas de libros del Reader's Digest y de novelas policiacas y un anónimo televisor normal.

-No hay cocina –Comento Ullman. –Pero si un montacargas. Este aparato está directamente encima de la cocina-

Abrió un panel del revestimiento y dejo a la vista una gran bandeja rectangular. Le dio un empujoncito y la bandeja despareció, seguida de una trama de cuerda.

-¡Es como un pasadizo secreto! –Exclamo Lincoln, olvidándose de sus miedos ante la embriagadora novedad que le ofrecían. –Como en aquella película del gordo y el flaco con los fantasmas-

Mientras corría hacia el montacargas para mirar por el hueco.

-Por aquí, por favor-

Abrió la puerta que había al otro lado del salón d estar y que daba a un dormitorio, espacioso y ventilado, dispuesto con una cama matrimonial.

-Bonita cama –Dijo Lori.

-¿te acuerdas de la cama de la luna de miel, bebe?-

El señor Ullman lo miro por encima del hombro, auténticamente intrigado.

-¿De qué están hablando?-

-Nada, solo viejos recuerdos de mí y mi esposa juntos-

-Ah-

Volvió a llevarles al cuatro de estar desde el cual otra puerta conducía al segundo dormitorio, donde había sola una cama. En un rincón rezongaba el radiador, y la alfombra era un abominable diseño de salvias y cactos, pero Lori vio que Lincoln se había prendado de ella. Las paredes de la habitación, más pequeña, estaban revestidos de pino.

-¿Crees que puedes arreglaros aquí, Doc? –Pregunto Bobby.

-Claro que sí-

-Si tú quieres…-

-Y a alfombra también me gusta. Señor Ullman, ¿por qué no son todas iguales como esta?-

Por un momento, Ullman pareció haber mordido un limón. Después sonrió y toco la cabeza de Lincoln.

-Este será tu dominio –Le dijo –Aunque el cuarto de baño se comunica con el dormitorio principal. El apartamento no es grande, pero naturalmente pueden moverse por el resto del hotel Overlook. Según el señor Watson, la chimenea del vestíbulo funciona bien; además, si alguna vez desean hacerlos, están en libertad de comer en el salón del comedor-

-Perfecto –Asintió Bobby.

-¿Bajamos ahora? –Pregunto Ullman.

-Como no –Accedió Lori.

Bajaron del ascensor y esta vez el encontraron el vestíbulo completamente vacío, salvo por Dipper Watson estaba recostado contra la puerta principal, con una chaqueta de cuero azulo, una gorra con un pino dibujado y un palillo entre los labios.

-Crea que ya estará a kilómetros del hotel-

-Me quede un momento para recordarle al señor Torrance lo de la caldera –Respondió Watson, enderezándose. –Si se acuerda de no quitarle el ojo encima, amigo, anduviera estupenda. Bajare la presión un par de veces al día, por que sube o sino, ¡Boom!

-¿Se sube?-

-Lo recordare –Dijo Bobby.

-Todo ira perfecto –Le aseguro Watson, mientras le tendía la mano. Bobby la estrecho.

Watson se volvió hacia Lori y la saludo inclinado la cabeza.

-Señora…-

-Encantada –Respondió Lori.

-Mi joven señor Torrance –Saludo con gravedad Watson, ofreciendo la mano.

Lincoln tendió su mano, tendió con gesto vivaz la suya y tuvo la impresión de que se la tragaran.

-Cuida de tus padres, Lincoln-

-Sí, señor-

Watson soltó la mano del chico y se volvió para mirar a Ullman.

-Supongo que será hasta el próximo año-

-El 12 de mayo, Dipper –Le recordó. –Ni un día antes, ni uno después.

-Sí, señor-

Lincoln escucho lo que estaba pensando Watson.

-"O al menos que el hotel Overlook explote lo cual dudo que pase. Y a ver como lo alegrara usted mapache idiota"-

-¿El hotel puede explotar? –Dijo pesándolo.

-Que pase un buen invierno, señor Ullman-

-Oh, lo dudo-

Watson abrió una de las puertas principales; el viento gimió con más fuerzas y empezó a sacudirle el cuello de la chaqueta.

-Y ustedes, amigos, cuídense –Fue lo último que dijo.

-Sí, señor, nos cuidaremos –Contesto Lincoln.

Dipper Watson, se marchó humildemente, cerrando la puerta a sus espaldas, amortiguando el viento. Lo siguieron con la vista mientras caminaba con sus botas negras. Atravesó el camino para coches rumbo al aparcamiento destinado al personal. Se metió a su furgoneta International Harvester. Cuando lo puso en marcha atrás y salía del aparcamiento. La camioneta desapareció por cima de la colina y volvió a verse, ya más pequeño, por el camino principal, avanzando hacia el oeste. Por un momento, Lincoln se sintió mas solo de lo jamás se había sentido en su vida.


Espero que les haya gustado este nuevo capitulo y ademas decir que la alfombra que se encuentra en el segunda planta es la alfombra de la película para que sepan y porque no sabia como describirlo.

Que tengan un buen día y limpience las manos con agua y jabón para no contagiase de Coronavirus y lo digo por su seguridad.