En el salón del Colorado, se encontraba Bobby Torrance usando su máquina de escribir que era como escuchar como escuchar unas ráfagas de ametralladora disparadas desde un fortín. Aquel ruido era música para sus oídos, ya que Bobby no había escribido tanta constancia desde el segundo año de matrimonio, cuando escribió el libro que le compro el "Esquire". Además, para el final del año lo tendría terminada el libro y podría dedicarse a otra cosa algo nuevo. No le importaba el eco que despertaría "La escuela" cuando Phyllis lo promoviera, que no le importaría si se hundía sin dejar rastros. El hecho que volviera escribir la llenaba de esperanzas, no porque esperaba mucho del libro, sino porque estaba cerrando la puerta que daba a una habitación de monstruos que hace mucho tiempo Bobby apoyaba.

En el departamento, Lori se encontraba sentada en un sofá viendo como Lincoln se encontraba leyendo un libro que le había dado su padre.

-Mira a Jip correr. –Leyó lentamente Lincoln. –Corre, Jip, corre, corre, corre… –Hizo una pausa y el dedo detuvo en una línea. –Mira la… –Se inclinó aún más, hasta tocar la página con la nariz. –Mira la…

-No tan cerca, Linky, que te harás daño la vista –Le advirtió Lori en voz baja. –Es…

-¡No me lo digas! –Exclamo Lincoln, irguiéndose de pronto. – ¡No me lo digas, mamá!

-Está bien, Doc. Pero no es tan importante; de veras que no lo es.

Sin prestarle atención, Lincoln volvió a inclinarse sobre el libro, con una expresión en la cara que parecía como un estudiante de universitario a punto de hacer su último de examen.

-Mira la… la… pe… ele, o, ¿mira la…? La pelo… ¡Pelota! –Exclamo triunfante y orgulloso. Lori estaba cada vez preocupada. – ¡Mira la pelota!

-Muy bien. –Dijo Lori. –Pero me parece que por esta noche es suficiente, cariño.

-Un par de páginas más, mamá, por favor, por favor, por favor.

-Literalmente no, Doc. –Repulso Lori, que cerró el libro encuadernado en verde. –Es hora de dormir.

-¡Rayos!

-No me fastidies, Lincoln. Mami está cansada.

-Está bien. –dijo Lincoln, sin dejar de mirar el libro.

-Ve a dar un beso a tu padre, y después a lavarte. Y no olvides cepillarte los dientes.

-Okey. ¿Y en donde esta papá?

-Está en el salón del Colorado escribiendo su libro.

Lincoln sale corriendo rápido del departamento con su pantalón de pijama naranja y una holgada camiseta de franela, que tenía delante un balón de futbol y escrito en la espalda "Patriotas de nueva Inglaterra". En el salón del Colorado, Bobby se encontraba todavía se encontraba escribiendo hasta que escucho la voz de su hijo.

-¿Papá? –Bobby se detiene para voltear a mirar. –Sé que no debo interrumpir mientras que estés escribiendo, pero mamá dijo que te diera el beso de buenas noches.

-Claro, de todas formas ya iba terminar. –Carga su hijo y él le da un beso en el cachete.

-Buenas noches, papá.

-Buenas noches, Linky. –Bajándolo. Dime, ¿Cómo vas con tu lectura?

-Muy bien, creo. Pero mamá me hizo dejarlo.

-Pues tu mamá tiene razón. Son más de las ocho y media. ¿Vas a lavarte?

-Sí.

-Bien. Están creciéndote patatas en las orejas, y cebollas y zanahorias, y nabos y…

-Papá –Lincoln se reía por lo que dijo.

Lincoln se iba corriendo del salón del Colorado y Bobby volvía escribir en su máquina de escribir haciendo los ruidos de ráfagas irregulares. En el departamento, Lori se encontraba viendo la habitación de su hijo. Había reparado hábilmente el avión de manera, el escritorio estaba lleno de libros para colorear, viejos comics, lápices y mil cosas más. La maqueta del Hudson Hornet estaba cuidadosamente instalada sobre todas aquellas cosas, con la envoltura intacta. Si Lincoln seguía avanzando aquel ritmo, él y Bobby no tardarían en montarlo.

-Como extrañare ver así la habitación de Lincoln una vez que tenga la edad 11 años. –Escucha como la puerta se abre para voltear viendo a su hijo para luego meterse al baño. –Además que es cuidadoso con su higiene. –Dijo Lori.

Volvió a ver la habitación hasta centrar a la mirada en el avispero. Presidia el lugar de honor en la habitación, sobre un gran plato d plástico encima de la mesa que había junto a su cama. A Lori no le gustaba, aunque estuviera vacío. No le gustaba la idea de que aquel objeto, hecho con mascaduras y baba de insectos desagradables, estuviera a pocos centímetros de la cabeza de su hijo.

-Literalmente no me gusta que ese avispero este cerca. –Yéndose.

En el baño seguía corriendo el agua y Lori se acercó para llamar a su hijo.

-¿Estas bien, Linky? ¿No te has dormido?

No hubo respuesta.

-¿Lincoln…?

Lori trato de abrir la puerta, pero estaba cerrada con el pestillo.

-¿Lincoln…? –insistió, realmente preocupada. –Lincoln, abre la puerta, tesoro. ¡Lincoln!

Justo en ese momento entra Bobby que ve su esposa golpeando la puerta del baño.

-Bebe, ¿todo está bien y porque estas golpeando la puerta del baño?

-¡Lincoln se ha encerrado en el lavado y no contesta!

Bobby acudió de inmediato y golpeo la puerta una sola vez.

-Abre, Lincoln, y déjate de juegos. –Golpea con más fuerza. –Basta de hacer el menso, Doc. Es hora de dormir. Si no abres, pagaras.

-Lincoln, tesoro… -Empezó a decir Lori.

Solo oían el ruido del agua.

-Lincoln, si me obligas a romper el pestillo, te aseguro que no lo olvidarlas esta noche. –Le advirtió Bobby.

-Pues romperlo. –Dijo Lori

-¿Qué?

-¿Solo hazlo?

Bobby levanto un pie y golpeo con fuerza la puerta, a la derecha del picaporte. El pestillo no era gran cosa, cedió de inmediato y la puerta se abrió, chocando contra la pared de azulejos.

-¡Lincoln! –Exclamaron Bobby y Lori.

El agua corría con fuerza en el lavabo. En la repisa había un tubo de pasta de dientes destapado. Lincoln estaba sentado en el borde de la bañera, con el cepillo de dientes en la mano izquierda y la boca llena de espuma de la pasta de dientes. Como si estuviera en trance, miraba fijamente el espejo del botiquín que prendía sobre el lavabo. La expresión de su rostro era de horror, y lo primero que Lori pensó fue que sufría un ataque epiléptico, que tal vez se hubiera tragado la lengua.

-¡Lincoln!

No contesto. No emitía más que ruidos guturales. Bobby se arrodillaba frente al niño.

-Lincoln –Le dijo. ¡Linky! ¡Doc! –Repitió, haciendo chasquear los dedos ante los ojos inexpresivos del chico que pronto se volvieron blancos por completo.

-Sí, claro –Balbuceo Lincoln. –Es un torneo. Mazazo. Nurr…

-Ah, Lincoln…

-¡Roque! –Exclamo Lincoln, con voz profunda, casi viril. – ¡Roque! ¡Mazazo! El mazo de roque… tiene dos lados…

-¡Bobby, por Dios! ¿Qué le pasa y porque tiene los ojos blancos?

Bobby aferro al niño por los codos y lo zarandeo con fuerza. La cabeza de Lincoln cayó hacia atrás y después hacia adelante, como un globo sujeto una varilla.

-¡Roque! ¡Mazazo! ¡Hacha! ¡Redrum…!

Bobby volvió a zarandearlo y los ojos del chico volvieron a la normalidad. El cepillo de dientes cayó al suelo embaldosado con un débil ruido.

-¿Qué? –Pregunto Lincoln, mirando alrededor. Vio a su padre de rodillas ante él, y a su madre parada. -¿Qué? –Repitió cada vez más alarmado. -¿Qué es lo que pasa?

En ese ínstate voltea hacia la bañera viendo cómo se encontraba un sombrero de copa frotando sobre el agua.

-¡No, no, no, no, no! –Sale corriendo del baño.

Lori y Bobby lo siguen hacia su habitación que se encontraba acostado en su cama diciendo palabras sin sentido, hasta que Lori se sentó y empezó a merecerlo, mientras intentaba calmarlo. Cuando miro a Bobby, no pudo ver en sus ojos más que preocupación.

-Lincoln. –Susurro Lori. –Lincoln, Lincoln, Lincoln. No pasa nada, Doc. Nada.

-Perdóname si los asuste.

-No tienes de que disculparte, Linky. –Bobby sentó en la cama y le meso el cabello. –Pero, ¿qué demonios paso allí dentro?

Lentamente, aturdido, Lincoln maneo la cabeza y dijo:

-No… no lo sé.

-¿Por qué cerraste la puerta por dentro, Lincoln? –Le pregunto Bobby con suavidad. -¿Por qué lo hiciste?

-Tony… Tony me dijo que lo hiciera.

Por encima de la cabeza del chico de cabello blanco, sus padres se miraron.

-¿Tony no te dijo porque, hijo? –Inquirió Bobby, en voz baja.

-Estaba lavándome los dientes con tranquilidad y pensando en el libro de lectura… pesando mucho. –Explico Lincoln. Y… y entonces vi a Tony en el espejo. Me dijo que tenía que volver a mostrarme…

-¿Quieres decir que estaba detrás de ti? –Le pregunto Lori.

-No, estaba literalmente en el espejo. –Respondió Lincoln categóricamente. –Muy adentro. Después yo también entre en el espejo. Lo único que recuerdo es que papá me sacudía y que yo pensé que había vuelto portarme mal.

Bobby se estremeció como si hubiera recibido un fuerte golpe en el estómago.

-No, Doc. –Susurró.

-¿Tony te dijo que echaras el pestillo a la puerta? –Pregunto Lori, acariciándole su cabello blanco.

-Si.

-¿Y qué quería mostrarte?

Lincoln se puso tenso en sus brazos, como si los músculos de su cuerpo fueran cuerdas de un piano.

-No lo recuerdo. –Dijo, confuso. –No lo recuerdo. No me lo pregunten. ¡No… no lo recuerdo!

-Shhh, tranquilo, Lincoln. –Susurro Lori, alarmada, y empezó nuevamente a mecerlo. –No importa que no lo recuerdes, hijo.

Finalmente Lincoln pareció tranquilizarse.

-¿Quieres que me quede un rato contigo? ¿Qué te lea un cuento?

-No. Quiero que enciendan la luz de mi lamparilla de conejo. –Miro a su padre con timidez a su padre. – ¿Quieres quedarte, papá?

-Claro, Doc.

Lori suspiro y dijo.

-Te espero en el cuarto de estar, Bobby.

-De acuerdo.

Ella se levantó y se quedó mirando como Lincoln se metía bajo las mantas. Le pareció muy pequeño y tierno.

-¿Seguro que estas bien, Lincoln?

-Sí, pero enciéndeme el conejo, mamá.

-Claro.

Lori encendió la lamparilla de noche, que mostraba un conejo comiendo una zanahoria. Lori nunca había querido tener una lamparilla de noche hasta que se mudaron al hotel Overlook, pero entonces la había pedido específicamente. Lori apago la luz de la habitación y se volvió hacia ellos. Vio la cara pálida que tenía Lincoln y la cara de Bobby, inclinado sobre él. Titubeo un momento antes de salir en silencio. "Después yo también entre al espejo", había dicho su hijo.

-¿Tienes sueño? –Pregunto Bobby, mientras le apretaba a Lincoln su cabello blanco del frente.

-Si.

-¿Quieres un poco de jugo?

-No gracias…

Durante cinco minutos reino el silencio. Lincoln seguía inmóvil bajo la mano de su padre. Pensando que el niño se durmió, Bobby estaba a punto de levantarse cuando su hijo murmuro:

-Roque…

Bobby se volvió, perplejo.

-¿Lincoln…?

-Nunca harías daño a mamá, ¿verdad?

-No. ¡De ninguna manera seria capaz de hacer daño a tu madre!

-¿Y a mí?

-¡Tampoco!

-¿Papá…?

-¿Qué?

-Tony vino y me hablo del roque.

-¿De veras, Doc? ¿Y qué te dijo?

-No me acuerdo muy bien, pero menciono que era por turnos, como el béisbol. ¿No es gracioso?

-Si –Respondió Bobby, sintiendo como el corazón se le disparaba en el pecho. -¿Cómo este niño podría saber una cosa así? El roque se jugaba por turnos, no como el beisbol, sino como el croquet.

-¿Papá? –Pregunto Lincoln, medio dormido.

-¿Qué?

¿Qué es REDRUM?

-¿REDRUM? ¿Podría ser un tambor rojo? Algo que llevaba un indio a la guerra.

-Y me podrías decir en caso que una persona es atacado por gente mala, ¿qué harías tú…? –Lincoln se quedó dormido dejando confundido a Bobby por esa pregunta.

Bobby salió de la habitación, pensando que le había pasado a su hijo y además por las preguntas. Con una sopa pensó que seré pasaría. No había error posible. Había pronunciado cada palabra con claridad. Se detuvo en el pasillo, mirando hacia atrás, e instintivamente saco un pañuelo para pasársela por los labios. Lori se acercó a la cama para arroparlo. Bobby, de pie ante la puerta, la observo mientras ella le tocaba la frente.

-¿Tiene calentura?

-No. –Lori beso la mejilla de su hijo.

-Gracias a Dios que pediste la cita con el doctor. –Murmuro Bobby cuando ella volvía a la puerta. – ¿Crees que ese doctor sea bueno?

-Fue lo que me dijeron en el mercado. Es todo lo que se. Pero si algo anda mal, iré a la casa de tu madre junto Lincoln.

-¡No!

-Por favor, se cómo te sientes –Dijo Lori.

-Lori, cuando se trata de ella, no tienes la menor idea de cómo me siento respecto a ella.

-Bobby, no hay otro lugar donde no podamos ir y tú lo sabes. Además sabes bien que me cuidar sola ya que se me defender.

-Lo sé, pero si mi padre estuviera vivo los cuidaría y eso es mejor que estar con la estúpida de mi mamá. Por cierto que sin este trabajo estaríamos pobres.

Lori asintió con la cabeza. Por supuesto que lo sabía.

-Cuando tuve la entrevista con el mapache de Ullman, me pareció que simplemente estaba exagerado, pero ya no estoy tan seguro ahora. Quizás no los dime traer a ustedes 2 aquí.

-Te amo para que sepas, y Lincoln también te quiere. –Dijo ella. –De todas formas literalmente le hubiera destrozado el corazón que lo apartarla de su padre.

-No lo plantees de esa forma.

-Si el medico dice que algo va mal, buscare trabajo en Sidewinder –Comento Lori. –Y si no encuentro anda allí, Lincoln y yo iremos a Boulder. Pero no iremos a la casa de tu madre, Bobby, de ninguna manera.

-Gracias por entenderlo. ¿Has pedio cita para los dos?

-Si.

-Dejemos la puerta del dormitorio, Lori.

-Sí, claro. Pero creo que ahora dormirá.

-Sabes, antes que Lincoln se quedara dormido. ¿Me pregunto en caso que unas personas malas lastimaran alguien que es lo que harías?

-¿En serio te pregunto eso? –Lori se quedó confundida.

-Si.

-Bueno, en mi caso yo llamaría a la policía.

-Pues yo lo que haría sería tratar de ayudar la persona y tener cuidado que los tipos malos me vean –Dijo Bobby mientras se iban.

Lo que no sabían era que Lincoln mientras se encontraba dormido como los escucho y puso una sonrisa y hablo.

-Gracias por los consejos, mamá y papá.


Bueno, después de mucho, pero mucho tiempo sin publicar nada en esta historia. Y por una obvia razón que explique en mis historia de "La vida de Leo" y "Pelando por el futuro". Solo espero que les haya gustado y no se pierdan el próximo capítulo ya que será especial.