Tendido sobre la cama del consultorio del doctor, Lincoln Torrance parecía aún más pequeño. Miraba al doctor Diaz, que en ese momento se acercaba a la cama con un aparato gris con ruedas. Haciendo que Lincoln tuviera algo curiosidad.

- ¿Qué esa cosa enorme?

-Esto niño, es un electroencefalógrafo y no hace daño para que sepas.

-Electro… ¿Qué? –Confundido.

-O simplemente EEG, para abreviar. Te voy a conectar unos cables a la cabeza… No, no te los meteré a dentro de ti si es lo que piensas, irán pegados con esparadrapo… y estos lápices que tiene la maquina registraran tus ondas cerebrales.

- ¿Cómo en el hombre que valía seis millones de dólares?

-Algo parecido. ¿Te gustaría ser como Steve Austin cuando seas mayor?

-No. –Dijo Lincoln, mientras que la enfermera empezaba a asegurarse los electrodos en varios puntos de su cráneo que previamente le habían afeitado. –Mi papá dice que si algún día sufrirá un cortocircuito y que entonces lo pasará muy mal.

-Es cierto. –Convino amablemente el doctor Diaz. -Yo también he pasado mal algunas veces. Un EEG puede decirnos muchísimas cosas sobre las personas e incluso de ti.

- ¿Cómo qué? –Pregunta Lincoln interesado.

-Como, ejemplo, si alguien epilepsia. Es un problema en el que la persona…

-Si, ya sé que es la epilepsia. –Responde Lincoln.

- ¿De veras?

-Claro, ya que había un niño en el jardín de niños donde yo iba en Velmont… que sufría de eso. Ya que un día por accidente hice que miraba un tablero de destellos haciendo que le afectara por poco cayendo al suelo.

¿Qué era eso, Lincoln? –El doctor hablaba atendiendo al aparato. En la cita empezaba a dibujarse finas líneas.

-Era algo lleno de luces de diferentes colores. Cuando uno lo encendía, algunos colores destellaban, pero no todos lo hacían. Y uno tenía que contar los colores, y si se apretaban el botón necesario, se apagaba. Brent no podía usarlo y por mi culpa le hice daño sin querer.

-Por una parte, no fue culpa tuya por qué no lo sabias y eso es porque a veces unas luces brillantes pueden causar un ataque epiléptico a las personas que tienen epilepsia.

- ¿Quiere decir que al usar el tablero de destellos a Brent casi le dio patatús por mi culpa?

Diaz y la enfermera se miraron y luego sonrieron.

-La forma decirlo no es muy bonito, pero no es exacta.

- ¿Qué? ¿Patatús?

-Si, dije que tienes razón, pero que lo correcto es decir "ataque" en vez de "patatús". Y ahora, quédate quito como una estatua.

-Bueno.

-Lincoln, cuando te pasan esas… cosas, ¿recuerdas si alguna vez has visto antes destellos de luces brillantes?

-Ah, no.

- ¿Ni has oído sonidos raros? ¿Un timbre o una canción?

-No.

- ¿Y algún olor extraño, como naranjas, serrín, o algo podrido?

-No, señor. –Se pone a pensar. "–Con la excepción de Clyde ya que huele naranjas cuando usa el Resplandor".

¿Alguna vez te sientes con ganas de desmayarte, aunque no estés triste?

-No.

-Excelente.

¿No tengo epilepsia, doctor Diaz?

-No lo creo, Lincoln. Ahora no te muevas. Ya casi terminamos con esto.

El aparato murmuro durante otros seis minutos antes que el doctor Diaz lo apagara.

-Hemos acabado, muchacho. –Dijo alegremente el doctor Diaz. –Deja que la enfermera te quite esos electrodos y después ven la otra habitación, quiero hablar un rato contigo, ¿vale?

-De acuerdo.

-Enfermera, ocúpate de hacerle la prueba de tuberculina antes de que venga.

-Está bien, doctor Diaz.

El doctor Diaz arranco la larga y ondulada tira de papel que el aparato había expulsado y se fue a la habitación de al lado, para examinarla.

-Voy a darte un pequeño pinchazo en tu brazo para que podamos estar seguros de que no tienes tuberculosis. –Le advirtió la enfermera teniendo una inyección en la mano.

-Ah, eso ya me lo hicieron el año pasado en la escuela. –Le explico Lincoln.

-Pero eso fue hace mucho tiempo y además que ahora es un niño más grande, ¿no?

-Creo que tiene razón en eso. –Extendió su brazo para recibir la inyección.

Una vez poniéndose los zapatos, paso por la puerta corrediza que daba al despacho del doctor Diaz. El doctor se encontraba sentado en el borde de su escritorio, balanceando pensativamente las piernas.

-Hola, Lincoln.

-Hola, Doc.

- ¿Te dolió la inyección?

-No. Debido que ya habían inyectando antes el año pasado.

-Me alegro. Veras estuve mirando tu EEG y me parece correcto. Pero se lo voy mandar a un amigo mío de Denver, que se gana bien la vida leyendo estas cosas. Para asegurarme, ¿sabes?

-Si, señor.

-Háblame de Tony, Lincoln.

Lincoln cambia de posición.

-Tony no es más que un amigo invisible que me invente para que me hiciera compañía en casos que estuviera solo.

Diaz rio y le puso las manos en los hombros.

-Oye, eso es lo que me dijeron tu mamá y papá. Pero lo que me digas quedara entre nosotros, chico. Soy tu doctor. Dime la verdad y prometo que no les diré nada a ellos, salvo que tú me des permiso para hacerlo.

- ¿Seguro?

- ¿Seguro? –Respondió el doctor Diaz.

Lincoln guardo silencio unos segundos, miro a Diaz y con un pequeño esfuerzo de concentración intento captar sus pensamientos o por lo menos su estado de ánimo. De pronto, en su cabeza se formó una imagen extrañamente tranquilizante: un archivador, cuyas puertas se cerraban una tras otra, trabándose con un pequeño clic. Escrito en las etiquetas, en el centro de cada puerta, se podría leer: "A-C, secretos; D-G, SECRETO…" y así sucesivamente. Lincoln se sintió un poco más tranquilo y puso una sonrisa.

- "¡Vaya! Quien diría que podría hacer eso con el Resplandor. ¿De seguro debe ser otra habilidad?" –Dijo pensando, para luego proceder a hablar. –No sé quién es Tony y no sé de dónde viene. –Repuso cautelosamente.

¿Tiene tu edad?

-No, por lo menos creo que tiene 11 años. Ya que no estoy seguro. Tal vez tenga la suficiente edad para manejar un automóvil.

- ¿Y siempre viene antes de que piernas el conocimiento?

-Bueno, no es que pierda el conocimiento. En realidad, es como si me fuera con él, y él me enseña las cosas que tengo que ver.

- ¿Qué clase de cosas?

-Bueno…

Por ese momento, Lincoln dudo y después le conto a Diaz sobre el baúl con los manos escritos de su padre y como los mozos no lo habían extraviado en el viaje de Vermont a Colorado. Durante todo el tiempo había estado allí abajo en el sótano. También de la vez que había dicho que sus padres lo iban llevar al parque de diversiones de Lactolandia para su cumpleaños.

- ¿Y tu papá lo pudo encontrar en donde Tony se dijo que estaría?

-Si, doctor. Solo que Tony no me lo dijo, el me lo había mostrado. En cuanto lo del parque de diversiones de Lactolandia, el simplemente me lo dijo mostrándome el parque de diversiones enfrente de mí.

-Comprendo. Lincoln, ¿qué te mostro Tony anoche cuando te encerraste en el baño?

-No lo recuerdo. –Respondió rápidamente.

- ¿Estás seguro?

-Si. Totalmente seguro.

-Hace un momento dijiste que cerraste la puerta del lavado, pero no era así, ¿verdad? TONY cerró la puerta.

-No, doctor. Tony no podría cerrar la puerta porque él no es real. Pero quería que yo lo hiciera y lo hice. La cerré con el seguro.

- ¿Tony te muestra siempre donde están las cosas que van a suceder?

-No, doctor. A veces me muestra cosas que van a suceder.

- ¿De veras? ¿Qué más te muestra?

El niño de cabello blanco frunció el entrecejo.

-Letreros. Siempre me enseña unos letreros viejos y tontos. Casi nunca puedo leerlos.

- ¿Por qué crees que Tony lo hace eso, Lincoln?

-No tengo idea. –Su cara se ilumino y alegro. –Pero mi papá y mamá están enseñándome a leer y yo me estoy esforzando lo máximo.

-Para leer los letreros de Tony.

-Bueno, en realidad quiero aprender para ser alguien más inteligente. Pero también es por eso, claro.

- ¿A ti te gusta Tony?

Sin decir nada, Lincoln se quedó mirando el suelo embaldosado.

- ¿Lincoln?

-Es difícil explicar. –Respondido al fin. –Solía gustarme, ya que me gustaba que viniera todos los días mostrándome cosas buenas y en especial desde que mamá y papá ya no piensan más en el divorcio. Pero ahora cada vez que viene me muestra cosas malas, cosas horribles y feas. Como anoche en el baño.

- ¿Qué cosas?

- ¡No me acuerdo! –Exclamo. -¡Si pudiera, se lo diría! Es como si no lo recordara porque esas cosas son tan malas que no quiero recordarlas jamás. Lo único que recuerdo al despertar es REDRUM.

-Redrum… Red Rum… Red run… ¿Tambor rojo o ron rojo?

-Ron

- ¿Y eso que es, Lincoln?

-No lo sé.

¿Lincoln?

¿Si, doctor?

¿Puedes hacer que Tony venga ahora?

-No lo sé. No siempre viene. Ni siquiera sé si yo quiero que siga viniendo.

-Inténtalo, Lincoln. Yo estaré contigo.

Lincoln lo miro, indeciso, y el doctor Diaz le hizo un gesto de asentamiento, alentándolo. El chico de cabello blanco dejo escapar un largo suspiro.

-Bien, pero si no resulta. Entonces ya ni modo ya que usualmente Tony viene cuando estoy solo.

Lincoln bajo la vista hacia los mocasines del doctor Diaz, que se balanceaban lentamente, y se orientó mentalmente hacia el exterior, hacia su madre y padre, que estaban allí, por alguna parte… al otro lado de aquella pared en donde estaba un cuadro, en la sala de espera donde habían estado tres horas. Los vio sentados, uno junto a otro, pero sin hablar, hojeando revistas, preocupados por él. Hasta que comenzó escuchar los pensamientos de su madre.

- "Jamás me volvió a estar más preocupado desde que mi hermana menor murió atropellado haya en Somersworth de New Hampshire por haber ido tras la pelota".

- "Ni sabía que mamá tenía una hermana menor y que haya muerto de esa manera". –Dijo Lincoln por lo que escucho su madre.

Pero Tony no estaba. Hasta que se desvaneció todo a Lincoln siguiéndole la oscuridad, a tropezones, cayendo por un agujero mágico abierto entre los mocasines del doctor Diaz, paso junto a un fuerte ruido de golpes, después junto a una bañera que flotaba sangre junto algo horrible, se internó lentamente en la oscuridad, oyó un sonido lo que parecía ser un carrillón de una iglesia, y un reloj bajo una campana de cristal. Tras una débil luz, preforo las tinieblas. El resplandor dejaba ver un suelo de piedra, de aspecto húmedo, desagradable. Por alguna parte, no muy lejos, se oía un ruido continuo, una especie de rugido mecánico, aunque amortiguado, algo que no daba miedo. Eso era lo que olvidaría, pensó con onírica sorpresa. A medida que sus ojos se acostumbraban al resplandor, alcanzo a ver a Tony delante de él. Su "amigo invisible" estaba mirando algo y Lincoln se esforzó por ver que era.

-Tu padre… ¿Ves a tu papá?

-Si.

Claro que lo veía. ¿Cómo podía haber dejado de verlo, aunque fuera con la débil luz del sótano? Su padre estaba de rodillas en el suelo, iluminado con una linterna varias cajas de cartón y viejos cajones de madera con una cara de estar interesado. Las cajas también eran viejas, algunas de habían despanzurrado y los papeles que contenían se desparramaban en el suelo. Periódicos, libros, papeles impresos que eran facturas… Después levanto la mirada y enfoco la linterna en otra dirección. El rayo de luz señalo otro libro, uno grande y blanco, atado con un cordón dorado. La tapa parecía de cuero blanco. Era un libro de recortes.

-Muy mala idea.

- ¡Papá! ¡No vayas a recoger ese libro malo!

-No te puede escuchar. –Le dijo Tony.

Pero su padre ya se encaminaba hacia él. El rugido mecánico, que finalmente pudo reconocer Danny era la caldera del hotel Overlook, que su papá comprobaba tres o cuatro veces por día, había cobrado un amenazador ritmo. Empezó a sonar como… como un latido. Y el olor a humedad y moho, de papel podrido, también estaba convirtiéndose en otra cosa… en el penetrarte aroma de enebro de la "cosa mala". Algo que rodeaba a su padre, mientras este tendía la mano hacia el libro… y la cogía

Tony estaba por allí, en la oscuridad, repitiendo una y otra vez las mismas palabras incomprensibles.

-Este lugar inhumano hace monstruos inhumanos.

De nuevo cayo la oscuridad, acompañado ahora del sordo trueno palpitante, que ya no era la caldera, sino el ruido de un mazo de roque golpeando paredes para después escucharse hachazos de un hacha también golpeando las paredes revestidas de papel sedoso oyendo que alguien decía.

- ¡Sal de una vez, y ven a tomar tu medicina!

-Por cierto. –Aparece de repente Tony enfrente de él. –Ten cuidado con los vampiros. –Para después desaparecer, viendo como la pared se rompía saliendo de allí un mazo de roque.

Con un jadeo que resonó en toda la cabeza, Lincoln se arrancó de la oscuridad. Primero trato de escapar de las manos que lo sujetaban, creyendo que la bestia oscura que moraba en el hotel Overlook del mundo de Tony. Pero después vio que era el doctor Diaz.

-Está bien, Lincoln. Está bien. Todo está perfecto.

- ¿Qué paso?

-Dijiste algo de monstruos, Lincoln… ¿Qué era?

-Este lugar inhumano –Respondió el con voz natural. –Tony me dijo… este lugar inhumano…hace… hace… -Movió la cabeza. –¡Y ya se me olvido!

-Inténtalo otra vez.

-No puedo.

- ¿Vino Tony?

-Si.

- ¿Qué mostro?

-Algo oscuro, palpitante. Y no lo recuerdo.

¿Dónde estaba?

- ¡Ya es suficiente! ¡No lo recuerdo! ¡Okey! ¡Déjeme en paz! –Estando ahora enojado.

El doctor Diaz fue hacia el refrigerador y le llevo un vaso de agua. Lincoln se lo bebió y el médico le ofreció otro.

- ¿Estas mejor?

-Si.

-Danny, no quiero fastidiarte con esto, pero ¿no recuerdas nada antes de que viniera Tony?

-Mi mamá… –Masculló. –Está preocupada por mí.

-Como todas las madres, muchacho.

-No… Ella tenía una hermana menor que murió cuando era pequeña. Mi mamá pensaba que a su hermana menor la atropello un auto y que eso la dejo a ella preocupándose por mí. No recuerdo nada más.

El doctor Diaz lo miraba atentamente.

- ¿Ahora mismo ella estaba pesando en eso? ¿Ahí afuera, en la sala de espera?

-Si, doctor.

-Lincoln, ¿cómo puedes saberlo?

-No lo sé. –Repuso en voz baja. –Tal vez sea el Resplandor.

- ¿El que?

Danny escupió el agua dándose cuenta lo que dijo para después negar lentamente con la cabeza.

-Sabe que, estoy muy cansado. ¿No puedo ir a ver a mamá y a papá? No quiero contestar más preguntas. Estoy cansando y me duele el estómago.

- ¿Tienes náuseas?

-No, doctor. Solo quiero ver a mi mamá y papá.

-Está bien, Lincoln. Ve un momento con ellos. Y después diles que vengan. –El doctor Diaz se levantó. –Quiero hablar un momento con tus padres. ¿De acuerdo?

-Si, doctor.

-Ahí afuera tienes libros para mirar. A ti te gustan los libros, ¿no?

-Si. –Respondió Lincoln.

-Eres un buen chico, Lincoln.

Lincoln se despidió con una leve sonrisa.

Mas Tarde.

-Pues no me parece que haya un ningún problema físico. –Explica el doctor Diaz al matrimonio Torrance. –Es un niño inteligente, aunque demasiado imaginativo. A veces los niños tienen que crecer en su imaginación como dentro de un par de unos zapatos demasiados grandes. La imaginación de Lincoln es, en cierto modo, demasiado grande para el mismo. ¿Nunca le hicieron el test de CI?

-Meh, no creo en esas cosas estúpidas. –Repulso Bobby. –No son más que una camisa de fuerza para las esperanzas de los padres y maestros.

-Es posible. –Asintió el doctor Diaz. –Pero si le hicieran ese test, creo que se descubría que se aleja de las cifras normales para su grupo de edad. Para un niño de su edad, su capacidad verbal es sorpréndete alta.

-Pues nosotros jamás le hablamos como un bebé. –Dijo Bobby con cierto orgullo.

-Dudo que alguna vez lo hayan necesitado para hacerse entender. Mientras estaba con él, entro en una especie de trance… a petición mía. Fue exactamente como ustedes lo describieron anoche en el baño. Todos los músculos se le relajaron, con el cuerpo caído hacia adelante y los ojos se le pusieron totalmente blancos. La autohipnosis clásica de los libros de texto. Me quede atónito y sigo estándolo.

Los Torrance se inquietaron de inmediato.

- ¿Qué sucedió? –Pregunto Lori.

Diaz les relato lo ocurrido, el trance de Lincoln, la frase que había mascullado y de la cual Diaz no había entendido más que las palabras "monstruos", "oscuridad", "latido", "vampiros". Su enojo y el dolor de estómago.

-Otra vez Tony.

-Que significa eso? ¿Tiene alguna idea? –Inquirió Lori.

-Algunas, pero tal vez no les gusten.

-No importan. –Dijo Bobby.

-Por lo que Lincoln me dijo, su "amigo invisible" era verdaderamente un amigo hasta que se mudaron desde su antigua casa. A partir de la mudanza, Tony se ha convertido en una figura amenazadora, los contactos placenteros han pasado a ser pesadillas, que para él son mucho más aterradoras porque no puede recordar exactamente a que se refieren. Eso es bastante común. Todos recordamos con mayor claridad los sueños agradables que los que nos asustan. Parece que en algún rincón entre lo cociente y lo subconsciente hubiera un catalizador, donde viviera un puritano de mil demonios, un censor que solo deja pasar muy rápido poco. Y frecuentemente lo que consiente no es más que simbólico. Todo esto es Freud supersimplificado, pero describe bastante bien lo que sabemos de la interacción de la mente consigo misma.

- ¿Cree que la mudanza haya trastornado a Lincoln? –Pregunto Lori.

-Puede ser posible, si se produjo en circunstancias traumáticas. –Preciso Diaz. – ¿Fue así?

Lori y Bobby intercambiaron una mirada.

-Vera, doctor Diaz. Yo solía ser profesor en una escuela preparatoria. –Explico lentamente Bobby. –Y me quedé sin trabajo debido a un problema que tuve con un alumno lo que me provoco que me despidieran.

-Ya veo. Me temo que hay otras cosas que pueden ser dolorosas para ustedes. Al parecer, el niño cree que en algún momento ustedes pensaron seriamente en divorciarse. Lo dijo modo casual, pero solo porque cree que ya no consideraban esa posibilidad.

Bobby abrió la boca para después caer de espalda de la silla y Lori dio un respingo, como si la hubieran abofeteado. Su rostro palideció.

- ¡Pero si literalmente jamás hablamos de eso! –Exclamo. –No solo delante de él, ¡Sino que jamás tampoco entre nosotros!

-Creo que es mejor que lo sepa todo, doctor. –Dijo Bobby levantándose y volviéndose a sentarse. –Poco después del nacimiento de Lincoln, caí en una etapa de alcoholismo. Durante mi época de universitario había tenido un problema con la bebida que se suavizó un poco después de haber conocido a Lori y empeoró más que nunca tras el nacimiento de Lincoln. Por aquel entonces, la escritura, actividad que considero mi verdadero trabajo, por cierto, se me hacía difícil. Cuando Lincoln solía ser más pequeño, derramo una lata de cerveza sobre los papeles con que estaba trabajando… o con lo que estaba perdiendo el tiempo. Bueno… ¡Al carajo! –Se le quebró la voz, pero los ojos, secos, no evitaron la mirada del doctor. –Que horrible parece decirlo. Cuando termine de limpiar la cerveza me di cuenta que me faltaba unas hojas hasta que vi Lincoln en las escaleras deletreando haciendo que molestara acercándome para regáñalo y para después… Ah, como odio decir esto. Lo empuje haciendo que se cayera de las escaleras provocando que se le rompiera el brazo. Paso tres meses después deje de beber, y no he vuelto a hacerlo desde entonces.

-Ya entiendo. –Asistió Diaz, con voz queda. –Naturalmente vi que había habido una factura. Soldó muy bien. –Se aparto de la mesa y cruzo las piernas. –Es evidente que desde entonces no ha vuelto a sufrir daño alguno.

-Por supuesto. –Intervino acaloradamente Lori. –Bobby no tuvo intención…

-No, Lori. –La interrumpió. –Si que tuve intención. Creo que dentro de mi tenía esas ganas de hacerle daño. O algo peor. –Volvió a mirar a Diaz. – ¿Sabe una cosa, doctor? Esta es la primera vez que entre nosotros se dicen las palabras divorcio, alcoholismo, y malos tratos de niño. Las tres en cinco minutos.

-Es posible que eso este en la raíz del problema. –Dijo Diaz. –Y no soy psiquiatría, pero si ustedes quieren que Lincoln vea un psiquiatría infantil, puedo recomendarles uno muy bueno que trabaja en el Centro Médico de Boulder. Sin embargo, estoy bastante seguro de mi diagnóstico. Lincoln es un chico inteligente, imaginativo y sensible. No creo que sus problemas matrimoniales lo hayan perturbado tanto como creen. Los niños son grandes conformistas. No entienden que es la vergüenza, tu necesidad de ocultar cosas.

Bobby se miraba las manos. Lori le tomo una y se la apretó.

-Pero el niño intuía que algunas cosas iban mal. Entre ellas, desde su punto de vista, lo principal no era el brazo roto, sino el vínculo roto, o en el peligro de romperse, entre ustedes dos. El menciono el divorcio, pero no el brazo roto. Cuando mi enfermera se lo recordó, se limitó a encogerse de hombro. Para él no era una cosa importante.

-Pero que niño. –Murmullo Bobby, con las mandíbulas apretadas, y los músculos de las mejillas en tensión. –No nos merecemos.

-De todas formas, lo tienen. –Resumió Diaz. –Y, en cualquier caso, él de vez en cuando se retrae en sus pensamientos de fantasía. Y seguramente ustedes entienden por qué el amigo invisible de Lincoln se llama Tony, y no Mike, Hal o Dutch.

-Si. –Contesto Lori.

-No. –Respondió Bobby. – ¿Deberíamos hacerlo?

- ¿Por qué preocuparse? Dejen que él se dé cuenta en su momento, usando su propia lógica. Fíjense en que las fantasías de Lincoln son considerablemente más profundas que las acompañan de ordinario síndrome del amigo invisible, pero la necesidad que él sentía de Tony también era más intensa. Tony venia y le mostraba cosas agradables, a veces, sorprendentes, pero simplemente buenas. El me conto que una vez Tony le mostro donde estaba el baúl que había perdido su padre… En otra ocasión le mostro que para su cumpleaños mamá y papá iban llevarlo a un parque de diversiones.

- ¡A Lactolandia! –Exclamaron ambos.

-A lo que lo dice se me hizo sorprendente que Lincoln haya sabido que lo íbamos llevar allí para su cumpleaños sin que se lo dijéramos y más que hace tiempo se lo habíamos prometido cuando un comercial de ese parque en la televisión.

-Pero el único problema que teníamos era que no teníamos suficiente dinero para llevarlo hasta que escribí una pequeña historia para una revista que pago dándome un cheque de 50 dólares que lo gastamos para ese día del parque. Pero también me asombro que haya sabido que mi baúl estaba debajo de las escaleras.

Bobby y Lori se miraron y sonrieron, atónitos al ver lo fácil que era. Esos "aciertos misteriosos" que solía tener Lincoln eran otras cosas de las que no habían hablado mucho.

-Solo falta que me diga que es capaz de levitar. El propio Lincoln me dijo que muchas veces Tony cosas que después no ocurrían. Son visiones basadas en un fallo perfectivo. Lincoln hace inconscientemente lo que los "místicos" y "videntes" hacen coincidencia y con todo cinismo. Me parece admirable. Si la vida no lo obligara a retraer las antenas, creo que será un hombre estupendo.

Lori hizo en gesto de asentimiento, porque naturalmente pensaba que Lincoln sería un gran hombre estupendo, aunque dudaba de la explicación del doctor. Ya que recordó la vez que Lincoln encontraba botones perdidos, le decía a Lori que tal vez la guía de la televisión debajo de la cama, o que le parecía mejor llevar un paraguas a la escuela, aunque fuera un día soleado… para luego regresar a casa caminando baja una lluvia fuerte protegidos con el paraguas. Diaz no sabía saber de qué forma tan extraña Lincoln se daba cuenta a los deseos de ambos. Si excepcionalmente una tarde Lori decidía preparase una taza de té, en la cocina encontraba una taza preparada con una bolsita de té dentro. Cuando pensaba que tenía que devolver los libros de la biblioteca, se los encontraba apilados en la mesa, coronada la tarjeta de lectora, o si a Bobby se le ocurría lavar el Volkswagen, se encontraba a Lincoln escuchando con una radio de galena mientras esperaba, sentado al borde de la acera, para verlo trabajar.

- ¿Y por qué ahora tiene pesadillas? ¿Por qué Tony le dijo que echara el pestillo a la puerta del baño?

-Creo que Tony ha sobrevivido a su utilidad. –Respondió Diaz. –Verán, Tony nació en un momento en que usted y su marido se esforzaban por mantener unida la pareja. Su esposo bebía demasiado, sucedió el incidente del brazo, y el silencio amenazador que reinaba entre ustedes. Pero las cosas han cambiado. –Resumió Diaz. –Ustedes saben que entre los niños las conductas esquizoides son algo bastante común. Y se les acepta, porque en nosotros, los adultos, rige el acuerdo táctico de que los niños son lunáticos. Tienen amigos invisibles. Cuando están deprimidos, pueden esconderse en el almario para aislarse del mundo. Asignan el valor de talismán a una manta, un osito o un tigre de trapo. Se chupan el dedo pulgar.

-Ósea con el tiempo se le pasara. –Apunto Bobby.

Exacto. –Prosiguió Diaz. –Pues bien, sospecho que Lincoln estaba en exente situación para desarrollar una psicosis con toda las de la ley. Una vida familiar desdichada, mucha imaginación, el amigo invisible, que para él era tan real que casi se hizo real para ustedes… En lugar de "pasársele esa esquizofrenia infantil", Lincoln podría haberse pasando a ella.

- ¿Y terminar siendo autista?

-Tal vez, pero no necesariamente. Podría haberse limitado a entrar en el mundo de Tony y no haber regresado a lo que él llama "las cosas reales".

- ¡Dios! –Suspiro Bobby.

-Pero ahora la situación básica ha cambiado drásticamente. El señor Torrance ya no bebe. Están en un lugar nuevo, donde las condiciones obligan a los tres a estrechar más que nunca la unidad familiar.

-Si. –Respondió Lori, y Bobby le apretó con fuerza la mano.

El doctor Diaz hizo un gesto de asentamiento.

-Como les dije, no soy psiquiatría. Si en primavera las pesadillas continúan, cuando termine su trabajo en el hotel Overlook, señor Torrance, les insistirá en que lo que llevaran a ver al especialista de Boulder.

-Así lo hare.

-Muy bien, vamos a decirle que puede ir a casa. –Propuso Diaz.

-Quiero darle las gracias. –Dijo Bobby. –Me siento mejor respecto a todo este asunto de lo que me había sentido en mucho tiempo.

-Yo también. –Agrego Lori.

Ya en la puerta, Diaz se detuvo a mirarla.

-Señora Torrance, ¿tuvo o tiene una hermana menor?

Lori lo miro sorprendida.

-Si, la tuve. Murió cerca de la casa, en Somersworth, de New Hampshire, cuando ella tenía seis años y yo diez. Bajo corriendo a la calle, tras una pelota, y la atropello un camión.

- ¿Lincoln lo sabe?

-No lo sé… Creo que no.

-Él dice que usted estuvo pensando en ella mientras estaba en la sala de espera.

-Es así. –Develo Lori lentamente. –Por primera vez en… ¡Oh, no sé cuánto tiempo!

-La palabra "redrum", ¿significa algo para ustedes?

Lori maneo la cabeza, pero Bobby contesto.

-Anoche antes de dormirse, menciono esa palabra, Tambor rojo.

-No, ron. –Rectifico Diaz. –En eso fue muy categórico. Rum, como en la bebida… alcohólica.

-Pues encaja, ¿no? –Balbuceo Bobby, y saco el pañuelo del bolsillo trasero para pasárselo por los labios.

- "El Resplandor…" ¿Han oído hablar de ello?

Esta vez, los dos negaron con la cabeza.

-Bien, supongo que no importa. –Diaz abrió la puerta que daba a la sala de espera. –Que tengan un lindo día. Llámame si tienen algún problema.

-Si. –A lo que los dos salían.

-Aunque no lo creo. –Concluyo Diaz, sonriendo.

Bobby y Lori se encontraron con Lincoln mirando un libro de forma tranquila estando con una cara de serio, hasta que levanto la vista viendo a sus padres poniendo una sonrisa.

- ¡Hola, papá! ¡Hola, mamá! –Lincoln se levanto y dejo en la mesa el libro que había estado hojeando mientras leía trabajadoramente en voz baja las palabras que conocía. Acercándose para ser cargado por su padre.

- ¿Qué estabas haciendo mientras hablamos con el doctor Diaz?

-Nada, solo leyendo un libro interesante. –Dijo Lincoln.

-Entonces salgamos de este consultorio para regresar al hotel Overlook en Vanzilla.

- ¿Tu crees que la camioneta tiene suficiente gasolina para regresar al hotel? –Pregunta Lori a su esposo.

-Bueno, le queda la mitad. –Bajando a Lincoln. –Pero creo que con eso será suficiente para llegar al hotel Overlook.

Ya afuera del consultorio médico, los tres caminan tranquilamente hacia Vanzilla que se encuentra estaciona. Esta que el fuerte viento que había a esa hora, trajo volando un pedazo de papel que se le pega a la cara de Lincoln dándose cuenta sus padres.

-Espera, Doc. Yo te quitare ese papel de la cara.

-No, papá. Yo me lo puedo quitar solo –Quitándose el papel de la cara para después míralo llevándose una gran sorpresa que le resalto los ojos.

Lo que tenia en sus manos era letrero de búsqueda de la policía de Sidewinder de un niño desaparecido hasta que su mente le vino esos horribles recuerdos de ayer a noche cuando había usado esa nueva habilidad de su don especial viendo como esas personas lo apuñalaban de forma sanguinaria escuchando los gritos de sufrimiento de ese niño hasta ver ese automóvil morado donde salió esa chica del sombrero de copa.

- ¡Lincoln! –Le grito Lori haciendo que reaccione. – ¿Estas bien, Linky?

- ¿Qué es lo que tienes ese papel que tienes en la mano? –Hasta que Lincoln lo suelta dejándolo irse otra vez con la brisa del viento.

-Nada importante. –Respondió con un tono poco fría. –Solo era un dibujo de frutas con números. –Volviendo a caminar, dejando confundidos y preocupados a sus padres.

Ya estando en la camioneta del hotel. Lincoln estaba sentado en la parte de alejada de la camioneta mientras veía como su padre encendía la camioneta, para luego pararse viendo por la ventana de atrás como el doctor Diaz salía del consultorio a tomarse una botella de agua. A lo que Lincoln pone una sonrisa seria a lo que se empieza concentrarse.

- "Sabe doctor Diaz, no fue buena idea hablares de esos temas malos a mis padres y aparte que todo lo dijo está totalmente equivocado".

Vio como el doctor Diaz escupe el agua de su boca teniendo estando sorprendido con los ojos resaltados haciendo que Lincoln empezara a reírse un poco en voz baja a lo que la camioneta empezaba avanzar hacia la calle.

-Solo espero que esto no moleste a Clyde por que acabo de hacer.


Bueno, luego de un, ¡Año entero!, sin subir nada de esta historia que de seguro se pensaran que lo abre dejado llenándose de polvo y telarañas como otras dos historias. Deben saber que escribir una historia basada en unas de las historias del gran Stephen King no esta tarea fácil, sin olvidar que este fue una mis primeras historias que escribí cuando solía ser un escritor novato, el poco tiempo que tengo por culpa de la escuela y aparte como ahora como tengo otras historias de la cuales me debo ocupar.

Pero les puedo prometer que esta historia no esta muerta, pero eso implicaría que me vaya a tardar un buen tiempo en publicar un nuevo capítulo.

Solo espero que les haya gustado este nuevo capítulo mis lectores y también quiero mandar un saludo a mi compadre, J0nas Nagera. Que de seguro también esperabas un nuevo capitulo de esta historia.