Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 24
POV Bella
Permanecemos sentados en la sala de espera durante lo que parece ser una eternidad. Estamos inquietos y exhaustos a la vez.
Todos están cansados. Atrapados en el limbo mientras esperamos para saber exactamente qué está pasando. Todo lo que sabemos es que hubo sangrado interno y tuvieron que operarlo. El equipo que asignaron para salvar la vida de Edward tiene confianza en que todo saldrá bien. Tuvo suerte, es lo que dicen. Eso le brinda alivio a su familia, pero yo no me permito tener esperanza falsa. No les creeré hasta que pueda ver a Edward con mis propios ojos.
Rose duerme en ratos. Emmett camina de un lado a otro. Esme tiene llamadas en susurros con familiares para mantenerlos al tanto. Y Carlisle permanece sentado de forma estoica, a veces con la espalda bien recta. A veces encorvado, con los codos en las rodillas, la cabeza en sus manos. En cierto momento lo escucho rezar en voz baja y me disculpo para ir al baño a llorar. No sé si son religiosos, pero si alguna vez hubo un momento para rezar, sería ahora.
Así que también lo intento. Sentada en el cubículo del baño, con pañuelos hechos puño en mis manos, ojos hinchados y rojos. Hago tratos en silencio con un dios en el que no creo, y espero que eso sea suficiente.
XXX
Es hasta la tarde cuando mueven a Edward a una habitación para recuperación, pero no es hasta casi llegada la noche cuando al fin está lo suficientemente despierto para recibir visitas. Esme y Carlisle van a verlo primero, mientras yo me quedo con Rose y Emmett en la cafetería. Ha pasado más de una hora y siguen con él.
Emmett regresa de la máquina expendedora con una bolsa de Doritos y galletas de crema de cacahuate. Abre ambas cosas y nos ofrece a Rose y a mí, pero ambas nos negamos.
No puedo pensar en comida. No puedo pensar en nada más que el hombre roto al final del pasillo.
Mi celular vibra al recibir un mensaje.
Ben: ¿Sigues en el hospital?
Ben me llamó temprano en la mañana al despertar solo. No alcancé a contestar su primera llamada, y cuando le regresé la llamada y le conté rápidamente todo lo que podía sobre lo que había pasado, se sintió confundido y furioso conmigo. No había anticipado que se enojaría por haberme ido, considerando las circunstancias. Discutimos por unos minutos, al final me mantuve firme y expresé que quería quedarme en el hospital hasta que supiera que Edward estaría bien. Terminamos la llamada con un ambiente extremadamente difícil, así que me sorprende que me esté hablando justo ahora.
Bella: Sí, sigo aquí. ¿Cómo te sientes?
Ben: Muy de mierda, en realidad. Mi novia lleva todo el día más preocupada por su ex. Gracias por preguntar.
Bella: Deja de hacerme sentir culpable, por favor. Te dije que lo lamento. No debí haberme ido sin avisarte.
Ben: No es por eso por lo que quiero que te disculpes.
Si quiere que me disculpe por estar aquí para empezar, no puedo hacerlo. Estaría mintiendo. Este es el único lugar en el que quiero estar.
Ben: ¿Lo vas a ver?
Bella: No sé. Sus padres están con él justo ahora.
Quiero verlo, pero no estoy segura de si podré. Aunque ciertamente no le voy a decir esto a Ben.
Ben: Bien. ¿Puedo ir contigo cuando regreses a casa? Creo que necesitamos hablar.
Empiezo a contestar, pero me detengo al ver a Esme y Carlisle regresar tomados de la mano. Esme tiene los ojos rojos y Carlisle se ve todavía más exhausto que antes.
—¿Cómo está? —Rose pregunta lo que todos estamos desesperados por saber.
—Cansado. Un poco desorientado por la anestesia. Pero eventualmente estará bien —responde Esme con un tremor en su voz—. Gracias a Dios.
Emmett se pone de pie junto a la mesa.
—¿Puedo ir a verlo?
Carlisle y Esme intercambian una mirada, sus ojos se posan en mí.
—Sí, pero está preguntando por Bella —dice Carlisle con cautela, con su mirada clavada en la mía.
No sé si le dijeron que estoy aquí o si lo asumió, pero tampoco pregunto.
Carlisle suspira pesadamente.
—Entiendo si no quieres…
—Sí quiero. Quiero verlo —digo sin dudar, pero me volteo hacia Em—. Pero puedes ir primero a verlo.
Emmett niega con la cabeza.
—No. Ve tú.
—Tú eres su hermano —murmuro, sintiéndome culpable porque Edward haya preguntado por mí.
—Sí, pero tú eres su Bella —responde Em, y mis ojos escocen con lágrimas sin derramar.
Esme me aprieta suavemente el hombro y me dice en cuál habitación se encuentra. Rose y Emmett se ofrecen a acompañarme, pero les digo que no. No confío en que no me romperé antes o después de verlo, y no necesito que nadie más presencie eso.
Salgo de la cafetería y avanzo por los silenciosos pasillos. Me pierdo en mis pensamientos, ansiosa por el estado en el que él se encontrará. Cuando me vuelvo a enfocar en el sitio a donde voy, me doy cuenta de que me equivoqué al voltear en una esquina, así que regreso hasta que al fin me encuentro parada fuera de su habitación.
La puerta está entreabierta así que, respirando profundamente, entro. Y él está ahí acostado. Con una bata de hospital azul pálido. Ojos cerrados. La cama está lo suficientemente elevada para que él quede en una ligera posición erguido. Hay máquinas conectadas a él que monitorean su corazón. Tiene la pierna derecha elevada y envuelta en una venda beige que sube hasta su rodilla. También tiene envuelta la muñeca izquierda.
Mientras sus ojos siguen cerrados, me acerco un poco más, hasta que puedo ver cada cortada y moretón y raspón en su rostro. Hasta que está tan cerca que podría tocarlo si quisiera, pero no lo hago porque tengo miedo. Se ve tan frágil y cansado, y eso me rompe el puto corazón.
Es abrumador el verlo así. Una parte de mí quiere darse la vuelta y salir. La otra parte quiere subirse a la cama y abrazarlo. Arreglar esto y rogarle que ya no se vuelva a lastimar así.
Me tapo la boca para contener el sollozo que amenaza con escapar, y debe sentir mi presencia porque sus ojos se abren parpadeando lentamente. Ninguno de los dos dice ni una sola palabra. Solo nos miramos, ambas miradas llorosas y llenas de dolor.
—Bella —dice al fin. No suena a sí mismo, su voz ronca y extraña—. Hola.
Hola.
Como si no estuviera en el jodido hospital. Como si no se hubiera casi matado.
Intento tragarme mis emociones, pero no tiene caso. Mis lágrimas salen con demasiada rapidez para fingir que no me siento devastada. Me encuentro atrapada en un lugar tan raro, abrumada con alivio, pero enojada más allá de lo posible. ¿Cómo se atreve a hacerse esto? ¿Cómo se atreve a no tener ninguna consideración por su familia o por mí? ¿Cómo carajos se atreve a pasar el último año consumiéndose, sin siquiera importarle que nos estaba decepcionando a todos?
Mis pensamientos se detienen de golpe cuando deja caer la cabeza y empieza a llorar abiertamente. De forma ruidosa y cruda y me sorprende, deteniendo mis propias lágrimas. Y me equivoqué antes. Verlo vulnerable y destrozado de esta manera es lo que verdaderamente me rompe el corazón.
—Edward —digo con voz ahogada, y la urgencia de ayudarlo también llega con una nueva comprensión al pensar que tal vez se lo permitimos y nos hicimos de la vista gorda. Pudimos habernos esforzado más en buscarle ayuda. Hacerlo darse cuenta de que lo necesitaba. No hay culpables aquí, pero esto no fue solo su responsabilidad. No lo fue. No pudo serlo.
—La cagué —murmura, la culpa y la vergüenza se notan en su expresión. Sigue llorando, sollozos fuertes que lo hacen sacudirse, y sin pensarlo mucho, me siento en la orilla de la cama y lo envuelvo cuidadosamente en un abrazo. No mueve el torso, pero me rodea la espalda con su brazo que no está herido. Sisea, tal vez a causa del dolor, pero de todas formas se aferra a mí tanto como le es posible. Entierra la cara en mi cuello. Llora más y con más fuerza cuando está en mis brazos, siento sus lágrimas calientes en mi piel. Murmura disculpas, una y otra vez. Y yo solo lo abrazo, dándole este momento. Lo abrazo y lloro con él y lo amo porque nunca dejé de hacerlo por completo.
Después de unos minutos llega una enfermera a tomarle los signos vitales y nos vemos obligados a separarnos. Me aparto de la cama y la dejo hacer lo suyo. Es platicadora, pero ambos permanecemos en silencio y sombríos. Edward ya no me mira. Cuando ella se va, él se pasa una mano por la boca y gira la cabeza a un lado, alejándose de mí, como si le avergonzara haberse desmoronado por completo.
—La anestesia y los analgésicos me uh… —Solloza y carraspea—. Estoy hecho un jodido desastre.
—Está bien —susurro, porque no tiene que justificarse ni justificar lo que siente justo ahora.
—No está bien. Nada de esto lo está.
Tiene razón, y me veo dividida entre querer consolarlo y regañarlo.
—Estoy tan… —Se me rompe la voz y posa su mirada otra vez en mí—. Estoy tan agradecida de que sigas con vida. Pero me siento tan, tan increíblemente enojada contigo.
—Deberías estar enojada conmigo. Yo estoy jodidamente enojado conmigo —murmura con asco y cierra los ojos, tensando la quijada—. Pienso en que pude haber lastimado a alguien. Si hubiera habido otro auto involucrado o si… carajo.
Todos están bien. Tiene suerte. De no estar en la cárcel. De estar vivo. De no haber lastimado a nadie más.
—Ni siquiera lo sabía —murmura—. Ni siquiera estaba seguro de no haber lastimado a nadie. Estaba aquí acostado, pensando lo peor. Tuve que preguntarles a mis padres. Tuve que preguntarle a mi mamá si había matado a alguien, Bella. ¿Qué clase de pregunta jodida es esa? —cuestiona con voz rota.
Yo solo niego tristemente con la cabeza y miro al piso. Ni siquiera sé qué decir en este punto.
—Mis padres lo saben —dice simplemente, mirando las máquinas a las que está conectado.
—¿Saben qué?
—Todo. Les conté sobre la cocaína. No tenían idea. Resulta que era bueno en esconderlo. —Hay cierta amargura en su voz—. Quiero decir, sospechaban que pasaba algo conmigo, pero…
—¿Les contaste? —pregunto sorprendida.
—Sí. —Solloza, tiene la nariz roja. Los ojos inyectados de sangre—. No recuerdo mucho antes del choque, pero… ¿Ben? —Todo lo que hago es asentir y alejar el recuerdo de Edward parado sobre él—. ¿Está bien? —pregunta Edward, sorprendiéndome otra vez.
—No en realidad. Lo lastimaste mucho. Él quería presentar cargos. —Le permito asimilar eso—. Pero no lo hará. Por suerte. Está siendo más amable de lo que debería—. Aparto la vista de Edward—. Contigo y conmigo.
—¿A qué te refieres que contigo?
—Está enojado porque estoy aquí —confieso.
—Oh. —Edward se queda callado—. ¿Por qué estás aquí?
—¿Dónde más estaría? —susurro con el mentón temblándome—. Estoy aquí porque estaba jodidamente aterrada por ti, Edward. Pudiste haber muerto. —Le sostengo la mirada—. Y una parte de mí se siente culpable. Siente que no hice lo suficiente por ti antes de llegar a este punto, ni te ayudé lo suficiente, ni…
Él me interrumpe rápidamente.
—No.
—Edward…
—Detente —suplica—. Esto no es responsabilidad de nadie más, ¿de acuerdo? Solo… no lo hagas, carajo. No te sientas culpable.
La incertidumbre arde en mi pecho, pero solo asiento. Sé que no soy la única que se siente así. Emmett lleva todo el día hecho un desastre, diciendo que debió haber intervenido antes contándoles a sus padres lo que estaba pasando. Rose y yo le aseguramos que eso pudo no haber cambiado este resultado, pero se niega a dejarlo ir.
Miro el reloj en la pared.
—Emmett está esperando para verte, así que supongo que debería irme.
—Espera. —Edward niega con la cabeza—. No te vayas, por favor —me suplica.
—Pero…
—¿Puedes… puedes acercarte aquí? —murmura con desesperación en su voz, como si estuviera a punto de desmoronarse otra vez—. ¿Por favor?
Me acerco más, pero no es suficiente.
—Ven aquí —repite. En voz más baja. Suplicante. Destruida.
Con una cuidadosa precisión, me subo a la cama con él y me recuesto sobre la manta, cuidando de no tocar ninguna parte de él que esté rota. Con cuidado de no jalar ningún cable de los que tiene conectados. Me acomodo para quedar de lado, de frente a él, mientras él permanece sobre su espalda. Mueve su torso un poco y hace una mueca, girando la cabeza hacia mí. Después de un latido de vacilación y de buscar algo en mi mirada, apoya su frente en la mía.
—Ódiame —me ruega, y me duele el corazón por él.
—No.
—Carajo, ódiame, Bella —llora, escondiendo la cara en mi cuello—. Por favor, por favor, por favor.
—No —digo con más firmeza, pero las lágrimas se acumulan en mis ojos.
Repite y suplica y yo le niego esto. Me mantengo firme. No lo odio, nunca podría odiarlo.
Nos quedamos así, con su cara en mi cuello y su tristeza en mi piel, hasta que ya no tenemos lágrimas. Nos quedamos así hasta que se calma su respiración y se queda dormido. Hasta que regresa la enfermera y me dice que ya se terminaron las horas de visita, y es momento de irme.
