Lincoln se encontraba manejando con su triciclo por los pasillos silencios y vacíos del hotel Overlook recordando la charla que tuvo con Clyde Hallorann durante el día de cierre del hotel en la cocina.

- "Una vez fue algo relacionado con esos setos recortados en forma de animales. Una vez hubo una mujer, que se llamaba Carol Vickery, y que tenía cierto resplandor, aunque no creo que ella no lo sabía. Ella vio algo malo en una de las habitaciones y luego el señor Ullman la despidió."

- "¿Se refiere a la habitación 237?"

"- ¿237?"

"-Perdón, quise decir la habitación 217."

"-Ah, ya entendí- "

"- ¿Señor Hallorann, que hay en la habitación 217?"

"-Escucha, jamás debes acercarte, escuchaste. No entres."

Posteriormente, siguió avanzando con su triciclo por los pasillos en las que se encontraban las puertas enumeradas de las habitaciones de huéspedes con un espacio más estrecho a comparación de las salas abritas que había pasado antes con sus paredes lisas y limpias por los cuales paso. Conforme que el pasaba le daba la sensación de volverse algo claustrofóbico, en ese espacio con mosaicos oscuros inundado las paredes, que se daban la impresión que se cerraban sobre el… Hasta que de repente sintió que algo ahí no anda del todo bien. El da vuelta por la esquina izquierda y una vez cuando lo hizo…

-Hola, Lincoln.

El niño freno de golpe su triciclo, en el momento en las que se las encontró ahí, paradas al final del corredor, justo en la esquina por la que tendría de doblar con su triciclo.

- ¿Pero qué? –Confundido.

-Ven y juega con nosotras. –Hablan ambas al mismo tiempo.

Lincoln las observa fijamente y ellas de a próximamente de 6 años también la miraron fijamente con sus ojos sombríos, carentes de un alma. Paralizado del miedo, observó los pálidos e inexpresivos rostros que tenían las dos que eran exactamente iguales lo que dio entender que eran hermanas gemelas. Las dos eran igualitas a la una a la otra, como dos gotas agua de la lluvia. Tenían el mismo vestido azul celeste, las mismas zapatillas negras llevando puestas medias blancas y el mismo lazo azul celeste atado de igual forma en sus cabelleras naturalmente rubias y aparte que se tenían agarrado de las manos.

-Ven a jugar con nosotras, Lincoln…

El escenario de repente se le cambio a sus ojos modificándose brevemente en un parpadeo, brindándole al niño de cabello blanco una horrible y perturbadora imagen de sus muertes. Espantándolo abriendo su boca.

El primer cadáver, la que estaba más fondo permanecía boca abajo. El segundo cadáver, el mas cercano a ella, estaba boca arriba con la boca semi abierta, en una expresión. Vio las manchas de sangre tanto el piso como en las paredes, en torno a los cuerpos brutalmente destrozados a hachazos de las gemelas, fijándose en el cuadro de la pared izquierda que estaba girando en diagonal. Mira los objetos mas cercanos notando que el primero era un hacha, la herramienta que se uso para hacer la masacre que estaba en el suelo en posición párelo a los dos cadáveres de las gemelas con el mango manchada de sangre, así como el filo. El segundo objeto que vio por la parte izquierda de los cadáveres de las gemelas fue una silla café que estaba caída hacia adelante.

En otro parpadeo, el escenario volvió con las gemelas a la normalidad.

-Para siempre… –Oraron las gemelas.

La escena del asesinato de las gemelas se le volvió a manifestarse una y otra vez, como si fueran fotos de una horrible escena de crimen.

-Y por Siempre… y por siempre...

Lincoln se cubrió las con ambas manos y permaneció así por unos segundos temblando del miedo. Ya que cuando volvió a mirar, las gemelas se habían ido dejando todo normal con el pasillo vacío, pero aun así no dejaba de sentir miedo con huesos temblando aún.

-Ah, Tony. Si supieras lo muy asustado que estoy en este hotel. –Volviendo a pedalear su triciclo con normalidad. –Aun si Lincoln, recuerda lo que te dijo Clyde en nuestra charla de la cocina.

- "Recuerda esto Lincoln, si no una vez te topas con una de esas cosas malas por el hotel Overlook. Debes saber que no te harán daño alguno debido que son como dibujos de un libro, no son reales."

-No son reales, no son reales, no son reales, no son reales. –Repitiéndolo.

Pasa un tiempo, Lincoln siguió manejando su triciclo con mas tranquilidad por otro pasillo del hotel Overlook pasando por otras habitaciones de huéspedes con aquella alfombra de diseño hexagonal con esos colores cálidos que podrían grabar en tu mente. Hasta detenerse mirando a su lado fijamente una puerta particular… era la habitación 217. Era una puerta grande de dos puertas que lo hacía diferente de las demás puertas de las otras habitaciones del pasillo o hasta incluso de las otras plantas del hotel Overlook. Pintada de color café oscuro, estaba en mitad de la segunda planta. Los números que había en la puerta no parecían diferentes de los que señalaban los apartamentos en el edificio en donde solía vivir en Boulder. Un 2, un 1 y un 7. Debajo de los números había unas dos mirillas doradas. Lincoln se levanta de su triciclo caminando para pararse directo a la puerta de la habitación y por qué. ¿Por qué decidió venir a la habitación de 217 a pesar de la peligrosa e importante advertencia de Clyde?

Pues después de una caminata por la parte trasera del hotel Overlook, cuando él y su mamá Lori regresaron, ella había preparado su almuerzo favorito, un sándwich con mantequilla de maní y chucrut a pesar que su mamá pensaba que era una combinación rara y asquerosa, y una sopa. Habían comido en la cocina de Clyde, mientras hablaban. La radio estaba encendida y trasmitía, débilmente y entre descargas, la música clásica de una estación de Estés Park.

- ¿Oye mamá? ¿Cómo se llama la canción que está trasmitiendo en la radio? –Dándole un mordisco a su sándwich. Lori levanta la vista de su libro de Misery que estaba leyendo cerrándolo.

-Si mi memoria no falla, esa canción se llamaba Masquerade. –Respondiéndole a Lincoln a lo que le da un mordisco a su sándwich de queso y salchichón. –Sabes, aun nos parece curioso a mí y a tu padre que prefieres venir como aquí a comer en lugar del comedor del hotel.

-Tengo mis razones. –A lo que bebe un poco de leche en un vaso de vidrio. –Aparte que ese lugar siente como…

-Deprimente, si, también tu padre y yo lo sentimos así. –Dándole otro mordisco al sándwich.

La cocina del hotel Overlook era el lugar favorito de Lincoln y se daba cuenta de que sus padres debían de tener la misma sensación, por que después de intentar durante tres días comer en el comedor del hotel, decidieron hacerlo en la cocina; allí disponían las sillas de torno al tablón de corta carne de Clyde Hallorann que, de todos modos, casi era tan grande como la mesa que tenían en el comedor de Strovington. El comedor del hotel les resultaba deprimente, aunque tuviera las luces encendidas y sonora la música del megáfono instalado en la oficina. En aquel entorno uno no era mas que unas de las tres únicas personas sentadas a una mesa rodeada de docenas de mesas vacías, cubiertas con guardapolvos de plástico trasparente. Igual a Lincoln le parecía que la comida de su mamá le parecía mas sabrosa desde que comían en la cocina. Allí descubrieron pequeños rastros de la personalidad de Clyde Hallorann, que lo tranquilizaban como un cálido abrazo.

- ¿Y papá se puede saber en donde esta? –Pregunta.

-De seguro anda paseando por el hotel Overlook ya que tanto el Volkswagen y Vanzilla estaban en el aparcamiento. –Contestándole a su pregunta a lo que bosteza dando entender que estaba cansada. – ¿Y por que no vas a jugar a la zona de recreo? –Le sugirió Lori. –Creía que te gustaría ese lugar. Tiene arena para jugar con tus camiones.

Lincoln sintió un pequeño nudo en la garganta y se hizo difícil tragar la comida.

-Podría ser. –Respondió mientras empezaba a juguetear la radio.

-Y esos setos de animales tan bonitos que están afuera del hotel. –Continuo Lori, retirándose el plato vacío. –Tu padre literalmente se tendrá que ocuparse de recortarlos muy pronto.

-Claro. –Convino, y luego pensó. –"No son que mas que cosas malas… Una vez tuvieron algo que ver con esos malditos setos recortados para que parezcan animales…

-Si ves a tu papá antes que yo, dile que estoy descansando.

-Si, mamá.

Lori dejo los platos sucios en fregadero y volvió junto a su hijo.

- ¿Estas contento aquí, Lincoln?

Con un bigote de leche sobre el labio, el niño de cabello blanco miro cándidamente y respondió.

-Si… sí.

- ¿No has tenido mas pesadillas?

-No. –Tony había venido una sola vez, cuando ya estaba acostado, llamándolo débilmente por su nombre, desde muy lejos. Lincoln apretó fuertemente los parpados hasta que Tony desapareció.

- ¿Estás seguro?

-Si, mamá. Ya no tenido mas pesadillas. –Hasta que pone a pensar. – "¿Lo cual si eso es algo bueno o algo malo?"

-Ve a jugar, Linky, y que te diviertas.

-De acuerdo, mamá.

Pero no se había divertido, Había vagabundeo sin rumbo por el hotel Overlook con la ayuda de su triciclo, mirando dentro de armarios del servicio y en las habitaciones del portero en busca de algo interesante, sin encontrarlo. De vez en cuando había intentando abrir una puerta, pero todas estaban cerradas con llave. La llave maestra estaba colgada en la oficina y la sabia en donde, pero su padre le había prohibido tocarla. Además, a el no le interesaba. ¿O sí? En definitiva, su vagabundeo no había sido sin rumbo. Una especie de curiosidad morbosa lo había traído la habitación 217. Intensamente, su mano se adelantó hasta acariciar uno de los picaportes dorados de la puerta. No tenia idea del tiempo que hacía estaba allí hipnotizado ante las dos puertas cafés, cerradas, seductoras.

- "Y tal vez unas tres veces me pareció que había visto cosas… cosas malas…" habiendo recordado lo dicho por Clyde.

Pero también el señor Clyde Hallorann le había dicho que no creía que esas cosas malas pudieran hacerle daño. Eran como figuras de un libro que asustaran, pero nada más. Por otro lado, tal vez tampoco viera nada, aunque…

-Solo espero que papá no me regañe por esto. –Súbitamente metió la mano izquierda en el bolsillo y saco la llave maestra. Había estado allí todo el tiempo, por su puesto. Lo sostuvo por la chapa metálica donde se leía "DESPACHO", impreso a troquel, haciéndolo girar con la cadena. Al cabo de unos minutos interrumpió el movimiento y deslizo la llave maestra en la cerradura. La llave entro sin dificultad alguna, sim tropiezo, como si hubiera estado deseado que la pusieran en la cerradura.

"Me pareció que había visto cosas… cosas malas… Prométeme que no entraras allí."

Por su puesto, una promesa era algo importante, pero la curiosidad era tan intensa como una urticaria en un sitio donde no debería rascarse. No obstante, era una curiosidad terrible, como la que lo obligaba a espiar entre los dedos durante las partes más espantosa de una película de terror. Sin embargo, lo que hubiera hecho detrás de esa puerta no sería una película.

"No creo que esas cosas puedan hacerte daño… Son como las imágenes que te dan miedo en un libro…"

De pronto, el retiro la mano, sin que realmente supiera que iba hacer hasta que saco la llave maestra de la cerradura para volver a meterla en el bolsillo. Por un instante se quedó mirando las puertas con los ojos muy abiertos, y después se volvió rápidamente y se monta a su triciclo para pedalear con fuerza e irse rápido por el corredor hacia el pasillo principal pasado aun lado de la habitación 237, lo cual no tiene mucha importancia. Pero algo lo llevo detenerse.

-Espera, si no más recuerdo por aquí se encuentran esos dos extintores viejos para apagar el fuego que me explico papá que están enrollados como serpientes.

Según su padre Bobby, no eran extintores químicos, aun que en la cocina si había varios de ellos. Los otros eran los precursores de los modernos sistemas de aspersión. Las largas mangueras de lona se conectaban directamente con el sistema de cañerías del hotel Overlook, y con un solo dar la vuelta a una válvula, uno podría convertirse en un cuerpo de bomberos unipersonal. Pero su padre le decía que los extintores químicos, que echaban espuma blanca, eran mucho mejores. Bobby decía que el señor Ullman debería cambiar hacer cambiar esas viejas mangueras anticuadas junto a la caldera, pero que probamente no haría ninguna de las dos cosas, porque el señor Ullman era un mapache tacaño.

Lincoln echo un vistazo antes de dirigirse hacia el pasillo. Vio el exterior, una manguera plana que se desplegaba, una manguera plana que se plegaba una docena de veces encima de si misma, con un tanque rojo colgado en la pared. Encima de él había un hacha en una caja de vidrio, como si fuera una pieza de museo la cual le daba una mala vibra.

-Urgencia. –Leyendo en la parte de las letras pintadas de blanco, ya que en la oración completa decía; "En caso de urgencia, rompa el cristal".

Y a él no le gustaba la forma de la manguera pendía de la pared. Cuando estaba solo, siempre pasaba rápido posible junto a esos extintores. No había alguna explicación particular, pero sentía mejor así. Con el corazón latiendo con fuerza en el pecho, doblo por la esquina y mito al pasillo, que llegaba hasta la escalera. Alla estaba su madre durmiendo. Y si su papá había vuelto de su paseo, tal vez estaría en la cocina comiendo un sándwich y le leyendo un libro. No tenía que más que pasar junto al viejo extintor. Empezó andar con tranquilidad en su triciclo ya que el faltaba poco ya que cada vez estaba cerca. De pronto, la boquilla de bronce se soltó del rollo sobre el estado que estaba apoyada y cayo con un ruido sordo sobre la alfombra del pasillo. Quedándose quieto, con el oscuro agujero apuntando hacia Lincoln. El freno de inmediato bajo el súbito miedo. La sangre golpeaba, densa, en los oídos y las sienes. Sentía la boca áspera y amarga, sujetando con fuerza los manubrios del triciclo inconscientemente. Sin embargo, la manguera no se movía. Imitando su padre, se froto los labios con la mano derecha y dio hacia adelante. La manguera no se movió.

- "¿Lo ves, Lincoln? Te asustes pesando que esa vieja y estúpida manguera que se movería como si fuera una serpiente que se tratara". –Pesándolo a lo que se reía un poco nerviosamente.

A ocho pasos de distancia, la boquilla de la manguera relucía pacíficamente sobre la alfombra, como si le estuviera diciendo.

"No te preocupes niño de cabello blanco. No soy mas que una manguera vieja, y aun que fuera otra cosa, lo que puede hacerte no es mucho peor que esas personas del bosque matando a sangre fría un niño sacándole un humo blanco de la boca. ¿Qué puedo querer hacerle a un buen muchacho como tú… salvo morderlo… morderlo… ¡morderlo con mis filosos dientes…!"

Lincoln avanzo un poco mas con su triciclo. Sentía el aliento seco y áspero en la garganta, y estaba al borde del pánico. Deseo que la manguera se moviera, por que entonces, por fin, estaría seguro… Dando un paso más. Desde allí, ya podía atacarlo.

- ¿Pero no lo hará? –Se dijo, desesperado. – ¿Cómo puede atacarme si no es mas que una manguera vieja y oxidada? –Su temperatura corporal descendió súbitamente.

Casi hipnotizado, se quedo mirando el agujero negro en medio de la boquilla. Tal vez tendría dientes, unos filosos dientes que tuviera escondido. De repente, Lincoln comprendido que estaba casi paralizado del terror. Si no se obligara avanzar, se quedaría con su triciclo atrapados en la alfombra y allí se quedaría, con la mirada fija de la boquilla de la manguera. Con fuerte gemido, se echó pedalear. Cuando llego junto a la manguera, tuvo la impresión de que la boquilla se movía, dispuesta a levantarse atacarlo. Paso lo más rápido encima de la manguera con su triciclo. Y siguió manejando, pero entonces oyó a sus espaldas, acercándose, deslizándose rápidamente sobre la alfombra, como una serpiente de cascabel avanzado entre el césped. Lo perseguía y pronto le pareció la escalera se alejaba a medida que avanzaba hacia ella. El ruido se hacia mas intenso, el murmullo seco de la serpiente al deslizarse sobre las fibras de la alfombra. Sin dudad enderezando la cabeza, mientras el veneno se escurría trasparentemente, por el hocico de bronces junto a sus dientes filosos.

Lincoln llego a la escalera frenando y tuvo que aferrarse con ambos brazos del pasamanos para detenerse. Por un momento pareció que perdería el equilibrio y bajara los escalones con todo y triciclo rodando hasta el final. Volvió a mirar por encima del hombro. Observando que la manguera no se había movido, seguía inmóvil en el suelo del pasillo, con la boquilla apuntando desinteresadamente lejos de él.

- "¿Lo ves Lincoln?" –Suspirando de alivio a lo que pensaba. –"Tú te lo inventaste todo con tu gran imaginación, gato miedoso. No fue más que tu gran imaginación, gato miedoso, gato miedoso…"

Con las piernas tenebrosas en los pedales quitándose las manos del pasamanos volviendo a sus manubrios de su triciclo.

-No te perseguía. –Dice en su mente aferrándose a la idea. –"No te perseguía, no te perseguía… No había nada que temer".

En realidad, podría volver a colgar la manguera donde estaba, si quiera, aunque no creía que lo hiciera. ¿Y si realmente lo hubiera perseguido y se hubiera vuelto atrás cuando se dio cuenta de que no se iba a… poder… alcanzarlo? La manguera seguía sobre la alfombra, como si le desafiara a volver hacer la prueba. Jadeante, Lincoln baja con su triciclo con cuidado las escaleras yéndose para abajo.


Espero que les haya gustado este nuevo capítulo de "El Resplandor" después de un largo tiempo que publique el anterior capítulo, al mismo tiempo seria lo último que escribiría para en este año 2021, pero para que sepan mis lectores es que tengo unas cuantas ideas nuevas que me gustaría hacer para el próximo año que sería el 2022.

Por cierto aquí les dejo quien son los personajes que interpretan a las gemelas e iba ser algo obvio.

Gemelas Grady - Lola Loud y Lana Loud

Les manda saludos Optimus1986 y que tengan un feliz año viejo y año nuevo a todos.