Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you Meg for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 35

POV Edward

Llego a casa de Bella pasadas de las ocho. Ella se apresura a dejarme pasar y me sonríe con facilidad. La actitud tentativa que estuvo presente las primeras veces que volvimos a salir juntos ya no está. Todo lo que queda es tranquilidad.

Cruza rápidamente la sala y apaga la televisión.

—Perdón. Ya casi estoy lista —me dice.

Cierro la puerta y miro su culo en esa apretada mezclilla cuando se inclina para recoger la cobija que mi madre tejió para ella —supongo que para nosotros— cuando recién nos mudamos a vivir juntos. Bella se endereza, todavía dándome la espalda, y yo sigo viéndola. Dobla descuidadamente la cobija sobre el brazo del sofá.

—No hay prisa. Vas bien —respondo al fin—. Tenemos tiempo. La película empieza hasta las nueve.

Se está moviendo otra vez.

—Solo tengo que cambiarme y ponerme un poco de rímel.

—Me parece que te ves bien —digo. Se detiene y gira para verme, y mi mirada se alza de su culo justo a tiempo—. Pero esos jeans… sí. —Carraspeo, mirando la parte de enfrente. Son de tiro alto, le rodean el tórax, enseñando sus curvas. No sé cómo es que se ven igual de bien por enfrente—. Tal vez deberías cambiarte.

Baja la vista.

—Oh, me refería a que me iba a poner un suéter. ¿Qué tienen de malo mis jeans?

Debí haber mantenido la boca cerrada.

—No hay nada de malo en ellos. —Todo está jodidamente bien, pienso, frotándome la parte trasera del cuello.

Entrecierra sus enormes ojos y su sonrisa se torna coqueta.

—Oh.

—¿Qué?

Su sonrisa se disipa.

—Nada.

Ahora tengo que saberlo.

—Dime —presiono.

—No es nada.

—Bella.

Me dedica una mirada que me indica que me voy a arrepentir de escuchar esto. Alzo las cejas. Al final, lo escupe.

—Olvidé que tienes una obsesión por mi culo en estos jeans.

Gimo en voz alta y me doy la vuelta para salir.

—Tal vez debería esperarte afuera.

Se ríe, corre hacia mí y bloquea la puerta antes de que pueda tomar el pomo.

—Perdón, perdón, perdón. Ya lo dejaré. Pero tú me preguntaste. Y claramente me estabas viendo, así que…

Me descubrió.

—Es que estaba justo ahí, carajo… —Suena más exasperado de lo que pretendía.

Presiona los labios, sonriendo con más suavidad ahora. Está tan cerca, todavía metida entre la puerta y yo.

—Bueno, no tienes que sonar tan frustrado por eso —bromea, alzando la vista a mí.

Pero estoy jodidamente frustrado. Sexual. Mental. Emocionalmente. No sé cuánto más podamos seguir saliendo sin actuar en lo que solía resultarnos tan natural. Es por esto que Pete tiene razón. Necesitamos tener esa charla.

Mi cara debe delatarme porque su sonrisa flaquea.

—¿Qué? —pregunta con tono cauteloso.

—Nada —retrocedo un paso antes de hacer algo estúpido como meter mi mano en su cabello, ladear su cabeza y pasar mi nariz a lo largo de su mandíbula antes de besar ese sitio justo debajo de su oreja.

—Oh, vamos. Tú me obligaste a decirte lo que estaba pensando. Escúpelo, Cullen.

Mi cara sigue mostrando demasiada seriedad como para que ella crea que esto no es nada.

—Tal vez más tarde. Se nos va a hacer tarde para la película.

Me toma del brazo.

—No me importa la película, Edward. ¿Qué sucede?

Me siento en el sofá y suspiro, apoyando los codos en mis muslos.

—Me reuní hace rato con Pete.

Se sienta junto a mí.

—¿Cómo te fue?

—Me ayudó bastante. Pero uh… —No hay una buena manera de decirlo—. Sam murió. De una sobredosis. —Bella se queda quieta, probablemente su mente viaja al mismo sitio al que fue la mía cuando escuché la noticia. Que cada vez que consumía, me estaba arriesgando a que eso me sucediera también—. Mi cabeza se fue a un sitio muy siniestro —le digo.

—Puedo imaginarlo —susurra de forma sombría.

—Así que contacté a Pete.

—Me alegra que lo tengas a él.

—A mí también —murmuro, frotándome la parte trasera del cuello—. Hablamos de esto, así que todo está bien, pero nuestra conversación sacó un tema nuevo a relucir.

Sus ojos reflejan curiosidad.

—¿Cuál tema?

—Nosotros —digo, en voz demasiado baja y casi desesperada.

Busca algo en mi rostro.

—¿Qué con nosotros?

—Lo que estamos haciendo. Y qué sucedería si yo recayera. ¿Estamos preparados para eso? ¿Te quedarías conmigo?

—Oh. —Se mira las manos en vez de mirarme a los ojos, y yo le doy demasiado valor a eso—. ¿Qué le dijiste?

—Nada porque no estaba seguro de qué decir. Y no puedo hablar por ti, así que…

El silencio entre nosotros se extiende y de repente me siento jodidamente lejos de ella.

—Podemos esperar si es demasiado pronto para hablar de esto —le aseguro.

—No lo es, es que… ¿crees que tendrás una recaída? —pregunta, ahora me mira a mí, tiene el labio inferior entre sus dientes y su preocupación es palpable.

No aparto la vista de ella.

—No sé si sucederá. Siento que estoy en un buen lugar, pero siempre es una posibilidad. Lo será durante el resto de mi vida.

—Sí. —Frunce el ceño—. Supongo que me preocupa pensar que… ¿y si yo te provoco una recaída? ¿Y si tenemos una pelea y consumes? No sé si podría vivir conmigo misma. Pero tampoco puedo andarme de puntillas cerca de ti. Vamos a tener discusiones. Sería tonto pensar que no sucederá.

—Estoy de acuerdo contigo, no deberías tener que andar de puntillas. Solo tienes que confiar en que soy lo suficientemente fuerte para que una discusión o una pequeña pelea no me hagan recaer.

Me dedica una mirada nada convencida.

—¿Una pequeña pelea? Sabes cómo solíamos ser. No había nada pequeño en nuestras peleas.

—Cierto. Pero ya no somos esas personas. En absoluto, Bella. Ya se siente diferente, ¿no crees?

Puedo ver la aceptación en su mirada.

—Sí. Se siente diferente.

—Ahora también tenemos un mejor sistema de soporte. En aquel entonces nos guardábamos nuestros problemas. Ahora yo tengo a Pete. Y Emmett y Rose están más involucrados en nuestra… —casi digo relación, pero eso no es necesariamente lo que tenemos, así que me conformo con—: amistad. A veces más de lo que me gustaría.

Ella resopla una carcajada.

—Tienen buenas intenciones. Pero sí.

Asiento y sigo hablando. No tengo un plan, solo hablo desde mi jodido corazón.

—Sé que no estamos juntos. Sin embargo, me encanta lo que tenemos. Me encanta pasar tiempo contigo y conocerte otra vez y solo… estar enamorándome de ti una segunda vez. —Su mirada se suaviza, y parece que ahora hay más que solo aceptación ahí. Casi parece un destello de esperanza—. Pero…

—Sabía que había un pero —interrumpe con ligereza.

—De la misma manera en que no siempre puedes vivir preocupada de que recaeré por una discusión, yo tampoco puedo vivir preocupado al pensar que me dejarás si recaigo. —Sigo a través de la ansiedad que se alza en mí y la preocupación al pensar en que ella eventualmente me abandonará si comento un desliz—. Sé que eso es pedirte mucho, y entiendo si no puedes hacerlo. Si no puedes comprometerte con ese estilo de vida.

Mi rodilla rebota sin control y ella toma mi mano en la suya. Mi pánico se calma por un momento.

—Cuando dices estilo de vida, ¿te refieres a que yo también tendré que estar sobria? —pregunta con serenidad.

—Supongo. —Mi pulgar le roza el dorso de la mano, y veo como mantiene su expresión neutral—. Pero sé que eso es pedirte mucho. Tal vez incluso demasiado.

Chasquea la lengua como si estuviera molesta.

significas más para mí que una copa de vino por la que pagaré en la mañana. Puedo sobrevivir sin beber. Si tú estás sobrio, yo estoy sobria. —Sus palabras me llenan el pecho de anticipación porque creo que ella podría estar dispuesta a hacer esto otra vez. Pero luego se ríe—. Es el equivalente a "Si tú eres un ave, yo soy un ave".

La miro con extrañeza, conteniendo una sonrisa.

—¿Qué?

—Es una frase de la película Diario de una pasión.

Me encojo de hombros.

—Nunca la he visto.

Pone los ojos en blanco.

—Claro que sí te hice verla antes, pero está bien. Solo digo que estoy en esto contigo. Si volvemos a estar juntos o así.

Si.

Sonrío.

Esta jodida chica.

Más bien cuando.

No se lo digo porque sigue hablando.

»Sé que esto es mucha carga. No espero que sea fácil. Pero tienes que saber que no siempre voy a hacer lo correcto ni reaccionaré de la manera adecuada.

—No espero que sepas hacer ni decir lo correcto. No podría poner esa clase de presión en ti, Bella.

—Entonces, ¿qué esperas? —pregunta, con tanta suavidad, curiosidad y apertura.

Lo pienso y pienso.

Pero ya lo sé.

—Esperaría y desearía que tú solo… estuvieras ahí para mí si sucede. Necesitaría tu apoyo. Pero no espero que no te sientas enojada o dolida. Probablemente también tendría que regresar a rehabilitación —explico con pesar, y asiente—. No mencioné esto porque necesite una respuesta ahora. Solo necesito que lo pensemos. Que estemos preparados.

—De acuerdo. —Lleva su otra mano a nuestros dedos unidos, de modo que mi mano se encuentra atrapada entre las suyas—. No quería decírtelo, pero he estado yendo a reuniones de Nar-Anon.

Parpadeo.

Ella ha estado asistiendo al programa de doce pasos que les ofrece apoyo a los familiares y amigos de un adicto.

Eso me sorprende muchísimo.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunto.

—No sé. Em y yo hemos estado yendo juntos. También tus padres. No quería hacerte sentir mal ni… no sé.

—Enterarme de eso no me hace sentir mal, Bella. Todo lo contrario. Me hace sentir malditamente afortunado y apoyado.

—Ha sido de mucha ayuda —murmura—. Sé que el que hablemos de una recaída de tu parte es algo hipotético, pero me hace sentir muy triste.

—Lo siento —digo con cautela.

—No, no. Es algo inteligente. Es una muestra de responsabilidad hablar de todo esto antes de que… volvamos a acostarnos.

—¿Has estado pensando en eso? —pregunto, sé que una vez que volvamos a ese sitio, no habrá forma de retractarnos. Es por eso que esta vez quiero hacerlo bien, y no actuar por impulso como lo hicimos la primera vez que estuvimos juntos.

—Es difícil no pensar en eso. —Se ríe suavemente, aparta una de sus manos y se acomoda el cabello detrás de la oreja—. ¿Recuerdas cuando salíamos de la cafetería hace unos meses y dijiste que estar sobrio era aburrido?

—Sí.

—Todo lo que pude pensar era que estar sobrio te hacía ver jodidamente sexi —admite, sus mejillas se tornan de rosa—. Te portas muy suave y abierto e intenso de una manera tranquila, y es que… sí. Sexi.

Contengo una sonrisa.

Ella también me desea.

»¿Hablé de más? —pregunta, como si ahora estuviera nerviosa.

—De ninguna manera. Me hizo sentir bien —confieso. Tengo la mirada en sus labios—. Muy bien.

Veo su boca alzarse en la sonrisa más grande del mundo.

—Muy bien.

—Muy bien —imito.

Estamos sentados aquí como dos idiotas y me encanta, carajo.

Me encanta ella.

—Oh, ¡Diario de una pasión! —exclamo de repente—. ¿La de los viejitos? ¿Que se mueren? Una película muy deprimente.

Se ríe a carcajadas y aparta su mano de la mía para empujarme juguetonamente el pecho.

—¿Eso es en lo que piensas ahora?

No puedo dejar de sonreír.

Si tan solo supiera lo que de verdad estaba pensando.

—¿Sí? —digo mejor—. ¿En qué pensabas tú?

—Nunca lo sabrás. —Sacude la cabeza y agita una mano para quitarle importancia, yo la agarro para acercarla a mí.

—Dime —la insto en voz baja.

Abre la boca, se agita su pecho.

—Tal vez algún día.

—Sal conmigo —digo, sorprendiéndonos a los dos.

Debí haberlo pensado mejor. No sé por qué no lo hice, pero no puedo contenerme cerca de ella.

Llevo trescientos veintidós días sobrio y en celibato.

Sé que Harry me dijo que esperara un año. Pero ella está aquí, cálida, y no la voy a dejar escapar. No otra vez.

Voy a salir contigo. Iremos al cine —aclara, y le resplandecen los ojos—. Por cierto, vamos a llegar tarde.

—Sabes que no me refiero a eso —murmuro—. No una salida de amigos. Nada de ir de senderismo, ni a comer, ni por un café. Quiero llevarte a cenar. O prepararte la cena. Quiero hacer todas esas mierdas cursis que no pudimos hacer la primera vez.

—¿Cursis? —repite con una sonrisa tierna en su rostro tan jodidamente hermoso—. Quieres cortejarme. —Lo dice en broma, pero sé que le encanta. Al menos, espero que le encante.

—Mi terapeuta dice que lo ideal es esperar un año, pero… nos lo tomaremos con calma. Es que… —No me niego a rogar—. Sal conmigo, Bella.

Me siento desesperado y débil. Solo por ella. Esto es lo que me provoca, mientras que al mismo tiempo me hace sentir fuerte y bueno y como que alguien se preocupa por mí.

Pasa un latido, hay una sonrisa coqueta en sus labios.

Tal vez sí tengo que rogar.

El timbre ahogado de mi teléfono suena en mi bolsillo, y la miro entrecerrando juguetonamente los ojos.

—Esto solo te compra un poco de tiempo.

Se ríe mientras yo respondo la llamada de Emmett.

—Rose tuvo al bebé. Soy papá. No es un jodido simulacro —exclama en la llamada—. Repito, esto no es un simulacro.

—¿Rose tuvo al bebé? —repito con el corazón martilleando y moviendo la mirada hacia Bella.

Su comportamiento juguetón desaparece y se ve sorprendida.

—¿Qué? Es demasiado pronto.

—Es demasiado pronto —le repito a Emmett como si él no lo supiera ya.

De pronto me encuentro de pie, Bella está agarrando sus llaves y poniéndose los zapatos.

—Vamos en camino —le digo mientras corremos al carro de ella—. Mándame un mensaje con la dirección del hospital y la habitación.

—Espera, espera, espera —exclama Em—. Quédense donde están. Él está en la incubadora, pero el pequeñito está bien. Es todo un campeón. Y Rose se está recuperando. Así que… todavía no pueden venir.

Me detengo en el patio de Bella.

—¿Tengo un sobrino?

—¿Es niño? —escucho a Bella decir a mi lado, tapándose la boca—. ¡Pon en altavoz a Em! —me grita.

Así que lo hago. Emmett nos cuenta los detalles. Peso, medidas, nombre.

Levi James Cullen.

Un pequeño bebé roquero en proceso.

Le digo eso a Emmett. Él se ríe. Suena cansado y asustado y es un jodido papá.

Soy tío.

Dice que va a ver cómo está Rose, que nos enviará fotos de Levi y llamará mañana.

Colgamos y Bella y yo nos quedamos parados bajo el cielo nocturno, ambos estamos extasiados, pero seguimos en shock. Su cara se desmorona entonces, soltando las más felices de las lágrimas.

Se lanza a mí. A mis brazos.

Nos abrazamos.

Ella me abraza con más fuerza. Amolda su cuerpo al mío.

Y luego mi mano se está metiendo entre su cabello, justo como quería hacerlo hace rato. Ladeo su cabeza hacia atrás y mi nariz roza a lo largo de su mandíbula, inhalando su aroma. Presiono la boca sobre la delicada piel debajo de su oreja.

La beso ahí tentativamente. Inseguro, pero con esperanza.

Ella no se aparta. En vez de eso, se inclina hacia mis caricias y el sonido más jodidamente suave del mundo escapa de sus labios. Dejo otro besito en su cuello, y luego nos separamos ligeramente, entrelazando nuestras miradas.

Necesito más. Es un anhelo que ha estado dormido desde hace tiempo. Esta añoranza. Este jodido deseo por ella. Casi me agacho hacia ella, pero en ese momento habla.

—¿Oye, Edward?

Estoy tan deslumbrado y perdido por ella.

—¿Hmm?

No sé si me hace esperar a propósito o si solo me siento impaciente por saber lo que tiene que decirme.

Sin embargo, la pausa vale la pena.

—Sí —es todo lo que dice—. Mi respuesta es sí.