Heya. Alguna vez les ha dado bloqueo de escritor? Lo pondré así, no se lo deseo ni a mi peor enemigo; es fastidioso, es molesto, irritante y frustrante. Lamento no haber podido estar con ustedes en las fiestas pero por Thor, fue horrible ese bloqueo, finalmente pude medio salir de él así que les traigo esta actualización que por si se lo preguntan, no es el último capítulo, aunque me hubiera gustado eso. Es irónico, esto iba a ser un One-shot y ya es básicamente un fic corto, en fin, espero les guste.


Amanecía, el sol se alzaba sobre el horizonte, iluminando las copas de los árboles y reflejándose en las gotas del rocío matinal. Un ambiente fresco se manifestaba en los aires del pueblo; los cristales de las casas se empañaban a la par que las bisagras de puertas y ventanas se enfriaban poco a poco. Una que otra pequeña chimenea echaba humo por la azotea, no había animales caminando por las calles, todo era tranquilidad pese a que varios de los habitantes ya habían despertado. A consecuencia de la noche anterior todos los depredadores del lugar se encontraban en casa, algunos dormían, otros simplemente gozaban del calor y la agradable sensación de descansar. Los negocios abrirían tarde ese día pero no le afectaba a nadie, era lo mismo cada año al fin y al cabo.

Era una mañana tranquila en Fangtown, después de diversión y festejo era lo ideal, todo estaba bien, todo era mera paz a excepción de un pequeño y minúsculo detalle del cual, si bien no todos tenían conocimiento, bastaría para arruinarle el día a cualquiera.

Los cálidos rayos del sol se colaron por la ventana de una habitación blanca, un pitido constante era la música de fondo que secundaba el pequeño y casi inaudible suero que goteaba desde la pequeña bolsa de plástico hasta el brazo desnudo forrado en pelaje naranja de un zorro. Con un pequeño gruñido los ojos de Nick empezaron a temblar, sintió el calor acumularse en su nariz y con dificultad logró despertar por completo. No se movió, primeramente examinó lo que su vista le permitía ver sin mover el cuello, tenía los ojos entrecerrados. Se sentía cansado, como si todo su cuerpo estuviera siendo aplastado por una gigantesca roca, no fue consiente del daño que se había hecho hasta que trató de levantarse.

-¡Gahhhh!- Soltó con la voz ahogada; su cuerpo entero le gritaba que debió haber muerto. Sentía los golpes y cortes de la noche anterior aunque a penas y algo lograba recordar, sentía las agujas clavadas en su cuerpo, las suturas, las vendas haciendo presión sobre las partes más dañadas de su cuerpo. Sentía el estómago completamente vacío pero al mismo tiempo un dolor insoportable y la imperante necesidad de vomitar. Le tomó algunos minutos pero logró incorporarse, se sentó y recargó su espalda en las almohadas. Se sentía tan cansado que incluso llegó a pensar que estaba en un sueño. En cuanto tuvo completa noción de la realidad empezó a examinarse a sí mismo; con delicadeza movía su pelaje en donde sentía dolor, descubriendo así varias heridas, algunas cubiertas por gazas, otras cocidas con agujas, partes de su piel tenían un color oscuro a causa de los golpes. Sus manos temblaban y algunas vendas las envolvían casi por completo, solo dejando salir los dedos. Trató de mover las orejas y de nueva cuenta un punzante dolor le recorrió la espina completa, sumando el hecho de que no podía moverlas. Con cuidado las tocó y pudo sentir también unas cuantas suturas y vendas, lo más curioso es que estaban entabladas, se mantenían en lo alto sin moverse.

-Pero… ¿Qué demonios me pasó?- Se preguntó tallándose los ojos con delicadeza de no deshacer los vendajes que envolvían sus manos -¿Qué pasó ayer?-

De alguna extraña manera todo a su alrededor era tranquilidad, como si nada hubiese pasado. Solo él se encontraba en esa habitación y pese a que podía escuchar algunas voces fuera del lugar, no le perturbaba en lo más mínimo.

Por un momento cerró los ojos, respiró profundamente tratando de recordar la noche anterior, sin embargo, de alguna manera no podía hacerlo, únicamente veía breves imágenes, se veía a sí mismo lastimándose pero no recordaba el por qué y entonces la puerta se abrió.

-Nick…- Escuchó. Alzó la mirada y la dirigió hacia la entrada y la vio.

Judy lo observó con pesar aunque sin dejarse llevar por sus emociones; mantenía una actitud algo fría pero sin rayar en el desinterés –Despertaste- Le dijo cerrando la puerta detrás de ella.

-Judy…- Suspiró el zorro.

Ella se desplazó por la habitación hasta la camilla y saltó sobre una silla algo grande, al menos lo suficiente para para quedar frente a Nick.

-¿Hay algo que quieras decir?- Inquirió Judy.

Nick bajó la mirada, evadía el contacto visual a toda costa y sin embargo la mirada de Judy era demasiado pesada como para poder ignorarla.

-No- Respondió tajante.

-¿Ni siquiera vas a preguntar cómo llegaste aquí?-

La miró de reojo por algunos segundos y de nueva cuenta dirigió su atención a su regazo. Miraba fijamente sus manos y sentía el ardor debajo de los vendajes; veía sus dedos temblar y Judy, ella lo examinaba de pies a cabeza. Se le había formado un nudo en la garganta solo de verlo así, puesto que le recordaba el deplorable estado en que lo encontró la noche anterior. Como pudo Judy se contuvo, se tragó el dolor y simplemente suspiró.

-El doctor dijo que tendrás que quedarte aquí una semana como mínimo- Le comentó la coneja –Si necesitas algo solo presiona ese botón- Señaló al lado de la camilla-

-Nick…-

-¿Hmm?-

-Descansa-

Vaya que había mucho para decir, tanto para expresar, tanto para reprochar, tanto para llorar. ¿En qué había pensado él al hacerse tanto daño a sí mismo? ¿En qué estaba pensando ella al abandonarlo aun a sabiendas del estado en que se encontraba? El quién había tenido más culpa ahora era irrelevante, todo ya estaba hecho; Nick había perdido la fe en ella otra vez y Judy ya no estaba segura de lo que había hecho.

La coneja salió de la habitación, no sin antes verlo una última vez sentado en esa cama, totalmente inmóvil, sin emociones. Lentamente cerró la puerta, de ahí en más no supo nada sobre Nick.

El hospital en que se encontraban era significativamente más pequeño que los que se encontraban en la ciudad aunque sus instalaciones eran más que adecuadas. No había tantos animales en los pasillos y mucho menos en las habitaciones, eran contados los pocos desafortunados que debían estar ahí, ni siquiera había demasiados doctores pero con los pocos que había era más que suficiente para dar abasto, todos estaban bien entrenados y hacían su trabajo de manera espléndida. Judy sabía que Nick estaba en buenas manos pero no era suficiente.

Llegó a la oficina del médico a cargo de Nick, el lugar estaba vacío pero bien sabía que llegaría en un tiempo. Se aseguró de estar completamente sola y entonces empezó a llorar. Recordó el amargo momento de tener que caminar sobre la sangre de Nick, la angustia de haber suplicado por ayuda casi toda la noche, haber revivido el peor día de su vida. Se abrazó el estómago y con gran esfuerzo trató de no gritar, lloraba en silencio no buscaba molestar a nadie más, no buscaba que nadie más la molestara tampoco.

-¿Por qué Nick? ¿Por qué lo hiciste?- Se repetía a sí misma -¿Por qué te abandoné de esa manera? No debí hacerlo, no debí haberte dicho nada de eso… Yo…-

-¿Señorita Hopps?- Escuchó detrás de ella.

Rápidamente secó sus lágrimas lo mejor que pudo y enderezó su postura, aclaró la garganta e inclinó levemente la cabeza para ver al animal que recién había llegado.

-Hola…- Musitó sin darle la cara.

Un leopardo de pelaje gris con manchas negras vestido con una bata blanca se desplazó al frente de la coneja y con amabilidad le tendió una pequeña caja de pañuelos los cuales Judy no dudó en tomar. Secó la humedad que quedó en el pelaje de las mejillas y entonces alzó la mirada hacia donde se encontraba el felino, éste se sentó detrás del escritorio e inclinándose hacia adelante para ver bien a la pequeña coneja empezó a hablar.

-Hola Judy- Le saludó cordial.

-Hola Tony- Respondió la coneja. Era de esperar que ambos se conocieran ya, Judy había logrado entablar amistad con la mayor parte del poblado y ahora agradecía por ello, de esa manera Nick tendría la mejor atención médica.

-¿Cómo te encuentras?- Le preguntó el leopardo.

-Honestamente no quiero hablar de eso ahora. ¿Podrías solo decirme cómo está Nick?-

-Claro. Afortunadamente logramos desintoxicarlo antes de que ocurriese un daño irreversible, sentirá nauseas por algunas horas pero estará bien- Empezó a revisar diferentes papeles en el escritorio –Los cortes de su cuerpo en su mayoría y por desgracia fueron profundos, contusiones menores…-

-¿Qué hay de sus oídos?- Preguntó preocupada.

-Descuida, solo dañó la piel, todo su cuerpo sanará adecuadamente pero…- Con pesar Tony bajó la mirada.

-¿Pero?-

-Es la cuestión mental lo que nos preocupa- Soltó con seriedad –Nunca habíamos visto un caso así, y no conocemos a Nick lo suficiente para saber qué tan lejos está de ser él mismo…-

-Muy lejos, créeme- Interrumpió Judy.

-Ya veo… Una evaluación psicológica es necesaria- El leopardo bajó sus papeles por un momento, alzó la mirada y miró a Judy con amabilidad –Dejando de lado el hecho de que soy su doctor. Judy, ¿Hay algo que deba saber? ¿Algo lo molestaba? ¿Qué fue lo que lo obligó a hacerse eso a sí mismo?-

Con dificultad ella lograba sostenerle la mirada, le era imposible no sentirse culpable, la carga de saber que pudo ocasionar la muerte de su amigo era abrumadora. Estrujaba sus manos con fuerza y un gran nudo se formó en su garganta, dio un profundo respiro y entonces.

-No… No sé qué pudo haber pasado…- Mintió.

-Bien, puedes salir a respirar un poco y volver cuando tengamos más información sobre Nick- Tony se retiró seguido por Judy, el macho mantuvo la puerta abierta para que la pequeña coneja abandonara la oficina, de ahí ambos siguieron caminos diferentes.

Judy salió del hospital, sintió el frío aire de la mañana golpear su rostro y entonces miró a su alrededor, todo parecía tan tranquilo, tan apacible que en cierta manera parecía imposible. Era curioso a decir verdad; dentro del pequeño mundo de la coneja todo se estaba desmoronando poco a poco, pero en el exterior el resto de la realidad seguía su curso normal, solo era un animal más en la tierra ¿Qué importaban sus problemas? Era pequeña e insignificante a comparación de otros mamíferos.

Caminó hacia el lado contrario del pueblo, se dirigió hacia el bosque siguiendo un camino de piedra entre las hojas y los árboles. Podía escuchar a uno que otro animal, todos divirtiéndose o simplemente conversando unos con otros. Los veía de reojo, y parte de ella sentía envidia de no poder hacer lo mismo. Extrañaba los viejos tiempos en los que salía a pasear con Nick, extrañaba el camino que solían recorrer todas las mañanas hasta la estación del ZPD, las conversaciones entre cubículos, momentos que por ese entonces parecían de lo más común y simple. Ahora los apreciaba como nada en el mundo, los añoraba recordando lo mucho que había perdido. Frente a ella divisó un gran tocón de árbol que daba perfectamente al riachuelo que corría en el bosque. Judy se sentó sobre la madera, dejo descansar su cabeza sobre sus manos y con un prolongado suspiro se perdió en la corriente del agua, la observaba fluir al mismo tiempo que reflejaba la luz del sol. Con la mirada baja Judy empezó a recordar cómo fue, cómo terminó Nick en el hospital.

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Era de noche, ambos acababan de discutir, tanto uno como el otro habían tenido la misma cantidad de culpa, la misma insensibilidad y frialdad. Se suponía que habían pasado por todo para finalmente hacer las paces y en vez de ello ¿En qué resulto? Judy desconocía por lo que Nick estaba pasando en ese preciso momento, y tal vez era lo mejor puesto que, aunque no lo mostraba por fuera, estaba destruida por dentro. Herida, angustiada, triste y melancólica la pequeña coneja sentía que había traicionado a su amigo otra vez pero también sentía gran repudio hacia Nick y su gran falta de buen juicio. ¿Drogarse? Como fue que cayó tan bajo, cómo pudo ocultarle algo así todo ese tiempo. Ella no sabía si odiarlo o, sentir pena por él. Sea como fuere ahora no tenía lugar para pasar la noche y ahora recorría las frías y oscuras calles de Fangtown pensando en lo que haría a continuación; si ir a pedir cobijo con Evelyn una vez más o terminar con ese capítulo de su vida y regresar a la ciudad, lugar donde ya no tenía familia y posiblemente tampoco un empleo para ganarse la vida. Lo había dado todo con tal de recuperar a Nick y ahora no tenía nada, estaba completamente sola.

Aun a pesar de estar tan lejos de donde había sido la pequeña fiesta, sus orejas aun lograban escucha un poco del alboroto sin mencionar que algunas de las copas de los árboles seguían siendo iluminadas por las luces.

En poco tiempo llegó a casa de Evelyn; el letrero de neón no estaba encendido al igual que las luces del interior. Había completo silencio, Judy ni siquiera se molestó en llamar a la puerta, no conseguiría nada con eso. Se sentó al frente de la vivienda y dejó que la oscuridad la abrazara por completo. El titilante alumbrado público empezaba a causarle dolor de cabeza, la molesta luz se encendía y apagaba una y otra vez hasta que de pronto, simplemente se apagó, un pequeño chispazo terminó con la fastidiosa luz intermitente. Judy observó el gran poste de luz un poco más, de alguna manera esperando que el fastidio empezara otra vez. Pero no fue así, por fin pudo relajarse un momento, muy corto fue su regocijo antes de reparar en lo estúpida que fue al abandonar la casa de Nick sin su abrigo, su delgado y corto pelaje no era suficiente para hacerle frente a la inclemencia del viento invernal. Se cubrió con sus brazos y trató de juntar calor, un fútil intento. No tardó mucho en empezar a tiritar, de vez en cuando exhalando en sus manos y luego frotando sus brazos con el calor residual.

Pasó algún tiempo y entonces, cuando estuvo cerca de caer dormida entonces escuchó pasos. No supo cómo, tal vez por la reciente discusión que la dejó tan vulnerable, pero la misma sensación que la invadió cuando llegó al pueblo por primera vez la estaba llenando en ese momento, el mismo temor de ser atacada por alguien o algo en medio de la oscuridad, el terror irracional hacia la idea de estar rodeada únicamente por depredadores. La coneja tragó un bulto, y con inseguridad se levantó y trató de ver quién se acercaba, ahora se lamentaba de aquella fastidiosa luz. Escuchaba voces, una que otra risa y poco a poco su temor se fue disipando; eran voces conocidas, pudo distinguir al menos 2, cuando finalmente logró ver a quienes se acercaron.

-¿Judy?- Habló Evelyn.

Judy suspiró aliviada y con una falsa sonrisa respondió.

-Hola, lamento molestar a esta hora pero… Necesito donde quedarme hoy-

-¿Qué pasó con Nick?- Agregó John quien acompañaba a Evelyn esa noche.

-Tuvimos… Una pequeña discusión y yo… Bueno, solo…- No lograba encontrar palabras adecuadas para describir la situación, era simplemente agobiante y sus expresiones no tardaron en delatarla.

John y Evelyn intercambiaron miradas por algunos segundos, solo para regresar su atención a Judy nuevamente.

-¿Qué tal si hablamos adentro?- Sugirió la tigresa –Hace mucho frío aquí afuera-

Judy sonrió levemente asintió, los tres entraron en la casa; Judy recordaba el lugar como el primer día en que llegó, nada había cambiado realmente, tal vez solo la ubicación de algunos muebles y fotos, pero nada más. La idea de simplemente ir a dormir predominaba en la mente de la coneja, por desgracia esa noche ella no sería dueña de su destino. A penas se cerró la puerta principal, el ambiente se tornó un poco más pesado, Evelyn y John parecían algo serios respecto a esa "Discusión" de la que Judy les había hablado.

-Judy, ¿Te importa si nos quedamos un poco aquí?- Le comentó Evelyn.

-Creo que no, ¿Pasa algo?- Inquirió Judy.

-Solo queremos hablar contigo-

Buscaron algunas sillas y las acomodaron cerca del sofá que había en la sala. John se encargó de preparar algo de café para beber, algo curioso que supiera tan bien en dónde buscar, tal vez frecuentaba ese lugar más de lo presumible.

Al principio todo era silencio, y uno muy incómodo. Judy no tenía manera alguna de adivinar lo que sus anfitriones estaban pensando, solo la miraban por algunos segundos y luego pasaban su atención a las humeantes tazas de café que sostenían, por un momento incluso la coneja concibió la idea de saltar por la ventana y huir, pero.

-Entonces… ¿Qué tal estuvo la fiesta?- Inquirió la coneja en un intento de romper el hielo.

No hubo la respuesta que ella esperaba. No hubo ninguna sonrisa o comentario sobre el evento. John principalmente fue quien la desconcertó; dejó la taza de café sobre una pequeña mesa y se inclinó hacia Judy mirándola fijamente, la coneja retrocedió en su lugar y con temor se atrevió a preguntar.

-¿Pasa algo?-

-Judy… ¿Qué fue lo que pasó con Nick?-

-¿Qué?- Habló confundida.

-No nos malentiendas- Soltó John –Pero esa "Discusión" con él… ¿Qué pasó exactamente?-

-¿Por qué quieren saber eso?-

-Son nuestros amigos, y vecinos también, solo queremos saber si todo está bien- Respondió Evelyn.

-Solo fue una pelea, nada importante- Respondió la coneja.

-¿Estás segura Judy?- Inquirió el lobo.

-Sí-

-Ambos se veían muy bien hace poco, por favor, dinos qué pasó-

Tuvo que aguantar ese pequeño interrogatorio por más o menos media hora más. Judy no brindaba respuestas sólidas, de hecho no brindaba absolutamente nada; se limitaba a usar sí, no o no lo sé, ese era todo su repertorio y las preguntas que le hacían eran cada vez más personales aunque nunca desviándose del tema principal que era lo que pasó con Nick.

-Muy bien ¡Suficiente!- Exclamó Judy.

-Pero…- Trató de hablar Evelyn.

-No sé quiénes se han creído pero les aseguro que no me conocen ni a mí ni a Nick lo suficiente como para tratar de meterse en nuestras vidas-

Con enojo se levantó de su asiento y pasó entre los dos depredadores quienes simplemente intercambiaron miradas mientras que Judy se aproximaba a la salida, era más que claro que no permanecería ahí por más tiempo.

-Judy él no soportaría que tú lo dejaras así- Soltó John

-¿Qué?- Respondió deteniéndose.

-No es ningún secreto que al estar tú aquí Nick haya cambiado tanto. Es simplemente reconfortante para nosotros verlo así y… Si tuvieron una discusión, no pudo haber sido algo bueno, mucho menos tratándose de él- Comentó el lobo.

-Lo que John trata de decir es que… Nick ya ha sufrido bastante al vivir aquí, cuando llegaste podría decirse que lo encontraste en su mejor momento pero… Al principio, cuando recién llegó al pueblo no tenía nada. Por favor Judy, solo queremos ayudarlo-

No hubo respuesta, no hubo sonido alguno. La coneja se quedó pasmada, clavada al suelo fijamente en el lugar en el que estaba; sentía, escuchaba una voz dentro de ella que le ordenaba regresar pero ¿Con qué fin? No era justo que solo ella pusiera de su parte, lo había dado todo, lo había perdido todo con tal de encontrar a su mejor amigo. Abandonó su hogar, su familia y amigos, todo lo que conocía, todo solo para descubrir que el zorro a quien tanto extrañó había muerto hacía mucho tiempo ya.

-¿Cuándo sale el próximo tren?- Habló Judy. Las reacciones de John y Evelyn aunque esperadas, no dejaban de ser amargas.

-¿El tren? ¿Te vas?- Inquirió Evelyn.

-Pero… Dijiste que…-

-Lo que yo dije no importa… Y lo que pasó entre Nick y yo tampoco debería importarles-

En ese punto de la noche era más que obvio para los dos depredadores que había sido mucho más que una simple discusión, y pese a que ambos anhelaban hacer algo no podían entrometerse en la vida de otros animales, no podían hacer cambiar a Judy de parecer.

-Cerca de la media noche un tren pasa frente a la estación…- Habló la tigresa con pesar.

-¿Evy?- Habló John.

-Nunca hay nadie en la estación a esa hora, pero si te ve… Tal vez se detenga, va directo a Zootopia- Bastaba con examinar un poco la expresión de su rostro para entender que no era el final que esperaba. Habían sido meses maravillosos para todo el pueblo y ahora sin más todo se terminaría. John simplemente agachó la mirada, dándose así por vencido finalmente.

Judy agradeció y se retiró, de nueva cuenta caminó entre la oscuridad y el frío solo para irse de ese lugar. Eso no es lo que había imaginado, salir del pueblo en mitad de la noche, completamente sola, debía ser al revés, con cálidas risas, recorriendo ese pequeño sendero de tierra junto con Nick, ambos llenos de entusiasmo por volver a Zootopia. Judy miró al frente suyo y casi pudo ver el fantasma de su ilusión, como niebla observó su propia silueta y la del zorro caminando codo con codo hacia el tren; una pequeña lágrima se deslizó por su mejilla, al mismo tiempo una pequeña sonrisa logró dibujarse en su rostro y entonces desapareció, aquella etérea visión se desvaneció en el aire para dejar ver las tarimas de madera; era el final del sendero. Judy aguardó, corto fue el tiempo que tuvo que esperar, o al menos pareció haber sido algo fugaz pues de la nada sus orejas se levantaron al escuchar el ominoso sonido del silbato del tren. Observó en el horizonte la luz y como si aquél sonido la hubiese sacado de un trance se dio cuenta.

No tenía un plan, no tenía idea de lo que haría al subir al transporte, no llevaba su equipaje ni la ropa adecuada, no tenía dinero siquiera ¿En qué estaba pensando? Había estado tan inmersa en lo doloroso que fue descubrir a Nick de esa manera que… Dejó de pensar, dejó de ser ella misma. Estaba molesta claro que sí y seguiría molesta por mucho tiempo pero se estaba dando por vencida cuando la lucha aún no estaba perdida. Era algo curioso, lo único que quería era irse de ese lugar, pero ahora que tenía la oportunidad perfecta para hacerlo, empezó a dudar.

La pesada maquina se acercaba, las vías temblaban y el volumen del ruido aumentaba. Judy giró la mirada una última vez, vio las tenues luces del alumbrado público a lo lejos y se preguntó.

-¿Qué estás haciendo Judy?-

El tren pasó de largo, pero no porque la haya ignorado, sino porque no había nadie en la estación a quien prestar atención.

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Judy

Aun no logro entender qué fue lo que me hizo volver… Estaba tan molesta, tan enfadada con Nick que realmente olvidé por qué vine aquí en primer lugar. Pero ahora ya no estoy segura de nada. No soy policía, no tengo familia, no tengo amigos soy… ¿Qué soy ahora? ¿Quién soy ahora? Trato de convencerme a mí misma que Nick me necesita, que si llegué hasta aquí fue por una razón. Quiero ayudarlo, quiero estar con él, quiero volver a la ciudad, bromear, conversar, reír incluso quiero que vuelva a molestarme con esos estúpidos sobrenombres que me pone.

-Por favor solo regresa-

Podía sentir mis brazos temblar, me abrazaba a mí misma con fuerza y mi vista era trastornada por mis lágrimas. No podía parar de llorar, solo el recordar que Nick pudo haber muerto otra vez… Tampoco he superado lo que pasó, y cosas como esa solo me hace recordarlo, es doloroso, es horrible pensar en ello día y noche. Si abandonaba a Nick ahora no solo él, yo tampoco podría ser feliz otra vez. Él se llevó una parte de mí y yo una parte suya pero no paro de preguntarme si acaso es muy tarde para los dos.

Después de un tiempo regresé al hospital, logré guardar la compostura pero aún me sentía fatal. Necesitaba saber lo que pasó con Nick, en verdad quería escuchar buenas noticias pero de alguna manera sabía que obtendría todo lo contrario.

Al cabo de poco tiempo me encontré con el doctor, solo que en esta ocasión no estaba solo, había otro animal con él, un lince, sus extrañas orejas lo gritaban a los cuatro vientos.

-Toma asiento Judy-

Tragué un bulto, no es como si hubiera hecho algo malo, pero la sensación era abrumadora.

-Él es Noah, nuestro psicólogo de turno y fue el encargado de hacer los análisis del señor Wilde-

-Hola- Saludé, aunque claramente no había tiempo para cosas así. Noah me miró con angustia y a la par que el doctor abandonó la oficina, él ocupo su lugar detrás del escritorio, ahora solo nos encontrábamos nosotros dos.

-¿Qué fue lo que pasó con él?- Temía saber la respuesta a mi pregunta.

-(Suspiro) Cosas como esta no son fáciles señorita Hopps, pasé una hora con el señor Wilde. El daño que se hizo a sí mismo denota una terrible estabilidad mental, por lo que vi, aunque son muy pocos los detonantes de tal conducta, cuando pasa tiene repercusiones devastadoras en sí mismo-

-¿Qué detonantes?-

-Recuerdos, a veces sonidos, pero el más importante de todos, el que parece causarle mayor impacto…- Guardó silencio por un momento, lo sentí como el segundo más largo de toda mi vida y entonces, dijo lo que ya me temía –Eres tú Judy-

-¿Yo?- Dije incrédula aunque ya me esperaba algo así.

-Desde el día que llegaste, algo dentro de Nick empezó a deteriorarse, lo hacía sentir mal, lo hacía sentir culpable, inseguro, incluso miedo, miedo de ti. No fue fácil hacerlo hablar y aún se guarda muchas cosas para sí mismo pero su mayor problema eres tú-

-E… Entonces…- Mi voz se empezó a cortar, ya era doloroso siquiera pensarlo. La noche anterior me dije a mi misma que no lo abandonaría y ahora, resulta que debí haberlo hecho desde el primer día en que llegué aquí -¿No debo estar aquí? ¿Jamás debí haber regresado en primer lugar? Solo… Solo estuve lastimándolo y jamás lo noté yo… ¿En verdad debo dejarlo ir?-

Trataba de contener mi llanto pero me resultaba casi imposible. Alcé la mirada y solo lo vi suspirar. ¿Por qué no lo decía? Casi parecía estar torturándome a propósito, yo no quería lastimar a Nick, jamás quise hacerlo pero tampoco quiero dejarlo, tal vez él no me necesite pero yo a él sí… Lo necesito más que nada en la vida… yo…

-Si tú te fueras Judy… Lo matarías-

-¿Qué?-

-Lo has estado lastimando es cierto, el deterioro emocional empezó desde que llegaste pero al igual que tienes esa influencia negativa en él, también es positiva. No sé qué clase de pasado haya entre ustedes dos, pero es claro que hay algo sin resolver y es eso lo que le está haciendo daño. Judy, Nick tiene un terror horrible al abandono, a que tú lo abandones y si lo hicieras ahora, acabarías con su vida-

Fue preocupante pero también reconfortante escucharlo. El realmente me quiere aquí con él… Sabía que no podíamos dejar el pasado atrás, seguirá persiguiéndonos a ambos hasta que le demos un cierre. Nick.

-Como psicólogo te aconsejo que hables con él de inmediato. De lo contrario, el daño en el señor Wilde podría llegar a ser irreparable-

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Tan solo pasaron un par de horas mientras Judy reunía el valor y pensaba en las palabras que le diría a Nick. La coneja se encontraba parada frente a la puerta cerrada de su habitación; había estado parada ahí por un par de minutos solo admirando el color de la puerta, sentía sus manos temblar y un gran nudo en la garganta. No podía permanecer toda la eternidad parada en ese lugar, alzó la mano lentamente hasta la perilla y dando un pequeño giro la abrió.

Ahí estaba, aún lleno de vendas con la mirada perdida en la ventana y una bandeja de comida al lado de la cama, estaba intacta no había sido movida desde que la llevaron. Judy dejó escapar un prolongado suspiro y avanzó, cerró la puerta detrás de ella y con pasos inseguros se aproximó a la cama.

-Nick- Musitó temerosa. La respuesta fue la esperada, ninguna, ni el más mínimo gesto o sonido, ni siquiera un suspiro. El zorro no apartaba su vista de la ventana y el sol que se colaba por la misma resaltaba el anaranjado color de su pelaje dándole un brillo casi increíble, el viento lo hondeaba y aun así el resto de su cuerpo permanecía en una calma total.

Judy tomó aire hasta llenar sus pequeños pulmones para luego dejarlo escapar con un largo suspiro, se puso firme y se negó a seguir siendo ignorada de esa manera.

-Tenemos que hablar- Soltó justo al lado de Nick aunque este de nueva cuenta no respondió –Y si tu no quieres hacerlo entonces yo seré quien empiece-

Acercó con brusquedad la silla que se encontraba a su lado y saltó sobre ella.

-Nick… Ha pasado un año desde esa noche en Zootopia, un año entero y sin embargo lo que pasó sigue lastimándote, sigue lastimándome también- Bajó la mirada –Todo este tiempo estando en Fangtown contigo estuve tratando de convencerme que estaba bien, que mi único trabajo era ayudarte, creí que si te sonreía todos los días entonces de alguna manera todo quedaría atrás- Judy alzó la mirada nuevamente –Pero no es tan simple, no podemos dejarlo en el pasado, va a seguir lastimándonos cada vez más hasta que… Hasta que nos perdamos a nosotros mismos. Lo que hice estuvo mal, es la única palabra que puedo usar ahora y no dimensione el daño que te hice, en ese entonces e incluso hasta este momento había estado completamente ciega- A ese punto empezó a sentir su cuerpo temblar pero no iba a irrumpir en el llanto nuevamente, no iba a dejarse llevar otra vez, debía ser fuerte más que por Nick, por ella misma.

-Me estuve contradiciendo todo este tiempo, siempre decía que el cambio empezaba con uno mismo y yo no hice nada para consolarme a mí misma, al igual que tú solo me alejé de todo y me di a la tarea de no volver a pensar en ello jamás, y mira hasta donde nos trajo eso- Comentó dejando escapar una pequeña aunque dolorosa risa, no pudiendo contener una diminuta lágrima cuyo brillo permaneció en su rostro por breves segundos.

- No podemos seguir peleando, negándonos mutuamente lo que ambos sentimos, antes nos contábamos todo ¿Recuerdas?- Habló posando su mano sobre el hombro del zorro, pero ni así logró hacerlo reaccionar –Naturalmente de alguna manera tú siempre sabías cuando algo me pasaba, yo… Nunca pude hacer eso contigo, siempre fuiste muy reservado, siempre sonreías y decías que todo estaba bien, al igual que lo hiciste todo este tiempo… Siempre fingiendo que tu vida era perfecta a pesar de todo. En Zootopia, tú hogar era deprimente, tu modo de vida era difícil, la manera en que todos te miraban era peor y aun así, jamás dejabas de sonreír y puede que esto sea difícil para ti, también lo es para mí- Su voz empezó a temblar, se sentía ahogada por sus propias lágrimas acumulándose dentro de ella –Siempre te dije que podías contarme lo que fuera, pero a decir verdad, temía que ese día llegara, temía no saber cómo ayudarte si en algún momento tu dolor era demasiado grande para que siguieras ocultándolo y ahora es cuando- No pudo más, empezó a llorar –Estoy aterrada Nick, por ti, por mí, por todo lo que pasó y lo que pueda pasar… Pero te pido, al menos por esta vez, déjame tratar de ayudarte… Por favor-

Espero un sonido, un suspiro, un susurro, un reflejo involuntario de sus orejas o cola, pero no hubo nada, parecía petrificado. Judy bajó la mirada y decidió que era suficiente por ese momento, también era doloroso para ella y tampoco podía seguir ocultándolo y negándoselo a sí misma. Bajó de la silla y con la espalda encorvada y la mirada baja salió de la habitación, no sin antes mirar atrás.

-Volveré… Ten por seguro que lo haré…-

La puerta se cerró y Nick se quedó completamente solo. Fue curioso, justo en ese momento logró emitir un sonido, o mejor dicho, dejó de poder contenerlo más tiempo. Nick le había dado la espalda a Judy todo el tiempo y aunque parecía haberla ignorado, escuchó cada palabra, todas llenas de verdad y pese al temor que tenía de abrirse con otro animal sabía que no podía evitarlo por más tiempo, ¿Cuántos años han pasado? ¿Detrás de cuantas sonrisas falsas se ha estado ocultando? Poco a poco la máscara que había usado para cubrir su propio sufrimiento se agrietaba más y más hasta que por fin se rompió.

Nick se abrazó con fuerza, no buscando hacerse daño sino desahogarse, había empezado a llorar, todo lo golpeó en ese momento, no solo el incidente con Savage; su infancia, la difícil vida que había tenido, las palabras que Judy dijo sobre los depredadores, sentirse perdido, todas las cosas que alguna vez se negó a sentir habían llegado en ese momento. Su llanto era inconsolable, era asfixiante.

Nick

¿Por qué duele tanto? ¿Por qué es tan cruel? Se supone que debería aliviarme pero solo me hace sufrir más… No quiero quedarme solo, no quiero perderla otra vez. Quiero regresar a casa, quiero ver a mi madre, a Finnick ¡Quiero mi vida de regreso! ¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo olvidarlo? Como si no lo supiera…

Judy tiene razón, ya no puedo seguir guardándome todo, vivir con esa carga no es justo, nadie debería pasar por algo así y sin embargo… Yo nunca quise que nadie se me acercara, tenía tanto miedo de ser herido que aparté a todo el mundo, por eso vine a este lugar, quería escapar de todos cuando debí hacer lo contrario… Quiero a mis amigos, quiero a mi familia, los quiero conmigo.

-Te quiero a ti Judy-

Por favor vuelve.

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El día avanzó, las horas transcurrieron y las calles del pueblo empezaron a llenarse levemente. Judy permaneció en el hospital, contaba con una pequeña cafetería aunque no por ello fue fácil encontrar alimento, todo era para depredadores al fin y al cabo.

Judy se encontraba sentada en una de las pocas mesas del lugar, tal vez el hospital era el edificio más grande del pueblo y sin embargo el lugar estaba casi vacío, era algo bueno de ver en cierta manera ya que eran pocos los que necesitaban atención médica, ojalá fuera la misma situación de Nick. Uno de sus brazos se encontraba recargado contra la mesa mientras sostenía su cabeza, veía fotos en la galería de su celular mientras que su rostro permanecía inexpresivo. Las imágenes dictaban cómo solía ser su vida, ya no simplemente Nick; el ZPD, su departamento, la familia de Mr. Big incluso, y claro su propia familia, la misma que ahora mismo tal vez no quería volver a saber nada de ella.

Judy dejó escapar un pequeño suspiro y entonces logró apartar su mente de eso.

-¿Judy?- Escuchó detrás de ella.

-¿Evelyn?- Respondió dándose vuelta.

-Hola- Saludó cordial.

-Escucha lo de ayer, yo… (Suspiro) Perdón- Se disculpó la coneja.

-No te preocupes, de hecho, me, nos alegra que te hayas quedado, muchos en el pueblo ya se enteraron sobre Nick y… Bueno, de no ser por ti él tal vez ya no estaría con nosotros- Expresó con pesar, el malestar de un amigo nunca era algo para festejar.

-Sí, solo quiero verlo recuperarse, quiero que vuelva a ser como solía- Explicó Judy con nostalgia.

-De hecho y ahora que lo mencionas, Nick quiere verte-

-¿En serio?- Dijo levantándose de la mesa. Su rostro se iluminó por completo, casi no lo creía –Está… ¿Está bien?-

-Eso creo, dijo que era urgente, acompáñame-

Judy empezó a moverse en dirección de las habitaciones hasta realizar que la tigresa caminaba al lado contrario.

-Pero, qué no está…-

-Lo entenderás cuando lo veas- Explicó Evelyn

Caminaron hasta salir del hospital mientras que Judy no lograba entender nada. Unos pasos más y tuvieron al frente la vista de un pequeño puente de piedra que se encontraba justamente detrás del hospital, un riachuelo pasaba por debajo y al otro lado el tranquilo y silencioso cantar de los árboles ambientaba el bosque, ahora que el sol estaba en lo alto del cielo la vista de los follajes de los árboles era particularmente bella; las verdes hojas hondeándose con el viento y el aroma que brindaba era como nada que hubiese imaginado antes.

-¿Qué hace aquí?- Inquirió Judy al ver al zorro parado en el puente justo en el borde lateral del mismo con la mirada hacia abajo solamente observando el agua correr.

-Nos pidió que lo trajéramos-

-¿Nos?-

Evelyn señaló con la mirada hacia un lugar cercano al puente en donde John aguardaba pacientemente a lo que sea que fuera a pasar.

-¿Es seguro que esté fuera?- Preguntó la coneja.

-Se lastimó mucho pero, hasta donde sé no se rompió ningún hueso, puede caminar bien aunque John trae el bastón por si… Por si acaso-

-No sé si deba hablar con él- Expresó Judy cabizbaja.

-Al menos inténtalo- Dijo dedicándole una sonrisa gentil.

Judy respondió de igual manera y con pasos inseguros avanzó hasta estar al lado del zorro. Una vez más parecía estar fuera de sí, no mostraba ninguna emoción y eso la hacía sentir asustada, estaba por hablar pero entonces, escuchó su voz.

-Judy-

-¿Nick?-

-Ya estoy listo para hablar-


Y eso fue todo, espero les haya gustado, entretenido o al menos les haya dado algo qué hacer. Espero puedan y quieran comentar, es gratis, es saludable y ganarás la loteria... Ojalá fuera así de simple. Deja un comentario, así sabré si te gusto, te encantó... O ya estas harto de estos mensajes al principio y final de cada capítulo.

Paz.