Heya, me recuerdan? Posiblemente no, pero el sueño de los muertos ya estaba siendo algo aburrido, así que pensé, ¿Por qué no actualizar este fic? Hehe, sé que tomó su tiempo, pero bueno, me di un descanso de un mes para orientar bien las tramas de los fics en los que estoy trabajando ahora, sin más qué agregar, los dejo con esto.


Como leves susurros, Nick escuchaba la voz de su madre a lo lejos, perdida en la distancia y a la vez tan cerca de él que parecía estar hablándole directamente al oído. Le repetía una y otra vez que regresara, se lo suplicaba, a veces se lo ordenaba, pero al final de cada oración la distorsionada voz de Marian terminaba quebrándose por completo. ¿Había sido demasiado duro con ella? Todo el mundo alrededor del cual forjó su vida terminó siendo una gran farsa, no era sencillo de asimilar, mucho menos de perdonar, pero ella era su madre, y aunque le doliera admitirlo, Robin era su padre. Nick tenía ante él la posibilidad de ver una familia junta otra vez, una familia completa y no el vestigio de la misma que quedó tras la muerte de Henry, el zorro que lo crió mientras vivió.

Breves fragmentos de su reunión familiar se armaban en la oscuridad, poco a poco formaban una imagen clara y sólida de cómo todo ocurrió. Lo sentía real, lo sentía lucido, y por ende, lo sentía doloroso.

-No… No, no, no. Henry, Henry Wilde es mi padre- Decía Nick con la voz entrecortada.

-Henry te crió, y debió ser tu padre pero… No fue así- Explicó Robin. Marian aún no lograba recomponerse del shock que le representó decir la verdad a su hijo.

-¿Y qué, solo se pusieron de acuerdo ustedes tres para hacerlo una broma? ¡¿Es eso?!- Reclamó furioso.

-No era una broma Nick, jamás lo fue- Aseguró el zorro mayor.

-Entonces por qué… ¿Por qué mentirme durante toda mi vida?-

-Porque tenía miedo de que esto pasara- Respondió Marian, tenía la voz apagada y aún ni siquiera lograba alzar la mirada otra vez –Temía escucharte gritar, llorar. Temía que Henry se enemistara con Robin… Temía que toda nuestra familia simplemente… Se rompiera-

-¿Y esto fue mejor? ¿Fue mejor haberme engañado y de la nada solamente venir a restregarme todo en la cara? ¿Por qué? ¿Para qué?- Cuestionó el vulpino. Lleno de ira, de dolor, de tristeza. El amargo y abrumador pesar de tan bizarra mentira lo golpeó de lleno, difícilmente podría saber si reír, gritar, llorar o correr.

-No lo sé…- Respondió Marian. La humedad no tardó en invadir al completo sus ojos y por ende, empezar a llorar.

-Nicky… yo…- Trató de hablar Robin.

-No me llames así- Le cortó él – Sólo mi padre y mi madre lo hacen-

-Pero yo soy tu padre- Le dijo con suma humildad, aunque solo logrando hacer más grande el nudo que Nick ya tenía formado en la garganta.

-No, pero… Tú eras… Henry era… ¿Cómo fue que todo pasó eh?- Preguntó lleno de angustia.

Marian al fin logró vencer su temor, alzó la mirada nuevamente y por breves segundos intercambio miradas con Robin. Ambos sabían que en algún momento, de alguna u otra manera, Nick terminaría enterándose de toda la verdad; sin embargo, lo que ninguno espero jamás, es que fuera después de que quien era su hijo superase una reciente tragedia.

Marian tomó aire y en un prolongado suspiro busco resolverse para afrontar a su hijo.

-Conocí primero a Henry… Era un buen zorro, de los más caballerosos que podía haber. Era lindo conmigo, tierno y cariñoso… Y tenía un hermano- Robin se apartó levemente de los dos, pese a que no lo mostraba tanto como Marian, también estaba siéndole complicado tratar el tema ¿Cómo no lo sería? Le mintió a su hermano, a su propio hijo, era un desgraciado en toda norma y regla de la palabra. Marian aún continuaba con la historia de sus pasados –Al poco tiempo empezamos a salir-

-Si era tan buen animal… ¿Por qué le hiciste eso?- Cuestionó Nick con total indignación.

Marian le devolvió un mirar lleno de sorpresa. ¿La acusaba? ¿De verdad la estaba acusando a ella, a su propia madre?-

-Yo… Nicky yo no era un buen ejemplo de madre en ese entonces, ni de madre… Ni de animal en realidad- Bajó la mirada, siendo absorbida por la culpa –No podía entender qué era lo que un mamífero así podía ver en alguien como yo… Alcohol, drogas, era un caos total y Henry… Él llegó a poner en orden el caos tan grande que era mi vida… Pero los viejos hábitos jamás mueren creo yo…- Estrujó con fuerza su pantalón con las manos –Cuando conocí a Robin yo… Él no era igual que yo, pero tampoco era como tu padre, él era… Un zorro común y corriente- Los dos mayores no pudieron evitar reír ante el comentario –Jamás me sentí completamente merecedora de Henry, pese a que él me amaba y no le importaba lo descarriada que yo estuviera, me sentía algo fuera de lugar a su lado...- Confesó apenada.

-¿Fuera de lugar? ¿Es una broma? Mamá, Henry fue el padre que debería darme éste sermón, no su hermano… Te sacó de todos tus problemas ¿Y es así como se lo pagaste? Y para ti no era más que estar fuera de lugar… Eso es increíble-

A Marian le devastó recibir tan atrevidas palabras de su hijo, pero bien sabía que se lo merecía, aunque no por ello eran menos duras; nuevamente se sintió superada por la situación, no encontrándole sentido a seguir hablando, su hijo ya no confiaba en ella ¿Qué sentido había en seguir?

-Tu madre no tuvo la culpa…-

-¿Vas a decir que todo fue por ti y no por ella?- Interrumpió el vulpino -¿Así es como quieres absolverla?-

-Él tiene razón Robin- Habló ella.

-¿Mary?- Le devolvió la mirada.

-Tú no me provocaste ni nada por el estilo- Aclaró –Y es cierto, fue injusto de mi parte decir que todo fue por estar fuera de lugar… Pero a esa edad parecía tener sentido para mí. Robin era normal, era tranquilo, calmado, con una actitud muy parecida a la tuya Nicky, pero era noble y jamás buscó apartarme de Henry. Fuimos pareja mucho tiempo, pero siempre me sentía más cómoda cuando Robin estaba cerca y un día… Pasó lo que tuvo que pasar…-

-No entres en detalles, por favor no lo hagas- Le reprochó Nick. Fácilmente podía percibirse algo de ira en su voz.

-A lo que quiero llegar Nicky es que… Cuando naciste, agradecí a todos los dioses existentes que fueras idéntico a Robin, toda la familia de Henry compartía algunas facciones muy claras, así que dio por sentado que eras de él, tanto Robin como su hermano tenían ojos verdes. Jamás puso en duda su parentesco contigo, pero Robin y yo sabíamos la verdad, nos aseguramos de que fuera cierto, tú eres su hijo, no de Henry…-

-Entonces, sólo nací yo y te largaste… Si en verdad eras mi padre, fue bueno saber lo mucho que te importé-

-Era lo mejor Nick…- Dijo lleno de pesar –Verte a ti crecer sin poder decirte la verdad… Siendo criado por alguien que no era yo… Le dije a Henry que él tenía su familia y que yo debía buscar la mía… De haberme quedado aquí… No sé lo que habría pasado-

-¿Y cuando él murió? No vas a venirme con que no lo sabías ¿O sí? ¿En dónde estuviste?- Le reclamó Nick. Robin no se dejó doblegar tan fácilmente, ya esperaba una acusación así.

-De haberme presentado en la puerta diciéndote que en realidad yo era tu padre… ¿Me habrías aceptado?- Le preguntó con seriedad. Nick quedó en blanco, en medio de toda su ira y despecho no estaba pensando racionalmente, prueba de ello era lo que recién Robin aclaró. Estaba reclamando por haber sido abandonado por él y sin embargo, sabía que razón no le faltaba a su verdadero padre. Nick jamás lo habría aceptado de llegar así, de aprovecharse del vacío que dejó Henry al morir.

-Ahora ya lo sabes…- Habló Marian –Es por eso que lo llamé ahora, porque en verdad necesitaba de él esta vez… Y para tu información, Robin no nos abandonó, desde que Henry murió, enviaba tu manutención constantemente, no habría sido fácil para mí darte una vida digna de no ser por su apoyo - Confesó apenada.

Nick pensó en todo lo que recién escuchó, analizó lo que su vida había sido en realidad, no dejó ningún hueco pues se encargó de armar hasta el último espacio vacío. Todo parecía tener sentido, todo era real entonces. Fue en ese momento que Nick decidió que había tenido suficiente.

-¿Nicky?- Dijo Marian al verlo dar media vuelta.

-¿Qué estás haciendo?- Agregó Robin.

-Me largo de aquí- Respondió cortante.

El sonido de la puerta azotándose tras él fue lo que logró regresarlo al mundo real. Abrió los ojos y se vio a sí mismo recargado en el respaldo de un sofá, con la luz entrecortada de la mañana nublada golpeando suavemente sus ojos. Le tomó un tiempo reiniciar su mente para entender bien lo que estaba pasando, fue entonces que otra voz lo ayudó a acelerar el proceso.

-¿Dormiste bien?- Preguntó Judy, quien se encontraba acomodada sobre sus piernas. El brazo del zorro la rodeaba gentilmente, era claro que se había quedado dormido mientras trataba de serenarla la noche anterior. Ahora Nick volvía a recordar todo lo que ocurrió, incluida la cuestión familiar de Judy.

-¿Zanahorias? Te ves… Terrible- Le dijo al ver su rostro más de cerca.

-¿Qué?-

-No dormiste nada a noche ¿Cierto?- Preguntó apretando un poco más el abrazo, dejando descansar su cabeza sobre la de la coneja.

-Estuve… Estoy preocupada, pero no sé por qué exactamente- Explicó Judy –Esperaba que Violet regresara a buscarme, o que de alguna manera toda mi familia se presentara en mitad de la noche, aun ahora tengo miedo de que alguna de esas dos cosas pase y yo… Tengo miedo Nick, pero no sé si debería tenerlo… Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablé con mis padres… Ni siquiera sé si aún quieren volver a verme-

No hacía falta ser un genio o conocer a esa coneja tan bien como lo hacía Nick para entender lo mal que se encontraba en ese momento. Más allá de todo grado de tristeza que podría experimentar, la veía fuera de sí misma, presa completa del pánico, pero al mismo tiempo de la melancolía; junto a esta, estaba ese gran y profundo sentimiento de abandono que le producía el saber que su familia, aquella que la crio con amor y cariño, ahora la hacía a un lado por algo tan trivial como lo era estar con un zorro. En parte a Nick le costaba creer el odio tan grande que se le tenía a su especie por parte de la familia de Judy. ¿Era solo a su especie o a todos los depredadores en general? Carecía de importancia por el momento.

Nick tomó las manos de la coneja desde atrás. Judy lo miró con sorpresa, él le sonreía y pasó a depositar un pequeño beso en su nariz.

-Pelusa, no quiero ser el cretino que te diga que todo va a estar bien, de hecho dudo mucho poder decir algo para hacer parecer las cosas mejor de lo que en realidad son. Sin embargo, lo que puedo asegurarte es que, aquí me tienes a mí…- Le sonrió con gentileza, de manera casi increíble al menos para él, logró una respuesta similar en la coneja; el zorro había logrado su cometido con ese pequeño gesto.

-Bueno Zanahorias, ahora ven aquí- Dijo a la par que la cargaba en brazos del sofá.

-¡Hey! ¿Qué haces?- Se quejó algo sorprendida.

-Llevarte a la cama coneja boba, y antes de que esa insinuación active esa cansada mente tuya, tienes que dormir un poco Judy.

-¿Por quién me tomas al creer que tendría pensamientos de ese tipo sobre ti?- Rió algo ruborizada.

-Si tú lo dices- A Nick no le tomó mucho llevarla hasta la otra habitación, y la ropa que llevaba puesta le parecía suficientemente cómoda como para dormir al menos un par de horas –No quiero enterarme que saliste de la cama ¿Entiendes?- Le dijo con algo de seriedad al dejarla sobre el colchón.

-Nick no me quieras convertir en una niña, no necesito…-

-Lo necesitas Judy… Sé bien por experiencia propia lo que implica dejar que las inseguridades te mantengan despierto toda la noche… Y no es nada bueno- Le explicó. El tono había pasado de seriedad a preocupación. Judy entendió de inmediato que había cosas con las que ya no podía jugar tratándose de Nick, debería de acostumbrarse a todo eso.

-(Suspiro) Tienes razón, intentaré dormir un poco- Le sonrió al zorro.

-En cuanto despiertes te daré algo para el desayuno ¿De acuerdo?-

-Gracias Nick-

-Duerme ya Zanahorias- El zorro cerró las persianas en la ventana de la habitación, eran suficientemente gruesas como para mantener una considerable cantidad de oscuridad dentro, aunque sin crear una completa penumbra.

Nick salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Judy observó la misma por un par de segundos, mantenía una pequeña sonrisa, aunque poco pasó antes de que la borrase por completo. Se dio media vuelta y se abrazó a sí misma bajo las cobijas, no pudiendo contener más el amargo pesar que le dejaba ese temor de perder a su familia para siempre. No buscaba molestar a Nick con nada más, así que solo lloró en silencio hasta que, en efecto, se quedó dormida.

Estaba siendo una mañana tranquila en la ciudad, más aun con el hecho de que, por primera vez en mucho tiempo, Nick no tenía que preocuparse por absolutamente nada, al igual que ya no se sentía en aquél agujero en el que estuvo durante poco más de un año. Se sentía bien, se sentía tranquilo y en paz consigo mismo pese a que tal vez debería estar abrumado por la brutal revelación de sus padres. Lo cierto era que, no quería arruinarse el día así mismo.

Salió del departamento, tenía toda la intención de esperar por Judy y prepararle algo para desayunar, por desgracia, su nevera estaba completamente vacía. Era de esperarse, al fin y al cabo se mudaron ayer, y al parecer en toda la semana que llevaban en la ciudad, Violet se había encargado de las comidas de ambas. Al zorro no lo mataría salir a comprar algo, además, le daba curiosidad por explorar todo lo que la ciudad tenía de nuevo en esos dos años que habían pasado. La lluvia de la noche anterior había dejado varios charcos esparcidos por la acera, y la brisa fría aún se hacía presente en el ambiente, nada que el pelaje anaranjado del zorro no pudiese enfrentar.

Era ridículo para él, el darse cuenta de que su cuerpo y parte de su mente aún se resistían a la idea de regresar a la ciudad. Ahora que ya no había nada de lo qué preocuparse, se había sentado la realidad en su ser, eso implicaba, desde luego, el viejo y candente odio que alguna vez sintió hacia toda Zootopia, la ciudad que lo rechazó un día y al siguiente lo convirtió en un mártir. La plebe es voluble, es lo que se suele decir.

Nick respiró algo fastidiado por tantos pensamientos negativos, decidió no seguir dando vueltas a lo que no tenía sentido. Alzó la mirada una vez más, algunos animales mantenían la mirada clavada en él, pero no por ser un zorro; esta vez la discriminación no tenía nada que ver, era por él, por ser Nicholas Wilde, el zorro que terminó con Jack Savage, los mamíferos empezaban a darse cuenta de ello. Al conocimiento de la mayoría, Nick debería seguir en prisión por la injusticia que se le aplicó, nunca apareció en los medios el hecho de que lo dejaran en libertad tan pronto, y por supuesto, aún había muchas cosas que la prensa desearía saber sobre él. A escondidas y otros no tan sutiles, varios animales del lugar empezaron a hacer llamadas, la mayoría de ellos trabajaban para distintas televisoras, deseaban una exclusiva con él, Nick no tenía ni la menor idea de lo que le había librado el pasar esa noche en prisión, ahora tendría que afrontarlo.

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Marian ya no lloraba por la distancia que su hijo fijó entre ellos, ahora estaba angustiada, de igual manera se ahogaba en un enorme mar de culpa ¿Había ido demasiado lejos? ¿Debió haberle dicho la verdad? ¿Valió la pena de alguna manera? Buscaba convencerse de que sí, que había hecho lo mejor, no para ella, sino para Nick; así debía ser, de lo contrario, ella sería el verdadero villano de la trágica historia de su hijo.

-¿Crees que fue lo correcto?- Preguntó ella, permanecía sentada a la mesa de la cocina con una taza caliente de café que a penas y había tocado. Robin la observó al instante, estaba arreglando un poco la cocina de Marian, trabajo que rápidamente dejó de lado para prestar atención a la susodicha.

-Si no se lo hubiéramos dicho nosotros y lo hubiera averiguado por alguien más… Lo habrías perdido para siempre ¿No crees?-

-¿No es lo que pasó?- Le reprochó algo molesta –Lo… Lo siento Robin, yo…-

-Descuida, te entiendo créeme… Yo también me pregunto lo mismo- Le dijo cabizbajo –Tal vez no debí venir aquí en primer lugar… Perdóname…-

-No, no, no, no, no, esto no fue tu culpa- Le corrigió. Marian se levantó de su silla y fue donde el zorro –Yo te pedí que vinieras, sentía que era lo mejor y aún lo creo así… Además… De verdad quería verte…- Le dijo tomándolo de las manos.

-Yo también quería verte, saber de ti, de Nicky pero… Jamás quise causar esto- Desvió la mirada apenado-

-No causaste nada, ambos sabíamos que esto pasaría tarde o temprano, a decir verdad, me alegra que haya pasado ahora. Estoy segura de que Nicky debe estar molesto con nosotros pero lo peor que puedes hacer es irte ¿Entiendes?-

-¿Qué?- Cuestionó sorprendido.

-Volverá Robin… No me preguntes cómo estoy tan segura, soy su madre, simplemente lo sé y posiblemente tú también lo sabes- Le sonrió con gentileza –No puedo decir cuándo ni cómo, pero cuando lo haga…- Un gran nudo empezó a formarse en la garganta de Marian –No quiero que lo primero que vea sea una familia destrozada otra vez- Soltó con lágrimas en los ojos.

La sorpresa en el mirar del zorro fue más que evidente. Ella lo estaba haciendo de verdad, le estaba implorando que se quedara, que fuera parte de la vida de su hijo, que fuera parte de su vida. ¿Cuántas veces había soñado Robin con algo así? Con poder ser parte de la familia que era suya por derecho. Incluso después de la muerte de Henry, él jamás se atrevió a faltar al respeto a la memoria de su hermano de esa manera, pero esta vez parecía ser diferente; ella lo necesitaba, Nicky también, era lo correcto quedarse ¿No? Era lo mejor para todos. De una manera u otra, tampoco podía evitar sentirse egoísta al acceder a las peticiones de Marina ¿Qué harían exactamente? ¿Casarse? ¿Decirle al mundo que en realidad él era el padre de Nicholas Wilde? La verdad era que… No sonaba tan mal como el esperaba.

-¿Podrías quedarte aquí?- Le suplicó la vulpina, aferrándose con toda su fuerza a la camisa del zorro.

-Yo…-

-Por favor…-

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La pequeña aventura de Nick por las calles de Zootopia estaba por llegar a su punto culminante en el momento en que empujó la puerta de la cafetería que solía visitar hace dos años. La campana sonó y varias miradas curiosas dirigieron su atención hacia la entrada, algunos no le dieron tanta importancia, otros permanecieron observándolo por un rato más, asombrados y en parte no del todo convencidos que fuese quien parecía ser, se veía muy diferente pero el parecido era innegable. Entre todos los clientes del lugar, una en particular mantenía un gran interés en tan destacable personaje. Una jaguar de las nieves vistiendo una blusa color purpura oscuro y una alargada falda del mismo color, observaba al vulpino de arriba abajo, no cabía duda, él era Nicholas Wilde.

-Bienvenido a Deer coffee, ¿Qué desea hoy señor?...- El venado en el mostrador se petrificó por un par de segundos al ver a su nuevo cliente.

-Un café negro y un capuchino de zanahoria para llevar por favor- Respondió Nick, no le daba mucha importancia al cómo reaccionaban frente a él.

-Cla… Claro, enseguida señor-

Nick suspiró y se resignó a dejar pasar las extrañas conductas de todos los animales a su alrededor. No sería difícil, simplemente recibiría lo que pidió y regresaría al departamento con Judy.

La hembra que había estado observando al zorro desde que entró aún mantenía los ojos fijos en él, aunque no mucho tiempo duró aquél interés, no porque ya no le importase, sino por lo que estaba por ocurrir en el lugar. Con suma tranquilidad tomó su bolso y dejó el pago por su cuenta sobre la mesa para después salir como si nada por la puerta principal. No muchos segundos después, un gran grupo de mamíferos armados con cámaras y micrófonos irrumpieron en el establecimiento, por poco pareció que las puertas de cristal terminarían siendo destruidas por la repentina estampida.

-¡Nicholas Wilde!-

-¡Señor Wilde, aquí!-

-¡Oficial Wilde!-

-¡Señor un minuto por favor!-

Voces y voces clamaban por la atención de Nick, el zorro no sabía qué hacer, ni siquiera se había percatado exactamente del momento en que todo el alboroto empezó, había estado demasiado inmerso en sus pensamientos como para prestar atención a lo que pasaba a su alrededor, ahora se estaba arrepintiendo por eso mismo.

-¿Es cierto que el ZPD sigue siendo tan incompetente como hace dos años?- Preguntó una cebra.

-¿Dónde estuvo todo ese tiempo?- Agregó un castor.

-¿Ha hablado o sabe algo de la oficial Hopps?-

-¿Presentará quejas ante la comisaría por la oficial Judy?-

-¿Qué? Wow, claro que…- Trataba de decir el zorro.

-Entonces ¿Está de acuerdo con que el ZPD confiase más en un animal externo que en usted?-

-Jamás dije eso-

-¿Planea confrontar a la coneja señor Wilde?-

-¿Confrontarla, de qué hablan?- Cuestionó Nick.

-¿Es cierto que todo fue culpa de Judy Hopps?-

-¡Eso no es para nada cierto!- Se quejó Nick, aunque para nada sirvió su reclamo.

-¿Qué puede contarnos del caso de Jack Savage?-

-¿Cómo es que una sola liebre fue capaz de engañar a toda la estación?-

-¿Hay alguna complicidad entre la oficial Hopps y Jack Savage?-

-¡¿Qué?! ¡Por supuesto que no!- Clamó furioso el zorro.

-¿Son ciertos los rumores de que ella volverá a trabajar en el ZPD? ¿A caso van a premiar su incompetencia?-

De un momento a otro pasaron de ser preguntas sobre todo el tema a sólo concentrarse en Judy y cómo, según ellos, había echado todo a perder. Al parecer la culpaban a ella por todas las muertes y por ende, por el gran infortunio por el que Nick había pasado, y si bien había algo de verdad en todo eso, él no sentía que el odio de toda la ciudad fuera de lo más justo. Judy había sido engañada por Jack, al igual que toda la estación, al igual que Nick incluso, querer hacerla cómplice de Savage ¡Vaya tontería! era más que claro que Zootopia quería la cabeza de la coneja.

Todas las estúpidas preguntas que le estaban haciendo al zorro poco a poco empezaron a colmarle la paciencia, sin embargo no era nada recomendable que estallase por ello, podría decir algo tonto y entonces todas las noticieras se colgarían de ahí para hacerle la vida aún más imposible a la coneja, Nick debía salir de ahí cuanto antes o de lo contrario no sabría decir cómo podría ese encuentro.

A como pudo, el zorro empezó a deslizarse entre todos los que lo estaban rodeando, una suerte que no muchos mamíferos pudieran entrar en el lugar, sin embargo había otros varios esperando afuera; más concretamente, era el resto de los equipos de la prensa. Nick debía actuar rápido, apenas encontró un espacio para escapar no dudó en hacerlo; al lograr salir de la cafetería, pudo distinguir por lo menos siete camionetas de distintos canales de noticias ¿Es que acaso no tienen nada más en qué perder el tiempo? No se detuvo a responderse a sí mismo, simplemente empezó a correr, una suerte que su pierna no le jugara en contra.

El vulpino no esperaba que lo siguieran, tenía la esperanza muy bien cimentada de que apenas se apartase de su rango de visión, lo dejarían en paz… Cuan equivocado estaba. Todos aquellos que estaban dentro el lugar fueron tras él, Nick no podía creer que estuviera pasando de verdad, era lo más estúpido del mundo, pero esa era su realidad y tenía que librarse de ella ya.

Al doblar en una esquina Nick obtuvo una ventaja de apenas algunos segundos, aunque fueron los suficientes para que alguien lo tomase bruscamente y lo obligase a entrar en el edificio detrás de él. La puerta se cerró apenas estuvo dentro.

-Pero qué…-

-Silencio- Le indicó una voz femenina, segundos después, el gran alboroto de mamíferos buscando al zorro se hizo presente en el exterior momentáneamente –Listo, ahora ya se fueron. Lamento la brusquedad- Se disculpó. Ahora que Nick la observaba con detenimiento, no solo era la jaguar de las nieves que vio en la cafetería, la había visto en otro sitio muchas veces.

-Fabienne Growley por cierto- Sonrió tendiéndole la mano al vulpino.

-Nicholas Wilde- Respondió correspondiendo el gesto, de paso apoyándose para levantarse del suelo– Aún te recuerdo, ¿También vas a asediarme con mil preguntas sobre lo que pasó?- Preguntó algo cínico.

-Pregunta justa, pero no, verás, en esto del periodismo suele haber algunos buitres como ellos- Rió la felina.

-¿Y tú qué eres exactamente?- Cuestionó el zorro. Era claro como el agua que Nick no estaba nada complacido con el "periodismo" y la manera en que ella apareció en el momento justo, no era algo exactamente normal.

-No una de ellos claramente- Respondió. Fabienne se sentó en lo que parecía ser la barra de un bar. Nick examinó con la vista el lugar, y en efecto, ese era el aspecto que tenía, solo que también parecía estar cerrado por el momento.

-¿Esperas que crea que ese heroico rescate fue por mero altruismo?- Nick arqueó una ceja y se cruzó de brazos.

-Hehe, escucha. La puerta está abierta, puedes irte en cuanto quieras, aunque no negaré que, al igual que hasta el último reportero de la ciudad, me encantaría tener una exclusiva contigo; eres la estrella del momento Nicholas Wilde-

-No es nada que yo deseara, créeme- Se quejó.

Te propongo algo, aquí no hay cámaras, no tengo micrófonos ni nada para grabarte, sólo quiero hablar contigo por el momento, si no te gusta lo que escuchas, puedes irte; si es lo contrario, bueno, tal vez podríamos ayudarnos mutuamente, ¿Qué dices?- Le sonrió.

Nick permanecía escéptico ante tanta amabilidad, sin embargo, de salir a la calle otra vez, todo lo que conseguiría sería otro maratón hasta encontrar otro escondite. Parecía ser lo más sensato aguardar a que las aguas se calmasen un poco, y qué mejor manera de matar el tiempo que charlando con alguien, siempre y cuando ese alguien no empezara a ser igual de molesto que los demás.

-Bien, supongo que hablar un poco no va a matarme- Suspiró. Se sentó frente a la felina y recargó su brazo sobre la barra -¿De qué quieres hablar exactamente?-

-Judy Hopps- Respondió firmemente.

-Esta conversación debió terminar mucho antes de empezar- Respondió igual de firme que cuando ella preguntó.

-Wow, espera- Dijo Fabienne, tomándolo del brazo antes de salir del lugar –Permíteme explicarme mejor; quiero hablar sobre Judy Hopps, sobre la verdad, ¿Entiendes lo que digo?-

-La verdad es que no-

-Verás, la ciudad entera aún piensa que ella es, de alguna extraña manera, parte de todo el daño que Jack ocasionó, pero no de una manera indirecta, sino que la creen un cómplice; ahora que está de vuelta, si toda la ciudad cree eso, ¿Qué clase de desenlace piensas que pueda tener tanto odio hacia un solo mamífero?- Preguntó con seriedad. Nick relajó su mente por un momento y analizó todo lo que recién escuchó. No era noticia nueva que Judy no era exactamente amada por la ciudad, pero el querer ligarla a Savage, eso parecía ser demasiado, no era posible ¿Cierto?

-¿Cómo sé que todo lo que me dices no es algún tipo de engaño?- Cuestionó escéptico.

-¿Por qué crees que todos esos dementes que te asediaron en la cafetería pasaron a preguntar únicamente sobre ella? Esperaban que dijeras algo comprometedor sobre ella, un pequeño error, una palabra de más y su imagen pública se habría vuelto mucho peor de lo que ya es.

-(Suspiro) Muy bien- Habló Nick –Digamos que te creo, que Judy sí corre ese peligro ¿Para qué traerme aquí y hablar sobre ella?-

-Porque quiero ayudarlos- Respondió con humildad.

-Eso tampoco me lo creo, ¿Por qué querrías hacer algo así? También te arriesgarías al odio público ¿No?-

-El nuestro es el canal de noticias número uno en toda Zootopia, créelo o no mi credibilidad vale por mucho- Afirmó sin una pizca de duda.

-¿Y qué? ¿Solamente dirás todo lo que yo le diga en vivo?- Preguntó Nick, ya no tan inseguro de la oferta que se le estaba haciendo.

-De ser posible, quisiera poder entrevistarlos a los dos… En vivo…-

-Debí verlo venir- Musitó entre dientes el vulpino.

-Así la imagen de Judy puede tener una oportunidad de ser limpiada, todo el mundo siente empatía por ti, si tú hablas sobre ella, sobre lo que pasó, verán que nadie jamás esperó eso del ex agente Jack Savage-

-No entiendo bien, nos ofreces la mejor oportunidad del mundo ¿Pero por qué?- Sin importar cuanto lo pensara, esa respuesta no podía ser respondida tan sencillamente, había algo que no terminaba de cuadrar.

-(Suspiro) Hace años, cuando se dio el incidente de los aulladores, uno de los afectados era mi hermano… De no ser por ustedes, habría pasado su vida entera, metido en una jaula… O peor…- La confianza con la que se había presentado todo el tiempo había desaparecido por completo, no era una broma, no era algún tipo de estrategia para hacerlo hablar. Si alguien sabía leer a las personas, ese era Nick –En su momento jamás pude agradecerles de la manera en que me hubiera gustado, había muchos otros más que les debían la salud de sus familiares, yo solo sería una más del montón. Ahora tengo la oportunidad de pagarles de verdad- Del bolsillo frontal de su blusa sacó una pequeña tarjeta –Piensa en lo que te dije, háblalo con la oficial Hopps y… Llámenme si deciden aceptar mi oferta-

Nick tomó la pequeña tarjeta, la observó por unos segundos, para luego dirigir su atención hacia Fabienne. Parecía estar diciendo la verdad, todo sería en vivo así que si de alguna manera les jugaban en contra, tanto él como Judy encontrarían la manera de salir de ese problema. Esa estaba siendo la única buena noticia para Judy desde que volvieron a Zootopia, no debía de ignorar una oportunidad así; sin embargo, justo en ese momento, Judy no estaba pasando por un buen momento, y soltar una bomba de la nada no lograría mejorar las cosas para ella.

-Prometo que lo hablaré con Judy… Pero no aseguro nada- Explicó el zorro.

-Descuida, la oferta no tiene fecha de caducidad. Fue un placer Nicholas Wilde- Respondió Fabienne. Se levantó del banco en que estaba y tendió la mano hacia el vulpino una vez más.

-Llámame Nick- Respondió tomando la mano de la felina.

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Entre las sábanas de la cama, una y otra vez Judy se retorcía y no paraba de murmurar cosas sin sentido, eran simples balbuceos que tal vez tenían lógica para ella en lo que sea que estuviese soñando. De una u otra manera, no parecía ser agradable, prueba de ello fue el seco golpe de su cuerpo al chocar contra el suelo, había caído de la cama.

-Eso dolió…- Musitó al levantarse. Sobaba su cabeza y luego pasó a su brazo izquierdo -¿Nick?- Sus orejas se levantaron al instante, definitivamente había escuchado a alguien en la entrada del departamento. Rápidamente la coneja se levantó del suelo, pero al abrir la puerta de la habitación en que se encontraba, su celular empezó a sonar. Seguramente el zorro había olvidado las llaves, pensó ella, mucha fue su sorpresa, al igual que la abrumadora sensación de temor, al ver que quien la estaba llamando era su madre.

–Hay no…- Miles de pensamientos distintos atravesaron la mente de la coneja como balas a través de un muro ¿Qué haría, qué le dirían, ya estarían fuera del departamento aguardando para llevársela? Decir que tenía miedo sería muy poco, estaba aterrada, completa y absolutamente aterrada de lo que podría pasarle a ella y a Nick… Oh dios, Nick ¿Qué le harían a él? Violet y su boca floja le iban a traer problemas tarde o temprano y Judy caía en cuenta de que debió separarse de ella desde hacía mucho tiempo ya, ahora era demasiado tarde, estaba acabada de verdad.

-Zanahorias ¿Estás despierta?- Escuchó desde el otro lado de la puerta de entrada. Un gran alivió llenó su pequeño ser, suspiró aliviada y dirigió su atención de vuelta a la puerta.

–Sí, ya voy Nick- Respondió disimulando su angustia lo más que pudo.

Antes de abrirle al zorro, observó su celular por un par de segundos, definitivamente esa era una llamada que no quería tomar; deslizó su dedo por la pantalla hacia la izquierda y cortó la comunicación, solo esperaba no tener un segundo intento por parte de su madre. Judy abrió la puerta al fin, y la imagen que recibió fue muy grata; un sonriente y tranquilo Nicholas Wilde, sosteniendo dos charolas desechables, mismas que despedían un aroma muy agradable a la nariz de la coneja.

-Sí que te tomaste tu tiempo rabo de algodón- Bromeó Nick.

-Sí, para serte sincera me despertaste así que…-

-Descuida, entiendo la indirecta- Rió a la par que entraba en el departamento –Espero tengas hambre-

-No tienes idea de cuanta- Respondió con algo de desesperación.

-Y dime, ¿Dormiste bien?- Le sonrió gentil.

-Un poco, sí- Mintió desviando la mirada, gesto que no pasó desapercibido por el zorro, sin embargo, no tenía sentido hacerla sentir peor hablando de eso -¿Qué tal tu paseo por la ciudad? ¿Algo nuevo para reportar?- Preguntó mientras se sentaba a la mesa.

-Pues… No, todo normal- Sonrió Nick. Judy no dudó ni un segundo de la respuesta que le dio el vulpino, al parecer todavía lograba engañar a su coneja una que otra vez.

-Eso huele delicioso ¿Qué es?- Preguntó acercando la charola que más llamaba su atención.

-Esto pequeña coneja, es… No recuerdo el nombre, pero el conejo que me atendió aseguro que todos los de tu especie en la ciudad morían por esa comida- Explicó encogiéndose de hombros. Judy le sonrió algo simplona, luego abrió la charola y en efecto, la presentación de vegetales guisados con una mezcla perfecta entre zanahoria y césped preparado por poco y la hacía babear.

-¿Y bien?-

-Gracias hambre, tenía mucha Nick…- Balbuceó torpemente. El zorro no pudo evitar reír, lo que logró regresar a la coneja a la realidad y de paso, entender lo estúpido que sonó lo último que dijo.

-Tranquila Zanahorias, estamos solos los dos, ahora come, tengo un par de cosas de las que te tengo que hablar-

-Bien aunque… También tengo algo que quisiera decirte- Respondió la coneja.

-¿Te pasa algo malo?- Preguntó el zorro.

-No, solo estuve pensando un poco las cosas, es todo- Le sonrió. No estaba bien, esa coneja se había vuelto demasiado transparente con el pasar de los años, sin embargo, Nick no se lo iba a restregar en la cara de esa manera, ya habría un momento para charlar largo y tendido, pero definitivamente no era éste.

-De acuerdo, por ahora ponte a comer Zanahorias, a menos que quieras que también te alimente yo mismo- Rió él.

-Hehe, calla ya zorro-

Tuvieron un tiempo de bromas y charla mientras comían, algo tranquilo comparado con todas las emociones fuertes de días anteriores. Nick jugaba con la comida y de cuando en cuando hacía enojar a Judy, quien simplemente respondía fastidiando al zorro también. Nick estaba allanando el terreno para sacar los temas importantes del día, debía contarle sobre su pequeño encuentro con Fabienne, sin mencionar la cena con Mr. Big pendiente dentro de dos días, debido a ello, el vulpino quería tener a la coneja del mejor ánimo posible, y ahora parecía el momento apropiado.

-Judy-

-Nick-

Ambos rieron un poco –Lo siento, tú primero- Dijo Judy.

-Nah, qué clase de macho sería, las hembras van primero- Le respondió con un tono algo pomposo.

-Bueno, Nick, quería agradecerte por todo esto- Dijo desviando la mirada.

-¿Por la comida? Estoy seguro de que fue una gran hazaña salir a comprarla- Respondió burlón.

-Vamos, al menos tómame en serio esta vez- Le dijo con humildad.

-Lo siento Zanahorias, por favor continua-

-Como te decía, quiero agradecerte por todas y cada una de las cosas que has hecho por mí, de haber regresado a Zootopia sin ti, yo… No tengo ni la menor idea de dónde estaría ahora, con casi toda la ciudad en mi contra, seguramente habría escapado hace mucho-

-Ya veo…- Musitó Nick. Tocó uno de sus bolsillos para cerciorarse de que la tarjeta de Fabienne siguiera ahí.

-Y aunque ahora también tengo miedo de lo que mi familia vaya a hacer… Sé que te tengo a ti- Dijo mirándole a los ojos. Él le sonrió, alzo su mano y con suma delicadeza acarició la mejilla de la coneja, Judy tomó la mano del zorro con las suyas y continuó –No va a ser fácil para mí de aquí en adelante, eso lo sé muy bien, pero tenerte a mi lado, de alguna manera hace que la carga sea mucho más liviana, pero…- La sonrisa que Nick mantenía en el rostro, pronto se esfumó, podía notar que las expresiones de Judy ya no eran de alegría –Aun con todo eso… Solo me hace sentir que no debería estar aquí- Habló, su voz se estaba ahogando con el gran nudo que tenía ahora en la garganta –No debería estar contigo como si… Como si nada hubiese pasado…-

-Judy- Trató de hablar Nick.

-Sé lo que dirás- Interrumpió –Que eso ya pasó, que tengo que dejar de pensar en ello, pero no puedo Nick, por favor entiende que no es tan sencillo como quisiera-

-Escucha- Se levantó de su asiento y se arrodilló frente a la silla en que Judy se encontraba. La tomó de las manos y la miró fijamente a los ojos –No toda la ciudad te odia Judy, tenemos amigos por ahí, te aseguro que Bogo, Garraza, Lobato y Colmillar no sueltan toda la culpa sobre ti. En lo que a mí concierne, Judy, ya pasó, sin importar cuanto te atormente, cuanto te duela, debes dejarlo ir ¿Sí? ¿Por mí? ¿Por ambos? ¿Puedes?-

La coneja dejó escapar una pequeña risa ¿Cómo es que ese zorro podía ser tan seguro de sí mismo, tan seguro de que no todo era tan malo como claramente parecía ser? No se lo explicaba, pero era mejor así, le ayudaba a ver el lado brillante de las cosas.

-Muchas gracias Nick, pero afrontémoslo, si saliera a la calle ahora, es muy probable que terminara siendo asediada por todo el mundo…- Bajó la mirada.

-Bueno, de hecho creo que…- Estaba listo para mostrar la tarjeta que Fabienne le dio.

-Pero por ahora lo prefiero así- Agregó.

-¿Qué? ¿Pelusa, hablas en serio?- Cuestionó sorprendido.

-No estoy lista para afrontar a toda la ciudad Nick. Más allá de ti, al igual que todo el ZPD, le fallé a Zootopia… Aún no puedo pararme frente a todos esos mamíferos e implorar por su perdón-

-Oh… Entiendo…-

-¿Ibas a decirme algo?- Preguntó curiosa.

-Sí que…- Metió la mano en su bolsillo, se lo pensó mucho tiempo –Sé que no quieres salir en público, yo tampoco, pero esta es una cita a la que no podemos faltar- Explicó. Nick le dio a Judy la tarjeta que los osos de Mr. Big le entregaron hace una semana.

-¿Qué? Este lugar es muy caro Nick, ¿Cómo es que?...-

-Mr. Big, él nos quiere ahí a los dos pasado mañana, además, me pareció algo agradable que tuviéramos una cita en un lugar así ¿Qué te parece?- Le sonrió con calidez.

-Hehe, bueno, tampoco es que pueda negarme ¿No? Tú sí que sabes cómo convencer a una hembra- Rió Judy.

-Entonces es una cita, no lleguemos tarde-

-Sí… Me pregunto si FruFru aún me ve como antes- Habló Judy.

-Y yo me pregunto si Mr. Big aún me quiere bajo el hielo-

Intercambiaron risas un poco más, y terminaron de comer. No hubo mucho para resaltar por el resto del día. Pese a que lo estuvo esperando a toda hora, la familia de Judy jamás se presentó, tal vez simplemente decidieron cortar toda comunicación con ella, de ser así, sería el menor de dos males; la coneja no le habló a Nick nada al respecto, simplemente no quería llenarle de más cosas la cabeza.

En cuanto al zorro, dejando de lado el gran drama familiar que vivió el día anterior, ese había sido un día tranquilo, sin saberlo, ahora parecía que los papeles se invertían; en Fangtown, Nick era quien vivía día tras día lleno de temor, inseguridad y uno que otro trauma, ahora él estaba bien, tranquilo y en paz consigo mismo, en cambio, Judy no podía decir lo mismo, por desgracia para ella, solo el tiempo lograría terminar con esa sensación, al igual que en su momento lo hizo con Nick.

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Al día siguiente, justo por la tarde, Judy decidió que era hora de enfrentar su miedo a exponerse ante la sociedad, o al menos esa fue su intención a medias; la coneja había hecho un trabajo excepcional al esconder su rostro lo más que pudo, unas gafas grandes y uno de los sombreros de ala ancha que Nick hizo para ella, ese era un buen conjunto para la ocasión.

-¿No crees que te estás volviendo algo paranoica?- Preguntó Nick.

-A diferencia de ti, nadie estuvo esperando mi regreso por este año, de hecho estoy segura que habrá un par de animales por ahí que van a quererme muerta, así que mejor no arriesgarse- Rió algo nerviosa.

-Zanahorias, lo digo en serio, nadie va a comerte a mitad de la calle… Seguramente te llevaran a un callejón o algún otro lugar más privado - Le sonrió con malicia el vulpino.

-Muy gracioso Nick… Solo por eso te haré comer zanahorias para la cena- Reprochó mientras se dirigía a la puerta. El zorro se desplazó rápidamente a la salida y apoyó su mano en la misma, no permitiéndole a la pequeña coneja salir.

-¿Debo tomar eso como una insinuación indebida?- Cuestionó con una ceja arqueada.

Judy enrojeció todo su rostro al entender bien lo que había dicho. Se quedó sin palabras, simplemente forcejeó para apartar a Nick de su camino y salió huyendo del departamento.

-No tenía ni idea de que los conejos también podían cambiar su color- Rió para sí mismo. De pronto, escuchó su celular sonando en la mesa de la cocina, cerró la puerta frente a él y se dirigió al interior otra vez. Apenas sujetó el aparato para ver quien lo estaba llamando, la pequeña sonrisa en sus labios se borró por completo –Ay demonios…-

Al salir de casa, la paranoia que Judy profesaba no hacía nada más que empeorar; constantemente sujetaba los bordes de su sombrero en un esfuerzo de cubrir mejor su rostro. Tal como Nick le había dicho, era demasiado, demasiado incluso para ella, sobre todo para ella, pero de una manera u otra, Judy tenía maneras muy extrañas de afrontar sus problemas, al menos por fin había salido a tomar algo de aire fresco.

Las palabras que había dirigido al zorro la noche anterior habían sido ciertas, estaba muy agradecida por todo lo que él había hecho por ella, un simple "Gracias" no era suficiente, simple y sencillamente no lo era; por lo tanto, Judy decidió que debía hacer algo especial por el zorro, solo que no tenía ni idea de lo que podría ser.

-Tal vez si le cocino algo… A quien engaño, jamás fui buena con eso, ¿Un pastel de moras? Eso podría funcionar, y los venden en su cafetería favorita- Tenía muchas ideas en la cabeza, suficientes como para preparar un mes entero de citas distintas, pero debía ser algo sutil.

-La cena con Mr. Big no sería un lugar apto para relajarse, mucho menos para Nick- "Podría jurar que hace cuatro años me había hablado de un lugar al que deseaba ir conmigo… Nunca le puse mucha atención" Pensó con algo de culpa -¿Cuál era el nombre del lugar?- Se preguntó mientras sacaba su celular, no había nada que Zoogle no supiera –Tenía algo que ver con pescado y carne de aves, o algo así-

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En otra parte de la ciudad, el zorro no se quedó atrás, para nada planeaba estar encerrado en el nuevo departamento de Judy por todo el día, sin embargo, tampoco era de su agrado el tener que enfrentarse a Finnick otra vez. Ambos acordaron verse en Sabana Central, justo en el pequeño parque en el centro de la ciudad. Sobra decir que la idea le pareció de lo mejor a Nick, de esa manera habría demasiados testigos por si Finn trataba de asesinarlo.

Pese a que el pequeño zorro no había explicado el por qué quería verlo, Wilde ya tenía muy claro de qué se trataría todo; el cómo Finnick había descubierto lo que pasó entre su madre y él le era totalmente ajeno, sin embargo, Nick sabía que, cuando su amigo se lo proponía, era capaz de encontrar los trapos sucios de todo el mundo, él incluido.

-(Suspiro) Solo espero que no decida arrollarme con la camioneta mientras estoy aquí- Dijo para sí mismo el pelirrojo. Estaba sentado en una de las muchas bancas del lugar, su mirada era tranquila, veía a su alrededor; niños jugando, algunas parejas solamente caminando, uno que otro anciano alimentando a las aves que aterrizaban por el lugar y lo más placentero de todo, un sol cálido acariciando su pelaje, Nick jamás creyó que extrañaría algo así después de haber vivido dos años en Fangtown.

De pronto, una gruesa voz lo sacó de sus pensamientos al aclarar la garganta frente a él. Nick bajó la mirada rápidamente pues sabía de quien se trataba; Finnick estaba frente a él, llevando consigo un largo bate de beisbol y una mirada nada feliz luciéndose en su rostro.

-¿Vas a matarme?- Preguntó Nick con un tono serio.

-Depende de lo que me vayas a contestar ahora- Respondió el pequeño zorro –Dime qué posible razón sería suficiente como para mandar al demonio todo lo que te dije y hacerle aún más daño a tu madre-

-Bueno, no creo tener mucho para defenderme… Pero cómo reaccionarías si te dijera que mi padre resulta estar vivo- Respondió el vulpino. Los ojos de Finnick se abrieron por completo y el bate cayó al suelo.

-Es una broma ¿Verdad?-

-Toma asiento, es una larga historia-

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No estaba siendo una tarde sencilla para nadie, en cuanto a Judy, sin importar lo mucho que se esforzó, no logró dar con el lugar que estaba buscando, bien podía haber cambiado de nombre o tal vez había sido clausurado, sea como fuere, había sido un esfuerzo inútil. Ahora la algo desanimada coneja vagaba por las calles de Zootopia, había pasado tanto tiempo pensando en lo que hará para Nick, que por olvidó por completo el temor que le estaba teniendo al resto del mundo, no por ello había dejado de usar su "disfraz" pero ya no estaba estresada por ello.

-A ver Judy, piensa en algo… Una caminata por Tundratown también debería ser buena idea… Eso creo, pero tanto Nick como yo hemos tenido ya suficiente frío por un rato- Se regañó a sí misma –Creo que jamás fui del tipo romántico- Y justo cuando todo parecía perdido…

-¡Buenas tardes señorita!- Le saludó un enérgico puma.

-Oh- Se sorprendió Judy, aunque rápidamente disimulando el pequeño susto que pasó –Hola- Respondió.

-¿Sabe del festival que habrá en Sahara Square?- Le preguntó sonriente.

-N… No, jamás he escuchado de él-

-Es normal, este será apenas el segundo año que se celebrará- Explicó –Música en vivo, ricos manjares para depredadores y presas, sin mencionar el espectáculo natural de media noche- Le entregó un folleto a Judy.

-¿Espectáculo natural? ¿A qué se refiere?-

-Esta es la única noche en todo el año en que todo Sahara Square apaga los alumbrados públicos y contaminación lumínica en general, desde los desiertos artificiales, el cielo estrellado se ve completamente despejado y como se supone debería ser siempre-

-Suena divertido- Comentó la coneja.

-Lo es, si tiene a algún conejo especial, no dude en llevarlo, ese momento de la noche es mágico para muchos mamíferos-

-De hecho, creo que sí tengo a alguien, muchas gracias por el dato-

-Que tenga buena tarde- Se retiró el felino.

Justo lo que Judy estaba buscando, vaya momento más oportuno de aparecer. Ese evento lo tenía todo, comida, música y un agradable y lindo momento que pasarían juntos al caer la noche –A Nick le va a encantar-

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Unas horas más tarde

En uno de los bares más viejos de Tundratown, sentados a la barra, Nick y Finnick terminaban de beber sus últimos tragos, siendo exactos, para Nick ese había sido el primero y el último, mientras que para Finnick habían sido fácilmente diez contados; Wilde le explicó hasta el último detalle de su situación familiar, y aunque no lo pareciera, no era sencillo de digerir para el pequeño y gruñón zorro.

-¿Estás bien Finn?- Preguntaba Nick.

-Claro, solo deja que la cabeza deje de darme vueltas- Respondió dando otro sorbo a su vaso.

-Dejaría de dar vueltas si tú dejas eso- Le reprochó el pelirrojo. Apartó el vaso de las manos de Finnick y entonces lo miró a los ojos.

-¿Qué esperas que diga Wilde? Cuando te dije que debías cuidar a tu madre no creí que esto pasaría- Explicó con algo de culpa, técnicamente él había sido quien empujó a Nick a tan peculiar situación.

-¿Eso significa que ya no quieres matarme?- Cuestionó burlón.

-Me sorprende que estés tan relajado ¿Sabes?-

-Bueno, no fue sencillo ayer pero… Supongo que debía procesarlo lo más pronto posible, escapar de la ciudad otra vez no es una opción así que, creo que solo me queda reír de mi propia desgracia- Miró por breves segundos el vaso que le quitó a Finnick y decidió terminarlo por él.

-¿Y qué harás ahora?- Inquirió el pequeño.

-Aún no lo sé-

-Mira Nick, supongo que no fue de lo más agradable descubrir que toda tu vida fue una mentira pero… Al menos tienes una familia entera otra vez ¿No?-

-Curioso que lo digas, me plantee muchas veces lo mismo pero siento que, de alguna manera, le estoy faltando al respeto a la memoria de mi padre… De Henry- Explicó decaído.

-No te sientas mal por seguir reconociéndolo como tu padre, fue el quien te crió a fin de cuentas. No le estás faltando al respeto a nada Wilde, y estoy seguro de que tanto tu madre como tu verdadero padre ya han pagado con creces sus mentiras, al igual que esa coneja tuya seguramente pronto afrontará lo que cosechó-

-¿Alguna vez te he dicho lo sabio que pareces cuando estás ebrio?- Le preguntó asombrado.

-Si lo hiciste no lo recuerdo, así como seguramente no recordaré que tuvimos esta conversación- Respondió Finnick, bajó de su banco y se dirigió a la salida, no sin antes haber pagado claro está.

-Vete a casa Wilde, a tu verdadera casa, arregla todo con tus padres y llámame mañana para salir a conseguir algo de dinero- Le sonrió el pequeño.

-Hehe, nunca cambias ¿Eh? Quien sabe, tal vez te llame, no tengo trabajo por el momento- Respondió Nick.

-Hasta luego zorro-

"Me sorprende la madurez con que tomó todo… Aunque claro, Finnick es así cuando está lleno de alcohol" Pensó con ironía. El estado en que se encontraba Finn no le quitaba razón a sus palabras, tal vez era hora de perdonar y olvidar, no había sido tan malo ¿O sí? Pregunta algo difícil, una que Nick se había hecho desde la noche anterior. Le gustase o no, debía tomar una decisión muy importante otra vez, ¿Viviría en paz con la idea de tener un padre otra vez o cortaría todo lazo con él? Respuesta algo obvia, aunque no fue tomada en ese momento.

-¿Hmm?- Reaccionó el vulpino, su celular estaba sonando desde su bolsillo -¿Zanahorias?- Habló al verla en la pantalla.

-Hola Nick, dime ¿Estás ocupado?-

-Ahora ya no, ¿Qué pasa? ¿Al fin te descubrieron?- Preguntó con un tono burlón.

-Hehe, claro que no. ¿Estás cerca de Sahara Square?- Preguntó Judy.

-Estoy en Tundratown, tengo algo de camino para cubrir ¿Por qué?-

-Espérame en la estación de metro que da a la frontera del distrito, te veré en una hora máximo- Explicó entusiasmada.

-¿A caso vas a sorprenderme de alguna manera Rabo de algodón?-

-Si te lo dijera no sería una sorpresa ¿Cierto?-

-Vale, entiendo, te veré allí entonces- La llamada terminó y una sonrisa permanecía en el rostro de Nick, al parecer Judy también estaba dándose a la tarea de respirar tranquila por un rato -¿Qué tienes para mí ahora Judy?-

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La coneja no podía contener la emoción por lo que los dos harían en una hora, sería perfecto; comerían algo, escucharían música, seguramente bailarían y para terminar, ella esperaba que el cielo fuera tan espectacular como se lo hicieron parecer. Sin embargo, Judy no tenía intención de ir a tan grandiosa "Cita" vestida como actriz con resaca. La coneja corrió a casa, buscaría un atuendo apropiado para la ocasión y se atendría a que nadie decidiera echarle a perder la noche. Sacudió la cabeza levemente al darse cuenta de que estaba cayendo en pensamientos negativos otra vez, solo debía centrarse en que serían ella y Nick, era todo lo que importaba.

-Estoy segura de que dejé el vestido negro que Nick me hizo en la maleta bajo mi cama- Decía para sí misma mientras estaba en el ascensor, apenas se abrió la puerta, dio un salto hacia afuera y siguió hasta su departamento.

Toda la alegría, toda la dicha que había experimentado se desvaneció en un santiamén al ver que la puerta de su hogar estaba abierta ¿Alguien había entrado? ¿Estaban robándole? Tal vez ya no fuera policía, pero para nada iba a permitir que se aprovechasen de esa manera de ella ni de Nick. Estiró un poco sus piernas y se preparó para entrar, quizá ya no tenía la misma destreza que antes, pero con seguridad podría poner a dormir a casi cualquier mamífero de la ciudad. Respiró profundamente y abrió la puerta.

-¡Si crees que te vas a…! ¿Mamá?- Decir que estaba horrorizada sería demasiado suave, sobre todo porque no era la única que estaba dentro; varios de sus hermanos llevaban y traían distintas maletas, mismas que Judy reconocía a la perfección, eran suyas después de todo -¿Qué están haciendo?- Preguntó con la voz temblorosa.

Bonnie al fin se percató de la presencia de su hija, caminó hasta ella con un semblante muy severo, muy serio, nada comparado a como Judy la recordaba.

-Ma…- Judy no pudo terminar de hablar, una bofetada se encargó de cerrarle la boca por completo. Lentamente llevó su mano hasta su mejilla y un par de pequeñas lágrimas perlaban en sus ojos ¿Qué demonios había sido eso?

-¡Esta vez llegaste demasiado lejos Judy!- Le replicó su madre –De todas las tonterías que hiciste, esta fue la peor. Una cosa fue que nos dejaras sin decir nada, que no supiéramos nada de ti, que no dijeras nada cuando regresaste a la ciudad, pero un zorro, ¿Salir con un zorro?- Estaba furiosa, no había pizca alguna de piedad en sus palabras.

-Co… ¿Cómo sabes de Nick?- Preguntó Judy, incrédula de tanta rigidez en su propia madre.

-Yo se lo dije- Habló otro conejo al entrar en la habitación principal, era Violet, quien si no.

-¿Vi? ¿Tú fuiste a decirles todo?- Cuestionó incrédula.

-¿Y qué esperabas que hiciera Judy, que te permitiera seguir destruyendo el nombre de la familia Hopps así? ¿Dejar que te revolcaras con ese zorro? ¿A caso ya olvidaste que eres un conejo? Más importante, ¡Él es un zorro Judy! La especie más mentirosa y engañosa que existe en todo el mundo; te está mintiendo, no puedes creer en nada de lo que te dice-

-¡No es cierto!- Gritó Judy –Él no es así, jamás lo ha sido, es mi mejor amigo, es mi…-

-¡Abre los ojos Judy!- Exclamó Bonnie, a la par que la tomaba de los hombros y la sacudía bruscamente –Ya deja de vivir en el mundo de fantasía que frecuentabas tanto cuando eras una niña, ahora eres una adulta… Y una gran decepción para la familia Hopps…-

-¿Qué?- Musitó Judy, sin lugar a duda devastada por tan cruel comentario.

Los hermanos de Judy y Violet que estaban recogiendo las maletas se detuvieron por un momento, se miraban entre ellos, todos pensaban lo mismo ¿No había sido demasiado?

-Lleven las maletas abajo, Rodney vendrá con la camioneta dentro de poco- Dijo Violet, ella parecía estar de acuerdo con su madre. Los demás no protestaron, cargaron todo y bajaron al nivel de calle, mientras que Judy, su madre y su hermana se quedaron en el departamento un tiempo más.

-Policía, Judy, un conejo policía, la cosa más ridícula e incoherente del mundo, pero decidimos apoyarte, creímos que en algún momento te darías cuenta de que era una estupidez… Pero no fue así, entonces pasó aquel caso hace dos años, creímos que al fin te darías cuenta, que entenderías por qué los conejos no pueden ser policías… Judy has estado cometiendo un error tras otro, todos en las madrigueras no hacen más que hablar de ti…- Un nudo muy grande se formaba en la garganta de la coneja, sus ojos empezaban a ganar humedad, se quebraría en cualquier momento –Ahora vendrás a casa con nosotros, a ver si aún hay algo que se pueda salvar de tu orgullo familiar. No más excusas, no más peros, ya es suficiente Judy…-

Tanta crueldad, tanta frialdad en las palabras de su madre, y la inquisitiva mirada de Violet, hacían más que echar sal a la herida. Había sido todo, todo aquello a lo que tanto miedo le tuvo se había hecho realidad. Su madre lo dijo, se lo gritó en la cara, ella era una decepción, siempre lo fue, todos esos logros en los que creyó tener el respaldo de toda su familia, no fueron más que una gran mentira, era doloroso, muy doloroso, y amargo también. No pudo más, luchó contra ello, pero al final irrumpió en el llanto, trataba de detenerlo con sus manos, secaba sus ojos una y otra vez, pero era inútil. No hubo confort para Judy, no hubo palabras de aliento, nadie corrió a abrazarla, Bonnie la pasó de largo y luego miró a Violet.

-Tráela Vi, es hora de ir a casa- Dijo su madre con suma insensibilidad. Ella asintió y tomó a Judy de un brazo, obligándola así a caminar hasta el ascensor.

No hubo más palabras, en la calle sus hermanos esperaban a que llegase la camioneta. No pasó mucho tiempo, al llegar Rodney, su hermano, le fue imposible no notar lo devastada que se encontraba Judy, pero sería tonto preguntar; se limitó a ayudar a cargar las maletas en la parte atrás, todos sus hermanos subieron ahí mismo, mientras que él, Bonnie, Violet y Judy viajarían en la cabina; era lo suficientemente grande para que cuatro conejos entrasen a la perfección.

Judy al fin había dejado de llorar, aunque no por ello se sentía mejor; era basura, peor que basura según su madre y su hermana. Mantenía la mirada baja, no hacía sonido alguno, solo fantaseaba en cómo pudo haber sido todo, en cómo pudo haber sido su vida si desde un principio no hubiese salido con esa ridiculez de ser policía; estaba siendo demasiado dura consigo misma, ¿Cómo no serlo? ¿Cómo encontrar confianza propia después de que tu propia familia te despreciase de ese modo?

La camioneta se detuvo en una estación de servicio. Rodney apagó el motor y bajó del vehículo.

-Llenaré el tanque y seguiremos- Dijo con desgano. Violet asintió.

-Llamaré a tu padre, no la pierdas de vista- Dijo Bonnie con severidad bajando de la camioneta de igual manera. El resto de los Hopps abordo entraron a la estación a comprar algo para el viaje, solo quedaron Judy y Violet en el vehículo. Uno esperaría algunas palabras de aliento por parte de la hermana mayor, pero no era el caso.

-Espero que estés pensando en cómo harás para arreglar todo esto Judy- Le dijo con indiferencia. No hubo respuesta, seguía divagando, parecía que nada le haría despertar, hasta que su celular empezó a sonar.

-¿Qué?- Musitó Judy. Sacó el celular, era Nick. Ahora lo recordaba, lo había dejado plantado en aquel lugar, y ya había pasado por lo menos una hora de lo acordado. Estaba por contestar, pero entonces, Violet le arrebató el aparato de las manos.

-¡Violet no!- Exclamó tratando de recuperarlo, obteniendo otra bofetada como respuesta, esta vez, de su hermana.

-¡Judy basta! ¿A caso nada de lo que te dijo mamá te quedó claro? No puedes seguir con estas cosas; no vas a hablar con él, no vas a volver a verlo, olvídate de una vez por todas de ese zorro, por tu bien, y el de tu familia- Le dijo con una firmeza férrea.

Judy quedó atónita, en blanco, pero empezó a razonar ¿Era por su bien? Desde que su madre le gritó, parecía que todo giraba solamente alrededor de lo que le había hecho al apellido Hopps ¿Realmente la valoraban a ella o al como conocía el resto del mundo a su familia? Ahora caía en cuenta de todo lo que le habían querido decir.

-Violet…- Dijo con la voz apagada, la mayor solo le dirigió un mirar desaprobatorio como respuesta –Espero que algún día me puedas perdonar por esto…-

-(Suspiro) No lo sé Judy… Llegaste demasiado lejos, en verdad que sí… No creo que alguna vez pueda verte de la misma manera que antes- Le dijo con algo de frialdad.

-No… no me refería a eso- Respondió Judy, tenía el ceño levemente fruncido, ya no parecía estar lamentándose y su postura no era encorvada, era recta, era decidida –Me refería a esto- Muy poco tiempo tuvo Violet para razonar sobre lo que pasó, de un momento a otro, todo lo que veía eran luces, poco faltó para que perdiera el conocimiento.

Judy la había golpeado, no fue una cachetada, había sido un golpe a puño cerrado con la suficiente fuerza para romper sus lentes, y de paso, con seguridad su nariz también. Violet llevó ambas manos a su rostro, contenía el llanto y el dolor lo más que podía, mientras Judy salía rápidamente de la camioneta. Rodney seguía llenando el tanque y la observó por algunos segundos, Judy se planteaba la idea de tener que golpear a otro de sus hermanos, pero entonces pasó lo increíble; su hermano le sonrió levemente, dejó cargando el combustible y caminó con suma tranquilidad hacia la estación donde se encontraban sus hermanos y su madre, era una señal, le daría tiempo para escapar. Judy le agradeció en silencio y salió huyendo del lugar, debía correr a toda prisa si quería alcanzar a Nick.

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Habían pasado por lo menos dos horas y media, y Judy no aparecía por ningún lugar, el vulpino había revisado todas las calles aledañas una y otra vez, esperaba verla llegar, pero no había nada, no contestaba sus llamadas, ni sus mensajes, no había señal alguna de la coneja.

-¿En dónde estás Zanahorias?- Se preguntó algo angustiado ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si lo había dejado plantado? No, ella jamás le haría eso, no otra vez al menos, si no había llegado a tiempo, algo importante debió suceder –Bien, un último intento- Dijo Nick, tomó su celular y empezó a marcar, si no le contestaba de nueva cuenta, lo mejor sería regresar al departamento y ver si todo estaba bien.

-¡Nick!- Su oreja reaccionó orientándose a la calle -¡Nick!- Escuchó a la distancia, era ella, definitivamente era ella.

-¿Judy?- Musitó al dirigir su atención a la calle principal. La vio, definitivamente era su coneja la que corría a toda velocidad hacia él –Wow, ¿Judy estás bien?- Le preguntó preocupado, cómo no estarlo si ella a penas y podía respirar bien, estaba agitada, muy agitada.

-Yo… Sí, todo está… Todo está bien…- Respondió con dificultad.

-¿Estás segura? Deberías sentarte…-

-¡No!- Exclamó, logrando asustar un poco al vulpino –Quiero decir… ya es muy tarde, hay que darnos prisa o nos perderemos todo- Le dijo con mucho nerviosismo.

-Judy, tengo tantas ganas de pasarla bien esta noche contigo como tú, pero no es normal que llegues tan tarde, y así de agitada ¿Qué fue lo que pasó?-

-No lo entiendes Nick, tenemos que…- Sus enormes orejas captaron el sonido de la vieja camioneta acercándose hacia ellos, ya no había manera de escapar.

-¿Acaso no es tu camioneta Judy?- Preguntó Nick.

-Ay no…-

-¡Judith Laverne Hopps!- Una vez más, Bonnie se plantaba frente a su hija -¡Ven aquí en este instante!-

Nick no tenía palabras, y aunque así fuera, definitivamente prefería quedarse callado en ese momento.

-¡Judy!- Gritó otra vez su madre al no obtener una respuesta.

-No…- Musitó.

-¿Qué fue lo que dijiste?-

-No… No lo haré mamá… No voy a dejarlo, no otra vez- Respondió mirándola a los ojos.

Con toda la adrenalina y el enojo del momento, Bonnie no se había dado cuenta de que Nick estaba detrás de su hija.

-¡Tú, todo esto es culpa tuya!- Le reprochó a Nick.

-¿Mía?-

-No lo metas en esto- Habló Judy, ella no gritaba, de hecho había algo de duda en sus palabras, se estaba enfrentando a su propia madre.

-¿Qué, que no lo meta en esto? ¡Judy le rompiste la nariz a tu hermana solo por ese zorro!-

-¿Qué, Judy qué hiciste?- Habló Nick.

-¡Ya deja de llamarlo así!- Gritó Judy. La tensión era demasiada para soportarla sin más, estaba tan llena de coraje por lo que su familia estaba haciendo. Nuevamente lágrimas se formaron en los bordes de sus ojos.

–Su nombre es Nick- Dijo con la voz temblorosa –Él no tiene la culpa de nada, no me forzó a nada y jamás me ha mentido…- Empezó a llorar otra vez, pero no por ello se iba a detener –Él ha sido la razón por la cual he logrado salir adelante una y otra vez, aun cuando pareciera que llegué a mi limite… Ustedes solo me ven como una mala imagen para la familia… Pero Nick, él me ha dado su apoyo incondicional, aun cuando sé que no lo he merecido… A pesar de lo mucho que lo lastimé, a pesar de lo que le hice perder… Si él puede hacerlo ¿Por qué ustedes no? Son mi familia, y quiero poder contar con ustedes también… Por favor mamá, te lo suplico, no hagas esto más difícil de lo que ya es… Te lo ruego-

Un silencio sepulcral se apoderó del ambiente, ¿Qué pasaría ahora? ¿Qué posible resultado acontecería en esa fatídica noche? Sea para bien, sea para mal, eso marcaría el final para una de las facetas de la vida de Judy.

Bonnie se aceró lentamente hacia su hija, Judy hacía un esfuerzo sobrenatural para contenerse y no quebrarse más de lo que ya estaba, trató de controlar su llanto y rectificó su postura.

-Este… Este es el fin Judy- Habló su madre.

-¿Qué?- Estaba en shock.

-No voy a gritar más, no voy a seguir sermoneándote…-

-Mamá no… Por favor no…-

-Es el zorro, o es tu familia- Ese fue su ultimátum.

-No lo hagas…- Suplicó Judy, su voz se apagó por completo, estaba devastada.

-O lo desconoces a él por completo… O el apellido Hopps ya no estará contigo nunca más-

-¡No puede hacerle eso!- Exclamó Nick –Ella es su hija, no puede simplemente tratarla como si jamás hubiese existido- Le reprochó.

-Esto es entre mi familia zorro, no te incumbe-

La sangre le hervía en rabia, muy poco le faltó para saltar sobre ella, pero había cosas más importantes por las cuales velar en ese momento.

-Judy- Se arrodilló frente a ella, la tomó de los hombros y secó sus lágrimas con suma delicadeza –No hagas algo de lo que te vas a arrepentir… Hay cosas más importantes que yo… Por favor toma la decisión correcta- Le suplicó Nick.

Judy le sonrió, sintió su pelaje anaranjado una vez más y entonces, lo dejó; caminó al frente, observó a su madre, a sus hermanos en la camioneta, a Violet quien aún se lamentaba por el golpe que recibió; luego miró a Nick, le sonrió con calidez y humildad, tomó aire y entonces respondió.

-En verdad… Lo siento mucho…-


Espero les haya gustado, entretenido o al menos les haya dado algo qué hacer, ya saben que me encanta hacer esto para ustedes, y ahora una cosa a tratar. Mucha gente me pide que este fic no termine, y si bien a mi me gustaría también hacerlo mucho más largo, el caso es este; no quiero que la trama se desvanezca como ocurrió con otros de mis trabajos, bien podría hacer esto una historia interminable, pero con qué fin? de seguir así, varios capítulos serían aburridos o repetitivos, y no quiero arruinarles la experiencia de leer este fic. A lo más que podría hacer es cambiar los cinco capítulos que quedan a máximo diez, y eso a reserva de que logre acomodar bien las piezas de la historia. No quiero que este fic sea una decepción para ustedes, espero lo entiendan.

Bueno, ojalá puedan comentar de igual manera, así sabré si les gustó, les encantó... Y si aún había alguien aguardando por esta actualización hehe.

Es todo por mi parte, hasta la proxima.