Heya! Me recuerdan? La pregunta está de más esta vez. Sí que pasó mucho tiempo desde la última actualización de este fic, me quiero disculpar, siendo completamente honesto, no me había dado cuenta de que pasó tanto esta vez, así que entenderé si ya no hay nadie leyendo esto hehe. Si aún hay gente que lo esperaba, primeramente, muchas gracias, y en segundo lugar, espero les guste el capítulo de hoy.

Los dejo con esto.


El brillo del sol se reflejaba en las gotas de rocío de la madrugada sobre los verdes pastizales de las madrigueras. Desde esa hora tan temprana, muchos de los habitantes del lugar ya habían empezado con sus labores diarias, así como había varios negocios que abrían sus puertas a aquellos que les gustaba levantarse antes de que saliera el sol. No había nada extraordinario, ni fuera de lo normal. Nadie notaba algo distinto en el ambiente. Se trataba de una mañana común y corriente en Bunnyburrow.

No importa qué tan grande sea una tragedia, un cambio, una pérdida o un nuevo inicio para tu vida, el resto del mundo seguirá girando como si nada hubiese pasado. Judy sabía esto, lo había experimentado en esos dos años que Nick pasó fuera de Zootopia; mientras que ella se ahogaba en culpa, en incertidumbre y en la amarga sensación de fracaso y soledad, todo a su alrededor seguía su curso normal. La partida repentina del zorro no marcó diferencia alguna para el mundo, éste simplemente siguió y siguió. La coneja nunca olvidaría esos días, y al mismo tiempo, esperaba no tener que experimentar nada igual. Sin embargo, así como al mundo no le importaba lo que pasara en su vida, tampoco le importaban sus esperanzas, ni la manera en que estas terminaran.

La granja de la familia Hopps, conocida por casi, sino era que todos en el lugar. Muchos de los hermanos de Judy ya habían empezado a trabajar en el campo. No era un misterio para nadie lo que había pasado, todo lo que Judy "ocasionó". Algunos apoyaban enteramente la opinión de su madre hacia ella, que era una vergüenza para el apellido entero, pero varios otros no pensaban así de ella, de hecho, incluso estaban preocupados porque pensaran tan mal de su hermana; no era justo, no debía ser de esa manera, se supone que deben apoyarse todos como la familia que son, que solían ser.

El tan conocido rugir del motor de la camioneta de sus padres alertó las orejas de varios que se encontraban cerca de la entrada de la casa. Algunos la miraron por escasos segundos, otros ni siquiera le dieron mayor importancia. Dentro del vehículo, había únicamente dos conejos. Uno de pelaje marrón oscuro y ojos azules, acompañado por otra de pelaje gris y ojos color violeta.

-Lamento que todo haya terminado así Judy- Suspiró Rodney. Ella lo miró de reojo, estaba completamente apagada, completamente perdida. La decisión que tomó la noche anterior, frente a Nick, frente a su familia, fue definitiva, fue lo que ella consideró como lo mejor.

-Gracias… Son las palabras más dulces que he escuchado de mi familia desde hace mucho- Le sonrió, aunque para nada ocultando su verdadero estado de ánimo.

Judy bajó de la camioneta a la par que su hermano. Ambos se dirigieron a la caja de la misma, dentro, habían varias maletas, todas y cada una pertenecían a Judy, eran las mismas con las que había vuelto de Fangtown. Rodney se adelantó a tomar y bajar cuantas pudo, dejando a Judy el menor esfuerzo posible, difícilmente le gustaría hacer más grande la carga que ya tenía sobre los hombros la pequeña coneja. Se aproximaron hasta la entrada principal, fue entonces que Judy quedó paralizada, ¿de verdad estaba ocurriendo esto? No tenía el valor para entrar, para ver a todos a los ojos, no quería hacerlo, en verdad que no.

-¿Estás segura de esto? Si quieres puedo…

-No- Interrumpió Judy -. De una manera u otra, yo ocasioné esto, y yo debo ser quien lo afronte.

-Entiendo. Llevaré esto hasta tu habitación, y luego te llevaré las otras, ¿de acuerdo?- Le sonrió Rodney. La coneja no se explicaba cómo, ni mucho menos el porqué de la actitud tan amable de su hermano mayor, aunque le reconfortaba sentir ese afecto familiar, al menos de uno entre todos sus familiares.

Judy esperaba, mejor dicho, deseaba que todos estuviesen fuera de casa. Que estuvieran ocupándose de la granja, que salieran a comprar algo, lo que fuera, simple y llanamente no quería tratar con ninguno en ese momento. Se armó de valor, tomó aire y abrió la puerta. Ese no iba a ser su día, apenas entró, sintió la pesada mirada de todos y cada uno de los presentes, los cuales por cierto, no eran pocos.

-¿De verdad hizo eso con un zorro?

-Eso es lo que dice mamá.

-Golpeó a Violet sin razón, la pobre aún no se recupera.

-No debería estar aquí.

-No sé por qué mamá fue a buscarla.

Críticas, insultos, todas las posibles formas de desprecio expresado mediante la palabra, estaban cayendo sobre la coneja. Para ese momento, Judy maldecía a su sentido del oído, no había nada que se le escapara entre todo ese mar de odio. De no darse prisa, seguramente irrumpiría en el llanto en ese mismo lugar. Tomó con fuerza las maletas que llevaba y corrió hasta su habitación, sollozando y tratando de no derrumbarse. Era demasiado cruel, ¿por qué recibirla así? Se supone que son su familia, deberían apoyarla, no despreciarla así.

Rodney muy poco podía hacer por ella, difícilmente cambiaría la opinión de sus hermanos, aunque tampoco fingiría estar de acuerdo con la manera en que hablaban de ella. Ignoró todo, y se dispuso a alcanzar a Judy en la segunda planta del lugar. No tardó en dar con ella.

-Judy…- habló al verla parada frente a la puerta de su habitación -. ¿Estás…?

-Estoy bien, tranquilo, no es nada que no esperara ya- respondió con ironía -. Veo que al menos no tiraron mi puerta hehe…

-Sí, bueno, algunos trataron de hacerlo- confesó el conejo.

Judy suspiró -. Me lo imaginaba, creo que lo mejor será terminar con todo esto- dijo con desgano, a lo que su hermano simplemente asintió.

La coneja abrió la puerta, en cierta manera esperando ver un montón de destrozos; las paredes rasguñadas, sus posters rasgados, que hubiesen lanzado su cama por la ventana, incluso esperaba ver alguno que otro mensaje ofensivo en las paredes, pero no había nada. Su habitación parecía haber sido congelada en el tiempo desde la última vez que estuvo allí; no faltaba nada, no había nada de más y todo estaba en perfecto estado.

-Justamente así la recordaba- musitó repasando todo el lugar con la mirada.

-Sí, nadie venía para acá desde que te fuiste, mamá les prohibió tocar nada, esperando al día en que volvieras- explicó Rodney.

-Ya veo…- La melancolía era fácil de ver entre las palabras de Judy. Su madre les dijo a todos que no tocaran nada, que ella regresaría pronto y que para ello todo debía estar en su lugar, ella la amaba. Entonces, ¿por qué tratarla con tal desdén la noche anterior?

-Dejaré esto aquí, y traeré lo demás- El conejo bajó las maletas y se dispuso a salir de la habitación -. Y Judy... Sin importar lo que digan o piensen los demás, me da mucho gusto verte otra vez.

Ella sonrió. En cuanto se encontró sola, tomó la maleta más grande de las que habían subido y la posó sobre su cama. Desabrochó los seguros, y luego abrió la maleta. La miró por unos momentos, repasando en su mente hasta el último de los sucesos que la llevaron hasta ese punto, todas las decisiones que tomó, buenas o malas, hasta la noche anterior donde tuvo que elegir a su familia o a Nick. Estuvo completamente segura de su decisión. Mientras veía el interior de esa maleta vacía, aún sentía que hizo lo correcto tanto para ella, como para su familia, como para Nick, aunque no por ello el dolor era menos.

En su camino a las madrigueras, Judy tuvo el tiempo necesario para pensar qué empacaría primero, la perfecta disposición del espacio, etc. Ahora que se encontraba frente a frente con la situación real, la sensación era completamente abrumadora. Desde que abrió esa maleta, parecía que su voluntad la abandonó por completo; no podía hacer nada, no sabía qué hacer, o si quería hacerlo en realidad. Ella creció ahí, vivió ahí y se crió toda su juventud, pero la decisión había sido tomada y debía ser firme en lo que dijo.

-(Suspiro) Será mejor terminar con todo esto- dijo para sí misma, mientras que al fin tomó algunas de sus pertenencias que había sobre la mesa de noche. El orden con que regía su vida era claro, incluso en las peores situaciones de su vida. Cada una de sus cosas iban en orden, aprovechaba el espacio, además, mantener su mente ocupada en eso, le ayudaba a ignorar la gravedad de todo el asunto.

Primero empacaría las cosas pequeñas, los adornos, una que otra fotografía que le recordaran los buenos tiempos, antes de que todo se viniese abajo. En cuanto terminó con eso, pasó a buscar toda su ropa de entre los muebles, después se preocuparía por lo demás. En un orden que para ella parecía tener sentido, poco a poco, esa habitación empezó a quedar vacía. En cuanto Rodney subió con las maletas que faltaban, su hermana no perdió más tiempo y las llenó también. Una hora había pasado, solamente una hora le fue necesaria a Judy para empacar hasta la última cosa que se llevaría a la ciudad.

-Creo que es todo- musitó viendo su habitación. Carecía de color, de vida, era una ausencia completa, era su ausencia.

Judy había acomodado las maletas llenas en el pasillo fuera de su habitación, su hermano había estado ayudándola a bajar todo poco a poco; a ese punto, solo debía bajar una maleta más y se iría de la granja Hopps, sin tener idea de cuándo podría volver, o de si volvería en absoluto.

Miró con atención por algunos segundos más, no olvidaba nada. Los muebles grandes se quedarían, así como el colchón de su cama. Espejos fijos a la pared, cómodas, no podía llevarse nada de eso. Sin embargo, sobre el tocador en que solía arreglarse todas las mañanas antes de salir, logró ver una fotografía. Le pareció increíble haberla pasado por alto mientras empacaba todo. Fue por inercia que se acercó a ella, la tomó y la miró con atención. No había manera más cruel de torturarse a sí misma que esa; ella, su madre y su padre, junto con algunos de sus hermanos, Violet entre ellos. Esa fotografía fue tomada el día en que se mudó a Zootopia. Todos parecían apoyarla, estaban seguros de que triunfaría, pero ahora, resultaba que no había sido nada más que una gran mentira. Nunca la respaldaron en su sueño, nunca quisieron que se convirtiera en policía, nunca quisieron que se fuera de Bunnyburrow.

La humedad en sus ojos y el nudo en la garganta que de pronto se formaron no se hicieron esperar. De un momento a otro, Judy se encontró sentada en el suelo, llorando desconsoladamente. No podía parar de pensar que jamás podría ver a su familia otra vez, que ellos no la querían ver nunca más. Ellos debían de estar ahí, se suponía que serían ese lugar al que volver cuando las cosas no tuvieran más remedio, debía ser su hogar.

-¿De verdad lo perdí todo?- Se preguntó con una pata tapando su boca –. Creí que me amaban… Creí… Creí que…- No podía seguir murmurando, el dolor que sentía en ese momento era horrible. Con fuerza, estrujó la fotografía en su pecho en un intento desesperado por aferrarse a las cosas buenas que pasó con su familia. Las palabras horribles que le dijo su madre, la manera en que Violet la trató, todos los insultos y críticas de sus hermanos y hermanas, esa no era la imagen que quería recordar. Ella quería aquella bella familia de conejos que tan unida solía ser en el pasado. Sí, eso era lo que quería recordar.

Rodney aguardaba por ella en la camioneta, Judy le dijo que no tardaría, y por supuesto que lo estaba haciendo. La idea de que tal vez sus hermanos decidieran desquitarse con ella golpeó su mente con fuerza, ¿debía ir a ver si estaba bien? Ya de por sí se había echado a Bonnie encima por ayudar a la coneja renegada a recoger sus cosas y llevarlas a la ciudad, pero eso no debía importarle, ella era su hermana y debía asegurarse de que estuviera bien.

-Judy- dijo aliviado al verla salir por la puerta principal -. Tardaste mucho.

-Lo siento, yo...- Se quedó en blanco.

La confusión de su hermano no duró mucho, sus orejas rápidamente captaron pasos detrás de él, y por mero reflejo se dio media vuelta. Ahí estaba Bonnie, recién regresaba de la clínica local junto con Violet, quien ahora tenía la nariz cubierta por gasas y un nuevo par de lentes. Ninguna de las dos le dirigió la mirada a Judy, de igual manera ésta pudo sentir su desprecio desde que las vio. Pasaron de largo junto a ella; no dijeron adiós, no la insultaron, no le reclamaron nada, simple y sencillamente parecían ignorar que alguna vez fue una Hopps.

-Podré…- Musitó Judy, logrando así, captar la atención de su madre -. ¿Podré volver algún día?- Le preguntó con temor. Rodney no fue capaz de ocultar su sorpresa al escuchar tal pregunta. Para él, claro que podría volver cuando quisiera, pero para su madre. Bonnie no respondió, solamente siguió caminando hasta entrar en la casa. Judy cerró sus ojos, y pudo sentir cómo las lágrimas empezaban a brotar de los mismos. Se recompuso lo más que pudo, sollozó un par de veces y con su antebrazo limpió sus ojos. Respiró profundamente y subió a la camioneta.

¿Qué podía decir su hermano en un momento como ese? ¿Qué mensaje optimista podría transmitirle sin sonar como un inconsciente cretino? Lo mejor en ese momento era guardar silencio.

Judy vio su casa, a la par que la camioneta empezó a avanzar. Poco a poco, la perdió de vista en la distancia, hasta que ya no la pudo ver más.

-Adiós Bunnyburrow.

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Nick

¿Soy un mamífero egoísta? ¿De verdad le costé todo? Su familia, su hogar, su apellido… No, no pude ser solo yo ¿Cierto? Claro que la quiero conmigo, claro que quiero estar con ella y ser parte de su vida, pero esto… Esto no está bien, ella no se lo merece, ni siquiera con todo lo que me hizo a mí y a la ciudad al confiar en Jack… ¿Entonces por qué no hablé, por qué no me opuse a su decisión? Debió elegir a su familia, no a mí, no puedo imaginar por lo que debe estar pasando en este momento, pero en cuanto tomo su decisión, "lo elijo a él" es como si parte de mí hubiera vuelto a la vida, una parte que yo creí había sanado hacía muchísimo tiempo, claramente no era el caso.

Temo por Judy, no sé si con todo lo que pasó en estos dos años tendrá la fortaleza emocional para superar esto. Nunca quise que perdiera a su familia, entonces ¿por qué me siento tan aliviado de que me hubiese escogido a mí, por qué la culpa no puede ahogar esa retorcida alegría que siento al saber que no me abandonó esta vez? Durante nuestros últimos meses en Fangtown, creí haberlo superado casi todo, estaba seguro de que el tema de la estación y de Savage eran los únicos asuntos pendientes con los que tenía que lidiar. Ahora sé que no es así.

Dijo que debía ir ella sola, pese a lo mucho que insistí en acompañarla, Judy no me quería cerca de su familia por ningún motivo. No sabría decir si me lo dijo por miedo a que me hicieran algo, o si era su manera de insinuarme que no quería verme después de lo que pasó. Me aseguró que no estaba moleta conmigo, que yo no había tenido nada que ver en sus problemas familiares, pero no lo sé. No sé si esté molesta, no sé si simplemente esté deprimida… No sé si va a regresar… ¿Qué rayos estoy pensando? Si elige quedarse con su familia sería lo mejor para ella. Pero me prometió que regresaría… No, no, no, no, no, no. Nick, tú eres mejor que eso, no te preocupas únicamente por ti. Ella merece ser feliz al igual que todos. Si esa es mi manera de pensar, ¿por qué sigo sentado en la entrada del departamento del cual seguramente nos van a echar, por qué sigo esperando por ella?

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El zorro movía impacientemente su pata hacia arriba y abajo mientras estaba sentado al pie de las escaleras del edificio de departamentos que Violet le había conseguido a Judy. Sobraba decir que el vulpino no había dormido en toda la noche, y sin embargo, no se veía cansado; no tenía ojeras, no bostezaba y sus ojos se mantenían firmes en la calle frente a él. Esperaba escuchar el sonido de la camioneta en que se fue Judy la noche pasada, esperaba verla pronto. Habían pasado ya algunas horas desde que amaneció, y no había tenido noticias sobre ella; ni llamadas, ni mensajes. En una de sus patas sostenía su celular, lo revisaba constantemente, en definitiva, esperando ver algo que le dijera qué fue de la coneja. Claro que estaba nervioso, asustado incluso, más aun al pensar en lo que Judy debía afrontar por sí sola. Debió ir con ella, es lo que se repetía una y otra vez mientras esperaba, hasta que algo logró sacarlo de todas sus incertidumbres.

Rodney y Judy al fin habían vuelto a la ciudad.

-Oye- Todo el viaje había sido silencio hasta ese momento, por lo que escuchar la voz de su hermano, fue una gran sorpresa para la coneja –Tal vez no todos te vean igual que antes pero, nunca vas a dejar de ser mi hermana, ¿está bien?- Le sonrió –Por favor, no dejes de llamarme, ni de escribirme, hazlo cuando quieras, quiero saber que estás bien, ¿sí? Lamento si no tengo mucho más para decir, pero en verdad no sé si solamente hablando logre hacer esto menos doloroso de lo que es- Apartó la mirada, esta vez reprochándose a sí mismo no poder hacer nada más por su hermana. Así pensaba, hasta que los brazos de Judy lo estrujaron fuertemente.

-Gracias… En verdad, gracias- Le dijo con la voz ahogada. Judy se habría quedado más tiempo así, de no ser por la luz roja del semáforo que ahora cambiaba a verde.

-Mira, alguien sigue esperando por ti.

-Nick- Sonrió al ver al zorro sentado en las escaleras.

Apenas se detuvo la camioneta, Judy bajó y el zorro se levantó a recibirla.

-Zanahorias… ¿Está todo…?- preguntar si las cosas estaban bien sería una estupidez -. ¿Vas a estar bien?-

-No quiero hablar de eso ahora, ¿de acuerdo?- Le dijo con gentileza -. Tengo que ir a hablar con el encargado para ver si nos echaran hoy mismo, ahora que Violet canceló el contrato, no tardaré- Abrazó levemente a Nick y entró en el edificio.

El zorro era astuto, y conocía a esa coneja lo suficientemente bien como para saber lo destrozada que estaba en ese momento. Una de las cualidades que Nick en verdad detestaba de Judy, era el hecho de que trataba de hacer como si nada pasara luego de una crisis, solamente para desmoronarse más tarde. Esta era una de esas ocasiones, apenas estuvieran solos, sería trabajo de Nick apartar toda la angustia de la pobre coneja lo más que le fuera posible.

-Eres Nick, ¿cierto?- Escuchó.

-¿Hmm? Sí, Nicholas Wilde- Extendió su pata hacia el conejo.

-Rodney Hopps- Respondió el saludo.

-Eres el primer conejo de su familia que me llama por mi nombre- Bromeó el vulpino en un intento de romper la tensión.

-Sí, escucha, yo no tengo nada en contra de ti, mucho menos en contra de Judy. Pero sí me preocupo por ella…

-Tienes mi palabra de que no pretendo hacerle daño de ninguna manera.

-Lo sé, si te eligió en lugar de a nuestra madre, es que debes ser especial- Rodney era tan diferente a los demás Hopps que Nick conoció esa noche. Su voz era tranquila, parecía ser abierto y no dejarse ir por los prejuicios hacia las demás especies -. A lo que quiero llegar es que, no sé qué tanto daño le hizo nuestra madre la noche anterior, y no quisiera enterarme de que ella misma se… - Era difícil si quiera pensarlo -. Por favor cuídala, ¿sí?

-Ella es tan importante para mí como yo lo soy para ella. No dejaré que nada le pase- Aseguró Nick, aunque fácilmente podía reconocer el temor en el rostro de aquél conejo; no le temía a él, en verdad tenía miedo por cualquier cosa que pudiera pasarle a Judy a partir del momento en que subiera a la camioneta para irse de la ciudad.

La coneja regresó a la calle después de unos minutos más. No parecía más preocupada de lo que ya estaba, así que eso podría tomarse como una buena señal, al menos por el momento.

-Entonces, ¿nos van a echar?- preguntó el zorro.

-Parece que no, o al menos no por ahora- respondió rascándose la nuca -. Violet canceló el contrato, pero ya había pagado los primeros tres meses de alquiler, y no pidió la devolución del depósito así que, tenemos casa por mes y medio más- Sonrió. Una sonrisa algo vacía, su esfuerzo por ver algo bueno en todas las desgracias que vivió hacía tan solo unas horas, no era exactamente bueno -. Aunque será mejor no desempacar todo esto, tendremos que buscar otro departamento pronto, ni de chiste podríamos pagar esto Nick- Señaló con pesar, el nuevo lugar era en verdad fabuloso, pero también terminarían por perderlo, eso era más que obvio.

-Judy- habló el otro conejo –Es hora de que me vaya.

Ella no pudo disimular esa decepción que sintió al escuchar que su hermano se iría ya, en verdad esperaba poder pasar un poco más de tiempo con alguien de su familia; sólo Dios sabía cuándo podría hacerlo otra vez.

-No… ¿No te gustaría quedarte un rato más?- Nick la miró con sorpresa, aunque no desaprobaba la idea -. Podríamos preparar algo, no has almorzado, ¿cierto?

-Hermanita- Le sonrió mientras la tomaba de los hombros –. En verdad me encantaría, pero mamá está fuera de sí ahora mismo, y no quiero poner más problemas sobre tus hombros- Explicó cabizbajo. Judy sintió rápidamente un nudo en su garganta, estaba al borde del quiebre otra vez -. Pero te prometo que volveré otro día, ¿sí? No vas a librarte de mí tan fácilmente- Rió inocente, aunque no logrando levantar el ánimo de la ya deprimida coneja frente a él -. Cuídate mucho Judy- Un último abrazo, uno que ella hizo más fuerte y duradero. No quería dejarlo ir, no quería perderlo a él también, ¿cuándo volvería, cuándo podrían hablar?

-No te vayas- Suplicó con la voz ahogada.

-Te juro que volveré pronto- Respondió en el mismo estado que su hermana.

Al separarse, ambos limpiaron sus lágrimas y se alejaron. Judy se quedó con Nick, y Rodney entró a la camioneta nuevamente. Encendió el motor, y le hizo un último ademán a la coneja para luego partir. Judy lo siguió con la mirada hasta perderlo en una esquina.

Nick la sostenía con ambas patas sobre sus pequeños hombros. Desde que la tocó pudo sentirla temblar, estaba conteniéndose con todas sus fuerzas para no irrumpir en el llanto y la desesperación en la calle. Era hora, el zorro sabía muy bien que ella no debía seguir guardándose todo eso para sí misma.

-Hay que ir adentro Judy- musitó, la coneja simplemente asintió y entró junto con él. Un silencio sepulcral se apoderó del ambiente mientras caminaron hasta su departamento. Todo dentro estaba hecho un desastre por la depuración que hicieron la noche anterior los hermanos de Judy. Muy poco les importó lo que vieron, ni siquiera estaban seguros de que valiera la pena arreglar el lugar, pues se irían pronto de una u otra manera.

¿Cómo debía decirlo, cómo podría decirle que era la hora de dejar salir todo lo que había contenido desde la noche anterior? No es como si pudiera simplemente presionar un botón y hacer que Judy se pusiera a llorar sin control, pero era lo que quería lograr en ese momento; aunque claro, no buscaba hacerla sentir peor, y difícilmente la haría sentir mejor así como así, sin embargo, dejar ir todo sería una magnifica forma de empezar.

-Judy… Yo no…- Era un maestro de la palabra, la mentira, el engaño y la negociación. Sin embargo, en ese momento, ni siquiera podría articular bien sus palabras –. No tengo idea de cómo te sientes ahora…- La coneja estaba parada frente a una ventana, la luz la iluminaba de frente, dejando un borde brillante en la silueta de su figura -. Ni siquiera creo que sea justo de mi parte intentar entenderlo, pero…

-Eso es mentira- Interrumpió la coneja –Lo sabes bien Nick… Yo hice que lo supieras- dijo con la voz entrecortada, ahogada y melancólica.

-No me refería a…

-Lo sé, pero es la verdad… Sabes bien cómo es perderlo todo, absolutamente todo…- Judy ya estaba sollozando, constantemente limpiando sus mejillas y estrujándose el pecho con una pata –Así que por favor dime… Dime, ¿cómo lograste salir de algo así?… ¿Cómo encontraste la fuerza para seguir con tu vida, sabiendo que ninguno de los animales que conociste y amaste va a seguir contigo?… Por favor dime…

Ahora Nick estaba teniendo un vistazo más profundo del dolor por el que Judy estaba pasando, y no era agradable, aunque sí era muy conocido para él. Tragó un bulto muy grueso y habló -. No es fácil, no es agradable y mucho menos algo que quiera repetir algún día…- Explicó con la voz apagada -. Pero si de verdad quieres dar el primer paso, es el más duro, el más amargo y doloroso de todo ese horrible camino.

-¿Qué es?

-Déjalo ir.

Esas dos simples palabras desataron el gran torrente de emociones que Judy se estaba guardando para sí. De la nada, las lágrimas brotaron sin control, le costaba trabajo respirar y no podía parar de llorar a gritos. Se abrazó a sí misma, se arrodilló en el suelo y ni siquiera era capaz de abrir los ojos completamente. Nick corrió hacia ella, nadie tenía que contarle cómo era estar en ese agujero tan oscuro. Aún recordaba bien la sensación de llorar de esa manera, cómo sientes que vas a ahogarte en tus propias lágrimas, cómo tu pecho parece estar siento oprimido por algo tan pesado que te dejará hecho pedazos; pero la soledad, aquella que él sintió en su momento, no iba a ser algo que Judy tendría que soportar, no mientras él estuviera al alcance.

Con fuerza, el vulpino la tomó con sus brazos. Por mera inercia, Judy se aferró ahora al pecho del zorro, no aplacando para nada aquél desgarrador llanto, pero sí encontrando algo de confort. No lo había perdido todo al fin y al cabo, la presencia tan cálida de Nick era buena para ella, era necesaria. Judy seguía gritando, era su manera de desahogarse. De cuando en cuando era trabajo de Nick calmarla levemente para que su respiración regresara a su estado normal. Entre todo ese sufrimiento, Judy logró hacerse una única y simple pregunta que ahora no veía posible; ¿cómo fue que Nick pasó por todo eso estando completamente sólo?

-Estoy aquí Zanahorias… Estoy aquí y no me iré.

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La noción del tiempo fue algo que escapó a ambos por completo. El día había avanzado lo suficiente como para que empezara a escucharse todo el alboroto en la calle; autos, animales, voces, etc. Nick organizó un poco la cocina, al menos lo suficiente como para tener un lugar donde sentarse y hablar. Eso último era algo que Judy no había hecho por las últimas horas. Desde que se desahogó, no podía dejar de sentir un peculiar dolor en la garganta, todo a causa de los desgarradores gritos que había dejado salir. El zorro estaba al tanto de ello, por lo que ni lento ni perezoso, apenas tuvo oportunidad preparó una taza de té a la coneja, con la esperanza de que la miel ayudase con su dolencia, aunque claro, eso ayudaría a sanar únicamente el dolor físico.

-Aquí tienes, espero te sirva de algo- dijo con gentileza, mientras dejaba la taza frente a ella.

Judy solamente sonrió y asintió en señal de gratitud. Tal vez ya no estaba tan abrumada como antes, pero seguía dentro de un pozo sin fondo emocional, Nick debía actuar con cautela si no quería empeorar más la situación.

-¿Te sientes mejor?- preguntó al verla terminar el primer trago.

-Algo- Le respondió con la voz apagada -. Gracias Nick.

-Todo un placer.

Judy siguió bebiendo de la taza a pequeños sorbos, la miel estaba funcionando, aunque no era suficiente para romper la tensión. Judy no quería hablar de lo que pasó, y Nick no estaba seguro de qué decir. Por el momento, con la compañía mutua tendría que bastar.

-¿Qué seguirá ahora?- preguntó la coneja, después de varios sorbos a la taza, ya podía hablar sin problemas.

-No lo sé… Bueno, al menos no sé nada en tu caso Judy- Desvió la mirada -. Bogo nos devolverá nuestro trabajo, así que eso está cubierto, pero dudo mucho que eso te baste.

Judy bajó la mirada, una vez más pensando en lo que había pasado. Hizo un gran esfuerzo para no dejarse llevar por todos esos sentimientos otra vez.

-Es… Es un buen inicio- dijo alzando la mirada, tratando de forzar una sonrisa, a la par que ahogaba un sollozo.

-Escucha, hay muchos consejos que yo no seguí para salir de cosas así, y lo primero que voy a decirte es que no puedes pasarte la vida encerrada aquí, o terminarás siendo una coneja gruñona igual que yo en Fangtown- Trató de bromear el vulpino.

Judy dejó escapar una pequeña risa, un atisbo de optimismo seguía dentro de ella, y eso era reconfortante para los dos.

-Entiendo lo que dices Nick… Pero no sé si quiero, o puedo salir en este momento.

-Tonterías, te divertirás, ven conmigo.

La tomó de la pata y la sacó del departamento. Si bien Judy no estaba en su mejor ánimo, no hizo mucho para tratar de detener al zorro. En ese momento, ese era uno de los pilares más fuertes sobre los que la coneja se sostenía; Nick entendía a la perfección por lo que ella estaba pasando en ese momento, debía confiar en él, aunque no por ello podía ignorar todo lo que pasó anteriormente.

-Nick espera- Le dijo la coneja al llegar a las escaleras.

-¿Prefieres el ascensor?- respondió el zorro.

-Esto es serio- Le replicó levemente.

-Vale, vale, lo siento. Judy, no puedes quedarte en el departamento toda la vida- Explicó cruzándose de brazos.

-Ya lo sé, no tengo intención de quedarme encerrada… Simplemente no quiero salir ahora.

Nick suspiró, Judy de verdad estaba derrotada en ese momento, aunque no por ello debía dejarla así como así -. Escucha rabo de algodón- Se arrodilló frente a ella -. No puedo decir que me imagino cómo fue que tu familia… Ya sabes- Desvió la mirada, apenado de haberlo siquiera mencionado –. Lo que sí entiendo, es que no te hará nada de bien fingir que el resto del mundo a tu alrededor no existe.

-Ya lo sé, pero…- Trató de decir la coneja.

-Pero nada. Por esta vez tendrás que hacerme caso- dijo Nick. Una vez más, y con toda gentileza, tomó la pequeña pata de Judy. No es que de la nada cambiase de opinión, en definitiva no querría salir pronto, pero por el momento no tenía manera de contradecir al zorro, la coneja esperaba poder pensar en algo antes de llegar a la salida del lugar.

-Nick…

-Espero que tu lengua sea tan afilada como la de un zorro, porque nada de lo que me digas me hará dejarte aquí.

-Podría simplemente morder tu pata y salir corriendo de regreso al departamento- sugirió, con un leve atisbo de optimismo.

-Tiraría la puerta. Vamos Zanahorias, ya estamos en la salida.

-Nick, no…

-Hay que irnos, conozco un lugar maravilloso en Sahara…- El zorro se quedó a medias en lo que estaba diciendo. Al abrir la puerta principal, una limusina negra aguardaba al bajar las pequeñas escaleras de piedra que daban a la calle.

-Ese es…- musitó Judy. Sus sospechas se confirmaron en cuanto una de las ventanas traseras bajó, dejando ver una gran pata, forrada en pelaje blanco y sosteniendo una pequeña silla con una musaraña sentada en ella.

-Nicky, Judy, es un placer verlos. Con todo lo que pasó en las noticias, temía que hubieran olvidado nuestra cita de hoy- dijo con suma tranquilidad, algo que definitivamente era ausente en las expresiones tanto del zorro como de la coneja.

-¡Hola Judy!- clamó otra voz un tanto aguda, FruFru estaba con Mr. Big también.

-Creo que quedarte acaba de volverse imposible- musitó el zorro, a lo que Judy simplemente asintió, a la par que esbozaba una sonrisa nerviosa junto con Nick.

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La vida diaria de la familia Hopps había continuado como si nada después de que Judy se fue. Algunos seguían hablando de lo que pasó, otros ya ni siquiera se molestaban en recordarla, se repetían que estaban mejor sin ella. Y una muy pequeña minoría, no estaba nada feliz con lo que pasó, pero ese sentido de desdén no era hacia la coneja, sino hacia su madre, ¿en qué estaba pensando al tratarla así? ¿Dónde quedó esa "civilización" de la que los animales hacían gala? Rodney era claramente uno de ellos, y contaba con el apoyo de algunos de sus hermanos.

-¿De verdad no va a volver jamás?- preguntó incrédula una coneja de pelaje marrón. Su nombre era Lucy.

-Mamá se veía muy segura de no dejarla volver- respondió Rodney.

-Creí que éramos una familia, no una especie de culto que exilia a los que desobedecen- El más indignado de todos era Angus, el mayor de la camada en la que Judy había llegado al mundo. Su pelaje era un tono mucho más oscuro al de Judy, pero sin llegar a ser negro. Desde niños, había sido su trabajo cuidar de ella y los otros que vinieron juntos, y ahora, simplemente harían como si no hubiesen existido jamás.

-Hablarlo aquí entre nosotros no nos va a llevar a ningún lado- Aseguró Rodney -. Y tampoco servirá decirles nada a nuestros padres.

-¿Estás diciendo que simplemente vamos a seguirles la corriente a todos y pretender que es normal?- cuestionó su hermana, no muy contenta, eso era claro.

-¡Por supuesto que no!- Clamó el conejo -. Pero no vamos a cambiar la manera de pensar de más de la mitad de la familia.

-No tenemos qué hacerlo- Interrumpió Angus –. No somos los únicos que no están felices con todo esto, y antes de que lo pregunten, no estoy proponiendo una rebelión de conejos en pleno Bunnyburrow, pero tal vez deberíamos seguir los pasos de Judy e…

-¿Irnos?- Lucy no tardó en comprender de qué iba todo. No es que estuviera de acuerdo con una medida tan drástica, pero lo cierto era que sonaba sensato.

-¿Hablas en serio Angus?- preguntó Rodney.

-¿Y qué más sugieren? Antes siempre sabíamos de Judy cuando llamaba, ahora está prohibido que siquiera vayamos a la ciudad. No quiero que un día llegue la notificación de que murió sin que nosotros nos diésemos cuenta…

Un escenario muy oscuro, pero no por ello improbable. ¿A eso se habían reducido las cosas? No era algo sencillo de aceptar, no era algo que quisieran aceptar en absoluto.

-¿Y cuál sería el plan?- habló la coneja –No podemos solamente llegar a la ciudad y esperar que todo sea color de rosa para nosotros.

-Ella tiene razón- agregó el conejo más joven –. No podemos ir a ciegas.

-Lo sé. Primero hablaré con los demás para ver quién estaría de acuerdo con nosotros, luego de eso… Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él.

-Por el momento será mejor regresar antes de que nos echen en falta- Sugirió Lucy.

-Y no hay que dejar que nadie más se entere de esto, no queremos empeorar la situación para Judy- comentó Rodney.

-O para nosotros- dijo Agnus.

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Marian aún no terminaba de superar lo que pasó con Nick, si bien ahora estaba segura de que tomaron la decisión correcta al decirle la verdad sobre su padre, el no haber sabido nada de él desde entonces no estaba siendo exactamente agradable. Tenía la mirada perdida en el horizonte, recargada en la cerca frontal de su jardín. Parte de ella esperaba ver a su hijo llegar a lo lejos, ansiaba verlo otra vez y saber que ahora todo estaba bien. Incluso estaba dispuesta a soportar a Judy si con eso Nick volvía.

Dejó escapar un prolongado suspiro, mientras se mantenía cruzada de brazos, hasta que…

-¿Estás bien?- Escuchó a sus espaldas. Un ligero sobresalto la hizo salir de su pequeño trance. Al girar, Robin fue la imagen que recibió, esta vez vestido con ropa decente y sin rasgaduras, era un zorro completamente distinto a como se veía cuando llegó. Una camisa de color negro y un saco verde oscuro con un pequeño pañuelo rojo en el bolsillo del pecho sobresaliendo levemente, así como un pantalón azul oscuro en sus piernas.

-El verde te sienta bien- Le dijo Marian con calidez.

-Henry solía decir lo mismo- Sonrió algo sonrojado al notar a la hembra cerca de él, al mismo tiempo que le acomodaba las solapas del saco.

-Creo que no has usado este tipo de ropa en mucho tiempo- dijo dejando el saco de Robin y pasando a abrazarlo suavemente.

-El viejo pueblo en el bosque de Sherwood no es exactamente un lugar para vestir así- explicó rascándose la nuca.

-Espero que la ciudad no resulte tan abrumadora para ti ahora que regresaste, hehe, las cajas de metal con ruedas se llaman autos- bromeó al tomar la pata de Robin.

-Y de ahí Nick sacó su sentido del humor- respondió empezando a caminar.

-Tu familia nunca se ha caracterizado por ser muy graciosa, ¿o sí?

-Oye, soy muy gracioso- se quejó el zorro.

-Claro que sí. En fin, ¿aún quieres conocer la ciudad?- preguntó la vulpina.

-Sería agradable, sería una buena oportunidad para buscar un nuevo empleo, no creo que pueda seguir pagando con bellotas.

Marian no pudo contener la risa por la ocurrencia tan extraña que acababa de escuchar.

-¿Lo ves? Puedo ser gracioso.

-Bien, bien, no volveré a poner en duda tu honor. Ahora vámonos ya, antes de que se termine el sol.

Marian ya había pasado dos años lamentándose en absoluta soledad en su casa. Ignoraba al mundo exterior, evitaba salir sin que fuera necesario, incluso había empezado a trabajar en casa para no interactuar con nadie más. Sin embargo, después de todo eso, y ahora que Nick estaba en la ciudad de nuevo, gran parte del peso que tenía sobre los hombros se había disipado; no es que ignorase el hecho de que su hijo no quisiera verla en ese momento, pero de nada le serviría volver a encerrarse sin siquiera sentir el sol sobre su pelaje. Debía convivir con alguien, y quién mejor que Robin para ello. Lo cierto era que, a pesar de vivir en Zootopia, después de esos dos años, ya tampoco recordaba del todo bien cómo era el centro de la ciudad, sin mencionar los distintos distritos aledaños. Era hora de ponerse al día, tanto con Robin, como con la ciudad.

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Mr. Big era un líder criminal sumamente importante en Tundratown, si se quería tener un negocio grande, él era a quien debías acudir tanto para el permiso, como para el préstamo de dinero. Una estrategia comercial ingeniosa por parte de la musaraña, ya que, incluso después de que hubiesen pagado el préstamo completo, aún quedaban varios beneficios después de eso; en el lugar en que se encontraban esa tarde en particular, tenían siempre una mesa lista para el pequeño mamífero, su orden salía primero y tenía acceso a los licores y carnes más finas del restaurante. El lugar ya de por sí era exclusivo, ni con el sueldo de medio año Nick y Judy lograrían tener una comida completa, mucho menos pagar la reservación completa, tampoco es que les importase mucho entrar, sin embargo, allí estaban.

Todo lo que pasó después de Jack Savage, Fangtown, el regreso a la ciudad, todo se lo contaron a Mr. Big. Ni el vulpino ni la coneja se explicaban por qué tenía tanto interés en eso, podían entender que quisiera saber sobre Jack, al fin y al cabo pudo haber matado a alguno de sus clientes o empleados, pero sobre sus vidas, era demasiado incluso para alguien como él.

-Entonces, ¿eso es todo lo que pasó en esos dos años?- preguntó con tranquilidad.

-Así es- dijo Nick.

-Oh Judy, debió ser muy duro para ti, y pensar que en todo ese tiempo que estuviste sola en la ciudad nosotros estábamos fuera, debí haberte llamado- Se disculpaba FruFru.

-Un viaje de negocios a otra ciudad nos mantuvo lejos por un año, al regresar nos topamos con la madrina de mi nieta como uno de los animales más odiados de la ciudad, y a Nicky, desaparecido sin haber dejado rastro alguno, entenderán el porqué de invitarlos a este lugar apenas nos enteramos de su regreso; necesitábamos saber los detalles- explicó la musaraña.

-Entendemos que quisieran hablar, pero este lugar… Tal vez fuera demasiado- A Judy le parecía que había sido un tanto exagerado para una pequeña reunión, no era necesario ir a un lugar tan caro como ese -. No quiero sonar malagradecida, es solo que… Esto no va conmigo, pudimos simplemente haber tomado el té en algún lugar- Sonrió nerviosa, esperando no haber hecho enfadar al pequeño mamífero frente a ella. Nick por su parte, compartía en gran medida el pensar de la coneja, ni siquiera habían podido ponerse ropa más adecuada para la ocasión.

-Tonterías, en cuanto traigan sus comidas, verán lo especial que este lugar es- Aseguró Mr. Big. Nick y Judy intercambiaron miradas por escasos segundos, para luego seguir adelante con la velada.

Momentos más tarde, una vez la comida estuvo servida, tanto el zorro como la coneja pudieron dar fe del ejemplar servicio que daban en ese lugar. Continuaron conversando entre ellos, ahora dando un poco más de detalle a la historia anteriormente contada, aunque dejando de lado ciertos aspectos que ninguno de los dos quería compartir con nadie más. No es que fuera peligroso para ellos que Mr. Big lo supiera, simplemente eran cosas de las que no se sentían orgullosos para nada; tal como las heridas auto inflingidas de Nick, su intento de suicidio, la manera en que Judy lo trató cuando lo creyó culpable de todo. Cosas que sin lugar a dudas estaban mejor, sepultadas bajo la ignorancia.

Al cabo de un rato, la comida había terminado, los platos habían sido recogidos y la cuenta estaba sobre la mesa. Uno de los osos de Mr. Big se apresuró a tomarla rápidamente, aunque Nick alcanzó a ver por muy escasos momentos cuánto había sido el total de lo que ordenaron a lo largo de la noche. Por poco se atragantaba con su propia saliva, quería creer que sus ojos le habían jugado una mala broma; era demasiado dinero.

-¿Estás bien Judy?- preguntó el vulpino al verla levantarse de su asiento.

-Sí, solamente tengo que ir al tocador- Sonrió la coneja.

-En ese caso iremos las dos juntas- habló FruFru, a la par que uno de los osos polares de alrededor la levantaba y caminaba junto a Judy hasta llegar al baño de hembras; la pequeña musaraña saltó a la pata de la coneja y las dos entraron. Ahora sólo quedaban Nick y Mr. Big en la mesa.

-Entonces Nicky…

-¿Pasa algo?- preguntó confundido, y algo asustado.

-Es lo que quiero saber. Lo que me contaron, no es todo lo que está pasando, ¿cierto?- interrogó alzando una ceja.

-No sé de qué…

-No quieras intentar mentirme. Conozco los ojos de un animal miserable cuando los veo, y Judy los ha tenido desde que los recogimos- Interrumpió abruptamente. No le estaba dejando mucho margen de silencio al zorro -. ¿Qué es lo que no me están diciendo? Si es por el problema con la ciudad, conozco gente que calmará todo para ella.

-(Suspiro) Ojalá fuera tan simple- Musitó Nick. Desvió la mirada levemente, logrando delatarse más, tampoco es que estuviera esforzándose mucho en ocultarlo de la musaraña.

-¿De qué se trata?

-Son… Asuntos familiares.

-¿Alguien le hizo daño a su familia?- Cuestionó acelerado, y algo molesto también.

-¡No! No, no. Es… Es más bien lo que su propia familia le hizo a ella- dijo rascándose la nuca.

-No logro entenderte Nicky, y tampoco creo que ellas vayan a estar en ese baño para siempre, será mejor que me digas de una vez qué está pasando entre ustedes.

-Bien, pero por favor no le diga a Judy que le hablé de esto, y también prométame que no hará nada en contra de su familia ¿Sí?- pidió con todo respeto, a lo que Mr. Big simplemente asintió. Nick contó a todo detalle lo que había pasado la noche anterior, al menos todo cuanto Judy le había explicado. No era un tema que debiera tomarse a la ligera. Si bien no podía decirse que el pequeño mamífero estaba sorprendido, sí que se veía indignado por tal muestra de desprecio de un familiar hacia otro

-¿De verdad ocurrió eso?- habló Mr. Big apenas el zorro terminó de contar lo sucedido.

-(Suspiro) Sí- Nick tenía la mirada baja, en cierta manera, sentía haber traicionado a Judy –. Nunca la había visto tan devastada desde que la conocí… No puedo evitar sentir que todo fue mi culpa; si no me hubiera ido, si no me hubiera quedado tanto tiempo en Fangtown, entonces su familia…

-No digas estupideces- Le recriminó el pequeño mamífero –. La única culpa de todo esto recae sobre la liebre que arruinó sus vidas. Si una familia no te apoya en momentos difícil, es porque no lo son.

-Trate de decirle eso a Judy, la abandonaron, por completo lo hicieron.

-Una vez conocí a un lobo blanco Nicky, pese a ser tan joven, tenía un entendimiento de la vida como ningún otro animal que haya conocido.

-¿Eso qué tiene que ver con Judy?- preguntó confundido.

-El cómo lo conocí, nada, lo que me dijo, todo; "La familia no termina en sangre, pero tampoco inicia en ella". Aquellos que la despreciaron, no son su familia, en cambio tú, que no compartes ningún lazo de sangre, nosotros, aquellos que realmente se preocuparon por ustedes dos, ellos Nicky, ellos son a quienes debes de cuidar. Todos aquellos que aguardaron por ustedes, que esperaron a verlos nuevamente por la ciudad, esos mamíferos son a quienes deben llamar familia. Si algún día las cosas vuelven a ponerse difíciles para ustedes, mi puerta estará siempre abierta, aunque asegúrate de no traer ninguna alfombra contigo- Fue inevitable para los dos reír un poco en eso último.

-¿Está todo bien Nick?- dijo Judy una vez estuvo detrás del zorro.

-¿Hmm? Claro, sólo recordé algo divertido- respondió levantándose de sus silla.

-Escucha, estuve pensando en lo que me dijiste y… Creo que no me haría daño salir a dar una vuelta con un amigo, o amiga en este caso- explicó desviando la mirada algo apenada -. Sé que esperabas pasar el día conmigo pero…

-Descuida Judy, me alegra saber que decidiste seguir adelante a pesar de todo. Además, también hay algo que tengo qué hacer hoy mismo. Supongo que FruFru y tú estarán ocupadas toda la tarde.

-Algo así, la acompañaré a ir de compras, y de paso buscaré algún trabajo temporal de aquí hasta que regresemos al ZPD.

-No es necesario, aún tengo algo de dinero de Fangtown, ¿recuerdas?- Le recordó Nick.

-Ya lo sé pero, no creo que sea suficiente, incluso con lo del ZPD… A lo que quiero llegar Nick, me gustaría conservar el apartamento- explicó cabizbaja -. Es espacioso, agradable, y ninguno de los dos tendría que dormir en el piso. Sé que es muy caro pero…

-Oye, oye, te entiendo, si es lo que quieres, entonces encontraremos la manera de quedárnoslo, ¿de acuerdo?- Le sonrió el vulpino.

-Bien, creo que podemos dar por terminada la velada- La pequeña silla de Mr. Big fue levantada de la mesa -. Dejaré a mi hija en tus manos Judy, cuídala bien.

-Le prometo que lo haré- respondió optimista -. Nos vemos más tarde Nick.

-Hasta pronto Zanahorias.

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Nick salió de aquél lugar sin rumbo fijo, sin ningún tipo de plan para matar el tiempo el resto del día. No podía sacarse de la cabeza lo que Mr. Big le había dicho respeto a la familia; "aquellos que esperaron por ti y ansiaron verte nuevamente" para Judy tal vez no tenía mucha importancia, pero para él, una vez más regresaba al asunto de sus padres, de sus verdaderos padres. Tanto Marian como Robin habían querido verlo, este último no pudo hacerlo durante muchos años, y su madre esperó por él día y noche desde que se fue. La amarga experiencia de lo que pasó con Judy había servido para darle a entender lo afortunado que en realidad estaba siendo; ella los perdió a todos, él tenía una oportunidad de recuperarlos a los dos. No es como si tener un padre nuevamente fuera a cambiar de manera significativa su forma de vida, mucho menos después de todas las experiencias vividas, pero… Sentía que era algo que en verdad le hacía falta. Ver por lo que pasó la coneja que tanto amaba le hizo cuestionarse, ¿y si algo parecido le hubiese pasado a él, y si su madre lo hubiera odiado por haberla abandonado por esos dos años? A Robin no le habría costado nada de trabajo simplemente fingir que él no existía, negar que fuera su padre. ¿Habría soportado aquél proceso? No, definitivamente no.

De la nada, un pequeño nudo se le había formado en la garganta. Por alguna razón trataba de ponerse en los zapatos de Judy, trataba de imaginar a Marian gritándole las mismas cosas que Bonnie le gritó a su hija, hasta aquél desalmado ultimátum en plena calle. Marian pudo haberle hecho elegir entre su familia o la coneja, pero no lo hizo. El amor que Marian profesaba a su hijo fue una de las cosas que le permitió seguir adelante cuando todo parecía perdido, cuando todo era oscuro, cuando estaba asustado.

Con las patas en los bolsillos y la mirada baja, el zorro empezó a caminar más aprisa, de un momento a otro se llenó la mente de pensamientos negativos respecto a lo que quedaba de su familia; se fue de casa sin más, como si todo no importase ya. Dejó a su madre otra vez, ¿qué tal si ya no lo quería ver, qué tal si esta vez de verdad se hubiese enfurecido? No, debía verla otra vez, quería saber que todo estaba bien, quería disculparse y decirle cuanto la quería una vez más, y de pronto…

-¡Nick!- Se detuvo en seco. Alzó la mirada, y allí estaba ella. Su madre lo veía fijamente, y junto a ella, Robin, ambos preocupados, y a la vez aliviados de encontrar a su hijo.

-¿Estás bien? Te vez… Algo perdido- comentó Robin, aun sin estar muy seguro de la manera en que debía acercarse a Nick, o si debía intentarlo. Marian había asegurado que su hijo lo entendería tarde o temprano, pero Robin no contaba con ese mismo optimismo, mucho menos después de la manera en que todo ocurrió cuando se enteró de la verdad. En pocas palabras, el zorro mayor tenía miedo.

Nick no respondió. Se quedó ahí, mirándolos a los dos con suma atención. No había enojo en su mirar, ni desprecio, ni rabia, solamente, algo de confusión; no era algo sencillo de explicar, al menos no para él en ese momento.

Con inseguridad, los padres del zorro decidieron acercarse a él lentamente, no sin antes haber intercambiado miradas por algunos segundos. Marian estaba segura, eso sobraba decirlo, pero Robin de alguna manera esperaba que Nick lo golpease a penas lo tuviera a tiro. Tragó un bulto algo grueso, y decidió ignorar sus instintos, si algo malo debía de pasar, mejor que fuera ahora.

-Nicky- Empezó Marian -. Espero que hayas logrado entender que no hicimos nada de esto para herirte… Los dos queríamos…

Fue cortada de pronto. Los tan familiares brazos de su hijo la rodeaban y sujetaban fuertemente. Había sido inesperado, pero no por ello rechazado. Ella correspondió el gesto, (y) no pudo evitar sonreír, su hijo estaba de vuelta por completo, al fin estaba en casa.

Robin los veía, un poco apartado de ellos. Le daba cierta calidez el ver que las cosas salieran bien para Marian, aunque era una sensación agridulce; le habría gustado saber que Nick también se alegraba de verlo a él. Irónicamente, antes de poder seguir sintiéndose "despreciado" una mano lo jaló del pecho de su camisa. Monumental fue su sorpresa al darse cuenta de que había sido Nick; ahora abrazaba a los dos con fuerza, dejando que su rostro se ocultase en medio de los dos. Él no lo mostraría, jamás lo haría de manera voluntaria, pero estaba sufriendo, estaba asustado, aterrado de que algo como lo que le pasó a Judy pudiese caer sobre él. No lo quería, y estaba en él todo para evitarlo. Robin lo amaba, Marian lo amaba, él fue el desagradecido que se fue de casa sin decir más. Eran sus padres, y estaban allí para él.

-¿Estás bien?- preguntó Marian, ya algo asustada por tanto silencio.

-Sí- musitó. No dijo más, no podría hacerlo sin quebrarse allí mismo, aunque no fue necesario de todas formas; tanto para su madre como para su padre, esa simple respuesta fue suficiente para entender que no estaba todo en orden.

-¿Quieres…? ¿Quieres que vayamos a casa?- sugirió Robin. Nick se separó de aquél abrazo, le sonrió a ambos y simplemente asintió. La pequeña familia de tres zorros empezó a caminar nuevamente, ya tendrían tiempo para hablar. Sus padres no podían negar que sentían curiosidad por saber qué fue lo que le hizo cambiar de parecer, lo que le hizo revalorar su situación actual.

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-Es por eso que no pude seguir enojado con ninguno de ustedes- dijo al terminar de beber de la taza de café que tenía en las patas. Ahora estaba en casa, sentado a la mesa de la cocina con sus padres, habiendo terminado recién de contar lo que pasó con Judy. Parecía ser que ese iba a ser el tema de conversación del día. El impacto que tuvo en el zorro fue demasiado grande -. La idea de desconocer a aquellos que te vieron crecer, no es algo que pudiera soportar. Perdón por cómo reaccioné, y por lo que les dije también… Me dejé llevar demasiado.

Robin y Marian estaban claramente sopesando lo ocurrido con la coneja. Estaban molestos con ella. Aunque el zorro mayor no se había encargado de demostrarlo tanto como su pareja; a Robin no le parecía exactamente justo llegar a opinar y juzgar la vida y decisiones de Nick, era su hijo, pero no había estado para él en mucho tiempo. Eso no implicaba que Judy le agradase. Le profesaban recelo, claro que sí, pero nunca le desearían a ningún animal lo que le pasó a Judy. La madre de Nick no soportaba la idea de que quien "arruinó" la vida de su hijo fuera perdonada por él, que fuera recompensada después de todo lo que ocasionó. Ahora, entendía bien que todo tenía su precio a pagar, y Judy no fue la excepción.

-¿Cómo pudieron hacerle eso?- cuestionaba la vulpina.

-Ni siquiera yo lo entiendo, es curioso, siempre vi a los conejos como la especie más unida sobre la faz de la tierra- respondió Nick -. No ha sido fácil para ella tampoco, desde que regresamos a la ciudad, todo ha ido cuesta abajo para Judy. Sé que no les agrada, y no los culpo por ello, pero al menos, traten de ser un poco más condescendientes, ¿sí? No les digo que perdonen e ignoren todo lo que hizo, solamente que no la hagan sentir peor.

-(Suspiro) Tal vez sí fui muy dura con ella después de todo- Recapacitó Marian, no es que la hubiese perdonado, pero ciertamente nunca se detuvo a pensar en lo que pasaba en la vida de esa coneja -. Pero tampoco puedo tratarla como parte de la familia Nicky.

-Lo sé, y lo entiendo. Simplemente no le hagas sentir que estar a mi lado es un crimen.

-Yo…

-Mary- habló Robin -. No voy a fingir que soy un experto en el tema, ni siquiera estoy seguro del todo de lo que implica ser padre, pero si no puedes confiar en ella, entonces confía en Nick, es nuestro hijo a fin de cuentas- Sonrió tomándola de los hombros.

-Hehe, sólo llevas un par de días aquí y ya quieres chantajear emocionalmente a mi madre, definitivamente somos parientes- bromeó Nick.

-Definitivamente lo son- Agregó Marian -. Llevarle la contra a un Wilde es difícil, hacerlo contra dos es una tarea imposible.

-Entonces, ¿todo estará bien por ahora?- preguntó inocente el vulpino más joven.

-Por ahora al menos. Luego veremos qué pasa con los dos- respondió Robin.

-Gracias, papá- Papá, esa palabra retumbó en los oídos del zorro mayor.

-¿Me llamaste…?

-Sí, no lo hagas raro, ¿quieres?- interrumpió Nick.

-Hehe, bien, no lo haré… Pero te lo agradezco mucho.

-¿Qué harás ahora Nicky?- preguntó su madre.

-Por ahora, solamente regresaré a mi departamento- dijo revisando la hora en su celular, sin duda alguna Judy ya debería haber regresado, y bajo ninguna circunstancia quería que esa coneja estuviera sola por más tiempo del necesario -. Esta vez no desapareceré por la puerta, prometo que los vendré a ver tanto como me sea posible- aseguró mientras se dirigía a la salida.

-Esperamos que así sea- dijo su madre -. Cuídate mucho Nicky, sabes que esta puerta siempre va a estar abierta para ti.

-Y la mía lo estará siempre para los dos- Un último abrazo a ambos antes de retirarse fue su manera de despedirse. Tener una familia completa era un cambio muy significativo en su vida, más aún después de años de haber vivido sólo con su madre, no fue una mala vida, pero tener un padre, definitivamente lo hacía sentir más completo.

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No le tomó mucho volver al departamento. Con todo lo que habían hecho fuera de casa, al día le faltaba poco para llegar a su fin. El atardecer le daba un tono anaranjado a las paredes y ventanas del edificio. Ahora el zorro caía en cuenta de que no había dormido nada desde la noche anterior, y vaya que le haría falta ahora, había sido un día extenuante; sólo debía asegurarse de que cierta coneja estuviera dispuesta a descansar también, le haría mucha falta si quería llegar a recuperarse del trauma emocional de la noche anterior. Pensamientos muy negativos para lo que podría catalogarse como una tarde positiva, al menos para él. En lugar de atormentarse con lo que le ocurrió a Judy, mejor usaría las buenas experiencias que vivió para tratar de contagiar su buen ánimo.

El vulpino llegó a la puerta, esta ya se encontraba abierta, no le tomó mucho deducir que Judy ya estaba adentro. Nick se preparó para lo peor, para verla un vez más hundida en aquél amargo llanto de la mañana, pero en lugar de eso, se topó con ella en la cocina; sentada a la mesa y sollozando levemente.

-¿Judy?- habló a penas la vio -. ¿Estás bien? Creí que te habías tranquilizado, yo…

-No estaba llorando por eso Nick- interrumpió a la par que lo veía nuevamente.

-¿No?

Ella le sonrió, alzó su celular y le mostró una fotografía que recibió hace poco tiempo. De ninguna manera el zorro podría saber quiénes eran, aunque Judy se encargó de aclarárselo -. Ellos son Lucy, Angus y Rodney, a él ya lo conocías- explicó. La fotografía era ese algo brillante en medio de toda la oscuridad que se cernió sobre ella. Los tres le sonreían a la cámara, y un gran cartel sostenido entre los tres citaba; "te veremos pronto hermanita" Nick no pudo evitar sonreír. Judy bajó su celular y vio la foto por unos segundos más -. Es gracioso, ¿sabes? Ver esto, fue suficiente para hacerme sentir un poco mejor… Mi madre tal vez me odie- Su humor mermó en esa oración -. Pero al menos sé que aún hay quienes me quieren ver, es tonto, ¿no?

-Claro que no Pelusa- respondió acercando otra de las sillas junto a la coneja, y sentándose junto a ella -. Todos necesitamos algo a lo que aferrarnos en las situaciones difíciles, me alegra ver que aún hay miembros en tu familia que te quieran ver otra vez, en lo personal, no podría pasar un día entero sin ver tu hermoso rosto al menos una vez- dijo algo ruborizado, a la par que acariciaba gentilmente una de las mejillas de Judy.

-Gracias Nick- Sujetó la pata del zorro y lo miró directamente a los ojos -. Gracias por todo.

Judy

No puedo decir que fue un mes sencillo para mí. Hubo muchas cosas que nunca dejaron de pasarme por la cabeza, todo relacionado a mi familia. De alguna estúpida manera esperaba que tarde o temprano me dejaran volver, no quería creer al completo todo lo que mi madre dijo de mí, pero con el pasar de los días, fui entendiendo que era verdad. No me llamaron, no me mandaron mensajes, no se comunicaron conmigo de ninguna manera posible. Solía estar tan acostumbrada a las incesantes llamadas de mis padres, que ahora el silencio que producía su ausencia era abrumador. Fue deprimente en muchas ocasiones, fue duro, y muy complicado de superar. Sin embargo, tenía a Nick conmigo; durante todo nuestro tiempo en Fangtown, yo había sido su soporte, pero ahora todo era al revés. No me explicaba cómo es que ese zorro que había sufrido tanto, ahora volvía a verse tan seguro de sí mismo, era como si Jack Savage nunca hubiese pasado.

Tanto Nick como yo tomamos otros empleos, queríamos conservar el departamento que Violet nos consiguió, la última cosa que hizo por mí. No era exactamente sencillo juntar todo ese dinero, acorde a mis cuentas, incluso con el trabajo en el ZPD, sin un sueldo mejor, tendríamos que conservar nuestros otros empleos. Nick insistió en que podría vender ropa y ser policía al mismo tiempo, pero yo no iba a dejarlo sostener la vida de los dos por sí sólo. Encontraríamos una manera de salir adelante, igual que lo habíamos hecho hasta ahora.

En menos tiempo del esperado, nuestro regreso al ZPD estaba en puerta. Temía que al llegar el momento, Nick tuviese una recaída, que las viejas memorias sentimientos encontrados afloraran nuevamente, pero no fue así. Se veía tan animado como solía ser, tan bromista y a veces exasperante como lo recordaba. Ese apuesto, astuto y en muchas ocasiones, molesto zorro había regresado, no todo estaba perdido ni para él, ni para mí.

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Parados frente a las puertas cristalinas del ZPD, un zorro y una coneja, ambos con el uniforme puesto, pero carente de la placa que reflejaba su autoridad. Sonrisas en ambos rostros y una determinación que llevaba tiempo extinta, habían regresado.

-¿Estás seguro de esto Nick?- Inquirió Judy.

-Claro que lo estoy, la pregunta va para ti, ¿crees que te devuelvan tu trabajo después de tanto tiempo?- Bufó el zorro, dibujando su sonrisa respectiva en su rostro.

-Eso espero, si no, siempre puedes abrir una sastrería aquí en la ciudad-

-Di lo que quieras Zanahorias, pero esa sastrería nos alimentó durante un año. Además, esa idea no te gustó mucho hace un mes, sea como sea, creo que ahora la extraño un poco-

-Bueno, aquí vamos- El primer paso dado por Judy no fue el mejor, terminó tropezando y cayendo al suelo, ella no era tan torpe de coordinación como para permitir eso, no le tomó mucho tiempo entender que Nick la hizo tropezar. El zorro la pasó de largo, burlándose de su pequeña broma –. Es un mal comienzo. Jamás lo olvides, zorro astuto-

-Y torpe coneja-

Judy se levantó, limpió el poco polvo que quedó en su ropa y entró junto con Nick. Todo parecía en orden, todo se veía como antes, a excepción de los nuevos rostros y especies en la estación. Al menos su recepcionista seguía siendo el mismo, con unos cuantos kilos menos.

Garraza los esperaba, sus dos placas estaban justo sobre el escritorio. Judy se apresuró a tomar la suya y colocarla sobre su chaleco, Nick le sujetó por un momento, mirándola fijamente. Recordó todo por lo que pasó para conseguirla, así como para perderla. Dejó escapar una pequeña burla, sonrió y la puso sobre su pecho también, no dejaría que el pasado le siguiera atormentando nunca más, ya era tiempo de superar todo eso. Era como empezar de nuevo.

-Veo que al fin decidieron aparecer- La gruesa voz de Bogo era inconfundible, aún a pesar de tanto tiempo.

-Buenos días jefe- respondió Judy.

-¿Qué hay Bogo?- El búfalo recordaba que el zorro se había vuelto más respetuoso la primera vez que lo vio de regreso en la ciudad, ahora se daba cuenta de que no había sido más que un lapsus muy efímero. El viejo Nicholas Wilde que tanto lo hacía enojar estaba de vuelta, y eso, por más raro e imposible que pudiera llegar a parecer, era algo que en verdad echaba de menos, aunque claro, jamás se los dejaría saber.

-¿Y qué esperan, un beso en la mejilla? ¡Vayan a la sala de reuniones! Tienen trabajo que hacer- Se retiró del lugar.

-Sí, el mismo jefe de antes, ahora sí estamos en casa, ¿no Zanahorias?- dijo Nick mientras caminaba rumbo a la sala de reunión, aún recordaba el camino.

-Sí, ahora estamos en casa- Sintió su teléfono vibrar en su bolsillo. Al ver la pantalla, esbozó una pequeña sonrisa. Un mensaje de Rodney; "espero nos hayas echado de menos hermanita, mañana estaremos en la ciudad" –Definitivamente estoy en casa.


Bueno, eso es todo. Espero les haya gustado, entretenido o al menos les haya dado algo qué hacer.

Han sido capítulos llenos de tragedia, drama, y todas esas luchas por las que nuestra pareja policial ha tenido que pasar, ya era hora de darles algo de felicidad, no creen? Y vaya que recuerdo que me lo pidieron varias veces.

Alguien comenta? No? Por favor, les daré galletas (mentira)

Ojalá puedan comentar, así sabré si les gustó, les encantó, o si ya no había nadie aguardando por esto.

Ahora, pasando a un punto muy importante para el fic y para aquellos que me siguen desde su inicio hasta este preciso momento. Damas y caballeros, ha sido todo un placer hacer esta historia para ustedes, y es por eso que ahora anuncio oficialmente, que este fue el primero de los últimos 5 capítulos de Noches lluviosas. Después de mucho pensarlo, es hora de que esta singular historia llegue a su final, todo lo bueno debe terminar algún día, espero que este fic haya sido suficientemente bueno para ustedes.

Bueno, creo que es todo por mi parte. No olviden comentar, y nos vemos en el siguiente fic a actualizar, en su defecto "Cuando invierno y primavera se juntan"

Buenas noches y paz.