Heya, me recuerdan? Yo se que no, pero después de haber acabado con lo que yo considero mi bloqueo de escritor más largo hasta ahora, al fin pude terminar con este capítulo. Si es que aún hay alguien por ahí que lo quiera leer, muchas gracias por esperar tanto. Supongo que cuando ya se está por el final de una historia, se empieza a volver más complicado saber qué escribir hehe. En fin, los dejo con esto.
Todo estaba completamente oscuro, Nick y Lobato se movían entre columnas y paredes, siempre pendientes de los sonidos que lograban percibir, siempre asegurándose de no cometer alguna equivocación que podría llegar a costarles muy caro. El lugar en donde se encontraban parecía ser el interior de un edificio casi en ruinas; las paredes derruidas y el concreto húmedo daban fe de ello, era toda una suerte que ambos tuvieran tan fenomenal visión nocturna, o de lo contrario estarían a ciegas.
-¿Logras ver a alguien?- preguntó Nick. Ambos cánidos se pusieron a cubierto en una columna, Lobato se asomó levemente, sin tener vista clara de nada. Él al igual que Nick, tenían un visor de plástico duro para proteger sus ojos y un chaleco antibalas también.
-A nadie… Son buenos, eso hay que reconocerlo- comentó el lobo.
-La idea es que seamos mejores que ellos- respondió el vulpino, mirando hacia otra sección del lugar.
De la nada, las orejas de ambos reaccionaron a algo que parecía estar acercándose; rápidamente salieron de su cobertura en busca de una nueva, siendo perseguidos por varios tiros de pistola.
-¡¿Cómo rayos nos flanquearon?!- Se quejó Lobato al esconderse tras una pared.
-Dudo mucho que importe ahora… ¿Te dieron?- preguntó Nick.
-No, parece que estoy bien- contestó algo agitado -. ¿Y a ti?
-Estoy bien- El zorro parecía estar teniendo mayor problema en retener el aliento. No se habían movido tanto y aun así, sentía como si el corazón se le fuera a salir del pecho.
-¿Seguro?
-¿Qué puedo decir? Dos años trabajando detrás de una vitrina no son un buen plan de ejercicios- Rió algo irónico. A Lobato le habría gustado seguir el juego, pero ahora tenían problemas de los cuales ocuparse.
-¿Tenemos un plan?- preguntó el lobo.
-De hecho, creo que sí- contestó Nick -. ¿Ves ese pasillo de allá?
-Sí.
-Esto es lo que haremos.
Dos figuras entre las sombras se acercaban lentamente a donde Nick y Lobato debían de estar. Sus misteriosos atacantes estaban confiados en que los tendrían acorralados, sólo sería cuestión de terminar el trabajo.
De la nada, el lobo y el zorro salieron corriendo de su escondite, rápidamente refugiándose a la vuelta de donde se encontraban. Las balas volaron aunque sin dar a ningún objetivo. Los atacantes se apresuraron a perseguirlos, no tomando en cuenta que con esa imprudencia podrían ser ellos los que terminaran perdiendo. Al girar en la esquina en que perdieron a Nick y Lobato, se toparon únicamente con una figura en medio de la oscuridad, rápidamente vaciaron casi todos sus cargadores en él.
-¿Era ese Wilde?- preguntó uno de ellos.
-Parecía de su estatura- respondió el otro.
-¿Por qué no dice nada entonces?
Antes de seguir hablando, otra ráfaga de disparos se encargó de uno de los dos; Lobato se había escondido detrás de una columna frente a ellos. Mientras que el otro trataba de tomar consciencia de lo que pasó, alguien más se encargó de terminar con él, esta vez, dos fueron las balas disparadas; una dio de lleno en el chaleco, y la otra en el visor que traía puesto.
-¡¿Qué?!- clamó confundido uno de ellos.
-Sorpresa- Sonrió Nick.
De la nada, las luces de todo el lugar se encendieron. Los "atacantes" que habían estado tratando de acabar con Nick y Lobato, no eran más que un par de los nuevos oficiales que había en el ZPD; un puma y un antílope, mismos que ahora estaban cubiertos por las balas de pintura que les habían disparado.
-¿Alguien quiere señalar cuál fue el error de estos dos?- La voz de Bogo resonó desde una ventana en la parte alta de la construcción. Detrás del vidrio, las instalaciones eran mucho mejor cuidadas que en donde se había llevado a cabo el ejercicio, claramente eran instalaciones de entrenamiento.
-Fueron corriendo detrás de nosotros sin preocuparse de pensar en un plan- contestó Lobato.
-Eso es cierto.
-Además no tuvieron reparo en acribillar a un "objetivo" sin detenerse a analizar bien de qué se trataba- Agregó Nick alzando su chaleco, el cual ahora estaba cubierto de pintura. El zorro se lo había quitado y lo había puesto sobre una columna partida a la mitad, de esa manera engañó a los otros dos -. Estoy seguro de que casi vaciaron sus cargadores aquí.
-Entre otras cosas, pero sí, esos fueron sus errores más grandes- dijo el búfalo -. Sin embargo Wilde, pusiste tu vida en peligro innecesariamente al quitarte ese chaleco, además, si bien sigues siendo igual de astuto que hace dos años, tu condición física es deplorable- Le recriminó con dureza.
-Al menos ganamos el ejercicio- comentó el zorro en voz baja.
-Novatos no se muevan, sus siguientes enemigos entrarán en breve. Lobato, Wilde conmigo.
No del todo seguro si Bogo lo regañaría en privado o si reprendería a Lobato también, el zorro acató la orden y salió de la zona de práctica.
-No has cambiado mucho en estos dos años Nick- Le dijo el lobo mientras caminaban por el pasillo.
-No tienes idea- respondió sonriente, aunque desviando sus pensamientos levemente a todo lo que pasó en Fangtown.
-¿Qué te parece el nuevo equipo?- preguntó Lobato.
-Son pistolas de pintura, ¿exactamente qué debo pensar de ellas?- preguntó bromista.
-¿Entonces no lo sabes?- preguntó curioso el lobo.
-¿Saber qué?
-El cambio de armamento en el ZPD.
-No querrás decir que…
-Ya no serán solamente dardos tranquilizantes- dijo con seriedad el lobo.
Nick se quedó helado por algunos instantes, ¿a ese punto había llegado todo desde que Jack estuvo ahí? Pensar en armas de fuego le trajo viejos recuerdos, casi podía escuchar el disparo y percibir el olor a pólvora, inconscientemente puso una pata sobre su pierna, la misma en que Jack había disparado dos años atrás. De un momento a otro se dio cuenta de en dónde estaba su mente, y decidió sacarla de ese lugar.
-Ya decía que practicar con estas cosas no era exactamente normal- comentó el vulpino.
-Te acostumbras después de un tiempo- sonrió Lobato.
-Dudo mucho que Judy y yo podamos llegar a acostumbrarnos a esto- musitó para sí mismo.
Después de un poco tiempo de caminata más, los dos al fin llegaron donde Bogo. El búfalo los esperaba con los brazos cruzados y recargado en el que parecía ser el tablero de las luces en la zona de práctica.
-Vamos jefe, ni que quitarme el chaleco fuera pecado capital- bromeó Nick apenas entrar.
-Para mí lo es Wilde- respondió con suma seriedad, no es la reacción que el zorro esperaba -. Cosas así no son para bromear, mucho menos después de todo lo que pasó.
El vulpino bajó las orejas ante tal declaración, tal vez sería mejor guardar sus malos chistes por lo que quedaba del rato.
-Como sea, no es eso por lo que los quería aquí- explicó Bogo, relajándose un poco.
-¿Pasó algo entonces?- preguntó Lobato.
-Garraza llamó de la estación, hubo otro incidente con Hopps en su hora de descanso- explicó molesto.
-¡¿Qué?!- No era sorpresa que Nick fuese el primero en reaccionar.
-¿Los novatos siguen sobre ella?- cuestionó el lobo.
-Tus novatos concretamente Lobato- aclaró el jefe.
Nick no perdió más tiempo hablando o pidiendo explicaciones, simplemente salió corriendo del lugar, de vuelta al ZPD. Bogo no hizo nada para detenerlo, a fin de cuentas, era algo que ya se esperaba.
-Veré encargarme de eso señor- aseguró Lobato, claramente, molesto.
-Sabes bien que de poder hacerlo, los habría despedido hace una semana, pero la falta de personal es un lujo que no nos podemos dar- dijo con seriedad el búfalo.
-Siempre podemos enviarlos al campamento de instrucción intensiva- comentó el lobo -. Nos las arreglamos bien con un par de oficiales menos por un fin de semana.
-Ya envié la notificación, serás tú quien les diga su castigo.
-Será un placer hacerlo señor.
.
.
.
.
Las instalaciones que el ZPD había conseguido para entrenamientos en interiores estaban algo lejos de la estación, sin embargo, a Nick le tomó poco más de 20 minutos regresar a la jefatura, toda una bendición haber encontrado un taxi apenas salir del edificio. En cuanto cruzó las puertas, Ben le indicó hacia donde ir; el vulpino no perdió tiempo y fue donde Judy lo más pronto posible, para su gran disgusto, la coneja se encontraba en la enfermería de la estación.
-¡Judy!- clamó al entrar.
La imagen que lo recibió fue la de Judy sentada sobre la camilla, con el doctor de turno tratando un zarpazo en la mejilla de la coneja, y Colmillar vigilando el lugar.
-¿Nick?- respondió Judy.
-Creí que estabas con Bogo- comentó el tigre.
-Estaba- respondió -¿Qué fue lo que pasó?- interrogó preocupado.
-Un par de idiotas creyó que sería fácil meterse con ella- contestó Colmillar.
-Estoy bien Nick- Sonrió la coneja.
-No, no lo estás- Le recriminó el zorro -. ¿Es grave?- preguntó mirando al doctor.
-Descuida Wilde, la herida no fue profunda, aunque sí la golpearon un poco- le dijo el siervo de bata blanca, rascando su nuca.
-¡¿Te golpearon?!
-¡Es sólo una exageración!- Se quejó Judy.
-Es cierto, deberías ver cómo quedaron los otros dos- agregó Colmillar.
El vulpino poco caso hacía a las palabras del tigre de bengala, en su mente, todo lo que resonaba era lo que le habían hecho a Judy, más importante aún, que él no había estado para cuidarla.
-Te juro que no es nada grave- Le dijo la coneja, con la mirada baja.
-La herida no dejará marca, y el dolor muscular desaparecerá en un día, ella está bien Nick- Le aseguró el doctor, aunque tanto él como colmillar habían notado desde un principio la angustia del zorro. No era un secreto para ninguno de los miembros más antiguos del ZPD lo que pasaba entre Nick y Judy desde que volvieron a la ciudad, y sucesos como ese, eran algo en extremo delicados.
-Bueno, tengo qué ver qué se hará con quienes hicieron esto- habló Colmillar, mientras caminaba fuera del lugar.
-Yo debo actualizar el expediente de Judy, la dejo a tu cuidado Nick.
Ambos se encontraron completamente solos y en completo silencio también. Nick estaba preocupado, era la segunda vez en la semana que Judy sufría de ese tipo de acoso en la estación y la coneja ya no sabía cómo mirarlo a los ojos, ella le había prometido en cada ocasión que no pasaría otra vez, y sin embargo, ahí estaban.
-Esto no es tu culpa- Al fin, Judy juntó el valor necesario para hablar, el vulpino la miró sorprendido.
-Judy, las dos veces que pasó, fue porque yo no estaba en la estación- respondió con la mirada baja.
-Claro que no…
-¿Entonces por qué?- cuestionó decaído, al fin mirándola a los ojos.
-Por lo que hice Nick- dijo la coneja. Bajó de la camilla y se dirigió hacia el zorro.
-No otra vez con eso Zanahorias- resopló molesto.
-Sabes que es verdad- sonrió irónica.
-Aunque fuera por eso, las cosas no deberían seguir siendo de esta manera Pelusa- El vulpino se arrodilló al nivel de la coneja. Judy simplemente le sonreía, para ella no había sido la gran cosa, y por lo tanto, no quería ver a Nick preocupado día y noche por cosas así; llevaban únicamente una semana de haber vuelto al ZPD, era demasiado pronto para preocupaciones tontas.
-Oye, admito que nuestro regreso a la estación no ha sido como esperaba, pero todo ha ido mejorando poco a poco en nuestra vida, ¿no? Tarde o temprano el odio hacia mí también debería mermar- aseguró con optimismo.
Nick al fin sonrió por ese comentario.
-Vaya, la siempre optimista Judy Hopps decidió aparecer, ¿qué pasó con la coneja que vivía aterrada en nuestro departamento hace un mes?
-Diría que decidió tomarse unas vacaciones- rió la coneja.
-¿Segura que estás bien?- preguntó el zorro una vez más. Pasó su pata por la mejilla de Judy, con sumo cuidado de no molestar la herida.
-Estoy bien Nick- Le dijo con calidez. El vulpino sonrió también.
-Bueno, estoy seguro de que Bogo me hará algo por haberme ido de la práctica antes de tiempo, pero tengo un rato antes de que vengan a ejecutarme- comentó rascándose la nuca.
-¿De verdad abandonaste la práctica sólo por mí?- cuestionó Judy -. No sé si besarte por ser tan atento, o darte un golpe por ser tan irresponsable.
-Prefiero tomar el beso- Acercó su rostro al de la coneja, a tal punto que ambos podían sentir la respiración del otro.
-En ese caso, te lo daré cuando termine nuestro turno- dijo jocosa al alejarse del vulpino, quien, aún algo aturdido por la respuesta de la coneja, se quedó parado en la misma posición por un par de segundos. Al final el zorro recobró la consciencia, sonrió levemente y siguió a Judy fuera del lugar.
-Eres una coneja cruel, ¿te lo han dicho?
-Eres el único que lo ha hecho hasta ahora- rió Judy.
-Entonces, es tu hora libre, ¿no?- preguntó Nick.
-Así es.
-¿Te parece si te acompaño a almorzar? Creo que a los dos nos vendría bien un descanso de las presiones del trabajo- Sugirió sonriente.
-Claro, conozco una cafetería asombrosa cerca de aquí, y tiene servicio a domicilio, sólo le pido a Ben que haga la orden y listo.
Judy contaba eso con un gran ánimo, pero en Nick, causaba todo lo contrario. Desde que ambos regresaron a la estación, al zorro no paraban de lloverle varias insinuaciones del caso Savage, sin mencionar los cumplidos que los novatos no paraban de darle; "eres una leyenda" "es un honor trabajar contigo" "nosotros no cometeremos el mismo error que los viejos oficiales", todas palabras sin significado real. Judy por otro lado, su lista de problemas no paraba de aumentar, ya sea dentro o fuera del ZPD, la coneja no estaba teniendo una vida fácil, menos aún desde que se esparció el rumor de que había vuelto a la estación. Bogo se había encargado de no asignarla a ningún lugar por cuenta propia, siempre debía tener a alguien para cuidar de ella, sobra decir que esas situaciones de odio público, interferían mucho con su trabajo.
Por diversos motivos, Nick seguía posponiendo más y más la oferta que Fabienne le había hecho, mayormente por lo que pasó con la familia de Judy. Él sentía que la coneja no estaba lista para afrontar algo así, pero ahora, definitivamente empezaba a ser necesario. Nick quería que ella también tuviese una vida tranquila, dejar de preocuparse por el pasado, pero de ninguna manera lograrían eso si toda la ciudad y más de la mitad del precinto estaban en contra de ella.
Más tarde ese día, el turno de ambos había terminado, Nick se había apresurado en cambiarse para esperar a Judy fuera del vestidor de mujeres; la paranoia era algo ya común para él, sentía que si dejase sola a la coneja por demasiado tiempo, cosas malas iban a pasar, un temor algo infantil, pero tal vez bien justificado.
-¿Nick?- habló la coneja al salir.
-Zanahorias, ¿todo listo?
-Sí, pero… ¿De verdad llevas aquí todo este tiempo?
-No diría que todo- Sonrió bufón.
Judy suspiró -. Escucha, aprecio que te preocupes por mí, pero todo está bien, lo de hoy sólo pasó…
-Dos veces- interrumpió el vulpino.
-No es tan grave- Se quejó cruzándose de brazos.
-Dos veces en nuestra primera semana- agregó.
-Bien, ya entendí. Escucha, no hay que discutir por esto, ¿de acuerdo? Sólo, vamos a casa- Le sonrió.
Nick dejó escapar un leve suspiro, relajando sus ideas y centrándose en la realidad. La coneja tenía razón, no podía y no debía pasar cada momento del día preocupándose por ella.
Al salir del ZPD, unos cuantos ojos mantenían especial atención en el par; desde la planta superior del ZPD, Bogo, Colmillar y Lobato veían salir de la estación al zorro y a la coneja.
-Se vuelve cada vez más obvio- comentó el lobo.
-No es que para nosotros fuera un misterio- dijo el tigre.
-Aun así, eso les traerá problemas con los novatos, especialmente a Hopps- dijo Bogo.
-Los tres idiotas que fueron contra ella hoy parecían ir en serio, Judy es rápida y sigue siendo muy ágil, pero si yo no hubiera estado ahí, las cosas no habrían terminado bien para ella- explicó Colmillar.
-Parece que las cosas marchan bien para Nick, temía que no se acostumbrara al ambiente después de lo que pasó con él- expresó Lobato -. Es como si los papeles se invirtieran- Se recargó en la barandilla con la espalda -. Ahora pareciera que Judy es la culpable de todo, y Nick no más que una pobre víctima.
-Sea cual sea el caso, son nuestros compañeros- aclaró Bogo -. Y más que eso, nuestros amigos; le debemos a Wilde por lo que hicimos, y a Hopps por traerlo de vuelta, debe haber una manera de terminar con todo este odio público- El búfalo se alejó del lugar, dejando a Colmillar y a Lobato con mucho en qué pensar.
-¿No se te ocurre nada?- preguntó el tigre.
-¿Qué es lo que podríamos hacer? Nuestra palabra no vale para los medios en ese caso, y sin importar cuantos castigos pongamos a los novatos, pareciera que nunca van a dejar de asediar a Hopps- explicó el lobo, no muy feliz con la situación actual.
-Nick me contó de la vida que llevaron allá, era de lo más tranquila, de lo más simple…
-¿A qué te refieres Colmillar?
-A que… Tal vez sería mejor que no hubieran vuelto- dijo con la mirada baja.
-¿Qué?
-No lo digo de mala manera- corrigió de inmediato -. Pero una vida tranquila es algo que no todos pueden conseguir, y que ellos la hayan cambiado por todo esto… No me parece lo correcto.
Lobato lo meditó unos segundos, no había tenido la oportunidad de preguntarle a ninguno de los dos lo que vivieron en Fangtown, sin embargo, había razón en las palabras de Colmillar, sin mencionar que, desde que ambos volvieron, nada había vuelto a ser lo mismo; la dedicación de Judy al trabajo, la manera tan relajada y despreocupada en que Nick hacía todo por la estación, en cierta manera, parecía que ya no pertenecían al ZPD. Todas esas ideas llegaron a ellos con tan sólo una semana de haber vuelto Nick y Judy, ¿qué más cosas se harían notar con el pasar de los días?
Lobato suspiró -. Sólo espero que logren encontrar esa tranquilidad otra vez.
.
.
.
.
Cuando Nick y Judy recién habían iniciado en el ZPD, ambos caminaban a casa de cuando en cuando, de esa manera podían conversar una parte del tramo hasta que tuvieran que tomar caminos separados, si se iban en metro, tomaban rutas completamente diferentes así que eso no era una posibilidad. Sin embargo, desde que regresaron a la ciudad y debido a las situaciones que se daban con Judy, tomar el metro se había vuelto algo un tanto peligroso; por suerte para ambos, ahora vivían juntos, así que la caminata nocturna se había vuelto parte de su rutina diaria, y hacía de la noche algo mucho más ameno.
-Hehe, ¿de verdad Colmillar les dijo eso?- preguntaba Nick entre risas.
-A los novatos les dio pavor escucharlo con esa voz tan gruesa, pero a mí me costó trabajo contener la risa- explicó divertida.
-Deberías mostrar algo más de respeto por el sujeto que te salvó la vida- bromeó el vulpino.
-Oye, mi vida nunca estuvo en riesgo, los Hopps somos más duros de lo que parecemos- Aseguró orgullosa.
-¿Aunque sean conejos?
-Aunque sea una coneja.
-Bueno, hablando de los Hopps, ¿qué pasó con tus hermanos?- preguntó Nick, no muy seguro de si sería la pregunta adecuada.
-¿Mis hermanos?- La coneja salió un poco de sí misma -. Oh, te refieres Rodney y los demás, ¿no?
-Así es. Creí que vendrían a verte a principios de semana.
-Yo igual- Suspiró decaída -. Y estuve ansiosa un par de días, pero luego empecé a pensar que mi madre les había hecho algo por seguir hablándome.
-¿Estás bien?- preguntó preocupado.
-Claro que sí, de hecho, creo que es mejor que no hubieran venido, ¿quién sabe? Tal vez recapacitaron y prefirieron no echar a perder su vida igual que yo- dijo con algo de indiferencia.
-¿De verdad crees que echaste a perder tu vida?
De pronto, Judy se dio cuenta de lo que acababa de decir, y de cómo podría terminar interpretándolo Nick.
-¡No!- clamó al instante -. No quise decir eso, yo…
-Hey, tranquila pelusa- Sonrió el zorro. Se detuvo y se arrodilló frente a ella -. No puedo culparte por pensar en algo así, y no me molesta si no estás segura de haber tomado la decisión correcta.
-Pero sí estoy segura Nick- Aseguró tomando la pata del vulpino -. Sí estoy segura de haber tomado la decisión correcta.
-Haya sido lo correcto o no Rabo de algodón- Puso su otra pata sobre la de Judy -. Puede que suene egoísta, pero me alegra que te hayas quedado conmigo- Le sonrió humilde, aunque su ánimo rápidamente decayó -. Y en verdad lamento que fuera mi culpa…
-Nick, has estado disculpándote toda la semana; no fue tu culpa, ¿no es lo que me dices a diario?
-Esto es diferente Zanahorias- Se excusó.
-Claro que no, tú no me obligaste a nada, fue mi elección y vivo con ello… Te amo Nick- aseguró sonriente.
El zorro correspondió el gesto -. Yo igual Judy.
Los dos siguieron su caminata por la ciudad, no les quedaba mucho tramo por recorrer, así que llegaron pronto a su departamento. Ambos reían y seguían conversando por lo bajo mientras subían las escaleras, no buscaban molestar a los vecinos. Todo en la noche parecía ir bien, hasta que llegaron al edificio.
-Hablo en serio Rabo de algodón, nuestra próxima adición al departamento debe ser una televisión- decía Nick haciendo gestos raros con las patas.
-Nick solamente llevamos viviendo un mes aquí- rió Judy.
-Y durante todo ese mes, has ignorado mi petición.
-Oye, amueblar el lugar es un proceso lento, no podemos gastar todo nuestro dinero así, el departamento ya es costoso por sí mismo.
-Ah, ah, ah, no vas a escudarte en eso Zanahorias, el 90% del departamento ya estaba amueblado, lo único que falta ¿Es?- Puso una pata sobre su oreja, claramente burlándose de la coneja.
-¿Una televisión?- Judy decidió seguirle el juego; estaba demasiado cansada como para resistirse en ese momento.
-Denle un premio a la dama- respondió el zorro entre risas.
-Nick, espera- dijo Judy de repente.
-Oh vamos, ¿qué nos falta ahora, un extractor de zanahorias, o uno para moras? Honestamente la segunda opción no suena nada mal…
-No eso, ¡eso!- Apuntó hacia el frente.
Lograron ver la puerta de su departamento levemente abierta.
-¿Cerraste bien esta mañana?- preguntó el vulpino con seriedad.
-No, tú lo hiciste, la llave no salía, ¿recuerdas?
-Entonces ni tú ni yo dejamos la puerta abierta… Hay que tener cuidado.
Primero Nick y luego Judy, se acercaron con cautela. Ambos estaban más que seguros de haber cerrado la puerta por la mañana, la explicación obvia, era que alguien había entrado, aunque era incierto si dicho mamífero seguía ahí. Desenfundaron sus armas tranquilizantes y lentamente entraron en el lugar, en todo momento esperando lo peor. Una vez estuvieron completamente dentro, sus preocupaciones menguaron en un aspecto, y se elevaron en otro.
El lugar había sido saqueado, únicamente los muebles grandes seguían repartidos por toda la sala; algunos rasgados, otros volteados y fuera de lugar, uno que otro destrozo a las paredes y vandalismos menores repartidos por todo el departamento.
-Bueno… supongo que fue conveniente no tener una televisión en este momento…- Comentó Nick.
Judy ignoró su comentario y siguió revisando el lugar, no fue hasta que entró a la que era su habitación y la de Nick que se topó con el verdadero crimen.
-¿Esto es?...- musitó la coneja.
-No puede ser- habló Nick.
"Aléjate del zorro y vete de la ciudad Judith Hopps"
Eran las palabras pintadas en la pared de su cuarto, con una caligrafía bastante agresiva. Quien quiera, o quienes quieran que hubiesen entrado, tenían muy claro quién vivía ahí. No se trataba de un simple allanamiento, era una amenaza clara lanzada únicamente hacia la coneja.
Nick analizó la situación por breves segundos; Judy estaba claramente en blanco, o en shock tal vez. Por alguna razón, ella no dejaba de leer lo escrito en el muro una y otra vez. Sea como fuere, el vulpino miró por el apartamento, tratando de encontrar algo, ya fuera una pista, o más mensajes amenazantes. Mientras rebuscaba en el desecho interior del lugar, se hacía varias preguntas: ¿quién lo hizo? ¿Cómo sabían dónde vivían? Claramente no fue coincidencia que los invasores terminasen ahí esa noche. Tal vez parecería tonto pensar en alguien en específico que quisiera fuera de la ciudad a Judy en ese momento, sin embargo, no muchos mamíferos conocían su domicilio.
-Acabo de llamar a la estación- Judy se encargó de sacarlo de sus pensamientos.
-¿Qué?- cuestionó confundido.
-Tenemos que reportar esto, y ya que nuestra hora de servicio terminó, debía pedir que alguien del ZPD viniera aquí- explicó la coneja -. Ben aún no se iba, dijo que mandaría a alguien que nos conociera- sonrió decaída.
-Judy…
-No- interrumpió -. No me preguntes si estoy bien…- Salió del departamento con la mirada baja. Nick permaneció inmóvil un rato, únicamente mirando todo el desastre y pensando en cómo haría para arreglar las cosas.
.
.
.
.
No mucho tiempo pasó antes de que las sirenas se hicieran presentes en medio de la noche, una única patrulla fue lo necesario para el caso de allanamiento. Judy personalmente había solicitado una unidad pequeña, así que sólo dos oficiales se presentaron, la discreción era algo que tanto Nick como Judy apreciaban, sobre todo tratándose de una situación así.
-Eso es todo lo que falta- decía Nick a una jaguar.
-Entiendo- respondió anotando todo en una libreta -. ¿Alguna idea de quién pudo haber dejado el mensaje?- cuestionó curiosa.
-Más de la mitad de Zootopia si te soy enteramente honesto- rió irónico.
-Vamos Nick, es su departamento el que fue allanado, tómate esto con algo de seriedad, ¿quieres?- replicó.
-Vale, lo siento…
-Kati- Sonó una voz detrás de ellos.
-Hola Judy- Saludó la joven. Ambas hembras se sonrieron mutuamente, continuando con un pequeño abrazo.
-No te veía desde que fui instructora de turno en la academia- comentó Judy.
-Sí, se supone que me graduaría hasta dentro de dos años, pero...
-¿Fue por Savage, cierto?- dijo la coneja, con desgano.
-Sí- suspiró la felina, rascándose la nuca -. Los recortes de personal fueron masivos esos días.
-Entonces, tú no me…
-Por supuesto que no tengo nada contra ti Judy, te conozco lo suficiente para saber que nada de eso fue tu culpa.
Por primera vez en mucho tiempo, una sensación cálida llenó el corazón de la coneja, el saber que, aún a pesar de todo, tenía amigos que seguían creyendo en ella.
-Escuchen, de verdad no quiero interrumpir este momento, pero aún tenemos un allanador suelto, ¿recuerdan?- replicó Nick
-Cierto- Soltó la felina -. Tal vez otro día podamos salir juntas Judy.
-Sería divertido, gracias por todo Kati.
-Empezaremos a investigar todo, lamento mucho lo que les pasó, pero saben que haremos lo posible por resolver esto.
Los tres mamíferos se despidieron y cada quien fue por su camino; Kati entró a la patrulla y partió, mientras que Nick y Judy regresaban al aún destrozado interior de su apartamento.
-Bueno… Creo que lo mejor sería limpiar nuestra habitación y dormir algo- sugirió Nick, no muy seguro de cómo llevar a la situación ahora.
-Sí, creo que será lo mejor- respondió Judy, con desgano.
El zorro aún no olvidaba el mensaje en la pared de su cuarto; mientras que la coneja se daba un baño rápido, Nick se dispuso a limpiar la pared por completo, toda una suerte que no se hubiesen llevado los productos de limpieza también.
En cuanto Judy salió del baño, no hubo más conversación; no hablaron de nada ni hubo más ocurrencias por parte del zorro. Únicamente intercambiaron un par de miradas y se fueron a dormir; la única cosa que Nick pudo hacer por ella fue abrazarla hasta que se quedó dormida. Sorprendentemente, a la coneja no le tomó mucho tiempo, claramente estaba cansada de todo ese día y no necesitaba, ni quería escuchar o saber nada más.
Las horas pasaban, y sin importar de qué manera durmiera, qué tan cansado estuviese o cuánto abrazara a Judy, Nick no era capaz de conciliar el sueño de ninguna manera posible. Llegó un punto en el que estuvo seguro de haber observado el techo por horas y horas, pero al ver el reloj junto a la cama, se dio cuenta de que no habían sido más que unos escasos minutos. Ya algo fastidiado por el insomnio, decidió levantarse a tratar de aclarar sus ideas; con el mayor cuidado posible, se las arregló para no despertar a la coneja al levantarse de la cama; Judy dormía como un tronco, aun a pesar de lo que sucedió un par de horas atrás. Nick no se explicaba cómo es que lo había tomado con tanta calma, aunque parte de él estaba seguro de que, en realidad, Judy lo había tomado muy mal, y hacía un gran esfuerzo en ocultarlo de él.
El vulpino salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Su primera parada fue la cocina, tal vez algo de agua lo ayudase un poco, sin embargo, no bastó, aún se sentía abrumado por todo. Por un largo rato, no hizo más que ir de un lado al otro en su departamento; miraba por la ventana, salía al balcón, veía su celular, nada lograba ayudarlo.
-Esto no tenía porque ser así Judy- musitó pasándose las patas por el rostro, en un fútil intento por mitigar el estrés. Levantó la mirada y simplemente ya no supo qué más pensar, tal vez, y sólo tal vez, era hora de tomar otras medidas.
.
.
.
.
Al día siguiente, la situación no había mejorado mucho; en el ZPD aún no había nada concreto sobre quién o quiénes allanaron el apartamento de Nick y Judy, por el momento, lo único que podían hacer era seguir con sus vidas de la manera más normal posible. Bogo no había asignado trabajos demasiado demandantes o interesantes en la última semana, la ciudad estaba atravesando una relativa tranquilidad en esos días, algo extraño considerando el regreso de Nick y el arresto de Jack Savage. Pese a toda la tranquilidad que se respiraba en la ciudad, un mal presentimiento era constante en todos los allegados al zorro y a la coneja; tal vez en la superficie parecía que todo marchaba bien, pero la idea de que en algún momento los medios saltaran al cuello del ZPD otra vez se encargaba de alimentar la paranoia colectiva de la estación.
-Bien Zanahorias, no te vi comer nada esta mañana, así que te traje esto- El zorro dejó un vaso de café y un trozo de pastel en una caja de plástico sobre el escritorio de la coneja.
-Gracias Nick- sonrió -. Pero no tengo hambre en este momento.
-Sin peros- Se quejó el vulpino -. No voy a dejar que esto acabe contigo, un conejo deprimido viviendo bajo el mismo techo no va con mi estilo- bromeó acercando su rostro a la coneja.
-Bien, tú ganas- suspiró Judy -. Además, creo que me vendría bien algo de aire fresco- Se levantó de su silla y caminó junto con Nick hacia la salida del ZPD.
-¿Escuchaste lo que pasó anoche?- murmuraban unas voces cerca de la recepción.
-Sí, me siento mal por Wilde, esa coneja le sigue causando problemas incluso ahora- decía uno de los nuevos reclutas.
-Él no se merece eso, deberían echar a la coneja de la estación.
-No sé porque ella vive con él, seguramente lo engañó o hizo que sintiera lástima.
Todos comentarios crueles y despiadados. La pérdida había sido tanto de Nick como de Judy, y sin embargo, todos parecían culpar a esta última de todas las desgracias que ocurriesen al zorro. Era en momentos como ese cuando Judy odiaba su sentido del oído, tampoco es que esos cretinos estuviesen tratando de ser discretos.
-No hagas caso de eso Judy- dijo Nick mientras la cubría con un brazo.
La coneja únicamente bajó la mirada y siguió adelante. Nick miró con desprecio a los novatos por escasos segundos, aunque eso bastó para que cesaran los murmullos y se fueran del lugar. Un rato más tarde, caminando por las calles de la ciudad, los ánimos de la coneja no hacían nada más que empeorar; una vez más, la paranoia de que habría un mamífero enfadado con ella a la vuelta de cada esquina llenaba sus ideas y nublaba su juicio.
-¿Me escuchaste?
-¿Qué?- dijo la coneja al salir de su pequeño trance.
-No escuchaste nada de lo que dije, ¿cierto?- contestó Nick.
-Lo siento- Ni siquiera se iba a molestar en tratar de poner una excusa -. No puedo pensar en nada más Nick.
-Vamos Pelusa, no puedes vivir así- Le dijo preocupado.
-No quiero vivir así, te juro que no, pero tener a más de la mitad de la ciudad odiándome… No es algo sencillo.
-¿Y si hubiera una manera de terminar con eso?- sugirió desviando la mirada.
-¿De qué hablas?
-Escucha Zanahorias- suspiró inseguro -. No puedo garantizar que sea algo definitivo, o que termine con todos tus problemas pero… Tal vez… Haya un modo de mejorar un poco tu imagen pública.
-Nick- dijo algo cortante -. Me agrada tu optimismo, y tu sentido del humor ha sido una de las pocas cosas que logra animarme desde que regresamos… Pero esta broma es un poco cruel- afirmó desviando la mirada.
-¡¿Broma?! Judy, ¿de verdad crees que soy así de insensible?- La coneja levantó las cejas.
-De acuerdo, puede que tuviera esa fama en el pasado, pero ahora jamás jugaría con cosas así de importantes. Lo digo en serio Judy.
-De verdad quiero pensar que es posible, quiero que toda esta pesadilla termine, pero seamos realistas; no hay un alma en toda Zootopia que quiera escuchar mi versión de la historia, ni la mía ni la del ZPD… Me alegra que todo terminara para ti, Nick, pero yo no voy a tener esa suerte jamás- Aquél atisbo de optimismo que había salido a la luz en Judy el día anterior claramente había desaparecido
-¿Qué pasó con la conejita que quería hacer del mundo un lugar mejor?- Se arrodilló frente a ella.
-El mundo la puso en su lugar, eso paso.
A Nick definitivamente lo mataba escucharla decir cosas así, no se parecía en nada a la Judy Hopps que hace dos años fue a buscarlo a Fangtown, lejos de la ciudad y en medio de la nada.
-Judy…
De pronto las orejas de ambos se pusieron en alto, el desconcertante sonido de varios vehículo congregándose cerca de ellos no iba a pasar desapercibido. En cuanto alzaron la mirada, Judy no entendió todo de inmediato, Nick por otro lado, ya había pasado por un espectáculo así antes.
-Será mejor irnos de aquí- dijo tomando la pata de la coneja.
-Acaso son…
Antes de poder hacer o decir nada más, una oleada de reporteros se cernió sobre ambos; la gran diferencia a cuando le ocurrió a Nick, es que, al parecer en esta ocasión, él no era el centro de atención.
-¡Oficial Hopps! ¿Dónde estuvo escondiéndose estos dos años?
-¿Con qué clase de valor se atrevió a volver a ser oficial de policía?
-¿Coaccionó de alguna manera al señor Wilde para fingir empatía por usted?
-¡¿Qué?!- cuestionó, incrédula ante tal acusación.
-¿Acaso busca aprovecharse del zorro para obtener el perdón de la ciudad?
-¡Yo jamás haría eso!
-¿Cómo fue que usted y Jack planearon la desaparición y muerte de tantos mamíferos?
-¡Yo no tengo nada que ver con él!
El zorro había sido rápidamente alejado de la coneja a causa de todos los animales que llegaron a rodearla.
-¡Judy! ¡Judy!- gritaba una y otra vez, todo en un vano intento de llegar a ella -. ¡Apártense malditos buitres!- clamaba furioso.
No importaba cuánta fuerza pusiera en su agarre, la mayoría de los mamíferos a su alcance le doblaban el tamaño, así que no serviría de nada. Vencido, pero no derrotado, el zorro se alejó un poco de todos y sacó su radio; bien sabía que meter al ZPD en esto no traería nada bueno, pero esos desgraciados estaban comiéndose a Judy viva, y con la moral por los suelos, seguramente alguien haría una pregunta inadecuada y ella diría algo de lo que arrepentiría.
La coneja tuvo que soportar todo eso por un par de minutos más, gracias a Dios la patrulla de Colmillar estaba cerca del lugar. Las sirenas no parecieron tener mucho efecto en la multitud, no fue hasta que el megáfono transmitió la pesada voz del tigre que todos dejaron en paz a Judy.
-¡Están hostigando a un oficial de policía, además de alterar el orden público! Retírense de inmediato o las detenciones darán inicio- Fueron sus palabras, y al parecer bastó para algunos, pero otros decidieron hacer caso omiso de las amenazas y seguir asediando a la coneja. Colmillar estaba a punto de empezar a arrestar reporteros.
-No creo que sea buena idea- dijo Nick al poner una pata sobre él.
-¿Qué? Wilde, Hopps sigue rodeada.
-Lo sé, pero si empiezas a arrestarlos únicamente les darás más de qué hablar, y no le vendrá bien a la estación.
-¿Entonces qué hacemos?
-Llamaré su atención, tú saca a Judy de ahí, ¿bien?- Nick tomó el megáfono y empezó a llamar a los reporteros que se quedaron en el lugar, todo con la simple promesa de que respondería a sus preguntas personalmente.
Apenas se vio relativamente libre, Judy corrió donde el tigre de bengala y subió a la patrulla con él.
-¿De verdad debemos dejarlo?- cuestionaba preocupada.
-Wilde sabe lo que hace, por el momento Judy, creo que sería mejor regresar a la estación.
Con preocupación, la coneja miró por la ventana cómo los reporteros ahora rodeaban a Nick, ella no tenía idea de que él ya había pasado por eso antes.
-Espero que estés bien…
.
.
.
.
Horas más tarde, la sala de juntas estaba siendo usada únicamente por los oficiales más "veteranos" en la estación, sobra decir que Bogo también se encontraba entre los presentes, claramente no complacido con la manera en que las cosas se estaban desenvolviendo en la ciudad. El búfalo sabía bien que el regreso de Wilde y de Hopps armaría revuelo, pero no esperaba que fuera a tal magnitud, ahora parecía ser que la seguridad de sus oficiales también sería una cuestión delicada si no hacían algo.
-Muy bien, al fin pude contactar a Wilde, me aseguró que todo está en orden y viene para acá, por el momento la imagen pública del ZPD aún no empeora- aclaró inconforme.
-Esos dementes harán lo que sea para llegar a ellos jefe- aseguró Colmillar.
-Y por eso es que estamos teniendo esta reunión- resopló Bogo -. Voy a ser completamente sincero, sin importar lo mucho que quiera arrestar a esos carroñeros, no podemos hacerles nada.
-¿Entonces simplemente vamos a permitir que sigan acosando a Hopps y a Wilde?- cuestionó Lobato.
-¡Por supuesto que no!- replicó el búfalo.
Judy no tenía nada para decir o sugerir, ella sabía que, de alguna manera, esa situación era su culpa, y tratar de arreglar algo en ese momento no traería nada bueno, ¿qué haría exactamente, ¿disculparse? Los gritos de Bogo se hacían cada vez más intensos, y la discusión se volvía peor a cada minuto que pasaba. La idea de simplemente arrojar su placa al suelo y salir de ahí era de lo más tentadora.
-Oigan, puedo escuchar sus gritos hasta la entrada principal, ¿quieren decirme qué está pasando aquí?- Nick había llegado más pronto de lo esperado, justo a tiempo para terminar con la discusión.
-¿Wilde?- habló Bogo.
-En carne y hueso, ahora, ¿quieren decirme de qué va todo?
-Tratamos de decidir qué hacer con ustedes dos- explicó Colmillar.
-Yo diría que Hopps está en una peor situación que Wilde- dijo Lobato con desgano -. Tal vez deberíamos hacer de ella nuestra prioridad por el momento, sin ofender Nick.
-De hecho estoy de acuerdo contigo- asintió el vulpino.
A Judy no le gustaba para nada que hablaran de ella como alguien indefensa a quien necesitaran proteger, pero no había modo de llevarles la contraria.
-Al fin todos estamos de acuerdo en algo- resopló Bogo -. Hopps.
-S… ¿Sí?- respondió temerosa.
-Tal vez tú y Wilde deberían evitar su departamento un tiempo, al menos hasta que encontremos a quien irrumpió ahí.
-Pero señor, la amenaza fue únicamente contra mí… Nick no tiene que…
-Wilde podría ser usado para llegar a ti, y ese es un riesgo que no voy a darme el lujo de correr- aclaró con firmeza. Judy se encogió de hombros y simplemente respondió.
-Sí señor…
Por parte del zorro, no hubo ni la más mínima queja. Si bien no había temido por su vida a pesar de lo que pasó, podría llegar a haber algo de razón en las palabras de Bogo. Valía más no arriesgarse de manera estúpida.
-Aunque no puedan encontrarlos en su departamento, ¿qué hay de la estación? Ahora toda Zootopia sabe que los dos trabajan aquí- Se quejó Lobato.
Bogo dejó escapar un pesado suspiro -. Veremos cómo lidiar con eso, tendremos que…
-Lobato tiene razón, Bogo- interrumpió el tigre -. En cualquier momento podríamos tener las puertas bloqueadas por todos los noticieros de la ciudad.
Las ideas se le terminaban al búfalo, y su mal genio no hacía más que aumentar, sentirse acorralado no es algo a lo que estuviera acostumbrado, y mucho menos algo que le gustara. Debía proteger a Hopps, debía asegurarse de que nadie tocara a Wilde para llegar a ella, todo mientras hacía lo posible para mantener limpio al ZPD. Una decisión muy difícil se cernía sobre él, todos confiaban en que tomaría la decisión correcta para la situación.
-¡Muy bien, silencio!- clamó con voz grave -. Es cierto, nosotros tampoco estamos a salvo de todo esto, lo mejor que podemos hacer es mantenernos al margen, y llamar la atención lo menos posible.
-Eso será un poco difícil considerando nuestra situación actual- comentó Nick.
-Lo sé… Por eso, Hopps y Wilde, tendrán que dejar la estación.
-¡¿Qué?!- clamó la coneja.
-¿Está despidiéndonos?- El zorro estaba incrédulo.
-No los estoy despidiendo- aclaró el búfalo -. Les daré permiso administrativo, al menos hasta que sepamos qué hacer- explicó, no muy conforme -. Sé lo que parece, pero esto no es su culpa, les aseguro que podrán volver en cuanto todo esto termine, pueden retirarse.
Judy salió echando humo de la sala, todos los presentes se percataron de ello, pero solamente Nick se atrevió a seguirla.
-¡Zanahorias!- La llamó desde lejos.
-¡Esto no es justo Nick!- replicó de inmediato.
-Bueno, pudiste haber dicho algo allí dentro.
-¿Y qué iba a ganar con eso? Bogo no va a hacer caso a nada de lo que diga, y ahora tampoco podemos ir a casa, todo esto es un asco- Estaba furiosa, frustrada y en cierta forma, desesperada también.
-Vamos, las cosas no son tan malas, estamos en la ciudad otra vez, ¿no? Tenemos nuestro empleo, eso debería valer de algo- dijo un poco frustrado por la actitud tan pesimista de Judy.
-Teníamos nuestro trabajo, ahora nos quitaron eso también- Desvió la mirada -. No debía ser así Nick- suspiró bajando la mirada y cruzándose de brazos -. Sabía que nuestro regreso a la ciudad no sería fácil, pero todo esto… Es simplemente horrible- En esa última oración, la voz de la coneja había empezado a quebrarse -. Tal vez nunca debimos volver…
Los ojos de Nick se abrieron por completo al escucharla, se sorprendió en toda regla; regresar a la ciudad había sido el objetivo de Judy durante los dos años que estuvo en Fangtown con él. Nick siempre tuvo sus dudas respecto de volver a Zootopia, pero ella… ella había sido siempre optimista en ese aspecto, al menos, hasta ahora.
La coneja siguió su camino, esta vez, Nick no iría tras ella. Molesto, y en cierta manera, derrotado también, el vulpino estrujó su rostro con ambas patas, a la par que dejaba escapar un prolongado y algo ruidoso suspiro.
-Muy bien Wilde, has salido de cosas peores; sobreviviste a las calles de Zootopia y a la academia de policías, puedes con esto- Se "animó". Aún guardaba un as bajo la manga, y a juzgar por cómo estaban las cosas, era su mejor alternativa, por no decir que era la única.
.
.
.
.
Horas más tarde, Judy aún se encontraba en un limbo entre la frustración y la depresión. Bogo les había dado concesión sobre una de las patrullas del ZPD para uso personal por una semana. No podían ir a casa, no podían estar a la vista, las opciones no eran prometedoras, la coneja por sí misma no podía hacer nada en esa situación; ese mismo sentimiento de impotencia que la invadió cuando Nick se fue de la ciudad hace dos años la abrumaba ahora, y se sentía mucho peor que la última vez. Sin importar cuánto lo pensara, no había nada que ella pudiera hacer; no tenía idea de quién entró a su departamento, no podía quitarse a la prensa de encima por sí sola, ya ni siquiera podía llevar a cabo su trabajo en la estación sin ser molestada por sus mismos compañeros de trabajo. Era como si una gran oscuridad la comprimiera poco a poco, buscando no dejar nada de ella, extinguir hasta la última pequeña luz de su ser, y no podía hacer nada para evitarlo.
-Llegamos Zanahorias- dijo el vulpino. Nick había estado conduciendo desde que dejaron el ZPD, Judy no había prestado atención alguna en el camino que seguían, y tampoco tuvo la atención de preguntar hacia dónde irían. Ahora que salía de su pequeño trance, caía en cuenta de que debió haber hablado antes de que el zorro encendiera el motor del vehículo.
-Nick… Yo no puedo estar aquí- dijo con cierto temor.
-Claro que puedes, y lo harás… Escucha, sé que no es una buena idea, pero es todo lo que tenemos en este momento- explicó decaído.
-¿No lo entiendes? Tus padres me odian… Y en cuanto sepan que entraron a nuestro departamento por mi culpa seguramente…
-No van a hacerte nada Judy- Le aseguró tomando su pata. La coneja levantó la mirada, Nick la veía con cariño, la hacía sentir segura, si no podía confiar en sí misma o en lo que la rodeaba, ¿entonces por qué no confiar en él?
-No… No quiero causarte más problemas- dijo apretando el agarre de sus patas.
-Nada de lo que nos ha pasado desde que volvimos es tu culpa, si te traje aquí, es porque quiero que estés a salvo… Confía en mí Zanahorias, ¿puedes?
-Confío en ti Nick, sabes muy bien que sí- Una pequeña aunque muy reconfortante sonrisa se dibujó en los labios de la coneja. El vulpino la abrazó por algunos segundos, y luego bajaron de la patrulla.
Judy no encontraba el valor para atravesar el jardín frontal de la casa de los Wilde. No paraba de pensar que en el momento en que llamara a la puerta le negarían la entrada a ambos; ese era su mayor temor por el momento, que Nick sufriera aún más desgracias por culpa suya.
-Vamos, no te morderán… Espero- bromeó el zorro al tomarla de un hombro y hacerla caminar hacia la entrada.
A medida que se acercaban, Judy sentía como si el corazón le fuera a salir volando del pecho. Sus últimos encuentros con la madre de Nick no habían sido exactamente agradables, menos aun teniendo en cuenta la amenaza que la zorra plantó sobre ella, no era un buen momento para recordar eso.
-Hablaré con ellos primero, ¿de acuerdo?- dijo el vulpino. Judy suspiró y se estrujó el pecho con una pata, no había manera posible de ocultar los nervios que ahora mismo estaba sintiendo, sólo le quedaba esperar lo mejor, si es que había alguna posibilidad de ello.
Nick llamó a la puerta. Podía percibir el olor de sus padres y algunas luces estaban encendidas, era claro que había alguien en casa. No pasó mucho tiempo antes de que sus orejas percibieran pasos al otro lado de la puerta.
-¡Nicky!- clamó Robin al abrir la puerta.
-Hola papá- saludó abrazándolo.
-Es bueno verte, ¿qué te trae por…?- Se cortó al notar a Judy junto a su hijo. En cierta forma, Robin no estaba seguro de cómo reaccionar, así que miró a su hijo, confundido claro está.
-¿Nos dejarían entrar? Hay algo de lo que tengo que hablar con ustedes- explicó Nick.
-Por supuesto- Sonrió el zorro mayor -. Adelante.
Ambos caminaron dentro de la casa, Judy siempre manteniendo la mirada baja, temerosa de establecer cualquier contacto visual con los padres de Nick.
-Tu madre está en la cocina, así que tal vez sería mejor hablar ahí- sugirió Robin
-Suena bien. Zanahorias.
-¿Sí?
-Será mejor que esperes aquí, yo me encargo de todo- Le sonrió con calidez. Judy respondió el gesto, y pasó a sentarse en el sofá de la sala de estar.
El vulpino caminó detrás de su padre, haciendo su mejor esfuerzo por ocultar el temor y los nervios sobre lo que podría pasar; no había ninguna garantía de que su madre aceptase a Judy en su casa, ni siquiera estaba seguro de explicar el allanamiento de su apartamento, sólo les estaría dando más armas para acabar con la coneja, debía elegir sus palabras con cuidado.
-¡Nicky!- clamó jovial su madre al verlo en la cocina.
-¿Se pusieron de acuerdo para saludarme igual?- bromeó el zorro más joven.
-Es más bien la costumbre- respondió ella -. ¿Qué te trae por aquí?
-¿Qué un hijo no puede visitar a sus padres sin un motivo en concreto?
-Sí, pero no este hijo, al menos no tan pronto; viniste a vernos ayer- explicó Robin.
-¿Qué es lo que pasa en verdad Nicky?- preguntó Marian, con suma dulzura en su voz.
El zorro dejó escapar un leve suspiro, claramente no valía de nada tratar de suavizar la noticia -. Pasó… Pasó algo anoche…- dijo rascándose la nuca, y desviando la mirada. Esos gestos llamaron la atención de sus padres; ahora mostraban suma seriedad en el asunto.
-¿Fue muy grave?- cuestionó Robin.
-No exactamente- Nick recargó un brazo sobre el lavaplatos -. Alguien entró a nuestro apartamento anoche.
-¡¿Qué?!- soltó su madre.
-Antes de que enloquezcan, estamos bien, solamente se llevaron algunas cosas, nada que no se pueda reemplazar- explicó sin mostrar mucho interés en el tema.
-¡Por supuesto que podemos ayudarles!- Aseguró Marian de inmediato -. Si necesitan dinero, nosotros podemos…
-No, no, no es eso- interrumpió algo alterado -. Jamás les pediría algo así, más bien… me gustaría pedirles un pequeño favor… Aunque entenderé si no quieren hacerlo.
Los zorros adultos ya no entendían de qué iba todo a ese punto, únicamente intercambiaron miradas por un par de segundos, claramente confundidos.
-¿Por qué no querríamos hacerte ese favor? - Sonrió Robin.
Pese a las buenas vibras que sus padres le daban, Nick no estaba suficientemente seguro de pedirles que los alojaran a los dos por algunos días, pero no llegaría a nada simplemente quedándose parado como estatua ahí. Tomó aire, los miró a los ojos, y habló.
-Quien quiera que haya entrado, lo hizo para amenazarnos… Bueno, para amenazar a Judy… Así que, ella no está segura en ese lugar, y seguramente yo tampoco. Lo que quería preguntarles era si podíamos quedarnos unos días aquí, al menos hasta que sepamos quién lo hizo- Ya estaba, lo sacó de su pecho y el breve lapso de segundos que le tomó a su madre responder fue como una eternidad para él, incluso podía jurar que las patas le empezaron a temblar.
-¡Nicky, claro que puedes quedarte aquí!- dijo Marian sin dudar -. Pero ella…
-Agradecería que hablaras lo más bajo animalmente posible, esas orejas que tiene, no son de adorno- aclaró Nick, apuntando su pulgar hacia la sala de estar.
-Sé que nos pediste que fuéramos comprensivos con ella, y de verdad me siento mal por lo que pasó con su familia, pero no sé si tenerla aquí sea…
-¿Posible?- Cortó su hijo, con algo de indignación en su tono.
-Sencillo- aclaró su madre.
-Cada vez que la vemos o escuchamos hablar de ella, únicamente podemos centrarnos en lo que te hizo- explicó Robin -. Yo no estuve aquí en la ciudad durante esos dos años, pero tu madre me llamaba constantemente, contándome lo que pasó cuando te arrestaron, cuando decidiste partir… y el día en que llegué aquí, me dijo todo lo que pasó con esa coneja también.
-Dejando de lado cualquier tipo de culpa que pongamos sobre ella por hacerte sufrir… Es el hecho de que por ella casi te perdemos lo que realmente nos duele- dijo Marian abrazándose a sí misma, bajando la mirada y recordando todas las cicatrices que ahora cubrían el cuerpo de su hijo.
Fue un golpe un poco duro a la moral del zorro, ¿pero cómo contradecirlos? Razón no faltaba en sus palabras -. Escuchen, lo entiendo, de verdad, pero quién está sentada en el sofá no es la misma coneja de hace dos años, no es la misma que me lastimó. Si no pueden aceptarla como mi pareja, entonces véanla como lo que realmente es; alguien que necesita ayuda…
Sus padres, aún reacios a aceptar su petición, no hacían más que mirarse entre ellos, debatiendo en silencio qué era lo correcto en ese momento.
-Tal vez esté exagerando con esto- habló Nick -. Pero su vida realmente podría correr peligro, ¿de verdad permitirían que algo le pasara si está en sus patas ayudarla?... ¿De verdad se vengarían de esa manera?
Palabras fuertes, palabras muy fuertes fueron esas. Los ojos, tanto de Robin como de Marian, se abrieron como platos, sorprendidos por tal pregunta. Ellos no eran así, que su propio hijo llegara a tomarlos por mamíferos de tan baja calaña era ofensivo, y doloroso también.
-¡Nicholas Piberius Wilde!- clamó Robin, olvidando por completo que Judy podía escuchar todo -. ¡No puedes, y no vas a ofender a tu madre de esa forma! ¿Acaso crees que haríamos algo como eso?
-¡Yo no te crié así!- habló su madre -. No puedo creer que nos consideres capaces de actuar de una forma tan baja- Estaba indignada, pero Nick empezaba a sentir cierto enojo por la manera en que despreciaban a Judy, quien ahora mismo estrujaba sus piernas mientras mantenía la mirada fija en el suelo; temblaba, sentía un nudo en la garganta y de verdad quería salir huyendo de ahí. Esos gritos, esa discusión, todo por ella.
-Es así como se están comportando ahora- respondió Nick, sin alzar mucho la voz -. Y es así como la han hecho sentir desde que los conoció- agregó, esta vez, mucho más decaído.
-¿Qué?- dijeron ambos zorros al unísono.
-Mamá, le has restregado en la cara todo el daño que me hizo, desde el primer día que la viste lo has hecho… Ella lo sabe, no es algo que haya superado, y no sé si algún día lo hará, pero te aseguro que no necesita que abras la herida una y otra vez.
Marian desvió la mirada, recordando aquella amenaza que soltó sobre la coneja el primer día que la vio, ni siquiera le dio oportunidad de explicarse, o de contar su versión de la historia.
-Papá, ella ni siquiera te conoce, y sin embargo da por sentado que le tienes el mismo odio, ni siquiera le has dirigido la palabra una sola vez.
Robin tampoco tuvo manera de contestar, desde que se enteró de todo, supuso que no merecía la pena escuchar siquiera a Judy, era como fingir que no existía en realidad.
-Todos cometemos errores, nadie es perfecto, y sé que lo que me hizo es difícil de perdonar… Pero decidí darle una oportunidad, y hasta ahora, no me ha vuelto a fallar, ¿no pueden hacer lo mismo?
No hubo respuesta, solamente miradas inseguras, temerosas incluso, sus padres no sabían qué hacer. Nick los miró unos segundos más, esperaba que hablaran, que dijeran cualquier cosa, pero no fue así. Bajó la mirada, derrotado y un poco dolido también.
-¿Saben qué? Tal vez fue un error venir aquí.
Marian y Robin alzaron la mirada al escuchar eso.
-En verdad lamento haberlos molestado con todo esto, y también me disculpo por lo que les dije- Empezó a caminar fuera de la cocina.
-Nicky, nosotros no…- Trató de decir su madre.
-Los llamaré en cuanto encuentre algún lugar seguro- Hacía caso omiso de las palabras de su madre.
-Nick, no tienes que irte- Robin también trató de detenerlo, aunque sin mucho éxito.
-Zanahorias- Se inclinó frente a ella.
-¿Nick?
-Creo que tendremos que buscar en otro lado- Le sonrió, en un vano intento de hacerla sentir mejor. Ella simplemente asintió y se levantó del sofá. Marian y Robin los siguieron hasta la puerta de entrada, no encontrando palabras para detenerlos o disculparse siquiera, sólo los vieron irse.
Después de alejarse algunas calles, aunque aún sin salir de los suburbios de Zootopia, Judy al fin rompió su efímero voto de silencio.
-Entonces… Fue por…
-Ni se te ocurra decirlo- La interrumpió el zorro de inmediato -. No fue tu culpa Zanahorias, de eso nada.
-Nick, podía escucharlos fácilmente, y los gritos del final no hicieron mucho por ocultarlo- dijo rascándose la nuca.
-Necesitan tiempo Pelusa, ten fe, no pueden y no van a estar molestos contigo para siempre- Sonrió el zorro, aunque a Judy le costaba trabajo creer en sus palabras.
La idea de abandonar la ciudad otra vez empezaba a sonar más y más tentadora para la coneja; no habían sido días fáciles, casi parecía que Zootopia le decía a gritos que se fuera para siempre. No tenía un plan B, no tenía respaldo de ningún tipo más allá de Nick, y por más que de doliera admitirlo en ese momento, él no era suficiente.
-¿Qué vamos a hacer Nick?
-Por hoy, creo que un motel nos podría salvar la noche, luego…
-No me refiero a eso- interrumpió ella -. ¿Qué vamos a hacer con la ciudad? Con todos los que me odian, con todos los que te acosan… ¿Qué queda para nosotros aquí realmente?
El vulpino estaba perplejo por tales palabras, aunque no había sido del todo una sorpresa escuchar algo así, él mismo había empezado a tener sus dudas también. Se rascó la nuca, dejó escapar un prolongado suspiro, y se arrodilló frente a Judy.
-Mentiría si te dijera que me gustó del todo volver a la ciudad, algunos días me he preguntado si no hubiera sido más fácil simplemente llamar a mi madre y decirle dónde encontrarme, extraño Fangtown, Pelusa, mucho a decir verdad- explicó decaído, no quería admitir eso frente a Judy, no quería hacerla sentir que lo obligó a volver a Zootopia -. Pero venir aquí también era necesario, hay círculos que deben cerrarse, nos guste o no.
-¿Pero cómo hacemos eso? ¿Cómo terminamos con todo?
-Si lo supiera, no estaríamos teniendo esta conversación, ¿o sí?- bromeó, finalmente sacándole una pequeña risa a la coneja -. Bien, es bueno ver que aún no olvidas cómo sonreír.
-No digas eso- rió ella -. ¿Crees que debimos quedarnos en Fangtown?
El zorro lo pensó por algunos segundos, era una pregunta justa, y a decir verdad, no estaba seguro de su respuesta.
-Yo creo que…
-¡Nick!- Escuchó a sus espaldas; un agitado y encorvado zorro adulto, tratando de recobrar el aliento, fue lo que vio al girarse.
-¿Papá?
-Sí, sólo… Sólo dame un momento…- respondió agitado.
-¿Qué haces aquí?
-Huff… Escucha, lo que pasó allá no estuvo bien, ¿de acuerdo?
-Sé que les hablé mal, pero ustedes…
-No me refiero a eso… Nosotros somos quienes estuvieron mal.
-Oh- reaccionó Nick. Judy por su parte, sabía que se venía una conversación incómoda, y una vez más, ella sería el motivo básico de la misma.
-No nos hemos comportado como los adultos que se supone que somos- suspiró el zorro mayor -. Te debemos una disculpa a ti… Y a ti también, Judy.
La coneja se sorprendió al escuchar su nombre. Incrédula, alzó la mirada hacia Robin, este la veía con remordimiento, pero también con algo de humildad.
-¿A mí? - cuestionó.
-Ni Marian ni yo te dimos la oportunidad de explicar lo que pasó, de decirnos cómo fue todo para ti… y tampoco te agradecimos por haber traído a nuestro hijo de vuelta a la ciudad.
Judy estaba sin palabras, definitivamente el perdón de los padres de Nick era algo que ni siquiera soñaba con obtener, todo parecía irreal.
-Yo… Yo no sé…- balbuceó algo nerviosa, ahora temía echar a perder todo diciendo algo fuera de lugar.
-Está bien, Zanahorias, tranquila- sonrió Nick.
-Nicky, por favor vuelvan- pidió Robin.
Pese a que era la solución perfecta para lo que estaba pasando, Nick no se creía un cambio tan repentino así de rápido, deseaba que fuera real, claro que sí, pero qué le decía que su madre también había cambiado su forma de pensar hacia Judy. Se trataba de un asunto en extremo delicado, al menos para él, y quería estar seguro de que las cosas no fueran a seguir empeorando para la pequeña coneja.
-¿Y qué hay de mamá?- preguntó con algo de recelo.
-¿Quién crees que me envió corriendo detrás de ustedes?- respondió rascándose la nuca.
-¿Estás seguro de que ella aprueba esto?
-Ambos los queremos a salvo Nicky, a los dos, danos otra oportunidad para hacer las cosas bien, ¿puedes?
El zorro joven lo pensó por un momento más, para él, la decisión estaba tomada desde el momento en que vio a su padre corriendo hacia él, pero no iba a poner a Judy en un ambiente que no le favoreciera.
-Danos un momento, ¿sí?
-Por supuesto- Su padre se alejó un poco de los dos, los dejaría hablar con libertad.
-Judy…
-Por favor, no me llames Judy, viniendo de ti es claro signo de que hay algo mal- replicó la coneja.
-En este caso no hay nada malo, pero sí algo serio- respondió Nick. La coneja únicamente suspiró y siguió con la conversación.
-¿Qué pasa?- preguntó temerosa.
-Escucha, no puedo y no voy a culparte si no quieres estar cerca de mis padres en este momento, pero tal vez sea nuestra mejor opción justo ahora; es el lugar más seguro en el que podríamos estar, y los vecinos jamás avisarían a los medios que estamos ahí… Habiendo dicho eso, no quiero obligarte a quedarte en un lugar donde no te sientas cómoda, es tu decisión esta vez.
Judy estaba un poco en shock por tal voto de confianza, y sin importar cuánto y cómo lo pensara, no estaba segura de qué hacer. Por un lado, no tenía confianza alguna en que la madre de Nick hubiese cambiado de parecer hacia ella, por otro, no le parecía justo apartar al zorro de sus padres otra vez, ¿qué debía elegir? ¿Su bienestar personal, o el de su pareja? ¿Qué era más importante para ella?
.
.
.
.
-Arreglé un poco la habitación de invitados, no se ha usado en un tiempo, pero creo que la cama es suficientemente grande para los dos- explicó Marian al mostrarles el cuarto.
-Gracias mamá- dijo el zorro.
-En verdad, siento mucho la manera en que nos comportamos Nicky… La comida estará lista en un rato, los llamaré cuando sea hora- La vulpina sonrió y se fue, dejando a Nick y a Judy solos en lo que sería su hogar temporal.
-Entonces… ¿Qué te parece?- preguntó el vulpino.
-Es acogedor, por un momento creí que nos mandarían a tu habitación- rió nerviosa, claramente aún no asimilaba bien la situación
-Tal vez aún sea una opción- sonrió él -. La cama de mi infancia es suficientemente grande para ti al menos.
Un silencio un poco incómodo inundó la habitación de un momento a otro, ya ninguno sabía qué más decir o hacer. Pasaron algunos segundos antes que Nick rompiera con esa tensión.
-Tengo que hacer una llamada, Zanahorias, ¿puedes quedarte sola un momento?
-No soy una niña, Nick- sonrió la coneja -. Ve, te esperaré aquí.
El vulpino asintió y salió de la habitación, posteriormente, de la casa también; quería estar lo más lejos posible de la coneja para hacer esa llamada, y por las paredes de la casa, sería difícil que lo escuchara en el jardín. Sin embargo, aunque simplemente hubiese bajado a la sala, Judy no lo habría escuchado en lo más mínimo. Se sentó al borde izquierdo de la cama, dándole la espalda a la puerta entreabierta de la habitación. Poco a poco empezó a sentir un gran nudo formándose en su garganta, lágrimas empezaron a brotar de su rostro, aunque aún ni siquiera empezaba a llorar; trataba de contenerse, trataba de respirar hondo, de ahogar el amargo sentimiento de impotencia y rechazo que la había estado azotando desde la noche anterior. Secaba sus lágrimas una y otra vez, pero no podía detenerlas, entre más trataba de combatir su llanto, más se daba cuenta de que sería inútil; empezó a darse por vencida, a dejarse llevar por el caudal tan grande de emociones que la ahogaban. Leves gimoteos empezaron a escapar de su boca, trataba de llorar en silencio, lo último que quería en ese momento era llamar la atención de alguien más, ni siquiera quería que Nick supiera de su dolor; mucho menos quería molestar a sus padres, rodeó su estómago con un brazo, mientras que con el otro seguía secando sus lágrimas.
Marian se dirigía hacia la habitación donde Judy se encontraba, su intención no era otra que avisar ambos que la comida estaría lista en pocos minutos. En el momento en que se detuvo a llamar a la puerta, logró escuchar los gimoteos y los lamentos de la coneja. Quedó congelada por algunos segundos; tal vez no debería molestar, no era su problema después de todo, pero no escuchaba ni percibía a su hijo dentro de la habitación, no le tomó mucho darse cuenta de que Judy estaba completamente sola. Marian no tenía nada qué hacer ahí, bien podía seguir de largo y fingir que no escuchó nada, pero no estaba en su naturaleza ser así de despiadada, ella nunca había sido un mamífero rencoroso. Nunca le había deseado el mal a nadie, y aun así, ahí estaba, tratando de ignorar a alguien que estaba sufriendo, ahora entendía lo que su hijo le había dicho, estaba siendo muy injusta con esa coneja. Lentamente abrió la puerta, rápidamente pudo ver a la coneja temblando y con las orejas caídas, Judy ni siquiera se había dado cuenta de su presencia, le estaba dando la espalda a fin de cuentas, además de estar completamente inmersa en su llanto.
-¿Judy?- habló Marian.
La coneja se sobresaltó levemente; limpió sus lágrimas lo mejor que pudo e hizo lo posible por disimular, aunque no por ello encaró a la madre de Nick, siguió dándole la espalda.. .
-¿Está todo bien?- preguntó la vulpina.
-Sí, todo está bien- Mintió la coneja.
-¿Segura? Podría jurar que estabas llorando- comentó con gentileza.
-Lo… Lo siento, no quería molestarla señora Wilde- Se disculpó apenada.
-Puedes llamarme Marian si quieres- Sonrió.
-Gracias.
Un silencio sepulcral se apoderó del ambiente, claramente no llegarían a nada hablando de esa manera.
-No… No tienes que disculparte por eso- dijo Marian, no muy segura de si serviría para romper el hielo.
-De acuerdo- contestó la coneja.
Marian la miró unos momentos, luego empezó a caminar hacia donde se encontraba, se sentó junto a ella en la cama, aunque Judy mantenía la mirada baja. La hembra mayor dejó escapar un prolongado suspiro, pensando en lo que haría, o diría ahora.
-Quien debería disculparse soy yo…
-¿Usted?- Judy levantó la mirada.
-Tal vez… No… Sé que fui muy dura contigo, y no lo merecías- explicó cabizbaja.
-Por supuesto que lo merecía- corrigió.
-No Judy, no es así… La manera en que te amenacé, en cómo me porté contigo, todo sin siquiera detenerme a pensar en cómo debió afectarte a ti también.
Los ojos de la coneja se abrieron por completo al oír esa disculpa, viniendo de la misma hembra que hacía un mes no quería hacer más que apartarla de su hijo, significaba mucho.
-Supongo que nunca me detuve a pensar en cómo había sido tu vida siendo marcada por la ciudad… Como madre, sólo me importó mi hijo y nada más que él... ¿Puedo preguntarte algo?- Judy asintió.
-De verdad… ¿De verdad te dolió lo que le hiciste?- Esta vez no fue una amenaza, no había ira en sus palabras, no había ningún reclamo o enojo, Marian simplemente quería saber lo que Nick significaba para Judy.
Una vez más, un nudo se formaba en la garganta de la coneja, no era agradable y mucho menos fácil recordar aquellos días, sus gestos denotaban que no era algo sencillo de responder, y para Marian, esa era una buena señal, le mostraba que se preocupaba, más importante aún, que se arrepentía.
-No hubo un sólo día en que no me culpara por todo, en que no me lamentará por haberlo perdido… Me repetía a mí misma que debí haber hecho más para que no se fuera en primer lugar… Luego de lo que pasó, de que dejó la estación yo… Me sentí perdida, inútil y no supe cómo acercarme a él otra vez, y fue por eso que lo perdí…- Las lágrimas en sus ojos no se hicieron esperar, y tampoco la inestabilidad en su voz -. Lo lastimé de la manera más horrible que puede haber- Su llanto regresó -. Y eso casi lo mata… Creí que… Que si hacía las cosas bien, si lo ayudaba, todo volvería a ser como era antes, pero no… Lo que hice no iba a quedar impune; primero mi familia, luego la ciudad… Incluso usted.
Marian hacía un esfuerzo sobreanimal para no perder el control; ahora entendía todo lo que Nick había dicho sobre Judy, el por qué les pidió algo de comprensión para ella. Apoyo era una de las cosas que no pudo encontrar al regresar a la ciudad.
-Y lo peor de todo es que… Tiene razón… Todos tienen razón al tratarme así- La coneja había dejado de contenerse hacía mucho, simplemente dejaba que sus emociones fluyeran, necesitaba desahogarse; no esperaba que la madre de Nick fuera su hombro para llorar -. Fui desconsiderada con mi familia, y por eso los perdí… Fracasé como policía y por eso la ciudad me odia… No fuila amiga que debía ser para Nick, y por eso usted no me quiere cerca de él, por eso él me odiaba tanto… Sé que debería irme, que debería alejarme de él, pero ahora es todo lo que tengo… Y no quiero perderlo otra vez. Ya no sé si soy parte vital de su vida al igual que cuando lo encontré hace dos años, pero sé que él es todo lo que queda en la mía… Lo amo con todo mi corazón, pero no sé si él me haya perdonado en verdad, o si sólo está conmigo por algún tipo de lástima… Y yo… Yo…
Marian la tomó de los hombros y la arrastró hacia ella misma; la abrazó con fuerza y pequeñas lágrimas empezaron a perlar en los ojos de la vulpina también, sollozó un par de veces, mientras que Judy estaba en blanco total.
-Él te ama, te ama de verdad- habló Marian, con la voz quebrada -. La forma en que te mira, en que habla de ti, ¿crees que te defendería de esa manera si sólo sintiera lástima al verte?-
De manera inconsciente, la coneja correspondió el abrazo también, y una vez más, se dejó ir. No sabía si era lo correcto mostrarse así con la madre de Nick, pero en ese momento de verdad necesitaba apoyo, de cualquier tipo y de donde quiera que viniera.
.
.
Simultáneamente, en el jardín frontal de la casa Nick se preparaba para lo que podría ser, o un gran error, o un gran acierto. Era como lanzar una moneda al aire, pero con todo lo que había pasado, esa era su única salida a ese punto. Ya no quería ver sufrir a Judy de esa manera, en lo que a él respectaba, ella ya había pagado con creces sus errores.
El vulpino observó por algunos segundos la tarjeta de Fabienne Growley en su pata, ella había garantizado que podría llamarla cuando fuera, y ahora parecía ser el momento correcto. Dejó escapar un prolongado suspiro y marcó el número en su celular.
-¿Hola?- habló en cuanto el tono se detuvo.
-Fabbiene Growley, ¿quién llama?- respondió la voz al otro lado de la línea.
-Soy Nick… Nick…
-¿Nicholas Wilde? ¡Es un placer saber de ti otra vez!- aseguró la felina.
-Sí, gracias por contestar- sonrió el zorro -. Quisiera saber si…
-Por supuesto que la oferta sigue en pie- interrumpió ella -. De ustedes depende el día y el lugar.
-Ya veo- Nick alzó la mirada hacia la ventana que daba a la habitación de invitados, si bien no podía ver a Judy desde el jardín, sabía que esa coneja no estaba bien en ese momento -. De ser posible, me gustaría que fuera mañana mismo, sé que pasó poco más de un mes pero, en verdad lo necesitamos- explicó algo preocupado.
-¿Hay algún motivo por el cual quieran hacerlo mañana?- preguntó Fabbiene.
-Sí, nosotros… Puede que no nos quedemos en la ciudad mucho tiempo más...
Bueno, espero les haya gustado, entretenido, o al menos les haya dado algo qué hacer.
Comentan? No? No hay nadie aquí? Vale, me lo tengo merecido XD... Espero puedan comentar, así sabré si les gustó, les encantó, o si aún queda alguien con vida al pendiente de este fic.
Muchas gracias por seguir aquí a quienes estén leyendo todavía, se los agradezco de todo corazón.
Es todo por mi parte, nos vemos en el siguiente fic a actualizar, que yo espero, sea más pronto hehe.
PD: Sé que es ajeno al tema de la escritura, pero por si a alguno le gusta mi trabajo como escritor y quisiera darle una oportunidad a mi trabajo como dibujante, les dejo esto por aquí.
w w w. deviantart apheront / gallery / (Tuve que ponerlo así porque al parecer ff no deja pegar links de otras páginas)
Si se pasan a ver un poco de lo que hay ahí, sería genial y se los agradecería muchísimo, ahora sí, es todo por mi parte.
Paz.
