Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.


Capítulo 1

BPOV

Mayo de 1984

—Bella, ven aquí. Necesitamos tu ayuda.

Volteo hacia el grupo de chicas y me arrodillo en la arena junto a Tanya. No es arena de playa cómoda. Está áspera y sucia con pedazos de piña y agujas de pino. No me gusta, pero no tengo mucha opción; de eso está hecho los Lagos Medford en el sur de Nueva Jersey, sobre un billón de pinos y arena. Nadie tiene patios cubiertos de césped, y si lo hacen, sabemos que es de los falsos. Pero para un niño, no importa; solo añade un poco de agua a esa arena, y podemos hacer los mejores pasteles de lodo.

Todas en el círculo están calladas, y me pregunto cuál es su problema.

—¿Qué pasa?

—Tienes que ir a hablar con Edward por nosotras —demanda Kate—. La fiesta de cumpleaños de Jessie es mañana, y quiero patinar con Edward y ser su novia, pero también eso quiere Tanya —me grita Kate mientras toma la chinche de sus cordones. Hago una mueca y froto mi dedo índice, recordando que aún no le he contado a mamá sobre el que me picó en el picnic en clase ayer. Espero que simplemente desaparezca. Odio cuando mamá tiene que usar el alfiler y la pincita. Estremeciéndome, me concentro de nuevo en Kate, quien sigue siendo mandona—. Entonces, ve a preguntarle a quién quiere más.

Mascullo para mí misma antes de voltear hacia Tanya, quien tiene una mirada apenada en su rostro.

—¿Eso es lo que quieres, Tanya?

Ella asiente, silenciosa como un ratón, mientras que Kate pone sus brillantes ojos azules en blanco, señalando hacia el extremo del patio.

—Apresúrate, Bella. Eres la única que puede hablar con él, y el recreo casi termina.

Me pongo de pie y me encojo de hombros, quitando la arena de mis rodillas siempre amoratadas. Mis viejas y nuevas cicatrices y todas las marcas negras y azules a lo largo de mis espinillas me hacen encoger. He estado montando en mi bicicleta desde que tenía cuatro años, pero siempre logro encontrar un pedazo de tierra al girar en la carretera u hojas resbaladizas que me hacen caer de costado, las ruedas y los pedales aún girando a un metro de mí. El abuelo me llama Bella furiosa, riéndose de mí, diciendo que eso solo significa que soy un desastre andante. Jamás lo discuto porque encaja. El año pasado, mi maestro de segundo grado me dijo que él haría que la clase juntara dinero para comprarme una camiseta con una luz de freno en ella, su luz roja tintineando. Todos saben que siempre me caigo. Quizás simplemente debería quedarme en el suelo.

Me acerco a Edward, que se sienta solo en el jardín del campo de béisbol en la Escuela Primaria Nokomis. Algunos de los otros chicos de tercer grado están jugando un partido de kickball, pero él se encuentra lo suficientemente lejos que supongo que no está preocupado por ser golpeado en la cabeza con un balón rojo. Si fuera yo, simplemente sé que terminaría en la oficina de la Sra. Cope con una nariz sangrando.

—Hola. —Colapso frente a él en el césped. Él jala de los tréboles a nuestro alrededor. Me pregunto si está buscando uno de cuatro hojas. Yo siempre estoy buscándolos. Encontré uno en dos ocasiones diferentes.

—Hola.

—¿Estás bien? —Suspiro cuando él no responde de inmediato—. ¿Has estado sentado aquí todo el tiempo?

—Sí. —Le arranca el tallo a la flor blanca y la tira sobre su hombro—. Kate y Tanya me molestaron durante todo el almuerzo, así que no quería verlas de nuevo durante el recreo.

—Bueno, Kate me hizo venir aquí.

Él asiente.

—La vi.

—Ambas quieren patinar contigo mañana en la fiesta de cumpleaños de Jessica. Oh, y ser tu novia. Así que, ella quiere saber a quién vas a elegir. Las dos lo quieren.

Él lanza otra mata de césped y tréboles mientras espero que conteste. Suena la campana del patio, y los niños comienzan a apresurarse a nuestro lado para formarse donde sus maestros se encuentran cerca de la línea de árboles. Me paro, rebotando un poco sobre mis pies. Edward se está tomando mucho tiempo, y no quiero tener que quedarme después de clases para sacudir borradores para el Sr. Bertie como castigo por llegar tarde.

—Entonces, ¿qué dices? Tienes que elegir a alguien. —No sé por qué él tiene que elegir a alguien. Pero Kate lo hizo sonar como de vida o muerte, así que no lo discutí. Edward ha sido mi amigo desde siempre; siempre me habla; no tengo vergüenza de hablar con él como ellas—. ¿Quién será? ¿Kate o Tanya?

Él entrecierra los ojos en mi dirección, el brillante sol tratando de hornearnos aquí mismo.

—A ti.

Me quedo quieta como una estatua, confundida y un poco emocionada, mientras que mi vientre da vueltas en mi interior. No he sido su novia desde el comienzo del primer grado cuando me dio el anillo de su mamá, y eso solo duró unas semanas. Después de eso, la chica nueva se mudó a la ciudad, y supongo que ellos se pusieron de novios. Lauren me contó sobre ello en los aparcabicicletas después de retirarnos temprano el día que Angela apareció. Simplemente me encogí de hombros y pedaleé a casa desde la escuela, sintiéndome un poco triste, pero no demasiado. Con seis años, él era mi novio en palabra, pero no era como si teníamos citas. No como ahora, cuando podemos tomarnos de la mano alrededor de la pista de patinaje. O deliberadamente sentarnos junto al otro en la mesa del comedor.

Casi estamos en cuarto grado. Las cosas son mucho más serias ahora.

—Se van a molestar —gruño. Odio cuando las chicas se molestan. Así es cómo comienzan los secretos, y odio cuando cuentan secretos, especialmente los que no son verdad.

Él se para a mi lado y toma mi mano. Su sonrisa hace que mi estómago de una vuelta de nuevo mientras suena la segunda campana.

—No me importa.

Me encojo de hombros, devolviéndole la sonrisa y dejando que nos guíe hacia las líneas.

—¿Conoces la canción nueva «Oh Sherrie» que suena en la radio? —pregunta.

—Sí. Me gusta esa.

—A mí también —concuerda, asintiendo la cabeza—. Cuando la escucho, cambio las palabras a «Oh Bella».

Esa es la tercera vuelta que da mi estómago en tres minutos. Oh, bueno. Supongo que los secretos de chicas molestas no son tan malos.

~FAF~

Septiembre de 1984

—Ven aquí. Tienes que probarlo.

Sacudo la cabeza.

—Edward. Me caigo cada vez que monto la bicicleta. No voy a ser buena en patineta. —Empujo mi pie hasta que el soporte esté derecho y me alejo de mi nueva bicicleta que recibí por mi cumpleaños la semana pasada.

Él está sacudiendo su mano para que la tome mientras caminamos hacia la cima de la colina.

—¡Es fácil, Bells! —dice mi hermano menor, pasando zumbando por la carretera en dirección opuesta—. ¡Solo párate en el medio de la tabla, así!

Cuando Jasper llega al final de la colina en Tontonava Trail, comienza a tambalearse y choca contra una pila de hojas en el patio delantero de los Baker.

Edward masculla, girando la cabeza hacia mi hermano, quien ahora está quitando hojas de su cabello rubio y desaliñeado.

—Bueno, no. No lo hagas así. —Ahueca sus manos alrededor de su boca—. ¿Estás bien, Jazz?

—¿Te encuentras bien? —grito hacia la calle, dando unos pasos hacia él.

Jasper grita, levantando ambos pulgares.

—¡Estoy bien!

Señalo mi pulgar sobre mi hombro.

—¿Ves a lo que me refiero? La torpeza es de familia. —Intento convencerlo, pero no creo que esté funcionando. Edward me ignora y posiciona dos patinetas, una junto a la otra, y entonces se sienta sobre una, estirando sus piernas a lo largo de la otra pero manteniendo un pie en el suelo.

—De acuerdo, ven y siéntate en esta de aquí entre mis piernas y pon las tuyas sobre la mía —explica—. Nos tomaremos de la mano mientras rodamos por la colina e inclinaremos hacia adelante o atrás para cambiar la dirección. Confía en mí, funcionará. Lo intenté con Embry hace unos días.

—Tu hermano es más pequeño que yo, ¿sabes? —mascullo, ubicándome en posición. Una vez que estoy sentada en la dura tabla, estiro mis largas piernas sobre sus muslos, mis pies colgando detrás de él—. ¿Acaso mis pies y tobillos no se torcerán? Tengo que ser capaz de bailar ballet.

Edward bufa.

—Deja de quejarte. Esto será divertido. Puedes ser una bailarina, pero también quiero enseñarte a ser una patinadora.

—Pero estamos sentados.

Él se encoge de hombros con una sonrisa tonta.

—Es más divertido hacerlo contigo de esta manera. ¿Lista?

—No.

—Qué mal. —Sostiene mis manos y levanta su pie del suelo—. ¡Aquí vamos!

De repente, estamos moviéndonos, yo chillo, Edward alienta, y Jasper nos aplaude. Edward se inclina hacia adelante como si fuera a besarme y me inclino hacia atrás, asustada y un poco avergonzada.

—¡Sí, bien! —anima, y me doy cuenta que estamos rodando por la mitad de la calle en vez de ir a la deriva a un lado como lo hacíamos hace un segundo—. Dirígete hacia el área de arena, justo allí. —Señala con nuestras manos unidas y asiento, sabiendo que nos detendrá instantáneamente y con suerte, sin salir lastimados.

Una vez que tocamos la arena, las tablas se detienen pero nuestros cuerpos siguen avanzando y nos caemos sobre nuestros costados, riéndonos.

—Tenemos que hacer eso de nuevo. —Me río, desempolvando mis hombros mientras me siento.

—¿Ves? ¿Acaso no fue divertido? —Se para y sacude la arena de sus shorts—. Ven.

Tomo la mano que me ofrece y me ayuda a ponerme de pie.

—Sí. Debería haber confiado en ti. Eso fue divertido. Gracias por no dejar que salga lastimada.

Él se agacha y toma su patineta mientras yo tomo en la que me senté.

—Eres mi novia y mi amiga —dice, sonriendo—. Jamás quiero verte lastimada.