CAPITULO 3
"Bendito sea el humano que creo los somníferos"
Edward sonrió a la azafata al bajar del avión, el vuelo se le hizo increíblemente corto, si tomas en cuenta de que se tomó dos pastillas para dormir y abrió los ojos justo un minuto antes de aterrizar, tomó su maleta, salió del aeropuerto y fue en busca de un taxi, le gustaba que había sido puntual el vuelo hasta américa. Se montó en el primer taxi que halló y pidió que lo llevaran hasta el Hilton. Tan solo fue media hora de camino, había llegado en la hora punta de la tarde y había mucho trafico.
En el hotel ya solo dio su nombre y agradeció a su padre que le halla pedido una habitación en una planta baja con vista al parque, no le gustaban las vistas altas y no ver a nadie, estar solo le podía causar un increíble temor. Subió al primer piso y tomó su habitación sencilla. Miró la hora nuevamente, eran las siete de la tarde. Tenía una hora para ducharse y cambiarse para la reunión. Dejó la maleta en la habitación y se fue hacia el baño quitándose la chaqueta a medio camino.
Maldijo en silencio al entrar y ver un espejo sobre el lavabo, era lo mas obvio, los baños en los hoteles tenían espejos. Sin ver su reflejo tomó una toalla y lo tapó por completo, suspiró y se quitó la ropa para meterse a la ducha. Media hora después ya estaba bañado, vestido de manera elegante con un traje negro de Prada y perfumado, listo para la reunión. Antes de salir tomó la carpeta que iba a leer en el avión para ojearla un poco, era información sobre la compañía que su padre quería comprar.
El teléfono de la habitación sonó sin siquiera dejarlo abrir la carpeta, de recepción le estaban avisando que la limusina que había ido a buscarlo estaba esperando por él. Colgó el teléfono y tomando el suyo le mandó un texto rápido a su padre avisándole que estaba en el hotel listo para ir a la reunión. Tomó la carpeta, metió su cartera en el bolsillo interno del saco, sus lentes de lectura y salió de la habitación. Al salir del hotel divisó la limusina con un chofer esperando pacientemente.
-Señor Cullen? – preguntó el chofer cuando Edward se acercó, este asintió y le sonrió.
-Lamento la tardanza, a dónde vamos? – el chofer se sorprendió por sus disculpas, no era usual que un hombre rico se disculpara por llegar dos minutos tarde.
-La Nova Rosa, señor – Edward asintió sintiéndose ligeramente calmado, su organización del día iba al pie de la letra a pesar de ser de último minuto. El chofer le abrió la puerta trasera del mercedes y se subió para poder tener un poco de tiempo para leer la carpeta.
Diez minutos después Edward había leído suficiente de la información, era una empresa bastante lucrativa, en el último año su margen de ganancias había aumentado un ochenta por ciento y era una de las empresas más importantes del país a nivel farmacéutico. No entendía en absoluto por qué alguien querría deshacerse de una empresa en auge. Cinco minutos después el chofer aparcó frente a un lujoso restaurante, el chofer le dijo que esperaría hasta que saliera y entró.
-Bienvenido a La Nova Rosa, caballero – Le dijo en maître con tono amable.
-Gracias, hay una reservación… ¿Cullen, Witherdale? – preguntó un poco confundido, no sabía exactamente a nombre de quien estaba la reservación.
-oh! Sí, señor Cullen. Sígame. El señor Witherdale aún no llega – le dice el hombre bajo y amistoso. Lo llevó hasta una zona de mesas reservadas y lo sentó junto a la ventana, Edward agradeció en silencio que fuera ahí y no en un salón apartado de la gente – ¿quiere ordenar algo ahora?
-Esperaré al caballero, solo sírvame agua – el hombrecito asiente mientras le sirve agua en la copa frente a él, inclina la cabeza y luego se retira. Edward bebe un sorbo de agua y se dedica a mirar por la ventana, le gusta New York, es una ciudad vistosa, llena de colores y nunca duerme, nunca está sola, le gustaría vivir en un lugar como New York sin tener que alejarse de su familia.
-Buenas noches – Edward gira la cabeza bruscamente para encontrarse con una hermosa mujer enfundada en un vestido rojo vino, con un escote reservado y tentador, su cabello castaño cayendo en ondas por su espalda, mejillas rosadas y labios rojos, por primera vez una mujer le atrae de verdad y eso no le agrada.
-Buenas noches, señorita – Edward se levanta de la mesa haciendo ápice de sus excelentes modales británicos y mira como el maître ayuda a la mujer a sentarse en su mesa, jaló el cuello de su camisa. "una improvisación" pensó con ansiedad, no le gustaban los cambios bruscos de organización. – disculpe, ¿usted quién es? – preguntó antes de empezar a sudar, ella le sonrió amablemente.
-Soy Isabella Swan – contesta ella sin mas mientras toma la carta que le ha dado el maitre.
-hammm – Edward traga y carraspea sintiéndose nervioso, no le gusta nada, absolutamente nada el cambio, y mas cuando ese cambio es una hermosa mujer que lo pone nervioso, mucho mas nervioso. – yo tenía una reunión con James Witherdale – comenta de manera seria. Isabella lo mira fijamente durante un par de segundos dándose cuenta que el hombre, hermoso cabe destacar, tiene un problema de ansiedad, sabe lo que es eso, ella aun los padece.
-James Witherdale es mi segundo al mando, mi asistente personal. Él iba a venir a esta reunión porque yo estaba en un viaje de negocios, pero como regresé antes prefiero encargarme yo misma de mis asuntos. – Edward asiente lentamente, su explicación es válida y es un buen punto a su favor. – usted es Carlisle Cullen? No te vez muy mayor – Bromea para quitarle un poco el nerviosismo ella sabe quien es Carlisle, Edward sonríe, una acción extraña frente a un desconocido.
-En realidad él es mi padre, yo soy Edward Cullen, vicepresidente de Cullen Co. – Isabella asiente comprendiendo, le gusta el hombre frente a ella, a pesar de su sonrisa, se ve nervioso, ansioso y listo para salir huyendo, pero ella sabe que no es nerviosismo por el trato ni por estar hablando con ella, es algo de él, su mirada le dice mucho, él también está roto como ella, quizás más, aunque es una improbabilidad, nadie está tan destrozado como Isabella.
-así que no éramos las personas que esperábamos - le comentó ella con tono burlón, aunque fue algo serio para ella misma, jamás sería lo que espera de sí misma. Edward rió bajo tomando su pequeña broma de manera graciosa, aunque para él también era una triste y dura realidad.
-solo hay que aceptar el cambio y seguir - musitó Edward sonriéndole con tristeza. Anhelaba aplicarlo a su vida, aceptar su pasado, dejarlo ir y seguir adelante. Isabella ya lo aplicaba, desde hace cinco años lo hace, es difícil y mas con los eventos recientes de su vida, tan solo quiere acabar con todo lo que originó otra de sus desgracias.
Edward e Isabella se enfrascan en una conversación meramente de negocios, analizando datos, sacando cuentas, contando activos y haciendo balances a conciencia mientras disfrutan de una deliciosa cena italiana, a Edward le gusta todo lo que la señorita Swan le ofrece, pero no siempre todo es lo que parece, ya le habían pintado muy bien otras empresas que estaban en la completa quiebra. Luego del vino y el postre Isabella se puso de pie atrayendo la mirada de muchos hombres, por una extraña razón eso le hizo molestar.
-Señor Cullen - le dijo ella mientras Edward también se ponía de pie. - puedo invitarlo a la empresa para que vea por usted mismo la eficiencia de esta.
-me agrada su propuesta, señorita Swan - Edward abotona su chaqueta y pone una mano en la espalda baja de la mujer para guiarla a la salida, apenas un toque sutil, ya ella le había dicho que la cena corría por cuenta de la empresa. Edward sintió un calor abrumador recorrerle la mano que tenía en la espalda de ella, no estaba acostumbrado al toque desconocido, no le gustaba el contacto, pero ella le llamaba de una forma que él no entendía, le gustaba lo suave que se sentía, aunque lo adjudicó a la tela del vestido. - cuando? - preguntó cuando se hallaban fuera del restaurante y apartó su mano enseguida.
-mañana tal vez? - le pregunta tranquilamente encarándolo. Lo sentía demasiado cerca, su mano en la espalda la había puesto nerviosa y el olor de su perfume la estaba hipnotizando, la estaba llamando, quería abrazarlo y hundir la nariz en su cuello. Se abofeteó mentalmente por esos pensamientos ridículos. - a las nueve de la mañana le parece bien?
-perfecto - contestó Edward sonriéndole. - aunque no sé cómo llegar, ni siquiera conozco la ciudad.
-Donde se hospeda?
-En el Hilton.
-Haré que mi chofer valla por usted - cuando salen del restaurante ya está el chofer con el mercedes, recostado en el auto esperando. - Él es Peter Keit, mi chofer, seguro ya lo conoce. - Edward asiente hacia ella.
-Si, claro que si. - Edward le tiende la mano al hombre que vuelve a sorprenderse por la amabilidad del hombre rico, Isabella también se sorprende, no es usual ver una escena asi. - un gusto, amigo. - Le dice sonriéndole.
-Igualmente, señor - contesta Peter abrumado.
-Espero no le moleste compartir el auto, llegué en taxi desde el aeropuerto. - Peter abrió la puerta trasera del auto.
-Para nada. Adelante - Edward le toma la mano para ayudarla a subir y siente como se le acelera el corazón, nunca se había sentido tan ansioso frente a una mujer y había estado frente a muchas, nadie le llamaba tanto la atención como esa mujer de cabello castaño y mirada penetrante.
-Y... Dígame, señor Cullen. ¿Jamás había visitado América? - le pregunta Isabella cruzándose de piernas a su lado. Ya estaban de camino al hotel Hilton. Edward tragó grueso al ver parte de su muslo al descubierto por la abertura del vestido a la rodilla.
-Yo... Hammm - carraspea y mira por la ventanilla del auto, muchas luces, mucha gente. Ya no se siente tan ansioso, vuelve la vista y le sonríe - ¿cuenta la villa américana en Londres? - Isabella ríe, a Edward le gusta esa risa tan suave y despreocupada.
-No cuenta.
-entonces no. He pasado mi vida entera en europa. - ella le sonríe maravillada.
-Debiste tener una increible infancia, siempre he querido ir a Londres, visitar el Big Ben. - Edward solo mira, no sonríe, no siente nada, la ansiedad vuelve, no le gusta pensar en su infancia, ya ha tenido bastante de ello.
-Si... Infancia - musita viendo por la ventanilla nuevamente.
Isabella se mantiene en silencio el resto del camino, sabe que ha tocado una fibra sencible, se dio cuenta de su falta de humor y la oscuridad palpable en su mirada, sabe reconocer el dolor. Al llegar al Hilton Edward vuelve a mirarla, estuvo encerrado en sí mismo todo el camino y lentamente se obligó a abrirse un poco para despedirse.
-Fue una agradable noche, señorita Swan - comenta sin ningún tipo de animo, ella asiente esperando a que prosiga, le resulta doloroso ver la ansiedad, el miedo y el dolor en su mirada.
-Si - contesta al ver que él no dice nada. Peter abre la puerta para que Edward salga - mañana a las nueve Peter estará aqui.
-Bien. Buenas noches, señorita Swan - Sale del auto y no espera a que ella se despida, Isabella queda con las palabras en la boca cuando Peter vuelve a cerrar la puerta e Isabella se recuesta al cojin para subrayar en su cabeza no nombrar nuevamente la infancia de Edward Cullen -entre parentesis- tema delicado.
-A casa, señorita Swan? - pregunta Peter cuando vuelve a subir al auto, Isabella lo mira y sonríe.
-Si, por favor - Peter asiente y se mete en el trafico de la noche.
Isabella suspira y frunce los labios al pensar en Edward Cullen, no puede evitar notar que es un hombre increiblemente atractivo, su porte de macho alfa que se impone donde esté, sabe hacerse notar y está muy segura que sabe imponer su autoridad. Su voz gruesa pero sedosa, su acento britanico lo hacía mucho mas atractivo y su mirada era tan obscura, llena de secretos, tan lugubre y a la vez buscaba luz, quería salir de esa oscuridad, ella sabía lo que era eso, aun busca la luz.
Peter se detuvo frente a su edificio y la ayudó a salir del auto. Isabella agradeció a Peter y le pidió que se fuera a su casa, que no olvidara pasar por ella a las ocho de la mañana. Miró el imponente edificio delante de ella "The Tower" era el nombre del edificio residencial de veinte pisos, ella vivía en el ultimo, el Loft Pent house que le dejó su bis abuelo hace cinco años. Entró en el edificio y saludó a los dos vigilantes en el recibidor, uno estaba detras del mostrador, el otro junto a la puerta.
-Buenas noches, señorita Swan - saludó el hombre que le abrió la puerta,
-Buenas noches, Jhon. Como estan tu esposa y tus niños? - el hombre sonrió amablemente, Isabella podía ver el brillo de orgullo en su mirada.
-Excelente, señorita. Gaby le agradece por las bicicletas de los niños. No sabría como pag...
-Hey! - Isabella levanta la mano deteniendo sus palabras. - ya te dije que adoro a esos pequeños.
Ella le había comprado dos bicicletas a los hijos de Jhon por su cumpleaños, ellos no tenian recursos para hacerles una fiesta de cumpleaños asi que Isabella alquiló un restaurante para niños con muchos juegos y un parque para celebrarlo. Ella adoraba a los niños de Jhon y Gaby, los conoció un día que Gaby tenía que limpiar su casa y los niños no tenían escuela, Isabella había llegado temprano y Gaby se disculpó por haberlos llevado.
-Buenas noches, señorita Swan - le saludó el otro vigilante cuando ella siguió caminando.
-Buenas noches, Flin. Como te fue en la cita con Calvin? - Isabella se recostó del mostrador al ver la sonrisa gatuna de Flin, era un hombre de casi treinta años, gay pero muy apuesto.
-Fue... Increible! - exclamó demasiado feliz - fuimos a cenar, luego al bar de GoodLife y despues al parque a dar un paseo nocturno, fue tan... - suspiró - perfecto.
-Me alegro por ti. - cuando Isabella iba a seguir él la detuvo.
-Señorita Swan. Aqui está su correspondencia y un paquete - puso unas cartas y una caja mediana en el mostrador.
-Gracias, Flin - tomó su correspondencia, la caja y se fue hasta el ascensor para ir hasta su piso. Ingresó el codigo de acceso y el elevador se puso en marcha.
Cuando las puertas se abrieron en su piso Isabella miró el recibidor oscuro, suspiró con pesar, Gaby no había ido ese día por ser su día libre y ella no había pasado por el departamento, apenas tuvo chance de cambiarse en el avión para llegar a su cena con el señor Cullen. Fue una locura ir a California por negocios en la mañana y volver para la cena en la noche, pensó que quizás no lo lograría, pero ahí estaba. Un logro mas.
Caminó por el recibidor, encendió las luces, se fue directo al sofá inmaculadamente blanco y se sentó, puso toda la correspondencia en la mesa de vidrio frente a ella para recostarse en el espaldar del sofá. Miró a su al rededor durante un momento, era extraño vivir en ese Loft, su vida había cambiado demasiado desde que había conocido a Jenks y fue algo bueno, increíblemente le fue mejor, aunque las desgracias jamás la abandonaron.
Ella pensó que cuando se fue de su casa faltándole dos semanas para cumplir dieciocho había sido una buena decisión, no pudo soportar el regreso de Phill, aunque en vez de mirarla solo la ignoraba, era como si ella no existiera y por esa misma razón su madre la ignoró aún más. Aún no sabe con exactitud si su madre sabe que no sigue en casa, fueron meses que no le dirigió la palabra y ella no iba a mendigar mas las sobras del cariño de su madre, y menos si estaba siendo compartido con Phill.
Habían sido días duros, se fue del pueblo y trabajó en una granja varios días para reunir dinero para un pasaje de autobús y salir de ese lugar. Una semana después se hallaba en Montana, ahí limpió pisos por un mes en un restaurante para otro pasaje de autobús, luego de eso llegó a Boston. Fue un duro cambio, pasar del calor al frio, de la poca gente a las multitudes. Un cambio drástico, le fue difícil conseguir trabajo, pasó varios días durmiendo en plazas hasta que halló ese horrendo lugar de comida rápida.
Creyó que las cosas mejorarían, un mal chiste de vida, fue peor. No tenía donde quedarse así que pidió dormir ahí, fue extraño que no le pusieran trabas, fue una ilusa al pensar que sería fácil. Esa noche mientras arreglaba un par de colchas en el piso de la cocina, la puerta se abrió dejando entrar a su jefe, ese asqueroso, grasiento y gordo hombre, él solo se le abalanzó encima y la poseyó casi a la fuerza.
Ella solo hizo lo que sabe hacer, desconectarse del mundo, desconectarse de su cuerpo, dejar de sentir y tuvo que hacerlo por un tiempo, pues esa no fue la última vez que abusó de ella. Ahora era diferente, era mas fuerte, mas dura, era millonaria, tenía poder, aunque en los cinco años que pasaron la vida no siempre le sonrió. Tomó malas decisiones, muchas y gracias a Dios Jenks siempre estaba ahí para ayudarle, le debía la vida, literalmente.
Recuerda su primera vez en un avión, era un jet privado, su jet privado, iba incluido en la herencia, junto con las casas, la isla, la empresa y la gran cantidad de autos británicos. Casi tuvo un ataque te pánico cuando el Jet surcó los cielos, no sabía cómo un pájaro mastodonte de mil toneladas podía mantenerse en el aire, ni siquiera tomó el agua que le dio la azafata para no hacer mas peso y que el avión cayera.
Por lo menos ahora el loft era más íntimo, más parecido a ella. Cuando lo vio por primera vez era un lugar austero y frio, no había muebles, estaba completamente vacío además de oscuro, habían llegado de noche, Jenks le había dicho que al día siguiente, después de firmar los respectivos papeles para hacerla titular de las cuentas y las propiedades de su abuelo podrían ir a buscar muebles para su nuevo hogar, habían algunos en un almacén guardados pero quizás ya estaban dañado, mientras, se quedaría en un hotel a pasar la noche.
Fue la primera vez en un hotel.
Fue la primera vez en un avión.
Fue la primera vez en la gran manzana.
También fue la primera vez que no tuvo pesadillas al dormir en mucho tiempo.
Edward se acercó a la ventana del hotel y vio a la gran cantidad de gente y autos ir de un lado a otro, eso le quitó la ansiedad por completo, se quitó la chaqueta del traje y la puso sobre la silla junto al mini bar, las manos le picaban por agarrar una copa y llenarla de brandy pero sacudió la cabeza y se obligó a pensar en cualquier otra cosa, había olvidado decir en la recepción que sacaran todo el alcohol de la habitación.
Él no era un alcohólico, por lo menos no ahora, luego de haber vuelto a casa, luego de casi diez años de tortura y humillación, mitigaba un poco su dolor con cocaína, marihuana, otra cantidad de drogas de dudosa procedencia y alcohol, pudo dejar algunas drogas a tiempo, antes de que se apoderaran de él, con el alcohol fue diferente, supo cuando empezó, mas, no supo cuando terminar, su familia intervino cuando él despertó en el hospital con una contusión cerebral por haber manejado a exceso de velocidad, fue internado en una clínica de rehabilitación por seis meses, tuvo una recaída y él mismo se internó por un año.
Edward llamó a su padre para avisarle de lo que había pasado en el día y que conocería la empresa al día siguiente. Carlisle lo felicitó y le animó para seguir adelante, le gustó que no se escuchaba ansioso o desesperado, su padre hubiera esperado un ataque de pánico o un regreso inmediato a casa, le agradó que su hijo estuviera mas controlado. Edward mandó saludos a su madre y a su hermana antes de colgar y sentarse en la cama para mirar a la nada.
Sonrió levemente al recordar a la hermosa, brillante, astuta y ruda señorita Swan. La chica se veía bastante joven para ser la dueña de una enorme corporación, recordó que leyó el nombre de Charles Swan en el informe, quizás era su padre y ella heredó. Era una mujer hermosa, llamativa a pesar de su bajo tamaño y ruda también, se veía que se hacía notar y que su palabra era la ultima o quizás así lo quería ver, le gustaba esa mujer, era un problema ya que él no tenía el valor para hacer nada, su voluntad le fue robada por completo.
Ahora es solo un cascaron vacío y roto.
A las ocho cuarenta de la mañana del día siguiente Edward ya estaba listo, vestía un traje de Armani gris satinado con corbata a juego y camisa blanca, peinó su cabello con sus dedos y giró sus pulgares mientras esperaba a que se hicieran las nueve. Miró por la ventana y vio el cielo muy nublado, bastante oscuro para la mañana, aun así había gente yendo de un lado a otro en las calles.
Cuando vio que ya se habían hecho las nueve se abotonó la chaqueta, acomodó su corbata, pasó sus dedos por su cabello y salió de la habitación para ir al lobby, prefería esperar a la señorita Swan en vez de que ella lo esperara. Cuando las puertas del ascensor se abrieron salió al lobby y desde ahí pudo divisar el mercedes que se detenía frente a la entrada del hotel, en seguida reconoció a Peter cuando se bajó del auto. Salió del hotel saludando al gerente y cuando se acercó saludó a Peter con un apretón de manos y un "buenos días". Peter le abrió la puerta trasera del auto y esperó a que se subiera para trancarla.
-Señorita Swan, buenos días – Saludó Edward con una sonrisa que a Isabella se le antojó coqueta, ella le sonrió y lo miró por encima de sus gafas para leer mientras cerraba el "new york times", justo estaba leyendo el porcentaje de la bolsa, sus acciones y el margen de Wall Street. A Edward le pareció mas hermosa con gafas.
-Buenos días, señor Cullen. Listo para el día de hoy? – Edward asiente apartando la mirada de se cara para ver el resto de ella, viste de ejecutiva con un traje inmaculadamente blanco de falda, blusa y tacones. Disimuló su escaneo mirando el periódico en sus piernas.
-Algo interesante hoy? - pregunta señalando el periódico. Ella se hace la desentendida con su escaneo corporal y sonríe mientras desdobla el periódico para fingir que lee las noticias y le da un corto resumen.
-Bueno, las acciones han subido un tres por ciento, eso es bueno. Prada lanzará una nueva línea de ropa en una semana. El cantante del momento tiene un nuevo escándalo y habrá una tormenta eléctrica merodeando en el transcurso del día. Oh! - exclamó como olvidando algo - y mi horóscopo dice que tendré suerte hoy, que juegue lotería y haga mas ejercicios. - Edward ríe bastante animado.
-valla, valla... Y yo que pensaba que el horóscopo decía tonterías. Comenzaré a leerlo. - Isabella ríe y busca la página de farándulas donde está el horóscopo.
-Yo siempre le hago caso, ha guiado mi vida. Mire hasta donde he llegado. - bromea con él - dígame, señor Cullen, cuál es su signo? - Edward sonríe y niega.
-Leo - musita e Isabella enarca una ceja hacia él.
-uh... Fuego! - carraspea la garganta y lee su signo - para ti, Leo. Hay un cambio drástico para tu vida, buenos negocios y mucha suerte en el amor. El día de hoy viste de amarillo para la suerte. - Isabella lo mira y frunciendo los labios niega reprobatoriamente. - no lleva amarillo, señor Cullen. - Edward no puede evitar reír de nuevo, la mujer es un respiro de aire fresco, tan adorable, tan chistosa... Tan hermosa.
-Que lastima, ahora no se cumplirá nada de eso. Sabía que debía ponerme mi disfraz de pollito hoy - refunfuñó Edward poniendo una cara triste.
-Puedo regalarte uno, no creo que sea difícil de encontrar.
-Mejor luego, el mío es hecho a la medida.
-me gustaría verlo... Has de verte adorable. Te lo pondrías para alguna ocasión especial?
-con gusto - asintió y rieron ante la tontería de conversación. Peter aparcó un minuto después frente al edificio de "Farmacéuticos Swan" y le abrió la puerta a Edward, este le agradeció al bajar y le tendió la mano a Isabella para ayudarla. Esta vez sintió un cosquilleo en su mano, un hormigueo que le causó una sensación gratificante, no quería soltarla.
-Vamos, Señor Cullen. Hay mucho que hacer el día de hoy - mientras caminaban hacia la entrada del edificio dos rayos cayeron a lo lejos trayendo con ellos el fuerte sonido de los truenos. - ya empezó la tormenta, mejor entremos. - ambos apresuran el paso y entran al edificio.
Era bastante antiguo aunque se veían las remodelaciones y el lujo, la recepción era de mármol y cerámica blanca, y todo el personal del lugar vestía de blanco con excepción de los vigilantes que vestían de negro, Edward miró a Isabella, que se mezclaba con perfección entre la gente, luego se miró él y a su traje gris satinado, frunció los labios dándose cuenta que no encajaba "Otro lugar donde no encajo" se dijo con molestia. Subieron al ascensor y Edward se dedicó a ver los números del panel para no enfocarse en la pequeña caja cerrada.
Al llegar al ultimo piso, el dieciocho Edward fue el primero en salir, ya estaba sudando frio y se estaba poniendo ansioso, por eso prefería usar las escaleras, y su oficina en Londres quedaba en el primer piso. Si se quedaba con esta empresa lo primero que haría serían cambios en las distribuciones de las oficinas. Vio a Isabella saludar a su secretaria y decirle algo pero no le prestó atención, estaba concentrado en sus respiraciones para apartar la ansiedad. Isabella le llamó con la mano para que le siguiera hasta la oficina, al entrar fue directo hasta un mueble junto al enorme ventanal y se sentó, bajó su torso, metió su cabeza entre sus piernas, puso sus manos en su nuca y empezó a respirar muy profundo mientras contaba hasta cincuenta.
Isabella lo miraba confundida y preocupada, ella tuvo ataques de pánico antes y sabía que esa era una de las técnicas para dejar de tenerlos. Le pidió a Ángela que fuera por agua y cuando volvió para entregársela Isabella se sentó al lado de Edward para calmarlo un poco. Pasó una de sus manos por la espalda de él lentamente de arriba a abajo mientras lo arrullaba un poco, sintió que sus hombros no estaban tan tensos y supo que podía hablarle, no quería alterarlo.
-Está bien - susurró - todo está bien... Estas a salvo. Nada va a pasarte - Edward levantó la cabeza y la miró confundido, su ansiedad había desaparecido casi por completo - toma, bebe un poco. - sin dejar de mirarla Edward bebió casi todo el vaso de agua. - estas mejor? - Edward asintió lentamente - sufres de ansiedad - afirmó ella mirándolo. Él sufría mucho más que de ansiedad, sufría de pánico, claustrofobia, pesadillas, dolor involuntario, miedo... Pero ella no necesitaba saberlo.
-Sí, lamento esto - musitó bajo y ella le sonrió.
-Tranquilo, yo también he tenido ataques de ansiedad. Se cómo reponerme de ellos, he tenido práctica. - Edward asiente pero no pregunta, no quiere que ella le pregunte sobre sus problemas, ella agradece en silencio que él no pregunte, le devuelve el favor no preguntándole nada. - Que le parece si nos ponemos en marcha, hay mucho que hacer - le propone levantándose del sofá, Edward le sonríe, necesita olvidarse de sus problemas.
-claro que si... Empecemos a ver cómo se maneja esta compañía.
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Hola, soy yo de nuevo...
se que no tengo perdon y han pasado meses sin parar por aqui.
habia perdido todo y tuve que empezar a reescribir. eso es horrible pero no queria volver con solo un capitulo y desaparecer nuevamente.
adelanté al menos 18 capitulos de este fic. asi que estaré constante por aca.
aun sigo luchando con
MEAN TO BE
TODO POR TI
UN MES PARA EL AMOR.
siguen en proceso y como les dije "reescribir es horrible" todas las ideas y capítulos están en mi cabeza pero se revuelven y por dios que soy un desastre para recordar las escenas como eran y no quiero hacerlas diferentes porque créanme... eran perfectas como estaban.
en fin... tengo muy adelantada esta asi que la publicaré constante mientras intento regresar a la vida a las otras tres.
gracias por leer
y agradecería su apoyo.
bye.
PSICODELII
