Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.
Capítulo 8
Casi cinco años después... Marzo de 2004
—Hola, nena.
—¡Hola! ¿Estás seguro en la tierra? —Hago una mueca al ver la alacena vacía en la cocina de mis padres y cierro la puerta justo antes que mi móvil se zafe de entre mi oído y mi hombro—. Lo siento, ¿hola?
—Sí, estoy aquí. Llegamos hace veinte minutos. Em y yo estamos gastando tiempo en el aeropuerto hasta que Zimmer aterrice. Probablemente vayamos por unas cervezas y unos nachos o algo.
—Suena bien. ¿Cuándo llegan el resto de los chicos? —pregunto, inclinándome contra la encimera.
—Más tarde esta noche. Nos reuniremos en el Bellagio antes de ir al Strip.
—¿Acabas de decir golpear a la stripper? —Mi risa no puede ser contenida. Mi prometido sabe que estoy bromeando, pero él me seguirá la corriente.
—Sí. Planeo ver golpear a varias strippers después de atraerlas a nuestra guarida de apostadores de la inmoralidad.
—No lo dudo. —Resoplo—. Bueno, cuídate.
—Tú también. Nada de nadar en el océano sola este fin de semana.
—Qué gracioso. Por lo que sé, ninguna de las chicas planea unirse al Club del Oso Polar, así que estamos bien. Quizás una caminata fresca en la playa, pero eso es todo para esta despedida de soltera. Estaremos de fiesta al estilo de la costa este en marzo: dentro de casinos y clubes.
—De acuerdo. Diviértete. Te llamaré mañana.
—Bueno.
—Te amo, nena.
—También te amo. —Deslizo mi móvil sobre la mesa de la cocina y abro el congelador con la esperanza de encontrar unas pastas congeladas o algo. Solo me encuentro en lo de mis padres por una noche. Ellos no están aquí ahora mismo, así que no estoy sorprendida de que no haya nada comestible disponible. Ahora que mis padres están retirados, viven la vida de ave migratoria y pasan los meses de frío invierno en Florida en una comunidad de adultos mayores de cincuenta y cinco en Ocala.
A finales de marzo, ellos regresan a Jersey y la piscina los espera en su patio. Desafortunadamente, raramente logro disfrutar la piscina durante el verano. Tyler y yo hemos estado viviendo en Atlanta desde que nos comprometimos el año pasado, aunque él ha estado allí por años, trabajando para el departamento de marketing de Coca-Cola. Yo me transferí fácilmente del asilo en New Jersey a otras instalaciones de la misma compañía.
Hemos estado viviendo en su apartamento de dos cuartos mientras nuestra casa de ensueño es construida afuera de la ciudad en Alpharetta. Esperamos haber sincronizado todo bien así está lista para vivir después que regresemos de nuestra luna de miel a finales de abril. Tenía sentido para los dos tener nuestra despedida de solteros unas semanas antes porque una vez que regresemos a casa, es el momento decisivo con las últimas preparaciones de la boda.
Me dirijo hacia el garaje, dando un último esfuerzo para encontrar algo de comer en el congelador allí. Encima de este, hay treinta y seis paquetes de papel de baño, y dentro encuentro dos bolsas de nueces con cáscara y aproximadamente siete kilos de mantequilla. Asumo que mis padres o bien están preparándose para un brote de disentería o al menos contando con el hecho de que estarán bien durante un apocalipsis zombi si negocian su papel de baño y mantequilla por otros suministros.
Allí se va el intento de encontrar algo para cocinar.
Mierda. Son pasadas las nueve; Murphy's está cerrado, y no tengo energía para el viaje tedioso de veinte minutos hacia Martlon y Shoprite solo para regresar aquí y preparar una comida.
Ha sido un día muy largo, entre una pila de casos en el trabajo y luego el vuelo a Filadelfia... sin mencionar el viaje de cuarenta y cinco minutos hacia lo de mamá y papá. Tengo cero energías pero mucho dinero en mi bolsillo para gastar, considerando los eventos del fin de semana.
—Al diablo. Necesito dedos de pollo, papas fritas, y una cerveza. Soy una chica grande; puedo comer sola. —Tomo mis llaves y cierro la puerta, pensando en el único restaurante en nuestro pequeño pueblo que satisfará mis tres antojos.
~FAF~
—Bienvenida a PJ Whelihans. ¿Cuántos esta noche?
—Oh, solo yo —digo, desenvolviendo la bufanda de mi cuello—. Simplemente me sentaré en la barra si está bien.
—¡Por supuesto! —La alegre camarera continúa chillando—. Aquí está el menú.
Sonrío y lo tomo.
—Gracias.
Está ligeramente lleno para un jueves de marzo, pero imagino que es debido a las eliminatorias del básquet universitario que se muestra en todas las grandes pantallas. Estoy un poco demasiado arreglada con mi camisa rosa, pantalones de vestir negros y tacones, pero está bien. No me molesta sobresalir entre sudaderas y chaquetas. Una vez que me acomodo en la barra, mi cabeza está agachada mientras estudio el menú.
—Hazme saber cuándo estás lista para...
Mis ojos se abren como platos mientras levanto la cabeza con asombro.
—...ordenar.
No puedo evitar sonreír ante la ilusión de un hombre que logra desaparecer y reaparecer en mi vida en los momentos más inesperados.
—¿Bella?
Mi mirada baja a mis manos; el brillo de mi diamante en mi dedo anular hace que suspire. En el momento perfecto, como siempre. Levanto la mirada hacia él.
—¿De todos los bares, eh?
Él se inclina sobre la barra, plantando un beso en la esquina de mi boca.
—Algo así. —Enderezándose, sacude la cabeza; su sonrisa refleja la mía—. Demonios, ¿cómo estás? ¿Cuánto ha pasado? ¿Tres, cuatro años?
Trago el nudo en mi garganta porque desearía que el universo simplemente lo alejara de mí para siempre... pero la idea de un mundo sin Edward Cullen en alguna parte hace que mi pecho duela.
—Serán cinco en noviembre. —¿Pero quién lleva la cuenta?
—¡Así es! —La mirada de Edward capta al cliente al final de la barra que lo llama—. Ya vuelvo.
Sonrío y miro perplejamente al menú de nuevo. ¿Cómo esta mierda siempre me pasa a mí? Cuando sigo adelante sola, viviendo una vida satisfactoria libre de Edward, el destino considera conveniente dejarlo en mi puerta de nuevo sin un preámbulo. ¿Cuántas veces más él y yo seguiremos encontrándonos?
Su cabello está incluso más corto de lo que estaba en la boda de Rosalie. No luce mal. Solo es raro verlo así, considerando que siempre ha tenido una cabeza llena de cabello broncíneo cuando crecíamos. Ahora está tan corto y luce como si estuviera listo para el campamento básico o algo. Él asiente y le sonríe al cliente que lo llama con dinero en la mano. Vestido en jeans oscuros y una camisa verde bosque, con un paño sobre su hombro y ese brillo familiar en su ojo, me doy cuenta que él nunca ha lucido más hermoso.
Buen jugado, universo... oh, y vete al diablo, ya estamos.
Edward regresa a mí.
—Tenemos que ponernos al día, pero primero, ¿qué puedo ofrecerte?
—Vine buscando una Redd —me río—, pero creo que necesito algo más fuerte. ¿Qué tal un Cosmo?
—Por supuesto.
Dos minutos después, coloca una servilleta en la barra y coloca la copa frente a mí mientras yo le deslizo un billete de diez dólares. Después de marcar la venta, me da el cambio.
—Vaya, está bueno —digo, tratando de no gemir las palabras—. Gracias.
Él guiña un ojo y se apoya sobre sus codos en la barra.
—Entonces, ¿por cuánto tiempo estás en el pueblo? No creí que tus padres siguieran viviendo en los Lagos.
—Están aquí nueve meses al año. Viajan al sur en invierno.
—Bien por ellos. Mis padres se fueron al este, en Arizona, hace un par de años, pero están allí definitivamente. Estoy cuidando la casa ya que decidieron no venderla. —Asiente en dirección a la camarera que le gritó una orden—. ¿Cómo está Jasper?
—Muy bien, de hecho, está en Florida, a unas horas del segundo hogar de mamá y papá. Él se asoció con un par de amigos, y operan un crucero de fiestas por Panama City.
Él lanza su cabeza hacia atrás, riéndose a carcajadas.
—Eso es tan Jasper. Apuesto que está nadando entre mujeres.
—Oh, sí. Mis padres le dieron el discurso de "no traigas a una universitaria embarazada" hace años. —Edward se ríe conmigo y toma dos copas de vino del estante superior—. ¿Cómo está Embry?
—Aww, él es impresionante. Juega para el Galaxy en Los Ángeles —alardea, abriendo tres Coronas.
—¿Fútbol profesional? —chillo como una idiota—. ¡Santo cielo, no tenía idea! ¡Eso es increíble!
La sonrisa de Edward de un millón de dólares es una gran indicación de lo orgulloso que está de su hermano menor.
—Realmente lo es. —Levanta un dedo hacia la camarera, que lo llamó antes—. Tengo que completar el pedido. Pero estaré atento a ti. ¿Necesitas algo para comer?
—¿Para absorber este alcohol? Diablos que sí. —Me río—. ¿Unos dedos de pollo y papas fritas?
—Hecho. Vuelvo en un momento.
Bebo mi trago, revisando el folleto de mesa que promociona los tragos especiales y los postres. Cuando tomo mi cambio para guardarlo en mi bolsillo, me doy cuenta que Edward me devolvió mi billete de diez dólares en uno de cinco, cuatro de uno, y cuatro cuartos.
¿Trago gratis? Mmm...
Diez minutos después, viene a mí con una sartén humeante en su mano.
—Ten cuidado y usa la funda de la manga. Está caliente.
—Gracias... eh. —Señalo mi cambio y arqueo una ceja—. ¿Hubo un error de cal...?
—Nop. —Me interrumpe agitando una mano—. ¿Lista para otro?
Frunzo los labios.
—Sí.
Después de otros cuarenta y cinco minutos, un Malibú Bay Breeze, un segundo Cosmo, y mi cena, no siento dolor. No que esté lista para caerme de mi taburete, pero es hora de detenerme. Cada vez que le paso dinero a Edward por un trago, él lo cambia por básicamente la misma cantidad. En un punto, creí que había hecho dinero en el trato, pero quizás ese fue solo el segundo Cosmo confundiendo mis habilidades matemáticas.
Físicamente, estoy listo para dar por terminada la noche. Emocionalmente, no puedo atreverme a irme sabiendo que Edward se encuentra en este edificio, y apenas hemos tocado la superficie con el otro.
—¿Estás bien? —pregunta, tomando el cambio de la registradora frente a mí—. Ese segundo bajó bastante bien, ¿eh?
—Demasiado bien —concuerdo, gruñendo—. Estoy debatiendo si debo pedir un crujiente de manzana para absorber el kamikaze azul que también me obligaste a beber.
—Oye, regla de la casa. Cuando Duke gana, tomamos un chupito.
—¿El dueño es fan de Duke?
—Nah, pero los Sterling lo son. —Señala a un grupo de alrededor de una docena de personas festejando en una mesa junto a la barra—. Cuando Duke pasa a la siguiente ronda, ellos pagan un trago a todos.
Mis ojos se agrandan.
—Vaya.
—Sí. —Se ríe—. Bien, escucha, termino aquí alrededor de las once treinta... ¿hay alguna posibilidad de que quieras tomar un café o algo? ¿Así podemos realmente tener una conversación donde no sea llamado cada veinte segundos? A parte del hecho que no quiero que conduzcas a ninguna parte ahora mismo.
Echo un vistazo a mi reloj para ver que apenas van a ser las once justo al mismo tiempo que mi anillo de compromiso se siente un poco pesado en mi dedo. Tomar una taza de café con alguien no cambiará mi amor por Tyler. La confianza nunca ha sido un problema para nosotros. A pesar que es Edward, quien en algún momento —o la mayoría de mi infancia— deseé que fuera más que un amigo.
Mientras me muerdo el interior de mi mejilla, mi teléfono vibra con un mensaje: Todos los chicos llegaron, nena. Saldremos esta noche. Te amo mucho. Dulces sueños.
Mi batalla interna se calma mientras la imagen se vuelve clara. No hay nada de qué preocuparse aquí. Edward, mi viejo amigo, está pidiendo un poco más de tiempo conmigo. No sé cuándo esta oportunidad se vaya a presentar de nuevo. Me debo a mí misma tratar de responder algunas preguntas que me han plagado por años y dejar atrás estos sentimientos viejos.
—Claro. Puedo esperar hasta que termines.
~FAF~
—Gracias por esperar. —Él abre la puerta para mí y nos dirigimos hacia el estacionamiento.
—No hay problema.
Él inclina la cabeza hacia la izquierda.
—Mi camioneta está por aquí.
Mi yo de veintinueve años me dice que me calme, somos adultos que pasaron tiempo juntos de niños; no hay necesidad de alertar a los medios. Pero, ¿quién puede escuchar su razonable argumento cuando mi yo de trece años está chillando que va a estar en un coche, conducido por Edward Cullen, y yendo por un café?
No podré convivir con ella ahora.
—¿Sabes qué? —dice Edward, pasando Lenape Trail—. Solo tomemos un café y vayamos a los Lagos. No tiene sentido ir a una cafetería si simplemente podemos ir a Wawa.
—No hay argumentos de mi parte. He estado antojada de Tastykakes por meses ya.
~FAF~
—¿Qué tal aquí? —Edward se detiene en el estacionamiento frente a Playa Uno y Vaughn Hall—. ¿Quieres que nos sentemos bajo el gazebo? Si hace mucho frío, simplemente podemos regresar aquí y calentarnos.
—Sí. Hagámoslo.
La luna está alta; su brillante reflejo cubre el lago como una línea en el medio de la cancha de fútbol. El agua se agita con la brisa, bailando a su alrededor como los nervios en mi estómago.
Una vez que nos acomodamos uno al lado del otro en el banco, el silencio nos envuelve mientras bebemos nuestras tazas de café. Eventualmente, lo miro y él capta mi mirada con una sonrisa.
—Extraño este lugar.
—Vives aquí.
Se encoge de hombros.
—Sí, pero no es lo mismo. No como cuando estábamos creciendo, y simplemente montábamos nuestras bicicletas a cualquier lado con solo un manojo de destinos a nuestra disposición. Extraño cuando las cosas eran tan fáciles y todo lo que teníamos en nuestra mente era la escuela, el campamento, la playa, el Riv...
—El Riviera. —Mi cabeza cae hacia atrás—. Dios, extraño ese restaurante. Necesito comprar una porción antes de irme del pueblo mañana por la tarde. No puedo encontrar una pizzería decente de estilo Nueva York en Georgia, y he estado buscando por casi un año.
—Apesta. Pero al menos estás afuera en el mundo como el resto del grupo con los que fuimos a la escuela.
No estoy segura de por qué, pero detecto una pizca de tristeza, incluso arrepentimiento en la declaración de Edward. Intento averiguar más.
—¿Alguna vez ves a alguien más por aquí cerca?
—Las cosas remontan alrededor del Baile de Bienvenida y Acción de Gracias. Supongo que algunos padres debieron haberse quedado.
Estoy desesperada por saber todo lo que ha sucedido en su vida en los últimos once años, pero difícilmente soy Dr. Phil, y de alguna manera, dudo que tengamos ese tipo de tiempo, así que comienzo fácil.
—¿Por cuánto tiempo has trabajado en PJ?
Él aleja la taza de sus labios.
—Desde que abrió el año pasado. Me cansé de conducir por todos lados todo el tiempo para el lugar de autopartes.
Asiento.
—Recuerdo que dijiste que trabajabas allí cuando nos vimos en la boda de Rosalie y Emmett.
—Agh. No me lo recuerdes —masculla, poniendo los ojos en blanco.
—¿El trabajo o la boda?
—La boda, definitivamente. Qué noche de mierda que resultó ser.
Mis risitas nerviosas le hacen sonreír mientras que mi estómago se sacude. No estoy realmente segura de cuándo sería el momento indicado para mencionar que el tipo con el que me estoy por casar es el mismo imbécil que intentó robar su cita esa noche.
—¿Supongo que las cosas no funcionaron con esa chica Leah?
Él pone una cara.
—Para nada. Estoy seguro que está suelta por allí arruinando el mundo de alguien más ahora. Quizás volvió a buscar al mismo tipo con el que se fue esa noche. —Sacude la cabeza, buscando los pasteles de chocolate que él compró—. Qué idiota fue ese.
—Sí. Ese es mi prometido. —Supongo que ahora funciona.
La mirada de Edward busca la mía mientras su asombrado silencio se transforma en una risita o dos, y entonces se transforma en unas carcajadas. No tengo nada mejor que hacer que unirme a él.
—Cuando dije idiota, me refería a mí. —Está jadeando entre palabras y golpeando su mano sobre el banco mientras yo seco las lágrimas que caen por mis mejillas—. Bueno, eso es simplemente estupendo. —Calmamos nuestras risas y él carraspea—. Ahora, espera un minuto, me dijiste que no estaban juntos esa noche.
Me encojo de hombros, sintiéndome avergonzada.
—Bueno, no lo estábamos. Todo lo que hicimos fue caminar por el pasillo y bailar. Pero entonces, al final de la noche, lo encontré sentado en la sala de Emmett solo, sin haberse acostado con tu cita.
Parece Edward que está guardándose algo, pero él nunca ha sido el tipo de persona que suelta crueldades, así que continúo.
—Como sea... terminamos en una cafetería después de dejar a Rose y a Em en su hotel. —Sonrío, recordando como todos los clientes nos miraron cuando aparecimos a las dos de la mañana, aún vestidos elegantemente—. No confié en él al principio. Lo mantuve a una distancia por meses, pero él fue persistente.
Edward asiente y encuentra mi mirada.
—Él reconoció algo jodidamente bueno frente a él.
Su respuesta es paralizadora. Solo por intervención divina encuentro una manera de formar pensamientos coherentes.
—Comenzó lento. —Mis dedos se deslizan alrededor del borde de mi copa—. Realmente lento... y ahora...
—Y ahora te vas a casar. —Completa mi oración, su voz suave, pero hay una brusquedad también. Después de succionar sus labios dentro de su boca, me ofrece una sonrisa obligatoria.
Bajo mi taza y juego con mis manos en mi regazo. El aire suave y ligero de momento atrás de repente es pesado y casi incómodo.
—¿Raro, cierto? —susurro—. Especialmente considerando el comportamiento horrible de Tyler esa noche.
—Oye... —Sacude la cabeza—. Cinco años es bastante tiempo. Mucho puede suceder y las personas definitivamente pueden cambiar. Mereces ser feliz. —Otra sonrisa melancólica aparece—. Lo que yo pienso no se considera en esta ecuación.
Es como una bomba que cae en el fondo de mi vientre. Palabras más verdaderas jamás han sido pronunciadas. Edward no debería ni ha sido considerado en la ecuación de mi vida en más de veinte años. Uno pensaría que simplemente podría superar toda esta ansiedad y confusión por él.
Es inexplicable, incluso para mí, por qué no puedo.
—No es cómo si no notara esa roca en tu dedo. —Me da una mirada penetrante—. Iba a escuchar sobre el tipo afortunado eventualmente, ¿cierto?
Finalmente encuentro el valor de devolver las preguntas.
—¿Qué hay de ti?
—¿Qué hay de mí? ¿Estoy comprometido? —Se ríe—. No. Pero tengo a alguien; pero es nuevo. Ella acaba de mudarse a las Vegas... consiguió trabajo allí; quiere que me una a ella.
—Oh, eso es genial. ¿Qué hace?
—Es una bailarina en Bally's.
Mis ojos se cierran fuertemente, tratando de contener el comentario molesto que amenaza con escaparse.
—¿Tu nueva novia es una cabaretera en Las Vegas?
—Seeeeeep. —Encontramos la mirada del otro de nuevo y nos comenzamos a reír.
—Solo tú, amigo. —Levanto la cabeza solo a tiempo para ver una estrella fugaz en el cielo oscuro—. Con razón jamás estuve en tu radar —mascullo.
La risa de Edward se detiene.
—¿Sabes? A pesar que nuestra oportunidad pasó cuando éramos adolescentes, apareciste bastante en mi radar. Diablos, pasaste toda la secundaria en dos relaciones serias, ¿cierto? —Me envía una mirada, acompañada de su sonrisa torcida—. Nadie tenía posibilidades contigo.
Una manta de tensión cae pesadamente en lo que debía haber sido una noche divertida poniéndonos al tanto. Froto el paquete de pasteles sobre mi muslo así la cobertura permanece sobre el bocado y no se sale con el envoltorio. Es una distracción momentánea del desvío a Incomodidad al que él nos llevó con su consideración sobre mí durante la secundaria.
—Oh, bueno. Mientras que seas feliz, ¿cierto?
Frunce el ceño.
—Eso es lo que dicen.
Mientras estoy abriendo el envoltorio de mi Tastykake, Edward se para y camina hacia el puesto de salvavidas. Quiero desesperadamente salvar nuestra reunión, pero quizás no está destinada a serlo; entramos en territorio turbio en los últimos minutos.
Él se agacha, hurgando entre la arena por un momento antes de subirse en la silla alta. Después de unos minutos, camino hacia él.
—¿Dije algo?
Él sacude la cabeza.
—Nah. Solo hago lo que solía hacer de niño. Después de mudarme al otro lado del pueblo, venía aquí por las tardes cuando terminaba mi tarea. Apestaba ya no estar a la vuelta de la esquina de ti y Jazz. Cuando estaba aquí, buscaba tantas piedras como era posible en la playa y las lanzaba en el lago hasta que se terminaban. —Arroja una piedra desde su posición elevada y entonces salta a la arena junto a mí—. Apuesto que el nivel del agua era más alto en los ochenta debido a mí.
—Emmett estará feliz de escuchar que me crucé contigo. Rosalie dijo que él ha intentado contactarte por un tiempo, pero has estado desaparecido.
Él traga fuerte, su mirada aún en el lago.
—Sí, he sido terrible en mantenerme en contacto con los años. Debería llamarlo.
—A los dos les encantaría saber de ti, estoy segura. —Intento mantener mi tono alegre, no deseando que él se sienta regañado por perder el contacto con sus viejos amigos.
—¿Dónde viven en estos días? —pregunta, señalando para que caminemos por la playa de vuelta al gazebo.
—Al norte de Jersey. Ambos dan clases, pero en diferentes distritos.
Él asiente, una sonrisa satisfecha en su rostro.
—Eso es increíble. Qué bueno que las cosas hayan funcionado para ellos.
Cuando estamos de vuelta en el gazebo, me doy el gusto de comer mi postre mientras él come sus pasteles. Entrecierro los ojos en su dirección mientras una historia ridícula de nuestros días de secundaria pasa por mi mente.
—¿Cómo están tus bocados de vainilla?
Cubriendo mi boca, hago todo lo posible para no tirar migas y así no desperdiciar la delicia.
—Incleíble. —Bajo mi bocado con café—. ¿Qué hay de ti? ¿Disfrutas del tuyo?
—Mmm —gime. Al menos, creo que gime, lo cual me hace morder la lengua así yo no gimo. Y ahora tengo que hacer la pregunta; afortunadamente sigo impulsada por el alcohol que él me sirvió temprano.
—Y bien, eh... cuando estábamos en la secundaria, hubo un rumor dando vueltas que los chicos usaban los pasteles Tastykake para aprender a... —Giro mi mano hacia adelante—, ya sabes... —Más giros de la muñeca, sobresaliendo la barbilla para que se entienda el punto—, a una chica.
Su cabeza cae atrás y suelta carcajadas.
Avergonzada, meto medio pastel en mi garganta así no sigo llenando de preguntas a Edward sobre cómo y cuándo él pudo haberse convertido en un experto del sexo. Quizás un hoyo aparecerá en la arena y me tragará, Dios lo quiera.
Sin embargo, su risa retumbante es contagiosa, y tranquiliza mi vergüenza un poco. Una vez que se recupera, inclina la cabeza, la satisfacción asomándose por cada poro.
—¿Escuchaste eso, eh?
—¿Lo niegas?
Él toma otro bocado, sus ojos ahora están fijos en los míos.
—No dije todo eso.
Perfecto. Ahora tengo que asegurarme que no lo vea comer el resto de sus pasteles por miedo a que levante fiebre. Combina esto con el aire helado y terminaré con neumonía en mi maldita boda.
—Bueeeno. Continuando —anuncio, bebiendo el resto de mi café mientras él se ríe un poco más—. Cuéntame qué has estado haciendo en los últimos once años.
Él aplasta la caja de pasteles en su mano, toma mi basura y la lleva hacia el cesto afuera del gazebo.
—Te propongo un trato —dice, regresando al banco y tomando sus llaves—. Daremos un paseo por el ayer con nuestras historias si también podemos pasear por nuestro pequeño pueblo y visitar todos nuestros viejos lugares favoritos. No tengo ganas de regresar a casa aún.
Echo un vistazo a mi reloj.
—Un poco tarde para comenzar una nueva aventura, ¿o no?
—¿Tienes planes con el prometido en la mañana?
Bufo.
—No, eh, de hecho, conduciré hasta Atlantic City mañana por la tarde para encontrarme con algunas amigas. Este fin de semana es mi despedida de soltera.
Edward baja la mirada a sus pies por un segundo antes de encontrarse con mis ojos de nuevo.
—Bueno, entonces creo que deberíamos comenzar creando más recuerdos mientras sigues siendo una mujer libre, ¿o no?
*hit the Strip: juego de palabras tanto con hit y Strip. El primero, hit, de manera informal significa "ir a" pero también "golpear". Strip, en Las Vegas, es un área rodeada de lujosos hoteles casino y luces de neón, representa la ciudad de las Vegas, de nuevo juega con el parecido con la palabra "strippers".
*El Club del Oso Polar, en Coney Island, es el club más antiguo de baño invernal en los Estados Unidos y fue fundado en 1903.
*Tastykake es una línea de bocadillos de pastel fabricados por Tasty Baking Company, con sede en Philadelphia Navy Yard en Filadelfia, Pensilvania.
Confíen en mí, nos deshacemos de ese boludo esta semana *risa nerviosa*
