Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.


Capítulo 10

Marzo, presente

En el suelo junto a mi mesa de noche, estudio un mar de fotos, entradas, pétalos de flores secas, revolvedores de tragos, y folletos.

Pilas y pilas de recuerdos que registran nuestros años juntos.

Sigo tomando cajas de recuerdos de mi mesa de noche, me topo con una bolsa de plástico con conchas marinas. Aún tienen el suave aroma a océano. Mis dedos trazan el borde curvo e irregular de la galleta de mar gris en la colección. Sonrío, pero me doy cuenta que nunca le había puesto ese lazo así podía usarlo como decoración. Tenía intenciones de colgarla en el árbol de Navidad de esa primera festividad que celebramos como recién casados.

Tenía intenciones de hacer muchas cosas que jamás sucedieron, supongo.

Deteniéndome, estudio la foto de Tyler y de mí parados bajo una palmera. El sol está poniéndose por encima del Pacífico. Él tiene sus brazos a mi alrededor por detrás, su rostro acurrucado contra mi cuello, y me estoy riendo por las cosquillas. Aún puedo sentir la picazón de su barba a lo largo de mi mandíbula, su aliento caliente provocando escalofríos sobre mis hombros.

Él no podía quitarme las manos de encima.

Luciendo como si perteneciéramos a una fiesta de P. Diddy, los dos vestíamos variaciones de blanco; mi esposo con pantalones de lino y una camisa y yo con un solero con la espalda descubierta y cuello halter.

Diablos, esa luna de miel en Cabo fue jodidamente sexy. Bronceándonos en nuestra playa privada de día, bailando bajo las estrellas de noche, haciendo el amor hasta que el sol saliera, y comenzando todo de vuelta una vez más.

Diez días de pura dicha. Seguido por siete años llenos de lo que pensé que serían momentos de felicidad que cambiarían la vida. Tuvimos aventuras delirantes y dementes que nos unió más a través de las risas y las lágrimas. Recuerdos que seríamos capaces de compartir con los nietos algún día.

Frunzo el ceño, el dolor aún palpable. Las cosas cuidadosamente planificadas...

Es gracioso que ya no llore tanto. ¿Incluso más raro? No estoy molesta como solía estarlo. Estoy resignada y lista para comenzar de nuevo.

Para presionar reiniciar.

Paso las siguientes dos horas vaciando mi cómoda, mi armario, y cajones del baño. Todo lo que necesito para comenzar de nuevo está empacado prolijamente en siete valijas. Los muebles y chucherías reemplazables se quedan atrás.

En mi próxima casa, me daré el lujo de un nuevo aspecto, una nueva vida. Después de todo lo que ha sucedido, me he ganado un reinicio.

~FAF~

—Mi billete está reservado para el ocho.

¿Estás segura que no quieres venir antes? Los universitarios de vacaciones de primavera vendrán el primero. Podrías encontrarte a un sexy pedazo de carne de tigresa y jugar a La Nueva Vida de Stella, edición Panama City.

—¿Carne de tigresa? —Sacudo la cabeza—. Has estado en el sol por demasiado tiempo. Tu cerebro está frito.

Jasper se carcajea del otro lado del teléfono, y calma la eterna ansiedad que he sentido por las últimas nueve semanas.

De acuerdo. El ocho, entonces. Y oye, aún habrá tipos que se quedan después que se va la multitud. Puede que sean desertores universitarios, pero estarán aquí.

Pongo los ojos en blanco.

—Gracias, Jazz. Sé que siempre puedo contar contigo para querer lo mejor para mí.

Hablamos luego, hermanita —contesta con una risita—. Te amo.

—Te amo. Adiós.

Suelto un suspiro exagerado y me dejo caer sobre el sofá, preguntándome si esta es una de las superficies donde Tyler se folló a esa pequeña zorra. Pensándolo bien, tomo un periódico, lo estiro sobre el almohadón, y vuelvo a sentarme. Al menos, el sofá no vendrá conmigo. Él consigue quedarse con todos los recuerdos de aquí, manchados o no. Mi inversión emocional fue liquidada hace semanas.

Han sido unos meses difíciles, pero estoy cerca de terminar con las fases del duelo. Atravesé la negación dos horas antes de enfrentar a Tyler. La ira resultó ser un poco más complicada. Mi composición genética italiana e irlandesa da lugar a un gran temperamento, la cual puede llegar a un nuevo pico cuando es provocada. Puede que haya roto un plato o nueve y que haya gritado como una lunática en más de una ocasión. Y ese pobre jarrón Waterford que los padres de Tyler nos regalaron por nuestro quinto aniversario definitivamente jamás me vio venir.

Estos días, rondo entre la depresión y la aceptación. Dios sabe que no quiero cambiarlo por nada; salté lejos de ese maldito. ¿Por qué lo cambiaría? ¿Por qué querría aceptar de vuelta a un marido que no tiene consideración por nuestros votos matrimoniales?

La única vez que mi ira emerge con fuerza es cuando pienso en cómo me topé con la infidelidad de Tyler. Es decir, ¿si no hubiera visto esa imagen, aún estaría viviendo en un mundo de fantasía, pensando que tenía un matrimonio perfecto con un tipo increíble?

En un parpadeo, todo cambió.

Facebook es algo muy gracioso.

Recuerdo haberme deslizado por mi inicio hace un par de meses atrás y haber encontrado una foto tomada por alguien que no conocía. Apareció en mi inicio porque una de mis amigas de la secundaria —Gianna— había sido etiquetada. Ella asistió a una conferencia farmacéutica en Nueva Orleans, y su amiga había tomado una foto de ella con colegas. Extrañamente, mi marido aparecía en la imagen... cuando él debía estar en Chicago de negocios... pero en vez de eso, sedució a una zorra esquelética quien, estoy segura, no tiene poros ni celulitis.

Mi amargura ocasional arde como bilis en mi garganta.

Echo un vistazo a la entrada, pensando en cómo se vio Tyler cuando llegó a casa del trabajo esa noche. Aún puedo visualizar nuestra confrontación como si hubiera sucedido ayer.

—Hola, nena. —Lanzó sus llaves al banco de nuestro árbol en el pasillo del vestíbulo—. ¿Cómo estás?

Mi lengua se había paralizado, mi garganta se había cerrado. Todo lo que pude hacer fue frotarme los ojos por unos segundos antes de volver a colocarme los lentes en mi rostro, esperando mantener la calma el tiempo suficiente para no aparecer en las noticias de las once.

—No tan bien. Me preguntaba si podíamos hablar sobre ello.

Él se inclinó, plantando un beso en mi frente, y se dejó caer en el sofá a mi lado.

—Por supuesto, ¿qué pasa?

Señalé a la pantalla.

—Tengo una foto aquí que necesito que veas.

Él giró mi portátil para tener una mejor vista, y su rostro perdió el color.

—Pu-Puedo explicarlo.

Incliné la cabeza.

—Apuesto que puedes hacerlo.

Suena el timbre, sacándome de mi recuerdo repugnante de hace casi tres meses atrás. Hago todo lo posible para no revivir esa noche. No fue linda.

Abro la puerta con un suspiro de alivio.

—Traje a mis dos amigos favoritos para momentos como este. —Rosalie levanta una botella en cada mano—. José y Jim.

La saludo con una sonrisa exhausta, fundiéndome en el abrazo que ella ofrece.

—Esos son los únicos chicos con los que quiero pasar el rato de todos modos —confieso.

Ninguna de las dos intenta terminar nuestro abrazo. Necesito esto y ella lo sabe.

Me dirijo directamente hacia la cocina y meto una pizza congelada en el horno, mientras Rose no pierde tiempo y comienza a vaciar la música de mi equipo de audio. Después de cenar, llenamos dos tazas de Far Side con whiskey y preparamos una bandeja de brownies. Tengo el presentimiento que no haremos más nada esta noche, pero no podría importarme menos. Ella pasará su semana libre por las vacaciones de primavera lejos de su marido y sus dos pequeños para ayudarme a mudarme de esta casa y hacia un apartamento en Decatur, más cerca de mi trabajo.

Al menos, tenemos esta noche para emborracharnos y simplemente no hacer nada.

~FAF~

—¿Sabes que Emmett se siente responsable, no?

Frunzo el medio rostro que no está entumecido y busco el control remoto, milagrosamente logrando presionar el botón de silenciar en el cuarto intento.

—¿Qu-Qu-Qué?

Ella se encoge de hombros, y suelta un bostezo para nada femenino, pero continúa.

—Él se culpa por elegir a Tyler para que esté en nuestra boda. Si él no hubiera estado allí... —Pincha la esquina de la bandeja de brownies que estábamos compartiendo. Jamás nos molestamos en cortarlos, simplemente tomamos tenedores y comimos—. Ustedes no estarían en este desastre.

Echo la cabeza hacia atrás sobre el almohadón del sofá, aún cubierto por el periódico.

—Bueno, sabes que eso es ridículo, y tu marido necesita cortar con esa mierda. No culpo a ninguno de los dos. Esto es culpa de Tyler únicamente. —Me inclino hacia adelante, enredando mis dedos en mi cabello—. Y me hace enfadar que él y yo tuviéramos muchos años buenos, ¿sabes? ¿Todos esos viajes de campamento al que los cuatro fuimos? —recuerdo, sacudiendo la cabeza—. Nos divertimos muchísimo.

—Nuestro crucero —se queja Rose—. Él arruinó todos esos recuerdos. Rata bastarda. —Ella agita su tenedor, pedazos de brownie vuelan por todos lados—. Deberías haberle hecho un Lorena Bobbit.

Me río de sus dementes pero interesantes soluciones, y en segundo estamos carcajeándonos.

—Él te amó demasiado por mucho tiempo.

Paro de reírme y suspiro.

—Así es. Y yo lo amé.

—No puedo entender qué le hizo ser infiel —masculla Rosalie, rompiendo el periódico bajo nosotras—. Tyler nunca le dijo nada a Em. No hubo pistas, ni señales de advertencia. —Chasquea la lengua.

—No sé qué lo llevó a ser infiel, pero ciertamente sé que la idea de tener hijos lo aterraba. —Mi mirada está fija en el ventilador de techo mientras suelto la única teoría posible—. He estado hablando de ello por tanto tiempo, acosándolo todo el año pasado. Quiero decir, no nos estábamos haciendo más jóvenes.

—Pero ustedes hablaron de tener hijos antes de que él siquiera te proponga casamiento.

—Síp.

—Y los dos acordaron que querían una familia pero que esperarían unos años. —El volumen de Rosalie incrementa en perfecta sincronía con su irritación.

—Síp.

—¿Por qué mierda él cambiaría las reglas del juego en el medio de este?

Ya no poseo la energía para sacudir la cabeza. Pasé las últimas nueve semanas haciendo esto. No sirve de nada tratar de descifrar en qué estaba pensando Tyler. Él hizo lo que hizo porque es un cobarde.

Lastima mi corazón porque jamás pensé que usaría esa palabra para describir al hombre con el que me casé. Él siempre fue descarado, completamente honesto, y jamás se retractaba de una confrontación. Cuando él se encontraba equivocado, era el primero en disculparse y rectificar la situación. Él nunca me hizo sentir que no era amada, siempre me hizo su prioridad.

Saber que él había estado teniendo una aventura desde el otoño pasado probaba ser más devastador y desconcertante. Casi inmediatamente después de que lo descubrí, me di cuenta que él se había vuelto más atento desde que comenzó la aventura, más cariñoso, y más generoso de lo que jamás había sido antes. Y él siempre había sido esas cosas; simplemente se incrementaron cuando luchaba con su culpa y su cobardía.

Las emociones se atascan en mi garganta y tengo que tragar las lágrimas.

Pasan unos segundos antes que Rosalie estira su mano sobre el sofá y aferra mis dedos, ninguna de las dos lo suficientemente valiente para abordar lo obvio.

—Sucederá —susurra, yendo donde no creí que iría—. Vas a ser una mamá fenomenal algún día, Bella. Hay alguien allí afuera para ti; simplemente lo sé.

Resoplo y cambio de tema, negándome a dejar que las lágrimas caigan.

—Sí, un sexy latino en la cocina llamado José. Tenemos un trío con una botella de Coca-Cola por comenzar. —Estampo mi mano contra mi frente—. Agh... ¿está mal que siga apoyando la compañía para la que trabaja mi futuro ex?

Su sonrisa de gato de Cheshire aparece.

—No cuando te ayudará a conseguir un gran acuerdo de divorcio.

~FAF~

El sueño me evade, aunque no sé por qué. Algunas personas creen que si no puedes dormir de noche es porque estás despierta en los sueños de alguien más. Es un lindo pensamiento, pero no me hace ningún bien ahora. Con suerte, mi versión de sueño está pasándola genial donde sea que esté. Ella se lo merece; ambas nos lo merecemos.

Rosalie está dormida en el cuarto de invitados, así que bajo las escaleras para mirar un poco de televisión. Al menos, eso me ayudará a dormirme más rápido. Estando medio ebria, apuesto que veinte minutos de ventas de joyas resolverá el problema.

Antes de acurrucarme en el sofá, echo un vistazo a la caja de DVDs y VHS que Rosalie juntó temprano esta noche. Reconozco la vieja cinta que se encuentra en lo alto, mi escritura cursiva, aún no madura, describe la grabación: Baile de Graduación del 8vo Grado.

Coloco la cinta en el reproductor y observo mientras la máquina ajusta el corte para deshacerse de la pantalla de líneas blancas y onduladas. Hay alrededor de diez minutos de metraje de mis viejos compañeros llegando y tomándose fotos con amigos. Los cortes de cabello en capas me matan, así como también las alturas que algunas chicas conseguían con el simple uso de una lata de laca. Estoy segura que nosotras las chicas de Jersey somos responsables de la disminución de la capa de ozono. Esos clorofluorocarburos no eran un chiste.

Tengo que contener las risitas cuando Sean Norcross y Brandon Tucker atraviesan el arco de globos, ambos luciendo como Don Johnson en sus días de Miami Vice. Sus atuendos están completos con camisetas ajustadas color pastel, abrigos blancos, y mocasines sin medias. El video hace una panorámica a lo largo del gimnasio y me capta tomándole una foto a Charlotte y Maggie frente a un globo de cantoya. Estoy usando mi cámara disc Le Clic violeta. Dios, amaba esa cosa. La otra chuchería que siempre aprecié en ese entonces había sido mi reloj Swatch, con sus pulseras intercambiables. Puede que mis padres no hayan sido capaces de comprarme múltiples pares de jeans Guess y suéteres Forenza como tenían algunas chicas, pero yo tenía un reloj genial, eso era seguro.

Los siguientes minutos se ve a los chicos moviéndose a través de la fila del bufé mientras se escucha a Barbra Streisand, cantando «The Way We Were». Considero silenciar la canción, incapaz de aguantar su dolorosa belleza, pero entonces un Edward joven aparece en la pantalla. Después de unos segundos, noto que estoy sonriendo, con ojos llorosos, fascinada con su rostro de nuevo. Después de todo lo que ha pasado en mi vida —con Tyler y sin Edward— aún estoy hechizada al verlo.

Tiene puesto pantalones negros, una camisa blanca, una corbata negra y una chaqueta de tweed. Recuerdo pensar que él lucía tan adorable esa noche. Se está riendo y habla con las personas que sirven las comidas. Me río, observando su nariz arrugarse cuando el camarero coloca judías verdes en su plato. Él odiaba las judías verdes con pasión.

Un momento después, el video corta hacia la mitad de las chicas en la clase bailando «Supersonic» de JJ Fad, llevándome al pasado cuando los dinosaurios rondaban por el planeta. Tengo que reírme, al notar que los chicos siempre parecían estar en los extremos de donde se encontraban bailando las chicas. Ellos nunca se unían a los bailes rápidos, debe haber estado demasiado fuera de onda. Ellos simplemente miraban desde los costados hasta que el DJ ponía música más lenta, así podían pedirle a sus chicas favoritas que se unan a ellos.

Fui al baile del brazo de Jack Morgan. Un chico dulce y realmente bueno, considerando que tenía un yeso en mi muñeca izquierda. Él nunca se quejó ni una vez de que su cuello le dolía después de tener mi brazo descansando allí durante varias canciones lentas.

El DJ continúa entrevistando chicos sobre a cuál secundaria irían al año siguiente y si planeaban unirse a clubes o deportes. Edward, por supuesto, habla apasionadamente sobre fútbol, mientras que su cita y varias chicas se embelesan a su alrededor. Sin embargo, él es ajeno a sus coqueteos, y me hace sacudir la cabeza y sonreír aún más.

Después de las entrevistas, la cámara hace una panorámica del salón y estoy absorta cuando veo a Edward cruzar el gimnasio y pedirme un baile mientras estoy sentada en una fila de sillas con amigas. Él toma mi mano y me lleva hacia el centro de la pista. Hay varias parejas más allí, pero la mayoría de los chicos parecen estar cansados, permaneciendo alrededor de las mesas mientras la velada se acerca al final. La grabación es borrosa, y el salón está oscuro, pero la luz proveniente de la cámara capta una sonrisa en nuestros rostros mientras bailamos y caminamos juntos.

Desearía poder recordar lo que nos estábamos diciendo.

Me inclino hacia adelante en el sofá, fascinada por la dulce escena sobre la que solía pasar noches soñando hace media vida atrás. Pero, en un instante, mi corazón comienza a acelerarse. Encuentro mi mano sosteniendo mi cuello con asombro. Me bajo del sofá y tiro la pila de DVDs, buscando entre el desastre el video de mi boda.

—¿Qué diablos está pasando? —La presencia de Rosalie me sobresalta, pero me disculpo y sigo buscando entre la pila—. ¿Quién...? Oh, Dios mío, ¿esos son tú y Edward?

Jamás creerías que ella había estado muerta para el mundo hace menos de cinco minutos, porque ella se trepa al sofá y toma el control remoto.

—Tengo que ver este baile desde el principio.

Ella rebobina la cinta por diez segundos justo cuando encuentro la caja llamada «Isabella y Tyler, 10 de Abril de 2004». Tomo mi portátil de la mesa ratona y cargo el DVD de la boda. Me salteo la ceremonia, pareciéndome inútil escuchar palabras que ya no tienen significado. Una vez que llego a la recepción, detengo el proceso porque no puedo recordar cuándo aparecerá el momento exacto que estoy buscando. Creo que es después del "Electric Slide".

—Espera, ¿qué buscas allí?

—Tengo que chequear una canción... una canción con la que Tyler y yo bailamos. que el camarógrafo lo capturó. —Sigo avanzando en la secuencia y jadeo—. Creo... Sí, aquí está.

Pauso el vídeo de octavo grado en la televisión y giro la computadora hacia Rosalie y hacia mí así podemos ver el DVD de la boda. Mientras el baile en la recepción se reproduce, puedo sentir las lágrimas acumularse en las esquinas de mis ojos. «The Flame» de Cheap Trick fluye por los parlantes, y soy llevada a la hermosa noche hace casi siete años cuando me casé con Tyler. Trago fuertemente y le quito la pausa al baile de graduación cuando la realidad da su golpe.

Hace siete años versus hace veintidós años. Dos noches diferentes, dos chicos diferentes, la misma canción.

Ahora recuerdo el momento de ese baile con Tyler con claridad. Envolviendo mis brazos alrededor de mi esposo, apoyé mi cabeza sobre su hombro. Las lágrimas amenazantes habían sido tan estresantes que cerré los ojos y respiré profundamente varias veces para contenerlas. La letra me rompía el corazón. Aún lo hacían.

Recuerda que después del fuego, después de toda la lluvia... seguiré siendo la llama.

Observo la pantalla de la computadora, secando las lágrimas que caen. No recordaba hasta esta noche que bailé esa canción con Edward todos esos años atrás... pero ahora recuerdo que sí lo sabía la noche de mi boda. Me observo, dolorida en la pantalla, recordando el tormento que sentí en ese momento. Reprendiéndome, recordándome que era feliz, bendecida y estaba comenzando una nueva vida con un hombre que me amaba con todo su corazón. Y sabía que tenía que dejar a Edward en el pasado para siempre. Pero escuchar la inolvidable canción había sido el último golpe bajo del universo, y me hizo cuestionarme todo durante ese baile.

Lo recuerdo ahora. Recuerdo cada maldito milisegundo de emociones.

Rosalie debe haberme echado un vistazo en algún momento porque me jala hacia su hombro y aparta el cabello de mi rostro.

—Todo va a estar bien, Bella.

Sacudo la cabeza, necesitando soltar esta confesión de mi pecho.

Jamás le dije a nadie como me había sentido durante ese baile, y eso es lo más loco. No permití que Edward entrara en mi mente todo ese día, hasta que el DJ casualmente puso esa canción en particular. Mi esposo me alejó de algunos invitados, envolviendo sus brazos a mi alrededor para bailar. Un momento al parecer inofensivo creó un completo caos en mi cabeza por la duración de esa canción.

Me estudio en la pantalla de la computadora, cautivada por los sutilezas que estoy captando mientras la canción termina. Aparté el rostro del pecho de Tyler, mis hombros desnudos subiendo y bajando con un suspiro. Le sonreí a mi marido, mascullé las palabras «Te amo», y él lo devolvió con un beso. Entonces la multitud nos envolvió, y seguimos bailando y celebrando un día, una sonrisa genuina en mi rostro.

—¿Sabes lo que pensé justo aquí? —le susurro a mi mejor amiga, mi voz quebrándose—. Durante esa canción que bailé con dos hombres. —Giro, encontrándome con sus ojos llorosos mientras comparte mi dolor—. Sabía que estaba bailando con el hombre con el que me casé y con el que deseaba haberme casado.

Frunce el ceño.

—Pero... —Observa el televisor donde los estudiantes de octavo grado saludan a la cámara mientras hace una panorámica de la multitud—. ¿Edward?

—Él siempre estuvo en el fondo de mi mente. Pasó nuestra infancia a mi lado. Incluso cuando no éramos súper cercanos... él siempre había estado al alcance. —Me sorbo la nariz—. Nos fuimos por nuestros caminos, y lo he estado pasando increíble. La universidad fue genial, mis veintes fueron geniales... pero soñaba con él cada cierto tiempo, ¿sabes?

Ella asiente.

—Quiero decir, sí, la escena en tu boda había sido irreal, pero lo dejé atrás. Conocí a Tyler, tuvimos citas, me enamoré. Jamás lloré por Edward, nunca. Pero cuando nos cruzamos la noche antes del fin de semana de mi despedida de soltera, recordamos mucha mierda del pasado. —Me quito los lentes y me seco las lágrimas de los ojos—. Cosas buenas, cosas malas. No resolvió nada, pero me convenció de que siempre me preguntaría por él. Siempre esperé que él encontrara la felicidad. Que esté bien... que sea amado. —Me sorbo la nariz—. Y sí, supongo que al crecer siempre tuve esperanzas de que él estuviera pensando en mí también.

—Pero te casaste con Tyler. —Le da un apretón a mi brazo de manera reconfortante.

—Así es. Sin arrepentimientos. No era estúpida ni estaba lista para arriesgar mi vida en la probabilidad de que quizaaaaás una de las veces que me cruzara con Edward finalmente sería el momento que él confesara su amor por mí.

Su sonrisa triste me dice que tengo sentido, a pesar de mi drama.

—Y, agh... esas dos semanas previas a la boda, diablos si no estuve tentada —digo, mi voz ronca—. ¿Recuerdas ese comercial de Volkswagen? ¿Donde hay un tipo apurado, acelerando su coche para llegar a una boda?

Ella arquea su ceja.

—No puedo recordarlo.

Me encojo de hombros, me sueno la nariz y continúo.

—Bueno, este tipo está de traje y conduce tan rápido como puede, siendo retrasado en el tráfico y eso, y del otro lado de la ciudad ves a una novia preparándose. Todas las chicas están a su alrededor, el papá chequea su reloj. La música es de terror, algo inquietante. Suenan las campanas, como si pudieras sentir la ansiedad que este tipo siente, tratando de llegar a tiempo a la iglesia. —Me reclino en el sofá—. Finalmente estaciona su Jetta frente a la entrada de la iglesia, entra corriendo y el sacerdote está diciendo "Hable ahora o calle para siempre"... entonces te das cuenta que él es el otro tipo, el que está desesperado por ganarse a la chica y listo para interrumpir la boda para lograrlo. El novio mira al tipo y entonces a la novia y ella simplemente lo mira, suspirando. —Sacudo la cabeza—. La siguiente toma regresa al exterior de la iglesia, donde el coche está aparcado, y las palabras en el fondo de la pantalla dicen "Ajústense los cinturones".

Rosalie resopla, dejándose caer en el sofá a mi lado.

—Qué daño mental.

Levanto las cejas.

—Ni que lo digas. Pasé las dos semanas antes de la boda mirando el comercial al menos una docena de veces. Estaba muy preocupada. No paraba de preguntarme qué diablos haría si eso alguna vez me sucedía.

—Fácil. —Se encoge de hombros—. Te hubieras ido con Edward.

—¿Lo habría hecho? —Sacudo la cabeza—. No lo sé. ¿Por qué desecharía todo lo que sabía que Tyler sentía por mí por la posibilidad de que quizás le importe a Edward de la misma manera?

—Bueno, si él hubiera aparecido como en ese comercial o El Graduado o lo que sea, hubieras sabido cómo él se sentía en todo este tiempo.

—No lo sé. Quizás hubiera sentido que era demasiado tarde. —Rosalie no contesta después de unos segundos, así que me río de mis hipótesis—. Oh, bien. Qué bueno que no sucedió, ¿cierto?

Ella gira hacia mí, su ceja arqueada.

—¿Lo es? Mierda, después de todo lo que sabemos ahora, hubieras estado mejor con Edward desde el principio.

Suelto un bufido.

—Cuando lo vi por última vez, tenía intenciones de seguir a su novia de Las Vegas a la Ciudad del Pecado para hacer su vida allí, al estilo Bugsy Siegel.

—Bueno, dudo que él se haya convertido en un mafioso, pero han pasado siete años —responde—. Mucho puede cambiar en ese tiempo.

—Sí. Él podría estar casado y con un ejército de bebés ahora.

—Desearía que Emmett pudiera encontrarlo. Hemos tratado de rastrearlo tantas veces, pero sin suerte. Como sea, Edward podría estar soltero y disponible; nunca lo sabes.

Me pongo de pie, quitando el DVD de la computadora y luego la cinta de la videocasetera.

—Ese es el punto, Rose. Nunca supe nada de él en ese entonces, y ciertamente no sé nada de él ahora. —Guardo las películas y paso los dedos por el cabello, tratando de apagar mi cerebro por dos segundos—. Si él quería permanecer en mi vida, nunca me hubiera apartado de la suya. Además, las cosas en mi mundo son una mierda ahora mismo. No necesito comenzar a soñar con Edward Cullen de nuevo. Ese barco ya partió, se hundió, y está juntando percebes en el fondo del mar.

—¿Acaso no intentaron levantar al Titanic? —Su voz de las tres a.m. suena atípicamente optimista.

—¿Funcionó?

Rosalie suspira y me saca la lengua, concediendo su argumento.

—Exactamente.


Referencia a Lorena Bobbitt: John Wayne Bobbitt y Lorena Leonor Bobbitt fueron un matrimonio —casados el 18 de junio de 1989— que se hizo famoso por el incidente ocurrido en Manassas, Virginia, el 23 de junio de 1993 en que Lorena cortó el pene de John con un cuchillo mientras este dormía.


¿No les dije que nos desharíamos del boludo? xD Cuando se menciona el presente, técnicamente es el 2011, pero lo consideraremos como este presente. Bella tiene 36 años y Edward también, donde sea que esté.

Gracias por leer :)