Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.
Capítulo 11
—Buenos días, cariño —dice Jasper detrás de su periódico. Lo dobla en una esquina, estudiándome sobre sus lentes—. Luces fácil como una mañana de domingo.
Respondo con un gruñido y me dirijo directamente hacia la cafetera. Jasper está demasiado alegre para ser las siete de la mañana, personificando todo un surfista acaparador de playas. Él es adorable, le concederé eso.
—Lindos anteojos, Maverick —contesto, sentándome en una taburete frente a la barra.
Lanzando el periódico sobre la encimera, se para y camina hacia la estufa.
—Cumplen su trabajo. A veces, la luz del día es demasiado dolorosa y llega obscenamente temprano. —Saca una sartén del horno y coloca un omelet sobre un plato que ya está decorado con miel—. Mangia.
Tomo el tenedor que él me tiende y me estiro en busca de una servilleta.
—Entonces, dime, ¿por qué los dos estamos arriba, entonces?
Después de fregar la sartén, la enjuaga y la posa sobre un paño escurridor. Él es tan domesticado que me hace pensar que he entrado en un universo alterno. Este no puede ser el mismo chico que vino aquí con veinticuatro años y con un título en negocios de Rutgers, pero que lo guardó para comenzar una compañía de excursiones y fiestas en barcos para los turistas, y en diez años convirtió su negocio en una flota de cruceros privados de lujo. Él me impresiona. No podría estar más orgullosa.
—Porque necesitas un par de días en el agua emborrachándote con tu hermanito y su mejor amigo. James se reunirá con nosotros en el muelle en una hora, y saldremos al mediodía.
Corto mi omelet, mi boca se hace agua con la vista.
—¿Tocino, tomate y queso?
—Y cilantro —añade, guiñando un ojo.
—¿Quién eres?
Él resopla.
—Lo sé, lo sé. Mi dieta de Pop Tarts y Red Bull se volvió cansina después de un tiempo. Además, cuando compramos el Sirena del Mar, pasé suficientes horas con nuestro chef de media jornada aprendiendo a cómo cocinar una comida decente.
Bajo un bocado de huevos con un trago de café.
—Esto está increíble.
—De nada.
Él camina hacia mi lado y besa mi cien mientras respondo con una boca llena.
—Glaciaas.
Sigo llenando mi boca mientras él juega con su teléfono por los siguientes minutos.
—Entonces, ¿cuándo conoceré a Alice? —pregunto, luchando con una rodaja de tomate uva.
—Ella está en guardias nocturnas hasta el jueves pero reservó todo su fin de semana para ti.
—No puedo esperar a escuchar la historia de cómo conseguiste una prometedora cirujana ortopédica.
Él me da la misma sonrisa contenida que me dio en la secundaria cuando los resultados de nuestros exámenes de selectividad llegaron por correo, y como estudiante de primer año, él me había superado por sesenta puntos.
—Es una buena. —Abre el refrigerador—. ¿Jugo?
—Nah, estoy bien.
Él se sienta en el taburete a mi lado.
—¿Lo estás? —Inclina la cabeza a un lado—. ¿En serio?
Apuñalo un pedazo de queso y me encojo de hombros.
—¿Qué quieres que diga? La vida que pensé que tenía resultó ser una farsa, así como mi marido.
—Él es un hijo de puta.
Suspiro.
—Lo es.
—¿Estás lista para compartir los detalles? —Se quita los anteojos y descansa sus manos sobre la encimera.
—Son bastante explícitos. Quiero decir, comparado a lo que tú y yo estamos acostumbrados. Crecimos como la Tribu Brady. Mamá y papá con este matrimonio modelo, y ahora tú con la esposa doctora.
Carraspeando, me da una mirada cansina.
—Novia.
—Eh, semántica. —Me paro, llevando mi plato al lavabo para lavar—. Nuestros padres están bastante impresionados con ella y mamá ya está lista para comprar un vestido de madre del novio, para tu información.
Él sacude la cabeza, una inconfundible sonrisa engreída asomándose.
—Solo han pasado cuatro meses.
—¿Y?
—Yyyyyy... al menos, dame hasta fin de año. Si logramos sobrevivir el verano, puede que tengamos una posibilidad.
—Eh, lograste sobrevivir las vacaciones de primavera, ¿o no? Imagino que un mes con chicas de apenas edad legal para beber a tu alrededor sería la verdadera prueba para cualquier relación, querido.
Él resopla suavemente.
—Es verdad. Vamos... —Golpea su palma sobre la barra—. Intercambiaremos historias una vez que estemos en el agua con el alcohol dando vueltas.
—Perfecto. Borracha en el medio del Golfo de México. Un escenario mucho mejor para acabar con todo, de todos modos.
Él voltea lentamente, su cabeza inclinada y ceja arqueada. Diablos. Si las miradas pudieran matar.
—¡Chiste! —Camino hacia él, me paro de puntitas de pie, y beso su mejilla—. Estoy bromeando —me río—. Lo prometo.
~FAF~
—Tu turno —anuncia Jasper antes de vaciar su cerveza.
—Estoy segura que necesitaremos más licor para esto —dice James, parándose y señalando a Jazz—. ¿Otra?
Mi hermano asiente, levantando su Blue Moon.
—¿Bells?
—Otro Lemon Drop y no pares de traerlos. —Estiro mi mano y le doy un apretón a los dedos de James—. Gracias.
—Hecho. —James se dirige al bar, dejándonos a mi hermanito y a mí en la cubierta, bajo las estrellas.
—Bueno, al menos has dejado atrás la fase de Zima —bromea Jasper, ganándose mi dedo el medio.
—No dejé atrás nada. Simplemente ya no los hacen más. —Hago un puchero, recordando mi bebida predilecta en mis años universitarios—. Esa mierda era lo mejor.
—Eres tan femenina. ¿Acaso no te enseñé nada?
—Me enseñaste a cómo inhalar de una pipa, Cheech. —Le doy una mirada penetrante—. Aprendí a beber comenzando la noche antes de la graduación de la secundaria. Entonces, lo perfeccioné en las fiestas de fraternidades en la universidad. Jamás estuve bajo tu tutela cuando se trató de alcohol, muchas gracias.
Él agita una mano con desdén.
—Como sea. Al menos, no trajiste el enfriador de botellas hoy.
—Oye, no critiques mi enfriador de botellas; tienen su lugar en el mundo. Pero sabía que este viaje requería de algo más fuerte.
Él resopla, encendiendo un cigarrillo.
—De acuerdo, cuéntamelo.
—¡No sin mí! —James grita desde la cocina—. ¡Esperen!
Jasper y yo nos reímos mientras James se nos une con una jarra, una copa de martini, y una pequeña hielera.
—Supuse que de esta manera no tendríamos que levantarnos todo el tiempo.
—Es por esto que te mantengo cerca, amigo —dice James, chocándole los cinco a su amigo de la infancia.
Me mareo un poco, tratando de sentarme más adelante en mi tumbona.
—No eres solo una cara bonita, ¿sabes eso, Sr. Hunter?
—Aww, Bellsie, si me hubieras dicho eso hace veinte años atrás, te hubiera hecho mía en un instante. —James sumerge el borde de mi copa en el bol de azúcar que saca de la hielera y entonces sirve el trago. Decorándolo con un gajo de limón, me lo pasa con un guiño—. Ya que es noche de confesiones, que se sepa que me gustaste por años cuando éramos niños.
—Aquí vamos —masculla Jasper.
Mis oídos se espabilan.
—Bueno, mierda, ¿por qué no dijiste nada?
James apunta con su pulgar hacia mi hermano.
—Sonny Corleone de aquí no me permitía acercarme a ti.
Dejo que mi mandíbula caiga abierta y miro con enojo a Jasper.
—Por favor, de por sí ya estabas detrás de todas esas chicas de escuelas privadas en St. Mary's. No iba a soltarte cerca de mi hermana. Además, todos sabemos que ella solo tenía ojos para Edward.
Me tenso, mi martini quieto contra mis labios. ¿En serio, hermanito? ¿Edward siempre tiene que entrar en la maldita conversación?
—¡Es VERDAD! —James grita con una carcajada—. Me había olvidado de los dos tórtolos.
Resoplo, tomando un trago de mi bebida.
—Al menos, uno de nosotros lo hizo.
—¿Qué le pasó a Edward?
Sacudiendo la cabeza, suspiro.
—No sabría decirte. No he sabido de él en años. No lo he visto desde antes de casarme. Y mi amiga y su marido no pueden rastrearlo tampoco.
—¿Te refieres a Rose y Emmett? —pregunta Jasper.
—Síp. Nada de números de teléfono, ni Facebook, ni correo electrónico, nada. Él está prófugo.
—Deberíamos contactar a Embry. Quizás él está en Facebook entre penales y correr por la chancha —dice James, apoyando sus pies sobre la hielera—. Pero apesta que no sigan en contacto. Incluso sin la mirada atenta de tu hermano mayor, sabía que no tenía una oportunidad con Edward allí.
Me encojo.
—¿Mi enamoramiento era tan obvio?
—No el tuyo, el de él. —James se ríe.
—Eh. —Mi risa es nerviosa—. Debes estar más borracho de lo que pensaba. Ese chico jamás tuvo un enamoramiento conmigo.
—Sí, de acuerdo —añade mi hermano—. Hay una diferencia entre el enamoramiento de un chico al de una chica, Bells. —Asiente condescendientemente—. Confía en nosotros, le gustabas.
Todo lo que puedo hacer es sacudir la cabeza. Estos dos pueden pensar lo que quieran, pero están dementes. Sí, Edward siempre me trató con dulzura, me incluía cuando era posible, y pasaba el rato con nosotros todo el tiempo mientras vivió a la vuelta de la esquina. Pero éramos simplemente amigos en ese momento. No importaba que yo hubiera querido que él fuera mi novio de nuevo, no hay probabilidades de que Edward haya sentido lo mismo.
—Entonces, ¿cómo mágicamente te enamoré? —le pregunto a James—. ¿Fueron mis sandalias de goma trágicamente a la moda o mis camisetas color neón con pulseras de goma a juego que te atrajeron?
Él suelta unas risitas.
—Simplemente eras increíble en general. La chica más asombrosa en mi mundo. Pero sí, cuando usabas esas sandalias de plástico, ¡estabas buenísima!
Pateo su tumbona por reírse de mí y me reclino, bebiendo mi cóctel.
—Fueron todos esos camisones cortos que vestía cuando era niña, ¿o no? —Me río, recordando—. Uff, apuesto que les di todo tipo de imágenes cuando tenían pijamadas con Jazz.
James esboza una sonrisa tonta y menea sus cejas.
—Jamás me escucharon quejarme ni una vez.
—Está bien, está bien... —James agita sus manos en nuestra dirección—. Dejemos atrás todas las insinuaciones sexuales de cuando éramos niños. Ninguno de nosotros hizo algo al respecto hasta que llegamos a la secundaria, de todos modos.
—Habla por ti —replico—. Yo fui una buena chica en la secundaria. No perdí mi virginidad hasta el año siguiente en la universidad.
—¡No jodas! —grita James, inclinándose hacia adelante—. Todos esos chicos con los que estuviste en la secundaria, ¿y nadie se metió en tus pantalones?
—Aww, por el amor de... —James lo interrumpe, sacudiendo la cabeza.
Me río, viendo a hermano retorcerse de vergüenza.
—Mantuve a mis novios muy felices, si necesitas saberlo.
—Oh. Por. Dios. —Jasper se cubre los oídos mientras sus labios se estrellan entre sí con fuerza, probablemente para contenerse de vomitar.
La mirada cargada y ebria de James y su asentimiento satisfecho me hace estallar en carcajadas.
—Apuesto que lo hiciste, Isabella Monroe.
Una sonrisa de arrepentimiento aparece en mi rostro antes que James se retracte.
—Quiero decir, Swan. ¿O sigue siendo Monroe? —James tartamudea con vergüenza—. Mierda, lo siento, Bells.
—No te preocupes, cielo. Pero supongo que es mi turno, considerando que me pusiste al día con Tracy y tu pequeño beisbolista, Jameson Junior.
El orgulloso papá sonríe mientras Jasper extiende su palma.
—Adelante.
—En enero, Tyler se fue de viaje por negocios. Al menos, él me dijo que era por negocios. —Tiro de los hilos de mis shorts de jean—. Resulta que él estaba dándole su negocio a alguien más.
James sacude la cabeza, indignado, mirando hacia el agua.
—Lo enfrenté con la prueba que encontré. Él intentó negarlo por alrededor de dos segundos, pero estaba allí en la pantalla de mi computadora. —Mi visión se nubla mientras recuerdo el momento, tan claro como el día.
El zumbido del refrigerador en nuestra cocina, el tic toc del reloj, una reliquia familiar de Tyler, en nuestra sala, y el aire, espeso como la melaza, mientras intentaba arrancar la verdad de la boca de mi esposo.
—Ella es una amiga.
Asentí, con ojos bien abiertos.
—Bueno, ella parecer ser increíblemente amigable. Emmett frecuentemente toca mi muslo cuando posamos para las fotos juntos. Rose está bien, no le molesta.
—Bella —dijo Tyler con un suspiro, bajando la mirada y frotando su rostro con una mano—. Ella...
—Por favor, no me digas que es solo una compañera de trabajo o alguien que conociste esa noche. Ninguno de los dos es estúpido, así que no finjamos que eso será creíble. ¡Parece que tu lengua está en su oreja! —Me mordí el interior de mi mejilla, tratando de descifrar qué pregunta es más importante en la secuencia de las otras trescientas veintitrés preguntas que planeaba hacerle esta noche—. Quiero saber quién es ella y por cuánto tiempo esto ha estado pasando.
Él se aclaró la garganta.
—Su nombre es Bree.
—Por supuesto que lo es. Dime, ¿ella ya viene envuelta en hojaldre y decorada con mermelada de frambuesa, o tuviste que llevar tu propio frasco de Smucker's?
Él tragó lo que asumía que era un peñasco pero no dijo nada. Normalmente, él me contestaría de la misma forma... pero no esta noche.
Fue cómo supe que ya había perdido.
—La conocí cuando estuve en San Francisco el otoño pasado —contestó Tyler, su voz suave y tímida.
—¿Realmente fue un viaje de negocios para ti o ese fue el comienzo de las mentiras?
Él me dio una mirada.
—Sabes que tuve un viaje de verdad para esa presentación. Nos llevaste a Jenks y a mí al aeropuerto.
—Bueno, tendrás que perdonarme si cuestiono cada maldito momento en los últimos once años. —Me detuve, inhalando profundo. Mi corazón estaba acelerado y lo sentí abrumado con calor.
Esta tenía que ser la vida de alguien más.
Tyler continuó suavemente.
—Había tenido una reunión de mierda con el equipo. Fui el bar del hotel por unos tragos. La conocí allí. Ella estaba vacacionando con una amiga.
Me recliné, poniéndome cómoda en el sofá.
—¿Y?
—Y... las cosas solo pasaron. Estaba borracho —Se encoge de hombros—, ella estaba borracha y disponible. —Su voz tembló.
—¿Entonces, que? ¿Simplemente olvidaste que tenías una esposa amorosa en Georgia y tu entrepierna terminó entre sus piernas?
Segundos que parecieron horas se extendieron en silencio. Y mi marido, este hombre, este charlatán ya no podía mantener el contacto visual conmigo.
—Fue solo algo de una vez, al menos así es cómo lo consideré al principio. —Tyler se inclinó hacia adelante, sus codos en sus rodillas, cabeza colgando—. Me sentí horrible. La culpa —Sacudió la cabeza—, era completamente abrumadora.
Tamborileando mis dedos a lo largo del almohadón del sofá, retrocedí en el tiempo, recordando cuando él llegó a casa de ese viaje.
—Es graciosos, te vi bien. Incluso recuerdo que regresaste y nos encerraste en el cuarto por horas. —Incliné la cabeza—. ¿Ella te había puesto caliente y entonces necesitabas más, pero tuviste que conformarte con la patrona?
—Bell...
Solté una risita.
—Mierda, todo eso sucedió y unos días después me dijiste que cancelara mis planes, y nos llevaste un fin de semana largo al Château Élan. —Mi mente daba vueltas, recordando su comportamiento y el aumento de frecuencia de los regalos y gestos generosos—. Me enviaste flores al trabajo sin razón en absoluto. Noches extra en la ciudad, pendientes de diamantes tres semanas antes de Navidad... ¿ese eras tú exorcizando tus demonios? —Estaba furiosa hacia el término de mi hilo de pensamientos.
Su expresión taciturna era confesión suficiente, pero entonces quería escucharle decirlo.
—Dime por qué continuó. No puedo decir que te perdonaría una indiscreción, pero seguiste volviendo. Has estado haciendo esto por meses, y quiero saber por qué.
Él inhaló profundamente y me miró por primera vez desde que comenzamos esta repugnante interrogación.
—Sé que significa poco ahora mismo, pero eres el amor de mi vida, Bella. —Su voz se quebró y se detuvo para inhalar temblorosamente.
Mis labios temblaron, observando a mi marido quebrarse. Mi instinto fue consolarlo, pero me recordé que él no se lo merecía.
Ni mis brazos, ni mi amor. Ya no.
Él se tranquilizó y se aclaró la garganta para comenzar de nuevo.
—Mis sentimientos por ti nunca han cambiado pero... pero no estaba listo para tener hijos, aún no lo estoy, y eso es todo de lo que has hablado en más de un año. —Se detuvo, cerrando los ojos antes de añadir—. No creo que alguna vez vaya a querer hijos.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, su horrible revelación hizo que me alejara del sofá y marchara hacia la cocina.
—¡Maldito imbécil! —Abrí el lavavajillas, sollozando, mientras comenzaba a lanzar ollas, sártenes, y platos sobre la encimera de granito. Después de mi segundo plato roto, decidí alejarme de las alacenas. Claramente, este era un trabajo para cuando mi presión sanguínea no estuviera por los techos. Me dejé caer en la silla frente a la mesa de la cocina, llorando en silencio. Mi columna se tensó cuando él apareció en la entrada minutos después.
Lucía desolado... lamentable, su rostro lleno de lágrimas también.
—¿Qué puedo decir aquí? ¿Qué puedo hacer? Haré lo que sea que quieras —susurró—. Lamento, lamento mucho haberte lastimado así.
Sequé mi rostro con las manos, uniéndolas frente a mi boca.
—No lo lamentas. Estabas buscando la manera de salir de esto y la encontraste. Eres un imbécil egoísta. Has mentido sobre esta aventura por meses, pero peor que eso, me has mentido por años. Prometiéndome todo este tiempo que estarías listo para comenzar una familia pronto. Después de que consiguieras una cuenta nueva, después de entrenar el nuevo equipo, después que la piscina estuviera instalada... y esperé, y esperé, y esperé.
»—Mi corazón se está rompiendo por muchas razones, pero ahora mismo voy a tomar una página de tu libro. La herida más profunda que siento es una egoísta. —Me puse de pie, mi dedo presionando sobre la mesa—. Me has robado mi tiempo —siseé mis palabras mientras más lágrimas caían—. Voy a cumplir treinta y siete este año. Te robaste mis posibilidades de tener un bebé, de formar una familia porque eres un mentiroso, un cobarde, y un infiel. —Enterré mi rostro en mis manos, abrumada por el dolor. Unos segundos después, encontré mi voz de nuevo—. Qué vergonzoso de mi parte haber creído en ti. Haber confiado en esas palabras susurradas que prometías una y otra vez, año tras año —grité, sollozando.
—Pero se termina aquí. Esto se terminó. —Agité mis manos entre nosotros—. Nosotros terminamos. Voy a recuperar mi vida.
—Él tiene suerte de que estemos en el medio del maldito Golfo de México ahora mismo, Bella —dice Jasper, sacándome de mi primera noche de miseria. Él se inclina hacia adelante en su tumbona y apunta a mi pecho—. Ese maldito no sabe de lo que se pierde.
Sacudo la cabeza, parpadeando para tratar de apartar las lágrimas que me fastidian de vez en cuando.
—Por supuesto que lo sabe. Me tuvo por once años. Si me extraña o no sigue estando en debate, no que importe. Lo que sí sé es que él no extraña es el concepto de los bebés.
—¿Entonces cuál es el próximo paso? —pregunta James después de unos segundos de silencio, la atmósfera llena de inevitable lástima y preocupación.
—Estaré oficialmente divorciada a finales de abril. —Intento meter varios mechones de cabello por detrás de mi oreja mientras vuela alrededor de la brisa nocturna—. Rose vino y me ayudó a mudarme al apartamento que estoy rentando en Decatur. —Lamiendo el borde de la copa, mi boca se regocija del dulce azúcar segundos antes de tragar el ardor del licor. El ardor es un detractor bien recibido ante la vergüenza del momento—. Supongo que es hora de comenzar de nuevo.
Mi hermano no puede contener su lengua.
—¿Pero realmente quieres quedarte en Georgia sola? Ven aquí; quédate con nosotros en Panama City. O regresa a Jersey con mamá y papá. —Avienta la tapa de la botella de su nueva cerveza en un balde a sus pies—. Odio la idea de que estés completamente sola.
La sonrisa con ojos llorosos que le doy a Jasper hace que frunza el ceño.
—Ya estoy comenzando mi vida de nuevo. No sé si estoy lista para hacerlo en una nueva ciudad. —Me encojo de hombros—. ¿Dejar mi trabajo? Amo a mis pacientes, a mis colegas.
—Estoy seguro que hay suficientes residencias de ancianos aquí que necesitan una trabajadora social y consejera —asegura James—. Deberías pensar en ello, pequeña. —Se levanta, dándole unas palmadas a mi rodilla justo cuando Jasper también se para.
—Tengo que hacer una llamada. —Mi hermano se estira, dándole un apretón a mi hombro por unos segundos.
Después que los chicos se encaminan hacia el bar, reacomodo mi tumbona así estoy reclinada y soy capaz de observar el cielo nocturno. Es tan pacífico aquí. Parece que las estrellas están más cerca de la tierra cuando estás en el mar. Es una calma a la que podría acostumbrarme, especialmente después de la turbulencia de los últimos meses.
Sí aprecio sus sugerencias, pero no estoy lista para dejar atrás a Georgia aún. A pesar de los veranos infernales y llenos de insectos, y el hecho que mi familia se encuentra a horas de distancia en direcciones opuestas, quiero tratar de quedarme y encontrar la felicidad a pesar que estoy por mi cuenta.
~FAF~
—Tía Bella, ¿puedo comer un perrito caliente y papas fritas en vez de una hamburguesa y papas fritas? —Alex jala de mi brazo mientras nos dirigimos hacia Café Aquaria—. ¡Y Sprite!
Me río, viendo la reacción de Emmett a su hijo de cinco años, pero contesto al pequeño antes que papi intervenga.
—Bueno, tendremos que ver el menú y fijarnos qué hay disponible. ¿Mamá suele permitirte tomar soda? ¿O ella querría que ordenemos leche para ti?
Mi ahijado echa un vistazo a mi alrededor para ver si su papá está mirando. Mechas de cabello rubio caen sobre sus ojos cuando se inclina hacia adelante. Las risitas de Emmett, empujando el carrito lleno con mochilas, carteras, sombrillas y un cambiador. Rosalie corrió hacia los servicios con su hija, Ashleigh, quien anunció que tenía que usar el baño porque "los pipís estaban viniendo rápido".
—No creas que no te veo, pequeño. Sabes que mami querrá que tomes leche.
—Bueno, ¿puedo ordenar una soda para la cena?
Esta vez, yo comienzo a reírme, escuchando al pequeño embaucador a mi izquierda.
—No vamos a cenar en el acuario, amigo. Regresaremos a mi casa y nos prepararemos para los fuegos artificiales en el parque esta noche, ¿cierto? Es por eso que te pusiste tu increíble camiseta con la bandera y Ashleigh tiene puesto el vestido rojo, blanco y azul. Es el Cuatro de Julio; ¡tenemos que celebrar!
—Oh, sí. —Arruga su adorable rostro—. Lo olvidé.
Atravesamos la entrada del restaurante y Emmett señala una mesa disponible pero entonces se agacha a la altura de su hijo.
—Escucha, quizás podamos convencer a mamá que beber leche chocolatada sería divertido para almorzar en vez de leche sola. ¿Trato?
Alex sonríe, chocando su puño con su padre.
—Trato, papi.
—¿Qué tal si ustedes se sientan y esperan a mami y Ash, y yo iré a buscarnos unos menús, o al menos echar un vistazo al mostrador para tener una idea de lo que podemos ordenar.
—Suena como un plan —dice Emmett, tomando una sillita y acomodando a Alex en ella—. Estaremos aquí.
Camino hacia el mostrador, mis ojos fijos en la table del menú hasta que mi mirada es atraída hacia ningún otro que mi exmarido, quién está cargando una bandeja llena de comida hacia la zona de las mesas a la derecha. No lo he visto desde que el divorcio finalizó en abril, pero luce como si ha envejecido diez años.
Parte de mí siente lástima por él pero otra parte quiere reírse. Tú te hiciste esto, amigo. Aunque no es como si él ha estado golpeando mi puerta, desesperado por reconciliarse, así que no puedo imaginar qué lo tiene tan estresado. Él debería estar disfrutando de la vida, ya no más atado a una mujer que demanda inmediata procreación.
Por qué demonios está aquí en Atlanta, en el acuario de todos los lugares, no lo comprendo. Él usualmente —nosotros usualmente— pasamos el fin de semana festivo en Hilton Head, de fiesta con otros locales ricos que su mamá y padrastro conocían de años vacacionando allí.
A pesar que he perdido mi propio apetito, tomo nota del menú y regreso a nuestra mesa. No puedo ver donde está sentado Tyler, pero espero ser capaz de evitarlo porque Emmett nos ubicó en una mesa en el rincón a la izquierda. Sé que tendré que ser honesta con Rosalie y Emmett, aunque no estoy segura de que quieran tener alguna interacción con Tyler. Por lo que sé, Em no ha hablado con Tyler desde enero cuando descubrí su aventura.
Me siento en mi silla y me inclino hacia el oído de Emmett.
—¿Rose todavía no regresó?
—No la he visto —dice, entonces se aparta para observarme mejor—. ¿Estás bien?
Sacudo la cabeza y trago, sintiéndome sonrojada. Articulo el nombre de mi exmarido y Emmett se endereza en su silla, su mandíbula tensa. Mientras Emmett parece centrarse momentáneamente en Alex, quien está coloreando una imagen de un tiburón blanco, me muevo en mi asiento para echar un vistazo.
Es entonces que diviso a Rose, sonrojada y marchando hacia nosotros.
Ella comienza a hablar antes de llegar a nuestra mesa.
—Tenemos que salir de aquí de inmediato.
Asiento sutilmente, mis párpados cerrándose mientras susurro.
—Sé que Tyler está aquí; lo vi.
Ella tiende a Ashleigh a Emmett y se inclina hacia mí.
—¿Él te vio?
—No lo creo. Estaba cargando una bandeja hacia la zona de las mesas del otro lado de la cafetería.
—¿Tío Tyler? —pregunta Alex, saludando con la mano.
Me quedo sin aliento, no preparada para enfrentarlo ahora mismo. He estado teniendo un día increíble con mi mejor amiga y su familia hasta hace diez minutos.
Hago contacto visual con Rose y tomo mi cartera del carrito, pasándola por mi hombro.
—Los veré en la entrada del acuario. No quiero hablar con él, pero entiendo si tú o Emmett necesitan hablar con él.
—Bella... —Rosalie intenta interrumpir.
Me paro y le doy un apretón a su muñeca.
—Está bien, en serio. Solo envíame un mensaje cuando estén yendo hacia mí.
—¡Tía Bella, mira! ¡Es el tío Tyler!
Pongo los ojos en blanco pero volteo, lista para ofrecer un hola civil por el bien de Alex, quien no comprende del todo el concepto de divorcio.
Aunque cruzo mi mirada con la de mi exmarido brevemente, es la mujer caminando detrás de él quien tiene toda mi atención.
Los cuatro de nosotros, viejos amigos, nos tensamos sin intercambiar palabras mientras Alex se estira para chocar los cinco con Tyler.
—¿Cómo estás, Alex? —La voz de Tyler es tensa, a pesar que sonríe para el niño—. ¿Estás teniendo un bonito verano?
Tyler le da al pequeño una sonrisa cortés, pero se concentra en mí, sus ojos llorosos. Se sobresalta cuando la pequeña rubia se para a su lado, rodeando su brazo con el suyo.
—Hola —ofrece ella con lo que parece una sonrisa genuina. Casi me hace pensar que ella no tiene ni maldita idea de a quién aborda.
Alex saluda con la mano.
—¡Hola! Vaya, tu vientre es enorme. ¿Tienes un bebé en tu vientre? —dice él, señalando.
—¡Así es! —dice ella, con alegría. Si no fuera a traumatizar a Alex y Ashleigh de por vida, me aventaría hacia ella en un intento de arrancarle la cabeza. No solo por exhalar su aire de zorra alrededor de estos dos niños inocentes, sino que por vestir el top rosa más brillante y más vulgar que dice «Cosas pasan cuando andas de fiesta desnudo» con una flecha enorme de diamantes falsos apuntando a su prominente vientre.
Mi cabeza está dando vueltas y siento que voy a vomitar en cualquier momento.
—Te-Tengo que irme de aquí. —Mi voz se quiebra mientras Rose intenta buscar mi mano. Doy un paso hacia atrás, las sillas chirriando mientras paso entre ellas en mi apresurada salida.
—¡Bella, espera, por favor! —Escucho a Tyler llamarme, pero no puedo... simplemente no puedo.
Salgo volando de la cafetería, segura de que estoy teniendo un ataque de pánico. Una vez fuera del edificio, la humedad me impacta en el pecho como un yunque, pero el aire fresco al menos me obliga a regular mi respiración. Las lágrimas caen por mi rostro, y físicamente tengo que tragar el grito que se ha ubicado en mi garganta.
Ella está embarazada. La chica que se folló y por la que tiró a la basura nuestro matrimonio va a tener a su hijo, y en unas semanas por lo que parece.
Con razón él luce horrible.
Paso mis dedos por mi cabello mientras camino de un lado a otro, mis pensamientos como un tornado en mi cabeza. Es casi imposible encontrarles un sentido. No estoy, no... No creo que esté triste por Tyler. No quiero tener bebés con él, al menos no desde enero cuando él reveló su verdadero ser.
Pero ella tiene mi vida. Esa mujer... esa zorra se robó mi marido, el hombre con el que planeaba pasar el resto de mi vida, y ahora él tendrá un bebé con ella. Un bebé que él dijo que no quería conmigo.
Me siento… desesperanzada. Estoy completamente perdida. Tendré treinta y siete años en un par de meses, y jamás me he sentido tan lejos de mis sueños de lo que estoy en estos momentos.
A donde sea que mire, veo familias jóvenes, riendo, sonriendo, disfrutando de su día festivo y haciendo valer su tiempo.
Necesito que mi tiempo valga, que yo valga. Acabo de pasar los últimos siete años esperando que alguien más tomara una decisión para mi vida. No puedo permitir que eso siga pasando. Es hora de darle prioridad a lo que quiero y lo que me merezco.
Mi vida no acabó y me niego a ser una víctima. Esta mierda termina ahora.
Después de secar las lágrimas de mis mejillas, busco mi teléfono en mi cartera.
Dos movimientos y un tono después, él contesta.
—Jazz, necesito que me hagas un gran favor...
Mangia: A comer, en italiano.
