Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.


Capítulo 13

—Hola, ¿estás ocupada? —pregunto, frenéticamente escribiendo en mi portátil.

Nop. Solo llevando a los niños a la cama. ¿Qué pasa? —responde Rosalie.

—Eh, mucho. Pero se resume a esto, estoy empacando un bolso y reservando un vuelo a Arizona.

Oh...key, ¿por qué?

Mi instintiva sonrisa es porque estoy feliz, nerviosa y aterrada y todas las otras emociones conocidas por el hombre. Todas ellas.

—Encontré a Edward, y sé qué le ocurrió.

¿Tú QUÉ? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿E irás a verlo? —chilla al teléfono antes de llamar a su marido—. ¡Ven aquí, Bella encontró a Edward!

Están hablando entre ellos, pero es amortiguado y no lo suficientemente importante para intentar descifrar. Parece que será un vuelo de siete horas desde Tallahassee a Phoenix por $627; tienes que amar a los precios de último minuto.

Te pondré en altavoz, ¿está bien? —pregunta Rosalie.

—Sí, estoy bien —contesto despreocupadamente, escribiendo el número de mi tarjeta de débito en la sección de pago de la compra—. Hola, Em.

¿Bella? Diablos, chica, ¿cómo demonios descubriste dónde se encuentra Edward? —Emmett suena perplejo.

—Bueno, mi hermano había sido bastante cercano a Embry Cullen de niños. Resulta que Embry se topó con la novia de Jasper, Alice, quien es su antigua cirujana. Cirujana de Embry, no de Jasper. —Sacudo la cabeza, tratando de no confundirlos y aún asombrada ante la coincidencia—. Es muy Número de Bacon. En conclusión, todos nos reunimos en el bote de mi hermano anoche, y Embry me dio el quid de lo que le pasó a Edward.

De acuerdo, suelta entonces. —Rosalie suena comprensiblemente ansiosa—. ¿Ha estado escondiéndose en el oeste todos estos años?

—Sí, aparentemente sí fue a Las Vegas en algún momento del 2004 para estar con esa cabaretera.

Ugh —ella interrumpe.

Emmett reprende a su esposa.

Compórtate.

—Como sea, ellos no duraron mucho por alguna razón, y él simplemente se fue al sur, a Phoenix, eh, Scottsdale; allí es donde viven los Cullen. Aunque él tiene su propia casa.

Una vez que termino la transacción e imprimo mi confirmación, me dirijo hacia mi armario. La siguiente misión es encontrar mis mejores prendas de verano y revisar mi cesta de ropa sucia en busca de algo que quisiera llevar. Con suerte, solo es una carga de ropa que puedo lavar antes de ir a la cama.

¿Tienes su dirección y número de teléfono?

—Síp, lo conseguí por Embry. Él quiere que vaya a hablar con él. —Decir las palabras en voz alta me hace sentir mareada. Entre beber lo que parece ser un galón de alcohol ayer y estar demasiado nerviosa para comer, mis nervios están descontrolados. Me aferro a la puerta del armario con una mano antes de continuar—. Él me dijo que aparentemente Edward se arrepiente de no mantenerse en contacto conmigo. —Levanto la mirada, mi vista nublándose con el giro de las aspas del ventilador de techo. Las mariposas que se han asentado en mi vientre crean un movimiento similar. Me muerdo el labio antes de continuar con un susurro tembloroso—. Él aludió al hecho de que Edward podría incluso sentir, o al menos sintió, algo por mí.

Rosalie chilla y aplaude de fondo.

Entonces, ¿por qué desapareció? —cuestiona Emmett.

Mis hombros caen, pensando en las circunstancias de Edward.

—Se enfermó en la universidad. Lo que sea que te dijo años atrás tuvo que haber sido al menos una verdad parcial. Él estaba estresado, pero tenía que ver más con su enfermedad y...

Mierda, ¿está mejor ahora? —interrumpe Rosalie—. Espera, ¿qué tuvo?

—Alopecia.

¿Qué demonios es eso? —pregunta Emmett.

—Una enfermedad que...

Emmett me interrumpe de nuevo.

Mierda, ¿se va a morir?

—No, pero él siempre la tendrá. Es pérdida del cabello, mechones de pelo que se caen, con el tiempo, sin razón alguna. Por mi búsqueda rápida en Google, parece que hay varios grados, pero sucede porque tu sistema inmune ataca tus folículos. Embry no me dio todos los detalles, pero eso estresó a Edward a tal nivel que no podía funcionar. No lo sé, tengo que hacer una investigación más profunda así sé qué esperar cuando lo vea.

De acuerdo, está calvo. La mayoría de nosotros está yendo en esa dirección, de todos modos. ¿Cuál es el problema? —Emmett resopla—. ¿Esa es la razón para abandonar a tus viejos amigos?

—Bueno, no creo que haya sido su intención que sucediera así. Y ten en cuenta que esto comenzó cuando solo tenía veinte años. Por lo que entendí, él intentó contárselo a varias personas de aquella época, y estos fueron realmente críticos y para nada comprensivos.

Rosalie se aclara la garganta.

Si él acudió a los idiotas que lo rodeaban en la secundaria, sin ofender, cielo...

Para nada.

La respuesta de Emmett me hace resoplar.

Rosalie comienza de nuevo.

Bueno, si él confió en alguno de esos idiotas, y fueron una mierda con él, no es una sorpresa que él haya desaparecido. Él probablemente no confíe en nadie —concluye Rosalie.

Eso aún no tiene sentido para mí —masculla Emmett.

Oh, Emmett —dice ella con un suspiro de desaprobación. Casi puedo imaginarla dándole unas palmadas en su mano y mascullando «bueno, bueno, mi dulce e inocente esposo»—. Aquí es donde tendrás que confiar en Bella y en mí porque tiene que ver contigo y la popularidad e incluso algunas chicas que se lanzaban a tus pies.

Espectacular.

Intervengo.

—Emmett, sabemos que no eres egocéntrico, y tampoco lo es Edward. Ninguno de los dos lo fueron. Pero, ustedes simplemente asumían que esas personas les agradaban por ser ustedes. Muchos chicos y chicas querían estar cerca de ustedes porque eran los chicos populares...

Pero... —Emmett me interrumpe.

La hayas buscado o no, la popularidad estuvo allí —Rosalie termina mi idea—. Y entonces, si esa amistad desaparecía un día por razones superficiales como, digamos, quizás no lucías como antes, pero confiabas en que las personas que creías que eran tus amigas estarían allí para ti y para apoyarte, y ellas decidían que no valías la pena... Eso te arruina la mente.

¡Sí, pero él no me lo pidió a mí! Jamás lo hubiera hecho sentir mal por eso. ¡Tiene una maldita enfermedad! —El dolor en su voz es innegable, y puedo simpatizar. Excepto que no se trata de nosotros, a pesar que comprendo al cien por ciento de dónde viene.

Quizás solo se necesita de una o dos malas experiencias, cielo. Quiero decir, con Edward no eran mejores amigos. Sí, él había estado en tu círculo cercano durante la secundaria, pero ¿qué tan a menudo lo veías después de la graduación? Esa vez que tú y yo nos conocimos por primera vez fue una.

Por supuesto, pero un par de instancias más también. —Emmett intenta crear un argumento convincente.

—Em, de acuerdo, entonces, eso fue un manojo de veces en qué, ¿cuatro o cinco años?

Froto mi rostro con las manos mientras intento atar cabos con solo números impares y cada quinto múltiplo de tres. No es una tarea fácil cuando solo tienes una fracción de los detalles.

Él no fue parte de nuestro cortejo nupcial —añade Rosalie—. Él probablemente fue lastimado desde el comienzo y entonces asumió que no valía la pena contárselo a alguien más.

Me doy cuenta de algo.

—Y si eso pasó varias veces con los años, quizás desapareció durante lo peor de todo. Quiero decir, no es como si él se graduó de la secundaria y ha estado desaparecido por los últimos diez años. Entre nosotros tres, lo hemos visto cada cierta cantidad de años, ¿cierto? —Me vuelvo a concentrar en mi armario, mi teléfono ubicado entre mi oído y mi hombro, y comienzo a jalar la ropa de las perchas. Soleros, shorts, camisetas, blusas... sí, sí, sí, y sí.

—responde Emmett, su voz ronca—. Supongo que eso tiene sentido, pero ninguno de nosotros realmente sabe hasta que él nos lo cuente.

—Como dije, no sé todos los detalles de su condición, pero el artículo que leí dijo que podía comenzar y luego parar. Es decir, va y viene, y posiblemente conduce a una pérdida total de cabello y vello corporal.

Cielos —masculla Emmett.

Cualquier persona normal se asustaría, preguntándose si mañana sería el día que su cabello comience a caerse de nuevo —añade Rosalie, sombríamente—. Con razón él estaba estresado y tuvo que abandonar la universidad.

Respiro profundamente y me siento al borde de mi cama. Aún incrédula de que todo esto haya sucedido tan rápidamente y de la nada.

Del otro lado del teléfono, escucho a Alex entrar al cuarto, pidiendo un vaso de agua.

Yo te lo alcanzo, amiguito —responde Emmett—. Estoy seguro que volveremos a hablar pronto, Bells. Cuídate en el viaje y dile a Edward que le daré un puñetazo si no me llama uno de estos días.

Me río suavemente y asiento, no que él pueda verme.

—Lo haré. Cuídate, Em.

Oye. —La voz de Rosalie se escucha más de cerca y más clara, así que ya no estoy en el altavoz—. Y bien, ¿cuál es el plan?

Sacudo la cabeza.

—Ni siquiera lo sé, Rose. Estoy emocionada y aterrada al mismo tiempo.

Entonces, ¿simplemente vas a aparecer en su puerta y decirle que serás su amiga?

—Eh, sí. Ese es el gran plan ahora mismo —gruño, en cuatro y con la cabeza en el armario, buscando entre mis zapatos las sandalias, las chancletas, y las zapatillas que necesito—. No tengo un trabajo aquí aún, así que no tengo nada que me ate a Florida por el momento. Con respecto a Edward, no tengo idea de si me cerrará la puerta en la cara, se reirá, sonreirá y será bueno... No lo sé. —Sandalias negras y con tiras, ¡la ganadora!—. Obviamente, espero la tercera opción.

Sí, no hay manera que él vaya a ser menos que... bueno, Edward —añade Rosalie—. Él es demasiado bueno. Y si Embry ya te ha dicho que Edward se arrepiente de haberte alejado, probablemente estará emocionado de que aparezcas de la nada. —Tararea—. Me preguntó cómo luce.

Suspirando, me acuesto en el suelo.

—Bueno, por las fotos que Embry tenía en su teléfono, sigue siendo hermoso. Está jodidamente bronceado todo el año, usa anteojos, y tenía una gorra de béisbol al revés en una foto y una boina de golf en otra.

Aww, estoy segura que le quedan muy bien. Simplemente odio que él se haya topado con tanta mierda que sintió que su último recurso era alejar a todos.

—Todos menos a su familia —añado—. Embry dijo que ha peleado con Edward con los años para que localizara a los amigos que han intentado contactarlo, pero Edward siempre lo ha ignorado.

Hay demasiado en juego. Después de que te lastiman lo suficiente, aprendes, supongo. Me siento mal por él.

Asiento.

—Bueno, escucha. Tengo que terminar de preparar las cosas esta noche. Mi vuelo sale a las diez y estaré en Phoenix a las tres de la tarde. —Mi estómago se retuerce, dándome cuenta que veré a Edward en menos de veinticuatro horas.

De acuerdo, ¿hay algo que pueda hacer por ti mientras estás volando?

Mi mirada estudia el cuarto mientras mi mente intenta encontrar algo útil.

—Eh, ¿quizás investigar un poco más? Te llamaré mañana por la mañana cuando esté yendo hacia el aeropuerto.

Puedo hacer eso.

—Gracias. Intentaré leer un poco más antes de irme a dormir, pero sí, lo que sea que puedas encontrar me ayudará a sentirme un poco más preparada y capaz de hablar con inteligencia cuando él y yo estemos frente a frente.

Está bien, hermana. Descansa un poco —añade—. Quiero decir que estoy feliz por ti, pero quizás eso sea un poco prematuro.

—Sí, en estos momentos simplemente optemos por "qué bueno que lo encontraste y esperemos que tu avión no se estrelle".

Eso funciona —dice con una carcajada—. Te amo.

—También te amo. Buenas noches.

~FAF~

Mientras estoy boca abajo, secando mi cabello, las piernas de Jasper aparecen en mi vista en la entrada del baño. Volteo mi cabello y me enderezo, echando un vistazo al espejo en el proceso. Cielos, mujer salvaje.

Intento dominar la melena mientras mi hermano se ríe, pasando una mano por el tocador.

—Ha pasado un largo tiempo desde que hemos compartido un baño, y he encontrado tu cabello por todo el lavabo.

—Es verdad. Te hace sentir nostálgico por los viejos tiempos, ¿eh? —Añado un poco de laca, sabiendo que jamás resistirá las próximas diez horas, y que todo terminará en una horquilla de todos modos—. ¿Qué pasa?

Él se cruza de brazos, apoyándose contra el marco de la puerta.

—Nada. Simplemente quería despedirme, darte un discurso motivacional, razonar contigo... todo lo anterior.

Sonrío y suelto un bufido.

—Gracias —digo, buscando mi estuche de maquillaje—. ¿Unas últimas palabras?

—Quiero que tengas cuidado, supongo. Quiero decir, no estoy preocupado por tu seguridad cuando estás con Edward, pero has tenido un año difícil, y no quiero que salgas lastimada... de nuevo.

Cierro la base compacta y bajo la mirada.

—Lo sé. No quiero terminar lastimada. Pero al mismo tiempo, no me siento completamente comprometida aún, ¿eso tiene sentido?

Él arquea una ceja.

—¿Un poco?

Deslizo la brocha con rubor sobre mi mejilla y la guardo en mi bolso.

—No que haya tenido mucho tiempo para pensar en esto, y honestamente es mejor que sea así. Porque si me siento por semanas, dándole vueltas a lo que Embry me contó, me acobardaría y jamás daría ese paso. Pero, con respecto a mis emociones, estoy en un lugar ahora mismo donde, sí, sé que siempre me ha importado Edward. Pero siempre a una distancia, ¿sabes? —Saco mi máscara de pestañas del estuche y la desenrosco, aún hablando—. No lo conocía lo suficiente para dejarlo entrar en mi corazón adulto o viceversa. Aunque nos hemos conocido desde que éramos niños pequeños, eso fue hace treinta años. Era un buen lugar donde comenzar, ¿pero ahora? Estamos comenzando de nuevo, así que no estoy aterrada de si esto va a explotar y aplastarme por el resto de mi vida. ¿Eso tiene sentido?

Él asiente, pasando por detrás de mí, y se da la vuelta para apoyar sus manos detrás de él sobre el tocador, de espaldas al espejo.

—Sí, entiendo lo que dices.

Me encojo de hombros, habiendo terminado de usar la máscara, y tomo el brillo de labios.

—Si él hubiera sido mi novio de adultos y estuviéramos juntos de nuevo después de un tiempo, estaría mucho más comprometida emocionalmente y preocupada sobre cómo podría resultar esto. Pero, más allá de si él piensa que mi repentina llegada es una terrible invasión de privacidad, lo cual se me ha cruzado por la mente, créeme, espero simplemente comenzar de nuevo con él. Ser su amiga, si quiere una... si me quiere.

—Tienes el corazón más grande, Bells. ¿Cómo él no podría querer ser tu amigo?

Sonrío, recordando que Edward dijo algo similar cuando éramos niños jugando en la calle. Simplemente espero que él siga sintiendo lo mismo.

—Gracias, Jazz.

Mi hermanito menor se endereza y me jala en un abrazo. A pesar de que soy dos años mayor que él, tiene casi veinticinco centímetros más que yo.

—Sabes que te amo. Solo sé lista pero diviértete. Espero que estar allí haga una diferencia positiva para Edward. Él se lo merece y definitivamente tú también.

~FAF~

Paso la primera hora del viaje en coche escuchando un audiolibro sobre la alopecia. Mi mente da vueltas, pero escucho la información que ayuda a prepararme para lo que Edward ha atravesado: las emociones, la confusión, la ansiedad paralizante.

No, no es cáncer o alguna enfermedad incapacitante donde no puede funcionar completamente saludable, pero desde un punto de vista social, es un cambio devastador que llega de la nada. El estigma que trae consigo es la peor parte. No es extraño que Edward desapareciera por meses o años a la vez. Simplemente espero que él se encuentre en un lugar ahora, emocionalmente, donde esté abierto a reconectar con una amiga del pasado. Alguien que será comprensiva y no juzgará. Una que hubiera estado allí desde el principio si alguno de nosotros se hubiera contactado.

Pero no puedo vivir con remordimientos. No nos llevará a ninguna parte. Por ahora, espero una sonrisa y quizás un nuevo comienzo con el chico que solía significar tanto para mí y que dejó una marca en mi corazón hace una eternidad atrás.

El sol brilla a través de mi parabrisas mientras ajusto el parasol, dirigiéndome al este hacia el Aeropuerto Internacional de Tallahassee. Mi plan es dejar mi coche en el estacionamiento de corto plazo, pero Jazz dijo que él vendría a recogerlo si termino quedándome en Arizona por más de una semana. No quería ser demasiado apresurada al optar por el estacionamiento de largo plazo, asumiendo que todo será flores y arcoiris al reencontrarme con Edward. Por la manera que mi suerte ha jugado este año, no puedo ser demasiado cauta. Será el estacionamiento de corto plazo.

~FAF~

—Bien, ¿aprendiste algo pertinente? —le pregunto a Rosalie, tomando la ruta 10 para el último tramo de mi viaje.

Solo que hay tres tipos. Él podría tener la que solo pierde mechones de cabello en su cabeza. O puede quedar completamente calvo, o él podría también perder el vello de todo su cuerpo.

—Sí, eso ya lo sabía, pero no tengo idea de lo que me encontraré. No se sentía bien interrogar a Embry, y no pude deducir por las fotos si él tenía vello en sus brazos y piernas. —Suspiro, mis nervios empiezan a apoderarse de mí y comienzo a quejarme. Quizás esta fue una idea realmente tonta.

¿Hola? ¿Sigues conmigo? —chilla Rosalie—. No te acobardes, Isabella Swan. Conozco ese sonido. Haz hecho esos sonidos en Álgebra II cuando estábamos tapadas de problemas matemáticos horribles que no podíamos resolver. Dios, esos ejercicios de repaso apestaban.

—No estás ayudando —digo, tomando mi botella de agua y bebiendo, deseando que fuera Zima. Ah, los buenos y viejos días—. Odié esa clase con pasión. Tú fuiste lo único bueno que salió de álgebra del sexto período.

Por supuesto que sí, y te lo voy a seguir recordando hasta que cierren la tapa de mi ataúd. Pero hasta entonces, miremos al lado bueno aquí. ¿Cuál sería el problema en una falta de vello corporal? Los atletas profesionales se afeitan todo el tiempo, los hacen más aerodinámicos.

Pongo los ojos en blanco.

—Gracias por ese conocimiento de la física de todo. Aunque no estoy segura de si voy a comenzar con eso, Dr. Phil.

Ella resopla y ambos comenzamos a reírnos.

Simplemente intento distraerte y recordarte que eres increíble, y Edward también piensa eso. Incluso si está asombrado de que estés allí y sea un poco incómodo al principio. Encontrarás tu ritmo, siempre lo haces. ¡Eres una trabajadora social y una consejera, por Dios santo! ¡Puedes con esto!

—Sí, lo sé. Pero todo eso es más fácil decirlo que hacerlo. No sé qué esperar. Quiero decir, obviamente él es una persona saludable. Embry me hubiera dicho si no fuera el caso. Pero, Dios, han pasado más de siete años desde que lo he visto. ¡Viví toda una vida sin verlo, Roe! Toda la duración de mi vida de casada existió entre el punto A de Edward y el mío, y la llegada a nuestro punto B.

Lo sé. Pero va a estar bien, Bells. Tienes que creer en eso. No importa lo que pase después de hoy, mañana, la próxima semana... lo que sea. Al menos, sabrás que intentaste contactarlo, sabiendo toda la verdad, y en todo caso, puedes decir que finalmente le contaste cómo te sientes realmente y con lo que has luchado en los últimos treinta años. Treinta putos años, Bella. Es hora, cariño.

Asiento, pasando otro cartel verde para el aeropuerto y sintiendo los nervios retorcerse en mi vientre.

Esto ni siquiera tiene que ser sobre su enfermedad. Que esto sea sobre ti. "Edward, es increíble verte. Estoy divorciada y he estado enamorada desde que éramos cigotos. ¿Qué piensas de ello?"

Estallo en carcajadas y ella se une a mí. Gracias a Dios por esta mujer del otro lado de mi teléfono. Una vez que recupero la compostura, suspiro.

—Eres la mejor. Gracias, necesitaba eso.

Bien. Qué bueno que te hice reír. ¿Cuánto más te queda para llegar?

—Menos de veinte minutos, de acuerdo al GPS.

¿Tienes un plan para el vuelo?

—Sí, intentaré no vomitar de los nervios mientras estudio los cuarenta y siete artículos sobre alopecia que descargué anoche. Supuse que me mantendría ocupada con un poco de lectura ligera.

Lectura ligera. —Resopla—. Muy bien.

Escucho un repentino llanto en el fondo y Rosalie gruñe.

Mierda, los minions se han levantado y ya están peleándose.

—No te preocupes. Ve a ser mamá y te escribiré antes de despegar.

De acuerdo. Conduce con cuidado, y hablaremos pronto de nuevo.

~FAF~

Saliendo del Aeropuerto Internacional de Sky Harbor, jamás esperé que el maquillaje que había acabado de reaplicar en el avión se derritiera de inmediato. Estoy bastante segura de que hace alrededor de doscientos grados. Un maldito horno. Se jactan que no hay humedad aquí, pero no estoy impresionada. Doscientos grados siguen siendo doscientos grados. Está bien, quizás no haga doscientos grados, pero sí hace cuarenta grados.

Lo suficientemente cerca.

Regreso al interior y me cambio por algo más ligero. La mejor opción es un solero color mandarina que luce increíble contra mi piel bronceada. Era eso o una camisola y bragas a juego, y creí que era un poco presuntuoso estar vistiendo eso cuando camine hacia la puerta de Edward.

Una vez que estoy nuevamente presentable, regresó a la olla a presión que es la ciudad de Phoenix y encuentro mi coche rentado. Le envío un mensaje rápido a Rosalie y a Jasper, haciéndoles saber que aterricé a salvo y que estoy dirigiéndome a lo de Edward.

Después de meter una goma de mascar en mi boca, me coloco la dirección que Embry me dio y comienzo mi viaje en coche de cincuenta y dos minutos hacia East Cavalry Drive en Scottsdale.

~FAF~

—Conduzca ochocientos metros hacia el destino 9451 a la izquierda. —La voz robótica me indica por el último tramo de mi viaje.

Me acerco a la casa, observando el exterior, y veo una camioneta con el capó levantado en la entrada, pero nadie cerca. Naturalmente, sigo conduciendo porque, ¿en qué diablos estaba pensando, simplemente aparecer en la puerta de Edward cuando no hemos hablado en casi siete años y medio?

—Recalculando. Conduzca ciento veinte metros y gire a la derecha en East Wagon Circle.

Paso esa también.

Estoy sintiendo náuseas.

—Recalculando.

—¡Deja de juzgarme! —le grito al coche, claramente había perdido la cabeza.

—Conduzca treinta metros y gire a la derecha en North Ninety-Third Place.

Realizo el giro sugerido antes que la señora del GPS hiciera algún otro comentario susceptible. Una vez a un costado de la calle, estaciono y apago el motor.

Dejando caer mi cabeza hacia adelante sobre el volante, respiro profundamente varias veces antes de darme cuenta que apagar el coche fue un grave error. Ya no puedo inhalar en el horno que en mi coche se ha convertido en los últimos quince segundos.

—Tranquilízate, Bella Marie. —Observo mi rostro en el espejo retrovisor y paso los dedos por debajo de mis ojos para quitar el delineador que se derrite. Aún sigo lo suficientemente presentable.

Hagamos esto.

Conduzco de regreso a lo de Edward, pero me detengo en la casa anterior a la suya y espero a ver si alguien regresa a la camioneta que está siendo revisada en la entrada.

Soy lo suficientemente inteligente para dejar mi motor andando esta vez, pero después de unos minutos, sentarse sin hacer nada reduce la entrada de aire frío.

¿Acaso todos los sistemas en este coche se ríen de mí?

Tomo mi teléfono y le escribo a Rosalie.

Estoy aquí y no puedo moverme. Di algo que me haga mover.

OH POR DIOS. Bien, ¿qué ves? ¿Está en casa?

Hay una camioneta en la entrada y el capó está levantado. El portón del garage está abierto. Pero no hay señales de vida.

Dale unos minutos. Esperaré.

Ni siquiera necesito diez segundos porque él aparece del otro lado de la camioneta y camina alrededor del frente. Está cargando lo que parece ser líquido para limpiaparabrisas y un galón de otro líquido. Le envío otro mensaje a mi amiga.

Santo cielo, lo estoy viendo.

¡AAAAAH! ¿Te vio? ¿Cómo luce?

No me ha notado, no creo. Tiene puesto unos jeans en un clima de cincuenta grados, una camiseta, y tiene una bandana en su cabeza.

Espera un segundo, ¿está atada en la parte superior de su cabeza como Tupac? ¿O en un estilo más sexy como Eric Nies de la primera temporada de The Real World?

Sacudo la cabeza. Solo a Rosalie se le ocurrirían estas referencias de una estrella de reality show que creíamos que era atractiva en 1992.

Eric Nies. Definitivamente sexy. Tiene gafas también. Cielos, él sigue siendo tan jodidamente apuesto.

Bueno, ¿qué diablos estás esperando? ¡Ve a saludarlo, loca!

Tengo pánico escénico. Esto podría terminar de manera espantosa.

Bells, no tengo palabras sabias excepto que quizás no sea así, pero jamás lo sabrás hasta que lo intentes.

De acuerdo. Estoy yendo.

Vuelvo a guardar mi teléfono en mi cartera justo cuando Edward cierra el capó y regresa a su garaje, cerrando la puerta electrónica detrás de él.

Muy bien... hora del plan B.

Debo reunir el coraje para salir de mi coche.

Me dirijo hacia su puerta como si estuviera en Milagros Inesperados, y simplemente disfruto de un gofre belga con fresas frescas y crema batida extra como mi última comida. Al menos, puedo tocar el timbre en su puerta y no acercarme a él mientras está inclinado sobre el motor de su camioneta.

Cien pensamientos corren por mi mente pero el más fuerte es, ¿por qué diablos pensé que esta era una buena idea?

No solo no tengo la oportunidad de discutir conmigo misma, sino que mientras llego a su puerta y presiono mi dedo tembloroso contra el timbre, me doy cuenta que no he practicado lo que le diría cuando estemos frente al otro. Instantáneamente doy un paso atrás y giro para escapar por su camino en el patio del frente. El zumbido de la solapa de goma del extremo de la puerta me alerta del hecho que ya no estoy sola, así que respiro profundo y giro mi cuerpo.

Tímidamente, sonrío y me quito los lentes de sol, acercándome al lumbral.

Edward hace su cabeza hacia atrás, una expresión desconcertada —pero afortunadamente no indignada— en su rostro.

—¿Bella? —Sacude la cabeza de la manera más ligera—. ¿Qué...?

—Hola —respondo suavemente, y me acerco, ahora a cuatro pasos del hombre.

Mi corazón es un mazo en mi pecho. Él sigue siendo tan hermoso; su suave sonrisa, sus ojos amables, el tono de su voz. Todo es perfecto, y sé que esa belleza siempre ha ido a juego con su personalidad y su alma. Él es el chico del que me enamoré todas esas décadas atrás. Él sigue siendo mi Edward.

—Yo, eh... —Señalo mi pulgar sobre mi hombro—. Estaba calle abajo —Más temblores en dicho pulgar, encontrando mis palabras a través del tartamudeo—, en eh... Florida. —Me encojo de hombros, mordiéndome el interior de mi mejilla—. Supuse que podría ve-venir de camino a casa... y pasar a saludar.

Una sonrisa confundida se asoma en su rostro mientras inclina su rostro hacia adelante.

—¿Viniste aquí desde Florida? ¿De camino a casa? —Mira por detrás de mí, probablemente tratando de encontrar los camarógrafos de Punk'd escondidos en los arbustos, listos para salir.

Asiento, mi tonta cabeza rebotando, tratando de encontrar una respuesta creíble que no me haga sonar incluso más estúpida de lo que ya hago.

—Sí... estaba de camino.

Él baja de la entrada, cerrando nuestra distancia a unos meros dos pasos.

—¿A casa de dónde?

Respiro profundo una vez más y exhalo con mejillas infladas, llevando mi cabeza de un lado a otro.

—Una ciudad diferente... en Florida.

Mientras él se ríe con un bufido, me bendice con su misma sonrisa hermosa que me atrapó todos esos años atrás. Él me estudia, probablemente tratando de descifrar si soy una ilusión o, de hecho, la chica demente que acaba de anunciar que viajó más de dos mil quinientos kilómetros, sin invitación, para saludar.

No lo indago con mis ojos, pero claramente puedo ver que él sigue teniendo cejas y pestañas así como un poco de vello rubio en sus brazos. Él está incluso más bronceado que en la foto que Embry me mostró durante el fin de semana, y luce extremadamente saludable, los músculos en su brazo más definidos que nunca. Me da un poco de consuelo ver por mí misma que él no se ha metido en las sombras para vivir una vida de soledad, incluso si lucha con una ansiedad masiva traída por su condición.

—De acuerdo —dice, al parecer satisfecho con mi razonamiento ridículo—. ¿Quieres entrar a tomar un vaso de agua o algo? —Arquea su ceja, aún sonriendo—. Quiero decir, antes de que vayas a casa... en Florida.

Mi risa en respuesta hace juego con la suya. Claramente, ambos sabemos qué está pasando. Es hora de decir la verdad.

Me aclaro la garganta.

—Eso sería genial.


Número de Bacon (Six Degrees of Kevin Bacon o Bacon's Law) es un juego de salón en el que los jugadores se desafían entre sí para elegir arbitrariamente un actor y luego conectarlos con otro actor a través de una película en la que ambos actores han aparecido juntos, repitiendo este proceso para tratar de encontrar el camino más corto. que finalmente conduce al prolífico actor estadounidense Kevin Bacon.


LO VIMOS, ESTÁ VIVO Y MÁS BUENO QUE NUNCA JAJA Bueno, quizás un poco menos de pelo, pero al fin, ¿no?

Buen fin de semana :)