Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.
Capítulo 14
EPOV
Abril de 2004
El coche rentado de mi hermano se detiene en la entrada, y me apresuro afuera. Ha pasado mucho tiempo desde que he tenido visitas. Una piedra que se ha metido en el camino hace que me tambalee, pero encuentro el equilibrio y abro su puerta.
—¡Hola! —digo, envolviéndolo en un abrazo de oso—. Te extrañé, hombre. Gracias por hacer el viaje.
Él me da unas palmadas en la espalda, riendo.
—También te extrañé, E. —Cuando se aparta, me mira con una expresión extraña—. ¿Comenzaste la fiesta antes que yo llegara?
Me río, levantando mi cerveza.
—Simplemente tomé algunas. Los filetes están en la parrilla, las papas en el horno. Adelante, adelante. ¡Menos ponernos al día!
Me ofrezco a ayudarle con su bolso, pero él me detiene agitando su mano, y nos dirigimos al interior de la casa.
—¡Vaya! —Me río de nuevo, perdiendo el equilibrio pero agarrándome del pasamanos junto a los escalones en la entrada—. Necesito reemplazar esos ladrillos sueltos. He estado tropezándome con ellos por meses ya.
Embry suelta su bolso en el vestíbulo y levanta sus cejas en mi dirección. Mamá solía darme la misma mirada todas esas veces que le decía que no tenía tarea durante la semana escolar.
—¿Estás seguro que no eres tú el que está suelto? —Toma la cerveza de mi mano y sostiene mi hombro mientras caminamos hacia la cocina—. ¿Cuántas son algunas?
Caigo en una silla frente a la mesa, sonriendo, simplemente feliz de que mi hermanito esté en el pueblo por el fin de semana.
—¿Edward?
—¿Mmm? —Escucho mi nombre, giro la cabeza hacia su voz, y abro los ojos.
—Te pregunté cuántas cervezas tomaste. ¿Cuándo comenzaste a beber?
Encogiéndome de hombros, busco la mezcla de frutos secos en el centro de la mesa de la cocina. Este cesto ha sido llenado y rellenado infinitas veces desde alrededor de 1978. Es una de un millón de cosas esenciales de mi infancia. Puede que parezca insignificante, pero estoy feliz de que siga aquí y disponible a pesar que mis padres vivan en el oeste ahora. Estar aquí en Medford Lakes, rodeado por lo que siempre me ha dado confort, me ayuda a recordar cuando las cosas no estaban tan jodidas en mi cabeza.
—¡Edward!
Me concentro en mi hermano de nuevo.
—No-No lo sé. ¿Quizás las siete, ocho?
—¿DE ESTA MAÑANA?
Resoplo y sacudo la cabeza.
—Noooo —le corrijo—. De anoche.
—¿Qué mierda? ¿Has estado bebiendo por quince horas?
Embry comienza a azotar las puertas de la alacena. Parece que está preparando café. Pero no sé por qué. ¿Quién bebé café con filete y papas en el almuerzo?
—¿Intentas matarte? —grita, tomando el café de su lata.
Señalo mis dedos hacia la encimera.
—Es-Estás haciendo un desastre. Dejando caer el pol-polvo sobre to-do.
Una vez que termina con la cafetera, toma dos tazas de la alacena y las coloca sobre la mesa frente a mí. Es un poco ruidoso. Me hace entrecerrar los ojos.
—Hermano —dice, suspirando—. ¿Puedo preguntar qué diablos estás haciendo, bebiendo desde anoche?
—Estoy ceber, cebral-celberando —finalmente contesto correctamente, mi mejilla apoyada sobre mi mano—. Han sido unas veinticuatro horas felices.
Embry abre sus brazos, encogiéndose de hombros.
—Entonces, ¿qué estamos celebrando?
Me aclaro la garganta para el gran anuncio.
—Isabella Marie Genevieve Swan se casa hoy. —Levanto mi taza de café vacía con una sonrisa, pero mi pecho duele al escuchar mis palabras.
—¿Genevieve?
—Su nome... mome... nombre de confirmación. —Mis palabras suenan embarulladas, pero no tengo ganas de mover mi mano aún—. ¿Acaso no recuerdas cuando fuimos a su fiesta de confirmación cuando estábamos en el octavo grado?
Él sonríe y sacude la cabeza.
—No, E. No lo recuerdo. Eso fue, ¿qué, hace dieciséis años más o menos?
—Mmm, Bella —digo, cerrando los ojos de nuevo—. Lo recuerdo todo. Ella... ella... ella es muy remerable... mererable...
~FAF~
—Oye, oye, oye, ¿adónde vamos? —le pregunto a Embry, quien tiene mi brazo alrededor de sus hombros mientras me arrastra por las escaleras.
¿Cuándo llegamos aquí?
—Vas a dormir para que se te pase esta mierda.
Él me lleva hacia mi cama, y aterrizo sobre mi rostro. El aire fresco le hace cosquillas a mis pies cuando él me quita las zapatillas, pero la manta que lanza sobre mí les da calor de nuevo.
—Ve a dormir, Edward. Hablaremos cuando estés coherente.
~FAF~
Cuando despierto, está oscuro afuera. Me froto el rostro, mi cerebro zumbando dentro de mi cráneo. Me siento absolutamente como la mierda. Beber mi peso en whisky y luego en cerveza claramente no era la respuesta.
Me tambaleo hacia el baño, tropezándome con mis zapatillas, pero logro encontrar un poco de Tylenol en el botiquín antes de encender la ducha.
El vapor comienza a elevarse mientras me apoyo contra la puerta, atrapado en un mar de emociones y recuerdos. Recuerdo cuando mamá me traía a este baño las noches que tenía un horrible resfriado y tos. Ella se sentaba aquí conmigo en el borde de la bañera mientras el baño se calentaba y el espejo se empañaba. De alguna manera, estar sentado en un cuarto lleno de vapor ayudaba a despejar mis pulmones un poco. Ella siempre hacía todo lo posible para ayudarme a atravesar las enfermedades de la infancia.
Qué mal que veinte minutos en un baño parecido a un sauna no pueda resolver esta.
Una vez que la neblina caliente toma poder y pierdo el reflejo en el espejo, entro a la ducha. El agua relajante corre por mi dolorido cuerpo, dejándome en un trance. En ese momento, mi mente es llevada al pasado, recordando otras enfermedades de cuando éramos niños...
Giré en el camino en la entrada de la casa de Bella y conduje hacia el umbral de la puerta. Usualmente, solo dejaba que mi bicicleta cayera, pero al Sr. Swan realmente le agradaban sus flores, y no quería aplastarlas, así que despliego el soporte y me aseguro que mi bicicleta esté estable.
Después de tocar el timbre, dejo que la pesada mochila caiga de mis hombros. Cargar el doble de libros de séptimo grado y la tarea era incluso más difícil cuando tenías que montar una colina.
La puerta se abrió y Bella se encontraba allí en sus pijamas, luciendo confundida.
—Oye. ¿Cómo te sientes?
Se encogió de hombros y dio un paso atrás mientras la seguía al interior, cerrando la puerta detrás de mí.
—Con comezón, pero mamá dice que no puedo rascarme porque eso lo hará peor.
—Qué mal.
Bella volteó para estar frente a mí.
—Entonces, ¿qué pasa? No sé si deberías estar aquí. Mamá dice que soy contagiosa.
—Ya tuve varicela —dije y me arrodillé para buscar en mi mochila—. Como nuestros hermanos están en su paseo con la clase de quinto grado, supe que necesitarías tus libros y tu tarea.
Bella se sentó frente a mí.
—Edward, no tenías que hacer eso —dijo ella suavemente—, pero gracias.
—De nada. Tenemos ese examen de geografía sobre los países de África al final de la próxima semana, así que supe que querrías tu mapa para estudiar. —Sonreí cuando ella sonrió—. Además, estamos analizando sintácticamente esas oraciones en inglés, y si no las aprendes, entonces, ¿quién me va a ayudar cuando tenga dudas?
Ella se rio de mi chiste tonto mientras coloco su carpeta Trapper Keeper y la pila de libros y trabajos en el sofá por ella.
—Muchas gracias —respondió—. No sé cuándo regresaré a la escuela. No vi ninguna ampolla aparecer en mis piernas o estómago hoy, así que quizás esté terminando... al menos, eso espero.
—Las que tienes en tu rostro te hace parecer a Tom de Tom y Jerry cuando él tuvo sarampión o algo.
—¿QUÉ? —gritó ella, levantándose y corriendo fuera de la sala. La seguí hasta el baño justo mientras ella comenzaba a chillar, mirando su reflexión.
—¡EDWARD! ¿Por qué no me dijiste que lucía así? —Bella lanzó una toalla sobre su cabeza y se quedó parada allí luciendo como un fantasma azul. Me hizo reír.
—¡Lo siento! —No podía dejar de reír—. Creí que sabías que también estaban en tu rostro.
Ella me apuntó.
—¡Ve! Tienes que salir de aquí. ¡No puedes verme así! —Avanzó y después de chocar su cadera contra el lavabo, me empujó de los hombros—. ¡Ve, ve!
Seguí riéndome y volteé la cabeza hacia el pasillo delantero.
—No me estoy riendo de ti —dije, cerrando mi mochila y colgándola de mi hombro—. Simplemente extrañé tus pecas, eso es todo.
Ella dejó caer su mano y se cruzó de brazos, su cabeza aún cubierta por la toalla azul.
—Ni si quiera sabía que eran extrañadas —masculló.
—Perdón por reírme, Bella. Fue tu reacción lo que me hizo estallar. Siempre me haces reír. Espero que sepas que jamás me reiría de ti.
La toalla asintió y sonreí.
—Está bien, bueno... Me iré de aquí. —Abrí la puerta, dando un paso afuera, pero dije sobre mi hombro—. Espero que te sientas mejor pronto.
—Espera, Edward —llamó y levantó un borde de la toalla así descansaba sobre su cabeza. Ella lucía como María en la obra del Nacimiento de Jesús en catequesis—. Gracias por traerme mi tarea. Simplemente me sentí avergonzada porque... bueno... —Levantó su mano y se encogió de hombros.
—¿Por qué?
Ella suspiró, poniendo los ojos en blanco.
—Porque eres un chico adorable, ¿de acuerdo?
Sonreí pero sacudí la cabeza, sintiéndome igual de avergonzado que ella. ¿En serio pensaba eso?
—Pero solo soy yo. Somos nosotros. Solo Bella y Edward, ¿cierto? —Hice que sonriera y eso me hizo feliz.
—Cierto.
—Te veré pronto —dije, subiéndome a mi bicicleta mientras ella cerraba la puerta y me saludaba con la mano.
Dos semanas después, abrí mi puerta delantera y encontré a Bella sosteniendo una pila de libros. Ella tenía lágrimas en sus ojos.
—Hola —la saludé—, ¿estás bien?
—Tu mamá llamó a mi mamá. —Se sorbió la nariz—. Yo te hice esto. Lo siento mucho.
Me encogí de hombros.
—Está bien. Es mi culpa por entenderlo mal. Pensé que había tenido varicela cuando era pequeño. Resultó ser que fue solo urticaria.
Al menos, eso la hizo reír.
—Bueno, aún lo siento. ¿Cómo te sientes?
Arrugué la nariz.
—Con comezón.
—Todo lo que necesitas está aquí. —Me pasó la pila—. El examen sobre África no fue tan malo, mientras que te memorices los países. Oh, y estudia las capitales también. El Sr. Bertie te dará puntaje extra si añades algunas capitales a tu mapa.
—Genial, gracias por el dato.
—Bueno —Apuntó con su pulgar sobre su hombro—, me iré, supongo.
—De acuerdo. Gracias por esto. —Levanté los libros—. Mi hermano podría haberme traído mi tarea, ¿sabes?
Ella sonrió y dio unos pasos hacia atrás.
—Lo sé. —Se encogió de hombros—. Quería hacerlo. Como sea, espero que te sientas mejor.
—Gracias, Bella. Ex-Extraño ir a la escuela contigo —confesé, sintiéndome un poco tonto, pero sí extrañaba verla. Ella frunció el ceño, pero continué—. No hemos podido hacerlo en más de tres semanas contigo enferma primero y ahora yo.
—Sí —dijo, luciendo triste, pero entonces volvió a mirarme—. También extraño tus pecas.
La fría agua que cae por mi espalda me saca del recuerdo de Bella y de mí de niños, siempre ayudándonos y simplemente queriendo pasar un rato más juntos. Mierda, odio que no haya seguido así.
Froto mis manos contra mi rostro, secando humedad de mis ojos, ya sin estar seguro si es el agua de la ducha o las molestas lágrimas que han estado acumulándose con facilidad en las últimas semanas desde que ella y yo pasamos esa noche juntos recordando y paseando por el pueblo.
La cagaste, Cullen. Confiaste en las personas equivocadas, y ahora la única que podría haber hecho toda la diferencia en el mundo se ha ido para siempre.
~FAF~
—Oye —dice mi hermano después que camino fatigosamente hacia la sala. Él silencia el partido de fútbol que está mirando—. ¿Te sientes un poco mejor?
Miento y asiento de todos modos, estirando mi cuello mientras cruje como un bol de malditas barras Rice Krispies.
—Lamento haber estado fuera de servicio todo el día.
—Eh —Hace un ademán con su mano—, aún queda un par de horas para que termine el día.
Pongo los ojos en blanco, ahora deseando haberme quedado inconsciente hasta mañana por la mañana.
Estamos en silencio por unos segundos antes de que él comience.
—Entonces, ¿tienes algo de lo que quieras hablar? No creo que alguna vez te haya visto así antes.
—¿Qué dije antes de desmayarme?
—Dijiste que estabas celebrando porque Bella Swan estaba casándose. —Termina su cerveza y coloca la botella en la mesa ratona.
Inclinándome hacia adelante con mis codos sobre mis rodillas, uno mis manos y asiento.
—Eso suena correcto.
Embry luce confundido, rascándose la barba creciente a lo largo de su mandíbula y se encoge de hombros.
—¿Me quieres explicar un poco mejor eso?
—Ella vino a PJ's hace un par de semanas. Pasamos unas horas juntos después que terminé de trabajar, solo dando vueltas por el pueblo —explico, tronando mis nudillos contra mi otra palma—. Estar con ella fue fantástico, pero al mismo tiempo tuve esta sensación de malestar mientras avanzaba la noche. —Exhalo con frustración, mi visión nublándose mientras observo las fotos familiares en la pared—. Me di cuenta que la extrañaba. —Sacudo la cabeza, aún lleno de arrepentimiento—. Y ella fue tan jodidamente especial como sabía que lo era cuando éramos niños.
—De acuerdo, ella es especial. Esto no es algo nuevo, E. —Hago contacto visual con él mientras continúa—. Lo que quiero saber es, ¿por qué te tiene tan jodidamente borracho?
—Porque quizás ella podría haber sido alguien en quien podía confiar y que no se hubiera ido —mascullo, aún perdido en las imágenes de la pared de Embry y de mí en la primaria. La respuesta es instintiva, y me ha estado carcomiendo desde que nos despedimos esa noche—. Me aferré a personas que fueron una mierda.
—Mira, no quiero transformar esto en otra ronda de nosotros peleando sobre por qué apartaste a algunos de tus amigos más cercanos. Sabes cómo me siento al respecto. Así que, simplemente preguntaré, ¿por qué no le dijiste cómo te sentías?
Inclino la cabeza hacia mi delirante hermano.
—¿Hablas en serio? ¿Joder con su cabeza justo antes de su boda? No soy tan imbécil.
—Decirle que extrañas su amistad y que ella sigue siendo la chica increíble que recuerdas no joderá con su cabeza... —Embry se endereza en su sillón, su cabeza ahora inclinada con curiosidad—. A menos que haya más que hubieras intentado decirle.
Me reclino en el sillón y llevo mis manos unidas a la parte superior de mi cabeza, encogiéndome de hombros después de unos segundos de silencio.
—Ni siquiera la conozco ya, así que preguntarme si algo hubiera sucedido entre nosotros me carcomió por un momento, sí. Pero entonces, me lo aguanté, sabiendo que era irrelevante de todos modos con su boda justo a la vuelta de la esquina.
—¿Con quién se casa?
Pongo los ojos en blanco, más que un poco asqueado ante la coincidencia.
—El mismo cabrón que se fue a casa con Leah la noche de la boda de Emmett.
—¿Leah Clearwater? Mierda, no te he escuchado decir su nombre en años. ¿Qué ha estado haciendo ella?
—Qué mierda sé yo, ¿y a quién diablos le importa? Una vez que comencé a perder el cabello de nuevo, huyo de mi vida para siempre.
Embry suspira, sus ojos fijos en mis entradas.
—Pero luce bien ahora mismo. ¿Lo mantienes corto a propósito?
Asiento y aparto la mirada.
—Asumí que si comienzo a perderlo de nuevo, está cortado lo suficientemente corto para ser calvo de todos modos; así que no sería una gran impresión verme en un espejo. No como cuando sucedió por primera vez.
Mi hermano gira la tapa de la botella con la que ha estado jugando.
—Así que, ¿simplemente has estado contando los días para la boda de Bella?
Resoplo.
—Difícilmente. Hice todo lo posible para sacar esa noche y a ella de mi cabeza...
—Te has vuelto bueno en eso —interrumpe.
—¿Me vas a dejar terminar?
Él levanta su palma y yo continúo.
—Como sea, no había pensado en ello de nuevo hasta anoche. Me encontré con un par de tipos del trabajo por unos tragos en Braddock's. La vi allí a la distancia; pero ella no me vio. Estaba yendo al segundo piso con su familia y un grupo de personas que no conocía. —Juego con el encendedor que mi tío dejó aquí la semana pasada—. No pensé mucho en ello hasta que me topé con Emmett, quien estaba allí con su esposa y el grupo de Bella. Resulta ser que era su cena de ensayo.
Embry tararea.
—¿Cómo está Em? —La transición de mi hermano no es una sorpresa.
—Realmente bien. Enseñando en el norte de Jersey. Su esposa tuvo un bebé el otoño pasado. Él parece feliz. —Pienso en ello un poco más, recordando la incomodidad, sabiendo que él ha intentado rastrearme, y jamás me he molestado en devolverle la llamada—. Estuve feliz de verlo. Él no preguntó cómo me veía.
Embry se encoge de hombros.
—Él nunca lo haría, E. No es el estilo de Emmett.
Ambos nos quedamos en silencio de nuevo, sin mencionar lo obvio entre nosotros. Embry y yo hemos hecho esto antes. Él piensa que me cerré demasiado fácil, deshaciéndome de todos los que me importaban en mi vida después que algunos que creí que eran importantes me decepcionaron.
—¿Conseguiste su número?
Asiento, frotando mi rostro con las manos.
Transcurren unos segundos más.
—¿Lo vas a usar?
Lo estudio.
—Suéltalo. Em.
Él se para, bufando.
—Sí, de acuerdo. Aprendí hace mucho tiempo que vas a hacer esto a tu manera. Pero si Emmett creía que eras un pedazo de mierda por desaparecer del mapa, diablos, incluso si Bella lo hacía, ambos ya te probaron que les importas o sino hubieran seguido con su camino, así como cada imbécil que te vio perder tu puto cabello, asumiendo que ya no valías la pena.
Él sale de la sala, abre y azota el refrigerador, y escucho unos botones sonando del microondas. Filete y papas recalentadas. Asqueroso. Otra parte del día que logré arruinar magníficamente.
—Y otra cosa —dice, volviendo a entrar a la sala—. Todas esas chicas que estaban obsesionadas contigo en la secundaria y en la universidad eran buenas para nada. Tú lo sabías en ese entonces; es por eso que nunca tuviste una relación seria con ninguna de ellas. Te hicieron sentir como si les importabas porque eras un deportista apuesto. Pero cuando las cosas se pusieron serias, desaparecieron.
—Pensé que dijiste que no íbamos a...
Él me apunta con el dedo, interrumpiéndome.
—No me importa una mierda lo que acabo de decir. ¡Nuestro primo lidió con esta enfermedad desde que era un niño pequeño! La tía Tammy y el tío John lo hicieron funcionar porque esas fueron las cartas que les tocó en la familia. La genética también te falló, hermano, y lo siento. Si pudiera intercambiar lugar contigo, lo haría en un santiamén. —Marcha hacia la cocina de nuevo pero gira una vez más—. Pero no te estás muriendo. No te vas a morir. ¡Perdiste tu cabello! ¡Volvió a crecer!
—¡Podría suceder de nuevo, Embry! —grito, parándome y pasando por su lado—. ¡Cualquier día podría despertar con mechones de cabello cayendo otra vez! ¡Cejas, pestañas, piernas, en todos las zonas! ¡Y entonces podría irse para siempre!
—¿Y qué si eso pasa? —Se cruza de brazos—. No necesitas volverte un ermitaño de nuevo.
—No fui un ermitaño —digo con un gruñido—. Puede que haya perdido el contacto con las personas de mi pasado, pero seguí viviendo mi vida.
—No de la manera que podrías haberlo hecho —masculla y se va.
Sé que tiene buenas intenciones, pero mierda, él no sabe cómo es. Llegados a este punto, todo lo que necesito es a mi familia.
A parte de Embry, mi amigo más cercano es mi primo Alec. Él es el único que puede comprender de verdad todo lo que he atravesado en los últimos nueve años porque él ha lidiado con alopecia desde que tenía cuatro años. Sé que él lo tuvo difícil de niño, pero sus compañeros se acostumbraron a que luciera diferente desde el principio.
Sin embargo, una estrella de fútbol de veinte años y de aspecto decente en el campus, que se despierta medio calvo y se vuelve completamente neurótico casi de la noche a la mañana es una historia diferente. Las invitaciones a las fiestas disminuyeron, la atención femenina desapareció; casi perdí a mi maldita compañera de laboratorio de física porque ella creía que podía ser contagioso.
Me harté de la universidad. Resultó que regresar a casa e intentar conseguir un oído compasivo entre la vieja multitud de la secundaria fue igual de inútil. Las personas que una vez había considerado increíbles amigos me trataron como una maldita enfermedad social cuando les conté sobre la alopecia y sobre tener que abandonar WVU. No podía ni pagarle a alguien para que me devolviera una llamada. Sus reacciones fueron como el impacto de un tronco en mi rostro: contarle a los amigos solo te llevaba a perder amigos.
Lección aprendida.
Después de eso, cerré la boca y decidí que si veía a un viejo amigo, saludaría y pasaría el rato, pero que eso sería todo. Abrirme a las personas solo llevaba a la decepción y el drama. He tenido más que suficiente de ambos en mis veintinueve años.
Respirando profundamente, intento quitarme la actual frustración. No quiero convertir esto en otro calvario con Embry. Él está aquí en una visita rápida entre partidos de fútbol en D.C. y Nueva York. Con su agenda, solo logro verlo cada par de meses.
—No vale la pena —susurro para mí mismo.
Volteo para dirigirme a la cocina pero encuentro a mi hermano de pie a menos de un metro detrás de mí.
Los ojos de Embry están llorosos, y hace que mi garganta se cierre de inmediato.
—Sí vale la pena; tú vales la pena.
—Estoy tan jodidamente cansado de sentir lástima por mí mismo —digo con un suspiro—. Es por eso que he estado bien con mantener esta mierda para mí y no dejar entrar a nadie más, Em. —Sacudo la cabeza—. No vale la pena la decepción.
Él se apoya contra la jamba de la puerta.
—Entonces, ¿Bella no hubiera valido la pena tampoco?
—¿Cuál es la diferencia? —Me encojo de hombros y paso por su lado hacia la cocina—. Ella está casada y pasando la noche bailando del otro lado del pueblo ahora mismo. Además, tengo a Tiffany. Simplemente debería irme de Dodge y mudarme a Vegas.
Él me sigue al siguiente cuarto, y puedo ver que quiere decir más, pero no lo hace. Ni siquiera quiero explicar por qué terminé tan emocionadamente borracho por Bella. Las epifanías solo me harán sentir aún peor, y no quiero tener que regresar el doctor para que aumente mi dosis de Zoloft. Me siento como una puta farmacia desde ya.
Cualquier posibilidad para Bella y para mí, incluso si fueran una aproximación a una posibilidad, se esfumó cuando me despedí de ella semanas atrás. Ella está mejor sin mí de todos modos.
Siempre lo estuvo.
—Esto apesta —digo, observando las papas arrugadas y deterioradas. Los filetes están pasados de cocción ya. Ninguna cantidad de salsa de carne las revivirá—. Esto podría haber sido una comida increíble.
Embry se acerca a mi lado para inspeccionar el daño.
—Digo que vayamos a Riviera en busca de pizza y sándwiches de carne y queso.
—De acuerdo. —Asiento—. Lamento esto. —Muevo mis manos hacia la estufa y la encimera.
Él sacude la cabeza.
—No te preocupes. No puedo encontrar una pizza decente hasta que esté en casa en el noreste, de todos modos. —Sonríe, y sé que hemos dejado atrás la tensión—. Todo está bien, hermano mayor.
~FAF~
Junio de 2011
—Feliz cumpleaños, cielo —me saluda mamá en la entrada—. Qué bueno que estés aquí.
—Gracias, mamá. —Beso su mejilla mientras papá se acerca y me da unas palmadas en la espalda, jalándome en un abrazo—. Hola, papá.
—Feliz cumpleaños, niño. ¿Cómo estuvo la clase?
Suelto mis llaves al final de la mesa y me dejo caer en el sofá con un largo bostezo.
—Típico de las últimas clases abarrotadas de verano. Tres horas sin parar de información para cuatro días y un examen el viernes. Un informe para la próxima semana.
Papá hace una mueca.
—Lamento preguntar —Se ríe—. ¿Al menos el material llama tu atención?
—Oh, sí. Los músculos y los nervios que lo inervan. No he memorizado tanto desde que aprendí los horarios en tercer grado. —Sonrío molestamente y robo un dulce del plato de dulces. Aparentemente, el retiro viene con los requeridos bowls decorativos con gominolas de menta y caramelos.
—Bueno, la Srta. Bellforth estaría orgullosa —añade papá y toma un dulce también.
Suelto unas risitas, escuchándolo sacar el nombre de mi maestra del tercer grado de los recovecos de su mente.
—¿Quieres un trago, cielo? —inquiere mamá desde la cocina.
—Solo una cerveza. Lo que sea que tengas estás bien.
—Como no. Embry debería estar aquí en cualquier momento. Liz fue capaz de volar con él también.
Sonrío ante esas noticias.
—Oh, bien. Él dijo que no estaba seguro si ella podría lograr que su agenda funcione.
Papá intercede, tendiéndome la cerveza que mamá acaba de pasarle.
—Ella se las arregló y consiguió un asiento en lista de espera.
—Genial. —Me paro, chocando mi botella con la suya, y camino hacia el comedor así puedo ver a mamá mientras ella sigue dando vueltas por la cocina—. ¿Ya tienen una fecha?
Mamá levanta su mano.
—Por favor, tenemos suerte que él finalmente le puso un anillo en el dedo. ¡Estuvimos esperando eso por más de un año!
Mi papá cierra los ojos, sacudiendo la cabeza en un "aquí viene".
—Ella es perfecta para él; relajada, pero fuerte cuando necesita serlo. —Papá y yo sabemos todo esto, pero mamá está en su salsa, así que no la interrumpimos—. Ella realmente tiene los pies en la tierra y lo mantiene a él así. Embry necesita eso. —Agita su dedo índice de un lado al otro—. Todas esas otras chicas con las que solía salir estaban embobadas con su fama y le subían los humos. Ellas simplemente amaban mencionar su nombre y ser vistas en Rodeo Drive por los paparazzis. ¡Una de ellas incluso trataba a mi hijo como el maldito cargador de carteras! —Mamá chasquea su lengua, aún asqueada con la serie de personajes turbios que Embry tuvo en su compañía por años antes de conocer a Liz—. Las pequeñas brujas falsas probablemente llamaban a esas cucarachas de paparazzis para darles su ubicación.
Mamá sigue mascullando para sí misma y papá y yo solo intercambiamos cejas arqueadas, permitiendo que continúe con su diatriba escondida como un soliloquio.
—Agh, como sea. —Ella suspira—. Ahora que está retirado de las ligas y ellos se van a asentar en Atlanta, probablemente veamos un progreso en los planes de boda.
Un silencio incómodo desciende, y sé que en un instante estoy a punto de ser cuestionado.
—¿Qué hay de ti? —pregunta mamá con vacilo—. ¿Llamaste a la chica de la que te conté?
Papá me da una mirada que dice «pillado».
Me río con un bufido, disfrutando de la reacción de mi padre a las técnicas de husmeo de su esposa.
—Mamá, realmente no estoy interesado en llamar a la sobrina de tu amiga de mahjong.
Ella hace un puchero, añadiendo condimento italiano a su ensalada verde.
—Solo supuse que sonaba como una chica dulce.
Me quito los anteojos y froto mis manos contra mi rostro para evitar hacer un comentario desagradable. «Chica» es correcto. Mamá intentó pasarme el número de una joven que acaba de graduarse de la universidad. Veintidós años, energética, e inocente.
No, gracias.
A mis treinta y siete años, me gustaría tener una mujer con un poco más de experiencia de vida, sin mencionar el hecho que quiero hacer esto solo. No necesito a mi madre arreglándome una cita con mujeres que están relacionadas con sus compañeras del club de juegos.
Mamá luce como si estuviera a punto de decir algo más, pero papá interviene.
—Déjalo, Esme —gruñe, y le articulo un «Gracias» en respuesta.
~FAF~
—Increíble cena, ma —dice Embry, eructando para enfatizar su punto.
Liz pone una cara de asco mientras que papá y yo sacudimos la cabeza.
—Embry Joseph Cullen, ¿no tienes modales? —lo reprende mamá, colocando el crujiente de manzana en el centro de la mesa—. ¡En serio! Eres un atleta reconocido nacionalmente; por favor, no me digas que actúas así en público.
Soltando unas risitas, Embry toma las velas de su mano.
—Lo siento, me tomó por sorpresa. Prometo que no lo hago cuando estamos en la ciudad. —Voltea hacia Liz—. ¿Cierto, nena?
—Sabes que no debes hacerlo —añade Liz con una carcajada—. O te daría un puñetazo en la nariz.
—Gracias, Liz. Me siento un poco mejor sabiendo que estás allí para mantenerlo a raya. —Mamá le pasa las cerillas a Embry mientras se sienta.
Observo las velas infantiles en forma de números siendo presionadas en los brownies que mamá hizo para hoy. Jamás he sido una persona que le gusten los pasteles, así que siempre crecí con brownies de cumpleaños y el crujiente de manzana casero de mamá. Combina esos dos con una bocha o dos de helado de nuez pecana, y estoy en mi paraíso de cumpleaños. Desde que me mudé a Arizona, he sido consentido al tener una cena y postre casero de cumpleaños. Tener a mi hermano y futura cuñada aquí hoy celebrando conmigo es solo un extra bonus.
Embry enciende el tres y el siete mientras papá atenúa las luces y canta las primeras notas de "Feliz Cumpleaños". Después del último "a ti", observo la llama intermitente sobre los números, pidiendo un deseo que este año todo salga adelante para mí.
He dado bastantes pasos largos decentes en los últimos tres años. Volví a la universidad, conseguí mi título, y ahora estoy a punto de completar mi máster en fisioterapia. He tenido varias citas pero no he hecho clic con nadie aún.
Sé que quiero más. Sé que puedo vivir una vida más completa de la que tengo ahora, pero se necesita de una inmensa cantidad de seguridad, la cual aún me hace falta.
Han pasado cuatro años desde que perdí todo mi cabello. Cada cierto tiempo, vuelve a crecer por zonas alrededor de mi cabeza, pero no me molesto en esperar un crecimiento completo; así que solo lo rapo.
No odio la manera en que luzco, y me ha tomado años de terapia ser capaz de llegar a esa conclusión. Simplemente me gusta más cuando tengo puesta una boina de golf o una gorra de béisbol. Estoy agradecido de que aún tenga el vello de mi cuerpo; mis cejas y pestañas eran mi mayor preocupación. No quería tener que lidiar con alergias o el temor a enfermarme todo el tiempo por los escombros y el polvo que puede ingresar a tus orejas, nariz u ojos sin los finos vellos y las pestañas para protegerlos.
Cuando me quedé completamente calvo, Embry se rapó la cabeza en solidaridad. Él procedió a afeitarse las piernas también, afirmando que otros tipos del equipo de fútbol lo hacían. Pero sé que mi hermano lo estaba haciendo en caso de que comenzara a perder el vello de mi cuerpo. Afortunadamente, no ha sucedido aún. Espero haber visto lo peor que esta enfermedad me hará, pero la preocupación sobre mayor pérdida siempre ha estado en el fondo de mi mente.
Así que, esta noche, estoy deseando una falta de miedo. Deseo incluso más fuerza emocional mañana que con la que me desperté hoy, y deseo una chica que entre a mi vida y que nunca se vaya. La que siempre estuvo destinada a estar allí. Puede que no sepa quién es ella, pero ya sé que es fuerte y valiente; una luchadora. Alguien que estará a mi lado, a pesar de cómo luzco... y será mi mejor amiga y mi compañera de vida.
He esperado un largo tiempo. He confiado en las personas equivocadas y aprendido mis lecciones de la manera más difícil. Tengo que creer que ella se encuentra allí afuera y lista para encontrarme también.
~FAF~
Tenedores y cucharas rechinan contra platos de postre mientras terminamos nuestra comida.
—Y bien, Tammy dijo que definitivamente están buscando una boda en Disney para Theresa el próximo año —anuncia mamá—. Le dije que iría con ella a mirar las instalaciones cuando vayamos allí en noviembre.
—¿Disney World en noviembre, Es? Todas las maestras en Nueva Jersey están allí durante la semana de convención.
—Bueno, estaremos allí por Acción de Gracias —contesta ella—. Acabo de decirle que iría a Orlando con ella por el día.
Papá suspira y continúa comiendo su crujiente de manzana.
—Como digas. Mientras tengamos sobras, John y yo podemos defendernos por nosotros mismos si nuestras mujeres nos abandonan. —Él mira entre mi hermano y yo—. ¿Qué hay de ustedes, chicos? ¿Alguno podrá venir a lo de la tía Tammy y el tío John para Acción de Gracias este año?
—Probablemente esté bien para mí. Las clases se cancelarán por el fin de semana festivo —digo—. Simplemente me aseguraré de reservar el tiempo libre con Harry.
—¿Tus padres nos esperan en Encino este año, nena? —Embry le pregunta a Liz—. El año pasado, tenían un grupo grande para el día del pavo.
—Mis padres pasarán Acción de Gracias en un crucero en el Mediterráneo este año —contesta ella melancólicamente.
Mi mamá no puede contener el jadeo envidioso.
—¿Cierto? —dice Liz, inclinándose hacia mi madre—. Como sea, sí, Florida me parece bien. Incluso será un vuelo corto para nosotros desde Atlanta. —Rodea su brazo alrededor del hombro de Embry con una sonrisa.
—Oye, hablando de Atlanta —comenta mamá de nuevo—. Tuve una larga charla en Facebook con Renée Swan.
Inmediatamente, mi mirada vuela a mi hermano, quien mantiene el contacto visual conmigo mientras su botella de cerveza y una vaga sonrisa se encuentra en sus labios.
Quietos como un ciervo frente a unos faroles, nosotros dos.
—¿Cómo ha estado? —responde papá.
—Charlie quiere hacer de Ocala su residencia permanente, pero ella está encariñada con Lakes y necesita que la convenzan más. Jasper aún vive en Florida, gestionando su negocio de paseos en bote.
—¡En serio! —suelta Embry—. Tengo que ponerme en contacto con él. No lo he visto en años.
Mamá sonríe antes de continuar.
—Oh, sí, le ha estado yendo bastante bien. Renée y yo nos ponemos al día varias veces al año en línea. Como sea, están todos bien. Pero sobre lo de Atlanta, bueno... —Hace una mueca—. Bella lo ha tenido difícil.
Embry levanta sus cejas mientras que yo me inclino hacia adelante, esperando que mi mamá termine. Si conozco a esta señora, ella tiene más historia que contar aquí. Ella ha llevado el chisme a un nuevo nivel hace años, pero nunca me ha importado escuchar sobre las minucias de las vidas de otras personas hasta este preciso segundo.
—La pobre se está divorciando después de todos estos años. —Ella sacude la cabeza, susurrando—: Aparentemente, su esposo tuvo una aventura.
—¿QUÉ? —grito, soltando mi tenedor mientras intento no ahogarme con las migas de avena de mi crujiente de manzana.
Mis padres me miran como si acabara de arrastrar una aguja sobre su disco favorito.
—Ajá —añade Embry, actuando como si esta fuera la noticia más fascinante que ha escuchado en sus treinta y cuatro años.
Maldito.
Mi madre asiente.
—Renée dijo que Bella está devastada. No me dio todos los detalles, solo que Bella aún vive y trabaja en Atlanta. Renée y Charlie quieren que regrese a casa o incluso que se mude a Florida con Jasper.
Hay múltiples emociones recorriendo mi cuerpo ahora mismo, pero no puedo deducir cuál es la más predominante.
Estoy triste por Bella, por que su corazón haya sido roto, nadie se merece eso... mucho menos la mejor chica que he conocido jamás.
Estoy jodidamente furioso con ese imbécil, quien probó ser el pedazo de mierda que asumí que era todos esos años atrás. Espero que Jasper y Charlie hayan pateado su trasero.
Tengo curiosidad de saber si Bella está viviendo o trabajando cerca de donde Embry y Liz están por asentarse. Sería una coincidencia monumental...
Me detengo a mitad del pensamiento, controlando la idea que acaban de pasar por mi cerebro. ¿Cuál es el sentido?
Me despedí de Bella años atrás justo antes que ella se casara. Cierto, ella está soltera de nuevo, pero ese no es el punto. A mayor escala, después de mudarme aquí, decidí cortar los lazos con todo lo que alguna vez me ató a Nueva Jersey. Los recuerdos son demasiado dolorosos para revivir, especialmente después de enfermar y perder amigos a diestra y siniestra.
No, no me contacté con todos y les conté mis asuntos personales. Pero los pocos a los que sí me enseñaron de inmediato que yo no valía la pena. Eventualmente, todos se distancian de las personas de su pasado. Además, tengo varios amigos aquí en Arizona ahora, y eso es todo lo que necesito. Ellos solo me han conocido con alopecia, así que nunca he tenido que explicarme.
Las cosas son mejor así, sin reabrir viejas heridas que no sanaron apropiadamente de todos modos. Seguí adelante, y estoy jodidamente seguro que cualquiera al que pude haberle importado todos esos años atrás ya me han borrado de su mente.
—Quizás podrías buscarla una vez que estés allí, Em —sugiere mamá, sirviéndose más helado en su plato mientras papá y Liz recogen el resto de los platos—. Ella ha estado allí por casi diez años, creo. Definitivamente ella podría mostrarles la zona a ti y a Liz cuando se instalen allí.
—Creo que voy a hacer eso, ma. Qué increíble idea. —Pero él dirige sus palabras hacia mí, y entonces voltea hacia mamá—. Hazme un favor y pásale mi número a la Sra. Swan, ¿sí?
Mi hermano encuentra mi mirada de nuevo y tenemos una discusión con nuestros ojos.
—¡Genial! —dice ella, tomando su bol y el resto del medio galón de helado de la mesa.
Me inclino hacia adelante, codos sobre la mesa y manos unidas después que ella se retira. Embry me copia. Bajo la voz a DEFCON 1: amenazante.
—No comiences algo que no puedo terminar, ¿me escuchas?
Mi advertencia solo lo incentiva.
—¿Puedes o no lo harás?
—Lo digo en serio, Embry.
Él sacude la cabeza, levantando sus manos en rendición.
—Simplemente busco reconectarme y tener un tour personal por Atlanta una vez que me instale allí el próximo mes, E. Bella solía ser mi amiga también, ¿sabes?
Estudio a mi hermano por unos momentos más en silencio. Él levanta sus cejas para ver si desafiaré su último comentario, pero concedo... por ahora.
—Me parece justo. Supongo que contactes a Bella no está fuera de las posibilidades. —Respiro profundo—. Simplemente te pido que respetes mis deseos y no me introduzcas en la conversación.
Él sonríe y se reclina.
—Respetaré tus deseos y no te mencionaré en una conversación si y cuando la vea.
—Gracias —digo con un firme asentimiento y cambio de tema rápidamente—. Ahora, ¿qué me trajiste de regalo por mi cumpleaños?
Embry no pierde un segundo.
—Una caja de tampones, cobarde.
—Qué gracioso. —Pongo los ojos en blanco, pero no me importa una mierda. No estoy en un lugar donde puedo permitirme creer que tendría una posibilidad de reconectar con Bella.
Dejé de torturarme con ese sueño hace mucho tiempo.
~FAF~
Agosto de 2011... Presente
Suelto el pestillo y doy un paso hacia atrás mientras el capó de mi camioneta se cierra. Estas tormentas de arena de verano me tienen consumiendo líquido para limpiaparabrisas como si fuera a pasarse de moda.
Satisfecho con mi revisión rápida de líquidos, me limpio las manos con la parte trasera de mis jeans y me dirijo hacia el garaje, cerrando la puerta detrás de mí. Dejo caer la jarra en el estante inferior de mi área de taller y regreso adentro. Lucy y Linus están dando vueltas alrededor de mis pies, aún incapaces de ganar tracción decente desde que reemplacé el viejo alfombrado con pisos de madera la semana pasada y dejé confundido sus mundos.
—Vengan aquí los dos. ¿Quién tiene hambre?
En unísono, los beagles hermanos aúllan con emoción, mirándome llenar sus boles con alimento seco. Coloco sus platos en el suelo y tomo sus boles de agua, girando para llenarlos justo cuando escucho sonar el timbre. Tratando de no derramar, los coloco en la alfombra a mis pies y me seco las manos con un paño antes de colocarlo sobre mi hombro.
Camino hacia la puerta, esperando que no sea Sydney pidiendo otra taza de azúcar. Recientemente ha sido la clave de mi vecina insinuante para "déjame frotar mis tetas contra ti en agradecimiento por permitirme tomar prestado diferentes ingredientes para hornear". Ella no es mala cocinera, pero simplemente no es mi tipo.
Abriendo la puerta, doy un paso hacia atrás, mi mirada encontrando a una chica retirándose por el camino de piedras. Cuando ella voltea y veo su rostro, estoy seguro que mis ojos me están engañando.
Es la ilusión más hermosa pero aterradora, y si no es real, me destrozará.
—¿Bella? —Levanto mis anteojos sobre mi bandana, completamente incrédulo—. ¿Qué...?
Ella responde con un suave hola y me ofrece una explicación torpe de por qué está en mi entrada. Mi primer pensamiento es matar a Embry. Él tiene que ser la mente maestra aquí. Pero entonces, me pregunto si este es el resultado de la intervención de mi madre también.
¿Bella estaba calle abajo en Florida? Hago todo lo posible para no estallar en risas, pero esa tiene que ser la mentira más adorable que me han contado. Y he escuchado muchas... la mayoría terminaba haciendo pedazos mi corazón ya lastimado.
¿Ella pasó de camino a casa?
Meto las manos en mis bolsillos y bajo el escalón hacia el porche, esperando que ella no sea una aparición a punto de evaporarse.
Por favor, sé real.
—¿A casa de dónde? —pregunto, desafiando al destino que todo esto sea una broma increíblemente cruel.
Ella trastabilla con sus pensamientos y sus palabras antes de responder de nuevo.
—Una ciudad diferente... en Florida.
Bella dejó Florida, para ir a casa en Florida... pasando por mi casa en Arizona. Suelto una risita, sacudiendo la cabeza. Dios, he extrañado a esta mujer.
Trago el peñasco que de repente ha aparecido en mi garganta, recordando que no me he quitado la bandana aún. Ella no tiene idea de que he perdido todo mi cabello. Ella podría darse la vuelta e irse como todos los demás. Mi corazón comienza a acelerarse, pero respiro profundamente varias veces, calmando el posible ataque de pánico.
Quizás esto no tiene que terminar mal. Quedé destrozado todos esos años atrás porque sabía que Bella era la chica más gentil que he conocido, todo su corazón está detrás de cada palabra y acción. Odié tener que irme esa noche sin confiar en ella con mi aterradora realidad. Sin confiar en mis instintos, ella podría haber sido la única amiga del pasado que me apoyara y que nunca me hubiera dado la espalda.
Pero está aquí ahora.
¿Esta es la prueba que he estado esperando? ¿Eso quiere decir que ella piensa que yo valgo la pena?
Bajo la velocidad de mis pensamientos. No puedo adelantarme. Necesito relajarme, carajo, así que respiro profundamente de nuevo.
—De acuerdo, ¿quieres entrar a tomar un vaso de agua o algo? —Doy vueltas, decidiendo seguirle la corriente, incapaz de contener mi sonrisa ante mi inmensa suerte de que Bella Swan esté aquí parada frente a mí después de todos estos años—. Quiero decir, ¿antes de que vayas a casa... en Florida?
Cuando ella acepta entrar por un momento, exhalo lo que espero que sea el primer suspiro de alivio en una larga pila de todos los que se vienen.
Así que, quizás Embry tuvo razón siempre. Quizás confiar en una persona más, la persona correcta, valdrá la pena.
WVU: Universidad de Virginia Occidental.
