Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.
Capítulo 15
BPOV
Sigo a Edward al interior de su casa, mi estómago en mi garganta y mi cuerpo superado por el calor. Cierto, la temperatura de treinta y siete grados que mi coche rentado indicaba en el salpicadero no ayuda para nada. Aunque parece que hay una temporada de frío aquí en Scottsdale, porque el piloto anunció que hacía cuarenta grados cuando aterrizamos en Phoenix hace una hora. Esta ola de calor bajo mis prendas, sin embargo, ciertamente es debido a los nervios.
¿Y qué diablos es esa fina capa de tierra que cubre mi cuerpo? ¿Acaso la Madre Naturaleza roció desodorante de tierra sobre este área del país? ¿Ella no podía optar por dejar lino fresco o vainilla pura? No puedo lidiar con lo sucia que me siento ahora mismo, pero trato de quitar eso de mi cabeza por el momento.
Respecto a la reacción de Edward a mi presencia, iré con un firme: hasta ahora, todo bien.
Él no salió con una escopeta apoyada sobre su hombro, gritándome que saliera de su propiedad, así que contaré eso como una victoria. Le echo la culpa de eso a la pesadilla que tuve en el avión. Supongo que quedarme dormida anoche viendo un especial de History Channel sobre los Hatfields y los McCoys plantó la idea.
Como sea, no hay agujeros visibles en mi pecho a excepción del que Tyler dejó en mi corazón, pero intento sacarlo de mi mente un poco más con cada día que pasa. Es claro que él no ama a esa chica, y está angustiado de saber que me ha perdido para siempre. Espero que esos bebés se vuelvan el nuevo amor de su vida, por su bien y por el de ellos.
Por ahora, estoy haciendo a un lado todos los pensamientos sobre mis penas del pasado y me concentro en lo que está frente a mí.
Estoy de pie en la sala de Edward Cullen.
Santa mierda.
Qué diferencia hace un día.
Aunque estos perritos adorables que me olfatean e intentar conversar conmigo con sus aullidos tienen toda mi atención en este momento.
—Lucy, Linus, deténganse, ya está bien. —Edward rodea un dedo en cada uno de sus collares y los aparta un poco—. Perdón por eso —añade, apoyándose en una rodilla.
—Son tan dulces —digo, uniéndome a él en el suelo para saludar a los cachorros frotando sus lomos y rascando detrás de sus orejas—. Me encantan sus nombres.
—Supuse que les quedaban bien porque Linus aquí tiene manchas rojas y negras alrededor de su pelaje, y Lucy técnicamente es un beagle azul a pesar que su pelaje luce de un tono gris.
Linus se levanta y corre hacia un mono de juguete mientras que Lucy está posada de manera poco femenina, disfrutando de mi atención.
—Lucy —reprende Edward con una risita, sacudiendo la cabeza—. Ella no tiene vergüenza. Les encantan los amigos, pero no tenemos muchas visitas con excepción de su hermano.
—Aww, ¿y cómo se llama?
Edward sonríe esa misma sonrisa torcida que siempre hacía que mi estómago se agite.
—Snoopy.
Dejo caer mi mano y me lo quedo mirando, no pudiendo con la ternura.
—Snoopy, el beagle. Detente.
—Sí, mis padres encontraron un refugio para beagles cerca de Tucson. Los tres viajamos allí el mes pasado, y regresamos a casa con estos dos pillos.
—¿Cuánto tiempo tienen?
—Poco más de tres meses. Fue difícil irse de allí con solo dos de ellos. Vinieron de una camada de nueve, y todos estaban disponibles para adoptar.
—Jamás di el paso para algo más grande que un pez o un hámster. —Masajeo a Lucy bajo su mandíbula, y ella estira su boca con un gran bostezo.
—Bueno, estos dos son revoltosos. Qué bueno que se tengan el uno al otro. Se llevan bien con los amigos. —Edward toma el mono que Linus acaba de traer y comienza a empujar al cachorro sobre su espalda y sobre su vientre mientras Linus mordisquea juguetonamente el juguete—. En nuestros momentos más débiles, mis padres y yo hemos hablado sobre regresar y adoptar el resto de la camada.
Jadeando, añado, «Una verdadera reunión de Peanuts. Todo lo que necesitas es un pájaro llamado Emilio».
—¿Ves? Tu lo entiendes. —Edward sonríe.
El silencio nos envuelve por varios segundos, y de inmediato me tenso. No quiero que esto se vuelva incómodo, pero Edward salva el día, moviéndose hacia atrás para pararse.
—Eh, déjame traerte esa botella de agua.
—Gracias. —Sonrío mientras Lucy hace cosquillas mis dedos con mordiscos juguetones y besos. Mi mente sigue dando vueltas, preguntándose qué debería decirle a Edward. ¿Por dónde siquiera comienzo?
Decido ser lo suficientemente audaz para caminar hacia donde lo vi desaparecer en su cocina. Espero que no sea muy atrevido de mi parte. Sin embargo, cuando viajas dos mil quinientos kilómetros para saludar, toda farsa sobre ser modesta y pasiva ha salido volando por la ventana.
Mi mirada lo encuentra en la esquina de su encimera; está escribiendo frenéticamente en su teléfono.
—Oye.
—¡Oh! Lo siento, solo... —Levanta su teléfono—, estoy respondiendo un mensaje de Embry. —Camina hacia adelante, tendiéndome el agua—. Perdí una llamada de él tarde anoche, y cuando intenté devolvérsela esta mañana, fue directamente a su buzón de voz.
Me muerdo el interior de mi mejilla, preguntándome si Embry había estado tratando de avisarle a Edward que podría venir aquí. La procrastinación siempre ha sido mi punto fuerte, pero después de escuchar la versión resumida de Embry sobre la historia de Edward, sabía que esperar solo llevaría a eventuales excusas sobre por qué no debería molestarme en contactarlo. Pero jamás le dije a Embry que estaría en un avión dentro de las veinticuatro horas.
Parece que convertí el término impulsivo en un deporte olímpico.
El jurado aún está decidiendo si he tomado o no la decisión correcta. Quizás debería simplemente confesarme y quitarlo del medio. Con honestidad es la única manera que Edward y yo vamos a progresar aquí.
—Vi a Embry durante el fin de semana.
Él coloca su teléfono en la isla y se apoya sobre esta, bebiendo agua de su botella. Ver su manzana de Adán subir y bajar bajo su piel bronceada es un poco demasiado, así que desenrosco la tapa de mi botella y también bebo.
Otra vez deseando que fuera Zima. Puede que tenga un problema.
—Sí, mi hermano acaba de mencionar eso en el mensaje. —Exhala con mejillas infladas, llevando su mirada a sus manos que golpetean sobre la encimera y suavemente añade—. Supuse que él fue la razón por la que estabas aquí. Embry me dijo que no iba a mencionarme.
Bajo mi botella y me aclaro la garganta, mi columna tensándose porque no puedo decir si está furioso, curioso, o quizás ambos. No quiero meter a Embry en problemas, así que me apresuro a dejar las cosas en claro.
—Bueno, él no te mencionó, si eso te hace sentir mejor. Y-yo fui la que preguntó por ti primero.
Él alza sus cejas.
Arréglalo, Bella. Arréglalo.
—En serio, fue un poco loca la manera en que todo sucedió. —Mi costumbre nerviosa toma poder, y comienzo a gesticular junto con cada tercera palabra—. Me estoy quedando en la casa de Jazz porque, bueno, me divorcié en abril, pero seguía en Atlanta hasta hace unas semanas. —Muevo mi mano, tratando de aclarar mi cerebro de las tangentes en mi historia y sigo con el razonamiento que Edward busca con respecto a Embry—. Como sea, aparentemente Embry se topó con su vieja cirujana, Alice, que resultó ser la novia de Jasper.
Edward asiente y continúo.
—Creo que te dije hace un tiempo que Jazz es dueño de una compañía de cruceros, ¿cierto?
—Sí, recuerdo que dijiste que era un barco de fiestas para estudiantes en sus vacaciones de primavera.
—Así es cómo comenzó, pero él y James lo transformaron en una flota de cinco navíos. Tres catamaranes, un barco de buceo y un yate. Dos de ellos aún operan como barcos para fiestas, pero los otros son usualmente cruceros lujosos para practicar esnórquel, hacer turismo, fiesta de bodas... personas ricas que solo quieren un fin de semana en el mar.
—Eso es bastante increíble. Qué bien por Jazz y James. —Levanta su mentón—. ¿Cómo está Hunter, de todos modos?
Sonrío, pensando en lo increíble que James ha sido conmigo en los últimos meses.
—Él es fantástico. Tiene una dulce esposa y un adorable niño de cuatro años que luce justo como él.
—Genial.
La sonrisa amable en el rostro de Edward me relaja lo suficiente para continuar.
—Bueno, como sea... cuando Alice y Embry ataron cabos, Jasper lo invitó a él y a su prometida a pasar un fin de semana en el crucero. —Me encojo de hombros, llegando al final de mi explicación y de mi confesión—. Así que, sí... No podía estar en la cercanía de Embry todo el día y no preguntar por ti.
Él asiente, bajando la mirada de nuevo. ¿Por qué baja la mirada? ¿Es porque su seguridad está hecha pedazos?
Odio eso. Al diablo todas esas personas que le hicieron eso.
Cuando no responde después de unos segundos más, el silencio activa mi botón de pánico.
—Edward...
—Bella, no sé por dónde comenzar. —Hablamos al mismo tiempo que el otro, sus palabras deteniéndome en seco. Él frota sus manos sobre sus ojos y su sien, y doy un pequeño paso atrás. Esto es demasiado para él.
Mi ansiedad se incrementa en un instante.
—Mira, lamento aparecer así. Simplemente no sabía cómo acercarme a ti.
—Ha pasado tanto —contesta.
Me detengo, tratando de encontrar las palabras.
—Lo sé. Pero solo quería que sepas que me importaba. Estoy aquí, y puedo estar aquí. Si me necesitas... si-si me quieres. —Mis sentimientos terminan en un mero susurro. Estoy avergonzada y llevo la mirada a un costado mientras mi vista se nubla. No esperaba llorar con tanta facilidad, pero ¿cómo no podría?
Estoy realmente aquí frente a él... después de todo este tiempo. Después de que los dos suframos grandes pérdidas de diferentes maneras... las lágrimas eran inevitables.
—Ni siquiera me conoces. —Su voz áspera es tan suave. Las palabras que pronuncia me destrozan, su tono es tan desolado.
—Tienes razón, no lo hago. —Seco una lágrima de mi mejilla—. Pero lo hice. Hace mucho tiempo, lo hacía. —Ambos estamos en silencio por unos segundos antes de que continúe—. Siempre habrá un valle entre dos montañas. Es que solo algunos valles son más amplios que otros para llegar a la otra montaña. —Exhalo profundamente, lista para irme de nuevo si él necesita que lo haga. No quiero, pero lo haré—. Supongo que simplemente quería que sepas que valías el viaje y la escalada. Para mí, siempre lo valiste.
Se aclara la garganta, luciendo enervado.
—Parece que te preparas para irte.
—Si eso es lo que quieres.
Sacudiendo la cabeza, balbucea, «No, no, no quiero eso... Simplemente intento juntar valor para darte lo que te mereces».
Mi sonrisa es pensativa, un poco agradecida de que él no esté listo para echarme, pero mi corazón aún duele por él... duele por nosotros dos. Teniendo que comenzar de nuevo con el otro parece ser monumentalmente injusto. Retuerzo mis manos, deseando que hubiera habido otra manera de hacer esto sin ponerlo en un apuro.
—Además, quiero decir, viniste hasta aquí por agua —dice, riendo, señalando a la botella vacía—. Es solo justo de mi parte darte algunas respuestas.
Chasqueo la lengua y bufo.
—No me debes nada, Edward. Estoy aquí porque quiero estarlo. Estoy aquí porque tu hermano dijo que probablemente no me cierres la puerta en la cara, y gracias por eso, por cierto.
Él resopla.
—Jamás hubiera hecho eso.
—Y nunca te hubiera dado la espalda... jamás. No importa lo que me dijeras. —Nuestras miradas se cruzan antes de seguir mi declaración con un firme asentimiento.
—Creo que me di cuenta de eso la noche que tú y yo pasamos dando vueltas por Medford Lakes —confiesa suavemente.
Paso mis dedos por debajo de mis ojos, mi momento triste habiendo pasado, gracias a Dios.
—Podrías haber dicho algo.
—¿Qué hubiera dicho? "Bella, estoy lidiando con una enfermedad, y no paro de perder el cabello, y no puedo encontrar a alguien que quiera ser comprensivo a parte de mi familia. ¿Por favor, serías mi amiga?"
Él se ríe un poco y me uno a él, agradecida con la ligereza.
—Algo parecido a eso hubiera llamado mi atención, sí.
Él sacude la cabeza, su sonrisa volviendo a ser triste.
—No iba a hacerte eso. No unas semanas antes de que te casaras. No habíamos estado en contacto en años, lo cual era mi culpa por jugar a las escondidas cuando las cosas se ponían muy malas. —Se encoge de hombros—. Tus prioridades se encontraban en otro lado en ese punto, como deberían haberlo estado.
Cierro los ojos, incapaz de olvidar los momentos agridulces que compartimos.
—¿Te das cuenta que mis prioridades se hallaban con un hombre que se fue de la boda de Rosalie y Emmett con tu cita? El mismo tipo que eventualmente me fue infiel. —Resoplo—. Quizás deberías haber intervenido y habernos salvado de mucha angustia.
—No era mi lugar. —Me mira profundamente a los ojos, se siente como si fuera directo a mi alma, y sacude la cabeza de nuevo—. A pesar que decir adiós y dejarte allí esa noche fue un completamente doloroso, sabía que estabas feliz, y te merecías ser feliz. —Su voz baja a un susurro—. Lamento que haya terminado rompiendo tu corazón.
—Lo siento que rompiera el tuyo también.
Ambos suspiramos, sin saber qué añadir pero entonces él habla sobre el silencio.
—¿Quieres un trago de verdad?
—Diablos, sí —respondo un poco demasiado rápido, y él estalla en carcajadas.
—Debería haber ofrecido eso primero. —Camina hacia la barra que se encuentra a lo largo de la pared del fondo de su cocina—. Podría haber hecho los últimos quince minutos un poco más fáciles. —Se agacha para abrir el mueble de licores—. ¿Cuál es tu bebida?
—Eh...—Muevo de un lado a otro mi cabeza mientras debato mis opciones—. ¿Tienes limones y azúcar?
—¡Buena chica! Serán chupitos de lemon drop. Incluso tengo un Absolut ya frío en el congelador. —Regresa a mí, pero entonces una enorme sonrisa adorna su rostro y vuelve a abrir el mueble—. Acabo de tener una idea brillante.
~FAF~
—Siento que tenemos doce años y estamos robando alcohol de la reserva de tus padres —digo con una risita—. ¿Es un sacrilegio que hayamos convertido nuestro manjar de la infancia en algo alcohólico?
Él me guiña un ojo, añadiendo la crema de menta a la licuadora.
—Para nada. Después de docenas de batidos de menta que tú y yo hemos consumido con los años, no puedo creer que jamás consideramos hacer nuestra versión adulta en casa. Ya era hora.
—¿Por qué nunca pensamos en esto antes? —grito sobre el ruido de la licuadora y me inclino hacia adelante, descansando mi barbilla sobre mi muñeca. Ya hemos bebido tres chupitos de lemon drop, y noto que mi mirada ronda más tiempo cuando Edward me dice algo. Estoy estudiando la manera que su mandíbula se tensa y se relaja mientras se concentra en preparar nuestros tragos, la manera que los músculos de su antebrazo se flexionan bajo su piel como si estuvieran guiñándome. Todo se combina para hacerme sentir un poco acalorada.
Él apaga la licuadora.
—Bueno, tú cumpliste veintiún años lejos en la universidad, y cuando yo los cumplí, ya era un desertor universitario y estaba viviendo con mi primo en Pittsburgh.
Frunzo el ceño, mi consejera interior con la "S" en su pecho lista para aparecer en escena armada con un bolígrafo, una libreta, y una caja de pañuelos.
—¿Supongo que no hay posibilidades de que quieras hablar sobre ello?
—¿Sobre qué, abandonar la universidad? —pregunta y toma nuestros tragos—. Vamos —Señala a la izquierda con su cabeza—, acomodémonos aquí... tiene una mejor vista.
Lo sigo por detrás como un cachorro feliz y ebrio. Justo pasando su cocina, entramos a un cuarto acogedor cubierto por ventanales. Los muebles colchonados lucen tentadores para mi cuerpo cansado por el viaje. Hay un gran televisor montado en la pared y puertas corredizas de cristal que dan a un patio cercado.
Su propiedad está completa con una piscina; hay una cascada de rocas en la esquina más lejana, y a un costado hay una parrilla con una mesa de patio y cuatro sillas. Me maravillo del paisaje occidental; ni una brizna de césped a la vista, solo cactus y otros arbustos de desierto con rocas rodeando la piscina y el patio.
—¿Nadas mucho?
—Así es —responde, dejando nuestros tragos en la otomana extra ancha—. Aunque hay que admitir que cuando hace cuarenta grados, la piscina se siente más como un baño, así que no es para nada refrescante. —Se ríe.
—¿Dónde vas? —digo cuando él se dirige de vuelta hacia la cocina.
—A tomar unas papas fritas... nos falta las papas fritas calientes, y ninguno de los dos está en condiciones de conducir, así que tendremos que conformarnos con lo más cercano. —Abre el paquete y me lo ofrece.
Después de sumergirla en mi trago frío, lo llevo a mi boca y hago una cara una vez que se vuelve papilla fría.
—¿No está bueno?
Suelto unas risitas.
—El sabor está allí... pero no es lo mismo.
Él se encoge un poco después de la combinación bizarra.
—De acuerdo, ahora sabemos para la próxima vez. —Se reclina en el sofá y gira su cuerpo hacía mí.
Mi mirada se fija en la suya.
—La próxima vez. —Jalo mi labio inferior entre mis dientes, tratando de no sonreír como una demente.
—Mhmm —responde, tomando un sorbo de su vaso—, no me refiero a dentro de cinco años cuando nos veamos de nuevo. Estoy harto de las ausencias extendidas de ti.
Esta vez no puedo esconder mi sonrisa o el sonrojo que la acompaña ahora.
—¿No eres fan del largo lapso de tiempo entre visitas?
Él sacude la cabeza.
—Nunca lo fui —masculla pero lo capto e intento calmar mi corazón. Aclarándose la garganta, esta vez habla más alto—. No contigo, no. ¿A menos que tengas una opinión diferente? —cuestiona con temor, su cabeza inclinada hacia adelante.
—¿Dices que estás contento de que haya aparecido en tu puerta, sin anunciar?
Sus ojos se arrugan en las esquinas mientras toma otro trago de su batido.
—Digo que estoy contento de que hayas tenido el valor de contactarte. —Aparta la mirada antes de buscar la mía de nuevo—. Mi ego ha tenido suficientes golpes. Y con alguien que siempre consideré prácticamente la mejor chica, bueno, mujer, que he conocido, siento vergüenza al admitir que no sé si hubiera podido hacer lo mismo. Jamás me atreví a arriesgar esa misma pérdida contigo. No sé si me hubiera recuperado de eso.
—No estoy buscando algún premio aquí. —Me encojo de hombros y tomo otra papa frita—. Simplemente sabía que necesitaba verte. Decirte que siempre he querido permanecer en contacto contigo, ser tu amiga. Crecer apestaba a veces porque no te tenía a mi lado cuando me hubiera sido útil tener un amigo.
—Estuve allí por un tiempo... tú simplemente me hiciste a un lado. —Se ríe, asumo porque está esperando mi réplica.
Mis ojos casi se salen de mi cabeza.
—Creo que tú y yo tenemos una versión diferente de la historia, amigo.
—Concuerdo —dice directamente y toma un puñado de papas fritas del paquete entre nosotros—. Creo que tú y yo tenemos una versión diferente de cómo yo te veía, o cómo nos veíamos al crecer.
—De acuerdo, entonces, aclaremos eso. —Gesticulo con la mano por encima de mi cabeza mientras me río—. Yo era la chica de al lado.
—Tú eras mi mejor amiga, Bella. —Termina de masticar su bocado y lo sigue con un trago de delicia de menta—. Literalmente, sí, tú eras la chica a la vuelta de la esquina, pero también eras la persona con la que quería pasar el rato. Eras la persona con la que quería regresar a casa después de la escuela. Recuerdo referirme a ti como mi novia cuando éramos jóvenes, pero dejé de hacer eso...
—Porque entonces te gustaba Heather —interrumpo.
—¿Qué? —suelta abruptamente—. No... porque siempre te ponías tímida cuando te llamaba mi novia. Asumí que te sentías incómoda y luego te ponías rara, así que dejé de hacerlo.
—Entonces, ¿por que te pusiste en pareja con Heather?
—¿Pareja, Bella? —No puede contener su risa—. ¿En serio? Estaba jugando a Verdad o Reto con algunos de los chicos de los Niños Exploradores, y ellos me desafiaron a invitar a salir a Heather porque sabían que era tímido con todas las otras chicas menos contigo. Quería probarles que estaban equivocados, así que lo hice. —Levanta su hombro en derrota parcial—. Heather y yo jamás pasamos tiempo juntos... nunca. Y ciertamente no más que cuando tú y yo encontrábamos tiempo para pasar el rato. Pero fue en ese entonces que comenzaste a meterte en hockey y danza, además seguiste con lecciones de piano y canto... no estuviste más allí.
Sobresaco mi barbilla, contrayendo mi rostro.
—¿Qué? Aún seguía en la escuela contigo. Tú comenzaste a juntarte con otros chicos como Jake, Paul, Emily Bradford, y todo su grupo.
—Sí, porque tú estabas constantemente ocupada. —Lleva su cabeza hacia atrás, enfatizando sus palabras—. Había días que ni siquiera podíamos ir o regresar de la escuela juntos. ¿No recuerdas todas las veces que llamé o fui a tu casa preguntando si querías salir a jugar, o montar en bicicleta hacia el lago, o pescar en el muelle? Dejaste de tener tiempo para mí. —El dolor en su voz revela su absoluta sinceridad—. Entonces cuando no estaba con Embry, pasaba el rato con Greg Jeffries, quien se juntaba con todos esos otros chicos.
Sacudo la cabeza, molesta de que pudiéramos malinterpretarnos tan terriblemente.
—Estuviste tan triste, preocupándote por que Heather podría salir herida si iba al Space Camp después de conocer sobre la explosión del transbordador.
Él asiente, tomando otro sorbo de su bebida.
—Esa preocupación fue solo porque me recordó a cuando tuviste tu cirugía de emergencia para quitar tu apéndice el verano anterior. Te enfermaste tan rápido. —Pausa para carraspear—. Pensé que ibas a morir.
—¿Qué? —Mi cabeza se inclina a un costado, abrumada por su última revelación.
Jugando con su reloj, exhala, listo para quitar otra capa de esta cebolla monumental con la que nos hemos topado.
—Tengo recuerdos vívidos de mi mamá entrando a mi cuarto la noche en que te enfermaste y que tuviste que ir al hospital. Estaba convencido de que ibas a morir porque eso pasó con mi abuelo.
—¿Acaso él no murió de un infarto?
Él estira sus brazos.
—Tenía diez años. Cuando una de las personas que más quieres se enferma de la nada, entras en pánico y lo asocias con algo malo con el conocimiento que tienes. —Se vuelve a encoger de hombros—. Te enfermaste, asumí que quería decir que te perdería para siempre. Lloré hasta quedarme dormido esa noche.
Mi estómago está lleno de nudos, pero su confesión me llena de calor como una manta que he estado desesperada por tener.
—¿Por qué nunca me contaste esto?
—¡Estaba avergonzado! —grita con una risita ahogada—. ¿Acaso no sabes lo tímido que era con las chicas?
Llevo una mano a mi pecho. Mi corazón duele al saber lo devastado que él había estado cuando tuve apendicitis.
—Pero solo era yo. Me lo podrías haber contado.
Él inclina su cabeza, su ceja arqueándose.
—Recuerdo que tuviste una reacción similar cuando aparecí en tu puerta y tenías tu rostro lleno de varicela. —Agita un dedo en mi dirección—. Solo quería que nos vieras como Edward y Bella. Tú fuiste la que comenzó a ponerme en un tipo de estante intocable.
—Fuiste rodeado de chicos que, en todas maneras, eran considerados el grupo popular. Tú eras popular, Edward.
Él se encoge de hombros, sacudiendo la cabeza.
—Como dije. Comencé a pasar tiempo con ellos cuando comenzaste a no estar disponible. Después de un tiempo, recibir un "no" de tu parte me hacía asumir que preferirías que dejara de preguntar... así que eventualmente, lo hice.
Mi confesión se suelta de mis labios.
—Albergué un enamoramiento de niños por años y simplemente asumí que me veías como una amiga en vez que quererme como una novia. —Tomo una papa frita y la quiebro en dos sin razón alguna, ya sin hambre—. Muchas chicas estaban obsesionadas contigo. Todos llegamos a la pubertad, y tú te volviste el tema del pueblo. Algunas incluso aclamaban ser tu novia.
Él gruñe antes de responder.
—Me moría de la vergüenza. Sí, muchas dirían que querían ser mi novia, pero jamás invité a salir a ninguna. Ni a una chica. Después de esos meses de —Agita su brazo—, lo que sea que fue con Heather, no me molesté. Todos éramos niños; no es como si alguno ligó físicamente con alguien. Era tonto. Como sea, asumí que si no podía llamarte mi novia, ¿por qué usar esa palabra con alguien más? —Sacude la cabeza de nuevo, mirando hacia los cachorros que han comenzado a ladrar cerca de la puerta—. No tuve agallas cerca de las chicas hasta que estábamos a mitad del primer año de la secundaria.
—Ah, sí. —Resoplo—. Dorie Chester.
Él se ríe.
—Aquí vamos.
—¿Prometiste que no te acostaste con ella al final del primer año? —Mi yo ebria necesita consuelo, por qué razón, no lo sé.
Bajando la mirada, él suelta un fuerte suspiro, esa media sonrisa apareciendo de nuevo.
—Lo prometo. A pesar que comencé a aceptar que no querías pasar más tiempo conmigo, no pude forzarme a enamorarme de verdad por ninguna otra chica.
—¿Tú... te habías enamorado de mí? —Intento ocultar el asombro de mi voz, pero ¡vamos! Mi cerebro está soltando tornillos y bytes, anunciando «No cuadra».
—Éramos tan jóvenes. No sé si lo que sentía era amor, Bella. Pero eras la única chica que me hacía sentir mi estómago revuelto. —Ambos nos reímos—. Había sido así por un tiempo, pero entonces solo lo aplasté.
Trago fuertemente y termino el tema de Dorie de una vez por todas.
—Entonces, ¿el chupón?
—Fue el resultado de jugar dos minutos en el armario en la fiesta de Rick Angelo —responde, poniendo en blanco sus hermosos ojos—. El nombre de los chicos eran colocados en un bol, ella sacó el mío. Fue tonto, pero sentí la presión, así que lo hice.
Sacudo la cabeza.
—Vaya. Qué mentirosa que fue.
—Bueno, ver a Brady alardearte por dos años fue horrible. ¿Verte en los costados de nuestros partidos, sabiendo que estabas allí para verlo a él y no a mí? —Gruñe, sacudiendo la cabeza—. Entonces, en las fiestas después de nuestros partidos, en los pasillos antes de las clases, los dos luciendo como material del anuario como estrellas en sus deportes. Solo podía...
El timbre nos interrumpe.
—¿Solo podías qué?
Él frota sus manos sobre sus muslos antes de ponerse de pie.
—Torturarme por un tiempo determinado antes de aceptar el hecho que ni siquiera pasaba por tu mente. Asumí que era tonto seguir pensando en ello así que me distraje y me involucré más en las cosas escolares aparte del fútbol. El consejo estudiantil, tutorías, otras actividades escolares... —Se encoge de hombros, y entonces echa un vistazo hacia el pasillo delantero—. Mierda, es mi vecina. —Me río de su sinceridad—. Ella probablemente esté aquí para su sesión diaria de coqueteo.
Arqueo una ceja.
—¿Estás dando lecciones gratis?
Él suelta una carcajada, ahora a mitad de camino hacia la puerta.
—¡Difícilmente! —grita en respuesta.
Mis dedos frotan mi frente, tratando de comprender toda esta nueva información que he obtenido. Una vez vi un par de camisetas graciosas promocionadas en uno de esos catálogos cursis que venden parlantes y Santas que dejan caer sus pantalones cuando presionas un pequeño botón. Las camisetas tenían una gran letra M en color rojo, rodeada de rayos y escudos, y debajo decía «Mala comunicación, ese es nuestro superpoder».
Recuerdo reír cuando vi a la pareja vistiendo las suyas y señalando al otro con miradas bobas en su rostros. Podría ser un regalo apropiado para Edward y para mí, dadas nuestras actuales circunstancias basadas en el pasado muy desinformado.
—Eh, sí, espera un segundo —dice Edward a quien sea que esté en su entrada y entonces reaparece en su sala de estar—. Bella, ¿puedo pedirte que muevas tu coche? —Pone los ojos en blanco, dándome una sonrisa falsa—. Mi vecina Sydney tendrá compañía esta noche y necesita el espacio en la calle.
Una Barbie de tamaño real aparece detrás de él, asomando sus pechos alrededor del hombro de él.
—Gracias, realmente lo apreciaría —dice con su voz nasal que me hace enderezar antes de darse la vuelta y dirigirse hacia la puerta—. ¡Aún espero que puedas venir, Eddie!
Me levanto del sofá, respondiendo «Oh, por supuesto».
Tomo mi cartera de la encimera de la cocina, la revuelvo y encuentro la llave del coche. Cuando estoy cerca de Edward, bajo mi voz.
—Quiero decir, me podría ir si tienes que estar en otro lado. —Ofrezco con sinceridad, dándome cuenta que jamás pregunté si estaba libre por el resto de la noche. Son casi las seis y estoy actuando como si invadir su casa fue parte de su plan todo este tiempo.
—Shh —reprende con una sutil sacudida de su cabeza.
Estamos mascullando mientras caminamos hacia su puerta principal. A pesar que la Metida Nelly está frente a nosotros, juro que está arqueando su espalda para escuchar, probablemente prestando atención a cada palabra que intercambiamos.
—En serio, me siento mal si ya has hecho planes —susurro.
Cuando paso por su lado en la entrada, él se estira, suavemente envolviendo su cálida mano alrededor de mi muñeca.
—Solo estaciona junto a mi camioneta. Y sí tengo planes... contigo. Si que quedas. —Su voz es suave, sincera.
Mis labios presionan entre sí para evitar sonreír. Sydney nos saluda con la mano en la entrada para el auto antes de galopar en sus tacones al cruzar la calle. Edward y yo nos detenemos en su camino y él se apoya contra una columna en su porche. Aún no ha soltado mi muñeca, y su pulgar está frotando el dorso de mi mano. Es dulce, rozando lo sexy. Mi corazón late un poco más rápido y sonrío, mirándolo a los ojos.
—Puedo quedarme por un rato. ¿Para cenar?
Una vez que he dado un paso hacia atrás, él se cruza de brazos, esos músculos y tendones de sus antebrazos moviéndose ágilmente bajo su bronceada piel.
—Cena para empezar —dice, encogiéndose de hombros y con una sonrisa torcida—. Más de siete años desde que nos hemos visto; casi unos jodidos treinta y siete años desde que nos conocemos. —Entrecierra los ojos hacia el sol que está poniéndose con rayos rosas y naranjas en el horizonte antes de volver a mirarme—. Me gustaría esperar que tengamos mucho más que cubrir antes de terminar aquí.
Me río y asiento, girando la llave alrededor de mi dedo.
—Probablemente tengas razón. Más de treinta años... puede que nos lleve un tiempo.
—Me apunto si tú lo haces. —Guiña un ojo y señala hacia la casa con su cabeza—. Lo descifraremos.
Las imágenes de los cachorros están en el grupo ya :)
Van avanzando de a poco :')
¡Gracias por leer!
