Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.


Capítulo 16

EPOV

De pie contra la puerta, no puedo borrar la sonrisa de mi rostro mientras espero que Bella mueva su coche en mi entrada. Aún me sorprende que ella esté aquí. Aunque todos los recuerdos que hemos estado discutiendo me tiene molesto de que ella jamás se dio cuenta lo importante que siempre había sido para mí. Sé que eventualmente me di por vencido en intentar permanecer cercano a ella, pero después de que me digan una y otra vez que ella no podía pasar el rato conmigo por esto o por lo otro, simplemente asumí que ella quería dejar atrás nuestra amistad de la infancia. Me hizo sentir como un tonto en ese momento por intentar aferrarme a algo que ella al parecer había superado, así que encontré nuevos amigos con los cuales jugar. ¿Qué podía hacer un niño de once años?

Es un golpe bajo escuchar que ella nunca se había dado por vencida con nosotros. Simplemente no quería buscarme cuando creía que yo había expandido mis horizontes para encontrar amigos mejores y más importantes.

Para mí, nunca habría nadie mejor que Bella. Pero, después de alejarnos porque nunca tuvimos el valor de ser honestos con el otro, terminamos solos, navegando la vida de mierda que se nos entregó.

Todo sucede por una razón es un cliché sobreutilizado. Yo no me merecía ser afectado por alopecia, y apesta que el matrimonio de Bella se desmoronara. Si pudiéramos haber evitado a esas grandes turbulencias y aún llegar aquí, ninguno de los dos tendría mucho sobre qué quejarse. Me encanta que ella haya encontrado su camino a mí, pero deseo que pudiera haber sido hecho sin que los dos lucháramos con los problemas de mierda que se nos han apilado con los años.

Mantengo la puerta abierta cuando ella se aproxima, y de alguna manera con cada paso que la trae más cerca de mí, mi corazón se acelera cada vez más.

—Parece que tu vecina estaba esperando que fueras a cenar esta noche —dice con una sonrisa, pasando por debajo de mi brazo estirado.

—Sí, bueno... es una invitación abierta para mí —respondo, esperando que Bella no piense que está arruinando algún plan que he hecho—. Sydney tiene cenas al menos una vez por semana. Mientras que aparezca una vez al mes, puedo sacármela de encima. —Cuando regresamos a la sala de estar, colapso sobre el sofá y bebo el resto de mi batido. Puede que necesite otra ronda de estos pronto; estuvieron increíbles.

—Estoy segura que encima tuyo es dónde quiere estar —añade Bella, batiendo sus pestañas.

Suelto una carcajada.

—Uh, lo siento. Eso sonó bastante malicioso. —Se ríe y toma otro sorbo de su bebida—. Creo que mi filtro oficialmente se ha ido. Necesito echarme agua en la cara. ¿Te molesta si uso tu baño?

—No, por favor. —Me pongo de pie y la guío por el pasillo hacia el vestíbulo, encendiendo la luz en el medio baño—. Aquí tienes.

Ella agacha la cabeza tímidamente.

—Gracias.

Después de entrar a la cocina, me inclino sobre la encimera, mis pensamientos aún dando vueltas en lo que ha sucedido en las últimas horas.

Bella me hace sonreír. No me molesta que ella esté un poco ebria. No he parado de observarla; quizás sea más tiempo de lo que es considerado apropiado, pero de nuevo, no puedo hacer que me importe. ¿Cómo es posible que los planetas se alinearan y estemos en el mismo cuarto de nuevo?

Esta chica, mi mejor amiga de hace un millón de años, que nunca se echaba atrás ante un desafío de carrera en bicicleta, la que siempre estaba lista para mojarse en el lago cuando intentábamos atrapar piscardos con nuestras redes; la que jamás aprendió a patinar apropiadamente, pero aún así confiaba en mí lo suficiente para sostener su mano en el suelo encerado de la pista de patinaje durante el "patinaje en parejas" los sábados por la tarde. Compartimos infinitos momentos memorables de niños, pequeñas y grandes cosas, pero cuando pienso en ellos, suman al conocimiento inquebrantable que ella siempre ha estado de mi lado. Y aquí se encuentra ahora, recordándome de eso.

He pasado años lejos de amigos a los que consideré cercanos en la secundaria, y solo recientemente he permitido entrar a algunos. Mi experiencia con las citas en los últimos años jamás ha pasado de la velada casual que se apaga después de una noche afuera o dos. Mi deseo de cumpleaños este año había sido superar el miedo incapacitante que me ha reprimido por tanto tiempo. Había sido confiar en que encontraré a la persona que puede amarme, por dentro y por fuera, y es capaz y está dispuesta a mantener mi corazón a salvo con ella para siempre. Estoy dispuesto a intentarlo. Me he estado mentalizando para eso por un tiempo, pero ¿es posible que Bella estuviera destinada a ser la indicada para hacerlo desde siempre?

Jamás me permití pensar en nosotros... nunca. Después de la graduación en la secundaria, estuvimos fuera del mapa del otro. De adultos, no tenía idea de dónde se encontraba ella porque había estado tan cargado con mi propia mierda que cuando finalmente me encontré con ella, fue en la boda de Emmett. Entonces transcurren más años y Bella apareció comprometida, de nuevo, dejándome sin suerte incluso si quería buscarla. Así que, la he visto dos veces en mi vida adulta. Quiero decir, he pensado en ella con los años desde entonces, pero no permití que me torturara. Ella estaba casada y no disponible. Pero ahora...

Me estoy adelantando. Ni siquiera he tenido las agallas de quitarme la bandana aún, y el tema de su divorcio no ha sido tocado tampoco. Puede que ella no esté lista para una relación... quizás ella nunca vuelva a estarlo. Y más allá de eso, ella solo vino aquí hoy diciendo que quería ser mi amiga. A menos que hayan promesas de amor eterno en el futuro, es mejor para mí contener la locura y dar un paso a la vez por ahora.

Aparto los pensamientos apresurados. Quizás simplemente deberíamos pensar en la cena.

—Hola —dice, reapareciendo en la cocina y luciendo jodidamente adorable.

Golpeo la mesa con mi palma.

—¿Qué dices de hamburguesas con tocino en la parrilla y choclo para absorber el alcohol?

~FAF~

Volteo las hamburguesas y coloco una feta de queso en cada una, alejándome cuando un poco de grasa cae y provoca que las llamas se disparen. Lucy y Linus me tienen riendo mientras persiguen una abeja de cactus que ha estado rondando por varias flores.

—No se acerquen demasiado, ustedes dos. Nadie quiere quitar aguijones de sus narices, confíen en mí.

—Oye —Bella se asoma desde la puerta—, he preparado todo lo que necesitamos en la encimera. ¿Quieres que lo traiga aquí y ponga la mesa?

Me inclino a un costado, echándole un vistazo al termómetro que cuelga de una de las vigas del patio.

—Hace treinta y seis grados, niña. ¿Estás segura que no será muy sofocante para ti?

Acercándose, cierra la puerta detrás de ella y se une a mí en el humo que rodea a la parrilla.

—Quizás sea un poco sofocante —dice, arrugando la nariz y pasándome el plato de tocino que trajo con ella—. Son casi las siete. ¿Cuándo comenzará a refrescar?

—En enero.

Ella comienza a reír y me choca con su pequeña cadera.

—Deja de reírte de mí.

—No lo hago. —Me río entre dientes, apagando el quemador de gas—. ¿Quién te dijo que vinieras a Arizona en agosto? —Esta vez, ambos estamos riéndonos mientras yo coloco las hamburguesas en el pan de papa tostado que ella preparó—. Está bien, está bien. Honestamente, no va a bajar más de los veinte grados, y eso es en la mitad de la noche.

Regresamos adentro, y me trueno el cuello de lado a lado, agradecido de estar de vuelta en el aire acondicionado.

—Entonces, ¿sr. Suroeste, eres uno de esos tipos que decora una palmera para Navidad?

—¿Como en el comercial de Corona? —pregunto, encantado de que nuestra conversación sea fácil ahora mismo—. No, tengo un árbol artificial que saco algunos años. Aunque este año puede que sea complicado con estos dos pillos. —Asiento mi cabeza en dirección a los perros, quienes ahora están mordisqueando las orejas del otro y girando sobre la alfombra frente a la puerta.

—¿Solo algunos años?

La observo pensativamente por un segundo y me encojo de hombros.

—No siempre estaba de ánimo para celebrar, supongo. —Puedo ver que la he entristecido con mi comentario taciturno. Pero es la verdad; no puedo evitar cómo me sentía.

Ella encuentra una sonrisa mientras golpetea su barbilla antes de responder de nuevo.

—Mmm, un árbol de mesa podría ser lo mejor este año. Siempre podrías elegir un árbol de Charlie Brown ya que has comenzado tu colección de Snoopy.

Riendo, contesto.

—Buen punto, pero si vas a hacerlo, debes hacerlo correctamente. Este podría ser el primer año que tenga dos árboles. —Bajo el plato sobre la mesa y camino hacia el refrigerador—. Quizás solo tenga que cerrar el área donde coloque el gran árbol este año. ¿Agua? —Saco una botella y tomo otra para mí.

—Definitivamente. No más alcohol para mí esta noche. Apestaría mucho haber viajado hasta aquí para verte y luego terminar envuelta alrededor de un poste de teléfono de camino al hotel esta noche.

Asiento, ya triste de que tengamos que separarnos en algún momento de esta noche.

—¿Dónde te hospedas?

—Eh, el Doubletree en North Scottsdale —dice, alisando su vestido y tomando asiento.

—Eso se encuentra a casi cuarenta y cinco minutos con tráfico. Podría haberte encontrado algo más cerca.

Ella estira sus brazos antes de que le pase el plato de hamburguesas.

—Edward, vine aquí sin saber si incluso tendríamos una conversación de diez minutos. No estaba realmente preocupada por dónde me hospedaría.

Corto un trozo de mantequilla con mi tenedor y lo deslizo sobre el choclo.

—Sí, lo entiendo. ¿Tienes algo más planeado mientras estás aquí? ¿Cosas por hacer, quiero decir?

—Nop, solo a ti. —Su respuesta sale demasiado rápida, su expresión de asombro debe ser igual a la mía. Ella lleva una mano a su boca antes de tirar su cabeza hacia atrás y estallar en carcajadas mientras se apresura a explicar—. Quiero decir...

Me tranquilizo antes de transmitir mi seguridad.

—Relájate. Sé a lo que te referías. —Es lo que digo, pero seamos honestos, no soy un robot; estaría mintiendo si dijera que la imagen no ha pasado por mi mente—. Entonces, ¿decías...?

Ella sacude la cabeza, sus ojos cerrados mientras gruñe.

—No. No tenía otros planes. Jamás he estado aquí, así que no sabría qué visitar. ¿Qué tan lejos se encuentra el Gran Cañón?

—Alrededor de tres horas y media.

—¿Alguna vez has ido?

Asiento con una sonrisa.

—Muchas veces.

—Eh... —Baja la mirada, decepcionada.

—Quiero decir, iría de vuelta en un instante. —Continúo rápidamente—. Me encantaría mostrártelo. Aunque no voy a dónde van los turistas. Siempre he tomado la ruta recóndita y pasado tiempo en el borde occidental. No hay barandillas, solo tú y una de las maravillas naturales del mundo. Es fenomenal.

Una mirada optimista en su rostro.

—Podríamos cruzar por Sedona también, el cual también es deslumbrante. He acampado allí arriba. Tiene un pequeño pueblo con tiendas y restaurantes, además, hay una Capilla de la Santa Cruz... —Me detengo, entrecerrando los ojos y sacudiendo la cabeza—. Suficiente verborrea de mi parte —digo, agitando una mano—. Ni siquiera sé por cuánto tiempo te quedarás. ¿Dijiste que estás viviendo con Jazz en Florida estos días? ¿Tienes que volver a trabajar pronto?

Ella toma un sorbo de su agua y se aclara la garganta.

—No he encontrado un trabajo aún. Envié algunos currículums, algunas consultas por correo, pero eso es todo. Solo dejé mi otro trabajo oficialmente hace un par de semanas. —Se encoge de hombros—. Me encantaba allí.

Me limpio la boca con mi servilleta y termino de masticar el gran bocado que me metí hace diez segundos para callarme. Diablos, tenía hambre.

—¿Podemos hablar sobre por qué te fuiste de Atlanta?

—¿Intentas hacerme vomitar? —dice ella, medio riéndose con una boca llena de choclo.

—No. —Suelto una risita y espero que los dos nos tranquilicemos—. No, para nada. ¿Deberíamos guardar la charla sobre Atlanta para después de la comida?

Se ríe disimuladamente.

—Estoy bromeando... Bueno, no en realidad, pero sí, me mudé con mi hermano hace unas semanas.

—Mi mamá dijo que ella había estado hablando con tu mamá en Facebook, y es entonces que surgió que Embry debería tratar de encontrarte así podías darle un tour de Atlanta o algo. Supongo que ustedes no llegaron allí.

Ella sacude la cabeza.

—No, no supe de Embry hasta hace dos días en el barco de Jasper. Pero... —Juega con el borde de la etiqueta de Deer Park en la botella—. Yo, eh... Me hubiera quedado en Atlanta pero me crucé con mi ex el mes pasado, que de por sí es lo suficientemente fastidioso, pero esta vez él apareció con su amante, que parecía que estaba por reventar con un bebé.

Mis ojos se agrandan y dejo mi hamburguesa de vuelta en el plato, reclinándome en la silla.

Qué

Hijo.

De.

Puta.

—Sí, mis ojos lucían similares a los tuyos. —Señala mi rostro—. Resulta que ella no estaba a punto de parir, sino que está embarazada de gemelos.

Observo a Bella, quieto, no seguro cuándo una reacción o una interrupción sería apropiado.

Ella toma la tapa de su botella y le da unos golpecitos con su uña.

—Él, eh... Bueno, él me fue infiel en algún momento del año pasado, el pasado otoño. Y me enteré en enero. —Su mirada encuentra la mía y pone los ojos en blanco como si no la molestara tanto ya—. Lo confronté; él confesó la verdad, y dijo que estaba asustado. —Gesticula sarcásticamente con las manos en forma de comillas, sus palabras mordaces en su estado ebrio—. En un momento de estupidez borracha, mientras estaba de viaje de negocios, él terminó en la cama con esta chica. Dijo que había estado sintiendo la presión de mi reloj biológico. Le había estado pidiendo por más de un año buscar un bebé, pero él no paraba de postergarlo. —Se detiene de nuevo para tomar un trago de agua—. Entonces terminó continuando la aventura, y el karma, en su máxima expresión, llegó, y su pequeña zorra quedó embarazada de gemelos.

Bajo la mirada, pellizcando el puente de mi nariz, tratando de mantener la calma pero siendo un amigo comprensivo. El problema es que puedo recordar vívivamente la furia que me inundó la noche de la boda de Emmett cuando ese imbécil se fue con Leah, y yo quedé atrás como un idiota. Junto y me muerdo los labios, levantando la mirada hacia Bella de nuevo.

—Lo siento mucho. Las palabras inteligentes y reconfortantes se, eh... se me escapan ahora mismo.

Ella levanta su hamburguesa ahora mismo y la sumerge en el pequeño charco de kétchup y mostaza que ella hizo a un costado de su plato.

—Está bien. —Toma un mordisco y entonces se cubre la boca antes de volver a hablar—. Puedes decir algo tonto e incómodo si quieres. —Se ríe y continúa masticando.

Sacudo la cabeza lentamente.

—Él es un maldito perdedor que nunca te mereció. Quiero decir, ¿quién hace eso? —Golpeo mi puño sobre la mesa y aparto la mirada, mascullando—: Imbécil egoísta... serpiente en el césped. —La miro a sus ojos cariñosos—. Odio que él te hizo eso.

Ella levanta su hombro con honestidad.

—Apestó. Apesta. Quiero decir, tuvimos un tiempo increíble juntos. Él me amó por un largo tiempo pero amaba más su libertad. —Levanta sus cejas—. ¿Qué puedes hacer?

—Debería haber pateado su trasero la noche de esa boda. Podría haber comenzado con eso.

Ella resopla.

—Sí, bueno... eso podría haber ayudado, pero él no estuvo solo en eso. Tu cita parecía más que contenta por irse con él. ¿Qué fue todo eso?

Sacudo la cabeza, entrecerrando los ojos, recordando lo humillado que me sentí.

—Ella había sido una amiga cercana por un tiempo en ese entonces. Estuvo conmigo durante un episodio de depresión cuando la medicina que estaba tomando para tratar de hacer crecer mi cabello no estaba funcionando. —Rasco mi mejilla y entonces paso mi dedo por mi ceja—. Había querido más para nosotros, había confiado en ella. Pensé que permanecería a mi lado... resulta que ella solo me veía como un amigo.

—¿Y tú habías esperado que ella cambiara de parecer?

—Habíamos estado... Ya sabes... —Lo dejo allí, de repente nervioso de hablar sobre mi historia sexual con Bella, así que elijo ser vago. Ella es una chica inteligente, lo entenderá—. Juntos, juntos por alrededor de un año. Ella aceptó rápidamente venir a la boda conmigo. Asumí que eso quería decir que ella estaba lista para dar el siguiente paso o hacer nuestra relación oficial.

—Sí, ¿sabes que no estabas invitado con una cita para eso, cierto? —Bella exhala con sus mejillas infladas, sus ojos como platos, como si acabara de abrir una pequeña caja de pandora—. Eso sonó frío. —Sacude la cabeza, siseando para sí misma—. Efectos residuales del vodka... lo siento.

Arqueo una ceja, confundido.

—¿Qué? No me colé a esa boda; ¡fui invitado! —respondo, sacudiendo la cabeza.

Ella me señala.

—Oh, sí, fuiste invitado. Sr. Edward Cullen. —Inclina la cabeza—. Sin embargo, la invitación no decía "Edward Cullen y cita". Confía en mí, estuve allí cuando las escribimos.

Mi mandíbula se afloja, aún incrédulo.

—¿Qu..? Quiero decir, ¿en serio? Diablos, eso parece molesto de mi parte. Vaya, supongo que solo... ¿cuántos años tenía? ¿Veinticuatro? —Agito mi mano—. Probablemente asumí que todos iban con una cita.

—Yo no estuve allí con una cita —me desafía.

Suelto un bufido.

—Podrías haberme engañado, hermana. Ese asno estuvo encima de ti. —Metiendo el resto de mi hamburguesa en mi boca, la bajo con un poco de agua.

—Bueno, fue una distracción bien recibida llegados a ese punto, para ser honesta. Quería que fueras sin una cita, Edward. —Se encoge de hombros—. Esperaba que quizás podríamos reconectar. Pero eso no pudo pasar porque te apareciste con una modelo.

Echo mi cabeza hacia atrás, riendo. Dios, amo que ella me siga haciendo reír.

—Lo-Lo siento. Estaba bastante distraído por ella esa noche, lo tengo que admitir. Pero si te hace sentir un poco mejor, sí, ella estaba parada junto a mí, pero mi mirada estaba mucho sobre ti. Lucías preciosa ese día.

Ella baja la vista tímidamente.

—Gracias. Ciertamente me vestí para impresionar.

—Funcionó.

Respirando profundamente, se pasa una mano por el cabello ondulado.

—Supongo que sí; aunque había estado esperando impresionarte a ti. Pero después de perseguir la falda de tu chica, Tyler regresó eventualmente a mí.

Me reclino en mi silla, llevando mis manos unidas a la parte superior de mi cabeza.

—Sobrestimé a Leah esa noche. Asumí que sería mejor que un imbécil con un rostro bonito.

Ella sonríe.

tienes un rostro bonito.

—Sí, pero no soy un imbécil. —Mi réplica es rápida, pero le guiño el ojo, esperando que ella sepa que intento evitar que las cosas se vuelvan demasiado intensas.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Ella cubre su plato con una servilleta, haciéndome reír y señalar.

—¿Estás enterrando tu cena? —pregunto.

—¿Qué? —dice, carcajéandose y entonces asiente—. Oh, sí, siempre hago eso cuando me siento llena así evitará que siga picando de mi plato. Ayuda cuando estás cuidando tu cintura, ¿sabes?

Bajo mi mentón.

—Entiendo el concepto, pero te prometo... que no hay, eh... nada de lo que tengas que preocuparte en ese aspecto. —Trago fuertemente, sintiéndome un poco avergonzado, pero vamos, ella es espectacular y curvilínea como debería ser una mujer, pero aún luce como si pudiera ganar las finales estatales de hockey. Bella intenta esconder su sonrisa y me incentiva—. En serio.

—Bueno, gracias. Pero aún quiero hacerte esa pregunta.

Levanto mi palma.

—Adelante.

—Esa noche después de la recepción, cuando te acompañé hasta tu coche... tomaste mi número de teléfono.

Mi corazón se hunde porque sé adónde va esto.

—Me dijiste que lastimaría tus sentimientos cuando creíste que te di un número falso. Te prometí que era real, y dijiste que llamarías al día siguiente.

Asiento, mis ojos cerrándose lentamente y lanzo mi servilleta sobre la mesa.

—Supongo que puedo ser un imbécil a veces.

Una sonrisa triste aparece a un costado de su boca.

—Aún no creo que seas un imbécil, jamás lo hice. Pero si Leah te lastimó tanto al irte con Tyler, ¿por qué permitiste que regresara a tu vida?

Trago la culpa y el autodesprecio, y elijo ser honesto.

—Lo pasé por alto porque ella rogó mi perdón. Dijo que no había pasado nada con él y quise creerle. Yo... —Me detengo y suspiro, apartando la mirada de nuevo, avergonzado de mi comportamiento patético. Años de desesperación me tuvieron arrastrándome hacia cualquier cosa que pareciera remotamente a atención, especialmente femenina. Gracias a Dios por la terapia y la medicina—. La necesitaba, Bella. La necesitaba porque no tenía a nadie más que fuera cercano a mí en ese momento, y estaba aterrado de estar solo y ser miserable.

Listo, lo dije. Froto mis manos contra mi rostro sin hacer contacto visual y me pongo de pie, tomo mi plato de la mesa, y camino hacia el fregadero. Segundos después, su presencia, la increíble calidez de su presencia irradia detrás de mí en la encimera.

—Lo siento —susurra—. No fue mi intención husmear y presionar. N-No quiero ser la razón por la que sientas dolor. —Se sorbe la nariz—. Eso es lo último que quiero estando aquí. No tenemos que...

—Pero quiero —interrumpo, volteando para mirarla—. Quiero ser capaz de decir estas cosas porque nadie lo sabe. Nadie sabe excepto mis padres y mi hermano... si hubiera alguien más que quisiera que sepa con lo que realmente había estado lidiando... lo que realmente estaba atravesando, hubieras sido tú, quiero que seas tú. —Dejo de hablar porque puedo escuchar que mi voz comienza a temblar, y no quiero convertirme en un completo marica y llorar frente a Bella. No en la primera noche que la he visto en más de siete años.

Ella cubre su nariz y su boca con las manos, sus ojos se llenan de lágrimas. Sin embargo, su llanto, no me molesta o me asusta, me demuestra lo que siempre supe desde hace una eternidad.

Esta chica tiene el corazón más grande que jamás he visto.

—Lo siento, Edward —dice con voz ronca, las lágrimas caen por las esquinas de sus ojos—. Lo siento mucho.

—Por favor, no me tengas lástima, Bella —le pido, suavemente, bajando la mirada—. Es lo que es. Trabajé en mí mismo por un largo tiempo para ser capaz de admitir todo con lo que he batallado con los años, y estoy mejor ahora; mucho mejor de lo que solía estar, y aún estoy progresando. —Me estiro y aparto las manos de su rostro. Incluso seco las lágrimas de sus mejillas. Es instintivo. Recuerdo hacerlo tantas veces cuando éramos niños y ella se caía con su bicicleta, terminando con rodillas y codos sangrientos—. Cuando encontraba una persona en la que podía confiar, las dejaba entrar y me aferraba a ellas con todo lo que tenía... hasta que inevitablemente me abandonaban cuando mi realidad era demasiado para ellas. Ya no tengo que hacer más eso. Lo he superado. Estoy aprendiendo a lidiar con esta enfermedad y con lo que aún soy capaz, lo que aún puedo hacer con mi vida.

Ella asiente, mirando a un costado, incluso riéndose de los cachorros que se acurrucaron en su cama hace un rato y están durmiendo uno sobre el otro. Cuando ella vuelve a mirarme, sus ojos aún llorosos, me muestra nada más que un corazón y alma puros.

—También puedo con ello... si me lo permites. Y no se trata de lástima; no lo hubiera sido en el pasado, y definitivamente no lo será en el futuro. Se trata de querer estar en tu vida y quererte en la mía. —Aunque su sentimiento es apenas un susurro, es como un nubarrón retumbante de fuerza y promesa.

—Razón por la cual dije antes que estoy harto de las ausencias extendidas de ti —reitero. La misma agitación en mi estómago que solía plagarme cuando éramos niños comienza a formarse. Y es debido a ella. Por ella me siento agradecido, aterrado, y optimista, y me pregunto... sobre nosotros—. También quiero eso.

—Bueno, estoy feliz de que estemos en la misma página entonces. —Su mirada es pensativa... optimista.

—¿Puedo ab-abrazarte? —Mi voz es ronca. Estoy lleno de nervios porque este momento se siente tan diferente. Tan jodidamente diferente a cualquier otro momento que he tenido con ella... con nadie.

Todo es nuevo. Y nuevo está bien. Nuevo es jodidamente fantástico.

Ella da un paso hacia adelante, inclinando la cabeza hacia mi pecho y rodeándome bajo mis brazos mientras yo la envuelvo en mi abrazo. Ella se funde en mi agarre con un suspiro, y mi corazón late al doble de velocidad porque finalmente sabe que está a salvo. Está bailando una maldita giga por dentro porque, con Bella, siempre ha estado en las mejores manos. Permanecemos allí no sé por cuánto tiempo, encontrando consuelo en el pacífico momento, en el silencio, en el refugio de los brazos del otro.

—Te contaré todo, pero no lo haré esta noche —le prometo—. Demasiado drama en una sesión.

Ella asiente contra mi pecho.

—Y te contaré toda mi saga de telenovela eventualmente también.

—Ha sido un largo día. —Le echo un vistazo a mi reloj, viendo que son cerca de las nueve—. Debes estar exhausta.

Con un resuello, ella se aparta y seca el resto de humedad de su rostro.

—Sí, mi cuerpo siente que es hora de la cama, o al menos para el pijama. Debería ponerme en marcha.

Frunzo el ceño, recordando que se encuentra del otro lado del centro. Estoy exhausto, ella está exhausta... ambos estuvimos bebiendo. Esto no se siente correcto.

—¿Por qué no simplemente te quedas? —ofrezco, pero su rostro está lleno de duda—. En serio, quédate aquí. Quiero llevarte, pero este día oficialmente me ha aniquilado, y tengo que estar arriba a las cinco quince de la mañana. Y después del día que tuviste, no quiero que conduzcas cuando estás así de cansada, sin mencionar que bebimos bastante antes.

Ella pone una cara.

—Edward, en serio, en serio, en serio, no quiero molestar. Jamás en un millón de años esperé que me hospedaras mientras estaba de visita.

—Sé que no lo hiciste. Solo digamos que es por esta noche. Tengo que trabajar mañana, así que después de que me vaya y estés despierta, si quieres ir a explorar y registrarte en tu hotel, adelante entonces. Pero no te vayas esta noche. Deja que tu cuerpo descanse antes de presionarte a hacer algo más.

Ella jala su labio entre sus dientes, deliberando.

Extiendo mis brazos.

—Tengo esta casa con tres cuartos y nadie la usa excepto por mí y por Embry una vez cada ciertos meses. ¿Por favor? —No tengo vergüenza de rogar—. Por favor, solo haz esto por mí esta noche.

—De acuerdo —acepta—. Déjame ir a tomar mis bolsos.

—No, permíteme.

La sigo hacia la puerta después que ella toma su llave y la abre. Ella tiene una valija pequeña azul con flores y un bolso de mano en el asiento trasero.

—¡Oye, Edward! —Echo un vistazo del otro lado de la calle, hacia el patio frontal de Sydney y veo a Cassie y Carly, las gemelas Budweiser, sacudiendo sus cervezas y cigarrillos—. ¿Vienes?

Levanto mi mentón en modo de saludo, cerrando la puerta del coche.

—No, tengo a una amiga de afuera de la ciudad. No puedo. Lo siento. —Regreso hacia Bella, que me espera cerca de la entrada principal. Su cabello está volando en el aire cálido de la noche mientras se apoya contra la columna. Mi interior se agita una vez más ante la vista.

No puedo creer que ella esté realmente aquí.

Me sigue al interior de la casa, y me dirijo hacia las escaleras.

—Quizás deberíamos limpiar en la cocina primero —sugiere.

—Oh, no, yo lo hago. Eres mi invitada; no deberías preocuparte de ello. —Señalo a los escalones con mi barbilla—. Déjame llevarte a la cama... llevarte al cuarto... mostrarte el cuarto. —Siento mis ojos queriendo salirse de mi cabeza. Cielos. Cálmate, Edward.

Ella se ríe y repite lo que le dije temprano.

—Relájate, sé a lo que te referías. —Guiña un ojo y voltea hacia la cocina.

Mientras guardo los restos de comida y cargo el lavavajillas, Bella sigue limpiando la mesa.

—Entonces, ¿qué te tiene arriba y afuera de la casa a una hora tan temprana?

—He estado trabajando en un taller mecánico durante los últimos años mientras terminaba la universidad y el posgrado. —Tomo los platos que ella me tiende y los paso bajo el agua caliente—. Las horas funcionan bien para mis clases, y cuando está lento, Harry me permite estudiar.

Ella sonríe, cerrando la puerta del refrigerador.

—Eso es fantástico. No quiero sonar condescendiente o superior cuando digo esto, pero estoy tan feliz de que hayas terminado la universidad.

Escurro la esponja, cierro el agua, y me apoyo contra la encimera para mirarla de frente.

—Gracias. Yo también.

—Bueno, esto es una lástima —dice, cambiando de tema y señalando a los dos últimos gajos de limón y a la licuadora que aún contiene cerca de una taza de batido de menta—. Nadie va a conducir... no hay necesidad de desperdiciar esta delicia.

Levanto las manos en rendición.

—No hay objeciones de mi parte —contesto, riendo bajito, y le paso dos vasos de chupitos y dos jaiboles.

Ella levanta el trago de batido verde.

—Sláinte.

—Sláinte —respondo, chocando su vaso—. Diablos, esto está bueno. Definitivamente necesito hacer eso de nuevo.

—Y ahora esto. —Bella vierte el vodka en nuestros vasos mientras yo cubro de azúcar los limones. Ella lame la piel entre su pulgar y su dedo índice y extiende su mano para que rocíe un poco de azúcar allí también. Hago lo mismo en mi mano.

—Por los viejos amigos —dice con una sonrisa.

Mi sonrisa hace juego con la suya.

—Y nuevos capítulos.

Lamemos, bebemos, y succionamos, y ella añade un meneo con un chillido.

—¡Uf! Voy a dormir bien esta noche. —Se ríe—. Ahora la cocina está limpia.

Me lamo los labios quitando los restos de azúcar y cargo el resto de los artículos en el lavavajillas.

—¿Lista para ir arriba?

Ella ofrece su brazo.

—Marca el camino.

~FAF~

En la cima de las escaleras, giro a la izquierda hacia el primer cuarto, colocando sus valijas en el rincón.

—Con suerte estarás cómoda aquí. No es mucho, pero no tengo muchos invitados inesperados.

Ella mira alrededor, chequeando las fotografías colgadas en la pared que he tomado con los años en Sedona, Vegas, Gran Cañón, y Hoover Dam.

—Está más que bien... perfecto, de hecho.

Señalo mi pulgar sobre mi hombro y me apoyo contra el marco de la puerta.

—El baño se encuentra cruzando el pasillo. Probablemente seas la primera persona en usar mis toallas para invitados.

—¿Embry no se bañaba cuando se quedaba?

Suelto una carcajada.

—Ese cerdo usa la misma toalla de fútbol adonde sea que vaya. Es su toalla de la suerte. —Hago comillas en el aire—. Él probablemente la enmarcará si Liz no consigue tomarla y quemarla primero.

—Ella me agradó mucho —dice con una sonrisa, sentándose al borde de la cama—. Hacen una buena pareja.

Asiento y entro al cuarto, uniéndome a ella en la cama.

—Sí, lo hacen.

Ella rebota varias veces, suspirando.

—Cómoda. Creo que dormiré como una bebé esta noche.

—Deberías hacerlo. Este maldito estuvo envuelto y guardado por años. Es mi cama de la infancia.

Ella se detiene y entonces me mira.

—¿Consigo dormir en la cama de Edward Cullen esta noche?

—Siiiiií, lo haces. —Pongo los ojos en blanco y sonrío.

Bella pone una cara de entusiasmo, como si le hubiera dicho que se ganó un viaje a Disney World. Ella tiene que soltar esta mierda de la popularidad... pero por ahora, lidiaré con ello. No podemos cambiar cómo nos vimos al otro en el pasado, pero ciertamente podemos tratar de arreglar cómo nos veremos al otro en el futuro.

—Estoy bromeando. —Se ríe, inclinándose hacia mí, y sacudo la cabeza un poco más, mirando directamente al frente—. Quiero decir, no lo estoy, pero intentaré mantener los chillidos de adolescente al mínimo.

—Oye, imagino que tener a Bella Swan durmiendo en tu cama era la fantasía de muchos adolescentes en aquellos tiempos. —Incluyendo la mía.

Ella resopla.

—Sí, de acuerdo, como sea. Pero en serio, si tuviera mi Slamboook esta noche, absolutamente sería capaz de llenar mi página de mayores deseos.

Empujo su hombro juguetonamente y su cabeza se inclina hacia atrás mientras se ríe un poco más.

—Slambook —repito con una risita—. No he escuchado esa palabra en décadas. —No puedo evitar sonreír más grande cuando ella menea sus cejas.

Tonta.

Froto mis manos en mis muslos y me pongo de pie, sabiendo que necesito decir unas buenas noches apropiados.

—Bueno, te dejaré disfrutar tu momento adolescente entonces. —Abro mi palma y ella coloca su mano en la mía antes de que le de un apretón suavemente—. Duerme bien.

—Buenas noches y gracias de nuevo, Edward.

Le guiño un ojo y camino hacia la puerta. Antes de irme, me doy la vuelta, mi mano sujetando la moldura.

—Oye, escucha, si encuentras ese Slambook, tenlo a mano. —Me encojo de hombros, tratando de contener mis propias tentaciones—. Quizás podamos trabajar en algunas páginas más juntos.

Ella contiene una sonrisa, torciéndola hacia la esquina de su boca.

—Trato. —Su mirada cómplice sugiere que ella podría estar abierta a esa verdadera posibilidad.

Estoy casi eufórico.

—Buenas noches, Bella.


Slambook: Un slam book es un cuaderno que se pasa entre niños y adolescentes. El guardián del libro comienza publicando una pregunta y luego se pasa el libro para que cada colaborador complete su propia respuesta a la pregunta.