Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.
Capítulo 17
BPOV
Después de ponerme mi pijama, rápidamente me lavo el rostro, cepillando mis dientes, y frotando un poco de talco bajo mis pechos. El alivio es instantáneo. Han estado sudando como un par de—bueno, un par de pechos en Arizona en agosto, imagino. Quiero decir, cada mujer que viva aquí debe hacer esto, ¿cierto? Seguramente ser confinada severamente al clima de cuarenta grados justifica un poco de talco para mayor confort. Llegar a la puerta de mi viejo amor eterno solo añadió una capa extra de ansiedad y transpirabilidad. Si hubiera tenido talco en mi cartera, me hubiera encargado de mi situación temprano, pero tuve que aguantarlo y rogar que no mostrara marcas de sudor bajo las chicas. Creo —espero— que logré sobrevivir al día sin que Edward lo notara.
Me subo a la cama, con teléfono en mano, y reviso los mensajes perdidos. Siete en total, seis de los cuales son de Rosalie, haciéndome resoplar. El de Jasper es un simple: Qué bueno que estés bien. Diviértete. Sé buena. Te amo.
Los mensajes de Rosalie me hubieran hecho reír fuerte, pero me contengo sabiendo que Edward se encuentra al final del pasillo y tiene que descansar antes de que su día de trabajo comience a la oscuridad y media. Como sea, tienes que amarla. Yo me encontraba igual después de su primera cita con Emmett. La progresión de locura que se despliega es tan típica.
5:02 p.m. De acuerdo, ha pasado una hora. Asumo que él no te echó. ¡SÍ! ¿Cómo fue el recibimiento?
7:11 p.m. Vamos, chica. Estamos en la hora tres desde tu última transmición. ¿Cuál es la historia? ¿Están desnudos ya? ;)
7:48 p.m. Me estás matando, pequeña.
8:23 p.m. ¡Isabella, mi reloj dice que son casi las 10:30 EST y llegaste hace más de cuatro horas! Me encanta el hecho de que no me hayas respondido, pero también lo odio. ¡LLÁMAME! ¿Por qué...?
8:24 p.m. Lo siento, Em tomó el teléfono y presioné enviar. Él dice que te estoy acosando, pero todos sabemos muy bien que no es así. ¿Está todo bien? Al menos responde 1 para sí, y 2 para no.
9:09 p.m. No puedo mantener los ojos abiertos. Los niños nos dejaron agotados en Sesame Place hoy. Te amo y te perdono por ignorar mis ruegos. Solo no dejes que se repita, JAJA. Llámame cuando despiertes, Hermana Christian. XO.
Ahora voy a tener a Night Ranger en mi mente mientras intento quedarme dormida. No que sea algo malo; esa canción es una de mis favoritas. Decido sacar a Rosalie de su miseria y enviarle un mensaje rápido. Ha pasado casi media hora desde que me escribió; puede que esté durmiendo ya.
Estoy viva y las cosas van bien, realmente bien. Oh, y te estoy enviando este mensaje desde su cama.
Me río, sabiendo que esa oración la volverá loca, pero decido terminar con una promesa de buenas historias en la mañana.
Te aseguro una llamada mañana. Te amo.
Dejo mi teléfono en la mesa de noche y giro mientras imágenes de Edward y mías de niños bailan en mi cabeza.
~FAF~
Stop the madness.
Make it go away.
Me retuerzo, abriendo un ojo ante el sonido de la alarma de mi teléfono sonando la samba. Siempre me recuerda al teclado Casio que tenía cuando era una niña. Jasper y yo creábamos rutinas de baile al ritmo de la música. Hacíamos morir de la risa a nuestros padres. Hoy el sonido no es para nada placentero. No puedo creer que no apagué mi alarma, y ahora me hace despertar dos horas antes debido a la maldita diferencia horaria. Dice que son las seis pero mi cuerpo dice las cuatro. Quiero decir, santo cielo… ¿alguien prestó atención a la matrícula del camión que me pasó por encima?
Mi cabeza está martillando y estoy más que exhausta, pero de alguna manera encuentro la fuerza para silenciar el ruido. Con mi cabeza aún acurrucada sobre la suave almohada, me estiro hacia mi cartera en el suelo y tanteo hasta encontrar mi frasco de paracetamol. Espero que cumpla su promesa de ser una fórmula rápida. No estaba realmente cerca de estar ebria cuando di por terminada la noche. Sí, había estado un poco alegre temprano en la tarde y noche, pero cuando comenzamos a sacar y catalogar los esqueletos en nuestros armarios, la sobriedad había descendido bruscamente.
El medio vaso de agua en la mesa de noche me permite quedarme aquí en vez de tambalearme hacia el baño para tragar las píldoras. Levanto la cabeza y cuello a unos meros cuarenta y cinco grados, bajo el remedio, y de inmediato regreso mi torso a la comodidad de la cama de la infancia de Edward.
Mis ojos se vuelven a abrir.
Edward.
Oh, por Dios, me encuentro en su cama, en su casa... en su presencia. Cierto, él no está en el cuarto ahora mismo —asumo que él se fue al trabajo— pero mis pensamientos siguen siendo completamente válidos; ¡él regresará más tarde! Mi rápido baldazo de realidad me tiene girando y enterrando mi rostro contra el colchón, pateando y chillando como una niña de siete años.
¿Ayer realmente sucedió? Tomo mi teléfono, lista para llamar a Rosalie cuando veo que tengo dos mensajes esperándome de nuevo. El primero es de un número que no reconozco, y el segundo es de Rose con el número tres en paréntesis. Suelto unas risitas. La pobre chica intentó rastrearme incluso después de que anunció que se iba a la cama. Apuesto que quiere despellejarme, pero decido retroceder y leer el otro mensaje primero.
Es de un número con prefijo 480 y llegó hace solo veinticinco minutos.
Buenos días. Apuesto que te preguntas cómo conseguí tu número. Llamé a Embry porque no quería despertarte y él me lo envió. Espero que hayas descansado bien. Como dije anoche, espero estar de vuelta pasadas las dos. Hay una nota esperándote en la cocina si no la has visto aún.
No es una sorpresa que aún esté sonriendo después de leerlo por cuarta vez. Él tiene mi número, y ahora yo tengo el suyo. Puede parecer extraño que este intercambio de números llegue después de que he dormido en su cama, pero en treinta y siete años no hemos captado la manera convencional de hacer las cosas de todos modos, así que bizarro y al revés tiene sentido para nosotros.
Hola. Acabo de despertar. Probablemente me duche y entonces salga a chequear la zona, incluyendo donde se encuentra mi hotel. Aunque mencionaste que había lugares más cercanos, así que quizás le eche un vistazo a esos también. Como sea, llámame cuando llegues a casa. Iré a buscar tu nota. Espero que tu día vaya bien. :)
Leo y releo el mensaje para asegurarme que no suene como si lo intentara demasiado o no lo suficiente. Después de añadir algunas comas y agregar, entonces borrar, y agregar nuevamente la cara sonriente al final, envío el mensaje y respiro. No estás negociando la paz mundial, Isabella. Cálmate.
Lo siguientes son los mensajes de Rosalie.
9:58 p.m. ¡¿Estás DÓNDE?!
10:04 p.m. ¡NO TE ATREVAS A IRTE A DORMIR, SWAN!
10:04 p.m. No puedo creer que te hayas quedado jodidamente dormida. Me debes una llamada en la mañana y le debes a Emmett algo bonito también. Lo desperté con mi grito después de leer tu mensaje y él me echa la culpa, pero es tu culpa. Tuve que darle una mamada para calmarlo. Eso fue dos veces en una noche, hermana. ¡Necesito un maldito analgésico para mi ATM ahora! VAS a pagar la cuenta la próxima vez que todos vayamos a Pic's. Llámame. Mañana. No estoy bromeando.
Sabiendo que los chicos probablemente hicieron que Rosalie se levantara y esté en movimiento por al menos una hora ya, marco su número y espero a que comience el ataque verbal.
—Uuuh, chica, tienes suerte. Te hubiera dado hasta las ocho de tu hora y entonces todo se hubiera ido a la mierda de manera épica.
Me río.
—Detente. Estoy aquí y puedo hablar ahora.
—De acuerdo, comienza con dormir en su cama; ¿lo dices en serio? ¿Ya? —Su preocupación es evidente. Quizás el mensaje que envié no fue tan gracioso como pensaba que había sido.
—No, relájate, no tuvimos sexo. Ni siquiera se acercó. Dormí en su cuarto de invitados, al otro extremo del pasillo, en su cama de la infancia.
—Agh, ¿en la cama que él se hizo pis?
Mi rostro se contrae con asco.
—No, idiota. No es una cama de niños. Se mudaron al otro lado del pueblo cuando él tenía trece. Creo que la obtuvo entonces.
—Bueno, entonces la cama que tuvo durante su etapa de sueños húmedos. Mejor, incluso.
Oh, Rosalie. Llevo mi mano a mis ojos y me río antes que ella siga.
—Pero, siguiente tema, pensé que te hospedabas en un hotel. ¿Qué pasó?
—Habíamos estado bebiendo y él no quería que condujera para nada, mucho menos tan lejos. Aparentemente, el sitio donde reservé se encuentra a casi cuarenta y cinco minutos de su casa.
—Oh, eso apesta.
Me quito la costra del sueño de los ojos.
—Sí, él prácticamente me rogó que me quedara, y supuse, ¿qué diablos?
—¿En serio? —chilla.
—Aunque voy a recorrer la ciudad y ver si puedo encontrar algo más cerca de su casa para esta noche. No quiero simplemente asumir que está bien que me mudara. Él quiere pasar más tiempo conmigo. —Rosalie chilla de nuevo antes de que pueda enmendarlo—. Como amigos.
—¿Quizás más?
—No lo sé. Lo que sea que es, será lento. Me refiero a una velocidad de caracol, lo cual está completamente bien si eso es lo que él necesita o como sea.
—Quizás eso no sea tan malo. Tu vida ha sido una mierda últimamente.
Asiento, escuchando sus pensamientos.
—Es verdad.
—Bien, suelta. ¿Cómo fue todo?
~FAF~
Después de cuarenta y cinco minutos diseccionando las interacciones entre Edward y yo con un peine fino y también tocando el tema de la cuestionable vecina y las modelos que estaban emocionadas de saludarlo, estoy lista para apagar mi cerebro y quitarme la mugre de encima.
—De acuerdo. Necesito comenzar mi día. Me siento un poco rara estando en su casa sin él aquí. Quiero ponerme en marcha tan pronto como sea posible. —Me niego a reconocer mi locura, la cual está desesperada por fisgonear en su cuarto, olfatear su almohada, ver si es un hombre de bóxers o calzoncillos.
Sacudo la cabeza, comprimiendo mi idiotez.
—Sí, lo entiendo. Escucha, estoy super feliz de que ayer haya ido mucho mejor de lo esperado. Parece que él se encuentra en un punto de su vida donde puede hacer cambios positivos, y él sabe, como todos nosotros, que tener a Bella Swan a tu lado hace la vida más divertida y un lugar mucho más feliz donde estar.
—Gracias, hermana. Lo aprecio. Prometo no enviarte más mensajes que nos metan en problemas con Emmett y después termines empeorando tu ATM —le aseguro—. Yo pago las alitas y las jarras de cerveza cuando esté en casa por Acción de Gracias.
—Trato. Cuando descifres por cuánto tiempo te quedarás allí y dónde estarás, mantenme al tanto. Solo quiero saber dónde estás en tiempo y espacio.
—Lo haré. Gracias por ser mi hermana del alma. No podría haber hecho sin ti.
—Claro que podrías haberlo hecho... solo que no hubiera sido ni la mitad de divertido —dice con una carcajada y estoy de acuerdo—. Te amo. Dile a Edward que está perdonado por no contactar a Emmett.
—Lo haré. Hablamos pronto.
Nos despedimos, y camino de puntitas de pie hacia mi puerta. No estoy segura de por qué lo hago. Sé que Edward está en el trabajo, pero se siente extraño estar en un lugar nuevo sin él escoltándome. Además, no quiero volver locos a los cachorros. Estoy segura que si saben que hay alguien en la casa, ellos querrán salir de la jaula que comparten durante el día.
Me tomo una ducha en tiempo récord, rasurando todos los lugares cruciales y después de secarme, me aseguro de colocarme bastante talco bajo los pechos. Me río, encontrando mi secador de cabello en mi bolso de mano. De ninguna manera le daré calor voluntariamente a mi cabeza. Estoy segura que mi cabello se secará en un instante cuando esté de vuelta al aire libre. Lo tuerzo con una horquilla, emocionada de que estará lejos de mi cuello una vez que el muro de calor afuera impacte conmigo.
Después de que la cama esté hecha y no he dejado evidencia de haber sido una invitada, bajo las escaleras para tomar una botella de agua para el camino. En la encimera, encuentro la nota que él mencionó junto a una caja de Pop-Tarts de arándanos.
Bella,
Con suerte, ya habrás recibido mi mensaje que planeo enviarte en los próximos minutos. Pasar la tarde y noche contigo ayer significó más para mí de lo que podrías saber. Estoy tan agradecido de que compartiéramos todos esos años en el pasado, y espero que podamos comenzar una nueva página desde ahora. No es mi intención ponerme tan serio a solo veinte minutos pasadas las cinco de la mañana, pero simplemente digamos que no dejé de dar vueltas en la cama por un rato sabiendo que estabas en mi casa, solo al final del pasillo.
Conduce con cuidado hoy. Si estás disponible, me encantaría llevarte a cenar a mi restaurante mexicano favorito en la ciudad. Sí, Edward Cullen acaba de invitarte a salir. Esperaré un segundo mientras tú llenas la página de tu Slambook.
Como sea, sabrás de mí vía mensaje de texto pronto. Ten un buen día.
Edward.
PD: Me la jugué y saqué las Pop-Tarts para tu gran desayuno. No lo he cambiado desde niño, así que supuse que quizás tú tampoco lo habías hecho. No es necesario una cobertura. Simple siempre será mejor. Y no dejes que los cachorros te hagan sentir culpable para que los sueltes. ¡Jamás podrás hacerlos entrar de vuelta!
Me río de su honesta opinión de Lucy y Linus, quienes han estado mirándome con sus narices asomadas a través de su jaula desde que sintieron que había entrado en la cocina.
—Lo siento, chicos —mascullo en su dirección mientras abro la caja y saco un paquete como si hubiera encontrado un Billete Dorado de Wonka. Encontrando la tostadora junto a la cocina, camino hacia el aparato, completamente en las nubes después de haber leído mi primera nota de amor de Edward. Ciertamente, la palabra amor no fue mencionada, pero está bien. Lo que él dijo fue perfecto en mi opinión. Estamos en sintonía con el otro por primera vez en treinta años. Esto definitivamente es algo para celebrar.
~FAF~
A las 8:30, estoy sentada en el estacionamiento del Hilton Doubletree, debatiendo si debo molestarme. Luce encantado y lujoso, pero casi pretencioso. Ya me siento fuera de lugar en mi Hyundai Electra rentado, rodeado por Escalades, Beamers y Mercedes convertibles. El Carefree Resort, el cual pasé temprano y a menos de diez minutos de la casa de Edward, parece ser más mi estilo.
Después de entrar al hotel y cancelar las dos noches restantes que había reservado, decido volver al otro hotel, escuchando a la radio satélital en el camino. Una valla publicitaria para una estación de servicio y un taller mecánico capta mi atención cuando veo el nombre "Harry's" en grande con letras rojas y brillantes. Edward mencionó que el nombre de su jefe es Harry. Estoy a menos de quince minutos de la casa de Edward. Mi ceja se alza en modo detective mientras mis instintos me dicen que este probablemente sea el lugar donde él trabaja.
Doy vueltas por otro kilómetro y medio cuando veo a la estación avecinarse a mi derecha. Oh, ¿por qué diablos no? Por primera vez en treinta años, no me hago la difícil. No debería haber nada de malo en pasar a saludar.
~FAF~
EPOV
—¡Oye, Ed! ¡Tienes visita! —grita Seth desde afuera.
Mi interés es despertado pero he tenido mi cabeza y mi cuello torcidos tratando de que cambiar esta correa de distribución.
—¡Dame un minuto!
Una vez que dispongo de las partes como el buen cirujano de coches que soy, doy un paso atrás para girar mi cuello y mis hombros. Juro que estos son unos de los procedimientos más laboriosos. Al menos, cuando esto esté terminado, tendré solo un par de baterías y afinaciones esperándome hasta que pueda cerrar por el día. Harry y Mike pueden discutir sobre quién obtiene el conversor catalítico que entró anoche.
Volviéndome a colocar las gafas de sol, camino hacia el frente del taller. Está jodidamente brillante comparado a estar dentro del vientre de un coche.
Cuando veo a Bella, mi corazón se acelera. Seriamente se acelera.
Limpio mis manos sucias con los bolsillos traseros de mis jeans y la encuentro en la entrada.
—Bueno, esto es una sorpresa.
—Buenos días —ofrece, el sol brillando a su alrededor, resaltando su belleza etérea. Como si ella hubiera sido enviada desde el cielo—. Espero que venir aquí no te meta en problemas.
Agito una mano y resoplo.
—Para nada. Prácticamente me encargo de este lugar con Harry, y jamás me tomo un descanso. Charlar por unos minutos ni siquiera levantará sospechas.
Ella sonríe.
—Gracias por las Pop-Tarts.
—Oh, ¿te gustaron esas? —Me encojo de hombros, devolviéndole la sonrisa—. Me arriesgué al dejarlas.
—Definitivamente. Hay algunas cosas que nunca cambian —dice con una pequeña sonrisa—. Unas simples Pop-Tarts es la elección correcta.
Y ahora la verdadera prueba.
—¿Las tostaste?
Ella sonríe, y sé en un instante que ella las comió de la misma manera que yo siempre lo hago, la manera en que ambos lo hacemos desde que éramos niños.
—Solo una. La otra se queda cruda, por supuesto.
—Por supuesto. —Asiento, satisfecho y muevo mi brazo derecho sobre mi pecho para estirarlo—. Entonces, ¿cuál es tu plan para el día?
—Encontré el Doubletree pero no me molesté en registrarme. Creo que me voy a dirigir hacia tu zona y optar por el Carefree Resort.
Por un instante de segundo, mi respiración se aceleró, pensando que ella iba a regresar a casa para quedarse. No lo hubiera discutido. Para nada. Pero al menos ahora ella estará a solo diez minutos de distancia.
—Perfecto. He escuchado a clientes decir que es un buen lugar.
Ella asiente. Y yo asiento. Y estamos un poco incómodos. Pero supongo que aún necesitamos encontrar nuestro equilibrio, así que no voy a entrar en pánico.
—¿T-Tienes una hora para almorzar? —pregunta, su voz con un ligero temblor.
Arrugo la nariz, un poco avergonzado de lo que estoy a punto de admitir. Es un territorio en el que no he estado en mucho tiempo.
—Eh, usualmente la tengo, pero le dije a Harry que voy a trabajar durante ella porque quería regresar a casa temprano para verte.
—¿Lo hiciste?
—Sí, lo hice —aseguro, sorprendido de que ella no haya captado aún lo emocionado que estoy de que ella viniera a verme—. Quiero ser capaz de pasar tanto tiempo contigo como sea posible. Nunca dijiste por cuánto tiempo planeas quedarte aquí.
Ella lleva unas mechas de cabello que han caído de su horquilla por detrás de su oreja.
—Supongo que deduje que tomaría cada día como venga, pero eso también depende de tu trabajo. No quiero impedir que trabajes.
—Eso no será un problema. —Meto las manos en mis bolsillos y me apoyo contra la pared—. Hablé con Harry sobre mis horarios, y estoy libre por el resto de la semana. Y me dijo que la próxima semana era mía si también la quiero.
Ella resopla, capturando su labio entre sus dientes.
—¿Te tomarás todo ese tiempo solo para entretenerme?
—Oye, no hay nada de "solo" en esto. ¿Tú, aquí? —Estiro mis brazos—. ¿Que vinieras a encontrarme en Arizona? Es una oportunidad para reconectar contigo de una manera que jamás pensé que sería dado. Me niego a que este momento se zafe de mis manos... de nuestras manos.
—Está bien —concuerda con una sonrisa tímida—. No escucharás quejas de mi parte.
Asiento una vez.
—Bien. Bueno, escucha, debería volver —Señalo al taller con mi cabeza—. Pero te llamaré cuando regrese a casa, ¿de acuerdo?
—Definitivamente, voy a registrarme en Carefree y quizás a tomar una siesta. Dejar que mi cuerpo se recupere.
Doy un paso hacia atrás, levantando una palma.
—Me parece bien. Hablamos luego. —Ella se despide, y encuentro a Seth, quien se me une en la entrada, limpiando sus manos cubiertas de grasa con una rejilla.
—Esa es una bella mujer la que tienes allí, Ed.
Empujo juguetonamente su cabeza.
—Deja de mirarla, pero sí... ella es increíble. Aunque no sé si la tengo. —La observo salir del estacionamiento y dirigirse al norte hacia el hotel—. Necesito trabajar en esa parte.
~FAF~
—Jamás he comido mal aquí; creo que te gustará —digo suavemente mientras Bella y yo seguimos a la recepcionista del restaurante hacia nuestra mesa en el rincón. Blue Adobe Grille está lleno esta noche. Mientras atravesamos la multitud de suburbanos yupis, mi mano descansa en su espalda baja. Me encanta que ella no se tensó cuando la coloqué allí hace unos segundos atrás. De hecho, ella medio curvó su cuerpo hacia el mío de la manera más sutil. La mayoría de las personas puede que no lo hayan notado, pero yo sí.
—Su camarera estará aquí en breve —explica la recepcionista, tendiéndole un menú primero a Bella y después a mí.
—Gracias. —Mi mirada encuentra a Bella—. ¿Cómo estás?
Ella lleva un poco de cabello por detrás de su oreja.
—Estoy bien, Edward. Me has hecho esa pregunta tres veces ya. —Inclina la cabeza—. ¿Estás tú bien?
Respiro profundamente.
—Sí, estoy bien. Solo me siento un poco nervioso, para ser honesto.
—¿Ha pasado mucho tiempo entre citas?
Sacudo la cabeza.
—Es la compañía que tengo esta noche. —Me estiro en busca de mi vaso de agua fría y comienzo a beber mientras ella frunce el ceño.
—¿Yo te pongo nervioso? —Ella suena asombrada, soltando unas risitas entre sus palabras—. Yo. ¿Cómo... Cómo es eso posible?
—Aún no te ves a ti misma con claridad. O al menos, no te ves como yo te veo.
Somos interrumpidos cuando pasa un camarero y deja un bol de papas fritas y salsa en nuestra mesa.
Me inclino hacia adelante, descansando mis antebrazos sobre la mesa mientras Bella acerca su cabeza para escucharme.
—Creo que establecimos anoche que ambos tenemos realidades y relatos muy diferentes sobre lo que pasó cuando éramos niños. —Mi pulgar capta una gota de sudor que cae por mi vaso de cristal—. No podemos hacer nada sobre lo que sucedió en ese entonces. Pero estoy tratando de ser tan transparente como sea posible contigo. Que aparecieras en mi entrada ayer fue como una corriente de electricidad extra a mi mente... y mi corazón. —Echo un vistazo al costado, organizando mis pensamientos en palabras—. No lo sé, como encontrar el regalo más esperado que pediste bajo el árbol de Navidad.
Ella me mira por debajo de sus pestañas, sonriendo ligeramente ante mi analogía.
—Me prometí a mi mismo hace unos meses que me arriesgaría un poco más. Que estaría dispuesto a dejar a alguien entrar. Jamás... —Mi garganta se cierra con nervios felices, y me detengo para aclararla—. Pero jamás imaginé que tendría la oportunidad de estar contigo aquí. —Me muerdo el interior de mi mejilla mientras mi dedo rasca de un hilo suelto en el mantel azul—. Simplemente estoy feliz, realmente feliz de que estés aquí. Y quiero que sepas que planeo aprovechar nuestro tiempo juntos.
La sonrisa que ella intenta esconder me alienta a confesar un poco más.
—¿Recuerdas que tuvimos un catering para nuestro baile de graduación del octavo grado?
Su mirada incrédula me dice que intenta seguir mi hilo de pensamientos.
—¿Sí?
Sacudo la cabeza, recordando.
—Odié eso.
—¿Por qué? Estoy segura que fue una comida decente la que sirvieron, no que pueda recordarlo. —Se ríe—. ¿No estuvo a cargo de Chez Robert?
Me encojo de hombros.
—Quizás. Solo recuerdo con claridad lo triste que estuve cuando no pudimos llevar a cenar a nuestra cita en privado. Quería llevarte a ti a cenar.
Su barbilla se alza.
—Pero fuiste al baile con Tracy Pearson.
—Solo porque la chica con la que quería ir ya tenía una cita.
Bella me observa con una mirada vacía.
—Me estás diciendo que querías ir al baile de graduación conmigo.
Suspiro.
—¿Eso es tan difícil de creer?
Ella abre sus ojos como platos, buscando una papa frita.
—¿Después de todo lo que aprendí ayer? No, no es difícil de creer. Simplemente me preguntó por qué no me invitaste.
—Lo hubiera hecho, pero mi plan se vino abajo sin que lo supiera. —Bufo—. Me fui de viaje un fin de semana largo en enero ese año. Mi tía se estaba por casar en Carolina del Sur. —Tomo una papa frita y la giro por la salsa—. Cuando regresé, aparentemente no recibí el alerta y la mitad de la clase ya tenía citas, incluyéndote a ti.
Suspirando y tamborileando sus dedos sobre la mesa, su mirada encuentra la mía.
—Nada nunca fue fácil para nosotros, ¿no?
—Nop. Y estoy seguro que nuestras inseguridades solo dificultó las cosas mucho más.
Ella asiente, luciendo pensativa.
—¿Qué tal si hacemos una promesa, o al menos un esfuerzo conjunto de decir lo que pensamos y lo que sentimos desde aquí en más? La vida es corta, y hemos desperdiciado décadas en lo que podría haber sido una increíble amistad de la infancia. —Sonriendo, ella se estira en busca de su agua—. Quizás podemos tener una amistad adulta increíble.
Levanto mi vaso y lo choco contra el suyo.
—Quizás podemos ser mejor que eso... más que eso. —Trago fuertemente antes de añadir—. Quiero decir... ¿hay alguna posibilidad de que puedas vernos de esa manera? ¿Querrías eso? ¿Estarías lista para eso? —Mis labios se presionan entre sí mientras calmo mis nervios y restrinjo mi pregunta—. ¿Algún día?
—Hola, soy Cassidy, seré su camarera esta noche. ¿Están listos para ordenar?
Aunque la llegada de Cassidy, la interruptora, es como una cubeta de agua helada siendo vertida sobre nuestras cabezas, le arqueo una deja a Bella, nuestras miradas dijas en el otro mientras ella responde suavemente.
—Más que lista.
~FAF~
—Esa cena estuvo fenomenal. —Bella presiona una mano contra su estómago—. Puede que necesitemos volver allí antes de que me vaya.
Quito el seguro y abro la puerta del pasajero de mi camioneta para Bella.
—Eso ciertamente puede ser arreglado. —Después de cerrar su puerta, camino alrededor del coche y me ubico detrás del volante—. ¿Mi casa para tomar café?
—Sí, mucho mejor que el simple paquete de instantáneo que puedo ofrecerte en mi cuarto de hotel —dice ella con unas risitas.
—Entonces, nos quedaremos cerca mañana, dejándote recuperar el sueño de nuevo y entonces iremos al Gran Cañón el jueves. Podemos dirigirnos hacia el West Rim primero, probar el Skywalk si quieres.
—¿Alguna vez lo has hecho? —pregunta.
—Sí, una vez. Pero me gusta ir un poco más al norte y solo hacer un picnic al costado del Cañón solo.
—Hagamos eso, entonces. Confío en tu tour.
Asiento, golpeteando mis pulgares sobre el volante.
—Habrá que conducir por mucho tiempo, pero valdrá la pena. Podemos encontrar un campamento de camino al sur y visitar Sedona el viernes.
—Me parece bien —concuerda, reclinándose en el asiento.
Por el resto del viaje a mi casa, Bella y yo intercambiamos historias de "¿Dónde estábamos cuando...?" durante la inundación del 2004. Después que más de trescientos milímetros de lluvia cayeran en veinticuatro horas, doce presas estallaron en Medford y otros pequeños pueblos al sur de Jersey. Provocó que una gran inundación se llevara propiedades personales, coches, muelles, e incluso algunas casa. Realmente desconcertó a nuestra comunidad. Incluso los meteorólogos estaban asombrados, llamándolo la tormenta de los mil años.
—Gracias a Dios nadie murió. Mis padres ya estaban viviendo en Arizona, pero invité a una de las familias que habían sido buenos amigos al crecer a quedarse conmigo —explico—. Ellos tuvieron dos mil quinientos milímetros de agua en su sótano y perdieron la electricidad en su casa.
—Eso es una locura. Papá había acabado de retirarse esa primavera, pero recuerdo que él fue a la estación todos los días durante semanas, ayudó con los rescates y los esfuerzos de limpieza —recuerda Bella—. Vine de Atlanta alrededor de un mes después y di una vuelta en el coche, queriendo ver el daño. —Sacude la cabeza—. Jamás he visto algo así. Espera —Golpea su muslo—, la canoa que quedó envuelta alrededor del árbol en Jackson Park. ¿Puedes imaginar lo poderosa que la corriente de agua debió haber sido para envolver una maldita canoa de aluminio alrededor del tronco de un árbol?
Me río, dando el último giro hacia mi calle.
—Ni que lo digas; fue una locura. Me encanta que ellos nunca la movieron. Es como un pequeño memorial de la inundación. —Suelto una risita—. Pero al menos todos las presas ahora están reforzadas. No hay mal que por bien no venga, supongo. —Me encojo de hombros y asiento—. La original fue decente por un largo tiempo, pero esa tormenta en particular había sido lo suficientemente poderosa para destrozarla. Ahora con las características actualizadas y todo el cuidado que tuvieron para mejorarlo, no hay nada de qué preocuparse.
Bella voltea hacia mí, una sonrisa cómplice en su rostro.
—Supongo que a todo le vendría bien una buena renovación de vez en cuando.
Sonrío, manteniendo mi vista en la calle, pero echo un vistazo lo suficientemente rápido para guiñar el ojo. Ambos sabemos de lo que estamos hablando... y me encanta que estemos en la misma página.
Mis ojos se agrandan cuando mi casa aparece al frente. Una Toyota Camry roja se encuentra en mi entrada. Oh, cielos.
—Eh, parece que tenemos una visita inesperada. —Inclino la cabeza hacia la silueta junto a la puerta—. Mi mamá.
Bella permanece en silencio pero sonriente mientras apago el motor.
—Hola, cariño —dice mamá mientras me bajo del coche—. Lamento no haber llamado. Simplemente encontré este alimento para cachorros en descuento y decidí abastecer a los dos. —Continúa hablando hasta que el movimiento de mi pasajera caminando alrededor del coche la sobresalta.
—Mamá...
—Oh, lo siento. No me di cuenta —mamá se detiene, sacudiendo la cabeza—. ¿Bella?
Sonrío, observando el intercambio entre las dos mujeres.
—Hola, Sra. Cullen.
Mi madre lleva sus manos a sus mejillas antes de correr hacia Bella.
—¡Oh, por Dios! ¿Qué haces aquí?
Sonriendo, me pregunto por un momento si Bella intentará darle a mi mamá la misma historia que me dio a mí.
—Vine a ver a un viejo amigo —responde Bella, señalándome.
—Bueno, estoy muy feliz de que lo hicieras. ¡Estamos muy felices! —Mamá gira hacia mí, sonriendo como una tonta—. Entonces, ¿cómo está todo? Quiero decir, sé que no debe ser genial. Lamento escuchar lo de tu divorcio. —Chasquea la lengua—. Qué desastre. ¿Cómo estás?
—Ma, suficiente. —Tratando de hacer que mi mamá cese y desista las preguntas invasivas prueba ser más fácil de lo que esperaba cuando ella inmediatamente se aleja de Bella.
—Oh, lo sé. Necesito relajarme. Y es tarde y ustedes dos tienen —Apunta su pulgar sobre su hombro—, mucho por hacer, estoy segura... Quiero decir, la noche es joven —canturrea.
Cielos. Mis ojos se cierran fuertemente.
—Ma. Probablemente sea mejor que lo dejes allí.
Mamá asiente y se acerca para darme un beso, soltando a una Bella que se ríe de su agarre de Kung Fu.
—Cierto, lo dejo aquí. Esta soy yo dejándolo. Pero, tú tienes que venir a cenar, ¿por favor? —Ella se da la vuelta hacia Bella de nuevo—. ¿Vendrán los dos mañana por la noche?
No sé si estoy listo para compartir aún. Ayer fue genial. La cena de esta noche fue fantástica también. Hemos estado hablando sobre todo lo que nos ha afectado, lo bueno y lo malo, con los años. Pero Bella aún no me ha visto... no ha visto mi cabeza. Esta noche, uso mi boina de golf favorita al revés. Ella me halagó al verla, y sé que no será algo importante para ella. Pero lo es para mí. Y necesito superar ese próximo paso, no importa lo grande o pequeño que pueda parecerle a alguien más.
Bella es pura sonrisa y asiente, y no tengo el corazón en ese momento para romper el espíritu de mi madre, así que acepto. Después de varios abrazos y besos más, empujo educadamente a mamá hacia su coche antes de que Bella y yo nos dirigiéramos hacia la casa.
—Solo necesito usar el baño —dice ella, atravesando la puerta conmigo.
—Claro. Pondré a preparar el café. Nada de bebidas hoy. —Me río—. Prometo llevarte a tu hotel en una pieza y tenerte de vuelta en el tiempo suficiente para tener una buena noche de sueño.
—Trato.
~FAF~
Una vez que el café está goteando, decido simplemente resignarme y ser valiente. No hay necesidad ya de esconderme detrás de un sombrero o bandana. Si estamos a punto de pasar varios días juntos viajando, nadando juntos, acampando juntos... Ella me va a ver eventualmente. Bien podría jalar de la bandita ahora mismo. Los tipos de nuestra edad están comenzando a perder su cabello, probablemente lo hayan hecho por años; solo tengo que recordarme que encajo con nuestro grupo de edad ahora y superar el asombro y el estigma con el que lidié por más de quince años.
Quitarme la boina de golf es refrescante y estresante. La lanzo sobre la mesa de la cocina y me siento en el suelo con Lucy y Linus, listos para que salten sobre mí. Mi interior se retuerce cuando escucho la puerta del baño abrirse. Esto es todo; no hay vuelta atrás ahora.
—Bueno, si no es un retrato familiar perfecto.
Sus palabras me hacen sonreír. Encuentro su mirada, y ella simplemente me guiña un ojo. Y sé que todo está bien.
No hay nada que temer aquí... con Bella, nunca lo hubo.
Sin perder un segundo, Bella se une a mí en el suelo, a solo unos milímetros frente a mí. Ella comienza a reír cuando Linus salta y se tambalea sobre su regazo, mordisqueando con lamidas y caricias con el hocico contra su mano y rostro cuando ella se inclina.
—El café está casi listo —comento en medio de mini aullidos y ladridos.
—Excelente. —Se ríe cuando Lucy me abandona y se une a Linus en su regazo—. Este es mi tipo de broche para la noche. Gracias por la increíble noche, Edward... y por confiar en mí. —Su pierna empuja suavemente la mía.
Trago el nudo que está formándose y en cambio suelto otro suspiro de alivio.
—Gracias —ofrezco sinceramente, aclarándome la garganta y golpeteando mis puños sobre mis rodillas—, por... —Sacudo la cabeza—. Por todo.
ATM: articulación temporomandibular.
