Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.
Capítulo 18
EPOV
—Oye.
—¡Al fin! —Mi cabeza cae hacia atrás—. ¿Me estás esquivando, gallina?
—Oh, ¿por qué haría eso? —Puedo escuchar las risitas de Embry desde Atlanta.
—Cielos, no lo sé. —Cierro la tapa de la lavadora, presiono el botón para comenzar, y cierro la puerta del lavadero detrás de mí—. Quizás porque Bella apareció en mi puerta hace dos días. He estado tratando de cazarte desde entonces, y misteriosamente jamás estás disponible para aceptar la llamada. Al menos, respondiste mi mensaje pidiéndote su número ayer.
Embry silencia sus risas antes de responder.
—Mira, simplemente supe que necesitabas unos días para superar la incomodidad y entonces estarías emocionado de que ella estuviera allí.
—Sí, sí, como sea. —Saco una caja de cereales de avena y miel de la alacena y tomo la leche del refrigerador—. Eres un asno, y lo sabes.
Él ignora mi comentario.
—¿Y, lo estás?
—¿Qué? ¿Un asno?
—¡Emocionado de que ella esté allí! Vamos, no te contengas conmigo.
No puedo contener mi sonrisa.
—Carajo, sí. Más feliz que un cerdo en el chiquero —digo, comenzando a comer mi desayuno.
Él se carcajea y chilla del otro lado del teléfono.
—¡Sí que lo estás! Entonces, ¿cómo fue?
Le relato mi encuentro inicial a mi hermano, incluyendo la explicación de Bella de cómo Embry está incluido en la historia.
—¿Ves? Incluso cumplí mi promesa. No te mencioné primero, pero esa mierda fue jodidamente difícil de hacer. Hombre, deberías habernos visto el fin de semana pasado. El bote de Jazz es impresionante. —Silba—. Hunter estuvo allí; ponerme al día con ambos fue jodidamente genial. Se te extrañó. Definitivamente necesitas estar en la próxima reunión Laker.
—Parece que fue un lindo momento —mascullo, llevando la última cuchara de cereal a mi boca.
Escucho a mi hermano revolver papeles de fondo.
—Aún no puedo creer que Bella fuera a Arizona al día siguiente que regresamos. Nunca en un millón de años pensé que ella tuviera las agallas. Es de armas tomar.
Sonriendo, me limpio la boca con una servilleta de papel.
—Ella es demasiado increíble. No que no lo supiera eso ya.
—Pero fue bueno verlo por ti mismo, ¿cierto?
Asiento.
—Sí. Hemos pasado la mayoría de los dos últimos dos días juntos. Mamá vino anoche. No sabía que Bella estaba aquí... —Resoplo—. Casi taclea a la chica en la entrada.
Embry estalla en carcajadas.
—Mamá probablemente estaba teniendo palpitaciones. ¿Verte con una chica de nuevo? ¿Una que vale la pena?
—Vete al diablo, pero sí, mamá parecía estar muy entusiasmada. Bella y yo iremos allí a cenar esta noche.
—Genial. Sacando las formalidades del medio.
—¿Formalidades? —Me pongo de pie para deshacerme de mi bol y mi cuchara.
—Ya sabes, llevar a la chica a casa para conocer a los padres. —Él añade con una risita—. Ese es el último paso antes de comprometerse por completo.
Pongo los ojos en blanco, abriendo el lavavajillas.
—Hermano... La tinta apenas está seca en sus papeles de divorcio. Difícilmente pienso que ella esté lista para saltar a otra relación ahora mismo. —Sacudo la cabeza, lanzando la esponja en la repisa trasera del fregadero—. Aún estamos conociéndonos...
Embry interrumpe.
—Ya se conocen.
—Ya sabes a lo que me refiero. Ventilar toda esa mierda del pasado, confesar nuestras tragedias sobre la mierda que ha pasado desde entonces. Su ex es el imbécil más grande del mundo, por cierto. —Tomo los platos de agua de los cachorros—. Juro que si alguna vez estoy frente al maldito no sé si darle un puñetazo primero o estrechar su mano.
Embry suelta una carcajada.
—Ve por el golpe primero, definitivamente, aunque parece que tendrás que ponerte en la cola. Jazz planea darle un trancazo o siete si alguna vez llega a encontrarlo; James también.
Suspiro.
—Como sea, definitivamente creo que ella está interesada en algo, algún día... pero como que estamos de vuelta en el comienzo. —Golpeo mi puño contra la mesa varias veces—. Además, estoy atrapado aquí terminando mi maestría; ella está lista para asentarse de nuevo en Florida. —Mis hombros caen hacia adelante mientras termino en el fregadero.
Hablar de las diferentes realidades de nuestra situación me está poniendo triste.
—Encontrarán una solución. ¿Qué sientes por ella? ¿Sobre buscar algo más que una amistad?
—Quiero decir, quiero hacerlo. Sé que ella acaba de llegar aquí, pero por más loco que suene, creo que estoy listo. —Me encojo de hombros—. Pasé la mitad de mi vida soñando con ella, deseando que siguiéramos siendo cercanos, pero simplemente dejando que otras personas se metieran en nuestro camino. Mientras tanto, me entero que ella también siempre ha deseado seguir siendo mi amiga, incluso más que una amiga. —Moviéndome hacia la sala de estar, me dejo caer en el sofá, doblando mi brazo izquierdo detrás de mi cabeza—. Sí, puedo vernos estando juntos... Simplemente necesito seguir recordando que ella no me está juzgando ahora comparando a cómo solía lucir. Anoche me quité la boina para ella.
—Bien... ¿y?
Exhalo, observando a Lucy y Linus poniéndose cómodos en su cama.
—Y nada. Ella me guiñó un ojo y lo pasó por alto. Jugamos con los cachorros por el resto de la noche.
—¿Eso es clave para la lucha libre desnuda?
Me río a carcajadas e intento ignorar los nudos nerviosos que se forman en mi vientre.
—No, idiota. Necesitamos más tiempo. Hemos dado vueltas alrededor del tema de nosotros y quizás incluso un futuro para los dos... pero me pregunto si todo esto es demasiado rápido. No quiero que nos apresuremos a algo que no es correcto, y mientras tanto, ella está tomando un descanso después de su divorcio. No quiero presionarla. —Paso mi mano por mi cabeza, bajando por mi rostro—. Siento que estoy desconcentrado. Estamos a punto de irnos de camping y hacer senderismo por los próximos dos días. Quizás lo resolvamos entonces.
—Creo que dice mucho que ella fuera allí, E. Ella fue tu mejor amiga de niños. Siempre te importó. Sí, la vida se interpuso y los separó por un tiempo, ¿pero qué hay que pensar? El maldito universo les está tendiendo un futuro de felicidad en bandeja de plata. ¿Por qué suenas tan inseguro?
—No es que me sienta inseguro. Simplemente tengo que saber con certeza que ella también lo quiere. Que me quiere a mí, que quiere un nosotros. Ella ha estado aquí por menos de cuarenta y ocho horas. Tenemos que ser sensatos, creo. —Recuerdo el momento transcendental de la cena de anoche—. Aunque ella sí dijo que estaría interesada en algo con el tiempo.
—Creo que los dos necesitan ir al punto. Sí, ella fue allí a prometerte su amistad, pero te jodidamente garantizo que ella prometería mucho más si se lo dijeras de frente... mierda, espera, el entrenador está en la otra línea.
—Síp. —Cierro los ojos por alrededor de diez segundos antes de que suene mi timbre. Girando mi dolorido cuerpo fuera del sofá es una tarea. Esa correa de distribución me mató ayer. No sé cuándo lo hice, pero debí haberme tirado algo en mi espalda, y está gritando ahora. Me pasaría la pomada Icy Hot si Bella no viniera más tarde. Esa cosa funciona de maravilla, pero no quiero apestar como el ala geriátrica del centro de rehabilitación donde realizo mis horas clínicas.
Estoy derecho cuando alcanzo la puerta justo mientras Embry regresa a la línea.
—¿Sigues allí? Lo siento.
—Sí, pero dame un segundo —le contesto, abriendo la puerta. Bella se encuentra allí, una sonrisa radiante, vistiendo una falda corta, una camiseta sin mangas roja, y sandalias rojas. Mi corazón se acelera como si fuera el coche a la cabeza entrando en la última vuelta del Daytona 500.
—¡Hola! —saluda—. Sé que llegué temprano, pero me siento completamente descansada y quiero probar tu piscina. Harán cuarenta y cuatro grados hoy —anuncia con un resoplido—. Pensé que deberíamos nadar ahora antes que la piscina se convierta en sopa de personas.
—¿Esa es ella? ¡HOLA, BELLA!
Aparto el teléfono de mi oído mientras Embry grita como un demente. Bella y yo podemos escucharlo tan claro como el agua, y nos reímos al unísono.
—¿Embry? —susurra y yo asiento—. ¡Hola, Em!
Abro aún más la puerta para que ella entre.
—Estoy contento de que estés aquí. Adelante.
—Te dejaré ir —dice Embry suavemente, como si hemos estado planificando un espionaje o algo—. Disfruta de este tiempo juntos. ¿Por cuánto tiempo se quedará ella?
Permanezco junto a la puerta mientras Bella camina hacia la parte trasera de la casa, siendo mordisqueada y ladrada por los cachorros a sus tobillos.
—No lo sé. Parece que el fin de semana, pero tendremos que ver cómo van las cosas entre nosotros.
—Genial. Bueno, ve. Aprovecha el día y esa mierda.
—Gracias, hermano.
Guardo mi teléfono en mi bolsillo, caminando por el pasillo para encontrar a Bella en el suelo de la sala de estar. Ella está riendo mientras los perros saltan en su regazo. Ellos están más que felices con la atención que ella les da, pero la escena me trae una paz que me envuelve como nada que haya experimentado antes.
Quiero decir, he tenido momentos donde he suspirado de alivio. Cuando apruebo un examen para el que estudié por una eternidad se siente fenomenal. Cuando me presiono a terminar mi día de trabajo cuando estoy exhausto y consigo reparar todo, sabiendo que puedo comenzar el día siguiente con una lista vacía me provee con una noche increíble de sueño. Incluso en las mañanas cuando despierto y veo que aún tengo vello en mis extremidades, aunque sea escaso, echo mi cabeza hacia atrás y exhalo, agradecido por el pequeño favor.
¿Pero ver a Bella en mi casa? ¿Con Lucy y Linus trepando sobre ella como si ella fuera la que los escogió en el refugio? ¿Que suelte sus llaves y cartera en la encimera de mi cocina como siempre han pertenecido allí?
Ahora eso es reconfortante y un nivel de felicidad que jamás creí posible.
Pero está aquí. Está aquí porque ella está aquí.
Y no se sentiría así si fuera solo cualquier otra mujer... Estoy seguro de eso. Siento una sensación de calma sabiendo que Bella es la que está aquí conmigo. La que estuvo allí hace mucho tiempo atrás está aquí ahora mismo. Más que lista: sus palabras exactas de anoche pasan por mi cabeza de nuevo.
¿Entonces qué estamos esperando? Odio cuando Embry tiene razón... pero creo que él lo está esta vez.
—¿Qué? ¿Qué estás...?
La voz chillona y la risa contagiosa de Bella me sacan de mis pensamientos, y me doy cuenta que ella está luchando con Linus, quien tiene una tira del traje de baño de Bella en su boca, y se encuentra a medio metro de ella.
—Ven aquí, pequeño y sucio canalla —añade con una voz tonta, jalando del material lejos del cachorro que gruñe.
Él claramente piensa que esto es un juego.
—¡Linus! —Riendo, me arrodillo para quitar la tira de sus dientes—. No creo que Bella aprecie que la desvistas, amigo. No significa no.
Bella continúa riendo a mi lado, mientras Lucy se aleja, habiendo perdido todo el interés en nosotros tres.
—Él no ha tenido que aprender esa lección si la única chica a su alrededor es su hermana mayor. —Bella se pone de pie, sus manos detrás de su cuello, volviendo a atar las tiras de su traje—. Eso y el hecho que no la vistes en pequeños atuendos.
Me estremezco.
—Sí, dispárame el día que eso suceda. Aunque, con las temperaturas de aquí, los perros probablemente salten a mi yugular antes de permitirme añadirles otra capa.
Ella concuerda, quitándose las sandalias.
—Bien, qué bueno que aún tengo puesta mi camiseta o hubiera habido un serio mal funcionamiento de vestuario al nivel de Janet Jackson.
Me muerdo la lengua, extendiendo mi mano hacia la puerta del patio en vez de decir algo parecido a: Con gusto hubiera cubierto tu pecho por ti. No es para nada apropiado para el tercer día de nuestra reunión. Estoy seguro que eso es más para un quinto o sexto día.
—Y bien, ¿cómo está Embry? —pregunta Bella, lanzando su toalla sobre la tumbona y quitándose la camiseta.
Mi respuesta muere a mitad de pensamiento. Lo siento, ¿quién es Embry? ¿Cómo se supone que sepa algo cuando estoy anonadado estúpidamente ante la vista del cuerpo gloriosamente medio desnudo de Bella?
—Eh...
—Oh, me disculpo —interrumpe, sus dedos deteniéndose en el botón de su minifalda de jean—. ¿Esto está bien?
Más que bien. Estoy seguro que asiento antes de obligar a mi cerebro para que se involucre, ayudando a mi boca a formar palabras.
—Sí, totalmente. Totalmente bien. Nadar por las mañanas es lo más refrescante. Este momento del día es cuando usualmente me ejercito. Quiero decir, cuando no estoy trabajando. Usualmente nado mis largos al amanecer antes de irme a trabajar o incluso tarde por la noche. Como dijiste antes, se sentirá como un jacuzzi en unas horas... bueno, dijiste "sopa de personas", pero sí, sopa de personas, jacuzzi, mismo concepto. —Afortunadamente le pongo fin a mi verborrea, agrandando mis ojos ante lo que debe ser el triple de su tamaño, y giro sobre mis talones en busca de la red para la piscina. Debo permanecer ocupado. Cielos, ¿acaso algo de lo que acabo de soltar tuvo sentido? Seguir observándola sería de mala educación, pero diablos.
La última vez que la vi así de desnuda, estábamos en la primaria, en las lecciones de nado del campamento de verano.
El grupo de chicos llegaba cuando las chicas se estaban vistiendo y abandonando el muelle y las gradas. O viceversa. De cualquier manera, ocultar mi mirada fisgona en el pasado era lo suficientemente fácil detrás de mis lentes de sol Max Headroom. Otras chicas podrían haber pensado que permitía a mi mirada rondar en su dirección. Diablos, supongo que algunas de ellas podrían haber estado mirándome, pero no lo noté y definitivamente no me importó. Solo tenía ojos para Bella. Novia o no, una vez que las hormonas preadolescentes y cachondas entraron en mi cerebro y la sangre corría hacia otro lugar, Bella era la única con la que soñaba de esa manera.
Y ahora ella está aquí. Ningún otro chico o chicas como distracciones, y ella definitivamente ya no es una niña, ella es una mujer. Una mujer sexy y curvilínea con una mente que me mantiene alerta y un corazón que alivia mi alma herida. Ella no se compara con nada.
El salpicón de agua me tiene dando la vuelta. Bella se desliza bajo el agua de un lado de la piscina al otro, emergiendo al borde de donde me encuentro observándola.
—Santo cielo, no puedo creer lo bien que esto se siente. —Añade con un pequeño gemido al final.
Si Embry estuviera aquí, soltaría un "eso es lo que ella dijo" justo ahora. Mis labios se presionan entre sí mientras agradezco a los cielos que tenga puesto lentes de sol de nuevo. Estoy seguro que necesito una ducha fría antes de unirme a ella en la piscina caliente. Mis pantalones de chándal no hacen nada para esconder la erección con la que estoy lidiando.
—¿Demasiado caliente? —respondo, reconociendo que hice una pregunta demasiado cargada.
Bella sonríe engreídamente, sus pestañas largas goteando agua.
—Aún no.
Si no lo supiera, juraría que ella acaba de hacerme un touché con esa respuesta. Mis cejas se elevan por encima del borde de mis lentes de sol.
—¿Te unirás a mí para tu ejercitación matutina, Aquaman? —pregunta antes de impulsarse del suelo de la piscina para flotar sobre su espalda. Sus brazos están estirados, rodeados por gotas de agua que brillan por todo su cuerpo. Ella luce como si estuviera en una sesión de fotos para un anuncio de Victoria's Secret o algo.
—Definitivamente. —Esta mujer es sensacional y hace que mis rodillas se debiliten. Envío una plegaria silenciosa para encontrar la fuerza de voluntad para relajar el anhelo que ha descendido en los últimos minutos. Después de mi «Amén», giro para contestar su pregunta como la persona decente que soy y no algún cavernícola de cómic que simplemente toma a una mujer y la arrastra detrás de una roca para aparearse.
Termino de colar las hojas y basura arbitraria que se ha acumulado en la superficie de la piscina desde ayer.
—Simplemente iré adentro y me cambiaré por el traje de baño. —Cuelgo la red en su gancho en la cerca trasera, esperando que esa ducha fría funcione—. Vuelvo en un momento.
—Estaré aquí, flotando! —canturre, dando brazadas sobre su espalda hacia el otro extremo de la piscina.
No muy lejos, espero. Esta chica. Desde el momento que llegó, ella me tiene sonriendo como si fuera a pasarse de moda. Debo ser el tipo más afortunado del mundo ahora mismo. Y por mucho que me encantaría abordar el tema de nosotros, preferiría guardarlo para nuestro viaje y simplemente disfrutar de este momento: el sol, la piscina, la diminuta bikini y la mujer dentro de ella.
Mañana es el día. Si Bella insinúa que hay un sí en su futuro para nosotros, para que seamos más, para que estemos juntos... Tengo que dejar de pensar de más.
Mañana yo seré el que pregunte si podemos comenzar el futuro temprano antes que tarde.
~FAF~
BPOV
—¿Estás segura que no quieres ayuda en la cocina, mamá? —pregunta Edward por segunda vez mientras Esme da vueltas alrededor de la terraza acristalada, una jarra de margaritas en mano.
—No, honestamente, estoy bien. El pollo debería estar listo pronto. Tu papá me ayudó a preparar todo lo demás así podíamos relajarnos y ponernos al día. —Ella termina de llenar las copas y se retira.
Edward voltea hacia mí.
—Voy a echar un vistazo a mi papá y los cachorros, asegurarme que estén bien con Snoopy.
—No hay problema, estoy bien —digo, sentándome en el sofá mecedor—. Tómate tu tiempo.
—¡Solo dame un minuto más, Bella! —grita la Sra. Cullen desde la cocina—. Mi cronómetro está a punto de sonar. —La Sra. Cullen está incluso más nerviosa esta noche de lo que estaba anoche cuando se enteró que estaba en Arizona. Ni siquiera creía que fuera posible.
Su emoción me pone feliz, haciéndome recordar lo mucho que siempre amé a ella y al Sr. Cullen.
Al crecer, creía que Edward tenía los mejores padres. Quiero decir, Renée y Charlie eran geniales, aún lo son, pero mi papá había sido bastante estricto. En su carrera como jefe de policía en Medford Lakes, él nunca tuvo que lidiar con criminales reincidentes, pero también sabía que los niños podían meterse en problemas muy fácilmente. Por ende, Jasper y yo terminamos sintiendo las consecuencias cuando alguien más en el pueblo se comportaba mal. Mamá no era mejor, siendo la administradora de la estación, manteniendo el papeleo organizado, conociendo todos los detalles del menor acto criminal en nuestro pueblo.
Sí, Jazz y yo éramos controlados más que la mayoría.
Pero Esme y Carlisle Cullen eran lo más geniales. Cuando Edward, Embry, Jasper y yo jugábamos de niños, Esme a menudo nos invitaba a quedarnos a cenar. Los cuatro teníamos pijamadas a menudo cuando éramos realmente pequeños. Especialmente si había una fiesta grande en el pueblo, como el Carnaval Canoe o Noche de Travesuras antes de Halloween. Papá siempre estaba de turno durante la noche, y mamá usualmente se quedaba en la oficina en la estación para ayudarlo. Así que dormíamos en la casa Cullen y nos divertíamos.
El Sr. Cullen instalaba la tienda en el sótano, y los cuatro desplegábamos nuestras bolsas de dormir. La Sra. Cullen pasaba bolsas de papel marrones con palomitas y, por supuesto, todos teníamos linternas para contar cuentos de terror. Las pijamadas fueron disminuyendo una vez que entramos a la secundaria y yo llegué a la edad para ser niñera. Mis padres me dejaban a cargo de mi hermano para ese entonces.
Vaya. ¿Cuántas veces me quedé dormida junto a Edward cuando era una niña? No puedo creer que no haya pensado en esos recuerdos hasta ahora. Él no era Edward Cullen, superestrella y superatleta en ese entonces... Para mí, él simplemente era Edward.
Sé que él se ríe y le resta importancia al tema de la popularidad en la secundaria. Emmett era igual al comienzo de su relación con Rosalie. Pero después de un tiempo, Emmett no quiso que le hiciéramos bromas porque lo hacía sentir como si él hubiera sido superior a nosotras. Era importante para él que Rosalie dejara de pensar de esa manera.
Edward siempre ha discutido cómo lo veía yo y cómo él se veía a sí mismo. Tengo la sensación que incluso con nuestra amistad reavivada, voy a tener que superar el fanatismo eventualmente. Entonces, si tenemos alguna posibilidad de un futuro juntos-juntos, mis expresiones externas de la colegiala emocionada tendrán que ser guardadas permanentemente.
No puedo creer que siquiera esté pensando que esto es una posibilidad. Voy a dejar moretones si me sigo pellizcando para saber si esto es real.
Una palmada fuerte suena detrás de mí.
—De acuerdo, los cachorros están instalados y jugando juntos —anuncia el Sr. Cullen—. ¿Quién está listo para un trago?
—¡Aquí estoy! —canturrea la Sra. Cullen, literalmente moviéndose relajada con una bandeja de aperitivos—. Los tentempiés están servidos y la cena estará lista en menos de diez minutos. —Coloca la bandeja sobre la mesa ratona y todos tomamos nuestras copas de margaritas.
El Sr. Cullen levanta su copa.
—Por los momentos felices...
—¡E inesperadas sorpresas! —añade la Sra. Cullen, guiñándome un ojo.
Todos chocamos nuestras copas y Edward y yo compartimos una sonrisa cómplice. Afortunadamente, ninguno de los dos parece avergonzado de las excentricidades de sus padres. Ellos son personas con un buen corazón, y por lo que Edward me ha dicho de su historia, ver a su hijo mayor sufrir alopecia y todo el drama angustiante que vino con ella, estoy segura que están extremadamente agradecidos de que él esté sonriendo ahora mismo. Genuinamente feliz.
No soy madre, pero imaginaría que eso es todo lo que quieres en tu vida. Que tus hijos sean felices.
—¿Es una nueva recta, Es? —El Sr. Cullen toma un pedazo de lo que parece ser stromboli caliente del plato.
—Pinterest ataca de nuevo; simplemente me encanta esa cosa. —Ella se reclina en su sillón—. ¿Tienes una cuenta de Pinterest, Bella?
Trago un sorbo de margarita fría y sacudo la cabeza.
—No, pero he escuchado de ella. Tengo una cuenta de Facebook, pero eso es todo.
La Sra. Cullen agita su brazo.
—Oh, tengo todas esas cosas. Pinterest, Facebook, Skype... ¡incluso tuiteo!
—Síp —añade el Sr. Cullen, su boca aún llena—. ¡Ella es toda una tuitera!
Edward resopla y toma otro trago largo de su bebida.
—Tuitera. Ustedes dos son un desastre.
—Estoy retirada —razona ella—. Tengo que obtener mi información de alguna parte.
El Sr. Cullen tose sobre la última palabra de ella.
—Chismes.
Edward y yo nos reímos cuando la Sra. Cullen le pone una cara a su marido.
—Las redes sociales me ayudan a mantenerme al tanto de las últimas noticias y trucos hábiles como este. —Señala la bandeja—. ¿Acaso este pan de pepperoni no es delicioso?
Todos estamos de acuerdo mientras me estiro en busca de mi segunda porción.
—Bien, tu madre estuvo emocionada de escuchar que venías a cenar aquí esta noche, Bella.
Me detengo a medio masticar. Mi mirada con ojos abiertos como platos encuentra a Edward, quien termina de pasar las servilletas para cóctel que su madre olvidó.
—¿Oh?
Él se encoge de hombros, impávido, sigue comiendo y se sienta a mi lado en el sofá mecedor. Es bastante acogedor, y no puedo ocultar mi sonrisa.
—La encontré en Facebook anoche, y entonces pasamos a Skype. ¡Ella dijo que ni siquiera sabía que estabas aquí hasta ayer! —Se ríe nerviosamente la Sra. Cullen y me uno a ella.
—Sí, fue una decisión de último momento. Jasper sabía que vine aquí. —Me limpio la boca con una servilleta—. Pero, eh... No sabía por cuánto tiempo me quedaría originalmente, así que solo llamé para saludar ayer cuando me registré en mi hotel.
—Oh, ¿no te quedas con Edward? —pregunta, dejando su copa en un posavasos—. Simplemente asumí ya que los dos llegaron tarde anoche que...
—Esme...
—Mamá...
La pobre mujer es abatida instantáneamente por su marido y su hijo. Solo sonrío, sabiendo que estas son preguntas y conclusiones justas.
—Sí, al sorprender a Edward, decidí que un hotel tendría sentido.
—¿Por cuánto tiempo podrás quedarte? —pregunta el Sr. Cullen—. Ciertamente hay suficientes atracciones turísticas para mantenerte ocupada por un tiempo.
—Ella sabe todo eso, papá. —Edward se echa hacia atrás, nuestros hombros ahora en contacto. El movimiento hace que el sofá se meza—. Vamos a dirigirnos al Gran Cañón mañana y a Sedona el viernes.
—Podrían visitar Vegas también.
Tarareo ante la sugerencia del Sr. Cullen.
Edward voltea hacia mí.
—Depende de ti. Lo que sea que quieras.
El timbre suena en la cocina, y la Sra. Cullen se pone de pie.
—¡Oh, esa es la cena! ¡Tomen sus tragos, y síganme! —Baila conga al salir de la terraza cristalizada, no miento.
—¿Puedo ayudarla a llevar algo a la mesa, Sra. Cullen? —pregunto, deteniéndome en la entrada entre la cocina y el comedor.
—Dios, no. —El Sr. Cullen entra, pasando por mi costado—. Y, por favor, es Carlisle y Esme, niña. Las formalidades no son necesarias cuando ya eres una adulta legal —dice con una risita y un suave golpecito a mi barbilla.
Edward ofrece la silla que acaba de apartar para mí y entonces se ubica del otro lado de la mesa. Luce tan hermoso esta noche, es imposible apartar mi mirada. Jeans y una camisa de vestir color amarillo pálido y enrollada en los codos. El color soleado contra su piel bronceada es digno de embeleso. Además, tiene puesto sus anteojos y una boina de golf al revés. Tengo la sensación que sus padres no se enojan para nada cuando él usa sus gorras en la mesa. Y por supuesto, su sonrisa deslumbrante completa el paquete. Las líneas de risas junto a sus ojos que muestran su edad lo hacen incluso más sexy para mí. La evidencia que él ha sido capaz de encontrar risa y sonrisas a pesar de los momentos difíciles me da esperanza de que él realmente ha superado todo el dolor con el que luchó tantos años atrás.
Cuando Esme baja la fuente, se aleja de la mesa, sus manos unidas. Un asombro emocionado es la única reacción que tengo en este momento.
—Oh, por Dios, ¿esto es... esto es pollo ahumado?
Edward se ríe mientras Carlisle suelta unas risitas y Esme aplaude con un chillido.
—¡Lo es! —vitorea—. Estoy tan feliz de que lo reconocieras. ¡Sí! —Envuelve sus brazos alrededor de los hombros de Edward y él le da unas palmadas en su mano—. Simplemente sabía que tenía que prepararlo cuando aceptaste la invitación para cenar esta noche.
Mi boca se hace agua.
—¿Saben? Intenté hacer esto hace unos años para... —Me detengo antes de decir "mi marido", o "exmarido", o incluso "Tyler". Él no merece invadir esta ocasión, mucho menos este momento con Edward.
La sonrisa en respuesta de Edward es una de genuina comprensión. Todos alrededor de la mesa están en silencio por un instante de segundo hasta que enmiendo lo que estaba por decir.
—Intenté prepararlo y definitivamente me salté un paso en alguna parte. Mis cubos de pan saborizados no se adhirieron y básicamente se quemaron.
Esme toma asiento a la cabeza de la mesa mientras que Carlisle saca un plato hondo de salsa de arándanos y un cesto de rollos de manteca.
—¿Cubriste las chuletas de pollo en la crema agria de limón?
—Nop —Me río, levantando mi mano—. Eso fue. Desearía haber tenido tu número en ese entonces; podrías haber sido capaz de salvar la tragedia que serví esa noche.
Todos nos reímos justo antes que Carlisle estire sus brazos para tomar nuestras manos mientras bendice nuestra comida.
—Señor, nos reunimos aquí hoy para agradecerte. Por la comida que has colocado aquí para la alimentación de nuestros cuerpos, por una querida amiga que ha encontrado su camino a nuestra mesa de nuevo después de tantos años, y por la oportunidad que nos has dado cada día de simplemente hacer bien esta vida. Por favor, bendice la comida que estamos a punto de compartir así como las manos que la han preparado. En tu nombre, rezamos.
Todos respondemos con «Amén», y cuando levanto la mirada con ojos llorosos, Edward me guiña un ojo.
—Todo esto luce delicioso —digo, llevando un nudillo a la esquina de mi ojo para quitar la lágrima que se ha escapado—. Pollo ahumado, tus macarrones con queso caseros, choclo, salsa de arándanos, y rollos de manteca. —Trago para alejar la emoción—. Han pasado más de veinte años desde que he comido este plato —digo con un bufido arrepentido.
—Lo he preparado muchas veces con los años —dice Esme, ofreciéndome el bol de choclos frente a ella.
—Y siempre lo hemos llamado pollo ahumado —añade Carlisle—. El pollo ahumado de Bella, así como lo nombraste para nosotros años atrás. Así que estabas aquí en espíritu.
Echo un vistazo a Edward, que me está observando, su mano casualmente descansando frente a su boca. Segundos después, mientras intercambiamos una dulce conversación de «Sí, nunca estuviste lejos de nuestras mentes» con nuestros ojos, él añade al sentimiento de su papá.
—Y haré todo lo posible para traerla de vuelta a esta mesa la próxima vez que lo prepares, mamá.
Otro guiño. Otra promesa.
Creo que estamos llegando allí.
~FAF~
De regreso en el cuarto de hotel después que Edward me dejara con la promesa de un comienzo temprano y brillante para nuestro día de mañana, suena mi teléfono.
—Hola, mamá.
—Bueno, hola, tú. —Su voz animada jamás fracasa en hacerme sonreír—. Y bieeeeen, ¿cómo fue? —El tono cómplice que usa insinúa la próxima inquisición.
Desarmo mi coleta, habiendo terminado de asearme por la noche.
—¿Cómo fue qué? —Supongo que puedo bromear con ella por unos segundos.
—¡La cena con los Cullen, por supuesto! Ellos nos tuvieron a tu padre y a mí en Skype por más de una hora anoche. ¿Y por qué no escuché esto de ti primero?
Mi padre grita desde alguna parte del fondo.
—¡Renée, aún no puedo encontrar el Pepcid!
Me tiro sobre la cama, escuchando su interacción.
—¡En el botiquín! Tienes que mover algunas cosas de verdad, querido marido. —Mamá suspira—. Hombres.
Me río justo cuando papá responde.
—Escuché eso... ¡Ajá!
—¿Papá se siente bien?
—Eh —bufa—. Él dice que mi salsa para pasta lo tiene repitiendo. Se ha estado quejando de acidez recientemente, no lo sé. El Pepcid se encargará de ello.
—De acuerdo. Si él sigue lidiando con eso mañana, deberías llamar al doctor. Jamás sabes lo que puede estar pasando. —Acomodo las almohadas detrás de mí—. No haría daño.
—Sí, tienes razón. —Tararea y puedo ver que está sintiéndose incómoda—. Bueno, cuéntame todo lo bueno. Estoy tan emocionada de que hicieras este viaje allí para ver a Edward. Después de todo con lo que has lidiado este año... —Sé que está conteniendo las lágrimas—. Simplemente creo que es realmente bueno para ti, cielo. Y por lo que Esme ha compartido con los años sobre las dificultades de él, tu visita probablemente esté haciendo maravillas para Edward también.
~FAF~
Cuarenta y dos grados. Cielos, parece que será otro día sofocante aquí. Al menos adonde nos dirigimos al norte está pronosticado que harán unos catorce grados menos. Apago el televisor minutos antes de que Edward me reciba con un gran abrazo y un café extra grande para comenzar nuestro viaje. Acordamos, riéndonos de nosotros mismos, que probablemente necesitemos cambiar a café helado en la primera parada. Cuando miro a la cabina y cama de su camioneta, estoy sorprendida de que vayamos a necesitar tanto equipamiento para acampar, pero él es la mente maestra detrás de esta operación, así que confío en él.
Mi trabajo fue empacar mi pequeño bolso con artículos con los que no podría vivir en las próximas treinta y seis horas.
Antes de salir a la ruta, dejo el hotel. Siempre puedo volver y reservar más noches cuando regresemos a la ciudad mañana por la noche.
~FAF~
Hemos estado compartiendo cajas de donas y pasteles y bebiendo café durante todo el camino, deteniéndonos cada hora por unos minutos así los cachorros pueden ir al baño y correr un poco. Estamos en el último trayecto, gracias a Dios. Deberíamos estar allí dentro de una hora.
—Simplemente no puedo creer la cantidad de árboles de Josué. Realmente existen. —La carretera en la que nos encontramos ahora mismo es tan pintoresca. Por lo que se puede ver, hay cientos de árboles de Josué en todas direcciones.
Edward me regala una sonrisa sexy y sube el volumen así podemos disfrutar de la experiencia completa. Nada como Bono retumbando en la radio, cantando, «I Still Haven't Found What I'm Looking For».
—No era solo el título de un álbum de U2, y ahora tengo la prueba —añado, tomando fotos lo mejor que puedo mientras hago zoom por la carretera.
Él vira a un costado.
—Paremos así puedes tomar unas fotos decentes.
Pasamos los siguientes minutos tomando fotografías de los árboles, los perros, y algunos autorretratos también.
Cuando llegamos a la última canción del álbum, Edward se detiene en una zona no turística de West Rim del Gran Cañón.
Hay dos jeeps rosas estacionados a unos treinta metros del borde del precipicio.
Edward asiente su cabeza en su dirección.
—Ellos son parte de una compañía de turismo que funciona en Vegas. Así es cómo encontré por primera vez este lugar, los famosos Tours en Jeeps Rosas. Probablemente sean menos de diez personas.
—Genial. —Me desabrocho el cinturón de seguridad y junto las correas para los perros.
—Sí, no es tan malo. También hacen tours de Lake Mead y Hoover Dam. —Él suspira, golpeteando sus manos a lo largo del volante—. ¿Lista?
—Hagámoslo.
Edward se asegura que los arneses se encuentren seguros alrededor de Lucy y Linus antes de caminar hacia el borde del Cañón. Deteniéndome a unos seis metros del precipicio porque le temo un poco a las alturas, estoy feliz de quedarme aquí por ahora. La vista es fenomenal, pero no necesito estar parada con los dedos de mis pies colgando del borde. No, gracias.
Ni siquiera puedo obligarme a comenzar a tomar fotos. Es impresionante, simplemente magnífico. Los colores del estrato se parecen a un arcoiris. Desde los rojos y amarillos brillantes hasta los marrones y violetas. La maravilla natural del mundo parece un término demasiado insignificante.
El río Colorado que corta a través del barranco es muy sucio, pero escuchamos a uno de los guías del tour contar a los visitantes que es por las recientes tormentas que removieron montones de sedimentos. Hay muchos otros puntos a lo largo del río donde seríamos capaces de ver el espectacular color azul cerúleo del agua. Edward promete en un susurro que él me llevará allí también.
—Sorprendente, ¿o no? —pregunta, sentándose en una roca cercana—. He estado aquí varias veces cuando no había nadie cerca. —Su mandíbula se tensa y sacude la cabeza—. Pensando por qué las cosas salen como lo hacen. Recordando que soy una mísera pieza de un enorme rompecabezas, y mis problemas no significan una mierda en el esquema general.
Encuentro un borde plano de la roca junto a él y tomo asiento.
—Fue la primera vez aquí que me di cuenta que necesitaba hacer cambios en mi vida. No seguir deprimido, preocupándome si las nueva medicina que estaba tomando funcionaría para mí. O si las cremas nuevas que salieron me provocaría una urticaria o me haría hinchar como un tomate como las otras lo hicieron. —Toma una roca y la lanza sobre el precipicio donde cae a miles de metros en su nuevo lugar de descanso—. Fue catártico. Necesitaba despertar y comenzar a vivir sin la constante decepción cerniéndose sobre mí cuando las cosas no salían como quería. —Otra roca cae por el borde—. Mi novia había terminado nuestra relación disfrutando su noche de cabaretera un poco demasiado. Como sea, es entonces que empaqué y me fui de Vegas para siempre. Me quedé en lo de mis padres por un tiempo y entonces conseguí mi propio lugar —Se encoge de hombros—, regresé a la universidad… Y el resto es historia.
Seco una lágrima inesperada que rueda por mi mejilla.
—Tu historia es inspiradora.
Él resopla, pero continúo.
—No, honestamente, nadie puede decirte lo que ellos hubieran hecho, porque ellos no lo vivieron, Edward. Todos estamos en nuestros propios caminos, algunos más malditos que otros —digo con una risita, y seco mi rostro de nuevo—. Pero tú has hecho lo mejor que pudiste y diste los pasos que diste cuando eran correctos para ti. La agenda de nadie más debería haber importado. —Mirando hacia el Cañón de nuevo, exhalo un suspiro tembloroso—. Y aquí estás ahora. Creo que eres un héroe.
Él sonríe, reacomodando su gorra de béisbol.
—Gracias. —Su voz es ronca y carraspea justo mientras una pequeña niña se acerca con ojos como platos.
—Mami, ¿ves los cachorros? ¡Son taaaaan adorables!
Edward y yo sonreímos antes de que él se ponga de pie para presentar a la niña a Lucy y a Linus.
—Hola, soy Edward, ¿cómo te llamas? —Se agacha frente a ella y oh, por Dios, mis ovarios comienzan a bailar la macarena.
—Molly. —Ella se arrodilla frente a él—. ¿Estos son tus perritos?
Él rodea su brazo alrededor de sus vientres y los sienta en su regazo frente a Molly.
—Síp, son mis bebés. ¿Quieres acariciarlos? Ven. —Él baja a ambos perros y toma la mano extendida de Molly, frotando sobre sus espaldas y subiendo hasta sus orejas.
Ella se ríe y chilla cuando la lamen en saludo. Es demasiado adorable.
—No tengo bebés cachorros. Solo tenemos un bebé humano, Noah. —Ella señala detrás de ella hacia su mamá sonriente—. Mami está sosteniendo a nuestro bebé.
Edward sonríe en mi dirección.
—Ella es mi amiga Bella.
—Hola, Molly —digo y me acuclillo para estar junto a ellos—. ¿Acaso los cachorros no son adorables?
—Sí. —Los acaricia por unos segundos más y entonces voltea hacia mí de nuevo—. ¿Tienes bebés cachorros o bebés humanos?
Su pregunta me toma por sorpresa, y me quedo en silencio por unos segundos. Y mi corazón se hunde.
—No —susurro—. No tengo ningún bebé. —Intento esbozar una sonrisa amable cuando las palabras me fallan, pero es un acto del que sé que Edward no se deja engañar—. Voy a buscar la heladera para nosotros, ¿de acuerdo? —Me paro abruptamente—. Adiós Molly —digo, prácticamente corriendo hacia la camioneta.
—¡Adiós, Bella!
—Molly, deberíamos irnos, cielo. Creo que es hora de que almorcemos también.
Molly, su mamá, y Edward charlan un poco más, pero estoy lejos como para escuchar los detalles.
Las lágrimas se acumulan y caen por mis ojos a segundos de distanciarme de ellos. En toda su inocencia, la pregunta de la pequeña niña me hizo pedazos. Quizás sea porque ya estoy sofocada de emociones intensas esta semana después de reconectar con Edward. Quizás porque la cena de anoche con los Cullen se sintió como una reunión familiar donde siempre había pertenecido. Quizás fue la confesión de Edward de hace unos minutos sobre cómo las cosas cambiaron para él.
Abro la puerta del pasajero y me escondo detrás de ella, llorando, sintiéndome como un fracaso porque ni siquiera puedo mantener la cordura para responder la simple pregunta de una extraña.
Bebés. Un sueño que siempre había tenido parece tan lejano ahora mismo.
—Oye, ¿estás bien? —Edward se acerca, colocando su mano en mi espalda.
Sigo de frente al interior de su camioneta. Después de respirar profundo varias veces, logro soltar un «Sí».
Caminando hacia un costado, él ata las correas de los cachorros al parachoques, colocando un plato de agua y comida seca para cada uno. Me doy la vuelta y me siento en la camioneta con la puerta aún abierta y lo observo cuidar de los perros. Cuando él está satisfecho de que están ocupados, regresa a donde estoy sentada.
Él gira su gorra de béisbol y levanta sus lentes de sol hacia la parte superior de su gorra. Buscando mi mano, toma mis dedos y me saca del asiento así estamos mirándonos de frente. Está sosteniendo mis manos en las suyas. Hay una aspereza en ellas. Callos, estoy segura, por todo el labor que realiza en los coches. Es tan viril y me hace enamorarme aún más de él si acaso eso es posible.
—Habla conmigo —susurra—. ¿Realmente estás bien?
Mi labio inferior traicionero tiembla de nuevo, y sacudo la cabeza.
—No. Su pregunta me sorprendió en ese momento. Y creo que estoy extra emocional por todo lo que ha sucedido esta semana.
Estando de acuerdo, él exhala profundamente.
—Lo entiendo por completo. He estado desconcentrado también. —Su mandíbula se tensa, su mirada jamás me abandona—. ¿Qué puedo hacer?
—No lo sé —gimoteo, sintiéndome terriblemente avergonzada de que esté llorando ahora mismo, sobre bebés de todas las cosas, cuando se supone que estamos teniendo un viaje increíble.
—Ven aquí. —Me jala hacia él, envolviendo sus brazos a mi alrededor. Y Dios, es como un refugio que no sabía que necesitaba. Él es tan cálido, y no es la temperatura de afuera. Es su corazón, la bondad y sinceridad en cada palabra que él ha dicho. Debería darme vergüenza por haber dudado de él o su actitud todos aquellos años atrás.
No estoy segura de cuánto tiempo pasa, pero cuando comienzo a aflojar mi agarre en su espalda baja, él se endereza un poco y baja la mirada hacia mí de nuevo. Sin palabras, me quita los lentes de sol y levanta mi cabeza, apartando unos mechones de cabello de mi rostro.
El tiempo parece detenerse mientras nuestras miradas se fijan en el otro. Sus dedos se deslizan suavemente por detrás de mis oídos hasta que sus fuertes manos están sosteniendo mi rostro.
Y entonces… Edward me está besando. Sus labios suavemente rozan los míos hasta que mi boca se abre ligeramente para él. Sus movimientos no son excitados, él no está apresurado por meter su lengua en mi garganta. Nos tomamos nuestro tiempo. Es suave y sensual, quizás porque ambos sabemos todo lo que hemos atravesado y merecemos que este momento sea apreciado. La punta de su lengua apenas roza la mía justo antes de que nuestro beso se profundice.
Él suspira. Yo gimo. Y estamos en el paraíso.
Son años de separación, años de derrotas, y la euforia de saber que estamos juntos de nuevo después de toda una vida separados. Todo está envuelto en este beso perfecto.
Él a regañadientes aleja su rostro del mío y compartimos una sonrisa silenciosa.
—Vaya —digo suavemente—. Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos ese primer beso en la tierra de nadie.
—Treinta años. —Asiente, sus ojos estudiando los míos mientras sus pulgares secan el resto de las lágrimas de mis mejillas—. Amo que hayas sido mi primer beso, Bella.
Tragando firmemente, concuerdo.
—Dicen que nunca olvidas tu primero.
Él se mantiene en silencio por un segundo pero añade, «¿No sería genial si pudiéramos hacer que nuestro primero sea nuestro último?».
Mi corazón se acelera al triple de velocidad, pero no tengo oportunidad de responder.
—¿Es terriblemente egoísta de mi parte preguntar si estás lista para estar con alguien más ya? ¿Estar conmigo?
Muerdo mis labios, emocionada y aterrada, y aún disfrutando de su sabor. ¿Podemos hacer esto? ¿Cómo lo haremos funcionar? ¿Arizona? ¿La escuela de posgrado? ¿Florida? ¿Esto tiene una posibilidad? ¿Hemos perdido nuestras cabezas por completo?
Pero en este momento, la emoción, la promesa, el precipicio del amor en el que nos encontramos gana por encima de la lógica. Así que, al borde del Gran Cañón, le susurro a Edward, «Le di mi corazón a un chico hace mucho, mucho tiempo. Quizás él simplemente no lo sabía».
Mis dedos aferran su camisa a los costados de su camisa.
—Pero si él promete compensarme por una vida de besos perdidos, mi única respuesta es, ¿cuándo podemos comenzar?
Su sonrisa en respuesta le gana al brillo del sol del mediodía implacable sobre su hombro.
—¿Qué tal ahora? —pregunta y se inclina hacia mí, capturando mis labios una vez más.
Y al fin me doy cuenta: realmente estoy besando a Edward Cullen.
